la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

miércoles, 5 de agosto de 2020

Fin de trayecto / por Sertorio

Juan Carlos I baila con Corinna, la amante que lo ha traicionado

Don Juan Carlos pudo reinar con el apoyo más que firme del Ejército y del pueblo porque era el heredero designado por Francisco Franco

Fin de trayecto

Sertorio
El Manifiesto, 05 de agosto de 2020
Como su abuelo y su tatarabuela Isabel, el rey Juan Carlos va a vivir sus últimos años en el exilio, algo que la estirpe de Carlos IV y María Luisa lleva en los genes. Sus antiguos súbditos contemplamos los hechos con una mezcla de indiferencia e inquietud. Sin duda, parece difícil que un Borbón no sea expulsado de un país en el que esta familia arraigó muy mal, como el esqueje de un árbol exótico. Tres siglos de augusta, nariguda y prognática endogamia nos han proporcionado una cohorte de reyezuelos medio deficientes mentales que no nos han ahorrado ninguna calamidad, desastre o discordia. Aun así, si esto nos lo hubiesen profetizado hace veinte años, no lo habríamos creído: entonces era don Juan Carlos el espejo de todas las virtudes y se le elogiaba de forma unánime por los mismos lamebotas, lacayos, palanganeros, tragaglandes y correveidiles que hoy le insultan. 

Cuenta la leyenda que Isabel II, cuando escuchó la noticia del triunfo de los revolucionarios en la falsa batalla del Puente de Alcolea (1868), pensó en tomar las de Villadiego y volver a la madre Francia. Interpelada por un ingenuo cortesano (permítase el oxímoron) que le decía que fuera a Madrid a batallar por el trono, donde le esperaría el laurel de la gloria, la Reina Castiza dijo: "el laurel para la pepitoria. Yo me voy a Pau". E Isabel II volvió la ancha grupa hacia el Bidasoa. Igual que su nieto. No le irá mal al rey emérito, que ha amasado unos ahorrillos para la vejez y que seguro que se las arregla mejor que nosotros para dormir caliente.

El rey actual se ve sitiado por la mayoría gobernante, que espera cualquier oportunidad para asestar la puñalada final a la monarquía. Nunca hemos estado tan cerca de la III República, que al paso que llevamos será socialista, confederal y hasta islámica. Una reedición de las taifas que acelerará, sin duda, el inminente finis Hispaniae. Ahora las izquierdas "españolas" sólo tienen que esperar un paso en falso, un error leve o grosero que desmorone un trono ya vacilante. Felipe VI se aferra a una integridad personal que jamás ha detenido las ansias regicidas de la izquierda. Llevan en la sangre la guillotina y el sansculotismo. Y esta hez gobernante, heredera confesa de la milicianada cobarde, zarrapastrosa y matacuras del 36, se pone cachonda cuando huele a muerto, como las hienas.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

En noviembre de 1975, el joven rey Juan Carlos no era el heredero de la dudosa legitimidad de la rama alfonsina de la Casa de Borbón. No fue alzado al trono por ser nieto de Alfonso XIII, hijo del tarambana de don Juan o símbolo de una monarquía liberal que nadie añoraba y que nos había llevado al desastre y la ruina durante el siglo XIX.

Don Juan Carlos pudo reinar con el apoyo más que firme del Ejército y del pueblo porque era el heredero designado por Francisco Franco. En su testamento político, el Caudillo pedía a los españoles que obedecieran y sostuvieran al nuevo rey igual que lo habían hecho con él. Y así fue: la España de Franco se puso incondicionalmente a las órdenes del rey Juan Carlos... Y desapareció.

La Transición, que es el hecho histórico que se considera el gran mérito del viejo rey, fue una serie de claudicaciones de la derecha política de este país frente a una izquierda que se sentaba en la mesa de negociación con una mano delante y otra detrás. Franco les había ganado la guerra y la posguerra, desarrolló España hasta realizar la revolución burguesa que los liberales nunca pudieron completar y dejó a su heredero un país de clases medias, pacífico, pluriempleado y unido. El rey Juan Carlos era el heredero de la legitimidad del 18 de Julio, que fue la que le sentó en el trono. 

Desde de su coronación hasta nuestro triste tiempo, el esfuerzo básico de la Casa Real ha sido desprenderse de esa legitimidad, traicionar el legado de los miles de caídos del bando nacional y ensuciar de manera indigna la memoria de quien convirtió a un príncipe cualquiera de los que ganduleaban por Estoril y la Costa Azul en el Rey de España.

La izquierda y los separatistas, que hoy abominan de él, se lo deben todo a don Juan Carlos, que les entregó el poder político y jamás puso la menor objeción a la tarea disolvente de sus gobiernos durante los últimos cuarenta años. Incluso firmó una Ley de Memoria Histórica que deslegitima por completo a su desmedrada dinastía.

Al igual que la Iglesia católica, la monarquía trata de volverse lo más de izquierdas posible; ésa es la política de Felipe VI, pero, al igual que los clérigos, sólo se encuentra con insultos, venganzas y amenazas. Los borbones ni aprenden ni olvidan. La izquierda es exactamente igual, y tan desagradecida con ellos como la Casa Real lo es con Franco. Por muy progre que se proclame, don Felipe es (aunque no lo quiera) el símbolo de la unidad y la tradición de la patria, algo de lo que reniegan unas fuerzas políticas que quieren liquidar hasta el nombre de España. Ni Juan Carlos I ni Felipe VI han tenido la menor sensibilidad histórica, y quizás ello les ha llevado también a olvidar un hecho esencial: en 1931 Alfonso XIII huyó de España, pero no por la fuerza de las izquierdas, sino por la negativa de las derechas a defender su trono. La II República la trajo el general Sanjurjo, el hombre clave en aquellos días para el cambio de régimen.

El reinado de Juan Carlos I, visto en perspectiva, no tendrá un juicio favorable. La inicua y cobarde huida del Sáhara Español (1976), la cesión permanente ante los separatismos que nos ha llevado a la situación actual, la corrupción económica del Rey abajo... o la falsificación y secuestro de nuestra historia reciente son varios de los cargos que se formularán contra este rey campechano y frívolo. Pero lo peor de su reinado no es lo estrictamente político, sino la degeneración del nervio moral de una sociedad sana, la imparable degradación de las costumbres, la destrucción de la natalidad y de la familia y la entrega de la soberanía nacional a la plutocracia mundial. En cuanto a la Transición, los que vivimos aquella época sabemos que la obsesión de nuestros mayores de uno y otro signo era evitar los horrores del 36. Y con aquella sociedad y aquel Ejército, cualquier intento de volver a las andadas por parte de la izquierda y el separatismo habría acabado por la vía rápida y con el apoyo abrumador de todos los españoles: eso domesticó del todo a nuestros rupturistas de pacotilla, como lo demostró su fracaso en el referéndum de Reforma Política de 1976. Nuestros padres y abuelos eran gente seria y decente. Es muy difícil explicarle esta simple verdad histórica a unas nuevas generaciones "educadas" por los pedagogos progresistas para ser ignorantes, sectarias y degeneradas. La Transición la habría llevado a cabo cualquier gobernante porque era lo que la gente pedía: vivir en paz y olvidar las viejas discordias civiles. Y así fue hasta que un tal Zapatero llegó al poder para desgracia de todos.

Nunca los enemigos de España se van a encontrar en una situación mejor para asestar el tiro de gracia a la unidad nacional y a quien la encarna, quizás a su pesar. Las masas vegetan entontecidas e idiotizadas, las instituciones del Estado tiemblan corrompidas, desprestigiadas y acobardadas, y las izquierdas y los separatistas se crecen ante una derecha política que hoy sólo representa VOX. Nunca lo tendrán más fácil. Un pequeño escándalo y el trono se vendrá abajo con un soplo. Es cuestión de tiempo.

Y todo esto sucede mientras los etarras, con decenas de muertes de inocentes a sus espaldas, son considerados héroes, y los sediciosos condenados por el golpe de 2017 andan por la calle con total desparpajo.

¿Merece la pena defender a la monarquía? Sí, en la medida en que impide los planes de nuestros enemigos, pero poco más. Los defensores de la nación no podemos agradecerle nada a esta dinastía que es la artífice de todos los males que nos afligen, que ha renunciado a la legitimidad de la Victoria y que se ha sometido a todas las indignidades y traiciones imaginables. En el haber de Felipe VI cuenta su defensa de la unidad de la nación cuando el Gobierno del bragazas Rajoy, el más desprovisto de testosterona de toda nuestra historia, se escondía tras la toga de los jueces. Fue el único gesto decente de la España oficial en todo aquel bochorno. Quizá por eso merezca la pena defender una institución que nos ha hecho más mal que bien en los últimos doscientos años.

Con todo, deberíamos perderle el miedo a la república. Hungría, Rusia y Turquía lo son y el hecho nacional y el poder soberano de sus pueblos se defienden mucho mejor que en las capitidisminuidas monarquías europeas, como la sueca, que sigue en el trono, presidiendo el proceso más brutal de aculturación de nuestro continente. Otro de los efectos negativos de la monarquía del 78 ha sido la anestesia que producía entre las derechas el creer que la Corona era un freno a los desmanes de la izquierda. Con monarquía y todo, pocos países hay tan radicalizados por el progresismo como España. Por el contrario, lo que ha impedido la monarquía siempre ha sido una reacción nacional.      

En fin, la Corona, de momento, hay que defenderla por un simple criterio de oportunidad. Quizás, en un futuro, seamos nosotros los destinados a traer una III República indivisible, fuerte y presidencialista. Sería una bonita ironía de la Historia.

Plasencia: Emilio de Justo da un golpe en la mesa / Por Roberto García

La plaza de Plasencia ha dado el pistoletazo de salida a la temporada de la nueva normalidad en Extremadura. Un mano a mano para la ocasión. El mediático Enrique Ponce y la figura emergente Emilio de Justo. El pasado y el futuro de la tauromaquia unidos en el presente.

Roberto García 
Toros de Lidia, 4 Agosto 2020
Los toros de Lola Domecq han estado a la altura. Han respondido a las expectativas. Y al final, la ganadería de El Torero siempre ha mantenido ese punto de picante que hace que no sea la típica ganadería Domecq. Toros terciados, algo justo de kilos para una plaza de segunda categoría. Los pitones muy tocaditos, con su bolita “como manda la normalidad”, persisten en la regla no escrita de las figuras, sin novedad en el frente de la integridad. Toros encastados, alguno con genio, y otros con bravura y codicia. Destacan tercero y sexto. Todos ellos codiciosos de salida, y con clase, 4 de ellos han hincado los pitones en tierra, con su correspondiente vuelta de campana.

Enrique Ponce llegaba a la plaza con el tiempo justo, custodiado por una nube de periodistas de la prensa rosa. Ahora tiene un tirón mediático importante. Lo mismo que Jesulin de Ubrique en su momento. Ahora al iniciar el paseíllo en vez de hacer la cruz, hace la A. No creo que sea para reivindicar la ganadería de Miura o Victorino. ¿Quién sabe?

En su primer toro, relleno el expediente. Un toro que se acabó demasiado rápido. En su segundo, un toro con casta, codicia y recorrido, hizo lo que hace siempre con un toro bravo. Cortarle la embestida, dar algún trallazo, y lidiarlo pegado a la segunda raya. No quiso lucir al toro, para que no le saque el aire y quedar en evidencia. Al quinto de la tarde, lo cuidó, lo maduró, y lo alivió. Ninguna faena ha cogido un alto vuelo, ni en lo artístico, ni en lo emocional. Mala noche con la espada. Fallo 3 de 3. Silencio, Ovación, Ovación.

Emilio de Justo estuvo en figura toda la tarde/noche. La cuarentena no le ha pasado factura. Un toro con las ideas claras, totalmente transparente y cristalino que impregnaba de ganas y torería cada lance. Ha tenido 3 estilos de toros. El primero acabó defendiéndose, pero él le plantó cara, se fajó y le arranco 20 embestidas. El cuarto de la tarde lo toreo con soltura. Un toro con más emoción, lo embarco en una faena de pureza y verdad. Una tanda de naturales y otra con la derecha para enmarcar.  En sexto, un toro con una embestida más brusca y con genio Emilio de Justo expuso hasta decir basta, pasándose al toro por la femoral. Tocando con las yemas, embarcando con la bamba, escupiendo detrás de la cintura. Una última tanda sin ayuda, al natural cumbre. En la mano tiene un cañón. Solo la estocada a su primero valía una oreja. Tiene muy asumida y bebida la suerte suprema. Oreja, Oreja y Dos Orejas.

Una noche donde Emilio de Justo ha plantado cara, y ha pasado por encima del torero de Chiva. Qué pena que la temporada 2020 no se haya desarrollado con normalidad, porque seguramente Emilio de Justo hubiera volado muy alto. Hoy ha dado un golpe en la mesa.
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Fotografía Iván González

En aras del progreso / por Jorge Arturo Díaz Reyes


Invocar ese “progreso” como camino del edén, llamar en su propia casa “embrutecido” al que no se comprende, culparlo y pedirle que renuncie a sí mismo es, por decir algo, una impostura de dimensiones astrofísicas.

En aras del progreso

Jorge Arturo Díaz Reyes
Crónica Toro, Cali agosto 4 de 2020
También la buena costumbre de la página taurina en los periódicos retrocede ¡Qué pesar! cada vez menos la mantienen, cuatro de ellos en Madrid: ABC, La Razón, El Mundo y El País.

Aunque esta última ensayando una dualidad nueva. Ser a un tiempo taurina y antitaurina. Verdadera revolución, que quizá llegue a sus otras secciones. Convirtiendo, digamos, la deportiva en antideportiva, la de cultura en inculta o animalizando la de “Gente”. Puede ser una eficaz estrategia de mercadeo para captar lectores de ambos bandos. Al fin y al cabo, algunos partidos políticos practican con éxito eso mismo de parecer simultáneamente una cosa y la contraria.

Por ejemplo, el pasado 28 de julio tras haber publicado un serio alegato defensivo del ganadero Victorino Martín, el diario echó encima un libelo firmado por Sergio Fanjul: “Dejen morirse en paz al toreo”. ¿Hubiese sido menos cacofónico escribir: ”Dejen morir en paz al toreo”?

De pronto. Pero no voy a glosar el estilo del joven autor, que se presenta públicamente como poeta, periodista, guionista, escritor, profesor y astrofísico. No soy quien. Me referiré solo al contenido, y eso porque me alude personalmente, como aficionado.

Se trata de una diatriba motivada por el acuerdo del Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid para promover la cultura taurina. Frente a tal agravio embiste contra esas instituciones, el toreo en general, el romanticismo, la “imagen mítica de España”, su “sociedad embrutecida”, las peleas de gallos, TauroTen, los toreros y hasta sus cambios de pareja.

Desde la consabida superioridad moral y el desconocimiento repite las manidas descalificaciones antitaurinas: tradición sin ilustración, sin futuro, antimoderna, cruel, bárbara, torturadora, macabra, obstáculo al progreso, dañina para “la marca España” el país y los españoles…, y concluye: hay que acabar ya con los toros “por más que los pintara Picasso o le gustaran a Hemingway.”

Nada nuevo, nada original, nada diferente a lo que gritan sus correligionarios pintarrajeados en las manifestaciones y asonadas a las puertas de las plazas.

No es cuerdo tratar de contraargumentar insultos o responder con otros, decía mi padre. Pero resulta inevitable cuestionar al menos la paradisíaca imagen del “mundo empático, diverso y compasivo” al cual, según él, nos lleva el “progreso” que los toros impiden.

¿A cuál progreso se refiere?
¿Al que para su avance ha renegado de los valores éticos y estéticos que la corrida consagra; honor, lealtad, valor, arte, respeto a la naturaleza y al origen?
¿Al que ha propiciado la segregación, desprotección, sojuzgamiento de los diferentes, las minorías y los débiles?
¿Al que ha llevado a odios, guerras y terrorismos atroces con tecnologías de letalidad y crueldad monstruosas?
¿Al que ha convertido la intolerancia, la impiedad, el genocidio y la tortura en hábito?
¿Al que se nutre de la masacre cotidiana de todas las especies y el expolio de los recursos no renovables?
¿Al que deificando el consumismo y el confort produce océanos inmanejables de basura y suciedad?
¿Al que derrite los polos y amenaza la existencia del hombre?
¿Al que hace del planeta un muladar, de la atmósfera una burbuja de miasmas y del hábitat un lugar pronto inhabitable?
¿Al que para continuar depredando necesita exterminar el toro y su culto?

Invocar ese “progreso” como camino del edén, llamar en su propia casa “embrutecido” al que no se comprende, culparlo y pedirle que renuncie a sí mismo es, por decir algo, una impostura de dimensiones astrofísicas.

martes, 4 de agosto de 2020

Andando… por lo menos Ponce y su cuadrilla / por Antolín Castro


La felicidad no es completa, no puede serlo con la losa de la tragedia vivida, pero sí es esperanzador ver de nuevo desfilar a las cuadrillas. Aunque nada más fuera por ellos, los desprotegidos subalternos, es obligado pedir que se abran más plazas cuanto antes. Y la primera que debería abrirse es Madrid, no me cansaré de decirlo.

Andando… por lo menos Ponce y su cuadrilla

Con el uno de agosto se le ha dado el pistoletazo, de forma amplia y continuada, a la temporada del coronavirus.

Será bueno decir eso de de forma amplia y continuada, ya que en puridad fue Ávila quien comenzó con las corridas de toros. El hecho de que el uno de agosto fueran los toros en Andalucía no es suficiente para arrogarse el proclamar, como hizo Canal Sur, el reinicio de la temporada tras el parón ‘virulento’.

Osuna y Estepona abrieron sus portones del patio de cuadrillas para hacer los paseíllos, y eso tuvo continuidad el día dos y también en Andalucía, Huelva y Navas de San Juan, para continuar el lunes tres en Huelva y, ya fuera de su territorio, el cuatro, en Plasencia. El día seis se volverá de nuevo a la región andaluza, en el Puerto, y el sábado ocho y domingo nueve en varias plazas de distintas regiones, incluidas Francia y Portugal.

Es bueno el poder decir que existe programación para todos estos días, parece que algo echa a andar y volvemos a tener que conocer dónde se pueden ver toros en estos días de agosto. No será el clásico agosto de toda la vida, pero la verdad es que lo parece o, sencillamente, queremos creer que se parece un poco.

Desde luego, a quien si se lo debe parecer es a Enrique Ponce y los miembros de su cuadrilla. Estos últimos, por lo menos, dejarán de estar pendientes de la ministra y de que cambie de opinión para dar de comer a los suyos.

Y decíamos que ‘por lo menos para Ponce’ porque él es el cabeza de cartel de forma continuada los cuatro primeros días y luego, sin mucha pausa, tendrá que hacer dos paseíllos más antes de que acabe la semana. Tener seis festejos en los ocho primeros días, cuatro de ellos consecutivos, es casi la actividad de una figura en otro agosto cualquiera. Destacado queda el nombre de Pablo Aguado que en el mismo periodo suma tres paseíllos.

El valenciano será el protagonista, es evidente, de esta esperada reanudación, pero el primer golpe encima de la mesa, lo ha dado un malagueño, Salvador Vega, en el día de su reaparición. Cuatro orejas y un rabo, aunque sea en plaza de tercera, no es lo habitual para cualquiera, pero tratándose del torero que es, supone mucho más, no es un torero de cara a la galería. Nos alegramos de que estos toreros de gusto y pellizco aparezcan por las plazas de toros.

Debemos destacar, es de justicia, que la asistencia a los primeros festejos ha de considerarse muy amplia. Si dejamos a un lado las limitaciones que impone la situación sanitaria, se puede afirmar que da gusto ver los tendidos, en muchos casos con más gente de la que se han visto muchas veces antes de la maligna pandemia.

La felicidad no es completa, no puede serlo con la losa de la tragedia vivida, pero sí es esperanzador ver de nuevo desfilar a las cuadrillas. Aunque nada más fuera por ellos, los desprotegidos subalternos, es obligado pedir que se abran más plazas cuanto antes. Y la primera que debería abrirse es Madrid, no me cansaré de decirlo.

Ahora el objetivo es Felipe VI. Y con la III República, llegará el caos podemita

El exilio de Juan Carlos I no habría sido posible sin las colaboración activa de su hijo y de Pedro Sánchez 

Ahora el objetivo es Felipe VI. Y con la III República, llegará el caos podemita

Eulogio López
Hispanidad / 04/08/2020
Esto no ha hecho más que empezar: ¿de verdad cree Felipe VI que PSOE y Podemos se van a conformar con el auto-exilio de su padre SM Juan Carlos I, ahora que poseen el arma más poderosa de la política actual, un caso -o varios- judicial? Pero, ¿quién asesora el Rey de España?

A ver si nos entendemos. Esto no ha hecho más que empezar. Tras la carta del lunes, de Juan Carlos I a Felipe VI, el objetivo es… Felipe VI. Luego viene la III República… y con ella llegará el caos podemita.

Y de nada sirve recordar que el exilio de Juan Carlos I no habría sido posible sin la colaboración activa de su hijo y del ególatra de Pedro Sánchez. No me refiero, no sólo, a que el hijo repudiara al padre, sino también a que el hijo no cortó, cuando pudo, tras las elecciones de noviembre, la barbaridad de nominar como presidente a un Pedro Sánchez cuyo objetivo era introducir a los comunistas de Pablo Iglesias en el Gobierno de España. Debió cortar por lo sano y atender a Felipe González, que le proponía el nombramiento de José Borrell para formar Gobierno, como representante del partido ganador en la elecciones pero mucho más sensato que el ególatra de Sánchez.

Recuerden que los socialistas de la II República, no precisamente moderados, se cuidaron mucho de introducir a los comunistas en el Gobierno hasta septiembre de 1936, ya iniciada la guerra civil.

Vale, puede no que no haya guerra civil sino enfrentamiento civil. ¿Y cuál es la diferencia? Ambos representan el caos, el caos podemita.

Por cierto, horas atrás, publiqué que España ya estaba más cerca de una nueva guerra civil. No ha sido uno, sino  varios lectores quienes me han dicho que exagero. Puede ser: en 1936 caminábamos con alpargatas, hoy con mocasines. Por tanto, es más probable que nos encaminemos hacia un enfrentamiento civil que a una guerra de trincheras. Bueno, pero, ¿qué más da?   

¿Cuál es la diferencia? Ambos representan el caos, el caos podemita.

Sorprende contemplar a la generación de periodistas de la Transición apuntarse a la cacería contra… el Rey de la Transición. 

Nota final: sorprende contemplar a la generación de periodistas de la Transición apuntarse a la cacería contra el Rey de la Transición, incluso entonar la plañidera, y falsa, exhibición de falso arrepentimiento, una de las grandes hipocresías de nuestro tiempo, por no haber denunciado antes al Rey corrupto: ¡Hay que tener jeta!

Juan Carlos I no habrá sido un gran rey pero hizo, exactamente, lo que esa generación de periodistas quería que hiciera. Y, en cualquier caso, ha sido mucho mejor rey que su hijo. E insisto; entre el golfo auténtico y el auténtico puritano, me quedo con el golfo. De aquí a Lima.


Juan Carlos I y último, No, será el penúltimo. Al menos, antes de que venga la purificación de la política española, antes de volver a empezar.

Vuelven los toros a Alcalá de Henares. Será una feria entre el 28 y el 30 de agosto

Tras cinco años sin festejos taurinos, Manuel Martínez Erice y Jorge Arellano organizarán la feria de 2020.


Manuel Martínez Erice y Jorge Arellano han decidido unir sus fuerzas para recuperar una plaza que llevaba ya cinco años sin albergar festejos taurinos, como es la de Alcalá de Henares.

Será una feria de tres festejos, a celebrar entre el 28 y el 30 de agosto, en la que  habrá una corrida de toros, un festejo de rejones y un concurso de cortes.

En los carteles estarán Enrique Ponce, Sebastián Castella y Miguel Ángel Perera, que serán los encargados de lidiar una corrida de Garcigrande el día 28, mientras que Andy Cartagena, Sergio Galán y Guillermo Hermoso de Mendoza harán el paseíllo a caballo el 29 de agosto para medirse con un encierro de Fermín Bohórquez.

La intención de los empresarios es “continuar organizando esta feria durante los próximos años”.

Curro Girón, figura del toreo / por Víctor José López EL VITO*

Un grupo de amigos

En Venezuela Curro dejó a sus espaldas tres nombres que, agregados al de u hermano César, muchos consideran fue el momento estelar del toreo nacional. Luis Sánchez Olivares “Diamante Negro”, Joselito Torres y César Faraco.

Curro Girón, figura del toreo

Víctor José López EL VITO
A LOS TOROS blogspot / Caracas, Agosto / 2020
Si me preguntaran quien entre los que he conocido en mi vida profesional ha tenido desde su inicio el perfil de figura del toreo, habría respondido sin reparos que Curro Girón.

Lo encarnaría de las zapatillas a la castañeta, sin necesidad de improvisados ajustes. Todo en él, era natural.

Además, propio.

Se distinguió siempre entre sus competidores porque Curro Girón vivió como figura del toreo en Europa y en las plazas más importantes de América.

Tenía simpatía natural, gracia genuina sin necesidad de ser gracioso.


Hablar de toros con Curro era una delicia, además del ingrediente de su experiencia sabía intercalar en la conversación interesantes anécdotas vividas.

Cuando Curro Girón entró en el escenario del toreo universal, teatro de su brillante carrera encontró un impresionante escalafón de matadores de toros anunciados en la marquesina los nombres de Domingo Ortega, Pepe Luis Vázquez, Luis Miguel Dominguín, Manolo González, Rafael Ortega, Pepín Martín Vázquez, Antonio Ordóñez y su hermano César Girón como capitanes de la fiesta. Con ellos, reconocidas figuras del toreo tal era el caso de Pedrés, Litri, Aparicio, Antoñete, Manolo Vázquez, Paco Camino, Diego Puerta y Curro Romero.

En Venezuela Curro dejó a sus espaldas tres nombres que, agregados al de u hermano César, muchos consideran fue el momento estelar del toreo nacional. Luis Sánchez Olivares “Diamante Negro”, Joselito Torres y César Faraco.

México vivía la época de Manuel Capetillo, el tapatío marcaba el paso entre grandes figuras como Fermín Espinosa “Armillita” con el que toreó en Aguascalientes y otros que comenzaban a hacer mutis en el teatro de sus grandes tardes como el consagrado por Madrid Juan Silveti.

En Colombia lo esperaba un gran torero, que sería su más encarnizado rival en ruedos neogranadinos y, en especial, en su natal Maracay: Pepe Cáceres. Además, los hermanos Zúñiga, Joselillo y Manolo. Su tarjeta de visita en Colombia fue de tarde de cuatro orejas y un rabo en Cali y una pata en Manizales.

Portugal tenía presencia tanto en Madrid como en Sevilla, con grandes toreros como estas dos fieras:  Manolo dos Santos y Paco Mendes.

El menú desplegado en la marquesina del teatro del toreo universal impedía tragar sin atragantarse a quien ambicionara o tuviera aspiración de figurar entre aquellos impresionantes nombres. Curro no, más bien llegó tuteándose con los grandes maestros y cuando visitó Las Ventas por primera vez, lo hizo la tarde de la confirmación de su alternativa. De novillero no fue a Las Ventas. Aquella tarde de confirmación, con toros de Antonio Pérez de San Fernando, Curro Girón abrió por vez primera la Puerta Grande de la Monumental.

Le esperaban otras tardes grandiosas en Madrid, tardes de Puerta Grande como aparecen en el registro de los notarios del toreo, porque un día como el de hoy registran los libros de la presentación de los niños en Maracay que el 28 de julio de 1938 nació el torero más importante nacido en tierras de Aragua,  Curro Girón. Figura del toreo.