domingo, 24 de noviembre de 2019

Un solo Reglamento Taurino / por Rafael Comino Delgado



..creemos urgente porque la diversidad de reglamentos, con sus múltiples deficiencias, no contribuye en nada a favorecer la Fiesta, sino al contrario.Pido a los responsables que piensen, antes que nada, en favorecer el buen desarrollo de la corrida y a la Tauromaquia en general, pues necesitada está de ello. 

Un solo Reglamento Taurino

Rafael Comino Delgado
Actualmente hay en España, que nosotros sepamos, seis reglamentos taurinos: El español publicado en 1996, aunque revisado en 2001, y cinco autonómicos (De Navarra, Aragón, Andalucía, Castilla León y País Vasco).
Naturalmente los autonómicos han tomado como referencia el español, lo han plagiado e introducido algunas modificaciones, para diferenciarse en algo y así poder decir, ¡nosotros tenemos nuestro propio reglamento!, si bien es verdad que algunas de las modificaciones nos parecen muy lógicas. Pero, en cualquier caso, todos los reglamentos tienen muchos aspectos confusos, que se prestan a interpretación por parte del presiente de la corrida, de profesionales, aficionados y público en general, así como puntos discordantes.

No es nuestra intención enumerar rigurosamente los puntos poco claros de los distintos reglamentos, ni tampoco aquellos en que no coinciden, pero si citaremos algunos de los que más frecuentemente pueden influir en el desarrollo de la corrida, según la comunidad donde estemos:

-En las corridas de toros la edad de las reses debe ser cuatro años cumplidos y no más de seis, pero algunos reglamentos consideran que el toro cumple años el primer día del mes en que nació y otros (navarro, aragonés y castellano) dan como cumpleaños todo ese mes. Es decir, en estas tres comunidades pueden lidiarse toros con un mes más que en las otras. 

-Sobre la suerte de varas unos reglamentos (Andalucía, Castilla León y País Vasco) dejan a elección del matador el número de puyazos que debe recibir el toro, con excepción de las plazas de primera en que todos exigen al menos dos, pero los otros consideran que debe ser el presidente quien decida sobre este particular (el español, el de Navarra y el de Aragón).

-En el tercio de banderillas, todos los reglamentos indican que deben colocarse al toro, al menos, dos pares, y un máximo de tres. Pero algunos (Andalucía, País Vasco) indican que, en circunstancias   especiales, como lluvia, piso en mal estado, etc. se pude pasar al siguiente tercio con menos de dos pares. Tal y como está redactado induce a confusión, porque dice colocarse, no que el toro lleve dos pares encima. Imagínense que se le pone un par de banderillas correctamente, y mientras se está preparando para ponerle el segundo, justo antes de que el banderillero lo coloque sobre el toro, se cae una banderilla del primero (por defecto de la banderilla). Aunque se queden colocadas las dos banderillas del segundo par, el toro llevará solo tres palos, sin embargo, se le han colocado correctamente dos pares, y por tanto se podría cambiar de tercio, de acuerdo al reglamento, pero la realidad es que se obliga a poner otro par más, hasta que haya cuatro palos sobre el toro.

Con respecto a la devolución de un toro por algún defecto, los reglamentos de España, Navarra, Aragón y Castilla León dicen que solo se puede hacer, y sustituirlo por otro, cuando ya sale de toriles con el defecto, pero si se le produce durante la lidia no, aunque en la práctica se hace, incluso en Madrid. Cuando el defecto o lesión se ha producido durante la lidia, algunos reglamentos (Andalucía y País Vasco) dicen que puede devolverse solo durante el primer tercio, si bien se devuelven toros, incluso en Madrid, con banderillas ya puestas, es decir, durante el segundo tercio.

El reglamento español, el navarro, el aragonés y el castellano empiezan a contar el tiempo del tercer tercio cuando el presidente cambia el segundo tercio y pasa al tercero, mientras que los otros comienzan a contar cuando el torero da el primer pase de muleta (esto nos parece más lógico).

También hay diversidad de criterios respecto al tiempo de dar los avisos. Según el reglamento andaluz se dará el primer aviso a los diez minutos de iniciada la faena de muleta o a los tres minutos de haber entrado por primera vez a matar, según lo que ocurra antes.
Algunos reglamentos (Andalucía y País Vasco) exigen, en plazas de primera, cortar dos orejas a un mismo toro para salir a hombros, y también el número de orejas para salir a hombros depende el número de reses lidiadas, pero los otros no tienen en cuentas este aspecto.

Los seis reglamentos que venimos citando coinciden en que, “tras el tercer aviso el espada de turno y los demás lidiadores se retirarán a la barrera, para que la res sea devuelta a los corrales o apuntillada en el ruedo”. Pero la pregunta es ¿quién la apuntilla? Se sobre entiende que en la plaza hay un puntillero, pues devuelta una res a los corrales allí debe ser apuntillada. Pero, ¿ese puntillero debe ser el que la apuntille en el ruedo, si no se ha podido devolver, o debe ser el tercero de la cuadrilla del matador de turno? Si es el puntillero de la plaza, ¿debe ir vestido de torero (al menos de corto) o no? ¿Si el matador correspondiente y los lidiadores se han retirado a la barrera quién ayuda al puntillero de la plaza? Este aspecto queda a la buena voluntad de los toreros, y el reglamento debería ser muchísimo más claro. 

En definitiva, nos parece que es urgente elaborar un reglamento que aclare todos los puntos poco claros, que sea igual para toda España, al menos en los aspectos fundamentales de la lidia, quitando aquello que sistemáticamente se incumple, como no poder devolver toros que se inutilizan durante el primer tercio, cuando en todas las plazas se devuelven. Lo que actualmente hay es un sinsentido que solo sirve para crear confusión. 
Sería tan fácil como reunirse representantes del Consejo nacional taurino y de los consejos taurinos de las autonomías, y pactar un solo reglamento para toda la nación, mucho más completo y claro que los actuales. 

Es algo que creemos urgente porque la diversidad de reglamentos, con sus múltiples deficiencias, no contribuye en nada a favorecer la Fiesta, sino al contrario.

 Pido a los responsables que piensen, antes que nada, en favorecer el buen desarrollo de la corrida y a la Tauromaquia en general, pues necesitada está de ello. 

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