jueves, 13 de agosto de 2026

De los indultos (va de toros) / por Lope Morales Arias

 '..Hay quien quiere facilitar o “democratizar” la concesión del indulto y hay quien piensa que estamos ante un problema de “indultitis”. Por eso existen los reglamentos que tienen que cumplir los presidentes, muchas veces bajo la presión del público y de los mismos profesionales del sector taurino que -paradójicamente- son los que, antes que nadie, los aprueban..'

DE LOS INDULTOS 
(va de toros)

Lope Morales Arias
Diario Jaén.-
Tanto en los toros como en lo que no son los toros, lo de los indultos está a la orden del día. Y quizá por eso no esté de más detenerse un momento en el significado de una palabra que, lo que es en el ruedo, tiene un sentido muy preciso. Del desuso o del abuso que se haga del mismo en las plazas de toros -o en el BOE, que esa otra en la que no vamos a entrar- se puede discutir y se discute, pero en ambos espacios las normas que lo regulan son bastante claras. Según el reglamento -taurino me refiero- se trata de una medida excepcional cuyo objeto es preservar la raza y la casta de la cabaña brava y mejorar sus cualidades para la lidia. Por eso, al posible semental -que luego tiene que “ligar” porque no es lo mismo embestir que padrear- se le exige que haya tenido un comportamiento excepcional en todos los tercios de la lidia.

Que un toro embista bien en la muleta, que tenga clase, nobleza, recorrido, fijeza y que pueda ayudar a construir una gran faena es algo digno de celebrar y de premiar. Pero la bravura como tal se mide fundamentalmente en la suerte de varas, porque es allí donde el toro la demuestra. “Como el toro me crezco en el castigo...” Esa es la clave que Miguel Hernández cantaba y que, por cierto, también a Jaén le reclamaba. Al toro bravo se le exige además una actitud especial, la codicia. Repetición, la llaman ahora. La codicia, que en el hombre suele ser un defecto y que no deja de estar de moda, en el toro es una virtud. Quiere embestir más, acude y repite al caballo, vuelve una y otra vez a los engaños, no se rinde y va de frente, siempre a más. Eso hace a un toro merecedor de premios y ovaciones, sin que necesariamente deba ser indultado, muriendo dignamente en la plaza con todos los honores. Pero una cosa es reconocer su bravura y otra decidir si sus cualidades son tan excepcionales que merece incorporarse a funciones reproductoras. 

En este asunto, opiniones las hay para todos los gustos. Hay quien quiere facilitar o “democratizar” la concesión del indulto y hay quien piensa que estamos ante un problema de “indultitis”. Por eso existen los reglamentos que tienen que cumplir los presidentes, muchas veces bajo la presión del público y de los mismos profesionales del sector taurino que -paradójicamente- son los que, antes que nadie, los aprueban.

Ocurre a veces en el ruedo que, a la nueva tendencia a esconder la muerte -o a no querer verla en directo- se suma la intolerable falta de pericia de matadores y puntilleros para llevarla a cabo con la debida eficacia y rapidez. Coincidiendo así, al mismo tiempo, públicos que no quieren ver morir, con toreros que no quieren entrar a matar por si le sale mal. Y hasta el ganadero, viéndose así premiado, aunque el toro no le acabe de gustar, aceptaría gustoso la decisión presidencial. Si todo esto queremos adornarlo además con un toque de aparente humanidad, estamos abriendo la puerta a la vieja cuestión de porqué los toros se tienen que matar. Humanizar la Fiesta no se iba a conseguir evitando la muerte, porque la tauromaquia es humana precisamente porque no la esconde. Eliminar la muerte del toro y el riesgo de muerte del torero dejaría sin sentido un rito ancestral cargado de valores morales. “Como el toro he nacido para el luto y el dolor… como el toro”. La frase dicha hoy día puede resultar incómoda, pero quizá por eso mismo conserve tanta fuerza.

Lope Morales Arias
Presidente Federación Taurina de Jaén
Jaén, España

Don Lope Morales, presidente de Festejos Taurinos de Jaén

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