
Bonifacio Alfonso
Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.
Jueves, 25 de junio de 2026. Primera novillada nocturna del verano madrileño.
Encierro de novillos de Los Chospes (encaste Domecq, a través de Daniel Ruiz). Bien presentados a excepción del segundo escaso de trapío. Mansos y nobles. Flojos y descastados. Altos y largos. Primero y cuarto en este son. El segundo, escurrido y abierto de cuerna, aquerenciado a chiqueros, acobardado. Tercero, con mayor movilidad en la primera parte de la lidia, muy quedado en la muleta. Quinto, veleto, con querencia a chiqueros y a tablas. Sexto, aquerenciado en tablas. Casi media entrada. Noche veraniega saliendo del primer cambio climático.
Terna: Álvaro de Chinchón, de Chinchón (Madrid); de azul cielo y oro, con cabos blancos; veinticuatro años; dos festejos en 2025; silencio y silencio. El Mene, de Zaragoza, de tabaco y oro, con cabos blancos; veintiún años; treinta y seis festejos en 2025; palmas y oreja tras aviso. Félix de San Román, de Madrid, de azul noche oscuro y oro, con cabos blancos; veintisiete años; quince festejos en 2025; silencio tras dos avisos y silencio tras aviso. Félix de San Román se presentaba en Madrid.
Suerte de varas. Los novillos fueron al caballo y salieron sueltos de los encuentros. Se les picó, según costumbre, traseros. Siendo mansos, cumplieron. Como ejemplo elegimos la suerte de varas realizada por Héctor Piña al quinto. En las dos varas el novillo va de lejos, las puyas caen traseras; en la primera se le tapa la salida y se le da duro, sale suelto; en la segunda, con menor castigo, sale suelto.
Primera novillada nocturna del verano venteño. El empuje de un novillero
PEPE CAMPOS
Con buen ambiente en los graderíos se vivió la primera de las novilladas nocturnas veraniegas del ciclo eufemístico «Cénate Las Ventas». Para la cita se eligieron novillos descastados de Los Chospes, del consabido y conseguido —por ser un ideal— comportamiento noble desrazado. Con dicho material la labor de los novilleros parecía destinada al fracaso, si bien el empuje personal de El Mene (quinto paseíllo en Las Ventas) aportó un componente de nervio a una noche que pudo quedar inédita en relación a méritos taurinos. El Mene parecía ser un novillero que iba a irrumpir con fuerza en el escalafón superior, por su buen corte, elegante y vertical, no obstante, algo indolente por suficiente, con esa manía de torear perfilado y con la muleta retrasada de los tiempos modernos, pero con mando en el manejo de los engaños, buen capote y capaz con la muleta. Se le veía con futuro. No decimos con ello que pudiera llegar a ser un nuevo monstruo del toreo, a pesar de recordar a Manolete. Desde luego resaltaba entre la novillería dada su potencialidad por conducirse por los caminos del buen gusto. Lo mejor de sus actuaciones lo tenía reservado a la hora de la suerte suprema donde se manejaba y se maneja con claridad, eficacia y soltura. También estaba y está en edad idónea. Llamado a tomar la alternativa, de pronto desaparece de los carteles de la presente temporada. Esto ha llamado la atención, más cuando se le ve anunciado en este ciclo de novilladas de poco relieve —agradables si se quiere, por aquello del verano y Madrid; poco cuidadas si se analizan los carteles y sin un objetivo claro en su planificación, aparte de la gastronomía y la fiesta—. ¿Qué ha podido suceder de por medio con este novillero? Sospechamos que por la razón que sea los gestores de los negocios taurinos dejaron de tener confianza en El Mene, posiblemente, por razones extrataurinas. Los insondables misterios de la tauromaquia. Unos sí, otros no. O entrar por el aro o quedarse fuera del sistema. Un sistema que manda y decide y que los aficionados desconocemos en su funcionamiento interno.
A pesar de todo lo explicado anteriormente sabemos que en la vida es de vital importancia la voluntad y el deseo, y el empeño personal. Si el hombre decide abrirse camino, si lo pretende de verdad, puede lograrlo o al menos haber dejado constancia de este hecho determinante, de cada biografía. Cuando surgen las dificultades en una trayectoria es el momento en el que debe aparecer el carácter y la determinación. Y esto es lo que le está sucediendo —pensamos, nos imaginamos— a El Mene. Cuando se le han cerrado las puertas dentro del sistema taurino, él ahora debe poner en juego su verdadera valía personal. Esto le viene bien, porque puede sacar lo mejor de su capacidad —que la tiene— y demostrar afición y resolución.
En una fotografía que circulaba de los tres novilleros realizada días atrás se le veía a El Mene con semblante serio, que contrastaba con el risueño de sus compañeros. Por ahí se veía ya gestionada la respuesta a su situación, y desde ella imaginábamos la altura del envite. No quisiéramos ponernos fenómenos, pero se nos viene al recuerdo el mensaje del escritor japonés Mishima en su defensa de la sociedad original y pura japonesa (El rumor del oleaje, 1954), frente a los avatares del mundo moderno, que viene a decir que «lo único que cuenta de veras en un hombre es su empuje. Si se tiene empuje se es un hombre auténtico». Además puede ser la clave de un posible éxito, al menos en lo personal. Así vimos a El Mene ayer noche, con empuje, con decisión, dando un paso adelante. Ahora a él le queda la difícil tarea de mantener, a partir de este instante, el buen dibujo mostrado anoche. Algo que posiblemente podrá sacar a relucir en Madrid muy pronto, dentro de un mes, en la final del ciclo, de denominación humorística, «Cénate Las Ventas». La primera novillada nocturna de este verano nos reservaba esta grata sorpresa, la de El Mene y su acopiado empuje; pero no hubo sorpresa en torno a la elección del ganado que nos temíamos a la altura de lo que para este tipo de novilladas elige la empresa de Madrid: con pocas garantías. Pese a esa realidad deseamos que suba el nivel de las novilladas en las próximas citas.
Entrados en el análisis del toreo debemos comentar que ya se le vio decidido a El Mene ante su primer novillo. Pronto, desde el tercer capotazo se centró en recoger al novillo que se desentendía del engaño dada su mansedumbre. Lo lidió con eficacia llevándole desde tablas del tendido tres hasta los medios. Le puso bien al caballo. En la faena, a este novillo acobardado en tablas del tendido uno, ante la nulidad de posibilidades decide machetearlo directamente y con brevedad. Mata en tablas del uno de pinchazo y de estocada caída en la suerte contraria.
En su segundo novillo brindó al respetable cuando la cosa prometía muy poco por lo aquerenciado hacia chiqueros del animal. El Mene, desde el tendido uno, saca al novillo hacia terrenos del ocho. Una vez allí, ante un novillo desentendido y renuente, más descastado, le templa dos pases por alto. Con la derecha en los medios del ocho le plantea la faena, con pases suaves rematados con el largo de pecho. En ocasiones salen medios pases, siempre con temple. Sube la apuesta al natural que ya son más largos y con el intento de bajar la mano en el trazo del muletazo. Buenos los remates por bajo, una buena trinchera, mando, decisión y torería. Contrasta la inexistencia de novillo, su poca sangre, frente a la firmeza del trasteo. El Mene comete el error contemporáneo de alargar la faena desluciéndose en los últimos muletazos. Mata por arriba en la suerte contraria.
Álvaro de Chinchón no tuvo su noche ante el primer novillo que fue manejable. Labor despegada y destemplada, mientras el astado le fue ganando la pelea. Torea sin lucimiento. Mata de pinchazo en la suerte natural soltando, y de estocada tendida en la suerte contraria. En el cuarto su trasteo fue poco exigente y acertado, si bien el novillo se quedaba sin embestida por su condición defensiva mansa. Lo mató en la suerte contraria de un pinchazo soltando el estoque y de estocada caída.
Félix San Román se presentó en Madrid. Muy alto de planta. A pesar de lo cual en su primer novillo quiso estar bien colocado ante la cara del astado y le sacó algún natural estimable. Dio poca distancia al animal que se fue desentendiendo del trasteo aunque el novillero intentó tirar de él. Le ahogo un poco. Para matar tres pinchazos y una estocada en la suerte natural. En el último novillo de la noche, muy manso y aquerenciado hacia tablas, ante sus pocas posibilidades decide matar, en cuya tarea tuvo que dar una vuelta completa al ruedo al tiempo de dos pinchazos y una estocada atravesada.
Reapareció con buena lidia en el sexto el subalterno Rubén Sánchez.


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