la suerte suprema

la suerte suprema
Pepe Bienvenida / La suerte suprema

lunes, 15 de junio de 2026

La de Beneficencia'26. El cante de los poderdantes en "Singin' in the Rain". Márquez & Moore




A Joaquín Vidal,
en su abono del tendido bajo del 10,
fila 6, asiento 17, en Las Ventas, 1999

JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ
Antes la Corrida Extraordinaria de Beneficencia se celebraba un jueves, como el Corpus. Ahora ambos se celebran en domingo. Antes la Corrida Extraordinaria de Beneficencia la presidía un Rey. Ahora la preside el funcionario González-etcétera. Antes en la Corrida Extraordinaria de Beneficencia se anunciaban los triunfadores de la Feria, ahora el cartel está hecho desde antes de que empiece la Feria. Son pequeñas diferencias entre lo de antaño y lo de hogaño que, por más vueltas que le damos, no acaban de gustar mucho, verdaderamente. En lo que nunca ha cambiado la Corrida Extraordinaria de Beneficencia es en la asistencia a ella de un público especialmente fiestero y con ganas de diversión, aumentada por la cantidad de entradas que se regalan.

Para la Beneficencia de 2026 contrataron a Alejandro Talavante, apoderado por el empresario de la plaza de Las Ventas; a Roca Rey, apoderado por el hijo del antiguo empresario de la Plaza de Las Ventas, y a Víctor Hernández, apoderado por el anterior Gerente de la Plaza de Las Ventas, con lo que, más o menos, todo queda en casa.

Para la cosa del ganado decidieron quienes lo decidieran que se iban a traer un encierro de la ganadería de Victoriano del Río, que ya sabemos todos que es propiedad de la sociedad limitada Medianillos Ganadera, y que es ganadería muy apropiada para el triunfo de los toreros: nos recuerda la señora o señorita doña Patricia Navarro, en un folleto que entregan a la entrada junto con el programa, que los toros Medianillos han propiciado hasta la fecha 20 puertas grandes en Madrid. Por centrar un poco el asunto diremos que hasta el día de la fecha no ha habido un solo torero que haya abierto la Puerta Grande de Madrid con los toros de José Escolar. Algo tendrán los unos y los otros que les hace diferentes. 

Por ejemplo, con los de Escolar estamos atentos a ver si alguno abre la boca durante las fases de su lidia y lo normal es que dicha apertura no se produzca y, sin embargo, los toros de Victoriano del Río, que no tienen empacho en mostrar sus lenguas jadeantes, en cambio se caen constantemente, tal y como hoy pasó, que los seis anduvieron cayéndose en mayor o menor medida durante las diversas fases de sus vidas públicas. A algunos nos gustan más los de Escolar, porque rechazamos por completo al toro que da pena, pero no cabe duda que muchos coletudos y muchos públicos prefieren la sumisa docilidad, en la que ellos mismos se ven retratados, a la imprevisible casta. Hubo dos toros hoy, el cuarto, Empanado, número 11, y el sexto, Gorrión, número 99, que entraron con vigor al caballo, metieron los riñones y empujaron con fe, haciendo peligrar la estabilidad de José Manuel Quinta y de Israel de Pedro: alguna traza de casta, que no han podido borrar de su podrido ADN, les llevó a hacer el esfuerzo de tratar de derribar a esos pencos forrados de faldillas dejándose prácticamente la vida en el esfuerzo, puesto que sus energías se resintieron significativamente tras su paso por el negociado de Equigarce, pero ese momento no lo vieron los ganaderos, que habían huido de su burladero para ponerse a salvo del chaparrón.

El chaparrón marcó por completo el desarrollo de la tarde. En ese sentido puede decirse que asistimos a dos corridas diferentes: la de los tres primeros, con calor y sequedad, y la de los tres últimos, que se dio con las normas de una naumaquia, más que con las de la tauromaquia de Montes.

El primero de la tarde ya marcó un poco la tendencia caediza del ganado. El señor González-etcétera lo mantuvo en el ruedo, acaso influido por las sabias admoniciones del veterinario don Juan Pedro de Miguel Rodríguez, y por allí anduvo el bicho yendo de acá para allá tras la muleta de Talavante que hizo más o menos lo mismo que cuando las dos orejas pero sin tirar el espadín, que hoy no tocaba mostrar su «toreo lleno de matices» en palabras del crítico Nogales en el folleto de marras. 

En esta ocasión sus matices fueron, como otras veces, su falta de colocación y de remate de los muletazos y su ausencia de un mínimo compromiso, prefiriendo la ventaja a la verdad, tal y como viene haciendo desde su reaparición. Para más INRI el toro no era de los repetidores y como se le quedaba parado tras cada pase, dejaba bastante en evidencia las faltas de lesa tauromaquia que cometía el «triunfador» de la pasada Feria de San Isidro.

Con la neojerga taurina en la mano podríamos decir que el toro adolecía de «falta de apoyo en las manos» y que eso condicionaba el desarrollo de su colaboración para el triunfo de Talavante que, cuando vio que aquello no acababa de arrancar le pegó un sartenazo infame con el que tuvo ocupados a los areneros en tapar los restos de la agonía de Comunero, número 125 durante un buen rato.

El segundo de la parte seca de la corrida fue Curioso, número 148. A este le podríamos achacar su «falta de entrega», que esto de la neolengua es una mina, a medida que los pases de Roca se iban desarrollando. Comenzó el hombre su labor de rodillas con pases cambiados que entusiasmaron al público y luego fue desarrollando una faena a menos del que, según la periodista Rosario Pérez, de nuevo en el folleto, se dedica a «escribir páginas en la historia (sic)» Esta vez las páginas las escribió con la tinta esa de James Bond, que no se ve lo que se ha escrito, porque aquello no llegó a ningún puerto, y aquí volvamos a desvelar el hecho de que el animal no estaba por repetir, lo mismo que el anterior, con lo que la truculenta propuesta del peruano se quedaba corita y sin andamiaje, porque ese toreo se sustenta en la condición repetidora del toro y si eso falla, el castillo de naipes se derrumba.

«La figura seca» según las palabras del revistero Bienvenida en el folleto es la de Víctor Hernández, que sorteó primeramente a Empanado, número 103, que es el primero de los de Victoriano del Río que se comportó como debía, es decir siendo obediente y repetidor. Brindó al Gerente de Las Ventas, imaginamos que por haberle metido en este cartel, y comenzó su labor a base de pases del Celeste Imperio hasta que en uno el toro le hizo un extraño y lo descompuso. Luego, al natural, que es lo suyo, sin dar el paso adelante, rodeando al toro, no consigue poner a rugir a Madrid. El toro tiene unas óptimas condiciones pero el torero decide no comprometerse, aplicando las normas de la neotauromaquia y dejando pasar otra nueva ocasión de hacerse notar con fuerza. Las gentes le vitorean, porque el público es fiestero y jubiloso, pero los argumentos de Hernández no son de peso. Acaba con la peste de las bernardas y tampoco está lo que se dice bien con la espada, y eso que la suerte suprema se le suele dar bien; y así, entre que si se muere el toro y que si Diego Valladar se lo levanta de entre los muertos, se va pasando el tiempo y cuando arrastran al bicho ni siquiera la hacen salir a saludar al tercio.

A partir de ahí comienza a llover, como si se abrieran los cielos, y se produce una desbandada general entre el público, quedando unos pocos y contumaces espectadores en los tendidos y con las gradas y andanadas llenas. Todos tenemos presentes grandes faenas que se han realizado bajo un diluvio (Curro Vázquez, Ureña, Antoñete, José Luis Moreno…), pero hoy no se ha dado esa circunstancia. Con el ruedo como una piscina los tres matadores han dado fin del toro que les correspondía a cada uno de la manera que les ha parecido idónea sin que haya apenas nada más que reseñar que el segundo toro de Víctor Hernández fue, de nuevo, apropiado para las intenciones del torero, pero con aquel barrizal tampoco era cosa de pedir peras al olmo. No acaba de dejar muy buena puntuación Hernández, al que más parece que le están robando el alma y que cada vez se aleja más de aquel Víctor Hernández que nos fascinó con su verdad el año pasado.



A beneficio de inventario


ANDREW MOORE











Guernica


Victoria de Samotracia









FIN

Beneficencia/26: El postre… viento, lluvia y barro / por Antolín Castro


'..Y es que tras la salida del cuarto toro la plaza se convirtió en un diluvio continuado que disminuyó las posibilidades de éxito, al tiempo que engrandeció la disposición de la terna para continuar, aunque fuera luchando contra los elementos meteorológicos..'

Beneficencia/26: 
El postre… viento, lluvia y barro

Antolín Castro
Opinión y Toros / 14 Junio 2026
Con esta corrida, siete días después, se cerraba el ciclo completo de lo programado en San Isidro.

Antes la Beneficencia era el festejo de los triunfadores de la feria, hoy se anuncia al tiempo que todo el abono. Puede que acierten con el cartel, pero lo que antes garantizaba es que actuaban los triunfadores. En esta cita Talavante llegaba ejerciendo ese derecho, pero hubiera ido acompañado de Urdiales y Román. Eso hubiera sido lo justo.

Los toros, sí pueden anunciarse antes, aunque, en cualquier caso, Victoriano del Río es sinónimo de garantía antes o después. Lleno y máxima expectación. Roca Rey y Víctor Hernández acompañaron a Talavante en el paseíllo. Ese era el postre anunciado por Plaza 1. Postre que… resultó pasado por agua.

Y es que tras la salida del cuarto toro la plaza se convirtió en un diluvio continuado que disminuyó las posibilidades de éxito, al tiempo que engrandeció la disposición de la terna para continuar, aunque fuera luchando contra los elementos meteorológicos.

En la primera parte solo hay que destacar una porfía en quites del peruano con el madrileño, cuando este quitó en el toro del limeño. Capote a la espalda ambos lograron captar el interés del público. Una réplica que no dejó pasar Roca Rey ante el atrevimiento del de Los Santos de la Humosa.

El viento en esa primera parte molestó a los espadas, siendo Víctor quien más y mejor se enfrentó a ese enemigo. Pudo haber obtenido una oreja de haber sido más certero con la espada.

Con la lluvia torrencial se modificó el ritmo de la tarde. Talavante asumió el reto con disposición mientras los tendidos se desalojaban a todo correr y a borbotones. La idea de suspender se pasó por la mente de casi todos. Casi todos excepto Roca y Hernández, quienes decidieron seguir la corrida, aunque para eso tuvieran que meterse en el barro.

Roca Rey mostró no solo las ganas, también capacidad para sortear las malas condiciones del ruedo. Víctor Hernández se la jugó sin cuento y puso todo de su parte para triunfar, enmendando el fallo a espadas, pero no era su tarde con el estoque, ahora se le fue muy bajo y nuevamente la posibilidad del premio se disipó.

Los toros, bien presentados y con aceptable juego, padecieron también las malas condiciones. De no haber estallado el diluvio la tarde se pudo saldar de otra manera. Todos tuvieron mala suerte. Los únicos afortunados los espectadores de gradas y andanadas que no tuvieron que correr a refugiarse.

Con esta corrida, tan damnificada, se acabaron los festejos organizados por San Isidro. Ahora vendrán carteles de oportunidad y las novilladas nocturnas.

domingo, 14 de junio de 2026

El despertar de la ira / por Rafael Nieto


'..En Belfast, sin embargo, se ve que a los vecinos se la viene trayendo más bien floja lo que digan los gobernantes y sus periódicos, y se han echado a las calles para responder «comme il faut» al intento de decapitación de un hombre de 40 años, Stephen Ogilvie, a manos de un sudanés que nunca debió entrar en Irlanda del Norte..'

El despertar de la ira

Rafael Nieto
Es digna de estudio la reacción que se produce siempre en los pilares del sistema (políticos mendaces, sus medios subvencionados y los tontos útiles) cuando hay una respuesta airada por parte de los españoles o europeos tras un ataque de «los de siempre»: los que no comen jamón. Esa hiperventilación sistémica que amenaza alipori, ahora ya veraniego, es el primer síntoma exigible a todo el que se considere un demócrata fetén, que ya saben ustedes que es el título más elevado al que se puede aspirar en nuestro tiempo. Quien no sufra de sofocos intrauterinos o prostáticos al ver una reacción contundente de los nuestros, es un faccioso repugnante. Y punto.

En Belfast, sin embargo, se ve que a los vecinos se la viene trayendo más bien floja lo que digan los gobernantes y sus periódicos, y se han echado a las calles para responder «comme il faut» al intento de decapitación de un hombre de 40 años, Stephen Ogilvie, a manos de un sudanés que nunca debió entrar en Irlanda del Norte. Llevaban tiempo aguantando y callando, aunque no tanto como aquí , donde nos hemos hecho pastueños en el último medio siglo. Y, como siempre ha ocurrido y ocurrirá a lo largo de los siglos, un suceso que en otro momento hubiera pasado casi inadvertido, al no generar una respuesta legal proporcionada por los gobernantes, ha terminado encendiendo la mecha. Porque la paciencia casi siempre tiene un límite.

La terrible escena de Belfast, con un irlandés pidiendo auxilio en vano mientras un musulmán sudanés levantaba victorioso un puñal con el que trataba de segar el cuello de su víctima, ya la hemos visto, desgraciadamente, muchas veces en distintos escenarios europeos. Los agresores son siempre los mismos, y las víctimas, por desgracia, también. Las respuestas de los políticos son invariablemente siempre iguales: «No hay nada que justifique una respuesta violenta», que han sido las palabras exactas del socialista Starmer, quien podría estar viviendo, por cierto, sus últimos meses al frente del Gobierno británico por el creciente rechazo que le muestra su partido. El político progre mantiene siempre el mismo esquema mental: comprensivo con el agresor (siempre que sea musulmán), intransigente con quien se atreva a responder (especialmente si es blanco, heterosexual y europeo).

El sudanés que intentó decapitar a Ogilvy en plena calle de Belfast entró en las islas a través de un sistema de «vía rápida» introducido durante el Gobierno del ex primer ministro británico, Rishi Sunak (de ascendencia india). Este asesino en potencia simplemente tuvo que rellenar un cuestionario de apenas diez páginas, expedido por el Gobierno del Reino Unido, para poder formar parte de la sociedad británica, en lugar de someterse a los controles que eran normales hasta no hace muchos años, y que garantizaban la correcta identificación de aquellas personas que verdaderamente podían considerarse como refugiados. Es uno de los muchos coladeros, totalmente legales pero desde luego ilegítimos, con los que Europa se está literalmente suicidando lentamente.

Mientras esto ocurre, hay cientos, miles de familias europeas que se resisten a ver cómo lo pierden todo a manos de estos desalmados. Porque ya no es sólo que sean atendidos en los hospitales antes que nosotros, o que les den las viviendas públicas que a nosotros nos niegan, o que reciban pagas, ayudas y pensiones que se regatean a los nacionales. Es que imponen sus costumbres, rebanan el clítoris a sus mujeres, atracan a punta de navaja a nuestros chavales, y violan en callejones oscuros a nuestras hijas. O por lo menos, lo intentan. Y deberíamos perder toda esperanza de que haya un cambio sustancial en este desastre si continuamos cruzados de brazos en prácticamente todos los lugares de Europa, salvo en Belfast y alguno más.

El buenismo progre tiene un precio altísimo, concretamente el precio de la sangre de los inocentes. El precio de las vidas de las personas normales, los trabajadores y sus familias, que no pueden permitirse vivir en palacios amurallados como Starmer, Macron o Pedro Sánchez. Son esas personas, las que no tienen nada que perder, las que hemos visto salir a las calles de Belfast para responder a un intento de decapitación que, recordemos, provocó que la policía irlandesa fuese a regañar a la víctima mientras se desangraba. El tiempo del silencio y de la quietud ya se está terminando. Y la incompetencia y dejadez de los políticos provocarán, no lo duden, el despertar de la ira.

La Moneda, el ruido y los fantasmas / por Sergio Hueso


'..Afrontar una encerrona en Madrid, fuera de abono y con el cartel de “No hay billetes”, no era un detalle menor. Conviene subrayarlo. Había ambiente, pero también había ruido. Mucho ruido. Demasiado, incluso, antes de que la tarde empezara..'

La Moneda, el ruido y los fantasmas

Por Sergio Hueso 
Tenía Borja Jiménez el pasado domingo casi todo en contra antes incluso de echar a andar en el paseíllo. Y lo sabía. Por eso, entre otras cosas, se fue de rodillas a la puerta nada más salir el primer toro. No era un gesto de cara a la galería ni una ocurrencia para calentar la tarde: era una declaración de intenciones. La manera de decir que aquella encerrona en Las Ventas no nacía de un capricho, sino de una necesidad.

Porque hay toreros que, desde que empiezan, parecen condenados a remar con el viento en contra. Y Borja Jiménez pertenece a esa estirpe de toreros a los que nada les ha llegado del todo regalado. Afrontar una encerrona en Madrid, fuera de abono y con el cartel de “No hay billetes”, no era un detalle menor. Conviene subrayarlo. Había ambiente, pero también había ruido. Mucho ruido. Demasiado, incluso, antes de que la tarde empezara.

La encerrona se cuestionó desde el mismo día en que se anunció. Y si tenemos en cuenta que aquello ocurrió en febrero, hagan cuentas de lo que supone para un torero convivir durante meses con opiniones, sospechas, comentarios en la calle, juicios en redes y lecturas interesadas de un sector de la prensa. A veces se olvida algo tan elemental como incómodo: los toreros son personas. Se enteran de las cosas. Leen, escuchan, intuyen y cargan. No viven al margen de la polémica, aunque muchas veces tengan que hacer como si no les rozara.

Borja hizo oídos sordos, o al menos lo intentó. Quizá no le quedaba otra. Porque uno de los defectos más reconocibles de este mundo del toro —y esta vez hablo especialmente de la afición, aunque no solo de ella— es la facilidad con la que se opina de todo sabiendo muy poco. Incluso la prensa, que está más cerca de la información, rara vez conoce la verdad completa en un sector tan hermético como este. Mucho menos puede conocerla el aficionado, por legítimas que sean sus impresiones.

Se ha cuestionado la estructura de las temporadas de Borja, su entorno, el sentido de la encerrona y, sobre todo, la elección del ganado. Pero hay una pregunta que apenas se ha formulado con honestidad: ¿sabemos realmente qué se le ofreció a Borja Jiménez en Madrid? ¿Sabemos si la encerrona fue una elección libre en todos sus términos o la única carta posible para intentar dar un golpe en la mesa? No lo sabemos. Yo tampoco. Y precisamente por eso conviene tener cuidado antes de levantar sentencias.

Porque en el toreo no todos eligen lo que torean. Esa es una verdad incómoda. Hay unos pocos toreros que pueden escoger, ordenar, medir y colocar su temporada con una capacidad de decisión que otros sencillamente no tienen. Y luego está la mayoría, la que torea lo que le dejan, cuando le dejan y como le dejan. Si no aceptan, se quedan a dos velas. Sin pruebas, no puede afirmarse que ese fuera exactamente el caso de Borja en esta encerrona. Pero tampoco puede descartarse que el margen real de maniobra fuera bastante más estrecho de lo que muchos imaginan.

La apuesta, en cualquier caso, estaba hecha. Y no salió tan mal como algunos esperaban, aunque tampoco salió de diez. Esa es la verdad. Borja sabía que necesitaba una tarde especial que terminara de colocarlo en la mesa de los grandes. Porque, por desgracia, el toreo actual funciona con una memoria tan frágil como injusta. Ya casi nadie parece acordarse de sus puertas grandes en Madrid, de aquella tarde de los victorinos, de la faena de indulto a un gran toro de La Quinta en Bilbao o de tantos otros hitos que deberían pesar mucho más en su cotización.

Pero el toreo está montado de tal manera que los triunfos duran poco y las inercias duran demasiado. A determinados toreros se les exige siempre una nueva prueba de vida. Una más. Otra gesta. Otro golpe. Otra moneda al aire. No basta con haber llegado; hay que estar justificando cada temporada el derecho a seguir llamando a la puerta. Le ocurrió a Emilio de Justo con aquella encerrona del Domingo de Ramos, frustrada por un percance terrible, y les ha ocurrido a muchos otros toreros que han tenido que jugarse demasiado para intentar ocupar el sitio que el sistema no termina de concederles.

El problema es que los toreros del corte de Borja, si no sucede algo verdaderamente excepcional, rara vez ven cambiar su vida de forma definitiva. Seguirán toreando, pero quizá no alcanzarán el lugar que merecen. Mientras tanto, otros viven instalados en una comodidad que no exige gestas ni apuestas mayores. Tienen la temporada hecha, el hueco reservado en los grandes carteles, el mejor arropo y, en muchos casos, la posibilidad de decidir mucho más de lo que públicamente se reconoce. 

Por eso conviene medir las críticas cuando se habla de una encerrona. Es muy fácil preguntar desde fuera por qué se eligió tal ganadería o por qué se confeccionó de una manera determinada. Pero quizá no se puso todo el campo bravo a disposición del torero. Quizá, si quería hacer la gesta, tenía que asumir unas condiciones concretas. Y el público no tiene por qué saberlo, claro. Pero que no lo sepa no significa que no exista una realidad de fondo mucho más compleja.

El domingo, Borja Jiménez pinchó precisamente los toros que no podía pinchar. Los de triunfo. Los que le habrían puesto varios trofeos en el esportón y, probablemente, lo habrían sacado en hombros por la Puerta Grande. Aunque también cabe preguntarse cuánto habría cambiado realmente una foto a hombros al día siguiente. Tal vez mucho menos de lo que parece. Porque a estas alturas, y en este sistema, ni siquiera los triunfos rotundos garantizan ya determinadas cosas.

Se marcharía Borja con rabia. Es normal. Pero hay algo que no se le puede discutir: la actitud. La entrega fue irreprochable. La tarde no tuvo el vuelo soñado por culpa de un conjunto ganadero que no terminó de acompañar, pero el torero sostuvo el pulso con una disposición que desarmó a quienes aguardaban el desastre. No fue una encerrona para la gloria, pero tampoco fue el naufragio que algunos parecían esperar.

Ahora bien, si Borja quiere terminar de romper determinadas puertas, necesita resolver una cuestión que esta temporada le está frenando demasiados triunfos: la espada. No es un detalle menor. Está pinchando muchos toros importantes, y eso, más allá de la técnica, también puede hablar de una presión interior. Da la sensación de que vive cada toro de triunfo como una reválida absoluta, como si tuviera que demostrarlo todo otra vez. Y cuando lo cuaja, cuando tiene la tarde en la mano, aparece el peso del compromiso y se le escapa lo que ya parecía suyo.

Borja necesita matar mejor. Pero quizá también necesita matar más libre. Liberarse de esos fantasmas que le acompañan cuando la faena ya está hecha y solo falta rubricarla. Porque el público sabe lo que es. Sus partidarios lo saben. Quienes creen en él conocen su capacidad, su valor seco, su ambición y esa manera de ponerse delante como si cada tarde fuera una cuestión personal. Cuando vuelva a matar con la naturalidad con la que torea, Borja volverá también a sonreír con más frecuencia.

El fondo de todo esto, sin embargo, va más allá de una espada o de una encerrona. Habla de cómo está el toreo. Habla de lo difícil que resulta hoy ser un torero libre. Sus declaraciones retando a Roca Rey, en otros tiempos, habrían sido recibidas como un gesto de personalidad, como una forma de alimentar la rivalidad y de darle temperatura a una Fiesta que necesita verdad, competencia y pulso. Hoy, en cambio, ese tipo de gestos se celebran de puertas afuera, pero pueden cerrar demasiadas puertas por dentro. Carne de toro

Porque aquí, aunque casi nadie lo diga en voz alta, mandan muy pocos. Y cuando uno no ríe determinadas gracias, cuando no entra en determinados círculos o cuando intenta salirse del carril, regresar al sitio se vuelve mucho más difícil. Esa es una de las grandes contradicciones del toreo actual: se reclama personalidad, pero se castiga la independencia; se pide emoción, pero se ordena la temporada con demasiadas comodidades; se invoca la grandeza, pero se administra el sitio con criterios que no siempre responden solo al mérito.

Y luego están los síntomas. Los pequeños detalles que dicen mucho. Que en la feria más importante del mundo se pueda llegar a premiar hasta cuatro mejores faenas es una imagen perfecta de esta época: todos contentos, todos reconocidos, todos con su parte de gloria, aunque la gloria, cuando se reparte tanto, termina perdiendo valor. Ahora que comenzamos tiempos de mundial, imaginen un Mundial de fútbol con cuatro campeones del mundo. Pues eso.

La encerrona de Borja Jiménez dejó una conclusión más amarga que luminosa, pero también más profunda de lo que indica el resultado. No fue la tarde soñada, ni la tarde definitiva, ni la tarde que quizá él necesitaba para cambiarlo todo. Pero sí fue la tarde de un torero que se puso donde había que ponerse, con el ruido alrededor, la presión encima y la moneda en el aire.

Y en el toreo, a veces, también cuenta quién se atreve a lanzarla.

El honor de la Guardia Civil

En condiciones de normalidad democrática, Mercedes González y el ministro Marlaska habrían dimitido hace semanas. No lo han hecho porque el sanchismo premia la sumisión.


El honor de la Guardia Civil

Una de las constantes que definen el sanchismo es su determinación para infiltrarse en las instituciones y, desde dentro, hacer pasar por normal su sometimiento, siempre al servicio de los intereses políticos y personales de Pedro Sánchez y del Gobierno. Por ejemplo, la Guardia Civil. Las represalias contra figuras señeras del Instituto Armado, como los coroneles Pérez de los Cobos y Sánchez Corbí, marcaron el inicio de un plan para sojuzgar a la Benemérita. La investigación sobre las cloacas del PSOE, lideradas por Santos Cerdán y Leire Díez según las resoluciones judiciales, está revelando una verdadera fijación por convertir a la Guardia Civil en un peón del sanchismo. Su actual directora general, Mercedes González, se mantiene en su cargo no por convicción de su inocencia, sino por la normalización de la corrupción en los hábitos del Gobierno. El sanchismo es capaz de metabolizar y asimilar cualquier realidad corrupta porque es su manera de desafiar a la sociedad, a la Justicia y a la prensa libre. En condiciones de normalidad democrática, Mercedes González y el ministro Marlaska habrían dimitido hace semanas. Una y otro faltaron con descaro a la verdad y negaron las reuniones de Leire Díez con González, que tenían como finalidad algo tan sencillo como inmovilizar a la Guardia Civil en todo aquello que pudiera afectar a Sánchez. No han dimitido porque el sanchismo premia la sumisión.

Tirando del hilo, la historia va encajando. Altos mandos del Cuerpo animaron a los agentes de la Unidad Central Operativa «a no ser proactivos» y a «a ponerse de perfil» en los asuntos molestos para el PSOE. La UCO entró en la Dirección General, incluyendo el despacho de su más alto mando operativo, para buscar documentación que pudiera acreditar presiones, sanciones y expedientes a investigadores del Instituto Armado que hubieran osado preguntar por los casos que afectan al sanchismo. Leire Díez no dudó en señalar al teniente coronel Balas como el objetivo principal de su campaña para frenar las investigaciones judiciales que preocupaban al presidente del Gobierno. Lo más preocupante de este escenario es que hubo mandos que se prestaron a la purga de la UCO, generando tensión interna entre fuerzas incompatibles: la que defendía la legalidad y la que optó por el sanchismo.

Los jueces tienen en sus manos, en el marco de sus instrucciones penales, la posibilidad de identificar los puntos infecciosos de la Guardia Civil, pocos pero muy activos, y adoptar medidas para sanearlos. Pero no será suficiente si no se cambian las reglas del juego para que ningún gobierno pueda interferir en las labores que corresponden a la Guardia Civil y la Policía Nacional como policías judiciales. Dando por hecho que la sensatez se impondrá y que no habrá una nueva mecánica procesal en la que el fiscal dirija la instrucción penal, cuando cambie el ciclo político el nuevo ejecutivo y el próximo Parlamento tendrán que crear las garantías necesarias para que todo órgano de policía judicial esté blindado frente a las presiones de los mandos políticos. Algo tan tradicional como la Cartilla del Guardia Civil cobra hoy un nuevo significado. En ella se lee: «El honor ha de ser la principal divisa del guardia civil». Todo lo demás viene por añadidura.

Manuel Diosleguarde triunfa en Daganzo y toma ventaja en la Copa Chenel / por Sixto Naranjo

Manuel Diosleguarde en su salida a hombros este sábado en Daganzo de Arriba

Puerta Grande del salmantino en el regreso de los toros a Daganzo de Arriba, mientras que Alejandro Marcos dio dos vueltas al ruedo y Álvaro Burdiel una.


Manuel Diosleguarde triunfa en Daganzo
 y toma ventaja en la Copa Chenel

El salmantino corta dos orejas a un toro de Los Eulogios de vuelta al ruedo. Alejandro Marcos, dos vueltas al ruedo y Burdiel, una.

Sixto Naranjo Sanchidrian
El regreso de los toros a Daganzo de Arriba dieciséis años después tuvo un nombre propio: Manuel Diosleguarde. El salmantino fue el único que logró tocar pelo en la primera cita de la segunda fase de la Copa Chenel, cortando las dos orejas al mejor toro del encierro y dejando además una actuación de gran peso frente al exigente quinto. Alejandro Marcos y Álvaro Burdiel completaron una tarde de entrega y disposición, ambos por encima de las opciones que ofrecieron sus respectivos lotes.

Diosleguarde encontró el triunfo en el tercero de la tarde, un toro de Los Eulogios que salió al ruedo por error en segundo lugar. Tras un recibo de capa variado y un ajustado quite por chicuelinas, el salmantino construyó una faena de menos a más, aprovechando la buena condición del animal especialmente al natural. La estocada final puso en sus manos las dos orejas, mientras que el toro fue premiado con la vuelta al ruedo.

Más mérito tuvo incluso su labor frente al quinto, un serio ejemplar de La Machamona que fue apagándose poco a poco. Diosleguarde apostó fuerte desde el inicio y terminó sacando muletazos de gran valor y profundidad, especialmente por el pitón izquierdo, firmando algunos de los momentos más rotundos de la tarde. El desacierto con la espada le privó de un premio mayor y todo quedó en una vuelta al ruedo.

Alejandro Marcos sorteó un lote escaso de opciones. Ante el primero dejó ver su temple y buen concepto pese a la falta de entrega del toro de La Machamona, arrancándole muletazos de mérito antes de perder el posible trofeo con la espada. La petición le permitió dar una vuelta al ruedo. Repitió reconocimiento en el cuarto, un animal deslucido al que logró sacar más de lo que parecía tener gracias a su firmeza y buen manejo de las telas.

También Álvaro Burdiel dejó una actuación estimable. Dio una vuelta al ruedo tras enfrentarse al toro de Los Eulogios que salió adelantado por error de chiqueros, en una faena basada principalmente sobre la mano derecha y marcada por un percance sin consecuencias cuando el animal le rompió la taleguilla. Con el sexto, el ejemplar más serio y complicado del festejo, volvió a mostrar capacidad y oficio ante un toro reservón y de medias embestidas. El fallo reiterado con los aceros emborronó esta vez lo realizado anteriormente.

  • FICHA DEL FESTEJO
DAGANZO DE ARRIBA (MADRID), sábado 13 de junio de junio de 2026. 1ª de la 2ª fase de la Copa Chenel. Casi lleno.

Tres toros de LA MACHAMONA (1º, 5º y 6º), con cuajo aunque desiguales hechuuras. De juego deslucido primero y sexto. Con buen fondo el quinto. Dos más de MANUEL SANZ (2º y 4º) y uno de LOS EULOGIOS (3º), bien presentados y de buenas hechuras. Notable el noble y encastado tercero, premiado con la vuelta al ruedo. De buena condición el blando primero y descastado el cuart

ALEJANDRO MARCOS, vuelta y vuelta tras aviso.

MANUEL DIOSLEGUARDE, dos orejas y vuelta.

ÁLVARO BURDIEL, vuelta y silencio tras aviso.

La estocada es parte de la faena / por Rafael Comino Delgado

l
'..por muy buena que haya sido la actuación del matador tanto con capote como con muleta, si no está rubricada con una muy buena estocada no se le debe conceder, al novillero o torero, premio a la mejor faena..'

La estocada es parte de la faena

Rafael Comino Delgado
Y una faena no rubricada con una muy buena estocada nunca debería ser premia como la mejor faena.

En nuestra opinión la faena es todo lo que el matador le hace al novillo o toro desde que se abre de capote ante él hasta que se echa o cae, como consecuencia de la estocada o el descabello, incluyendo la dirección de la lidia que debe correr a cargo del matador de turno, por lo tanto la estocada, y posible descabello, es parte de la faena, y a la hora de ser valorada - lo que debe hacerse siempre en función de las condiciones del novillo o toro-por el público asistente a la plaza, el asesor artístico y el presidente del espectáculo-quienes deben tener en cuenta todo el conjunto. Es por lo que por muy buena que haya sido la actuación del matador tanto con capote como con muleta, si no está rubricada con una muy buena estocada no se le debe conceder, al novillero o torero, premio a la mejor faena, como ha ocurrido en la pasada feria de san Isidro de Madrid, al conceder tal premio al maestro Sebastián Castella por la faena realizada al toro Cantaor de don Victoriano del Rio, que fue especialmente buena con la muleta, pero matando estuvo muy mal, como el mismo torero reconoció en la plaza cuando, micrófono en mano, le preguntaron posteriormente. 

Además, ese premio a la mejor faena se ha concedido a cuatro toreros al mismo tiempo, por tanto, es un premio compartido por Alejandro Talavante, Sebastián Castella, Diego Urdiales y Antonio Ferrera, y no es lo mismo compartir algo entre cuatro que entre tres, aunque en este caso lo que comparten sea un honor, es decir, algo inmaterial. Podían haber concedido premio a la mejor faena de muleta, pero no al conjunto, ya que la suerte de matar es muy, pero que muy importante, tanto que siempre se ha dicho, y muchas veces se ha hecho, que una buena estocada vale una oreja, y en sentido contrario, muchas buenas faenas con capote y muleta se han quedado sin trofeos porque la estocada no ha sido buena. Cuando me he enterado me ha sorprendido que precisamente en Las Ventas de Madrid, que es, y debe seguir siendo, la primera plaza del mundo haya ocurrido tal hecho.

Es mi modesta opinión al respecto, y la expreso con todos mis respetos hacia el jurado, que no la compartirá, pero es lo que pienso y así lo manifiesto.