sábado, 16 de mayo de 2026

UN 16 DE MAYO DE 1920, EN TALAVERA DE LA REINA...

José Gómez GALLITO

Con el cartel de "No hay billetes" colgando en la taquilla y la totalidad del aforo completo, se fue desarollando la corrida sin grandes sobresaltos. Los toros de la Viuda destacaban más por su mansedumbre que por otra cosa, y tanto José como Ignacio ofrecieron momentos lucidos en los cuatro primeros toros. Hasta que, sin más, salió el 5º, de nombre Bailaor, herrado con el número 7, de pelo negro mulato, cinqueño, tirando a chico y cornicorto. Cuatro varas tomó Bailaor y dejó para el arrastre cuatro caballos, siendo picado por los tres picadores de la cuadrilla de Joselito: Farnesio, Camero y Carriles, terceto que sufrió derribos al completo. Pronto se observó que el toro tenía peligro sordo, y no solo por su mansa y defensiva condición: además era burriciego, veía mal desde cerca y con normalidad de lejos. Cumplimentado con las debidas precauciones el 2º tercio por parte de los peones de Joselito, tomó este la franela roja para dirigirse a Bailaor y comenzar la faena de muleta. Aquerenciado en los tableros del tendido 1, José hizo por sacarlo hacia fuera y, una vez realizado este cometido, se alejó unos pasos del toro para recomponer la muleta. Mal asunto aquel, el burriciego que veía bien de lejos, cuando notó con nitidez el bulto lejano del torero, se arrancó con ávida rapidez y, pillando al pobre José totalmente desprevenido, lo empitonó de manera certera en el vientre. Una vez se llevaron al toro a la lejanía Joselito, malherido, intentó levantarse en vano y llevándose la mano a la herida se percató de que el paquete intestinal le asomaba, derrumbándose al momento. Dicen que lo que verdaderamente acabó con la vida de Joselito fue el shock que le causó verse con los intestinos fuera. Rápidamente las asistencias se lo llevaron a la enfermería, pero ya nada podía hacerse por la vida del Rey de los toreros: esta se había apagado para siempre. Con el pobre José agonizando en la enfermería de la plaza mientras los doctores intentaban en vano devolverlo a la vida, Ignacio Sánchez Mejías tramitó la lidia del 6° y último de la corrida con rapidez y diligencia, aún sin conocer Ignacio la suerte que había corrido su cuñado.


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