la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

martes, 3 de marzo de 2026

Sobre VOX / por Javier Esparza


'..Hay una cacería abierta. La «derecha profunda», si se puede usar el término (que creo que sí), ha abierto la veda contra esos advenedizos que han acampado, insolentes, bajo las puertas del templo..'

Sobre VOX

Javier Esparza
Es transparente que estamos en plena campaña contra VOX: la enésima campaña contra VOX. Desde que se fundó el partido en 2013, el establishment ha decretado reiteradas veces su muerte. «Esta vez sí que sí», parecen decir ahora las voces más autorizadas del retablo mediático. Liberales «atrapalotodo» persuadidos de ser ellos «la derecha auténtica», sinuosos jerarcas de la Conferencia Episcopal que deslizan a la prensa de sacristía su santo temor a la «ultraderecha», ex presidentes en busca de un busto de mármol que descienden sobre nosotros como Júpiter redivivo, tribunos vociferantes que reclaman que se deje gobernar a «los que saben»… Hay una cacería abierta. La «derecha profunda», si se puede usar el término (que creo que sí), ha abierto la veda contra esos advenedizos que han acampado, insolentes, bajo las puertas del templo.

Buena parte de lo que se está diciendo y de lo que está pasando en torno a VOX obedece a esto, y no creo que se pueda entender de otra manera. También cuando se trata de distinguidos veteranos del grupo que ahora se ven desplazados o superados. «El VOX de verdad soy yo», parecen decir. Pero la ola verde les pasa por encima y ellos se quedan ahí, tal vez satisfechos con unos minutos de televisión y unos cuantos titulares, pero arrumbados por un movimiento que han dejado de entender. Y es que la tele y los titulares y los obispos y los ex presidentes y los tribunos pertenecen a un mundo que no es el mundo del votante de VOX. Todas esas cosas, como los cálculos de los brujos electorales o las maniobras de los príncipes de la opinión, están en un estrato cerrado y autosuficiente, el de los que mandan, mientras que el voto de VOX se nutre cada vez más de un estrato distinto y más profundo: el de los que están abajo, esas voces que no escuchan ni los tecnócratas ni los ex presidentes.

De todos los partidos presentes, VOX es el único que se ha movido al ritmo que se movía la sociedad española. Esto no sólo no es malo, sino que es lo deseable, porque toda política debe actuar siempre sobre una realidad social concreta, y la realidad española se ha transformado de manera intensísima en el ultimo decenio. Hubo un momento en el que podía pensarse que el objetivo era conservar un cierto número de rasgos sociales y culturales, pero eso quedó muy atrás por el frenético masaje de nihilismo que se ha aplicado sobre la sociedad española. Después pudo pensarse que el objetivo era salvaguardar el orden institucional, pero eso también quedó atrás desde el momento en que tal orden se ha desmantelado casi por completo. No es que esas cosas se abandonaran, sino que, más bien, pasaban al fondo de la mochila a medida que el cambio social generaba nuevas problemáticas: la vivienda, la inmigración, el campo, la seguridad, etc. El acierto de VOX ha sido no dejar de moverse al ritmo de la propia sociedad. Aunque eso haya costado que algunos, mareados por el vértigo, terminaran bajándose del avión… en pleno vuelo.

Es fascinante ver cómo el resto de los partidos ha sido incapaz de incorporar todo eso a su discurso. El PSOE se ha convertido en una especie de secta caudillista que maquilla su vacío ideológico con retórica guerracivilista y poses woke. Tampoco fue capaz de reactualizarse Podemos, que lo tenía todo para ser la cara más flexible de la izquierda, pero careció del valor para liberarse de sus propios fantasmas y ha terminado enredándose en una especie de fraseología lunática. En cuanto al PP, es evidente que sus estrategas están intentando recuperar a toda prisa ciertas temáticas propias de VOX, desde la inmigración al problema agrario, pero tiene una grave dolencia: su propia trayectoria. No puedes abanderar la restricción de la inmigración cuando fuiste el primero en abrir las puertas y hasta ayer por la tarde estabas pidiendo regularizaciones masivas. No puedes exigir que se termine con la estafa de los «menas» cuando hasta hace unos meses estabas negándote a que se les hicieran pruebas de edad. No puedes manifestarte contra Mercosur en Madrid mientras estás votando a favor en Bruselas. Sobre esa panoplia de contradicciones, el PP añade su propia evolución: es un partido de poder que se ha mimetizado por completo con el Estado de las Autonomías, de manera que su estructura depende en buena medida de las redes clientelares engordadas al calor de la política regional, redes que, por su propia naturaleza, serán refractarias a cualquier cambio. Y por esto, entre otras cosas, tampoco el PP está en condiciones de moverse al ritmo que el pueblo le marca.

VOX seguirá creciendo mientras siga siendo capaz de leer las corrientes más profundas del cambio social, esas que sólo se perciben en un bar de pueblo o en un polígono suburbano; esas que los demás han dejado hace tiempo de escuchar. Eso le obligará también a estar en perpetua crisis en el sentido etimológico del término: decisión, separación, criba. Pero justamente por eso representa para tanta gente una esperanza.

La Gaceta de la Iberosfera

Prohibido reír / por Carlos Bueno

 
'..Detrás de todo ello subyace una estrategia ideológica que no oculta su rechazo a la tauromaquia y su deseo de erradicarla. Y como no pueden suprimirla de golpe, avanzan paso a paso limitando la entrada de menores en las plazas y prohibiendo determinados espectáculos taurinos, aunque con ello se cercene el derecho de los padres a educar a sus hijos conforme a sus convicciones..'

Prohibido reír

Por Carlos Bueno
El poni es un “caballito bonito” que despierta simpatía inmediata por su menor alzada y su cuerpo compacto. Es un animal resistente y trabajador, pero, sobre todo, destaca por su imagen graciosa. Así que, siguiendo cierta lógica reciente, quizá habría que aniquilarlos. También habría que prohibir el trabajo de los payasos del circo y las imitaciones de Carlos Latre. Y, por supuesto, borrar de los archivos las películas de Charlot, el Gordo y el Flaco, Jerry Lewis, Jim Carrey, Ozores o Paco Martínez Soria. Lo mismo cabría hacer con los monólogos y actuaciones de Gila, Chiquito, José Mota o Lina Morgan, no vaya a ser que alguien se ría con sus “tonterías”, del mismo modo que se han prohibido los espectáculos cómico-taurinos.

Pablo Bustinduy, ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, ha aprobado un real decreto que impide este tipo de eventos para, según sostiene, proteger los derechos y la imagen social de las personas con discapacidad, al considerar estos espectáculos “denigrantes”.

Frente a esa postura, los propios artistas defienden que nadie mejor que ellos puede decidir qué es digno o indigno en su profesión. Sin embargo, nadie les ha preguntado. El ministro se ha arrogado una autoridad moral incontestable que le otorga, a su juicio, la potestad de dictar y prohibir. Y con esa decisión ha acabado con el trabajo de muchas personas que se sentían artistas y toreros, y que lo eran.

Habrá quien afirme que Charlot y el Bombero Torero no son lo mismo. Y es cierto, no lo son a pesar de que con Charly Chaplin también se reían. Pero la experiencia demuestra que existe una inclinación creciente a señalar desde el poder qué está bien y qué está mal, preceptos asumidos como únicos y acertados que no respetan el gusto, la tradición o la cultura de los demás y no consideran puntos de vista distintos a los propios.

Detrás de todo ello subyace una estrategia ideológica que no oculta su rechazo a la tauromaquia y su deseo de erradicarla. Y como no pueden suprimirla de golpe, avanzan paso a paso limitando la entrada de menores en las plazas y prohibiendo determinados espectáculos taurinos, aunque con ello se cercene el derecho de los padres a educar a sus hijos conforme a sus convicciones.

Nadie se mofa de los artistas cómicos; nadie se burla de las personas con enanismo en una plaza. El público se ríe con ellos, no de ellos, que es muy distinto. No hay nada denigrante ni humillante en hacer reír desde un personaje, una caricatura o una tradición escénica. Quienes tienden al intervencionismo lo saben, pero prefieren revestir sus decisiones de una superioridad moral incuestionable. Es más sencillo presentar la prohibición como defensa de la dignidad que admitir el trasfondo ideológico. Pero, en realidad, prohibir que alguien elija su profesión es el primer paso hacia la discriminación.

Que nadie acabe con los ponis ni con Charly Rivel, Pedro Reyes, Faemino y Cansado, Martes y Trece, los Hermanos Marx, Benny Hill, Tamariz, Ozores o Mr. Bean. Que nadie decida de forma unilateral qué es digno o denigrante. Que nadie imponga su doctrina. Que nadie coarte libertades ni derechos. Que nadie desestime la cultura. Que nadie nos prohíba reír con diferentes sentidos del humor.

Si no les gusta lo prohíben / por Rafael Comino Delgado


'..Pedro Sánchez quiere, según dijo, pasar a la Historia como el hombre que sacó a Franco del Valle de los Caídos, y el ministro también quiere pasar a la Historia, pero prohibiendo el Bombero Torero, o Popeye Torero, u otros similares, y es que estos políticos que tenemos en el gobierno son así ellos, les gusta mucho destacar, ser estrellas..'

Si no les gusta lo prohíben

Rafael Comino Delgado
El ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, don Pablo Bustinduy, que así se llama este social-comunista, prácticamente  desconocido en España, que  se ha empeñado en saltar al estrellato político, y para ello ha decidido prohibir el espectáculo El Bombero Torero, que existe en España desde hace muchos años, que da trabajo a muchas personas entre otras a enanos (acondroplásicos) que divierten a jóvenes y mayores, que no es una mofa como el gobierno y él aspirante a estrella afirman, para argumentar su irrefrenable deseo de  prohibirlo. Su jefe, es decir, don Pedro Sánchez quiere, según dijo, pasar a la Historia como el hombre que sacó a Franco del Valle de los Caídos, y el ministro también quiere pasar a la Historia, pero prohibiendo el Bombero Torero, o Popeye Torero, u otros similares, y es que estos políticos que tenemos en el gobierno son así ellos, les gusta mucho destacar, ser estrellas y, si no están dotados de capacidades reales para hacer cosas verdaderamente útiles a la sociedad, recurren a disparates a estupideces que llamen la atención.

Los propios enanos, que son seres humanos como los demás, pero con menor estatura, quieren trabajar en estos espectáculos, donde se ganan honestamente la vida haciendo lo que saben, lo que les gusta y se siente útiles, importantes, porque llevan la felicidad a muchas personas. Pero es que en febrero de 2025, una juez de Málaga concluyo en una sentencia que este espectáculo realizado por enanos (personas con acondroplasia), no es una mofa ni humillación, sino que es una forma de trabajo y expresión artística, con lo que permitió su celebración, pero el tozudo don Pablo y el más tozudo gobierno central, siguen con su necesidad imperiosa de prohibirlo. 

Hay enfermedades mentales que se curan, que hoy día la Medicina dispone de fármacos para curarlas, y poder llevar una vida normal en la sociedad, pero la estupidez y la llamada “mente dictatorial o totalitaria”, son padecimientos que escapan a todo tipo de tratamientos. Además, ocurre con ellos lo mismo que con las drogas, que producen adicción, tolerancia y síndrome de deprivación cuando no se hacen frecuentemente. Así pues, el aficionado a prohibir, cuando no lo hace con frecuencia siente lo que llamamos, “mono”, por ello. La Medicina, a pesar de los grandes avances que ha hecho y hace cada día, se siente impotente ante tales trastornos mentales. Lo único que se pude hacer es esperar que no nos toque en suerte, uno o varios gobernantes aficionados a prohibir lo que no les guste.

lunes, 2 de marzo de 2026

Aquellos sesenta (II)… / por Jorge Arturo Díaz Reyes


Diego Puerta, Gregorio Sánchez y El Viti (confirma), Las Ventas 1961.
 Foto: La Gaceta

Aquellos sesenta (II)…

Jorge Arturo Díaz Reyes
CrónicaToro / Cali, Colombia, 2 III 2026
A esa década no han querido llamarla “Edad de oro”, aunque razones dio. Quizá fue por no redundar con las históricas anteriores así rotuladas; aquella 1791 - 1801 de Romero, Pepe Hillo y Costillares, o la 1910 a 1920 de Joselito y Belmonte. Tampoco la han enchapado en “plata”, como la muy heroica 1920 - 1936. No, a esta la han fundido en otro metal; Edad de platino.

Bueno, creo que la mayoría de quienes por razones naturales nos perdimos las tres primeras, pero vivimos la última, y la anterior a ella, (la de los cincuenta), y las seis que le han sucedido hasta hoy, podemos convenir, toreramente hablando, que la vitola platinada, pese a no ser eufónica, cuadra. Está bien, al fin y al cabo, también es elemento precioso.

Nadie lo adivinaba cuando la cosa empezó en Cali (cuestión de fechas feriales), el 3 de enero de 1960, con el mano a mano Luis Miguel Dominguín y Antonio Ordóñez. Inicio, que también fue punto final a su “peligrosa” rivalidad del inmediato 59, apologizada por Hemingway.

En plaza llena, no era para menos. Calor y sol, toros de Fuentelapeña (Pinto Barreiros), pequeños y encastados, a los que el rondeño desaforado en la primacía, les cortó cuatro orejas, ante su estelar cuñado, que solo recibió una. Al otro día volvieron a coincidir allí mismo, con armado encierro de Achury Viejo (Conde de la corte), y tercería y sangre de Vásquez II. Pero ya todo estaba escrito, era cosa pasada. Amanecía otra época. La cual no sería para ninguno de los dos.

Pronto, el sábado 30 de abril, lo pregonó en La Maestranza, el joven Diego Puerta. Adelantado de una generación hija de la guerra civil. Y qué criada duramente sobre la arrasada España de la posguerra, venía por su lugar en el ruedo y en la vida, a como fuera. Diego salió esa tarde de la capilla, para enfrentar la corrida de Miura y dijo a sus peones: “Ojo a los quites, que esta tarde salgo muerto o rico”.

El berrendo “Escobero”, de 593 kilos, le dio la oportunidad de sostener con el cuero sus palabras. Tras una fiera, bella, y al fin triunfal batalla, llevaron al bravo sevillano a la enfermería, vivo aún, y luego rico. Filiberto Mira en su libro “Medio siglo de toreo en La Maestranza”, confiesa: Aquella tarde comprendí para siempre QUE EL TOREO ES EL ARTE DE LA EMOCIÓN. Así, tal cual, con mayúsculas en prensa.

Apenas 17 días después, Antonio Ordóñez, máxima cifra del poder amenazado, contesta en Las Ventas. Llovía, y tras confirmarle alternativa a Mondeño, recibe a “Girondino” (alias “Bilalarga”), 521 kilos, segundo de Atanasio Fernández, que va por él y le coge dos veces. La segunda, ya estoqueado. Los dos al piso.

Antonio Díaz Cañabate, cronista del ABC, consignó: “Toma la muleta en la izquierda y esculpe en el bronce imborrable del recuerdo cuatro naturales de prodigio… el clamor ensordecía… se va tras la espada… el toro está muerto… ¡Ahí queda una faena! Una faena indescriptible. Una faena que en la historia del toreo quedará…”

Sí. Cuarenta y un años después, estas dos gestas transicionales, la de “Escobero” y la de “Girondino” fueron incluidas por Pierre Arnuil e Ignacio de Cossío en su libro capitular: “Las grandes faenas del siglo XX”. Con prólogo de Camilo José Cela.

Ese alumbrante año taurino 1960, terminaría, de nuevo en Cañaveralejo, el 30 de diciembre. “Corrida del toro”, y otra vez con fuentelapeñas. Bernardino Landete (rejoneador), Luis Miguel Dominguín, Gregorio Sánchez, Jaime Ostos, y los jóvenes retadores Pepe Cáceres y Paco Camino, que aventajaron a los veteranos desorejando sus toros.

Con ellos emergerían: Curro Romero, El Viti, El Cordobés, Mondeño, Manolo Martínez, Palomo Linares, Paquirri…, la televisión, la conjunción de las masas, la internacionalización, y el abrir del tiempo a diez años que estremecerían el ruedo, porque fuera de él, también se estremecían la cultura y el mundo...
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CERTAMEN. La sublime pureza de Rodrigo Cobo le ciñe los laureles del 'Kilómetro Cero' / por Aitor Vian

Novillos de La Machamona y Flor de Jara para César de Juste (Tabaco y oro), Jaime de Pedro (Turquesa y oro), Rodrigo Cobo (Berenjena y oro), Israel Guirao (Blanco y plata), Armando Rojo (Celeste y oro) y Rubén Vara (Blanco y plata)

 Rodrigo Cobo

VER: FOTOGALERÍA

La sublime pureza de Rodrigo Cobo le ciñe los laureles del 'Kilómetro Cero'

Rompió plaza en el coso cubierto de Valdemorillo una auténtica pintura viva con el hierro de La Machamona; un primer astado de bellísima estampa que encandiló nada más pisar la arena. El percal se hizo verso en un encendido duelo de quites, donde César de Juste y Jaime de Pedro acariciaron el aire serrano hilvanando verónicas henchidas de temple, compás y cadencia.

Con la pañosa, César inauguró su obra esculpiendo unos ayudados por alto de profunda estética. Fue en ese primer encuentro cuando el noble animal confesó su justeza de fuerzas, exigiendo al torero un pulso de cristal. Entendió enseguida el espada que no era tarde para el sometimiento, sino para la caricia. El tiempo pareció detenerse en los tendidos de Valdemorillo. La faena se derramó en pasajes de un relajo absoluto y una despaciosidad exquisita, donde todo tuvo el tacto de la seda. El novillo, derrochando clase, persiguió la tela a cámara lenta, regalando unas embestidas dormidas al más dulce ralentí.

Como rúbrica a un trasteo de tanta suavidad, el diestro dejó el acero en una estocada tendida pero de certera colocación. Cayeron los pañuelos y paseó la primera oreja de la tarde; un merecido trofeo a la paciencia, el tacto y el buen gusto.

Asomó por chiqueros el segundo de la tarde, un serio y cuajado ejemplar de la mítica sangre de Flor de Jara. Fue saludado por el capote de Jaime de Pedro, quien barrió la arena meciendo el percal en hondas verónicas de mano desmayada. El tercio de quites prendió la llama en los tendidos: Rodrigo Cobo dejó su impronta a la verónica, encontrando fiera y hermosa réplica en el propio Jaime, que trenzó un nuevo manojo de lances rematados con el vuelo picante y grácil de las chicuelinas.

Con la montera en mano y el solemne brindis dirigido al matador Esaú Fernández, el joven espada granadino descorchó el último tercio. Lo hizo con sabor, arrancando en el tercio para sacar al animal hacia los medios a base de doblones por bajo preñados de suavidad. Allí, en el corazón del ruedo de La Candelaria, cimentó una primera y rotunda serie por el pitón derecho. Pero la codicia del encaste exigió los papeles. El novillo, rebosante de clase y fijeza, se bebía literalmente la sarga pidiendo mando y gobierno. Llegaron los enganchones y la zozobra; por instantes, el ímpetu y la excelsa calidad del animal parecieron desbordar al novillero, a quien le costó encontrarle el aire y la distancia a tan franca y exigente embestida.

Mas la raza del torero afloró a medida que avanzaban los compases de la faena. Tras el peaje del acoplamiento, logró centrarse y atemperar aquel torrente bravo, abandonándose para cincelar pasajes al natural de exquisito trazo y hondo regusto. El uso de los aceros, caprichoso juez de las emociones, dilató el premio. A un primer encuentro desafortunado —un pinchazo trasero y caído— le sucedió una estocada casi entera. La sabia afición de Valdemorillo, siempre cabal, le obligó a recoger una calurosa ovación con saludos desde el tercio.

Saltó al albero de Valdemorillo el tercero del festejo, un armónico y bien hecho astado de La Machamona, de hechuras más dulces y amables por delante que sus hermanos. Lo aguardaba el percal de Rodrigo Cobo, quien supo dormir el engaño en los vuelos, meciendo los brazos para dibujar un saludo a la verónica de exquisita compostura y larguísimo trazo.

El tercio de quites encogió los corazones y elevó la temperatura en los tendidos. Israel Guirao clavó las zapatillas en la arena, pasándose los pitones lamiendo los alamares en unas gaoneras de infarto, pisando terrenos de fuego. Quiso Cobo reclamar su sitio dando la réplica a la verónica, mas en esta ocasión los mimbres no se trenzaron igual y la suerte quedó deslucida.

Con la montera en el centro del anillo y tras el respetuoso brindis al cónclave, el silencio expectante se adueñó de la plaza. Cobo descorchó su obra clavando una rodilla en tierra; genuflexo y poderoso, barrió la arena sometiendo por bajo al astado, enseñándole el camino con trazos de una largura infinita.

Pero el manantial de su toreo brotó en su máximo esplendor al echarse la sarga a la mano zurda. La obra se hizo grande al natural. Citando sutilmente, apenas con los flecos de la muleta, se enroscó la embestida para llevar al animal cosido hasta el final de la cintura, desbordando empaque y señorío en cada muletazo. Entendió a la perfección la lidia y la geometría del ruedo, concediendo generosas distancias a su oponente, esperando su galopada para engancharlo y acompañar el viaje hundiendo los riñones de puro gusto.

Una rúbrica caprichosa amenazó con enfriar el premio tras un pinchazo inicial, pero en el segundo encuentro el acero viajó letal, cobrando una estocada fulminante de efectos inmediatos. Asomó el pañuelo blanco en el palco y paseó una oreja de mucho peso; el justo reconocimiento a una labor cimentada en el empaque y la encajada verdad de su toreo.

Saltó a la arena el cuarto, un ejemplar de La Machamona de dulces y armónicas facciones. Lo esperaba la efervescencia de Israel Guirao, que iluminó el ruedo recibiéndolo con la brillantez de un bello farol, preludio de un ramillete de verónicas hilvanadas con gusto y abrochadas con unas medias de auténtico cartel.

La angustia, eterna compañera de la fiesta, sobrecogió a La Candelaria durante el turno de quites. Armando Rojo, al citar por ceñidas tafalleras, fue prendido con tremenda violencia; un secuestro en el aire del que, milagrosamente, emergió sin el peaje de la cornada. Con el corazón de los tendidos aún en un puño, el valenciano Guirao reclamó su turno para dar la réplica, enroscándose al animal en unas ajustadísimas chicuelinas que evidenciaron una facilidad y una torería desbordantes. Tras un tercio de banderillas sumido en el caos y el despropósito —una lidia para el olvido—, llegó el momento de la verdad. Montera en mano, Guirao alzó la voz para brindar su obra a su tierra, a la ciudad de la pólvora, evocando a una Valencia que ya respira el inminente aroma de sus Fallas.

El astado de La Machamona guardaba carbón y picante en sus embestidas, exigiendo los papeles. Pero se encontró con una muleta de hierro. Guirao, paso a paso, fue imponiendo su ley, sometiendo la aspereza de su oponente. Al natural brotó un toreo de inmenso poso, aunque el cénit de la tarde estalló por el pitón derecho: las series de derechazos, mecidas con una cadencia hipnótica, pusieron la plaza de Valdemorillo literalmente boca arriba. Fue la obra de un torero hecho y cuajado, una labor de lidiador capaz de tapar, uno a uno, todos los defectos de un animal complejo. El epílogo fue un alarde de valor sincero, acortando las distancias para pasarse los pitones por la faja en un rotundo y sincero toreo en redondo. Y como preludio a la suerte suprema, el éxtasis: hincó las rodillas en tierra y enjaretó cuatro manoletinas soberbias que pararon los relojes de la sierra madrileña. 

Mas la espada, tantas veces verdugo de las ilusiones, emborronó el triunfo soñado. Hizo guardia el acero en el primer encuentro, sobrevino un pinchazo y finalmente cobró una estocada tendida. El atasco con el descabello, que le costó escuchar un aviso, fue una verdadera lástima tras una faena de tanta dimensión. Aun así, la afición, sabia y agradecida, no permitió que su esfuerzo quedara huérfano y lo sacó a dar una calurosa vuelta al ruedo, arropado por el cariño de los tendidos.

El ecuador de la tarde trajo consigo al quinto, una auténtica joya viva con la legendaria divisa de Flor de Jara y una lámina de irreprochable belleza. La arena reclamaba entrega, y el sevillano Armando Rojo no dudó en hincar los hinojos en el frío albero para recibirlo con la explosividad de dos largas afaroladas de rodillas. Ya en pie, meció los brazos para esculpir, a cámara lenta, la que quedaría grabada en la retina de los presentes como la mejor media verónica de toda la tarde; un lance donde el tiempo y el vuelo del percal parecieron detenerse. El duelo en el tercio de quites mantuvo el pulso vibrante de la tarde. Rubén Vara pisó los terrenos del compromiso recetando unas bellas saltilleras cargadas de mando y poder, a las que el propio Armando Rojo dio encendida réplica por el mismo palo, tejiendo un quite de idéntica gallardía.

Con el eco de los capotes aún flotando, el espada andaluz brindó al cónclave de Valdemorillo. Caminó solemne hacia los medios y allí, convertido en efigie, inició el trasteo con unos estatuarios de infinita quietud, con las zapatillas imantadas al ruedo como raíces centenarias. Pronto desveló el novillo esa enclasada nobleza propia de la sangre santacolomeña. Rojo hilvanó series de buen trazo por ambos pitones, dejando para el recuerdo pasajes al natural de hondo calado, abrochados siempre con remates pintureros por bajo que rezumaban aroma a Guadalquivir. Sin embargo, el duende de la tauromaquia es misterioso, y faltó ese chispazo mágico de la transmisión; la obra, bella en su concepción geométrica, no terminó de caldear los tendidos. A medida que avanzaban los tercios, el ejemplar fue sacando a relucir la exigencia de su estirpe, poniéndose correoso y saliendo con la cara suelta y desentendida al final de cada muletazo, haciendo honor al temperamento de su encaste. Sabedor de la condición de su oponente, el torero cerró la faena recetando unos ayudados por bajo de profundo sabor y gran calado.

Mas la suerte suprema se tornó en un auténtico calvario de acero, emborronando por completo el esfuerzo. Hasta cuatro dolorosos pinchazos precedieron a dos medias estocadas tendidas que el animal, en su instinto, terminó escupiendo, para dejar finalmente una estocada trasera. Tras el recado en forma de aviso desde el palco, la plaza guardó un gélido y respetuoso silencio, abrazado ya por el atardecer de Valdemorillo.

El telón de la tarde en Valdemorillo se bajó con el sexto, y Rubén Vara decidió que no iba a dejarse nada en el tintero. Con la tarde agonizando, se fue a la puerta de los espantos, a porta gayola, para tragarse el miedo de rodillas. El coso cubierto de La Candelaria rugía, convertido en una auténtica olla a presión. Ya en el tercio, el joven espada continuó su alarde de valor endosando unas vibrantes largas cambiadas de hinojos, abrochadas finalmente con una media verónica al ralentí que hizo crujir los cimientos de la plaza.

Llegó el tercio de banderillas y Vara reclamó los palos para sí. Dejó pares en todo lo alto, cuadrando en la cara con una precisión quirúrgica, demostrando que la torería y la técnica le vienen de cuna, fiel herencia de las enseñanzas de su padre.

Fue precisamente a su progenitor a quien entregó el alma en un brindis cargado de emotividad, antes de irse a los medios y clavar, de nuevo, las rodillas en la arena. Desde esa geografía del compromiso trenzó un inicio de faena soberbio, hilvanando derechazos de un estoicismo sobrecogedor. Con la mano zurda, el toreo al natural brotó como un manantial: girando magistralmente sobre el eje de una pierna derecha convertida en columna de mármol, compuso trazos de infinita hondura. Toda la obra destiló el aroma de la verdad y la honradez más absoluta. Hizo gala, además, de la inteligencia de los elegidos: tuvo un perfecto sentido de la medida. No quiso alargar el metraje de su obra, sabedor de que el toreo grande no necesita aburrir, y se perfiló en el momento de máximo clamor. Como epílogo, y para mantener la temperatura en ebullición, regaló unas manoletinas de rodillas de alto voltaje.

Pero la espada, jueza inexorable de esta fiesta, volvió a negar la gloria de la puerta grande. Tras dos pinchazos y una estocada contraria, el atasco con el descabello enfrió los ánimos y le hizo escuchar un aviso. A pesar del trago amargo de los aceros, la afición de Valdemorillo le obligó a dar una clamorosa vuelta al ruedo que supo a triunfo moral.

FICHA:

Valdemorillo (Madrid) .- Novillos de La Machamona y Flor de Jara ,

Entrada: Un tercio de plaza.

César de Juste (Tabaco y oro), oreja

Jaime de Pedro (Turquesa y oro), ovación con saludos

Rodrigo Cobo (Berenjena y oro), Oreja

Israel Guirao (Blanco y plata), Vuelta al ruedo

Armando Rojo (Celeste y oro), silencio

Rubén Vara (Blanco y plata),  Vuelta al ruedo; 

Burladero.com

Liquidar la soberanía / por Rafael Nieto


'..Ya hemos dicho alguna vez que la Unión Europea es un ente que ha devenido en una enorme estafa institucional y política, olvidando su origen y echándose de lleno en brazos de los amos del mundo..'

Liquidar la soberanía

Rafael Nieto
En su libro «Soberanía», que debería ser de obligada lectura para todos los españoles, Jorge Buxadé desentraña con rigor intelectual y claridad expositiva hasta qué punto la agenda globalista mundial impide que las naciones puedan ejercer sus legítimos derechos. Unos derechos que no son abstractos, sino que se concretan en lo que las personas podemos hacer en nuestra vida diaria: trabajar, comprar, vender, etc. Es la soberanía, concepto ligado de manera intrínseca y profunda a la misma idea de nación, la que respalda y legitima esos derechos individuales de los ciudadanos.

Pero definitivamente el mundo que nos ha tocado vivir, este circo en el que hay personas que se creen perros y orinan al lado de los arboles levantando una pierna, está decidido a enfilar sus últimos tiempos liquidando todo lo bueno que el hombre (seguro que con la ayuda de Dios) había creado para la consecución del bien común. La soberanía de las naciones era, sin duda, una de esas cosas: la defensa de la libertad y de la identidad. La garantía de que aquello que la civilización ha permitido considerar como inviolable pueda serlo tanto en la ley como en los hechos.


Ya hemos dicho alguna vez que la Unión Europea es un ente que ha devenido en una enorme estafa institucional y política, olvidando su origen y echándose de lleno en brazos de los amos del mundo. El acuerdo con Mercosur, que entrará en vigor de forma provisional muy próximamente, es antes que nada un rejonazo mortal a nuestra soberanía, convertida de facto en una palabra ya casi vacía de contenido. Un acuerdo que los jerarcas de Bruselas se han apresurado a firmar cuando sólo Argentina y Uruguay han ratificado el texto en sus respectivos parlamentos. Un acuerdo lleno de trampas y de dudas que deja a los agricultores y ganaderos españoles al borde del colapso y de la ruina: vendidos por su propio Gobierno y por un partido, el PP, ajeno por completo a las necesidades reales de los ciudadanos.

Como no hay atraco ni desaguisado que no tenga su desfachatez adosada, Von der Leyen y sus amigos peperos y socialistas se han sacado de la chistera las famosas «salvaguardas» con las que pretendían engañar a los trabajadores del campo para que aceptasen el acuerdo. Pero éstos, conocedores de lo que va a suponer la entrada en Europa de productos que no cumplen las normas que a ellos se les exige, ya han dicho que se van a seguir movilizando hasta lograr dar marcha atrás a este fraude. Les han arruinado su futuro y su presente, y encima les piden que aplaudan con entusiasmo.

Donde la secta progre y liberal de Bruselas habla de «competitividad» y de «limitar los aranceles», lo que realmente hay es una monumental estafa para favorecer a los de fuera y empobrecer a los de dentro. Lo que ellos pintan de libertad y apertura es, en realidad, un juego de naipes con las cartas marcadas; un librecambismo donde unos juegan con ventaja porque pueden hacer trampas cuando lo deseen. Con la diferencia de que en este «juego» lo que está en riesgo es la subsistencia de miles de familias, y también, por supuesto, nuestra propia supervivencia. Está en riesgo el plato de lentejas que llega a nuestra mesa no precisamente por arte de magia, sino gracias al esfuerzo y al sacrificio de los trabajadores del campo.

Por cierto, siempre es bueno recordar que el partido de Feijoo se ha sumado con gran entusiasmo a este acuerdo ruinoso para España, demostrando una vez más su absoluta miopía política. Yendo de la mano de los socialistas, como hacen en nueve de cada diez votaciones que se celebran en el Parlamento Europeo. Liquidando la soberanía nacional como les ordenan sus amos, los dueños del planeta, unos enfermos del poder. Lo que probablemente no saben es que el tiempo juega en su contra porque la gente normal está despertando. Cuando se quieran dar cuenta de ello, las urnas les habrán mandado a sus casas.

Morante recogió la Medalla de Andalucía

Morante de la Puebla "impulsando" la tradición
 de torería en el vestir

El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, lo definió como “leyenda y figura que ha trascendido la Historia de la Tauromaquia”, destacando además su papel como impulsor de las tradiciones.

 Morante recogió la Medalla de Andalucía

En un acto celebrado en el Teatro de la Maestranza de Sevilla con motivo del Día de Andalucía, Morante de la Puebla recibió la Medalla de Andalucía a la Cultura y el Patrimonio, en reconocimiento a su trayectoria y a su contribución a la Tauromaquia como expresión artística y seña de identidad andaluza. El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, lo definió como “leyenda y figura que ha trascendido la Historia de la Tauromaquia”, destacando además su papel como impulsor de las tradiciones