la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

miércoles, 4 de noviembre de 2026

Envidia igualitaria, izquierda y derecha / por Alejandro Macarrón

Ilustración: retrato de Gonzalo Fernández de la Mora, óleo de Ricardo Macarrón

“La violencia de la izquierda no es una “protesta”. Es una revuelta de lo peor contra lo mejor. Es la pataleta de los débiles, los mediocres y los cobardes contra los fuertes, los capaces y los buenos. Son aquellos que no saben construir, crear ni lograr nada grande… y por eso deciden vengarse del mundo destruyendo lo que otros levantaron con esfuerzo, talento y visión. Eso es el izquierdismo radical en su esencia más pura. Da igual la etiqueta del momento: anticapitalista, antiimperialista, comunista, anarquista, marxista, progresista o activista climático. El ADN es siempre el mismo. Es resentimiento venenoso disfrazado de justicia social. Es envidia podrida maquillada de igualdad”.

(Marco Rubio, Secretario de Estado de los Estados Unidos de América)

Envidia igualitaria, izquierda y derecha

Fernández de la Mora nos muestra lo que dijeron sobre la envidia los más grandes pensadores de la humanidad en los últimos 2.500 años

Alejandro Macarrón
Sekotia, con patrocinio de Centro Diego de Covarrubias, acaba de reeditar La envidia igualitaria, de Gonzalo Fernández de la Mora. Es un libro esencial para entender por qué la envidia de los inferiores se plasma en la política contemporánea en ideologías igualitaristas, hostiles a la excelencia y la verdadera justicia social: que le vaya mejor a quien se esfuerza limpiamente y con acierto; que no le vaya bien a quien quiera vivir a costa de los demás gracias al Estado sin estar impedido para trabajar; o que el sexo de los aspirantes a un cargo público o a consejero de una empresa no sea un mérito relevante para lograrlo. Y por qué la fobia al éxito lastra la prosperidad y la libertad en las sociedades en que se impone. Antes de exponer con su elegante prosa todo eso, Fernández de la Mora nos regala en esta obra excepcional un completísimo análisis crítico de lo que dijeron sobre la envidia los más grandes pensadores de la humanidad en los últimos 2.500 años, producto de una ingente labor de investigación en los escritos que nos legaron centenares de grandes figuras históricas. Y remata su ensayo con un elaborado elogio de la desigualdad creadora y la jerarquía basada en el mérito, y con sensatas propuestas para combatir la envidia y sus efectos, como trocar en fecunda emulación la destructiva envidia (es destructiva socialmente, y lesiva para quien la padece), o desarrollar al máximo los talentos propios, de los que nadie carece.

Entre los pecados capitales, la envidia (“la tristeza por el bien ajeno”, para Aristóteles) es el único que no es productivo para el pecador. Solo le causa sufrimiento, con el daño moral adicional de incitarle a desear el mal ajeno, y no pocas veces, a procurarlo. En palabras de San Juan Crisóstomo, “el fornicador puede excusarse con el pretexto del instinto; el ladrón, de la pobreza; el homicida, con el de la ira… pero el envidioso no tiene excusa alguna”. Por eso, no es extraño que, como señaló Plutarco, nadie diga que es envidioso: “Entre los desórdenes del alma, la envidia es el único inconfesable”.

El libro está repleto de frases dignas de ser enmarcadas.

“La deletérea envidia igualitaria dicta las páginas oscuras de la Historia; la jerárquica emulación creadora escribe las de esplendor”

“Un enmascaramiento muy actual de la envidia colectiva es la llamada justicia social, partiendo de la base de que una sociedad es tanto más justa cuanto más iguales son sus miembros en preparación, posición y patrimonio. Se parte de que quienes están en mejor posición social son explotadores inicuos, y los que están en inferioridad son explotados inocentes. Para el envidioso esto es música celestial: ahora el mejor es peor, y el peor, mejor. Y como corolario, hay que expropiar al superior y distribuir los bienes entre los inferiores”

Para Fernández de la Mora, como para Baltasar Gracián, Montesquieu, Stuart Mill, Menéndez Pidal o Marañón, la envidia es el pecado capital de los españoles. Mucho más modestamente, a comienzos de los años 70, siendo yo un niño, le pregunté a mi padre, que viajaba mucho por trabajo a Alemania –mucho más adelantada y rica que España entonces– si los alemanes eran más inteligentes que los españoles. Me respondió: “yo no observo eso, no creo que sean más listos. Pero sí que los alemanes aceptan de buen grado que les mande alguien más inteligente que ellos, y los españoles, no”. Los envidiosos son enemigos de quienes tienen mérito, y sin premio al mérito y a la excelencia, hay muchos menos éxitos que cuando sí lo hay, a todos los niveles sociales.

Tras el fracaso total y sangriento del comunismo, los mediocres resultados de la socialdemocracia pasada de vueltas –como en la Europa actual, mucho menos dinámica que la de hace 50 – 60 años–, y el colosal éxito del capitalismo en erradicar la pobreza en Occidente, sin la envidia igualitaria, y la posibilidad de llegar al poder estimulándola en amplias capas de la sociedad, la izquierda clásica (cuya esencia es: “los inferiores lo son por culpa de los superiores. Hay que expropiarlos de una u otra forma”) ya no tendría razón de ser. Pero sigue más o menos tan fuerte como siempre. Tras 40 años de franquismo, en 1977, pese a que la renta per cápita de los españoles se multiplicó por 3,1 en relación a 1935 y la esperanza de vida aumentó más de 20 años (y más aún la de los pobres), los españoles votaron más o menos como en la República: la mitad, a la izquierda. 

Como una amplia mayoría de los votantes de izquierda en 1936 y 1977 eran de la media España con menos nivel económico, pero los zurdos de 1977 tenían en promedio mucho más nivel de renta y esperanza de vida que el derechista medio en 1936 (y encima una amplia mayoría de los rojos de 1977 vivían en una casa regalada o semi-regalada por el franquismo), es evidente que en su inmensa mayoría no eran de izquierdas por su nivel absoluto de riqueza, sino por el relativo. O sea, mayormente por envidia social. Tras ocho años con Aznar, entre buenos y excelentes para la economía, en los que el paro bajó del 22% de 1996 al 11% –su nivel menor desde 1980–, las cuentas públicas mejoraron muchísimo, los impuestos bajaron sensiblemente y la bolsa subió 114%, bastó el 11-M y su pésima gestión comunicativa por el gobierno saliente para que la izquierda volviera al poder, al mando de un amante de las joyas de nula valía intelectual y moral. Y tras la calamitosa gestión de Zapatero, que dejó España quebrada y con tasas de paro estratosféricas, sólo siete años después, con una economía en mucho mejor estado tras el gobierno de Rajoy, la izquierda volvió a ganar elecciones generales con Sánchez y Podemos.


Procurar que mejore el 50% de la sociedad que está peor, y no digamos el 20% – 25% inferior de esa mitad, es un empeño justo y nobilísimo. Hacerlo estimulando la envidia igualitaria y dañando a los mejores, visto lo ocurrido desde hace más de 100 años allí donde ha gobernado la izquierda radical, es necio y maligno. Pero la izquierda, con mutaciones en el foco de quiénes son oprimidos / víctimas y quiénes sus opresores, sigue muy pujante en todo Occidente, porque la derecha elude la batalla cultural contra la gran fuerza basal de su oponente, la envidia, y cree que con una buena gestión de la economía es suficiente. No es así. La izquierda se nutre electoralmente una y otra vez con ideas tan falaces y dañinas como “que paguen muchos más impuestos los ricos y habrá para todos”; “el problema de la vivienda es por los grandes tenedores y los fondos buitre. Desahuciar a quien no paga el alquiler o la hipoteca es inmoral”; “como todo somos iguales, los hombres predominan en los puestos directivos en las empresas y la política porque son malos. En cambio, todas las mujeres son buenas”; “los blancos copan los mejores puestos en EEUU de forma injusta”; etc.

Por ello, si la derecha quiere ganar de forma estructural la batalla cultural contra la izquierda, en beneficio de toda la sociedad, el combate explícito a la envidia igualitaria debería estar en primer plano –con él llegó Javier Milei al poder–, con un triple mensaje:

-La envidia perjudica de forma directa al envidioso que la sufre, y la emulación creadora y desarrollar los propios talentos nos elevan y dan más felicidad a todos.

-La envidia igualitaria perjudica a toda la sociedad, y la meritocracia beneficia a todos. Si se castiga el mérito, habrá mucha menos excelencia.

-La envidia igualitaria, al dañar tanto la economía, perjudica especialmente a los que tienen menos recursos, que seguirán estando abajo, con más dificultades de ascenso social, peores sueldos, menos empleabilidad y peor acceso a la vivienda, con un Estado con menos capacidad económica para dar buenas prestaciones. Y las cuotas de sexo en puestos importantes, meritofóbicas, quitando a esa ínfima minoría directamente beneficiada, nos perjudican a todos los demás, mujeres de a pie incluidas.

La envidia igualitaria de Fernández de la Mora es lectura óptima para entender mejor los efectos envilecedores de la envidia en los que sucumben a ella –¿quién no siente la tentación de caer en ella en ocasiones?–, su daño a las sociedades y cómo combatirla. También lo sería para la formación integral de los adolescentes en todo el mundo, pensando en la mejora de los países y la felicidad humana. Y más en España, por padecer de forma más intensa este mal inconfesable.

martes, 3 de noviembre de 2026

Final de la Liga Nacional de Novilladas 2026. ¡Que bien ha estado Manuel Quintana y sus compañeros..! / por José María Portillo Fabra

Sanlúcar de Barrameda (Cádiz). Domingo, 1 de noviembre de 2026. Gran final de la Liga Nacional de Novilladas. Novillos de Fuente Ymbro. Sergio Rollón. Marco Polope. Manuel Quintana. Jorge Oliva. Pepe Martínez.

Manuel Quintana

'..Lolo Quintana lleva dentro la Tauromaquia de siempre, tiene una inteligencia que no es corriente y no se ha contagiado de las nuevas formas del toreo, sino que lo práctica con una pureza y personalidad que no son las habituales ahora..'

Ha vuelto a impresionar la actuación de Manuel Quintana en la Final de los Novilleros con Picadores patrocinada por la Fundación Toro de Lidia. Lolo Quintana tiene una gran personalidad, al estilo de los años 60, la Década Prodigiosa del Toreo, y está vez impresionó con un novillo difícil, como los que salían entonces. La fortuna le volvió la espalda en la suerte suprema, uno de sus fuertes. Pero ahí quedaron su galleo por chicuelinas, su toreo con la zurda y con la diestra, sus recortes y su torería en remates, en desplantes y su capacidad para improvisar. Y es que Lolo Quintana lleva dentro la Tauromaquia de siempre, tiene una inteligencia que no es corriente y no se ha contagiado de las nuevas formas del toreo, sino que lo práctica con una pureza y personalidad que no son las habituales ahora.

Sergio Rollón

También, y es justicia decirlo, ¡qué bien han estado los compañeros! Me alegro de que el elegido para el trofeo haya sido Sergio Rollón, de Ávila. El año pasado recibió la cornada quizá más grave de la temporada, en el triángulo de scarpa (que antes se llamaba "triángulo de los toreros" por la peligrosidad de las heridas en dicha zona). Resultaron atravesadas por el pitón la vena y la arteria femoral, y Sergio salvó la vida por el rápido traslado en helicóptero a Madrid. Hoy Sergio Rollón ha estado como si no hubiera sufrido aquella cornada. El novillo de Fuente Ymbro fue un bombón y la faena, perfecta, aunque sobraron los circulares al revés, pero el inicio y el final del trasteo, ambos de toreo moderno, fueron muy importantes.

Mario Polope tiene una figura fisica que sugiere la de Manolete. Torea muy erguido y con mucho temple y tiene personalidad. Por eso, con esas cualidades, rematar la faena por luquecinas no vino a cuento. Lo suyo son las manoletinas, logicamente.

Jorge Oliva es un torero de impacto, que evoca sin querer a Víctor Mendes, aunque Jorge sea segoviano.

Su tercio de banderillas, aunque un par le resultó fallido, es de los que se recuerdan, porque se pone muy en cortó y clava en la misma cara. Con la muleta es de una serenidad y una sangre fría que asustan. Su novillo-toro parecia más bien un toro. Lo miraba siempre entre pase y pase por el pitón izquierdo, hasta que le echó mano con violencia. Se basó por tanto la faena en el lado derecho,

que tampoco era bueno, pero dominó tanto al novillo, y como además Jorge es listo, terminó toreando en plan fino. No conforme, volvió al pitón zurdo, tragando arreones. Por si fuera poco, remató con manoletinas muy lentas. De un estoconazo sin puntilla remató Jorge Oliva su labor.

Cerró plaza Pepe Martínez, que hizo honor con su actuación al nombre que lleva, nada menos que el mismo que el histórico maestro Limeño.

Supongo que agobiado por lo que habían hecho sus compañeros, este Pepe Martínez se fue a portagayola y al llegar el novillo a jurisdicción, sufrió un extraño desequilibrio que le hizo caer en la cara del novillo en el mismo momento en el que éste la metía en el capote. Un arrollón y un golpe muy fuerte en la orbita del ojo izquierdo. Le lavaron la cara, y casi inconsciente, en seguida se volvió a plantar de rodillas para dar un farol y ya de pié, lances hasta los medios. Y después con la muleta, Pepe Martínez compuso una faena completa por los dos pitones, que remato de una estocada.

En definitiva, esta Final Nacional de Novilleros fue un muy buen espectáculo, al que contribuyeron los cinco novillos de Fuente Ymbro, desiguales de presentación y juego, como debe ser si se quiere que el toreo sea un espectáculo y no un aburrimiento. Enhorabuena a Ricardo Gallardo, porque todos los actuantes cortaron orejas.

Con la nación estremecida por las desgracias que no es necesario recordar, Sergio Rollón, Lolo Quintana y Jorge Oliva brindaron en los microfonos a todos los fallecidos y heridos en los accidentes, así como a sus familiares. Jorge Oliva, además, Amplió el brindis a Antonio Vázquez, hermano de Curro, y al maestro Andrés Hernando. Polope no brindó, pero llevaba un lazo negro en la chaquetilla.

Y es que como diría un famoso escritor, el dios de la lluvia llora sobre España.


Plaza de toros de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz). Domingo, 1 de noviembre de 2026. Gran final de la Liga Nacional de Novilladas. Novillos de Fuente Ymbro.

Sergio Rollón: dos orejas.
Marco Polope: oreja.
Manuel Quintana: oreja.
Jorge Oliva: dos orejas.
Pepe Martínez: dos orejas.

Manuel Quintana

-José María Portillo Fabra, de Tertulia Taurina "El Castoreño", y Círculo Taurino de Córdoba

Tragedia ferroviaria: Palabras de Liliana Sáenz, la joven que perdió a su madre en Adamuz


'..Señor ministro, llevo nueve meses soportando su ego y su soberbia. Nueve meses sumida en la incredulidad de verlo bromear, hacer demagogia o tratar con frivolidad algo tan duro como lo que estamos pasando y que van a pasar ahora tantas familias más…'

Palabras de Liliana Sáenz, la joven que perdió a su madre en Adamuz:

Si yo tuviera la fuerza que tenía mi madre ahora estaría en Toledo, aunque sólo fuera para dar abrazos y consuelo… pero entonces volvería a romperme por dentro.

Si yo tuviera la entrega que tenía mi madre ahora estaría en Toledo y en cada uno de esos abrazos les diría que se dejen arropar, que se agarren al calor que ahora se les ofrece hasta que puedan empezar a agarrarse a los recuerdos y al amor que nos dejan… pero entonces yo soltaría los recuerdos que a mí me sostienen…

Si yo tuviera la honestidad que tenía mi madre ahora estaría en Toledo… para anticiparles lo que les espera, pues ya nunca serán los mismos y deberán aprender a vivir como esa persona en la que se han convertido desde el mismo instante en el que recibieron esa fatídica llamada… pero entonces yo me empezaría a alejar de la que ahora soy…

Si yo tuviera el corazón tan lleno de Dios como lo tenía mi madre ahora estaría en Toledo con mi rosario, para que pudieran sentir el amor más grande que puede existir… pero entonces volverían a tambalearse los cimientos de mi propia fe.

Y si yo tuviera el sentido de la justicia que tenía mi madre, de Toledo me iría a Madrid… para gritar con toda mi alma y con la suya, que ahora vive en mí, que ¡BASTA YA!

Señor ministro, si usted quiere dar la cara, empiece por escucharnos… Ya se lo dije una vez, hace nueve meses, y desgraciadamente mis palabras vuelven ahora a tener sentido.

Mi vida se paró el 18 de enero de 2026, a las 19:45. Desde entonces vivo al borde de un abismo llamado dolor. Un dolor que me atraviesa el alma cada vez que veo que usted sigue con su vida sin haber perdido nada más que algunas horas de sueño.

Un dolor que está empezando a convertirse en odio, un odio que prometí que no crecería en la rabia, pero que es imposible no sentir en esta impotencia que me invade cuando veo que volverá a hacerlo…

Usted no puede seguir con su vida como si no pasara nada mientras una chica guarda el traje de novia que nunca se pondrá y otra lo hará sin que su padre la lleve al altar.

Usted no puede seguir con su vida como si no pasara nada mientras empiecen a amarillear sobre la mesa apuntes, planos o informes que nadie se atreverá a quitar por miedo a que esto sea más real…

Usted no puede seguir con su vida como si no pasara nada mientras haya niños llorando porque no entienden por qué no ha vuelto su madre…

Usted no puede seguir su vida sin perder nada con todo lo que hemos perdido tantas familias españolas… Créame, si pudiera, se lo cambiaba… Usted se queda sin madre y yo sin trabajo…

Usted no puede seguir aplaudido por los que lo ven como el mejor ministro que hemos tenido, cuando en nueve meses hemos perdido a más de cien de los mejores médicos, enfermeros, periodistas, políticos, deportistas, militares, empresarios, maquinistas… o, simplemente, los mejores para alguien.

Usted no puede seguir construyendo vías mientras la sangre de nuestras familias sigue derramada sobre ellas…

Y usted no puede decir que el tren atraviesa el mejor momento de su historia teniendo a sus espaldas dos de los mayores accidentes de su historia…

Señor ministro, llevo nueve meses soportando su ego y su soberbia. Nueve meses sumida en la incredulidad de verlo bromear, hacer demagogia o tratar con frivolidad algo tan duro como lo que estamos pasando y que van a pasar ahora tantas familias más…

Si usted quiere dar la cara, empiece por escucharnos….

LAS FAMILIAS LE PEDIMOS QUE SE VAYA…

YO LE PIDO QUE SE VAYA.

Por dignidad, por empatía, por ahorrarnos dolor…coja sus cosas y váyase a abrazar a su familia, vaya que mañana se suban a un tren….

El tren que todos debemos coger / por Carlos Bueno

'..En el toreo, un tren perdido puede significar una carrera que no despega; en la vida, una oportunidad que no vuelve. Pero ningún pasajero debería morir porque la incompetencia de otros haya convertido su tren en el equivocado..'

CAPOTAZO LARGO
El tren que todos debemos coger

Por Carlos Bueno
Antonio Vázquez, hermano del diestro Curro Vázquez y apoderado del torero Pablo Aguado, ha muerto en el trágico accidente ferroviario ocurrido en Urda el pasado 28 de octubre. Antonio es uno de los 69 fallecidos que, hasta el momento, se ha cobrado el siniestro. Detrás de cada uno hay una historia truncada, una familia rota que, como todas las familias del resto de víctimas, se lamenta de que hubiera cogido ese tren y no el anterior o el posterior.

No hay consuelo para quienes han perdido a un ser querido. Tampoco hay marcha atrás. La vida no admite rectificaciones ni permite regresar al instante en que todo pudo ser diferente. Una decisión, un segundo basta para separar la normalidad de la tragedia, el futuro imaginado de un vacío imposible de llenar. Hay que convivir con lo irreparable, aceptar lo que no podemos cambiar y encontrar fuerzas para seguir adelante.

En la vida hay trenes que pasan una sola vez. Los toreros lo saben bien. Muchos tienen señalado en el calendario una fecha, una plaza, una tarde en la que se juegan mucho más que un triunfo. Es el día de dar el aldabonazo, de abrir una puerta hasta entonces cerrada, de cambiar el rumbo de una carrera. Hay oportunidades que no regresan y trenes que no esperan. Por eso hay que cogerlos, aun a riesgo de equivocarse, porque quedarse en el andén también puede significar perder el futuro.

Pero el destino tiene sus propias reglas, a veces incomprensibles y despiadadas. Antonio Vázquez cogió el tren que había elegido, como tantos otros pasajeros que aquel día emprendieron un viaje sin imaginar que no llegarían a su destino. No existe explicación capaz de aliviar el dolor de sus familias. Sólo la certeza de que nadie puede vivir permanentemente preguntándose qué habría sucedido si se hubiera tomado otra elección.

Pero aceptar lo inevitable no significa resignarse ante lo que se puede evitar. Por eso ahora toca aprender de los errores para garantizar la seguridad de los viajes y que no vuelvan a producirse fatalidades. Toca esclarecer los hechos, conocer la verdad y explicar con transparencia qué ocurrió y por qué. Toca huir de las falsedades, investigar hasta el final y depurar responsabilidades. Toca que los ineptos dimitan y paguen por su incapacidad y su negligencia. Porque la responsabilidad pública exige algo más que lamentaciones y palabras de pesar; exige rendir cuentas y justicia.

Ni Antonio ni ninguna de las demás víctimas podrán coger otro tren. La vida seguirá pasando sus estaciones y todos tendremos, tarde o temprano, un tren al que subir. Algunos nos conducirán hacia una oportunidad; otros marcarán nuestro destino. Hay que subir, porque vivir también consiste en asumir riesgos y aceptar que no siempre podemos controlar el resultado.

Lo que nunca deberíamos aceptar es que alguien pierda la vida porque quienes debían velar por la seguridad ferroviaria y evitar tragedias no estuvieron a la altura. En el toreo, un tren perdido puede significar una carrera que no despega; en la vida, una oportunidad que no vuelve. Pero ningún pasajero debería morir porque la incompetencia de otros haya convertido su tren en el equivocado.

Son monos, pero sobre todo hienas / por Juan Manuel de Prada


'..La hecatombe de Urda nos ha probado que Puente puede comportarse como un chimpancé; pues sólo un mono hace algo tan impío como sacar provecho de un muerto..'

Son monos, pero sobre todo hienas

Por Juan Manuel de Prada
Nunca me han complacido esos comentarios jocosos que comparan al ministrillo Puente con un mono. Tal vez el hombre no tenga la apostura de Adonis, ni tampoco los dulces modales de Néstor; pero quienes sean Adonis o Néstor redivivos que tiren la primera piedra. Además, se puede ser animal, o siquiera medio animal, y sin embargo ser un dechado de cortesía, como prueba el centauro Quirón. Pero finalmente he tenido que aceptar que Puente es, en efecto, un mono; y no por falta de apostura, ni por sus groserías e intemperancias tuiteras (indignas de un hombre que ocupa tan alta magistratura), sino por la vileza que acaba de consumar, tras la hecatombe de Urda.

Señalaba Chesterton, burlándose de las patrañas darwinistas, que pretender hacer al hombre descendiente del mono era por completo absurdo. Pues lo que hace distintivo al hombre, lo que define su aparición sobre la faz de la Tierra es el respeto reverencial a los muertos. No hay, no ha habido ni habrá ningún mono evolucionado que entierre a sus congéneres muertos, que rece por ellos, que los honre y les tribute homenajes; en cambio, es propio de los monos dejar que sus congéneres muertos se pudran a la intemperie sin enterrarlos, y hasta se han conocido casos en los que los han devorado: los mandriles, por ejemplo, y también los orangutanes, devoran a sus crías cuando mueren; y los chimpancés atacan a los grupos rivales, matan sus crías y vejan sus cadáveres, los desgarran y pisotean, los descuartizan y también, si se tercia, se los zampan.

Sólo en los crepúsculos de la Historia, cuando la barbarie estalla como un volcán, hombres como monos profanan los cadáveres, los vejan, los exhiben y les sacan provecho; un retroceso civilizatorio (un retroceso de especie, en realidad) que provoca repulsa y horror. La hecatombe de Urda nos ha probado que Puente puede comportarse como un mandril, orangután o chimpancé; pues sólo un mono hace algo tan impío como sacar provecho de un muerto. Para desviar la atención de su flagrante responsabilidad en la hecatombe (que tal vez sea algo más que pura ‘responsabilidad política’), Puente no ha tenido empacho en señalar como culpable a un empleado de Adif, un controlador del tráfico ferroviario, filtrando a un medio lacayo (después de haberlas seleccionado) sus conversaciones con los maquinistas de los trenes siniestrados; uno de ellos, por cierto, fallecido en el siniestro. No sé qué epíteto puede emplearse para calificar la utilización de las víctimas de una hecatombe para tratar de desviar las responsabilidades propias sobre un trabajador: creo que ‘protervo’ –que a mí tanto me gusta utilizar– se queda corto; pero tal vez ‘nefario’ podría aproximarse bastante, porque en las fechorías de estos monstruos hay siempre un fondo de impiedad, de sacrilegio, de transgresión de las leyes divinas.

No es mera vileza, no es abyección ni maldad, es una iniquidad propiamente diabólica señalar en estas circunstancias a un trabajador, sirviéndose además del testimonio manipulado de un muerto. Hasta en los hombres más indignos y depravados, cuando hay cadáveres de por medio, se aplaca la cólera, enmudecen los reproches, se detiene el ansia justiciera, porque «la muerte todo lo calla»; pero esta gentuza, poseída por los satanes más bajos, no sólo no calla ante los muertos, sino que utiliza su testimonio manipulado para estigmatizar a un trabajador, sirviéndose de un medio lacayo que se rebaja a divulgar mercancía tan putrefacta. No negaremos que el ministrillo Puente sea un mandril, orangután o chimpancé; pero hace falta también ser una hiena para incurrir en una ruindad tan abominable. Pues, aun suponiendo que ese controlador ferroviario hubiese cometido por negligencia un error, lo cierto es que, en los trenes de alta velocidad, la seguridad recae en sistemas electrónicos diseñados para evitar colisiones, incluso ante errores humanos. La propia página web del Ministerio de Transportes proclama ‘urbi et orbi’ que los sistemas de control de nuestra red ferroviaria «están diseñados de forma que, aunque se produjera un error humano, se garantizaría la seguridad».

Es propiamente satánico urdir semejante trapacería (¡culpando a un trabajador y manipulando las palabras de un muerto!) para no asumir las responsabilidades de toda una serie de fallos en cadena con origen en una pésima gestión. Y no contenta con ello, la purrela gobernante ha movilizado a su patulea de loritos untados, que desde las tribunas mediáticas se dedican a exculpar al mandril y a las hienas que lo jalean y respaldan, haciendo todos uso de las mismas consignas (el ‘argumentario’ que les han cocinado los asesores monclovitas) y culpando a ese pobre controlador ferroviario. De la hecatombe de Adamuz, nueve meses después, seguimos sin conocer las causas; en cambio, de la hecatombe de Urda, cuando todavía los cadáveres dilacerados de las víctimas no han sido recogidos, ya tenemos un culpable, señalado por el testimonio manipulado de un muerto. Quienes urden tal ignominia, sabiendo que han fallado en cadena todos los sistemas de seguridad y que la red ferroviaria está hecha una piltrafa, son hienas.

¿Y por qué nuestra red ferroviaria está hecha una piltrafa? Está hecha una piltrafa porque las hienas que nos gobiernan no invierten en su reparación y mejora, dado que destinan el dinero que nos saquean a mejorar la red viaria marroquí, a pagar pingües sueldos a una miríada de asesores monclovitas, a triplicar el presupuesto militar para enviar armas a lejanas guerras que ni nos van ni nos vienen (mientras las fronteras españolas en Ceuta y Melilla están desguarnecidas). Nuestra red ferroviaria está hecha una piltrafa porque las hienas que nos gobiernan permiten que grandes compañías extranjeras la utilicen de forma indiscriminada, sometiéndola a un trasiego insoportable de trenes, a la vez que la propaganda sistémica incita a las masas cretinizadas al turismo bulímico y al frenesí viajero. Un cóctel letal, en el que la desinversión, el deterioro viario, la saturación del tráfico y la privatización del servicio bullen en la misma marmita, que remueve con su cucharón un mandril jaleado y respaldado por hienas. Porque hienas son quienes, no contentas con convertir el transporte ferroviario en una lotería macabra, culpan a un trabajador de la hecatombe, mientras los cuerpos dilacerados de las víctimas todavía no han sido recogidos. Merecerían que hiciesen con ellos lo mismo que la tribu de los Hadzabe, allá en Tanzania, hace con las hienas; o, no yéndonos tan lejos, lo mismo que Felipe II, con gran sentido de la justicia, hizo con el pastelero del Madrigal (pero esto es lenguaje figurado, los cuerpos verdaderamente descuartizados están en Urda)

lunes, 2 de noviembre de 2026

Derecha avergonzada / por Jesús Laínz


'..En el PP lo tienen muy claro: el enemigo de su partido no es el PSOE, sino VOX. Por eso su estrategia es desactivarlo paulatinamente mediante pactos. La idea les repugna, pero a la fuerza ahorcan, sobre todo ante la emergencia de acabar con la pesadilla de Pedro Sánchez y sus secuaces en la Moncloa..'

Derecha avergonzada

Jesús Laínz
José Manuel Ortí Bordás, uno de los últimos testigos directos de la Transición, ha aportado en sus memorias información de excepcional valor para conocer los entresijos de aquella época fundacional del régimen que seguimos disfrutando —léase este gerundio con seriedad o ironía, según el gusto de cada cual— medio siglo después.

Colaborador en primera línea de Torcuato Fernández Miranda y Adolfo Suárez, muestra con sus datos el nefasto papel protagonizado por aquel presidente de ignorancia enciclopédica que, de la mano del flamante rey Juan Carlos, cayó como una maldición sobre España en el momento más delicado.

Tras la aprobación masiva de la Ley para la Reforma Política en diciembre de 1976 (95% de síes frente a 2,6% de noes), el gobieno centrista vencedor en las elecciones de 1977 se dedicó a atacar a la derecha representada por Alianza Popular, que tanto había colaborado en el proceso pacífico hacia el nuevo régimen, y a mimar a las izquierdas y los separatistas, que tanto habían hecho para que fracasara. Como recuerda Ortí, Suárez y los suyos hicieron una elección equivocada de adversarios para conseguir que se les perdonara su pecado original de provenir del sector reformador del franquismo: 

«El resultado electoral [de 1977] permitía a Suárez formar una sólida mayoría parlamentaria, uniéndose con los afines, es decir con AP, pero, temeroso de que le tacharan de derechas y preso de la dialéctica antifranquista que la propia UCD contribuyó a suscitar, prefirió gobernar en minoría, hacer la política de los adversarios y entrar en una negativa espiral de concesiones a los nacionalismos vasco y catalán».

Y así comenzó la arraigada tradición de marginación de los afines y promoción de los adversarios que ha caracterizado a la llamada derecha liberal desde entonces. Recuérdense los constantes denuestos de los dirigentes del PP contra esa cosa inexistente a la que llaman sanchismo, ansiosos por que, una vez reemplazado Pedro Sánchez, regrese el PSOE bueno, el que a ellos les gusta y al que consideran imprescindible para España. Por el contrario, es bien conocida la profunda hostilidad de Aznar hacia VOX, al que ha definido como sanchismo al revés. Y su sucesor Rajoy propuso hace unos meses una gran coalición entre el PP y el PSOE. 

Núñez Feijoo, por su parte, ha declarado con orgullo que votó a Felipe González, con el que comenzó a rodar la gran bola de nieve socialista que ha llegado hasta nuestros días, y que volvería a hacerlo.

En la campaña electoral de hace tres años Núñez Feijoo declaró que «VOX no es un buen socio. Me siento más cercano a Page. Si necesito veinte escaños voy a hablar con el PSOE». También pidió el voto «a los que han votado a Podemos y no quieren que Vox tenga capacidad de decisión». Y en una entrevista a La Vanguardia el 19 de julio de aquel mismo 2023 dijo que «tengo la esperanza de que el PSOE evitará que pactemos con VOX».

Los dirigentes regionales repiten obedientes las consignas de la cúpula. Miguel Tellado, secretario general del PP gallego, invitó en 2019 a sus simpatizantes «a que metáis la mano en el buzón de vuestros vecinos y cojáis los sobres de la bandera de España y los tiréis directamente al cubo de la basura». En Andalucía, Moreno Bonilla opinó en 2023 que «Vox da más miedo al electorado que ERC y Bildu». Y los populares vascos confesaron que sus objetivos en las elecciones autonómicas de 2024 no fue vencer a separatistas y socialistas, sino «acabar con Vox».

Décadas de confluencia entre el PP y el PSOE, tanto en los niveles regionales y nacional como en el europeo, lo demuestran. Los dirigentes populares en la UE, como Esteban González Pons, presumen de su coalición con los socialistas en las instituciones bruselenses, y son incontables los populares que hacen gala de los muchos años de políticas iguales a las del PSOE, y en muchas ocasiones pactadas, en materia de ideología de género, inmersiones lingüísticas, memoria histórica o inmigración. Su enumeración se haría eterna.

En el PP lo tienen muy claro: el enemigo de su partido no es el PSOE, sino VOX. Por eso su estrategia es desactivarlo paulatinamente mediante pactos. La idea les repugna, pero a la fuerza ahorcan, sobre todo ante la emergencia de acabar con la pesadilla de Pedro Sánchez y sus secuaces en la Moncloa.

Ahora parece que las aristas se liman y que ambos partidos de eso que se llama, con bastante inexactitud, derecha se muerden la lengua ante la necesidad de llegar a un acuerdo para el relevo gubernamental, y la verdad es que resulta difícil reprocharles en estos días su sensatez y —seamos buenos por un instante— patriotismo.

Pero no se trata de una rectificación por parte del PP de una tendencia sólidamente arraigada desde los años de Adolfo Suárez. El motivo es que están viendo cortar las barbas de sus equivalentes europeos, tan causantes como la izquierda de los gravísimos problemas con los que se enfrenta todo el continente y tan ineficaces como ella para hacerles frente. Por eso han puesto las suyas a remojar fingiendo sintonía con VOX.

Nicolas Sarkozy acaba de señalarles el camino recomendando a su partido, Los Republicanos, que se alíen con el de Marine Le Pen en su carrera hacia el Elíseo. El abrazo del oso una vez más, pero cuando las calles arden hay que tragarse sapos para sobrevivir.

De la tregua al esperado dorado de América / por Jorge Cepeda



'..Para quien ha consagrado su vida a medir el pulso de la Fiesta, duele ver que el abono español se ha vuelto un bucle predecible. Las empresas optan por repetir nombres trillados antes que abrir portones a la renovación y toreros que no terminan de marcharse..''

De la tregua al esperado dorado de América

Jorge Cepeda
Periodista de investigación y cronista taurino
En esta segunda entrega de El cerrojazo de la campaña europea invita a una reflexión que va más allá de los anuncios a la realidad de lo que sucede en los ruedos.

Un escalafón hinchado rara vez equivale a gloria artística. Este año, la temporada dejó verdades incontestables.

Mientras Alejandro Talavante sumaba 61 festejos entre destellos de genio y alarmantes desganas, el verdadero pulso ético lo sostuvieron la épica consolidación de Borja Jiménez, el triunfador moral, y la regularidad de un Roca Rey que sigue cargando con el peso del engranaje empresarial. A su lado, David de Miranda aportó frescura a la temporada, y Morante de la Puebla volvió a demostrar en Sevilla que su toreo añejo detiene el reloj.y que hace falta a estas alturas de la fiesta taurina, pese a sus altibajos. No es como en los buenos tiempos cuando un Jesulín de Ubrique, quien en la temporada de 1995 alcanzó la cifra de 161 corridas toreadas en un solo año.
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En el rejoneo, Diego Ventura dictó cátedra en Las Ventas como mandón indiscutible, escoltado por Andy Cartagena y la falta de jóvenes que vengan a arrear.

En el escalafón menor, la savia nueva se abrió paso con los sólidos pasos de Julio Norte, el triunfo de Álvaro Serrano en Madrid y un imberbe Marco Pérez que quema etapas a velocidad de un rayo para subir.

Para quien ha consagrado su vida a medir el pulso de la Fiesta, duele ver que el abono español se ha vuelto un bucle predecible. Las empresas optan por repetir nombres trillados antes que abrir portones a la renovación y toreros que no terminan de marcharse. Vemos a una saturación de coletas de la vieja guardia que estiran trayectorias de forma artificial, acaparando los puestos de privilegio.

Esta sequía de novedades se agrava con el peaje de la sangre en algunas ferias. La enfermería desnudó la fragilidad física y las costuras de una estructura que no tiene un abc definido, como debe ser en la fiesta. Román pagó el tributo más caro en Las Ventas, pero su vuelta a la cara del toro justificó su campaña. Los percances de Isaac Fonseca y las intermitencias de Morante demostraron que la casta sigue intacta, aunque también evidenciaron que el sistema prefiere maquillar carteles antes que arriesgar con los de abajo.
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La lectura crítica obliga a mirar hacia América, eje clave de los abonos peninsulares. El peruano Andrés Roca Rey justificó sus contratos tras firmar una campaña monumental de 58 tardes y más de 115 orejas, triunfando en La Maestranza y Las Ventas. Sebastián Castella revalidó su sitio en la aristocracia con 48 paseíllos y una faena de peso en San Isidro.

Por la línea del pundonor, en ser el único que hace temporada es el venezolano Jesús Enrique Colombo que sumó 11 durísimas corridas con 21 orejas y un rabo, puntuando con hombría en Pamplona y Zaragoza antes de afrontar su etapa en solitario en la actualidad para venideras fechas. Junto a él, la entrega de Isaac Fonseca, la elegancia de Juan Pablo Sánchez y la lección de pureza del novillero Bruno Aloi en Madrid encendieron la esperanza azteca.
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La llegada del invierno reabre el tópico de «hacer las Américas», que hoy suena más a nostalgia colonial que a realidad financiera. El mapa de la abundancia se ha reducido a un archipiélago de resistencia. La Monumental de México sufre un laberinto judicial; en Venezuela, el Nuevo Circo o Maracaibo son fantasmas, y la actividad recae en San Cristóbal, Mérida y Tovar. Donde la misma empresa “Fiesta Brava”anunciara dentro de poco los carteles de estas dos ferias que acaparan la atención de los venezolanos, donde por fin se deslumbra una luz a corto plazo.

En Colombia, la Santamaría de Bogotá sigue clausurada, Cartagena duerme el sueño de los justos y Cali con Manizales resiste como último bastión. Para los profesionales, el invierno ya no es un oasis: solo las figuras aseguran contratos, mientras los modestos rascan fechas en el campo peruano —el auténtico pulmón económico— y en México.

Las cartas están sobre la mesa. Con los clarines a punto de sonar al otro lado del charco, la última palabra la tiene la afición. Que Dios reparta suerte en esta nueva cruzada…