la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

sábado, 25 de abril de 2026

El toreo y la televisión / por Carlos Bueno

'..Más allá de las retransmisiones taurinas, que siguen siendo un pilar fundamental para la difusión y comprensión del espectáculo, la presencia de toreros en la pequeña pantalla contribuye a la normalización de la tauromaquia en la sociedad..'

El toreo y la televisión

Artículo de Carlos Bueno
La presencia de toreros en televisión, más allá de las retransmisiones en directo, se ha convertido en una herramienta para acercar la tauromaquia al gran público. Su participación en concursos, realities y programas de entretenimiento contribuye a normalizar la figura del matador en la sociedad actual, abriendo nuevas vías para la difusión del toreo.

Durante años, la relación entre la tauromaquia y la televisión fue excepcional. Cuando no había cadenas privadas y sólo existía el ente nacional, la emisión de corridas era periódica y habitual. Con la aparición de Tele 5, Antena 3 y las Autonómicas, las retransmisiones de festejos se multiplicaron de forma exponencial al principio para decaer por completo años más tarde.

Por otra parte, se ha ido consolidando la presencia en programas generalistas de toreros alejados del ruedo, lo que contribuye a proyectar una imagen más cercana y cotidiana de quienes han hecho del toreo su profesión.

Tras colgar el traje de luces, figuras como Óscar Higares encontraron en la televisión un espacio donde prolongar su proyección pública, manejándose con soltura fuera del ámbito estrictamente taurino. En una línea similar, José Antonio Canales Rivera ha sido rostro recurrente en realities y programas de crónica social, acercando su figura a públicos que, en muchos casos, no frecuentan las plazas.

Otros matadores han optado por registros más específicos, como Finito de Córdoba, que mostró su faceta culinaria al participar en un programa de cocina. Más mediáticos aún han sido los casos de Manuel Díaz “El Cordobés” y Jesulín de Ubrique, cuya presencia en concursos y espacios de entretenimiento ha sido constante. Especialmente llamativo es el caso de este último, que tuvo un papel en una de las películas de “Torrente” y actualmente concursante en “Tu cara me suena”, un formato de gran audiencia que lo sitúa ante millones de espectadores cada semana.

Más allá de las retransmisiones taurinas, que siguen siendo un pilar fundamental para la difusión y comprensión del espectáculo, la presencia de toreros en la pequeña pantalla contribuye a la normalización de la tauromaquia en la sociedad. Ver a un matador desenvolverse en contextos cotidianos, compartiendo espacio con artistas, cocineros o celebridades de distinta índole, diluye prejuicios y acerca su figura a un público más amplio.

No obstante, la televisión tiene una asignatura pendiente con la tauromaquia en el ámbito informativo. Resulta llamativo que los telediarios apenas dediquen atención a los resultados de las grandes ferias taurinas, pese a su relevancia cultural y social. Citas como las Fallas, la Feria de Abril, San Isidro, los Sanfermines o los festejos de Bilbao, Ronda o Zaragoza, forman parte del calendario cultural español y congregan a miles de aficionados. Sin embargo, su eco en los informativos suele reducirse, cuando aparece, a los percances o aspectos más negativos.

Este enfoque parcial contribuye a generar una visión sesgada del toreo entre quienes no lo conocen. Informar con equilibrio implicaría también reflejar los triunfos, las faenas memorables y el pulso real de la temporada taurina. En este sentido, alcanzar acuerdos entre el sector y las cadenas televisivas para garantizar una presencia mínima en los espacios informativos debería ser una prioridad estratégica.

Mientras tanto, la participación de toreros en programas de entretenimiento sigue siendo una vía para mantener viva la conexión entre la tauromaquia y la sociedad contemporánea.

 Cada aparición en televisión, cada intervención fuera del contexto taurino, actúa como un recordatorio de que el toreo, más allá de la plaza, sigue formando parte del tejido cultural. Y en ese proceso de visibilidad y normalización, la pequeña pantalla continúa desempeñando un papel que conviene valorar.

Vuelve el maestro: César Rincón toreará corridas temáticas inspiradas en las culturas precolombinas


'..Quiere dejar «un legado» a las nuevas generaciones, y cita a Chenel como ejemplo de esta reaparición en fase adulta. Lo apoderará Guillermo Chapa, aficionado de Monterrey (México)..'

El maestro Rincón toreará corridas temáticas
 inspiradas en las culturas precolombinas

por Guillermo Rodríguez 
Tendido7 / Colombia, 24.04.2026
César Rincón anuncia que vuelve a los ruedos con unas corridas temáticas «precolombinas» inspiradas en las culturas aztecas, mayas, incas… El maestro habla de «ilusión» y «sueños», en el último año de los toros en Colombia.

Quiere dejar «un legado» a las nuevas generaciones, y cita a Chenel como ejemplo de esta reaparición en fase adulta. Lo apoderará Guillermo Chapa, aficionado de Monterrey (México).

No anuncia César Rincón fechas ni plazas para no reventar expectativas de los empresarios, sólo confirma su presencia en el festival de Istres (Francia), que ya se sabía desde hacía mucho, y echa en cara a la Fundación Toro de Lidia, “que ha hecho cosas muy importantes, no haber acudido “a rescatar” a Colombia.


César Rincón anuncia en Sevilla que vuelve a los ruedos en “unas corridas precolombinas” pensadas para “todo el mundo porque la tauromaquia es universal”

ElMundoToros “Mi proyecto es algo de ilusión y sueño. De lucha por la libertad. No lo hago por dinero”. El mexicano Guillermo Chapas lo acompaña en esta aventura.

Mi proyecto es algo de ilusión y sueño», explicó Rincón, quien vinculó esta decisión al convulso panorama que vive la tauromaquia en Colombia, enfrentada a su posible último año de actividad legal. El diestro bogotano asume este retorno como una responsabilidad ética: «Quiero dejar un legado de vida. No lo hago por dinero».

El detonante de esta reaparición ha sido su reciente paso por el festival del 12 de octubre en Las Ventas. Tras salir a hombros por la Puerta Grande y exhibir un estado físico impecable —comparable al de su despedida en 2008—, el «veneno» del toro ha terminado por imponerse a la lógica del retiro.

En esta nueva etapa, Rincón estará acompañado por el diestro mexicano Guillermo Chapas. Aunque meses atrás el maestro descartaba una vuelta formal, sus recientes triunfos en los festivales de Cali y Manizales han transformado lo que era una preparación física en un regreso en toda regla que busca reivindicar la vigencia de la cultura taurina en América.


El festival del 12 de octubre que organizó por Antoñete en la plaza de Las Ventas, rendida una vez más la Puerta Grande, sembró de nuevo la semilla del veneno del toreo en César Rincón. La exhaustiva preparación a la que se sometió a sus 60 años le puso fino como un junco. Le valdría el vestido de torear de su despedida en España, en la Monumental de Barcelona, hace casi 20 años, junto a José Tomás. Al toreo dijo adiós definitivamente en una tarde primaveral de febrero de 2008, en Bogotá, mano a mano con Enrique Ponce. César fue un coloso en Francia, América y España.

«Tuve la oportunidad de despedirme de Madrid el 12-O», dijo este viernes.


Hablamos justo antes del festival de Antoñete en una frondosa entrevista y le pregunté por el ego que pide tanto alimento a los toreros y me respondió que era motivador al máximo que la gente le recordase. Pero también esto:

Júreme, maestro, que estos pasos no se encaminan a una reaparición.[Risas]. Noooo. Una cosa es un festival, dos, tres… Pero para una corrida de toros y vestirme de luces ya soy mayor. Es un regreso a la juventud. La cabeza, afortunadamente, está bien amueblada.

Después del nuevo éxito de Madrid junto a Curro Vázquez, con quien abrió la Puerta Grande y el túnel del tiempo, toreó Rincón un par de festivales en su Colombia natal, en Cali y Manizales. Y de esas aguas, este tsunami. O lo que sea esta noticia.

Sevilla, 14ª de Feria.- Sin toro nada tiene importancia / por Antonio Lorca



'..La corrida de Juan Pedro, y no es la primera vez, hizo méritos para que se hubiera producido un problema de orden público, pero eso cosa del pasado, cuando abundaban los aficionados de verdad que no dejaban tomar el pelo ni por las figuras, ni por los ganaderos, ni por las empresas, ni por la autoridad..'

Sin toro nada tiene importancia
Daniel Luque cortó una generosa y solitaria oreja a una corrida de Juan Pedro Domecq justa de presencia, tullida, sosa, sin clase ni celo.

Antonio Lorca
La corrida comenzó con los mejores augurios. Daniel Luque dibujó grandiosos capotazos a la verónica, desde de la primera raya del tercio hasta los medios, un canto a la templanza y al buen gusto. Pero acabó con el sexto toro desplomado sobre el albero, como la más viva imagen de un festejo birrioso, protagonizado por unos animales con cuatro patas, de capas coloradas y negras, pero caricaturas obscenas del toro bravo.

La corrida finalizó con la desesperada paciencia de todos los presentes a pesar de su desmedido interés por pasarlo bien; tanto es así que hubo un espectador que pidió ‘toro’ durante la lidia del sexto y los demás lo callaron a toda prisa, y algunas almohadillas cayeron al ruedo al final del festejo, pero la protesta no pasó de ahí.

Es más, ese mismo público calla cuando aparecen novillos por toriles y aplaude, cada vez con más entusiasmo, a los picadores que no cumplen con su deber, es decir, que no pican; así ha sucedido en la mayoría de los toros de esta tarde, lo que da a entender que esta fiesta está cambiando tanto que dentro de poco no la conocerá ni el que la fundó.

La corrida de Juan Pedro, y no es la primera vez, hizo méritos para que se hubiera producido un problema de orden público, pero eso cosa del pasado, cuando abundaban los aficionados de verdad que no dejaban tomar el pelo ni por las figuras, ni por los ganaderos, ni por las empresas, ni por la autoridad.

Ya se sabe que sin toro nada tiene importancia. Y hoy no los ha habido en esta plaza. Por tanto, aquí debería finalizar la presente crónica.

Pero es que hubo un torero que paseó una oreja, y otros que esbozaron capotazos y muletazos, y uno y otros bien merecen una cita.

El de la oreja fue Daniel Luque (error mayúsculo el suyo anunciarse con esta ganadería); él fue el autor de las primeras verónicas antes de que su lote, imposible para un torero de su poderío, le obligara a superar los largos silencios impuestos por la sosería. Derrochó confianza y serenidad en ese primero, como si estuviera en un tentadero, y consciente de que tenía delante un toro falto de fiereza y docilidad perruna. El trofeo se lo ganó en el cuarto, del mismo tenor. Hizo un esfuerzo por dominar el escenario, demostrar que estaba muy por encima de su oponente, y como la obra carecía de pulso, optó por el arrimón y las luquesinas ceñidas pusieron la plaza en pie. Por ese compromiso y por su vasto conocimiento le concedieron una oreja que no tuvo su valía en el toreo de verdad porque no había toro.

Juan Ortega y Pablo Aguado esbozaron su escondido sentido artístico, y lancearon de salón, sin alma y sin gracia, como la ocasión requería.

Ortega tuvo un primero birrioso, vacío, sin casta, y sus muletazos carecieron de emoción. En el otro, intentó el triple salto: se fue al centro del ruedo, plantó una rodilla en el albero, y así dio hasta ocho muletazos por alto, y ya de pie un molinete, un cambio de manos y el obligado de pecho. Bonito, sí, y preludio de nada. Pinturerías sin hondura, también, pero todo diluido en el olvido.

Y Pablo Aguado apuntó pero no dio con la diana a pesar de que la plaza lo tiene como un consentido y jalea cualquier detalle que nace de sus muñecas.

También comenzó de rodillas con ayudados por alto, un molinete y un apreciable recorte, de modo que la banda comenzó a sonar. Parecía que…, pero qué va; comenzaron los muletazos enganchados ante un animal sin fijeza. Llegó a dibujar dos naturales largos, citó con el ‘cartucho de pescao’ y acabó con ayudados por alto que no pudieron superar la falta de vida del toro. Y el sexto, hermano gemelo de los anteriores, se cansó de vivir y se desplomó antes de que Aguado montara la espada.

Y se acabó la corrida de Juan Pedro, tan deseada por todas las figuras, tan presente en esta plaza, año tras año, y tan esmirriada de cuerpo y alma en esta ocasión.

Domecq / Luque, Ortega, Aguado

Toros de Juan Pedro Domecq, muy justos de presencia y cómodos de cabeza; mansurrones (en realidad no se picó a ninguno), nobles, sosos, blandos y muy descastados.

Daniel Luque: estocada algo caída (silencio); -aviso- estocada trasera (oreja).

Juan Ortega: pinchazo y media (silencio); pinchazo y estocada (ovación).

Pablo Aguado: pinchazo y casi entera trasera (ovación); dos pinchazos y el toro se echa (silencio).

Plaza de La Maestranza. 24 de abril. Decimocuarto festejo de abono de la Feria de Abril. Lleno de "No hay billetes". Se guardó un minuto de silencio en memoria de María Luisa Guardiola, presidenta de Andex, organización dedicada al cuidado de niños y niñas con cáncer y sus familias. Asistió la Infanta Elena desde el palco de los maestrantes.

viernes, 24 de abril de 2026

La plaza de La Maestranza padece dos serios problemas: el toro y el palco / por Antonio Lorca


El toro 'Secretario', de El Parralejo, premiado con la vuelta al ruedo el pasado miércoles, es el prototipo del 'toro de Sevilla'

De los 13 festejos celebrados hasta hoy solo las corridas de Alcurrucén, Fuente Ymbro, Hnos. García Jiménez, Núñez de Cuvillo y El Parralejo, han lucido una presentación acorde con el prestigio de esta plaza.

ANTONIO LORCA
Amén del público festivo, que no parece que tenga una solución a corto plazo, está claro que la plaza de La Maestranza sufre hoy las consecuencias de dos muy serios problemas que exigen una solución inmediata antes de que sea demasiado tarde: el toro y el palco presidencial.

De los 13 festejos celebrados hasta este viernes, solo las corridas de Alcurrucén, Fuente Ymbro, Hnos García Jiménez, Núñez del Cuvillo y El Parralejo han viajado a Sevilla con un trapío —término ya en desuso— propio de esta plaza; muy pocos toros del total de los 76 que se han lidiado.

Y el problema se agrava no solo porque las corridas hayan estado, por lo general, desigualmente presentadas, sino porque ha habido casos incomprensibles para el criterio de un aficionado sin docto conocimiento. La novillada de Talavante fue un desfile de raspas que molestaban a la vista; decepcionante la corrida de Santiago Domecq; un novillo indecente el cuarto de Álvaro Núñez, lidiado por un Morante en estado de gracia; otra sardina el quinto de Domingo Hernández, y cómo se puede calificar el también quinto toro de Victorino Martín, que no hubiera pasado como novillo en cualquier plaza de cierto prestigio. El propio ganadero ha reconocido su error, pero ello no le exime de responsabilidad. ¿Cómo un criador de su reconocida categoría puede cometer un fallo tan garrafal? Y hay más: dos toros de Victoriano del Río, impropios de Sevilla.
El toro de Sevilla ha perdido armonía, y se aleja de un modelo establecido por consenso no exento de exigencia

¿Por qué sucede esto?

Es evidente que no es un problema de esta feria. Hace años que el llamado toro de Sevilla está perdiendo armonía, planta y las líneas propias de un modelo establecido por consenso no exento de exigencia. Un toro de bellas formas, alejado del tipo de Madrid, pero respetable y respetado.

Ese toro aparece poco por La Maestranza; y lo hace por exigencias de las figuras, la connivencia de la empresa y la autoridad, y la pasividad de la afición.

¿Por qué los ganaderos eligen esos toros para la Feria de Abril? ¿Por qué los compra la empresa? (Es verdad que José María Garzón anunció que se subiría ‘un punto’ la presentación de las corridas de este año, si bien que cuando él accedió a la gerencia ya estaban las reses reseñadas en el campo). Y lo más preocupante: ¿por qué los aprueban los equipos presidenciales?

Gabriel Fernández Rey, en el centro de la imagen,
 uno de los tres presidentes de La Maestranza / MURIEL FEINER

Así hemos llegado a lo que hoy sale por la puerta de chiqueros: por lo general, un animal impropio de la categoría histórica de la plaza y del secular señorío de la gente que la habita; que la habitaba, mejor dicho.

Es hora, pues, de volver a los inicios; es hora de replantear el papel del protagonista de esta película antes de que el toro de antaño se convierta en un carretón de entrenamiento y, encima, satisfaga a los espectadores.

De ahora en adelante, el empresario de La Maestranza deberá cumplir lo prometido y ser más exigente en la compra de las corridas. Si, como es de esperar, van a seguir viniendo las mismas ganaderías, al menos que estén decentemente presentadas.

Pero no es menos serio el segundo problema, relacionado con el primero: el palco presidencial. La autoridad, representada en Sevilla por una mujer y dos hombres que son nombrados por la Junta de Andalucía y en su nombre están obligados a aplicar el Reglamento Taurino autonómico y velar por la pureza del espectáculo y el prestigio de la plaza.

Ellos y sus equipos son los responsables últimos de los toros que se lidian y del normal desarrollo de los festejos, lo que incluye la concesión de trofeos. Y, hasta ahora, no están actuando con la exigencia que se les supone.

He aquí algunos ejemplos: el Domingo de Resurrección se le concedieron dos orejas excesivas a Morante y otra a David de Miranda sin petición mayoritaria, lo mismo que sucedió con la que paseó Lama de Góngora el sábado 11 de abril. El cuarto toro de Fuente Ymbro se devolvió al final del tercio de banderillas cuando era evidente su invalidez desde su salida al ruedo. El novillero Julio Norte consiguió uno de los trofeos sin motivo, a Borja Jiménez se le negó otro sin explicación aparente y el rejoneador Andy Cartagena salió por la Puerta del Príncipe por una actuación que no alcanzó la excelencia requerida. El pasado martes no hubo pañuelos suficientes para la oreja que se le concedió a Daniel Luque…

Si la Junta de Andalucía apoya de verdad la tauromaquia debería revisar la actuación de los presidentes antes de que La Maestranza se hunda.

Estos detalles no son anecdóticos; por el contrario, muestran una conducta que requiere una revisión urgente y necesaria.

¿Por qué esa sorprendente generosidad de los presidentes? ¿Reciben, acaso, indicaciones de la autoridad política para modificar la fisonomía de Sevilla a fin de que el carácter festivo se imponga sobre la idiosincrasia secular de esta plaza?

Si la Junta de Andalucía apoya de verdad la tauromaquia debería revisar la actuación de los presidentes antes de que La Maestranza se hunda hasta la categoría de plaza de tercera categoría.

No está claro si la solución radica en el relevo de la terna actual por otra con nuevas ideas; si a quien hay que relevar es al Delegado del Gobierno de la Junta en Sevilla, Ricardo Sánchez, que es el responsable de la fiesta de los toros en la provincia y de quien depende el nombramiento de los presidentes, o si es la propia Junta, encabezada por el presidente Juanma Moreno y el consejero de Interior, Antonio Sanz, la que debe plantearse qué tipo de fiesta defiende para que esta plaza mantenga un estatus que no debe perder.

Si el poder político se compromete, con hechos constatables, con una tauromaquia íntegra y auténtica se habrá dado el primer paso para que los nuevos espectadores comiencen a entender el verdadero sentido de esta fiesta, antes de que La Maestranza pierda definitivamente su merecida categoría.

Recordando a Palomo Linares

 

A SEBASTIÁN PALOMO 

Murió el pícaro chaval,

murió el que llaman el rata,

murió Palomo Linares,

murió un torero de raza.

Plaza de Santa Margarita, 

al maletilla y mejor torero:

Sebastián Palomo Linares. 

Linares, pueblo minero. 

Adiós Maestro Palomo,

espéranos muchos años.

Linares está de luto

lloran los aficionados. 

José María Viñas
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Plaza de Las Ventas. San Isidro 1972. Último trofeo de Rabo concedido en Madrid

Honor y Gloria para Isabel la Católica / por Eduardo Balbás

Retrato de la reina Isabel (Casa de los Tiros, Granada)

Este 22 abril 2026, fue el 545 aniversario del nacimiento de Isabel I “la católica”, la Reina más importante del mundo, muy por encima de Isabel I de Inglaterra, de Catalina “la grande” de Rusia o de Cleopatra de Egipto.

Por Eduardo Balbás
Isabel de Castilla, nació en Madrigal de las Altas Torres en 1451. Supo convencer diplomáticamente a su hermanastro Enrique IV de Castilla para nombrarla su sucesora al trono. Se casó en secreto y contra la voluntad del Rey con el príncipe Fernando de Aragón, el príncipe y luego Rey más inteligente de Europa (uniendo los dos grandes reinos de España).

Isabel Conquistó Granada, terminando la Reconquista en 1492, tras ocho siglos de invasión musulmana. Financió la travesía de Colón (al creer en su empresa), lo que significó el descubrimiento de América aquel mismo año. 
Dictó leyes para la protección de los indígenas al declararlos vasallos libres de la Corona de Castilla en 1500 y exigió que se les diera un trato humano, prohibiendo cualquier caso de agravio a éstos. Y que se les evangelizase sin coaccionarles.

En su testamento de 1504, insistió en que no se agraviara en sus personas o bienes a los indígenas de ningún modo. Todas estas medidas sentaron las bases para las leyes de Burgos (1512) que continuaron la protección jurídica del indígena. 

Definió, junto a Fernando (y al Gran Capitán), la estrategia de las guerras en Italia, Portugal y Granada, estando presente en la retaguardia del campo de batalla.

Me dejo muchas cosas en el tintero, porque recordar todos sus aciertos y logros requeriría muchísimas más líneas.

Isabel I de Castilla: ¡Una mujer y una Reina extraordinaria!.

¿Alguna conmemoración institucional?. ¡NINGUNA!. Así nos luce el pelo en esta España dejada de la mano de Dios.

Desembarco de Colón el 12 de Octubre de 1492 en Guanhani. 
Óleo por Dióscoro de la Puebla.

El Toro de San Marcos: Vistiendo el rito / por Lope Morales


'..Paradójica escena la de esta fiesta de toros en la que no son los toreros, sino el toro, el que finalmente acaba vestido de seda..'

Vistiendo el rito

LOPE MORALES
Coinciden en el calendario, comparten las emociones que sólo ese animal es capaz de despertar, pero se viven de forma diferente y singular. El fin de semana lo podremos comprobar si optamos por irnos a la Feria de Abril de Sevilla o quedarnos más cerca acudiendo a las Fiestas de San Marcos en Beas de Segura o en Arroyo del Ojanco. El toro es el elemento fundamental en todas ellas, aunque cambian las formas y los escenarios donde se desarrollan. Habrá quien lo no lo quiera ver así, pero, en esencia, ambas son versiones de la misma Fiesta de los Toros. Lo que uno se va a encontrar en Sevilla o en Beas son toros. Toros con los que se juega o se lucha de manera diferente. En el primer caso es un torero sólo —ayudado por la cuadrilla— el que tiene que enfrentarse y ganar la pelea, no ya solo por lo que suponga de dominio —que también— sino por la creación de una expresión artística tan fugaz como capaz de emocionar a todos los que allí están. Un público que, al igual que los toreros, se viste para la ocasión. En el que está a la espera de la gran faena, hay una voluntad de buenas formas, de sentido de la medida, de acompañar el rito con elegancia. Todo responde a un orden donde cada gesto tiene su sitio, cada silencio su mensaje, desde el respeto al oficiante en una exquisita escenografía con la música, los olés, las palmas o las broncas en perfecta armonía. Sevilla se viste de Fiesta y los sevillanos se visten para la Fiesta. 

En Beas, la fiesta se vive de otra manera. Aquí no hay vestimenta distinguida ni pretensión de apariencia. Cada cual acude vestido como puede o como quiere sin más exigencia que las zapatillas “sanmarqueras”. Porque lo importante no es cómo se va, sino cómo, dónde y con quién se está. Es una forma de no vestirse por fuera para desnudarse por dentro, mostrando lo que uno es sin preocuparse del qué dirán. Una especie liberación individual para compartir con más cercanía y más verdad la alegría colectiva general. Es un desmadre, sí. Bendito desmadre. Decenas de toros a la vez en las calles, a cuál más grande y más serio, cientos de mozos agarrados a las maromas o esquivando embestidas y miles de vecinos y visitantes bebiendo y comiendo apretados en las barreras, no parece una cuestión de orden. Y sin embargo lo es, porque cumple un ritual que se viene celebrando mucho antes que las relativamente modernas corridas de toros y que tiene su momento cumbre cuando los mozos al unísono se apiñan sobre el toro —no sin riesgo de “cobrar”— con el fin de someterlo lo justo para poder colocarle un collar de cascabeles y un aparejo con bordados y lentejuelas, que en eso consiste la operación de “cascar”


Paradójica escena la de esta fiesta de toros en la que no son los toreros, sino el toro, el que finalmente acaba vestido de seda. Los toros siguen siendo el centro de nuestros encuentros más señalados. Tan sólo la devoción al patrón o a la patrona puede superarlos como acontecimiento. Cosa que, quien quiera, podrá también comprobar haciendo el camino en la romería de la Virgen de la Cabeza que, por cierto, ¡ésa sí que va bien vestida! Mejor que Morante, que ya es decir. El torero que hace unos días, sin ser del todo santo y un poco mártir, ha obrado el mejor de los milagros. Ya dijo Antonio Gala que, en nuestras fiestas, imprescindibles solo hay dos cosas: una Virgen y un toro.