sábado, 30 de noviembre de 2019

Un brindis por Vicente de la Calle / por Paco Cañamero



Hoy vaya desde aquí este brindis de admiración a Vicente de la Calle, a un excepcional taurino y siempre amigo. A sus hijos Juanvi, otro hombre de bandera y a Álvaro, un matador que merece mejor suerte y de quien disfruté con una de las faenas más inteligentes y puras que he visto en los últimos años en una corrida épica de La Quinta en Gijón, donde mató un toro actuando de sobresaliente, porque Antonio Ferrera y Javier Castaño estaban siendo intervenidos en la enfermería.

Un brindis por Vicente de la Calle

Paco Cañamero
Glorieta Digital, 23 noviembre, 2019
A Vicente de la Calle lo acaba de homenajear la Federación de Peñas Taurinas de Salamanca y Provincia Helmántica. Lo ha hecho al alimón con sus hijos, Juanvi, figura en el arte de servir las espadas y con Álvaro, diestro que merecía volar más alto por sus magníficas condiciones. Vicente vivió la noche con la emoción de un hombre sensible que ya ha recorrido casi todos los caminos de la vida y sabedor que lo ha hecho con dignidad para sacar adelante a su familia.

No pude estar presente en el acto por motivos laborales, pero si estuve de corazón. Porque Vicente merece todo el afecto y reconocimiento que se supo ganar en una vida de lucha y dedicación al arte del toreo en la práctica totalidad de sus vertientes, después de ser chófer, mozo de espadas, representante, repartidor de publicidad, hasta empresario y también apoderado. En todas las facetas un hombre fiel y trabajador, de palabra y que siempre estaba en el lugar. Por eso se supo ganar el respeto y la consideración, muchos años en la casa de los Choperitas, de Javier y de José Antonio Martínez Uranga, de quien fue chófer, secretario, hombre de confianza; al igual que también fue conductor del Niño de la Capea antes de que llegase Ángel Carita, porque El Niño de la Capea era apoderado por los Choperitas, a quien desplazó a cientos de plazas durante varios años.


Punto especial en tu trayectoria es la época que fue mozo de espadas de José Falcón, aquel valiente portugués al que mató un toro de Hoyo de la Gitana en Barcelona en el día fue más difícil para Vicente, quien vio como aquel torero a quien quería como si fuera un hermano se fue de la vida tras sufrir una trágica cornada y esa noche le tocó amortajarlo, con los ojos llenos de lágrimas y la emoción viva. Su presencia al lado de Falcón lo ató para siempre con Portugal, país del que fue una especie de simbólico cónsul por toda España y Francia, porque Vicente ha sido y es el mas portugués de todos los españoles, siguiendo vinculado después con otros muchos diestros de Portugal, ejemplo de Rui Bento, él fue uno de quienes lo trajo a España, o de Víctor Mendes, de quien su hijo Juanvi fue mozo de espadas. Y amigo de todos, desde los viejos Diamantino Vizeu, Manolo dos Santos, Amadeo dos Anjos, Mario Coelho, Ricardo Chibanga o el más joven Pedrito de Portugal, aún en activo.

Vicente de la Calle junto a José Falcón,
 a quien una noche le tocó amortajar

A Vicente lo recuerdo e siempre, de mucho antes que en los caminos de la vida nos hiciéramos tan amigos y siempre llamaba cuando había que dar una noticia o contarte una confidencia, porque él lo sabía todo. Siempre lo recuerdo con sus andares lentos, parsimoniosos, su barba de tres días y su inseparable faria, ligeramente encorvado, callado y socarrón. En el más lejano rincón que acudieras allí estaba él o llegaba al momento de empezar el paseíllo, ya fuera el último pueblo del abulense valle del terror, por la infinita Extremadura, en la sierra de Madrid, por Sahagún o Valencia de San Juan… daba igual que allí siempre aparecía Vicente en su coche, que siempre era de cuadrilla. O en aquella furgoneta con matrícula de Ávila que tuvo durante tanto tiempo y le compró a Luis Miguel Campano, cuando se hizo banderillero.

Toda la vida de Vicente ha sido el toro. Lo vivió en su casa desde niño cuando se hermano Julián se convirtió en una ilusión novilleril de la ciudad anunciándose como Carnicerito de Salamanca. O su hermano Fani, tan taurino él que hasta le dio las espadas a Paco Pallarés, que siempre fue su referencia en sus inicios. Y hasta a Julio Robles en las primeras novilladas que toreó de la mano de su maestro Pallarés. Y en aquella casa donde había que ponerse pronto a trabajar, porque eran años muy difíciles, pronto decidió Vicente que el toreo era el camino de su vida. Y eso que de chaval era un magnífico jugador que a buen seguro, de seguir, hubiera llegado a jugar en la Unión, a la que cada domingo aplaudía en el Calvario y a la que ya después siguió durante toda su vida siendo una de las personas que más saben de la UDS. Ya sea de los tiempos de Miguel el lechero, a los de D’Alessandro; de Abilio a Pauleta, pasando por Lobo Diarte; de Rezza a César Brito. Y siempre Alves, que fue el particular Messi que tuvo nuestra Unión. De esa sabe más que casi nadie, porque Vicente no perdió ningún partido en invierno, cuando las plazas de toros estaban cerradas. Aunque cierto es que las plazas estaban cerradas, pero él no paraba, porque iba a ver corridas al campo, a echarle una mano a su amigo Lorenzo Fraile, pendiente de ir a Gobierno Civil para algún documento… y por las mañanas al Plus Ultra, la cafetería más taurina de Salamanca, para estar atento a todo lo que ocurría.

Con su hijo Álvaro, en el patio de la plaza de toros de La Glorieta

Después, cuando llegaba marzo y anunciaban las ferias de Castellón o Valencia se subía a algún coche de aquellos de cuadrillas, tan largos, de lo que asomaba el botijo en la baca y no paraba hasta que finalizaba El Pilar. Y atravesaba España, de Almería a Calahorra; de Bilbao a Málaga; de Valencia a Pontevedra; o de Barcelona marchaba a Portugal porque su matador actuaba en Lisboa y en cada lugar dejaba un montón de amigos.

Hoy vaya desde aquí este brindis de admiración a Vicente de la Calle, a un excepcional taurino y siempre amigo. A sus hijos Juanvi, otro hombre de bandera y a Álvaro, un matador que merece mejor suerte y de quien disfruté con una de las faenas más inteligentes y puras que he visto en los últimos años en una corrida épica de La Quinta en Gijón, donde mató un toro actuando de sobresaliente, porque Antonio Ferrera y Javier Castaño estaban siendo intervenidos en la enfermería.

Con mi admiración, Vicente y que vivas muchos años.

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