sábado, 16 de noviembre de 2019

Una alternativa muy peligrosa / por Antolín Castro



Espanto da pensar que el nuevo coleta sea quien apuntille definitivamente lo que nos queda de herencia de nuestros mayores. Sabemos por comportamientos en muchas otras direcciones que no les gusta heredar lo que nuestros antepasados nos dejaron.

Una alternativa muy peligrosa

Madrid, 15 Noviembre 2019
La imagen parece la de una alternativa habitual. Maestro y toricantano se abrazan tras sellar la ceremonia y el rito.

Lo que pasa es que aquí se sabe que el maestro no es tal maestro en tauromaquia y que el novel es uno que andaba buscando una oportunidad para meter las narices, también, en los ruedos.

Parte del público aplauden el abrazo que cierra dicha ceremonia, mientras otros, seguro que los más aficionados a esta fiesta taurina secular, atisban el miedo de que en el intercambio de trastos en lugar de cederle la espada le haya cedido la puntilla al de la coleta natural.

Espanto da pensar que el nuevo coleta sea quien apuntille definitivamente lo que nos queda de herencia de nuestros mayores. Sabemos por comportamientos en muchas otras direcciones que no les gusta heredar lo que nuestros antepasados nos dejaron. 

Si la transición fue un modelo de tolerancia, donde los vencedores dejaron sentarse a la mesa a cuantos perdieron, no es ese su modelo y en cuanto han tocado el poder se han tirado a degüello contra quienes les dejaron silla y mantel.

Por eso sabemos los aficionados a los toros que no nos va a ir nada bien con esta alternativa, tan precipitada y sobreactuada por otra parte, con el nuevo matador. Más nos parece un exterminador de cuanto nosotros amamos.

El maestro de ceremonia, cuyo fervor por la tauromaquia habrá que buscarlo solamente en que quiere ser el líder del escalafón, solo sabe que siendo figura se tiene poder y por eso está aquí; los toros, como las voces, le dan igual.

Ajenos los dos al rechazo que supone para quienes habitan los tendidos de la plaza, se regodean en el abrazo, mucho más allá del apretón de manos o el abrazo clásico que cierra este tipo de ceremonias. El suyo más bien parece como el de saberse unidos por la falta de sensibilidad para con algo tan español como es la fiesta brava. Incluso puede atisbarse el regodeo.

Nunca habíamos visto ceremonia de alternativa tan apasionada entre el veterano y el recién llegado. Se nota que el joven tiene prisa por escalar posiciones en el escalafón que el maestro lidera.

Mientras tanto se alzan oraciones entre los aficionados intentando que alguien nos ayude a salvarnos de esta muerte tan claramente anunciada.

Aquí no se enuncian otras posibles contraindicaciones de esta composición química, pero es obligado advertir que puede producir en un muy alto porcentaje una diarrea que acabará con todas las defensas que puedan tener los aficionados. Para ellos, especialmente, su incidencia puede ser letal… si Dios no lo remedia.

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