la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

domingo, 19 de agosto de 2018

7ª de feria en Málaga. Continúan las abismales diferencias de Ponce y el irrefrenable Roca Rey / por J. A. del Moral



Con Enrique Ponce hemos llegado a unos momentos tan abismales que ya no sabemos qué hacer ni qué decir en nuestra misión de contar lo ocurrido en las corridas de toros. Otra tarde memorable del gran y hasta diría que irrepetible y grandioso maestro valenciano, pues dadas en cuanto a resultados las impresionantes cifras que este torero lleva sumadas a lo largo de su inacabable carrera en un suma y sigue que jamás nadie había conseguido acumular en toda la historia del toreo, sumado todo ello a sus asombrosos progresos tanto en la técnica como en el arte porque cada año que pasa está mejor y mejor y mejor…, ha llegado el momento de proclamar su absoluta primacía mundial que quedará escrita con letras de oro para la eternidad. Ayer, en Málaga, la abarrotada plaza volvió a rendírsele extasiada, alborozada, loca de satisfacción y hasta enloquecida ante tamaño triunfo pese a cuantos lleva sumados porque, en cada una de sus tardes gloriosas, parece reinventarse a sí mismo en un inacabable renacer dada su milagrosa juventud. Oigan, señores, que Ponce ya se está acercando a los 50 años y, en vez de ir declinando como les ha ocurrido a todos los grandes toreros desde que la tauromaquia se invento, él progresa increíblemente mejorado, reinventado, rejuvenecido y hasta renacido, cual incesante milagro.


Al asimismo grande José María Manzanares de nuestras entretelas, parece que en esta temporada no le abandona la mala suerte ni él se haya en sus mejores momentos. Su lote de la corrida de ayer fue con mucho el peor. Y ya es desgracia en esta tarde en la que Andrés Roca Rey volvió a triunfar como cada vez que torea. Otro imparable fenómeno que, lejos de flaquear, continúa engrosando su todavía incipiente carrera sin que podamos adivinar hasta cuando y hasta donde podrá llegar este casi niño que viene arrasando como solamente arrasan los privilegiados. Roca Rey volvió a acompañar a Enrique Ponce en una clamorosa salida a hombros que en Ponce tuvo continuidad porque fue llevado de tal guisa hasta el hotel donde se hospeda y viste – el histórico Miramar -, felizmente renacido y mejorado decir lujosamente es poco, entrando todos hasta la misma escalinata de la puerta principal en medio de un tumulto de enardecidos costaleros y acompañantes que no paraban de gritar !!!Ponce, Ponce, Ponce….¡¡¡ Y así entró Ponce en el hotel llevando en sus brazos a su preciosa segunda hija Bianca…. Señores, cuanto placer y !qué lujo¡…


Continúan las abismales diferencias de Ponce 
y el irrefrenable Roca Rey 

Málaga. Plaza de La Malagueta. Sábado 18 de agosto de 2018. Séptima de feria. Tarde muy calurosa y abarrotados los tendidos y gradas.
Cinco toros de Juan Pedro Domecq y el sexto de Parladé. El primero como sobrero tris de La Palmosilla tras devolución de los dos anteriores de este mismo hierro por absolutamente inválidos. Bien presentados y de juego desigual aunque buenos en su conjunto. Destacaron el ansioso y repetidor tercero y el cuarto que fue premiado con la vuelta al ruedo por cómo le hizo embestir su matador.
Enrique Ponce (tabaco y oro): Estocada trasera algo tendida, oreja. Buena estocada, aviso y dos orejas. 
José María Manzanares (corinto y azabache): Pinchazo y estocada, silencio. Media recibiendo, gran ovación. 
Roca Rey (celeste y oro): Media estocada con vómito, dos orejas, de regalo la segunda. Estocada, oreja. 
Ambos espadas salieron a hombros.

Bien a caballo José Palomares. En la brega destacaron Mariano de la Viña y Jocho como asimismo en banderillas. Saludaron tras parear Francisco Durán ‘Viruta, Jesús González ‘Suso’, Juan José Domínguez y Paco Algaba.

Antes del paseíllo se descubrió un azulejo conmemorativo del indulto el año pasado del toro ‘Jaraiz’ de Juan Pedro Domecq tras una monumental faena de Ponce.



Y, ¿por donde reemprender esta crónica que escribo emocionado y agradecido a Dios por haber sido testigo de otra tarde gloriosa del maestro de maestros con el que, por si me faltaba algo, me una una grandísima amistad que dura casi cuarenta años y los que nos faltan. Que Dios sea alabado, pues, por poder presumir de ser el testigo directo más cercano a Ponce durante toda su carrera en todo el mundo.



Decía Paco Camino que ser figura del toreo es algo así como hacerte cura, llegar a Papa y que al día siguiente te toque el gordo de la lotería. Ahí estamos Enrique Ponce y yo mismo, uno como protagonista y otro como privilegiado testigo. Jamás podré agradecer bastante a la Divina Providencia haber podido verlo todo y contarlo luego en el intento de aproximar mis emociones y hasta mis lágrimas a los que me leen y tienen la suerte de sentirse a mi vera mientras me leen.


Decir que, ayer, Enrique se inventó su primera faena al tercer sobrero de La Palmosilla a base le llevarlo, llevarlo, llevarlo sutil y templadamente además de muy despacio y sin abandonar nunca la media altura de su muleta, para nada es fácil de hacer y lo he escrito varias veces porque toreando a media altura desde el arranque a la conclusión de cada muletazo el toro siempre ve al torero hasta el punto de que por cualquier imprecisión, puede amagar y hasta coger de lleno a quien así le torea. Quizá esto no lo sepan la mayoría de los que están viéndolo, pero pienso que lo intuyen. Y de ahí que Ponce cortara la primera oreja de su memorable tarde.


Lo de su segunda faena, grande entre tantas grandes que lleva coleccionadas como carísimas joyas arremolinadas en un inmenso baúl forrado de terciopelo granate, fue otra demostración más de que el toreo versus Ponce es un compendio de las Bellas Artes sostenidas por su ciencia infusa y aumentado porque, al mimo tiempo, pinta cual Velázquez, compone cual Mozart, esculpe cual Miguel Ángel, baila cual Nureyev, canta cual Gallarre, construye cual Fídias… en una encadenada sucesión de inacabables lances y muletazos que receta cual banquete lujosamente servido para que todos los que lo vemos podamos salir de la plaza hartos de acumular tantos placeres.

Miren ustedes, amigos lectores que me siguen desde hace ya más de 50 años, decir esto tampoco es fácil porque hay que superar y hasta ignorar o despreciar el atrevimiento de escribirlo e intentar que mi emoción les llegue como si hubieran estado en la plaza o reproducir lo ya sentido en la plaza. ¿Verdad que sí?. Es el arte lo que manda y lo que nos sostiene enamorados…


Para que voy entones en volver a escribir sobre lances, sobre cites, sobre derechazos, sobre naturales, pectorales, trincheras, andares y desandares, desplates y estocadas, orejas, vuelta al ruedo inacabables… sobre distancias, sobre alturas y sobre temples … Ayer en La Malagueta, Enrique Ponce terminó su apoteósico paseo del anillo permaneciendo en los medios un largo rato contemplando satisfecho a cuantos le contemplábamos sin dejar de tocarle palmas. Momento que me pareció igual que el de las pasadas Fallas en su Valencia. Cual dios ante el el mundo…. Y luego, desvestido ya de las luces, rezadas ya las oraciones ante el altar de sus estampas, duchado y vestido para la calle, este dios torero es el ser más sencillo y más buena persona que quienes no lo conocen puedan siquiera adivinar.

Y de ahí su inigualable grandeza… Gracias, muchas gracias otra vez más Enrique. Que sea por muchos años y que uno pueda verlo a tu lado.


Vueltos a la realidad terrenal, solamente decir que Roca Rey, ayer en Málaga, volvió a mostrarse imparable para la mayor suerte del toreo, para satisfacción de sus paisanos que en El Perú le adoran con sobrados motivos y para la nuestra, españoles como también él desde hace tiempo. Gloria de Lima y de España, pues, Andrés volvió a jugar con sus dos toros jugándose la vida con su fresquísimo y variadísimo toreo que tanto y tanto prodiga sin miramientos de ninguna clase. Guste más o guste menos, este zagal está llamado a dictar lecciones de entregada inteligencia, inaudito e inacabable valor y bendita variedad que es la sirena del mundo con su alado capote, con su flameada muleta y con su siempre letal espada… Otra enhorabuena y aquí Dios y, después, Gloria.


Dictacracia a la española (¡Y dicen que Franco fue un dictador!) / Por Laureano Benítez Grande-Caballero



Hoy día, es incuestionable que la España de Franco ha sido la época de mayor paz, orden, estabilidad y prosperidad de nuestra historia. Los datos incontrovertibles están ahí: durante la época de Franco, la población española adquirió las coberturas del Estado de Bienestar y la Seguridad Social de que hoy disfrutamos, y unas condiciones económicas que convirtieron a España en una verdadera potencia, cuando antes de Franco éramos un país casi subdesarrollado..

Dictacracia a la española

  (¡Y dicen que Franco fue un dictador!)


Las libertades del ser humano no se limitan solo al ámbito político, ya que éstas son solo una dimensión de la libertad humana. En efecto, la vida humana opera a muchos niveles, se desarrolla en muchos planos y dimensiones, de las cuales la esfera política es la menos importante. Por ejemplo, ¿qué libertad es más relevante: la de poder elegir la educación que deseamos para nuestros hijos, o la de votar a gente desconocida para que, una vez en el poder, gobiernen con arreglo a los intereses de su partido, muchas veces en contra del programa que ofrecieron en su candidatura, en oposición a los ciudadanos a los que dicen representar?


Limitar la democracia a un régimen donde se vota para elegir a individuos desconocidos –e ineptos y chupópteros– puestos ahí por su partido, cuyo principal fin es arramblar con los privilegio y prebendas de sus poltronas, satisfacer su megalomanía, y gobernar con arreglo a los designios de quienes les han puesto en el poder –léase mafias globalistas–, en vez de servir a los intereses y necesidades de la Patria; y, por el contrario, llamar dictadura a una forma de gobierno que restringe la libertad política pero concede una gran libertad en todos los demás ámbitos de la vida, es una falsedad, un engaño.

Tal fue el régimen franquista: llaman a Franco «el dictador», palabra que ha pasado a ser su epíteto, como su apellido, pero cualquier persona que haya vivido bajo Franco, como es mi caso, puede atestiguar que la inmensa mayoría de los que vivimos en la España de Franco jamás tuvimos la sensación oprobiosa de vivir bajo una sanguinaria tiranía, ni mucho menos, ya que disfrutábamos de una inmensa panoplia de libertades. De ahí la abrumadora adhesión al Caudillo, y la nula oposición democrática que tuvo durante 40 años.

Manifestación de apoyo a Franco, en Madrid, el 1 de octubre de 1975.
Hubo restricciones en las libertades políticas, pero especialmente para los que, bajo el disfraz de demócratas, eran puro totalitarismo: socialistas, comunistas, anarquistas, separatistas. Entre estos antifranquistas, no había habido ningún demócrata en la República, ni lo hubo bajo la España franquista, ni lo hay ahora, cuando, después de 40 años duros de adoctrinamiento, al ver que la sociedad española ya está «desfranquizada», se han quitado la careta democrática, y vienen otra vez con sus persecuciones a las libertades, con su ancestral totalitarismo, como se demuestra en la inicua memoria histórica, en el no menos inicuo totalitarismo LGTBI, en los ataques al catolicismo, y un largo etcétera.

La democracia partitocrática, además, no es la única posible, ni la mejor, pues es la que le conviene a las mafias jacobinas, creadas por las élites globalistas para controlar el mundo: ¿es democrático que la gente vote a quien se le dice en unos medios de comunicación totalmente controlados por el psicopático clan mundialista, que son quienes eligen verdaderamente a los que deben ostentar el poder de acuerdo con sus luciferinos intereses? ¿Se puede llamar a esto democracia? ¿Se puede llamar a esto libertad política? 

Frente a esta farsa, frente a este trampantojo, está la democracia orgánica, fundamentada en que todo individuo pertenece a una familia, un municipio y un sindicato, que son las tres instancias que verdaderamente representan a los ciudadanos, y no los corruptos y traidores partidos políticos, que anteponen sus intereses a los de la Patria y el Bien Común.

Franco saluda al hoy rey Felipe VI. Al fondo, Juan Carlos I, observa la escena.
Sí, la España de Franco fue una dictadura, aunque más bien habría que calificarla de «dictablanda», pues dictadura es una palabra que hay que reservar para regímenes totalitarios como los comunistas, como el que quería implantar la Segunda República, donde un Estado policial controla absolutamente la vida de los ciudadanos, y hay un partido único monolítico que absorbe al Estado. Contra este régimen que quería implantar la dictadura del proletariado se levantó Franco, y no contra una democracia legítima.
Ejemplos de totalitarismos son las dictaduras comunistas, que gobiernan a base de purgas, chekas, pogroms, gulags y campos de exterminio, cosas que jamás existieron con Franco. ¿O es que acaso alguien puede calificar de demócratas al golpista Largo Caballero, al pistolero Indalecio Prieto, al genocida Santiago Carrillo, a la enloquecida Pasionaria, etc… ¿Por qué los rojos de hoy no apuntan sus baterías «democráticas» contra los emperadores del mal, contra los dementes exterminadores que fueron Lenin, Stalin, Mao, Castro, y toda la patulea luciferina que inundó el mundo con ríos de color púrpura, con un maremágnum de horror y locura satánica? ¿Es que acaso estos zares apocalípticos no eran dictadores? Con sus mausoleos y todo, por supuesto. ¿Es que acaso el Coletudo Mayor y Sánchez son demócratas?
Entrevista entre De Gaulle y Franco en el Palacio del Pardo
También dicen de Franco que fue un golpista, pero levantarse contra un gobierno ilegítimo –que accedió al poder mediante un alevoso pucherazo en las urnas–, y además inepto, incapaz de mantener el orden público y la seguridad de los ciudadanos, no puede considerarse propiamente un golpe de Estado, pues al Alzamiento Nacional le amparaba el derecho de legítima defensa frente a una agresión dirigida por potencias extranjeras contra nuestro país, que además pretendía el exterminio de la España católica y conservadora.
Inauguración de la fábrica de Barcelona por Francisco Franco
Otro hecho a tener en cuenta son las circunstancias históricas que rodean el nacimiento de una dictadura. En lo que respecta a la de Franco, resulta risible y esperpéntico que alguien en su sano juicio pueda pensar que un general victorioso en una guerra contra una revolución totalitaria como la que pretendía implantar en España el Frente Popular, una vez derrotado el enemigo, convoque inmediatamente elecciones generales para que los derrotados y los revolucionarios puedan presentarse, volviendo de rositas como si aquí no hubiera pasado nada. ¿Hay realmente alguien que pueda imaginar esta situación imposible?: ganas una guerra, y luego lo vencidos –que llevaban años de supuesta «democracia» organizando golpe tras golpe— vuelven tan tranquilos, e intentan ganar en las urnas lo que perdieron en los campos de batalla. Y, claro, los frentepopulistas bolchevizados sí hubieran convocado elecciones libres, dejando participar en ellas a los partidos de derecha, a los que estaban exterminando sin piedad desde mucho antes del Alzamiento.

Francisco Franco, aclamado en las calles de Barcelona.
Junto a esto, un hecho que puede justificar la privación de libertades políticas en un país es el advenimiento de una época de especial dificultad, de crisis social, política y económica, como sucede en una posguerra, y más si el conflicto ha sido interno, causante de unas heridas y una polarización que llevará tiempo solucionar. Si a esto le añadimos un contexto de crisis total debido a la Guerra Mundial, un país al que a la ruina de la guerra se le añadió a un estado anterior de atraso en casi todos los órdenes, resulta claro que España lo que necesitaba, más que otra democracia fallida, era una época de estabilidad, de orden, de autoridad, de paz, que facilitara la reconciliación y el progreso. Eso fue lo que consiguió la dictadura de Franco, en una época en la que más de media Europa estaba bajo la tiranía de las «repúblicas democráticas» comunistas.

Franco y Eisenhower durante la visita a España del ex mandatario norteamericano

Por último, aparte de las consideraciones que hemos hecho más arriba, habría que evaluar a un régimen autoritario examinando si los frutos que ha producido compensan la restricción de las libertades políticas. La pregunta salta por sí misma: esa dictadura, ¿ha mejorado las condiciones de vida del pueblo sobre el cual ejercía su autoridad? ¿Ha llevado al país sobre el que se implantó a más altas cotas de paz, orden y progreso? En caso afirmativo, estos logros y conquistas pueden llevar a la conclusión de que la falta de libertades políticas ha valido la pena.

Hoy día, es incuestionable que la España de Franco ha sido la época de mayor paz, orden, estabilidad y prosperidad de nuestra historia. Los datos incontrovertibles están ahí: durante la época de Franco, la población española adquirió las coberturas del Estado de Bienestar y la Seguridad Social de que hoy disfrutamos, y unas condiciones económicas que convirtieron a España en una verdadera potencia, cuando antes de Franco éramos un país casi subdesarrollado:

Capítulo aparte en la paz social que vivió la España de Franco merece la pacificación total de las regiones proclives al secesionismo, que tantos problemas habían dado a la República, y que tan activamente habían colaborado con el golpismo izquierdista, secesionismo marcado por las purgas, el totalitarismo y el racismo.

Junto a todas estas conquistas provechosas para España, otro argumento poderoso a la hora de valorar el régimen de Franco es la constatación de que la vida cotidiana en aquella época se regía por unos parámetros construidos sobre los valores tradicionales de la civilización cristiana, valores que daban seguridad a las personas, que creaban a su alrededor un universo armonioso donde la vida tenía sentido, ya que ésta se desarrollaba bajo un profundo sentido de la ley natural.
Dicen que Franco fue un dictador, pero el régimen pretendidamente dictatorial que creó desembocó pacífica y rápidamente en una democracia, a través de una Transición modélica que fue el asombro del mundo, lo cual dice bien a las claras que aquella dictadura no era tan «dura», ya que llevaba en sí los gérmenes de las libertades políticas.


Y ahora me gustaría hacer a los españoles la siguiente pregunta, que no es «la del millón», porque su respuesta está cantada: 

¿Estaría usted dispuesto a renunciar a su libertad democrática de votar en elecciones para elegir a politicastros corruptos, ineptos y traidores, a cambio de que hubiera en España un régimen autoritario donde no existieran autonomías despilfarradoras, secesionismos racistas, invasión de inmigrantes, totalitarias ideologías LGTBI que pretenden adoctrinar a nuestros hijos?

Inauguración de la fábrica de Barcelona por Francisco Franco
¿Estaría usted dispuesto a renunciar a la libertad de expresión que permite ultrajar nuestra bandera y nuestro himno, que permite las amenazas de los filoterroristas en las redes sociales, a cambio de un régimen que acabara con el IVA y el IRPF, con el infierno fiscal, con las ayudas a los inmigrantes, con unas televisiones plenas de inmundicias globalistas, con unas bandas antisistema que amenazan a quienes disienten de la ideología oficial, con las patuleas de antiespañoles que consideran facha enarbolar símbolos patrióticos, con unos partidos que son agencias de colocación y mangoneo; con unos politicuchos que pretenden prohibir la caza, la pesca, los toros, los castillos en la arena; con un sistema que nos vigila dictatorialmente con sus drones, sus cámaras, sus trolls…? ¿Estaría usted dispuesto a entregar estas libertades a cambio de un régimen que asegurara el pleno empleo, una deuda del 7% en lugar del 110% actual; un régimen donde se le pagaran las horas extras y se respetara su descanso dominical; donde las multinacionales fueran obligadas a admitir un 50% de capital español; donde solamente se necesitaran entre 5 y 8 años para pagar una hipoteca, en vez de los 30 años actuales; donde había Cajas de Ahorros al servicio de los ciudadanos, y no bancos voraces entregados a la vorágine globalista?

Pues así fue la España de Franco, la famosa «dictadura». ¿Qué tenemos ahora?: pues una «dictacracia». Y así nos van las cosas.

EL MILAGRO DE MANOLO VANEGAS: "Me dicen que estoy loco, pero voy a volver a torear"


Manolo Vanegas, en el Hospital de Paraplejicos de Toledo. 
-ALBERTO DI LOLLI-

Tiene 25 años, vino de Venezuela para ser torero y ahora está en el centro de Parapléjicos de Toledo tras la tarascada seca de un toro que le destrozó las cervicales. Ésta es su lucha.


EL MILAGRO DE MANOLO VANEGAS
"Me dicen que estoy loco, pero voy a volver a torear"



El Mundo / Madrid
18 ago. 2018 01:38
Dobla las horas prescritas de gimnasio y los médicos hablan de una evolución excepcional
El tráfico de las sillas de ruedas deja de escucharse a la hora de la siesta. Cuando un largo laberinto de pasillos blancos y fríos me conduce hasta la zona C3 de ingresados del Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo. Allí, Manolo Vanegas (Seboruco, Venezuela, 1993) reconstruye su sueño truncado. Ingresó el pasado 4 de junio, después de que un toro le destrozara las cervicales con la precisión de una tarascada seca. Desde entonces, se enfrenta a un enemigo muy grande con un miedo muy pequeño. «Tetraplejia incompleta», rezaba el diagnóstico tétrico y pesado como una losa. Vanegas la levanta con su alma de fuego. Y se levanta cada día de su cabalgadura de hierro. 

Sus jornadas transcurren sin descanso. Dobla las horas prescritas de gimnasio, pasa las tardes subiendo rampas que le ayuden a fortalecer los brazos y busca actividades extra con las que despertar cuanto antes sus músculos dormidos. No tiene tiempo para recibir visitas entre semana. Y acata como única concesión la pequeña siesta diaria que manda el programa de rehabilitación.

Eso es justo lo que debería estar haciendo cuando irrumpe bromeando en el despacho de su médico rehabilitador: «Doctor, para mí no coja silla, que ya tengo una», dice mientras hace girar las ruedas de la suya hacia la mesa situada en el centro de la sala.

La mirada afable del médico contempla la llegada de Manolo con un brillo indisimulado de admiración. Vanegas es el mejor paciente que ha tenido nunca. Llegó a sus manos «prácticamente muerto». Su vida se cuantificaba en tres puntos de independencia sobre una escala del cero al 100. Hoy, tiene 79. Y su afán inagotable de superación ha traído el optimismo a los muchos y valientes pacientes que, como él, luchan a cara de perro contra las lesiones medulares desde el centro de referencia nacional de parapléjicos de la antigua ciudad imperial. 

«En términos puristas, padece una tetraplejia incompleta. Eso quiere decir que la médula espinal, que es la estación eléctrica que conduce los impulsos del cerebro a los músculos encargados de ejecutar las órdenes, sufre una alteración del tránsito a nivel de la columna cervical que interrumpe la señal en mayor o menor medida según el grado de afectación de la médula. En este caso, la lesión es Asia B o incompleta, que es la menos grave», explica el médico deseoso de desprenderse de los tecnicismos de rigor. Y entonces saltan a la memoria los gravísimos recuerdos de diferente pronóstico de Julio Robles y Nimeño II, que terminaron sus días en una silla de ruedas. 

«Lo importante es que Manuel Vanegas llegó aquí lleno de tubos y sondas por todas partes y su vida dependía de los cuidados de los que estaban a su alrededor. A día de hoy, es una persona prácticamente independiente en un medio adaptado, con un nivel de dolor perfectamente tolerado y un grado de implicación con el tratamiento excepcional».

Aquí he aprendido a valorar la vida, pero tengo una motivación para jugármela: mi familia me necesita

En menos de tres meses, Vanegas ha superado las fases de encamamiento y sedestación y ya encara la recta final. La última etapa de la recuperación. «Está en la fase de pedestación. Puede caminar con dos bastones de mano, ha logrado subir algunos peldaños y sólo utiliza la silla de ruedas en distancias superiores a 30 o 50 metros. Es un caso excepcional. Jamás había visto a un paciente ganar tantos puntos de independencia. Y menos a un ritmo tan espectacular», confiesa su médico rehabilitador.

El milagro de Manuel Vanegas comienza a construirse, cada día, desde las nueve en punto de la mañana. A esa hora empiezan las sesiones de terapia ocupacional. Allí le enseñan a enfrentar por sí mismo cosas tan cotidianas como comer o vestirse. En ellas se aprende, dice Manolo, a convivir con la lesión. Después se marcha al gimnasio, donde permanece haciendo ejercicio desde las diez hasta las dos y media de la tarde. Convirtiendo los 40 minutos que mandan los fisioterapeutas en una media de cuatro horas de entrenamiento exhaustivo. «Al principio, lo único que hacía era incorporarme, estar sentado y aprender de nuevo a coger equilibrio. Me caía mucho para los lados y entonces empecé a repetir los ejercicios en mi cama antes de dormir. Gracias a eso lo recuperé muy rápido y ahora puedo dedicarme a fortalecer los músculos», cuenta Vanegas.

Perdió mucha masa muscular en los 22 días que pasó mirando a la pared de la UCI del Hospital Virgen Vega de Salamanca -en el que le fijaron las vértebras C-4 y C-5 antes de trasladarlo a Toledo-. Para recuperarla, vuelve cada tarde a la carga. Tiene dos horas y media para comer y echarse la siesta antes de comenzar su sesión diaria de electroterapia. Al acabar, empieza la búsqueda de actividades voluntarias. «He encontrado una cuesta en el edificio viejo y paso las tardes subiéndola con un amigo para ganar fuerza en los brazos»

Termina la jornada jugando al ping-pong antes de retirarse a descansar. El día a día, dice, se le esfuma sin darse cuenta entre el ritmo vertiginoso de su rehabilitación: «Me inscribo en todo lo que puedo para estar siempre activo. Ni siquiera tengo tiempo de atender a las visitas y he tenido que pedirles que vengan sólo durante el fin de semana. Aquí dentro, las horas se me pasan volando».

Gracias a su rutina espartana, Vanegas ha pasado de ser un sueño roto a convertirse en un alud de esperanza. El paso de su silla de ruedas arrastra un torrente de jovialidad allá por donde pasa. 

«Manolo lo llena todo de buen ambiente y eso es clave. Hay una multitud de causas que pueden llevar a un resultado final. La edad, la ausencia de complicaciones articulares y neurológicas, la propia lesión en sí... Pero aquí lo fundamental es la motivación. Dos pacientes con una lesión, un acompañamiento familiar y unos medios económicos similares pueden lograr un nivel de independencia muy diferente en función de su implicación y su estado de ánimo», afirma el médico de Manolo, cuya calidad humana merecería ser contada con nombre y apellidos. Pero es dueño de una humildad que le obliga a permanecer en el anonimato: «A mi madre le haría ilusión ver mi nombre en el periódico, pero aquí hay un único protagonista. Se llama Manuel Vanegas y se ha tomado esto como la faena más importante de su vida. Yo sólo le he acompañado sin cometer demasiados fallos. Como si fuera su guardaespaldas», dice mientras abandona el despacho para dejar que Manolo desnude sus sentimientos «en libertad».

El sincericidio de Vanegas comienza con el agradecimiento a todo el personal del Hospital Virgen Vega de Salamanca y del centro nacional de parapléjicos de Toledo. Los eslabones de la cadena humana que nunca ha dejado de arroparlo. 
El fuego de sus ojos, negros como el carbón, contrasta con el timbre pausado de su voz. Su mirada pesa de tanto valor como encierra. Mientras las palabras fluyen de su semblante firme con la serenidad de quien se sabe dueño de su destino: «Desde que era un niño, me he dejado todo en conseguir lo que me propongo». Revela entonces la motivación que mantiene en pie su corazón de acero. El acicate de tanta entereza es la llamada del toreo. Que muchos tachan de insensata.

«Me dicen que estoy loco. Pero voy a volver a torear. Así sea una sola tarde», dispara sin inmutarse. «Suena mal, porque tengo a mi familia y a mi pareja, pero mi principal motivación, cada día, desde que me levanto, es volver a torear. Yo no sé si somos masoquistas o qué somos. Pero el traje de luces es lo que siempre motiva a los toreros a salir adelante. Es algo muy parecido a esas personas que se enamoran y vuelven una y otra vez sin importar cuánto daño les hagan. Con nosotros pasa igual, volvemos al toro sin importar cuántos golpes nos dé». 

A su lado se encuentra Angélica. Su fiel compañera de vida desde antes incluso de que comenzara la loca aventura de venir a España para ser torero. Si el toro bravo es la vehemencia que empuja la vela de Vanegas, ella es el mimo calmado que mantiene la nave a flote: «Abrir los ojos y verla a mi lado, motivándome cada día, es algo fundamental para mí», confiesa Manolo. 

Yo no sé si somos masoquistas, pero el traje de luces es
 lo que siempre motiva a los toreros a salir adelante

Bajo la locura que le reprochan, se esconde una sensatez descarada. Un realismo impropio de sus 25 años de edad. «No sé cuánto tiempo me queda de estar aquí. Ahora tengo que pulir algunos detalles, como aprender a andar sin muletas y recuperar la fuerza de mi mano derecha. Tampoco sé hasta qué punto va a llegar mi recuperación. Si se despertarán todos mis músculos o la evolución se frenará en seco. Ni siquiera los médicos pueden decirlo. Lo que sí sé es que a partir de aquí la progresión va a ser más lenta. Trabajo con el día a día y, si en algún momento me quedo estancado, aprenderé a vivir con lo que me falta y daré gracias por volver a ponerme en pie», dice Vanegas, que continúa con su alarde de madurez.

«Aquí dentro he aprendido a valorar la vida. El día que me pusieron por primera vez en pie se me saltaron las lágrimas. Y ni siquiera estaba caminando, estaba amarrado con un arnés que me sostenía, pero para mí era un mundo. Igual que cuando moví por primera vez este dedo [dice, señalándose el índice de la mano derecha]. Convivo con personas que se han caído en la ducha y tienen una lesión mucho más grave que la mía. Eso me ha enseñado a darle mucha importancia a la vida. Pero, más allá de lo que mucho que me llena torear, yo tengo una motivación para jugármela: mi familia me necesita y, hasta ahora, esto es lo único que sé hacer para ayudarles», se sincera sin soltarse de su fe infatigable: «Encontraré algo que hacer si no puedo regresar a los ruedos. Pero yo sé que voy a volver. Sé que sí».

El sueño torero de Manuel Vanegas comenzó en el pequeño pueblo venezolano de Seboruco. En la parte seria del espectáculo cómico-taurino de su abuelo. Allí, corría a esconderse cuando su tío quería sacarlo a torear una vaquilla. «Aunque era en sus brazos [dice] me daba miedo». Allí, toreó sus primeros festivales, se enfundó por primera vez un traje de luces y comenzó a fraguarse la historia de un coraje invencible. De un maestro en el arte de nunca rendirse. De no tirar la toalla. Ni siquiera cuando las vergüenzas del sistema amenazaron con quitarle del toreo: «Cuando debuté en Venezuela triunfé en varias novilladas. Al año siguiente, no me llamaron porque mi padre no tenía dinero para pagar por torear. Me pareció tan injusto que quise dejarlo». Tras aquella decepción pasó un año arreglando motos en el taller mecánico de su padrastro. Hasta que su abuelo le echó un novillo y se reencontró con su propio veneno. «Después me anuncié en Táriba». Así conquistó al veterano matador salmantino Domingo López Chaves, su actual apoderado. Con él se lanzó a cruzar el Charco en busca de sus sueños. Listo para volver a empezar. 

Eso era lo que hacía en la plaza de toros de Ledesma (Salamanca) cuando, el pasado 17 de marzo, un toro de Hoyo de la Gitana lo lanzó por los aires y su cuello paró el impactó brutal contra el suelo. Entrenaba a puerta cerrada para preparar el regreso a la feria de Vic-Fezensac (Francia); el escenario donde, un año antes, se había convertido en matador de toros. «Mi carrera apenas comenzaba. Fui triunfador del escalafón de novilleros en 2016 pero, una vez que tomas la alternativa, sabes que te toca volver a escalar la montaña desde abajo».

Con esa filosofía encara hoy su lidia más difícil. La que nos recuerda que, en las plazas de toros, la vida se decide en un solo gesto. La que lo convierte en un asidero de esperanza para el resto de sus compañeros. Manuel Vanegas es un canto a la vida desde que se levanta hasta que se acuesta en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo. Su letra encierra una optimista moraleja: basta un punto de apoyo, para comenzar a mover la tierra.

sábado, 18 de agosto de 2018

PERÚ. OREJA PARA JESÚS ENRIQUE COLOMBO EN PRIMERA DE HUAMACHUCO (LA LIBERTAD)


Jesús Enrique Colombo

Una solitaria oreja cortada por el matador venezolano Jesús Enrique Colombo fue el saldo de la primera corrida en el marco de la fiesta patronal en honor a la "Santísima Virgen de la Alta Gracia" celebrada esta tarde en la monumental plaza de toros del distrito de Huamachuco (La Libertad). Sus alternantes, el diestro colombiano Ramses Ruiz y el español Vicente Soler fueron silenciados.


OREJA PARA JESÚS ENRIQUE COLOMBO EN PRIMERA DE HUAMACHUCO (LA LIBERTAD)

A plaza llena se lidiaron toros de San Simón, desiguales de presentación y juego.

Ramses Ruiz, silencio y silencio. 
Vicente Soler, silencio y silencio tras dos avisos.
Jesús Enrique Colombo, palmas y oreja. 


Jesús Enrique Colombo

TARDE QUE NO SE ESPERABA EN
 EL INICIO DE HUAMACHUCO

La ciudad de Huamachuco presento este 17 de agosto temporada taurina en honor a la "Santísima Virgen de la Alta Gracia" quienes conformaron el cartel por los toreros;

Ramses Ruiz (Colombia)
Vicente Soler🇪🇸 (España) 
Jesús Enrique Colombo (Venezuela)

El ganado proviene de la ganadería peruana San Simón.

Monumental plaza de toros de Huamachuco:

1º- Toro para Ramses toro con calidad al que le faltó empuje en el último tercio. A pesar de esto el torero arrancó embestidas importantes, perdiendo la oreja después de resbalar con el estoque. Silencio

2º.- Para Vicente Soler, toro que fue de menos a más, El torero se conectó rápidamente con los tendidos perdiendo las orejas tras fallar con el acero. Silencio.

3º.- Para Jesús Enrique Colombo, de igual comportamiento como el primero aguantando hasta el último tercio. Palmas.

4º.- Para Ramses, toro con que empezó a decaer la tarde sin calidad y agarrado al suelo la buena exposición del matador tapó en mucho el mal comportamiento. Silencio.

5º.- Para Soler, el toro con más presentación de la corrida en trapio y cara, del que se esperaba que no de complicaciones fue el que más las hizo su imposición en la plaza hizo que todos tengan los cinco sentidos con él. 2 avisos tras pinchar y descabellar. Silencio.

6º.- Para Jesús Enrique Colombo, toro que acusó problemas en el ojo derecho el cual complicó su lidia general, a pesar de esto tandas de valor por el pitón izquierdo y retocada hicieron caer el unico premio de la tarde. 1 oreja.

Jesús Enrique Colombo

Vicente Soler

Ramses Ruiz



Madrid. Alejandro Talavante, ¿dos bolitas en la Feria de Otoño?

Alejandro Talavante, autor del mejor y más auténtico toreo en San Isidro - Paloma Aguilar

Unos rumores apuntan a que la intención del extremeño es entrar dos tardes en el bombo y otros a que Plaza 1 prefiere abaratar costes sin la presencia de grandes figuras


Alejandro Talavante, ¿dos bolitas en la Feria de Otoño?

Rosario Pérez
ABC, 17.08.2018
Llega un runrún de rumores, y también de fuentes contrastadas, de que Alejandro Talavante tiene la intención de poner su nombre en dos de las bolitas que entren al bombo de la Feria de Otoño a finales de agosto. ¿Será cierto? ¿Habrá acuerdo?

Desde luego, si esto es verdad y se confirma, la presencia de Talavante daría lustre y categoría a la controvertida fórmula del sorteo de toreros y ganaderías para el otoñal abono venteño. No hay que olvidar el extraordinario momento de plenitud que está viviendo el coleta con las mejores muñecas del escalafón.

Además, y siempre hablando en hipótesis, acallaría esos otros comentarios y murmullos que apuntan, por corrillos y mensajes, a que esta modalidad ha sido inventada por Simón Casas para evitar la presencia de figuras y ahorrar costes e intentar sanear una dura temporada económica.

El morbo de ver a la figura pacense anunciada con toreros que actúan en otro tipo de corridas y carteles o que, por ejemplo, le «tocase» matar la de Adolfo, guiño torista del ciclo, podría suponer un parón a la bajada en el número de abonos y quién sabe si el aumento de los mismos. No olvidemos que un bombo sin figuras y sin toreros con cierto morbo a la hora de ver qué ganado y compañeros le tocan corre el peligro de generar cierta expectación el día del sorteo y muy poca a la hora de renovar abonos...

De momento, es solo un rumor, pero sería una jugada maestra por parte del productor francés y quién sabe si, al rebufo de Talavante -que exigirá sus condiciones como el torero de Madrid que es-, alguna otra figura cogería el guante y este novedoso ciclo se convertiría en otro modelo de gestión y una de los innovaciones que los aficionados vienen reclamando hace tiempo. Esperemos acontecimientos; mientras tanto, soñemos.

Como dijo Boecio hace más de milenio y medio: «La gloria humana no es otra cosa que un gran rumor de viento en los oídos».

No confundir calidad con facilidad / Por Rafael Comino Delgado



Decía Salvador Sánchez "Frascuelo", "donde no hay emoción no hay corrida de toros posible".

No confundir calidad con facilidad

Rafael Comino Delgado
Habitualmente oímos hablar de la calidad de un toro, de la calidad de su embestida se entiende, y tenemos la impresión de que, a veces, se está confundiendo, y cada vez con mayor frecuencia, calidad con facilidad, que sin embargo son cosas muy diferentes.

Para nosotros una embestida de calidad debe empezar por colocar bien la cara, abrirse ligeramente en el embroque, ser rítmica, humillada, planear, de largo recorrido, gateando detrás de la muleta como si la quisiera morder, con suficiente afán de cogerla, rebosarse saliendo con la cabeza por abajo y repitiendo con prontitud, con lo que permitirá al buen torero expresarse, sentir profundamente el pase, disfrutar con el lance o muletazo, y trasmitirá emoción al tendido, porque el toro embiste bien y con temperamento.

En cambio, una embestida facilona es anodina, suave (blanda), insípida, demasiado lenta, aunque puede colocar bien la cara, abrirse, ser rítmica, fácil de conducir para el torero, pero falta ese gateo detrás de la muleta, ese afán de cogerla, no se rebosa aunque sea humillada y llegue hasta el final (pocas veces), suele ser algo tarda, por tanto dice poco, no despierta emoción en el tendido, falta trasmisión al público. Y cuando en el toreo no hay emoción todo se viene abajo. 

Decía Salvador Sánchez "Frascuelo", "donde no hay emoción no hay corrida de toros posible". Y la emoción en el toreo de calidad debe llegar por dos vías, la estética y el riesgo, por eso el toreo es el único arte que debe ser validado con el riesgo; si no hay riesgo le falta algo a este arte. Bien entendido, que estar ante un toro siempre tiene riesgo, pero nos referimos a que el público tiene que percibir esa sensación de riesgo, y con esa embestida que hemos denominado facilona no se percibe, o se percibe poco el riesgo.

El toro embiste bien, pero no lo hace con suficiente agresividad, con suficiente temperamento y entrega, porque no puede o porque le falta raza y/o casta. El público en el tendido tiene la sensación de que aquello lo puede hacer él.

Por tanto a esta segunda embestida nosotros no la denominamos de calidad, aunque el toro embista bien, lentamente, pero es demasiado facilona. Eso no es calidad, es suavidad, o si quieren dulzura, y en el toreo la suavidad, la dulzura la tiene que poner el torero en su forma de torear, de expresarse, de mostrar su arte, pero no el toro. El artista es el torero; el toro no es, ni nunca podrá ser, artista. El toro tiene que embestir bien pero transmitiendo riesgo, emoción, porque lo hace con energía, con codicia, con entrega, con afán de coger el engaño.

CALI. Lo kitsch en el toreo (II) Por Jorge Arturo Díaz Reyes.



¿Comida chatarra? ¿Bebida cancerígena? ¿Moda desechable? ¿Televisión basura? ¿Seudociencia? ¿Pacotilla? ¿Demagogia? ¿Populismo? ¿Toreo comercial? Venga, estar con los tiempos que corren o desaparecer.

Lo kitsch en el toreo (II)

Jorge Arturo Díaz Reyes
Cali, agosto/2018
Más que una particularidad del gusto, un estilo, una escuela del arte, lo kitsch es toda una estética. Una manera de sentir el mundo, en la definición kantiana. Pero también de pensarlo, vivirlo, torearlo, toda una ética.

El término, alemán en principio y hoy universal, es joven, si lo comparamos con los cinco mil años que tiene la palabra escrita o los más de cuatrocientos mil que le atribuyen al habla; ochenta y cinco apenas. Pero la idea quizá es tan vieja como la civilización.

Aunque su reciente importancia coincide con un estado de la cultura que lo justifica; “el posmodernismo”. Una era sumergida en un mar de sonidos e imágenes (publicidad), que empuja sin retorno la enorme masa humana hacia el consumo pantagruélico de una producción descomunal, cuyos desechos infestan el planeta mortalmente. Todo, al vaivén del ciclo consumo-producción. Todo.

“El que manda es el púbico”, dicen los vendedores y los líderes pragmáticamente. Su gusto, su ética, su medianía, su vulgaridad. Es la democracia del mercado. El cliente siempre tiene la razón.

¿Comida chatarra? ¿Bebida cancerígena? ¿Moda desechable? ¿Televisión basura? ¿Seudociencia? ¿Pacotilla? ¿Demagogia? ¿Populismo? ¿Toreo comercial?  Venga, estar con los tiempos que corren o desaparecer.

A la gente no solo le gusta que la engañen, sino que necesita que la engañen. Alegaba un colega mío quien con gran éxito económico desertó de la medicina científica por la curandería muchos años atrás.

Adocenado, vulgar, ordinario, ramplón, barato, ampuloso, cursi, chabacano, impostado, zafio, ingenuo, simplón, prolijo, grosero, feo, de mal gusto sobreactuado, basto, exagerado, falso, retorcido, pretencioso, efectista, sentimentaloide, imitado, fingido, ventajista, oportunista, ávido, trapacero, arribista... kitsch puede significar cosas terribles.

¡Pero cuidado! No siempre con justicia. De origen, todo arte, costumbre, tradición fue popular. Toda la cultura es engendrada por el pueblo y en principio, antes de ser refinada por las élites “cultas”, fue popular. La literatura, la música, la pintura, el toreo, ahora clásicos, vienen de ahí... (continuará).