la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

domingo, 17 de mayo de 2026

MADRID/ 8ª San Isidro Un digno confirmante / por Jorge Arturo Díaz Reyes


Manuel Diosleguarde con el de la confirmación. Foto: Las Ventas

'..Manuel Diosleguarde, recibió de El Cid los trastos, y encaró a “Vendaval”, número 30, el toro de su confirmación, con la decisión y aguante que mantuvo toda la tarde..'

MADRID/ 8ª San Isidro
Un digno confirmante

Jorge Arturo Díaz Reyes
CrónicaToro / Madrid 16 V 2026
En el día de la tauromaquia, La Quinta, jugó a la contra. Cárdenos, los tres últimos cinqueños, de serias caras y romana dispar, alteraron la casta revoltosa y exigente del santacoloma del primero, quinto y sexto, los tres aplaudidos en el arrastre, con la total ausencia de ella en tercero y cuarto. El segundo devuelto inédito y sustituido por un reserva de José Manuel Sánchez, manso y noble.

Manuel Diosleguarde, recibió de El Cid los trastos, y encaró a “Vendaval”, número 30, el toro de su confirmación, con la decisión y aguante que mantuvo toda la tarde. Desde las cuatro verónicas y la revolera el quinteño le exigió la documentación. Aguantó y la mostró. Y la refrendó en el quite por el mismo palo. Y el público con él, se lo hizo saber a palma batiente. Tras una oficiosa gestión opaca de su cuadrilla, lo brindó al lleno que a pleno sol expectaba.

En los medios, al tercer derechazo, la colada infame al cuerpo le hizo saber que el animal no compartía la hospitalidad ni las carantoñas. No se arredró. Cambió de mano y en los cuatro naturales y el forzado, la embestida se revolvió en corto buscándole las zapatillas. De largo la siguiente tanda comenzó por la diestra, cambió por el costado, engarzando cinco naturales y el de pecho en los que se hizo notorio que la balanza del poder se inclinaba por la muleta. Cinco naturales más, trinchera, pecho, y ayudado solvente afianzaron su autoridad. Ahora la ovación ya no era de simpatía, era de respeto y aprobación. Faena de ceremonia, faena corta, faena para Madrid, verdadera y significativa. Toda parecía listo para pelo. Pero un pinchazo y una estocada en sitio, total, ejecutada en corto y por derecho, al topetazo, y aplicada como un puño, dejaron el premio en un saludo merecido, sin una sola protesta.

Cerró plaza luego de que la tarde se sumiera a manos de su padrino y testigo en un mar de sosería, cautela y desgano. Lo hizo con “Trianero”, cinqueño de 581 kilos, asaltillado de pitones, muy serio. El también, así estuvo toda la tarde. Lo que le hizo tragar este, que rondó las malevolencias del marrajo, buscándole las cosquillas una y otra vez. Y lo que debió aguantar para no perder los terrenos ni su dignidad, no está escrito. La plaza se lo tomó en cuenta y le respaldó sin tregua. Dos derechas, una finta para salvar la cornada y otras dos de riposta con cambio de mano y pecho, pusieron de presente su mando. Cinco más ovacionadas, trague y trague, y muletazo y hachazo, y cite y al cuerpo, y minitandas enjundiosas y de miedo, que valían un potosí. Pero tras cuidadosa igualada, un pinchazo hondo, un aviso, y dos golpes de cruceta dejaron la emoción en un saludo, tras de aplaudir el arrastre del encastado en malgenio. Digna comparecencia como matador de Disoleguarde ante la plaza mayor.

El Cid, silenciado por partida doble, quizá en respeto a su glorioso pasado en esta plaza, hizo pensar con su cautela y poca combatividad en aquel novillero lejano que todo pundonor la conquisto hace veintiocho años, y con uno de La Quinta, precisamente.

Álvaro Lorenzo, mucho más joven, no hizo pensar nada, con su espesa presentación. La ganadería puede aducir un argumento canónico. El toro de lidia no nace para ayudar a que lo burlen y lo maten, si no pueden con él así, no es problema suyo. Todo toro tiene su lidia.
  • FICHA DEL FESTEJO
Madrid. Sábado 16 de mayo 2026. Plaza de Las Ventas. 8ª de San Isidro. Sol. Lleno. Seis toros de La Quinta, 558 kilos promedio, cinqueños 4º, 5º y 6º. serios, cuajados y de juego diverso.

El Cid, silencio y silencio
Álvaro Lorenzo, silencio y silencio
Manuel Diosleguarde, (confirma), saludo y saludo tras aviso.

sábado, 16 de mayo de 2026

UN 16 DE MAYO DE 1920, EN TALAVERA DE LA REINA...

José Gómez GALLITO

Con el cartel de "No hay billetes" colgando en la taquilla y la totalidad del aforo completo, se fue desarollando la corrida sin grandes sobresaltos. Los toros de la Viuda destacaban más por su mansedumbre que por otra cosa, y tanto José como Ignacio ofrecieron momentos lucidos en los cuatro primeros toros. Hasta que, sin más, salió el 5º, de nombre Bailaor, herrado con el número 7, de pelo negro mulato, cinqueño, tirando a chico y cornicorto. Cuatro varas tomó Bailaor y dejó para el arrastre cuatro caballos, siendo picado por los tres picadores de la cuadrilla de Joselito: Farnesio, Camero y Carriles, terceto que sufrió derribos al completo. Pronto se observó que el toro tenía peligro sordo, y no solo por su mansa y defensiva condición: además era burriciego, veía mal desde cerca y con normalidad de lejos. Cumplimentado con las debidas precauciones el 2º tercio por parte de los peones de Joselito, tomó este la franela roja para dirigirse a Bailaor y comenzar la faena de muleta. Aquerenciado en los tableros del tendido 1, José hizo por sacarlo hacia fuera y, una vez realizado este cometido, se alejó unos pasos del toro para recomponer la muleta. Mal asunto aquel, el burriciego que veía bien de lejos, cuando notó con nitidez el bulto lejano del torero, se arrancó con ávida rapidez y, pillando al pobre José totalmente desprevenido, lo empitonó de manera certera en el vientre. Una vez se llevaron al toro a la lejanía Joselito, malherido, intentó levantarse en vano y llevándose la mano a la herida se percató de que el paquete intestinal le asomaba, derrumbándose al momento. Dicen que lo que verdaderamente acabó con la vida de Joselito fue el shock que le causó verse con los intestinos fuera. Rápidamente las asistencias se lo llevaron a la enfermería, pero ya nada podía hacerse por la vida del Rey de los toreros: esta se había apagado para siempre. Con el pobre José agonizando en la enfermería de la plaza mientras los doctores intentaban en vano devolverlo a la vida, Ignacio Sánchez Mejías tramitó la lidia del 6° y último de la corrida con rapidez y diligencia, aún sin conocer Ignacio la suerte que había corrido su cuñado.


San Isidro'26. Hubo toros para el clasicismo de Urdiales, la verdad de Fortes y el triunfalismo de Adrián. Campos & Moore


 «No sabes lo difícil que es torear con sosiego y sin violencia, con orden, haciendo las cosas a su tiempo, buscando la armonía, creando belleza para que llegue a espíritus sensibles y mentes inteligentes»
(ANTONIO BIENVENIDA)

Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.

Viernes, 15 de mayo de 2026. Séptimo festejo de la Feria de San Isidro.

 Encierro de toros de El Torero (de procedencia directa de Juan Pedro Domecq). Bien presentados, cinqueños, notables de cabezas, nobles; cumplieron en el caballo aunque sin pelear a lo grande, salieron sueltos de la mayoría de las varas a excepción del primero muy castigado en sus dos citas con Manuel Quinta, el sexto derribó en su primera vara empujando, en la segunda se repuchó; la mejor virtud de la corrida fue la movilidad, la peor la falta de fuerzas. Lleno de no hay billetes. Tarde primaveral fría.

Terna: Diego Urdiales, de Arnedo (La Rioja); de verde hoja y oro, con cabos blancos; veintiséis años de alternativa; nueve festejos en 2025; silencio y ovación. Fortes, de Málaga, de rubí y azabache; catorce años de alternativa; veintiún festejos en 2025; saludos y oreja. Fernando Adrián, de Madrid, de lila y plata; doce años de alternativa; diecinueve festejos en 2025; oreja sin petición y muy protesta tras un aviso y oreja tras un aviso.

Suerte de varas. A excepción del primer toro —al que se le dio cera— la corrida fue cuidada en el caballo. Los toros cumplieron sin salirse de madre. Elegimos como ejemplo de la pelea media habida y del empleo de la pica, la labor de Pedro Iturralde en el tercer toro, un bello ejemplar berrendo en negro que desarrolló nobleza y bondades en la muleta. En la primera vara no fue puesto convenientemente al caballo, la pica cayó detrás de la cruz, algo caída, el toro se repucha. En la segunda vara sí fue puesto con ortodoxia al caballo, la vara cayó algo trasera y el toro salió suelto. Iturralde no le castigó, ni barrenó. A este toro en la lidia, al ser puesto en suerte en el tercer par, Curro Javier le toreó con el capote de manera primorosa en un lance largo y templado mostrándole al matador las posibilidades del astado.

PEPE CAMPOS
Uno en la vida intenta ser trapero del tiempo e ir aprovechando todos los minutos que las fases de cada jornada deparan. Ayer, en el día del patrón de Madrid, el mejor medio para llegar a la plaza de los toros de Las Ventas era el metro. En un tramo del trayecto fui sentado y leyendo, tenía entre mis manos el libro de Vicente Zabala (padre), Hablan los viejos colosos del toreo (1976), y en la entrevista final que realiza —el que fuera insigne crítico— al matador de toros Antonio Bienvenida, a quien se le llegó a denominar «torero de Madrid», contestaba Bienvenida a la pregunta sobre la posible fidelidad a un estilo de torear del siguiente modo: «No sabes lo difícil que es torear con sosiego y sin violencia, con orden, haciendo las cosas a su tiempo, buscando la armonía, creando belleza para que llegue a espíritus sensibles y mentes inteligentes». Leído; y visto posteriormente en la figura de Diego Urdiales que en la corrida del día de San Isidro, de este frío mes de mayo, quiso mostrarnos lo que es el clasicismo. Hay que adelantar que, de inicio, no quiso ver a su primer enemigo de El Torero, de nombre «Buscón»; si bien intentó resarcirse a continuación, del desaguisado que le preparó a ese su primer toro de nombre quevedesco —al que aniquiló en varas—, al medirse después a su segundo astado de nombre «Batallador», castaño listón albardado, bello y feble animal. A este toro acarnerado Urdiales salió totalmente decidido a torearle.

Lo cuidó sobremanera en la lidia marcándole al picador Luciano Briceño las formas y los tiempos tras ponerlo él mismo en suerte —aún así Briceño, siguiendo esa genética de todo picador de aminorar las fuerzas de cualquiera astado, en la primera vara en la cruz le aplicó dos metisacas, y fue abroncado por Urdiales e inmediatamente corregido; en la segunda vara, también depositada en la cruz, Briceño se ciñó a un picotazo—; la lidia siguió con máximos cuidados en banderillas, previamente hubo un quite a la verónica del maestro de Arnedo de sabor clásico sin que llegara a redondear nada. Las pausas, el ritmo, los terrenos estaban siendo atendidos por el matador. Por su condición de manso —de las dos varas salió suelto— y sin fuerzas, la faena se decidió en el tercio del tendido seis, para que el toro empujara al límite de su capacidad. Un inicio de faena breve en el que destacó un pase de la firma seco, después suaves redondos con un sublime trincherazo, acto seguido el toreo al natural donde llegó lo mejor, a cuentagotas, tres naturales largos y templados, a la altura adecuada, el torero perfectamente colocado, cruzado, a la distancia justa, dos naturales más y otro pase de la firma; el toro cambia, pues estaba en el «limes» de su escaso poderío, y en uno de los naturales de mano baja se cae; en los últimos muletazos con la derecha iba corto, un gran cambio de mano, la faena estaba en su confín. Una magnífica estocada —aunque sin aguantar el estoqueador todo el tramo de la suerte— finiquitó al astado que había sido lidiado y toreado bajo las normas del viejo clasicismo. Un gusto. Un ejemplo.

El segundo torero destacado de la tarde fue Fortes, aunque bajo otros parámetros que podríamos denominar de la sinceridad, del deseo, de la afición y del compromiso. De igual modo que Urdiales, Fortes no estuvo demasiado bien con su primer astado, pues a un toro que había que saber tocarle las teclas adecuadas para ahormarle —el toro protestaba o rebuscaba— le planteó la faena de perfil —una característica y una rémora en el toreo de Fortes—. Esta faena se basó en la mano derecha y desde el inicio no se resolvieron los problemas. Sin tocar la mano izquierda lo mató en la suerte natural de una estocada caída tendida. El toro le había atropellado en dos fases y recibió una cornada de la que se sobrepuso. En su segundo toro la cosa cambió. La faena fue planteada en el tendido nueve, en la segunda raya; ahí se sucedieron momentos excelsos y situaciones de desacople. Si nos vamos a lo excelso, que es lo que queda en el recuerdo, no podemos olvidar un primer pase ayudado que continuó en forma de toreo al natural muy templado, largo, bello, eterno y sentido, y que caló en el cotarro. A medida que avanzó la faena los naturales fueron excepcionales, de enorme belleza; a ello le sucedía, en ocasiones, el desajuste. Le sucedieron dos naturales de frente con ritmo. Seguidamente un ayudado a compás, y un kikirikí sublime. Verdad y torería, y —ahora— sin estar perfilado. Mató en la suerte natural de estocada baja.

Por último, debemos hablar de Fernando Adrián como una apuesta del más denodado triunfalismo. Si la empresa fuera inteligente todas las tardes debería contratar a Fernando Adrián, una especie de garantía del más intrépido optimismo orejero. Adrián es la máxima garantía del corte de orejas y de las salidas por la puerta grande. Pero los empresarios le ponen poco. Es una lástima. Adrián parece llegado de un viaje a través del tiempo, como representante de aquel triunfalismo incansable del lustro 1966-1971 en la plaza de Las Ventas (cuando, principalmente, El Cordobés, y toda esa época), donde en cinco años hubo noventa y una salidas por la Puerta Grande en Madrid. Sólo Adrián desde 2023 suma cuatro puertas grandes. De haber toreado más haciendo pareja con Talavante el número de puertas grandes en Madrid serían elevadísimas. Para llegar a esas noventa y una de aquel consagrado lustro todavía faltan unas cuantas. Hay que contratar a Adrián. También a Talavante. Adrián en su primer toro —excelente— estuvo ligero, veloz, despegado, en redondo y al natural ¡qué importa!. Dio espaldinas (muleta sacada por la espalda). Todo sea por la oreja que consiguió sin haber petición, ya que el presidente se sumó al triunfalismo. En su segundo toro —boyante e incansable— volvieron las prisas y las afueras, en redondos y en naturales, con más espaldinas y pases de pecho ligados que enardecieron al tendido cinco. El tendido Adrián. Mató de estocada en la suerte contraria. El toro tardó en doblar. Adrián cosechó en total, dos avisos, dos orejas —una de ellas regalada— y la salida por la puerta grande.



ANDREW MOORE




















Fernando Adrián, el Puertas


FIN

Feliz Día Internacional de la Tauromaquia

 

De generación en generación la Tauromaquia sigue viva

 Día Internacional de la Tauromaquia

16 de Mayo de 2026


San Isidro/26: El Santo Patrón nos trajo de todo… / por Antolín Castro

Antes de empezar así estaba la puerta grande

'..El Santo Patrón nos trajo una gran corrida, los triunfos, la emoción en el ruedo, la calidad de una parte del toreo visto y la benevolencia de los espectadores más isidros..'

San Isidro/26: El Santo Patrón nos trajo de todo…

Antolín Castro 
Opinión y Toros / 15 Mayo 2026
Hoy era el día de San Isidro, patrón de Madrid y quien le da nombre a la feria más importante del mundo.

Después de las dos jornadas anteriores, nefastas en cuanto a las reses y a los resultados, todos nos encomendamos al Santo Patrón para que el sino de la tarde fuera distinto, que cambiara, lo que significaba que era a mejor, porque a peor era imposible.

En el cartel los toros de El Torero y diestros del norte como Diego Urdiales, del sur como Fortes y del centro como Fernando Adrián, todos ellos muy capaces para cambiar el estado de ánimo de los espectadores.

Un encierro, todos cinqueños, de diverso pelaje y muy igualado en la báscula. ¿Y su juego cambió algo con los días precedentes? Un sí categórico. Los toros de El Torero, de desigual juego y buena presencia, le dieron a la tarde posibilidades de triunfo, emoción y percances. No fue una corrida boba, pero tuvo opciones para que los toreros mostraran su concepto.

Digamos que el peor lote fue para el riojano Urdiales, y aún así nos dejó bellos momentos con la muleta en su segundo, buen toreo de capa en sendos quites a los toros de Adrián y la que, de momento. puede ser la estocada de la feria. Una gran ovación premió su labor.

Fortes fue cogido varias veces en su incierto primero, dada su exposición con la que toreaba, teniendo que pasar por la enfermería. Salió para matar el quinto y el toro -ese 5º que nunca es malo- le ofreció mejores embestidas para que pudiera torear más acompasado y con más acierto. Un muletazo suyo, un cambio de mano por la izquierda, fue, junto a una verónica por la izquierda de Urdiales, lo más torero que sucedió en la tarde. Una estocada caída, pero de efecto inmediato, puso una oreja en sus manos.

Fernando Adrián, aliado con el Santo Patrón, disfrutó del mejor lote y con él alcanzó el premio de una oreja en cada toro, lo que le permitió salir por la puerta grande. Sus trasteos fueron ligeros, populistas, con intercambios por detrás que hacían rugir a los espectadores, pero que hacían discrepar a quienes comprobaban que los toros no tuvieron la misma suerte que él en el sorteo.

Una salida en hombros de acuerdo con el reglamento de Madrid, pero no con la pureza y la autenticidad del toreo. Los tendidos de Madrid se llenan todos los días, pero los públicos que lo llenan no son precisamente los que aquilatan en función del toro. Su lote era para haberlos cortado las dos orejas, pero para ello habría que haberlos toreado de otra manera, con más reposo, con menos prisas y más hondura. Una salida en hombros que hace número, pero no memoria.

Así estaba terminada la corrida

El banderillero Curro Javier fue cogido de forma espectacular al colocar un par de banderillas al sexto. Escalofriante el percance, aunque parece que finalmente no fue corneado.

El Santo Patrón nos trajo una gran corrida, los triunfos, la emoción en el ruedo, la calidad de una parte del toreo visto y la benevolencia de los espectadores más isidros.

PALCO 16 - 7ª SAN ISIDRO.- La puerta de la discordia / por Jorge Arturo Díaz Reyes



Fernando Adrián hacia la Puerta Grande. Foto: Las Ventas

Fernando Adrián abre la Puerta grande. Oreja para Fortes en gran faena natural. Urdiales saluda. Enrazado y serio encierro.

La puerta de la discordia

Jorge Arturo Díaz Reyes
CrónicaToro / Madrid 15 V 2026
A hombros de una juvenil multitud y a los contrapuestos gritos de ¡torero! y ¡fuera! salió de Las Ventas el madrileño Fernando Adrián. La corrida fue corta, poco más de dos horas, pero intensa. Seis encastados, astifinos y muy parejos domecq de El Torero, que tras emotivas peleas y cuatro sobrecogedoras cogidas a los lidiadores, cayeron vendiendo caras sus vidas, bajo seis estocadas de diferente letalidad. Siendo arrastrados con aplauso y dejando tras de sí, tres orejas de distinto recibo y una Puerta Grande mayoritaria, pero con hostil oposición de una minoría. Todos cinqueños, tres negros, dos castaños y un berrendo pesaron en promedio 555 kilos.

Adrián levantó pasiones; odio y amor, en la soleada y pletórica plaza. Con un toreo alegre, vistoso, arrimado y valiente, lució sus toros, arrobó a unos, los más, y puso en evidencia la saña de sus malquerientes, los menos. Al tercero, “Encarcelado”, lo recibió con cinco verónicas y media que fueron lo mejor de la tarde hasta ese momento. Iturralde acertó en las dos entradas, y Blanco y Valladares fueron perseguidos hasta las tablas, tras clavar con distinta fortuna.

El brindis al público y el tercio de muerte se desarrollaron en los medios, con series generosas, muy en jurisdicción por ambas manos. El berrendo las tomaba humillado y repetitivo, y la muleta matizaba con repentinos y apegados cambios por la espalda. El volapié limpio y la estocada en sitio fueron acompañados de aviso y requirieron descabello. La pañolada se impuso y la oreja cayó no sin repulsas.

Cuando salió el sexto, el asunto de la Puerta Grande latía en la plaza unos con deseo y otros con temor. Se llamaba “Herrerillo”, aplaudido no más apareció. Negro de 564 kilos, al segundo lance cogió por la faja a Adrián y lo izó como una bandera, gritos de cornada grave, pero no fue. Luego fue a por el picador Javier Díaz y lo tumbó con todo y caballo, y como si fuera poco, cogió a Curro Javier a la salida de un par, lo tiró al aire y lo cogió de nuevo, dos veces más ensañándose con él en el suelo.

Cuatro doblones genuflexos lo metieron en cintura. Y alrededor de la suya Fernando lo puso a orbitar en dos tandas derechas rematadas con giro y el de pecho, y luego con otras dos izquierdas de similar kilometraje y muy ceñidas. El mando estaba establecido. La división se ahondaba y el hombre se metió en la cuna y haló al ofensivo, pallá y pacá largamente, mirando al público enardecido en doble vía. La estocada de frente, completa, ligeramente pasada, tardó, el puntillero levantó dos veces al caído, antes de rodar definitivamente y desatar una petición furiosa, con oposición idem, ante lo cual su señoría don José Antonio Rodríguez San Román, optó democrática y reglamentariamente por la muy amplia mayoría. La muchachada se tiró al ruedo y la Puerta de la discordia se abrió para el triunfador, por segunda vez en esta feria.

En lo que sí hubo unanimidad fue en la faena izquierdista y pura de Fortes, quien ya había sido cogido dos veces por el segundo. Este quinto “Vivaracho” lo intentó también sin conseguirlo. Se salió del peto y blandeó en las dos varas de Muñoz. Adrián lo quitó lucido e irreprochado con dos tafalleras, dos miguelinas y una revolera. Entonces el malagueño sin brindar, más serio que un revolver, se le fue a la cara y lo bautizó con una trinchera, tres ayudados y un gran natural que fue el preámbulo del recital por ese lado, no desafinado por los varios derrotes que le tiró el negro. Diecinueve naturales le conté, repartidos en tres actos. No todos perfectos, algunos cerca de ello, pero a cuál más verdaderos. Cesaron los partidos, y aunque no se consolidó la unión, sí se pusieron de acuerdo en este momento brillante de la corrida y de la feria. Quizá el mejor. La estocada, honestamente ejecutada pero desprendida, fulminó y otra vez los votos esta vez como hermanitos de uno y otro bando consiguieron la oreja

Urdiales, con su tan admirado toreo despegado, desligado e interrupto, consumió así su tiempo en las dos ocasiones. En la segunda, finiquitada con la estocada de la tarde, en una tarde de estocadas, logró emocionar y emocionarse pues cuando lo aplaudieron salió hasta los medios montera en mano. Nadie le reviró.

viernes, 15 de mayo de 2026

Toros, juventud y libertad / por Ignacio Miranda


'..Acuden a los cosos más personas menores de treinta tacos que nunca, a pesar del coste de las entradas. Una realidad que escuece a los Urtasun de turno, enrocados en la causa animalista. Seguiremos yendo a la plaza porque nos fascina la raza de lidia, nos emociona la verdad del toreo -puro, largo, templado- y amamos la libertad..'

Toros, juventud y libertad

Ignacio Miranda
En mis tiempos de profesor asociado de la Universidad de Valladolid, tuve que impartir la asignatura de Periodismo Especializado. Por aquello de la libertad de cátedra, la amplitud de miras y el saber no ocupa lugar, dediqué una sesión a la crónica taurina. Ya el día anterior, cuando lo advertí, hubo amago de motín, a pesar de dejar claro que no veríamos vídeos de festejos, no vaya a ser que algún alumno se maree al ver sangre del animal por el morrillo, como le ocurrió a Himmler en la plaza de Las Ventas cuando visitó España en 1940, para tantear a Franco sobre una eventual entrada en la Segunda Guerra Mundial. Anécdota histórica que por supuesto desconocían.

Algún estudiante rebotado de Biológicas negaba la validez científica de los estudios veterinarios que afirman que el toro bravo soporta la lidia por tener un umbral del dolor muy elevado en la plaza gracias a la liberación de betaendorfinas, en dosis infinitamente superiores a las de otros rumiantes. Alguna justificación hormonal debe haber para explicar cómo se crece al castigo. Pues en clase pasamos un rato extraordinario analizando pasajes de crónicas de Mariano de Cavia, Gregorio Corrochano, Antonio Díaz Cañabate, Alfonso Navalón, Joaquín Vidal o Javier Villán, maestros del género en distintas épocas que nos dejaron una prosa memorable para narrar la grandeza de la tauromaquia. Periodismo en mayúsculas. Un feliz hallazgo para algunos alumnos, que pudieron contemplar de otra manera un espectáculo legal y protegido por la normativa.

Así las cosas, no es de extrañar que la librería situada en la monumental de la calle de Alcalá, especializada en la materia, tenga cada días más lectores jóvenes ávidos de formarse para conocer mejor el planeta de los toros. Acuden a los cosos más personas menores de treinta tacos que nunca, a pesar del coste de las entradas. Una realidad que escuece a los Urtasun de turno, enrocados en la causa animalista. Seguiremos yendo a la plaza porque nos fascina la raza de lidia, nos emociona la verdad del toreo -puro, largo, templado- y amamos la libertad.