domingo, 28 de mayo de 2017

17ª de San Isidro en Madrid. Oreja a tumba abierta para Joselito Adame con el toro más posible de una corrida por todo dispareja y decepcionante / por J.A. del Moral.




Los kilos de más no son buena cosa como venimos diciendo sobre muchos de los que estamos viendo en esta feria aunque alguno salga francamente aprovechable como el sexto de la muy desigual corrida de El Torero con el que Joselito Adame se fue a por todas hasta matar de una estocada suicida que le pudo costar la vida. Tremenda cogida sufrió al entrar a matar sin muleta y última razón de su triunfo. Por lo demás, el confirmante Francisco José Espada anduvo firmemente empeñoso aunque verde y también cogido a costa de una espeluznante estocada al primero de la tarde, resultando alarmantemente conmocionado. El más esperado, Ginés Marín, tuvo el peor toro de la primera parte y el peor de los peores en la segunda, un mastodonte reparado de la vista que debió ser rechazado en el reconocimiento y, nada más salir al ruedo, devuelto a los corrales de inmediato. Muy mal los veterinarios y la presidencia por incapaces de descubrir lo avieso y extraviado que fue este animal.


Oreja a tumba abierta para Joselito Adame con el toro más posible de una corrida por todo dispareja y decepcionante.


J.A. del Moral · 28/05/2017 
Madrid. Plaza de Las Ventas. Sábado 27 de mayo de 2017. Decimoséptima de feria. Tarde nublada y calurosa con algo de viento. Tres cuartos de entrada.

Seis toros de El Torero, Muy desigualmente presentados porque los hubo esmirriados (segundo y tercero) y elefantiásicos los demás. Muy armados en su mayoría. Dieron dispar juego en menor o mayor grado. Manejable sin clase el primero. Derrotón y medio aprovechable el muy blando segundo. Peligroso el tercero. Manejable aunque muy soso el cuarto. Más que peligroso el quinto por reparado de la vista. Y bueno por el pitón izquierdo el sexto.

Joselito Adame (añil y oro): Pinchazo y estocada, silencio. Estocada baja y descabello en el que mató en cuarto lugar. Estocada baja entrando a matar sin muleta y saliendo feamente rebotado, pisoteado y caído bajo el ya moribundo animal en el sexto tras correrse turno por la cogida de Espada. 
Francisco José Espada (encarnado y oro): Pinchazo y estocada trasera atracándose de la que salió feamente atropellado y largamente conmocionado, descabello de Adame, aviso y ovación que no recogió nadie.
Ginés Marín (esmeralda y oro): Pinchazo, otro hondo y cinco descabellos, silencio. Media tendida y descabello, silencio.
Destacó en banderillas Fernando Sánchez y en menor medida David Saugar “Pirri” y Miguel Martín.

Parte facultativo de Espada: <<traumatismo craneoencefálico con pérdida de conciencia de cinco minutos de duración y traumatismo facial, pendiente de estudio radiológico>>. 


Debí marchar a Córdoba en donde al parecer Ponce consiguió uno de sus particulares y más grandes triunfos. Si me quedé en Madrid fue para no perderme la segunda actuación de Ginés Marín. Por cierto, muy ovacionado al terminar el paseíllo en recuerdo del faenón en su confirmación de alternativa. Terminé arrepentido y francamente disgustado pese al triunfo con corte de oreja que se ganó Joselito Adame con el último toro de la tarde tras matar otros dos, segundo y cuarto, por la cogida de Espada. Un desigual mano a mano accidental en el que lo mejor se lo llevó el espada azteca y lo peor con mucho Ginés Marín.


No estuvo mal el confirmado Espada con el primer toro de la tarde aunque sin poder redondear su firme y empeñosa labor muleteril, adobada con esos muletazos cambiados que ha puesto de moda Roca Rey. Desgraciadamente, resultó muy feamente cogido y fuertemente golpeado en su entregada estocada tras pinchar. Se lo llevaron a la enfermería totalmente conmocionado bajo una impresión fatal. La corrida se convirtió por ello en un mano a mano accidental en el que lo mejor se lo llevó Joselito Adame y lo peor con mucho Ginés Marín.


Adame anduvo como siempre muy valiente, capaz y vulgar en sus formas. No del todo a gusto con el segundo toro que resultó manejable aunque echando la cara arriba al final de sus viajes hasta que, por fin, dejó de hacerlo en una templada ronda final de la faena por el lado derecho, inmediatamente antes de que el animal se rajara.


Algo mejor fue el cuarto tras mansear en varas aunque resultó soso. Adame anduvo bien sin mayores aditamentos en una faena demasiado larga aunque tuvo un final con templados medios muletazos sobre el lado derecho tras adornarse con trincheras y desdenes con la gente cansada del ya pesado epílogo. Aviso y estocada baja con descabello y silencio en los graderíos.


Arregló su tarde en el sexto que fue el más bonancible de la corrida. Un toro muy noble por el lado izquierdo, descubierto tras un comienzo de faena por estatuarios y un pase del desdén seguido de una caída del animal, echado sobre la arena. Pero a esta momentánea decepción le siguieron dos rondas por naturales de creciente factura, aislados muletazos diestros, las giraldillas cambiadas resultando casi cogido y desarmado tomado la muleta al vuelo como un prestidigitador y una estocada que recetó tras tirar la muleta estando ya perfilado, de la que resultó feamente atropellado, pisoteado y caído bajo el peso de medio toro sobre las piernas que tuvo que ser sacado por las asistencias como el corcho de una botella e imagino que sufriendo no pocos traumatismos que, de momento, no le impidieron pasear la oreja que le pidieron apasionadamente los espectadores y concedieron de inmediato. El dramático entrar a matar o a morir caló grandemente en los tendidos finalmente agarrados al espectacular incidente para compensar el decepcionante espectáculo hasta ese momento.


Decepcionante sobre todo por la pésima suerte que tuvo con su lote Ginés Marín que no pudo hacer nada con el pésimo tercer toro – hizo bien en cortar por lo sano sus baldíos intentos con la muleta – aunque tuvo que descabellar cinco veces tras un par de pinchazos, hondo el segundo del que el toro no dobló. Mal hecho, porque sin haber enterrado la espada al menos en su mitad, no es fácil que los toros descubran para poder descabellar pronta y eficazmente, tal cual le ocurrió a David Mora la tarde en la que escuchó los tres avisos.


Peor aún fue lo sucedido con el quinto que, lejos de cumplir el refrán, salió al ruedo reparado de la vista y por ello muy peligroso. Solamente se dejó banderillear como buena o malamente se pudo tras sembrar el pánico en el recibo y en la brega con el capote durante la suerte de varas en la lidia del avieso buey. Este toro debió ser devuelto de inmediato aunque la mayoría de los presentes no se percibieron del grave defecto en su visión y, por tanto, del peligro que tuvo hasta que murió, por cierto muy pronto de media estocada muy habilidosa y descabello. No encontré explicación de por qué Marín brindó al público la que fue del todo imposible faena. Total, que cuando me enteré sin que terminara la corrida del gran triunfo de Enrique Ponce en Córdoba, salí de la plaza echando pestes y maldiciendo la decisión de no haber viajado a la ciudad de los Califas en la que vivo desde hace muchos años.

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