la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

domingo, 28 de junio de 2026

Compartir el aire acondicionado / por HUGHES


'..Compartir piso con gente a la que quieres, o a la que alguna vez pensaste que querías, es ya delicado, pero hacerlo con extraños reunidos por el azar del mercado de alquiler tiene que ser difícil, y ahora, con el calor y el aire acondicionado, dificilísimo..'

Compartir el aire acondicionado

HUGHES
La palabra técnica es hacinamiento: la cantidad excesiva de gente que comparte piso o incluso habitación. En España, mucha. Un porcentaje serio no puede aspirar a más y otro está a dos malas decisiones, y no necesariamente suyas, de compartir piso con los ancianos padres o con extraños.

No hay estadística, pero seguro que esto ha incrementado la criminalidad. El otro día venía la noticia de un acuchillamiento en Móstoles entre compañeros de piso. Como era en la calle Nardo podía uno pensar en un crimen pasional, pero era por causa más prosaica: la lavadora. Un inquilino reprochaba al cohabitante que la pusiera de madrugada. Imaginen el centrifugado a las tres de la mañana… La discusión pasó a mayores y el agraviado recurrió al cuchillo de cocina, no sabemos si compartido, para causar la incisión.

(Uno de las placeres de la lectura de noticias sobre crímenes es averiguar, como haba en el roscón, en qué párrafo aparecerá la nacionalidad de los implicados, en este caso, paraguayos los dos)

Compartir piso con gente a la que quieres, o a la que alguna vez pensaste que querías, es ya delicado, pero hacerlo con extraños reunidos por el azar del mercado de alquiler tiene que ser difícil, y ahora, con el calor y el aire acondicionado, dificilísimo.

Recuerdo un crimen con climatizador. En Valencia, cómo no. Se quejaban del zumbido del aire acondicionado del vecino de arriba. Con el cortisol en máximos históricos, subió el afectado acompañado de sus padres y mientras asestaba las mortíferas puñaladas (cuchillo de cocina), los progenitores, que al principio habían intentado disuadirle (pero quién le niega nada a un hijo) ayudaban; el padre inmovilizando a la víctima, la madre arreándole con un bate de béisbol en la cabeza.

(Para aficionados al dato: eran rumanos, la víctima española)

Compartir el aire acondicionado seguro que está generando unas tensiones terribles; decidir si se pone o no, o cuánto se pone (ha sido considerado un micromachismo) o cómo se paga a final de mes, o los grados exactos, o el ruido o si se pone de chorro fijo o con rotación… Son todo dificultades que entre compañeros de piso aconsejan o bien cuchillos de plástico o gran afinidad de temperamento (temperamento es temperatura). Pero no es tan fácil encontrar personas con tu sensibilidad térmica.

Peor es no tener aire acondicionado. En Francia, donde solo una cuarta parte de los hogares lo tienen instalado, se están dando cuenta con la ola de calor. No les compensaba o lo rechazaban ideológicamente. Es algo poco ecológico y nada solidario porque enfrías tu casa echando el calor en la calle.

El republicanismo francés, al final, empieza a resoplar. Menos fraternité pero en casa a veintiséis.

Ya dijo Lee Kuan Yew, presidente de Singapur, que el aire acondicionado era uno de los mayores inventos de la historia porque permitió desarrollar los trópicos. En el sudeste asiático lo pusieron, en Francia se dan cuenta ahora. Ah, Europa, superpotencia moral…

COPA CHENEL.- 2026 Puerta grande para el mexicano Héctor Gutiérrez en San Martín de Valdeiglesias


Toros de Castillejo de Huebra y Adolfo Martín para Fernando Plaza, Mario Navas y Héctor Gutiérrez

Oreja para un entregado Héctor Gutiérrez que estuvo muy ajustado con su primero en toda la lidia, dio naturales muy de verdad, ovacionado el de Adolfo en el arrastre.

Silencio para Fernando Plaza tras aviso, y silencio en el arrastre del 2° bis de Castillejo de Huebra.

Silencio tras aviso para un voluntarioso Mario Navas ante un toro incierto y venido a menos después de la primera tanda, y que fue prendido arrancándole el corbatín en dos ocasiones, silencio para el toro en el arrastre.

Oreja tras petición de la 2ª parte Héctor Gutiérrez muy torero toda la tarde matando a recibir tras sorprenderle el toro y ovacionado en el arrastre el 4° de Castillejo de Huebra

Ovación en el arrastre para el 5° de Adolfo Martín de una calidad extraordinaria y vuelta al ruedo para Fernando Plaza tras ser protestada por algún sector del público, dio unos naturales muy estéticos y ceñidos.

Oreja para un muy dispuesto y torero Mario Navas con el cierra plaza de Adolfo que sabía lo que se dejaba atrás pero que dio juego y vendió cara su vida.

Puerta grande para el mexicano Héctor Gutiérrez
  • FICHA TÉCNICA
San Martín de Valdeiglesias - Última de la 2ª fase de la Copa Chenel. 
Toros de Castillejo de Huebra y Adolfo Martín. 
Héctor Gutiérrez, Oreja y Oreja tras petición de la segunda
Fernando Plaza, Silencio y Vuelta al ruedo
Mario Navas, Silencio y Oreja
27 Junio 2026

sábado, 27 de junio de 2026

Venezuela. El abismo se abrió de verdad / por Soledad Morillo Belloso

Se observa un edificio dañado a través de la ventana de un autobús que transporta a miembros del Regimiento de Instrucción e Intervención de la Seguridad Civil francesa (UIISC 7) en Caraballeda, estado de La Guaira, Venezuela, el 27 de junio de 2026, mientras se despliegan para colaborar en las operaciones de rescate tras los terremotos.

El abismo se abrió de verdad
El terremoto en Venezuela no sólo sacudió edificios: sacudió la mentiraLa naturaleza hizo en segundos lo que la crítica, la academia y la ciudadanía no lograron en décadas: mostrar que el Estado estaba hueco.

Por Soledad Morillo Belloso
No se puede separar la política de las políticas públicas. Es una ilusión peligrosa, como creer que una casa puede sostenerse sin columnas solo porque la pintura está fresca. La política marca el rumbo, pero las políticas públicas son el camino, el asfalto, los puentes, los drenajes, los hospitales, los protocolos. Cuando una existe sin las otras, lo que se obtiene no es un país: es un espejismo. Y cuando la tierra tiembla, el espejismo se disuelve y queda a la vista la verdad desnuda.

El terremoto en Venezuela no sólo sacudió edificios: sacudió la mentira. La naturaleza hizo en segundos lo que la crítica, la academia y la ciudadanía no lograron en décadas: mostrar que el Estado estaba hueco. La tierra se movió, sí, pero lo que se vino abajo no fue obra exclusiva del sismo; fue el resultado de años de negligencia, improvisación y corrupción. Mucha épica, nula ingeniería. Mucho discurso, cero mantenimiento. Mucha consigna, ninguna prevención. El país no colapsó por un temblor: colapsó porque llevaba 27 años siendo desmantelado pieza por pieza.

El fracaso del régimen bolivariano quedó expuesto sin anestesia. Hoy lo administra una presidente encargada que ha demostrado su incapacidad tanto en la calma como en la tormenta. Pero sería injusto atribuirle todo el desastre a ella sola. Ella es apenas la heredera de un modelo que convirtió la incompetencia en método y la corrupción en sistema. Veintisiete años de sustituir técnicos por militantes, instituciones por lealtades, planificación por propaganda. Veintisiete años de confundir política con espectáculo y políticas públicas con dádivas. Veintisiete años de creer que gobernar es hablar paja, no hacer.

El terremoto sólo terminó de romper lo que ya estaba roto. Muchos de los edificios que se desplomaron no cayeron por la magnitud del sismo, sino por el cemento adulterado. Los hospitales que no pudieron recibir heridos no fallaron por saturación, sino por abandono. Las comunidades que quedaron aisladas no lo estuvieron por el movimiento telúrico, sino porque las vías llevaban años destruidas y porque no había equipos de rescate suficientes. Los sistemas de emergencia no colapsaron: simplemente habían dejado de existir. Y las instituciones no reaccionaron porque hace tiempo dejaron de ser instituciones; son cascarones vacíos, oficinas donde se firma pero no se gobierna. En toda esta emergencia, los despachos de la defensoría del pueblo enmudecieron. El pueblo abandonado no tuvo quien lo defendiera.

La presidente encargada quedó expuesta ante el país: sin plan, sin equipo, sin criterio, sin capacidad operativa. Pero más que un fracaso personal, lo suyo es la evidencia final de un proyecto que confundió poder con omnipotencia y terminó creyéndose inmune a la realidad. Y la realidad, cuando llega, no pide permiso.

En Chacao y Baruta la atención fue distinta, casi un recordatorio de que cuando las instituciones funcionan, aunque sea a escala municipal, la diferencia se nota. En medio del caos, mientras el país entero buscaba a tientas una respuesta que el gobierno central no dio, los organismos municipales actuaron como debían: con rapidez, con orden, con presencia real en la calle. Protección Civil, bomberos, policías locales, cuadrillas de rescate y voluntarios se desplegaron sin esperar instrucciones, más allá de las cámaras, sin discursos prosopopéyicos. A pesar de la crisis económica de la que no escapan los municipios, hicieron lo que corresponde cuando la tierra se abre y la gente queda vulnerable: asistir, contener, rescatar, acompañar. No hubo improvisación, hubo oficio; no hubo propaganda, hubo trabajo. En esos municipios, al menos por unas horas, se vio lo que significa tener instituciones que entienden su deber y lo cumplen, incluso cuando el país alrededor parece desmoronarse.

De las Fuerzas Armadas, nada que decir. No existen. No estuvieron, no aparecieron, no se hicieron sentir ni en la calle ni en la coordinación ni en la contención. En un país que lleva décadas oyendo que la FANB es “el pueblo en armas”, lo que se vio fue exactamente lo contrario: un vacío. Mientras los municipios hacían su trabajo y los ciudadanos se organizaban como podían, la institución que debería ser columna vertebral en emergencias quedó reducida a una sombra burocrática, un uniforme sin cuerpo. No hubo despliegue, no hubo logística, no hubo presencia operativa. Y en un momento en que cada minuto contaba, su ausencia fue un estruendo. Un país puede perdonar errores, pero no puede sobrevivir a unas Fuerzas Armadas que sólo existen para la ceremonia y el desfile y nunca para la emergencia.

La solidaridad de la ciudadanía es encomiable, sin duda. Habla bien de los venezolanos, de esa capacidad casi instintiva de organizarse, de tender la mano, de aparecer donde el Estado no llega. Pero esa virtud no puede convertirse en coartada. El Estado no puede lavarse las manos ni pretender delegar en la sociedad lo que es su exclusiva responsabilidad. La gente ayuda porque tiene corazón, porque no soporta ver al otro caer; el Estado debe ayudar porque es su deber, porque para eso existe, porque para eso recauda, administra, planifica. Cuando la ciudadanía sustituye al Estado, algo está profundamente roto. Y cuando el Estado se acostumbra a que la ciudadanía lo sustituya, el país entero queda en riesgo. La solidaridad es un orgullo; la desresponsabilización institucional, una vergüenza.

Si a la señora presidente encargada le queda un mínimo de pundonor, de sentido de Estado, de conciencia histórica, pasada la emergencia debe presentar su renuncia. No como un gesto político, sino como un acto de decencia. Y lo propio deben hacer el gobernador y el alcalde La Guaira. Porque gobernar no es ocupar un cargo: es sostener un país, un pueblo. Y Venezuela, hoy, está rota. Rota por el sismo, sí, pero sobre todo por 27 años de decisiones equivocadas, negligencia acumulada y corrupción institucionalizada.

La política sin políticas públicas es humo que asfixia. Las políticas públicas sin política son un manual empolvado que nadie abre. Y un país que tolera esa fractura vive con un pie colgando sobre el vacío.

Esta vez el vacío no fue metáfora: el abismo se abrió. Y si seguimos bajo la égida de este régimen, la próxima emergencia —que llegará, porque siempre llega— no sólo nos golpeará: nos borrará.
Soledadmorillobelloso@gmail.com

18 de julio de 1936. Noventa años / por Juan Chicharro Ortega


La historia nos enseña que los problemas políticos graves exigen soluciones políticas, institucionales y culturales, no violentas. En 2026, el camino no puede ser otro que el de la ley, la movilización cívica y el voto.

18 de julio de 1936. Noventa años

Se cumplen noventa años del 18 de julio de 1936, fecha en la que una parte significativa del Ejército español se alzó contra el Gobierno del Frente Popular. Aquel movimiento, conocido como Alzamiento Nacional, fue el comienzo -todo había empezado antes en 1934 con la denominada revolución de Asturias- de una de las páginas más dolorosas de nuestra historia contemporánea: la Guerra Civil Española.

La España actual atraviesa un momento de extraordinaria gravedad y fragilidad. El Gobierno presidido por Pedro Sánchez ha impulsado una gestión marcada por la polarización, los pactos con fuerzas secesionistas y la erosión de la unidad nacional. Los indultos y la ley de amnistía a los responsables del “procés” catalán de 2017, las cesiones a los herederos políticos de ETA en el País Vasco y Navarra y los complejos acuerdos con Marruecos -que han dejado en segundo plano la causa saharaui y generan inquietud sobre la estabilidad de Ceuta y Melilla- configuran un panorama de cesiones que muchos perciben como una quiebra de la soberanía y la igualdad entre españoles.

A esto se suma una corrupción sistémica, la presión sobre instituciones y símbolos nacionales y la persecución administrativa contra entidades como la Fundación Nacional Francisco Franco que, junto con las relaciones preferentes con regímenes controvertidos de Hispanoamérica, completan un escenario de profunda división. Para un sector de la sociedad, estos hechos recuerdan, aunque de forma distinta, las tensiones que precedieron a febrero de 1936: polarización extrema, cuestionamiento de la legalidad electoral y amenaza a la unidad de la Patria.

El Alzamiento de 1936 tuvo causas profundas. Ante unas elecciones de febrero envueltas en irregularidades, la violencia callejera de milicias izquierdistas, el asesinato de Calvo Sotelo y el temor a una bolchevización del país, Generales como Franco, Mola, Sanjurjo, Dávila, Kindelán… optaron por la vía militar. Aquellos hombres actuaron movidos por un sentido del deber y la defensa de valores como la unidad nacional, la religión y el orden social. Su valentía y sacrificio son innegables: miles de jóvenes dieron su vida en el campo de batalla convencidos de que salvaban a España de un destino peor.

Sin embargo, el resultado fue una guerra fratricida de tres años que dejó cerca de medio millón de muertos, destrucción material y una herida moral que aún hoy no ha cicatrizado completamente. Aquella contienda demostró que, una vez desatada la violencia política total, es extremadamente difícil controlarla.

Por eso, en este 90 aniversario, la reflexión debe ser serena y responsable. Admirar la decisión y el coraje de aquellos militares y civiles que se alzaron en 1936 no equivale a desear repetir la experiencia. Quien verdaderamente ama a España debe rechazar cualquier tentación cainita. La historia nos enseña que los problemas políticos graves exigen soluciones políticas, institucionales y culturales, no violentas. En 2026, el camino no puede ser otro que el de la ley, la movilización cívica y el voto.

Recordar con orgullo a los caídos es un deber de justicia histórica pero convertir ese recuerdo en combustible para nuevas divisiones sería un error trágico. La Historia se estudia, se debate y se integra.

Hoy, más que nunca, los españoles que se sienten herederos de esa tradición nacional deben priorizar la unidad. Defender la soberanía territorial, la igualdad de todos ante la ley y las tradiciones comunes no requiere revivir conflictos del pasado. Requiere inteligencia, constancia y generosidad.

España necesita mirar al futuro con esperanza. Los desafíos son enormes: la demografía, la economía, la identidad cultural amenazada por el globalismo y los separatismos y la regeneración institucional. Resolverlos desde la concordia, respetando la pluralidad legítima pero sin renunciar a lo esencial, es el camino. En eso nos diferenciamos de la izquierda marxista guerracivilista. Nosotros no somos iguales.

En este 90 aniversario del 18 de julio de 1936, recordemos a quienes tuvieron el valor de alzarse ante lo que consideraron un peligro existencial para España. Aprendamos de su entrega.

Pero sobre todo, comprometámonos a que nunca más la confrontación fratricida sea el recurso. Que su sacrificio sirva para reforzar nuestra determinación de construir una España unida, soberana y en paz. Una España donde quepan todos los que respeten su historia y su integridad territorial.

La Historia no se repite exactamente, pero rima. Evitemos las rimas trágicas. El verdadero patriotismo hoy es el que construye, reconcilia y proyecta a la nación hacia delante sin olvidar de dónde viene, pero sin quedar atrapado en sus heridas.

Juan Chicharro Ortega es General de División de Infantería de Marina ( R ). Presidente Ejecutivo de la Fundación Nacional Francisco Franco

El hombre que ríe / por Carlos Esteban

El hombre que ríe

Carlos Esteban
Es ese momento de la película en que el ‘malo’ estalla en una carcajada, porque ya no tiene que disimular: ha ganado. Tiene todas las cartas y ya no necesita seguir fingiendo. Normalmente, al menos en las películas de James Bond, coincide con el instante en que empieza a confesar con detalle todo su maquiavélico plan.

Sánchez nos ha ahorrado esa segunda parte, quizá porque podría tener consecuencias judiciales inmediatas, pero nos ha dado su risa. El Congreso de los Diputados ha instado a Pedro Sánchez, en una moción ganada por mayoría, a someterse a una cuestión de confianza y a asumir responsabilidades políticas, incluida su dimisión, por los casos de corrupción que afectan a su entorno. Y él ha respondido a la oposición de una mayoría de representantes de la ciudadanía, en una democracia, con una risita de burla y triunfo.

Para que un sistema funcione no es necesario que se crea en él, pero sí que se pretenda verosímilmente que se cree en él. Y a pesar de que desde hace tiempo hemos ido saludando cada desmán de Sánchez contra las instituciones que mantienen en pie el sistema como el epitafio de nuestra democracia, creo que, al menos visualmente, cinematográficamente, el momento es este.

En esa risa hay mucho más que en cualquiera de sus discursos o declaraciones a la prensa. Sonaba a un abogado que, gracias a un defecto de forma, logra la absolución de su cliente, un capo de la mafia cuyos crímenes han quedado demostrados.

Aunque hay un detalle más en esa risita, algo aún más indignante que su desprecio por la ciudadanía, y es su desprecio por sus enemigos políticos. Porque ese desprecio está totalmente justificado. Con esa risa les está diciendo: «Sois patéticos. Organizáis todo este circo inútil, esta mascarada, para tranquilizar vuestra conciencia o, mejor, para justificaros ante vuestros votantes, para decirles que no queréis veros implicados en mi corrupción. Pero sin pagar el precio, sin perder nada. Por eso no os atrevéis con una moción de censura: os da miedo ganar. Y a muchos otros os gusta lo que os doy».

Pero aún hay un tercer tono en esa risa, algo que la hace más natural, casi irreprimible: alivio. Ahora sabe que con esa caterva de paniaguados no tiene nada que temer. No sólo que apenas sirven para otra cosa que para declamar y gesticular, sino que, aunque él haga mangas y capirotes con las instituciones, ellos no van a sacar los pies del plato.

Estos días ha estallado un debate en redes sobre la ‘genialidad’ de Sánchez, capaz de batir a todos sus enemigos y a salirse siempre con la suya. No comparto esa visión. Creo sinceramente que Sánchez es tan mediocre como parece, aunque en un momento en que la clase política no sobresale precisamente por su brillantez.

Pero no es ese el verdadero secreto de su éxito. La razón por la que ha triunfado sobre todos es porque carece absolutamente de escrúpulos. Hasta ahora no hemos andado escasos de canallitas en el panorama político, pero quien más, quien menos, todos parecían tener un límite, alguna barrera que sentían escrúpulos en traspasar, aunque fuera por vergüenza. Sánchez no tiene de eso. Ese es todo su misterio.
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Era José Luis ganadero ilustre / por Jesús Javier Corpas Mauleón

 

Era José Luis título, pero distinto al que creía la mayoría; propietario de un hierro que da nombre a un famoso encaste, de él no provenían sus toros; sevillanísimo, era madrileño; se apellidaba García de Samaniego y Queralt, no Albaserrada como le llamaron muchos. Y este artículo no es obituario, sino alegre recuerdo. Aclaremos.

Jesús Javier Corpas Mauleón
Era 1912 cuando el conde Santa Coloma vendió a su hermano Hipólito sus Saltillos con algo de Ibarra. Sin embargo, al fallecer Hipólito, marqués de Albaserrada, Escudero Calvo compró a su viuda las reses, que acabarían aportado su genética a las divisas Victorino, Adolfo Martín y Escolar. Aunque un vástago de la aristócrata volvió a crear la ganadería en los 40, ya lo hizo con mezcla de los encastes Pedrajas (Isaías y Tulio Vázquez) y Juan Pedro Domecq. Y esa nueva sangre también tuvo éxitos, sobre todo desde que la heredó su hijo José Luis, marqués de Taracena. Nombres notables de esta época fueron Laborioso, indultado en La Maestranza; Manzanito y Sombrerero, premiados en Las Ventas; o Revoltoso, trofeo Carriquiri como Hatero, quien tomó una inédita vara de ocho minutos.

Era José Luis un hombre que acudía con frecuencia a Navarra, lidiase o no, ya que en ella estudió la carrera y tenía abundantes amistades; se hacía querer. Cuando estaba en Pamplona viajábamos juntos en mi coche a presenciar festejos por la zona, como por ejemplo al arnedano Zapato de Oro.

Era muy alegre, a pesar de lo que había sufrido en el Madrid de su infancia, cuando milicianos izquierdistas registraban continuamente su casa para matar a su padre, por suerte a salvo en Sevilla. Recordaba el dolor cuando se enteró de los curas de su colegio asesinados. Sin embargo, fue un hombre de ingeniosos chascarrillos.

Era el “marqués bohemio”, así le llamó alguna prensa, de profunda afición y gran sabiduría taurina; con él se aprendía siempre. Divertido, se definía como “buen jinete, tenista regular y propietario de una doscientas cincuentava parte de La Maestranza”. De carácter afable, recuerdo su bronquita por alquilar apartamento durante la Expo de Sevilla y no alojarme en su hacienda Mirandilla: “Jotas, te doy las llaves y a vuestro aire, que Maruchi y yo esos días no estamos en la finca. Quedas fetén con tus amigos instalándoos en el cortijo y gratis”.

Nos dejó en 2014 y, sin descendencia, legó su torada a su sobrino Hipólito

Era José Luis, criador de bravo.

Los NHB de Morante y Roca / por Ricardo Díaz Manresa


Pasada ya la locura de San Isidro, con las masas casi asaltando las taquillas -clásicas y virtuales- de Las Ventas, fenómeno que va a más y que no se había producido nunca. ¿Inexplicable?. Se han dado varias explicaciones y alguna será la verdadera porque la masa pagaba las entradas más caras que hace años incluso con algunos carteles que tenían poquísimo interés.

Los NHB de Morante y Roca

 Ricardo Díaz Manresa
Pero dejemos también la buena aceptación de la de abril, sin llegar ni de lejos a lo de Madrid, y aceptados los sanfermines con sus tradicionales llenos diarios del 7 al 14 de julio, y ahora a esperar y ver la temporada y concretamente cuánto público irá a las numerosas ferias y con quiénes. Hasta ahora estaba claro, y lo seguirá estando, que eran Morante y Roca Rey los que llenaban las plazas y, si encima toreaban juntos, pues llenazo asegurado.

¿Seguirá igual en esta temporada? Debería, pero hay algunos datos que no lo dejan tan claro y que se han visto en las primeras ferias normales de la temporada. Han toreado como columnas del cartel y sin NHB, juntos sí, pero separados no —que en 2025 lo conseguían—, más el sevillano que el peruano.

Por eso ahora nos tendremos que fijar, más que nunca, en los datos sobre el público asistente para comprobar si algo está cambiando y por qué. Y empezar haciéndonos preguntas por si el atractivo de las únicas dos figuras que tenemos mengua algo.

Es verdad que pasan los años y que cada vez están más vistos, pero Morante está mejor que nunca y Roca quiere estarlo, y puede que sí y puede que no. No le hacen ascos a la televisión, sobre todo el de La Puebla, que se deja televisar todo lo que puede y es partidario de que la mucha televisión es positiva porque atrae a bastantes nuevos espectadores. Está en lo cierto, pero también es verdad que algunos NHB de antes se han quedado en el clásico casi lleno o en el menor y tradicional en el toreo tres cuartos.

Y Morante y Roca siguen siendo los mismos, mejorados o no, y deben seguir atrayendo a las masas como líderes que son en el toreo. Incluso con la ayuda de Talavante, que les sigue en triunfos pero no en seguidores.

Hasta ahora, y espero que lo siga siendo, los dos que llenaban las plazas eran ellos dos y ninguno más. Y, si no, cojan la lista del escalafón, miren uno a uno los nombres, busquen en las entradas correspondientes en los tendidos y tendrán la realidad cruda. Y no quiero dar nombres para no perjudicarles, pero ha habido algunos triunfadores, verdaderos o falsos o que no era para tanto, pero cantados hasta que se le fue la voz a los halagadores, que no han toreado ni una después. Ni una.

Vamos, pues, a estar atentos a lo que suceda y poquito a poquito nos darán en bandeja las consecuencias.

Se cometió el error de no cuidar el relevo y tampoco los nuevos jóvenes triunfadores, que los hay aunque pocos pero despertando muchas esperanzas, son solución de momento.

En fin, que —como todo en la vida— hay que esperar.