domingo, 22 de enero de 2012

"EL TONTO NO DESCANSA": El juez Garzón somete la Ley a "su razón de Estado" / Blog de Natalia Pastor



El fin nunca justifica los medios


Blog de Natalia Pastor
Por “razón de Estado” se entiende, desde que Nicolás Maquiavelo acuñó el término, la adopción de medidas excepcionales por parte de un gobernante con objeto de preservar el interés de una nación, bajo el presupuesto de que dicho interés prevalece sobre otros individuales o colectivos.

El uso de la llamada “razón de Estado” -es decir, una eventual protección de los intereses de un país decidida unilateralmente por alguien, aun en contra de los principios básicos que rigen en un Estado de Derecho-, es una de las manifestaciones más peligrosas que puedan existir.
Más aún, cuando esa "razón de Estado" es invocada por jueces que se arrogan a sí mismos la capacidad de ejercer o interpretar esa “razón”, sin ningún tipo de escrúpulos.

Estos individuos son fácilmente identificables en todas las épocas y lugares, tienen un déficit de convicciones democráticas, y -normalmente-, están investidos de tanto poder que escapan a cualquier control. Y ahí es dónde radica su enorme peligro.

El jueves quedó visto para sentencia en el Supremo el asunto de Garzón sobre las escuchas ilegales en la trama Gürtel, por las cuales está imputado por prevaricación.
Garzón ha insistido en justificar el pinchazo de las conversaciones de los letrados con sus defendidos alegando que era «la única medida posible» para evitar el blanqueo de dinero.

Los abogados espiados han señalado, que la ley «no permite relativizar los derechos constitucionales de los ciudadanos en función de quiénes son o de la gravedad de los delitos que se le imputan», así como que no se puede privar a nadie el derecho a «hablar de forma confidencial y en secreto» para preparar su defensa «por muy rechazables que sean sus conductas».

Y es que tal y como le señaló uno de los letrados a Garzón, lo realmente grave es que el magistrado se escudara tras la «razón de Estado» para conculcar derechos: «Esa es la excusa de los tiranos», remató citando a Voltaire.

El asunto no pinta nada bien para el otrora juez estrella. En la vista oral no consiguió desmontar los indicios que le han hecho sentarse en el banquillo por delitos de prevaricación y vulneración de garantías constitucionales a la defensa y el secreto de las comunicaciones entre abogado y cliente . El propio Garzón ha reconocido que esas garantías y el derecho de defensa estaban en juego y que aún así mantuvo las escuchas.

Y es que en su megalomanía y soberbía, Garzón ha olvidado un asunto fundamental, clave, más aún cuando atañe a un juez y a la administración de Justicia : que el fin nunca justifica los medios.

2 comentarios:

  1. Además de tonto...¡mamarracho! otra joya del socialismo para beneficio de la humanidad.

    Saludos y que nunca os caiga encima.

    Alfonso Satrústegui.

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  2. Entre las distintas categorías de tontos está el "tonto sin remedio", que son aquellas personas que no pueden curar la enfermedad por mucho que lo intenten.

    El tonto, es una persona carente de sentido, con poco entendimiento o inteligencia.

    Tonto también es el que se le une un fanatismo a la afinidad o contrariedad con una persona. En casos extremos el fanatismo supera la racionalidad.

    El fanático, se caracteriza por su espíritu maniqueo y por ser un gran enemigo de la libertad.

    Conjugando todo esto podemos entender el comentario de Alfonso Satrústegui, porque puede estar de acuerdo con que el juez Garzón sea sentado en el banquillo, y esa es una opinión muy respetable. Pero le pierde las formas, porque decir "Además de tonto...¡mamarracho!", me parece que es todo lo contrario a sentirse como una persona inteligente.
    Y es que es tan fácil encontrar "joyas" como estas, que para beneficio de la humanidad, sería muy interesante saber distinguir al estúpido y necio, de la persona normal y educada.

    Estas gentes, que no saben hacer un comentario sin ofender, suelen ser personas de una apasionada e incondicional adhesión a una causa, un entusiasmo desmedido y monomanía persistente hacia determinados temas, de modo obstinado, la mayoría de las veces con la ofensa por bandera.

    Y es que el tonto, al igual que el mono, aunque se vista de seda tonto se queda.

    Saludos y que alguna vez escriba sin caer en la mala educación.

    Patricia Góngora

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