
Del toro al infinito
“el nacimiento de la Fiesta coincide con el nacimiento de la nacionalidad española y con la lengua de Castilla……… asi pues, las corridas de toros…….. son una cosa tan nuestra, tan obligada por la naturaleza y la historia como el habla que hablamos.”. R. Pérez de Ayala
la suerte suprema
Pepe Bienvenida / La suerte suprema
sábado, 19 de septiembre de 2026
Albacete, ¡qué feria! / por Paco Cañamero

La Insurgencia toma la Plaza “San Marcos”: Aguascalientes se prepara para un festejo único e inolvidable.

Inmigración y duda euroexistencial / por HUGHES
Esto encierra algo de verdad. Las personas se definen a menudo frente a otro. Steve Sailer recordaba al historiador Pirenne, que consideraba a Carlomagno una consecuencia de Mahoma. Sin el Islam y su avance no es que no se entienda España, es que no se entendería la formación carolingia de Europa, antecedente de la Unión Europea actual. Esto molesta a algunos. Siempre que se habla del Islam puede salir alguien con la palabra islamofobia, o con la acusación tontiparda de que es hacerle el juego al ‘sionismo’ o blanquear la inmigración hispanoamericana. Pero parece innegable que el Islam ha sido una fuerza exterior que ha moldeado Europa. Esa influencia externa ahora sería la «desigualdad». Una desigualdad que no cesa y que potencian los móviles, lo que ven de Europa en los móviles (el móvil como objeto migratorio, guía, promesa y pasaporte). Estos flujos de la desigualdad recaerían sobre una no identidad europea. Los movimientos ‘identitarios’ de la llamada extrema derecha serían entonces todo lo contrario: una ansiedad por no saber qué es Europa.
¿Acaso no se ha definido?
La bruselense oficial no parece que convenza a nadie seriamente. Quizás sentimentalmente sea más efectivo el himno de la Champions o Eurovisión, según temperamentos.
Para Zizek, Europa es su música clásica. Y puede que tenga razón. Las únicas personas a las que he visto sentir algo parecido al patriotismo europeo han sido melómanos (personas cercanas al nazismo musical). Ellos y las personas preocupadas por la raza (podríamos decir racistas, pero también racialistas o realistas raciales) son los únicos que hasta ahora entendían las cosas en términos europeos, pero si las cosas siguen como van, es previsible que esa visión se extienda y que al contacto con la inmigración en la forma vestryngiana de «manadas y manadas» surja un nosotros continental. Un comentarista francés, por ejemplo, acusaba ayer a Mbappé de «odiar a los europeos».
Es curioso, con todo, que la pregunta sea qué es Europa y no, simplemente, quiénes son o han venido siendo los europeos, asunto sobre el que hay poca duda.
El artículo del NYT insiste en la falta de identidad como una forma de indefinición política o de sentido histórico: Europa ahora es la vez «prestigiosa y provincial», «potencia cultural y marginada geopolítica». Según el autor, ese vacío en el centro de la «autoimagen» difícilmente lo podrá llenar ya el «europeísmo cívico» y deberá hacerlo la «migración». Planteado así, y por mucho que asombre (uno se pregunta si entiende bien lo leído o es un niño PISA), la inmigración se justificaría pronto no solo por la economía o lo humanitario, también por lo identitario. Europa se definirá con la inmigración o contra la inmigración.
viernes, 18 de septiembre de 2026
Nunca hubo ningún abrazo / por Carlos Marín-Blázquez


Nunca hubo ningún abrazo

Adrián de Torres, una figura del toreo desconocida / por José Carlos Arévalo
SIC SEMPER TYRANNIS / por Sertorio
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| Tiranicidio de Enrique III de Francia a manos del dominico Jacques Clément |
En la era que vivió el padre Mariana, la monarquía hereditaria, sancionada por la religión y la costumbre, moderada por elementos aristocráticos y populares, se consideraba el modo de gobierno perfecto del Estado. Los regímenes republicanos de Venecia o Génova estaban regidos por los patricios y representaban a la perfección, sobre todo en la Serenísima, la esencia del republicanismo, que es la cooptación del poder entre una élite histórica, identificada con el servicio del bien común durante generaciones. La república democrática sólo era concebible en comunidades muy pequeñas, de gran igualdad social, sin grandes fortunas ni pobrezas infamantes, al estilo de los cantones suizos o de nuestros territorios forales en Guipúzcoa y los valles navarros. Aun así, para Mariana, la democracia es la antítesis de la república, porque los cargos del Estado se distribuyen por igual entre los hombres, “sin distinción de méritos y de clases, cosa por cierto contraria al buen sentido, pues pretende igualarse a los que hizo desiguales la naturaleza o una fuerza superior e irresistible”. La república, según el modelo romano, es el gobierno de los nobles, de los mejores, de los aristoi. Nada que ver con la aguardentosa y chabacana tarasca que en España se nos presentó dos veces como tal.

Pero, para Mariana, no hay peor gobierno que el del tirano, aunque se presente “blando y risueño”, aunque esté inspirado en los mejores principios y tenga buenos comienzos, pues es inevitable que degenere y tome como medida de sus desmanes, “no la utilidad pública, sino su propia utilidad, sus placeres y sus vicios”; que utilice el Estado como instrumento de sus intereses personales y de su disfrute de los privilegios que dan las magistraturas, pero no de sus deberes, en especial de su misión de velar por el bien común. Teme la virtud ajena y es enemigo de los mejores, “busca su apoyo en la intriga, solicita cuidadosamente la amistad de los príncipes extranjeros a fin de estar preparado a todo evento, compra guardias de otros pueblos de quienes por ser bárbaros se fía”. Enemigo de los mejores, llamará a su lado a los peores para mantenerlos bajo su férula y que se conviertan en sumisos ejecutores de sus designios, pues son personas que en un régimen bien ordenado jamás ocuparían una posición tan destacada. La descripción del padre Mariana nos es muy familiar:
“…¿para qué hemos de decir más? Trastorna un tirano toda la república, se apodera de todo sin respeto a las leyes, de cuyo imperio cree estar exento; mira más por sí que por la salud del reino, condena a sus ciudadanos a vivir una vida miserable agobiados por toda clase de males, les despoja a todos y cada uno de sus posesiones patrimoniales para dominar solo y señor en las fortunas de todos. Arrebatados al pueblo todos los bienes, ningún mal puede imaginarse que no sea una calamidad para sus súbditos”.
Envanecido por su aparente invulnerabilidad hasta llegar a la hybris, su ceguera acaba perdiendo a quien se cree impune porque no ha encontrado un freno a sus audacias y sólo ha visto sumisión y silencio, cuando no elogios, ante sus crímenes. Mariana justifica incluso la muerte de un rey legítimo de origen, aunque no de ejercicio, como Enrique III de Francia, cuyo peor crimen fue el asesinato del duque de Guisa y del cardenal de Lorena, que, fiados en su palabra, habían acudido a su presencia en Blois. Matar al tirano es una exigencia de la vida de la patria:
“No por no poderse reunir los ciudadanos debe faltar en ellos el natural ardor por derribar la servidumbre, vengar las manifiestas e intolerables maldades del príncipe ni reprimir los conatos que tiendan a la ruina de los pueblos, tales como trastornar las religiones y llamar al reino a nuestros enemigos. Nunca creeré que haya obrado mal el que, secundando los deseos públicos, haya atentado en tales circunstancias contra la vida de su príncipe.”
jueves, 17 de septiembre de 2026
A la cola... / por Antolín Castro
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