la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

miércoles, 14 de octubre de 2026

El arte de Urdiales / por Rafael Comino Delgado


 '..es uno de los toreros que más tocan la fibra sensible que tenemos para captar el buen arte y disfrutar una gran obra, de las que dejan huella, porque nos hacen sentir algo muy profundo que queda para siempre, pues lo que se siente con esa intensidad y profundidad nunca se olvida..'

El arte de Urdiales

Rafael Comino Delgado
Circula por las redes sociales un escrito en el que el autor, de forma más o menos velada, se queja de que cuando se habla de toreros muy artistas solo se cita a Morante, Ortega y Aguado, dejando fuera a Urdiales, que tal vez sea el que más se acerca a Curro Romero, escrito que me ha motivado a escribir este artículo.

Somos lo que nos han hecho la genética y las circunstancias; la genética es la misma se nazca donde se nazca puesto que la trasmiten los padres, pero las circunstancias son diferentes según el lugar donde se nace y vive. Diego Urdiales es un torero que tuvo la suerte de nacer en Arnedo (La Rioja) el 31 de mayo de 1975, y digo la suerte porque ya el nacer es una suerte; como además nació con alma de artista torero, se dedicó al toreo y tomó la alternativa el 15 de agosto de 1999 en Dax (Francia) de manos Paco Ojeda. 
En 2007 tuvo un gran triunfo en Logroño al indultar un toro de Victorino Martin. En 2016 y 2018 tuvo sendos grandes triunfos en Bilbao, el 7 de octubre de 2018 abrió la puerta grande de las Ventas, tras cortar tres orejas a su lote de Fuente Ymbro, y en san Isidro de 2026 tuvo, para mi, su mayor éxito, pues volvió a triunfar clamorosamente en las Ventas, llevándose el premio a la mejor faena y mejor estocada de la feria. Toreó con el capote a la verónica como muy pocos toreros han sido capaces de torear, con la muleta estuvo cumbre, sensacional, y como además es uno de los toreros del escalafón que mejor mata, también en esta suerte estuvo a grandísima altura. 

En la feria de otoño de Madrid de este año, ni los toros ni las condiciones climatológicas le permitieron un gran triunfo, pero le queda una corrida en la feria del Pilar, donde ojalá pueda mostrar su mejor toreo. A pesar de los triunfos que venía cosechando, fue a partir de 2014 cuando empezó a hablarse más de él, tras hacer Curro Romero unos comentarios muy favorables sobre el toreo de Urdiales, manifestando que le gustaba mucho. Esto le dio más fama entre los aficionados que una o varias grandes faenas. Como decíamos nació con alma de artista, lo cual ha demostrado en su larga trayectoria como toreo, a lo que yo añado, “gran torero”, pues cuando está inspirado, y los grandes artistas se inspiran cuando vienen las musas, cosa que no ocurre con demasiada frecuencia, si bien vale la pena esperarlas, pues cuando logra adecuar su toreo a la embestida del toro es uno de los toreros que más tocan la fibra sensible que tenemos para captar el buen arte y disfrutar una gran obra, de las que dejan huella, porque nos hacen sentir algo muy profundo que queda para siempre, pues lo que se siente con esa intensidad y profundidad nunca se olvida, y sobre todo cuando son obras de arte como algunas de las faenas que nos ha ofrecido el maestro Urdiales cuando ha estado muy inspirado, equiparables a las más grandes joyas de cualquiera de las demás artes, pero en toreo. En esas obras podemos decir que ha soñado el más artístico, puro y clásico toreo que imaginarse pueda.

He expuesto lo que pienso del maestro Urdiales: Un gran torero, que maneja muy bien capote, muleta, y también la espada, cosa poco frecuente en los toreros tan artistas, y añado que, si Diego Urdiales hubiese nacido y vivido en Sevilla llevaría 20 años ocupando los primeros lugares del escalafón, pero el destino nos tiene reservado a cada uno nuestro sitio en la vida, y como hemos de vivirla.

México.- La Fiesta está Viva: ¿La necesitamos? / por Rafael Cué


La tauromaquia mexicana busca mayor reconocimiento internacional, pero su futuro también depende de fortalecer la afición y llenar las plazas en México.

La Fiesta está Viva: ¿La necesitamos?

Por Rafael Cué
El pasado lunes, Día de la Hispanidad en España, Día de la Raza en México, -en 2020 le cambiaron el nombre por uno absurdo-, fue una cita imperdible para el mundo taurino. Las Ventas de Madrid agotó el boletaje semanas antes, cerca de 24 mil almas para vivir una corrida de toros que año con año gana en prestigio e importancia en el calendario taurino europeo.

Estoy convencido de que estamos en una época inigualable, con decenas de toreros importantísimos, de tauromaquias distintas y potentes; España tiene hoy el mejor toro de la historia, con casta y trapío, y la mejor noticia: la gente está yendo a las plazas en grandes cantidades.

Dentro de este entorno, el cartel de ayer colocó a la tauromaquia mexicana en el sitio que ocupa, en primera línea. Héctor Gutiérrez, torero hidrocálido, se ganó el puesto en esta importante cita, gracias a ser el triunfador indiscutible de la Copa Chenel, certamen que ha dado frutos y que año con año adquiere mayor relevancia por los toreros que la disputan, los toros que matan y la coherencia en su desarrollo.

En el ruedo sucedieron cosas muy importantes con los tres toreros ante una cuajada corrida con tres toros de Garcigrande y tres de Núñez del Cuvillo. Las Ventas de Madrid es la plaza más importante del mundo taurino, eso es cierto, pero también es cierto que puede ser la plaza más miope del planeta de los toros. No porque no haya buenos aficionados, que los hay de máxima categoría, sino porque también tiene muy malos aficionados, chuflones de los pies a la cabeza, protagonistas molestos, que pitan y gritan exigiendo su manera de entender el toreo, que precisamente no es la manera de entenderlo, ya que lo primero que se necesita no es pretender “saber” sino tener sensibilidad y criterio.

Abrió plaza Aarón Palacio, confirmó su alternativa ante el mejor toro del encierro y estuvo realmente bien; de no fallar con la espada, tenía la oreja cortada. Morante, cabeza de cartel y padrino de confirmación, con el segundo abrevió con razón. Héctor, ante el tercero, estuvo impecable, pulcro, templado y artista. Estructuró una faena pletórica de buen gusto, de muletazos limpios, sometiendo al toro que sacó virtudes gracias a las formas que Héctor le propuso en la lidia. Verdaderos carteles de toros, naturales de mano baja, trazo largo y profundidad, de muñecas suaves, poderosas y toreras. Trincherazos y trincherillas de absoluto lujo. Los tendidos, un témpano. Siempre me ha llamado la atención cómo siete idiotas consiguen manipular el ánimo en los tendidos. Estoconazo de ortodoxa ejecución y superior colocación. Faena y actuación de oreja indiscutible; leve petición: los de sol, ausentes salvo los molestos reventadores, y la sombra, apagada ante la sumisión a los chuflones antes mencionados.

Con el cuarto, Morante crujió el toreo. Nadie torea como este hombre: su compromiso con la verdad en la colocación —ojo, nada que ver con la colocación que exigen algunos asoleados— creó una obra de barroca belleza, pasándose al toro muy cerca, siempre sometido en los vuelos de su muleta de mano baja, con la naturalidad que el cielo le regaló a este genio y que él ha sabido llevar a lo más grande del toreo. La perfecta imperfección del toreo.

Con el quinto y con el sexto, tanto Héctor como Aarón estuvieron muy bien, con toros de menor transmisión en una tarde que ya estaba cantada.

Me pregunto: ¿qué tanto necesitamos que un mexicano abra la Puerta Grande para que nosotros mismos le demos a nuestra Fiesta el valor que tiene? ¿Necesitamos que nos la avalen allá? Sinceramente, creo que no: esta Puerta no se ha abierto por la espada o por presidentes ineptos, no por falta de capacidad de los nuestros. Necesitamos fortalecer la Fiesta desde aquí; de esa manera será más fácil que se nos reconozca la calidad y la trascendencia del otro lado del charco.

Cali. Aquellos sesenta… (XXXIII) / por Jorge Arturo Díaz Reyes

Minuto de silencio en Cali, 26 XII 1963. Diego Puerta, Paco Camino y “Pedrés”. Foto: eltoreoysusombra

'..Recuerdo, desde mis vivencias y puntos de vista personales, que fueron variando con la edad. Al principio, quinceañero, la corrida era eso, una fiesta desaforada, una liberación. Al final, ya bien adulto, un rito, una liturgia, una preceptiva, una racionalización que se pretendía (en vano) independiente de la masa..'

Aquellos sesenta… (XXXIII)

Jorge Arturo Díaz Reyes
CrónicaToro / Cali, 12 X 2026
El público de los sesenta, como el de cada época expresó con sus generalidades y particularidades el espíritu de la suya, que fue muy particular.

Englobado como siempre ha ocurrido, con los otros elementos de la corrida; el toro, el torero y el toreo. Fuera de su contexto histórico no hubiese sido lo que fue como en efecto ya no lo fue cuando cambiaron los tiempos. ¿Qué pasó primero? Nada, todo pasó en sincronía surgieron unos con otros, unos por otros y unos para otros.

Entonces la fiesta no solo no estaba en discusión, ni bajo la sindicación de barbarie. Por el contrario, aun gozaba de alto estatus cultural, respeto y aura romántica. Pese, o gracias mejor a la ya lejana y casi olvidada épica prebelmontina. Cuando según la historia, el tercio de varas era fundamental, la lidia y la ritualidad de la faena tenían como fin único y acto culmen la suerte suprema. Cuando todo se supeditaba a ella. Cuando la fiereza natural y la imponencia del toro, la dificultad y el riesgo heroico del toreo, el valor y la destreza del torero eran la belleza, que precedió a Belmonte y sus estilismos conmovedores, y luego a las sublimidades de Chicuelo y Manolete que después ascendieron a canon de la estética moderna. Cuando la corrida era más realidad que arte, más catarsis que diversión, más emoción que idea.

Pero también, cuando aún el público, nunca homogéneo, nunca autónomo, siempre pasional, siempre terrígeno, siempre humano, mantenía las bases antropológicas que han justificado sus comunes epítetos en la literatura: El cónclave, el respetable, el que paga, el soberano, el voluble, el caprichoso, el que da y quita, el “monstruo de mil cabezas”, que con sus tiranas mayorías puede ser tan cruel, o tan piadoso, tan equívoco o acertado, tan justo, o tan injusto..., en la misma corrida, en la misma faena y hasta en la misma suerte. Tan instintivo siempre, y por ello mismo tan vulnerable a la manipulación y tan dado a la imposición en montonera.

Como en la tragedia y el ágora griegas, que condenaron a Sócrates, y cuyos dislates multitudinarios, mal mayor de la democracia, Platón y Polibio aborrecieron por considerarla nunca del todo consciente de la verdad, la justicia, ni siquiera de su propio bien, y por lo tanto no ideal para el gobierno. Como las multitudes inclementes del circo, y melifluas del triunfo romanos. Como las que clamaron en Jerusalem ¡A Barrabás, a Barrabás! Cómo la que hiciera gritar a “Valerito” en La Maestranza, mostrando la mano ensangrentada tras la cornada mortal de “Bombito”: “Ya me la ha pegao, ya os habéis salío ustees con la suya”. Como la elección casi unánime de tanto líder loco, Como tantas y tantas decisiones de la “sagrada mayoría” que fatigan la historia.

Así el público, nosotros, gregario, instintivo, nunca racional, nunca unánime, nunca infalible, siempre impositivo que como el de ahora y el de siempre cambia de rumbo en la misma corrida, en la misma faena y hasta en la misma suerte. Ese que para los interesados siempre tiene la razón. Bueno, para sus excesos están el reglamento y a autoridad que se supone no se debe dejar subyugar.

Recuerdo, desde mis vivencias y puntos de vista personales, que fueron variando con la edad. Al principio, quinceañero, la corrida era eso, una fiesta desaforada, una liberación. Al final, ya bien adulto, un rito, una liturgia, una preceptiva, una racionalización que se pretendía (en vano) independiente de la masa.

Progresivamente, desde tales perspectivas, quizá involucionantes, evoco yo aquellas concurrencias de las que hacía parte por esos años, en las plazas colombianas de diversa categoría, pero más frecuentemente: Bogotá, Cali, Medellín, Cartagena… Y a referencia, mediante publicaciones allegadas y los programas de radio y televisión (blanco y negro). También de lo que llamaban afición (sin fronteras), parte del “mundo del toro”, la gran asamblea, para la cual nombres como: Madrid, Sevilla, Bilbao, Pamplona, México, Lima, Quito, Caracas… eran centros de gravedad, idealizados escenarios de proezas improbables, realizadas por los héroes de la torería mundial. Relatos revisteros grandilocuentes, que despertaban la necesidad de repetirlos en la temporada nacional alternando con las figuras y el toro americanos.

Vivíamos (y aún), una fiesta sucedánea, imitativa, quizá emburbujada, sin los suficientes parámetros comparativos. La nuestra. Pero, en fin, por encima de sus vaivenes psicomotrices, cada público, cada plaza, cada individuo tienen su idiosincrasia, su propio sitio, su propia corrida, su microcosmos girando en el macrocosmos taurino. Su manera de vivir las leyes universales del toreo. De sufrir la gravedad central que mantiene las órbitas. Y así, “a la tierra que fueres haz lo que vieres”, alega todavía el viejo aficionado trashumante Rafael Giraldo, que igual, integrado a cada masa, protesta, jalea o tira el sombrero en Las Ventas, La Maestranza o Acho.

Yendo de lo particular a lo general; y comparando con el actual, quiero recordar al “respetable” de aquel decenio, como más copioso, más democrático, más cosmopolita, más extrovertido, más fervoroso, más canónico, más jerarquizado, y aunque parezca contradictorio, lo evoco menos frívolo, menos ingenuo, menos mediático, menos pastoreado, menos idólatra, y más biológico que el de hoy.

Aunque años tengo para eso, no creo estar apegándome al senil: “todo tiempo pasado fue mejor”, cuando veo que en este presente tan hiper comunicado, la individualidad tiende a diluirse más, a masificarse más, y a estar sujeta a las conveniencias de quienes teledirigen la manada. Las culturas desaparecen para fundirse en una sola, prevista. Y quizá esa sea una de las mayores razones del brote internacional y autoritario de animalismo inhumano, que paradójicamente condena el culto del toro.

Cuando retrocedo al microcosmos personal de aficionado en aquellos sesenta, que pasé casi todos en la facultad de medicina de la Universidad Nacional de Colombia, no puedo evitar las imágenes de personajes que los marcaron: Virgilio Olano Bustos, mi profesor de anatomía, (“el que no sabe anatomía no es médico”), quien tanto me hizo sufrir con su exigencia magistral en la morgue y los torreones, y con quien luego, en las plazas, tuve una amistad tan entrañable. Gran cirujano, que lo fue también de la Plaza de Santamaría. Hombre de inteligencia renacentista; dandi, escritor, hispanista, bolivariano, historiador, diplomático, académico de la lengua, dramaturgo, compositor, poeta y aficionado sin par.

A Ricardo Mora Izquierdo mi condiscípulo y cómplice de periódicos estudiantiles clandestinos (que por poco nos cuestan la expulsión), fundador de la Peña taurina de la facultad. Luego brillante psiquiatra forense. Y a mi otro compañero de curso, Francisco Sánchez Valencia, a quien llamábamos “El torero” porque a la par que médico quería serlo, toreando becerros y novillos, y de cuya cicatriz en el labio superior nunca quise preguntar la causa, para seguir imaginándola producto de alguna heroica cornada. Ellos también formaron parte del público de aquellos sesenta.

Errata: En la viñeta anterior, mi buen amigo banderillero Rafael Gómez “El Pollo”, me corrige: El toro “Golpeado” de Las Mercedes fue indultado por “El Puno”. Tiene razón, le agradezco, Dámaso le cortó las dos orejas ese día citado, fue al 4º toro de “Aguas Vivas”, tras estoquearlo bien. Vale.
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Dámaso González

Hispanidad amenazada / por Antonio Cepedello

Plaza de Toros de San Cristóbal - Venezuela

'..No podemos admitir la prohibición ya impuesta, y otras próximas que nos amenazan con imponer, en lugares tan fundamentales para el toreo como México, Ecuador, Colombia, Perú o Venezuela, porque la libertad no debe ser sólo una palabra escrita en cualquier pared, sino una realidad..'

Hispanidad amenazada

Antonio Cepedello
La Tauromaquia es uno de los principales símbolos culturales, costumbres, tradiciones y valores que nos unen con los pueblos que, hace ya más de cinco siglos, nos encontramos unos a otros tras romper la gran distancia que nos separa y nos une a la vez a España y Portugal con los países de América. Celebramos desde entonces nuestro día común, el de la Hispanidad o como quieran llamarlo, qué más da, donde incidimos, nos enorgullece y realza que tenemos un amplio y rico pasado en común, entre el que se encuentra el rito legendario del toreo, que nos acompaña desde entonces durante ya más de medio milenio.

Nuestro arte universal más bello se encuentra ahora en un grave peligro en varios países como México, Ecuador, Colombia, Perú o Venezuela, donde grandes intereses económicos y políticos no paran de atacarlo sin ningún tipo de razones lógicas, justas y congruentes, sino con sólo prejuicios interesados, particulares y estratégicos en su objetivo final de separarnos y eliminar lo que nos une, porque tienen claro que a la gente separada, enfrentada y embaucada la dominan mejor, hasta cumplir su terrorífico plan de imponer la esclavitud de una cultura y principios impuestos y únicos, que no son otros que los suyos. Los de su afán de establecer su dictadura del dinero y el poder.

Ese toreo que nos entrelaza en fuertes lazos de amistad y cooperación a todos los países hispanoamericanos, hasta conseguir que en el ruedo, en las fincas de ganado bravo, en los tendidos y gradas o en las tertulias de cualquier lugar nos sintamos uno solo y nos dé igual si el torero, el picador, el subalterno, el rejoneador, el toro, el aficionado, el espectador, el empresario o el apoderado sean mexicanos, colombianos, venezolanos, peruanos, españoles o portugueses. Todos somos taurinos a la hora de entendernos y unirnos para valorar la belleza de la danza más bella y sublime protagonizada por un ser humano y un animal. Y no sólo para eso, sino también para tener una visión de la vida especial y más sentimental, no tan material como la de esos mecenas de los ignorantes antitaurinos, que sólo ansían y persiguen tener más y más riqueza, sin límites ni escrúpulos.

No se puede perder un rito legendario que ha unido a familias, ciudades, regiones y países de una parte y la otra del gran 'charco', que es el mar Atlántico, incluso en momentos de enfrentamientos bélicos, cuando más ha sido necesario recuperar la paz, la cordura y la razón. Entonces, siempre han existido dos amantes y defensores de la Tauromaquia que se han dado la mano o que se han retado donde deben hacerlo, en el albero, y no en el frente de batalla como hacen los que quieren a la Humanidad sometida para aumentar sus cuentas bancarias y su dominio sobre los demás.

No podemos admitir la prohibición ya impuesta, y otras próximas que nos amenazan con imponer, en lugares tan fundamentales para el toreo como México, Ecuador, Colombia, Perú o Venezuela, porque la libertad no debe ser sólo una palabra escrita en cualquier pared, sino una realidad. Hay que luchar contra el pensamiento único antihumano, que es antitaurino también, porque se enmascara en un hipócrita animalismo y un fariseo ecologismo para defender los intereses de los de siempre, de los que mandan de verdad, de los que no les interesa que los pueblos estén unidos por su cultura, tradiciones y valores.

El único referente que quieren imponer estos energúmenos, aunque estén forrados de billetes, propiedades y otras riquezas, es el de sus mentiras embaucadoras, sus trampas bien enmascaradas y difundidas por sus medios de información, que son la mayoría y los más fuertes, y en sus redes digitales, que nos atrapan de verdad en sus círculos. Todo para que lo antes posible olvidemos nuestro pasado, nuestra historia y a nuestros antepasados, y empecemos a rendirles total pleitesía. Malditos filibusteros.

Hoy no debe ser un Día de la Hispanidad o del Encuentro entre dos Mundos cualquiera, qué más da si significan lo mismo, sino una fecha reivindicativa para defender la Tauromaquia como símbolo cultural, rito legendario, arte universal, tradición llena de grandes valores y costumbre repleta de fundamentales principios que une desde 1492 y nos unirá siempre a todos los pueblos latinoamericanos. ¡¡¡Viva el 12 de octubre!!! ¡¡¡Viva la Tauromaquia!!!

martes, 13 de octubre de 2026

MÉXICO.- TAL DÍA COMO HOY...13 DE OCTUBRE DE 1968: Una corrida olímpica / por Paco Delgado


'..actuaron en la misma los espadas Diego Puerta, y las dos grandes figuras locales de aquel momento: Manolo Martínez y Eloy Cavazos. Se lidiaron toros de San Miguel de Mimiahuápam, siendo premiado el sexto con la vuelta al ruedo..'

Una corrida olímpica

1968 fue un año movidito y durante sus 365 días ocurrieron muchas cosas. Una de las más destacadas fue, sin duda, la celebración de los Juegos Olímpicos de México 1968, que, tras su recuperación por el barón Pierre de Coubertin, llegaban a su decimonovena edición de la era moderna y tuvieron como escenario México.

Y al día siguiente de la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos, en honor a los más de 5.000 deportistas que, representando a más de 100 países, participaron en aquel evento, se celebró en la Plaza de Toros Monumental de México, en la capital federal, al lado mismo del Estadio Olímpico, una corrida de toros histórica.

Fue el 13 de octubre de 1968 y actuaron en la misma los espadas Diego Puerta, y las dos grandes figuras locales de aquel momento: Manolo Martínez y Eloy Cavazos. Se lidiaron toros de San Miguel de Mimiahuápam, siendo premiado el sexto con la vuelta al ruedo.

Diego Puerta cuajó una actuación sobresaliente y, como en él era habitual, valentísima, siendo fuertemente ovacionado al perder los trofeos por demorarse con el estoque. Algo parecido le sucedió a Eloy Cavazos, que cumplió más que de sobra, mientras que Manolo Martínez, al que obligaron a tirar la oreja que le habían concedido de su primero, fue pitado al ser arrastrado el quinto.

Oro para Diego Puerta, plata para Eloy Cavazos y bronca en vez de bronce para Manolo Martínez.

PLAZA DE TOROS DE ZARAGOZA.- COMUNICADO OFICIAL DE ANPTE (Asoc. Nac. de Presidentes)

Coso de la Misericordia de Zaragoza

'..Exigimos de manera inmediata una rectificación por parte de la ganadería y un retorno al cauce del respeto mutuo y la educación que siempre han caracterizado las relaciones en el mundo del toro. Sin autoridad independiente no hay reglamento, y sin reglamento, la Tauromaquia carece de futuro..'

COMUNICADO OFICIAL DE ANPTE

A LA OPINIÓN PÚBLICA Y AL SECTOR TAURINO

Ante las graves e inadmisibles declaraciones publicadas por el ganadero D. Juan Pedro Domecq en relación con los criterios presidenciales aplicados en la Plaza de Toros de la Misericordia de Zaragoza el pasado 12 de octubre de 2026, la Asociación Nacional de Presidentes de Plazas de Toros de España (ANPTE) manifiesta públicamente su más enérgico rechazo a las descalificaciones vertidas contra el Palco Presidencial.

1. Defensa de la legalidad y el Reglamento: El Presidente de una plaza de toros ejerce como la máxima autoridad gubernativa del festejo. Su cometido no se rige por el sentimentalismo, el clamor mediático o los intereses comerciales de los criadores de reses bravas, sino por la estricta obligación de cumplir y hacer cumplir el Reglamento Taurino vigente. La concesión de trofeos excedentes o la denegación de salidas a hombros responde rigurosamente a la evaluación técnica de los méritos de la faena y la presentación y juego de las reses.

2. Respeto institucional frente al insulto: Calificar públicamente a un representante de la autoridad como "indigno e insensible" atenta de forma directa contra el principio de respeto institucional que debe imperar en la Fiesta. Los ganaderos, como profesionales del sector, deberían ser los primeros interesados en salvaguardar la seriedad y el prestigio del espectáculo taurino, lo cual es incompatible con arremeter de forma pública y desmedida contra el Palco cada vez que los dictámenes no favorecen sus intereses promocionales.

3. El verdadero enemigo de la Tauromaquia: Contrario a lo afirmado por el criador, los enemigos de la Fiesta no están en el palco presidencial. El verdadero perjuicio para la credibilidad de la tauromaquia radica en la pérdida de la integridad del toro, la falta de casta y la pretensión de convertir plazas de primera categoría en escenarios complacientes donde se diluya la exigencia que da sentido y valor a la heroicidad de los toreros.

4. Respaldo absoluto al Palco de Zaragoza: ANPTE respalda sin ambages la actuación de nuestro compañero y de todo su equipo gubernativo en Zaragoza. Su firmeza y rectitud son la única garantía que poseen los aficionados que pagan una entrada para asegurar que los triunfos que se conceden en los ruedos tengan la verdadera importancia y el peso histórico que la plaza de la Misericordia merece.

Exigimos de manera inmediata una rectificación por parte de la ganadería y un retorno al cauce del respeto mutuo y la educación que siempre han caracterizado las relaciones en el mundo del toro. Sin autoridad independiente no hay reglamento, y sin reglamento, la Tauromaquia carece de futuro.

En Madrid, a 13 de octubre de 2026.

La Junta Directiva de ANPTE
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Corrida de la Hispanidad'26. Morante de la Puebla elige torear toros artistas. Campos & Moore


Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.

Lunes, 12 de octubre de 2026. Corrida del Día de la Hispanidad. Quinta corrida de toros si la relacionamos con el ciclo de la Feria de Otoño. 

Encierro de toros de Garcigrande (encaste Juan Pedro Domecq), (1º, 2º y 5º) y de Núñez del Cuvillo (encaste Domecq, Núñez y Osborne), (3º, 4º y 6º). Discretos de presentación; en la linde segundo, cuarto y el quinto. Mejor presentados primero y sexto. Nobles y mansos. Todos flojos. El primero de embestida pastueña. El segundo, flojo y cómodo. El tercero, pobre de presentación, moribundo. El cuarto, flojo y anovillado. El quinto, flojo, corto y encogido. El sexto, mejor presentado, soso. Lleno de no hay billetes. Tarde de otoño fantástica.

Terna: Morante de la Puebla, de La Puebla del Río (Sevilla); de verde botella y oro; veintinueve años de alternativa; cuarenta y nueve festejos en 2025, y cuarenta y siete en 2026; silencio y saludos tras un aviso. Héctor Gutiérrez, de Aguascalientes (México); de blanco y plata; cinco años de alternativa; un festejo en 2025 y cinco en 2026; saludos y silencio. Aarón Palacio, de Zaragoza; de blanco y oro; un año de alternativa; veintiséis festejos en 2025 y dieciséis en 2026; un año de alternativa; saludos tras un aviso y silencio tras un aviso. Aarón Palacio confirmaba la alternativa.

Suerte de varas: muy pobre. Un simulacro. La mayoría de los toros no fueron colocados al caballo sino de compromiso. Se les picó a base de picotazos traseros, y salieron sueltos de los breves y ligeros encuentros. Mejor picado el sexto, por Manuel Quinta; la primera vara la toma al relance, situada detrás de la cruz, el picador le pega y el toro se acuesta y sale suelto; en la segunda vara, puesto en suerte y el toro va, la puya cae detrás de la cruz y el picador le aplica metisaca duro y el toro se repucha.

PEPE CAMPOS
Morante de la Puebla, ayer, como mandamás del toreo actual, podía elegir ganadería para torear sus toros. Y así lo hizo. Eligió astados de Garcigrande y de Núñez del Cuvillo, para más señas, sus favoritos. Así ha ido desarrollándose su temporada e incluso las últimas. Todos sabemos que estos son toros de un perfil cómodo que aportan facilidad, el camino más sencillo para obtener los éxitos. Con esos animales puede Morante quedarse muy quieto cerca de ellos, a una distancia no exagerada del bóvido, y componer un toreo de contenido estético. También puede pasarse a estos bureles a medio palmo de la faja y dejar la impresión de máxima exposición. Sabemos que otros toreros que torean lo mismo no le han cogido el tranquillo a tales animales de tal guisa y no torean con tanta proximidad. Morante de la Puebla, sí, y por eso los elige. Es su toro, el que le gusta, y con él pone en escena su tauromaquia de corte clásico, en la que además de pararse él (a animal parado y después viniéndole en trote predecible), templa, manda, bien colocado, sin la pierna de salida retrasada, remata los pases con largura o detrás de la cadera, y los va ligando uno detrás de otro, con profusión, según el fuelle y la obediencia del astado. Ese toro le obedece porque es noble, claro, franco y boyante. Todo al mismo tiempo. A su vez, si observamos, se ve que es un toro flojo de extremidades, que tropieza con ellas en la arena y se cae, acto seguido se levanta. 

Sumemos a lo anterior el calificativo de ser un toro blando porque se duele en el castigo y por eso no necesita de la suerte de varas, sino sólo de uno o dos picotazos. Cierto que como no todos los animales son iguales, en ocasiones alguno sale algo más fuerte y entonces se le puede pegar un poco más en el caballo para reducirle el genio. Como el temperamento es una cualidad libre es posible que este toro se manifieste altivo, díscolo e indisciplinado. Y ahí aparece el maestro con su receta de pases para limarle ese carácter altanero, punteado, arrogante, petulante, en última instancia jactancioso, que de vez en cuando exterioriza ese toro de procedencia Juan Pedro Domecq que ha sido concebido para ser artista —embestir con belleza— y ser reducido por un torero virtuoso representante de las bellas artes, un virguero de la pericia, de la destreza, de la maña, del acabado.

En toda esa faceta artística se muestra holgado Morante, y otros artistas —hay muchos— no logran alcanzar tal dominio. Algunos se le acercan un poco, lo hemos visto recientemente, caso de Diego Urdiales. Ahí existe una comparativa que no ha sido excesivamente pulsada por el empresariado taurino. Una coyuntura pensamos no demasiado exhibida en el contemporáneo arte de los toros. Como alternativa se ha buscado la opción de que Morante vaya acompañado de Juan Ortega y Pablo Aguado, una comparativa artística que ha ido declinando y en la que Morante es vencedor. Se ha manifestado esta competencia con ese toro que se llama artista y que podemos definir de bien hecho, bonito, de pitones que caben en la muleta, buen embestidor —que coloca la cara sobre el trapo que le ofrecen, de manera adecuada—, obediente, manejable, previsible —hasta donde un animal lo pueda ser, pues no sabemos lo que opina, ni su capacidad de respuesta—. Con ese astado de ganaderías que poseen el encaste Domecq y que apuestan por darle continuidad al toro artista, con ese toro mercantil y comercial —que no todos los toreros son capaces de domeñar o de saber componer la figura cuando pasa— Morante de la Puebla es un gran artífice, y es clásico, porque sigue las reglas de la tauromaquia sin negarlas. 

Con ese toro artista descrito, y que el aficionado sabe qué significa, Morante lo ha bordado en Sevilla y ha recorrido toda España mostrando su arte. En los últimos años con regularidad. Hace alguna década con discontinuidad, todo hay que decirlo. O no había encontrado la tecla con la que interpretar convenientemente esa partitura. O ese toro no había evolucionado a esa toreabilidad perseguida —o uniformidad en el trato— y conseguida en estos próximos tiempos. En fin, nos movemos en un intrincado planteamiento de conceptos y de filosofías taurinas. Antes a este toro toreable —o perita en dulce, o, en términos más añejos, la tonta del bote— se decía que poseía casta buena (alejado de la casta mala); hoy ha evolucionado hacia la casta toreable, es decir, ha tendido hacia la nobleza sin raza, sin nervio, sin genio.

Existen otros tipos de toros, y todos lo sabemos. Los toros que no son artistas sino animales con la condición de lo indómito, la de no dejarse hacer, la de ser renuentes a la obediencia: a no ser que el matador de toros les aplique el verdadero programa que lleva al dominio, a través de una exposición y una valentía al límite y que les someta a su voluntad. Es decir, una técnica que no se basa sólo en acompañar simplemente al toro en su camino, sino que lo desvíe de sus apetencias desordenadas y violentas, de querer coger al hombre —al matador— que lo va sometiendo bajo la fuerza del mando, con un tipo de temple, no bonito, sino a la velocidad que el animal demande según su fortaleza; con la suerte cargada el torero, el remate atrás del pase o en prolongación —si es lo adecuado— para doblegar la acometividad fiera del animal. 
El aficionado sabe de qué va esta vaina y se vio anteayer en el coso madrileño (corrida de Adolfo Martín). Con esos toros, las cercanías, las quietudes, el encajamiento (y el asunto de pasarse al toro por la faja) cobran otras dimensiones diferentes, y la técnica a emplear no puede ser la misma. Sí las reglas, pero no el método. Y la firmeza del matador aparece como un componente esencial para conseguir los fines. La estética se descompone y la belleza cambia de cara. La belleza es sustituida por la sinceridad. Una tauromaquia planteada con otro toro que cobra otra dimensión. En esta órbita, en esta magnitud, se encuentra la plaza de Madrid. Donde hay preferencia por la tauromaquia con el toro con poder. El toro que no elige Morante de la Puebla para torearlo. De ahí las desavenencias entre parte de la afición madrileña y la estética por la que se conduce la fiesta de los toros en estos tiempos que podríamos denominar de modernos. Para muchos aficionados Morante ayer tarde con su toro toreable de Núñez del Cuvillo estuvo muy bien, excelente y dio naturales caros y raros de ver en el orbe taurómaco. Para otros aficionados, el toro era la tonta del bote, el toro artista, que sacó —por eso de la cuota de animalidad— un poquito de genio, de malas maneras, porque hizo ascos a la muleta de Morante de la Puebla, y este no supo limar esa destemplanza y el trasteo le fue saliendo irrelevante, trabado y tartamudo; en definitiva con muchos enganchones.

Morante en su primer toro poco hizo o poco pudo hacer, según se valore. En su segundo (el que hemos descrito) puso voluntad y tesón, con resultados baldíos. Aarón Palacio, que confirmaba la alternativa, en su primer astado estuvo solvente, y ante un toro boyante compuso una faena en la que demostró que sabe torear y conoce toda la técnica. Falló con la espada y se quedó sin premio. En el último, un toro más soso, parece como que el bache sufrido por Morante le afectó y no apretó el acelerador para obtener el triunfo. Aarón Palacio tiene condiciones y se le abre la perspectiva de encajar en el negocio taurino. Por su parte, el torero mexicano Héctor Gutiérrez que también sabe torear, anduvo algo despegado y no sacó a relucir ese toreo en círculo que posee y toda la gama de pases por bajo donde alcanza un gran nivel. Mató de manera eficaz a sus toros, siendo esto una sorpresa, aunque en el quinto apuntó al rincón de Ordóñez.


Morante de la Puebla
Pase del dron


Leonardo da Vinci
Máquina voladora


ANDREW MOORE
























FIN