la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

miércoles, 3 de junio de 2020

Termina el coronavirus pero la estafa socialista continúa / por Eulogio López

Sánchez, Illa y Simón

¿Para que ha servido el confinamiento “más drástico de Europa”? Para que España sea el país con más muertos de Occidente y para reforzar el poder de Sánchez.

Termina el coronavirus pero la estafa socialista continúa

Eulogio López
Hispanidad / 3 Junio 2020
Compararse con otros países no sirve de nada, vino a decir el martes 2 el doctor Fernando Simón, espejo público de la gestión del Gobierno Sánchez con el coronavirus y que ha pasado de dramático a patético a lo largo de casi tres meses de comparecencias casi diarias. De héroe a ridículo y con sospechas de villano.

Hombre, las comparaciones son odiosas pero sí que sirven, doctor simón. Sirven, por ejemplo, para saber qué método ha sido más eficaz según cada país.

Eso sí, Marlaska se ha visto obligado a paralizar su campaña de censura ante el escándalo Pérez de los Cobos. Pero no dimite 

Porque el jefe de Simón, el ministro Salvador Illa, sigue diciendo que está orgulloso de que nuestro confinamiento haya sido “el más drástico de Europa”. Pues ya vemos para qué ha servido: si comparamos, que es lo que usted no hace jamás, doctor, contagiados y fallecidos por millón habitantes entre los países confinados, sobre todo lo de nuestro entorno, los de mayor tránsito (ver cuadro), resulta que España, el arresto domiciliario “más drástico de Europa”, tiene más infectados y más muertos que nadie (y más sanitarios contagiados). En otras palabras, que el confinamiento duro no funciona.

La segunda gran mentira es más prosaica y, por fin, los medios han reparado en ella: el gobierno socio-podemita ha reducido el número de muertos porque sí, hasta el punto que los muertos del Instituto Carlos III (del Ministerio de Ciencia) hablan de 43.000 (los mismos que el cómputo de pensiones o el cómputo de las funerarias o el cómputo d algunas autonomías) mientras el doctor Simón sigue hablando de 27.000 fallecidos por coronavirus.

El sofisma de Simón. Ahora que el virus declina asegura que las comparaciones no sirven para nada.

Y la tercera mentira de la estafa socialista en la gestión del coronavirus es que, como consecuencia de las dos mentiras precedentes el arresto domiciliario masivo es lo que ha vencido al virus. ¡Venga ya! Al Covid-19 le han vencido tres elementos. A saber:

1. Que el coronavirus ha decaído por sí mismo, como decayeron sus hermanos mayores de 2003 y 2009.

2. Que nuestro organismo está venciendo al virus con los distintos tipos de inmunidades (no sólo la humoral sino también la celular). Como siempre y con todos los virus.

3. Que el calor ha desanimado su mortalidad. 

La tragedia del coronavirus se ha convertido en España en la gran, grandísima, estafa de Pedro Sánchez. Entonces, ¿para qué ha servido el confinamiento “más drástico de Europa”? Para que España sea el país que con más muertos y, atención, para reforzar el poder de Sánchez.

Eso sí, el ministro Grande-Marlaska, uno de nuestros peores ciudadanos, se ha visto obligado a paralizar su campaña de censura ante el escándalo Pérez de los Cobos. Pero no dimite. Se trataba de meter entre rejas o recluir al silencio a todo aquel que no acepte los postulados de la ideología de género, Todo ello con la arma jurídica de los delitos de odio y con la extensión de la panoplia habitual de victimismos de la progresía moderna: mujeres y LGTB, principalmente.

En cualquier caso, en España, el coronavirus, sufrido como en ningún otro país de nuestro entorno, ha resultado una grandísima estafa de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias.

Lidiar o morir / por Jorge Arturo Díaz Reyes

Esta pandemia, que ha causado una crisis global sin precedentes (extrema), exige al toreo su palabra. Enfrentarla como es, con sus propios recursos y cánones, y si ha de morir en ella, que sea en su ley. Ahí está su historia reclamándolo.

Lidiar o morir

Jorge Arturo Díaz Reyes
Crónica Toros / Cali junio 2 de 2020
En circunstancias extremas, reacciones humanas extremas. A límite, lo mejor y lo peor de la gente aflora. Fisiológico; la adrenalina toma el control. El cuerpo amenazado se dispone a la defensa o al ataque. Lo instintivo desborda lo racional y el mono desnudo sale de su recién adquirido ropaje mostrando los colmillos.

El hambre mortal induce al despojo, al asesinato, al canibalismo. El pánico a la estampida, el atropello, el aplastamiento de los débiles y los caídos. La regresión, al saqueo, la violación, la masacre. No es necesario citar ejemplos. ¿O sí? De balsas de náufragos, de multitudes huyendo, de hordas al asalto…

Pero aun en estos trances, pese a la gran fuerza interna de la biología (millones de años evolutivos), lo humano lucha por modular el comportamiento. Desde el hipotálamo, los civilizados reflejos autorrepresivos (no tanto la razón, que frecuentemente sirve a lo inhumano) luchan por oponer al desafuero contención, piedad, honor. ¿Vale otro ejemplo? El toreo.

Es una circunstancia extrema. En inferioridad física, un hombre armado solo con un trapo y un estoque de juguete, limitado por unos códigos éticos y estéticos, debe, ante una multitud de testigos-jueces, ofrecerse, someter al toro y a su propio miedo. No solo con decencia sino con belleza, y apenas en la suerte final atacar, pero de frente, dejándose ver, cruzando armas y a vida por vida.

Esta pandemia, que ha causado una crisis global sin precedentes (extrema), exige al toreo su palabra. Enfrentarla como es, con sus propios recursos y cánones, y si ha de morir en ella, que sea en su ley. Ahí está su historia reclamándolo.

Y cuando hablamos del toreo, hablamos de todo cuanto significa. No solo de lo pertinente al espectáculo-negocio-industria, que junto a la política (partidismos) parecen por estos días las únicas preocupaciones de los analistas. Claro, el empleo, el dinero, el poder importan, mucho. Y más el ejercicio de la libertad, la igualdad y la legalidad.

Pero antes importan, la identidad, el ser, los principios que no pueden encomendarse a las desesperadas peticiones de ayuda ni a “salvadores” de ocasión. Si la tauromaquia sobrevive a esta calamidad, y seguro que lo hará, como lo ha hecho por milenios frente a muchas otras, lo tendrá que hacer como antes, por sí misma, unida y sin vender su credo...

Sin plañir, incordiar ni rabiar. Actuando sobre la realidad, adecuándose a ella. Reiniciando con lo que hay: La afición, los toros, los toreros, la infraestructura. La corrida de pago televisada. Las magras concurrencias que permita la salubridad. Los costos acordes a los reducidos ingresos. Y la cuota de sufrimiento repartida con justicia entre cada uno de los que quieran seguir manteniendo el culto.

Si para ello los taurinos de hoy requieren inspiración, les convendría mirar atrás, abrir el Cossío y releer como lidiaron con la adversidad todos los que sacando lo mejor de sí honraron por siglos la fiesta y la vida.

Irene Montero, la favorita del matón de Podemos / por Eduardo García Serrano


El discurso de la favorita es tan leve y tan tópico que ni siquiera irrita a sus enemigos, produce fatiga y risa. Ni siquiera asco, sólo risa cansina. Ella es el mocho de la fregona dialéctica que la pobre saca cada vez que el matón ejerce de perdonavidas en el Congreso.

Irene Montero, la favorita del matón de Podemos

EDUARDO GARCÍA SERRANO
El Correo de España - 2 Junio 2020
Su boca desdeñosa chorrea vanidad. Tan crecida en su papel de favorita ocasional del chulo de taberna que, sin tener media estocada, gallea como un matón calabrés, Irene Montero se envanece en su oquedad intelectual desde la magistratura ministerial, tan vacua y prescindible como ella misma, que su compañero de tálamo, amo y señor de Podemos, le ha regalado para tenerla entretenida mientras a él se le mueren los ancianos en las residencias, tal y como a su abuelito se le morían los fascistas en las tapias, en las cunetas y en los sótanos de las chekas, y como a su papá se le morían los policías y los guardias civiles en los panfletos de propaganda del FRAP.

El discurso de la favorita es tan leve y tan tópico que ni siquiera irrita a sus enemigos, produce fatiga y risa. Ni siquiera asco, sólo risa cansina. Ella es el mocho de la fregona dialéctica que la pobre saca cada vez que el matón ejerce de perdonavidas en el Congreso. Se siente obligada a hablar, como otras favoritas se sienten obligadas a otros menesteres, para reafirmar su statu quo, renovar su permiso de residencia en el lujo proletario de Galapagar, bracear en la nada de su ministerio-mercería y en el vacío del escaño que llena de baba y de gansadas feministas, y que también le regaló el chulo que pastorea la alcantarilla podemita con el fino olfato de los poceros para avizorar los excrementos reutilizables. Esa es la dote de su coyunda sin velo ni cola de novia. Ni el Padre Ángel se atrevería a casarla no fuera a aparecer por el akelarre ceremonial Rita Maestre para meterlo a hostias en la sacristía de las pateras, llena de okupas y rataflautas saqueando el cepillo y los cálices para hacer botellón en la narcoparroquia que regenta como Monipodio regentaba su célebre patio sevillano.

Irene Montero se solaza y se ufana en el gozo de ser la favorita, y para no perder sus prebendas mira para otro lado cuando el rumor de alcoba le retuerce la cornamenta porque el silencio y la ignorancia fingida son más rentables que el despecho y el desgarro. De la hortera poligonera a la cayetana de Serrano, todas las favoritas saben que en su mutismo de damas bobas están los títulos de propiedad y las escrituras inmobiliarias.

Al día siguiente de que su churri se soltase la coleta en el Congreso para poner en fuga a Iván Espinosa de los Monteros, acusándole de ser un golpista sin huevos, Irene se puso el mocho en la lengua denunciando que todos los que no estamos en su alcantarilla política pernoctamos en los cuarteles y engrasamos las orugas de la Acorazada para echarla a ella del palacete de Galapagar y de su ministerio-mercería. ¡!Pobrecilla¡!, no vale para engalanar la taquilla de un recluta y cree que es la musa de la Acorazada.

Aunque algunos, es cierto Irene, sí tenemos sueños platónicos, en sentido estrictamente filosófico, con lo que tu coleta y tú representáis, con la vileza que encarnáis y con la amenaza que suponéis. Decía Platón que “solo se puede cuidar y sanar el alma de un tirano matándolo”. Hay que ver cómo se las gastaba el padre del Pensamiento Occidental. Amén.

martes, 2 de junio de 2020

COLOMBO A LO SUYO... CAMPO Y TOROS

 En tiempo de pandemia y esperando tiempos mejores, Jesús Enrique Colombo no ceja en su empeño de salvar la inactividad taurina forzosa, y ahí sigue pensando y viviendo en torero. Campo y toros es lo fundamental que le mantiene fino y exacto como un reloj suizo. Ayer tocó, en la finca alcarreña de Valtaja, propiedad del exmatador de toros Eduardo Flores, de Galápagos (Guadalajara).

Y allí, en la magnífica plaza cubierta que lo libró del fuerte chaparrón, Colombo se las entendió con un toro de Torres Gallego, y un novillo de Dos aguas; sendos marrajos que pusieron a prueba la capacidad del tachirense que los superó a base de valor y oficio logrando incluso artísticos pasajes en su impecable labor acompañado de su cuadrilla, Agustín Serrano y José Manuel Mas y también del novillero Reinaldo Gil "El Táriba".

Su apoderado José Ignacio de la Serna tomó buena nota de la actuación de Colombo, y el fotógrafo Sergio Recuero, excelente 'Recortador de Toros', dejó testimonio gráfico de esta "tarde de toros" que se culminó con un paseo por el campo para ver el ganado que Eduardo Flores tiene apartado. Había de todo pero a los dos de mas cara y cuajo, ejemplares del hierro de José Vázquez, les "echó el ojo" Colombo y dijo al ganadero: ¡Esos dos colorados son para mí!
Alguien comentó: qué suerte han tenido esos toros, les ha tocado Colombo en lugar de ir al matadero.

Redacción 'Del toro al infinito'
Fotografías: Sergio Recuero
Madrid, 2 Junio 2020








Reinaldo Gil "El Táriba"

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Galería Gráfica: La Loma


Juan Lamarca



 Colombo entre Agustín Sera¡¡no El Táriba

 Toros para Colombo




La Tauromaquia necesita acometer su revolución interna, su cambio de ciclo / por Antonio Petit Caro

De Perea a Picasso dos visiones de la misma Tauromaquia, 
desde lo más añejo a la modernidad.

Por más que el principio ignaciano recomiende que "en tiempo de desolación nunca hacer mudanza", la dramática época que atraviesa en estos momentos el conjunto de la Tauromaquia obliga a repensar entre todos muchos aspectos del mundo del toro que van más allá del temple y la bravura. No hay más que comprobar las enormes dificultades que se atraviesan por la pandemia que nos asola, cuyos efectos seguirán siendo notorios cuando al virus se le domine. Afrontar una reforma en profundidad del conjunto del sector constituye hoy una tarea urgente.

A partir de un profundo cambio de mentalidad
La Tauromaquia necesita acometer su revolución interna, su cambio de ciclo

Antonio Petit Caro 
Taurología, 1 Junio 2020
Frente a la profunda crisis económica y social que se nos viene encima, que ya tenemos sobre nuestras cabezas, el mundo del toro tiene que reinventarse, si no quiere que el oleaje creciente y bravío se lo lleve por delante. Las viejas fórmulas, que vienen desde el siglo XIX, ya no dan opción para sortear los problemas actuales.

Profundamente decepcionados con la postura del ministerio de Cultura --en general, con todo el Gobierno--, sobre el que a la vista de experiencias anteriores no cabía desde el principio abrigar demasiadas esperanzas, ahora son ya varias las Comunidades Autónomas más sensibles con la Tauromaquia las que envían un mensaje común y lleno de lógica: “póngase todos ustedes de acuerdo en el Sector y nos trasladan su propuesta para que les ayudemos”.

Tocan así el punto más complejo del mundo del toro: su falta de unidad de criterios y de acción. Este es un sector que históricamente se ha compuesto de numerosas individualidades, muchas de ellas muy brillantes; pero con ninguna cultura de trabajo en común. De hecho, el último intento de actuar conjuntamente fue la Mesa del Toro, que acabó como acabó, de malas maneras y rompiendo todo lazo de unidad. Ahora la Fundación del Toro de Lidia ha recibido la encomienda de ser la cara visible a efectos de negociación por la crisis; pero es que en torno a la propia FTL tampoco se reúne el suficiente grado de implicación como para ser la punta de lanza de todo el sector y menos cuando se trata de abordar asuntos estructurales.

Una cosa está clara: en el mundo actual ir de verso suelto, frente el maremágnum de problemas que hay que solucionar, resulta tanto como apostar por la ineficacia, por no decir que por el fracaso. Es la lección que el sector nunca ha aprendido. A lo mejor porque es algo consustancial con el arte y la cultura, que en cualquiera de sus disciplinas siempre se ha sustentado en la “soledad creativa del artista” frente a su obra. Sea éste en nuestro caso, sublimar el arte con un grandioso natural, sea conseguir ese toro soñado; pero hoy la soledad no ofrece las agarraderas necesarias para salvar una crisis desconocida hasta ahora por todos en su gravedad y en su dimensión.

Por eso estamos ante la tesitura de tener que reinventar al mundo del toro, algo que es posible, que debe hacerse y que es compatible con todo el respeto debido a las leyes fundamentales y a las históricas de la Tauromaquia, incluso con las tradiciones. La cuestión no radica, por ejemplo, en si una puya debe ser así o asá; o si las cuadrillas las deben integrar 5 ó 9 profesionales. No digo que sean asuntos marginales; lo que afirmo es que esas, como cualquiera otra de las normas reglamentarias, no dejan de constituir una mera anécdota si se compara con la crisis actual.

La revolución de la normalidad

Sin el indudable trasfondo ideológico que se esconde detrás de ese lugar común creado por el Gobierno Sánchez-Iglesias de que caminamos hacia una “nueva normalidad”, como si la normalidad tuviera “fases” --la palabra de moda-- o fuera la “tierra prometida”, la Tauromaquia lo que necesita es normalizarse, esto es: constituirse en una actividad creativa y de negocio que opera como todos los demás agentes sociales y económicos. El mito de que se trata de una singular actividad diferente a todas, será mejor guardarlo en el baúl. Por esa vía no llegamos más que a una cierta visión folklórica, en la peor de sus acepciones. 

La realidad es que lo único que supone singularidad, y no es pequeña, radica en formar parte de la Cultura española, como una más de sus disciplinas, y que tiene sus propias reglas y contenidos. Pero en todo lo demás, ha llegado la hora de ajustarnos a las normas convencionales de toda actividad humana, o lo que es lo mismo: cumplir las reglas convencionales del mercado y del trabajo, de la oferta y de la demanda.

En este sentido, normalizar supone en primer término traducir en convencionales las propias estructuras del mundo del toro. Las organizaciones taurinas, de sus distintos sectores profesionales, del propio negocio, en fin, no tienen razón alguna hoy en día para resultar “atípicas”: debieran responder a las normas habituales de toda actividad de negocio, ya sean artísticas, ya de cualquier otra naturaleza. Nuestra pasión total por la Tauromaquia no nos hace diferentes y por ello nuestras estructuras debieran responder a la de todos los demás. 

Qué nuestro arte esa efímero y en vivo, que al realizarlo en cualquier de sus facetas se materializa de forma irrepetible y poniendo en riesgo la propia vida…, todo eso, teniendo tantos valores, no resulta suficiente para que considerarnos distintos a todos los demás en cuanto se refiere al desarrollo de la propia profesión. Esas son sencillamente nuestras señas de identidad, que es lo que nos hace inconfundibles; por tanto, no constituimos un caso a parte. 

Algunos ejemplos 

En este sentido, normalizar supone, por ejemplo, tener una normativa laboral como la de todos, por más que se especifique la naturaleza de la actividad a desarrollar. Y esto obliga a estudiar si las definiciones laborales y sociales establecidas del Convenio Colectivo resultan las más idóneas para el siglo XXI. Ahora con la pandemia se ha comprobado, por ejemplo, que no les resultan de aplicación las medidas de protección social que corresponden a la generalidad de los trabajadores autónomos. 

Por eso, nada ocioso se haría si se revisara si, en el caso de las cuadrillas, la figura de “trabajadores por cuenta ajena en el marco de una relación laboral especial de artistas en espectáculos públicos”, resulta la más adecuada. Pero otro tanto ocurre con la singularidad de su acceso a los beneficios de la Seguridad Social, que hoy quedan pendientes del número de festejos en los que se actúe según declare el empresario de turno. Aquí no se trata de recortar derechos sociales de nadie; se trata, por el contrario, de incorporarlos de una manera eficaz a los sistemas ordinarios que se aplican a la generalidad de los trabajadores, sean autónomos o sean por cuenta ajena. Y no por eso nadie debiera sentirse desprotegido: para eso están los Convenios Colectivos que hasta tipifican los abusos y las prerrogativas.

Pero si miramos hacia los empresarios, tampoco estaría de más revisar la gestión corporativa del sector. Por ejemplo, en mayo de 2004 se comunicó oficialmente el ingreso de ANOET en la CEOE; ahora sin embargo ya no aparece en la lista de asociados a la gran patronal. ¿No era su sitio, quizás? Pues a lo mejor. Desde luego, no aportaba la representación de todas las sociedades mercantiles que operan en el mundo del toro, cuando ya, por ejemplo, en el escalafón de matadores de toros muchos actúan precisamente a través de sus propias pymes, cuando no son autónomos. Sin embargo, hay otras organizaciones, además de la CEOE, que sí reúnen a empresarios medianos y pequeños con trabajadores autónomos. Cuando se trata de dar una cobertura corporativa adecuada para todo el sector, tan diverso como es, buscar un encaje idóneo en esta materia puede suponer un hecho relevante. Entre otras cosas porque facilitaría algo nada desdeñable: crear conciencia de pertenencia al sector, implicarse en él. Y hay fórmulas jurídicas para contar con paraguas protector. 

En el mundo económico, sabido sobradamente es, reina la ley de la oferta y la demanda, por más amortiguadores que se le quieran poner ante una aplicación radical de tal principio. El mundo del toro no puede obviar esta realidad a la hora de enderezar sus cuentas. Todo ello conjuntado con un principio básico, pero que parece olvidado: el reconocimiento del mérito. Si introducimos esos tres conceptos --oferta, demanda y mérito-- en una coctelera, debiera salir la fórmula adecuada para redistribuir los dineros, que son limitados y ahora además en acusado retroceso. Mientras no acertemos en la combinación, seguiremos de susto en susto.

En la modernidad, que a estos efectos a comienza casi en el nacimiento del siglo XX, ausente de la normalidad soñada hay que situar esa mescolanza --en la actualidad creciente-- en virtud de la cual una misma persona es la vez apoderado, empresa y hasta ganadero. Casi solo le falta actuar también como mulillero, para ahorrarse un sueldo. Es cierto que aquí nos topamos con el artículo constitucional de la libertad de empresa y del empresario; pero pese a ello fórmulas hay --que el Derecho es muy rico en matices-- para evitar la excesiva concentración del poder taurino en muy pocas manos. Antes estábamos acostumbrados por la propia historia a que en este mundo mandaba siempre aquel torero que tenía tanta fuerza en la taquilla que era capaz de organizar a su puerta una fila de empresarios, dispuestos a aceptar todas las condiciones que se le pusieran y a vertebrar una temporada. Hoy, sin embargo, los cupos de fuerza están muy repartidos y, además, desigualmente. Reconstruir un punto de equilibrio en este juego de intereses también forma parte de la normalización de la Tauromaquia.

Mejor gestionado corporativamente anda el sector ganadero, con el aquel de que en muchos aspectos depende de las legislaciones generales agrícolas y ganaderas. Pero no por eso está carente de problemas y dificultades. Cuando las circunstancias exógenas, como las actuales, obligan a un criador de reses bravas a vender sus toros a precio de Matadero, hay algo no funciona bien. Y quien pierde es España. La crianza de bravo tiene que ser reconocida como lo que es: la perpetuación en el tiempo de una riqueza genética, que es única; pero otro tanto ocurre con el mantenimiento de las dehesas, inigualable riqueza medioambiental de España, escudo natural frente al cambo climático.

No pueden faltar unas palabras sobre la contratación con las Administraciones públicas. ¿Por qué los concursos de adjudicación de la explotación de una plaza de toros deben regirse por unas atípicas normativas a la hora de condicionar el desarrollo del negocio por parte del adjudicatario? ¿Qué fundamento tiene que, por ejemplo, un Ayuntamiento decida de antemano condicionar la adjudicación a qué toreros y qué ganaderías debiera contratar un empresario --que es quien arriesga su dinero-- para sus ferias? Podría pensarse que se trata de defender los derechos de los abonados, pero los abonados se defienden solos con la mejor arma que tienen: adquirir o no el abono. 

Pero otro tanto cabe decir a la hora de establecer las cuantías de los cánones de alquiler, cuando se trata de una actividad llena de incógnitas, desde si llueve o no, hasta de la situación propia de los toreros: si un toro lo mandó a la cama y causa baja, si una corrida seleccionada se deslavaza en el campo… Parece como si nadie pensara en esos pliegos en las mil variables de la viabilidad económica. Lo que hacen falta son normas claras y, sobre todos valoradores objetivos e independientes, que garanticen el juego limpio; todo lo demás resulta superfluo. Y mucho más cuando para las Corporaciones públicas el dinero que recaudan por este concepto constituye lo que siempre se conoció como “el chocolate del loro”.

Todos caben en este proceso 

Pero en esta reconstrucción no cabe marginar lo que con muy buen criterio establece la ley de 2013 sobre la Tauromaquia como bien del patrimonio cultural de España. Si se recuerda, en su articulo 1 ya define con un sentido muy acertadamente globalizador quienes forman ese genérico que llamamos “mundo del toro”: desde el criador de reses bravas hasta la última bordadora que teje un vestido de luces. A todos ellos debiera acoger esa nueva normalización en nuestro arte común. Nadie debiera quedar al margen: todos, cada cual en su medida y en su propio oficio, podríamos decir que “son de los nuestros”.

Alguno puede pensar, en fin, que como el arte del toreo y el de criar toros, con todas sus industrias anejas, son actividades regladas, esto es: sujetas a un Reglamento y una normativas formales, nacidas del ordenamiento jurídico, por eso son diferentes. Sin embargo, el argumento es falaz: no hay actividad --ya sea liberal, ya por cuenta ajena--, que no responda una normativa determinada. Y no por eso son actividades descontroladas de cara al usuario y/o consumidor, ni en lo que hace a los propios profesionales que las ejercen: sus normativas ya establecen hasta las vías de reclamación en cualquiera de sus supuestos.

En suma, cuando se pide normalizar se trata de un cambio profundo de mentalidad: dejar de ser un “verso suelto” para reconvertir a todo este amplio mundo del toro en algo mucho más convencional a todos los efectos estructurales y de negocio. Lo que luego marcará nuestras diferencias radicará en los quilates que tenga cada cual a la hora de crear su versión de este arte universal y diverso, en el área que a cada uno le corresponda. Los resultados finales, en el toreo y en todo las demás profesiones, es lo que pone en su sitio a cada cual. 

Pero llevar a este nuevo escenario de la normalidad al mundo del toro constituye por sí mismo un empeño de todos, en el que nadie debiera dejar de arrimar el hombro en aras de un interés de parte, sin desánimo por las múltiples incomprensiones que sufrimos. Pero o lo hacemos entre todos, o nos lo hacen, por activa o por pasiva, desde fuera y vaya usted a saber con qué intenciones.

Un daño ¿irreparable? / por Antolín Castro


Ábranse las puertas de los cosos, iníciense los paseíllos, salgan los toros al ruedo y dejemos que aflore el valor, vuele la imaginación y se impregnen nuestros corazones con el arte de los toreros. Hágase lo que se tenga que hacer, y hágase pronto.

Un daño ¿irreparable?

Madrid, 01 Junio 2020
Con el término del mes de mayo, sin toros por San Isidro en Madrid, tiene uno malas sensaciones.

Nuestros pasos han dejado de acudir a la plaza cada día, vivir el ambiente en sus exteriores, subir las escaleras hacia el tendido, ocupar nuestras localidades, saludar a nuestros vecinos… Todo un ritual, como también lo es el repaso que se hace alrededor de tu localidad para saber si nos falta alguno. Echas la vista atrás y piensas en que, en ese caso, es ley de vida.

Comencemos de nuevo, aunque sea guardando las distancias de seguridad

Luego ese sonido de clarines y timbales que el cerebro tiene asociado al comienzo del festejo, más tarde los dos alguacilillos pisando a caballo la arena de la plaza; después, el paseíllo mientras suena la banda de música y a tu alrededor no paran de moverse los últimos que han llegado en busca de su asiento. Un movimiento que está interiorizado y que se contempla como un todo sin que pueda separarse una cosa de la otra.

Una vez roto el paseíllo, cambiados los capotes de seda por los de brega, anida la impaciencia, y no solo en los toreros, pues va a saltar al ruedo el rey de la fiesta, el toro. Lucirá majestuoso siempre, al margen de que pueda parecerte anovillado o cornicorto, y en ese momento dará comienzo el rito más culto de nuestra España.

Si la cultura es aquello que viene del pueblo y a él congrega, nada hay que lo haga con más gente que una corrida de toros. Ninguna otra faceta de la cultura lo hace por igual. Además, lo hará en tiempo real, distinto y diferente cada tarde, por eso congrega a la gente. Ese transcurrir en tiempo real te obliga a vivirlo en directo. Por eso se acude más de treinta días seguidos. Ni el cine, ni el teatro, ni un concierto de música, ni siquiera la pintura en un museo, guiaría tus pasos todos los días. La Tauromaquia es un rito cultural sin parangón. No hay duda alguna.

Los detractores son, precisamente, la excepción que confirma la regla. Respetable, eso sí, pero nada más y nada menos. También existen aquellos que no les gusta la música o el teatro, tampoco la visita a los museos o prefieren pasear en lugar de ir al cine. Nadie se lo ha de reprochar, como tampoco a los que si acuden a esas manifestaciones artísticas. De hecho, ni siquiera existen casos de que se tengan que defender los que les guste el cine, ya sea de terror, de aventuras o simplemente porno. Son las opciones de cada uno las que hacen que se inclinen a un lado u otro.

Pero la interrogante se abre cuando hemos de preguntarnos si este daño, este paro forzoso a toda la actividad taurina, pueda resultar irreparable. Se acerca el día en que se puedan dar espectáculos y ha de hacerse. No se puede dejar que a la parada se una la apatía, añadida a la persecución directa o la marginación de nuestros gobernantes, pudiera hacerles un favor precisamente a los detractores.

Ábranse las puertas de los cosos, iníciense los paseíllos, salgan los toros al ruedo y dejemos que aflore el valor, vuele la imaginación y se impregnen nuestros corazones con el arte de los toreros. Hágase lo que se tenga que hacer, y hágase pronto. Que vuelva a oler a romero en el aire y que nos traiga ese olor que solo es respirable en las plazas de toros. El viento se encargará de traernos el susurro de una mecida verónica o un natural ceñido y terminado en la cadera.


Recuperemos ese bullir en la puerta que da acceso a las plazas, del aroma de un buen puro, de un olé sentido y profundo, de una cerrada ovación en la tarde, de los cascabeles de las mulillas, de el eco de un pasodoble torero. Lo necesitamos todos tanto como el sentirse vivos. Nada podrá ser irreparable si nosotros no queremos.

¿Qué han hecho con mi niño? Desgarrador dolor de una madre ante su hijo de 23 años asesinado por el FRAP. / por Javier Navascués

El 14 de julio el joven agente de la Policía Armada, Lucio Rodríguez Martín de 24 años es asesinado a tiros en la calle Alenza por 3 miembros del FRAP. El 18 el policía armado José Tomé Marín fue ametrallado desde un coche por miembros del FRAP y muere ese mismo día. Sus asesinos son capturados el día 23.

¿Qué han hecho con mi niño? Desgarrador dolor de una madre
 ante su hijo de 23 años asesinado por el FRAP.

Javier Navascués
El Correo de España / 31 Mayo 2020
En 1975 había 2 tipos de jóvenes en España. Los jóvenes sanos, de mirada limpia, los patriotas, muchos de los cuales llevaban uniforme de las Fuerzas de Orden Público y del Ejército. Solían ser de origen humilde y campesino muchas veces y compartían los ideales del Catolicismo Tradicional y patriotismo de sus mayores.

Y luego estaban los jóvenes radicalizados. Se les distingue en seguida en las fotos de la época. Con aspecto de asesinos, ideas marxistas, barbas o pelo "quemado" las mujeres (como el que hoy lleva Batet). Solían tener aspecto de lo que eran, muchos de ellos unos degenerados. Eran simpatizantes de las bandas terroristas ETA, FRAP o GRAPO. Con el tiempo, muchos de ellos acabaron en el PSOE. Solían ser hijos de familias bien situadas.

El FRAP era un grupo terrorista comunista que llevó a cabo casi una decena de asesinatos entre 1973 y 1975. Solía actuar en Madrid pero su base operativa y refugio estaba en Barcelona, ciudad que solía ser la fosa séptica del anarquismo y subversión de España.

El 1 de mayo de 1973 miembros del FRAP asesinan a puñaladas al subinspector Juan Antonio Fernández en Madrid. Después de numerosas detenciones, el grupo está más de un año sin actuar pero reaparece en 1975. El 14 de julio el joven agente de la Policía Armada, Lucio Rodríguez Martín de 24 años es asesinado a tiros en la calle Alenza por 3 miembros del FRAP. El 18 el policía armado José Tomé Marín fue ametrallado desde un coche por miembros del FRAP y muere ese mismo día. Sus asesinos son capturados el día 23.

El 16 de agosto de 1975 miembros del FRAP asesinan a tiros al teniente de la Guardia Civil  Antonio Posse Rodríguez en la calle Villavaliente de Madrid, al salir de su domicilio. El 30 de septiembre es asesinado por el FRAP en Barcelona el policía armado Diego del Río, de 24 años. Pero también la Policía había ido asesntando duros golpes al FRAP. En Barcelona son desarticuladas en octubre varias células del FRAP. Y poco antes el 15 de septiembre de 1975 la Policía detiene a casi 80 miembros del FRAP, a los que se les incautan gran cantidad de armas, explosivos y material de propaganda. El FRAP nunca se recuperó de estos golpes llevados a cabo gracias al trabajo de eficaces agentes infiltrados. (De ahí el odio especial de Pablo Iglesias por Billy el Niño, que llevó a cabo también eficaces labores de infiltración, en este caso en el GRAPO, que fueron vitales para acabar con este grupo terrorista, responsable de 70 asesinatos durante la Transición).

El 25 de septiembre fue un día de alegría para la gran mayoría de la sociedad española. Fue el día en que fueron ejecutados 5 asesinos, 3 del FRAP (José Francisco Baena Alonso, Ramón García Sanz y José Luis Sánchez) y 2 de ETA, Ángel Otegui y Juan Paredes Manotas (que no Manot). Aunque el "terrible" Caudillo tuvo la debilidad de conmutar la pena a otros asesinos del FRAP, condenados por los asesinatos del agente Lucio Fernández y Antonio Posse como María Tristán López, Vladimiro Fernández o María Jesús Dasca (las terroristas mujeres del FRAP y ETA recibieron trato de favor). Los presos de ETA y FRAP saldrían amnistiados en 1977.

Por cierto, el presunto "genio" Luis Eduardo Aute, recientemente fallecido, dedicó una canción a estos asesinos pero nunca tuvo ni una palabra de apoyo a las víctimas del terrorismo.

El mismo día que se confirma el despido de 25.000 obreros en Barcelona debido a la incompetencia del Gobierno y siguen subiendo a más de 30.000 los fallecidos por el COVID, por culpa del Gobierno la gran mayoría, el vicepresidente finge indignarse por que Cayetana Álvarez de Toledo llame terrorista a su padre. El mismo vicepresidente Pablo Iglesias, cuya simpatía por ETA ha sido siempre notoria, ya que para él las auténticas organizaciones terroristas son la Guardia Civil y la Policía Nacional, así como el Ejército. Estos son los tipos que gobiernan España actualmente.
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"EL TONTO NO DESCANSA". Grande Marlaska es un mal ministro, un ministro indigno, independiente de su condición de homosexual o heterosexual / por Javier García Isac

Grande Marlaska ha sido devorado por el personaje, es una caricatura de lo que pudo haber sido. Forzado a manifestar de forma estentórea su homosexualismo como forma de hacer política y muy por encima de sus obligaciones como ministro.

Javier García Isac
El Correo de España / 1 Junio 2020
Era muy difícil que después del Zoquete Zoido y su crucero “Piolín”, que después de los muchos titulares que han pasado por la cartera del ministerio de interior, el nivel pudiera descender tanto, que nos asqueara hasta la nausea y el vomito. Pensábamos que en cuestión de ministros lo habíamos visto prácticamente todo, pero lo que no podíamos imaginar, lo que no podíamos ni siquiera sospechar, era que Fernando Grande Marlaska, conocido en los “ambientes” como la nenaza o el maricón, pulverizará todos los registros de indignidad, mala praxis y mala gestión. Lo de nenaza o maricón, no es algo que especialmente me agrade, a Marlaska parece no molestarle, pues es así como le llama o llamaba Dolores Delgado, “la Lola”, la ex ministra de Justicia y actual Fiscal General del Estado en esas ya míticas grabaciones en animada charla con el ex comisario Villarejo y con el ex juez prevaricador, Baltasar Garzón. Lo cierto es que si uno analiza con detenimiento las “joyitas” que ha parido la Audiencia Nacional, daría para escribir varios volúmenes de las antiguas enciclopedias que tan poco uso se le daban, pero que tan bien quedaban en la biblioteca de cualquier hogar de clase media.

Lejos queda aquella época, donde los titulares de la cartera de interior, eran considerados los ministros más populares y valorados, posiblemente, en la mayoría de las ocasiones de forma inmerecida, pero no es menos cierto que eran los años de “plomo”, donde ETA y sus satélites, atentaban de forma recurrente, llegando a matar a mas de cien personas anuales, lo que provocaba que el ministro de interior en cuestión, tuviera múltiples apariciones televisivas, debido entre otras cosas, a la cantidad de funerales a los que tenía que asistir. Se les veía serios, compungidos y en muchas ocasiones, haciendo declaraciones y promesas grandilocuentes, que rara vez se cumplían, pero que en momentos de gran tensión y emoción, conseguían granjearse nuestras simpatías. Transmitían fortaleza y seriedad y aunque muchos de ellos no fueran excesivamente brillantes, no es menos cierto que eran discretos y poco dados a airear su vida privada. Poco o nada se sabía de su entorno personal o de sus pasiones ocultas. Tampoco era nada que importara y por lo que alguien se interesara, mientras ello no interfiriera en el buen desarrollo de su cargo público.

El socialismo de nuevo cuño nos ha traído “otra” forma de hacer política, donde se concede mayor importancia a la condición sexual que a la profesionalidad o conocimiento, donde prima la cuota, sobre la valía o el esfuerzo y donde se valoran más titulares a forma de tuit, que probados conocimientos universitarios. Grande Marlaska tenía fama de ser un buen juez, cosa que tampoco debe decirnos mucho. También la tenía Garzón, para al final acabar prevaricando y rodeado de lo que para Pablo Iglesias eran las cloacas del estado. Grande Marlaska ha sido devorado por el personaje, es una caricatura de lo que pudo haber sido. Forzado a manifestar de forma estentórea su homosexualismo como forma de hacer política y muy por encima de sus obligaciones como ministro. Pareciera que nos debería importar más su condición sexual que su profesionalidad en el cargo. Los socialistas se han encargado de ello, no se dan cuenta que a la mayoría de nosotros nos trae sin cuidado lo que hagan en su alcoba, que no tenemos porque saber o conocer las intimidades de nadie, pero para ellos, lo accesorio está muy por encima de lo mollar, convirtiendo lo anecdótico en lo principal. Hicieron a Marlaska ministro, no por su valía o conocimientos, sino por rellenar la cuota homosexual. Marlaska fue utilizado y lo aceptó gustoso, metiéndose en el papel del que ya no podrá salir.

Grande Marlaska es un mal ministro, un ministro indigno, independiente de su condición de homosexual o heterosexual. Lo es por mentiroso, por denigrar a una institución con casi 200 años de antigüedad y por intentar que un subordinado suyo cometiera un delito, entregándole un informe que el sobradamente sabia, dada su formación de jurista, no le podían entregar. Incitó al delito y luego ceso a la persona que no se prestó a sus propósitos. Un ministro que ha perdido toda dignidad, para una cartera que ha humillado más de lo que ya estábamos acostumbrados.

Javier García Isac/director radioya.es