domingo, 2 de agosto de 2026

Morante, gloria ante lo imposible, y Talavante, pura inspiración en tarde mágica en El Puerto / por Juan Luis Adrada


'..Morante y Talavante ponen bocabajo los tendidos con dos obras tan diferentes como sus oponentes. Al gran quinto, de vuelta al ruedo, se le pidió el indulto..'

Morante, gloria ante lo imposible, y Talavante, pura inspiración en tarde mágica en El Puerto

Juan Luis Adrada                    
Expectación máxima al comienzo del festejo en El Puerto en la primera de las cuatro comparecencias de Morante de la Puebla con el añadido de la incertidumbre que hasta ayer tarde generó su presencia tras el percance de Palma de Mallorca el jueves. Paseíllo entre ovaciones, himno de España y ovación de gala que obligó a desmonterarse a José Antonio.

Abrió plaza Tabacalero, castaño de Álvaro Núñez, falto de remate y justito de casi todo al que Morante, -que toreó con una férula en la mano derecha tras el percance de Palma- se limitó a parar con el capote y amagar algún lance. Cubrió expediente en varas. No se aventuró a brindarlo pero sí a exprimir las virtudes Morante. Lo llevó de inicio en línea sin apretarle, buscando más ayudarle y consiguió definir una faena sin alardes, en el tercio, con ambas manos sellando algunos muletazos de excelente trazo sobre la cadera, sobrado temple y buen ajuste. Midió la faena en épocas de muchos excesos. El público muy a favor de obra no lo pensó en lanzar los oles pertinentes, pinchó de primeras Morante, pareció resentirse de la herida en la mano y dejó una estocada entera citando a recibir en el segundo intento. Paseó la primera oreja de la tarde.

Berlanguillo, a pesar de dar 50 kgs más que su predecesor en la báscula, también se le vio con el remate justo, más amparado por enseñar las puntas con mayor presencia. Talavante lo recibió lanceando a pies juntos sin resultar lucido. Apretó al caballo provocando que Manuel Cid estuviera a punto de ser descabalgado y sostuvo el puyazo sentado en el cuello del caballo. Bien Álvaro Montes y Manuel Izquierdo en banderillas, exponiendo. Mejor condición mostró Berlanguito en la muleta de Alejandro siempre que este tuviera el don de no dejársela alcanzar, cuando lo hacía deslucía y protestaba mucho el toro. Faena a más con series ligadas que lucieron por ambas manos rematadas con largos pases de pecho. Buena estocada a la primera, necesitó tirar de la cruceta y a pesar de la amplia petición de oreja que no atendió el palco, acabó recogiendo una ovación en el tercio.

Más cuajado fue Perdicero, jabonero sucio que también se movió más. Juan Ortega le jugó los brazos a la verónica en varios lances de los que hubo uno francamente sensacional. Recibió dos puyazos el de Álvaro Núñez y en banderillas apretó bastante a Jorge Fuentes y a Perico. Ortega, tras uno de sus habituales inicios doblándose con él, no encontró el acople necesario quizá por no dar las distancias que el toro pedía, quiso ligar muy encima y ahí la protesta del toro era manifiesta. Aún con ello resaltaron algunos muletazos y remates por bajo pero sin que su labor mantuviese un nivel ni un hilo conductor. Metió el brazo logrando una estocada algo desprendida y recogió una ovación de los tendidos.

Cuando alguno se pregunte por qué Morante puede permitirse anunciarse en las cuatro corridas de El Puerto puede encontrar la respuesta en lo acontecido en el cuarto de la tarde, un faenón de libro, sin que nadie pudiera prever lo que iba a pasar. Salió Rescoldito y vimos esa muñecas de oro de José Antonio hasta que echándole los vuelos por el pitón izquierdo el toro le hizo una "paradinha" muy fea y ya fue repitiendo esa incertidumbre que hacía presagiar brevedad, habitual en otros años. Hasta tres puyazos, largos y consentidos, recibió el toro. Todo apuntaba a brevedad, y a Morante le salió lo que le distingue del resto: responsabilidad y raza fuera de lo común. Toro difícil, esperando, probando, midiendo, sin un recorrido claro ni una embestida convencida.

Morante se puso en el sitio, lo tanteó y empezó a meterlo en la muleta y enroscándoselo de forma sublime. Una obra propia de una figura de época. Todos apuntando a que iba a montar rápido la espada y él seguía. No hubo música, hubo rotundos oles, espectadores de pie rotos en aplausos y entregados. Cuando nace la magia... No cabe más. Sin más alardes que torear de verdad y sin más valor que ponerse donde hay que ponerse y aguantar. Cumbre morantista. Quiso matar por arriba y pinchó; dejó una estocada trasera y contraria al segundo intento a pesar de los perceptibles gestos de dolor de su mano lesionada. Cortó una oreja y nos acordaremos de aquello que Curro o Paula decían de los despojos... "Pa'qué"? Le quedan seis cartuchos aún.

¿Y qué podía pasar a partir del cuarto? Pues que se encontraron Ponderoso y Talavante y El Puerto vibró con las embestidas de uno y el toreo de otro. Salió caliente Talavante, se echó el capote a la espalda en el quite y quedó patente en todo momento que iba a por todas. El toro, más armónico de hechuras, apuntó maneras en los primeros tercios sin excesos, cumplió debidamente, con ciertas inercias mansitas pero no cabe duda que tuvo una gran condición. Tras un superior tercio de banderillas en el que saludaron Ambel e Izquierdo, Alejandro comenzó en los medios sin montar la muleta pero ayudada en una suerte de estatuarios y sucesión de muletazos de toda índole. A partir de aquí y en los medios tejió una faena de enorme calado, aprovechando el genial recorrido del toro. Series a derecha e izquierda con trazo y gusto.

Precisamente al natural brilló Talavante sobremanera. Variado, disfrutando pero sin olvidarse del toreo fundamental puso también en pie los tendidos. Comenzó a insinuarse una ligera petición de indulto que fue a más hasta ser clamorosa. El palco tuvo claro que no y se mantuvo. Talavante buscó todavía esa posibilidad, pero es que también está el premio de la vuelta al ruedo oiga... Se tiró a matar entre el griterío que clamaba el indulto y logró una buena estocada. Dos orejas, no hubo petición llamativa de rabo y sí que se concedió la vuelta al toro, n° 67, negro mulato, de 485 kgs.

A Juan Ortega no le quedaba otra que arrear. Su recibo de capote tuvo pasajes de un gusto excelso: un farol de rodillas, lances con una rodilla en tierra y un toreo a la verónica meciendo el capote. Se gustó también en el galleo por chicuelinas y un quite al que le faltó remate. La tarde había cogido el camino de la cumbre pero el toro no terminaba de ayudar. Comenzó su faena con el cartucho de pescao para sacarse un milete y posteriores ayudaos rodilla en tierra y a partir de ahí, poco más se pudo contar. Todos empujaban pero no llegó el cante grande. Juan lo intentó con todo a favor pero su concepto no conjugó con la condición del toro, falta de entreg, protestón y quizá con demasiadas teclas que tocar. Se resistía Ortega a irse de vacío pero no le quedó otra. Sonó un aviso, se demoró con la espada y todo quedó en nada.

  • El Puerto de Santa María (Cádiz). Sábado 1 de agosto de 2026. Toros de Álvaro Núñez, desiguales de presentación, algunos con mayor cuajo. Nobles, de limitado juego los tres primeros, muy difícil el cuarto. El quinto, Ponderoso, n° 67, negro mulato, de 485 kgs, fue premiado con la vuelta al ruedo tras petición de indulto. 
Morante de la Puebla, oreja y oreja tras aviso; Alejandro Talavante, ovación tras petición y dos orejas tras aviso; y Juan Ortega, ovación y silencio. Entrada: No Hay Billetes.

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