martes, 25 de junio de 2013

LOS INSÓLITOS PROFETAS / Por BENJAMÍN BENTURA REMACHA


José Antonio Chopera, EMPRESARIO DE MADRID: En la cumbre. Y desde la cumbre lanza el anatema: “Esto se acaba, mis nietos no vivirán del toro”.

LOS INSÓLITOS PROFETAS
  • Mi amigo, el pepeluisista de Córdoba, lo que no es paradoja porque don Manuel Rodríguez también lo era, ha escrito un artículo sobre los toros y el fútbol muy documentado. Me pide mis recuerdos, pero, como no superan a los suyos, me escondo en el burladero.

BENJAMÍN BENTURA REMACHA
No me sorprenden los repetidos anuncios del fin de la fiesta española. Los vengo escuchando desde mi debut como espectador taurino en Las Ventas del Espíritu Santo, en octubre de 1939. Justo en aquellas fechas iniciaba nuestro más ancestral espectáculo la difícil remontada de tres años de guerra fratricida. Era tremenda la sima en la que habíamos caído por el enfrentamiento ideológico y muy oscuro el porvenir político, económico y sociológico. Pero el fenómeno “Manolete” obró el milagro y se mantuvo precisamente hasta agosto de 1947, cuando “Islero” hirió de muerte a Manuel Rodríguez. Tan horrible se hizo el bache posterior que hubo temporada en la que las novilladas (Litri-Aparicio) superaron a las corridas de toros. Pero muchos años antes de que yo naciera también se hablaba de la decadencia de la fiesta de los toros, con las prohibiciones papales, con las de Carlos III y Carlos IV, con la Guerra de la Independencia, el desastre de Marruecos, la retirada de Guerrita (Después de mi, nadie) o la muerte de “Joselito”. Ahora, los nacionalistas, más los catalanes que los vascos porque hay gente en Vascongadas que opina que el origen de la corrida de toros se localiza en su territorio. Sin embargo, se cierra la plaza de Illumbe a los espectáculos taurinos, objetivo para la que fue construida no hace muchos años bajo el mando de “Chopera el Grande” y la inestimable colaboración de su hermano Jesús y el concejal del ayuntamiento donostiarra Gregorio Ordóñez para soslayar el crimen cometido por don José María Jardón con el cierre y venta del coso del Chofre después de la faena de Curro Romero y el brindis de despedida de Antonio Ordóñez. Hemos sufrido mucho, pero seguimos en la conciencia de que la fiesta española no hay gobierno que la abole ni quién la abola. Bueno, no sé si es fidedigna la letra, aunque me suena la música.

¿Es este momento el más comprometido de nuestra historia? No lo sé. Pero lo que sí afirmo es que nunca dos personajes tan destacados como José Antonio Chopera y Manuel F. Molés se erigieran en profetas de la hecatombe. No lo entiendo, aunque es posible que ellos tengan elementos de juicio más que suficientes para predicar semejante negro augurio. Ambos llevan más de medio siglo mandando en esto. José Antonio, hijo de don Manuel, este hermano de don Pablo y de Anchón, triunvirato similar al de los hermanos Lozano en estos tiempos, contratistas de ganado en sus principios, cuadra de caballos, gestión de arrastre de árboles y actividades empresariales desde lo más bajo a la cumbre del negocio taurino, “la boinita sabia” del señor Bellón en la cabeza de Pablo Martínez Elizondo, con su sobrino José Antonio como acompañante privilegiado de Paco Camino en los primeros años de los 60 del siglo pasado. Empresario de Albacete, Salamanca, Santander, apoderado de “El Niño de la Capea”, empresario de Zaragoza con renuncia, vuelta y otra renuncia y EMPRESARIO DE MADRID: En la cumbre. Y desde la cumbre lanza el anatema: 
“Esto se acaba, mis nietos no vivirán del toro”.

Y desde la otra esquina, asiente Manuel Francisco Molés Usó: “José Antonio tiene razón”. Ninguno de los dos nota alguna sensación esa culpabilidad que percibe el capitán del barco que ha chocado con un arrecife y se hunde. Y los dos llevan más de medio siglo en el puente de mando. Molés no mandaba en sus orígenes taurinos porque estaba en “Fiesta Española” y desde aquella barquichuela no mandaba ni el director, que era yo. El de Alquerías del Niño Perdido vino a “Fiesta Española” de la mano de una chavala murciana, Encarnita López Molina, para escribir de teatro y tuvo la suerte de encontrar en su camino con la ayuda de Vicente Zabala y Joaquín Jesús Gordillo, que, de la noche a la mañana, me abandonaron sin decirme palabra y requeridos por las promesas de Alberto Polo, nuevo director de “El Ruedo” y decían que sobrino de doña Carmen. “Manolo, ¿te atreves con los toros?” Y se atrevió, se atrevió. Y empezó a mandar cuando entró en “Pueblo” y se juntó con Mariví Romero en la televisión, y la SER y don Jesús del Gran Poder, el Plus. Mucha fuerza, don José Antonio, don Manuel. Por eso os pido que hagáis todo lo que os permitan vuestras fabulosas energías para que esto no se acabe, para que los que todavía no están al otro lado del río lo vadeen. Por mis nietos, por ejemplo.

Al que no le puedo decir nada es a José Tomás, que algunos dicen que ha suspendido su temporada (¿?) de tres corridas por culpa de su lesión en un pie. Recuerdo que, hace algunos años, Curro Girón se paseó por todos los ruedos de España con una mano escayolada (fractura de escafoides), por no hablar de Juan García “Mondeño” que llevó un aparato ortopédico en uno de sus pies para soslayar la rotura del tendón de Aquiles, o de la vuelta a los ruedos de infinidad de diestros con los puntos de sutura sin quitar y hasta “El Tato” lo intentó con una pierna de madera. Pero no es momento de hacer balance de las heroicidades de los muchos toreros que en nuestra historia lo han sido. Sucede que, según prestigiosas personalidades, el de Galapagar es el Gran Profeta de la Nueva Tauromaquia. Sube al Monte Sinaí y rompe las tablas de las leyes de los hebreos como nuevo Moisés redentor. Tomás no quiere conducir a su pueblo torero a través del desierto. ¡Agua!

Mi amigo, el pepeluisista de Córdoba, lo que no es paradoja porque don Manuel Rodríguez también lo era, ha escrito un artículo sobre los toros y el fútbol muy documentado. Me pide mis recuerdos, pero, como no superan a los suyos, me escondo en el burladero. Si recuerdo lo de la foto de “Joselito” en la plaza de Sevilla con pantalón corto, botas y balón, A Pepe Bienvenida y sus hermanos en partidos benéficos, a un sobrino de Andrés Vázquez que jugaba en el Madrid, o pretendía, a Manolo Escudero y, últimamente, a Enrique Ponce que, dice Raúl, no hay otro en el balompié, que hace el “fotbal” con tanta clase como el toreo. Y aclarar que, después de la manoletinas de Montalvo, no hubo que esperar hasta la llegada del mesías de Galapagar; antes las bordó el ya citado Juan García “Mondeño” con tal personalidad que se les llamaba “mondeñinas”, como antes se conocieron como “laserninas”, por don Victoriano, y “llapiserinas” por Llapisera. Esto último para faltarle al respecto a Manuel Rodríguez Sánchez, que de todo ha habido en este valle de lágrimas que algunos pretenden que sea al toreo. ¡Exorcistas! Aquí os espero, don José Antonio, don Manuel.

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