Del toro al infinito
“el nacimiento de la Fiesta coincide con el nacimiento de la nacionalidad española y con la lengua de Castilla……… asi pues, las corridas de toros…….. son una cosa tan nuestra, tan obligada por la naturaleza y la historia como el habla que hablamos.”. R. Pérez de Ayala
la suerte suprema
Pepe Bienvenida / La suerte suprema
miércoles, 8 de abril de 2026
La danza de los taurinos. ¿Tragedias evitables? y pleno el Sábado Santo de toros y procesiones
Mi capirote y yo / por José Javier Esparza

La Semana Santa es un perfecto ejemplo de esa catolicidad irrefutable de España. Está en todas partes, lo envuelve todo como una atmósfera particular, es un color que tiñe durante días la vida colectiva. «Lo era», podría decir alguno. No: lo ha vuelto a ser, y esta es la gran noticia. La explosión de religiosidad popular ha sido tan palpable, tan visible, que ha sorprendido a propios y extraños (sobre todo a extraños, cuyos habituales salivazos cristianófobos e hispanófobos, ya tópicos, han sonado más viejunos que nunca). Aquí hay algo que ha retornado de manera inesperada, lo cual abre horizontes muy prometedores. Por eso resultó tan desolador, por ejemplo, escuchar las palabras del obispo de Málaga el Jueves Santo, en la ceremonia del paseo del Cristo de la Buena Muerte a hombros de los legionarios. Se empeñaba mucho el buen prelado en subrayar que aquí se trataba de reunir en un deseo común de paz a las gentes de todas las creencias y todas las ideas. Hermosos deseos, pero formulados de un modo un tanto extemporáneo en una ceremonia religiosa, es más, en una ceremonia que sólo tiene sentido porque es religiosa y de una religión concreta.
El obispo no estaba hablando como el pastor de los creyentes que es —o que debería ser—, sino como administrador legal de la aconfesionalidad del Estado. Y no, monseñor, usted no es eso. Ese solideo púrpura que le cubre la coronilla simboliza una identidad colectiva, incluso si usted no se reconoce en ella. En ese sentido, las palabras de monseñor Satué —que este era el obispo— se parecían demasiado al necio mensaje del Gobierno explicando las distintas modalidades de la Pascua en las religiones judeocristianas, ejemplo supremo de incomodidad disfrazada de benevolencia. Es llamativa esta convergencia de las instituciones en el borrado de la identidad. Uno de los rasgos mayores de nuestro tiempo es el abismo creciente que separa a las elites y al pueblo, y eso pasa en todos los órdenes, incluido el religioso. Al final, lo que el pueblo le pediría a un obispo es tan simple como esto: «explícame otra vez por qué soy cristiano, explícame otra vez quién soy». Porque es, en efecto, cuestión de identidad, y todo lo que se ha vivido esta semana en España, y que tantos creían que no volverían a ver, ha tenido mucho de reacción identitaria. Y es bueno que así sea.
martes, 7 de abril de 2026
Aquellos sesenta… (VII) / por Jorge Arturo Díaz Reyes
Madrid.- La Federación Taurina de Jaén se presenta en Las Ventas tributando un homenaje a su fundador, el empresario Manuel Torres

La Maestranza se ‘hunde’ (y urge poner remedio) / por Antonio Lorca


ARLES 3ª DE FERIA Dos descubrimientos / por Jorge Arturo Díaz Reyes



- FICHA DEL FESTEJO
lunes, 6 de abril de 2026
LAS RAZONES DEL PÚBLICO Y DEL PRESIDENTE / por Francisca García

























