lunes, 3 de agosto de 2026

El precio de las llaves de La Misericordia / por Sergio Hueso


'..La mejor empresa taurina no tiene por qué ser la que más paga por las llaves, sino la que presenta el proyecto más ambicioso, viable y beneficioso para la plaza. Para juzgarlo deberían valorarse la experiencia, la calidad de los carteles, la política de abonados, la promoción de la cantera, la presencia de toreros de la tierra, la comunicación y las actividades culturales..'

POR MONTERA
El precio de las llaves de La Misericordia

Sergio Hueso 
La plaza de toros de Zaragoza ya tiene virtual adjudicatario. Conphia Urbana S. L., vinculada al empresario Jesús Mena, presentó la oferta económica más elevada de las nueve admitidas: 7.073,41 euros diarios, IVA incluido. Eso supone cerca de 431.500 euros por los 61 días de utilización previstos en 2026 y más de 1,5 millones durante la temporada siguiente. Las cifras impresionan. Precisamente por eso deberían preocuparnos.

Conviene dejar algo claro desde el principio: el problema no es la empresa que ha ganado. Se ha limitado a competir conforme a unas reglas conocidas y tiene derecho a demostrar su capacidad. Sería injusto emitir una condena anticipada sobre un proyecto que todavía no ha comenzado. La responsabilidad principal recae en un modelo de adjudicación que ha convertido una de las plazas más importantes de España en una subasta económica prácticamente pura. Y una plaza de toros no debería adjudicarse como quien alquila un almacén.

La Administración tiene la obligación de defender sus intereses económicos, pero también debe comprender qué bien está gestionando. La Misericordia no es únicamente un inmueble del que obtener la renta más alta posible. Es un espacio cultural, una institución histórica de Zaragoza y el escenario de una feria que durante décadas ha ocupado un lugar fundamental en la temporada española.

Cuando el canon se convierte en el criterio decisivo, todo lo demás queda subordinado a la necesidad de recuperar la inversión. El dinero no desaparece: termina repercutiendo en el precio de las localidades, en la composición de los carteles, en la elección de las ganaderías, en la promoción de nuevos toreros y en la capacidad de asumir riesgos empresariales.

Quien comienza una temporada soportando una carga económica desproporcionada difícilmente puede pensar a largo plazo. Estará obligado a buscar rentabilidad inmediata. Y la Tauromaquia necesita precisamente lo contrario: proyectos sólidos, imaginación, promoción, continuidad y capacidad para reconstruir la relación entre la plaza y la ciudad.

Zaragoza no necesita únicamente que haya toros durante el Pilar. Necesita recuperar una temporada reconocible, cuidar San Jorge, abrir la plaza durante el año, facilitar el acceso de los jóvenes y devolver al aficionado la sensación de que La Misericordia vuelve a pertenecerle. Necesita también una política de precios razonable y una programación que combine figuras, toreros emergentes, nombres aragoneses y ganaderías con personalidad. Nada de eso queda garantizado por ofrecer más dinero que los demás.

La mejor empresa taurina no tiene por qué ser la que más paga por las llaves, sino la que presenta el proyecto más ambicioso, viable y beneficioso para la plaza. Para juzgarlo deberían valorarse la experiencia, la calidad de los carteles, la política de abonados, la promoción de la cantera, la presencia de toreros de la tierra, la comunicación y las actividades culturales. El canon debe importar, naturalmente, pero nunca hasta borrar todos los demás criterios.

Después de meses de recursos, resoluciones judiciales, enfrentamientos políticos e incertidumbre, el desbloqueo del proceso permitirá que la Feria del Pilar pueda celebrarse. Y eso, evidentemente, es una buena noticia. Pero conviene que nadie se confunda: la feria está salvada, aunque el problema de fondo continúa intacto.

La suspensión cautelar acordada por el Tribunal Superior de Justicia de Aragón ha permitido reactivar la licitación y apagar el incendio más urgente, pero la solución tiene más de parche mal apañado que de proyecto sólido. Se ha evitado el desastre inmediato, no se ha resuelto el futuro de La Misericordia. Salvar una feria no equivale a construir un futuro.

Ahora corresponde a la nueva empresa demostrar que detrás de la cifra existe un verdadero proyecto taurino. Y a la Diputación, vigilar que La Misericordia no sea simplemente explotada, sino cuidada. Porque cuando una administración confunde el valor de una plaza con el precio de su alquiler, puede terminar recaudando mucho y empobreciéndola al mismo tiempo.

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