lunes, 28 de mayo de 2012

MADRID: 16ª de Feria. Pistolero, el primo lejano de Bastonito / Por José Ramón Márquez


El ibán número 29, Pistolero, hizo el mejor tercio de varas de lo que llevamos de Feria, aunque esto al taurineo le importe un bledo

 Pistolero, el primo lejano de Bastonito

José Ramón Márquez

¿Miura? ¿Moreno Silva? ¿Baltasar Ibán? ¿Qué pasa aquí, que ya no hay juampedros de "eliminando lo anterior"? Tres ganaderías en este fin de semana dejan puesto el pabellón del toro de lidia, y el que venga atrás que arree.
    
A los Miura los sentenció la docta sabiduría de emparedados del doctor Moncholi a que los mandasen al matadero. Él sabrá por qué lo dijo, si acaso sabe lo que dice cuando habla. En Nimes estuvieron los de Zahariche demostrando el valor que se puede dar a las frases piperas del doctor Moncholi. En Vic, en la concurso, un gran toro de Moreno Silva, que a ésta también la sentenciaron a la desaparición por jurásica y decimonónica. Y en Madrid, el toro más bravo de lo que va de feria con la be y la i, herradas en el costado izquierdo, demostrando que el trapío y la seriedad de un toro de lidia no tiene nada que ver con el volumen ni con los quilos.

    Y de las tres ganaderías antes dichas, cada una tiene su historia. La una no viene a Madrid porque no le da la gana y eso que tiene divisa exclusiva para esta Plaza, yo creo que por no darle el gustazo a los científicos de sacar pecho a costa de la A con asas, rechazando un par de toros; a otra la pusieron la cruz porque echó la más tremenda novillada que se ha visto en Las Ventas en los últimos veinte años, al menos; y la tercera, la vemos rechazada por los que pueden y relegada a un domingo porque tuvo la desdicha de echar a Las Ventas uno de los toros más bravos que han pisado la blancuzca arena de Madrid.
    
Baltasar Ibán figura ahora con este birlibirloque de las procedencias como ‘procedencia Baltasar Ibán’, como el Montecillo será ‘procedencia Montecillo’, Yerbabuena, ‘procedencia Yerbabuena’ y así sucesivamente. Ibán es Contreras y es juampedro, y es también buena selección ganadera, que eso se notaba en seguida con la casta de los toros y con lo atentos que estaban a los caballos. Los que salieron más a lo juampedrero, el primero y el sexto, fueron toros más parados, más sosos. De los otros puede decirse que todos tuvieron sus cosas, de buenas a excelentes, y que el que se llevó la palma fue el segundo, Pistolero, número 29, toro cinqueño que hizo un extraordinario tercio de varas, que en banderillas demostró su clase y que llegó superior a la muleta, con embestidas vibrantes de toro bravo. Sin esa pelea tan clara en el caballo, el tercero, Camarito, número 13, cantó en banderillas su disposición al viaje largo y a la distancia, en un estilo toro muy del gusto de Madrid, de lo que va quedando de Madrid.

    Notable alto para la ganadería, y otro nuevo suspenso para los de oro, que esto da la impresión de que no lo arregla nadie, pues el adocenamiento de los matadores cobra ya  dimensiones de plaga bíblica. Y es que da igual que sean pobres o ricos, que sean de Badajoz o de Béziers, da igual que sean diestros o zurdos, levantinos o de tierra adentro. Tal es el aburrimiento que transmiten, tan deplorable es el ‘estilo’ que traen a Las Ventas que es imposible guardar un mínimo recuerdo de ellos. Se desvanecen de la memoria y tras ellos no dejan nada, nada, nada.

    Rubén Pinar el otro día se las vio con la impresionante y seria corrida de Madrid y para Madrid que trajo Jaime Guardiola, con el valor añadido de tener el ruedo como una pista de patinaje sobre hielo. Con esos toros tan tremendos, Pinar firmó la que posiblemente sea su más importante actuación en Las Ventas. Lejos de arredrarse por las circunstancias de aquella tarde, ofreció su muleta -muletita sería una injusta exageración- a los toros y condujo sus viajes sin arredrarse, dando muletazos largos de gran mérito. La faena tuvo sus peros, evidentemente, pero en ella resaltó de manera especial el trabajo del torero y su disposición a presentar la muleta y a correr la mano en pases largos. Hoy con el piso de plaza seco y con un toro que le cantaba sus bondades, Pinar presentó dos caras: una que de alguna manera continúa su labor del día de Guardiola basada en los pases largos, aunque  hoy no había nada que justificase su falta de decisión para irse al sitio, para cruzarse; y la otra, cuando a mitad de la faena aparece el Pinar de siempre de estilo tosco y julianesco. La impresión que dio es que no sabía qué hacer con el toro y cómo poder convertir la emocionante embestida del Ibán en triunfo para él. Lo más probable es que Pinar sólo pueda estar bien con toros como los de Guardiola del otro día, por lo que le animamos a buscarse toros acorde a sus condiciones, que pongan ellos lo que el torero, definitivamente, no puede poner.

    A Fermín Spínola no le habíamos vuelto a ver desde la tarde de su confirmación a finales de la temporada pasada. Con su primero, que era un toro muy soso y parado, era difícil decir algo, pero con su segundo, Ruiseñor, número 8, ya podía haberse mostrado más generoso con la plaza. Marcó algunos naturales de buen trazo, planteados con el pico de la muleta, largos y ligados, que contrastaron una barbaridad con lo deficientemente que toreó en redondo, echándose el toro encima en cada muletazo, lo que hacía imposible plantear el siguiente sin volver a colocarse. Planteó sus series por ambas manos bien por afuera y dejó ir la oportunidad que el toro Ruiseñor le brindó para decir algo. A lo mejor es que hoy, precisamente, no tenía nada que decir, aunque la impresión que dio es de que andaba un poco hasta las trancas.

    Serafín Marín dio otra tarde de Serafín Marín en la que no dijo ni más ni menos que cualquiera otra de las tardes que ha estado en Las Ventas en la pasada temporada. Tuvo la desdicha de que le tocase el toro Pistolero, de embestida vibrante, pero sin violencia, ante el que Serafín sacó a pasear su tauromaquia ‘mariniana’. En ningún caso estuvo a la altura de las condiciones del toro, que hubiese merecido tener en frente mucho más torero, mucha más decisión y mucha más claridad de ideas. En incontables ocasiones desearíamos poder ver al tal Manzanares con los galafates y con los toros que meten miedo, pero también hubiese sido interesante poder ver al Dolls hijo de Dolls a ver qué habría sido capaz de hacer con Pistolero. En cuanto a Serafín Marín, al menos antes mataba y ahora se hincha a dar manoletinas.
    
Al picador Eduardo Rivera, de la cuadrilla de Spínola, alguien le debería hacer un examen para acreditar que al menos sabe montar a caballo y que conoce algunos de los rudimentos del arte de los varilargueros. Dio la impresión de que sabía mucho mejor hacer su oficio el penco que el jinete que iba subido encima.
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