
La Odisea para muy madridistas
Existen interesantes paralelismos entre Ulises y José Mourinho en sus inesperados regresos a Ítaca y Madrid, respectivamente. También en el precipitado adiós del segundo en 2013, cuando nos abandonó para seguir los designios de los dioses. Dejó atrás, sin embargo, un ejército de héroes pertrechado para las innumerables victorias posteriores, que quedaron esculpidas en la historia.
Paralela es también la amarga y solitaria penitencia de vagar durante años por el inframundo del fútbol, gozando de una libertad tal vez no deseada. Mourinho tuvo el orgullo de sentirse arropado siempre por sus oficiales, incluso bajo las tormentas enviadas por Poseidón como venganza por sus actos, no siempre ejemplares. Finalmente sobrevivió a todas las adversidades y pudo regresar a casa. Aquí le espera el madridismo para infundirle la energía que necesitará para levantar por fin la merecida ánfora plateada que el fútbol le depara para cerrar el círculo.
Durante su epopeya, el madridismo fue cortejado por multitud de pretendientes. Todos desearon desesperadamente acercarse a la grandeza. Sólo dos consiguieron abrazarla. El madridismo es la misteriosa Penélope cuya belleza deslumbra, cuya sola presencia intimida, cuya múltiple y compleja personalidad desconcierta.
Florentino ha sido el custodio del tesoro por encargo de los dioses antiguos, y testigo del misterioso tejer y destejer de Penélope. Es misión imposible transcribir en un solo canto el mensaje del coro de millones de voces del madridismo, cada una aventurando una catástrofe diferente. Como guardián, Florentino logró sortear las dificultades hasta el retorno de Mourinho, sabiendo que en este momento necesitamos su arco y su espada para someter al enemigo. El monstruo Escila (AKA la OrgaC) atacará desde su acantilado con sus seis cabezas, sus bocas con tres filas de dientes, sus doce patas deformes y su ladrido de perro loco.
El número de nuestros enemigos no ha dejado de crecer. Tampoco la intensidad de su odio contra nosotros, coléricos por la acumulación de tesoros procedentes de las victorias en nuestros viajes. Nuestros enemigos preferirían destruir la impresionante colección de trofeos antes que robarlos, conscientes de que nunca podrán poseerlos legítimamente. No podrán evitar que todo el mundo recuerde que fueron ganados con nobleza.
Por un tiempo, deidades menores deliberaron sobre el destino de Mourinho después de su partida. La ninfa Calipso le mantuvo alejado de nosotros y privado de memoria durante años, con la intención de preservar su salud mental después de exponer al mundo el papiro de los trece crímenes de un juez deshonesto. No hubo consecuencias, solo silencio.
Mucho después de ganar la guerra de Troya, Mourinho y sus hombres vagaron sin rumbo, exhaustos por la gesta de combatir en desiguales batallas durante años, hasta llegar a la tierra de los lotófagos, cuyos habitantes ofrecían a los marineros el fruto del loto. Se sabe que quien lo prueba olvida por completo su deseo de regresar a casa. Mourinho anduvo perdido sin destino y sin misión en Londres, Manchester, Tottenham, Roma, Estambul y Lisboa. Fue incapaz de encontrar el camino de regreso a Madrid o tan siquiera de recordarlo.
Durante el definitivo regreso a casa, Mourinho escuchó impasible los cantos de las sirenas, soportó el desprecio de quienes lo consideraban un general acabado, incapaz de armar un ejército ganador, pero nunca se dejó arrastrar por los vaticinios de sus enemigos.
En algún momento del camino, acosados por el hambre y la necesidad, parte de sus soldados comieron la carne sagrada de las vacas de Helios, pese a las advertencias de Mourinho. Los hombres jóvenes son débiles e impetuosos. Algunos se perdieron para siempre por no seguir sus consejos. Afortunadamente, llegó a tiempo de convencer al joven Vini, el de los pies ligeros como Aquiles, de que es preferible aguantar el hambre que verse saciado pero abandonado por los dioses para siempre.
Mourinho regresa a Madrid como un viejo sabio con barba de vagabundo. Disfrazado de perdedor y con la humildad que conceden los años a quien ha visto la luz y la oscuridad del mundo. No se engañe el lector. El corazón de un león sigue latiendo en su pecho.
Los viejos enemigos y los cronistas que le ladraron en la distancia siguen entre nosotros y también han cumplido años. Algunos cojean, balbucean y lucen cicatrices. Sus estómagos llevan tiempo satisfechos. Viven sus tranquilas vidas sin sobresaltos, en hogares seguros, en la comodidad de saberse animales domésticos, amansados por las migajas de un botín robado. Desde que Mourinho nos abandonó, hemos echado de menos la contundencia de su voz exigiendo justicia.
Penélope, tras años de espera, consciente de que los dioses a veces engañan a los mortales mediante falsas apariencias, esperará la prueba definitiva: la primera batalla, la primera arenga a los soldados, las primeras palabras del héroe a su pueblo. Necesitamos saber si el Ulises que ha regresado nos recuerda al que fue y si el madridismo, al menos por un tiempo, logra silenciar las voces que resuenan en nuestras cabezas y nos atormentan con malos presagios. Tened fe. El general ha vuelto.
La Galerna / Imágenes de Getty Images e IA

















