sábado, 16 de mayo de 2020

En la muerte de Joselito "A los toros no les dominan más que las mulillas" / por José Ramón Márquez



Joselito pone sobre el tapete el reconocimiento de la íntima pena del torero de la calle de la Feria, que tuvo que buscar a su Bailador en las balas de un revólver, viejo y hastiado. En Talavera el 16 de mayo de 1920 murieron dos personas, pero una de ellas permaneció en la Tierra, como un espectro, hasta el 8 de abril de 1962.

En la muerte de Joselito
"A los toros no les dominan más que las mulillas"

José Ramón Márquez

En Madrid murió Granero
Y en Sevilla Varelito
Y en Talavera de la Reina
Mató un toro a Joselito,
 el hijo de la Gabriela.

I

Tal día como hoy, 16 de mayo de hace un siglo, mi abuelo Ramón González de Rueda, que a la sazón tendría la edad del menor de mis hijos, estaba en Talavera de la Reina. Día de mercado. Habría ido a comprar una yunta de mulas o una borrica, o vaya usted a saber qué. Después del mercado, la corrida, con Joselito. Un plan perfecto para el 16 de mayo de 1920.

II

Joselito Maravilla viene a Talavera tras sufrir la dureza de Madrid del día anterior. La insobornable dureza de la Plaza contra la sospecha del abuso, del acomodamiento, de la facilidad, del engaño. La actitud avizor y la exigencia suma de esta Plaza con el que todo lo tiene:

-Un día me voy a sentar en un pitón, dice Gallito.

III

José va a Talavera para congraciarse con el crítico don Gregorio Corrochano que le había retirado su apoyo. La corrida la organizan los primos del crítico, Venancio y David Ortega Corrochano. El ganado es de la señora viuda de Ortega, doña Josefa Corrochano, tía del crítico. Al fondo, el pleito con los Maestrantes sevillanos. Parece algo de hoy en día.

IV

Presagios. Una pelea con un paleto en la estación de Torrijos por un pan, se rompe un velador que José paga. Un botijo con el nombre del torero que se rompe en Talavera al descender del vagón del ferrocarril. Dice Maravilla:

-Se partió Joselito.

Y luego, desmintiendo la fama de tristeza del héroe, su carácter adusto, su pena desde la muerte de su madre, tiene lugar el jocoso paseo en una jardinera de las que se usaban para transportar a los recién desposados, entre risas y vítores de: “¡Vivan los novios!”.

V

Joselito ha sido, desde siempre, la frontera. Desde que balbuceas en la afición a los toros nace la fascinación por este joven torero que sabía de los toros como si le hubiese parido una vaca y que cae víctima de un toro para hacerse inmenso, al que su muerte le inviste como poseedor de los atributos del héroe: de sus propias cualidades heroicas y de su funesto hado, al ser condenado por el destino para perecer a una edad temprana, lo que le hará permanecer siempre joven, sin presentar jamás rasgo alguno de decadencia.

VI

Joselito ha sido siempre la oposición al discurso biempensante, a la invención de ese Belmonte tan bien creado por las letras de un excelente literato al que no le interesaba particularmente la tauromaquia.

Joselito pone sobre el tapete el reconocimiento de la íntima pena del torero de la calle de la Feria, que tuvo que buscar a su Bailador en las balas de un revólver, viejo y hastiado. En Talavera el 16 de mayo de 1920 murieron dos personas, pero una de ellas permaneció en la Tierra, como un espectro, hasta el 8 de abril de 1962.

VII

La facilidad de José, su inteligencia taurómaca, su lúcida clarividencia, no debe empañar la evidencia del riesgo inherente al oficio que había elegido y especialmente en la época que le toca vivir. Si él actúa con los ganaderos, influyendo, con su ponderada opinión, sobre la crianza de las reses de lidia, por más que quieran sus detractores, no da tiempo en su vida pública y de fama como para llegar a una modificación sustancial de la cabaña brava. José torea ganado de idénticas características del que mató su padre, Fernando el Gallo, del de Guerrita o del de Lagartijo. La mutación en la ganadería tendrá lugar, paulatinamente, a lo largo de la llamada “Edad de Plata” y, fatalmente, después de la Guerra Civil de 1936-1939.

VIII

Joselito sabio, torero largo, dominador:

-A los toros no les dominan más que las mulillas, se sincera José una noche, paseando por la calle del Arenal, unos días antes de Talavera.

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