domingo, 27 de junio de 2021

LOBOS Y PASTORES / por Alfonso Ussía

Ese indulto no es dialogante. Es vergonzante y vergonzoso. Se ha concedido para mantener a un narciso demencial en La Moncloa. Pero le pasará España la factura. Y se la pasará también a los obispos, muchos de ellos inocentes de la tropelía diseñada por Monseñor Omella y los obispos catalanes.

LOBOS Y PASTORES

La Conferencia Episcopal Española se ha situado del lado de nueve delincuentes y en contra de la Justicia. No ha sido unánime el repugnante posicionamiento. Hay obispos dignos y celosos, pastores de la Iglesia, pero han sido derrotados por los lobos disfrazados de corderos. No es nuevo. Durante los años de plomo, algunos obispos vascos derramaron su amor cristiano sobre los terroristas y su desprecio no simulado sobre las víctimas del terrorismo y sus familias. Setién y Uriarte Goricelaya comandaron a un numeroso grupo de sacerdotes vascos partidarios de la ETA y sus crímenes terroristas.

Algunos párrocos de Hernani, Zumárraga, Oyarzun, y los que no recuerdo, coincidieron en su interpretación cristiana del terrorismo etarra. “No, no, yo no soy partidario del disparo en la nuca. Sucede que estos chicos no tienen otra posibilidad de acción de lucha en favor del pueblo vasco”.  “La prensa españolista aprovecha la situación para difundir una exégesis partidista y equivocada”. Exégesis es sinónimo de interpretación, explicación.

Por órdenes terminantes del Obispo Setién, el Superior de los Jesuítas encarceló en Loyola al padre Sagüés, un anciano discípulo de Ignacio que osó criticar en público a su Obispo, “mucho más cercano con los que matan que con los que mueren”. El jesuita navarro fue el último preso político de España, y aguardó en la Casa de Ignacio, en el bellísimo y triste valle entre Azcoitia y Azpeitia, la llegada de la muerte. Sin visitas, sin comunicación telefónica. Siempre que se llamaba a Loyola y se preguntaba por el Padre Sagüés, la respuesta era la misma. “No se puede poner porque está orando”

El también jesuita Padre Beristain, criminólogo, valiente. Por no caer en la desobediencia, abandonó la Compañía de Jesús y se convirtió, como él decía, en “Un cura libre de la calle”. Escribió en “El Diario Vasco” de San Sebastián la más contundente carta contra la actitud anticristiana del Obispo nacido en Hernani con apellido montañés. Ahora nos dirán a todos los católicos escandalizados por su defensa de nueve delincuentes violentos que han sido indultados, que nuestras exégesis son partidistas y equivocadas. “Estamos con el diálogo”. Muy fácil, muy bonito, muy enternecedor y muy sucio.

Durante los años de plomo, la Conferencia Episcopal Española eligió el silencio para no comprometer a cuatro obispos simpatizantes del disparo en la nuca, el coche-bomba, el secuestro y la tortura. Se convirtió en una Conferencia de Avestruces que sustituyeron a los pastores. María San Gil, pocos días después del atentado contra Gregorio Ordóñez, que habría sido Alcalde de San Sebastián, fue recibida por Setién. Cuando pasó a su despacho, el malvado prelado no se molestó ni en incorporarse para saludar a la diocesana que le visitaba. Y María San Gil le acusó cara a cara de no ser el pastor de todos los donostiarras, y que ella no se sentía amparada por su obispo. Previamente, el Obispo Setién ordenó al párroco del Buen Pastor de San Sebastián que impidiera y rechazara la petición de la familia de oficiar en aquel templo el funeral por Gregorio Ordóñez. Y después de oir con lejana displicencia las quejas de María San Gil, Setién habló y formuló una pregunta: ¿Dónde está escrito que hay que querer a todos los hijos por igual? Y María abandonó el despacho del lobo, que tampoco se incorporó para estrechar su mano.

Por el diálogo. Por el diálogo con nueve delincuentes condenados por sedición. Nueve delincuentes que prepararon con meticulosidad una declaración unilateral de independencia en un ambiente bélico y violento que arrasó Barcelona. Unos delincuentes que fueron juzgados y condenados con suavidad y han pasado una temporadilla en la cárcel con un régimen carcelario privilegiado. Esos nueve delincuentes abandonaron la cárcel y aseguraron que seguirían delinquiendo.

Ese indulto no es dialogante. Es vergonzante y vergonzoso. Se ha concedido para mantener a un narciso demencial en La Moncloa. Pero le pasará España la factura. Y se la pasará también a los obispos, muchos de ellos inocentes de la tropelía diseñada por Monseñor Omella y los obispos catalanes.

Cuando los pastores se alían con los lobos, las ovejas son masacradas. Es lo que han conseguido los Obispos. Allá ellos. Y que Dios no les perdone.

1 comentario:

  1. Que Duos si les perdone querido Alfonso...,DIOS velará por su Iglesia..

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