viernes, 20 de agosto de 2021

Los toros de Gijón: “Feminista” y “Nigeriano” / por Costillares


¿Qué es la corrida de toros sino la representación pública y solemne de la victoria de la virtud del espíritu sobre la materia, del héroe mítico sobre el monstruo? No olviden que “el mundo entero es una enorme plaza de toros donde el que no torea embiste”.

“Feminista” y “Nigeriano”

Feminista: principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre; movimiento que lucha por la realización efectiva en todos los órdenes del feminismo.

Nigeriano: natural de Nigeria, país de África; perteneciente o relativo a Nigeria o a los nigerianos.

Analfabeto funcional: dícese del individuo que, sabiendo leer y escribir, es incapaz de utilizar su capacidad de lectura, escritura y cálculo de forma eficiente en las situaciones habituales de la vida.

He aquí las definiciones y los componentes de la ecuación para estas líneas, incompletas e insuficientes para la minoría iletrada que nos gobierna. La misma, como todo régimen totalitario, no solo pretende cambiar a su antojo el significado del léxico de nuestra lengua, sino prohibir los toros escudándose en el manto protector de una supuesta voluntad popular que parece legitimarles cualquier proyecto por absurdo que pueda parecer.

Señora alcaldesa de Gijón, los toros bravos no se bautizan la mañana de la corrida. No, no llevan esos nombres para “desplegar una ideología contraria a los derechos humanos”, como pretende usted. Dentro de su desconocimiento más abyecto, no entiende que las vacadas de bravo forman genealogías y familias de, como mínimo, tres o cuatro décadas. Tienen delante de sus narices la vanguardia en cuanto al respeto hacia el hembrerío, ya que los machos, con objeto de conservar la trazabilidad de la estirpe, adquieren por norma el nombre de la madre.

Para que lo entiendan los sabelotodo: de la vaca Nigeriana saldrán becerros como Nigeriano, Níger o Nigerete, al igual que de la vaca Andaluza descenderá el toro Andaluz o Andalusí. En otras palabras: si Podemos fuera una vaca, saldrían de ella esperpentos como tonto, necio, simple, bobo, mentecato, tontolaba, tontete, pazguato, asno, torpe o tarado. ¡Ya tenemos vacada para una feria completa!

No contenta con su necedad, y conocedora de que no puede prohibir una actividad Patrimonio Cultural de los españoles (Ley 18/2013), señala que en 2022 no habrá toros en Gijón. Permítanme decirles, señora alcaldesa y secuaces, que sí habrá toros en su ciudad. Vaya por delante que, según el Ministerio de Cultura, uno de cada cuatro españoles son o se sienten taurófilos, por lo que, siendo la representante de más de 271. 000 culomoyaos, con su decisión está menospreciando a casi 70.000 almas.

Estadísticas aparte, he aquí unas apostillas para que realmente pueda tener motivos para odiar lo que no deja de ser el único rito vivo en nuestra sociedad. Desde la antigüedad, el culto al toro es una exaltación de la fertilidad y de la fuerza de este animal, de su relación con el hombre y del nacimiento del ritual artístico que nace con dicha simbiosis. El toro representa la energía primitiva, y el hombre debe manipularla con inteligencia, demostrando cómo la razón debe sublimar al instinto. ¿Qué es la corrida de toros sino la representación pública y solemne de la victoria de la virtud del espíritu sobre la materia, del héroe mítico sobre el monstruo? En definitiva, aunque prohíban los toros en el coliseo gijonés, habrá festejos, bien en una portátil, bien en San Lorenzo, y hasta entonces, seguiremos lidiando con legos y montaraces para que la libertad y el respeto brillen en lugar de la mediocridad. No olviden que “el mundo entero es una enorme plaza de toros donde el que no torea embiste”.

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