miércoles, 19 de junio de 2019

Qatar 2022: algo huele a podrido en París y no son los macarons / por Juan Manuel Rodríguez



Por el precio del Mundial, y por el honor de Francia, también se cerraron la compra del PSG y la creación de beIN Sport en el país vecino. Qatar Sport pagó 76 millones de euros por el PSG al fondo americano Colony Capital, cuyo representante en Francia era Sébastien Bazin, íntimo amigo... ¿de quién?... Pues sí, efectivamente, de Nicolas Paul Stéphane Sarkozy de Nagy-Bocsa.

Qatar 2022: algo huele a podrido en París
 y no son los macarons

Tras permanecer quince horas retenido y haber prestado declaración por un caso de presunta corrupción en la concesión del Mundial de 2022 a Qatar, el ex futbolista y ex presidente de la UEFA Michel Platini ha dicho que él está tranquilo porque ha sido absolutamente transparente. Como no he estado con Platini en la comisaría desconozco el grado de veracidad de sus palabras dentro y de su posterior afirmación fuera, pero lo que sí puede decirse a propósito de la concesión a Qatar del Mundial de dentro de tres años es que ha sido de todo menos transparente. Si un objeto es transparente es porque puede verse a través de él o porque es evidente o se deja adivinar o deja pasar la luz, y con Qatar 2022 no pasa nada de eso, más bien al contrario. No vemos nada a través de Qatar 2022, seguimos sin saber por qué se le concedió el Mundial, nada en Qatar 2022 resulta evidente sino más bien opaco y el método empleado por los capitostes de la FIFA para elegir a Qatar y no a otros candidatos no sólo no deja pasar ni siquiera un débil hilo de luz sino que es una cueva negra y sin fondo, una cueva de vampiros que te chupan la sangre.

Con FIFA, por cierto, ocurre exactamente lo mismo que con el Comité Olímpico Internacional, que uno siempre tiene la mosca detrás de la oreja acerca del proceso que conduce a la elección de un país o de una ciudad como organizadores de unos Juegos o de un Mundial. Es un arcano, un secreto al que los simples seres humanos no podemos acceder o, como diría Villar, "es el mundo del fútbol". Es una cuestión de fe en unos caballeros en los que sinceramente resulta imposible creer. Así que Michel Platini habrá podido ser más o menos transparente, que eso lo sabrán sus interrogadores, pero lo que no es transparente en absoluto es el método empleado para elegir las sedes del Mundial, y significativamente no lo es en concreto el de Qatar. Y si el sucesor de Blatter, o sea Infantino, no se decide a cambiar la sede de un Mundial que, por unas cosas u otras, está en entredicho, su presidencia quedará también irremisiblemente manchada.

Los investigadores apuntan más alto, y en concreto lo hacen directamente a la cabeza de un intocable, Nicolás Sarkozy. Pocos días antes de la elección de la sede del Mundial de 2022, y según fuentes de la investigación, se produjo en el Palacio del Elíseo una reunión entre su inquilino, el vigesimotercer presidente de la República gala, el emir de Qatar, Hamad Ben Khalifa Al-Thani, Claude Guéant, que por aquel entonces era la mano derecha de Sarkozy, y Sophie Dion, asesora del presidente en asuntos deportivos. Antes de aquel almuerzo, al que por supuesto acudió Platini, y según estimaciones de FIFA, Estados Unidos iba a albergar el Mundial; después de aquel almuerzo, y por arte del foie gras, los escargots y los croissant, Qatar fue la elegida. Apetitoso sí, transparente no.

Y por el precio de uno llegaron tres. Por el precio del Mundial, y por el honor de Francia, también se cerraron la compra del PSG y la creación de beIN Sport en el país vecino. Qatar Sport pagó 76 millones de euros por el PSG al fondo americano Colony Capital, cuyo representante en Francia era Sébastien Bazin, íntimo amigo... ¿de quién?... Pues sí, efectivamente, de Nicolas Paul Stéphane Sarkozy de Nagy-Bocsa. De modo que transparente no es que sea precisamente el adjetivo que quepa aplicar en este caso, el de la concesión del próximo Mundial y, como vemos, algo más, bastante más, mucho más en realidad. Puede que Platini haya sido transparente pero, en cualquier caso, lo habrá sido después de resultar opaco durante un montón de tiempo. La actual FIFA tiene que liderar el interés por desentrañar qué pasó aquel 23 de noviembre del año 2010. Si Gianni Infantino no aparece en esa foto, al lado de la justicia francesa, la vieja oscuridad afectará inevitablemente a la nueva FIFA. Caiga quien caiga. Porque algo huele a podrido en París, y no son precisamente los macarons, que están muy ricos.


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