miércoles, 19 de julio de 2017

EL LOCO SUEÑO DE CERET / Por Andrés de Miguel



La peregrinación a Ceret en búsqueda de la verdad de la suerte de varas y la lidia de los toros de casta en esta feria bautizada como la “Loca ensoñación” en conmemoración al 30º aniversario de la gestión de la ADAC, eran un lujo torista, que tuvo su colofón en una gran corrida de José Escolar, quien mandó seis toros encastados con cuatro ejemplares de nota para Fernando Robleño y Alberto Aguilar mano a mano.


EL LOCO SUEÑO DE CERET 

Cuando a la muerte del cuarto novillo de Raso del Portillo, la cobla Mil-lenaria, una formación musical específica de sardanas, que se encarga de amenizar las corridas con música entre toro y toro, además de interpretar Els segadors antes del paseíllo y La Santa Espina tras la muerte del quinto toro, inició el pasodoble España Cañí, entendí que la corrida de toros tiene algo singular que la hace estar por encima de tanto encono político e identitario atizado socialmente.

Catalanes y aficionados dicen los carteles, mostrando como unir lo que nos han querido vender como una contradicción. Aficionados toristas, debían añadir, que defienden la casta del toro bravo en la elección de sus corridas, que la muestran en su respeto escrupuloso de la suerte de varas y en su criterio al valorar los premios a toros y picadores. Aficionados toristas que por ello entienden y premian a los toreros que saben aprovechar la casta de los toros. Aficionados toristas que saben que “la tauromaquia no encuentra sentido sino en el enfrentamiento, el riesgo y el miedo”.

La peregrinación a Ceret en búsqueda de la verdad de la suerte de varas y la lidia de los toros de casta en esta feria bautizada como la “Loca ensoñación” en conmemoración al 30º aniversario de la gestión de la ADAC, eran un lujo torista, que tuvo su colofón en una gran corrida de José Escolar, quien mandó seis toros encastados con cuatro ejemplares de nota para Fernando Robleño y Alberto Aguilar mano a mano.

Miura mandó una corrida mansa y decepcionante de presentación, cornicorta y con pitones escobillados que hicieron disculparse previamente a la organización, aunque probablemente no fueran los toros reseñados previamente los que llegaron a Ceret, sino una limpieza de corrales de la ganadería. Un sobrero de Yonnet fue quien puso la nota de bravura (alta nota) de la corrida. 

La novillada de Raso del Portillo fue poderosa y tuvo su momento de emoción en el sexto, premiado generosamente con la vuelta al ruedo y picado por Gabin Rehabí, ídolo de la afición francesa quien salió a recoger el premio a mejor picador de la corrida con su caballo. 

David Prados recibió el premio a mejor picador de la dura corrida de Saltillo, que tuvo una interesante segunda mitad con un toro noble, uno bravo y uno fiero, con los que no se entendieron los matadores de turno, que quizá hubieran lucido más en otro orden, pero en conjunto Saltillo estuvo por debajo del año anterior.

José Escolar mandó una corrida pareja, armada, fuerte, brava y encastada, con la que triunfaron ambos matadores. Robleño hizo dos faenas poderosas, la primera con gusto al bravo Confitero y con mucho oficio al encastado Chumbero, rematando mal ambas con la espada. Aguilar no le perdió la cara a Camionero y le compuso una poderosa al bravo Sevillano que fue premiado con la vuelta al ruedo, ambas faenas las coronó con espléndidas estocadas.

Y el sueño sigue. El sueño de unas corridas de toros donde se permita al toro expresar su bravura en la suerte de varas, en la que se pide que se haga con arreglo a las reglas del arte, picando arriba, sin rectificar, sin recargar ni barrenar, sin tapar la salida del toro y poniéndolo lejos del caballo, cuantas veces sea preciso para que el animal muestre su bravura y el matador lo considere, sin apurarlo ni castigarlo con monopuyazos inmisericordes como tantas veces vemos. Esta suerte de varas que desde Ceret se ha exportado a toda Francia, pero que tanto cuesta ver en España. Por eso Ceret es de visita obligada para un aficionado, como el santuario de la suerte de varas, que es como decir de la bravura del toro de lidia.

Como apoyo a lo ya relatado por Andrés de Miguel, aportamos el reportaje gráfico de Agnés Peronnet. Ceret merecía este reportaje.

Ver aquí;


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