sábado, 17 de febrero de 2024

La tauromaquia en el New York Times / por James Wagner

José Mauricio, un torero, practica en Santiago de Querétaro, México. Credit...Luis Antonio Rojas para The New York Times

La edición de hoy está a cargo de la sección Insider de The New York Times. Times Insider explica quiénes somos y lo que hacemos y trae para ti observaciones detrás de cámara sobre cómo producimos nuestro periodismo. La tauromaquia a debate

La tauromaquia en el New York Times

Una historia en la plaza de toros más grande del mundo 

En noviembre, una colega de The New York Times me invitó a un partido de exhibición de tenis entre Carlos Alcaraz y Tommy Paul en un recinto histórico: la Plaza México, la arena de toros más grande del mundo.

La plaza, que abrió en Ciudad de México en 1946, tiene capacidad para 42.000 personas y eclipsa al estadio de fútbol adyacente. Casi 20.000 personas asistieron al partido de tenis y aun así el enorme recinto se sentía vacío. Mientras caminaba, vi muchos recordatorios de la historia del lugar —estatuas e imágenes de toreros—, pero ningún anuncio de futuros eventos taurinos.

Después del partido, me enteré de que un juez federal había prohibido la tauromaquia en la Plaza México en 2022, tras una impugnación legal de un grupo de derechos humanos que argumentó que el trato “degradante” hacia los toros era perjudicial para la sociedad. Los partidarios de la tauromaquia argumentan que, durante siglos, la práctica ha sido una parte importante de la cultura y economía del país.

Me mudé de Nueva York a Ciudad de México el pasado abril para cubrir los deportes y la cultura en América Latina con mucho que aprender sobre la región y sus tradiciones. Mi artículo sobre la tauromaquia, que se publicó este mes, abordaba muchas batallas legales que se estaban desarrollando en tiempo real.

Empecé mi reportaje de lleno en enero, un mes después de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación revocó la prohibición de tauromaquia en el recinto. Supe de inmediato que ahí había una historia, un reportaje que podría generar debate y tal vez incluso sorpresa.

Mucha gente asocia la tauromaquia con España, un país que popularizó la práctica. Así que pensé que a una parte de los lectores del Times les intrigaría saber que el recinto taurino más grande del mundo está en Ciudad de México, la ciudad taurina más grande del país taurino más grande del mundo. Con la popularidad del arte mermada en otros países y cinco de los 32 estados de México prohibiéndola desde 2013, me resultó contradictorio que la tauromaquia estuviera volviendo a un lugar emblemático.

Con la bendición de mi editor, Diego Ribadeneira, pasé unas semanas intentando comprender el panorama más pequeño —el caso de la Plaza México— y el más amplio: el futuro de la tauromaquia en México. La gente de ambos lados del debate hace mucho ruido y se moviliza con fuerza.


Más de 300 manifestantes de varias organizaciones defensoras de los derechos de los animales marcharon más de 5 kilómetros por una calle muy transitada y detuvieron el tráfico hacia la Plaza México.

Para asegurarme de entender correctamente la historia y el contexto de la tauromaquia, hablé con todo tipo de personas: toreros, el director de la Plaza México, el jefe de una asociación nacional taurina, ganaderos, expertos legales, activistas de derechos de los animales, manifestantes y aficionados.

El mes pasado, José Mauricio, un torero que conocí durante mi reportaje, y Paola San Román, otra torera, permitieron que el fotógrafo Luis Antonio Rojas y yo observáramos cómo practicaban en Santiago de Querétaro, una ciudad a unas tres horas en coche de Ciudad de México. Aunque había visitado antes Sevilla y Pamplona, dos ciudades importantes en la cultura taurina de España, esa fue la primera vez que vi cómo mataban toros. Sus cadáveres serían luego trasladados a una carnicería.

La tauromaquia se reanudó en la Plaza México a fines de enero. El primer día de su retorno, Luis y yo llegamos temprano para observar la escena. Seguimos a los manifestantes afuera del estadio, recorrimos el recinto durante el evento y observamos las reacciones de casi 42.000 aficionados mientras cinco toros perdían la vida en el ruedo. (Un sexto fue sacrificado en el corral después de que un torero no logró matarlo en la plaza y fue abucheado por la multitud). Cuando me senté a escribir más tarde ese día, experimenté un fuerte sentido del deber para capturar de manera reflexiva y vívida todo lo que había visto.

Unos días después, cuando el artículo estaba a punto de publicarse, nos enteramos de un nuevo desafío legal: una suspensión temporal que un grupo de derechos de los animales había conseguido. La tauromaquia quedaba, una vez más, en suspenso en el recinto. Me apresuré a rastrear los detalles y modifiqué el artículo para reflejar la noticia más reciente.

Publicamos el artículo el jueves 1 de febrero. Para el viernes, los abogados de la Plaza México habían conseguido revocar la suspensión. La disputa por la tauromaquia claramente continúa, y nuestro artículo demostró ser una explicación oportuna de un tema espinoso.

Cuando volví a la Plaza México en enero, recordé un momento de la noche en que vi a los tenistas Alcaraz y Paul en acción. Después de vencer a Paul, Alcaraz recibió un sombrero, un trofeo y un micrófono. Mientras respondía preguntas, Alcaraz, quien es de España, explicó lo emocionado que estaba por encontrarse en Ciudad de México y, particularmente, en una plaza de toros. Y ya que estaba allí, dijo, necesitaba hacer “esto”, para luego balancear su brazo hacia un lado como si fuera un torero ondeando su capote.

El momento subrayó cuán arraigada está la cultura taurina, si bien resultaba irónico que tuviera lugar en un recinto donde la práctica estaba prohibida. Dos meses después del partido, volví al lugar y observé el mismo movimiento —esta vez, con un toro y un capote de verdad— para escribir sobre ello.

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