la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

sábado, 13 de junio de 2026

Gaudí 1936 / por Xavier Rius


'..Si a Gaudí no lo hubiera atropellado un tranvía en 1926, probablemente lo habrían ejecutado diez años después… al inicio de la Guerra Civil. En los primeros días del conflicto, cuando los anarquistas campaban a sus anchas, quemaron su taller en la Sagrada Familia..'

Gaudí 1936

Xavier Rius
Si a Gaudí no lo hubiera atropellado un tranvía en 1926, probablemente lo habrían ejecutado diez años después… al inicio de la Guerra Civil. En los primeros días del conflicto, cuando los anarquistas campaban a sus anchas, quemaron su taller en la Sagrada Familia. Destruyeron no sólo los planos, sino también dibujos y maquetas. Todo fue pasto de las llamas.

Es un asunto un poco tabú. De hecho, yo —que tengo cierta debilidad por la historia— lo descubrí un día por casualidad viendo un reportaje emitido por TV3 el 15 de noviembre del 2019. «El taller de Antonio Gaudí quedó destruido a causa de un incendio en julio de 1936, al comenzar la Guerra Civil», explicaba una voz en off. ¿Pero fue un incendio fortuito? ¿Por causalidad? ¿A consecuencia de un rayo? No, claro, fue intencionado.

Un discípulo del arquitecto, Juan Bassegoda Nonell (1930-2012), llegó a documentar en un libro la destrucción del patrimonio religioso en esa época: «La arquitectura profanada» (1990). Entre otros edificios, la Catedral nueva de Lérida, las Carmelitas de Tarragona y un montón de iglesias parroquiales y ermitas románicas. Sin olvidar Santa María del Mar. Popularizada por el escritor Ildefonso Falcones con el nombre de Catedral del Mar. Impresiona por su desnudez interior. Lamentablemente porque quemaron sus retablos barrocos. No quedaron en pie ni las vidrieras históricas.

Es como las obras de arte de Sijena, que la Generalitat presume de haber salvado del deterioro. En realidad, fueron milicianos catalanes los que prendieron fuego al monasterio. El diputado de VOX e historiador Manuel Acosta lo recordó un día en un pleno del Parlament y se quedaron blancos. Bueno, más bien mudos. Y el Papa ofició una misa en el Estadio Lluís Companys, nombre oficial que a muchos les pone los pelos de punta. Al fin y al cabo, en los primeros meses de la Guerra Civil —con él como president—, mataron a entre 8.000 y 14.000 personas, según diversos historiadores. De los cuales, unos 2.500 eran religiosos, incluidos cuatro obispos.

La verdad es que ahora se enaltece a Antoni Gaudí por su vida y su obra, pero murió casi como un perro. En teoría, atropellado por un tranvía en Gran Vía esquina Bailén. Ahora, cien años después, han puesto una placa en el suelo. Lo cierto es que tardó en recibir atención médica, lo que sin duda agravó su estado. Como iba vestido como un pordiosero —con imperdibles en vez de botones—, no pararon ni siquiera algunos taxis. Primero lo llevaron a un dispensario cercano y luego, por su gravedad, al Hospital de la Sant Creu, donde acabó falleciendo tres días después. En vida también fue menospreciado. La Casa Batlló recibió popularmente el nombre de La Pedrera, cantera en catalán, por sus formas. Hasta fue objeto de recochineo en la prensa satírica de entonces.

Incluso se le reivindica casi como un mártir del catalanismo. En 1924, durante la dictadura de Primo de Rivera, se negó a cambiar al castellano y fue detenido unas horas por desobediencia. La historia de Cataluña, sin embargo, está llena de catalanes buenos y malos. Algunos, como el timbaler del Bruc, Jaime Balmes, y Joan Prim están ahora en la lista negra. Este último, de profesión militar, llegó a presidente del Gobierno, aunque su asesinato no fue nunca esclarecido del todo. 

La memoria es la que manda / por José Carlos Arévalo



'..he de confesar que el gran triunfador de la Feria ha sido Diego Urdiales. Nadie ha toreado como él a la verónica, nadie ha toreado como él por naturales, nadie ha matado a volapié como él..'


La memoria es la que manda

Por José Carlos Arévalo
Qué bonito es ir a los toros sin un cuadernillo de notas y qué estimulante tratar de hacer un balance de la pasada Feria de San Isidro confiándolo solo a la memoria porque no se precisa buscar argumentos para defender una causa. Solo lo que la memoria devuelve sin necesidad de buscarlo, merece ser premiado. Y fiel a esta conducta irrebatible he de confesar que el gran triunfador de la Feria ha sido Diego Urdiales. Nadie ha toreado como él a la verónica, nadie ha toreado como él por naturales, nadie ha matado a volapié como él, una mezcla entre Camino y Morante. Es cierto que cortó las orejas de una en una, pero no lo es menos que los presidentes de Las Ventas han alcanzado este San Isidro cumbres insospechables de cretinismo taurino. ¿Qué se debe hacer, cómo se ha de torear para corar dos orejas a un toro en Madrid? Muy sencillo, lo que hizo Román al toro de Victorino.

Con respecto a los novilleros voy a ser tan sincero como injusto. Para mi el triunfador ha sido el novillero que más me ha asombrado -junto a otro chaval que vi en Valdemorillo y no ha vuelto a torear- el día en que lo vi por primera vez. Se llama Emiliano Osornio -vaya nombrecito- y toreó como los ángeles, como no torea casi nadie. Su elegancia, su hondura, su trazo fueron tan deslumbrantes que la gente no reaccionó. Jaleó sus lances, saboreó sus pases, pero tanta calidad era tan inusual que nadie supo reconocerlo. Desconcertante, porque la gente no va a la plaza a triunfar y los toreros, sí. Este joven genio del toreo es mexicano y lo apodera nada más y nada menos que Curro Vázquez.

El mejor banderillero ha sido Iván García, por su discreto y elegantísimo toreo de brega, sus magníficos pares de banderillas, por su perfecta colocación durante toda la lidia, por su discreta notoriedad.

Para mí, el mejor y más regular picador ha sido Manuel Jesús Ruiz “Espartaco”. Por sus discretos y eficaces cites, por su seguridad al colocar arriba los puyazos, por su manejo de la mano izquierda para medir la reunión y duración con el toro. Y porque ha picado con magistral exactitud a todos los toros.

Según mi opinión, el toro más bravo ha sido “Lacerado”, nº 93, negro, con 543 kilos, perteneciente a la ganadería de Jandilla. Su excesiva movilidad habría sido atenuada si hubiera sido bien toreado. Era un toro de vacas.

Y daría un premio especial a Tele-Madrid. Ningún medio audiovisual ha sido tan generoso con le Fiesta. Vi dos corridas en casa y me gustaron el realizador y los comentaristas.

De la Feria, la semana que viene hablamos.

Tras San isidro 2026: esperanza, peligro y dudas / por Ricardo Día-Manresa


'..Esperanza, por dos motivos principales : el triunfo destacado de 3 novilleros con sus correspondientes puertas grandes en las 3 novilladas programadas y la increíble asistencia de público, donde anteriormente fallaba, que era en los carteles de novilleros y en las tardes de relleno..'

Tras San isidro 2026: esperanza, peligro y dudas

Ricardo Día-Manresa
El más raro de su historia que no deja impasible a nadie. Para unos, triunfalísmo, histórico, el no va más, único. Para otros, sorprendente, generoso, inesperado. Para otro sector, preocupante por el cariz que ha tomado con tantas puertas grandes y tantas orejas.

Esperanza, por dos motivos principales : el triunfo destacado de 3 novilleros con sus correspondientes puertas grandes en las 3 novilladas programadas y la increíble asistencia de público, donde anteriormente fallaba, que era en los carteles de novilleros y en las tardes de relleno. Público siempre para dar y tomar, insisto hasta ponerme pesado en combinaciones que en todas las demás plazas no habrían cubierto ni un cuarto del aforo. Por tanto, enhorabuena para la empresa que, a base de manejar bien las redes sociales y las técnicas digitales, ha convertido en necesidad y costumbre acudir a los tendidos en San Isidro.

La esperanza es que este movimiento se asiente para futuras ferias e incluso crezca en lo que queda de crecimiento posible.

El peligro viene por una duda razonable de que el prestigio y el rigor de siempre, decrecido claramente ya en los últimos años, se vayan al traste, por la pañuelitis de la masa y el pañueleo de los presidentes, ambos grupos manifiestamente mejorables. Nunca se habían pedido tantas orejas, con méritos o no, ni se habían concedido tantas entre el jolgorio. Los únicos que podían haber puesto en su sitio a los pañueleros eran los presidentes pero no ha sido así. Parece había acuerdo entre ellos en que hubiera muchas orejas y puertas grandes, creyendo que así se aumentaba la alegría y la ilusión del público, encantado siempre una parte con corridas con orejas. Lo contrario es para ellos una decepción. Y una cosa es que corte las orejas el torero y otra que las corte el presidente, el responsable en el palco.

Y la incertidumbre llega porque las dudas asaltan. Es muy posible que frente a la escasez de toreros interesantes, la masa siga acudiendo en tropel y a granel a los tendidos con NHB , pero no es seguro. Puede que sí y puede que no. Es posible que esa masa vaya aprendiendo con el tiempo y sólo saque el pañuelo cuando haya méritos suficientes, pero hay que esperar. O decida seguir por el mismo camino de triunfalismo e incluso aumentarlo. Y haya que regalar más orejas e ir dando rabos. Todo puede pasar y más en la sociedad que padecemos. Los toros no se quedan al margen y se contaminan como todos los sectores políticos, económicos, sociales, religiosos etc.

También hay miedo y peligro ante las grandes audiencias de la tele. Un exitazo pero a ver qué han oído y qué catequesis han impartido los locutores, más contentos que la masa pañuelera, y cómo se comporta esa masa de la pequeña pantalla los que se decidan a acudir a los tendidos. Hay gente que tiene sus dudas. Es lo que va de la teoría a la práctica : un ayuntamiento hace un estupendo jardín con ntoda clase de juegos para diversión de los niños pero ese jardín lo ocupan gente que no debe y los niños se van.

Veremos en qué acaban tantos elogios y tanta alegría. Y de ver con todos los carteles interesantes, y todos los toreros con méritos, y casi siempre mayoría cuando dan las orejas y contentísimos con las puertas grandes. Y con la feria triunfalista.

En fin, esperanzas, peligro, incertidumbre tras este sanisidro 26.

viernes, 12 de junio de 2026

Belfast y Virolai / por Javier Torres


'..Nos jugamos la civilización y debemos elegir entre la Europa del Virolai o la que arranca cruces, aunque a veces sea difícil distinguirlas. Belfast es el punto cero de la primera revuelta coordinada del pueblo europeo contra sus élites. Que cada palo aguante su vela..'

 

 Belfast y Virolai
Javier Torres
En las calles de Belfast está en juego nuestro futuro. El destino de una Europa cuyas élites, confiadas, habían encomendado a los burócratas de Bruselas. El pueblo, tantas veces denostado, irrumpe en una fiesta a la que no había sido invitado para reivindicar su derecho a existir. A seguir siendo. Lo esencial no son los disturbios ni la ira popular, sino la convicción de que el poder tiene más peligro que el propio sudanés que arranca los ojos y casi degüella a un irlandés. Unionistas y republicanos aparcan las diferencias por un objetivo más grande y urgente: mantener la nación.

No sólo en Belfast. Hay marchas en Dublín, Londres, Cardiff, Glasgow, Edimburgo… Ambas islas padecen un mismo problema, el reemplazo poblacional, que es el gran tema europeo del siglo XXI. Los pueblos autóctonos se resisten a convertirse en Molenbeek. Arden autobuses, edificios y barricadas. El paraíso multicultural era mentira. Todos saben qué hay detrás del aumento de los delitos sexuales contra las mujeres y crímenes horrendos como el de las tres niñas de Southport o el reciente de Henry Nowak.

Los pueblos de Europa están tan al límite que ya no recordamos las rencillas entre las viejas naciones e imperios que forjaron el continente. La situación es de tal gravedad, la amenaza latente y común, que ahora, lejanos Trafalgar y, ay, Gibraltar, también a nosotros nos asalta el deseo de que Inglaterra siga siendo Inglaterra. La estatua de Nelson, imponente y orgullosamente británica, ya no nos amarga si la alternativa es una mezquita. Que los cuatros leones de bronce fundidos con el metal de los cañones españoles capturados durante nuestro naufragio gaditano tienen ahora, al fin, un sentido histórico: vigilar que los bárbaros no arrasen con todo. Esos leones a los pies de la columna que sostiene al almirante en realidad custodian una civilización entera.

No hay nada que cohesione más que una amenaza global. Los patriotas franceses y alemanes ya no piensan en los términos beligerantes en que fueron educados sus abuelos y bisabuelos, las últimas generaciones que pisaron una trinchera. Ni a boches ni a franchutes les importan a estas alturas la humillación de Versalles ni la revancha de Hitler en el vagón del armisticio. Ni la línea Maginot, las Ardenas o Normandía. Ni mucho menos Austerlitz o Waterloo. Patriotas franceses y alemanes, como el resto de los europeos, desean seguir existiendo. El mundo cambia a una velocidad endiablada, el racismo de hoy es institucional, pura endofobia, contra la población autóctona. Quién sabe si dentro de poco acabaremos viendo una versión adaptada de American History X con los roles invertidos.

Cuando contemplamos los hechos de Belfast nos acordamos de la frase del Che Guevara de crear dos, tres y muchos Vietnam para el triunfo de la revolución y la caída del imperialismo. Hoy la Europa que no se resigna a desaparecer necesita muchos Belfast para derrotar al globalismo. Que Birmingham no sea un gueto pakistaní. Que Bruselas no sea un hervidero para reclutar yihadistas. Que París no arda cada vez que la racaille sale a la calle. Que pasear por Belfast no sea sinónimo de morir decapitado. Que el crimen no campe a sus anchas en Barcelona a plena luz del día.

No sabemos si a Su Santidad le cuentan estas cosas, lo que ocurre en Barcelona a diario o si queda alguien en la Conferencia Episcopal —que ha vendido el Valle— al que le importe la civilización cristiana. Mantenerla, aunque sólo sea por la cuenta que le trae, es lo que permite que celebremos misas multitudinarias y que la escolanía de Montserrat —qué feliz hallazgo— entone con tono angelical el Virolai dedicado a la Moreneta. En Barcelona, a pesar de todo, ha relucido la mejor España.

Por eso es una lástima que tanto santurrón, embriagado de incienso, viva de espaldas al mundo, encerrado en las comodidades de sacristía. Cuánta razón tenía don Miguel de Unamuno al decir que la beatería representaba una deformación superficial, histérica y vacía de la verdadera espiritualidad. Padecemos un sistema que conspira contra nosotros a todos los niveles. Nos jugamos la civilización y debemos elegir entre la Europa del Virolai o la que arranca cruces, aunque a veces sea difícil distinguirlas. Belfast es el punto cero de la primera revuelta coordinada del pueblo europeo contra sus élites. Que cada palo aguante su vela.

Cataluña, entre lo grande y lo miserable / por Javier Ruiz Portella


'..Han perdido la partida, es obvio. Ahí está el Templo, y ahí estuvieron sus fastos. Unos fastos que, sin embargo, también intentó reventar la versión izquierdista, wokista y secesionista de aquellos rojos y de aquellos gauchistes de antaño..'

Cataluña, entre lo grande y lo miserable

Javier Ruiz Portella
Cuando, hace años, quien firma estas líneas vivía en la Barcelona donde nació, lo hacía en uno de los pisos situados frente por frente con la fachada del Nacimiento de la Sagrada Familia. Así pues, si las miserias que asolan a Cataluña no me hubieran hecho abandonar mi tierra natal por otras más acogedoras, la noche pasada me habría encontrado contemplando desde un palco en primera fila el grandioso espectáculo con el que se conmemoraron los cien años de la muerte de Gaudí y la ya casi conclusión del Templo.

Fue grandioso. La presencia central de la luz (Fiat lux et lux fit); los admirables niños de la escolanía, que, cantando en latín, vencían los miserables conflictos lingüísticos; el estallido final en el que el Templo mismo parecía descomponerse y afirmarse entre fuegos de artificio, justo antes de que, en lo alto de los cielos, apareciera la figura egregia de Gaudí, contemplando su obra.

No necesita ésta ni adornos, ni luces, ni artificios para alcanzar la más alta belleza. Sin ellos, el templo de la Sagrada Familia habría seguido siendo el único templo —los horrores de la arquitectura sacra contemporánea, mejor olvidarlos— que la modernidad ha levantado en tiempos de la muerte de Dios. Ya sea religiosa o no, la Belleza es siempre sagrada, siempre late en ella el misterio —el estremecimiento— de lo sublime. Las ornamentaciones y los espectáculos, por bonitos que sean, sólo son eso: bonitos. Pero en casos excepcionales como ayer, cuando se trata de obras magistrales que se anudan con la gran belleza arquitectónica, hasta consiguen resaltar a ésta.

Lo inaudito, lo desolador

La obra de Gaudí no es sólo la obra de Gaudí. Sin su genio no habría, por supuesto, nada. Pero este genio necesitaba otra cosa para levantar tamaña obra. Requería que se viera sostenida por algo parecido al espíritu de un pueblo. Como eran sostenidos los templos de nuestros antiguos dioses, como lo eran las iglesias románicas y las catedrales góticas, como lo eran los templos y palacios del Renacimiento.

La obra de Gaudí necesitó tanto más dicho sostén cuanto que tuvo que enfrentarse a la parte de este mismo pueblo que trató de arrinconarla o destruirla. Unos intentos que han ido desde las burlas y mofas de la burguesía que aborrecía sus edificios civiles hasta la barbarie roja, que demolió las maquetas de la Sagrada Familia e incendió gran parte de sus planos; sin olvidar los emperifollados e intelectualizados herederos de aquel rojerío —la intelligentsia izquierdista de la llamada Gauche divine en la Barcelona de los años 60— que llegaron a firmar manifiestos y a organizar manifestaciones reclamando que no se prosiguieran las obras de un Templo que escarnecía cuanto ellos adoraban.

Han perdido la partida, es obvio. Ahí está el Templo, y ahí estuvieron sus fastos. Unos fastos que, sin embargo, también intentó reventar la versión izquierdista, wokista y secesionista de aquellos rojos y de aquellos gauchistes de antaño.

Resumo la historia. Distribuyeron a los 600 miembros del coro partituras con la estelada (la bandera secesionista) a fin de que las blandieran al acabar el acto mientras lanzaban gritos a favor de la independencia y cantaban el himno Els Segadors. Pero hubo cantantes que alertaron a los organizadores y éstos a la Policía Nacional, la cual (parece que los Mossos también intervinieron) consiguió disgregar a los miembros del coro e impedir que realizaran semejante patochada.

La pregunta que se plantea —me la he hecho tantas veces visitando el Templo, pero les advierto que no tengo respuesta— es la siguiente. ¿Cómo es posible que toda esa belleza, toda esa grandeza, toda esa sacralidad pueda alzarse gracias y en medio del espíritu de un pueblo que, por otra parte, como si de un Dr. Jekyll y Mr. Hyde se tratara, abraza lo pequeño, lo mísero, lo provincial, lo enjuto, lo pusilánime. Esa pequeñez de miras es la que ha llevado a Cataluña a encerrarse en sí misma, a despreciar (o a envidiar y acomplejarse) por la apertura con que Castilla —que sí, es cierto, no cuenta con ningún Gaudí— se abrió al mundo.

Y despreciando a España, es su lengua, su historia, su ser mismo lo que Cataluña ha acabado odiando.

El odio. El odio a lo que, mal que les pese, es Cataluña; el no querer sentirse parte del gran todo que, desde hace quinientos o mil años, es parte intrínseca de la sangre y la savia catalanas. He ahí el problema. Un problema de afectos y sentimientos mucho antes que de organización política.

Si sólo quisieran desgajarse del Estado español, pero manteniendo el sentimiento de pertenencia a la lengua, a la historia y al ser de España; si su posición fuese parecida, pongamos por caso, a la de las polis griegas, al de las ciudades italianas, al de los principados y señoríos alemanes, todos los cuales fueron tanto tiempo grandes, independientes y hasta enfrentados entre sí, pero hablando unos griego y sintiéndose helenos; hablando otros italiano y sabiéndose y sintiéndose descendientes de Roma; hablando otros alemán y sintiéndose miembros plenos de Germania.

Si así fueran las cosas, poco importaría en últimas que Cataluña formara parte o no del Reino o de la República de España.

Pero las cosas no son en absoluto así, sino todo lo contrario. La Cataluña que hace suyas la belleza de un Gaudí, de un Dalí, de un Josep Pla… es la misma que, mirándose al ombligo, «desprecia cuanto ignora», como Machado decía de la «Castilla miserable, ayer dominadora». Pero lo que pasa es que Cataluña, además de despreciar cuanto ignora, lo odia.

Los fastos conmemorativos
del templo de la Sagrada Familia


SAN ISIDRO'26. EL CÍRCULO T. A. DINASTÍA BIENVENIDA OTORGA SUS TROFEOS Y PREMIOS: DIEGO URDIALES 'FÁBULA TAURINA


XXVI TROFEOS Y PREMIOS
FERIA DE SAN ISIDRO 2026

  • TROFEOS

'FÁBULA TAURINA': DIEGO URDIALES

'FÁBULA GANADERA': CORRIDA DE 'EL TORERO'

'PEPE BIENVENIDA': DIEGO URDIALES

'ANTONIO BIENVENIDA': ROBERTO MARTÍN 'JAROCHO'

'RAFAELITO BIENVENIDA': ÁLVARO SERRANO

'LA ÈPICA EN EL TOREO': MATADORES DAMIÁN CASTAÑO Y GÓMEZ DEL PILAR

  • PREMIOS
'PAÑUELO DE ORO' A LA LABOR PRESIDENCIAL: D. JOSÉ Mª COSTALES RUANO.
Presidente de Corridas de La Copa Chenel.

"BIENVENIDA" A LA TORERÍA: D. JUSTO ALGABA, Sastre de Toreros


Ejemplar de 'Toros de El Torero'

Diego Urdiales: “No hay que perder el norte”



'..Todos conocen mi camino, mi forma de ver y de sentir el toreo, y quizá por eso la alegría de tanta gente que ha confiado en mi forma de torear, en mi forma de ser, en mi personalidad. En algunos momentos uno puede creer que está equivocado, pero una tarde como esta te convence de muchas cosas..'

Diego Urdiales: “No hay que perder el norte”
Entrevista en exclusiva de Carlos Bueno al matador de toros Diego Urdiales en Burladero.

Diego Urdiales tocó el cielo de Madrid el pasado 28 de mayo, cuando en Las Ventas se celebró la tradicional Corrida de la Prensa con toros de Juan Pedro Domecq. El torero riojano triunfó y salió por la Puerta Grande bajo la mirada de Su Majestad el rey Felipe VI, que acudió a la Monumental de la calle de Alcalá para acabar emocionándose ante el toreo exquisito, clásico y de regusto de un matador fiel a un concepto y a una personalidad a lo largo de 27 años de alternativa.

Segunda Puerta Grande en Madrid en tu historia. ¿Cuál es la principal diferencia entre ésta y la anterior?

No cabe duda de que las sensaciones fueron muy bonitas en ambos casos y, aunque cada momento es distinto y cada toro es distinto, he podido vivir dos tardes muy rotundas en conjunto en las que he expresado mi forma de sentir el toreo, y eso no es fácil en una plaza como Madrid.

Muchos aficionados no apostaban por Juan Pedro Domecq; sin embargo los toreros le tenéis mucha fe a esta ganadería y esta vez os dio la razón.

Se trata de una divisa histórica, y si lleva tantos años en lo alto es por algo. Todas las ganaderías tienen momentos mejores y no tan buenos. Yo he tenido suerte con ella porque he triunfado muchas tardes y he podido torear toros suyos muy a gusto. Afortunadamente nos entendemos bastante bien.

Todas las crónicas coinciden en que fue una actuación repleta de torería, asentamiento, entrega, transmisión… y que rubricaste con dos soberbias estocadas.

Cuando se rematan las obras es cuando se cortan las orejas. Cuando se cuaja una tarde así, la firma es muy importante, y tuve la suerte de poder matar los toros muy bien, como merecía la tarde.

¿Crees que esta nueva salida a hombros es como un premio a la constancia y a la fidelidad a un concepto?

Todos conocen mi camino, mi forma de ver y de sentir el toreo, y quizá por eso la alegría de tanta gente que ha confiado en mi forma de torear, en mi forma de ser, en mi personalidad. En algunos momentos uno puede creer que está equivocado, pero una tarde como esta te convence de muchas cosas.


Estamos hablando de un torero con 27 años de alternativa, y la cantidad de gente joven que se emocionó con tu torero.

Está claro que cuando las cosas salen así, los jóvenes, que últimamente están acudiendo de forma llamativa a las plazas, reaccionan de forma extraordinaria. Disfrutaron muchísimo de mi actuación y es muy bueno que vean y sientan la personalidad de cada torero.

Te han cargado la mochila de la responsabilidad de ser actualmente uno de los referentes del toreo clásico ¿Te te ha pesado?

No lo creo. Es un orgullo. Pero hay que darse cuenta de que no es nada fácil que pasen cosas así, y más en una plaza de la exigencia de Madrid, donde sale un toro de un tamaño muy grande y donde se tienen que dar una serie de circunstancias muy concretas. Lo que me parece muy bonito es que, al final, la paciencia, la espera de muchos aficionados que me siguen, reafirma que no estoy equivocado y que esa forma de torear les hace emocionarse.

Y que haya sucedido ante Felipe VI es buenísimo para la tauromaquia. Que el Rey compruebe cómo puede emocionar el toreo de siempre es la mejor publicidad que se puede hacer.

No hay duda de que es bonito y muy importante, y es una circunstancia especial añadida que Su Majestad apoye la tauromaquia, que esté allí presente y que haya podido tener la suerte de vivir algo tan difícil como es encontrarse con una tarde tan buena.

¿Esta puerta grande cambia algo tu futuro con 27 años de alternativa?

Estas cosas siempre vienen bien. Pero bueno, la forma de hacer las cosas es la misma. Mi camino es el que yo creo, el que yo considero. Habrá más tardes, habrá más ferias, habrá más toros, y lo bonito es poder disfrutar de este momento. Lo demás irá viniendo.

¿Ahora cuál es tu ilusión, ganar más dinero, torear en más ferias, torear mejor?

Una cosa viene con la otra. Pero evidentemente lo que no hay que perder es el norte, y el norte está en el toro, en uno mismo y en tener buenas sensaciones, en encontrarme bien y en que la ilusión se mantenga. Y cuando eso lo tienes, lo demás viene por sí solo.