'.. hablemos del momento actual, en el que a pesar de que se diga por activa y por pasiva que los toros gozan de buena salud, que ahora se torea mejor que nunca y que sale el toro más bravo de la historia, no podemos estar de acuerdo con ello, por los motivos que a continuación expondremos..'
LA TAUROMAQUIA MODERNA
Este grandioso y sin par espectáculo que es el toreo, nacido del pueblo y para el pueblo, de antiquísimos orígenes, nacido “in illo tempore”, que a lo mejor en algún momento alguien, más versado en la materia y con profundos conocimientos sobre el tema, nos sorprende de dónde proceden los juegos con toros, y pueda ser que de la India, aunque el toreo a pie sea relativamente moderno, pues no comienza a practicarse hasta llegado el siglo XVIII, cuando desplaza al toreo que hasta entonces se realizaba y que no era otro que el toreo a caballo practicado por la nobleza, ha superado diferentes etapas en las que las dificultades existentes, en verdad, eran serias y hacían peligrar su pervivencia.
Desde luego, que, hasta ahora, el toreo siempre fue superando cuantos trances se le fueron presentando, ya fueran las prohibiciones papales, el problema acuciante del afeitado, aunque, lamentablemente, este no se erradicara nunca por completo y el espectáculo, por tanto, tampoco fuera íntegro; al igual que el código penal nunca acabó con la delincuencia, trances que pusieron en peligro su existencia, y que alguno llevó a la deserción de los espectadores de las plazas de toros, y tantas otras circunstancias negativas que también serían superadas, v.gr. la prohibición de los toros en Baleares y Cataluña, aunque en esta región, no se celebren en la actualidad por razones que los titulares de las plazas de toros catalanas, así como los empresarios conocerán, a pesar de la Sentencia favorable a los espectáculos taurinos del Tribunal Constitucional, y menos mal que la Iniciativa Legislativa Popular, presentada en el Congreso de los Diputados por los detractores de la Fiesta, no prosperó.
Pero, hablemos del momento actual, en el que a pesar de que se diga por activa y por pasiva que los toros gozan de buena salud, que ahora se torea mejor que nunca y que sale el toro más bravo de la historia, no podemos estar de acuerdo con ello, por los motivos que a continuación expondremos.
Que gran verdad brotó de la voz del torero segoviano Víctor Barrio cuando dijo que “los toros no hay que defenderlos, sino que hay que enseñarlos”, como no es cierto el inveterado axioma de que “los toros se defienden solos”.
En la actualidad los toros no tienen fuerza suficiente para defenderse solos, como hubiera podido suceder en otra época; son muchas las aves de rapiña que revolotean sobre los toros para poder defenderse ellos por sí mismos.
Lo que sí hay que hacer es enseñar, educar en la cultura taurina a estas nuevas generaciones que, a diferencia de las nuestras, las de los aficionados antiguos, quienes recibimos las enseñanzas de nuestros progenitores, en este momento, en el que se dice, y con certeza, que está acudiendo en número muy importante la juventud a las plazas de toros, pero hay que enseñarles, mostrarles, lo que es la tauromaquia, lo que es el arte del toreo, como se realiza, donde ha de colocarse el espada y como ha de ejecutar las suertes, donde deben estar situados en el ruedo los mismos, espadas, picadores y banderilleros; como embiste el toro y por qué, cual es su conformación zootécnica, las manera en que el torero debe acoplarse a las condiciones del toro y a los cambios que a lo largo de la lidia vaya experimentado éste.
No que acudan a la plaza ayunos de conocimientos, y no digamos con la mente puesta en el botellón posterior al festejo. Y quienes se dedican a la comunicación desde los distintos medios, también realicen una labor didáctica, no equivocando a los oyentes o lectores con comentarios erróneos, y sí decir la realidad de lo que ocurre en el ruedo, como está ejecutando las suertes el torero, si en el sitio o fuera de él, toreando sin trazar un arco (toreo en línea), o trazando el mismo (toreo en redondo), rematando en el primer caso por delante de la cadera llevando al toro sometido y al final de la cadera en el segundo de los casos, porque a veces parece que el único que tiene la culpa es el toro, que, claro, no puede defenderse.
Se dice también, que gozan de buena salud porque acude la gente en masa a los festejos taurinos, y nada más lejos de la realidad.
Al margen de dos grandes ferias, cuales son las de Madrid, San Isidro y la de Otoño, fuera de éstas ya es otro cantar el público que en número acude a los festejos de Las Ventas, y la de Abril, y acaso la de San Miguel en Sevilla, también al margen de éstas, la afluencia de público ya no tiene nada que ver, y habría que analizar los motivos del por qué del abono, sobre todo en Madrid; si, en verdad, ha tenido una incidencia importante en el mismo el aumento tan significativo del precio de las entradas sueltas. Y prueba de cuanto se dice la tenemos, por no remontarnos a festejos anteriores, cuando el pasado sábado tuvo lugar la corrida anunciada como desafío ganadero, con toros muy encastados de Juan Luis Fraile y Valdellán, ambos originarios de Graciliano Pérez Tabernero, y según los cronistas acudieron al mismo en un quince por ciento del aforo de la plaza, unas 3.500 personas.
En el resto de ferias de capitales de provincia, dejando al margen la de Albacete, que aún continúa con buenas asistencias de público a lo largo de la misma, las afluencias no son ilusionantes precisamente, dígase la de Fallas en Valencia, donde además de la julio, que otrora fuera la feria importante de la capital levantina, y ahora está casi ayuna de festejos y de público, las entradas son más bien flojas; las de Bilbao, cómo ha caído en picado esa plaza, la de San Mateo en Logroño, otra que fue santo y seña no hace muchos años, y ha caído estrepitosamente, la Virgen de la Vega en Salamanca, la Virgen de San Lorenzo en Valladolid, San Antolín en Palencia, San Pedro en Burgos, Zamora, Segovia, Soria que es la que aún se mantiene digamos que bien, León, Ávila, plazas todas ellas que han reducido considerablemente el número de festejos, entonces, ¿de dónde sale que en la actualidad acude más gente que nunca a los toros? Si vemos las retransmisiones que realizan tanto Canal Sur en las plazas de Andalucía, como el canal de Castilla la Mancha, en muchas plazas de tercera categoría, e incluso de segunda, el público que asiste a los festejos es irrisorio.
Y en cuanto a que sale el toro más bravo de la historia, habría que matizar muchas cosas; en la actualidad sale el toro más borreguil de la historia, criado para aguantar infinidad de pases, que no realizar con él toreo de verdad, con una nobleza bobalicona carente de riesgo; aquel ganadero que dijo que él criaba el toro “artista” y con “toreabilidad”, quizás se equivocó de palabra y tenía que haber dicho “docilidad”, con el matiz, que hay que tener en cuenta, de que ponerse delante de una res de lidia siempre entraña un riesgo; no olvidemos que don Antonio Bienvenida, denunciante en su momento de la lacra del afeitado imperante en los años cincuenta, aunque él mismo entonara el mea culpa por haber toreado también toros mermados en sus atributos de cornamenta, murió a consecuencia del golpe que le propinó una vaquilla, y en el toreo ha de haber emoción, esa emoción que llega al tendido, cuando en el ruedo hay un toro encastado y bravo, que con codicia se quiere comer los engaños persiguiéndolos por abajo, y pelea hasta su muerte, un toro que, como siempre se ha dicho, se crece al castigo, no un toro acobardado que llega a echarse en el ruedo antes de la hora de la suerte suprema, por falta de casta, pero, claro, para que un toro tenga casta hay que hacer los tentaderos buscándola. Hoy, los ganaderos, o al menos una inmensa mayoría, seleccionan buscando sólo nobleza, cualidad que, en la realidad, cuando el toro sale al ruedo, vemos que es borreguil, persigue los engaños sin generar emoción, porque el toro puede ser noble y bravo, pero por encima de todo encastado y con fuerza.
No podemos olvidar, tampoco, la presentación del toro de lidia en la actualidad. De un tiempo a esta parte, se ha generalizado otra lacra, diríamos que, posiblemente, en la totalidad de las plazas, en unas más visibles a simple vista que en otras, cual es la finalización del pitón en esas puntas redondeadas, las llamadas “bolitas”, que no dejan de ser una manipulación del cuerno en toda regla, prohibido tajantemente tanto en la Ley Taurina, la Ley 10/1991, de potestades administrativas en materia de espectáculos taurinos, como en los respectivos reglamentos existentes, nacional y comunitarios, y que solamente los presidentes podrían erradicarla con sus exigencias rigurosas en los reconocimientos en vivo de las reses. En ocasiones, muchas más de las deseadas, se ven “puntas de pitones” en corridas de toros que parecen para festejos de rejones, y en plazas importantes.
Un aspecto fundamental en la lidia es que impere el orden, orden que debe cuidar cada matador en sus toros, como director de lidia que es de los mismos. Que a la salida de chiqueros estén situados en los burladeros de la primera y segunda suertes dos subalternos, uno en cada uno, y el espada con su peón de confianza en el burladero de matadores.
Pues bien, esto no es así y, por sistema, vemos como hay dos peones en un burladero. Otro aspecto importante es el lugar donde se debe colocar el picador, y como se debe llevar el toro hasta el mismo y ser colocado en suerte. Así como la forma de ser realizada la suerte de varas, que debiera ser uno de los parámetros esenciales para medir la bravura del toro. Pero, claro, entre ese caballo mastodóntico, resulta curioso que en las pasadas ferias de Abril y San Isidro, en las corridas televisadas, que fueron prácticamente la totalidad, ponían en pantalla el peso de toros y caballos, y en uno, concretamente de la feria de San Isidro, en el subtítulo de pantalla el peso del caballo era de “614 kilos” (el máximo reglamentario es de 650 kilos), y cuando había irrumpido el toro en el ruedo, en el subtítulo de pantalla se decía que el toro pesaba “602 kilos”.
Como vemos la diferencia era mínima. Pues bien, el toro debajo del caballo parecía una mona a su lado. Es un aspecto, este del peso de los caballos y los petos, que los Presidentes y Delegados gubernativos debieran vigilar concienzudamente, al igual que se hace con el peso de las reses, así como reglamentar una altura mínima del peto desde el piso de plaza. Importantísimo para el resultado de la lidia es que la suerte de varas se realice como debe ser, colocado el caballo en el lugar adecuado, yendo el picador hacia el toro por derecho y cuarteando cuando se arranca el mismo, a la vez que se eche la vara para cogerlo antes de que llegue al peto, y marcar el puyazo para después no cometer fallos, y en vez de aplicar el puyazo administrar un lanzazo, en muchas ocasiones trasero, caído o en el pico de la paletilla, con el daño tan horrible que ello ocasiona al animal, y las lesiones que le producen que tienen una incidencia muy negativa en la lidia.
Lo mismo que ocurre en el tercio de banderillas con esos pares que quedan colocados traseros o caídos, en los que a veces llegan los arpones a los pulmones de los toros, y nos sorprendemos de que los animales se paren en el último tercio de la lidia.
Respecto a que ahora se torea mejor que nunca, particularmente pienso, que el toreo que se realiza actualmente es un toreo distinto, en función de las condiciones del toro actual, y voy a aceptar que hoy se torea con más técnica, aunque con menos verdad y pureza, y desde luego, que nadie dude que aquella extensa baraja de toreros de los años 60, 70 y 80, no voy a dar nombre porque sería un listado extenso, hoy serían igualmente figuras del toreo.
Cómo se puede decir que se torea ahora mejor que nunca, cuando vemos cómo se realizan las suertes, descargando la mayoría de las veces la misma; que por sistema se colocan fuera de cacho los toreros, practicando un toreo perfilero, dejando la muleta retrasada, se alivian con el pico, tiran líneas y echan el toro para fuera, por eso al final de cada pase se quedan descolocados, cuando el toreo es todo lo contrario, es trazar curvas y rematar el pase detrás de la cadera, liarse el toro a la cadera, pero, claro, esto entraña más peligro; cuando vemos que a partir del primer pase de muleta la pierna de salida del torero está retrasada, con lo que se está realizando un toreo de mentira y menos peligroso. Pocos son los toreros que cargan la suerte y se embraguetan con el toro.
Y no hablemos de la suerte suprema; cómo se mata el toro en la actualidad, en multitud de veces de manera horrible, porque no se realiza la suerte acorde a los cánones; donde se coloca el torero y como avanza hacia el toro, si en rectitud o yéndose de la suerte, y en vez de echarle la muleta a las pezuñas despliega la misma en horizontal a la altura de los ojos del toro, y en multitud de ocasiones pegan un brinco o salto para meter la espada yéndose la suerte, con lo que también se disminuye el peligro, y generalmente quedan defectuosas las estocadas. Pero no importa nada porque el público pedirá las orejas.
Que, el toreo en la actualidad ha de evolucionar en su conjunto, indudablemente, pero que la evolución sea a mejor, no a peor, y medios hay. Se han ideado por el veterinario y gran conocedor del toro de lidia Julio Fernández Sanz, juntamente con el matador de toros retirado Manolo Sales, unos útiles (divisas, puyas, banderillas, estoques y descabellos, entre otros) que algunos son mucho menos lacerantes y otros de efectividad más rápida, como es la puya cuadrangular que impide barrenar durante la ejecución de la suerte de varas, y la sangría que ocasiona al toro también es menor; permite que los toros acudan tres o más veces al caballo, con lo cual se puede reverdecer ese tercio tan bello y competitivo que es el de quites, en la actualidad prácticamente desaparecido, y no ocasionan al toro esas heridas tan lesivas, que en ocasiones inutilizan al mismo para la lidia; ocurre igual con las banderillas ideadas con punzón en vez con arpón, tan lacerante en ocasiones, que llega a ocasionar lesiones muy serias en los pulmones, sobre todo cuando quedan colocadas traseras o caídas. Por el contrario, la espada es mucho más efectiva y los resultados más rápidos.
Bueno, no nos engañemos, en realidad el toreo actual se limita a una de las fases del último tercio, en la fase de muleta, en el que el toro, de nobleza bobalicona y borreguil, sigue al engaño del torero, no como debiera ser, con codicia y bravura, queriéndose comer la muleta por abajo, humillando en su embestida, siendo esta larga y repetidora, y que son estoqueados de cualquier manera en multitud de ocasiones, sin hacerlo en los terrenos adecuados, ni ejecutar la suerte más conveniente a las condiciones del animal, así como tampoco conforme a los cánones taurinos que de siempre han regido la misma y, desde luego, importando poco el matarles por arriba, sino aliviándose casi siempre y dejando espadazos desprendidos, cuando no caídos o bajonazos, pero, eso sí, pendientes los profesionales siempre de que los presidentes les concedan los trofeos que, al fin y al cabo es lo que les importa, a final de temporada es lo que cuenta.
No podemos concluir nuestra opinión, sin referirnos al indulto del toro, a esa indultitis generalizada, que se ha apoderado de la fiesta en los momentos actuales. Como dato informativo diremos que desde 1992, año en el que se reglamentó y legalizó el indulto, hasta el final de la temporada 2025, se han indultado en las plazas de toros españolas de primera, segunda y tercera categoría, nada más y nada menos que quinientos sesenta y dos toros y novillos (562), cifra a nuestro entender, desde luego astronómica, y que hace pensar que la mayoría de ellos fueron indultos que particularmente conceptúo como publicitarios, en los que las reses no quedaron para padrear en las ganaderías, no fueron indultos ajustados a la finalidad para la que fueron reglamentados, pues, no hemos de olvidar que el indulto no es ningún premio al ganadero, el premio al ganadero es la vuelta al ruedo de sus toros, y la finalidad del indulto no es otra, como así se recoge en el artículo específico dedicado al mismo en los distintos reglamentos y no en el correspondiente a los trofeos, que la de procrear, quedar para sementales en la ganadería; los trofeos, saludos, vueltas al ruedo de los toreros, orejas, rabos y la vuelta al ruedo de las reses, están contenidos en otro artículo concreto y distinto.
Lo que no hay, posiblemente, es voluntad de que así sea, pues, si la hubiera la solución es factible, y que en mi época de presidente de la plaza de toros de Segovia, desde el susodicho año de 1992, antes de comenzar la corrida siempre les hacía saber a los diestros:
Cuando exista petición de indulto, el torero también la solicite y el ganadero otorgue su consentimiento, por el Presidente se debiera paralizar el tiempo de muleta, y salir nuevamente el picador con su caballo al ruedo y una vara con puya de tentar, si se dispone de ella o, en otro caso, con una vara reglamentaria de picar; el matador, sólo en el ruedo, colocando al toro en suerte a contraquerencia, y el picador simulará la suerte de picar con el regatón, hasta comprobar que el toro había acudido al caballo hasta en un mínimo de tres ocasiones, teniendo en cuenta las que lo hizo durante la realización de la suerte de varas y, a la vista de lo que hubiera acontecido,el Presidente decidiría si el toro era merecedor o no del indulto.
Todo esto, desde luego comunicado a los espectadores a través de la megafonía de la plaza de toros antes de que el picador salga nuevamente al ruedo.
Y cuanto hago constar anteriormente, no lo digo yo, también voces autorizadas, autorizadísimas diríamos, por su categoría, profesionalidad y conocimientos del toro y el toreo, se han pronunciado sobre alguno de los aspectos, objeto de este análisis, y así, Don Santiago Martín “El Viti”, nada más y nada menos, sentenció en su momento diciendo que: “El toro debe ser auténtico y el día que no lo parezca, adiós Fiesta. Porque ésta es toro, toro y TORO y, luego, torero, que se beneficia de la res, pero siempre los últimos e indirectamente”.
O que: “El toro de entonces era más fuerte. Ahora se ha purificado el animal, se ha seleccionado el toro más bien para el torero y no para el público”. Curro Vázquez, de quien no podemos olvidar cuando dijo: “No es verdad que ahora se torea mejor que nunca; hay más técnica, pero falta torería”.
Las faenas tan largas no tienen lógica. Todo tiene que tener su sentido. Hay momentos con la gente contigo y el toro pidiendo la muerte… Personalmente, no me gustan nada las faenas largas’.
El toreo que llega y emociona a la gente tiene que tener tres cosas: “la entrega, dar el pecho al toro y cargar la suerte”. Emilio Muñoz decía que: "Hoy hay ciertas cosas que están salidas de los cánones establecidos por Belmonte. Viene a colación de esa frase hecha de que hoy se torea mejor que nunca. Pero a mí, sinceramente, me molesta que haya quien diga, con todos mis respetos y mi admiración a todos los toreros que hay, que hoy se torea mejor que nunca. Que hoy se le hacen al toro más cosas que nunca, por supuesto que sí porque también el toro lo permite”. Desde luego ciertas, pero, curiosas manifestaciones del torero, que en su época de comentarista taurino en televisión se manifestaba de otra manera, decía cosas diferentes.
José Luis Lozano se manifestó diciendo que: “Sin toro no hay espectáculo, y eso es un hecho real, no un tópico. El resto son tertulias de taberna en los despachos”.
El toreo tiene que evolucionar -el toro, el empresario y el torero-, aunque se deben mantener los cánones fundamentales.
Se torea más bonito, aunque no más profundo, que es distinto. Y se parecen mucho todos los toreros”.
Juan Luis Fraile: “Ahora casi todo es Domecq y dicen que embisten más… yo no lo niego, pero veo menos emoción. También dicen que los toreros torean mejor que nunca… pero hay menos sensación de seriedad y peligro”
Pablo Lozano, al expresar que: “El espectáculo taurino está muy mal en la actualidad. La Fiesta está en un declive muy grande y como no se tomen medidas fuertes e inmediatas, en cinco o seis años habrá una sorpresa desagradable muy grande”.
Respecto al toro, la opinión de Pablo Lozano es que: “Se mueve muy poco y este hecho resta mucha emoción a los espectadores. En la ganadería actual sólo existe un encaste único. El ochenta por ciento de las ganaderías son del mismo encaste y unos más altos, otros más bajos se parecen todos. Es muy monótono el nivel ganadero. Si no hay variedad faltará emoción. Es lo que está ocurriendo lamentablemente, hecho que en un futuro también pagaremos. Hoy se torea más bonito, no mejor. Torear es pegarle a un toro veinticinco pases bien pegados. Que a los veinticinco pases el toro esté dominado y en ese momento pegarle una estocada por el hoyo de las agujas. Eso es torear y ahora veo yo que a los toreros les pegan muchos avisos. Eso demuestra que se puede poco con los toros. Si tú a un toro lo toreas bien de verdad, no hay toro que te aguante más de esos veinte o veinticinco pases. Ahora bien, si lo que haces es andar por allí… de esa manera le puedes pegar setenta u ochenta o los que quieras, pero eso no es lo mismo”.
Alfonso Navalón, que con sus formas más o menos deseables, pero que de toros sabía como nadie, llegó a decir: “A los ganaderos nos han prohibido criar el toro 'de lidia', para torearlo.
Nos obligan a criar un toro para darle pases. Ahora casi todos los toros admiten docenas de pases. Pero casi ninguno sirve para torearlo. Al toro bravo que embiste con entrega, cuando se lo torea en curva, adelantando la pierna y metiendo la cadera, a los treinta pases pide la muerte.
Al poner los toros de uniforme también los toreros se han contagiado de la monotonía y ahí tenemos a la mayoría de las figuras que para cuajar una faena necesitan sobrepasar el tiempo del aviso. Los avisos. El Guerra decidió retirarse el día que le tocaron el primer aviso de su vida en Madrid. Estaba en la plenitud de su poderío, pero pasó tanta vergüenza que decidió no volver a vestirse de luces en cuanto terminara esa temporada.
En las tientas se toreaba para el ganadero, en la plaza, para ganar dinero. No tenía nada que ver una cosa con la otra. Ahora se torea en el campo lo mismo que en las plazas.
No se torea en el campo. Pena de ver una vaca tras otra manseando en el caballo y luego dejándose pegar cientos de pases siguiendo la muleta como un perro. Para colmo ya no se torea en el campo. Los picadores hacen lo mismo que en la plaza. Agarran la vara muy atrás. Ya no saben 'echar el palo' y reunirse.
“El toro bravo y el torero auténtico, treinta pases”. En fin, será el devenir del tiempo el que dará o quitará la razón. Es el mejor juez.
José Luis García García
Decano de Presidentes de Plazas de Toros de España
Segovia, 23 de Septiembre de 2026