lunes, 25 de agosto de 2014

Bilbao. 8ª y última de las Corridas Generales: El Cid repite éxito en El Bocho con victorinos” y corta una oreja del mejor toro.



"...La feria terminó con el cielo encapotado, la arena aún más parda de lo que es cuando hace sol, el rojo de la barrera sobresaliendo en un realce luminoso por sí mismo… y con la banda sin tocar. Me hubiera gustado oírla por última vez este año..."


8ª y última de las Corridas Generales en Bilbao
El Cid repite éxito en El Bocho con victorinos” y corta una oreja del mejor toro de un muy desigual lote


Anteayer me apunté a uno de los coloquios taurinos que se celebran estos días en Bilbao y tuve que abandonar escandalizado el salón del gran hotel donde se vienen celebrando. En la mesa de invitados estaba uno de los que más fluidamente intervino bajo la batuta del moderador. El tema era la pena que todos sentimos por la desaparición de muchas ganaderías desde que se impuso la moda del toro grande. Fueron los mandones de la crítica de entonces los que llevaron adelante la campaña que cambió el panorama ganadero hasta llegar al monoencaste que domina. No solo se subió el peso, también la alzada y la edad de las reses. Ello coincidió con los tiempos en que, ya que la crítica más influyente apoyaba a ultranza el torismo, por el momento a muchos empresarios les convino mucho porque, en vez de tener que pagar cifras altas por corridas bien hechas de buenas ganaderías para las figuras de entonces, empezaron a lidiarse lotes de vacadas bastante más baratas para toreros de medio pelo. Pero aquello desembocó en lo que ahora padecemos. Pues bien, el caballero que se mostró en el coloquio tan de acuerdo con todo esto es uno de los que más hizo para que fuera como es ahora. La apoteosis del cinismo quedó patente y como nadie de los que había en la mesa le paró los falsos pies de chaquetero mayor del reino, yo tomé las de Villadiego y me fui a comer con amigos del club taurino de New York que estaban en Bilbao.

Pero ya que de coloquios escribo, quiero hacerlo también de otro – para mí el más señorial – que dirige Covadonga Saiz Bernuy desde que lo dejó de hacer su padre, Alfonso Carlos Saiz de Valdivieso, con el que me une una estrecha aunque lejana amistad desde hace mucho tiempo y por el que siempre sentí una gran admiración. Covadonga también ha sustituido a su padre como directora de la magnífica revista anual “Clarín Taurino” que este año ha reaparecido por fortuna para todos los que la venimos coleccionando y guardando como una joya. Una revista que fundó el abuelo – padre de Alfonso – que firmaba “Claridades” entre la grey más selecta de los críticos de su tiempo en Bilbao. La dinastía sigue, pues, para satisfacción general. Aprovecho esta ocasión del final de Las Corridas Generales de 2014 para dar la enhorabuena a toda la familia Saiz Benuy con un fortísimo abrazo.

Se cerró la feria bilbaína con una corrida de Victorino Martín como viene siendo tradicional el último domingo. La mataron Diego Urdiales, El Cid y Luís Bolivar. Los tres con experiencia notable con estas reses y, muy especialmente, El Cid que quizá y sin quizá ha sido el que más grandes triunfos consiguió frente a reses de esta ganadería, llegando al gran e inolvidable capitulo de de su vida profesional cuando hace ya ocho años se encerró solo con seis de este hierro en Vista Alegre protagonizando una de las tardes más importantes que uno haya visto jamás. Tarde ciertamente histórica que pasará a los anales. Pues bien, ayer El Cid volvió a triunfar en Bilbao con un toro de Victorino a Dios sean dadas las gracias por este triunfo que a Manuel le viene de perlas para seguir en el machito. Vamos ahora al tajo de los detalles de cuanto vimos en la corrida.

Digamos para empezar que la entrada no pasó de media. Y es que el desgaste general de los toreros y de los toros por famosos que sean, corre parejo con la crisis que venimos padeciendo y que ojala sea verdad que estamos superando.

Bilbao. Plaza de Vista Alegre. 
Domingo 24 de agosto de 2014. Octava y última de feria. Tarde enmarañada y calurosa con media entrada.

Seis toros de Victorino Martín, muy bien presentados y de vario y opuesto juego. El primero, blando, se paró y se rajó enseguida resultado medio manejable por el lado izquierdo. Bravo y manejable aunque sin humillar nunca el segundo. Aunque cumplió en varas, el tercero terminó reservón y deslucido por su cortedad de viajes y defendiéndose por arriba. Muy peligroso el cuarto. Noble el quinto. Bravo en el caballo y noble aunque adoleciendo de falta de fuerza por lo que a veces de defendió molesto el sexto.

Diego Urdiales (cobalto y oro): Pinchazo hondo y buena estocada, ovación. Pinchazo hondo perpendicular y estoconazo fulminante, ovación tras pitos al toro en su arrastre.
El Cid (verde esperanza y oro): Pinchazo hondo tendido y descabello, gran ovación. Estocada, oreja.
Luís Bolívar (turquesa y oro): Estocada, silencio. Pinchazo hondo y estocada, ovación al despedirse.

El primer toro, cárdeno, se fue a tablas y costó un poco sacarlo de allí para llevarlo al caballo. Tomó acostado un leve puyazo y se paró al salir de la suerte. Urdiales contempló sin apenas intervenir como el toro fue al segundo, asimismo leve, levísimo. Y se fue otra vez a tablas. Y esperó mucho en banderillas, persiguiendo acto seguido. Hubo apuros de los peones. Urdiales tuvo que sacar al toro de su marcada querencia y, una vez más allá de las rayas, se dispuso a torear en redondo sin conseguir más que banderazos, recibiendo un acosón. Pero continuó y dio algunos más con pocos en forma. Al natural, el toro humilló algo y al dar un buen tercero, se rajó… Y se paró tardeando mucho cuando no pegar arreones que el de Arnedo resolvió con habilidosa torería. Aún logró algún natural más, forzosamente aislados para terminar con trincheras al paso del animal hacia tablas por enésima vez. Mató de pinchazo hondo y buena estocada. Fue ovacionado.

El cuarto, un muy agresivo cárdeno, quiso saltar al callejón nada más salir al ruedo y cuando no pudo se fue directo a por un espontáneo que había salido a la arena con una chaqueta a modo de capote. Tras darle el primer chaquetazo, al intentar el segundo fue cogido de lleno quedando inerte sobre la arena entre el estupor general. Mientras se lo llevaban a la enfermería fue picado el animal con bastante saña. Urdiales había pedido el cambio de tercio y sus peones se dispusieron a banderillear. Lo consiguieron con acierto tras pasar algún apuro. Diego empezó la faena por bajo con la derecha y sobre las piernas sin logar que el toro pasara del todo. Cuando quiso torear al natural, solo pudo iniciar los pases ayudándose con la espada hasta sufrió un peligrosísimo acosón siendo desarmado. Una prenda este toro. Lo mismo o peor resultó por el lado derecho. Macheteo y a matar. No cabía otra cosa. Pinchazo hondo perpendicular y estocada. Fue ovacionado de nuevo mientras el toro doblaba fulminado.

El Cid saludó con muy buenas verónicas y dos revoleras al por el momento noble segundo. Otro cárdeno muy serio. La gente se alborozó con quien tanto admira desde el recuerdo de sus hazañas con los toros de Victorino. Buen galleo para dejar el todo lejos del caballo, yendo raudo para dejarse pegar sin que el picador abusara del castigo. Buen quite por delantales del de Salteras. Aunque tardó en arrancarse, el toro también fue raudo al segundo encuentro. A Bolívar no le salió del todo su quite, breve, también por delantales. Cubierto con bastante acierto el tercio de banderillas, El Cid abrió el toro y tardó en torear con la derecha a la espera de que no le molestara viento. Una vez calmado, quien no se calmó fue Manuel. Los primeros redondos resultaron movidos. Pero los de la segunda tanda fueron mejores aunque sin terminar de asentarse del todo. No humilló nunca el animal y hubo que aguantar sus altas embestidas, razón de no poder ser completamente templadas aunque sí ligadas con emoción. Tras probar como iba por el pitón izquierdo, los naturales mejoraron el trasteo. Y eso que el toro tampoco humilló del todo por ese lado. No obstante, el público apoyó con palmas la disposición del matador. Tanta, que el animal le alcanzó en una mano desarmando al espada. Manuel, tras dolerse, terminó adornándose con bella torería al paso del animal hacia las tablas. Lo mató de pinchazo muy hondo tendido y descabello. Obligado a salir del callejón, recibió en el tercio una gran ovación con algún pito tras otra para el toro inmerecida. Aunque no pudo asentarse del todo, El Cid estuvo por encima del animal.

Muy hondo y armado el también cárdeno quinto. También a este lo recibió Manuel Jesús por verónicas, delantales y media superior a los anteriores lances. Marronazo posteriormente rectificado el primer puyazo que dieron al toro. El Cid lo puso de lejos para el segundo y el toro fue sin que le pegaran nada. Quite de Bolívar por dos templados lances y media regularcilla. Bien Alcalareño en palos. Pareció que El Cid iba a brindar pero desistió. Naturales sin pruebas para empezar, de menor a mayor traza. Pausa y más con la zurda que empezaron regular y enseguida recetó relajado y muy templado rematando con el de pecho. Nueva pausa y ahora con la derecha. No humilló igual el animal por ese lado. Pero El Cid acabó bien la primera tanda. Antes de dar la segunda, la banda atacó el grandioso pasodoble Martin Agüero que es el mejor acompañamiento musical que se puede escuchar en esta solemne plaza. Los derechazos, sin ser tan buenos como los naturales, fueron engarzados y culminados con notoria torería. Citando de cerca, siguió entonado Manuel hasta desplantarse satisfecho en actitud heroica. Con trincheras y desdenes cerró la obra culminada con un estoconazo hasta las cintas del que el animal salió liquidado aunque tardó algo en doblar. Admirable y emocionante que El Cid volviera a triunfar con corte de oreja en el mismo escenario de su histórica proeza frente a seis toros de Victorino hace 8 años. Enhorabuena, Manuel. Te la mereces.

El tercero, más vareado que el anterior, se quedó muy corto en el capote de Luís Bolívar. En varas fue impetuoso y cumplidor. Pero fue cuidado por su blandura de remos. Urdiales entró en su turno y quitó por deslucidos delantales. El animal protestó por arriba y perdió las manos en banderillas. Buen par de Raúl Andrada. Brindó Bolívar su faena. La comenzó en los medios por naturales sin previas pruebas y resultó desbordadillo en los primeros. Los siguientes los recetó tragando pero sin poder completarlos. El de Victorino acudió al engaño con brío pero defendiéndose a mitad de sus viajes y de ahí el merito de los pases pese a no poder darlos como quiso. Aunque tampoco logró completar los redondos, como los dio ligados, resultaron más vistosos en la primera ronda. No en la segunda ni en la tercera con el toro ya avisado y reservón. En el postrer intento con la izquierda no hubo solución y tuvo que matar, consiguiéndolo de estocada entera arrancando desde lejos. Palmas inmerecidas para el toro y silencio para Bolívar.

Un pavo serísimo fue el sexto y último de esta feria. Suelto del capote de Bolívar. Luego se frenó y echó la cara arriba en los primeros lances del colombiano. Bien en la brega para llevarlo al caballo. Bravo en el primer puyazo que tomó con fijeza. También y con saña en el segundo. Al salir derribó al peón Raúl Adrada que se libró de puro milagro. Hizo mal al levantarse tras caer a la arena. Espero el toro en banderillas y perdió las manos al salir de un capotazo de quien había sido cogido. Pero pareció dejarse torear humillando en la brega del propio Adrada. Bien Gustavo García “Jeringa” en sus dos pares. Bolívar lo llevó por bajo con la derecha en el inicio de su faena. Pero al intentar torear en redondo, el toro acusó poca fuerza y aunque fue noble, en algunos pases se frenó y echó la cara arriba. No obstante, Luís con siguió algunos muletazos en forma. Muy bien el cambio de mano seguido del de pecho. Al natural no aguantó el toro y se cayó. Pero Bolívar siguió con fe y consiguió lo mejor del trasteo con esa mano en tal o cual muletazo. Y, sobre todo, en los últimos. Con más derechazos, trincheras y desplantes fue dando fin al trasteo que, posiblemente, iba para oreja. No debió prolongar más la cosa. Fue desarmado sin necesidad. Le avisaron. Y pinchó con hondura pero pinchó. Una pena.

La feria terminó con el cielo encapotado, la arena aún más parda de lo que es cuando hace sol, el rojo de la barrera sobresaliendo en un realce luminoso por sí mismo… y con la banda sin tocar. Me hubiera gustado oírla por última vez este año. Y me fui con pena. Esa pena que se siente al final del todas las ferias y más de las mejores. Adiós con el corazón al Bocho de mis amores y con la vista puesta en la siempre alegre y luminosa Almería que nos espera con los brazos abiertos por los muchos buenos amigos que allí tenemos. Gran contraste. Del hierro norteño a la costa cuasi africana de del Mediterráneo. Adiós amigos, adiós…

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