la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

miércoles, 19 de agosto de 2026

El vandalismo es la nueva ley / por Luis Laínz


'..Al fin y al cabo no es más que otra manifestación de la paulatina disolución del Estado de derecho a la que venimos asistiendo desde que el pueblo aprobó muy mayoritariamente una Constitución autodestructiva. Y desde que ha elegido sucesivos gobiernos, de izquierdas y derechas, eficaces demoledores del Estado desde su puente de mando..'

El vandalismo es la nueva ley

Luis Laínz
Permítanme que aproveche para estas líneas los frenesíes balompédicos que acabamos de padecer sobre todo en los países en los que la multiculturalidad ha alcanzado ese punto de nieve en el que cualquier celebración deportiva sirve como excusa para el vandalismo, ese prólogo a la revolución que a los europeos nos espera a la vuelta de la esquina.

Dejémonos vencer por la nostalgia unos instantes y compartamos recuerdos con quienes, ya talluditos, vivieron aquellos inimaginables tiempos en los que la gente iba a los estadios sin camisetas, bufandas ni banderas a disfrutar tranquilamente del espectáculo e incluso a aplaudir elegantemente las jugadas meritorias del contrincante. Algunas violencias más tarde, a finales de los setenta, las autoridades tomaron la decisión de instalar verjas para poner a jugadores y árbitros al resguardo de las fieras, pero tragedias como la de Heysel en 1985 provocaron su eliminación. Nunca se sabe cómo acertar para apaciguarlas.

Saltemos ahora del césped a las pantallas, porque probablemente algún cinéfilo recuerde la película El sustituto, protagonizada en 1996 por Tom Berenger. Su tema central era la violencia y el crimen en un instituto «multicultural» estadounidense. Suponiendo que la película reflejaba la realidad social de aquellos días, recuerdo que me sorprendió el caos de aquel centro educativo en el que nadie estudiaba, la buena educación no existía, ninguna norma se respetaba y, lo más impactante, al que los estudiantes tenían que acceder a través de controles para evitar la introducción de armas. Una realidad social imposible de imaginar en la España de hace treinta años.

Podemos enorgullecernos de que nuestro país haya alcanzado en poco tiempo los niveles civilizatorios de la democracia ejemplar y primera potencia mundial. Ya tenemos colegios con detectores de metales para evitar que los alumnos entren con armas, con guardias de seguridad y con cámaras de vigilancia en cada rincón. Y a pesar de tantas precauciones, ya gozamos de apuñalamientos entre niños.

La degradación en las calles es todavía mayor, sobre todo por la noche y esparcida por doquier gracias a la pesadilla del botellón. El ruido, los vómitos y la mierda son la nueva norma. Y no se le ocurra llamar a la policía reclamando su derecho al descanso nocturno porque se van a reír de usted.

Al vandalismo nacional hemos añadido el importado gracias a la bendita inmigración, en este caso mayoritariamente americana. Porque junto a personas excelentes, de civismo intachable, también nos han venido unos cuantos millones de semisalvajes que han traído con ellos unas normas, o más bien la ausencia de ellas, que han conseguido imponer en España debido a la dejación de todas las autoridades, nacionales, regionales, municipales, judiciales y policiales. Al fin y al cabo no es más que otra manifestación de la paulatina disolución del Estado de derecho a la que venimos asistiendo desde que el pueblo aprobó muy mayoritariamente una Constitución autodestructiva. Y desde que ha elegido sucesivos gobiernos, de izquierdas y derechas, eficaces demoledores del Estado desde su puente de mando.

En las playas en las que desde siempre se respetó la prohibición de hacer actividades violentas, tirar basuras, llevar aparatos musicales y demás comportamientos que pudieran molestar a los demás –todo ello perfectamente señalizado con textos y dibujos para la comprensión de hasta el más idiota–, se han impuesto las costumbres de quienes no respetan las normas ni conciben el respeto al prójimo. Lo mismo ha ocurrido, por supuesto, en parques, ríos, lagos y bosques, lugares antes paradisiacos hoy convertidos en infernales. Y como con el paso del tiempo la costumbre se hace ley, no se le ocurra a usted quejarse y exigir civismo, porque le puede pasar cualquier cosa.

Y así, entre la acción de los vándalos y la inacción de los encargados de hacer cumplir las normas, España se parece cada día más a cualquier país caribeño.

Por lo visto, hay muchos a los que la perspectiva les agrada.

martes, 18 de agosto de 2026

Cuando la protesta es un peligro / por Carlos Bueno

 

'..Lo ocurrido el pasado 6 de agosto en el Coliseo Balear de Palma va más allá del enfrentamiento entre taurinos y antitaurinos. Dos activistas acudieron a la plaza con la intención premeditada de boicotear el festejo..'

Cuando la protesta es un peligro

Por Carlos Bueno
La libertad de expresión nunca debe implicar irresponsabilidad. Se puede rechazar la tauromaquia, criticarla y pedir su abolición, pero no debería admitirse convertir una protesta en una amenaza para la integridad de quienes participan en un espectáculo legal.

Lo ocurrido el pasado 6 de agosto en el Coliseo Balear de Palma va más allá del enfrentamiento entre taurinos y antitaurinos. Dos activistas acudieron a la plaza con la intención premeditada de boicotear el festejo. Uno de ellos fue detectado antes de que pudiera alcanzar el ruedo. Su compañera, sin embargo, consiguió ejecutar el plan y entró en la arena cuando todavía había un toro en ella.

No hay activismo inocente en una acción semejante. Hay, sencillamente, una decisión consciente de introducirse en un espacio de riesgo y de alterar por la fuerza el desarrollo de un espectáculo. Y algo más grave, obligar a terceros a intervenir para evitar que quien ha provocado la situación termine sufriendo las consecuencias de su propia temeridad.

Gabriel Pericás, conserje del coso y exnovillero, saltó al platillo para sacarla de un lugar en el que su presencia podía desencadenar una desgracia, porque el toro, que acababa de doblar las manos, aún era capaz de levantarse y reaccionar de manera imprevisible ante una persona que no debería estar allí. Evidentemente no cabía petición cortés de abandono del redondel sino celeridad. La paradoja es que quien intervino para retirar y proteger a la intrusa ha terminado denunciado por lesiones. Habrá que preguntarse qué sociedad estamos construyendo cuando el que acude a rescatar a una persona que voluntariamente se coloca en peligro puede acabar sentado en el banquillo de los acusados.

La protesta necesita límites cuando afecta a la seguridad de los demás. También cuando transforma a quienes trabajan en un espectáculo en protagonistas involuntarios de una confrontación que no han buscado. Además, ellos no tienen por qué asumir un trance añadido porque alguien haya decidido convertir el ruedo en escenario de una reivindicación. La discrepancia es legítima; el sabotaje que compromete la seguridad, no.

Y hay otra cuestión que tampoco debería pasarse por alto. Una protesta que necesita el peligro para ser visible quizá ya no busca convencer a nadie sino provocar. Busca la imagen, el impacto, la interrupción y, en último término, convertir al contrario en parte de la propia estrategia propagandística.

La tauromaquia no debe responder a estas provocaciones con más radicalidad. Necesita seguridad, firmeza y respeto a la ley. Y quienes trabajan en las plazas necesitan saber que, cuando actúan para evitar una tragedia, no quedarán desamparados frente a quienes han provocado deliberadamente la situación.

Porque una cosa es protestar contra los toros. Y otra muy distinta es jugarse la vida, poner en riesgo la de los demás y después presentar como agresor a quien intentó impedir que aquello acabara en drama. La irresponsabilidad disfrazada de protesta no merece protección. 

Villaseca de la Sagra: Una programación históricael en el XXVI Alfarero de Oro 2026 / Del 3 al 10 de Septiembre


Villaseca de la Sagra  se acerca a la celebración del XXVI Certamen de Novilladas Alfarero de Oro 2026, una edición muy especial que reafirma el prestigio de uno de los ciclos novilleriles más importantes de España y que volverá a convertir a la localidad toledana en punto de encuentro imprescindible para los aficionaados.

Las combinaciones anunciadas reafirman de nuevo el afán del ayuntamiento de la localidad toledana, con su alcalde Jesús Hijosa al frente, en el fomento y apoyo a la tauromaquia como continuación y respeto a la arraigada tradición popular. 

El prestigioso certamen  se desarrollará del 3 al 10 de septiembre, con el tradicional descanso del 8 de septiembre, festividad de la Virgen, jornada en la que, como es costumbre, no habrá festejos.

Carteles del XXVI Alfarero de Oro 2026
  • Jueves 3 Septiembre
-Novillos De Ana Romero
Jesús Romero
Sergio Rollón
Ruiz De Velasco
  • Viernes 4 Septiembre
-Novillos De Pedraza Yeltes
Iker Fdz “El Mene”
Martín Morilla
Simón Andreu
  • Sábado 5 Septiembre
-Novillos De Conde De Mayalde
Emiliano Osornio
Jorge Hurtado
Manuel Quintana
  • Domingo 6 Septiembre
-Novillos De Montealto
Gonzalo Capdevila
Cristian González
Emilio Garcia Torres
  • Lunes 7 Septiembre
-Novillos De Alcurrucén
López Peregrino
Juan Alberto Torrijos
Rafael De La Cueva
  • Miercoles 9 Septiembre
-Novillos De José Escolar
Daniel Pérez
Alberto Donaire
Emiliano Ortega
  • Jueves 10 Septiembre
-Novillos De Hijos De Celestino Cuadri
Joao D Álva
Jesus De La Calzada
Antonio Aparicio

Con esta nueva edición, el Ayuntamiento de Villaseca de la Sagra vuelve a apostar por una combinación de ganaderías de interés y jóvenes novilleros llamados a protagonizar el futuro de la Tauromaquia, manteniendo la esencia que ha convertido al Alfarero de Oro en una referencia nacional.

Fotografía: Jesús Cárdenas

Trofeos al torero tras un indulto / por Rafael Comino Delgado


'..Reglamento de Andalucía, art. 57-5. En las plazas de toros de primera categoría en el supuesto de indulto, al no ejecutar con la espada la suerte suprema, solo se le podrán conceder como máximo dos orejas simbólicas..' 

Trofeos al torero tras un indulto

Rafael Comino Delgado
Todos los reglamentos taurinos, y más concretamente el de Andalucía  publicado en 2025 (este, en su artículo 56.c ), dicen claramente  que la segunda oreja de una misma res y, excepcionalmente, la concesión del rabo quedará a criterio de la presidencia del espectáculo, que deberá tener en cuenta, a tal fin, la petición mayoritaria del público, las condiciones de la res, la buena dirección de la lidia en todos sus tercios, la faena realizada tanto con el capote como con la muleta y, fundamentalmente, la forma de ejecutar la suerte de matar y la colocación de la espada.  Además, en el Reglamento andaluz, artículo 57 dice, entre otras cosas: 

3. Concedido el indulto a la res, si el diestro fuera premiado con la concesión de una o de las dos orejas o, excepcionalmente, del rabo, se simulará la entrega de dichos trofeos; 
4. Queda prohibido conceder el indulto en plazas no permanentes o portátiles, así como en festivales taurinos; 
5. En las plazas de toros de primera categoría en el supuesto de indulto, al no ejecutar con la espada la suerte suprema, solo se le podrán conceder como máximo dos orejas simbólicas. 

Sin embargo, en el Reglamento español de 1996, si se contempla que, en cualquier plaza que se pueda indultar, tras indulto se puedan conceder al matador trofeos, incluso el rabo.

Queda pues meridianamente claro que en las plazas andaluzas de primera (Sevilla, Córdoba y Málaga) tras indulto no se debe conceder el rabo, por muy buena que haya sido la faena con capote y muleta, pues no se ha ejecutado la suerte de matar, que es fundamental en la faena, realmente es la rúbrica, y un documento no firmado o mal firmado carece de validez.

Estoy de acuerdo en que no se pueda indultar en plazas no permanentes o portátiles, ni en festivales. También estoy muy de acuerdo en que tras el indulto, en plazas de primera no se deba conceder el rabo, porque no hubo suerte de matar, fundamental para conceder la segunda oreja y el rabo. Sin embargo, no entiendo que en plazas de primera, segunda y tercera, en las que es legal el indulto si se cumplen las condiciones mencionadas, se pueda conceder la segunda oreja, e incluso el rabo (en las de segunda y tercera), cuando no ha habido suerte de matar, condición fundamental para otorgar al torero tales trofeos. Creo que es una contradicción del Reglamento, pues si la estocada es tan importante, y así debe ser, no solo en plazas   de primera, sino en todas, al no haber estocada no se debería conceder más de una oreja. Por tanto, creo que o se quita tanta importancia a la suerte de matar como se da en el artículo 56.c (con lo cual yo no estaría de  acuerdo) o tampoco se debe conceder segunda oreja tras indulto, y menos el rabo, ya que no ha habido suerte de matar. Nosotros pensamos que si la faena no ha sido buena es dificilísimo que haya indulto, porque el toro no ha mostrado toda su bravura, todo el fondo que lleva dentro.

La legislación, entre otras cosas, debe ser coherente, lógica, lo que no debe hacerse es legislar a capricho. En Andalucía hay plazas de segunda con tanto prestigio como alguna de primera, por tradición, por número y calidad de los festejos que da, por asistencia de público a los mismos, por la presentación de los toros, por tener una afición muy entendida, etc. y según el actual reglamento si se puede conceder el rabo tras un indulto.

El no conceder al matador segunda oreja y menos rabo, en plazas de primera, segunda y tercera, tras indulto, tendría la ventaja de que, como todos sabemos, muchos indultos son provocados por el propio matador y su cuadrilla, especialmente en plazas de segunda y tercera, induciendo la petición en el publico fácil (para evitarse el entrar a matar), pues sabría de antemano que si hay indulto no podrá cortar la segunda oreja y el rabo. En resumen, ¡legíslese con sentido común!

Colombia.- Minuto y medio… / por Jorge Arturo Díaz Reyes

Rescate de un bebé entre los escombros, Cali. Fotograma TV

'..De pronto, tras un eterno minuto y medio, todo se fue calmando, calmado, como por encanto. Y unos con pavor, otros con risa comenzamos a mirarnos las caras, a darnos cuenta de que habíamos sobrevivido y a preguntarnos por los que no veíamos..'

Minuto y medio…

Jorge Arturo Díaz Reyes
CrónicaToro / Cali, Cali 17 VIII 2026
El lunes pasado, a dos horas de haber enviado mi anterior viñeta, la tierra tembló. Permanecía en la biblioteca del segundo piso de mi casa, trabajando, descalzo, sin camisa, con solo una pantaloneta. La noche y la madrugada habían sido calurosas.

Al principio la silla se meció suavemente sobre sus rodachinas. Los gritos de mi mujer alertaban pidiendo que saliéramos —Calma, calma, ya pasará —le dije seguro, tratando de serenarla. Los temblores leves aquí no son raros.

—¡No! Salgamos, salgamos ya —me ordenó angustiada, mientras echaba mano del celular, arrancaba el cargador del enchufe y corría gradas abajo.

Sonreí. Pero a través de las persianas en vaivén, vi que la copa del árbol frente a la ventana se sacudía como azotada por el viento. Los pájaros de aquella y de otras ramazones, volaban trinando en desbandada. Dante, mi perro, ladraba nervioso y corría de un lado a otro, como queriendo avisar, quizá sí. Los vecinos salían a la calle confundidos, mirando en diferentes direcciones. Algunos con prendas leves y pijamas, una señora tenía colocado el sostén al revés sobre la blusa. El vigilante había disparado la sirena de alarma y más allá otras ululaban. El clamor, los chillidos, los ladridos, las invocaciones, el ruido sordo de la tierra y las cosas aturdían.

El trepidar in crescendo de todo se hacía frenético, caían libros, cuadros, portarretratos, botellas, la casa estremecida, como sacudida por las manos de un gigante loco, crujía. También los vidrios, los estantes. Los muebles patinaban como sobre la cubierta de un barco en la tormenta.

Me incorporé y corrí por un pantalón que me puse tratando de mantener el equilibrio. Abroché un canguro el cual mantengo a mano con cosas esenciales para mis paseos matinales con Dante. Agarré de carrera una camiseta del perchero y me la fui poniendo con gran dificultad mientras rebotaba entre la pared y el pasamanos.

En la puerta exterior, Imaginé que el balcón y el tejado se nos venían encima. Gritábamos a nuestra hija que saliera, y ella, con uno de sus gatos, “Lulo”, bajo el brazo se internó hacia el patio trasero buscando al otro y diciendo: Sin “Tutú” no me voy. —No pudimos detenerla. Cuando ganamos la calle, buscando alejarnos de las zarandeadas edificaciones y las cuerdas primarias de la electricidad, el pavimento ondeaba, los postes bailaban y el tendido de cables culebreaba.

Una señora negra y gruesa que pasaba, no conocida, no vecina, se arrodilló con los brazos en cruz orando y suplicando a gritos. Los mangos maduros de en frente caían como aguacero, la calle se cubrió con ellos. La implorante, se levantó de repente, sacó de su bolso una talega plástica y comenzó a llenarla de fruta sin dejar de rezar.

Levanté la vista hacia el edificio de doce pisos, una cuadra tras de mi casa, donde habita mi nieto con sus padres en el noveno, y lo vi surfear como barco en lontananza. Sentí miedo por él, por todos y esperé lo peor. Arriba, a la izquierda, sobre las estribaciones de la cordillera occidental, las altas torres de apartamentos parecían querer venirse con ellos en avalancha. El caos y la sensación de acto final eran generales.

De pronto, tras un eterno minuto y medio, todo se fue calmando, calmado, como por encanto. Y unos con pavor, otros con risa comenzamos a mirarnos las caras, a darnos cuenta de que habíamos sobrevivido y a preguntarnos por los que no veíamos. Los acabados de las fachadas y tejas de algunas casas se habían desprendido sobre los antejardines. Revisamos la nuestra estaba milagrosamente intacta.

Tratamos de llamar por teléfono a los parientes y amigos. No había comunicación. Tampoco Internet. Entramos aun inseguros. “Tutú” que se había escondido no supimos dónde, apareció como si no hubiese pasado nada. Tampoco había energía ni agua. La puerta del garaje no funcionaba. Ruby volvió a salir apresurada con Mar hacia la avenida 52, en busca de transporte para ir a comprobar el estado de su madre. Luego me enteré de que lo halló pronto, un viejo y amable taxista que huía la llevó y la trajo. Mi suegra estaba bien, solo aterrorizada.

Me vestí, busqué mi pequeño radio inalámbrico, ya nadie los usa, yo, solo en las transmisiones de las corridas, y mientras escuchaba los primeros informes de intensidad y extensión del terremoto, me dirigí con Dante a buscar mis familiares más cercanos: hijo mayor, nuera y nieto.

Ansioso recorrí el callejón, crucé la avenida, doblé la esquina. Fuera, la multitud evacuada hablaba simultáneamente, miraba y señalaba los pisos superiores. Pregunté por los míos al portero quien me informó que el citófono y los ascensores no funcionaban, y me pidió no entrar, sugiriendo que buscara entre la gente agolpada en la ancha zona verde. Lo hice sin encontrarlos. Por lo menos el edificio está en pie, me dije, sin dejar de pensar en los otros.

De regreso, los hallé fuera de mi casa. También me buscaban. Nos abrazamos —¿Te dio susto? —pregunté a mi nieto. —No, igual se muere uno ahora que después, pero mi mamá se disgustó porque no me asusté —se quejó extrañado.

Nos fuimos casa tras casa de familiares. Salvo pérdidas materiales, desalojos y conmoción, se habían salvado. De regreso a la mía, mucho desorden. Marcos y cristales rotos, caros recuerdos por el suelo… En el bar del fondo, caídos y maltrechos, los carteles de Manolete en Linares 1947…, de Paquirri en Pozoblanco 1982…, de Pepe Cáceres en Sogamoso 1985…, El dedicado de Rincón en el Puerto de Santa María 1992… Recogiéndolos uno por uno y apilándolos contra la pared, recordé la frase de Antonio Caballero: “No hay gloria más gloriosa que la de un torero”.

Por los audífonos me llegaban las noticias: devastación de una gran zona del país; Chocó, Caldas, Risaralda, Quindío, Valle del Cauca…, muertos…, desaparecidos…, solidaridad masiva, inmediata, espontánea, desesperada, escarbando escombros con uñas, baldes, palas…, dolor, lágrimas…, un bebé rescatado vivo bajo el cadáver de la mujer que lo había protegido con su cuerpo hasta el último aliento…, y claro, como en toda catástrofe, también algunos alardes de impiedad, oportunismo y grotesca vanagloria…

Subí a donde estaba cuando todo empezó. Comencé a recoger libros, levanté los “Ensayos de Montaigne”, y en ellos con el marcador aun entre las páginas de su “Apología de Raimundo Sabunde”, releí el clásico y amargo párrafo de hace 450 años:

“¿Quién ha convencido al hombre de que este formidable movimiento de las bóvedas celestes, la luz eterna de esas antorchas que giran con tanta fuerza sobre su cabeza, las espantosas sacudidas de ese mar infinito, han sido establecidos y permanecen durante tantos siglos para su conveniencia y servicio? ¿Es posible imaginar algo más ridículo que esta insignificante criatura, que no es dueña ni de sí misma, expuesta a los ataques de todas las cosas, se diga dueña y soberana…?”

lunes, 17 de agosto de 2026

Interesante y bravo encierro de Miura en la VIII Corrida Magallánica / por Pepe Reyes

Octavio Chacón, Pepe Moral y Daniel Crespo salen a hombros en una gran tarde en Sanlúcar

Interesante y bravo encierro de Miura en la VIII Corrida Magallánica

Celebraba Sanlúcar su ya tradicional corrida magallánica, que se ha erigido en referente obligado de la temporada taurina gaditana, en la que el ruedo se alfombra de sal policromada y en la que todos los actuantes lucen indumentaria propia de los albores del siglo XVI. Evocación de usanzas del pasado que presenta torista correspondencia con el ganado elegido para la ocasión: ejemplares de Miura, vacada creada en 1840 con sangre Gallardo y Cabrera y que desde entonces no ha sufrido cambios ni aportes de casta exógena en su devenir genealógico. Toros altos, huesudos, musculados, cornalones, con pitones de gruesa mazorca y de comportamiento variable, avieso a veces e imprevisible siempre. Y cuya complicada lidia evoca la añeja tauromaquia decimonónica, cuando cada suerte se convertía en una recia y valerosa lid de la que el torero pugnaba por salir ileso.


Y como una ola de pasado que irrumpiera en el presente, inundó el ruedo «Bolichero», largo, agalgado, de 636 kilos, que se dedicó a destrozar barreras antes de acudir al capote de Octavio Chacón, al que acudió con nobleza y buen desplazamiento por ambos pitones. Tomó después una larga vara en la que empujó con fijeza, y Chacón lo dejó en suerte de nuevo, más allá de los medios, y el bravo toro volvió arrancarse con prontitud al caballo. Verificó el diestro de Prado del Rey un ceñido quite por delantales a un ejemplar miureño que permitiría también, con sus arrancadas largas y francas, un completo tercio de banderillas. 


Muleta en mano, Octavio Chacón, torero curtido, técnico y poderoso, dio un recital de temple y de torero conocimiento en una faena compacta en la que aprovechó el suave ritmo y fijeza que presentaba su oponente en la embestida. Sorteó miradas y dudas que en ocasiones le dedicaba el miura, hasta encelarlo en tandas de redondos y naturales de mucho mérito. Unos molinetes finales constituyeron dinámico preámbulo a cuatro pinchazos y una estocada desprendida.


Castaño bragado el segundo, también permitió a Pepe Moral estirarse a la verónica y, como el anterior, se enceló bajo el peto de la cabalgadura en brava pelea. En este caso, dadas las aparentes fuerzas justas del animal, se cambió pronto el tercio. El espada sevillano sacó con mando y donosura al toro hasta los medios para emprender ahí una sucesión de tandas de derechazos, que el toro tomó mucho mejor que cuando ensayaba el toreo al natural. Plasmó Moral una faena firme y decidida, en la que supo sacar partido de la obediencia y repetición que le regaló su enemigo. Un pinchazo y una gran estocada pusieron fin a una labor.


Tras su reciente y flagrante triunfo en su ciudad natal, El Puerto de Santa María, se presentaba Daniel Crespo en Sanlúcar, en su primera comparecencia con miuras a lo largo de su trayectoria. Y lo hizo ante un colorado, acapachado de cuerna, que se le quedó muy corto bajo el capote y le apretó por el pitón izquierdo. El oriundo de Zahariche tomó dos varas, la segunda en vibrante arrancada desde los medios, y escenificó un muy complicado tercio rehiletero, en el que cortó al peonaje con aviesa intención. Sorprendió Daniel Crespo por su decisión y buen hacer muleteril, en el que no sólo cuajó al toro por el pitón derecho sino que llegó a alcanzar las más altas cotas estéticas y de mando con el toreo al natural, el pitón por el que el astado presentaba más dificultades. Muletazos largos y profundos, que el buen miura tomaba con largura, entrega y prontitud. Interesante trasteo que abrochó Crespo con media estocada y certero descabello. 

Cárdeno oscuro el cuarto, que salió al ruedo con encendida agresividad, rematando en tablas y pendiente a todo. Y cuando Octavió Chacón lo retó con su capote, se quedaría muy corto y apretaría hacia los adentros. Empujó en larga pelea bajo el caballo, en un encuentro donde se rompió en demasía. Más de dos minutos metiendo los riñones, motivó que saliera menoscabado de fuerzas y que el público, con sorprendente enojo, solicitara su devolución. No se devolvió, de manera acertada, y el toro empezó a embestir con suavidad y nobleza a la muleta de Chacón, quien se la presentaba con sabiduría y temple en goteados muletazos, con los que parecía acariciar la entregada acometida del cárdeno. Sacó el máximo partido de un toro de comportamiento tan cambiante como interesante y remató su lucida actuación con una portentosa ejecución del volapié, de efecto fulminante.

Y como quinto saltó a la plaza «Galipo», cárdeno de 647 kilos, que también repitió en la capa de Pepe Moral en vibrante embestida y que peleó con comportamiento de bravo en los tres puyazos que tomó, con galopada de lejos en sus encuentros. Dentro de un completo tercio de banderillas, destacó el último par de Gómez Escorial, de gran exposición y verdad. Cuando Pepe Moral asió la franela, el toro mostró una embestida franca y boyante, lo que fue aprovechado por el sevillano para fraguar una faena compacta, en la que destacaron las series en redondo y sus obligados aderezos de pases de pecho y por bajo. Unos trincherazos por bajo finales dieron paso a una estocada en buen sitio, que resultaría suficiente para finiquitar a su segundo oponente.

Cerró plaza y festejo otro enorme ejemplar de Miura, negro mulato, bragado, que repitió en el capote de Daniel Crespo y que, como toda la corrida, acometió con fuerza al acaballo, al que empujó con saña y celo. No quiso el matador seguir luciendo al toro en este tercio y solicitó el cambio con premura, privando al respetable del bello espectáculo de largas y reiteradas arrancadas. Así llegó este último ejemplar con fuerza y brío a la pañosa de Crespo, quien hubo de tragar mucho en unas primeras embestidas tensas y desafiantes. Sometido el burel, trazó derechazos de mérito en una faena medida, pues pronto su enemigo empezaría a orientarse. Un pinchazo hondo en muy buen sitio y dos golpes de verduguillo pusieron fin a la lidia del último miura y a un festejo en el que palpitó la emoción y todo lo sucedido poseyó el exquisito regalo del interés.

FICHA: 
Se lidiaron seis toros de Miura. Muy bien presentados. Bravos y nobles.

Octavio Chacón. Ovación tras aviso y dos orejas tras aviso.

Pepe Moral. Oreja y dos orejas.

Daniel Crespo. Oreja y oreja.

Plaza de toros de Sanlúcar. VIII Corrida Magallánica. Lleno en los tendidos.

Galería Fotográfica

Menos mal, Júnior / por Ignacio Ruiz Quintano


Bale y Vinicius Jr.

Ignacio Ruiz Quintano / Abc
Nos han devuelto a Mou, nos han traído a Diomandé (un Olise por estrenar) y nos han renovado a Vinicius, pero… ¡nos han dejado sin Rodri! Ni los milaneses en su soberbia despedida a Baresi han llorado como lloran los piperos rampantes la fuga de Rodri, para ellos el mejor futbolista de la historia, entre Pelé y Maradona, y muy por encima del doctor Sócrates, porque así se lo hace creer a estos zombis el fentanilo mediático.

Con Mou en el vestuario blanco, querían renovar la leyenda Xavi-Casillas, los del Premio, con la pareja Rodri-Dani Olmo y el chau-chau en el Combinado Autonómico.

–Menuda ganga, el Rodri. Y español.

¿Por qué unos tipos que nunca se preocupan por la españolización de España andan siempre tan preocupados por la españolización del Madrid? Cuando en el Congreso se leía el artículo de la Constitución de la Monarquía restaurada (“Son españoles…”), Cánovas refunfuñó famosamente en su Banco Azul: “…los que no pueden ser otra cosa”). No digo que los piperos no sientan a España; conozco a alguno que no saca el perro a pasear sin su collar con la bandera roja y gualda (Cela, en la discusión constitucional del 78: o se dice gules y gualda o se dice roja y amarilla).

Rodri, estando en el City, reclamó la españolidad de Gibraltar, y el piperillo no entiende que ahora, entre un haz de heno en Madrid y otro haz de heno en Barcelona, elija Barcelona, donde la idea de España está tan en solfa como en el Peñón. Hace muchos años que Fernández Flórez recogió en estas páginas ese españolismo pipero, un poco de pandereta, conmovedoramente infantil y sin duda bien intencionado, que no se fija más que en detallitos menudos, formales, cuya aparatosidad le sobresalta y le inspira apóstrofes, elegías y amenazas. Ese españolismo, decía, se encrespa cuando cualquier majadero arranca una bandera o profiere un grito hostil. Pero permanece inmóvil, sosegado, confiadamente mudo, cuando hombres hábiles, consagrados con obstinación al servicio de un odio, van cortando hilo a hilo el amarre espiritual con España. Espiritualmente, Rodri debe verse como el cabo que el madridismo bueno lanza al mundo culé para mantenerlo amarrado a la España tebana (de Tebas). Pero futbolísticamente Rodri no es Cruyff.

Cruyff, como se sabe, estaba fichado por el Real Madrid, pero dejó de estarlo cuando sus representantes le tiraron de la americana pidiendo propinas a don Santiago Bernabéu, que pernoctaba en un hotel coruñés, a lo que Bernabéu respondió que se quedaran con el jugador y con las comisiones. (“Nunca me habían hablado tanto ni tan bien de un jugador, pero ni él ni su presidente eran hombres de palabra. En el hotel Atlántico de La Coruña, cuando lo teníamos todo ya hecho y apalabrado, Van Praag pidió un millón de dólares y nos amenazó con ir al Barcelona. Liberé a Praag de su compromiso y se lo vendió al Barcelona, en Santiago de Compostela. La jeta de Van Praag me importaba un comino, pero la del jugador era fundamental”).

–¡No me gusta su jeta! –resumió la situación.

Y mientras en Florencia los tifosi reciben a Mastantuono como si fuera otro Maradona, en Madrid los piperos tuercen el morro por la renovación de Vinicius (por cierto, que se la paga él a golpe de anuncios), cuando por su criterio lo hubieran vendido para costear la Operación Rodri, cruzado incluido. “Menos mal, Júnior”, lo celebró Toni Kroos. Mijatovic, que no se cansa de dar consejos a quien nunca se los ha pedido, aconsejó a Vinicius quedarse, aunque fuera perdiendo “cinco millones”, y Vinicius le hizo caso en lo de quedarse, que no en lo de perder “cinco millones”, a los que tan sensible es el pipero común, un bobo que necesita contratar una gestoría para que le hagan el prorrateo de las cotizaciones que le faltan para cobrar la pensión de mil quinientos euros, pero que, víctima del fentanilo mediático, le discute los céntimos al presidente que convirtió un club en quiebra en el club más rico del mundo.

Mbappé vino a Madrid para jugar, no con Rodri, sino con Vinicius, y lo ha logrado. A mí sólo me faltan Saliba o Gvardiol. Y, si acaso, Angelo Stiller.

[Martes, 8 de Agosto]
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