lunes, 23 de septiembre de 2019

Otra carrera de sacos / por Ignacio Ruiz Quintano

El satí de París

Zidane, sí. Sin Mbappé, sin Neymar y sin Cavani, el PSG le mete tres goles, y la culpa es… de Courtois, que se parece a De Gaulle y pasaba por allí. 

Otra carrera de sacos

Ignacio Ruiz Quintano Abc
Visto lo visto, estamos en otra carrera de sacos. La Liga como carrera de sacos. La mejor Liga del mundo, a lo mejor. Pero ¿la mejor carrera de sacos?

 Una carrera de sacos muy Zidane, cuya flor vuelve: en la Liga, un Lopetegui en el puesto de Zidane ya estaría descolgado, pues ni Barcelona ni Atlético hubieran encadenado los gatillazos que llevan. Y en Europa, ¿qué vamos a decir de Zidane? Fue a París, y el PSG salió a jugar sin Mbappé, sin Neymar y sin Cavani. Eso era como ser el Liverpool y quedarse en la final sin Salah… ¡y con Karius! ¿Y aquella eliminatoria con el Bayern sin Neuer y sin Robben? Bueno, en eso consiste la flor de Monod: Théodore Monod, el naturalista francés que dedicó su vida a buscar una flor en el desierto africano de Zidane. Y no la encontró.
    
Zidane, sí. Sin Mbappé, sin Neymar y sin Cavani, el PSG le mete tres goles, y la culpa es… de Courtois, que se parece a De Gaulle y pasaba por allí. El sunami mediático desatado contra el pobre Courtois (¡un crimen perfecto!) por las viudas de Keylor (riánse ustedes de las brujas de Macbeth) ha sido digno de mejor causa; después de todo, dos veces tiró el Madrid en París y dos veces entró el balón en la portería de Navas, pero los árbitros dejaron los goles en vicegoles, que es decir en nada, así que las viudas de Keylor le dieron a Courtois con los goles del PSG y con el VAR de la Uefa que anuló los goles blancos. De haber valido esos goles, la ruidajera mediática hubiera resultado ser un satí periodístico, el rito indio de inmolación de la viuda en la pira del amado. Cómo se vería de amado por su afición el portero que este verano, para irse, pidió salir de balde más los dos años de madridismo que le quedaban.

    –Y cuando Florentino pronunció el nombre de Keylor en la Asamblea del club, los socios compromisarios prorrumpieron en una ovación espontánea.
    
Aunque, como avisaba con gracejo periodístico el viejo Pulitzer, no todas las viudas son iguales: por un lado están las de la pira funeraria, y por el otro, las del divorcio anglosajón (estamos en la época de Pulitzer), que disfrutan de la placentera sensación de ser la viuda legal de más de un campeón al mismo tiempo. ¿Por quién lloran las viudas de Keylor que le montan el pollo a Courtois cuando recibe goles al mismo ritmo que… Oblak, considerado en los ambientes el mejor portero del mundo? La ventaja de ese título es que, para la opinión oficial, todos los goles son imparables, aunque veamos que el gol juventino de Matuidi a Oblak es la misma ejecución que el remate atlético de Felipe a Rubén Blanco, el portero del Celta que echó el balón a córner. Oblak, así, es la gallina que pone un huevo y lo cacarea todo el mundo, mientras el modesto Rubén Blanco sería la sardina que pone un millón de huevos y no se entera nadie.
    
El Atlético fue incapaz de hacerle un gol a Rubén Blanco, y la impresión fue que podían estar jugando quince días sin hacerle un gol a ese buen hombre. ¿Qué fue del Atlético que arrasó en juego y en goles al Madrid en la pretemporada? Seguramente, la mano de Simeone. Sus jugadores van por el campo con su entrenador subido en la chepa. Es sobrepeso mental, no falta de frescura física. Pero esos jugadores no escogieron a su entrenador; ese entrenador escogió a sus jugadores, y empieza uno a preguntarse por qué escogió a Joao Félix, al que nadie echa un balón en condiciones.
    
Barcelona y Madrid, en cambio, sí han escogido a su entrenador. A Valverde lo quiere Messi como Lucas Vázquez quiere a Zidane, que en algo tenían que parecerse Lucas Vázquez y Messi. Podríamos llamarlo… ¡sentimentalidad profesional! En un mundo de tantísimo dinero, no está de más dejar un hueco al sentimiento. Ahí tenemos la anécdota de Cristiano, versión balompédica de “Marco, de los Apeninos a los Andes”, buscando a la dependienta del McDonald’s que en Lisboa le quitaba el hambre con hamburguesas de regalo. ¡Qué no hubiera dado Amazon por una historia así de Ramos dándole a la pringá en la Bodega Santa Cruz!

    –Al final de la temporada pasada sentí que no sería bueno para mí volver a Madrid –ha dicho en una entrevista el joven Odegaard, que con esa observación se revela como el futbolista más inteligente de la plantilla.
    
Amados por sus jugadores, Valverde y Zidane, cada uno en su saco, persiguiendo a Lopetegui, que va en otro saco, camino de una meta que no está a la vista. ¡Y estamos en septiembre!


Jacques Monod

EL COMPACT DE HAZARD

    Qué cuerpo más compacto tiene Hazard, y con la camiseta fuera, todavía parece más compacto. La observación la hizo en el debut de Hazard en el Bernabéu el gran Valdanágoras, cuyo fuerte es la metáfora. Mourinho, que habla cinco lenguas, no encontró en una rueda de prensa el sustantivo español de “compacto” (trataba de nombrar las carencias de su equipo), y en medio de un silencio que dejaba oír el vuelo de una mosca, una mujer periodista… soltó la mosca: “¡Compactez!”, dijo. Y ahora, cada vez que veo al culibajo Hazard (cosa que siempre fue señal de suerte en Madrid) con la camiseta blanca, veo la “compaztez” mourinhista.

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