
'..Yo prometo que me cae bien Ayuso, pero es que no puede ser. Esto tiene que parar, pero no puede parar porque es La PP la que está detrás. La PP y las horteras fuerzas de lo Liberal Madrileño, que han convertido la ciudad en un infierno..'
La hispanidad chanante de Ayuso
HUGHES
El Estado Autonómico debe morir, pero no por Puigdemont, sino por Ayuso. Por Puigdemont también, por supuesto, pero por Ayuso más.
Fue difícil no dedicar unas palabrillas a su delirio del dos de mayo, vestida de rojo mezclando a los mamelucos con la Hispanidad y a la libertad con la magnesia, El potaje losantiano recitado con una cursilería que empieza a preocupar.
Yo prometo que me cae bien Ayuso, pero es que no puede ser. Esto tiene que parar, pero no puede parar porque es La PP la que está detrás. La PP y las horteras fuerzas de lo Liberal Madrileño, que han convertido la ciudad en un infierno.
Después del 2 de mayo se ha ido a México. Donde no está nunca Ayuso es en Móstoles. Ahora se va a México a hacer Hispanidad.
Si el discurso de la Autonomía del Madrid DF de Ayuso hace aullar (Madrid, la Autonomía Bien), el de la Hispanidad lo supera en delirio. Hace unos meses hubo una polémica porque surgió la palabra Hispanchidad. En mucho de lo que llevaba añadido ese discurso (en gran parte joven) había buenas razones. Fundamentalmente, en el exceso de la inmigración y en la ridícula impostura de lo imperial en el siglo XXI. Pero a la vez, asomaba la patita el desprecio racista más que racialista y sobre todo, un abandono de la Hispanidad entendida como un patrimonio de la derecha española. La miraban como una patochada boomer. Defender la Hispanidad no es defender que Madrid se llene de millones de extranjeros, ni regalar la nacionalidad. Franco definía la Hispanidad como una unión espiritual y cultural. No como un imperio, ni una ciudadanía común, como si lo era la Commonwealth.
Que lo fuera en otro tiempo, sí, pero no era hispanidad, era españolidad, éramos «españoles de dos hemisferios» porque había dos hemisferios. Ahora sería meter la hispanidad en dos distritos urbanos.
No fue la hispanidad tan lejos ni siquiera cuando en los años 50 se modificó la ley española para establecer en dos años el plazo para la nacionalización de los iberoamericanos residentes. Eso lo hizo Franco en un contexto mundial muy distinto. España estaba, para empezar, aislada.
La Hispanidad de Ayuso es recubrir con eso abusivamente el cableado neoliberal oceánico que ha llenado Madrid de dinero especulativo y de fuerza de trabajo con salarios depauperados. Con ello está fortaleciendo en un sentido capitalino la retórica inmigracionista de Sánchez. En cierto modo, va más lejos. Hace globalismo sorosiano con Cuatro Caminos.
En realidad, Ayuso es el PP de siempre, el del gran regularizador Aznar, pero pasada de speechwriters. Mi teoría es que Ayuso es el PP recibiendo a los terribles centristas (terrrribles con varias erres), y el efecto es este empacho (ese querer serlo todo, ese usarlo todo de la historia de Ayuso es, de hecho, puro Macrón).
Por ejemplo, que España diera lugar al mestizaje y no al exterminio sistemático no significa que España sea mestiza. No pasaría nada si lo fuera, pero es que no lo es.
Ayuso está abusando del concepto hispanidad como abusa del concepto capitalidad. ¿Cómo qué «Madrid capital de la Hispanidad»? Madrid es capital de España, y su región, la que ella preside, una aspiradora de recursos precisamente por esa capitalidad.
Verla por esos mundos con ese abuso entre solemne y patético de la libertad y los Reyes Católicos estremece, cashetanizando a Isabel La Católica para millonarios mexicanos… Madrid está invivible, es imposible vivir en ella y su particular efecto llamada puede ser el remate. En Madrid tienen que poder vivir primero los madrileños, y luego, si acaso, los españoles. Señora Ayuso, si no están pudiendo vivir los madrileños en Madrid, ¿le parece bien llamar a los de Cuauhtémoc?
Ayuso mezcla el 78 con el 2 de mayo, las témporas con Cristóbal Colón, y a Hernán Cortés con Savater y sale un pisto mareante. Es un cocido de peyote.
La Hispanidad es un tesoro, una finura un poco propicia a la divagación, a la que llamamos así porque algún nombre hay que ponerle, pero su capital no es Madrid, es el español, es la lengua española.
La Hispanidad es algo, tiene que ser algo, porque si no, amputamos la grandeza española. Lo español se alarga con ella, se hace Greco, se espiritualiza hispanamente (¿pueden entender esto los cabestros sin amenazarnos de muerte?).
Pero Madrid está imposible y más real que la hispanidad es la españolidad.
Cuando ha surgido por Vox la prioridad nacional, personas con mala intención empezaron a preguntar qué es un español. Debate abstruso para enredar (abstruso, no ayuso). A la mujer la define la biología, y pretender que la biología defina al español es un jardín en el que algunos (o todos, enemigos acechantes) querían meter a Vox.
(Toda definición nacional será en parte abierta, en un sentido, por ejemplo, lepenista: francés es el que lo hereda y el que lo merece).
No toca ese debate. Toca proteger la españolidad, y el paso lo marca Portugal, por ejemplo, donde se hace una ley de nacionalidad restrictiva que amplía los plazos de espera de cinco a siete años y establece supuestos de pérdida por crímenes.
Cuando el socialismo y el 78 trafican con la españolidad y la regalan, la venden cuando ya han vendido el Estado, el futuro, la nación… ahora ya no les queda otra cosa que vender que las posesiones simbólicas en ultramar, y para eso usan el sacrosanto término de la hispanidad (refugio de las últimas sensibilidades de lo español, Covadonga del espíritu… la hispanidad es al futuro lo que Covadonga al pasado).
Por eso hay que dificultar y quitarles de las manos la máquina de producción de españolidad, porque la corromperán como todo lo demás.
Vendieron el futuro con la deuda, el Estado, la nación federalizada, negada y monarquizada, y ahora extienden cheques sin fondo de españolidad ultramarina… O sea, extienden la corrupción a la nacionalidad. Esto recuerda la figura futbolística del oriundo. Cuando en los 60, en España no se podía fichar extranjeros, solo dos, empezaron a traer futbolistas extranjeros de otra forma: mayormente argentinos con ancestros españoles. Una condición era no haber jugado en otra selección, así que no eran primeras figuras. Por ejemplo: Oscar Pinino Mas, Roberto Martínez… Estaban a medio camino entre el extranjero prestigioso y el español con bigote. Eran los oriundos, ni una cosa ni la otra. Y de esa condición, además, se hizo abuso, corrupción, se falsificaron pasaportes y con el tiempo hubo que ponerle fin.
A eso suena este proceso enloquecido. El PSOE abre una ventana sectaria e ideológica «mnemodemocrática» de nacionalizaciones a gogó y Ayuso desparrama con su hispanidad para inversores inmobiliarios.
Hay que deslindar españolidad de hispanidad, y proteger ambas: una en su materialidad cívica, económica y política (porque lo nacional se arruina por defecto o por exceso hispanochanante), y en la otra, la hispanidad, en su pureza ideal espiritual, cultural y proyectiva. Y por supuesto, cuidar las dos actuando con supremo cuidado con el grifo de la inmigración, que no puede ser barra libre porque degenera las definiciones, las categorías y las convivencias.














