la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

martes, 26 de mayo de 2026

La verdad de los toros en televisión / por Carlos Bueno

La verdad de los toros en televisión.

'..Las retransmisiones taurinas en abierto representan una oportunidad histórica para acercar la Fiesta a nuevas generaciones y consolidar el interés de quienes ya la siguen..'

La verdad de los toros en televisión

Carlos Bueno
Las retransmisiones taurinas en abierto han dejado de ser una reivindicación nostálgica para convertirse en una evidencia respaldada por los datos. Allí donde las televisiones públicas han apostado por emitir corridas de toros, la respuesta del público ha sido contundente. Canal Sur abrió el camino, después llegaron Telemadrid, Castilla-La Mancha Media o Aragón TV, y recientemente la cadena autonómica valenciana À Punt ha confirmado la tendencia: cada festejo que programa multiplica sus registros habituales de audiencia. La demanda existe, y además resulta rentable en términos de interés social y servicio público.

En este contexto, el siguiente paso lógico sería el regreso de los toros a TVE. La televisión estatal debería asumir la responsabilidad de reflejar una realidad cultural profundamente arraigada en buena parte de España. No se trata únicamente de entretenimiento, sino de atender a una tradición, una sensibilidad y una manifestación artística que forma parte de la historia y la identidad de millones de ciudadanos. Recuperar las retransmisiones taurinas supondría, además, normalizar una presencia televisiva que durante décadas fue habitual y que contribuyó decisivamente a popularizar la Fiesta.

Sin embargo, para que ese regreso sea sólido y tenga continuidad, no basta con emitir corridas. Es imprescindible cuidar cada detalle. La televisión amplifica tanto las grandezas como las carencias, y por eso la selección de los festejos debe hacerse con rigor. Las retransmisiones han de proceder de plazas donde salga el toro íntegro, donde exista verdadera exigencia y donde los toreros asuman un compromiso auténtico con el espectáculo. El aficionado y también el espectador ocasional perciben rápidamente cuándo lo que sucede en el ruedo tiene verdad y emoción.

Resulta igualmente necesario huir de favoritismos con empresarios que impliquen retransmisiones desde cosos excesivamente complacientes, donde cualquier cosa se celebra sin el mínimo criterio. La televisión necesita ofrecer autenticidad, seriedad y profesionalidad. Porque cuando eso falta, el perjuicio para la imagen de la Tauromaquia es enorme.

Y en esa responsabilidad no sólo entran los matadores. Todos los profesionales que intervienen en la lidia desempeñan un papel fundamental. Los errores graves protagonizados en algunos festejos recientes por determinados subalternos, tanto de a caballo como de a pie, han proyectado una imagen impropia de un espectáculo que pretende fidelizar nuevos espectadores. Es evidente que nadie desea dar una mala imagen, pero la realidad es que ciertos episodios terminan deteriorando la percepción del público y perjudicando al toreo.
Festejos taurinos

Las retransmisiones taurinas en abierto representan una oportunidad histórica para acercar la Fiesta a nuevas generaciones y consolidar el interés de quienes ya la siguen. Pero para aprovecharla plenamente hace falta responsabilidad colectiva, que las televisiones programen con criterio, que los matadores se comprometan de verdad y que todos los profesionales entiendan que el futuro de la Tauromaquia también se juega delante de las cámaras.

Sigue en San Isidro la llamada Corrida de la Prensa / por Ricardo Díaz-Manresa


 '..la corrida de la Prensa la organiza la empresa pero la viste lo que todavía es la Asociación que agrupa a lo que queda de los periodistas profesionales. Monta una presentación promocional (¿?) en mayo de un carteles que se conoce desde el mes de enero y que la Asociación creo que nada ha tenido que ver..'

Ricardo Díaz-Manresa
Y otra extraordinaria, la de Beneficencia. No entiendo muy bien por qué sigue manteniendo la empresa actual estos nombres. ¿Por tradición? ¿Por seguir vistiendo a un santo al que se le pasó el tiempo?. Podría entenderlo si me lo explicaran.

Las de Beneficencia y la Prensa tenían su lógica, peso e importancia hace años cuando grupos oficiales lejos de la empresa, como la Asociación madrileña de la Prensa y autoridades de la sanidad, independientemente, organizaban después de San Isidro ambos acontecimientos y montaban carteles con los triunfadores de la feria de Madrid que acababa de finalizar.

Desde hace tiempo todo cambió porque la organización de ambos festejos era complicada y hasta arriesgada. Entonces la empresa las mete en el abono y las declara como corridas extraordinarias añadiéndolas a una creada ahora, la In Memoriam, recordando a un torero desaparecido.

Y hay cosas curiosas. La empresa bautiza como Beneficencia y Prensa dos corridas que organiza ella como el resto de la feria, y además en las dos únicas tardes que torea una de las dos figuras que tenemos, Roca Rey. Pues muy bien. Les da categoría.

O sea que el éxito está asegurado. Ocurre e insisto que la corrida de la Prensa la organiza la empresa pero la viste lo que todavía es la Asociación que agrupa a lo que queda de los periodistas profesionales. Monta una presentación promocional (¿?) en mayo de un carteles que se conoce desde el mes de enero y que la Asociación creo que nada ha tenido que ver. Lleva a toreros del cartel para completar la escenificación como este año a Urdiales y Bruno Aloi, que levantan grandes pasiones en el toreo como todo el mundo sabe, repiten que darán una Oreja de Oro al triunfador, y que votarán los aficionados para otorgarla. Y así hay Corrida de la Prensa, con los votos y la de oro.

Pues hay que agradecer a la Asociación estos esfuerzos para mantener la cara porque no creo que gastaran mucho tiempo y esfuerzo en convencer a los dos compañeros de Roca Rey para que esa tarde aceptaran poner sus nombres en el cartel.

Aunque soy miembro de las Asociación de la Prensa hace más de 50 años (desde 1967) y socio de honor no fui informado ni invitado a la presentación, quizá por mis opiniones sobre esta corrida, así que tantos esfuerzos y sudores costó a compañeros cuando la organizaba la Asociación como tal. Recibo en cambio puntualmernte el anuncio de todos los cursos, cursillos y cursillitos que organizan así como regalo de entradas y descuentos para espectáculos y hasta opciones para asistir a campamentos para familiares, e incluso cuando hacen alguna defensa de la profesión, tan deteriorada y tan mal valorada, actualme,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,nte. De toros, nada.

Desconozco porque no es mi tema la relación que tendrá la empresa con la sanidad pública y la razón por la que siguen manteniendo el nombre como no sea la compensación económica que creo reciben las instituciones por llamarse Corrida de Beneficencia y Corrida de la Prensa.

Pero si son felices así todas las partes, pues que siga la fiesta. Nunca mejor dicho.

¿Usureros o demócratas? / por Jesús Sebastián-Lorente

'Los usureros', de Quentin Massys

«Hoy se llama democracia a lo que en verdad es usurocracia y dinastocracia: el dominio de los prestadores del dinero»

El vil metal
¿Usureros o demócratas?

Jesús Sebastián-Lorente
«La usura es el cáncer del mundo», escribió un loco, pero ideológicamente peligroso y políticamente cuerdo llamado Ezra Pound. La usura o interés excesivo que se lleva por el dinero o el género en el contrato de mutuo préstamo es un invento del capitalismo. Es algo totalmente inmoral si analizamos su origen, derivado de la «avidez por el interés» de una minoría poderosa que, lejos de toda disposición ética o espiritual, y como consecuencia de la descomposición y corrupción progresiva de la burguesía, cae estrepitosamente sobre los pueblos trabajadores, sobre los pueblos creadores no sólo de valores inmutables, sino también de la riqueza del país.

Dos expresiones, que producen en los medios económicos y financieros una fascinación casi mágica, constituyen lo que se ha dado en llamar la “Internacional Dorada”. Por un lado, como fenómeno del poder mundial del dinero, como las grandes fuerzas financieras internacionales que reinan sobre los inalienables derechos de autodeterminación y autoexplotación de los pueblos. Por otro, como una “disposición del espíritu” hacia lo material, llevando el afán de lucro, la ley de la competitividad y el instinto adquisitivo hasta la adoración mística popular.

La lucha contra la usura o el interés no es nueva en la historia de la humanidad. Así, la “ley seisajteia” (liberación de las cargas) del ateniense Solón, la “lex Gemicia” que prohibía a los ciudadanos romanos tomar intereses, la prohibición promulgada por Justiniano, que no permitía seguir exigiendo intereses cuando los atrasos habían superado el monto del capital originariamente prestado.

Pero fue el cristianismo el que censuró tajantemente la usura. Con el emperador Constantino, los usureros podían incurrir en penas que llegaban hasta la muerte. El papa León I el Grande prohibió los intereses —prohibición hasta entonces reservada a los clérigos— como parte del obligado cumplimiento de la ley canónica, prescriptiva también para los laicos, empapando con su ejemplo la legislación secular que en Alemania llegó a prohibir el préstamo a interés bajo pena de muerte. El propio Estado alemán, en época más reciente, sustituyó el «patrón oro» por el “patrón riqueza” con el fin de quebrar la servidumbre del interés del dinero. No lo consiguió.

Desde luego, tales leyes fueron frecuentemente eludidas, sobre todo porque mientras se prohibía a los cristianos el ejercicio de la usura, ello era permitido a los ciudadanos de religión judía, ante la repulsa popular que veía en ellos «al intermediario entre el fisco y la víctima, quitando dinero a los de abajo para entregárselo a reyes y poderosos», según la apreciación de Michelet.

Ya en 1789, la Revolución francesa consagra legalmente con su triunfo el préstamo a interés y durante la segunda mitad del siglo XIX todas las limitaciones en las operaciones de intereses y todas las prohibiciones quedaron abolidas: así, en 1854 en Inglaterra; en 1856, en Bélgica; en 1868, en Austria, y un largo etcétera.

El comunismo, aparentemente, estaba en abierta oposición al capital prestamista, y aunque propugnase la internacionalización de su ideología clasista, las teorías económicas marxistas, desde Engels y Marx hasta los últimos burócratas socialistas soviéticos, se detuvieron sospechosamente ante los intereses del capital, haciendo de él una institución sagrada, un “nolime tangere”. En la extinta Unión Soviética, la usura se combinaba con la burocracia central en una mezcla explosiva, ya que ésta organizaba la fuerza del trabajo y disponía a capricho de los medios de producción en monopolio estatal, arrebatando el producto excedente al pueblo trabajador. La usura fue socializada y estatalizada para hacer recaer la carga sobre la clase trabajadora. Una coincidencia más con el capitalismo.


La economía clásica o moderna objeta que la abolición del interés provocaría el caos del capital: ausencia de préstamos capitalizados, incumplimiento de las obligaciones estatales, destrucción de ahorros y fortunas, apropiación de la moneda emitida por desaprensivos, no inversión del capital privado, en definitiva, la bancarrota. Los instrumentos para impedir un desastre financiero y fiscal son, por un lado, la intervención moderada del Estado, en cuanto al control y emisión del dinero sin interés y a la liquidación de obligaciones internacionales de intereses y, por otra parte, la iniciativa del capital privado (la pura posesión del dinero es estéril) que debería necesariamente de invertirse sin ánimo especulativo para obtener riqueza del trabajo productivo. En definitiva, invertir el proceso de “bancarización estatal”, cuestión de la que hablaremos en un próximo artículo.

Terminamos con una cita del mismo escritor con el que abríamos fuego, Ezra Pound: «Hoy se llama democracia a lo que en verdad es usurocracia y dinastocracia: el dominio de los prestadores del dinero». Es el impuesto de los bancos sobre los ciudadanos, con una fórmula tan simple que produce terror: nos prestan el dinero que previamente depositamos en sus «generosas» manos (a cambio de un interés simbólico), con el que abordan rocambolescas transacciones financieras, especulativas y de alto riesgo, y además nos cobran por ello, vía intereses usureros o vía rescate estatal en activos. El Estado vuelve a endeudarse con los bancos para salvarlos de la crisis que ellos mismos provocaron. Suma y sigue.

Aquellos sesenta… (XIV) / Jorge Arturo Díaz Reyes

Antonio Ordóñez. Foto: Arjona, El Correo de Andalucía

'..Luis Miguel Dominguín, Antonio Ordóñez, Antonio Bienvenida, Rafael Ortega, Pedro Martínez Pedrés, Antoñete, Litri, Aparicio, César y Curro Girón, Manolo dos Santos…, quienes entonces comenzaban a caer del Olimpo, no sin la grandeza con que se apagan las estrellas..'

Aquellos sesenta… (XIV)

Jorge Arturo Díaz Reyes
CrónicaToro / Cali, Colombia, 25 V 2026
Digámoslo de nuevo. Fue un momento cuya identidad en la historia del toreo quedó marcada por la emergencia de una privilegiada generación de lidiadores. Cierto…, pero no lo es menos que también lo fue por el ocaso arrebolado de los ídolos vigentes.

Luis Miguel Dominguín, Antonio Ordóñez, Antonio Bienvenida, Rafael Ortega, Pedro Martínez Pedrés, Antoñete, Litri, Aparicio, César y Curro Girón, Manolo dos Santos…, quienes entonces comenzaban a caer del Olimpo, no sin la grandeza con que se apagan las estrellas. Es imposible volver a ese capítulo aparte del tiempo toro, sin contemplar como su eclipse contrastó y avaló el apogeo de quienes terminarían sustituyéndolos en el firmamento taurino.

“Dime Manolo, es que nosotros ya no sabemos torear con el capote”, le preguntaba Ordóñez a Manolo Vázquez, después de una corrida durante la cual acababan de alternar juntos con el recién llegado Curro Romero en La Maestranza.

La afición tiene las edades de la vida. Vivimos los toros como se vive la vida, individualmente siempre, según el nivel en que ella nos va colocando. Pero también colectivamente, inmersos en el espíritu de cada época. En su forma de percibir y asumir el mundo. Y en el tránsito de la infancia a la vejez. Nunca somos los mismos.

Por ejemplo, perdón, toda memoria es auto memoria. Entre mis primeras imágenes de corridas, las más recurrentes son las de una en febrero de 1952. Hay anteriores, pero muy desvaídas. Debutaba Antonio Ordóñez en la Santamaría de Bogotá, precisamente. Tenía yo seis años. 

Habíamos hecho el viaje desde muy lejos, una hacienda experimental en Boyacá, que, mi padre, ingeniero agrónomo investigador dirigía. Apenas unos doscientos kilómetros hoy. Pero entonces más, pues las carreteras eran peores, más anfractuosas, estrechas de doble vía, no tenían variantes, y cruzaban serpenteando cuanta población intermedia existía.

Veníamos mi hermano menor y yo, muy abrigados, y muy entusiasmados, veloces y felices en el platón descubierto de la camioneta campera, una International verde, del 50, por cierto. Cara al viento, cruzando el frío altiplano cundiboyacense (2.700 metros de altura). Nos parecía todo tan, tan grande, tan distante, como tan pequeño y cercano luce ahora. Las calles, los edificios, la ciudad, y sobre todo la plaza. El toro, los lances de rodillas y la vistosidad del joven torero. Que luego, a medida que crecíamos, a lo largo de los cincuenta, se convirtió, en la figura paradigmática del sobrio y clásico toreo rondeño (Escuela rondeña, decían).

Y en los sesenta, bajo la influencia taurina de mi padre, ordoñista, pasé como persona y aficionado, sin darme cuenta, de la infancia a la adultez. Mientras él matador pasaba de la vigencia a la leyenda, y del ruedo a la literatura, acrecentando su gran prestancia en mi entorno.

En el San Isidro madrileño de 1968, “Antonio Ordóñez da una feria completísima ante tres corridas de toros de verdad de las divisas de Urquijo, Conde de la Corte y Marqués de Domecq. El rondeño había vuelto a estar dos años ausente de Las Ventas y sé vuelve a reafirmar como máxima figura.” Consignaba Suárez Guanes.

Fui en este periodo, que nos ocupa, de mis quince a mis veinticinco años, asistiendo en presencia y a referencia, al declive de la épica, más no del mito, en una carrera qué se había encumbrado fulgurante por casi dos décadas. Fueron estos diez años, en los que cerré como ser y aficionado una edad primordial, la infancia, transité otra, la adolescencia, y entré de lleno en la adultez, contrayendo por vía de la lectura, la pasión de relatarme a posteriori las corridas, reflexionarlas y escribirlas.

Así, corrieron las edades, hasta que fuimos a verlo torear por última vez en Cali 1973, ya grueso, maduro, con una calvicie incipiente, y más cauto, pero aún con la indeclinable devoción de mí padre y de una feligresía internacional. Éramos tan distintos el torero y el aficionado de lo que habíamos sido veintitantos años antes. Él, un veterano maestro que, aunque siguió enfrentando al toro, esporádicamente por otros ocho años, se alejaba cada día más de su tiempo regio. Yo, un médico que, se alejaba cada vez más de su tiempo infantil, escribiendo historias clínicas de las corridas.

Mi padre murió hace cuarenta y un años. Ordóñez, hace veintiocho, y yo aún en la plaza, recordando que Joan Miró el genial pintor catalán, al que, dicho sea de paso, Hemingway compró su obra maestra “La Masiá” en los años veinte, cuando ambos eran muy jóvenes, muy pobres y muy desconocidos, (ahora en la National Gallery of Art, Washington D. C.), terminó confesando: “Tardé ochenta años en aprender a pintar como pintan los niños”. “Toda la vida”, había dicho antes Picasso.

Y preguntándome si Los niños aficionados de aquellos años quizá querríamos decir lo mismo ahora. Que tardamos la vida en aprender a pintarnos y explicarnos la corrida como un cuadro, con la misma libertad, desprevención y desinhibición que lo hacíamos entonces. Pero no, ya somos otros, muy condicionados. No podemos. Además, lo dijo Gauguin, otro pintor; “Si un cuadro necesitara explicación dejaría de ser un cuadro”. En fin, las corridas y la vida, como un cuadro, terminan siempre siendo inexplicables.

Hoy, aproximándome el final de ambas, quisiera poder decir que revivo cada tarde de toros aquella misma emoción espontánea, desprevenida y asombrada, de quien descubre el arte sin cargarle sus taras. Que fue como viví aquella época. Es imposible. Queda solo el consuelo de recordar haberlo vivido y de contar, yo también estuve ahí...

lunes, 25 de mayo de 2026

TAUROMAQUIA. Alcalino.- San Isidro I / por Carlos Horacio Reyes Ibarra


'..Ninguno, hasta ahora, como el ya célebre
“Cantaor” –572 kilos de bravura, celo y nobleza infatigables de principio a fin--, enviado por Victoriano del Río para recreo y al cabo desazón de Sebastián Castella..'

Feria de San Isidro I

Carlos Horacio Reyes Ibarra
México, 25 de Mayo de 2026
De acuerdo: es la primera plaza del mundo y su feria la más importante del año, y su voluble público, sus equipos veterinarios de cemento armado, y esa media docena de críticos con el cuchillo entre los dientes la mayor garantía de pureza jamás habida, conocida o documentada. Pero Madrid y San Isidro, ese mayo-junio a corrida diaria sin tregua para apenas respirar, son una prueba tan asfixiante que muy pocos toreros, ganaderos y aficionados consiguen pasarla sin serios daños a su autoestima y su salud mental.
Lo cual, bien visto, no deja de encerrar cierta forma de grandeza.

Así que hablaré por mí, que al menos tengo el resto de sensatez requerida para tomarme uno que otro día de descanso en medio de la vorágine, y ningún compromiso particular con este rito anual que más que fiesta parece tribunal, y donde más bravo es el “7” que la mayoría de los imponentes bicornes que los toriles arrojan al desmesurado ruedo de Las Ventas. Amén.

Ejemplares. Qué bueno, no obstante, que el delicado hilo de la casta brava no se rompa y siga proporcionándole a la isidrada especímenes del toro de lidia que son honra de su divisa y regalo impagable para nuestra afición. Ninguno, hasta ahora, como el ya célebre “Cantaor” –572 kilos de bravura, celo y nobleza infatigables de principio a fin--, enviado por Victoriano del Río para recreo y al cabo desazón de Sebastián Castella, que gracias a tan maravilloso ejemplar se reencontró con su público de Madrid… y con su añeja vocación de pinchaúvas. A diferencia de Talavante, que había vivido la misma clase de redención aprovechando la clase –que no la casta desbordante, extraordinaria y conmovedora de “Cantaor”—de un “Ganador”, de Cuvillo, con el que abrió la feria con esa puerta grande que el verduguillo iba a arrebatarle al francés. Aunque ambos astados fueron homenajeados con la vuelta al ruedo, en rigor sólo “Cantaor” la justificó con creces. Era toro de vacas, pero Madrid se prohíbe a sí misma la gracia del indulto. 

Otros toros de alta nota fueron “Enarbolado”, de Mayalde (10.05: Román, oreja), “Encarcelado” y “Herrerillo”, los dos de El Torero desorejados por Fernando Adrián, sin olvidar la fijeza de “Vivaracho”, al que Fortes bordó con la izquierda esa misma tarde (15.05), así como la brava y variada corrida de Fuente Ymbro, espléndidamente presentada y con un tercero, “Adulador” sencillamente soberbio (17.05: Adrián lo dejó ir). De las novilladas, toreables ambas, mejor la de Fuente Ymbro que la de Montealto, aunque ésta le ofreciera un lote de puerta grande a Álvaro Serrano.

¿Es mucho o es poco? Salvando la calidad descomunal de “Cantaor” –versión sublime del auténtico toro de lidia--, el balance no coincide con el elevado promedio de calidad que acusaba la cabaña brava cuando se nos atravesó la pandemia de 2020. A cambio de los magníficos encierros de Fuente Ymbro y El Torero, y los ejemplares individuales ya mencionados, hay demasiada paja insustancial en el resto, con sextetos tan decepcionantes como los dos de La Quinta y los de El Vellosino, Partido de Resina, Saltillo, Puerto de San Lorenzo y Ventana del Puerto.  O la corrida de Ángel Sánchez y Sánchez que rejonearon el sábado Cartagena, Ventura y Guillermo Hermoso de Mendoza. En la zona intermedia se situó Alcurrucén, con un encierro de cierta clase pero reservón y soso en general.

Puertas de diversos calibres y tamaños.  Se preguntará el lector, a la vista de exiguo balance ganadero, cómo puede ser que la Puerta Grande de Madrid se haya abierto hasta en cuatro ocasiones durante los primeros quince días de San Isidro, dos en corridas de toros y otras dos en novillada. Interesante asunto, detrás del cual podría encontrarse la irrupción de una enorme y siempre bienvenida oleada de nuevos aficionados, ávidos de celebrar lo que el toreo tiene de fiesta sin reparar en sutilezas ni perderse en los matices y escrúpulos propios del aficionado experimentado y sagaz.

Para empezar, Alejandro Talavante se homenajea con una más de sus faenas marca Madrid –superior con la zurda que con la diestra--, desoreja por partida doble a un Cuvillo de entra y sal y consigue su séptima puerta grande en Las Ventas. Y con ello empezaron los desacuerdos, encabezados por esos críticos que llevan años interpelando al extremeño y, para no quedar descolocados, recurrieron como argumento a la exagerada docilidad de un animal cuya precipitada vuelta al ruedo se impugnó con razón, la misma que les faltó a los censores de la renovada apoteosis del diestro de Badajoz.

El caso de Fernando Adrián es digno de estudio. El hombre suma ya, en tres años, tres salidas en hombros de Las Ventas y sin embargo continúa marginado de las ferias –el 15 de mayo cumplía apenas su segundo contrato de la temporada--. Es torero valiente, no de aromas, y en sus faenas, marcadas por la quietud y la rapidez, el temple aparece y desaparece sin avisar. Paradójicamente, su labor más pulcra llegó en la segunda tarde, pero pesaría sobre ella la excepcional calidad de “Adulador”, de Fuente Ymbro, que al final se llevó una ovación más fuerte que la del matador. Algo semejante a lo acontecido con Castella y “Cantaor”, aunque hay que reconocer que el galo sí consiguió expresarse a plenitud a favor de aquella prodigiosa sucesión de embestidas así haya fracasado con el estoque de cruceta. No tanto, eso sí, como Pablo Aguado, incapaz de atinar con el descabello en penosa exhibición de las carencias técnicas más elementales. No sería el único pero sí el caso más extremo (19.05: tres avisos y toro al corral, aunque se le apuntillara en el ruedo), pues la mayoría de quienes tuvieron que recurrir al verduguillo exhibieron parecidas deficiencias.

De los dos novilleros que también abrieron la puerta de Madrid –ambos a oreja por utrero--, el que verdaderamente promete es Julio Norte (19.05), que aúna desparpajo personal, dominio técnico y notable sentido para dar estructura y argumento a sus faenas, todo eso que no se aprende y suele llevar lejos a quien lo posee. Porque el madrileño Álvaro Serrano (12.05) más parece egresado del tecnológico de Navas del Rey, división electromecánica: mucho valor y buena disposición al par que prisas y celeridad para mover las telas. Puestos a hacer futurismo no parece haber problemas para pronosticar cuál de los dos apunta más alto.

Faenas y apéndices. Sin duda, el toreo más caro visto hasta ahora lo dibujó con temple y sosiego modélicos la mano zurda del malagueño Fortes, que abandonó maltrecho la enfermería para dibujar los trazos más artísticos de la feria y cortarle una oreja a “Vivaracho”, de El Torero, tan noble como limitado de energías (15.05). Esa tarde, Urdiales trazó, a derecha e izquierda, unas cuantas estampas de arte genuino, en contraste con el enjundioso y enrabietado desempeño que le había permitido a Román desorejar a “Enarbolado”, de Mayalde, uno de los toros de la feria (10.05), tarde en la que David Galván, sin ganado a modo, dejó magníficos apuntes a cambio de un puntazo y par de costillas fracturadas y Gonzalo caballero, sin sitio, dejó inéditos a dos bichos más que propicios.

Mérito tuvo la oreja cobrada ayer por David de Miranda de su primer alcurrucén, en tarde que Víctor Hernández cerraría con una faena excelente aunque falta de la ligazón que exige Madrid; fieles representantes ambos de sus respectivas estirpes regionales,  del litrismo David y del tomasismo Víctor. Y no asegundó Fortes, que se limitó a dejar algunos apuntes de calidad.

Una oreja cobraron en la sabatina Andy Cartagena y Diego Ventura –a ver si ahora Las Ventas va a resultar también rácana con los rejoneadores--, y un apéndice y una cornada marcaron el esperado debut del novillero catalán Mario Vilau, que traía tantas ganas que recibió a los dos suyos a porta gayola y se mostró valeroso y dispuesto en todo momento.   

Sin triunfo pero muy por encima de cuatro morlacos imposibles –de La Quinta y El Vellosino-- Daniel Luque se mantuvo en la línea de fuego sin perder nunca la compostura, en tanto Ferrera daba una exhibición de recursos de buena ley ante “Capotero”, de Partido de Resina, el más potable del encierro más imponente del ciclo contra el cual se estrellaron el venezolano Colombo y el mexicano Ernesto Tapia “Calita”, muy lejos ambos de justificar su presencia en la cartelería de la mostra isidril.

En el extremo opuesto a Luque se ubican veteranos como El Cid, Perera, Manzanares y hasta Castella antes de “Cantaor”: si ya el paseíllo lo hacen con cara aburrida, qué puede esperarse de ellos sino más de lo mismo, sumado al vicio de alargar hasta el infinito sus trasteos de acuerdo con esa pésima moda a la que casi todos se acogen. Con la agravante que entre los aburridos y aburridores se encuentran hasta jóvenes como Tomás Rufo e incluso algún novillero.  

Los nuevos. Confirmaron la alternativa Tristán Barroso (08.05) y Manuel Diosleguarde (16.05) y ambos, aun toreando muy poco, dejaron buena impresión, sobre todo el segundo, que se fajó como los buenos ante dos bovinos de La Quinta con mucho que torear.

Mexicanos. Descontando la presentación de Calita –tan fútil como la mansada de Partido de Resina que en mala hora se le asignó--, San Isidro recibirá esta semana al resto de la delegación taurina de México. Mañana, presentación de Emiliano Osornio, el novillero nuestro más interesante de los últimos años, alternando con Pedro Montaldo y Julio Méndez, utreros del Conde de Mayalde; el miércoles, Isaac Fonseca encabeza un cartel modesto –José Fernando Molina y Jarocho lo completan--, que sin embargo tiene como atractivo el encierro de Pedraza de Yeltes, ganadería a la pertenecía aquel imponente y magnífico colorado de nombre “Brigadier” con el que el moreliano triunfó el año pasado; y el jueves, en la corrida de la Prensa y con toros de Juan Pedro Domecq, Diego Urdiales va a confirmarle la alternativa a Bruno Aloi en cartel de corte internacional que completa Roca Rey.

Como de costumbre, los nuestros van a Madrid por una única tarde, oportunidad solitaria que hacemos votos por que esta vez aprovechen debidamente. Mucha suerte a los tres. 

Alberto y su exigible moción / por Rafael Nieto


 ¿Qué razones tendrá el socio predilecto del PSOE para no querer sacar a Sánchez del Gobierno por la misma vía que eligió el actual presidente para sacar a Rajoy, hace exactamente ocho años? 

Alberto y su exigible moción

Rafael Nieto
Con la irrupción sorpresiva de los calores, que nos anticipan otro verano tórrido por culpa del cambio climático ultraderechista, la gente tiende a poner entre paréntesis todos los escándalos nacionales. El personal sale a la calle en busca de los rayos solares (y el derretido asfalto), y nuestra tendencia natural a socializar nos empuja a las cervezas del tardeo. Es inevitable. El cuerpo pide desconexión, porque doce meses al año, 365 días seguidos de corruptelas, incompetencias, mamoneos y despotismos bipartidistas, mire usted, no hay quien los soporte. El verano nos mete oxígeno en los pulmones para seguir existiendo y sobrellevar otros cuantos inviernos más en nuestras vidas.

La imputación de Zapatero por blanqueo de capitales y otros cuantos delitos más derivados de su mente criminal ha acelerado en el imaginario colectivo (el decente, porque luego hay otro que vive en las letrinas de Mordor) la urgencia de que la mafia socialista salga del poder cuanto antes. El ex presidente no es un jarrón chino más; no es un jubilado de la política, del que te puedes desentender relativamente, como ha hecho Feijoo con Aznar. Zapatero constituye el ADN de la actual izquierda española, la quintaesencia del rojerío patrio en este tiempo donde abundan los perfiles planos y el lugarcomunismo. Su imputación ha sido la gota que ha colmado el vaso para muchos progres, algunos con micrófono o teleprónter diario a su alcance, que hasta ahora venían defendiendo lo indefendible.

Este manicomio dentro de Alcatraz en que ha devenido el PSOE vuelve a pillar al PP (su socio favorito en Bruselas) con el pie cambiado y sin capacidad real de reacción. Porque una oposición que se basa en cruzarse de brazos de manera permanente, esperando que llegue el maná de La Moncloa como la lluvia de café de Juan Luis Guerra, ni es oposición, ni es nada. Cuando se le pregunta a Feijoo si no cree que, ya sí, es el momento de presentar una moción de censura que saque a la mafia del poder, la respuesta vuelve a ser la misma de siempre: «No es el momento«. ¿Qué razones tendrá el socio predilecto del PSOE para no querer sacar a Sánchez del Gobierno por la misma vía que eligió el actual presidente para sacar a Rajoy, hace exactamente ocho años? Nadie lo sabe muy bien. Es el misterio de Génova, que diría Iker Jiménez.

Es dramático, a poco que uno se pare a pensarlo, que el líder del PP no haya aprendido nada de las dos mociones de censura que ha presentado VOX contra este Gobierno ilegítimo. Sorprende que tampoco haya reparado en ello alguno de los cientos de asesores que trabajan para Feijoo. Al contrario de lo que creen los populares, las mociones de censura tienen como principal función retratar al Gobierno: ponerlo frente a la sociedad en su realidad desnuda, quitarle los ropajes y celofanes con que lo viste la actualidad, y presentarlo ante los ciudadanos tal y como es. Y esta banda que lidera el marido de Begoña Gómez, ex jefe del hampón Ábalos y su tropa de robaperas, debe ser expuesta en la sede de la soberanía con toda crudeza y rotundidad. Para que, si sigue en el poder por aquello de la «aritmética parlamentaria», al menos todo el mundo sea consciente de su naturaleza criminal.

Feijoo no puede seguir poniéndose de perfil en su dontancredismo natural. La realidad nacional exige estar a la altura, aunque el esfuerzo le saque de un estado de confort que (lo comprendemos) debe ser agradable y placentero como un paseo vespertino por el puente de La Toja. Ningún español puede estar tranquilo y desentenderse de su responsabilidad (en el caso de tenerla) cuando están al timón de nuestras vidas los personajes más siniestros y corruptos, más inmorales y abyectos, que ha sufrido nuestra patria en bastantes siglos. Cruzarse de nuevo de brazos ante esta dramática coyuntura puede y debe empezar a considerarse como una forma de complicidad.

Sánchez, que es hijo político y sucesor del ya judicialmente corrupto Zapatero, ha provocado cientos de muertes de inocentes en España como consecuencia de su insoportable incompetencia y la de sus ministros; primero con la pésima gestión de la pandemia, después con la penosa gestión de la dana en Valencia, más tarde con la terrible gestión del apagón eléctrico o del accidente de Adamuz. Y siempre, desde el primer día que aterrizó en La Moncloa, llevando la pobreza y la miseria a las familias, que ya no tienen forma de llegar a fin de mes y sobreponerse al desastre y el desgobierno de esta banda de inútiles. Señor Feijoo, ya no vale ponerse de perfil y decir «pasopalabra». Hay una mayoría social que exige un paso al frente en este momento crítico.

San Isidro'26. Los Alcurrucenes. Llevar la faena hecha desde el hotel. Campos & Moore


'..Ayer la afición de Madrid vivió una enorme desilusión porque esperaba mucho de los tres matadores anunciados en el cartel con los toros de Alcurrucén. Más desencanto aún se produjo por lo que se concebía que podían haber dado de sí las figuras de Fortes y de Víctor Hernández..' 

Plaza de toros de Las Ventas, Madrid. Domingo, 24 de mayo de 2026. Decimoquinto festejo de la Feria de San Isidro. 

Encierro de toros de Alcurrucén (origen Carlos Núñez). Bien presentados menos el tercero. Nobles. Cinqueños y mansos menos el sexto. Flojos 1º (inválido) y 3º. El primero acucharado y recogido de pitones. El segundo veleto y de suma nobleza. El tercero sin trapío, bajo, corto, chico, feo e inválido. El cuarto, cornivuelto, bajo, al límite en el trapío, muy noble. El quinto, un zapatito, tardo y remiso. El sexto, cornivuelto y noble, aunque sin empuje. Lleno de no hay billetes. Tarde primaveral camino del cambio climático.

Terna: Fortes, de Málaga; de sangre de toro y oro, con cabos blancos; catorce años de alternativa; veintiún festejos en 2025; silencio tras un aviso y silencio tras un aviso. David de Miranda, de Trigueros (Huelva), de blanco y plata; nueve años de alternativa; veintitrés festejos en 2025; oreja muy protestada tras un aviso y silencio tras un aviso. Víctor Hernández, de Los Santos de la Humosa (Madrid), de malva y oro, con cabos blancos; dos años de alternativa; dieciséis festejos en 2025; silencio y silencio tras dos avisos.

Suerte de varas. No se cuidó la entrada de los toros en la suerte, entraron a su aire. Mucho picotazo. Varas mal colocadas. Salieron sueltos a excepción de 1º (se repucha) y 4º (al capote). Varas traseras (1º, 3º y 5º). Todo esto influyó en el juego de los toros en la muleta. Elegimos la descripción de la suerte de varas al sexto que fue el toro más seguido por la afición. Lo picó Agustín Collado. Ambas varas caen detrás de la cruz. En la primera el astado entró al relance y tras un picotazo salió suelto. En la segunda fue puesto en condiciones y empujó, pero salió suelto tras un picotazo; el picador intentó el metisaca. No fue ahormado.

PEPE CAMPOS
De toda la vida cuando los matadores de toros se han diluido en el espesor de la tarde sin cumplir con las expectativas que llevaban los aficionados por verles, se ha producido una profunda decepción. Ayer la afición de Madrid vivió una enorme desilusión porque esperaba mucho de los tres matadores anunciados en el cartel con los toros de Alcurrucén. Más desencanto aún se produjo por lo que se concebía que podían haber dado de sí las figuras de Fortes y de Víctor Hernández. Ambos frustraron las esperanzas que el aficionado había depositado en sus actuaciones porque estuvieron muy lejos de lo que se pensaba eran capaces de alcanzar. Podríamos meter en este cóctel a la figura de David de Miranda, si bien mucho menos ya que no es un matador de la concepción del toreo que tiene en mente la plaza de Madrid. Y ¿por qué sucedió esto? Principalmente porque no estuvieron a la altura de lo que los toros desarrollaron en el albero, ya que ante toros nobles (sin demasiado empuje) no aplicaron faenas a la medida que esos astados exigían. No torearon en la función del toro que les tocó lidiar, sino que se empeñaron en imponer a los astados lo que ellos pensaban debía ser la faena en cada uno de los duelos (ante los seis toros). De toda la vida se ha dicho en estos casos que los toreros llevaban la faena hecha desde el hotel; es decir, no desarrollaron un trasteo idóneo a cada toro (que toros hubo, aunque con poca fuerza), sino que desplegaron una tauromaquia mecánica, preestablecida, prolongadísima en envites (lances y pases), aquella que acostumbran a poner en escena en las plazas de provincias y en los pueblos (gaches) donde pueden ser anunciados. 

Todos los toreros de ayer necesitaban el triunfo para pasar de la segunda división, en la que se encuentran, y poder optar a la ansiada Champions. Se quedaron muy lejos de esa promoción o «sorpaso», y por ello permitirán que las longevas figuras eternas que están por arriba (con veintitantos años de alternativa en muchos de los casos) permanezcan y consigan a corto y a largo plazo adocenar a la fiesta de los toros, per se.

Los toros de Alcurrucén que ayer salieron al coso de Las Ventas fueron toreables, de condición noble y permitieron el toreo. Cierto es que les faltó algo de empuje, de acometividad, de emoción. Este es un problema que atraviesa a la fiesta de los toros. Mucho toro noble, manejable, dócil, escasos de casta, de emoción. Aún así este toro bonancible, que ayer salió, permite un tipo de faena que no se le propinó. Al ser un astado escaso de fuerzas se le tenía que haber toreado en pocos pases, en pocas tandas, todas ellas concebidas desde una disposición de toreo clásico, bien hecho y rematado. Con la muleta cuadrada hacia la cuerna de los toros, con un viaje de la franela despacioso y hacia atrás, con las piernas del torero más frontales, mantenidas hacia delante; no escondidas. Con el torero colocado a una distancia sin ahogar a los morlacos; dejarles respirar para que vean con horizonte al matador y tener espacio para tomar el trapo, galopar hacia él o mantener un trote; no ser asfixiados; que corra el aire en el trasteo; que el torero esté cruzado con el burel, que no toree al hilo del pitón, ni abuse del pico, sino que lleve al animal metido en el centro de la muleta, con lentitud, con temple, con compás, con armonía; en pocos pases. Si el toro está limitado de fuerza, faenas de veinte o treinta pases, no de sesenta o más como ayer se sufrieron. Los tres matadores ahogaron a los toros y dieron una enormidad de pases. En la tarde sonaron seis avisos. Posiblemente pudieron ser muchos más. Algo falla en la tauromaquia cuando las faenas son tan largas. 

No tiene sentido. Aparte, esa colocación desacertada de los toreros ante los animales, con la muleta en uve, es decir, enseñando el pico de la misma al astado y haciendo un ángulo cerrado con el cuerpo del torero, para llevarle por las afueras, no hacia adentro, con las piernas de los diestros dispuestas hacia atrás, y bajo una composición del cuerpo de perfil. Así no se domina a los toros, ni se les templa, ni se les debe torear. A no ser que el astado ponga todo de su parte —como suelen esperar que haga— olvidando cualquier adaptación a sus características.

Si analizamos lo realizado por la terna ayer, debemos comenzar por Fortes. Desilusionó sobremanera. Se le esperaba especialmente porque en Madrid se le quiere. Toreó pecando, al poner la muleta en uve, desplazando al toro con el pico de la misma y situándose de perfil —una manía que tiene—. A su primer toro, muy noble, le dio una barbaridad de pases. Había poco toro y alargó el trasteo sin compasión. Perfilero, muy encima. Sí, hubo uno o dos pases bellos, pero el toreo no consiste en esa fragmentación, sino en una obra de conjunto. Toda su labor quedó desdibujada. Mató en la suerte contraria de un pinchazo y de un bajonazo. Con el cuarto toro de la tarde, noble, las cosas aumentaron: muchos más pases en la segunda raya del tendido nueve, más de perfil, más uve, abierto el compás, la pierna retrasada, por fuera, sin verdadera colocación. Parece mentira que un torero que tiene mucho valor se coloque con ventajas delante del toro. Mató de tres pinchazos en la suerte contraria y de una estocada baja perdiendo la muleta.

David de Miranda, viene a ser un torero como Sebastián Castella, con tendencia a las cercanías y al toreo por la espalda —ayer no abusó tanto de esto—. Y sobre todo parece ser un exponente del toreo giratorio, haciendo girar al toro alrededor de su figura mientras la pierna de salida va hacia atrás para permitir la ligazón, única clave de su toreo. Hay que reconocerle un sentido del temple –ayer no tanto—, una virtud que queda anegada entre tanto toreo por las afueras. 
La faena a su primer toro, en los terrenos del diez, no fue dominadora sino superficial, en redondo y al natural, aunque parte del respetable vio en ella el modelo de la perfección. Estatuarios iniciales y bernadinas finales. Mató de estocada baja en la suerte contraria. Se le concedió una oreja sin petición mayoritaria, y fue muy protestada. 
Al quinto le toreó con la franela en los medios en orientación a los tendidos seis y siete. Pases por bajo para comenzar. Muy encima en las tandas. El animal era tardo. Pies juntos. Por fuera, despegado. Manoletinas como cierre. Mató de un pinchazo en la suerte natural y de estocada caída y tendida en la suerte contraria.

Había confianza en ver a Víctor Hernández. Ilusión. Él no respondió en relación a como se le había valorado. Puede que se equivocara eligiendo animales de tan escaso poder. Su primero sin trapío y sin fuerzas. A Hernández se le vio acelerado. Mal colocado. Hizo un esfuerzo en balde porque es un torero que necesita un toro de poder y de transmisión. Anunciándose con el medio toro pierde frescura, verdad y contenido. Su carrera así puede correr peligro. Una esperanza que se pierde en la lontananza. Mató de una estocada desprendida perdiendo la muleta en la suerte contraria. En el último toro de la tarde, un astado noble y afín, aunque ausente de empuje, no midió bien el trasteo. Se extralimitó. Para comenzar no lo llevó a los medios, sino que lo molió a pases entre las dos rayas del nueve, sin fin. Abusó del pico. Aparentemente parecía bien colocado. Pero el encimismo lo tapaba. Al final se corrigió y llegó a torear decentemente al natural, pero era muy tarde. Mató de un estocada caída, tendida, en la suerte contraria y de un descabello. Su siguiente compromiso será con la corrida de Jandilla, si de nuevo hay mala selección del ganado a Víctor Hernández le perjudicará.

Como algo destacable vivimos un tercio de quites profuso en el segundo toro. Víctor Hernández y David de Miranda compitieron con el capote. Dos quites cada uno. Todos ellos livianos. El toro no permitía más. Chicuelinas, ganoneras y toreo vistoso. Parecía que aquello prometía una tarde para el recuerdo; no obstante quedó en puro espejismo.

Lo más notable del festejo fueron los dos pares de banderillas de Víctor del Pozo al quinto toro. Muy de verdad.



ANDREW MOORE








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FIN