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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

lunes, 20 de abril de 2026

Historias del 27 Las biografías de toreros que escribió Miguel Hernández / por Andrés Amorós

Los toreros José Ulloa (Tragabuches), Antonio Reverte y Manuel García
(El Espartero). Biblioteca Nacional de España

'..Miguel Hernández fue, sin duda, un «gran poeta» (Urtasun dixit). Pero lo que no ha dicho el ministro de Cultura es que la Tauromaquia constituye una de las raíces fundamentales de su poesía. Estas tres biografías, incluidas en el tratado Los toros, añaden un eslabón más a la larga y valiosa cadena de su obra taurina..'

 Historias del 27  
Las biografías de toreros que escribió Miguel Hernández

José María de Cossío, un gran estudioso de la poesía, está preparando su enciclopedia Los toros –una iniciativa de Ortega– y contrata a Miguel Hernández como su secretario particular

Andrés Amorós
El gran público no lo sabe (y el ministro Urtasun, todavía menos), pero los estudiosos de Miguel Hernández conocen que el poeta colaboró en algunas biografías de toreros históricos, que están incluidas en la enciclopedia Los toros, de José María de Cossío. Sin embargo, este tema, a medio camino entre la literatura y la tauromaquia, no ha sido estudiado detenidamente.

Para valorarlo justamente, conviene situarlo dentro de las circunstancias del poeta, antes de la guerra. La edición de su Epistolario general nos ofrece ahora datos personales de primera mano y nos permite alguna atribución de textos indiscutible.

El 2 de diciembre de 1931, llega Miguel Hernández a Madrid. A pesar de sus fuertes raíces campesinas, ha querido huir de Orihuela, de cuidar el ganado y de su padre, con su fuerte carácter.

Como explica en su excelente biografía José Luis Ferris, está convencido de que, para llegar a ser un escritor importante, necesita salir de su rincón provinciano y conocer nuevos ambientes. Confía en que su talento le permitirá ganarse la vida y abrirse camino como escritor.

Con humildad, se lo cuenta así en una carta a Juan Ramón Jiménez, el indiscutible maestro:

«No tengo culpa de llevar en mi alma una chispa de la hoguera que arde en la suya. Usted, tan refinado, tan exquisito, ¿qué pensará? Mire: odio la pobreza en que he nacido, yo no sé… por muchas cosas… Particularmente, por ser causa del estado inculto en que me hallo, que no me deja expresarme bien ni claro, ni decir las muchas cosas que pienso (…) Tengo un millón de versos compuestos, sin publicar (…) Soñador, como tantos, quiero ir a Madrid. Abandonaré las cabras (…) ¿Podría usted, dulcísimo Juan Ramón, recibirme en su casa y leer lo que le lleve?»

Desde el primer momento, la realidad madrileña resulta ser mucho más dura de lo que Miguel esperaba, por varias razones. Ante todo, por el clima. Apenas llega a la estación de Atocha, el crudo invierno madrileño asusta a un joven acostumbrado al templado Levante:

«Madrid no es como yo lo soñaba. No me ha causado ninguna impresión grata. Tal vez porque está hoy sin sol. Hace mucho frío… las manos las tengo heladas».

Pero hay algo mucho peor que el frío. Sus expectativas económicas no se cumplen, pasa graves dificultades: no tiene dinero para pagar la pensión; para comer, se ha de emplear de portero en una academia; duerme algunas noches en la calle…

Tampoco le resulta fácil introducirse en el ambiente literario. Las cartas de recomendación que llevaba producen efecto sólo a medias. Años después, Arturo Serrano Plaja comentará la impresión que le produjo, al conocerlo:

«Con su traje velludo color tabaco, chaqueta ribeteada con cinta de seda, sin corbata, daba la impresión de andar por Madrid disfrazado de campesino o, lo que es peor, de pastor poeta…»

Con esta expresión define a Miguel Hernández el vanguardista Ernesto Giménez Caballero. Él no lo niega, en una entrevista que le hace Federico Martínez Corbalán, en febrero de 1932:

«Yo… En fin, soy poeta… Mi padre es pastor de cabras en Orihuela y lo mismo fui yo desde los catorce años».

Esa etiqueta llamativa le ayuda a darse a conocer, pero también le limita: no todos lo valoran. De hecho, Federico García Lorca no le muestra simpatía alguna… Ha de pedir dinero a su familia y a sus amigos. Escribe, por ejemplo, a Ramón Sijé, al que, años después, inmortalizará con su Elegía:

«Estoy casi desesperado porque no has podido recoger nada. El pelo me llega casi a la nuca. Le pedí a mi padre y me ha escrito que no puede mandarme nada…»

Esta primera aventura madrileña de Miguel Hernández dura seis meses. En mayo de 1932, acepta su derrota y vuelve a casa: como no tiene dinero para el billete de tren, utiliza un pase de otra persona y lo detiene la Guardia Civil…

De nuevo en Orihuela, continúa escribiendo poemas. En 1933, consigue publicar su primer libro, Perito en lunas, neogongorino, gracias a una ayuda de 425 pesetas que le da el sacerdote don Luis Almarcha: un difusor de la Doctrina Social de la Iglesia que, en la posguerra, fue obispo de León, procurador en Cortes en la época de Franco y promotor de estudios sobre el patrimonio artístico.

Miguel está escribiendo un auto sacramental, Quién te ha visto y quién te ve y sombra de lo que eras. En marzo de 1934, intenta de nuevo la aventura madrileña, con la intención de promover el estreno y la publicación de esa obra.

No consigue lo primero, pero sí lo segundo: Bergamín se compromete a editarlo y hasta le da un anticipo. Eso le supone un apoyo moral y un alivio económico, durante cierto tiempo.

En este momento, Miguel está recibiendo la influencia del surrealismo a través de Vicente Aleixandre. Rafael Alberti y Pablo Neruda le están contagiando sus ideas políticas izquierdistas, que le alejan del catolicismo de Ramón Sijé, su gran amigo de Orihuela. A la vez, Miguel está viviendo una apasionada aventura erótica con la pintora Maruja Mallo, en la que ella parece tomar la iniciativa.

Una nueva ayuda le llega a Miguel Hernández por un camino inesperado. En la tertulia de Cruz y Raya, la revista de Bergamín, ha podido conocer a José María de Cossío, un gran estudioso de la poesía, que está preparando su enciclopedia Los toros –una iniciativa de Ortega– y que le contrata como su secretario particular.

Su labor básica consiste en recoger documentación sobre los orígenes de la Fiesta y datos biográficos de toreros antiguos. A la vez, ha alcanzado una mayor estabilidad sentimental porque, desde septiembre de 1934, es novio formal de Josefina Manresa.

En sus cartas, nos cuenta el poeta que no lo pasa bien, por el calor madrileño, en su trabajo diario, en la Biblioteca Nacional y el Archivo Histórico. Allí encuentra, por ejemplo, datos que le servirán a Cossío para editar las Advertencias y reglas del toreo a caballo.

Con humor, se lamenta Miguel de «el ambiente cornudo en que vivo» pero se ha liberado de la miseria. A la vez, se ejercita literariamente y se divierte, escribiendo algunas historias pintorescas.

Las biografías de los toreros antiguos aparecerán en el tomo III (1952) de Los toros, de Cossío: no llevan firma, aunque haya intervenido en algunas Miguel Hernández.

Gracias a sus cartas, sabemos ahora con certeza que está redactando las biografías de tres toreros: Antonio Reverte, El Espartero y Tragabuches; quizá, también, la de Lagartijo, del que envía un retrato a su amigo de Orihuela Carlos Fenoll, el 12 de julio de 1936, con estas líneas:

«Te mando esta fotografía de Lagartijo y te mandaré algunas de diestros famosos. Ya están reproduciendo en grandes cantidades fotografías para la enciclopedia en que trabajo. Ayer he hecho la biografía de Antonio Reverte, un tipo soberbio. La del Espartero, también la tengo hecha. Cuando me toca hacer la historia de un torero de esta clase, gozo mucho, porque veo en ellos un corazón como una catedral».

Incluso en estos casos, es imposible saber con seguridad lo que redactó Miguel Hernández y lo que añadió Cossío. Sin embargo, es de sentido común suponer que se deben a Miguel los episodios más novelescos y a José María, los detalles de técnica taurina. Probablemente, hay bastantes más biografías en cuya redacción intervino Miguel. En otras muchas, aportó también datos, que utilizó Cossío al redactarlas.

Avala este criterio, tan lógico, el testimonio de Juan Guerrero Zamora, en su biografía del poeta:

«Miguel procuraba escribir con la forma más apersonal posible, pero Cossío, viendo la cara de pena que ponía, decidió dedicarle a las biografías de toreros, dándole carta blanca en algunas, que, por pintorescas, venían como anillo al dedo para la imaginación colorista de Miguel».

Comento brevemente las tres biografías que Miguel Hernández afirma haber escrito.

Antonio Reverte

El sevillano Antonio Reverte (1870-1903) ha pasado a la historia por sus estocadas, citando de largo. Se hizo famoso el grito de pánico del público, que poetizó Villaespesa:

Y, rasgando el silencio, de pronto suena
una voz femenina, rota de pena:
¡No te tires, Reverte, vente conmigo!

Queda también en el recuerdo una suerte que dominaba: sus recortes, capote al brazo, antes de entrar el toro en varas o para sacarlo del caballo. Solía enlazar varios de esos recortes y provocaba así el entusiasmo del público. (Espero que alguna vez recupere esa suerte Morante, como ha hecho al encadenar largas a una mano).

Reverte alcanzó gran popularidad entre el público femenino, como se advierte en la copla, que cantaba Juan Valderrama:
La novia de Reverte
tiene un pañuelo
con cuatro picaores;
Reverte, en medio.

No me parece aventurado atribuir a Miguel Hernández el relato de una anécdota pintoresca:

«Se cuenta que, en una de sus correrías, saltó a un corral donde había un toro, quedando sus compañeros de espectadores en la tapia y temerosos del peligro que corría Reverte, solo ante la fiera y sin amparo alguno cercano. Invitó al cornúpeto con su chaquetilla, acudió el requerido y se entabló entre ambos una impresionante y bella faena: el uno, arremetiendo furiosamente; el otro, defendiéndose con sencillez y gracia de las arremetidas con el capote al brazo, que había de ser suerte suya característica. Cuando hubo cansado Reverte al animal, que quedó, ante él, inmóvil y jadeante, se volvió hacia sus compañeros del tapial y únicamente se le ocurrió preguntarles: '¿Se me ha mudao la color?'»

Manuel García, El Espartero

Manuel García, El Espartero (1866-1894), sevillano de la Alfalfa, ha pasado a la historia como ejemplo del valor más temerario. Alcanzó una popularidad extraordinaria: en Sevilla, dice entonces un revistero, «se come a lo Espartero, se fuma a lo Espartero, se anda a lo Espartero, se peina a lo Espartero».

El 27 de mayo de 1894, en Madrid, el toro Perdigón, de Miura, lo hirió mortalmente, al entrar a matar. Su entierro, en Sevilla, constituyó una auténtica manifestación popular: visitaron su capilla fúnebre cerca de veinte mil personas. Lo recuerda en un precioso poema Fernando Villalón, uno de los grandes poetas del 27:
Giralda, madre de artistas,
molde de fundir toreros,
dile al giraldillo nuevo
que se vista un traje negro.
Maldito sea Perdigón,
el torillo traicionero (…)
Ocho caballos llevaba
el coche del Espartero.

Su biografía, en el tratado de Cossío, ensalza su valor en unos términos morales que probablemente nacieron de la pluma de Miguel Hernández:

«Una valentía que nutría su raíz en un fondo de estoicismo, que era ya valor moral, muy distante de la majeza y los arrestos de otras valentías taurinas. De él es la frase, compendio de desprecio por los azares taurinos ante realidades vitales más urgentes: 'Más cornadas da el hambre'. En una ocasión, temeroso un banderillero suyo del riesgo de entrar a muerte en un terreno difícil, hubo de decir al Espartero: '¡Si el toro es muy malo y me va a coger!' A lo que, encogiéndose de hombros el espada, contestó: '¡Y eso, qué importa!' Como es frecuente en hombres de este temple, ni en el toreo ni en la vida supo más que de actitudes y de sendas ingenuas y rectilíneas. Ello le dio aquel carácter de niño grande y aquella sonrisa que no le abandonó ni en la muerte».

José Ulloa, Tragabuches

El estilo de Miguel Hernández se advierte con claridad, sobre todo, en la biografía del mítico José Ulloa, Tragabuches, un diestro de la segunda mitad del siglo XVIII. Al volver inesperadamente a casa, por haber sufrido un accidente con el caballo, sorprendió a su mujer con su amante, los mató a los dos y pasó a formar parte de la cuadrilla de Los siete niños de Écija.

Lo que leemos en Los toros constituye una verdadera estampa romántica, grabada en sepia:

«Advirtió a la luz de un candil la cara de su mujer, cubierta de temor. Se apoderó del torero una vaga sospecha, que fue tomando cuerpo ante la inquietud que observó desde aquel momento en las facciones y movimientos de su compañera. Subieron ambos las escaleras hasta el piso del dormitorio. José recorrió todas las habitaciones, celoso y olvidado de los dolores de su accidente. La Nena llanteaba (sic) en un rincón, hundida en una silla, perdido el rostro entre sus manos, y José la contempló en silencio (…) Sintió sed, entró en la cocina y, al destapar la tinaja para sacar agua con la caldereta, tropezaron sus ojos y su mano con una cabeza. Ulloa reconoció en seguida la de un acólito de la parroquia, conocido por Pepe el Listillo (…) El gitano sacó de la faca una navaja guadixeña, la abrió con los dientes de un tirón y se la hundió en el cuello al pobre muchacho (…) Un vecino vio salir a Tragabuches, montar a caballo y alejarse, reposado y sombrío, Ronda abajo».

Recuerda esto a los episodios que, a comienzos del siglo XIX, relata Agustín Pérez Zaragoza Godínez en su Galería fúnebre de historias trágicas, espectros y sombras ensangrentadas… No parece aventurado atribuir este relato a un poeta y no, a un erudito.

Un dato más. Al concluir la Guerra Civil, Miguel Hernández es detenido y conducido a la cárcel de Torrijos. Uno de sus compañeros de prisión lo recuerda así: «De todos los que éramos, a él es al único al que le gustaban los toros. Con eso, nos metíamos una barbaridad con él»…

Miguel Hernández fue, sin duda, un «gran poeta» (Urtasun dixit). Pero lo que no ha dicho el ministro de Cultura es que la Tauromaquia constituye una de las raíces fundamentales de su poesía. Estas tres biografías, incluidas en el tratado Los toros, añaden un eslabón más a la larga y valiosa cadena de su obra taurina.

La regularización de los negreros y la Conferencia Espiscopal / por Irene González

Colas de inmigrantes en busca de la regularización

'..Muere un español cada 14 minutos esperando que le llegue ayuda a la dependencia. Eso no son problemas que afecten a los empresarios, políticos ni casta clerical que vive en palacios arzobispales..'

La regularización de los negreros
 y la Conferencia Espiscopal

No puede ser bueno aquello que nos condena a la pobreza, a la desesperación, al dolor, al expolio, a la desigualdad, a la inseguridad y a la peor educación.

Irene González
Estos días es difícil ignorar la idea de irte de tu propio país, porque no has elegido vivir en un cruce entre el peor Perú, la peor Colombia y un sector de África. Es doloroso ser consciente de que vivimos en una cuerda floja, mientras no pase nada, mientras no tengas que ir al médico, se vaya la luz, no tengas que buscar trabajo o casa… parece que la bomba de relojería social de la invasión suena lejana, pero es un estruendo ensordecedor. Nada funciona en España y todo va a ir a peor. Es doloroso ver cómo los psicópatas que nos gobiernan nos han arrebatado todo, hasta el arraigo, un término exclusivo para lo que es nuestro, sólo de los españoles.

Han aprobado la regularización de inmigrantes de la que se beneficiarán al menos dos millones de personas, según expertos de Extranjería, mandos policiales y diplomáticos. Los que han salido a mostrar su júbilo por un hecho que traerá tantas consecuencias negativas para los españoles son la izquierda globalista, los empresarios de la patronal, las ONGs beneficiarias del tráfico de personas y la politizada Conferencia Episcopal. Las peores élites confabuladas contra los intereses del pueblo español al que nadie ha preguntado en esta democracia falsaria.

Flujo interminable

Los empresarios en su papel abierto de negreros del siglo XXI, porque así hay que llamar a los empresarios mediocres incapaces de mejorar la productividad en décadas, no ocultan la indignidad de sus pretensiones con la regularización masiva. En lugar de invertir en tecnología en el campo, las fábricas y mejorar calidad de los servicios, claman la regularización masiva para que no paren de caer los salarios y las condiciones de trabajo. Estamos ante una de las mayores crisis de las últimas décadas, donde España es muy vulnerable. En 5 años la IA hará desaparecer muchos trabajos, hoy en España hay 2.500.000 de parados, el 17% son extranjeros cobrando subsidio, y aun así el negrero español no emplea a éstos, no mejoran las condiciones y pide traer flujos interminables de inmigrantes con los no convivirán sus hijas en el barrio, ni los meterán en el colegio privado de sus hijos, ni quitarán un puesto a sus padres en la lista de espera de la dependencia. El joven español no puede competir con millones de inmigrantes del tercer mundo dispuestos a trabajar 12 horas y 6 días a la semana por 900 € porque es más del triple que lo que cobraban en su país de origen. El salario mínimo en Perú no llega a los 300 €. Esto lo hacen al principio, luego se apuntan a cobrar el Ingreso Mínimo Vital, por eso el flujo de inmigrantes ha de ser infinito para el negrero. El joven español no tiene ningún futuro en España si tiene sueños excéntricos como tener una vivienda en propiedad, barrios seguros y un trabajo digno.

“Algo tenemos que hacer con los que ya están aquí y trabajan para nosotros”, sí expulsarlos a todos y abrir expedientes sancionadores a todos los que tuviesen contratados a ilegales por tener a los inmigrantes en esas condiciones. Pero el negrero busca que los que ya tienen explotados sin papeles, más los que vengan con el efecto llamada, sigan igual pero lo hagan legal, es decir, para que sean los españoles con sus impuestos los que se encarguen de pagar las ayudas a esos millones trabajadores sin cualificación. Porque al principio trabajan mucho por poco, pero luego piden el IMV más el trabajo en negro que le salga con sus compatriotas negreros que han venido aquí. La explotación laboral de Sudamérica y África y sus desigualdades se traslada en bloque a España, porque el Tercer Mundo no es un lugar es un tejido social. Cuando hay un porcentaje mínimo de inmigración cuya residencia depende de un contrato de trabajo en vigor, la integración se produce y la inmigración reporta beneficios, pero cuando se abren las puertas y vienen millones a vivir de lo que han sido incapaces de construir en su país, ese tejido social tercermundista se traslada en bloque, pero lo paga el español trabajador.

“Hay que dar solución”

Muere un español cada 14 minutos esperando que le llegue ayuda a la dependencia. Eso no son problemas que afecten a los empresarios, políticos ni casta clerical que vive en palacios arzobispales. 


Monseñor Argüello, presidente de la Conferencia Episcopal, ya ha celebrado muchas veces como si fuese un vulgar diputado de Podemos la regularización masiva. “Hay que dar solución a los que quieren salir de su país por la guerra y los que necesitan que vengan”, en alusión a quienes se benefician de un negocio tan oscuro y siniestro como el tráfico de seres humanos, los negreros y los inmigrantes sin cualificación trastornados de una guerra africana. Monseñor miente deliberadamente, eleva lo anecdótico a categoría, no hay guerras en Latinoamérica de donde vienen el 90% de la inmigración, y los que vienen de África huyendo de guerras nunca son niños y mujeres, siempre adultos sexuales en edad militar. Pero con esto manipula los sentidos de los irracionales de quien desprecia. Oculta el mal con palabras que simulan bien. Oculta el dolor, la pobreza y la deshumanización que implica la invasión migratoria con el único propósito de llevarnos a una situación que nos hunda en la desesperación, donde reine el caos. Que no seamos capaces ni siquiera de identificar el desorden social, sino que lo veamos como el nuevo orden a abrazar, ocultando que nos llevará a la angustia, el desarraigo y un mundo sin libertad.

No puede ser bueno aquello que nos condena a la pobreza, la desesperación, el dolor, el expolio, la desigualdad, la inseguridad, la peor educación, la falta de futuro, la angustia de no tener vivienda, ni sanidad ni ayuda lleva ya a muchos al aborto o la eutanasia. Eso es una de las consecuencias de las que no hablan los Obispos de países multiculturales invadidos por la inmigración. Esto no necesitaba una votación en el Congreso, sino un referéndum, para que el español expoliado, marginado que no tiene a dónde ir pueda al menos decidir su futuro en lo que hoy queda de España.

Segunda novillada en Madrid. El toro noble desrazado / por Pepe Campos

La Gran Vía

'..Somos testigos de cómo los astados que se corren o lidian, tarde tras tarde, son animales que se dejan hacer, que se dejan torear, de buena voluntad, que colaboran para que prendan las pretensiones artísticas de los toreros, pero, por el contrario, se ve que no se consigue que en su lidia nada se encienda, ni trascienda..' 


Segunda novillada en Madrid
El toro noble desrazado

Pepe Campos
Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.

Domingo, 19 de abril de 2026. Segunda novillada de la temporada. Novillos de Antonio Palla, todos nobles y descastados. Un tercio de entrada. Tarde primaveral que animó a la contemplación del mundo y a hablar entre amigos.

Novillos de Antonio Palla, de origen Jandilla (es decir Domecq), bien presentados, el primero corniveleto, bello, el resto de cuerna estándar. Todos nobles, mansos, flojos, descastados, lo que se podría denominar «nobles desrazados». Manejables; dejaron torear. Iban a los cites y cumplían en su desplazamiento. Obedientes.

Suerte de varas: como corresponde a tiempos de plena crisis —en esto de las varas— se picó trasero. Sólo Juan Melgar en el quinto novillo no abusó de esta querencia de los varilargueros actuales, aunque en su turno fueran picotazos y no varas.

Terna: El Mella, de Barcarrota (Badajoz); de salmón y oro, con cabos blancos; de veintidós años; ocho paseíllos en 2025; saludos con aviso y silencio con aviso. Cid de María, de Alcalá de Henares (Madrid); de blanco y oro; veintiún años; veinticuatro festejos en 2025; silencio y saludos. Tomás Bastos, de Villa Franca de Xira (Portugal); de blanco y azabache; veinte años; veintiséis paseíllos en 2025; saludos tras aviso y silencio.

Hablábamos el lunes pasado (sobre el anterior festejo dominical madrileño) de aquello de ir a los toros y encontrarse con novilleros que no tenían un plan a la hora de imponerse a los novillos que les tocaba en suerte. Así que en esta ocasión, en la novillada de ayer tarde, por si las cosas se presentaban de la misma manera, fuimos nosotros con el plan de pegar la hebra con los amigos que el destino nos pusiera cerca de nuestro asiento. Con este propósito y dado el devenir de la novillada de Antonio Palla, pudimos en tiempo récord ponernos a parlamentar de la vida y sus afanes con ese vecino que nos estaba esperando como agua de mayo. 

En mi caso me correspondió pasar la novillada —y hablar de lo divino y de lo mundano— con mi amigo Juan Palette Cazajús, autor de una obra que quedará como señera en la historiografía taurómaca, y que recomiendo como lectura fundamental, Los toros, entre la reverencia y la ansiedad (2025), donde se aborda la problemática del hombre y su evolución, de la tauromaquia y de la vida. Es decir, un ensayo sobre todo aquello que nos mantiene firmes en el hecho de ir a ver toros sin falta, porque en la plaza de toros y en las lidias que se bosquejan y se producen siempre encontraremos razones para entender qué es esto del vivir. Un verdadero enigma este desde que el mundo fue creado, y que las corridas de toros, sobre todo si son aburridas dan ánimo para la meditación —que corra la imaginación— y para la charla y, con ello, llegar a desentrañar los avatares que la existencia nos trae, que no son pocos y, de este modo, mientras charlamos —y observamos las lidias— se nos va pasando la tarde y cualquiera preocupación, llegando a la conclusión que menos da una piedra.

Al margen de las ganas que los novilleros deben poner en sus compromisos mayores en Las Ventas, que entendemos debieran ser muchas y de contundente perseverancia, aunque no siempre es así, creemos que en el apartado del toro —ayer novillo— que se lidia hoy el camino que está tomando la tauromaquia da que pensar que no es el adecuado o correcto. Somos testigos de cómo los astados que se corren o lidian, tarde tras tarde, son animales que se dejan hacer, que se dejan torear, de buena voluntad, que colaboran para que prendan las pretensiones artísticas de los toreros, pero, por el contrario, se ve que no se consigue que en su lidia nada se encienda, ni trascienda; si no que lo que vemos y sucede son acciones taurinas anodinas, plomizas, monótonas, sin relieve, sin significados de cierta valía. ¿Cómo explicar todo esto? Pues, mientras charlamos con nuestros amigos de localidad se nos fue abriendo el ingenio y fuimos avistando, y es que los novillos que se lidian —podría ampliarse al toro— no tienen raza, no poseen esa fuerza congénita —fiereza— que debería definirles y caracterizarles, sino que son bóvidos sin el nervio del toro de lidia, sin su genio, sin su acometividad, ni su pujanza. Son animales previsibles con embestidas planas, obedientes, bonancibles —ya alejadas incluso de lo que es la boyantía clásica—; sin interior. Nada de «no dejarse hacer». Ni atisbo de pedir el carnet de identidad a sus matadores. Un tipo de astado superfluo, aparente, sin gracia, como un funcionario del toreo. Es el toro noble desrazado. El toro fabricado en los tentaderos de la actualidad para las figuras, con el agravante de que si —a ese burel noble y sin casta— no lo torea Morante de la Puebla —pongamos como ejemplo—, todo se desmorona y se encamina hacia el sumidero.

Los novilleros actuales tienen que pechar con este condicionante contemporáneo, y poner ánimo y ganas ante novillos desvaídos, de buenas condiciones, distraídos, blandos y sin verdadera sangre. En fin, ante estos nuevos problemas no sabríamos dar nuevas soluciones, sino la tajante de eliminar todo lo que se está planificando —desde el horno de la tauromaquia— y empezar todo de nuevo. Volver a los principios. Por eso todos esperamos con verdaderos deseos renovadores la cita del próximo fin de semana en San Agustín del Guadalix

A la hora de comentar lo realizado por la terna de ayer tarde, hay decir que la actuación de El Mella tuvo dos momentos, pues en su primer novillo se le vio con cierta conformidad y en su segundo quiso ponerse las pilas. Del primero sólo destacaron tres buenos pases por bajo ya iniciada su faena de muleta, luego no se acopló y se vio incluso desbordado. Mató de pinchazo y estocada caída en la suerte natural. En el cuarto de la tarde dio verónicas de rodillas animosas e inició la faena de muleta de la misma guisa, más adelante, con la franela volvió a tener carencias al correr la mano y con la distancia a la que torear. Mató de una estocada delantera y atravesada en la suerte contraria.

Cid de María, a su primer novillo le paró bien con el capote y cerró con una buena media. La faena de muleta la comenzó con estatuarios sin compás y toreo por fuera, sin cruzarse, muy despegado, sin temple. Mató de un pinchazo y un bajonazo en la suerte natural. En el quinto novillo estuvo mejor, mejoró en el comienzo de faena, toreó más templado, más limpio. En ocasiones dibuja el toreo y acto seguido lo emborrona. Tiene un margen amplio de mejora. Mató de un pinchazo y dos estocadas caídas en la suerte contraria.

A Tomás Bastos se le ve con muy buenas condiciones pero no llega a cuajar, puede que sea porque parece que quiere quemar etapas en su evolución como torero. Es decir, torea algo acelerado, buscando un triunfo que se encontraría en el buen hacer. En el tercer novillo estuvo desafortunado, no en los ayudados finales donde se le vieron sus posibilidades de buen torero. Mató de estocada perpendicular y contraria en la suerte natural, más un descabello. En el último novillo tuvo una actuación más entonada y pulcra. Aguantó al astado por el pintón izquierdo, el difícil. Realizó un ejercicio de autoafirmación con pasajes de cierto mérito en el toreo en redondo y al natural. Mató en la suerte natural de dos pinchazos y una estocada caída y delantera, más un descabello.

Cary Grant con Manolete

Tantos muertos / por Roberto Granda

'..Es terrorífico saber que estamos en manos de un Ejecutivo sólo pendiente del ejercicio implacable del poder, con la tan deseada sensación de ser inmunes. Un Gobierno con esa fría disposición a la crueldad, con inteligencia maligna, que intenta sobrevivir sobre las ruinas, aupándose sobre un montón de cuerpos..'

Tantos muertos
Roberto Granda
Hay imágenes tan potentes que intuyo quedarán adheridas para siempre en la trágica memoria colectiva de un país. Los trozos de vía del accidente de Adamuz siendo retirados con nocturnidad y alevosía para deshacerse de las pruebas, por ejemplo, es una de ellas. Más de 100 millones de fondos europeos destinados al mantenimiento y renovación de ese mismo tramo, habrían sido defraudados y usados con malversación mediante Adif, la empresa pública donde en el PSOE colocaba a putas y amantes. Cuando algunos de los que luego murieron en el choque avisaban del estado de esas vías, el ministro Puente les insultaba, especialidad tuitera de la comadreja.

Ahora intentan eliminar las huellas de sus fechorías. Han muerto 46 personas y no es que nadie haya dimitido, es que los responsables arremeten con chulería y bravuconería simiesca, para regocijo de su bancada y de los miserables de sus votantes, que priorizan la impunidad por encima de la honestidad de la rendición de cuentas, sea cual sea el color del partido. El sectarismo prioriza sobre las vidas de inocentes.

Otra imagen imperecedera: las calles arrasadas y anegadas de barro de Paiporta y localidades adyacentes, en la fría devastación de aquella noche de abandono y muerte, retrasado el envío de ayuda por cálculo político. Tantos vecinos desamparados, tantos fallecidos para que un Gobierno criminal pudiera mover su ficha política en el perverso juego de los intereses partidistas y el tacticismo sin alma. Los ciudadanos limpiando con escobas y lo que tuvieran a mano, haciendo la labor de un Estado ausente; la perplejidad de los bomberos franceses al ser los primeros servicios de emergencia en llegar, las furgonetas de particulares cargadas de ayuda para una población mezquinamente desamparada a su suerte. No fue negligencia, fue premeditación.

Y nuestra gran tragedia en números de muertos desde la Guerra Civil. Impactante la foto de centenares de ataúdes en filas en el Palacio de Hielo convertido en morgue, en aquel Madrid donde tantos ciudadanos fueron condenados debido al ocultamiento de la verdad, con un ejército mediático de canallas repitiendo el argumentario marcado: convencer a la incauta población de la inexistencia de una amenaza real («uno o dos casos, como mucho») para que llenara sin problemas las calles en el aquelarre de género (del género bobo, concretamente) que tenían montado para marzo. Los estudios ya evidencian que miles de vidas se podían haber salvado, sólo tomando medidas una semana antes.

Recuerdo cómo se puso la escoria progre de siempre cuando El Mundo sacó aquella portada con los ataúdes enfilados en el Palacio de Hielo. No querían que la gente supiera que en Madrid estaban muriendo por cientos cada día. Que todo se hallaba descontrolado. No se podía saber. Había que seguir adelante con la impostura, en la tóxica alianza entre PSOE y Podemos, con el siniestro tipo de las almendras riéndose en rueda de prensa, con la fiesta de las terrazas de los pisos, con la vergüenza de los telediarios y Salvador Illa de ministro de Sanidad. Pocas profesiones ofrecen la posibilidad de perder la dignidad de forma tan insolente, descarada y visible como la de periodista servil, incluso de servir a causas funestas.

Y aquellos miembros claves del entramado socialista, confinados en prostíbulos y haciendo negocio con las mascarillas defectuosas, incluyendo a la actual tercera autoridad del Estado, siguen ciscándose en la memoria de todos los que murieron en la soledad de un infierno insoportable.

Es terrorífico saber que estamos en manos de un Ejecutivo sólo pendiente del ejercicio implacable del poder, con la tan deseada sensación de ser inmunes. Un Gobierno con esa fría disposición a la crueldad, con inteligencia maligna, que intenta sobrevivir sobre las ruinas, aupándose sobre un montón de cuerpos. Tienen de los vivos y los muertos una concepción puramente instrumental.

El juego de la soberanía se baraja con el sacrificio necesario de españoles prescindibles; pueden hacer cálculos electorales o evaluar pros y contras, pensar beneficios a su discurso lleno de engañifas, hacer necropolítica, sobre estadísticas que representan miles de vidas destrozadas. Pertenecen a una ideología con una larga tradición de historia asesina. Tampoco tienen reparos en asociarse con los asesinos de sus compañeros y otras 800 personas más.

Vidas que no merecían ese final, muertes evitables, existencias que deberían haber podido ser disfrutadas, con todo lo que tenían y todo lo que hubieran podido llegar a tener, de no cruzarse en su camino este Gobierno demencial y corrupto hasta límites homicidas.

Muchos son los que han intentado analizar y trazar un perfil de Pedro Sánchez y sus evidentes trastornos y condición mental, rastrear el origen de tanta vileza. Puede que estemos ante un psicópata inclasificable, pero no es menos siniestra la naturaleza de un ejército civil de ciudadanos que justifican, defienden y amparan a quien se ha mantenido en el poder sobre un gigantesco cementerio.

domingo, 19 de abril de 2026

El panorama, Granada y la prioridad / por HUGHES


'..la Cumbre de Progresismo Global organizada a la mayor gloria de Pedro Sánchez, erigido en héroe de la izquierda mundial (cómo será la izquierda mundial). Allí lució entre foros de Sao Paulo, grupos de Puebla, narcodemagogia, el partido demócrata estadunidense, izquierda europea y Soros..'

El panorama, Granada y la prioridad

HUGHES
Qué reunión en Barcelona. Ni el potencial nocivo de cien Primavera Sounds reunidos puede igualar la Cumbre de Progresismo Global organizada a la mayor gloria de Pedro Sánchez, erigido en héroe de la izquierda mundial (cómo será la izquierda mundial). Allí lució entre foros de Sao Paulo, grupos de Puebla, narcodemagogia, el partido demócrata estadunidense, izquierda europea y Soros.

Todo o casi todo está ahí. Y su enemigo, por supuesto, es la «internacional ultraderechista», que ellos resumen en Trump y figuras como Orban.

Esta izquierda occidental extiende su influencia al Sur Global y está vinculada a China, y es la del progresismo globalista que Bruselas hizo obligatorio y en el que nuestras vidas pierden sentido. Es la que pide deconstruir, revertir e indemnizar el colonialismo (y todo es colonialismo), la que contiene todos los desvaríos woke, el izquierdismo económico, la falta de libertad ideológica y, no lo olvidemos, el inmigracionismo a mayor gloria del mundo financiero y corporativo, hasta un futuro, ya visible en algunas ciudades, de entropía racial y cultural llamado diversidad, con los museos arrasados y, con ellos, el canon y la memoria occidental.

¿Y cuál es el enemigo de esta gente? Trump y los que van en su estela.

Las cosas están muy claras. EL mundo adquiere unos perfiles de gran nitidez, aunque ahora surgen despistados y despistadores empeñados en confundir, y en Europa, y particularmente en España, esa guerra, pues batalla ya no es, encuentra un obstáculo en una cosa llamada PP; que en realidad no es el PP, de poca importancia, sino la extensión política del empresariado, con sus grandes grupos mediáticos, y la Iglesia, metida la entera sotana en el globalismo sorosiano ahora ya no sorosiano, sino sanchista o chinosanchista.

Se ha visto muy claro estos días con el anuncio de la regularización. Llenar España de repente con más de un millón de personas que acabarían entrando es un acto de violencia absoluta contra los españoles. Es una atrocidad. Una atrocidad que un empresario diga que se necesita un millón de curritos y, sin más previsión sobre el efecto en los salarios, los servicios o la vivienda, se diga que adelante.

La Iglesia le da la bendición moral (¡y mucho ojito que salen los papistas!) y los medios lo señalan como necesario, con su ponderado aire de estimación. La figura clave para el salto poblacional es el arraigo, y es del PP. El PP hasta ayer cabeceaba ante esto, sin más problema, les daba igual, poco les importaba a las Cucas y los Borjas, pero ahora objetan solo por Vox, por disimular ante Vox y hacen los numeritos ayusiles habituales.

El Mundo tras el PP y alrededor del PP apuesta por esto que el mismo PP defendía ayer y defenderá mañana. Y la coordinación entre esta derecha y esta izquierda es total. Se van turnando en engranaje. La izquierda justifica ahora la inmigración por trabajo y economía, y la derecha eclesial pone los argumentos morales. Solía ser al revés: humanitarismo open arms y argumentario liberal miamimadrileño.

Pero lo que sostiene al PP y lo que hace que el PP sea el dique entre Vox y el mundo sanchista son los medios, repito, y ellos son la voz del empresariado que muy claramente pidió mano de obra barata del extranjero.

El impacto sobre los españoles, a todos los niveles, es incalculable. Transformará el país. ¿Y quién es esta gente para hacerlo?  

Acometer semejante transformación poblacional de una vez, sin más debate y sin un claro refrendo democrático es otro acto de brutalidad hacia los españoles que debería tener una consecuencia judicial.

Ante esta situación, al menos podemos celebrar dos novedades esta semana.

Una fue que Abascal decidiera irse a por los radicales izquierdistas que boicoteaban el acto en Granada. Fue una acción física contra el cerco que recibe Vox en todos los ámbitos mediante una violencia simbólica e intelectual constante que emana de la misma violencia antiespañola del golpe inmigracionista y que al ser enfrentada puso de manifiesto el papel de la policía gubernamental.

La otra novedad fue la introducción en Extremadura de la prioridad nacional. La política autonómica adquiere una útil relevancia nacional. Esto es un hito, un paso fundamental, un giro copernicano y lo que menos importa son las minucias juridicotécnicas que esgrime el terrorífico mundo pepero y periodístico. El valor es, por encima, político y democrático, aunque tiene gracia que hablen de «desigualdad» (de españoles y extranjeros) cuando ellos han permitido la larga desigualdad entre españoles o, mismamente, entre el hombre y la mujer.

(Necesaria insistencia final: los medios que rodean, protegen y preservan al PP, o sea, ese bloque eclesiástico-empresarial tiene el mismo enemigo que tiene la izquierda mundial alrededor de Sánchez, o sea, el chinosanchismo: Trump. De ahí la importancia clave, absolutamente vital del rubio Trump, mucho más allá de su importancia intrínseca, que es descomunal. Mucho más. Incluso más de ese «mucho más». Ante Trump se define la primera y fundamental toma de posición actual. Por eso el trumpismo es lo que todos ellos, desde Soros hasta la Cope, desde Vicente Vallés hasta los narcos, desde Ana Rosa hasta los Ayatolas, golpean religiosamente, constantemente, día tras día, año tras año…).

La Gaceta de la Iberosfera

Del espejismo del jueves al desencanto del albero: Sevilla entre la gloria y la duda / por María Padillo

'..lo más preocupante quizá no esté solo en lo ganadero, sino en el clima que se está instalando en la plaza. Porque más allá de los nombres propios, de las faenas o de los aciertos, lo que se percibe es un ambiente en retroceso, una especie de desgaste emocional en el público de la Maestranza que empieza a ser difícil de ignorar..'

Del espejismo del jueves al desencanto del albero: Sevilla entre la gloria y la duda.

Por María Padillo
Hay momentos en los que una plaza parece quedarse suspendida entre lo que acaba de vivir y lo que no consigue volver a alcanzar, como si el eco de una gran tarde pesara más que todo lo que viene después. Tras la faena de Morante de la Puebla en el jueves de prefería, la sensación en la Plaza de Toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla ha ido descendiendo como si alguien hubiera ido apagando el entusiasmo. Lo que debía ser continuidad de emoción se ha ido transformando en una especie de resaca donde el ambiente no termina de arrancar, incluso con tres “no hay billetes” consecutivos.

El sábado 18 de abril, con la llegada de la ganadería de Victorino Martín, se abría una de las tardes más esperadas del ciclo. Había expectativas. Se hablaba de ese sello de seriedad que han defendido hierros como el de Victorino o incluso otros de la misma exigencia. Sin embargo, la tarde comenzó a torcerse incluso antes de que saliera el primer toro al ruedo. El sorteo matinal ya dejaba entrever un desajuste entre lo esperado y lo presentado, alimentando comentarios y resignación en redes sociales. Y no era solo una frase en una red social; era la percepción que se confirmaba con el paso de los toros, especialmente en los últimos ejemplares, que ofrecían una imagen más cercana a la de novillos que a la de toros de una plaza de primera categoría como Sevilla. La protesta en los tendidos no tardó en aparecer, aunque en algunos momentos —como ocurrió con el quinto— se desbordó hasta límites discutibles, impidiendo el desarrollo normal de la lidia y abriendo un debate incómodo sobre hasta dónde llega la exigencia del público.

En ese contexto, la tarde se convirtió en una prueba de resistencia tanto para toreros como para aficionados. Borja Jiménez logró acariciar el triunfo al natural gracias a los mejores pasajes de un encierro que fue claramente de más a menos, mientras que Manuel Escribano quedó prácticamente sin opciones de lucimiento real ante un lote que no ofreció continuidad ni entrega. La corrida quedó marcada por la irregularidad de sus ejemplares, con excepciones, como por ejemplo el segundo, un toro de clase superior que permitió lucir la humillación y el ritmo, o el cuarto, que dejó matices interesantes y cierta profundidad en su embestida.

Y, sin embargo, lo más preocupante quizá no esté solo en lo ganadero, sino en el clima que se está instalando en la plaza. Porque más allá de los nombres propios, de las faenas o de los aciertos, lo que se percibe es un ambiente en retroceso, una especie de desgaste emocional en el público de la Maestranza que empieza a ser difícil de ignorar. La exigencia siempre ha sido seña de identidad de Sevilla, pero cuando la exigencia se mezcla con frustración, con expectativas incumplidas y con tardes que no terminan de cuajar, el riesgo es que el pulso de la plaza pierda su brillo. Y en una plaza como esta el contraste entre un jueves histórico y un sábado de desencanto amplía la sensación de que algo no termina de cuajar.

Morante, sostén de una Sevilla en entredicho / por Sergio Hueso

'..El nivel ganadero está lejos de lo que históricamente ha exigido la plaza. El toro que acompañó la obra de Morante —de presencia discutible para el contexto sevillano— quedó relegado a un segundo plano por la dimensión de la faena. Pero la pregunta permanece: ¿qué habría ocurrido con un toro de verdadera categoría? Probablemente, el mérito habría sido aún mayor..'

Morante, sostén de una Sevilla en entredicho

Sergio Hueso
La situación en Sevilla invita a la reflexión seria, lejos de cualquier tentación de disimulo. No basta con cubrir las grietas con la irrupción de un Morante de la Puebla en estado de gracia, cuya dimensión actual —extraordinaria, incontestable— sostiene por sí sola el interés de una plaza que debería sostenerse por su propio peso. El toreo, hoy, depende de él. Y no solo depende: también se ampara en su figura.

Anunciarse junto a Morante, en este momento, exige mucho más que dignidad: requiere un nivel sobresaliente. Porque incluso alcanzándolo, el riesgo de quedar diluido es evidente. Y si no se alcanza, la comparación resulta implacable. La tarde reciente lo dejó claro. Apenas se ha hablado de la firme actuación de Víctor Hernández, cuya mano izquierda, asentada y de enorme mérito ante el lote menos propicio, habría sido motivo de elogio unánime en cualquier otro contexto. Sin la presencia de Morante, hoy estaríamos hablando con mucha más fuerza de lo que hizo el torero alcarreño, y probablemente aquella actuación le habría servido en mayor medida en términos de reconocimiento y proyección. Pero no fue así. El genio de La Puebla absorbió toda la atención y dejó en segundo plano una labor que, por sí misma, merecía mucho más recorrido.

Algo similar ocurrió con Juan Ortega, incapaz de conectar con unos tendidos aún impactados por lo vivido instantes antes. No era una cuestión menor: salir a torear después de una obra de tal calibre condiciona, desplaza y descoloca. Morante no solo firma faenas; condiciona el desarrollo entero de la tarde. Eso está al alcance de muy pocos. De los genios.

Sin embargo, la grandeza de lo excepcional no debería ocultar lo esencial. Y Sevilla arrastra problemas que no pueden ni deben pasar inadvertidos. El nivel ganadero está lejos de lo que históricamente ha exigido la plaza. El toro que acompañó la obra de Morante —de presencia discutible para el contexto sevillano— quedó relegado a un segundo plano por la dimensión de la faena. Pero la pregunta permanece: ¿qué habría ocurrido con un toro de verdadera categoría? Probablemente, el mérito habría sido aún mayor. Porque resulta evidente que Morante tiene capacidad de sobra para imponerse a un toro de mayor seriedad y más acorde a la categoría de Sevilla, y seguramente la imagen final habría sido aún más rotunda y bella que la que dejó con el ejemplar que le correspondió.

La cuestión no termina ahí. Los toros que están saliendo por los chiqueros de la Maestranza generan más interrogantes que certezas. Y sorprende que parte de la crítica se detenga en el comportamiento de los tendidos, como si el problema fuese el ruido y no su causa. Sevilla no es más exigente ahora: simplemente no está dispuesta a aceptar la pérdida de identidad de una plaza que, junto a Madrid, marcaba el rumbo de la temporada.

Resulta cómodo mirar hacia los ganaderos, pero sería simplificar en exceso. En el campo hay toros con la seriedad y la presencia que Sevilla exige; otra cosa distinta es lo que finalmente se lidia, condicionado en gran medida por lo que se compra. El ganadero cría, pero también vende en función de la demanda. Por eso, no son los únicos responsables. La cadena es más amplia: veedores, empresa y, especialmente, autoridades. Porque alguien reseña, alguien decide qué se adquiere, alguien aprueba y alguien, en última instancia, valida que ese toro pise el ruedo de Sevilla. Y ahí es donde la preocupación se agrava.

El palco, lejos de aportar criterio, se ha convertido en foco de desconcierto. No existe un baremo reconocible. En apenas unos festejos, se han sucedido decisiones contradictorias, concesiones discutibles y negativas incomprensibles. Ni siquiera dentro de un mismo equipo presidencial se percibe una línea coherente. Cada tarde parece regirse por un criterio distinto, lo que erosiona la credibilidad de una institución que debería ser garante del orden, no protagonista de la polémica.

Sevilla exige otra cosa. La seriedad de una plaza de su categoría no puede depender del capricho ni de la interpretación variable. Urge una revisión profunda del sistema, una unificación de criterios y una recuperación del rigor que siempre definió a la Maestranza. El toreo no puede permitirse perder también a Sevilla y dejar todo el peso de la seriedad y la integridad en manos de Madrid, hoy por hoy —toquemos madera— la única plaza que mantiene ese listón. Porque cuando la autoridad deja de ser referencia, el conflicto se traslada al tendido, y la tensión sustituye al respeto.

Morante, con su talento irrepetible, está sosteniendo el presente. Pero el futuro de Sevilla no puede depender de un solo nombre, por grande que sea. La plaza necesita recuperar su esencia, su exigencia y su verdad. Todo lo demás —por brillante que resulte— será, en el fondo, un espejismo.