la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

jueves, 12 de marzo de 2026

CURRO DÍAZ O EL TORERO PARADIGMÁTICO / por Francisca García


'El día 5 de abrilDomingo de Resurrección, fecha históricamente simbólica que fue, para el arranque de las carteleras teatrales y la Fiesta Nacional, Curro Díaz hará el paseíllo en Madrid'

CURRO DÍAZ O EL TORERO PARADIGMÁTICO

Francisca García

Hay toreros que son un verso suelto. Que tienen un estilo destacado, incluso no estando alejados de los parámetros del toreo clásico. Hombres que eligieron el camino de su vida siguiendo los trazados que dictaba su corazón y desde un comportamiento tanto innato como heredado que les obligaba a no ceder un ápice ni a retroceder de sus asentados principios. Uno de ellos es Curro Díaz, arquetipo de torero, que se sustenta en principios éticos y estéticos, con un perfil inconfundible, encumbrado a torero de culto y con un no despreciable número de seguidores apasionados.

En Linares, tierra generosa en todos los campos del arte, pues es cuna de grandes artistas, Curro Díaz soñó con ser torero. Fue su máxima ilusión y lo consiguió, ejercitando su propio estilo y ganándose el respeto de la profesión. Su fuerte personalidad, anticipaba tempranamente, unas maneras de torear y de actuar en la vida, que dieron origen a la aparición del libro “Curro Díaz, torero lorquiano”, escrito en 2012 por Miguel Vega, desde una óptica literaria.

El linarense despertó el interés de la crítica, en tardes inolvidables que ensalzaba su prodigiosa muñeca, su dominio de los toros y su vitola de artista. El ganadero Victorino Martín lo describió como un torero “transparente”, expresión recogida en el libro “La plénitude du torero” que le dedicó Antonio Arévalo, escrito en 2018 en lengua francesa. Tal elogio aúna la honestidad, la pureza, la autenticidad y la coherencia, es decir su actitud similar dentro y fuera de la plaza. Esa referencia a su toreo puro, directo, auténtico y honesto, sin trucos ni engaños, me ha movido seis años después, a sumarme a ambos autores con el libro “Curro Díaz o el torero paradigmático”, con prólogo de José Luis Chaín y preciosas ilustraciones de Héctor de Castro.

El día 5 de abril, Domingo de Resurrección, fecha históricamente simbólica que fue, para el arranque de las carteleras teatrales y la Fiesta Nacional, Curro Díaz hará el paseíllo en Madrid.

Las Ventas, coso que le recuerda en tardes felices, que le abrió en dos ocasiones la puerta grande y al que se percibe en la capital de España como torero de Madrid, acogerá su toreo hondo y sentido en un momento de plenitud. Si los hados le son propicios, desplegará la verdad, la pureza y el pundonor torero que le identifica. Le acompañará el sevillano Rafa Serna y el espada mejicano Diego San Román. Los astados, de la ganadería Martín Lorca.

Mi homenaje a la personalidad irrepetible de un verso suelto o un verso libre, nacido en Linares, es este libro: “Curro Díaz o el torero paradigmático”. ¡Que Dios reparta suerte!

La danza de los taurinos. Las Escuelas Taurinas no enseñan formas y problemáticos comentaristas en tv / por Ricardo Díaz-Manresa


Miguel Ángel Perera haciendo el ridículo en el festival de Olivenza

Tras VALDEMORILLO, coge el gran testigo OLIVENZA, y toma protagonismo la tele pública y abierta de EXTREMADURA, pero no nos descubre nada. Una novillada, sin pitones y muy dócil, que no merece de los comentaristas ni una alusión a las cabezas de estos animalitos y sí a la terna que, según ellos, está fenomenal en lo que parece un festival de luces. En fin, el problema de los comentaristas parece no tener remedio, menos si son de cadenas privadas. Tampoco de las otras. En fin, la España de hoy.

Ricardo Díaz-Manresa
Y abundando en el tema, aparece RAFAEL PERALTA, continuador de la saga pero lejos del ruedo, como apoderado de MOURA. Otro comentarista que quiere ser todo como DÁVILA o ENCABO o casi todo como el que agarra ahora un micrófono cuando transmiten un espectáculo. Nada, que no se preocupen. Ahora se puede hacer lo que a cada uno le de la gana. A sus empresas les parece bien todo.

Y vemos cosas inimaginables en la sociedad taurina de no hace tanto tiempo como a MIGUEL ÁNGEL PERERA pedir un indulto desde el callejón, con un pañuelo que parecía una sábana. El torero vestido de festival en un novillo que no era el suyo. Después de ver a profesionales de paisano aplaudiendo desde burladeros del callejón, faltaba esto. PERERA, que ha toreado y torea mejor que casi todos, hace estas cosas raras, ¿Por esas cositas no ha sido valorado como merece su trayectoria con tantas temporadas y tantas faenas ejemplares?

Venga bien recibida la noticia de que TELEMADRID se anima cada día más y va a retransmitir la corrida de Resurrección en SEVILLA. Es inteligente y aprovecha las grandes audiencias que tienen los toros. Ahora, a retocar un poco el trío de comentaristas.

Y otra buena noticia es la resurrección de la corrida de los banderilleros. Inexplicable que se le diera de lado. Es de éxito popular. Tenemos el caso de MORÓN.

El sorprendente PONCE desde su retirada y nueva pareja dice que reaparecería si JOSÉ TOMÁS toreara con él mano a mano. Sí, ahora… El “valiente y defensor de la tauromaquia”, que no quiso hacerlo en su momento con ENRIQUE, va a hacerlo ahora, siempre desaparecido y escondido sin dar la cara.

Por cierto en las primeras ferias de la temporada hemos visto a toreros nuevos con cara permanente de enfado o tristeza,. Que rectifiquen. Ya tenemos bastante con los urdiales, gineses marín y álvaroslorenzos.

Y también que no sé si en las Escuelas Taurinas enseñan valores, como dicen, pero desde luego no modos ni formas y hemos visto los defectos y malas costumbres de los nuevos toreros que no rectifican en las Escuelas y que les podrían decir que se fijaran en MORANTE por ejemplo. Por ejemplo, debutaba con picadores un extremeño DAVID GUTIÉRREZ corta su primera oreja y empieza a dar su primera vuelta al ruedo en esta categoría y larga el capote, fundamental en el toreo y se agarra a la montera con una estampa antiestética. Pronto empieza. Y la hierática OLGA CASADO, que anda que se parece que se ha tragado un palo, saca al ruedo a CRISTINA SÁNCHEZ para un brindis femenino. Y en las Escuelas no le habrán dicho, supongo que lo saben, que mientras está el animal vivo en el ruedo sólo deben estar los que llevan trajes de luces u oscuros de luto como en la tauromaquia negra de los banderilleros. Por cierto, ¿cómo deja OLGA que le dicten, muletazo a muletazo, la faena que tiene que hacer?


Mientras tanto, en JEREZ DE LA FRONTERA han hecho una cosa muy bonita y justa : el cartel de la Feria del Caballo dedicado a dos grandes jerezanos recientemente desaparecidos como ÁLVARO DOMECQ ROMERO y RAFAEL DE PAULA. De bien nacidos es ser agradecidos. Dos grandes y admirados personajes en el mundo el toro.

Hughes. Real Madrid, 3; City, 0. Valverde firma su estrella en el Bernabéu


@realmadrid

'..El Madrid salía con muchos reservas, sin Bellingham, ni Mbappé y nadie daba un duro por él. La situación perfecta. Así hay que llegar a marzo. Lo sabe tanto el club que ha reorientado la organización para ello..'

Hughes

Pura Golosina Deportiva

No lo decimos, pero más o menos todos vivimos para la Champions. Llevamos nuestras vidas, unas pletóricas, otras vacías, como podemos, pero sabemos que tendremos un desquite, un rato febril (pero febril sin dolor) en el que el tiempo será distinto, la vida será cine, los minutos infantiles.

Lo vemos en el Bernabéu. Padre e hijo viendo el partido. Se igualan en la Champions. En la Champions el padre es más niño que el niño.

Y es verdad que nos iguala. Nos iguala la muerte, pero antes la Champions.

El Madrid salía con muchos reservas, sin Bellingham, ni Mbappé y nadie daba un duro por él. La situación perfecta. Así hay que llegar a marzo. Lo sabe tanto el club que ha reorientado la organización para ello.

Antes del pitido inicial había que ver a Thiago con los gestos del keniata antes del pistoletazo. Qué ganas tenía el muchacho de correr.

No estaban dos cracks, pero estaba Mendy. Que no esté Mbappé sería preocupante en otro club, pero no en el Madrid. Le hemos dejado con Ester Expósito cedido unas semanas y ahí está bien. Contento él, contentos todos.

El Madrid salía con el buen inicio que procuran Trent y Huijsen en la construcción, y con Brahim de falso 9. A Noé le vas a hablar de la lluvia, por eso era una genialidad reinventar, ante Guardiola, la no posición con Brahim, que era falso falso 9 porque vimos que el falso 9 iba a ser otro.

El City era un City decepcionante. Un City poco tocador, vulgar, normalizado. Guardiola siempre hace la cosa rara. No puede no hacerla. O se pasa o no llega. Yo creo que todos entendemos por qué le dejó la mujer. Tiene que ser insoportable de maniático. Su TOC es joder las eliminatorias de Champions.

El Madrid tenía agilidad, ímpetu, buen toque y abundancia en la mediapunta, pero un gran vacío arriba. Ese vacío al principio pensamos que no se iba a llenar, que era miedo o insuficiencia y que acabaría cansándolo todo. El Madrid es así: dos años sin centrales y en el momento cumbre, sin delanteros.


El ataque era como comerse un bistec sin dientes, chupeteándolo. Hasta que apareció la Tromba.

Porque el vacío lo iba a llenar todo Valverde, iba a llenarlo llegando, pero llegando como torrente, llegando como DANA por todos lados, desbordando entero al City.

En el 19, Courtois le hizo la del portero moderno a Guardiola y con la zurda la lanzó larga a Valverde, que salió desde su campo y superó a O’Reilly, que jugará de todo pero de lateral poco, con un control y luego a Donnarumma que salió como una loca con todas sus consonantes; a Valverde le quedaba un toque y apenas ángulo, pero la metió. Fue un golazo eterno de Champions, de los que se recuerdan toda la vida.

Quedaba mucho por ver y al poco, Vini contragolpeó y pasó a la espada de los centrales, donde rompió Valverde como nueve, con diagonal, control y zurdazo; y el control tuvo no sé qué giro de adecuación, como un ladear de cadera para reorientarse, uno de esos gestos únicos de acompasamiento que hace Valverde para perfilarse cuando aparece por el lado izquierdo y su biomecánica le pide un extra. Su disparo no es sólo percusión. También tiene una forma única de ir colocándose en carrera (ojalá ver a Valverde en radiografía, su juego esqueléticamente).

El 2-0 ya era cosa seria y el Madrid rompió a ser el Madrid, hubo un demarraje anímico y se vio que Thiago contagiaba con su correr desesperado.

Doku, que era la única amenaza, y más contra la delicadeza de Trent, recibió un 3 contra 1 que no habíamos visto en mucho tiempo.

La euforia es maravillosa, pero cuando la euforia se encadena... ¿así se siente una mujer multiorgásmica? ¿Es esto?

Antes del descanso, llegó sobre el éxtasis el rococó ya con una obra de arte. EL Madrid corría y cuando el contragolpe se aquietó en el área, llegó la pelota a Brahim que miniaturizó todo, al reducir el juego lo ensanchó de modo que todo volvía a ser contragolpe, sobre todo porque apareció por allí Valverde, el incontenible. Brahim achicó todo, se dejó rodear de un bosque de citizens y elevó para el expreso Valverde que a su llegar de Talgo añadió un control que era otra vez algo más, un control-sombrero muy fino, un toquecito suavísimo que eliminó al rival y le dejó la pelota a placer para encañonar a Donnarumma.


La jugada era uno de esos goles que no se cantan sino que se berrean, donde la gente dice mamita y dan saltos como locos porque necesitas darle al cuerpo margen para expresar... Pasan dos cosas: se asimila lo visto mientras se canta el gol. Se pierde la compostura.

Este gol eran dos toques. Con siete toques Valverde había marcado tres goles en medio tiempo dándole al Madrid todos los dientes.

En ese primer tiempo hubo otra actuación memorable. De otro signo. Mendy, que juega dos o tres partidos al año, había sido un secante tal que el City entero se amargó por esa banda. Mendy sale una vez o dos al año, como un Cristo o una Virgen, es como una rogativa o un coche de época que se saca muy poco porque se desvencija, pero es el arma secreta del Madrid. Mendy está para jugar tres ratos. Es el especialista. Mitad especialista, mitad talismán. El que lo renovó es un genio.

Tras el descanso salió Fran García, pero no sentimos miedo.

Hubo en el 46 una gran ocasión de Brahim y el realizador enfocó a Mbappé en el palco de jugadores. “Extremadamente distendido”, dijo el narrador. Hombre, como para estar tenso...

En esos minutos, cuando amainó el subidón, pudimos fijarnos en Thiago, en lo mucho que corre. Se parece a esos canteranos pequeños y enrabietados del Barcelona, pero sin que se le note tanto, y colabora en la salida de la pelota con un llegar y soltar. Ese movimiento parece sencillo, pero no lo hacía nadie. Nadie así. Corre mucho cuando no la tiene y cuando la tiene la suelta rápido y sin amasamientos. Ojo a esto: se desvive por tenerla para, cuando la tiene, no dar el coñazo. Esto es sublime. Porque sucedía lo contrario: tíos que no hacían nada por tenerla y cuando la tenían, soba que te soba... Thiago al peso, en segunda, es bueno, pero lo mismo, en Champions, es mejor. Le sucede como a las modelos. La top model va por la calle y es simplemente guapa hasta que la ve alguien, la pone en París y ya es otra cosa. Al jugador hay que imaginarlo allí. Hay que rodearlo mentalmente de cracks y de Champions.

Pero más allá de su juego, está la energía que transmite y que da vida a sus compañeros. Igual que los Modric y compañía se aprovecharon de los Camavingas, los Valverdes ahora se vuelven a electrificar con ellos.

El City no era ni la sombra... La Premier se dejó transformar por Pep y ahora Pep, el Guardiolismo, es ocupado por otra cosa. Es como si, en parte, Pep se hubiera cansado de sí mismo.

Quizás el único “pero” de la primera parte fue que Guler no consiguiera encontrar a Vinicius, cuando estaba colocado detrás para camelárselo como a Mbappé. Pues eso sucedió en la segunda parte, un pase con la derecha, muy largo, que dejo a Vinicius en un buen contragolpe que acabó en penalti de Donnarumma. Fue penalti pero a mí me pareció que si lo revisaban se lo quitaban. Y tuve un triste pensamiento: “Hughes, ¿algún penalti que han pitado a favor del Madrid en estos muchos años que llevas viendo partidos te ha parecido que no lo fuera? ¿Ha habido uno, uno solo, en el que tu objetividad se elevara sobre tu pasión y dijeras: a lo mejor no es penalti? Me entristecí ante mi fanatismo y entonces lo tuve claro: acababa de gafarle el penalti al Madrid con este pensamiento tan inoportuno. También colaboró Vinicius haciendo una paradiña gilipollesca en la que parecía querer imitar al cavallino rampante de Ferrari.

Este fallo creo que pesó mucho y el equipo se reorientó hacia mantener la puerta a cero, pues un 3-1 hubiera sido malísimo.

Entró Camavinga, Tchouameni anduvo un poco renqueante y hubo un gran susto cuando Thiago, en lo que mejor hacía, aliviar la salida de Courtois, la perdió. Fue un gran susto, como si se cayera un bebé que Courtois rescató con una de las paradas de su vida. Los compañeros mimaron mucho a Thiago tras el fallo.

Arbeloa demostró gusto y valor dando entrada a Mastantuono y Manuel Ángel (el cambio me emocionó) y también entró Carvajal, que ha desarrollado torso de paralímpico.

El Madrid le estaba ganando al City con Manuel Ángel. Los planos a Pep evidenciaban que se está convirtiendo en Zubizarreta, el Zubi de Savicevic además.

Manuel Ángel era como un 600 en la M-30 pero les sacó una amarilla, robó, y colaboró. Se dijo. Se dijo desde el principio. Se dijo estando Alonso. La temporada estaría en los canteranos de Arbeloa.



Tiempos muertos / por Carlos Bueno


'..Agilizar las lidias, eliminar tiempos muertos y ajustar la duración de las faenas permitiría devolverle al espectáculo parte de la intensidad que hoy se diluye. Se recuperaría el ritmo de la corrida, ese que mantiene al público pendiente del ruedo y que hace que todo tenga el peso dramático que merece..'

Tiempos muertos

Carlos Bueno
La emoción del toreo depende en gran medida de su intensidad. Sin embargo, muchas corridas actuales parecen haber perdido ese pulso vibrante que convierte cada instante en decisivo. Faenas excesivamente largas y numerosos tiempos muertos entre toro y toro diluyen el impacto del espectáculo y alargan innecesariamente festejos que, con un ritmo más ágil, ganarían en emoción, continuidad y rotundidad.

La tauromaquia, para ser plenamente emocionante, necesita intensidad. Su esencia más profunda reside en la concentración de emoción en un tiempo limitado, la sensación de que en cada instante puede suceder algo definitivo. El toreo alcanza su plenitud cuando es una sucesión de momentos cargados de verdad y de tensión. Sin embargo, en la actualidad esa intensidad parece diluirse con demasiada frecuencia por la excesiva duración de las faenas y los abundantes tiempos muertos que rompen el ritmo del espectáculo.

Cada vez es más habitual que los toreros prolonguen sus faenas más allá de lo que pide el toro y más allá de lo que necesita la emoción. Se insiste en series que ya no aportan novedad, se repiten los mismos muletazos cuando el argumento del animal ya está contado. Y lo que en un principio pudo tener hondura y belleza termina perdiendo impacto. La rotundidad reside en saber cerrar a tiempo, en rematar cuando la obra ha alcanzado su punto culminante.

Pero no es ese el único problema. También influyen los largos paréntesis que se producen entre los distintos momentos de la lidia. Una corrida de toros debería tener continuidad, un ritmo que mantenga al espectador dentro de la historia que se desarrolla en el ruedo. Cuando esa continuidad se rompe con pausas innecesarias, la atención del público se dispersa y la emoción se enfría.

Las primeras funciones de la actual feria de Fallas son un claro ejemplo. Ambas superaron las dos horas y media de duración. Y eso que la primera de ellas fue un festejo sin caballos. Resulta inevitable preguntarse hasta dónde se habría alargado la tarde de haber intervenido los picadores.

En la segunda función, mi compañero de localidad decidió cronometrar el tiempo que se pierde entre astado y astado. Entre el saludo final de cada matador tras su actuación y la salida del siguiente ejemplar transcurrían alrededor de tres minutos. A ello se sumaba aproximadamente otro minuto desde que abandonaban el ruedo los picadores hasta que comenzaba el tercio de banderillas. En total, más de cuatro minutos de pausa por cada animal.

Eso significa que cada festejo podría durar veinte minutos menos que no aportan absolutamente nada al desarrollo de la lidia ni a la emoción del espectáculo. Veinte minutos de vacío que únicamente sirven para romper el ritmo y para que el público desconecte.

Agilizar las lidias, eliminar tiempos muertos y ajustar la duración de las faenas permitiría devolverle al espectáculo parte de la intensidad que hoy se diluye. Se recuperaría el ritmo de la corrida, ese que mantiene al público pendiente del ruedo y que hace que todo tenga el peso dramático que merece.

Buscar esa intensidad sería deseable, necesario y, sin duda, muy de agradecer por parte de quienes acuden a la plaza esperando vivir la emoción irrepetible del toreo. Autoridades y profesionales deberían tomar cartas en el asunto y buscar soluciones.

Venezuela: ¿defender la libertad o el derecho internacional?


El primer criterio de valoración no puede ser el de saber si la soberanía estatal es respetada o vulnerada.

Venezuela: ¿defender la libertad o el derecho internacional?

Por Javier Ruiz Portella
Las políticas emprendidas desde hace un año por Donald Trump han modificado hasta tal punto el panorama internacional que han sumido a nuestra derecha soberanista en una incómoda situación.

Dicha incomodidad se condensa en una pregunta muy sencilla: ¿cómo pueden unas fuerzas que se definen soberanistas apoyar una agresión tan manifiesta a la soberanía nacional como es el cerco naval que Estados Unidos ha impuesto a Venezuela y que ha concluido con la captura de su jefe máximo? Y al revés. ¿Cómo podrían dichas fuerzas soberanistas no apoyar la política de Donald Trump? ¿Cómo podrían no aclamar una política que, desde el bastión originario de tales males, combate con ahínco los delirios woke, la globalización del mundo y el fomento de la invasión migratoria?

Un claro ejemplo de este dilema lo tenemos en la forma diametralmente opuesta en la que Marine le Pen y Éric Zemmour (representantes de las dos principales fuerzas soberanistas en Francia) han valorado la captura de Nicolás Maduro.

Marine le Pen empezó reconociendo todas las vilezas que abruman a un tirano de la calaña de Maduro. Su reconocimiento, sin embargo, era retórico (dos líneas más tarde se deshacía de él), pero vale la pena agradecérselo, pues no todas las voces que, atacando a Trump y a su indudable agresión, se han alzado en nuestras filas han reconocido el carácter despótico del régimen venezolano. Tampoco es que hayan defendido o ensalzado el chavismo; se han limitado a guardar un púdico y quiero suponer que incómodo silencio.

Después de haber reconocido las ignominias de Maduro, la presidente de Rassemblement national se ha dedicado a lamentar la caída del tiranozuelo, diciendo: «Había mil razones para condenar el régimen de Nicolás Maduro: comunista, oligárquico autoritario […]. Pero hay una razón fundamental para oponerse al cambio de régimen que Estados Unidos acaba de provocar en Venezuela. La soberanía de los Estados nunca es negociable, independientemente de su tamaño, su poder o el continente al que pertenezcan. Es inviolable y sagrada».

Todo lo contrario declaraba Éric Zemmour, quien afirmaba: «La captura de Maduro nos recuerda tres verdades: la fuerza nunca ha abandonado la geopolítica. Los blandengues y bonachones pueden guardar sus blandenguerías. No sirve de nada saltar en la silla como un cabrito gritando “soberanía”. El deber de un hombre de Estado es hacer de su país un país fuerte para que no sea atacado. La inmigración y la droga son guerras que nos son impuestas sin declaración previa. No es porque uno rechace la guerra que los demás no te la van a imponer».

¡Ay, la soberanía, la soberanía! Ha sido conculcada, la pobre. En realidad, lo conculcado por el ataque de Estados Unidos no ha sido la soberanía nacional (ninguna nación encarnaba o representaba el déspota Maduro, cuya derrota en las últimas elecciones fue abrumadora, aplastante). Lo que sí ha vulnerado dicho ataque es otra cosa: la soberanía estatal. También el derecho internacional, no cabe duda, se ha visto pisoteado. Ahora bien, ¿qué es ese espíritu leguleyo que invade a algunos de los nuestros? ¿Qué es ese formalismo jurídico consistente en colocar la ley y su letra por encima de la realidad, por encima del hambre, la cárcel y la muerte? ¡Y qué ley, por Dios! La ley de ese acartonado, fatuo, inoperante derecho internacional (cosa de ONUs y demás burocracias); un derecho que defiende la soberanía de cualquier Estado («El Estado, el monstruo más frío de todos los monstruos fríos», decía Nietzsche) sin que le importe lo más mínimo que el Estado en cuestión aplaste el bien común y la libertad de la nación que tiene sojuzgada.

Dos únicos principios

La libertad y el bien común. Es esto lo «sagrado», no el Estado como tal, no ese Estado al que, confundiéndolo con la nación, Marine le Pen le atribuye el carácter de sagrado, de inviolable. Sólo hay dos principios mayores, intangibles, innegociables: la libertad y el bien común. A ellos hay que añadir, se dirá, un tercer principio: el de la fuerza. Esa fuerza, en efecto, de la que alardea el Trump que, como señalaba Alain de Benoist (pero lo hacía para reprochárselo), «admira a los fuertes y desprecia a los débiles». No se puede desdeñar la fuerza, hay que contar con ella, con esa fuerza que hoy como ayer y como siempre es lo único que, en la confrontación con sus enemigos, sostiene a quienes están más cerca —pero nadie lo alcanzará del todo— de lo verdadero, lo bueno y lo bello, que decían los griegos. Que no nos duelan prendas en reconocerlo: quien sí se acerca a ello —por primera vez y a una distancia sideral de los sátrapas y patanes del Caribe; por primera vez y contrariamente a los actuales gobiernos europeos— es el gobierno de Donald Trump, cualesquiera que sean los errores que pueda cometer.

¿Qué es, en últimas, la tan traída y llevada inviolabilidad de la soberanía estatal? ¿Qué es, sino el principio más transgredido de todos, el principio en torno a cuya transgresión —invasiones, ataques, conquistas…— se ha organizado, desde que el mundo es mundo, la historia? Voluntad de poder, lo llamaba Nietzsche: el motor de la vida, la fuerza motriz de la historia. Voluntad de poder, anhelo de fuerza, ansia de grandeza con la que doblegar la iniquidad y la debilidad.

¿Perdón?, se preguntará el asombrado lector. ¿Doblegar la iniquidad, dice usted? Se comprende lo de que la fuerza doblegue la debilidad, pero… ¿la iniquidad? ¿No son incontables los casos de Estados inicuos, totalitarios incluso, cuya mayor fuerza les ha permitido doblegar a otros más débiles pero no enfangados en lo vil e inicuo? ¿Acaso, y por poner un ejemplo, no fue la fuerza de los ejércitos soviéticos lo que doblegó a la Hungría resistente de 1956, a la Checoslovaquia de 1968 y al conjunto de los «países satélites»?

Por supuesto que fue la fuerza lo que los doblegó; por supuesto que en tales casos —en todos, en realidad— la fuerza, esa mera cuestión fáctica, no debe constituir el criterio primero con el que valorar a los contendientes. Ahora bien, el primer criterio de valoración tampoco puede ser el de saber si la soberanía estatal es respetada o vulnerada. El único criterio debe consistir en ir al fondo de las cosas y, olvidándonos de formalismos jurídicos, determinar cuál de los contendientes está más cerca o más lejos de lo verdadero, lo justo y lo bello.

¡Ah!, exclamará de nuevo el mismo lector. Pero esto implica que existe entonces algo como una Verdad firme, indiscutible, a la que atenerse y respetar. ¡Por supuesto! Por supuesto que existe la Verdad, al igual que existe el error (otra cosa es que a quienes caen en él se les reconozca el derecho a defender su equivocación).

¿En qué consiste, entonces, seguirá preguntando el lector, lo verdadero y lo justo, hoy y aquí entre nosotros? No vamos a repetirlo una vez más. De sobra lo sabe el lector de unas páginas que, como éstas, no hacen sino defender constantemente dicha verdad. Negar la existencia de ésta, diluirla en un mar de opiniones y verdades variopintas y contradictorias; pretender que sólo es justo y verdadero lo que, en medio de dicho mar, es decidido por la mayoría (suponiendo que sea ella quien en realidad decide); pretender, en fin, que todo vale, que todo es lícito con tal de que se respete la ley formal, tal es la gran disolución que promueve el democratismo junto con el buenismo y el espíritu leguleyo que le están íntimamente asociados.

Huyamos de ello. Apostemos y luchemos por lo verdadero, lo justo y lo bello (sí, también por lo bello, también por la belleza con la que extirpar la fealdad que ensombrece hoy al mundo). Y si la desfachatez y la incuria de las oligarquías, más la impotencia de los pueblos de Hispanoamérica dificulta o impide que éstos se liberen por sí mismos (pero hay excepciones: la más notoria, la de Bukele en El Salvador), sólo queda entonces una posibilidad: alegrarse —como se alegran los millones de exiliados, los miles de presos políticos y las masas hambrientas de Venezuela— de la intervención que, efectuada desde el exterior, les habrá permitido liberarse del sátrapa que los sojuzgaba.

El precio que tocará pagar

La intervención norteamericana no será gratuita, ni que decir tiene. La benevolencia y la filantropía no caracterizan ni tienen por qué caracterizar la acción política. Las grandes compañías estadounidenses sacarán suculenta tajada de los cientos de miles de millones de dólares que deberán invertir para poner a flote la devastada industria petrolera de Venezuela. El régimen que se consolide en los próximos meses o años tampoco será el que uno desearía; pero no hay color —la distancia es infinita— entre lo que vaya a ser dicho régimen y lo que ha sido la tiranía que obligaba al exilio, encarcelaba a los oponentes y sumía en la miseria al país en cuyo subsuelo yacen las mayores riquezas de toda América.

Siempre, en todas partes ocurre lo mismo cuando se implanta el «socialismo real». No contento éste con sumir al país en una negra noche de opresión, lo hunde también en la miseria, lo deja devastado, por más próspero y floreciente que haya sido. Como lo era Cuba, el país más adelantado, la economía más boyante de toda Hispanoamérica[1], hasta que llegó la revolución castrista y lo convirtió en el país más mísero del continente. Sólo Haití lo supera hoy en esta desdichada clasificación.

Han sido heroicos los diversos intentos que el pueblo cubano ha emprendido de cara a liberarse. Pero como, por desgracia, dichos intentos han fracasado, sólo queda una posibilidad: esperar —quiéranlo los dioses— que el poderoso vecino del norte tenga a bien vulnerar, como en Venezuela, la soberanía del Estado cubano.

[1] Sólo un ejemplo: la televisión y el aire acondicionado llegaron a Cuba antes que a los mismísimos Estados Unidos.

miércoles, 11 de marzo de 2026

La gira del Planeta / por HUGHES


'..Es impresionante (y ya lo he vuelto a hacer: impre(sion)ante) lo de los medios con Vox. No es que se tomen días libres en su empeño contra Abascal, pero cuando entramos en la última semana electoral de lo que sea, el ritmo es de mascletà: pim, pam, pum, papum, racatapum..'

La gira del Planeta
HUGHES
Es impresionante (y ya lo he vuelto a hacer: impre(sion)ante) lo de los medios con Vox. No es que se tomen días libres en su empeño contra Abascal, pero cuando entramos en la última semana electoral de lo que sea, el ritmo es de mascletà: pim, pam, pum, papum, racatapum.

Ahora han empezado a investigar a las parejas, aunque sean políticas con décadas de experiencia, los puestos de libre designación y los incrementos retributivos; hay gente estudiando ahora mismo unos papeles con celo de Watergate y se intuye una organización porque no hay día sin «bomba».

Cada ex de Vox, por irse, se convierte en persona liberal y decente, y le dan un welcome pack en la sociedad de los bien vistos y un paseo o ruta organizado por los medios: una noticia en un digital, un perfil en otro, una entrevista con Alsina, otra con Herrera, un Onda Madrid, un Cuatro, un RNE, y vuelta a empezar…

Los que se van de Vox parecen escritores famosos presentando un libro. Yo creo que Pérez Reverte se va a poner celoso y hasta me parece que los periodistas del centroderecha publican menos, han parado un poco para dejar espacio a los ex de Vox, que son como Terenci Moix haciendo la gira del Premio Planeta para tirarle pellizcos a Abascal y denunciar lo que ellos mismos defendían con ardor guerrero hasta el día anterior.

Un caso superior y digno de asombro es el de Espinosa y su asociación, que organiza unos actos públicos para la presentación de informes, como si fueran los del Banco de España. ¡Pues también los informes salen!

Una cosa curiosa es que los scoops cojos contra Vox son jaleados por los propios periodistas de investigación, o sea, cajoneros, que forman una especie de peña y celebran con risotadas u onomatopeyas las revelaciones del compañero. Demuestran ganas. Ganas de Madrid con ganas.

El panorama es insólito y un poquito asfixiante. No se ha visto en la política española, y (creo necesario repetirlo) se replica de otra forma en las redes sociales a través de otro tipo de actores menos respetables o quizás igual de respetables, pero en una dimensión distinta, locoide y marginal, para otro público. Todos los caminos conducen a Roma. A lo mismo. A un asedio desde dentro del sistema y desde los que se dicen fuera. Sin embargo, el escándalo es Santaolalla y la disidencia Prada.

El efecto general, creo, puede afectar al ánimo. Pero podría ser que en el partido surgiera una cierta mentalidad paranoica inevitable que acabara perfeccionando la organización, como se fortalece todo lo que crece en un entorno hostil, y que arraigara en sus votantes una fidelidad inquebrantable.

Pasean por los medios, en sincronizada rotación, Cercas, del Val, Sonsoles Ónega y Uclés con su gorrita… pero no, fíjense bien, son los ex de Vox dando cada día una nueva entrevista, contando su libro, que es siempre el mismo libro.

Las cloacas del 11-M: Libro de Ignacio López Bru

Tren de Cercanías en la estación de Atocha el 11 de marzo de 2004

Aquellas bombas tuvieron unos efectos que
 nos acompañarán a todos mientras vivamos

'El 11 de marzo o la apoteosis de la traición'

¿Quién puso las bombas en los trenes de Madrid el 11 de Marzo de 2004? ¿Sabemos cuál fue el explosivo utilizado? ¿De dónde vino la mochila de Vallecas? ¿Estaban muertos los suicidas de Leganés? ¿Quién fue el autor intelectual del 11-M?

Pasan los años y los españoles seguimos sin saber nada de lo que ocurrió en aquellos terribles atentados. Y eso se lo debemos a que todos los poderes del Estado, sin excepción, han hecho lo indecible para que no trasluzca nada de la verdad del 11-M.

Siguiendo la estela de los pocos investigadores y medios de comunicación que se han atrevido a desafiar a un poder que ha impuesto, bajo amenaza y persecución, una falsa Versión Oficial de los hechos, Ignacio López Brú acomete en este trabajo una profunda investigación crítica sobre la instrucción y el juicio del 11-M. Con valentía y argumentación contrastada, y con los datos disponibles hasta la fecha, el autor va desmontando una por una todas las falacias en las que se ha sustentado la Versión Oficial, mientras expone, con una visión cronológica, lo que ha supuesto el 11-M, y otros hechos oscuros de nuestro pasado como el 23-F, en la construcción de un Nuevo Régimen que amenaza con acabar con la nación más antigua de Europa.

En ese sentido, el libro que tiene el lector entre las manos es también un ensayo de historia, o mejor, de “intrahistoria”, porque trata de comprender lo que subyace debajo de los acontecimientos que han determinado la situación terminal en que se encuentra España, en la que quizás haya jugado el papel más decisivo ese gran desconocido, las Cloacas del Estado.