'..La conclusión es que la impresa ha sido la neta triunfadora de la tarde, por lo que se ha ahorrado en toros y en toreros teniendo el abono entero vendido. Corrida de superávit, de EBITDA, de margen bruto y de beneficio neto, como quien dice..'
JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ
Hoy hemos asistido en las Ventas a una sesión de MBA taurino de la que los jóvenes que se aproximan a la plaza en los últimos tiempos deberían sacar enseñanzas que les servirán, si perseveran en su afición. Lo primero hay que hablar de la impresa, que tuvo la ocurrencia de programar para este viernes esta corrida inexplicable en la que, con el señuelo de los toros de Victoriano del Río, echaron mano de lo que había por ahí para componer un cartel de bastante escaso interés en el que la entrada registrada obedece al abono cautivo más que a la expectativa que la tarde despertaba. Recordemos, antes de seguir, que Victoriano del Río este año ha andado vendiendo toros para los pueblos y para encierros por el campo, lo cual nos lleva a maliciarnos que parte de la camada se le ha quedado en la finca para el próximo ejercicio. Ahí suponemos que la impresa, que atiende por el nombre de UTE, habrá conseguido un precio más que asequible para la adquisición de los toros, y que don Victoriano del Río habrá aprovechado para soltar hoy seis prendas que no son de las que habitualmente se entiende por «los toros de Victoriano del Río». La buena noticia al respecto es que la corrida ha sido muy variada y ágil, seria y bien presentada, con movilidad y, como debe ser, con dificultades. La segunda parte, en lo relativo a la impresa, es lo de la elección de la terna: terna low-cost con un Emilio de Justo que va descendiendo escalones en lo que parece ser el lento ocaso de su carrera, un Víctor Hernández a quien se ve más perdido que un pulpo en un garaje y un Marco «Ugly» Pérez que venía a confirmar la alternativa que le dio el Gordito II en Nimes hace algo más de un año, sin que su nombre y sus gestas hasta ahora hayan sido grabadas en mármol. Esto nos lleva, dentro de este breve MBA de andar por casa, a considerar la poca estrategia del apoderado de «Ugly» de traerle a confirmar en este otoño, a doce días del final de la temporada, en vez de esperar un poco y preparar una confirmación de más postín en San Isidro, que, aunque no le rodasen bien las cosas en esa tarde, al menos le sirve para usar el señuelo de Madrid y conseguir algunos contratillos por ahí, mientras que el efecto de su posible triunfo de hoy habría quedado muy mitigado de cara a contratos, y qué decir tras su paso de puntillas por Las Ventas de esta tarde... La conclusión es que la impresa ha sido la neta triunfadora de la tarde, por lo que se ha ahorrado en toros y en toreros teniendo el abono entero vendido. Corrida de superávit, de EBITDA, de margen bruto y de beneficio neto, como quien dice.
El único toro de los de Victoriano del Río que salió con un comportamiento acorde a lo que se esperaba de la ganadería de Victoriano del Río fue el primero, Despreciado, número 102, serio y bien armad...o que regaló estupendas embestidas, viaje largo y, sobre todo un pitón izquierdo de categoría. Este fue el toro de la alternativa, toro que hace bueno aquel dicho de Juan León (1778-1854) de que «hay toros que se llevan en un minuto todo el dinero de la temporada».
Con este toro, en algo menos de diez minutos, dio Marco Pérez la medida de su incapacidad, refrendando la pobre impresión que ofreció en la tarde de su presentación y despedida de novillero en Las Ventas. Anotemos un airoso quite por navarras y tafalleras como único activo del salmantino, que fue incapaz de ver las cualidades del toro, que las había cantado en el quite de Emilio de Justo y en la brega de Rafael González, de aprovechar sus posibilidades y de dejar en Madrid el sello de su capacidad como torero. Bien al contrario lo que ofreció nuestro «Ugly» fue un repertorio pueblerino, una secuencia de pases con olor a fritanga de churros y a procesión de la Virgen, una epopeya rural sin orden ni plan que hizo que la plaza le fuera volviendo la espalda, a medida que avanzaba su toreo de mulas y besana. Lo malo es que, probablemente, él estaba en la idea de que lo iba haciendo estupendamente, como atestigua el hecho de que a la muerte del toro, despedido este con una fuerte ovación, salió a recoger más pitos que palmas desde el tercio con cara de no entender nada.
Sin duda hoy ha tenido Pérez enfrente a los dos toros de más presencia de todos cuantos ha toreado a lo largo de su aún breve carrera. Su segundo fue Ebanista, número 10, negro listón que recibió unas buenas varas de Alberto Sandoval, único picador que cumplió con decoro su función en toda la tarde. Este toro era la antítesis del primero, toro duro y exigente, de los que piden el carnet, que se fue haciendo el amo a medida que las habilidades del matador no eran capaces de plantearle una pelea de tú a tú. El toro toreó más que el torero y cuando se dio cuenta de que al otro lado del trapo había un muñeco que lo movía, su actitud cambió, haciéndose más dura su embestida y más peligrosos los envites.
Marco Pérez estuvo a merced de las circunstancias y tuvo a la plaza con el corazón en un puño, porque la eventualidad de la cogida era más que una promesa. Lo mató de pinchazo y estocada de gran efectividad.
A Emilio de Justo hay muchos espectadores que le aprecian y que le mandan recados llamándole por su nombre: «¡Emilio, haz esto...!, ¡Emilio, haz lo otro...! Y Emilio, elegantemente vestido de azul marino y todo el oro robado del Tesoro de Villena, incluso con esas admoniciones no llegó a ver clara su labor con su primero, Gorrión, número 116, y eso que Chacón lo bregó con maestría enseñando a su maestro las teclas del toro, pero él más bien prefirió transitar por los manidos senderos de la descolocación, la ventaja y el «fuerismo» que por los del encaje, la verdad y la posición donde mana el toreo. «¡Así no, Emilio, así no!», le increpaba un ATS desde lo alto de la Andanada, pero Emilio hacía oídos sordos y se justificaba con la solvencia que le dan sus casi veinte años de alternativa para andar sin decir nada y sin hacer el ridículo, dando sus pases de vaivén en el centro del ruedo y dejando pasar el tiempo, hasta que se cumplió la hora de la estocada y del aviso a su larga, trivial, labor.
Su segundo, serio y profundo, fue Tallisto, número 114, toro que no daba facilidades, que para eso tiene enfrente a un tío que debe saber cómo manejar esa situación. El manejo de Emilio en este segundo consistió más bien en una repetición de los argumentos de poca ambición manifestados en el primero, la exhibición de un oficio más que suficiente y, entre medias, una tanda de redondos que levantó algo los ánimos del público, mientras duró. De Justo sabe que tiene aseguradas al menos dos o tres tardes en Madrid el año próximo y no parece apetecerle hacer alardes en este final de temporada si no lo tiene clarísimo. Con pinchazo y estocada se despidió de Madrid por este año.
Víctor Hernández está en un laberinto y se le nota. Tiene maneras demostradas y tiene una mano izquierda tocada por la divinidad, pero su carrera está atascada sea por lo que sea. Al verle en el callejón rodeado de El Víctor y Abellán recordamos aquél cuento de Ignacio Ruiz Quintano de uno que se llevaba a El Prado a un dependiente de Pinturas Borreguero para que le explicase las tonalidades y los pinceles empleados por Velázquez en Las Meninas. Su primero, Bochornoso, número 37, era el más feo de la corrida en lo tocante a toros. Fue bien banderilleado por Marcos Prieto, que siempre tiene la manía de tomar el olivo, lo que resta torería a su labor. Intentó Hernández el toreo a distancia, quizás sin gran convicción y después fue la cosa a menos sin que la emoción del trabajo del alcarreño llegase al tendido. Se atascó bastante en la cosa toricida. Su segundo fue Coplero, número 36, otro serio toro en esta tarde de toros, ante el que de nuevo Víctor Hernández no fue capaz de hacerse notar, acabando con él al segundo descabello.
Al margen caben aún dos notas de servicio interior: primeramente reiterar la fealdad de las fotografías que ilustran el programa. La de hoy probablemente sea la peor de toda la temporada, y eso que la cosa está reñida. La segunda es que la impresa ha tenido a bien adquirir una nueva chaquetilla para el señor que porta el cartel con las señas de los toros. La hombrera de la anterior, desgastada por los kilos del cartel, le daba al hombre un innecesario aire de pordiosero, acrecentado por la tristeza de su mirada. Ya que han cambiado las techumbres de los burladeros de gañote, lo mismo podían pensar en un cartel menos pesado, a ver si se le alegra un poco la cara al portador.
Programa de Mano, inspirado en un sincretismo fotográfico de Henri Cartier Bresson y Robert Mapplethorpe, pasando por Nobuyoshi Araki, Allan Sekula y Thomas Ruff (no confundir con Tomás Rufo), todos amigos de la Impresa (Rufo también)
¿Habéis visto por aquí a Maricarmen?
ANDREW MOORE
FIN

















































