la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

domingo, 28 de febrero de 2021

La faena de un torero no le pertenece ni siquiera a él

El diestro Miguel Ángel Perera, en la plaza de Toros de Las Ventas en 2019.IVÁN BOZA

“Aparte de la cuestión jurídica, resulta evidente que una faena es una obra de arte, una interpretación artística efímera e irrepetible en la que interviene un toro que es algo incontrolable. Y la sentencia no lo pone en duda”, sostiene Simón Casas.

 La faena de un torero no le pertenece ni siquiera a él

--El Supremo declara que las actuaciones de los diestros no pueden registrarse como propiedad intelectual tras un recurso presentado por Miguel Ángel Perera

HUGO GUTIÉRREZ
EL País, Madrid - 25 FEB 2021
La faena que realizó el diestro Miguel Ángel Perera el 22 de junio de 2014 en una corrida celebrada en Badajoz mereció en su día la consideración de actuación artística sobresaliente: recibió las dos orejas, con petición de rabo a cargo del público. Entendía el torero que si aquello era una obra de arte, la podría inscribir en el registro como propiedad intelectual y protegerla frente a toda reproducción. Pero el Tribunal Supremo le ha contestado en última instancia: en parte le da la razón —era arte, sí—, aunque lo ocurrido allí no le pertenece a nadie. Ni siquiera a él.

Así lo ha decidido la Sala de lo Civil del Tribunal Supremo, que ha desestimado el recurso interpuesto por el torero Miguel Ángel Perera al declarar que la faena de un diestro no puede registrarse como obra de propiedad intelectual. “No es posible identificar con precisión y objetividad en qué consiste la creación artística original del torero y, por ende, no se les puede reconocer los derechos propios de una obra”, argumenta el fallo. Es decir, no se trata de una creación que permita su reproducción posterior y copia, ya que intervienen factores aleatorios que no se podrán repetir.

“Manifiesto mi absoluto respeto a las decisiones judiciales. No obstante, no comparto los fundamentos jurídicos esgrimidos por la sala. Sigo manteniendo que la faena de un torero es una obra artística que debiera de gozar de todos los derechos de propiedad intelectual con sus evidentes particularidades, igual que cualquier otra del mundo de las artes. Confío en que algún día así será reconocido por el legislador y/o por los tribunales”, ha asegurado este jueves Perera en un comunicado de prensa.

La sentencia llega tras años de disputa en los tribunales. Un caso que corría en paralelo de la guerra soterrada entre las grandes figuras del toreo en los últimos años y las televisiones por la reproducción audiovisual posterior de las imágenes de los festejos. Una batalla que ha quedado suspendida de forma temporal por el zarpazo del coronavirus sobre el sector. “Hay un gran vacío en este sentido y no está regulado el uso que se hace de las imágenes de los toreros en el ejercicio de su actividad artística. Perera trata de cuidar el uso que se hace de sus actuaciones en los medios de comunicación desde el punto de vista de las reproducciones y también de la calidad”, aseguran portavoces del torero extremeño.

El caso que cierra ahora el Supremo comenzó con la petición de Perera, uno de los referentes del toreo en la actualidad, para inscribir en el Registro de la Propiedad Intelectual de Extremadura como obra su Faena de dos orejas con petición de rabo al toro ‘Curioso’ nº 94, de peso 539 kgs, nacido en febrero de 2010 ganadería Garcigrande. Feria de San Juan de Badajoz, día 22 de junio de 2014. La solicitud estaba acompañada de una grabación de vídeo y un libro descriptivo.

El matador, ante la negativa del registro, presentó una demanda con el argumento de que, “si el toreo es un arte y la faena una manifestación artística, entonces una faena puede inscribirse como una creación artística original”. Este recurso fue denegado por el juzgado de lo Mercantil de Badajoz y por la Audiencia Provincial de Extremadura antes de llegar al Supremo. “Debe existir un objeto original que constituya una creación intelectual propia de su autor y la consideración de obra se reserva a los elementos que expresan dicha creación intelectual”, inciden los magistrados.

En este caso, por ejemplo, estos elementos podrían ser los movimientos que realizó el diestro durante la faena, como si se tratase de una coreografía. Aunque el tribunal desestima ese supuesto y lo justifica: “En la coreografía es posible, mediante la notación, identificar con precisión y objetividad los movimientos y formas de la danza en qué consiste la creación original del autor, respecto de la que se pide la protección como obra de propiedad intelectual. Esta identificación precisa y objetiva, además de facilitar que se pueda reproducir nuevamente, permite identificar en qué consiste la creación, tanto a terceras personas como a las autoridades encargadas de la protección de las obras de propiedad intelectual. No ocurre lo mismo en la faena de un torero, en la que más allá de los concretos pases, lances y suertes, respecto de los que no cabe pretender la exclusiva, resulta muy difícil identificar de forma objetiva en qué consistiría la creación artística original”.

Por parte de los empresarios, Simón Casas, al frente del coso madrileño de Las Ventas, señala que no es experto en derecho y que existirán criterios jurídicos que determinan si se puede considerar como propiedad intelectual o no, aunque opina: “Aparte de la cuestión jurídica, resulta evidente que una faena es una obra de arte, una interpretación artística efímera e irrepetible en la que interviene un toro que es algo incontrolable. Y la sentencia no lo pone en duda”, sostiene Casas.

Otro de los escollos para el reconocimiento como obra de propiedad intelectual son las dudas que generaba en el tribunal sobre qué se pide el reconocimiento de obra, en qué consistiría la creación intelectual y sobre qué se atribuirían al autor los derechos morales y patrimoniales. Es decir, si el diestro podría reclamar derechos de autor a otro compañero por usar algún lance similar. Sobre este punto, Perera aclaró que no pedía el derecho de autor sobre pases concretos o recursos para dominar al toro, sino respecto de la totalidad de la faena. Aunque con ello se abriría una vía que el Supremo no ha estimado oportuno.

Igual que el fútbol

Así, el alto tribunal insiste en que, independientemente de los sentimientos que puedan generar y de considerar a la tauromaquia como un arte o no, bajo la jurisprudencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea las creaciones deben poseer elementos precisos y objetivos. Y lo compara con un fallo anterior en Europa sobre la petición de Football Association Premier League respecto a los partidos de fútbol. Entonces, el tribunal europeo entendió que “las obras protegidas deben constituir una creación propia de su autor y que este criterio no se cumple en el caso de un partido de fútbol, al estar delimitados por reglas de juego que no dejan espacio a la libertad creativa en el sentido de los derechos de autor”. Una doctrina que los magistrados entienden que es perfectamente aplicable al caso de los toros.

Portavoces de la Fundación del Toro de Lidia y la asociación de empresarios Anoet no quieren entrar a valorar el fondo del asunto de que el registro y ahora el Supremo nieguen la inscripción, al no ser un tema que llevasen ellos directamente y que solo afecta a un torero de forma individual. Aunque sí se muestran satisfechos con que el alto tribunal refrende una vez más el carácter artístico del toreo. “Es magnífico y acrecienta las múltiples sentencias en ese sentido”, sostiene una fuente de la fundación. Por parte de Anoet insisten en la misma idea: “Es algo que está en entredicho y esta sentencia vuelve a ratificar que se trata de un acto artístico”. Una obra que es de todos y de nadie.

Antonio Petit Caro, periodista de periodistas / por Juan Miguel Núñez Batlles

 De su aportación al mundo taurino como erudito de la comunicación, entre otras, destaca la tesis de su graduación académica ("Aproximación a la Fiesta de Toros. El periodismo como fuente histórica"), en la que se estudia el valor documental de la crónica taurina como principio y fundamento para cimentar la historia de la Tauromaquia.

Antonio Petit Caro, periodista de periodistas

Juan Miguel Núñez Batlles
Periodista Taurino
Hay una definición en el toreo para catalogar la calidad del que sobresale en el ruedo por su estilo y magisterio, ése que hace de guía porque todos le miran como espejo de las mejores virtudes, al que llaman "torero de toreros". Y con esa determinación habría que desvelar lo que ha sido, y va a seguir siéndolo en la buena memoria de la profesión periodística, un verdadero maestro, Antonio Petit Caro, a quien la compañera Julia Rivera me lo ha definido como tal, "periodista de periodistas".

Tras el elogio de Julia al comunicarme el fallecimiento de tan buena persona y profesional, vino la avalancha de recuerdos de su ejemplaridad. Porque fue Antonio solidario y elegante en el trato, y reconocido por su desbordante humanidad aunque tratara de pasar de puntillas en todas las actuaciones que tuvo, que fueron muchas, de apoyo a los demás. Quizás también por eso, habría que advertir, las generaciones nuevas no hayan sabido acercarse a los postulados que encarnó con tanta sabiduría como generosidad.

Antonio Petit -hay que decirlo pronto como algo muy importante- ha dado mucho brillo al periodismo y al toreo, sus dos grandes pasiones. Pues más allá de la simple especialización que significa escribir y hablar de toros, como crítico o cronista, fue un excepcional hombre de la comunicación generalista, algo de lo que ha sacado mucho provecho la Tauromaquia.

Licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra, sus primeros pasos en la profesión los dio en "La Hoja del Lunes de Bilbao", y ahí escribiría circunstancialmente su primera crónica de toros.

Entre sus logros cuenta haber dirigido "La Gaceta del Norte", periódico de Bilbao que con él alcanzó gran éxito de difusión y ventas. Fue fundador de la Agencia de noticias "Vasco Press", un proyecto sin precedentes en la década de los ochenta, cuando más cruelmente apretaba el terrorismo de ETA contra la libertad de expresión. "Vasco Press" duró más de tres décadas, los veinte primeros años bajo la dirección de Antonio Petit, que presidió también la Asociación de Periodistas de Vizcaya y estuvo asimismo al frente de la FAPE (Federación de Asociaciones de la Prensa de España), entidad desde la que él impulsó el código deontológico de la profesión.

Había nacido en Sevilla. Y aunque salió de allí siendo muy joven, su vinculación con aquella tierra fue siempre muy estrecha, hasta el punto de que nunca perdió el acento ni el contacto a través de tradiciones tan notables como la Semana Santa y el toreo, aficiones convertidas en devociones por influencia familiar.

De su aportación al mundo taurino como erudito de la comunicación, entre otras, destaca la tesis de su graduación académica ("Aproximación a la Fiesta de Toros. El periodismo como fuente histórica"), en la que se estudia el valor documental de la crónica taurina como principio y fundamento para cimentar la historia de la Tauromaquia.

Tuvo siempre una visión exacta y equilibrada de la actualidad taurina, no obstante, haber ejercido como aficionado militante, o lo que es lo mismo, en todo momento, a favor del fomento y proyección de los valores de "la Fiesta".

Una frase suya de gran elocuencia, "el juego del hombre con el toro bravo está unido a la esencia de España". Ésa ha sido precisamente su gran inquietud: fomentar los aspectos culturales, literarios y artísticos en general de la tauromaquia. Y a tal fin creó la página Web "Taurología.com", que viene a ser a la postre el gran tesoro que nos deja de archivos de ensayos y documentación vital para entender y amar la corrida de toros desde sus propias raíces y verdadera naturaleza.

Una labor de brillante y rigurosa divulgación del toreo que le valió entre otros reconocimientos el Premio a la Comunicación de la "Asociación Taurina Parlamentaria".

Descanse en paz el periodista, aficionado al toro y amigo de lo más entrañable y deliciosamente contumaz.
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Se cumplen 57 años de la despedida de los ruedos de un genio del toreo, un consentido de la afición mexicana: Joaquín Rodríguez “ Cagancho”....

Cagancho fue una especie de embajador vitalicio en México. Toreó e hizo cine; fue una estrella más que admirada. México fue el único lugar donde Cagancho no tuvo que huir de sí mismo. Los toreros españoles que iban a México eran recibidos por él; los guiaba y los ayudaba en lo que hiciera falta. Fue un genio...
Festival Taurino Organizado por los Amigos de Cagancho
 en su Despedida del Toreo.

Joaquín Rodríguez Ortega, en los carteles "Cagancho" fue un matador de toros gitano, cuyo estilo lo marcaban grandes genialidades y numerosas espantadas. Estos contrastes le valieron para generar sobre sí un mito, así como para crear expresiones que han pervivido en la memoria popular. Alternativado en Murcia en abril de 1927 por Rafael "El Gallo". fue durante estos últimos años de la década cuando consiguió los mejores momentos. En México cosecharía sus mayores éxitos. Al final de su carrera volvió al ruedo de Las Ventas, dejando todo un recital de majestuosos lances a la verónica, para retirarse finalmente en la temporada 1953-54 en México, donde se afincó y murió. La excelente pluma de Gloria Sánchez-Grande nos trae aquí unos retazos de su historia.

"Cagancho", el gitano de los ojos verdes

Gloria Sánchez-Grande
Taurología, Publicado el 13.01.2014
“Tenía rebasado el medio siglo cuando, inesperadamente, un domingo fuera de feria lo anunciaron en Las Ventas. La plaza registró una excelente entrada porque había curiosidad por ver a este torero de leyenda, y viejos aficionados, a punto de echar el bofe, se apresuraban a ocupar sus localidades con tiempo suficiente para no perderse el paseíllo. "Sólo con verle hacer el paseíllo me conformo", decían, tras recuperar el resuello y obsequiar a la afición con un surtido recital de toses bien ensayadas y contundentes. En efecto, la estampa de Cagancho desfilando al frente de las cuadrillas, era enormemente sugestiva. Tenía esa elegancia peculiar que es patrimonio de los toreros gitanos, y aún no de todos. Pero luego vendría la sorpresa. Ocurrió en el cuarto toro, cuando se abrió de capa y dibujó unos majestuosos lances a la verónica, que alborotaron el tendido, hicieron llorar a los abueletes, asombraron a las jóvenes promociones, y dieron tema de conversación a los aficionados de cualquier edad para toda la temporada adelante y muchas más”. (Artículo de Joaquín Vidal, publicado en enero de 1984)

Hace pocos días, publicaba en su cuenta de Twitter el escritor trianero Ángel Vela Nieto: "El 1 de enero, hizo 30 años de la muerte de un genio de la torería: Joaquín Rodríguez Cagancho. El año pasado hizo 100 de su nacimiento. Cagancho (Sevilla, 1903 - México, 1984) nació un año después que su amigo Curro Puya (Gitanillo de Triana). Entre los dos, está la capa con más arte de la historia del toreo. Hubiera hecho falta un Chaves Nogales que biografiara a Joaquín Rodríguez, el Cagancho de una legendaria estirpe de cantaores. Cagancho tuvo más de una vida. El gitano de los ojos verdes, toreó como vivió. De Triana a Madrid y después a México... allí quedó. Rita Hayworth vio torear a Cagancho en México. Lo esperó porque quería tocar a un dios.

Cagancho fue una especie de embajador vitalicio en México. Toreó e hizo cine; fue una estrella más que admirada. México fue el único lugar donde Cagancho no tuvo que huir de sí mismo. Los toreros españoles que iban a México eran recibidos por él; los guiaba y los ayudaba en lo que hiciera falta. Fue un genio...

El Cagancho torero no cantaba, pero, además de buen aficionado, sabía lo que era marcarse un baile por fiesta. Que se lo dijeran a Caracol. Cagancho, Rafael Gitanillo de Triana y Caracol se juntaron en más de una fiesta. ¡Y cómo bailaba Rafael...! ¡Vaya mano a mano con Joaquín!".

En los mentideros charros, siempre se rumoreó que la ganadera Pilarín Coquilla bebía los vientos por el gitano de los ojos verdes, famoso en los ruedos tanto por su genialidad como por sus numerosas espantadas que solían terminar en el cuartel de la Guardia Civil (recuerden la expresión: "quedar como Cagancho en Almagro").

Pilarín era el emblema de la mujer moderna, adelantada a las costumbres de la época: montaba a caballo, toreaba, fumaba, conducía coches y, encima, era guapa. Un dije de señora. Su personalidad fascinó de tal modo a ganaderos, toreros y artistas, que quedó inmortalizada en varias coplas, entre ellas Con divisa verde y oro (1953), brillante en la voz de doña Concha Piquer. “El chiquillo de Osuna que quería ser torero” bien pudiera ser Cagancho o, al menos, así se rumoreaba en media Salamanca. Finalmente, para mantener su prestigio como ganadera, la presunta Pilarín Coquilla enterró aquel "te adoro" que iba dirigido a su gitano predilecto.

Ganadera con divisa verde y oro,
ten cuidado,
que el amor no te sorprenda como un toro
desmandado.

Por tu hacienda y tu apellido
se te guarda devoción,
y un clavel en tu vestido
llamaría la atención.

En tus ojos se adivina
la locura de un "te adoro".
Y has de ser como la encina,
ganadera salmantina
con divisa verde y oro.



sábado, 27 de febrero de 2021

LA TAUROMAQUIA EN VENEZUELA SE AGRUPA Y BUSCA LA UNIDAD PARA EL COMBATE / por Víctor José López EL VITO


Carlos Aragón Cancela, director de la Escuela Taurina de Colmenar y el matador de toros  Ramón Álvarez "El Porteño" de la Escuela Taurina de San Cristóbal reunidos en la plaza de Colmenar Viejo. Unidos y en defensa de la Tauromaquia Venezolana, de su salud profesional y conceptos éticos rechazando a quienes habiendo fracasado con el uso de la espada intentan borrar la jerarquía de matador de toros en el oficio del torero profesional. 

LA TAUROMAQUIA EN VENEZUELA SE AGRUPA Y BUSCA LA UNIDAD PARA EL COMBATE

Víctor José López EL VITO
A LOS TOROS.COM / 27 Febrero 2021
La crisis taurina que padece Venezuela provoca el  despertar entre los aficionados. Cuando superemos el letargo en el que estamos sumidos, cuando venzamos y superemos la pandemia que ha azotado al universo de los toros, podremos reencontrarnos unidos en un panorama donde habremos  superado con un triunfo auténtico las situaciones lamentables  que emergieron durante el letargo. 

A la situación responden organizaciones muy diversas, con mensajes llenos de esperanza. Sobre todo porque habremos superado los venezolanos la floja inactividad con la vigorosa actividad. 

Tendremos como meta lograr la unidad y así, cara a cara, enfrentaremos con la lucha justa y legal las posiciones y diversas situaciones ocupadas por activistas anti taurinos.

Se trata de bandas de ignorantes que no saben del porqué de la tauromaquia. Ni quieren saberlo. Son mentes enfermas convertidas en sirenas obedientes de un mascarón de proa  provocando una tormenta que, como toda borrasca, no tiene explicaciones razonables para llevar a cabo su misión de exterminio. 

Sin argumentos defienden lo irracional e indefendible. 

Mientras renace la fiesta de los toros, por lo menos en actividad y creatividad, lamentable surge un grupo minúsculo de profesionales del toreo que pretenden ejercer la profesión de matador de toros  participando en festejos incruentos, sin matar los toros; y a la vez pretenden ser distinguidos como “matadores de toros”. 

Insisto, es el absurdo en misión de exterminio. 

Con motivo de una reunión en tertulia entre aficionados nos enteramos de las buenas noticias de grupos que, en distintas ciudades en Venezuela, se organizan para defender la fiesta de los toros con las armas que le dan las leyes y la Constitución de la República Bolivariana. 

Una Constitución que no avala la mascarada de la Asamblea Nacional ejercida por Jorge Rodríguez en representación del régimen. Un fraude que eligió a dedo y por voluntad del usurpador a sus diputados, en un proceso comprobado como írrito. 

A la reunión de aficionados llegó esta lista, parcial, que en Venezuela defienden la Tauromaquia cara a la organización de la UNESCO que lucha en su afán de defender la plataforma cultural de las naciones, plataforma entre las que se cuenta con la Tauromaquia de ocho naciones: 

En Europa, Francia, Portugal y España. En Norte América México, Sudamericanas con Perú, Ecuador, Colombia y Venezuela. 

En defensa de la Tauromaquia Venezolana tenemos tres Universidades:

 1.- La Cátedra de la Tauromaquia en la Universidad Bicentenaria de Aragua con la magistratura en acción del doctor José Domingo Mora Márquez.

 2.- Universidad de Los Andes, con la Cátedra a cargo del doctor Fortunato González.

 3.- Universidad Experimental del Táchira con el doctor Oscar Medina al frente de una actividad que además de dar resultados cunde con su ejemplo. Académico. 

 4.- Abonados de la Feria Internacional de San Sebastián en San Cristóbal que reúne y preside el doctor Oscar Medina.

 5.- Coloquios de la Escuela Taurina de San Cristóbal, al frente de la cual están Manolo Ordóñez y Pablo Duque, además de integrantes de diversas universidades con raiz en la capital del Táchira.

Jesús Sambra, esperanza de La Cantera quien a pesar de la pandemia ya se estrenó como becerrista y ante público aficionado.. Inagotable Maracay!!!

 6.- En Maracay surge la Asociación de Ciudades Taurinas que reúne el matador de toros José Cariel junto a una pléyade de buenos aficionados como es el caso del empresario Wilfredo Martell  y del ganadero Euclides Sánchez muy preocupados por la situación miserable donde se sume la Plaza de Toros Maestranza del Calicanto. Hay que destacar que en Maracay el matador Erick Cortéz hace malabares para sostener la Escuela Taurina, una institución tan añeja como la propia plaza considerada como importante cantera de grandes toreros venezolanos, tanto de la Ciudad Jardín, Los Andes, Caracas, Valencia y otras ciudades taurinas nacionales. 

7.- También de Maracay un movimiento que estimula Francisco Maury con la meta de Rescatar la Maestranza “César Girón” y laos bronces extraviados y dados de César Girón, Curro Girón y de Manolete que le pertenecen la muy digno y taurino pueblo de Aragua y que, se sospecha, han sido secuestrados por las ratas de los hornos de fundición del bronce.

 8.- Círculo de Amigos de la Dinastía Bienvenida, infatigable n la lucha en defensa de la fiesta en las ocho naciones taurinas del universo de la fiesta, de gran actividad en Venezuela y representada por el doctor Luis Medina, en Maracay, Fortunato González, en Mérida, Miguel Guía en Caracas, Carlos Marín en Nueva Esparta, Rincón en Maracay y en México y defendiendo la situación en el hermano país Jorge Espinosa de los Monteros.

 9- en Valencia, estado Carabobo La Asociación Taurina Venezolana que dirigen López Lobo y Fabián Díaz y que tiene sede en la Hermandad Gallega de Valencia 

10.- La Fundación Cultural Girón que dirige Nelson Hernández y representa tanto en Caracas como en Tovar, estado Mérida, el doctor Nilson Guerra. 

11.- La Peña Aficionados de Caracas con Miguel Guía y José Castañeda en el timón.

La meta de todas estas agrupaciones, y las que por nuestra ignorancia omitimos pero sabemos existe un grupo grande firme y decidida a defender la tauromaquia venezolana, la meta es lograr la Unidad del segmento más importante en los toros de Venezuela,  desde los primeros días y antes, de la formación de la República con su aparición en Cubagua en 1527;  y, más tarde,  su estallido en 1567 en Nueva Jerez- Nirgua hoy-, y en Caracas como espectáculo a beneficio de la reconstrucción del reloj principal de la Plaza de San Jacinto, autorizado por la expedición de una Real Cédula del Buen Retiro.

Más tarde, en 1770 fue otorgada la licencia para la celebración de corridas de toros a beneficio de la Reconstrucción del Palacio de Gobierno; y, solo por abundar en detalles que sostienen la pertenencia de Venezuela de ñas corridas de toros como parte intrínseca de la nacionalidad,  el 15 de febrero de 1789 el Cabildo de Caracas concedió al ciudadano José Gabriel Gutiérrez el privilegio de celebrar 15 corridas de toros en la Plaza Mayor, hoy Plaza Bolívar de la ciudad .

Es por esta historia, por todo lo que en nuestra cultura significa y representa la Tauromaquia, que instamos a la afición apoyar las diversas organizaciones que surgen entre la maraña de la iniquidad contra la fiesta, y oponerse al movimiento de toreros que fracasaron como matadores de toros y que hoy con la pretensión de satisfacer su ego, crear una falsa imagen del torero,  intentan crear un carnaval  con mascaritas de toreros con la celebración de espectáculos incruentos, es decir sin la muerte del toro de lidia. 

Espectáculo sublime y justo en la exaltación de la bravura del toro de lidia.

La Infantería de Marina y el Pasodoble Español / Por Carlos Fernández Barallobre

Unidad de Música del Tercio del Norte de Infantería de Marina

“A través de su dilatada historia de servicio y amor a España, la Infantería más antigua del mundo, se ha caracterizado por tener unas magníficas formaciones de música militar, pues cuenta con una larga tradición musical que se remonta a épocas pretéritas, extendiéndose desde mediados del siglo XVIII a nuestros días.

 
Suspiros de España - 1.902 Antonio Álvarez Alonso

Quiso Dios, con su poder/fundir cuatro rayitos de sol/
y hacer con ellos una mujer.

Y al cumplir su voluntad/en un jardín de España nací/
como la flor en el rosal.

Tierra gloriosa de mi querer/tierra bendita de perfume y pasión/
España en toda flor a tus pies/suspira un corazón.

Ay de mi pena mortal/porque me alejo España de ti/
por qué me arrancan de mi rosal.

Quiero yo volver a ser/la luz de aquel rayito de sol
/hecho mujer/por voluntad de Dios.

Ay, madre mía/ay, quién pudiera/ser luz del día/
y al rayar la amanecida/sobre España renacer.

Mis pensamientos/han revestido/el firmamento/ de besos míos/
y sobre España/como gotas de rocío/los dejo caer.

En mi corazón/España te miro/y el eco llevará de mi canción/
a España en un suspiro.

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 La Infantería de Marina y el Pasodoble Español 

CARLOS FERNÁNDEZ BARALLOBRE*
El Correo de España - 27 Febrero 2021
Hoy día 27 de Febrero, el glorioso Cuerpo de Infantería de Marina, cumple el cuatro cientos ochenta y cuatro aniversario de su fundación. Hoy por tanto, a pesar de las restricciones del maldito virus chino, que asola a  nuestra Patria,  es un día grande para nuestros Infantes. Y como homenaje a su historia y valores y para dar algo de alegría a estos momentos inciertos y de zozobra rescato un artículo que tuve el honor de ver publicado en la revista del Tercio del Norte de Infantería de Marina en julio de 2018 y que decía así:

“A través de su dilatada historia de servicio y amor a España, la Infantería más antigua del mundo, se ha caracterizado por tener unas magníficas formaciones de música militar, pues cuenta con una larga tradición musical que se remonta a épocas pretéritas, extendiéndose desde mediados del siglo XVIII a nuestros días.

Sin embargo es desde su nacimiento en el siglo XVI, con la creación del Tercio de la Mar Océano, que tuvo una brillantísima actuación en la batalla de Lepanto,  la época de  la datan sus primeras bandas de música,  pues aparece en documentos la reseña del embarque de bandas de tambores y pífanos en aquella acción bélica, ”la más alta ocasión que vieron los siglos” en palabras de nuestro irrepetible Miguel de Cervantes, soldado por cierto de Infantería de Marina.

Es el siglo XIX, sin duda, la época de mayor desarrollo de nuestra Infantería de Marina, dándole Felipe V,  el primer rey de la casa de Borbón en la historia patria, un cambio radical a su estructura y  cometidos organizativos y militares. Será el Rey Fernando Vi quien dote en 1748 a la Infantería de Marina de las primeras bandas formadas por cuatro trompas y otros tantos oboes. Tras el enorme impulso dado por Carlos III a la Infantería de Marina, ya en época  de Carlos IV sus formaciones musicales se amplían de manera considerable. La incorporación en 1816,  en tiempo ya  del reinado de Fernando VII, de la Guardia Real de la Infantería de Marina, lo que va a llevar aparejada el nacimiento de numerosas bandas de música del cuerpo.

Pero donde verdaderamente van a alcanzar las músicas de la Infantería de Marina un  gran nivel, es durante la regencia de la Reina María Cristina de Habsburgo y con la subida al trono del Alfonso XIII en cuyos periodos destacarán notables músicos militares como Narciso Mairnó, Alvaro Milpagher, Juan Benlloch, Jose Power Reta, Emilio Borrás, José Mateo,  Eduardo López Juarranz o Aureliano San José, entre otros.

Ramón Roig Torné

Uno de aquellos músicos  fue Ramón Roig Torne, un leridano nacido el 3 de agosto de 1849 en la capital catalana bañada por el río Segre, Ramón Roig, como muchos jóvenes españoles de la época,  encaminó sus pasos a través del Ejercito, ingresando como educando de banda en 1866 en el Regimiento Extremadura nº 15 con base en Zaragoza, Once años después, lograba ser músico de primera y director de banda, dirigiendo las bandas de música de los Regimientos de Infantería Lealtad nº 30 de guarnición de san Sebastián y de Ingenieros nº 2 en Zaragoza y Barcelona. Debido a la tercera guerra carlista es destinado a Madrid, Guadalajara y  Cartagena, volviendo en 1884 a San Sebastián, de nuevo al regimiento Lealtad.   A  fin de concursar para obtener la plaza de director de la Música de la Infantería de Marina, Roig solicita la baja en el Ejército de Tierra, en 1889,  presentándose a las oposiciones de la música de los valientes por Tierra y por Mar, obteniendo la plaza, el día 25 de septiembre de ese año, de director de la unidad de  música del 3 regimiento de Infantería  de Marina con sede en Cartagena,  a cuya ciudad se desplaza Ramón, junto a su esposa Inocencia Chueca y su hija Pilar, quien lamentablemente fallecería en la ciudad departamental, a los once años de edad, cuando la familia Roig no llevaba ni un mes de estancia en la ciudad. 

Roig. como todos los músicos de aquella época, cultivó de forma admirable un nuevo estilo musical que causó furor en España,  a partir de fínales de los años setenta del siglo XIX, el pasodoble  y que en su  gran diccionario  musical escrito por  Higinio Anglés y Joaquín Peña definen  textualmente como “Tocata-baile español muy típico en compás de dos por cuatro, con movimiento algo airoso y marcial pero no muy precipitado de variados estilos que abarcan desde el pasodoble regional, al taurino, pasando por el militar y de concierto”.

En 1889, concretamente en el mes de mayo, con motivo de la exposición Universal celebrada en París, el compositor madrileño, director de la Banda de música del Tercer Regimiento de Ingenieros de Sevilla, destacado en Cádiz, una de las agrupaciones musicales que gozaban en aquellos momentos de mayor prestigio en nuestra Nación, Eduardo López Juarranz, da a  conocer  su inmortal pasodoble “La Giralda”, una marcha andaluza que iba a servir de fondo a los organizadores de la exposición parisina que quisieron que los miles de visitantes conocieran de primera mano el más universal de los espectáculos españoles: las corridas de toros. Para ello contrataron a tres famosos espadas de la época con sus correspondientes cuadrillas de picadores y banderilleros; alguacilillos, monosabios, areneros y  a la banda del Regimiento de Ingenieros de Sevilla dirigida por el propio López Juarranz, que era en aquellos momentos junto a la Banda del 1º Regimiento de Ingenieros de guarnición en Madrid,  las dos mejores formaciones musicales del panorama bandistico español y  que interpretó de forma magistral el sublime pasodoble en el cual López Juarranz había trabajado arduo para dar con una pieza  de una gracia y españolía insuperables que llenó los Campos Elíseos de aires profundamente hispanos.

En su destino militar de Cartagena, Ramón Roig tuvo el placer de conocer y forjar con él una gran amistad  a Antonio Álvarez Alonso, un joven treintañero,  natural de Martos (Jaén) y que había llegado a Cartagena en  1897 dirigiendo una compañía de zarzuelas que representaba sus propias obras y de la que él era, a la vez, director de orquesta y empresario. El destino quiso que su compañía tuviese problemas económicos y se  disolviera, quedándose Antonio a vivir en Cartagena donde daba clases de música y actuaba animando con el piano  las noches en los cafés cartageneros Central y  de la Palma Valenciana.

Eduardo López Juarranz

Una feliz consecuencia tendría el estreno de aquel pasodoble “La Giralda” y como principal protagonista al maestro Ramón Roig, gran amigo de López Juarranz. A pesar de la leal e insoldable amistad entre ambos, existía también entre ellos una gran rivalidad musical. Por ello el maestro Eduardo López Juarranz lleno de orgullo y satisfacción por el rotundo triunfo alcanzado en París con “La Giralda” remitió a su buen amigo Ramón Roig la partitura de la obra con la siguiente dedicatoria: “Para Ramón Roig, con la completa seguridad de que se dará perfecta cuenta de cómo se escribe un pasodoble”.

Ramón Roig recogió la nota graciosa pero envenenada de su buen amigo y a los pocos días de recibirla, le envió a Juarranz otra misiva junto a una partitura salida de su inspiración titulada “La Gracia de Dios” que había compuesto en 1880 y que decía: “A Eduardito López Juarranz, para que compruebe, al leer la presente partitura de La Gracia de Dios, que se trata de un auténtico pasodoble. Desde luego, mucho mejor que el suyo.” Sin lugar a dudas aquel pequeño pique entre dos grandes amigos dio lugar a dos soberbios pasodobles que desde aquellas fechas han alegrado tardes y tardes de resonantes triunfos taurinos en incontables plazas de toros a  lo largo y ancho de nuestra querida España y han sido interpretados en numerosas ocasiones por las unidades de música de Infantería de Marina del Tercio Norte, de Levante, Sur, Agrupación de Canarias y Agrupación de Madrid.

Antonio Álvarez Alonso

Será precisamente en La Palma Valenciana, cuando en una noche de actuación de Antonio, en uno de los descansos del músico, se suscitó una polémica y encendida discusión entre varios clientes y el propio Álvarez. Uno de los contertulios llegó a decir que ningún compositor podía crear una obra en el tiempo y lugar que él designara; concretamente, en el citado café  y antes de que el establecimiento cerrase aquella noche. El maestro Álvarez se dio por aludido y se comprometió  a escribir y estrenar aquella misma noche una obra musical. Solamente necesitaría dos intermedios en su actuación de quince minutos cada uno.  Sentado ante un velador empezó a escribir notas y más notas ajeno a todo cuanto pasaba a su alrededor, operación que repetiría durante su segundo y último intermedio. Cuando se levantó para dar comienzo a la tercera parte del concierto, al pasar por delante de sus amigos, levantó un papel pautado, diciéndoles en alta voz: “Señores, tengo la satisfacción de enseñarles el pasodoble prometido, totalmente terminado,  pasodoble que me complaceré en interpretar al final de mi actuación.” Surgió así una pieza antológica que iba  a pasar a la historia de la música española y universal.

Una vez finalizada su actuación, en la cual Álvarez interpretó varias veces la nueva pieza entre el entusiasmo de amigos y del público que llenaba el café, ya camino de su casa, acompañado por sus atónitos amigos, entre ellos Ramón Roig,  alguien cayó en la cuenta de que aquella maravillosa melodía no tenía título. Enfrente del café  se hallaba situada la pastelería España que en sus escaparates presentaba unas  surtidas y apetitosas bandejas de una especie de canutillos  rellenos de  avellanas caramelizadas y crema, especialidad de la casa que se anunciaban con el sugerente y rimbombante título de “Suspiros de España”. El maestro Álvarez Alonso, dando prueba una vez más de su ingenio y espontaneidad, dijo resueltamente a sus amigos: “¡Ya está...!; ¡Ya lo tengo!... El pasodoble lo titularé así “Suspiros de España.”

Meses después Ramón Roig y Torné, pidió a sus amigo Antonio permiso para estrenar el día del Corpus Christi de 1902 en la plaza de San Sebastián de Cartagena tal joya musical y solicitó de los mandos del 3º Regimiento de Infantería de Marina el correspondiente permiso para que Antonio Álvarez pudiese dirigir  a la unidad de música en la interpretación de Suspiros de España. Sin embargo las ordenanzas militares impidieron que el Maestro Roig cediera su batuta en la dirección musical para el estreno del pasodoble a Antonio Álvarez Alonso, su buen amigo y autor de la obra, dada la condición civil de éste.

Desde ese momento, -a pesar de que investigaciones posteriores como la del abogado Antonio Navarro, que conoció que  antepasados familiares de su esposa, que regentaban en 1901 el elegantísimo “Café-Restaurant España” sito en la calle Mayor de Cartagena, en la llamada “Casa de Cervantes”, anunciaron en un programa musical de su establecimiento la  interpretación de Suspiros de España  el 22 de octubre de 1901-,Suspiros de España se convirtió primero en una  pieza musical de inexcusable cumplimiento para toda banda de música que se preciase de ello, y  a partir de 1938, cuando el sobrino de Antonio Álvarez, Juan Antonio Álvarez Cantos, escribió una letra para el propio pasodoble, a fin de que fuese interpretado  por la gran Estrellita Castro, en 1939, en una cinta cinematográfica dirigida por Benito Perojo titulada Suspiros de España, convirtiendo el pasodoble de Álvarez Alonso en una de las páginas más famosas de la memoria musical universal con la cual han suspirado, suspiran y suspiraran miles y miles de españoles que tengan la fortuna de escucharlo en  España o lejos de la patria. Posteriormente, el pasodoble ha sido interpretado y versionado por grandes estrellas de la canción como Concha Piquer, Paquita Rico, Roció Jurado, Pastora Soler, Diana Navarro, Dyango o el universal Placido Domingo.


Concha Piquer

En la Nochebuena de 1927, un grupo de españoles, entre los que se encontraban, el maestro Manuel Penella y la joven actriz Conchita Piquer, reunidos en el apartamento neoyorquino de la gran cantante valenciana, decidieron celebrar  fiesta tan señalada, a fin de mitigar la gran nostalgia que les embargaba, a modo y manera de España. Compraron  numerosas viandas. Pero a la hora de adquirir unas botellas de vino –eran tiempos de la implacable ley seca en Estados Unidos y solamente se despachaba vino a los que padecían alguna dolencia-, encontraron enormes dificultades para hacerse con ellas. Al final recurrirían a un Drugstore o farmacia de una de las calles de la ciudad que nunca duerme, donde el boticario, cobrándola a precio de oro, le preparó una receta de vino español, mezclado con algo de zarzaparrilla y con cuyos tragos, aquellos compatriotas, “entre vivas y entre oles, por España se brindó”.

El recuerdo de aquella velada neoyorkina, le serviría al gran compositor valenciano  para crear una pieza inolvidable en la historia musical de España, con al que triunfaría de forma arrolladora, en su primer época, la gran Concha Piquer, titulada “En Tierra Extraña” y donde al final de la misma, Penella incluyó unos compases del más famoso de los pasodobles “Suspiros de España”, en homenaje a su autor, Antonio Álvarez Alonso, poniendo en la voz de Concha aquello ya inolvidable y tan conocido :“Más de pronto se escuchó un gramófono sonar. Callar todos, dije yo. Y un pasodoble se oyó que nos hizo suspirar. Cesó la alegría. Ya todos lloraban. Ya nadie reía, ya todos lloraban. Y oyendo esta música, allá en tierra extraña. Era nuestros Suspiros. Suspiros de España”.     

Antonio Álvarez Alonso encontró la paz de Dios en la madrugada del día  21 de junio de 1903, a los 36 años, a consecuencia de una angina de pecho, cuando se encontraba en su casa de la calle del Carmen de Cartagena que tenía alquilada. Su entierro costó dos pesetas y su cuerpo fue depositado en una fosa de tierra. Seis años después y sin que nadie reclamase los restos del gran músico, estos fueron depositados en una fosa común.

Una vez fallecido, el compositor cayó en el olvido, a pesar del éxito creciente de su "Suspiros de España". En 1953, coincidiendo con el cincuenta aniversario del fallecimiento del gran músico, un grupo de amigos, entre los que se encontraba entre otros, Jesús Montalbán, director de la Unidad de Música del Tercio de Levante de Infantería de Marina, decidieron realizarle un homenaje póstumo, iniciándose una suscripción popular para erigirle un monumento. Éste, obra del escultor José Sánchez Lozano, se inauguró en la plaza del Rey de Cartagena, el 11 de diciembre de 1966, con la presencia de la Unidad de Música del Tercio de Levante.

Pero donde verdaderamente se refleja la unión de la Infantería de Marina con el pasodoble español es con motivo de un inaudito episodio, único en los ejércitos del todo el mundo y que tiene lugar en Cartagena,  cada año que llega en el calendario  el martes Santo, cuando  un veteranísimo empleado de la Armada Española, de nombre Pedro Marina Cartagena, sale esa noche de las instalaciones que la Marina posee en la ciudad departamental mediterránea, con permiso, tras cumplir en el Arsenal Militar, un arresto de un año.


Infantería de Marina. Semana Santa de Cartagena

El empleado en cuestión se detiene esa tarde en la Plaza de Armas, ante la residencia del Almirante Jefe del Arsenal de Cartagena, que es la autoridad que le va a otorgar el franco de localidad, que le permitirá salir a las calles de Cartagena  fuera de la base, con la condición de que regrese a ella antes de la medianoche del Miércoles Santo. Pero Pedro Marina Cartagena llegará tarde, pues se saltará  a la torera la condición impuesta por el Almirante y pasará la madrugada fuera, enseñoreándose, entre cornetas y tambores por toda la ciudad, siendo arrestado a la vuelta a otro año sin salir del Arsenal.

¿Y quién es este díscolo y desobediente empleado? Pues nada más y nada menos que San Pedro Apóstol, la piedra con la que Jesucristo edificó la iglesia Universal, el primer Papa y  cuya imagen participa ese día en la Procesión de los Apóstoles de la Semana Santa cartagenera, organizada por la Cofradía California, cuyo Mayordomo Presidente de la Agrupación de San Pedro Apóstol, solicita al almirante, en  nombre de San Pedro, el permiso de salida de la Procesión, en la que intervendrá la banda del Tercio de Levante de Infantería de Marina que realiza el acompañamiento musical y el piquete de infantería de Marina, que  escolta la imagen del Santo, renovando así una tradición que arranca en 1755 y que rememora a aquellos empleados del arsenal Militar del siglo XVIII, que pidieron permiso para procesionar una imagen de San Pedro en la semana Santa de Cartagena. Debido a los saqueos llevados  a cabo por milicianos marxistas  del Frente Popular en la ciudad, con motivo del fracaso del Alzamiento  Nacional en la base militar, el día 25 de julio de 1936, día de Santiago Apóstol, la iglesia de Santa María fue asaltada, siendo destrozadas todas sus capillas e imágenes, entre ellas la de San Pedro, obra del escultor Roque López, que será reemplazada por otra, la que procesiona en la actualidad,  realizada en 1940 por el escultor Sánchez Lozano.


San Pedro o Pedro Marina Cartagena

En esta Procesión de Martes Santo, figuran también las imágenes de San Juan, que procede del parque de Artillería y Santiago, del Gobierno Militar. La salida del Arsenal de la imagen de San Pedro y su bellísimo trono, se sufraga con el salario del operario Pedro Marina, como ayuda en forma de donativo de la Armada Española a la Semana Santa Cartagenera. La imagen de San Pedro fue puesta en la nómina del Arsenal de  la Armada Española en 1941 y tras diversos y curiosos avatares administrativos, hasta el año de 2012, en que fruto de un convenio entre la Fundación del Museo Naval, Arsenal Militar y Cofradía de los Californios, no se solucionó de forma definitiva el pago de la nómina del operario Pedro Marina Cartagena, que pasó a cobrar su soldada a través de la Fundación del Museo Naval.

¿Y su relación con el pasodoble? Pues debido a otra inaudita y curiosa anécdota. En la semana Santa de 1933, cuando el trono de San Pedro  regresaba por las calles de Cartagena al Arsenal Militar, acompañado por  un enorme gentío de fieles y la banda de música, los portapasos comenzaron a hacer unos extraños movimientos que hicieron tambalear al gallo que la imagen de San Pedro lleva a sus pies. El grito de las gentes de ¡el gallo!, ¡el gallo!, aterrorizadas en la creencia de que la imagen del gallo se caía,  hizo pensar al director de la banda de Infantería de Marina que pedían la interpretación del famoso pasodoble “Gallito”, todo un himno taurino, dedicado a Fernando Gómez  “Gallito chico” hermano de los geniales  Rafael y Joselito Gómez Ortega, compuesto en 1904 por el maestro Santiago Lope Gonzalo,  a instancias de la asociación de la Prensa de Valencia, que había organizado un festejo a beneficio de los periodistas y donde actuarían los novilleros Fernando Gómez “Gallito Chico”, Agustín Dauder, Julio Pérez “Vito” y Ángel González “Angelillo”, lidiando reses de Félix Gómez. La asociación de la prensa valenciana, para hacer más atractivo el festejo, decidió estrenar cuatro  pasodobles dedicados a los cuatro actuantes.


Santiago Lope y sus cuatro extraordinarios pasodobles

Se encargó  de tal cometido el maestro riojano Santiago  Lope, director y fundador de la banda Municipal de Valencia y así, la tarde del 29 de Julio de 1904 se oyeron por primera vez los pasodobles "Gallito", "Dauder", "Angelillo" y "Vito". La tarde, inolvidable para la historia de la música taurina, contó con la presencia en la plaza de las Bandas de música del Regimiento de Mallorca, la Municipal de Valencia, la de la Beneficencia y la de Veteranos de Catarroja. Fernando Gómez “Gallito Chico” era el segundo de los hermanos “Gallo” y había nacido en Sevilla el día de Navidad de 1884, Su hermano Rafael era dos años mayor y el gran Joselito contaba, en aquel momento, nueve años de edad.

Desde aquel lejano 1933,  se ha hecho tradición en Cartagena, que antes de llegar la Procesión de regreso al Arsenal, la banda de Infantería de Marina toque el pasodoble Gallito, con el consiguiente movimiento por parte de los portapasos de su cofradía, lo que hará que al Almirante del Arsenal no le quede otra recurso, que arrestar de nuevo y por otro año a Pedro Marina Cartagena, por llegar de nuevo tarde, en compañía de otros, a ritmo de pasodoble  y encima.... ¡borracho!

Gallito · Banda Del Regimiento De Infantería Jaén 25

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El desbarajuste / por Paco Delgado

Mires donde mires, es raro que encuentres sosiego, cordura y razón. Todo parece un despropósito. Es como si el coronavirus dichoso hubiese afectado al sentido común de la gente y, al margen de la enfermedad, contagie a su paso el sinsentido y la estupidez.

El desbarajuste

Paco Delgado
Avance Taurino / 27 Febrero 2021

Si la cosa no fuese tan seria y tan grave, si pudiese mirarse con humor, habría que tomar todo lo que está sucediendo como un homenaje a Berlanga, en el año de su centenario. El que ha sido uno de los más grandes cineastas de la historia -y que siempre tuvo en mucha consideración el mundo de los toros como referencia de lo español- a lo peor hasta no hubiese creído que lo que está pasando sea real y no ficción.

Pero, ay, desgraciadamente lo que sucede en España es, triste y lamentablemente, tan cierto como que usted está leyendo ahora estas líneas.

Basta echar una mirada a nuestro alrededor para que el alma se te caiga a los pies. Manifestaciones a favor de un imbécil -al que mandan a la sombra por una acumulación de condenas- que se disfrazan con marchas a favor de la libertad de expresión y que derivan en destrozos de mobiliario urbano, saqueo de establecimientos y graves disturbios en los que se tiene a las fuerzas de seguridad con las manos atadas y poco menos que como muñecos de un pim pam pum de feria. Con alcaldes que atacan a la policía y defienden a los delincuentes. Con otros que utilizan a esa misma policía para que defienda sus ideas totalitarias y así poder hacer de su capa un sayo. Diputados y hasta ministros -además iletrados y hasta analfabetos…- que se ponen de parte de los delincuentes y que, en el colmo del disparate, cobran – y muy bien, por cierto- de un Estado del que reniegan y al que pretenden deshacer.

Con miles y miles de trabajadores sin cobrar y haciendo la vista gorda con una emigración ilegal que ya asusta. Y a todo esto, con el coronavirus bambando sin control y sin que nadie sepa bien cómo atajarlo ni frenarlo.

El desbarajuste es monumental y, como digo, digno de haber estado en una cinta de Berlanga.

También el mundo de los toros, ligado naturalmente a la sociedad española, sufre un caos de tamaño bastante preocupante.

Tras un año tan atípico como ruinoso, es ahora, a finales de febrero, cuando se empieza a deliberar cómo afrontar la campaña de 2021. Y esas deliberaciones, a lo que se ve, siguen dejando de lado los tres puntos clave que deberían marcar la regeneración y el punto de inflexión de un negocio que, como bien dice Antonio Lorca, se asoma peligrosamente al abismo.

Se quiere renovar la cúpula directiva de ANOET, lo que parece muy bien, pero sigue sin haber conciencia de unidad ni, mucho menos, de la necesidad de un órgano rector común que aglutine a todos y cada uno de los estamentos del toreo y que deberían acatar lo que se decida, yendo, sin fisuras ni banderías, todos a una y teniendo como objetivo la defensa del bien común, que no es otro que su propio negocio, algo que hasta ahora nadie parece tener claro, yendo cada cual a lo suyo sin importar otra cosa.

El modelo de espectáculo requiere una puesta al día urgente, así como su financiación, incluyendo en este apartado un nuevo tipo de remuneración por tramos que no ahorque al empresario y haga inviables muchas funciones. Volver a la separación de poderes, fomentar la base y la cantera, defender la ganadería y conseguir, de manera urgente y ya casi desesperada, que los medios de comunicación vuelvan a tener en cuenta a los toros y que esta actividad no se utilice como arma política para fines espurios.

Mucha tela que cortar, ya lo creo, pero algo esencial si queremos que esto perdure. Mucho trabajo, también, por delante, por lo que hay ponerse a la tarea ya mismo y no dejar para mañana lo que para entonces podría ser ya un imposible. Y un recuerdo.

Davillier, Doré y el coso de Monleón / por José Aledón

Una de las mejores ilustraciones de Doré

El relato "Voyage en Espagne", del hispanista el barón Jean Charles Davillier y de Paul Gustave Doré, uno de los más notables ilustradores de Europa, de no es fiel reflejo exclusivo de lo ocurrido esa tarde en el ruedo valenciano del 6 de octubre de 1861; es mucho más, fruto de todo lo presenciado tanto en Francia como en otras plazas del sur de España. Lo mismo cabe decir de las ilustraciones, pero lo innegable es que se trata de un verdadero homenaje a la Valencia taurina de su tiempo. El estudioso valenciano José Aledón nos traslada con acierto a aquella época.  

Davillier, Doré y el coso de Monleón

José Aledón 
Año 1861. Dos franceses deciden venir a España. Uno es aristócrata, hombre de mundo, de gustos refinados, coleccionista de arte y erudito hispanista: el barón Jean Charles Davillier, de 38 años. El otro es Paul Gustave Doré, de 29 años, de origen modesto y autodidacta pero ya uno de los más notables ilustradores de Europa. El primero ha venido ya, al menos, nueve veces a nuestro país, el segundo es la segunda vez que lo pisa, pero en ambos arde el mismo deseo de empaparse de la España real, no la que buscaron – y apenas encontraron – ilustres predecesores, llena de bandoleros y majas con la navaja en la liga, toreros patilludos y procesiones de disciplinantes. Lo que ellos encuentran es, más bien, una España en la que las élites hablan mucho de la Bolsa y de las acciones del ferrocarril, y el pueblo está empezando a oír hablar del capitalismo, del proletariado y de su compleja interrelación, quedando ya los bandoleros y majas en desvaído recuerdo. Los toreros eran otra cosa pues seguían siendo el paradigma del héroe popular.

La intención del viaje es publicar esas impresiones en la prestigiosa revista parisina “Le Tour du Monde” contadas por un periodista de excepción, Davillier, e ilustradas por un reportero gráfico de lujo, Doré. Y así fue. Entre 1862 y 1873 las publicó dicha revista en cuarenta y una entregas, apareciendo como libro en 1874 con el título “L’Espagne”.  

Ambos amigos eran también aficionados a los toros, no perdiéndose las grandes corridas que anualmente se daban en Bayona y otras localidades del sur de Francia desde que la española Eugenia de Montijo las pusiera de moda allí. Davillier además contaba con amigos españoles que eran verdaderos expertos en el arte de Cúchares.

El caso es que la inauguración de la Plaza de Toros de Valencia en junio de 1859 traspasó las fronteras, suscitando en la afición gala un verdadero interés por visitar esa maravilla que levantó  el arquitecto municipal de Valencia D. Sebastián Monleón y que, según el diario de Madrid “El Contemporáneo”: “Hoy la primera plaza de España, por todos estilos, es la de Valencia, porque seguramente es la de mejores condiciones, y además de su hermosura es tan sólida, que no hay temor pueda ocurrir una desgracia”.

El tándem Doré-Davillier recala en Valencia en octubre de 1861, hospedándose en la muy taurina Fonda de la Esperanza, ubicada en la calle de San Vicente y asistiendo a la corrida celebrada el día 6 del mismo mes con Antonio Carmona “El Gordito” como único espada, lidiándose reses del Duque de Veragua y de los Herederos de Gil Flores.

La impresión de Davillier al entrar en el coso la describe así: “Al penetrar en la plaza de toros de Valencia quedamos deslumbrados por uno de esos espectáculos que no se olvidan nunca, aunque sólo se haya presenciado una vez. Imaginad doce o quince mil hombres con magníficos trajes, iluminados por un espléndido sol y bullendo como inmenso hormiguero”. Incluso menciona pequeños pero interesantes detalles como que el paseíllo se hizo al son de una canción francesa muy de moda entonces: “Les filles de marbre” (“Las chicas de mármol”), en alusión a esas jóvenes prostitutas que iban perdiendo su marmórea frialdad según subía la suma a cobrar. Todavía no sonaba en nuestra plaza la “Marcha de la manolería”, también conocida como “Pan y Toros”, pasodoble compuesto por Barbieri para la zarzuela del mismo nombre, estrenada en Madrid en 1864.   

Hay que decir también que, de todas las magníficas ilustraciones taurinas de Doré, las relacionadas con esta corrida son mayoría, destacando la de “La llegada de los picadores a la plaza” donde, al fondo, se ven perfectamente los arcos de sus plantas altas.    

Esa corrida del 6 de octubre de 1861 es, nada más y nada menos, la que compendia el tema taurino en las crónicas del “Voyage en Espagne”. El relato no es fiel reflejo exclusivo de lo ocurrido esa tarde en el ruedo valenciano, es mucho más, fruto de todo lo presenciado tanto en Francia como en otras plazas del sur de España.  Lo mismo cabe decir de las ilustraciones, pero lo innegable es que se trata de un verdadero homenaje a la Valencia taurina de su tiempo, materializada en el soberbio coso de Monleón, usando éste como marco para describirle a un extranjero qué es y cómo se desarrolla una corrida de toros en España-