la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

sábado, 27 de mayo de 2017

Castella toma la Bastilla / Por Paco Mora

Fotografía: Andrew Moore

Castella toma la Bastilla

La Revolución Francesa en marcha. Castella ha tomado la Bastilla, pese a que Robespierre ha hecho lo imposible para impedírselo guillotinándole una segunda oreja en su primer toro, que pocas veces habrá sido más merecida. El “monsieur” ha ejercido un mandarinato desconcertante con su errática manera de proceder y su cara de pocos amigos, como si estar en el palco fuera para él un castigo. Un presidente más sensible y ecuánime se habría percatado de que el público -que hoy ha vuelto a ser el de Madrid- ha vibrado como pocas veces con “El francés impasible”, que ha demostrado una extraordinaria solvencia torera, un valor apabullante y un gran empeño por hacer honor a la primera plaza del mundo. Y a fe que lo ha conseguido. En sus dos toros. La mejor tarde de Castella en Las Ventas.

El único que no se ha enterado de ello ha sido el “Robespierre” de turno. ¡Qué cruz, Dios mío! Un solo hombre no puede ser señor de horca y cuchillo de una tarde de toros, ni del esfuerzo y la ilusión de un hombre que se juega la vida sin reservas. Si hay que dar dos orejas se dan, que el público es soberano, aunque la mayoría de los presidentes de la plaza de la calle de Alcalá no se hayan enterado todavía. Y si hay que echar un toro para atrás se echa en tiempo y forma, y no cuando le rote al poncio de guardia. A esto hay que ponerle remedio.

¡Qué encaste el de la sangre polaca y la española criada en la campiña de Beziers! Castella es buena prueba de la internacionalidad del toreo. De que de cualquier país puede brotar un torero de postín. Borja Domecq ha lidiado una buena corrida, con un segundo toro que ha sido gloria brava en estado puro, sí, pero que ha tenido delante a un torero excepcional. Lo de Jandilla ha quedado hoy reivindicado en la Universidad Central del Toreo. De sus imitadores serán sus defectos.

López Simón no ha tenido su tarde. Rivera Ordóñez se ha despedido de Madrid; que sea muy feliz.

16ª de San Isidro en Madrid. Muy bien Castella aunque por bajo de un Jandilla de excepcional bravura y clase / por J.A. del Moral.



El llamado “Hebreo” bien podría ser el toro de la feria por bravo, encastado, noble y duradero. Fue premiado con una merecidísima vuelta al ruedo tras doblar de la media estocada con la que le mató Sebastián Castella que lo aprovechó con una celebrada y larga faena en la que se esmeró con abundante templanza sobre las dos manos cortando una oreja. Pero fue toro de dos y, en plazas de menos importancia, hasta de rabo e incluso de indulto. También fue un toro para triunfar incontestablemente el tercero de la tarde con el hierro familiar de Vistahermosa que se le fue entero a un vulgar y monocorde López Simón. La tarde acogió la despedida madrileña de Francisco Rivera Ordoñez frente al lote menos lucido del envío. Ya sin sitio ni apenas capaz, solamente anduvo fácil al banderillear al cuarto. Todavía pesaba y seguirá pesando en los que resta de feria el faenón de Ginés Marín de la tarde anterior. Cuando acontecen estas grandísimas obras, es inevitable el término de la comparación.


Muy bien Castella aunque por bajo de un Jandilla
 de excepcional bravura y clase.

J.A. del Moral · 27/05/2017
Madrid. Plaza de Las Ventas. Viernes 26 de mayo de 2017. Decimosexta de feria. Tras amenaza de tormenta, la tarde trocó a soleada y calurosa. Llenazo.
Cuatro toros de Jandilla, el tercero con el hierro familiar de Vegahermosa, muy bien presentados y de vario juego. Por devolución del inválido quinto, se corrió un deslucido sobrero de Salvador Domecq. Primero y cuarto, manejables sin clase. Por todo magnifico el segundo que fue premiado con vuelta al ruedo. Estupendo el tercero. Y con genio el sexto.
Francisco Rivera Ordóñez (añil y oro): Pinchazo muy hondo arriba y descabello, palmas. Estocada trasera desprendida, silencio.
Sebastián Castella (celeste y oro): Media estocada, aviso y oreja. Pinchazo y estocada caída, dos avisos y ovación con saludos.
Alberto López Simón (marino y oro): Buena estocada, ovación. Dos pinchazos y estocada, silencio.

En banderillas destacaron José Chacón que también sobresalió en la brega, Jesús Arruga, Vicente Herrera y Vicente Osuna.


Técnicamente hablando, no se le puede poner un solo pero a la completa faena de Sebastián Castella que atraviesa un gran momento como bien pudimos apreciar en la pasada feria de Sevilla. Pero a su larga labor muletera de irreprochable factura, se le pueden achacar faltas de las que el diestro francés no tiene ninguna culpa: la clase, el duende, el alma y todos los aditamentos que acompañan a los diestros tocados por la varita mágica. Ya sé que tales virtudes solamente las da Dios. Cuantos no las tienen, apuran otras desde luego meritorias aunque no son tan llamativas. Por eso me supo a poco la faena de Castella que, desde luego, fue celebradísima por el público que ayer llenó la plaza por completo aunque nadie solicitó la segunda oreja. Todos se guardaron el pañuelo blanco tras ser concedida la primera.

Con el difícil y complicado sobrero de Salvador Domecq, un imponentísimo animal con 585 kilos sobre los lomos, Castella luchó sin cansarse, aguantando inmutable las muchas e incomodísimas tarascadas del animal por lo que más de la mitad de los muchos muletazos que pegó resultaron feamente enganchados, salvo en una ronda con la derecha en los finales del trasteo. Las grandes dificultades que tuvo el toro para poder cuadrarlo y matarlo – huyó en varios intentos – alargaron los tiempos hasta que sonaron dos avisos. No obstante el tiempo transcurrido, el público agradeció el gran esfuerzo de Sebastián, ovacionándole tras matar de pinchazo y estocada.


No sé si Alberto López Simón está atravesando un bache o que cuantos hace dos años y durante la pasada temporada se le entregaban incondicionalmente cada tarde, se han cansado de la manifiesta vulgaridad de sus formas. Otro que no tiene la culpa de carecer de esas virtudes que distinguen a los elegidos. Pero bien hubiera podido echarle más pasión mientras duraron las muy nobles embestidas del tercer toro hasta que fue viniéndose abajo. Quizá antes de lo que hubiera deseado el de Barajas en su indudable empeño que repitió con valerosa porfía frente al geniudo sexto y último de la tarde.


Una jornada que albergó la despedida definitiva de Francisco Rivera Ordóñez en Madrid. Anunciada a bombo y platillo en los programas y en los espacios mediáticos del corazón, muchos de los que terminaron de agotar las entradas acudieron a la plaza para verle. La plaza le respetó e incluso le ovacionó cuando banderilleó en solitario al cuarto toro, con el que se mostró impotente en una faena de muleta que apenas logró completar dada la tardanza en arrancarse y la evidente sosería del animal. Su lógica desconfianza frente al toro que abrió plaza, apenas manejable aunque mejor de lo que pareció en sus manos como bien pudo comprobar al final de la faena con la mano derecha, provocó el cansancio de gran parte del público que le pidió a gritos que matara, suerte en la que por cierto no se mostró Francisco tan prudente como en lo demás de su quehacer. No obstante lo dicho, debido es apreciar el mérito o el atrevimiento que supuso el solo hecho de comparecer en la primera plaza del mundo frente a ganado tan serio y ofensivo como el que ayer se lidió en Las Ventas, escenario que nunca rehuyó Francisco desde que confirmó su alternativa alternando con Joselito y Enrique Ponce en aquella memorable tarde que quedó como la de los quites entre ambas figuras, sin que Rivera Ordóñez desmereciera lo hecho por su ilustres compañeros de terna, hasta el punto de que, a raíz de lo ocurrido en esta corrida, los tres actuaron juntos en todas la plazas y ferias de España con el sobrenombre de “Los tres tenores”. Deseamos que Francisco pase definitivamente a la vida civil con la felicidad que merece.

Decimocuarta de Feria. Madrid, Castella famoso, con toros (¿o toras?) de Jandilla, qué merendilla, y un titista* en el Palco / por


Rosetón venteño

Al irse Paquirri II le despiden unos destemplados, agrios e innecesarios pitos, nítida expresión de ese odio social español que no tiene que ver con los toros, que está incrustado en el ADN nacional desde el Antiguo Régimen. Así somos y en los toros se nos conoce perfectamente.


Castella famoso, con toros (¿o toras?) de Jandilla, 
qué merendilla, y un titista* en el Palco


Hoy atravesamos, como dijo aquél cursi, el ecuador de la Feria. Llevamos catorce corridas, contando la de la Prensa, y nos quedan otras catorce. Si acaso queremos echar la vista atrás es como para quedarnos como la señora de Lot, visto el páramo tras ochenta y cuatro toros que llevamos y no sé cuántos toreros. Cómo será la cosa que el empresario Donsimón hace ya ni sé los días que no asoma por su burladero donde tiene de mandadero al rubio Curro Vázquez, aficionado práctico al jiu-jitsu y admirador de la cosa cosmopolita. El resumen de mi Feria hasta hoy es breve y conciso: la corrida de La Quinta, el toro Acobardado, número 46, de El Montecillo, sobrero en la corrida de Parladé, el espeluznante segundo par de banderillas de Ángel Otero al Carapuerco de El Pilar y la estocada de ayer mismo de Álvaro Lorenzo a su segundo. He ahí lo que nos ha impresionado, lo imborrable y, fuera de Feria, la faena de Talavante al del Conde de Mayalde. La verdad es que no es mala cosecha. Bueno, todo eso que se ha dicho y, además, el buen rato que echamos cada tarde en la Plaza, que eso ya no nos lo quita nadie tampoco.

La tarde de hoy guardaba su sorpresa: si ayer la propuesta juliana no acabó de entusiasmar al público, por lo que parece, dado que no se llegó a colgar en la taquilla el cartel que dice “No hay billetes”, para que se lo apunten bien los que dicen que Julián mueve taquillas cuando lo que de verdad él mueve es “plumillas”, y resulta que hoy colgó dicho cartel Francisco Rivera, Paquirri II, que venía a despedirse de Las Ventas, donde lo que tiene hecho de interés fue hace tanto tiempo que ya casi nadie de los que se sientan en los tendidos se acuerda de ello. A las siete y cinco minutos salió Paquirri II con la montera calada a ponerse en procesión tras de don Carmelo Caballero y otro señor cuyo nombre ignoramos, pues el que anuncia el programa como alguacil, don Álvaro López se encuentra convaleciente y desde aquí hacemos votos por su pronta recuperación. Así pues, Paquirri II, Sebastián Castella y López Simón se pusieron tras don Carmelo y el Jinete Anónimo y atravesaron el ruedo en romería, que la cosa iba a empezar. En las jaulas de Florito estaban metidos desde por la mañana cinco toros de Jandilla, que es ganadería muy larga y con multiplicidad de productos; toros bodegueros, como es bien sabido, propiedad de don Borja Domecq, y de remiendo un primo hermano de Vegahermosa. De los seis, por no sé qué lio, que se confundieron en la ganadería tengo entendido, cuatro llevaban nombre de vaca; Chillista, número 93, el primero; Hebrea, número 94, el segundo; Investigadora, número 31, el cuarto y Hojeadora, número 69, el quinto. Hay que decir que el ronrroneo que se percibía antes de entrar era el de dar a esta corrida como triunfadora de la Feria. Para tal fin en el palco se sentó don Gonzalo Julián de Villa Parro, dado que la Delegación del Gobierno decide que ese señor puede acoplar sus posaderas ahí.

Paquirri II, torero de dinastía larga y fecunda, sobre todo en sus orígenes, fue iniciado en el toreo por su abuelo, Antonio Ordóñez, que si por un milagro reapareciese mañana, acababa con el cuadro. Ahora emula a Lagartijo el Grande en lo de ir haciendo una temporada de despedidas, “pasar la gorra por los pueblos” en feliz hallazgo de Frascuelo, que viene estupendamente en lo económico para encarar el futuro. Hoy, en el día de su adiós revivimos la primera vez que le vimos torear, hace veinte años, en la inauguración de La Cubierta en Leganés con José Miguel Arroyo y Ponce, con toros de Domingo Hernández, y la tarde de su confirmación, con los mismos y toros de Samuel, con aquel inolvidable tercio de quites en que padrino y testigo se enzarzaron como dos gallos ante la estupefacta mirada del neófito. Antiguallas. Hoy trajo a Las Ventas la evocación de su padre en sus hechuras, en su manera de caminar, en algún gesto y, por dinastía, en los ademanes que vienen de la excelente crianza de un torero a quien la gente del toro le rodea por todas partes, desde niño, educado en el seno de una potentísima y centenaria dinastía taurina. Baste con eso para dejar reseñado a Francisco Rivera, que a estas alturas da lo mismo si dio un natural de más o se cruzó un poco menos. Su último toro en Madrid, Investigadora, fue un bicharraco cornipaso, manso y fuera de tipo, más en Margarita Salas que en Juampedro, al que Paquirri II despenó con una estocada rinconera, en justo homenaje a su abuelo.

Castella venía como una moto. Tras sus fracasos en Sevilla y el de hace unos días en Madrid se ve que el hombre no quería dejar pasar la oportunidad de dar un golpe en la mesa reafirmando su validez para seguir en la parte alta del escalafón. Nos vamos a detener un poco en su toro, Hebrea, que es toro de hechuras acorde a su origen en el que en seguida se aprecia la calidad de su embestida y su falta de fuerzas. El animal es presto en acudir al caballo, las dos veces desde la media distancia, las dos veces recibiendo un picotazo meramente señalado. López Simón le hace su quite y lo tira al suelo por dos veces; luego el animal es alegre en banderillas, siguiendo a los peones. Si sería bien mandado que hasta cuando Viotti se lo lleva a una mano al burladero del 6 el bicho va como el que entra por la alfombra roja del Festival de Cannes. En la muleta, Hebrea es el prototipo del toro tonto tan del gusto del público de nuestros días: ni una mala acción, ni una mirada fuera de lugar, acude a los cites como vas al pescadero cuando te toca tu número, toro de una nobleza más bovina que brava, perfecto para eso que dicen de “estar a gusto con el toro”, porque cualquier condición relacionada con la fiereza o la personalidad simplemente no existía. Era este Hebrea de la misma condición que los que siguieron a Moisés camino de Canaán, siendo en este caso Castella quien hacía el papel del profeta. Y la buena nueva de este profeta no fue la de liberar al toreo de esa abrumadora uniformidad de modos y formas que lo asfixia, que el toreo de nuestros días es como esas colonias de chaletitos adosados todos tan insoportablemente iguales, sino la de aplicar las formas del toreo moderno al toro moderno. Castella se plantó a dar muletazos templados y ligados aprovechando a su favor las óptimas condiciones del toro para eso, y ya que los públicos demandan temple y ligazón, pensando que eso es el toreo, Castella a pachas con Hebrea dio todo el temple y la ligazón que su entendimiento fue capaz de dar. Comenzó con la canónica pedresina, siguió con una templada y ligada serie por las afueras, rematada con los adornos canónicos, otra menos ligada también bien despegada en la que tiene que recurrir a las carreritas de reposicionamiento y en la que hace un gran cambio de mano, otra serie por la izquierda algo torpona y trompicada, otra de redondos fueracacho, como la primera, rematada con estéticos adornos… las gentes disfrutan de lo lindo y el torero también, tanto que tira la muleta con lo que el suelo está regado por una montera boca abajo, un par de zapatilla y una muleta. Faena de muchos pases y muy poco toreo, en suma, en la que da un total de tres cambios de mano. Se queda en la cara al matar, cobra media estocada trasera y no se arriesga a fallar con el verduguillo por lo que deja junto a las tablas del 5 a Hebrea a que se muera cuando le venga en gana. Luego, la petición, los benhures de la mula dando un rodeo a 2 por hora y la oreja y, sorpresivamente, el pañuelo azul de la vuelta al ruedo al Hebrea, el señor de Villa Pardo sabrá por qué, pues esa vuelta no fue pedida por absolutamente nadie en la Plaza. 

Su segundo era otro cantar. Primero salió Hojeadora, castaño, al que se protestó algo por blando. Luego, cuando ya sin protesta alguna, la afición se resignaba con el toro, después de haberlo picoteado y de tres pares de banderillas sin haberse caído, el señor de Villa Pardo le sacó el pañuelo verde, pedido por nadie en la Plaza, él sabrá por qué. Salió León, número 39, de Salvador Domecq y ahí la cosa cambió: el toro no era un leviatán, pero no regalaba las embestidas, había que torear, poderle, dar ordeno y mando y ahí anduvo Castella mostrando su cara de impotencia y de ver que, hoy como ayer, la puertecilla grande del 1+1 se difuminaba en lontananza. No le salió nada de lo que ensayó y suplió su falta de recursos con su conocida táctica del arrimón, demostró de nuevo que se entiende mejor con la derecha que con la izquierda e incluso dio un invertido. Está claro que el toro con algo de problemas no es para él.

Y López Simón con su cerro de olvidadas Puertas Grandes de Madrid, que ya las quisiera el Juli para él, sigue en su línea en su particular descenso a los infiernos. Va acompañado de una buena cuadrilla. Ángel Rivas agarró un soberbio puyazo a su segundo, Decano, número 69, en su segunda entrada y en ese mismo toro Vicente Osuna y Arruga parearon con soltura y facilidad de buenos peones. Parece que los públicos hayan dado la espalda a López Simón y que lo que antes le era fácil ahora se le vuelve arduo. A su primero le planteó una faena basada en los mismos principios que la de Castella, a la que nadie hizo caso. En su segundo, que obligaba a tener que trabajar un poco, dio menos la cara y las gentes siguieron desentendidas de él. Da para poco más lo de Barajitas hoy en Madrid.

Al irse Paquirri II le despiden unos destemplados, agrios e innecesarios pitos, nítida expresión de ese odio social español que no tiene que ver con los toros, que está incrustado en el ADN nacional desde el Antiguo Régimen. Así somos y en los toros se nos conoce perfectamente.
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*Que practica la autogestión (hacer lo que a uno se le pone en los compañones) de Tito, el Juan Palomo del socialismo.

Las Ventas. La corrida de Jandilla en el objetivo de Andrew Moore


 "Hebrea" el excepcional toro de Jandilla, lidiado por Castella, y premiado con la vuelta al ruedo.


FERIA DE SAN ISIDRO 2017
MONUMENTAL DE LAS VENTAS

Viernes, 26 de mayo de 2017. Décima sexta corrida. Lleno de «No hay billetes». Toros de Jandilla y Vegahermosa (3º), encastados, con movilidad; el 2º, premiado con la vuelta al ruedo; buenos también 3º y 6º, un sobrero de Salvador Domecq (5º bis), con genio.

PAQUIRRI, de azul marino y oro. Pinchazo y descabello (silencio). En el cuarto, estocada (silencio).
SEBASTIÁN CASTELLA, de purísima y oro. Media arriba. Aviso (oreja). En el quinto, pinchazo y estocada. Dos avisos (saludos).
LÓPEZ SIMÓN, de negro y oro. Estocada (palmas). En el sexto, dos pinchazos y estocada. Aviso (silencio).

-- Fotografías de Andrew Moore --














viernes, 26 de mayo de 2017

Madrid. Ferrera y Escribano reciben el I Trofeo "Héroes del Toreo" del Círculo T. A. Dinastía Bienvenida



Antonio Ferrera apuntó que la cualificación heróica que se le atribuye a los toreros, quizás sea por ser consecuencia de sus actuaciones públicas y programadas, pero que, sin embargo, está convencido que los auténticos héroes son los que no se ven, los anónimos, los que en silencio y día a día, se sacrifican por los demás.



Dinastía Bienvenida blogspot
Madrid, 25 de Mayo de 2017
La reivindicación de la heroicidad implícita en el ejercicio del arte del torear ha calado hondo en el ánimo de los asistentes al acto de entrega del trofeo instituido por el Círculo Taurino Amigos de la Dinastía Bienvenida, "Héroes del Toreo", y que ha recaído en esta primera edición a los matadores Antonio Ferrera Manuel Escribano como toreros genuinos portadores de este atributo.

Al término de un almuerzo en el Gran Hotel Velázquez, de la capital de España, se celebró el ofrecimiento a los premiados en un brillante acto presentado y moderado por Juan Lamarca, vicepresidente 1º del C.T.A.D.B., que comenzó disculpando la ausencia de Miguel Mejías "Bienvenida" por un contratiempo de última hora al tiempo que se congratulaba por la reaparición del presidente de la asociación bienvenidista, el mejorado don Fernando Claramunt.


Juan Lamarca, se lamentó de las lamentables circunstancias sociales, mediáticas y políticas que contribuyen con su adoctrinamiento anti taurino al menosprecio del toreo y a la erosión del prestigio de sus intépretes, los toreros. Añadió que en una época pasada, en una España algo más decente que la actual, qué niño no soñó alguna vez con ser torero y tratar de parecerse a sus ídolos vestidos de luces en aquellos años donde se estimaba como heroicidad el enfrentarse al toro bravo generando la natural ejemplaridad y admiración en el común de los españoles. Es por ello, con la intención de recordar y resaltar la actitud heróica en la corrida, prosiguió, por lo que el Círculo Bienvenida acordó crear este premio y otorgarlo a los matadores Antonio Ferrera y Manuel Escribano por su dignísima trayectoria profesional ante reses íntegras de ganaderías encastadas, frente a las cuales la expresión "jugarse la vida" adquiere su real y mayor dimensión. Además le ejemplaridad de esto toreros en su afán de superación humana ante la adversidad y de gravísimos percances que les obliga a largos períodos de sufrida recuperación para reaparecer con mayor ánimo e ilusión, les hace objeto de la mayor admiración y respeto y del reconocimiento a su contribución al mantenimiento de  la Fiesta en alto grado de credibilidad y prestigio muy necesario en estos momentos.

El incombustibe "periodista de EFE", Juan Miguel Núñez, hizo una espléndida glosa de los méritos de los premiados, ofreciendo una auténtica disertación sobre la excepcionales y respectivas trayectorias de Ferrera y Escribano, sin olvidar mencionar aspectos emotivos y entrañables de ambos.

A ello también se sumó el extremeño Primitivo Rojas, la voz de la radiodifusión española y del cine nacional, que recitó a los heróicos toreros un magnífico poema a ellos dedicado.


Los trofeos fueron entregado por dos personalidades dignas del mayor aprecio por su bondad personal, y por su permanente apoyo en el plano social y cultural a la Fiesta de los toros. Manuel Escribano lo recibió de manos de Fernando del Arco de Izco, presidente del capítulo de Barcelona del C.T.A.D.B., y a Antonio Ferrera se lo entregó Manuel Torres presidente de  Gráficas Taurinas MT, de Baeza, artífice de las Jornadas taurinas más importantes del calendario español y promotor de la Corrida del Renacimiento de esa bella ciudad jienense patrimonio de la humanidad por su riqueza monumental e histórica.


Las palabras de Ferrera y Escribano fueron acordes al sentido trascendente del objetivo del premio recibido y de su justificación a través de los distintos intervinientes referidos. Con toda modestia afirmaban no sentirse como tales héroes sino que de la forma más consecuente y natural se juegan la vida de ese modo en atención a sus respectivos principios y valores que sustentan la firme y gallarda decisión de interpretar el toreo ante los conocidos y "rabiosos" hierros.


Es más, Antonio Ferrera apuntó que la cualificación heróica que se le atribuye a los toreros, quizás sea por ser consecuencia de sus actuaciones públicas y programadas, pero que, sin embargo, está convencido que los auténticos héroes son los que no se ven, los anónimos, los que en silencio y día a día, se sacrifican por los demás.


Por último, el aficionado salmantino, Diego Núñez, bienvenidista de familia, y coleccionista de obra taurina donó un cuadro con una pintura de Antonio Bienvenida, con destino al Museo Taurino de la localidad pacense de Bienvenida (Badajoz)

Finalizado el acto y de forma imprevista y espontánea "saltaron al ruedo" Manolo Torres y Lope Morales, fundadores de la Federación Taurina de Jaén, para imponerle a su paisano de Úbeda, Juan Lamarca, la Insignia honorífica de su entidad. Tras lo cual se ofrecieron saludos y abrazos con los espadas Antonio Ferrera y Manuel Escribano, por parte de los asistentes entre los que se encontraban, numerosos amigos y socios de Venezuela, México, y Perú.









Aplausos de bienvenida al reaparecido don Fernando Claramunt

Un gran toro lanza a un gran torero / por Paco Mora



“Barberillo”, otro toro de Alcurrucén que le ha abierto la puerta del Olimpo del Toreo a otro torero. Y ya son muchos los que le deben a ese hierro haberse situado entre las figuras. Ginés Marín ha tocado hoy el cielo con las puntas se los dedos gracias a la bravura, la casta, el temple y la acometividad de un ejemplar de lo más puro de Núñez que queda en la ganadería brava española.


Un gran toro lanza a un gran torero

“Barberillo”, otro toro de Alcurrucén que le ha abierto la puerta del Olimpo del Toreo a otro torero. Y ya son muchos los que le deben a ese hierro haberse situado entre las figuras. Ginés Marín ha tocado hoy el cielo con las puntas se los dedos gracias a la bravura, la casta, el temple y la acometividad de un ejemplar de lo más puro de Núñez que queda en la ganadería brava española. “Barberillo” ha repetido incansable por abajo, queriéndose comer la muleta con el hocico por delante, y el jerezano Marín ha sabido estar a la altura de la calidad de semejante joya, templando sus embestidas en una faena electrizante, completa pero muy medida.

Cuatro pases más y posiblemente se hubiera enfriado un tanto el ambiente, porque todos los toros, por muy bravos que sean, tienen su medida y hay que saber volcarse en el morrillo y meterles la espada en el momento justo. Y ese momento es cuando el público vibra como ha vibrado hoy el de Las Ventas con ese “Barberillo”, que no era el de Lavapiés de la zarzuela, sino el sueño de un mozo vestido de luces que buscaba la gloria entregándose en cuerpo y alma con la verdad por delante. Triunfo grande y puerta grande para otro torero joven, que se veía venir desde que se doctoró y el triunfo definitivo le ha llegado, precisamente, en el día de su confirmación en Madrid. ¿Puede un torero acariciar un sueño más ambicioso? Las lágrimas que se le saltaban a ese picador recio y curtido en mil batallas que es su padre, decían a gritos que no.

Pero la corrida, en general, ha sido interesante. También El Juli ha estado a punto de abrir la puerta de la Calle de Alcalá. Lo que ocurre es con el de Velilla de San Antonio nunca se sabe quién pone más en sus triunfos, si el toro o el torero. Y es que aUn gran toro lanza a un gran torero Paco Mora Julián López le valen tantos toros que es muy difícil dictaminar porcentajes de mérito en sus éxitos. El Juli está viviendo una plenitud asombrosa, en la que su capote y su muleta son la prolongación de sus brazos, como las alas lo son del cuerpo de las mariposas. Pero hoy la espada ha tenido vida propia y le ha dicho a este general de cuatro estrellas del toreo: “Anda Julián, deja hoy a ese chiquillo que goce él solo las mieles del triunfo… Que al fin y al cabo es hijo del Cuerpo”. Y Julián ha sonreído, le ha guiñado el ojo a la empuñadura de su toledana, y ha contestado por lo bajini: “Ea, pues que así sea…”.

Álvaro Lorenzo ha saludado en el tercio la faena de su confirmación y con más acierto con la espada es probable que hubiera tocado pelo. La corrida, brava y encastada en su conjunto, pero sobre todo de esas que mantienen la atención de los espectadores en lo que ocurre en la arena. ¡Albricias! Hoy el público de Las Ventas se ha asemejado más al que corresponde a una gran capital como Madrid. ¿Habrán tomado Orfidal los “reventadores” de los días anteriores, antes de marchar a la plaza? Pues que dure la alegría…

PASO A LA JUVENTUD / por Antolín Castro


 Podríamos darnos igual que fuera otro, pero no es así.
-- Fotografía: Andrew Moore --

PASO A LA JUVENTUD

S.I.17.- Cuando arrastraban al quinto de la tarde se tenía la sensación de que los veteranos, no les vamos a llamar viejos, están agarrados a la poltrona y no la sueltan así caigan chuzos de punta.

Así es, El Juli que era ‘el viejo’ del cartel había cortado una oreja del segundo y perdido otra del cuarto. Digamos que por decisión presidencial el orden de lidia se alteró para que Julián no matara dos toros seguidos, arbitrando el mecanismo de confirmo/me devuelven los trastos, confirmo/me los vuelven a devolver. De ese modo se programó el orden, aunque todos hayamos presenciados festejos con dos confirmaciones o dos alternativas, sin importar tanto en qué lugar debe torear el padrino. Cosas de la moderna tauromaquia.

Lo dicho, el de Velilla se estaba llevando de calle el resultado del festejo; Álvaro Lorenzo, el primer confirmado, no se le había subido a la ‘chepa’ al padrino, aunque material tuvo para subirse o, al menos poder estar a su altura. Discreto estuvo el toledano, sin apretar el acelerador en ningún momento, aunque mantuvo un aire académico que finalmente dijo muy poco.

Pero salió el sexto, y a las buenas condiciones para la muleta que habían presentado sus hermanos, éste las superó con creces. Una máquina de embestir por ambos pitones. Ante él Ginés Marín sí apretó el acelerador y ligó series por ambos pitones que pusieron los tendidos a su favor. Más allá de estar mejor o peor, para gustos los colores, mantuvo el ritmo que le pidió el toro, que era exigente por su codicia y nobleza, basado en la buena expresión y empaque que tiene al torear, sobre todo con la mano izquierda. Remates variados iban terminando cada serie mientras se elevaba el peso de la faena que en todo momento tuvo al público en tensión. Finalizó con naturales de frente que pusieron la guinda al pastel

Cuando llegó la hora de matar la plaza se volcó con él, y lo que fueron sucesivos fallos en su primero se tornó en una estocada hasta la bola y sin discusión en este último. Rodó el toro y flamearon pañuelos por todas partes hasta conseguir que se le concedieran las dos orejas que le abrían la puerta grande. El relevo se había consumado: Paso a la juventud… pero, decimos nosotros, en serio no con cuentagotas.

El Juli estuvo mejor en su segundo que en su primero, relajó su cuerpo y diseñó muletazos de buen trazo y naturalidad, esa condición que tanto se le ha negado al de Velilla, y con razón. La espada le privó de acompañar a Ginés en la salida triunfal. En el que cortó la oreja fue El Juli de siempre, con su retorcida forma de torear y la culminación con el correspondiente julipié. De Álvaro Lorenzo ya lo hemos dicho todo, pudo pero le faltó convencimiento, ambición. Los toros de Alcurrucén ofrecieron sus orejas y sólo se cortaron tres.

Ginés Marín se convierte en el triunfador del serial… de momento. El sábado de nuevo volverá a hacer el paseíllo.

15ª de San Isidro en Madrid. Confirmación de superlujo: magistral El Juli y cumbre Ginés Marín que abrió la Puerta Grande / por J.A. del Moral




Dos importantes faenas de El Juli que cortó una oreja del segundo toro de Alcurrucén y pudo cortar otra del cuarto si no hubiera fallado con la espada, ambas reses con muchas teclas que tocar. Y un faenón pluscuamperfecto de Ginés Marín al sexto, el mejor toro de la encastada corrida y de cuantos llevamos vistos hasta ayer del que cortó dos orejas. También anduvo cerca del triunfo Marín con el tercer toro, pero falló con la espada. Esta prematura consagración como figura del extremeño fue la indiscutible ratificación de lo que venía anunciando desde sus primeros pasos novilleriles. Marín es, con mucho, el mejor de los nuevos valores. Los toros que le correspondieron al también confirmado Álvaro Lorenzo tuvieron el defecto de tardear en exceso. Mejor el quinto que el que abrió plaza que no terminó de desplazarse. Con ambos anduvo resolutivo y firme aunque no fue su mejor tarde. Por primera vez en esta feria, los espectadores salieron de la plaza más que satisfechos. Ya era hora.


Confirmación de superlujo: magistral El Juli y 
cumbre Ginés Marín que abrió la Puerta Grande

J.A. del Moral· 26/05/2017 
Madrid. Plaza de Las Ventas. Jueves 25 de mayo de 2017. Decimoquinta de feria. Tarde calurosa con casi lleno.

Seis toros de Alcurruén, bien aunque desigualmente presentados y armados. Dieron vario juego con el denominador común de la casta y de la nobleza en distintos grados. Brioso aunque de viajes cortos con remates por alto el primero. Franco aunque tardo y sin clase el segundo. Huidizo en su salida, justito de fuerza y a mejor en la muleta el tercero. Noble aunque justo de fuerza y tardo el cuarto. Casi lo mismo el quinto. Y realmente extraordinario por todo el bravo, encastado y muy noble sexto al que debieron premiar con la vuelta al ruedo.

El Juli (teja y oro): Estocada rinconera, oreja. Pinchazo, casi entera y descabello, gran ovación.
Álvaro Lorenzo (celeste y oro): Estocada de rápidos efectos, ovación con saludos. Buena estocada, ovación con saludos.
Ginés Marín (nazareno muy obscuro y oro): Pinchazo, otro muy hondo y descabello, aviso y ovación con saludos. Gran estocada, dos orejas con vuelta clamorosa y salida de la plaza en hombros por la Puerta Grande.
Tanto en la brega como en banderillas sobresalió José Antonio Carretero.


Por fin rompió la feria por todo lo alto. Toros encastados con fuerza suficiente y variada manejabilidad, destacándose de los seis el último de la tarde que fue para cantarlo en latín. Y esta vez más que aprovechado por Ginés Marín que anduvo a la altura del fuerte compromiso. Toro en tipo, sin exceso de kilos, algo ensillado y escurridito por detrás. Los listos le protestaron en su salida. Luego tuvieron que callar e imagino que celebrar lo que vino a continuación. Resultó casi inédito en recibo con el capote – solamente dos verónicas y media de Ginés Marín -, bravo y yendo de lejos en los dos aliviados puyazos, pronto en banderillas y, señores, de altísima nota por su gran clase y durabilidad en la muleta. Propiciando un faenón absolutamente redondo, limpio como una patena, cristalino por su trazado clásico, soberano por cómo fue desgranándose en rondas largas y perfectamente ligadas dentro de la más pureza y recreada elegantísimamente por el ya confirmado Ginés Marín. Con naturalidad, temple y gusto exquisitos. Faena para enmarcar y para recordar que pasará nítidamente a la historia del joven extremeño, dotado por Dios con la varita mágica de los elegidos. La inició sin tanteos por naturales y la cerró de igual guisa a pies juntos citando frontalmente después de hartarse de torear maravillosamente por redondos ligados a largos de pecho con toda la gente en pie. Y para nada empalagosa porque toda ella la fue trazando con naturalidad y con una perfumada frescura que nos transportó a la gloria. La gran estocada con que mató dio paso a una clamorosa y unánime petición de las dos orejas que fueron concedidas de inmediato. Por haber acontecido frente al último toro de la tarde, de la apoteósica vuelta al ruedo, Ginés pasó de seguido a traspasar la Puerta Grande en hombros rodeado por una multitud extasiada, rendida y apasionada. Un triunfo de los que hacen época.



Ya se había mostrado Ginés Marín enorme frente al tercer toro que dio un juego de creciente manejabilidad pues resultó huidizo de salida, simplemente cumplidor en varas, a más en banderillas – muy bien carretero con los palos – y aunque justo de fuerza, duradero en la muleta que tomó con nobleza por los dos pitones, quizá un puntín tardo por el derecho, pero dando la oportunidad de lucirse el matador con el toreo fundamental y bellos adornos que terminaron con bernardinas precedidas por un pase de las flores. Fue una pena que Ginés fallara a la hora de matar, dando lugar a que sonara un aviso. No obstante, la ovación que saludó desde el tercio fue premonitoria de lo que acontecería después.



El doble padrino actuó sucesivamente en los toros que siguieron a las dos confirmaciones. Me pareció bien porque si lo hubiera hecho en los dos primeros toros, El Juli hubiera tenido que matar dos seguidos. Con ambos oponentes, que tuvieron mucho que torear y no pocas teclas que tocar, El Juli aleccionó a sus dos apadrinados con dos faenas magistrales y tan resolutivas como especificas en toda la extensión de la palabra porque en las dos tuvo que enseñar a embestir a los dos toros, puliendo soberanamente sus defectos que desaparecieron como por arte de magia en las privilegiadas manos del gran maestro desde su también privilegiada inteligencia. La lidia que llevó a cabo Julián López fue impecable. Ni un paso de más ni uno de menos. La exactitud en todo su esplendor. Tras matar de estocada desprendida al segundo toro, la oreja cayó entre la alegría del respetable.


El fallo a espadas en el cuarto impidió que cortara otra y de haber podido acompañar a Ginés Marín en su salida a hombros. Este fallo calmó los sonoros e impertinentes intentos de los sietemesinos, enrabietados contra El Juli durante toda su segunda faena, tratando de arruinar su obra porque temían que pudiera salir a hombros. ¡Qué gentuza!


El joven toledano Álvaro Lorenzo no contó con ninguno de los mejores toros del envío. Deslucido el que abrió plaza por quedar corto de embestidas y derrotar alto el final de sus viajes. Estuvo muy valiente y hasta se pasó de rosca en un baldío arrimón al final de su faena en la que hubo de todo, incluido un desarme. La estocada con que mató tuvo rápidos efectos y Álvaro saludó una cariñosa ovación. Otra de mayor duración e intensidad escuchó tras matar esta vez muy bien al bravo quinto que esperó demasiado en banderillas y llegó a la muleta noble aunque tardo. No obstante, Lorenzo pudo engarzar buenas rondas con la mano derecha y una al natural a base de empeñoso valor. Pero no fue esta vez Lorenzo el lúcido y sencillo gran intérprete de sus mejores tardes.