miércoles, 25 de marzo de 2026

Emilio de Justo: Imprescindible / por Manolo Viera

Foto: Eduardo Porcuna.
Realmente lo que más me gusta de él es su verdad en la lidia, que no es otra que la verdad del toreo, y, sobre todo, esa entrega y ambición que muestra cada tarde que se enfunda el traje de torear.

GALLEANDO
Imprescindible
 Por Manolo Viera
Realmente lo que más me gusta de él es su verdad en la lidia, que no es otra que la verdad del toreo, y, sobre todo, esa entrega y ambición que muestra cada tarde que se enfunda el traje de torear. El pasado jueves, en la última corrida de la Feria de Fallas, me recordó unas cuantas cosas más de su soberbia tauromaquia, en especial esa admirable mano izquierda. Con ella volvió a esculpir el impecable natural. La excelencia de un trazo para hacer de la lidia una emoción.

Naturales que fueron referencia inexcusable de su toreo. Toda una obra con la que consiguió embaucar a todo el que la vio. Singular forma de hacer y decir el toreo que, tarde tras tarde, se percibe de manera tan incontestable como auténtica. Sin duda, es un torero de alto nivel, e incluso un escalón por encima a lo habitual. Tiene un concepto de la lidia que llega de inmediato a los tendidos, gusta e interesa. Sus formas son frescas, templadas, elegantes y puras.

Pasó en la tarde fallera que “Candelero”, un buen toro de Núñez del Cuvillo, le ofreció la posibilidad de torear. Y he aquí que de su muleta surgieron naturales que se perfilaron como fuente de una expresión tan profunda como emotiva. Naturales con los que mostró los determinados aspectos de su tauromaquia con verdadero mando y maestría. Una forma de torear con sabor. Una lidia basada en la templanza y hondura del natural. En majestuosos pases de pecho al hombro contrario que se convirtieron incuestionables y de sensible atractivo. Algo hecho para el goce y la satisfacción.

Muchos son sus alicientes. Valiosa su aportación al finalizado ciclo fallero. Pero también valiosa la demostración de verdad de quien volvió a superar un nuevo envite, pese al menguado estado físico que le ocasionó la reciente rotura de costillas sufrida en la feria de Olivenza. De quien volvió a demostrar frescura y madurez, brillantez y sosiego, valor y poderío, toda una mezcla extremadamente difícil que, Emilio de Justo, logró alcanzar en perfecto equilibrio. Y con sólo esto se hace imprescindible.

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