la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

domingo, 19 de abril de 2026

SEVILLA / 8ª de abono Volvió el toro y disgustó/ por Jorge Arturo Díaz Reyes


Un gran Borja Jiménez se cierra la Puerta del Príncipe con su incierto estoque. Maestría de Manuel Escribano mal rematada, y mal apreciada. Encastados y entipados victorinos...

Volvió el toro y disgustó

Jorge Arturo Díaz Reyes
CrónicaToro / Cali, IV 18 2026
Victorino Martín trajo a La Maestranza un conjunto dispar, pero todo en el tipo de su lujoso hierro. Bien armado, en 549 kilos promedio, cuatro cinqueños y mucha casta de diversa expresión.

Emocionaron, incluso apasionaron y hasta sacaron insólitos malos modos de la nobilísima plaza. Más con el cinqueño 5º de 539 kilos, y menos con el cárdeno 6º de 548 kilos. El cual, tras su rara descalificación, empujó en varas, derribó a Vicente Barrera, le sacó fuertemente ovacionado, y luego hizo desmonterar a Iván García, emociones que lograron aplacar energúmenos.

Creo que el argumento era la supuesta falta de cuajo, que no consideraba el tipo propio de la estirpe; culopollo, vareada, cararrata, cornivuelta. Culpas tardías al señor Conde de Santacoloma que lo crio hace 120 años gloriosos. Para colmo, el uno salió en otra versión clásica de la raza; “alimaña”. Y pensar lo que han dejado pasar impune, y hasta ovacionado en los dos días anteriores, incluyendo el de la apoteosis de Morante. Hágame el favor. En fin, cosas del respetable que paga y por ello tiene todo el derecho a la opinión y demás.

Con los cuatro primeros, la cosa fue al contrario. Expectación, ovación de preámbulo, y saludo de los espadas al final del paseíllo, y el proverbial señorío y elegancia maestrantes, que en caso de necesidad ha preferido siempre los silencios indiferentes a las protestas burdas. Por su parte, los toreros bien, muy bien con los trapos y los palos y mal, muy mal con los aceros. De no haber sido así, de haberse puesto la suerte suprema en primacía, la corrida hubiese sido de orejerío y al menos una Puerta principesca. Y la bronca hirsuta contra los dos últimos toros quizá no hubiese aflorado.

Y Borja Jiménez, hay que hablar de Borja. Cómo estuvo, con el segundo y más con el cuarto. ¡Uy! Qué torero. Qué tronío, que comprensión y sensibilidad, qué poder. Cómo dominó sus exigentes toros, cómo puso la plaza, cómo mereció la música, cómo se prodigó al natural con “Bolsilillo”. Hasta 41 repartidos en siete tandas con sus respectivos torerísimos remates le conté. Alguno más, alguno menos, no importa. Porque la calidad, la pertinencia lidiadora y su riqueza expresiva estaba por encima de la cantidad. Ovaciones, pasodoble, runrún y silencio profundo cuando se lanzó a volapié. Todos, presentes y televidentes íbamos tras él. Por dos veces dimos en duro. No estoqueó, mató con la cruceta. El bravo, noble y exigente victorino no lo merecía. Ahí, precisamente ahí, se consumó el sinsabor que dejó la tarde en lo que pudo haber sido y no fue.

Pues con el otro, “Midanito”, cinqueño, de 575 kilos, un tío, También había alcanzado altas cotas éticas y estéticas con una gran lidia en la cual dos señoras tandas naturales brillaron como joyas. Pero la espada delantera, caída, chalequera digamos, hizo imposible que Usía, don José Luque Teruel, complaciera la mayoritaria y escandalosa petición, que ponía de presente las incongruencias actuales del que ha sido uno de los públicos más reverenciados del mundo, si no el más. Corren tiempos frívolos en la fiesta. Típico de las épocas de prosperidad taquillera. Había otro lleno de no hay billetes, creo.

Manuel Escribano, veterano lidiador, para el que la eficacia y las responsabilidades de la lidia están por delante de las complacencias estilísticas, estuvo en su ley. Sobre todo, con el primero “Placentino”, de 546 kilos, uno de los dos cuatreños, bravo, pero blando y por ello defensivo, que puso alto el grado de dificultad. Lo superó maestramente, poniéndolo al final a comer en la mano. Tenía que matarlo bien. Pero le tiró sin necesidad un fierrazo pasado, inocuo, que hizo sonar un aviso y requirió dos descabellos. Con el tercero, a portagayola, espléndido en banderillas, solvente con la muleta, pero su espada total tardó. Le avisaron y la cosa se diluyó. En el quinto ya tuvo que abreviar ante la ira del respetable.

Era para más, para mucho más, pero había que matar, y hacerlo bien.
  • FICHA DEL FESTEJO
Sevilla. Sábado 18 de abril de 2026. Plaza de La Real Maestranza de Caballería. 8ª de abono. Sol. Lleno. Seis toros de Victorino Martín, con 515 kilos promedio, diversos, entipados y encastados.
Manuel Escribano, saludo tras aviso, silencio tras aviso y silencio.
Borja Jiménez petición y vuelta tras aviso, vuelta y silencio.

Incidencias: Los picadores: Espartaco y Barrera, ovacionados tras picar 2º y 6º respectivamente. Iván García se desmonteró tras parear al 6º.

sábado, 18 de abril de 2026

El coro de plañideras y la prioridad nacional / por Jorge Buxadé


'..El primer deber de todo político es atender al interés prioritario del pueblo español. El segundo deber es atender al interés prioritario del pueblo español. El tercer deber consiste, en caso de duda, atender al interés prioritario del pueblo español..'

El coro de plañideras y la prioridad nacional

Jorge Buxadé
Establecer el principio de Prioridad Nacional como guía de comportamiento en el acuerdo de gobierno entre VOX y el Partido Popular en Extremadura y oír al coro de plañideras ha sido todo uno. Sánchez y Bolaños, Moreno Bonilla y Ayuso, a la vez, tocando a rebato. El sistema se siente en peligro y lanza acusaciones groseras —inconstitucional, xenófobo, inhumano…— y amenazas directas.

Pero da igual porque en su lamento está su derrota. En sus lloros, quejas, aspavientos e intimidaciones. En su lastimosa reacción a un buen acuerdo para los extremeños está su derrota. Y es la primera de muchas. La Era del cachondeo, el robo, la injusticia y el expolio del pueblo español ha acabado. No hay nada en la Constitución que imponga al español un deber de someterse al foráneo, de ser arrinconado, de retroceder siempre, de no disfrutar de la solidaridad compartida, o hacerlo el último esperando en la cola de la dependencia si no mueres antes.

El primer deber de todo político es atender al interés prioritario del pueblo español. El segundo deber es atender al interés prioritario del pueblo español. El tercer deber consiste, en caso de duda, atender al interés prioritario del pueblo español. No de una parte. No de un territorio. Ni siquiera de una casta, clase o grupo. Pero el régimen del 78 lleva dentro de sí la semilla de la diferencia injusta, de la discriminación irrazonable. El entero sistema autonómico es una enmienda a la totalidad al interés nacional. Y esa es una de las labores históricas de VOX: liberar al pueblo español de los falsos consensos y de los políticos que tienen atenazada su libertad.

La imposición de la mentalidad globalista, de las «sociedades líquidas» y del multiculturalismo ramplón, que es rendición, ha agravado la situación. Quienes entregan el dinero de los contribuyentes españoles para financiar infraestructuras y mejoras en los regadíos de Marruecos y lo niegan a los agricultores de Jaén o Córdoba o Almería —a quienes expropian tierras para el negocio de las renovables— se oponen a la prioridad nacional. Quienes han traicionado las justas y legítimas reivindicaciones de España sobre Gibraltar y en todo caso sobre el «istmo, las aguas adyacentes y el espacio aéreo» usurpados a España, y condenan a las gentes del Campo de Gibraltar a una vida de miseria y sumisión al ilegítimo gobierno de la colonia ilegítima, se oponen a la prioridad nacional.

Pero España se dio a sí misma un Estado del bienestar. Lean bien. España. No Marruecos, ni Senegal ni Bangladesh, Ecuador o Perú. España se constituyó en eso para los españoles; proclamando la justicia como primer valor superior. Y justo es, desde Ulpiano, dar a cada uno lo que le pertenece. No es justo que en los servicios sanitarios pase primero el que más grita, o el que se avanza puestos en la cola mientras acusa a Occidente de crueldad sistémica contra su raza.

La soberanía —el poder como carga, según he explicado ya mil veces— es del pueblo español. Y si la carga es para el pueblo español también ha de serlo el beneficio o la ayuda que los españoles con posibles dan a los que padecen un mal momento, un desempleo transitorio, una enfermedad grave o una incapacidad real para el trabajo. Es de justicia. Y es de sentido común.

El principio de prioridad es un principio de gestión. El dinero de los contribuyentes es escaso; salvo para esos políticos que prometen y prometen, y compran votos con el dinero de todos y engañan, sobre todo engañan. A la hora de entregar los servicios o bienes ofrecidos al público como manifestación de solidaridad colectiva o de una determinada política social, hay que tomar decisiones y priorizar. Legítimo es que el gobernante que ha de tomar decisiones y gestionar bienes escasos de todos elija como criterio preferencial el de prioridad nacional. En la vivienda pública, que se paga con dinero de todos. En la sanidad pública, que se paga con dinero de todos.

Otros prefieren dar pisos a quien una oenegé pagada con el dinero de todos al servicio del gobierno declara «vulnerable». Otros prefieren dar hoteles de lujo a los ilegales y barracones inmundos a los españoles. Nosotros preferimos la Prioridad Nacional. Mientras un español no tenga pan, mientras un hogar carezca de lumbre, no puede sino alzarse el principio del sentido común.

Embusteros, orejas, pañuelos y "mayorías" / por Ricardo Díaz-Manresa


'..según nos quieren hacer ver y oír hay mayoría de pañuelos, lo que es mentira. Incluso se atreven a decir que la oreja la está pidiendo todo el público. Y ponen un plano en el que se ve que es mentira..'
Embusteros, orejas, pañuelos y "mayorías"

Ricardo Díaz-Manresa
Problema de dificilísima solución si presidentes o locutores o redactores de notas sobre festejos o críticos o cronistas o periodistas profesionales o intrusos del periodismo ignoran lo que es mayoría de pañuelos. O lo hacen sabiendo que incumplen la ley. MAYORÍA ES LA MITAD MÁS UNO. Petición que no sé si se da alguna vez porque es un pañuelo por cada dos espectadores. Y uno más. ¿Se imaginan cómo estaría la plaza de blanca?.

En seguida según nos quieren hacer ver y oír hay mayoría de pañuelos, lo que es mentira. Incluso se atreven a decir que la oreja la está pidiendo todo el público. Y ponen un plano en el que se ve que es mentira. Invito a que lo dejen fijo, cuenten el número de espectadores y el de pañuelos y verán que hay uno por cada seis, siete…y hasta diez de los que están en los tendidos. Y así es cómo se dan la mayoría de las orejas : un tercio, a lo mucho, o un cuarto de pañuelos. Que no nos digan que hay mayoría de pañuelos, sino simplemente que están pidiendo la oreja. No se puede mentir estando la prueba ante nuestros ojos. Pero así es. Incluso algunos elevan la mentira a afirmar mayoría absoluta pero ninguno se atreve a decir unanimidad, porque no se ha dado nunca. ¿Todos pidiendo la oreja con pañuelo? Milagro imposible.

¿Soluciones? Hay pero no sé, no sé…Puede ser el remedio peor que la mentira habitual…Ahí van…

1/ Cambiar la norma y que se pueda dar la oreja con una petición de un quinto, un sexto…y hasta un décimo de pañuelos nada más. Como ahora.

2/ Está la teoría de que ahora el pañuelo se usa menos y no se sabe cuántos espectadores lo llevan a la plaza. Y puede ser verdad. Que no lo lleven ni la mitad. ¿Entonces?

3/ ¿Cambiamos el pañuelo por el griterío? Le ponemos a los presidentes un aparato que mida el ruido de los gritos y, al subir a un nivel, oreja, a dos, dos orejas y, hasta arriba, el rabo.

4/ O se suprimen las orejas y el público otorga con sus decisiones vueltas al ruedo. La primera por la simple vuelta de toda la vida. La segunda como si fuera una oreja. Una tercera por dos. Y la cuarta por el rabo.

Hay un pequeño inconveniente y es que las corridas de toros y novillos se podían alargar eternamente si la tarde es triunfal. Y pasarían de ser algunas pesadas, pesadísimas e insoportables como ahora por “lo siguiente”. ¿Se imaginan hasta 24 vueltas al ruedo en un festejo?

¿Por cuál se deciden? ¿Cuál es la que remediaría el problema de las mayorías tenidas por tales cuando son mentira pura y dura?.

Esto para los embusteros, ciegos o interesados que quieren que los presidentes repartan y repartan.

Y casualidad : muchos ven pañuelos por todas partes, aunque sólo sea en su imaginación, y ninguno el pico tan utilizado por los toreros más que los pájaros. Más que los pájaros. Más que estos animalitos su pico.

Así que tenemos dos males con los que convivimos tan ricamente: orejas y más orejas por “mayoría” y utilizar el pico para torear con la muleta, esta vez sí con mayoría absoluta o unanimidad. Muchos ven mayoría pero ninguno el pico.

¿Y si lo dejamos como está pero sin mentir?

SEVILLA / 7ª de abono.- “Entrega y pasión” / por Jorge Arturo Díaz Reyes

Roca Rey citando al 5º. Fotograma: Canal Sur

Roca Rey agota el papel y lo justifica cortando una oreja de ley al 5º. Un combativo Pablo Aguado da vuelta al ruedo y Talavante se va silenciado. Leve y manso encierro de Hernández

“Entrega y pasión”

Jorge Arturo Díaz Reyes
CrónicaToro / Cali, IV 17 2026
Al saltar el quinto, el pleno de no hay billetes se hundía en el desencanto por la falta de raza y fuerza de los toros y pese a las alegrías con el capote de Pablo Aguado quien quitó con regusto el propio y el ajeno, y al gran tercio de su banderillero Iván García con el tercero, que saludó una ovación.

Entonces, el más comprometido y exigido era quien había traído toda esa defraudada gente. El peruano, que contra el manso e incierto segundo solo había podido calentar palmas e instrumentos con dos rotundas tandas derechas y otra izquierda que terminó en una costalada del toro mermando aún más, sus inexpresivas acometidas. La estocada letal no levantó electorado y la cosa quedó en silencio.

Y saltó el castaño “Veronés”, con sus feúchos 515 kilos, que no gustaron. Pero las siete verónicas y media, bajas, lentas, templadas, ligadas, ganando terreno, y la bien rematada media de broche le volvieron el alma al cuerpo a La Maestranza. Molina lo recibió de largo y apenas lo pinchó dejándolo crudo. Y otra vez Aguado al quite con cuatro ajustados delantales y dos medias contribuyendo al jolgorio.

Sin brindis, Andrés va al toro que en los dos primeros tercios había mostrado falta de fuerza y le prueba la resistencia con 4 derechas genuflexas hacia arriba, tres erectas a media altura y un desahogante pase de pecho. Pese a lo cual el animal salió blandeando. Mala espina. Pero como son las cosas de los toros en las tres tandas de a cinco y remate, sobre todo en la segunda, el torero como jugando el todo por el todo, se fajó, bajó la mano y trazó en redondo alrededor de su cuerpo que ofrecido parecía decirle me obedeces o me coges. Lo primero fue, y en vez de dolerse y rendirse a la exigencia, el domingo-hernández afloró casta y fuelle, que fueron la materia prima de la intensa y poderosa faena.

La banda y el gentío acompañando a todo pulmón. Por la izquierda no menos cantidad, ni menos apuesta y otra vez al mejor pitón para ir a fondo acortando la distancia y pasando de la curva para dentro al círculo completo de la ligazón. Poder y verdad, estética y mando. De tal solidez que a la salida de una tanda circular al tratar de ligar muy cerca un segundo forzado vino el desarme. Tal era la cosa, que no enfrió el fogón en que se había convertido la plaza. La estocada total arriba, aunque algo ida, fue letal y la oreja tras gran petición, indiscutible.

Cuando salía a recibirla, le alargaron el micrófono de Canal Sur y solo dijo tres palabras: “pasión y entrega”. Dicen por ahí en la prensa rosa que quizás anda enamorado. ¿Será?

El otro protagonista de la tarde fue Pablo Aguado, quien batalló a brazo partido buscándole la cara para hacerlo pasar al manso sexto y volver a perseguirlo una y otra vez, así toda la brega. En una de esas le echó mano, le lanzó al aire y le pasó por encima sin herirle, afortunadamente. Engallado se levantó y continuó su porfía en tablas a toro rajado, brindándose con la solidaridad del paisanaje, hasta llegar a una estocada bien ejecutada, y bien colocada, pero de tardo efecto. De la cual el herido se levantó tres veces e hizo sonar dos avisos antes de morir. Su señoría don Gabriel Fernández Rey se negó a complacer una petición más ruidosa que pañuelera y la cosa quedó en vuelta al ruedo. Talavante estuvo y no estuvo con su también manso lote. Roca Rey en figura salvó la tarde con pasión y entrega.

  • FICHA DEL FESTEJO
Sevilla. Viernes 17 de abril de 2026. Plaza de La Real Maestranza de Caballería. 7ª de abono. Sol. Lleno de “No hay billetes”. Seis toros de Domingo Hernández, con 515 kilos promedio, mansos y blandos, menos el 5º.

Alejandro Talavante, silencio y silencio.
Andrés Roca Rey, silencio y oreja.
Paco Aguado, silencio y vuelta tras dos avisos.

Incidencias: Se desmonteró Iván García tras parear al 3º.

viernes, 17 de abril de 2026

SIEMPRE BÉTICO. HOY MÁS / por Manuel Herrero Presa


A MI REAL BETIS BALOMPIÉ
AMOR MIO

Yo sí guardo silencio con valentía dolorida.
Como un sufrido del alma. Como un habitual de la herida.
Mas, mi silencio es "sonoro" que alumbra y regala vida.
Siempre que cae se levanta, como el de las Tres Caídas.
Blanco y verde es mi silencio. Blanco y verde es mi destino.

Es silencio verdadero. Mi silencio es de Camino.
Camino de sol, de nubes. Camino de "verde cielo".
Camino verde esperanza, siempre con pies en el suelo.
Camino por las Marismas. Sendas de arenas, de pinos.
Camino de alegre gente, con la Fe puesta en su sino.

Son gente de mente dulce. Ven luz en la noche oscura.
Vislumbran sus horizontes, aunque la ruta sea dura.
Pero, !Qué gente, señores!, !Qué arte!, !Qué señorío!
Son gente que "dan su vida", al del nombre de su Río.
Gente que está habituada a transmitir su alegría.

A enseñar por esos mundos, que algo "Divino" les guía.
A vivir en Manquepierda. A sentir en Blanco y verde.
A cantarle a su Triana, cuando se gana o se pierde.
A pasear la Alameda. A evadirse por Sierpes.
A recorrer Macarena, Santa Cruz o Simón Verde.

Rezarle a Su Gran Poder. Pedir a Sus Esperanzas.
Gozar con "tos" sus toreros la Gloria en La Maestranza.
A perderse por sus parques. A cruzar puentes del Río.
A contemplar su Giralda y sentir escalofrío.
Por eso, solo por eso... Guardo silencio, Amor mío.

Manuel Herrero Presa
(En su día, sobre la marcha)

'Siempre bético!... y hoy más

Frente a la banalización del Derecho, Marchena / por Ricardo Rodríguez

 
En opinión de Ricardo Rodríguez, magistrado y doctor en Derecho, el ingreso de Manuel Marchena en la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España no es solo un reconocimiento personal: es una afirmación institucional en defensa de la legalidad, la motivación judicial y los límites del poder. Foto: Confilegal

Frente a la banalización del Derecho, Marchena

Ricardo Rodríguez
CONFILEGAL / 17 / 04 / 2026 

Hay nombramientos que honran a quien los recibe.

Y hay otros -los menos- que, además, refuerzan la institución que los concede.

El ingreso de Manuel Marchena Gómez como Académico de número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España pertenece, sin duda, a esta segunda categoría.

No es irrelevante el escenario. Nunca lo es en el mundo del Derecho.

La Real Academia no es un mero cenáculo honorífico, sino una de las más antiguas expresiones del pensamiento jurídico español, heredera de aquella tradición ilustrada que entendió -con acierto- que el Derecho no podía quedar al albur del poder, sino que debía ser objeto de estudio, depuración y sistematización permanente.

Desde entonces, su función ha sido clara: pensar el Derecho para preservarlo.

Tampoco lo es su sede.

El edificio madrileño que alberga la Academia -sobrio, institucional, ajeno a cualquier tentación ornamental- proyecta exactamente lo que debe proyectar: permanencia, seriedad y respeto por la norma.

Sus salones no están concebidos para el lucimiento, sino para la reflexión; no para el aplauso fácil, sino para el debate exigente.

En definitiva, un espacio coherente con la idea de que el Derecho es una construcción racional, no una herramienta coyuntural.

En ese contexto -y esto es lo relevante- se produce la incorporación de Manuel Marchena.

Uno de los juristas más influyentes de nuestro país

Conviene decirlo sin ambages: Marchena es uno de los juristas más influyentes de la España contemporánea.

Magistrado de la Sala Segunda del Tribunal Supremo, su trayectoria ha estado marcada por una constante que no abunda: la coherencia.

Coherencia técnica, en la construcción de su jurisprudencia.

Y coherencia institucional, en la defensa de los límites que el propio Estado de Derecho impone al poder.

Pero reducir su aportación a una idea genérica de influencia sería injusto.

No se trata solo de presencia, sino de método.

La jurisprudencia de la Sala Segunda bajo su presidencia ha contribuido a fijar criterios estables en ámbitos especialmente sensibles -la valoración de la prueba, la motivación de las resoluciones, los delitos económicos o la responsabilidad penal de las personas jurídicas-.

Con ello ha consolidado una forma de razonar que rehúye tanto el automatismo como la improvisación.

En sus resoluciones hay técnica, sí, pero también hay sistema.

Y eso, en Derecho Penal, no es frecuente: es imprescindible.

No es circunstancial.

Doble fidelidad

En un tiempo en el que la presión sobre la función jurisdiccional se ha intensificado -en ocasiones de forma preocupante-, mantener esa doble fidelidad al Derecho y a la institución no es solo una virtud; es una exigencia.

Quien haya leído sus resoluciones lo sabe.

En ellas no hay concesiones a la retórica vacía ni al efectismo.

Hay técnica, hay sistema y, sobre todo, hay motivación.

Y la motivación -conviene recordarlo- no es un formalismo, sino una garantía constitucional.

Es la expresión más tangible de que el juez no decide arbitrariamente, sino que razona.

Ya en su anterior ingreso en otra corporación académica, Marchena dejó una idea que hoy resulta imprescindible.

La justicia no puede ser sustituida por algoritmos sin vaciarse de contenido.

La inteligencia artificial podrá asistir, podrá ordenar, podrá sugerir… pero nunca podrá juzgar.

Porque juzgar implica algo más que aplicar reglas: implica comprender, ponderar y decidir conforme a Derecho.

Esta afirmación no es una simple reflexión teórica.

Es una línea de defensa del Estado de Derecho.

Y es aquí donde el nombramiento adquiere toda su dimensión.

Las Reales Academias no están para distribuir reconocimientos, sino para custodiar principios.

Son, o deberían ser, espacios de resistencia frente a la banalización del Derecho.

Frente a su instrumentalización.

Y frente a la peligrosa deriva que lo convierte en un producto más de consumo político.

Por eso, no todos los nombramientos son iguales.

Un acierto indiscutible

En una época en la que la inflación de méritos amenaza con diluir el valor de las instituciones, la elección de Manuel Marchena como Académico de número constituye un acierto indiscutible.

No solo por su trayectoria, sino por lo que simboliza: una forma de entender el Derecho como límite, como garantía y como estructura de convivencia.

Frente a la tentación -cada vez más presente- de flexibilizar la norma en función de intereses coyunturales, Marchena representa justamente lo contrario.

La afirmación de que el Derecho no se adapta al poder, sino que lo contiene.

Y eso, en términos institucionales, no es menor.

Quienes hemos tenido ocasión de escucharle -en sala, en conferencias o en foros académicos- sabemos que esa forma de razonar no es impostada.

Responde a una concepción profundamente interiorizada del Derecho como límite y como responsabilidad.

No hay en ello artificio, sino convicción.

He asistido a suficientes actos jurídicos como para saber que el protocolo, la solemnidad y la escenografía pueden, en ocasiones, vaciar de contenido el mensaje.

Pero también -y esto es lo excepcional- hay momentos en los que forma y fondo se alinean.

En los que el lugar, la institución y la persona designada responden a una misma lógica de rigor y exigencia.

Este es uno de ellos.

Porque, en definitiva, el ingreso de Manuel Marchena en la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación no es solo un reconocimiento personal -que lo es-.

Es una afirmación institucional que conviene subrayar.

La de que el Estado de Derecho sigue necesitando juristas que crean en él.

Juristas que razonen.

Juristas que motiven.

Juristas que resistan.

Y que, precisamente por ello, resultan hoy imprescindibles.

He dicho.
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En la tarde de Morante...¡qué bien toreó Víctor Hernández!

Víctor Hernández

Clásico, estoico, hierático (ritual e incorpóreo). 
Ritmo sereno y dulce; generoso en su ofrenda…

José María Moreno Bermejo
Bibliófilo taurino y escritor
Por cierto, el aludido R. Gallo, Gallito II hasta el día antes del debut de José Gómez Ortega en Madrid el día de San Antonio de Padua de 1912, decía que: “lo clásico es lo que no se puede hacer mejor¡ Así de bien toreó Víctor Hernández.

Juan Ortega

Y Ortega nos deleitó con un quite rítmico y bello por lances de esencias junto a un inicio de faena contaminada por un recuerdo de superiores sensaciones extracorpóreas de galaxias lejanas…

Me gusta relamer los sabores y saberes de lo aprendido otrora en plazas, foros, cielos y limbos de tauromaquias añejas en las que también, sin duda y a Dios gracia, se vivían éxtasis de los que impedían que se cerraran los ojos , y los sentidos, a la mesura y al racionalismo.

Morante de la Puebla

Y Morante, otra vez, levantó el estado letárgico de un toreo lineal y repetitivo que muchos insisten en que es el mejor de la historia; curiosamente, Morante, evocador primero de esos juicios, nos enseña las delicias de por qué ese toreo anterior fue sublime, y que se realizó ante toros no tan nobles como los de estas calendas. Y por cierto de nuevo, los Álvaronúñez pasan los trapos y se excitan para mostrar sus poderes luego, y su interés, y su raza (lo del caballo es otro cambio sin retorno, me temo).

Gracias a Morante, consideración al bello toreo de Ortega, admiración y máximo respeto a la verdad de Víctor Hernández.

Y Sevilla ve el toreo como quiere; nadie se atreva a decir cómo verlo y decirlo. Han sido muchos siglos explicando su nascencia y evolución; incluso su primer dictado fue de un gran sevillano que lo explicó en 1793 (edt. 1796), y al que aún hoy seguimos evocando; el arte del toreo se llamó antes “El arte de Pepe Hillo”; luego, la sevilla gozosa lo denominó arte de Cúchares; como ahora Sevilla puede hacer lo que quiera. El tiempo siempre ha de seguir dándole la razón.