sábado, 29 de abril de 2017

4ª de feria en Sevilla. Dos orejas para Manzanares y su infalible espada / por J.A. del Moral


De la corrida de Juan Pedro Domecq, los dos peores toros se los llevó Enrique Ponce que apenas logró lucirse con el capote para disgusto del gran maestro y de sus partidarios. Los otros cuatro dieron oportunidad de lucirse a José María Manzanares y a López Simón.

Dos orejas para Manzanares y su infalible espada

De la corrida de Juan Pedro Domecq, los dos peores toros se los llevó Enrique Ponce que apenas logró lucirse con el capote para disgusto del gran maestro y de sus partidarios. Los otros cuatro dieron oportunidad de lucirse a José María Manzanares y a López Simón. Pero solamente triunfó el joven maestro alicantino logrando una oreja de cada uno de sus toros a costa de su empacado toreo y, sobre todo, de dos monumentales estocadas. El valiente torero de Barajas quiso mucho y anduvo muy firme, pero no acabó de convencer por su vulgaridad, quedando desautorizado por la más exigente afición sevillana, ayer juez implacable con el muy joven matador.

Sevilla. Plaza de la Real Maestranza
Viernes 29 de abril de 2017. Tarde nublada y fría con lluvia intermitente. Gran estrada sin llegar al lleno.
Seis toros de Juan Pedro Domecq, bien presentados y de juego desigual. Muy pronto venidos abajo primero y cuarto. Más duraderos aunque también flojos aunque manejables en distintos grados los demás. El mejor fue el que cerró plaza que, también flojo en el primer tercio, se fue muy arriba en banderillas y fue el que tuvo más casta y brío en la faena de muleta.
Enrique Ponce (marfil y oro): Estocada casi entera caída, silencio. Pinchazo, metisaca, otro pinchazo y estocada, silencio.
José María Manzanares (marino y oro): Estocada en la suerte de recibir, oreja. Gran volapié, oreja.
López Simón (amapola y oro): Pinchazo y estocada, ovación. Estocada en los medios, petición insuficiente y ovación.
Muy bien a caballo, Paco María. En la brega destacó Jocho. Y en banderillas, Mariano de la Viña, Padilla, Suso, Luís Blázquez, Domingo Siro, Jesús Arruga y, sobre todos, Rafael Rosa. 

La mala suerte se cebó ayer con Enrique Ponce que se llevó el peor lote de la blanda corrida de Juan Pedro Domecq, salvada por la más duradera nobleza de los otros cuatro toros a los que apenas se castigó en varas simuladas. Da pena comprobar en lo que está acabando el primer tercio que, por lo que respecta a la labor de los varilargueros, resulta innecesaria. Menos mal que algunos se dejaron hacer quites.


Ponce logró lucirse con el capote a la verónica ganando terreno en el recibo del toro que abrió plaza y poco más pese a lo bien que se lidió. Los muchos cuidados que se dispensaron al burel, hicieron creer que el toro le daría oportunidad de expresarse a su mayor placer en la muleta y hasta brindó su faena al público para nada. Ni el temple ni la suavidad que empleó con la muleta en pos de conseguir algo que mereciera la pena le sirvieron. Tamaña decepción se repitió con el cuarto que se paró enseguida y resultó aún peor que el primero porque no humilló nunca y hasta impidió que se le pudiera matar con prontitud.


Para entonces, ya había triunfado José María Manzanares con el segundo toro de la tarde gracias a una faena muy espaciada basada en la mano derecha – al natural sufrió una colada al dar el tercero – que manejó con el empaque y el señorío que caracterizan el aterciopelado toreo del alicantino entre el contento de la parroquia que coreó con sentidos olés cada uno de los muletazos en redondo intercalados con magníficos pases de pecho. Ya agotado el animal, José María se empeñó en matar en la suerte de recibir, consiguiéndolo al tercer intento porque el toro no pareció tener pies suficientes para que la difícil suerte tomara carta de naturaleza. Pero es tal la seguridad del alicantino con la espada, que por fin aconteció, desatándose el clamor del respetable.


Se repitió la escena en parecidos términos muleteros con el quinto. Otro toro que, aunque tardeó en sus arrancadas, se prestó al otra vez lucido empaque del alicantino, de nuevo musicado y jaleado en otra faena de breves aunque altos vuelos, en esta ocasión cerrados con un magnifico volapié. La frecuencia con que Manzanares suele interpretar la suerte suprema con tanto acierto como belleza, es algo tan sabido que resta mérito a lo que, al fin y al cabo, es un prodigio. Estamos ante uno de los mejores matadores de la historia por no decir el mejor de todos.


Al muy celebrado corpus central de la corrida con los dos triunfos de Manzanares, le siguieron las dos intervenciones de Alberto López Simón a quien, en esta temporada, los públicos ya le miden con más atenta exigencia. Sobre todo en esta plaza de la Real Maestranza cuyo público es el más riguroso del mundo. No toda la plaza, claro está. Pero sí amplios sectores en los tendidos de sol y sombra, especialmente en los que se asientan aficionados digamos menos prudentes que los educadísimos de sombra que no “cantan” tanto sus dictámenes como los que ayer importunaron las dos faenas del torero de Barajas, al final de las mismas. Hasta esos momentos, todo parecía haberle ido bien al siempre valiente y firme López Simón. Pero no sé bien por qué o por consejo de quien, cuando la faena al tercero estaba más que mediada, el torero decidió seguirla toreando de rodillas en los arrimones del final y parte de la plaza se lo recriminó sin contemplaciones. El “no” se generalizó y, además, pinchó antes de agarrar la estocada.

Aún peor fue lo del sexto que terminó siendo el mejor toro de la corrida tras irse muy arriba en banderillas. El de Barajas brindó su faena en los medios y allí se quedó para empezar el trasteo con horribles pases cambiados, todo lo emocionantes que se quiera pero inadmisibles estéticamente hablando. La faena mejoró después en los redondos cosidos a pases de pecho, empeoró por naturales y terminó en una división de opiniones por la vulgaridad con la que continuó muleteando hasta finalizar con una buena estocada en los medios. Unos pidieron la oreja al mismo tiempo que otros volvieron la cara sentenciando para mal lo hecho por el joven espada. Ya vimos el pasado Domingo de Resurrección lo que ocurrió con Roca Rey. Antier con Ginés Marín. Y ayer lo mismo o aún peor con López Simón. Los nuevos valores tan cantados por todos no lo van a tener tan fácil esta temporada…

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