la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

viernes, 17 de julio de 2026

San Fermín, ocaso de la tauromaquia que fue / Cuernos y Escarnios, por Julio Martínez Romero

Paco Camino saluda a Charlton Heston en la plaza de Pamplona. 1962 

'..Los que queramos toros recurriremos a la nostalgia y a Paco Camino. El resto irán a la fiesta, que ha transmutado en estúpida prioridad nacional: “bever los toros”. San Fermín está a años luz de la tauromaquia que fue. Y la que es intenta ser San Fermín. Cojo un muelle, lo tiro por el retrete…'

San Fermín, ocaso de la tauromaquia que fue

Cuernos y Escarnios
por Julio Martínez Romero
Fue Paco Camino uno de los primeros en rebelarse contra aquello de que el toreo es “una fiesta”. Cuando se habla de ‘la fiesta’ como concepto o sinónimo de ‘el toreo’ o ‘la tauromaquia’, se puede entender bien que se refiere a lo que pasa en el ruedo. No obstante, los calificativos de fiesta nacional están cada vez más desvirtuados. Plazas de toros convertidas en escenarios y toreros, en showmans para el deleite de los que se cobijan en la nueva moda. “Vamos a los toros porque está de moda”, genial. En el caso de Madrid, esta ralea de viceversos travestidos de pijillo y niños ricos han conseguido que Las Ventas sea ya una suerte de Bernabéu. A las botellas de agua hay que quitarles el tapón para entrar y si te llevas la merienda y algo para pasar la tarde, te lo quitan. Que, mira tú, hay tardes de toros que solo salvan los estupefacientes. Cada día más, por cierto. Imagina que pasa esto en Albacete y nos quitan la merienda.

El único lugar del planeta de los toros donde no pasan estas cosas es en Pamplona, que cada julio celebra la feria del Toro, San Fermín, en la que todo importa menos el toro y el torero. Cachondeo a precio de calimocho y buen rollo, más allá de la caterva de terroristas sin picadores que, por suerte, todavía no han debutado. Esperemos que no lo hagan nunca y su mayor delito sea sacar pancartitas de ‘Puta España’. Quid pro quo: ‘Puta ETA’


El caso es que la plaza se llena cada tarde, pase lo que pase en el ruedo, y todos los días hay triunfo, con o sin orejas. ¿Dónde está el problema? Todo es un problema. El toro ya ha perdido su lugar: se están lidiando corridas indignas de presentación y afeitadas hasta los tobillos. Los toreros han entendido eso que se dice la idiosincrasia de la plaza, que en Pamplona es idiotincrasia. Cuanto peor lo hagas y más defectuosa sea la estocada, mayores serán las probabilidades de triunfo. Hasta el antitaurino Cayetano cortó un día cuatro orejas.

Y el problema es que nadie alza la voz porque eso da dinero y genera rendimientos. Una tauromaquia idiotizada que se ha convertido en una fiesta. La fiesta del torero y del borracho de turno que se devora a sí mismo. Ya no hay filtros, baremos o escalafones. Todo vale con tal de cortar las orejas. Todo vale para cortar las orejas. La fiesta de los despojos. Por ello, hay muchas plazas, pueblos, provincias y empresarios que han decidido que Pamplona es el ejemplo a seguir: plazas llenas, bolsillos más llenos todavía, nulo feedback del que paga, gente contenta –en el sentido etílico del término- y toreros cada vez más baratos. Y el motivo es bien evidente. Si conseguimos que las plazas se llenen porque sí, dará igual anunciar a tal o cual torero. La cantidad suicidará a la calidad.

En el momento en el que una figura, o mal llamada figura, quiera imponer un caché o unos requisitos, el empresario le dirá que hay otro torero que llenará la plaza igual por la mitad de sus honorarios. El sueño de los empresarios. Y caeremos en las ferias de relleno, véase el caso de Pamplona, que tiene la misma repercusión en la temporada que la clase práctica de Alcadozo por San Isidro. De Pamplona trasciende el encierro, carrera para corredores. Los eyaculadores precoces de los 100 metros cornudos. Dicen que los encierros son aburridos, que ya no son lo que era. Coño, pues no los veáis. Yo no veo ni medio festejo de San Fermín desde hace años, salvo cuando me llevaron de despedida de soltero y acabamos bebiendo de la bota de los macarras y sacando a hombros a Morante. Este año me han pedido que narre los encierros en la radio y me ha servido para que me contraten de speaker en los tanatorios. Aparte de la anécdota, lo triste. Si bien la tauromaquia va perdiendo poco a poco sus grandes feudos y los aficionados van desechando plazas y ahorrando costes en la temporada, dichos feudos y dichas plazas se van llenando cada vez más de otro tipo de público que asiste a un espectáculo en las antípodas del que era.  Fútbol con balón de rugby.

Se queja la mayoría de que los encierros ya no molan. ¿Y las corridas sí molan? Toros afeitados por doquier, salvo cuando torean los tiesos. Animales casi casi amaestrados, con sospechas de haber bebido también de la nevera abertzale. Toreros cortados todos por el mismo patrón, tramposos, ventajistas y pésimos estoqueadores. Palcos presidenciales vendidos al empresario de turno y productores encantados de haberse conocido y de ganar dinero a costa de escupir en un espectáculo que ya ha perdido su componente cultural. Cada feria que se sucede en la temporada va firmando una nueva capitulación. No caben más esquelas en los libros de historia del toreo. 

Valencia fue de las pocas que salvó el honor en las Fallas. Fue triunfador Samuel Navalón, por cierto, que vuelve este sábado a torear allí. Lo contará El Digital de Albacete, siguiendo como siempre y en exclusiva a los toreros locales allá donde hagan el paseíllo.

La feria de abril de Sevilla fue un bochorno de dimensiones desconocidas hasta ahora. Decir que la salvó Morante es como asegurar que Messi salva a esta Argentina mundialista choricera, que gana cuando el árbitro le da las orejas. Argentina es un poco San Fermín, buen marketing que ampara todas las trampas que pueden existir. Y si hace falta, inventan otras. San Isidro en Madrid terminó de reventar el tontómetro que se ha impuesto en la tauromaquia. Más puertas grandes que botellines, más público que nunca y récord en ridículos por tarde. Hubo quienes se dieron de hostias en el tendido porque uno le vomitó encima a otro. La plaza de Potahontas. Pamplona hace ya que se perdió. Bilbao, con los ‘Choperras’, es el Racing de Santander de Dmitri Piterman.

¿Albacete? Mantiene el tipo, aunque, como denunciamos a menudo, ha perdido el impacto extramuros. Su rigor es una montaña rusa en función de cómo tenga el día el desnortado palco. Su exigencia, una aldea poblada por irreductibles galos resiste todavía y siempre al invasor. Veremos hasta cuándo. Es cuestión de tiempo que las empresas se conviertan en policías bolivarianas y empiecen a someter y a perseguir a los aficionados que los pongan contra el espejo de su infamia. Mientras se siga censurando al que sabe y premiando al ignorante, las plazas serán una Oficina de Artes Escénicas de Badajoz plagadas de santaollalas y nachosabades. Los que queramos toros recurriremos a la nostalgia y a Paco Camino. El resto irán a la fiesta, que ha transmutado en estúpida prioridad nacional: “bever los toros”. San Fermín está a años luz de la tauromaquia que fue. Y la que es intenta ser San Fermín. Cojo un muelle, lo tiro por el retrete…

La civilización empezó en un bar / por Esteban Ortiz

Es que el bar es el anhelo de los buenos momentos. Sabina tenía razón al exhortar “que no te cierren el bar de la esquina” porque es algo que simplemente no puede ser.

La civilización empezó en un bar

Esteban Ortiz
Forbes / Quito, 16 de Julio de 2026
Los académicos y la gente inteligente lo llaman "espacio de cohesión social". Mi mamá, en cambio, “el lugar donde te juntas con borrachos”. Mi esposa prefiere “otra vez con tus amigotes”. Nosotros simplemente decimos "el bar de Alvarito", “la casa de uno”; o, más fácil todavía, "¿dónde siempre?".

El bar no es un vicio ni un refugio para quienes no tienen nada mejor que hacer. Todo lo contrario. Es el lugar al que van quienes saben perfectamente qué hacer. Es donde los problemas hacen escala antes de llegar a nuestro destino, para aligerar el peso de nuestras dificultades.

—¿No querías llegar rápido a tu casa? — pregunta algún desubicado.

—Precisamente por eso paso primero por el bar.

Es una sala de descompresión cerebral. Es la misma mesa, el mismo café y las mismas costumbres. Ahí se cierran negocios, se cuentan historias, se exageran otras. Porque hablar con otros seres humanos —sin pantallas, sin filtros y sin la obligación de parecer exitoso— sigue siendo uno de los mejores inventos de la humanidad, solo superado por el pan caliente.

En el bar podemos ser auténticos. Está permitido reírse. Está permitido llorar. En la barra coinciden abogados, presidentes, profesores, desempleados, estudiantes y ese jubilado que lleva cuarenta años sentado exactamente en la misma mesa. Porque no importa quién eres delante de la barra de un bar. Al final, todos tenemos los mismos problemas, solo que en distintas frecuencias.

No es casualidad que tantas ideas hayan nacido en tabernas. Son lugares que inspiran. Un sitio sin prisas. ¿Qué sería de Monet sin una copa de absenta para delirar y pintar? No me imagino a Cervantes corriendo de un lado a otro para llegar a su casa y así terminar de escribir el Quijote. Tampoco veo a Morante de la Puebla con prisas antes de vestirse de torero, sin pasar por la barra de un bar y despejar la mente. ¿De dónde creen que Julio Jaramillo regresaba cuando inmortalizó el “No puedo verte triste porque me mata/ Tu carita de pena, mi dulce amor […]”?

Las mejores ideas rara vez aparecen en una sala de juntas. Nacen en una mesa pegajosa cuando alguien dice:

—Tengo una idea.

Es una frase peligrosa. Estadísticamente, cuando es pronunciada en un bar, produce obras maestras o desastres matrimoniales. Por eso hay que tener cuidado. Sin embargo, no siempre son ideas que valen millones, también se habla del clima, de una mujer inolvidable (o de un hombre, según), del partido del domingo, de los hijos, de la vecina o de cualquier asunto aparentemente irrelevante, sin serlo. Y precisamente ahí reside su importancia: las sociedades no se sostienen únicamente sobre grandes conversaciones; también necesitan pequeñas charlas inútiles.

¿Cuántos pactos nacieron en una servilleta arrugada firmada en Castellana 113? ¿Cuántos amores empezaron haciendo fila para ir al baño (o usándolo al mismo tiempo) en Ephimero? ¿Cuántas amistades sobrevivieron décadas enteras porque había un lugar neutro, sin obligaciones domésticas, sin hijos que interrumpan, sin Netflix, donde dos personas podían sentarse y decirse la verdad? Todas, aunque no lo sepamos. Lo evidente nunca genera estadísticas.

Por eso, el civilizador que logró encerrar a bestias salvajes alrededor de una mesa para que, en vez de tirarse piedras, resuelvan sus frustraciones en la barra de una taberna es un genio anónimo. Eso salvó a la humanidad y evitó, con este honroso gesto, otras formas de crueldad. Volvió a la sociedad un poco más civilizada ya que pasar por el bar nos ha salvado de males peores, como comer hígado encebollado al regresar a casa.

Es que el bar es el anhelo de los buenos momentos. Sabina tenía razón al exhortar “que no te cierren el bar de la esquina” porque es algo que simplemente no puede ser. El bar es algo propio, aunque no sea de uno. “Al Cats, estese quien estese”. Porque es el lugar donde comienzan los recuerdos, donde no hay feos y es más seguro que hacer deporte, porque en un bar jamás he conocido que alguien se lesione.

El bar es insustituible.

No sé si terminemos más civilizados, pero ahí empezó el camino de la domesticación, del sosiego y la conversación. Dónde nos juntamos, festejamos, lloramos y celebramos.

El primer ser humano que cambió una piedra por una mesa, una pelea por una conversación y un gruñido por un "¿lo de siempre?", hizo más por la civilización que muchos emperadores. Solo por eso, alcemos las copas y brindemos. Total, cualquier pretexto es bueno para decir ¡salud! (O)

Madrid: Bar 113, Paseo de la Castellana 
(Antiguo Bar 43, Avenida del Generalísimo)

'San Fermín'.- Víctor Hugo y su vigencia / por Paco Delgado


'..Víctor Hugo, siglo y medio después, sigue vigente y hay miserables que se empeñan en dejar constancia de ello..'

VIENTO DE LEVANTE
Víctor Hugo y su vigencia

Por Paco Delgado
Las imágenes que hace unos días dejaron algunos impresentables en la plaza de toros de Pamplona, a la vez que lamentables, dan que pensar. Y también preocupan. Si esto se tolera —hay que pensar que fue cosa premeditada y deliberada con fines políticos—, es que algo no funciona. Y está claro que miserables sigue habiendo, más de lo que creemos y sería conveniente.

Del ser humano se pueden decir las cosas más grandes y las cosas más bajas, pues en su naturaleza, enmarañada y compleja, tienen cabida todas las contradicciones. No es extraño, pues, que ya en el siglo XVII el gran Pascal definiese al hombre como “una quimera, como un ser que no es comprensible en términos de mera ciencia natural y cuya interpretación hay que ir a buscarla en la teología”, siendo la antropología cristiana la única que explica el porqué de las miserias y grandezas de la condición humana.

Y esa duplicidad, esa complejidad, hace posible que gente que se juega el pellejo por la cara, corriendo ante toros por las calles de Pamplona, horas más tarde cambie su papel de héroe por el de villano de la peor especie e insulte a millones de personas por el simple hecho de no pensar como él.

Y, aun dándole, además, el beneficio de la duda —cada cual es muy libre de pensar y opinar libremente, faltaría más—, no le habilita para, de manera tan gratuita como egoísta, estúpida y zafia, descalificar a quienes tengan un criterio diferente. ¿Dónde queda esa libertad que a él le permite opinar, aunque sea obviamente un cretino, y menospreciar a quien tiene ideas y convicciones distintas? La distancia con el totalitarismo es casi imperceptible. Por un clavo se perdió una herradura, ya saben…

Esas pancartas que se exhibieron, con gran jolgorio y algarabía por parte de sus portadores y buena parte de los que les rodeaban —y que ni pintaban nada ni venían a cuento en el contexto en que se utilizaron—, dejan mal, especialmente, a quienes las llevaron y mostraron, pero también a una sociedad que permite y, en muchos casos, alienta estas mamarrachadas y sandeces.

Se repetía lo sucedido hace dos años, entonces con motivo de un partido de la selección española de fútbol en el campeonato de Europa. Ya hacía años que solo se contaba como anécdota, de triste recuerdo, los incidentes habidos en la monumental pamplonica en los sanfermines de 1978, cuando un grupo de manifestantes originó graves incidentes y altercados al finalizar la corrida y provocó que se acabasen suspendiendo las fiestas.

Unos cuantos años más tarde, en 1987, Luis Francisco Esplá, tras haber sufrido una grave cogida su picador Victoriano Cáneva, no quiso banderillear a un toro de Pablo Romero que no se prestaba para nada, al contrario, y se armó la de San Quintín, con la solanera insultando y tirando al ruedo todo lo que tenía a mano. Reincidieron cuando el diestro alicantino lidió en su segundo turno y organizaron unos cuantos salvajes una pelotera en el patio de caballos cuando ya había finalizado la corrida, lo que hizo que Esplá dejase de acudir a San Fermín durante varias temporadas.

Si las plazas de toros han sido consideradas siempre como los escenarios más democráticos que existen, actitudes y espectáculos como los vividos hace unos días desdicen y desmienten aquel aserto.

Aunque, claro, la oportunidad para demostrar la imbecilidad y escaso seso de quienes protagonizaron el escándalo era para ser aprovechada, sobre todo cuando se tienen pocas luces y mala leche. 

Víctor Hugo, siglo y medio después, sigue vigente y hay miserables que se empeñan en dejar constancia de ello.
Burladero.com

jueves, 16 de julio de 2026

David de Miranda ¡Vayan a verlo! / por Manolo Viera


'..una forma de torear con la que David de Miranda está escalando la cúspide del toreo. Toreo con el que descifra todos los argumentos para atrapar el éxito. Una manera de crear hermanada con la inteligencia y la belleza, sin descartar la pureza. Sencillez y buen gusto en una tauromaquia admirablemente expresiva..'

GALLEANDO
Vayan a verlo

Por Manolo Viera
Está tocado por la vara del valor y, además, por la impecable quietud. No ha tenido prisa por llegar. Casi lo ha logrado y aún sigue haciéndolo todo sin celeridad. Ante el toro y lejos de él. Actúa despacio. En su tiempo. Cada tarde que viste el traje de torear expone sus argumentos para seguir ahondando en su verdad. Manda en las embestidas con la mejor versión de un concepto que constituye, por sí solo, una extraordinaria aportación a la tauromaquia actual. Simple y poderosa demostración de una forma de lidiar con la que alcanza su cenit con la regularidad de los grandes triunfos.

Una colección de “puertas grandes” certifica la grandeza de su toreo. Ese que hace que se vivan en la plaza momentos tremendos cargados de emotividad. Valor, veracidad y elegancia en el hacer. Algo más allá que un bonito natural. La excelencia de la lidia transformada en poderosa dimensión con la que consigue enloquecer a quien le ve. Formas de ejecutar una tauromaquia despaciosa y contenida. Todo está ocurriendo en esta temporada de sueños hechos realidad.

Faenas concebidas en su forma con el vigor de lo auténtico. Al principio fue quietud en un concepto de miedo. Después, un penetrante juego de muñeca que refuerza el armazón de un toreo con el que ilumina los tendidos, contagiando sentimientos que inducen a la emoción. Razón de ser de una forma de torear con la que David de Miranda está escalando la cúspide del toreo. Toreo con el que descifra todos los argumentos para atrapar el éxito. Una manera de crear hermanada con la inteligencia y la belleza, sin descartar la pureza. Sencillez y buen gusto en una tauromaquia admirablemente expresiva.

Nadie duda ya de las cualidades que acompañan a quien realiza en los ruedos verdaderas hazañas que habitan en el juego de la vida. A la vista está aquella ya lejana tarde en la que rozó la tragedia. Viéndole torear se abre el corazón. Fascina la forma de concebirlo, de ofrecerlo caminando por ese mundo de autenticidad traducido en pasión y, a veces, en dolor. Hace días, en la plaza de toros de Pamplona, volvió a dejar patente su enérgica vena de figura, y aún le quedan muchas plazas para culminar su temporada. Vayan a verlo.

La final del Mundial de Fútbol de 2026. Y el tostón de «el mejor de la historia» / por Pepe Campos


Cotorra argentina (Myiopsitta monachus) yacente en alcorque madrileño. 
Calle Montesa/Lista

'..De la selección argentina hemos hablado en días pasados. Con Inglaterra ha crecido y ésta es su verdadera amenaza. A pesar de todo, España es favorita para ganar la final, y le ha llegado el preciso momento de demostrarlo. Si la suerte acompaña, lo evidenciará. Si no, se nos caerá encima el mundo, un orbe que es grande, pesado, tabarroso e insufrible..'

La final del Mundial de Fútbol de 2026. Y el tostón de «el mejor de la historia»

Pepe Campos
Hemos escrito mucho sobre Messi y en torno a Argentina a la hora de analizar este mundial de fútbol de EEUU (Canadá y Méxito) de 2026. El domingo se celebrará la final entre España y Argentina. Ha llegado la hora de valorar lo que puede ocurrir en ese encuentro que a priori parece igualado. Se puede decir que para España enfrentarse al equipo argentino (y a Messi) introduce un factor de dificultad que contra Inglaterra no se hubiera dado. El equipo inglés, como se demostró en su semifinal con la escuadra sudamericana, iba a ser más asequible mediante un garantizado control del juego por parte de los jugadores españoles. Ahora bien, así las cosas en estos momentos, para España todo lo que pueda suceder se nos antoja de una evidente contrariedad, por diferentes motivos. Pasan por la presencia de la figura de Messi y por cómo entiende y practica el fútbol el conjunto che. No sirve hablar de la clara ayuda recibida por Argentina por parte de la FIFA (sus dirigentes son unos visionarios, y han apostado por un equipo ganador para sacar adelante sus propuestas mercantiles y estratégicas, alrededor del deporte del balón esférico). Según han ganado los argentinos a los ingleses en la semifinal, debemos pensar que no sólo tienen prerrogativa arbitral, sino que también poseen gestión. Un juego basado en la fe, en la lucha, en la entrega, en la estrategia, en saber ser favoritos hasta el último segundo de los encuentros y ganar con argumentos (o si no, sin ellos). Dominan todas las fases de la contienda, las extradeportivas y las emocionales, como sabemos: rodear al árbitro, sacar la falta en el momento oportuno, parar el partido cuando es conveniente, acelerarlo si es necesario, acertar en las ocasiones, repetir los esfuerzos, hundir al rival y pasar por encima de él. Todo lo que digamos es poco. Además han creado alrededor de su jugador estrella, Messi, un andamiaje de voluntad y confianza infinita. Una estructura que les ha funcionado, y en la que Messi —hay que reconocerlo— se ha mostrado firme y decisivo. Más sorprendente si nos fijamos en su edad (le hemos llamado anciano, creemos que lo es, si bien es un viejecito que se resiste a morir y que mata si no se le arrincona o no se le somete a un marcaje individualizado, ya que, mientras tenga un hálito de vida, liquida, despacha y se resiste). Hay que apreciar que a la picaresca consuetudinaria de este personaje debe añadirse, como virtud, su dominio del balón y su aparición en los encuentros en las fases claves y extremas.

Nuestra oposición a Messi, no es una negación, sino una matización. Vivimos en un mundo de experiencias definitivas y finales. De ese modo tenemos que padecer ese constante veredicto buenista de «el mejor de la historia», una y otra vez. La visión histórica de las personas hoy día es mínima: todo lo válido se reduce a lo que vivimos en este instante y se nos impone como mensaje mediático con componentes de verdad. Falta realizar un análisis sociológico sobre esta sensación social de estar viviendo lo que nunca nadie antes pudo vivir o sentir o pensar o realizar. Lo último es lo nuevo, lo mejor, y se convierte en algo eterno desde nuestro presentismo. No se entiende que hubo un antes y que existe un después. No merece la pena, en este instante, ir más allá en esta valoración, para comprender lo que se nos impone sobre quién es Messi o cualquier otra faceta o personaje. Aquellos que somos aficionados a la tauromaquia y podemos tener perspectiva histórica lo entendemos, fácilmente, si pensamos en lo que supuso no hace mucho el fenómeno José Tomás como el torero mejor de la historia. Y ahora toca con Morante de la Puebla. El sistema y sus acólitos, erre que erre, una tabarra, y no hay manera de mantener ningún tipo de conversación, ni de matización al respecto. 
Sobre Messi pasa lo mismo; pues se nos impone actualmente esa sentencia lapidaria del mejor de la historia. No importa que hubiera otros tiempos, equipos, jugadores, situaciones y contextos. Nada, o piensas que es el mejor de todos los tiempos o se es un ignorante. De modo inocente alguna vez he comentado que si Messi hubiera jugado en la posición de Beckenbauer a lo largo de toda su carreta, y, al revés, Beckenbauer en la de Messi ¿quién hubiera rendido de manera más idónea? No se tiene en cuenta tampoco el hecho de la evaluación del equipo en el que se juega y cómo este grupo responde en torno a una figura deportiva. Etc. Realmente pensamos que Messi es sin duda un gran jugador —no se puede negar— pero no por ello es el mejor de la historia. ¿Qué es lo que lleva a forzar eso? ¿Y Di Stéfano, por ejemplo, o Pelé, Puskas, Garrincha, Best, Cruyff, y todo el listado que queramos, incluidos futbolistas marginales —me viene a la mente Mágico González—? Si se es masa, este tipo de conversaciones no tienen sustento. Si se es gentío, es determinante reducir todo a una cosa —la dichosa cantinela del mejor de la historia— y dejar fuera de la charla y de la reflexión las infinitas matizaciones dialécticas que convierten a las aficiones —en este caso el fútbol— en un motivo de apuesta romántica. Los medios de comunicación y sus periodistas adláteres se encargan de ensuciar cada atisbo de pensamiento libre que pueda gestarse y genera independencia.

He visto todo el mundial a través de la plataforma DAZN y he quedado positivamente sorprendido. Los comentarios siempre se han ceñido a hablar de fútbol de manera equilibrada, sin centrarse en conversaciones vacías y polémicas, el rollo del Balón de Oro y lo del mejor de la historia, ¡dale molino!, como suele darse en las cadenas generalistas de televisión o en la prensa deportiva con un periodismo de muy poco nivel, desagradable, ignaro. Este domingo desaparece uno de esos programas que alimentan tales polémicas, y un día tras otro se centran en el galardón del Balón de Oro. Muy pobre discurso, pero que ha funcionado. Nos alegramos de su final; y suponemos que morirá este mismo domingo con las botas puestas hablando del Balón de Oro como si no existieran más temas ni compartimentos de razonamiento. 

Al adentrarnos en el análisis del partido de la final del Mundial de este domingo tenemos que imaginar la manera en la que pueden jugar ambos equipos. De España es notorio y hemos dicho que dispone de un equipo que se basa en el centro del campo. De jugadores que se mueven con soltura por la medular del terreno de juego. En este caso hay que volver a escribir sobre Rodri y su papel dentro de la selección española. Desde nuestro punto de vista es un jugador fundamental, ya que el juego de España pasa por sus pies, nace allí, y su movilidad por el césped es fundamental al condicionar el ritmo, los momentos y los terrenos por donde circulará la pelota. A su lado, algo más adelantado, tenemos a Olmo, un jugador de entrega que se posiciona a la perfección en espacios cortos y que tiene en la mente irse hacia delante elaborando juego asociativo y asistencias. Por el otro lado aparece Fabián, un centrocampista con físico, despliegue, corte y llegada. Incluso gol. Le ha ganado el puesto a Pedri, más fino, si bien escaso de físico. Entre Rodri, Olmo y Fabián se compone lo mejor de España. Están bien acompañados. Por detrás, los dos centrales, Cubarsí y Laporte, de buen juego aéreo, anticipación al juego rival y solvente salida del balón. 

Con ellos ya tenemos en disposición casi a la mitad del equipo. Faltan las alas. Por detrás, Cucurella, lateral izquierdo, muy diligente en adelantarse al juego del contrario e irse hacia arriba, dinámico y con lectura del partido. En el lateral derecho, Porro, un descubrimiento de este mundial. Férreo en defensa, asociativo en el centro del campo y llegador en ataque. Por delante de ellos, Lamine Yamal, un extremo derecho a pierna cambiada, pues su pierna buena es la zurda, que tiene desborde; pero lo mejor de él es la visión del juego, del espacio libre, para poner balones a los compañeros. En el extremo izquierdo, desarrollando un gran mundial, Baena, que cumple la función de falso extremo o cuarto medio. Muy trabajador y con buen pie (que todavía no ha sacado a relucir).

Nos falta hablar del portero, Unai Simón, un cancerbero clásico, con excelente colocación y un juego con los pies —que hoy se pide a los porteros—, digamos que correcto. Desde el banquillo muy buenos jugadores, como Llorente (lateral derecho, potente), Merino (centro del campo y delantera, oportunista), Pedri, si quedara fuera de la titularidad, Nico Williams (extremo izquierdo, hábil, que podría tener su momento), Yeremi Pino (extremo, también, driblador, con poca participación hasta ahora), Gavi (un todo terreno es posible disponga de una oportunidad en la final). Y más jugadores, si la cosa se pone fea. Aparte, para ganar a Argentina hay que tener el balón. Todo eso se conoce. Más saber sufrir si los argentinos se comportan a modo Uruguay o, simplemente, con sus propios genes competitivos que hemos resaltado. 

En plan táctico, no se debería descartar, si las cosas van favorables, tapar a Messi —bloquearle—, algo que no ha hecho ningún equipo, ni los ingleses, que le dejaron a su aire y le dieron protagonismo. En una selección seria se tendría que cuestionar el futuro de Tuchel, ya que obligó a recular a su equipo tirando la semifinal a la basura y no supo dar con el antídoto para tapar a Messi, ni a Lautaro, ni a De Paul. En fin, una gestión de Tuchel muy controvertida que se ajusta a su rol de entrenador autor, como lo son Guardiola, Klopp, Emery, y tantos otros del fútbol actual. El buenismo del fútbol. Muy ocurrentes, influyentes y caprichosos. No es el caso de De la Fuente, que ajusta la táctica según las cualidades de su jugadores (pensamos que lo hará). Ni de Scaloni, a quien hay que darle un grado de autonomía a partir de lo que diga Messi y que no se le presuponía. De la selección argentina hemos hablado en días pasados. Con Inglaterra ha crecido y ésta es su verdadera amenaza. A pesar de todo, España es favorita para ganar la final, y le ha llegado el preciso momento de demostrarlo. Si la suerte acompaña, lo evidenciará. Si no, se nos caerá encima el mundo, un orbe que es grande, pesado, tabarroso e insufrible.

Patria sin fútbol / por Itxu Díaz


'..resulta frustrante que tantos españoles tengan que esperar cuatro años, cada mundial, para vestirse con los colores de su propio país en su propio país, sin resultar sospechosos de no sé qué; algo que la izquierda ha decidido sin el concurso de al menos la otra mitad de españoles..''

Patria sin fútbol

Por Itxu Díaz
Están mi ciudad y la tuya engalanadas con banderas de España. Niños, jóvenes y mayores visten camisetas, bufandas, pulseras y ondean al viento la rojigualda, que no «la roja», tristísimo invento de La Sexta en aquel Mundial del 2006 en el que todos hablábamos del añorado Andrés Montes y de El Koala, el que iba a hacer un corral «pa echá guarrilla y pa echá guarrillo».

El fútbol es una pasión gratuita. No es primitiva ni tribal, como dicen los que gustan paradójicamente de tocar mucho las pelotas, pero odian el balompié. El fútbol, como la música y las fiestas populares, ayuda a la cohesión de un país, nos une y hermana en una lucha sin grandes consecuencias; un hermanamiento que disfrutamos, no tanto por los goles —que también—, sino porque apela a algo muy íntimo, al sentido último de constituir una nación, para ser, para defendernos.

Sin embargo, resulta frustrante que tantos españoles tengan que esperar cuatro años, cada mundial, para vestirse con los colores de su propio país en su propio país, sin resultar sospechosos de no sé qué; algo que la izquierda ha decidido sin el concurso de al menos la otra mitad de españoles. A pesar de que los zurdos acumulan infinitas traiciones a la patria, la ruptura de la unidad nacional, la real y la que atañe a los símbolos, para lograr pescar políticamente en ese río revuelto, es la peor de todas. Es el pecado original de la izquierda española: el odio a España.

Con la bandera celebramos a nuestros mayores, a los que nos precedieron fundando el hogar que habitamos, a los que lucharon por reconquistar esta tierra cristiana y derramaron su sangre por nuestra paz, o a los que murieron también, asesinados de la forma más canalla, en la lucha contra las ratas de la banda terrorista ETA; gracias a su valentía hoy somos un poco más nobles, un poco más libres.

Los nacionalistas, que hoy ya sabemos que no creen en nada salvo en su modelo de negocio, han insistido durante décadas en que la insignia nacional es una afrenta a las identidades regionales. Valiente soplapollez con la que hemos tenido que tragar sin quererlo, por la complicidad de la izquierda, y por la cobardía habitual del centro-derecha. No sólo la bandera española no causa afrenta alguna, sino que gracias a ella existen nuestras bellas regiones, que la historia en rojo y amarillo es inseparable de cada uno de sus territorios, su cultura, y sus gentes.

Renunciar durante cuatro años a la bandera que nos une es matar al padre, renegar de la propia familia, y traicionarse a uno mismo. Es pisotear la memoria de nuestras gestas históricas, despreciar El Quijote, a Velázquez y Goya, y a los Machado. Ocultar lo símbolos nacionales es como tapar con un velo de temor y vergüenza San Lorenzo del Escorial, Las Meninas, o la catedral de Santiago de Compostela; es renegar de Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, y San Ignacio de Loyola; es como malvender en Vinted el orgullo que supone la Escuela de Salamanca, las leyes de Indias, la primera globalización del mundo, las universidades de Salamanca y Alcalá, y el Siglo de Oro.

Hay quien no merece la nación que le ha tocado en suerte. Renunciar a la bandera española, a los grandes símbolos de la nación, y al inmenso y glorioso acervo cultural, histórico, político, espiritual, y social de España es, como dicen los eruditos, de gilipollas.

David Galván: Valor y arte en estado puro / por Rafael Comino Delgado


'..Valor, mucho valor del de verdad no del que atropella la razón con la intención de impresionar  al público,  y Calidad en su toreo, pues todo lo que hacía estaba inspirado y presidido por la más pura ortodoxia..'

Valor y arte en estado puro

Rafael Comino Delgado 
En julio de 2011 escribíamos un artículo en Aplausos.es  titulado Calidad con valor, para referirnos a David Galván cuando todavía estaba de novillero, pero ya le había visto varias veces y me trasmitía unas sensaciones inmejorables; se vislumbraba en él un gran torero que poseía los dos ingredientes fundamentales para ser gente importante en el toreo: Valor, mucho valor del de verdad no del que atropella la razón con la intención de impresionar  al público,  y Calidad en su toreo, pues todo lo que hacía estaba inspirado y presidido por la más pura ortodoxia. Desde entonces ha pasado mucho tiempo, y naturalmente le he seguido y le he conocido en profundidad como persona. Como es lógico ha evolucionado mucho como toreo y como persona (era un niño y ahora es un hombre), pero conservando la esencia. 

Para mí es un matador de toros de lo más selecto dentro del escalafón, pues el valor al que ya aludíamos lo conserva, pero multiplicado por muchos enteros. Es uno de los toreros con más valor de los que yo he visto, porque dicho valor está basado en la verdad de su toreo; torear es muy difícil, pero torear con la verdad por delante es extremadamente difícil, hay que arriesgar mucho, entregarse mucho, y por desgracia no todos los aficionados captan esa verdad, solo la captan los muy buenos. David hace todo lo que hace con la verdad por delante (la misma que tiene en su vida personal fuera del toreo), se coloca en un sitio donde  da al toro todas las ventajas. 

El otro ingrediente al que aludíamos en 2011 era la calidad, que la sigue teniendo, pero perfeccionada, sin embargo, ahora vamos a emplear un término más amplio, el arte, que a David le fluye desde lo más profundo de su alma, y lo expresa con gran estética y elegancia; su toreo es verdad, es arte, es elegancia, todo lo cual a nadie deja indiferente. Todos recordaran la faena que realizó en san Isidro de 2024, por la que se le concedió el trofeo al torero revelación de ese año. Fueron 10 minutos en los que el arte iba fluyendo pausadamente desde lo más profundo de su alma, cautivando y emocionando a todos los que la vimos en directo o por TV. 

Este año ha debutado en Pamplona con toros de Cebada Gago y ha triunfado plenamente, de acuerdo a los toros que ha tenido, pues todas las crónicas hablan de lo bien que ha estado, de la calidad de su toreo, de sus faenas en general. 

Ya ha matado corridas de Miura, de Victorino, de Cebada, y con todas ha triunfado.  A lo largo de su ya importante carrera taurina-tomó la alternativa en el 2012 -ha acumulado muchos triunfos en plazas de gran responsabilidad, y los aficionados conocen sus virtudes como torero eminentemente artista con muchísimo valor, o torero eminentemente valiente con muchísimo arte (ambas cosas son verdad), de entrega total, de inspiración y de verdad en todo lo que hace. Sinceramente creo que David merece más y mejores carteles de los que hasta ahora le están ofreciendo. Si los empresarios se consideran de verdad empresarios taurinos de los buenos, y quieren ver toreo del que engancha, cautiva, emociona a los aficionados y a los públicos en general, que pongan a David Galván, y de esa forma se ayudarán ellos mismos, y ayudarán a la Fiesta.  ¡David Galván es el Valor y el Arte en estado puro!