la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

martes, 3 de noviembre de 2026

Tragedia ferroviaria: Palabras de Liliana Sáenz, la joven que perdió a su madre en Adamuz


'..Señor ministro, llevo nueve meses soportando su ego y su soberbia. Nueve meses sumida en la incredulidad de verlo bromear, hacer demagogia o tratar con frivolidad algo tan duro como lo que estamos pasando y que van a pasar ahora tantas familias más…'

Palabras de Liliana Sáenz, la joven que perdió a su madre en Adamuz:

Si yo tuviera la fuerza que tenía mi madre ahora estaría en Toledo, aunque sólo fuera para dar abrazos y consuelo… pero entonces volvería a romperme por dentro.

Si yo tuviera la entrega que tenía mi madre ahora estaría en Toledo y en cada uno de esos abrazos les diría que se dejen arropar, que se agarren al calor que ahora se les ofrece hasta que puedan empezar a agarrarse a los recuerdos y al amor que nos dejan… pero entonces yo soltaría los recuerdos que a mí me sostienen…

Si yo tuviera la honestidad que tenía mi madre ahora estaría en Toledo… para anticiparles lo que les espera, pues ya nunca serán los mismos y deberán aprender a vivir como esa persona en la que se han convertido desde el mismo instante en el que recibieron esa fatídica llamada… pero entonces yo me empezaría a alejar de la que ahora soy…

Si yo tuviera el corazón tan lleno de Dios como lo tenía mi madre ahora estaría en Toledo con mi rosario, para que pudieran sentir el amor más grande que puede existir… pero entonces volverían a tambalearse los cimientos de mi propia fe.

Y si yo tuviera el sentido de la justicia que tenía mi madre, de Toledo me iría a Madrid… para gritar con toda mi alma y con la suya, que ahora vive en mí, que ¡BASTA YA!

Señor ministro, si usted quiere dar la cara, empiece por escucharnos… Ya se lo dije una vez, hace nueve meses, y desgraciadamente mis palabras vuelven ahora a tener sentido.

Mi vida se paró el 18 de enero de 2026, a las 19:45. Desde entonces vivo al borde de un abismo llamado dolor. Un dolor que me atraviesa el alma cada vez que veo que usted sigue con su vida sin haber perdido nada más que algunas horas de sueño.

Un dolor que está empezando a convertirse en odio, un odio que prometí que no crecería en la rabia, pero que es imposible no sentir en esta impotencia que me invade cuando veo que volverá a hacerlo…

Usted no puede seguir con su vida como si no pasara nada mientras una chica guarda el traje de novia que nunca se pondrá y otra lo hará sin que su padre la lleve al altar.

Usted no puede seguir con su vida como si no pasara nada mientras empiecen a amarillear sobre la mesa apuntes, planos o informes que nadie se atreverá a quitar por miedo a que esto sea más real…

Usted no puede seguir con su vida como si no pasara nada mientras haya niños llorando porque no entienden por qué no ha vuelto su madre…

Usted no puede seguir su vida sin perder nada con todo lo que hemos perdido tantas familias españolas… Créame, si pudiera, se lo cambiaba… Usted se queda sin madre y yo sin trabajo…

Usted no puede seguir aplaudido por los que lo ven como el mejor ministro que hemos tenido, cuando en nueve meses hemos perdido a más de cien de los mejores médicos, enfermeros, periodistas, políticos, deportistas, militares, empresarios, maquinistas… o, simplemente, los mejores para alguien.

Usted no puede seguir construyendo vías mientras la sangre de nuestras familias sigue derramada sobre ellas…

Y usted no puede decir que el tren atraviesa el mejor momento de su historia teniendo a sus espaldas dos de los mayores accidentes de su historia…

Señor ministro, llevo nueve meses soportando su ego y su soberbia. Nueve meses sumida en la incredulidad de verlo bromear, hacer demagogia o tratar con frivolidad algo tan duro como lo que estamos pasando y que van a pasar ahora tantas familias más…

Si usted quiere dar la cara, empiece por escucharnos….

LAS FAMILIAS LE PEDIMOS QUE SE VAYA…

YO LE PIDO QUE SE VAYA.

Por dignidad, por empatía, por ahorrarnos dolor…coja sus cosas y váyase a abrazar a su familia, vaya que mañana se suban a un tren….

El tren que todos debemos coger / por Carlos Bueno

'..En el toreo, un tren perdido puede significar una carrera que no despega; en la vida, una oportunidad que no vuelve. Pero ningún pasajero debería morir porque la incompetencia de otros haya convertido su tren en el equivocado..'

CAPOTAZO LARGO
El tren que todos debemos coger

Por Carlos Bueno
Antonio Vázquez, hermano del diestro Curro Vázquez y apoderado del torero Pablo Aguado, ha muerto en el trágico accidente ferroviario ocurrido en Urda el pasado 28 de octubre. Antonio es uno de los 69 fallecidos que, hasta el momento, se ha cobrado el siniestro. Detrás de cada uno hay una historia truncada, una familia rota que, como todas las familias del resto de víctimas, se lamenta de que hubiera cogido ese tren y no el anterior o el posterior.

No hay consuelo para quienes han perdido a un ser querido. Tampoco hay marcha atrás. La vida no admite rectificaciones ni permite regresar al instante en que todo pudo ser diferente. Una decisión, un segundo basta para separar la normalidad de la tragedia, el futuro imaginado de un vacío imposible de llenar. Hay que convivir con lo irreparable, aceptar lo que no podemos cambiar y encontrar fuerzas para seguir adelante.

En la vida hay trenes que pasan una sola vez. Los toreros lo saben bien. Muchos tienen señalado en el calendario una fecha, una plaza, una tarde en la que se juegan mucho más que un triunfo. Es el día de dar el aldabonazo, de abrir una puerta hasta entonces cerrada, de cambiar el rumbo de una carrera. Hay oportunidades que no regresan y trenes que no esperan. Por eso hay que cogerlos, aun a riesgo de equivocarse, porque quedarse en el andén también puede significar perder el futuro.

Pero el destino tiene sus propias reglas, a veces incomprensibles y despiadadas. Antonio Vázquez cogió el tren que había elegido, como tantos otros pasajeros que aquel día emprendieron un viaje sin imaginar que no llegarían a su destino. No existe explicación capaz de aliviar el dolor de sus familias. Sólo la certeza de que nadie puede vivir permanentemente preguntándose qué habría sucedido si se hubiera tomado otra elección.

Pero aceptar lo inevitable no significa resignarse ante lo que se puede evitar. Por eso ahora toca aprender de los errores para garantizar la seguridad de los viajes y que no vuelvan a producirse fatalidades. Toca esclarecer los hechos, conocer la verdad y explicar con transparencia qué ocurrió y por qué. Toca huir de las falsedades, investigar hasta el final y depurar responsabilidades. Toca que los ineptos dimitan y paguen por su incapacidad y su negligencia. Porque la responsabilidad pública exige algo más que lamentaciones y palabras de pesar; exige rendir cuentas y justicia.

Ni Antonio ni ninguna de las demás víctimas podrán coger otro tren. La vida seguirá pasando sus estaciones y todos tendremos, tarde o temprano, un tren al que subir. Algunos nos conducirán hacia una oportunidad; otros marcarán nuestro destino. Hay que subir, porque vivir también consiste en asumir riesgos y aceptar que no siempre podemos controlar el resultado.

Lo que nunca deberíamos aceptar es que alguien pierda la vida porque quienes debían velar por la seguridad ferroviaria y evitar tragedias no estuvieron a la altura. En el toreo, un tren perdido puede significar una carrera que no despega; en la vida, una oportunidad que no vuelve. Pero ningún pasajero debería morir porque la incompetencia de otros haya convertido su tren en el equivocado.

Son monos, pero sobre todo hienas / por Juan Manuel de Prada


'..La hecatombe de Urda nos ha probado que Puente puede comportarse como un chimpancé; pues sólo un mono hace algo tan impío como sacar provecho de un muerto..'

Son monos, pero sobre todo hienas

Por Juan Manuel de Prada
Nunca me han complacido esos comentarios jocosos que comparan al ministrillo Puente con un mono. Tal vez el hombre no tenga la apostura de Adonis, ni tampoco los dulces modales de Néstor; pero quienes sean Adonis o Néstor redivivos que tiren la primera piedra. Además, se puede ser animal, o siquiera medio animal, y sin embargo ser un dechado de cortesía, como prueba el centauro Quirón. Pero finalmente he tenido que aceptar que Puente es, en efecto, un mono; y no por falta de apostura, ni por sus groserías e intemperancias tuiteras (indignas de un hombre que ocupa tan alta magistratura), sino por la vileza que acaba de consumar, tras la hecatombe de Urda.

Señalaba Chesterton, burlándose de las patrañas darwinistas, que pretender hacer al hombre descendiente del mono era por completo absurdo. Pues lo que hace distintivo al hombre, lo que define su aparición sobre la faz de la Tierra es el respeto reverencial a los muertos. No hay, no ha habido ni habrá ningún mono evolucionado que entierre a sus congéneres muertos, que rece por ellos, que los honre y les tribute homenajes; en cambio, es propio de los monos dejar que sus congéneres muertos se pudran a la intemperie sin enterrarlos, y hasta se han conocido casos en los que los han devorado: los mandriles, por ejemplo, y también los orangutanes, devoran a sus crías cuando mueren; y los chimpancés atacan a los grupos rivales, matan sus crías y vejan sus cadáveres, los desgarran y pisotean, los descuartizan y también, si se tercia, se los zampan.

Sólo en los crepúsculos de la Historia, cuando la barbarie estalla como un volcán, hombres como monos profanan los cadáveres, los vejan, los exhiben y les sacan provecho; un retroceso civilizatorio (un retroceso de especie, en realidad) que provoca repulsa y horror. La hecatombe de Urda nos ha probado que Puente puede comportarse como un mandril, orangután o chimpancé; pues sólo un mono hace algo tan impío como sacar provecho de un muerto. Para desviar la atención de su flagrante responsabilidad en la hecatombe (que tal vez sea algo más que pura ‘responsabilidad política’), Puente no ha tenido empacho en señalar como culpable a un empleado de Adif, un controlador del tráfico ferroviario, filtrando a un medio lacayo (después de haberlas seleccionado) sus conversaciones con los maquinistas de los trenes siniestrados; uno de ellos, por cierto, fallecido en el siniestro. No sé qué epíteto puede emplearse para calificar la utilización de las víctimas de una hecatombe para tratar de desviar las responsabilidades propias sobre un trabajador: creo que ‘protervo’ –que a mí tanto me gusta utilizar– se queda corto; pero tal vez ‘nefario’ podría aproximarse bastante, porque en las fechorías de estos monstruos hay siempre un fondo de impiedad, de sacrilegio, de transgresión de las leyes divinas.

No es mera vileza, no es abyección ni maldad, es una iniquidad propiamente diabólica señalar en estas circunstancias a un trabajador, sirviéndose además del testimonio manipulado de un muerto. Hasta en los hombres más indignos y depravados, cuando hay cadáveres de por medio, se aplaca la cólera, enmudecen los reproches, se detiene el ansia justiciera, porque «la muerte todo lo calla»; pero esta gentuza, poseída por los satanes más bajos, no sólo no calla ante los muertos, sino que utiliza su testimonio manipulado para estigmatizar a un trabajador, sirviéndose de un medio lacayo que se rebaja a divulgar mercancía tan putrefacta. No negaremos que el ministrillo Puente sea un mandril, orangután o chimpancé; pero hace falta también ser una hiena para incurrir en una ruindad tan abominable. Pues, aun suponiendo que ese controlador ferroviario hubiese cometido por negligencia un error, lo cierto es que, en los trenes de alta velocidad, la seguridad recae en sistemas electrónicos diseñados para evitar colisiones, incluso ante errores humanos. La propia página web del Ministerio de Transportes proclama ‘urbi et orbi’ que los sistemas de control de nuestra red ferroviaria «están diseñados de forma que, aunque se produjera un error humano, se garantizaría la seguridad».

Es propiamente satánico urdir semejante trapacería (¡culpando a un trabajador y manipulando las palabras de un muerto!) para no asumir las responsabilidades de toda una serie de fallos en cadena con origen en una pésima gestión. Y no contenta con ello, la purrela gobernante ha movilizado a su patulea de loritos untados, que desde las tribunas mediáticas se dedican a exculpar al mandril y a las hienas que lo jalean y respaldan, haciendo todos uso de las mismas consignas (el ‘argumentario’ que les han cocinado los asesores monclovitas) y culpando a ese pobre controlador ferroviario. De la hecatombe de Adamuz, nueve meses después, seguimos sin conocer las causas; en cambio, de la hecatombe de Urda, cuando todavía los cadáveres dilacerados de las víctimas no han sido recogidos, ya tenemos un culpable, señalado por el testimonio manipulado de un muerto. Quienes urden tal ignominia, sabiendo que han fallado en cadena todos los sistemas de seguridad y que la red ferroviaria está hecha una piltrafa, son hienas.

¿Y por qué nuestra red ferroviaria está hecha una piltrafa? Está hecha una piltrafa porque las hienas que nos gobiernan no invierten en su reparación y mejora, dado que destinan el dinero que nos saquean a mejorar la red viaria marroquí, a pagar pingües sueldos a una miríada de asesores monclovitas, a triplicar el presupuesto militar para enviar armas a lejanas guerras que ni nos van ni nos vienen (mientras las fronteras españolas en Ceuta y Melilla están desguarnecidas). Nuestra red ferroviaria está hecha una piltrafa porque las hienas que nos gobiernan permiten que grandes compañías extranjeras la utilicen de forma indiscriminada, sometiéndola a un trasiego insoportable de trenes, a la vez que la propaganda sistémica incita a las masas cretinizadas al turismo bulímico y al frenesí viajero. Un cóctel letal, en el que la desinversión, el deterioro viario, la saturación del tráfico y la privatización del servicio bullen en la misma marmita, que remueve con su cucharón un mandril jaleado y respaldado por hienas. Porque hienas son quienes, no contentas con convertir el transporte ferroviario en una lotería macabra, culpan a un trabajador de la hecatombe, mientras los cuerpos dilacerados de las víctimas todavía no han sido recogidos. Merecerían que hiciesen con ellos lo mismo que la tribu de los Hadzabe, allá en Tanzania, hace con las hienas; o, no yéndonos tan lejos, lo mismo que Felipe II, con gran sentido de la justicia, hizo con el pastelero del Madrigal (pero esto es lenguaje figurado, los cuerpos verdaderamente descuartizados están en Urda)

lunes, 2 de noviembre de 2026

Derecha avergonzada / por Jesús Laínz


'..En el PP lo tienen muy claro: el enemigo de su partido no es el PSOE, sino VOX. Por eso su estrategia es desactivarlo paulatinamente mediante pactos. La idea les repugna, pero a la fuerza ahorcan, sobre todo ante la emergencia de acabar con la pesadilla de Pedro Sánchez y sus secuaces en la Moncloa..'

Derecha avergonzada

Jesús Laínz
José Manuel Ortí Bordás, uno de los últimos testigos directos de la Transición, ha aportado en sus memorias información de excepcional valor para conocer los entresijos de aquella época fundacional del régimen que seguimos disfrutando —léase este gerundio con seriedad o ironía, según el gusto de cada cual— medio siglo después.

Colaborador en primera línea de Torcuato Fernández Miranda y Adolfo Suárez, muestra con sus datos el nefasto papel protagonizado por aquel presidente de ignorancia enciclopédica que, de la mano del flamante rey Juan Carlos, cayó como una maldición sobre España en el momento más delicado.

Tras la aprobación masiva de la Ley para la Reforma Política en diciembre de 1976 (95% de síes frente a 2,6% de noes), el gobieno centrista vencedor en las elecciones de 1977 se dedicó a atacar a la derecha representada por Alianza Popular, que tanto había colaborado en el proceso pacífico hacia el nuevo régimen, y a mimar a las izquierdas y los separatistas, que tanto habían hecho para que fracasara. Como recuerda Ortí, Suárez y los suyos hicieron una elección equivocada de adversarios para conseguir que se les perdonara su pecado original de provenir del sector reformador del franquismo: 

«El resultado electoral [de 1977] permitía a Suárez formar una sólida mayoría parlamentaria, uniéndose con los afines, es decir con AP, pero, temeroso de que le tacharan de derechas y preso de la dialéctica antifranquista que la propia UCD contribuyó a suscitar, prefirió gobernar en minoría, hacer la política de los adversarios y entrar en una negativa espiral de concesiones a los nacionalismos vasco y catalán».

Y así comenzó la arraigada tradición de marginación de los afines y promoción de los adversarios que ha caracterizado a la llamada derecha liberal desde entonces. Recuérdense los constantes denuestos de los dirigentes del PP contra esa cosa inexistente a la que llaman sanchismo, ansiosos por que, una vez reemplazado Pedro Sánchez, regrese el PSOE bueno, el que a ellos les gusta y al que consideran imprescindible para España. Por el contrario, es bien conocida la profunda hostilidad de Aznar hacia VOX, al que ha definido como sanchismo al revés. Y su sucesor Rajoy propuso hace unos meses una gran coalición entre el PP y el PSOE. 

Núñez Feijoo, por su parte, ha declarado con orgullo que votó a Felipe González, con el que comenzó a rodar la gran bola de nieve socialista que ha llegado hasta nuestros días, y que volvería a hacerlo.

En la campaña electoral de hace tres años Núñez Feijoo declaró que «VOX no es un buen socio. Me siento más cercano a Page. Si necesito veinte escaños voy a hablar con el PSOE». También pidió el voto «a los que han votado a Podemos y no quieren que Vox tenga capacidad de decisión». Y en una entrevista a La Vanguardia el 19 de julio de aquel mismo 2023 dijo que «tengo la esperanza de que el PSOE evitará que pactemos con VOX».

Los dirigentes regionales repiten obedientes las consignas de la cúpula. Miguel Tellado, secretario general del PP gallego, invitó en 2019 a sus simpatizantes «a que metáis la mano en el buzón de vuestros vecinos y cojáis los sobres de la bandera de España y los tiréis directamente al cubo de la basura». En Andalucía, Moreno Bonilla opinó en 2023 que «Vox da más miedo al electorado que ERC y Bildu». Y los populares vascos confesaron que sus objetivos en las elecciones autonómicas de 2024 no fue vencer a separatistas y socialistas, sino «acabar con Vox».

Décadas de confluencia entre el PP y el PSOE, tanto en los niveles regionales y nacional como en el europeo, lo demuestran. Los dirigentes populares en la UE, como Esteban González Pons, presumen de su coalición con los socialistas en las instituciones bruselenses, y son incontables los populares que hacen gala de los muchos años de políticas iguales a las del PSOE, y en muchas ocasiones pactadas, en materia de ideología de género, inmersiones lingüísticas, memoria histórica o inmigración. Su enumeración se haría eterna.

En el PP lo tienen muy claro: el enemigo de su partido no es el PSOE, sino VOX. Por eso su estrategia es desactivarlo paulatinamente mediante pactos. La idea les repugna, pero a la fuerza ahorcan, sobre todo ante la emergencia de acabar con la pesadilla de Pedro Sánchez y sus secuaces en la Moncloa.

Ahora parece que las aristas se liman y que ambos partidos de eso que se llama, con bastante inexactitud, derecha se muerden la lengua ante la necesidad de llegar a un acuerdo para el relevo gubernamental, y la verdad es que resulta difícil reprocharles en estos días su sensatez y —seamos buenos por un instante— patriotismo.

Pero no se trata de una rectificación por parte del PP de una tendencia sólidamente arraigada desde los años de Adolfo Suárez. El motivo es que están viendo cortar las barbas de sus equivalentes europeos, tan causantes como la izquierda de los gravísimos problemas con los que se enfrenta todo el continente y tan ineficaces como ella para hacerles frente. Por eso han puesto las suyas a remojar fingiendo sintonía con VOX.

Nicolas Sarkozy acaba de señalarles el camino recomendando a su partido, Los Republicanos, que se alíen con el de Marine Le Pen en su carrera hacia el Elíseo. El abrazo del oso una vez más, pero cuando las calles arden hay que tragarse sapos para sobrevivir.

De la tregua al esperado dorado de América / por Jorge Cepeda



'..Para quien ha consagrado su vida a medir el pulso de la Fiesta, duele ver que el abono español se ha vuelto un bucle predecible. Las empresas optan por repetir nombres trillados antes que abrir portones a la renovación y toreros que no terminan de marcharse..''

De la tregua al esperado dorado de América

Jorge Cepeda
Periodista de investigación y cronista taurino
En esta segunda entrega de El cerrojazo de la campaña europea invita a una reflexión que va más allá de los anuncios a la realidad de lo que sucede en los ruedos.

Un escalafón hinchado rara vez equivale a gloria artística. Este año, la temporada dejó verdades incontestables.

Mientras Alejandro Talavante sumaba 61 festejos entre destellos de genio y alarmantes desganas, el verdadero pulso ético lo sostuvieron la épica consolidación de Borja Jiménez, el triunfador moral, y la regularidad de un Roca Rey que sigue cargando con el peso del engranaje empresarial. A su lado, David de Miranda aportó frescura a la temporada, y Morante de la Puebla volvió a demostrar en Sevilla que su toreo añejo detiene el reloj.y que hace falta a estas alturas de la fiesta taurina, pese a sus altibajos. No es como en los buenos tiempos cuando un Jesulín de Ubrique, quien en la temporada de 1995 alcanzó la cifra de 161 corridas toreadas en un solo año.
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En el rejoneo, Diego Ventura dictó cátedra en Las Ventas como mandón indiscutible, escoltado por Andy Cartagena y la falta de jóvenes que vengan a arrear.

En el escalafón menor, la savia nueva se abrió paso con los sólidos pasos de Julio Norte, el triunfo de Álvaro Serrano en Madrid y un imberbe Marco Pérez que quema etapas a velocidad de un rayo para subir.

Para quien ha consagrado su vida a medir el pulso de la Fiesta, duele ver que el abono español se ha vuelto un bucle predecible. Las empresas optan por repetir nombres trillados antes que abrir portones a la renovación y toreros que no terminan de marcharse. Vemos a una saturación de coletas de la vieja guardia que estiran trayectorias de forma artificial, acaparando los puestos de privilegio.

Esta sequía de novedades se agrava con el peaje de la sangre en algunas ferias. La enfermería desnudó la fragilidad física y las costuras de una estructura que no tiene un abc definido, como debe ser en la fiesta. Román pagó el tributo más caro en Las Ventas, pero su vuelta a la cara del toro justificó su campaña. Los percances de Isaac Fonseca y las intermitencias de Morante demostraron que la casta sigue intacta, aunque también evidenciaron que el sistema prefiere maquillar carteles antes que arriesgar con los de abajo.
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La lectura crítica obliga a mirar hacia América, eje clave de los abonos peninsulares. El peruano Andrés Roca Rey justificó sus contratos tras firmar una campaña monumental de 58 tardes y más de 115 orejas, triunfando en La Maestranza y Las Ventas. Sebastián Castella revalidó su sitio en la aristocracia con 48 paseíllos y una faena de peso en San Isidro.

Por la línea del pundonor, en ser el único que hace temporada es el venezolano Jesús Enrique Colombo que sumó 11 durísimas corridas con 21 orejas y un rabo, puntuando con hombría en Pamplona y Zaragoza antes de afrontar su etapa en solitario en la actualidad para venideras fechas. Junto a él, la entrega de Isaac Fonseca, la elegancia de Juan Pablo Sánchez y la lección de pureza del novillero Bruno Aloi en Madrid encendieron la esperanza azteca.
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La llegada del invierno reabre el tópico de «hacer las Américas», que hoy suena más a nostalgia colonial que a realidad financiera. El mapa de la abundancia se ha reducido a un archipiélago de resistencia. La Monumental de México sufre un laberinto judicial; en Venezuela, el Nuevo Circo o Maracaibo son fantasmas, y la actividad recae en San Cristóbal, Mérida y Tovar. Donde la misma empresa “Fiesta Brava”anunciara dentro de poco los carteles de estas dos ferias que acaparan la atención de los venezolanos, donde por fin se deslumbra una luz a corto plazo.

En Colombia, la Santamaría de Bogotá sigue clausurada, Cartagena duerme el sueño de los justos y Cali con Manizales resiste como último bastión. Para los profesionales, el invierno ya no es un oasis: solo las figuras aseguran contratos, mientras los modestos rascan fechas en el campo peruano —el auténtico pulmón económico— y en México.

Las cartas están sobre la mesa. Con los clarines a punto de sonar al otro lado del charco, la última palabra la tiene la afición. Que Dios reparta suerte en esta nueva cruzada…

Hughes. Racing, 0; Real Madrid, 3. La unidad de destino está conseguida

@realmadrid

'..En el Madrid había cohesión, la asabiyah conseguida. La unidad encontrada en Barcelona ya es un hecho. Los jugadores ya están unidos por hilos invisibles que mira Mourinho con aire taciturno. Los entrenadores van todos de negro, pero no todos, es más, ninguno, puede lograr esa mirada..'

Hughes
Pura Golosina Deportiva

Santander tenía que confirmar lo de Barcelona. Estábamos casi seguros, pero había que certificarlo y, efectivamente, el Madrid ya es un equipo fiable. Ya todo es Mourinho en el Madrid. Cuando salen los futbolistas por el túnel, al fondo aparece su mirada desconfiada. Los ojos alerta de Mou velan el Madrid como un búho.

Hubo antes del partido dos minutos de silencio, por Urda y por Todos los Santos. En pocos sitios como en Santander podría ser tan respetado el silencio.

Antes del partido, la cámara del árbitro, gran innovación de la Liga, nos mostraba el diálogo o más bien la gesticulación entre los capitanes y ahí descubríamos el cargo de “representante de campo”, que iba a ser Tchouameni.

El Madrid salía con los de Barcelona con Trent donde Valverde y volvieron a hacer un partido sobresaliente.

Con Huijsen, Trent, Güler y Bernardo Silva lo raro hubiera sido que la pelota no rodara. Güler y Bernardo se buscaban muy pronto, como dos amigos eligiendo asientos en el autobús.

 

Y muy pronto hubo una gran jugada de Diomandé en el extremo de la que salió cojo. ¿Qué le pasa a Diomandé? No volvimos a ver la repetición de lo que pareció una entrada al tobillo. Le estaban dando el Pack Traumatológico de Bienvenida a la Liga. El árbitro no pitó nada, aunque luego no fue dañino para el Madrid.

Estuvo Yan unos minutos cojeando y el juego pasó a la combinación derechista entre Guler y Trent, una zurda clínica para una diestra sedosa.

Güler se buscaba la vida desde la banda mejorando la de los demás. Le puso un balón-dron personalizado a Mbappé, que inmediatamente después se ganó un penalti tras un regate en el área que acompañó con algo de dramatización. Munuera pitó y Mbappé marcó el 0-1. No pudo pararla Julen Aguirrezabala, no confundir con Kepa Arrizabalaga.

En todas las primeras partes, Güler hace algo (regalar un balón) para recordarnos que es un chiquillo, y siempre ha de ser Courtois el que lo remedie.

El Racing aun lo intentaba con mucho optimismo, a mi juicio demasiado. Destacaba Iker Vicente, un jugador que tiene un aire a Chaves Nogales.

En el Madrid había cohesión, la asabiyah conseguida. La unidad encontrada en Barcelona ya es un hecho. Los jugadores ya están unidos por hilos invisibles que mira Mourinho con aire taciturno. Los entrenadores van todos de negro, pero no todos, es más, ninguno, puede lograr esa mirada.


Había algún detalle de caerse las lágrimas. Por ejemplo, Huijsen presionaba en posición de extremo zurdo. A la vez, iniciaba la salida de la pelota yéndose casi al córner izquierdo, detrás de donde estaba Kroos. Desde esa lejanía abre el campo, gana ángulo suficiente. La sensación es que con esa apertura y con su capacidad para el pase, el Madrid se ha construido una vía nueva, ha ampliado el aeropuerto para sacar la pelota.

De él vino el 0-2. Desde muy lejos conectó con Mbappé, en el mediocampo, de nueve clásico por fin; controló de espalda, la pasó a Güler, de frente, que con un toque, pensado quizás antes de que el mismo Mbappé diera el suyo, buscó a Bellingham en “el espacio”. Bellingham rompió la defensa como si saliera de un biombo de papelillo, y ante el portero hizo su clásica picadita, la elevó como en los dibujos “Campeones” (o Capitán Tsubasa), y marcó el 0-2.

Ojo a Huijsen: presionante y anticipativo en el extremo zurdo, constructor detrás de donde partía Kroos, y entre medias, un central flexible y concentrado.

El Madrid tenía la pelota, iba de banda a banda, y presionaba. Diomandé perseguía a su rival hasta el lateral. Ataca como si no fuera con él, pero defiende como algo personal. En ambos casos, con sentido del duelo. Todo se le hace uno contra uno y el porcentaje que gana en defensa es mayor que el del ataque, siendo el jugador que más regatea de Europa.

De esa facilidad pasmosa dio muestras en el 0-3. Antes se diría un “zapatazo”, pero es que no es eso. Marcó un gol de lejos, un tiro seco, pero tampoco seco; un tiro con curva, pero tampoco. Le pegó para empezar de forma sorprendente. Igual que es una centella en el regate, armó el disparo muy rápido, volcando el cuerpo, sin abrirse, para controlar la trayectoria de la pelota quizás con algún abdominal. Un tiro muy fuerte y muy suave, rápido y fino, armado casi sin espacio, con una mecánica o biomecánica que no entendemos bien aún porque a casi todos nos sorprendió el tiro.

Todos hacían gestos de asombro, pero él mostraba su particular falta de autoconciencia. Sonreía entre incrédulo y travieso.

Los de arriba tenían su gol, así que Güler buscó marcar. A su juego, normalmente altruista, le ponía toppings de egoísmo.

Antes del descanso hubo un contragolpe de 3 contra 2 que entre Kilyan y Güler consiguieron fallar. Los 2 vs. 1, 3 vs 2, 4 vs 3, por lo que sea, se le resisten al Madrid. Quizás sea un morbo por lo clamoroso. O se colapsan en la sencillez. Puede que sea una secuela psicológica de estos años y que con los meses se vaya aclarando.

A Tchouameni se le descubre todos los años. Está volviendo a ocurrir. Él mismo se creció y se animó a chutar de lejos, y más lejos que fue la pelota, que impactó en la tierna faz de un niño pequeño al que casi mata.

El realizador, con buen criterio, se iba interesando por el estado del niño. Tenía eso más interés que el partido. El Madrid aculado ya atrás y jugando a la contra pero con el cuchillo flácido.

¿Eran indolencias lo que asomaba por el campo? Mou se quejaba, e iba arrancando las malas hierbas con miradas fulminantes.

Con poco que hicieran estaban arriba. Mbappé, con ese slalom suyo de follador swingueante, como si nada, tiró al palo.

Diomandé también lo intentó desde fuera. Se veía a los padres protegiendo a sus hijos.

Era y seguiría siendo hasta el final un derroche de ocasiones.

Lo mejor, dada la gafancia, era mantener la puerta a cero, cosa que pudo arruinarse también de haberse pitado una mano de Tchouaméni en el área.


Primero se pitó, pero luego el árbitro empezó a escuchar a gente. Hablaba con los futbolistas, con lo que hubiera al otro lado del pinganillo y mientras, Mou lo miraba todo imperturbable, como un Buda saudoso y con mala leche, el árbitro, tras muchas deliberaciones, admitió irse a ver el penalti en la pantalla.

Tchouaméni tocaba la pelota y ésta contactaba en su mano. Apareció el concepto “mano natural”; una mano quieta, abajo, discreta, sin vida propia. Quien tuviera la mano alegre, un poquito tonta, haría penalti siempre. Qué homofobia el fútbol. Tiene razón Bellerín... La mano al aire sería calificada además una mano “no natural”.

Munuera, no contento con las charlas que llevaba, que le faltaba pedirle informe al Consejo de Estado, se fue a explicarle al entrenador local la decisión. O sea, era un homenaje al derecho administrativo. El entrenador, de negro, hacía que no con la cabeza durante el partido. Iba disfrazado de nihilista en Halloween.

No contentos con el “mano natural”, en la narración televisiva alguien dijo “es un play the ball”.

La gente se encabronó un poquito. Santander se hizo un poquito más Pamplona y cayó un mechero. El árbitro activó el protocolo de seguridad. Más protocolos en un partido que en los trenes...

Se disfrutaba de cosillas. El gran Trent controla la pelota y la deshace, como si recogiera copos de nieve. No es que “mate” la pelota, es que la abre como a una pelota de trapo, la abre y la desentraña. La pelota le hace plof. Estos controles tan definitivos son hasta demasiado buenos y a veces lastran de estatismo al propio Trent, esclavo de sus inmovilizaciones de la pelota.

De repente, algo pasaba en la grada. tenían que atender a alguien... Había más peligro en la grada que en el campo.

Entraron Camavinga, Brahim, y luego Endrick por Diomandé, que al irse le dio la camiseta a un recogepelotas. Al pasar por la banda, con el torso desnudo, las chicas de la grada se miraron nerviosas y se hicieron, sin hablar, la misma pregunta de Georgie Dann.

En esos minutos, hubo ocasiones para arreglar el goal average. Pero eso son cosas que haría el Barcelona. Bellingham se puso otra vez zidanesco (deja vus finales de los 90), y Mbappé irritante. La última contra que desperdició rozó lo disciplinario.

@realmadrid

Antonio Vázquez, una vida detrás del toreo / por Sergio Hueso


Antonio Vázquez, una vida detrás del toreo / Foto : Mélanie Huertas

'..El toreo pierde a un gran profesional. Curro, a su compañero de toda una vida. Fran, a su padre y maestro. Y quienes tuvieron la fortuna de conocerlo, a un hombre al que recordarán por algo que está por encima de cualquier trayectoria: su calidad humana..'

POR MONTERA
Antonio Vázquez, una vida detrás del toreo

Por Sergio Hueso 
Hay personas que pasan por la vida sin necesidad de hacer ruido y, sin embargo, cuando se marchan, dejan un silencio difícil de explicar. Personas cuya importancia no está en el lugar que ocupan, sino en todo lo que hacen por quienes tienen a su alrededor. Antonio Vázquez era una de ellas.

El destino ha querido arrebatarnos a uno de esos hombres que entendían el toreo desde la discreción, la sensibilidad y el conocimiento. Antonio perdió la vida en la tragedia ferroviaria de Urda cuando viajaba hacia Andalucía para hacer lo que llevaba haciendo prácticamente toda su vida: buscar toros. Una profesión que había terminado convirtiéndose en su particular manera de entender el mundo.

Nacido en Linares, soñó también con ser torero. Llegó a vestir el traje de luces, pero la vida le reservaba otro lugar. No delante del toro, sino cerca de él. En el campo, donde aprendió a mirar mucho más allá de las hechuras de un animal y donde terminó convirtiéndose en uno de los veedores más respetados de la profesión.

Pero hablar de Antonio es hablar inevitablemente de Curro Vázquez. Su hermano. Su torero. Su compañero de vida. Estuvo a su lado en los momentos difíciles y en las tardes de gloria, sin reclamar nunca un protagonismo que no necesitaba. Y quizá pocas imágenes expliquen mejor aquella unión que la del 5 de octubre de 2002, cuando fue Antonio quien cortó la coleta a Curro en Vistalegre. Toda una vida compartida resumida en un gesto.

Después llegó otra etapa, igualmente hermosa. La de compartir la profesión con su hijo Fran y acompañar a Pablo Aguado, un torero en cuya sensibilidad encontró una forma de entender el toreo muy próxima a la suya. De alguna manera, Antonio había conseguido que aquello que más quería siguiera teniendo continuidad.

Y entonces llegó Urda. Dos días de incertidumbre, de hospitales, de llamadas y de una esperanza que por momentos pareció hacerse realidad. Su familia llegó a creer que había sido encontrado con vida. Pero aquella noticia resultó equivocada y la espera terminó el viernes con la confirmación de su fallecimiento. Cuesta encontrar palabras para describir semejante sufrimiento.

Ahora resulta inevitable pensar en Curro sin Antonio. En Fran afrontando la vida y la profesión sin su padre. En Pablo Aguado mirando hacia el burladero y echando en falta a quien llevaba tantos años acompañándole. Y también en el campo.

Porque habrá toros que Antonio ya no verá, viajes que no volverá a emprender y conversaciones que se quedarán pendientes. Seguirá habiendo tentaderos, ganaderos y nuevas ilusiones, pero faltará una mirada que durante décadas supo encontrar en un animal aquello que otros todavía no habían descubierto.

A veces olvidamos que el toreo también lo construyen quienes no pisan el ruedo vestidos de luces. Los que recorren las dehesas, los que esperan detrás de las tablas y los que hacen suya la felicidad de otro. Antonio pertenecía a esa clase de hombres.

El toreo pierde a un gran profesional. Curro, a su compañero de toda una vida. Fran, a su padre y maestro. Y quienes tuvieron la fortuna de conocerlo, a un hombre al que recordarán por algo que está por encima de cualquier trayectoria: su calidad humana.

Antonio dedicó su vida a buscar el toro que pudiera hacer feliz a un torero. Ojalá la vida le hubiera permitido seguir.