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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

miércoles, 2 de abril de 2025

Los suaves se han puesto serios / HUGHES


Los suaves se han puesto serios

HUGHES
Una reacción a la condena a Le Pen va a ser igualar populismos. Unos y otros, los de derechas e izquierdas, se quejan del lawfare.

Por eso el izquierdista Melenchon dice que la destitución de un cargo electo es decisión del pueblo. Lo siente así. Cuando Elon Musk alude a la izquierda radical quizás peca de reduccionista.

Las cosas se han puesto serias y la división del momento no es izquierda y derecha sino euroglobalistas contra soberanistas (o nacionalistas en su sentido virtuoso).

Por eso hemos visto aparecer un radicalismo en el centro, el radicalismo temible de los suaves, que piden expropiaciones, cancelaciones, censura, vetos, guerra… La diferencia es que ellos lo hacen con, dicen, el Estado de Derecho, expresión que va sonando a maza.

Solo había que ver al mercurial Macron pasando revista a las tropas. No es un hombre que pueda nombrar cónsul a su caballo. Es un hombre que puede hacerlo primera dama.

Una reacción contra lo de Le Pen será el silencio. Otra, por supuesto, el aplauso cerrado (el tipo de desfachatez de los socialistas españoles) y entre medias un camuflaje, un engañabobos con disquisiciones críticas de tipo político o técnico; por ejemplo, que la inmediata inelegibilidad de Le Pen deriva de una ley reciente que ella defendió con ardor y que, por tanto, se lo merece un poco.

Esto sería el tipo de media verdad para contentar a quien, más por narcisismo que por conciencia, quiere aun prestar atención o hacer como que presta al funcionamiento de las cosas.

La realidad es que se trata de un juicio dimensionado y estirado hasta lo político, con una sentencia que pretende efectos inmediatísimos, para ya, para ayer.

Todo lo que en su defensa diga ahora Le Pen se interpretará como ataque a la justicia, al derecho, a la mejor Europa… como si fuera una Irene o María Jesús Montero (raro será que esto no se haya escrito ya).

Hay reacciones en el espectro pintoresco, que también cuenta. La del analista Pedro Baños destacó por su humor: «Georgescu, Le Pen… ¿Alvise?». Un tuit que resume una corriente, no pequeña en las redes, que confunde las cosas (la confusión puede ser muy progubernamental) y mezcla lo real con lo teatral, lo relevante con lo extravagante, lo que molesta con lo que no.

Si un parecido hay con el populismo de izquierdas y hasta con el putinismo es el del establishment llamado liberal, porque también le pone apellido a la democracia: la democracia liberal, tan estirada ella, al final es prima no tan lejana de la democracia popular o de la democracia soberana.

El estado de la europea ya lo conocíamos por el funcionamiento intergaláctico de la Comisión o por ese pequeño detalle de repetir un referéndum hasta que lo ganan (Dinamarca o Irlanda). Ahora gira, se focaliza. Ya no es contra el pueblo. Ahora es contra una parte concreta del pueblo.

La condena a Marine Le Pen en Francia hace pensar en Georgescu en Rumania y los dos casos evocan la persecución a Trump. Pero podríamos seguir, y lo difícil ya sería parar: la reforma constitucional alemana con parlamento expirado, las restricciones al sufragio a la minoría rusa en Estonia, las amenazas a Hungría, la amnistía golpista en España, el sistema policial y judicial de dos niveles de Reino Unido

1 de abril de 2025

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