martes, 1 de septiembre de 2026

El autógrafo en percal

Borja Jiménez firmando un capotillo a un joven aficionado en la Plaza de Toros de Cuenca

'..Consiste en lanzar al ruedo pequeños capotes de brega, percalinas de tamaño infantil, provistos, para mayor eficacia administrativa, del correspondiente rotulador. Se da el caso de que el torero ya no tiene bastante con firmar, se le solicita a veces una dedicatoria. De modo que aquella antigua vuelta triunfal, que debía ser una rápida y alegre prolongación de la faena, se está convirtiendo en una sucursal de la firma de libros..'

El autógrafo en percal

Hay modas que entran en los ruedos sin que nadie sepa exactamente quién las ha invitado. Antaño, en la vuelta al ruedo, se arrojaba al torero el sombrero, el abanico de la señora, algún clavel y, en casos de entusiasmo financiero, hasta un puro. Morante, que tiene una relación bastante cordial con los fumadores, suele recibir de estos últimos abundante correspondencia tabaquera. Pero ahora ha nacido una modalidad más laboriosa: el autógrafo en capote.

Consiste en lanzar al ruedo pequeños capotes de brega, percalinas de tamaño infantil, provistos, para mayor eficacia administrativa, del correspondiente rotulador. Se da el caso de que el torero ya no tiene bastante con firmar, se le solicita a veces una dedicatoria. De modo que aquella antigua vuelta triunfal, que debía ser una rápida y alegre prolongación de la faena, se está convirtiendo en una sucursal de la firma de libros.

El procedimiento tiene, además, la ventaja de que el torero puede tardar en dar la vuelta al ruedo bastante más de lo que tardó en dar la vuelta al toro. Días pasados en una plaza de cuyo nombre no quiero acordarme, se dieron siete vueltas al ruedo. Si a cada una le añadimos su correspondiente sesión de caligrafía sobre percal, acabaremos necesitando, para una corrida de toros, lo que antes se necesitaba para una boda con banquete: paciencia y sobremesa.

Quizá las autoridades competentes debieran ocuparse del asunto antes de que la vuelta al ruedo termine convertida en una actividad extraescolar. 

Bastaría un bando, un edicto o, si se quiere conservar el aire tradicional taurino, un pequeño cartelito en la puerta de la plaza con la leyenda «Se prohíbe arrojar capotes para la firma durante la vuelta al ruedo».

De esa manera tampoco se perjudicaría al aficionado fetén obligándole a meterse entre pecho y espalda tres horas pasadas de festejo. El torero podría anunciar en su página web, o por medio de su jefe de prensa —que para algo están los modernos instrumentos de comunicación— que recibirá a los coleccionistas de autógrafos a determinada hora en el hotel. Allí, en el hall, con una mesa, varios rotuladores y todo el tiempo del mundo, podría firmar cuantos capotes, percalinas y dedicatorias se le presentasen.

Así ganaría todo el mundo. El aficionado se llevaría su capote firmado, el torero conservaría intacta su vuelta al ruedo y el público podría aspirar a una cosa que últimamente empieza a parecer un lujo en las plazas de toros: que la corrida termine a una hora razonable. Porque una cosa es dar la vuelta al ruedo y otra, bastante distinta, dar la vuelta al ruedo con ventanilla de autógrafos.

Jubilado viajero

2 comentarios:

  1. Tan acertado com oportuno como oportunomresulta este artículo sobre la nueva aberración durante el espectáculo taurino. Dada vez más avanza la distrosión del tradicional y reglamentario desarrollo de la corida de toros por parte de los profesionales actuantes o manifestaciones y conductas de los públicos. El presidente del festejo debe ejercer como tal, como la autoridad que dirige el espectáculo con arreglo a la normativa vigente y empezando por él mismo. El presidente debe cumplir y hacer cumplir la reglamentación taurina desde que se desembarcan las reses en los corrales de la plaza con las consiguientes operaciones de sus reconocimientos, su función en el palco durante la celebración de la corrida, y las operaciones post mortem de los toros. lidiados. J.J. Valverde

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  2. Magnífica la observación del Jubilado Viajero.
    Las corridas de toros de tres horas son aburridísimas. Todo empezó con las vueltas al ruedo del Ubrique, Manolo Díaz y Ponce, "Los tres tenores" les decían. Hasta entonces las vueltas al ruedo eran mitad andando, mitad carrereritas, incluso Manolete, el torero más parsimonioso que ha habido. La última vuelta al ruedo en condiciones que he visto fue la de Gonzalo Bienvenida cuando fuimos a verlo alli en la Sierra de Madrid. Qué buen torero Gonzalo!
    Así que muy bien por el Jubilado Viajero.- J. Mª Portillo

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