la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

domingo, 20 de septiembre de 2026

EL MATADOR A CABALLO / por Jubilado viajero

 '..Porque una cosa es que el espada dirija la suerte de varas —que el Reglamento le atribuye expresamente— y otra que se convierta en picador por voluntad propia. El artículo 73 le permite intervenir en la ejecución de la suerte cuando lo estime oportuno; pero el propio Reglamento ha construido la suerte alrededor de la figura profesional específica del picador..'

EL MATADOR A CABALLO

Hubo un tiempo en que los oficios del toreo no estaban separados por esas aduanas que hoy parecen poco menos que infranqueables. Un picador podía acabar de matador y un matador podía acordarse cualquier día de que también sabía montar a caballo. El mexicano Ponciano Díaz, --mitad charro y mitad torero--, aparece en 1880 saliendo a picar en El Puerto de Santa María. No sabemos si aquello fue exactamente lo mismo que hizo Luis Miguel Dominguín muchos años después, en la antigua Chata carabanchelera, el 2 de octubre de 1952. Pero la ocurrencia tuvo tanto eco que acabó bautizándolo, con ese sentido del humor que también forma parte de la historia del toreo, como «el número uno... y pico».

Lo que sí demostró la peripecia fue que, en el toreo antiguo, el caballo no constituía precisamente una frontera administrativa. Se cambiaba de gremio con bastante más facilidad que de chaqueta, y nadie parecía escandalizarse demasiado por ello. La prensa de la época, además, no tomó aquello por una simple ocurrencia: vio en la extravagancia de Dominguín la voluntad de ser un torero total, capaz de meterse también en el terreno reservado al varilarguero.

Después vinieron otros: Pepín Jiménez, Jesulín de Ubrique, Vicente Ruiz «El Soro», Antonio Ferrera y alguno más. Unos lo hicieron una vez; los menos, de cuando en cuando y con mayor o menor fortuna. Pero lo que en tiempos fue un suceso propio de un torero excepcional corre hoy el riesgo de convertirse en recurso de repertorio. Y ya se sabe que, en los toros, cuando una rareza se repite demasiado, empieza a dejar de serlo.

Esto nos lleva a pensar que el hecho de que el matador se suba al caballo no es solamente una intromisión a mayor gloria del espectáculo. Históricamente puede leerse también como una invasión, siquiera simbólica, del territorio del picador: «si yo puedo picar, ¿para qué necesito al picador?». No es una pregunta que convenga formular demasiado alto delante de la cuadrilla, pero explica bastante bien la osadía.

También antaño la alternativa tenía algo de promoción interna. El banderillero que había adquirido oficio y acreditado condiciones podía recibir la investidura de manos del propio matador de cuya cuadrilla formaba parte. Este le cedía los trastos y, con ellos, una categoría nueva. El toreo era entonces una profesión bastante más democrática en sus ascensos, puesto que se empezaba en la cuadrilla, se aprendía el oficio y, cuando el jefe entendía que había llegado la hora, se pasaba de las banderillas a la espada. No había tantos compartimentos estancos ni tantas casillas que respetar.

Hogaño, el Reglamento actual dice expresamente que corresponde al espada dirigir la ejecución de la suerte e «intervenir él mismo siempre que lo estimare oportuno». Es decir, jurídicamente hay una puerta abierta a esa intervención del matador, aunque la normativa no diga expresamente que pueda sustituir al picador y ejecutar por sí mismo el puyazo. Y aquí conviene recordar quién es quién en una corrida.

El picador no es simplemente un subalterno con caballo. Su condición profesional tiene una categoría propia dentro del Registro de Profesionales Taurinos. El Reglamento lo sitúa, junto al banderillero, en la Sección V, pero distingue perfectamente ambas categorías y exige para el picador una preparación específica, incluida la demostración de su pericia como caballista y en el manejo de la vara de picar. No es un peón que haya cambiado el capote por la garrocha. Es un profesional de una suerte determinada.

Y su traje tampoco es un capricho de guardarropía. La chaquetilla bordada en oro conserva el recuerdo de los tiempos en que el varilarguero tuvo en la Fiesta una consideración que después pasó al torero de a pie. Y las protecciones que completan su indumentaria —la mona o gregoriana, las defensas de las piernas, la calzona, las botas y el castoreño— responden a una función concreta, la de proteger al hombre que se enfrenta al toro desde el caballo.

Por eso resulta cuando menos chocante que, en una corrida reglamentariamente organizada, se exija al picador una indumentaria específica y unas condiciones profesionales determinadas y, llegado el momento, el matador pueda ocupar su puesto vestido con su traje de luces, sin ninguna de aquellas defensas.

La contradicción es evidente. Porque una cosa es que el espada dirija la suerte de varas —que el Reglamento le atribuye expresamente— y otra que se convierta en picador por voluntad propia. El artículo 73 le permite intervenir en la ejecución de la suerte cuando lo estime oportuno; pero el propio Reglamento ha construido la suerte alrededor de la figura profesional específica del picador.

Y aquí aparece la pregunta que nadie parece tener demasiadas ganas de formular: ¿puede quien tiene la autoridad para mandar en una suerte asumir también la profesión de quien está obligado a ejecutarla? Si la respuesta es sí, habrá que explicar para qué existe la categoría profesional del picador y para qué se le exige una preparación específica.

Si la respuesta es no, habrá que explicar por qué los presidentes contemplan la escena como si estuvieran viendo una suerte más del repertorio del matador. Porque tampoco parece razonable que el presidente sancione al picador por una irregularidad en la ejecución de la suerte de picar y permanezca impasible cuando otro profesional, sin la indumentaria ni las protecciones propias del varilarguero, ocupa su puesto.

El Reglamento, además, no deja al primer tercio entregado a la improvisación, sino que establece cómo ha de ejecutarse la suerte, quién ha de realizarla y hasta prevé que, cuando un picador no pueda continuar, sea sustituido por otro picador de las restantes cuadrillas. No dice «si el matador tiene ganas, que se suba al caballo y proceda».

Y quizá ahí esté la cuestión. No se trata de impedir que un matador demuestre que sabe montar, ni de poner puertas al campo de las facultades de un torero. El matador puede banderillear, puede hacer quites, puede manejar el capote y la muleta y puede intervenir en cuantos menesteres de la lidia le permita su condición. Pero que pueda hacerlo no significa necesariamente que deba hacerlo todo.

Porque si cada profesional puede sustituir al otro cuando le apetezca, terminaremos teniendo una corrida en la que sobrarán las categorías profesionales y bastará con que un solo torero tenga buenas aptitudes para todo. Y eso, llevado al extremo, tendría su gracia, podría verse al matador picando, al picador toreando de muleta, al banderillero estoqueando y al presidente preguntándose, desde el palco, quién manda allí.

La solución quizá sea tan sencilla como incómoda y pasaría porque el Reglamento determine con mayor claridad si la intervención del espada en la suerte de varas comprende únicamente la dirección y los quites o alcanza también la ejecución material del puyazo; y que, si esta última posibilidad se admite, establezca las condiciones profesionales y de indumentaria necesarias para hacerlo.

Porque si para picar hay que ser picador, habrá que decirlo. Y si no hace falta serlo, sería bueno que alguien explicase para qué demonios lo es.

Tenemos en España una singular afición a convertir las excepciones en costumbres. Después llamamos tradición a la costumbre y, finalmente, Reglamento a la tradición. Así se hacen muchas cosas en los toros. Y algunas, incluso, se hacen a caballo.
Jubilado viajero

Momento inquietante / por HUGHES


'..Abascal representa a unos millones de españoles cuya voz lleva, como mínimo, medio siglo sin escucharse. Que haya sido así es por algo, y si han existido las fuerzas dedicadas a silenciarlo, ¿qué nos hace pensar que ya no existan, en un país, además, abierto de par en par a sus enemigos?..'

Momento inquietante

HUGHES
Abascal sufrió en Tarragona un intento de agresión que pese a ser abortado dejó una impresión de inquietud. El guardaespaldas reaccionó con una mano de Courtois, pero el individuo se acercó mucho. No pasó nada, pero demostró lo cerca que estamos de que pueda pasar.

La izquierda española produce individuos capaces de violencia, es un hecho histórico, pero España ya no es solo su izquierda. Desde hace tiempo, y en los últimos años de un modo desaforado, han entrado millones de personas y entre tantos millones, ha podido entrar cualquiera. No es descartable que España esté infiltrada ya de elementos violentos y actuantes de otros países.

Qué paranoico, dirán. Quizás, pero solo hablo de cuestiones posibles y de algunas evidencias. Abascal representa a unos millones de españoles cuya voz lleva, como mínimo, medio siglo sin escucharse. Que haya sido así es por algo, y si han existido las fuerzas dedicadas a silenciarlo, ¿qué nos hace pensar que ya no existan, en un país, además, abierto de par en par a sus enemigos?

Después de sufrir el desagradable episodio del cernícalo antifa, Abascal dijo ayer una cosa importante: advirtió de que nada se ha ganado, Sánchez es un peligro y queda partido.

Si hoy sufrimos a Sánchez es por la estrategia mediática del PP en las últimas elecciones. El efecto Losantos-Michavila, podríamos llamarlo. En la actualidad, puede volver a suceder. Pueden pasar muchas cosas y una de ellas es que la izquierda se movilice y que el Tribunal Constitucional haga «su trabajo». Quienes aprobaron la Ley de Amnistía no verán un gran problema moral, y menos aun jurídico, en dar una patada adelante a cualquier legislación, mucho menos si tiene el marchamo de la memoria democrática. Si han llegado hasta aquí, no es para andarse ahora con remilgos.

España se juega cosas importantes. Se juega el tipo, para empezar. Lo sensato es esperar que las fuerzas que vienen tirando de ella concurran en semejante momento. Y no es posible descartar la violencia porque la violencia nunca se abandonó en la España política.

La creciente seriedad de Abascal no es gratuita. Su tono se distingue del resto, y cada vez más. Se percibe una mayor gravedad, una severidad que está a la altura de los acontecimientos. Lo que se ven y los que se pueden esperar.

México es Taurino: 500 años de historia y una tradición que busca certeza jurídica.

'..fue presentado en Guadalajara el libro México es Taurino, una obra impulsada por Tauromaquia Mexicana A.C. que pretende documentar con cifras la presencia y el arraigo de los festejos taurinos en el país..'

México es Taurino: 500 años de historia y una tradición que busca certeza jurídica.

La tauromaquia mexicana cumplió cinco siglos de historia y, en medio de uno de los momentos de mayor debate sobre su permanencia, busca trasladar la discusión del terreno de la confrontación política al ámbito de la cultura, la historia y el derecho.

Con ese planteamiento fue presentado en Guadalajara el libro México es Taurino, una obra impulsada por Tauromaquia Mexicana A.C. que pretende documentar con cifras la presencia y el arraigo de los festejos taurinos en el país.

La presentación tuvo lugar en el Centro Cultural El Refugio, con la participación de Antonio Rivera, Antonio Casanueva y Héctor Medina, bajo la moderación de Juan Javier García.

Uno de los aspectos centrales de la publicación es el mapa estadístico que ofrece sobre la actividad taurina en México durante el siglo XXI. De acuerdo con los datos recopilados, se celebran 4,686 festejos taurinos al año en 1,137 localidades pertenecientes a 669 municipios.

La dimensión rural de la fiesta aparece como uno de los datos más significativos: el 61 por ciento de esos festejos tiene lugar en poblaciones con menos de 25 mil habitantes, mientras que el 42 por ciento se desarrolla en municipios con presencia de pueblos originarios.

Jalisco ocupa un lugar destacado dentro de ese mapa. La obra registra 283 festejos anuales distribuidos en 78 localidades de 63 municipios del estado.

Más allá de las estadísticas, durante la presentación se abordó la relación histórica de la tauromaquia con distintas comunidades mexicanas y con actividades económicas ligadas al campo, la ganadería, la artesanía y las fiestas populares.

Los participantes defendieron además la necesidad de establecer condiciones jurídicas claras para aquellas comunidades en las que los festejos taurinos forman parte de tradiciones desarrolladas durante generaciones. El planteamiento expuesto no fue extender la tauromaquia hacia lugares donde carece de arraigo, sino buscar certeza legal allí donde continúa formando parte de las celebraciones locales.

La discusión adquiere especial relevancia en un momento en el que distintas entidades del país mantienen abiertos debates legislativos y judiciales sobre la celebración de espectáculos taurinos.

En ese contexto, los participantes hicieron un llamado para que las decisiones públicas incorporen información histórica, social y cultural, y no queden reducidas únicamente a posiciones políticas enfrentadas.

México es Taurino consta de 174 páginas y cerca de 50 fotografías y forma parte de las actividades conmemorativas promovidas durante 2026 con motivo de los 500 años de presencia de la tauromaquia en México.

Cinco siglos después de su llegada, la fiesta de los toros enfrenta probablemente uno de los debates más trascendentes de su historia mexicana. La publicación pone sobre la mesa una cuestión que va más allá de gustos y preferencias: qué lugar ocupan las tradiciones dentro del patrimonio cultural de las comunidades y qué herramientas jurídicas deben existir para decidir sobre su continuidad.

MÉXICO.- La Insurgencia de Aguascalientes rozó el triunfo en una noche de música, arte y gran ambiente. / Por JC Valadez


La Corrida de la Insurgencia volvió a demostrar en Aguascalientes que es una experiencia completamente diferente a una corrida de toros tradicional. Es una puesta en escena concebida hasta el último detalle, una experiencia en la que el toreo dialoga con la música, el arte y la identidad mexicana.

La Insurgencia rozó el triunfo en una noche de música, arte y gran ambiente

Por JC Valadez
La histórica Plaza San Marcos registró un lleno para celebrar el décimo aniversario de un festejo que nació en San Miguel de Allende y que ha encontrado en Aguascalientes una nueva casa. La expectación era enorme. También la belleza del escenario. Sin embargo, de los seis toros lidiados —tres de La Asunción y tres de Santa Inés— únicamente el primero y el sexto permitieron que la tarde-noche alcanzara el nivel esperado.

El Payo puso la clase; la espada negó el premio

Octavio García “El Payo” encontró en el toro que abrió plaza el material necesario para expresar el toreo que mejor lo define. El ejemplar de La Asunción, primero lidiado por la nueva divisa encabezada por Joselito Adame y Luis Morán, tuvo transmisión y calidad, virtudes reconocidas finalmente con un arrastre lento.


Desde el capote, El Payo entendió sus posibilidades. Hubo verónicas templadas, una media de cartel y, posteriormente, una faena construida desde la suavidad y la estética.

Con la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes como acompañamiento, el queretano dejó algunos de los pasajes más clásicos y de buen corte del festejo. Toreó sin estridencias, Fue una faena de sensibilidad y personalidad que merecía otro final.

Pero la espada le dictó sentencia al Payo.

Los errores con el acero dejaron el premio en el aire y redujeron una actuación importante a las palmas del público.

Con el cuarto, de Santa Inés, la historia fue distinta. El toro, descastado, terminó refugiándose en las tablas y El Payo tuvo pocas opciones para recuperar lo perdido anteriormente.

Una noche amarga para Juan Pablo Sánchez

Juan Pablo Sánchez cargó con la parte más difícil del encierro.

Su primero tuvo escasas posibilidades y el hidrocálido trató de encontrar soluciones donde apenas las había. Lo mejor llegó precisamente en la suerte suprema, cuando consiguió acabar con el toro mediante una estocada eficaz en un terreno comprometido.

Mucho más accidentado resultó su encuentro con el quinto. Un manso de libro.

El toro de Santa Inés, de finas hechuras, mostró pronto su condición mansa y deslucida. Sánchez intentó sujetarlo y terminó pagando cara su insistencia. Primero fue prendido por una pierna y derribado; posteriormente volvió a sufrir otra fuerte voltereta cuando el animal lo alcanzó por la zona posterior del muslo y el glúteo.

El torero regresó a la cara y buscó hasta el final alguna posibilidad de construirle una faena, pero aquella batalla estaba perdida de antemano.

Fue una noche de esfuerzo, golpes y frustración para Juan Pablo Sánchez que estuvo en torero, pero sin material para alcanzar el triunfo.

Román encontró el toreo cuando la noche comenzaba a apagarse

Después de cuatro toros de escasa historia, la corrida necesitaba desesperadamente un levantón.

Y apareció el sexto.

El ejemplar de Santa Inés tuvo clase y permitió a Román cambiar el pulso de una noche que comenzaba a languidecer. El valenciano había pasado prácticamente inédito con el tercero, un toro que pronto comenzó a desentenderse de la muleta

Pero con el último del festejo todo cambió.

Tras unas chicuelinas de buen trazo, Román comenzóó la faena de muleta con estatuarios y posteriormente llevó al toro hacia los medios. Allí surgió el toreo en redondo, intenso y ligado, con el público completamente metido en la faena.

Entonces sonó Nessun dorma.

La célebre aria de Turandot, interpretada por el tenor Kassem Liévanos, envolvió la San Marcos mientras Román exprimía las embestidas del toro. Por unos minutos, música y tauromaquia encontraron esa comunión que constituye precisamente la esencia de La Insurgencia.

Fue el momento de mayor emoción de la noche.

Román tenía el triunfo en la mano.

Quizá por querer llevar la obra un poco más lejos, prolongó una faena que ya estaba hecha y cuando llegó la hora de matar, aparecieron los pinchazos.

Uno detrás de otro.

La puerta que parecía abierta para el español se cerró de golpe.


El público pasó de la ilusión a la impaciencia y Román terminó marchándose con el gesto serio, consciente de que había dejado escapar una de esas oportunidades que difícilmente regresan.

Una gran producción a la que le faltó el triunfo

La noche terminó entre el Huapango de José Pablo Moncayo y los fuegos artificiales sobre el cielo de Aguascalientes.

También hubo espacio para el piano, con Aarón Juárez interpretando un fragmento del concierto Emperador de Beethoven, además de la participación de la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes dirigida por Román Revueltas.

Todo estuvo dispuesto para una gran celebración.

La escenografía, la música, el ambiente y una plaza de toros llena confirmaron nuevamente la enorme capacidad de producción de la Corrida de la Insurgencia. Pocos festejos taurinos en México y Europa poseen actualmente una identidad tan reconocible y una puesta en escena tan cuidada.

Pero la tauromaquia tiene una particularidad que ninguna producción puede controlar: depende del toro, del torero y de ese instante irrepetible en el que ambos coinciden.

Esta vez ocurrió solamente a ráfagas.

El primero de La Asunción permitió a El Payo enseñar su concepto; el sexto de Santa Inés puso en las manos de Román la posibilidad de cerrar la noche por todo lo alto. Ambos encontraron momentos de inspiración y ambos terminaron perdiendo el premio con la espada.

Por eso el décimo aniversario de La Insurgencia no será recordado por algún triunfo.

Será recordado por la gran producción y el gran ambiente que puso la afición de Aguascalientes que acudió a la plaza.

Ficha del festejo

Aguascalientes, Ags. Plaza de Toros San Marcos. Décima Corrida de la Insurgencia. Lleno m. Tres toros de La Asunción (1º, 2º y 3º) y tres de Santa Inés (4º, 5º y 6º), desiguales de presentación y juego. Destacó el primero, premiado con arrastre lento, y el sexto por su clase y movilidad.

Octavio García “El Payo”: Leves palmas y silencio.

Juan Pablo Sánchez: Silencio y pitos tras aviso.

Román: Silencio y división de opiniones.

Fotos: EMSA y México Lindo y Taurino

sábado, 19 de septiembre de 2026

Luis Álvarez fue un grande / por Ricardo Díaz-Manresa


'..La culminación de su carrera la alcanzó con el colombiano César Rincón. Hispanoamericano tenía que ser. Lo lanzó en poco tiempo y en cuatro corridas seguidas en Las Ventas. Del todo al nada. De desconocido a superpopular casi en 3 días..'

Luis Álvarez fue un grande

Ricardo Díaz-Manresa
Grande e indiscutible. Como él, y cada uno con su personalidad, he conocido a tan pocos que tengo suficientes dedos en una mano y me sobra uno. Luis Álvarez fue un grande. Y tengo en mi memoria y en mi corazón a Manolo Chopera, Manolo Cisneros y Juan Manuel Moreno Menor. Dos Manolos, un Juan Manuel y un Luis. Que amaron el toreo y a su profesión como personajes únicos.

Y único fue Luis Álvarez por sus múltiples cualidades. Simpatía, trabajo, actividad y un punto secreto para descubrir toreros y lanzarlos.

Fue un taurino diferente desde el principio cuando sumó a su actividad torera los conocimientos que traía de marketing y comunicación.

Dominaba las relaciones sociales especialmente, lo que le hacía llegar con facilidad a empresas y personas. Y, por supuesto, al mundo genérico de la prensa.

Tuvo toreros grandes en sus manos y además algunos apoderados lo llamaba para que les ayudara. Ponce al principio y pasado el tiempo César Rincón, como obra suya y maestra, ahí han quedado.

Tenía vocación por América y sus toreros. Y por la actividad también empresarial en la otra orilla del charco y uno de sus hombres queridos y lanzados fue Morenito de Maracay.

No se trata de hacer aquí una guía de toreros sino de resaltar cómo los descubría en España y América, aquí y allá, y los ponía en funcionamiento.

El avión para la actividad sudamericana lo cogía como otros muchos van a su pueblo cercano. Incansable.

La culminación de su carrera la alcanzó con el colombiano César Rincón. Hispanoamericano tenía que ser. Lo lanzó en poco tiempo y en cuatro corridas seguidas en Las Ventas. Del todo al nada. De desconocido a superpopular casi en 3 días.

Luis sabía tocar todas las teclas también con la denominada genéricamente prensa. Maestro de relaciones públicas sabía a quién llamaba, por qué y lo que le decía, aunque en los tiempos triunfales las llamadas las recibía él. Incluso aceptaba las bromas con gran sentido del humor. Como quizá tenía la mejor melena cuidadísima del toreo, me permitía yo escribir : Ponce la mejor cabeza del toreo y Luis Álvarez la mejor cabellera. No he visto otra y siempre impecable. Pero debajo había una inteligencia superior que le hizo ocupar siempre un puesto destacado.

Atendía muy bien a los informadores. Y en un momento de charla distendida me dijo, cuando yo era director de CLARIN-RNE : “Has hecho la mejor labor que yo recuerdo en este programa”. Y me fue explicando por qué en cada una de las situaciones, época que yo recuerdo como difícil. Ni que decir tiene que, con esas palabras, aumentó mucho mi estima por él.

Y la actividad era una de sus características principales : descubriendo toreros, promocionándolos, llevándolos a América o trayéndolos aquí, según, trabajando de empresario, moviéndose sin parar como apoderado, viajando como nadie.

Me pareció una gran persona destacada. Como Manolo Chopera, más listo que nadie. Como Manolo Cisneros, aficionado supremo antes que nada. Como Juan Manuel Moreno Menor, atento, útil y generoso como pocos.

Y, en el gran pedestal, Luis Álvarez. Un grande de verdad.

Albacete, ¡qué feria! / por Paco Cañamero


'..La grandeza de Albacete es que ha seguido conservando su prestigio aún sin tener figuras, porque la última que tuvo fue Manuel Caballero, siempre con Dámaso presente..'

GRAN CICLO DE SEPTIEMBRE
Albacete, ¡qué feria!

Paco Cañamero 
Glorieta Digital / Salamanca, Septb. 2026
La Feria de Albacete ya enfila su final y, otro año más, los ojos taurinos de septiembre están pendientes de lo que ocurre en el coso de la capital de La Mancha. De una feria de máximo nivel en toda regla, gracias a respetar al abonado con los precios y la seriedad del toro, principal cóctel para mantener vivo el espectáculo, en las antípodas de tener que asomarse a los tendidos de un coso y cerrar los ojos con una media entrada, o menos aún en tantos casos. Además, sobre las arenas de la manchega Chata no vale el triunfalismo impuesto en la actualidad, ni los habituales banderilleros mendigando orejas, como tampoco el triste espectáculo de las mulillas cada vez más frecuente al ser obstaculizadas por peones para que dé tiempo a calentar a la gente y pedir más trofeos. Albacete mantiene ese punto de seriedad tan necesario y por tanto defiende la esencia del festejo.

Allí, alrededor de estos días festivos de septiembre en honor a la Virgen de los Llanos, se tira la casa por la ventana y la capital se llena de forasteros, la mayoría gente venida de todos los puntos de la provincia, además de los muchos miles albaceteños emigrados a Valencia, que fue el principal destino del éxodo de esa tierra. Y está abarrotada con la sinfonía, encanto y el ambiente que siempre definió a las ciudades en sus días grandes -y actualmente perdido en la mayoría-, desde animación callejera, alegría en la gente y lo mejor, la maravilla de esa llamada Sartén, que es un recinto fijo, cercano a la plaza de toros donde se asienta toda la feria, junto a casetas, barracas…

Es tan importante la feria de la Virgen de los Llanos que los feriantes afirman que si los meses del verano se le habían dado mal esperaban como el agua de mayo la llegada de Albacete para resarcirse de sus pérdidas y equilibrar la balanza, al vivirse con total intensidad y sin miramiento alguno a la hora de meterse en gasto. Porque el manchego es trabajador y ahorrativo, pero saben darle rumbo al dinero sin la tacañería del castellano en cuanto llega la feria.


Taurinamente sigue siendo un ejemplo y aunque en los últimos años haya bajado algo la exigencia del toro, lo cierto es que sigue estando un escalón por encima del de Salamanca, del de Valladolid o del de Murcia; también del de Logroño, que ahora es una pantomima de la gran feria que fue en tiempos de La Manzanera con Manolo Chopera al frente. En los últimos años las citadas bajaron el número de carteles a raíz de la deserción de aficionados que se fueron por la escasa raza del toro, el alto precio de las entradas, carteles sin interés… Sin embargo, la capital de La Mancha aguantó el tirón sabiendo qué quería el público.

Además, en Albacete, se mantienen esenciar que, en el resto de España son esencia de otros tiempos. Un ejemplo son los hoteles donde se cambian los toreros y en cuyas cafeterías los profesionales hablan de la temporada, de quién da guerra, de cómo pagan las empresas o… de la ruina que se viene encima. Lo hacen antes de irse a comer a El Callejón, unos de los restaurantes taurinos de más solera de España y que es todo un museo.

Con diez festejos programados en 2026, de los cuales siete son corridas de toros, dos novilladas y una de rejones con la mejor del escalafón, junto a los locales y donde, según se lee en las crónicas, hasta ahora ha sido quien ha apuntado más alto es Morante de la Puebla, quien dibujó con pincel fino el mejor toreo.

La grandeza de Albacete es que ha seguido conservando su prestigio aún sin tener figuras, porque la última que tuvo fue Manuel Caballero, siempre con Dámaso presente. Antes y después han surgido muchísimos toreros, pero la sombra de Dámaso sigue siendo muy alargada, al igual que en Salamanca la de Viti, Capea y Robles, pero supieron tocar las teclas y mantener el prestigio con la perfecta combinación de la seriedad del toro y precios normales, muy en las antípodas de la burrada de otros lugares, de ahí que la capital de La Mancha sea un modelo.

Además, de allí eran un montón de taurinos que contribuyeron a tanta grandeza y esos días no daban abasto a recibir forasteros, desde gente desparecida ya como El Gallo, el inconfundible Tomás Sánchez Cajo, el letrado don Trinidad Campos, el picador El Pimpi y su cuadra de caballos, los ganaderos capitaneados por Daniel Ruiz y su inconfundible puro caliqueño…

Y siempre la grandeza del resto de sus toreros con la imponente figura de Pedro Martínez Pedrés, figura en dos etapas, querido por todos y siempre un señor que se establecía en el Gran Hotel, donde cada año dejaba reservada la mejor habitación para la siguiente feria; también los Amador, los gitanos, con Manuel de patriarca, siempre gente seria y respetada que vivió por y para el toro, mientras que siempre era fácil encontrar a Dámaso González en cualquier lugar, aupado al pedestal de su grandeza, siendo leyenda y un símbolo que, tras su temprana muerte, es reverenciado en el monumento que lo homenajea junto a la plaza de toros.

Y es que Albacete es mucho Albacete.


La Insurgencia toma la Plaza “San Marcos”: Aguascalientes se prepara para un festejo único e inolvidable.


'..El cartel reúne a Octavio García “El Payo”, Juan Pablo Sánchez y Román, tres toreros con conceptos distintos y argumentos suficientes para sostener una tarde de interés. Frente a ellos se lidiarán tres toros de Santa Inés y tres de La Asunción..'

La Insurgencia toma la Plaza “San Marcos”: Aguascalientes se prepara para un festejo único e inolvidable.

Por Luis Cuesta Perusquia
Aguascalientes tiene este sábado 19 de septiembre una cita muy original que pretende ir más allá de una corrida convencional. La Corrida de la Insurgencia celebra una nueva edición en la Plaza de Toros San Marcos, convertida para la ocasión en escenario de una propuesta que combina tauromaquia, música, arte y mexicanidad.

El cartel reúne a Octavio García “El Payo”, Juan Pablo Sánchez y Román, tres toreros con conceptos distintos y argumentos suficientes para sostener una tarde de interés. Frente a ellos se lidiarán tres toros de Santa Inés y tres de La Asunción.

La expectación ha ido creciendo durante las últimas semanas. La campaña de promoción ha buscado romper con las fórmulas habituales y presentar el festejo como una experiencia capaz de atraer tanto al aficionado tradicional como a un público menos frecuente en las plazas.

Detrás del proyecto vuelve a estar Luis Alberto Villarreal, creador e impulsor de La Insurgencia, que ha convertido el festejo en una de las citas más singulares del calendario taurino hidrocálido.

También habrá un componente artístico especial. Isabel Garfias intervendrá el ruedo de San Marcos con una obra concebida expresamente para la ocasión.

Pero al final, cuando se abra la puerta de toriles, todo dependerá de aquello que ninguna campaña puede fabricar: el toro y lo que ocurra delante de él.

El Payo llega con su experiencia y con toreo de clase que le llega mucho a la afición de Aguascalientes. Juan Pablo Sánchez tendrá otra oportunidad para reivindicar la profundidad y naturalidad de su concepto, mientras que Román aportará esa entrega que tantas veces ha caracterizado su paso por los ruedos mexicanos.

Hay además una razón que engrandece el festejo: La Insurgencia tendrá carácter benéfico a favor del DIF Estatal de Aguascalientes, recuperando esa vocación solidaria que históricamente también ha acompañado a la tauromaquia.

La escenografía, la música y el arte contribuirán a construir el ambiente. La promoción ha hecho su trabajo y la expectación está creada entre la afición local y nacional. Ahora corresponde al toro y a los toreros convertir La Insurgencia 2026 en algo más que una gran celebración: en una tarde para recordar.

Es lo que digo yo.