la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

jueves, 1 de octubre de 2026

De Ceuta a Sol Rafael Nieto / por Rafael Nieto


'..¿Qué ilegalidad o delito no habrá cometido esta mafia criminal instalada en el poder? Tras su golpe contra la Constitución, su secuestro del Parlamento, su ilegal amnistía al separatismo, su relación amor-odio con Mohamed VI vía Pegasus… La entrega de Ceuta al sultán y una nueva okupación de la Puerta del Sol no hacen sino confirmar lo que tantos años llevamos anticipando..'

De Ceuta a Sol

El PSOE es un cáncer y toca extirparlo con urgencia.

Rafael Nieto
Cada cierto tiempo, España entra en un bucle de esquizofrenia colectiva donde es necesario pellizcarse para comprobar que uno no está soñando. Casi siempre coincide que está la izquierda en el poder y que se acercan elecciones; es entonces cuando las masas embrutecidas entran en ebullición al primer toque de corneta socialista. 
La maquinaria de la revolución (aunque sea de pacotilla) se pone en marcha, y ya ni las leyes, ni los jueces, ni las instituciones, ni por supuesto el resto de partidos políticos pintan absolutamente nada. Solamente se recupera la paz social cuando la izquierda renueva la mayoría en las urnas; y en caso de no hacerlo, siempre habrá una ley de nietos o alguna otra triquiñuela pseudolegal para conseguirlo.

Primero fue la invasión de Ceuta y ahora son los piojos en Sol. Primero la llegada de criminales, violadores y yihadistas desde África, y ahora la acampada de la mugre podemita en el kilómetro cero de España. Son dos fenómenos distintos pero que tienen la misma raíz: el desgobierno. O para ser más precisos, el Gobierno de una mafia. Capaz de negociar con un Estado enemigo una invasión perpetrada por un lumpen dantesco, y después montar una gran operación de manipulación colectiva usando para ello a una señora de 87 años que iba a ser desahuciada, pero que al final se queda viviendo en su casa de siempre. Ver para creer.

Como decíamos en anteriores columnas, a Sánchez y sus conmilitones les traen sin cuidado el pueblo ceutí, Mari Carmen, Paquita y hasta la hija de Sabiniano. Al único que ama Narciso es a sí mismo al verse reflejado en el espejo de La Moncloa cada mañana. Y es que un psicópata solamente tiene amor para sí mismo. El problema es el daño terrible que alguien así puede causar a una nación. Un daño que costará mucho tiempo poder reparar, suponiendo que se empiece pronto la reconstrucción nacional.

Lo ocurrido en Ceuta y lo que vemos en Sol demuestra sobre todo una cosa: con un «Ejecutivo» como éste del PSOE, el que resiste, vence. Ni los invasores que han puesto sus chamizos en la playa del Trampolín se han marchado de vuelta a Marruecos, ni los perroflautas que han puesto sus tiendas de Decathlon en el centro de Madrid van a regresar a sus casas de momento. Tienen su presa, que es una opinión pública entontecida y aborregada, y ya no la van a soltar hasta que nos pongan las urnas algún domingo de 2027.

Pruebe cualquiera de ustedes, mis dilectos amigos, a poner una tiendecita en la Puerta del Sol fuera de esta performance podemoide, prueben. Tardaría dos minutos la Policía Municipal en multarles y echarles a porrazos. A los colegas de Pablo Iglesias e Irene Montero, los marqueses de Villa Meona, nadie se atreve a molestarlos. Ni siquiera pasan los del servicio de limpieza urgente, el Selur, para arrancar la roña de los adoquines con agua a presión y cloro. Todos a aguantar a esa tropa de piojosos y vagos hasta que les apetezca retirarse de una plaza pública.

Pero a estas alturas, ¿quién puede ya sorprenderse por esto? ¿Qué ilegalidad o delito no habrá cometido esta mafia criminal instalada en el poder? Tras su golpe contra la Constitución, su secuestro del Parlamento, su ilegal amnistía al separatismo, su relación amor-odio con Mohamed VI vía Pegasus… La entrega de Ceuta al sultán y una nueva okupación de la Puerta del Sol no hacen sino confirmar lo que tantos años llevamos anticipando. El PSOE es un cáncer y toca extirparlo con urgencia.

El futuro de la Fiesta no puede durar un mes / por Carlos Bueno.


'..Las principales plazas deberían reservar un espacio real para la cantera taurina. No como un festejo de relleno, sino como una apuesta por el futuro. Una novillada dentro de una gran feria tiene un escaparate que difícilmente puede ofrecer una feria exclusivamente novilleril..'

Capotazo largo
El futuro de la Fiesta no puede durar un mes

Carlos Bueno
Septiembre es el gran mes de las novilladas. Algemesí, Arnedo, Arganda, Calasparra, Villaseca, Peralta, Guadarrama y tantas otras plazas convierten estas semanas en un auténtico vivero de toreros. Para muchos novilleros es el momento de demostrar que tienen condiciones para llegar a ser alguien en la Fiesta.

Pero septiembre termina. Y con él, demasiadas veces, parece terminar también el interés por quienes han sido sus protagonistas. Ahí reside una de las grandes contradicciones de la tauromaquia. Se habla constantemente de la necesidad de encontrar nuevos nombres y garantizar el relevo generacional, pero cuando aparece un novillero con condiciones no siempre se le ofrece algo tan imprescindible como continuidad.

No basta con descubrir a un torero en septiembre. Hay que darle la oportunidad de demostrar que aquello que hizo no fue casualidad. Las ferias de novilladas son fundamentales y deben seguir creciendo, pero la solución no pasa únicamente por concentrar más festejos en unas pocas semanas. Pasa también por integrar novilladas en las grandes ferias a lo largo del año.

Las principales plazas deberían reservar un espacio real para la cantera taurina. No como un festejo de relleno, sino como una apuesta por el futuro. Una novillada dentro de una gran feria tiene un escaparate que difícilmente puede ofrecer una feria exclusivamente novilleril. Allí están los aficionados, los medios, las televisiones, los profesionales y los empresarios.

Las grandes plazas deberían preguntarse también qué toreros quieren ver dentro de cinco o diez años en sus carteles, porque un triunfo en ellas puede cambiar una carrera. No se puede reclamar un nuevo escalafón si no se ayuda a construirlo.

Y la televisión tiene mucho que aportar. Si se pretende acercar la Fiesta a las nuevas generaciones, también hay que mostrar a quienes están empezando. Un novillero necesita ser conocido antes de convertirse en figura, no cuando ya lo es.

El éxito de una feria de novilladas, por tanto, no debería medirse únicamente por las orejas cortadas o las puertas grandes. También por los contratos que sus triunfadores consiguen después.

Septiembre debería ser un punto de partida, no una meta. El novillero que triunfa en Algemesí, Arnedo, Arganda o Villaseca no debería desaparecer cuando termina la temporada de novilladas. Su nombre debería permanecer en las agendas de los empresarios y encontrar nuevas oportunidades en plazas de mayor responsabilidad.

La tauromaquia necesita cuidar su cantera con algo más que discursos. Necesita oportunidades, escaparates y continuidad. Septiembre puede seguir siendo el gran mes de las novilladas. Pero el futuro de la Fiesta no puede durar un mes.

miércoles, 30 de septiembre de 2026

La piedra que se pica y la memoria permanece. José Antonio ¡Presente! / por Eduardo Rodríguez de Brujón y Fernández

 

Todos los que hemos estado en Murcia, recordaremos siempre que junto a la puerta de las Cadenas, desde 1940 había una inscripción grabada en la piedra del templo que rezaba: «José Antonio Primo de Rivera. ¡Presente!». 

Borrar la memoria de José Antonio 

Eduardo Rodríguez de Brujón y Fernández
Mientras Satanchez luce su galas calaverescas en al Palacio Real, como invitado del rey Felipe VI a la recepción y cena de gala de estado que se ofrece a Macron (Presidente de la Republica Francesa), su maligno régimen dictatorial expropia dos millones y medio de pisos alquilados a los españoles ahorradores. Todo carece de sentido, excepto cuando busquemos la lógica de sus actos en la mente de un psicópata. Sentir el poder en sus decretos confiscatorios de la libertad y de la propiedad de los españoles, le produce placer. El boato del poder le gusta más, a su enfermiza mente, que el propio poder. 

Lo destructivo del Estado avanza como la carcoma sobre la Historia de España. Su misión es destruirla, y como todo comunista, el objetivo es acabar con la belleza, tanto la artística como la espiritual. Para imponer el odio del Mal hacía el Bien, hay que destruir todo lo bello que el hombre crea para ensalzar a Dios, y la destrucción del Arte Sacro por parte de las hordas marxistas, está detrás de ello. 

Estos días, casi clandestinamente, tras un simple cartel de plástico que tapa la fechoría, unos obreros, que posiblemente no sean ni españoles o que simplemente no saben lo que hacen, están picando uno de los muros de la Catedral de Murcia, concretamente el que da a la plaza  de la Cruz. Todos los que hemos estado en Murcia, recordaremos siempre que junto a la puerta de las Cadenas, desde 1940 había una inscripción grabada en la piedra del templo que rezaba: «José Antonio Primo de Rivera. ¡Presente!». 

Una banda de sicarios incultos, de los que pululan por el llamado Ministerio de Memoria Democrática, ha tenido la idea siniestra de incluir la citada inscripción en su catálogo de símbolos a destruir, alegando que se encuentra  en un lugar de alto valor simbólico y muy visible.

Nadie en Murcia había pedido su destrucción. No ha habido manifestaciones maniqueas solicitando arrancar de la piel de la Catedral, el nombre del héroe poeta, que parafraseando a Garcilaso de la Vega en su Égloga III «con su sangre derramada tornó las rosas blancas en coloradas».

El fragmento de este verso, narra el momento en que el joven Adonis es herido de por un jabalí, explicando poéticamente la crudeza de la tragedia de la muerte con la delicadeza formal del renacimiento. Así murió José Antonio, respondiendo con la poesía de su sangre de adalid, al odio de las balas que segaron su vida.

Es evidente que hay algo de tristeza en el ruido seco del cincel. No es solo la pérdida de unas letras grabadas: es la constatación de que una decisión burocrática puede borrar en pocos días lo que la piedra sostuvo durante generaciones. Esta retirada del nombre de José Antonio es un intento de reescribir la historia a golpe de martillo, movidos por el rencor.

Al hombre cuyo nombre se borra de la fachada lo fusilaron en el patio de la cárcel de Alicante el 20 de noviembre de 1936. Tenía treinta y tres años. Era un abogado brillante, un lector infatigable y un orador reconocido incluso por sus adversarios. Antes de morir escribió en su celda un testamento sereno, en el que perdonaba a sus asesinos, pedía perdón y expresaba un deseo: que su sangre fuera la última derramada en discordias civiles entre españoles.

Quienes estuvieron cerca de él recurrieron muchas veces a la poesía para hablar de su figura. Rafael Sánchez Mazas, que contribuyó a fijar la liturgia del «presente» con la que se recordaba a los caídos, vio en José Antonio a un hombre que había querido devolver a la política cierta gravedad antigua. Dionisio Ridruejo,  nunca dejó de reconocer la impresión que había ejercido sobre él aquella mezcla de inteligencia, pudor y coraje. Agustín de Foxá lo convirtió en materia literaria, casi en personaje de elegía: el príncipe joven al que la muerte alcanza antes que el desengaño. Ninguno de ellos se conformó con contar su biografía. Para hablar de aquel destino necesitaron algo más que la crónica.

No resulta extraño. José Antonio repetía que a los pueblos no los habían movido nunca más que los poetas. La frase contiene buena parte de su manera de entender la política. La poesía no era para él un ornamento ni una cuestión de estilo: era una forma de conocimiento, una manera de acercarse a aquello que permanece..

Desde ese horizonte se entiende lo esencial de José Antonio. Concibió al hombre como portador de valores eternos; a la patria como una unidad de destino en lo universal; a la vida como milicia. Renunció a las comodidades que le garantizaban su apellido, su posición y su profesión por fidelidad a una idea, y acabó entregando por ella la vida misma. Para él, que se alejaba del siglo como un monje, el mundo que conocía era tan podrido como el nuestro y nos mostro que sus palabras eran la expresión del sentir de su espíritu que nos mostraba un nuevo modo de vida a seguir: “… Nuestro sitio está al aire libre, bajo la noche clara, arma al brazo, y en lo alto, las estrellas, Que sigan los demás con sus festines. Nosotros fuera, en vigilancia tensa, fervorosa y segura, ya presentimos el amanecer en la alegría de nuestras entrañas…”

Con estas palabras, marcaba distancia frente al sistema parlamentario y los partidos políticos, a los que comparaba despectivamente con una «taberna al final de una noche crapulosa»

Los muros de la Catedral de Murcia llevan siglos en pie y parecen la imagen misma de lo que permanece. Pero la piedra pertenece al mundo de las cosas que se destruyen: bastan una orden administrativa, una lona y unos cinceles para que unas letras desaparezcan en pocos días. Quienes las borran libran su batalla en el terreno de lo superficial, y solo en ese terreno la ganan, en vano, contra la memoria inmensa de alguien que dejó un legado moral único.

Y sin embargo, queda la esperanza. Porque lo que de verdad importa nunca estuvo en la piedra. Vive en sus discursos que seguirán leyéndose, en los versos que otros escribieron para recordarlo, en aquel testamento que pedía que la sangre derramada fuera la última. Ojalá ese deseo, que el tiempo hizo tan amargo, se cumpla algún día no en las inscripciones. 


Las letras podrán caer al suelo con el polvo del cincel; la memoria, transmitida de padres a hijos, seguirá diciendo, bajo cualquier cielo y sobre cualquier muro, aquello que ninguna orden puede callar: José Antonio ¡Presente!

¡Viva Pablo, viva el toreo! / por Manolo Viera

'..Toda una celebración y exaltación de la mejor lidia con la que Pablo Aguado explicó en tono emocional, y al mismo tiempo sereno, la expresividad extraordinaria e intensiva de su brillante tauromaquia..'

¡Viva Pablo, viva el toreo!

Manolo Viera
El sentimiento es un eje esencial del ser humano. A ello fundamentalmente apela el toreo. Sentimiento, naturalidad, torería… y a la gloria. Imposible abstraerse al embrujo de sus diferenciales formas de torear. Al talento intuitivo, natural y lúcido que le inspiró a crear dos apasionantes faenas en su selecto repaso a la tauromaquia de Pepe Luís. Y lo hizo con poco más de veinte pases en ambas lidias para definir una labor de dimensión casi ritual. Apoteósico.

Pablo volvió a hacer el pasado sábado en la Maestranza de sus sueños lo que ya hizo un 10 de mayo de 2019: abrir la Puerta del Príncipe. Lo ha hecho tras un potencial torrente creativo que ha evolucionado a más pureza y más belleza en la variedad que perfecciona su tauromaquia. Completísimas muestras de su mejor concepto, realizadas con un arte propio y una verdad incrustada en lo sublime, con las que provocó emociones más allá de lo evidente. Perfección y elegancia, torería y naturalidad. Unas formas determinantes que seducen y fascinan dando lugar a la grandiosa obra maestra.

En ese trazo natural, ora con la derecha, ora con la izquierda, está contenido el misterio de su toreo. Tan puro y cautivador que con él consigue crear alrededor todo un universo de sensaciones. Sucede que quien lo ve se encuentra sometido a quien lo hace preso de la soberbia creación.

Fue una grandiosa sinfonía con su abertura, sus tres momentos y su cola final. Majestuosa la verónica y un prólogo de faena al primer “jandilla”, quieto y cimbreante como un junco, en el que el pase en redondo apareció brillante, colmado de pureza. Trazos que parecían no consumirse ni acabarse. Siguió la geometría honda y efímera del evocador natural de frente, y una antología de detalles en la que el molinete, la trinchera y el kikirikí alcanzaron la excelencia. Todo concebido con entrega absoluta, con la verdad que le da sentido y existencia.

Toda una celebración y exaltación de la mejor lidia con la que Pablo Aguado explicó en tono emocional, y al mismo tiempo sereno, la expresividad extraordinaria e intensiva de su brillante tauromaquia. ¡Viva Pablo, viva el toreo!

El espectáculo de la fe: lo que va de Madrid a París / por José Javier Esparza


'..El secreto de la ceremonia de París está en la fuerza del ritual. Toda religión tiene una dimensión ritual que es absolutamente decisiva: además de la dogmática y la moral, y junto a ellas, es el ritual lo que permite a los fieles reconocerse como comunidad, como fraternidad, como miembros de algo que va más allá de sí mismos..'

El espectáculo de la fe: lo que va de Madrid a París

José Javier Esparza
Los actos centrales de la visita del papa León XIV han sido un portentoso espectáculo de fe colectiva. Es inevitable compararlos con los actos que rodearon su visita a Madrid. Todo lo que en Madrid fue un espectáculo ramplón y campechano, con locutores futboleros y demás, en el Stade de France de Saint-Denis, París, ha sido una puesta en escena prodigiosa y un estimulante ejercicio de proyección histórica de la cristiandad. Es llamativo, porque, puestos a comparar historias, la de la Iglesia española es incomparable. Pero el peso esencial de los actos de París lo han llevado unos seglares comprometidos, De Villiers y su círculo (los del Puy du Fou), mientras que los de Madrid descansaron en un prelado funcionarial y progresista (el mismo que entregó el Valle de los Caídos). Los resultados son elocuentes: que levante la mano quien no haya sentido una sanísima envidia de la ceremonia parisina (y ese que levante la mano, que se lo haga mirar).

El secreto de la ceremonia de París está en la fuerza del ritual. Toda religión tiene una dimensión ritual que es absolutamente decisiva: además de la dogmática y la moral, y junto a ellas, es el ritual lo que permite a los fieles reconocerse como comunidad, como fraternidad, como miembros de algo que va más allá de sí mismos. Lo ritual no es sólo la liturgia (que también); es todo lo que pone en escena las propias convicciones y la identidad colectiva. En el último medio siglo, la Iglesia católica, en general, ha cometido el inmenso error de infravalorar lo ritual —allanándolo, empobreciéndolo, desnudándolo, debilitándolo— en la errónea creencia de que es algo superficial, secundario, que estorba para la genuina expresión de la fe. La Iglesia francesa no está libre de ese pecado, y basta recordar la discutibilísima ceremonia de reapertura de Notre Dame. Pero no, es al revés: el ritual expresa estéticamente la fe. Por consiguiente, unos rituales crecientemente pauperizados sólo pueden invitar a la erosión de la fe colectiva. Lo mismo ocurre con la rememoración de la propia historia, que no es un ejercicio de «pasadismo» (¿pensar así no es un ejercicio de «progresismo»?), sino que es una herramienta fundamental para que las personas sepan quiénes son y dónde están, y por qué es importante el lugar que ocupan en el mundo.

De ahí el acierto de París al hacer desfilar a todos los santos ante el papa, recordando qué ha sido comunitariamente la cristiandad francesa, incluso —y sobre todo— con la aparición estelar de Juana de Arco a caballo. Porque Juana de Arco no es sólo una santa, sino que una santa nacional, una figura absolutamente incardinada en la comunidad histórica. Hay que suponer que aquí también el mérito ha sido de De Villiers, porque Juana de Arco provoca en el episcopado francés de los tiempos recientes casi tanto sarpullido como Santiago Matamoros en el episcopado español actual. Y esta es otra dimensión que hay que subrayar: lo nacional. Por supuesto que la Iglesia católica es universal (lo es por definición), pero se expresa a través de personas concretas en contextos históricos y espaciales concretos, en espacios nacionales, espacios donde la religión ha sido, precisamente, uno de los principales elementos de cohesión, de comunión. En nuestro caso, lo católico es objetivamente inseparable de la historia de España, del mismo modo que la historia del catolicismo no puede entenderse sin la historia de España. Pero aquí, recordemos, tuvo que venir un papa norteamericano para recordarnos a todos en las Cortes lo importante que fue la Escuela de Salamanca, por ejemplo.

«La República es laica, Francia es católica», coincidían varios comentaristas después de la multitudinaria afluencia popular a todos los actos con León XIV. Es verdad. Lo mismo podría decirse de España. Y en ambos casos, con una nota común: todo el sistema de poder se ha propuesto desde hace mucho tiempo que la religión desaparezca de la vida colectiva, junto a los demás rasgos de nuestras identidades históricas. Hoy la gran batalla que se nos plantea a los europeos es precisamente esa de la identidad: seguir siendo lo que somos frente a la fuerza homogeneizadora del globalismo y la ola desintegradora de la inmigración masiva, que son dos formas de nihilismo. No es seguro que la Iglesia, institucionalmente hablando, lo haya entendido. Pero los católicos, por lo que se ha visto en Francia, sí lo han hecho. Y eso es una magnífica noticia.

martes, 29 de septiembre de 2026

Después del petardo de Sevilla, Morante vuelve con Garcigrande a Madrid / Por Luis Cuesta


'..El toreo no puede reducirse a una sucesión de imágenes bellas ante un animal dócil y colaborador: necesita la incertidumbre, la exigencia y la bravura del toro para alcanzar su verdadera grandeza..'

Es lo que digo yo: Después del petardo de Sevilla, Morante vuelve con Garcigrande a Madrid.

Por Luis Cuesta
La Feria de San Miguel 2026 dejó una imagen para el recuerdo y otra preocupante. La primera fue Pablo Aguado, capaz de emocionar a Sevilla con ese toreo suyo de naturalidad, despaciosidad y aroma antiguo con un gran encierro de Jandilla. La segunda llegó apenas veinticuatro horas después: una corrida de Garcigrande descastada, huidiza y sin emoción que convirtió una de las tardes de mayor expectación del año en un espectáculo tedioso.

El contraste de ambas tardes merece una reflexión, porque el problema no fue únicamente que los toros salieran malos. Eso puede suceder en cualquier ganadería. Lo inquietante es la reiteración de un modelo de toro seleccionado fundamentalmente para facilitar el toreo y que, cuando pierde movilidad, fondo y transmisión, deja al espectáculo desnudo.

En Sevilla ocurrió exactamente eso. La corrida de Garcigrande fue pitada en el arrastre y dejó prácticamente sin opciones a Morante, Daniel Luque y Borja Jiménez. La prensa coincidió en señalar el fiasco ganadero de un encierro carente de bravura y movilidad.

Y aquí aparece nuevamente la pregunta incómoda: ¿tiene sentido que Morante vuelva a encontrarse con Garcigrande apenas dos semanas después en Madrid?

Porque el próximo 12 de octubre, en la Corrida de la Hispanidad, Morante regresará a Las Ventas junto al mexicano Héctor Gutiérrez y Aarón Palacio, que confirmará alternativa. El cartel oficial anuncia toros de Garcigrande y Núñez del Cuvillo.

No estamos, además, ante una tarde cualquiera. Es el regreso de Morante a Madrid exactamente un año después de aquella jornada del 12 de octubre de 2025 en la que se arrancó la coleta. La expectación es enorme: las localidades disponibles para la Hispanidad se agotaron en minutos y la Feria de Otoño alcanzó el récord de 21,816 abonados.

Un regreso soñado

Morante es uno de los pocos toreros capaces de movilizar hoy a miles de aficionados y de colocar nuevamente la tauromaquia en el centro de la conversación. Su temporada ha demostrado su extraordinario poder de convocatoria. Pero esa condición también aumenta la responsabilidad.

Las figuras no solamente defienden la Fiesta toreando bien. También la defienden enfrentándose a un toro que conserve aquello que justifica la liturgia: presencia, poder, casta, acometividad y transmisión. La nobleza es una virtud; que no necesariamente produce emoción.

Porque sin casta no hay emoción; sin acometividad no existe dominio y sin riesgo el arte pierde buena parte de su verdad. El toreo no puede reducirse a una sucesión de imágenes bellas ante un animal dócil y colaborador: necesita la incertidumbre, la exigencia y la bravura del toro para alcanzar su verdadera grandeza.

Morante declaró tras Sevilla que todavía no sabe qué ocurrirá con su futuro después de esta temporada. Su compromiso pendiente más significativo es precisamente Madrid, el 12 de octubre.

Por eso resulta difícil entender en estos momentos que, después del naufragio de Garcigrande en la Maestranza, parte del regreso más esperado del año a Las Ventas vuelva a descansar sobre el mismo hierro.

Quizá los toros de Madrid embistan. La ganadería tendrá la oportunidad de reivindicarse. Pero el debate ya existe antes de que se abra la puerta de toriles.

Morante no necesariamente necesita un toro cómodo para engrandecer su leyenda. Necesita un toro que esté a la altura de su toreo.

Y Madrid, mucho menos, necesita otra tarde de mansos como la de Sevilla para cerrar su temporada.

Es lo que digo yo.
México, 29.09.2026

La ceguera / por Francisco González Cruz



"La peor ceguera es la del alma", José Saramago

La ceguera

Francisco González Cruz*
El Nacional / Venezuela, Sept. 2026
Ensayo sobre la ceguera es una famosa novela del escritor portugués José Saramago. Trata de una epidemia de “ceguera blanca”, una luz muy brillante que impide a los habitantes de una ciudad ver la realidad, menos a una mujer. Esta incapacidad genera un deterioro general de la sociedad, cuando el egoísmo y la barbarie se apodera de todos. Saramago resume esta idea en su famosa frase: "La peor ceguera es la del alma".

La metáfora en el caso venezolano es distinta, pues el pueblo en general que ya ha pasado por la barbarie del socialismo del siglo XXI está clarísimo en que la libertad, el orden y la justicia se impongan, mientras los que han disfrutado del poder y la riqueza están ciegos, deslumbrados por la posibilidad de seguir saqueando a la nación para provecho propio.

Lo que está a la vista de los que quieran ver, demostrado en todas las encuestas, opiniones de los mejores expertos, de líderes en Estados Unidos, Venezuela y el resto del mundo, es que la realización de elecciones libres llevará al país a una institucionalidad democrática, legítima o funcional, conveniente a los mejores intereses del pueblo venezolano, del norteamericano y de los vecinos, menos a los que desean permanecer en unos negocios turbios que solo convienen a los que viven de la codicia y la corrupción.

Persistir en la ceguera del poder solo prolongará el sufrimiento de millones, pero no detendrá lo inevitable. Venezuela no necesita más excusas ni dilaciones, sino el restablecimiento de la ruta democrática. Es el único camino posible para reencontrarnos con la libertad que la inmensa mayoría de los venezolanos ya exige a viva voz.

Que los poderosos elijan la injusticia es la demostración más palpable de la ceguera que no los deja ver la realidad, oculta por su danza de la riqueza mal habida. Al final, como en la obra de Saramago, la luz termina por imponerse sobre las sombras de la barbarie.

*Francisco José González Cruz. Rector Emérito Fundador de la Universidad Valle del Momboy en Valera, estado Trujillo.