la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

martes, 14 de abril de 2026

Orbán / por HUGHES


'..Orbán era el gran enemigo de la oligarquía de Bruselas, que prometía dinero a los húngaros si votaban a su rival, y fue también el gran coco de los politólogos que tenemos por castigo por encarnar la «democracia iliberal» y el «autoritarismo competitivo», que, en idioma progreliberal venía a ser el dictador en ciernes del fascismo-siempre-llegando..'

Von der Leyen

Orbán

HUGHES
El hijo de Soros celebró la derrota de Orbán como una «liberación» de Hungría y el final de la «injerencia» internacional. Que un Soros hable de injerencia extranjera dice bastante del punto en el que estamos, y también del disfraz que toma el globalismo estos días.

Porque a Orbán se le acusaba de ser marioneta de Putin y de Trump y Netanyahu. Lo primero, la derecha liberal o institucional; lo segundo, la derecha demencial, al servicio de la primera.

Orbán era el gran enemigo de la oligarquía de Bruselas, que prometía dinero a los húngaros si votaban a su rival, y fue también el gran coco de los politólogos que tenemos por castigo por encarnar la «democracia iliberal» y el «autoritarismo competitivo», que, en idioma progreliberal venía a ser el dictador en ciernes del fascismo-siempre-llegando.

La realidad es un poco decepcionante y tras quince años de gobierno el autócrata iliberal pierde con claridad unas elecciones, las reconoce y, sin más, se va a su casa. Esto entristece a mucha gente, pero es como cuando el Madrid de Di Stéfano ganó las 5 primeras Copas de Europa; perder la sexta era un drama, pero es que no se podía ganar siempre. Que no haya ganado significa, entre otras cosas, que no tenían razón los otros.

Orbán ha mejorado su país, ha mejorado la renta per cápita del húngaro, su seguridad y ha intentado evitar su cataclismo demográfico. Y sobre todo, ha creado un marco, una vía soberana que constituye la gran alternativa a la UE actual, que por supuesto no se lo perdonará. Hay un triunfo final en que, para derrotarle, el que llega tenga que asumir su marco.

Aquí se abre la cuestión del relevo. No es la izquierda, pero contiene los votos de la izquierda. Asume las políticas de migración de Orbán, pero gusta a Von der Leyen y esto parece un ejemplo del maquillaje o camuflaje que irá haciendo cierta derecha. Mientras estigmatizan el populismo de derechas, también en lo personal (sirven aquí las referencias exteriores: putinizar, trumpificar, judeizar… que en realidad son formas de atávico nacionalismo que se permiten los europeístas: rusofobia, americanofobia, judeofobia… una faz negativa del nacionalismo que no se dice, y se revela así), estigmatizar al populista, decía, y a la vez apropiarse de parte de su discurso puede ser una estrategia en boga.

Sirva de ejemplo un tuit de la inevitable Cashetana, que celebró los resultados húngaros con deleite operístico («Bravo, bravo, bravo») llamando a Sánchez «Orbán del sur», lo que da la medida de su aprecio por el titánico soberanismo del húngaro. Sánchez trafica con soberanía, Orbán la pelea y custodia.

La política internacional es una cosa muy complicada que para empezar exige conocer la política de muchos sitios, cuando apenas se conoce la propia. 


Para entender la importancia de Orbán y su labor, lo mejor es observar quiénes han celebrado su derrota y cuánto la han celebrado.

El esfuerzo maltratado / por Antonio Cepedello

Pedro Gallego

'..Todos estos éxitos le hacen merecedor de una alternativa de lujo, que debe llegar por encima de cualquier tipo de gafes y de malaleche jurídica, para de una vez por todas hacerle justicia contra tanta marginación y agravios acarreados, que nunca han podido, ni lo van a hacer ahora, con este ya inminente matador de la provincia de Jaén..'

El esfuerzo maltratado

 Antonio Cepedello
La trayectoria del novillero Pedro Gallego es un claro ejemplo de cómo en la Tauromaquia el esfuerzo, la entrega y la constancia por alcanzar un objetivo y una ilusión pueden ser maltratados hasta extremos inadmisibles, tanto por el puñetero destino como por esos parásitos personajillos, que pululan por todos lados para no dejar comer a los demás, si ellos no se han hinchado antes.

Una imprevista denuncia judicial a última hora, donde él no tiene nada que ver, le impidió el pasado sábado 11 de abril tomar la alternativa en Baeza (Jaén), tras más de 13 años de lucha para ello. Habría tenido también el honor de ser el único diestro doctorado hasta ahora en los 134 de historia de este importante coso. No voy a entrar en si esta demanda es pertinente o no, para ello ya están los jueces, pero sí voy a denunciar a boca llena el grandísimo y casi irreparable daño ocasionado a este cazador de sueños. Eso sí que está claro que es injusto, ilegítimo e inadmisible.

Una tropelía más contra este espada jiennense, que nació en 1996 en Torreperogil (Jaén) y desde entonces se ha encontrado más zancadillas que alientos en su carrera taurina Los principales obstáculos que ha sufrido son la marginación y el infortunio. La mala suerte fue la que el año pasado le traicionó cuando no pudo doctorarse en Villacarrillo el 13 de septiembre, porque poco antes sufrió una lesión en la mano y el codo derecho, mientras se entrenaba en el campo.

Estas inoportunas circunstancias, junto al resto de fatiguitas y el maltrato profesional soportado por Pedro Gallego, ojalá pronto sean sólo una terrible pesadilla, y pueda tomar lo antes posible su merecidísimo alternativa, que persigue desde que el 30 de marzo de 2013 pisó por primera vez un ruedo, para presentarse en público en Castellar (Jaén). Y ya ha llovido y tronado, nunca mejor dicho, desde entonces.

Este aún novillero nunca ha perdido la fe en sus posibilidades de doctorarse como torero, a pesar de todo ello. Ha demostrado una vocación a prueba de todas las ‘bombas’ que le han lanzado desde muchos sitios, incluidos los fariseos empresarios ‘ganaduros’ y los hipócritas vividores de los ilusos torerillos. No merece la pena identificarles ni nombrarles siquiera, porque ya son demasiado conocidos, y no voy a darles publicidad gratuita a estos miserables, que son traidores de la Tauromaquia y falsos taurinos. Esos que obligan a otros a poner dinero, para ellos recoger luego su delictivo botín.

No le ha importado a Pedro Gallego, ni nunca le ha echado para atrás, esta lacra incrustada como una lapa en nuestro arte legendario y rito milenario. Ni tampoco se ha ahorrado sacrificar, lo que hubiera que sacrificar, para cumplir sus deseos en la profesión, afición y vocación más bonita del mundo, pero a la vez la más complicada. Ha tenido la gran suerte de tener el apoyo de su familia y de todo un pueblo detrás, desde que, cuando empezaba a dar sus primeros pases, sus paisanos se desplazaban en masa para verle torear y vitorearle sin parar en el certamen sin picadores televisado cada verano por Canal Sur y en el resto de sus festejos por esas durísimas y exigentes plazas de Dios.

Ni corto ni perezoso, dejó su casa en busca de un mejor futuro taurino, cuando más complicado tenía torear y todo estaba en su contra, porque casi nadie se acordaba de él tras debutar con caballos. Cogió sólo su hatillo, como los maletillas de antes, y se marchó a uno de los templos actuales del aprendizaje del toreo, Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), para entrenar y formarse con los compañeros que allí tienen su centro de alto rendimiento.

Gallego se lo jugó todo hace dos años en el Circuito de Novilladas con Picadores, organizado por la Fundación del Toro de Lidia, donde dio una increíble dimensión, como lo hizo también en su siguiente edición, aunque de nuevo las injusticias en la sombra le impidieron meterse en las respectivas finales de este certamen, a pesar de sus rotundos triunfos en los festejos clasificatorios. Entre medias, dejó también una gratísima impresión en su presentación Las Ventas en junio de 2024.

Todos estos éxitos le hacen merecedor de una alternativa de lujo, que debe llegar por encima de cualquier tipo de gafes y de malaleche jurídica, para de una vez por todas hacerle justicia contra tanta marginación y agravios acarreados, que nunca han podido, ni lo van a hacer ahora, con este ya inminente matador de la provincia de Jaén. La mayor de las suertes del mundo en el máximo escalafón de tu maravillosa y gran pasión, Pedro.

¡¡¡Va por ti, torero!!! 

Emiliano Osornio: la ilusión viene de México...

El novillero mexicano prepara su presentación en la plaza de la Maestranza de manos de Curro Vázquez, flamante Premio Nacional de Tauromaquia.

Emiliano Osornio: la ilusión viene de México…

Por Álvaro Rodríguez del Moral
Emiliano Osornio anda recluido en el campo sevillano, cerca de El Ronquillo, sin perder la vista del toro. El próximo martes se presenta en la plaza de la Maestranza, encabezando un cartel -con Tomás Bastos y Julio Norte– que ha despertado la ilusión de los buenos aficionados. Llegó a España en silencio, abriéndose paso poco a poco pero el eco de sus actuaciones no tardó en correr como la pólvora por los móviles de los profesionales. ¿Pero quién es este que torea así? Curro Vázquez, buen catador de toreros, no tardaría en echar el paso al frente. La conversación es con ambos, a dos, en vísperas de ese ilusionante debut hispalense que debe contar para el futuro inmediato del toreo. La suerte está echada.

Pregunta.–¿Qué piensa un novillero que está a punto de debutar en la plaza de la Maestranza?

Respuesta.– Lo primero que se me viene a la cabeza son recuerdos de hace algunos años, estando en México cuando empezaba. Recuerdo estar con mis amigos y mi familia, soñando… “Imagínate el día de mañana ir a España, empezar a torear; imagínate que toreas en Sevilla, que triunfas…” Eso es en lo que más pienso, ver como poco a poco esos sueños se han convertido en una realidad.

P.–Emiliano Osornio ha sido una de las sorpresas más gratas del escalafón de novilleros. Ahí está el Zapato de Oro, Arganda, el paso por Madrid… es uno de los novilleros mejor situados pero además acude a Sevilla en un cartel macizo.

R.–Es un cartel de mucha competencia. Mis compañeros son toreros que ya están cuajados y compiten. Es una terna con interés, de tres novilleros con ambiente a los que está esperando el aficionado y la novillada, sobre el papel, podría permitir bastante. Te carga de responsabilidad porque cada uno va a su lío pero ahí está la competencia. Cuando entras en la plaza, te colocas para hacer el paseíllo y miras a los lados sientes ese pique. Es un plus.

P.–Muchos toreros debutantes comentan que cuando salen al ruedo de la Maestranza les sorprende reconocer tantas caras en el tendido; no es un friso anónimo como en Madrid.

R.–Hace algún tiempo visité la plaza con mis hermanas. Yo nunca había pisado el albero e hice el tour con ellas. Es verdad que lo pensé: esto es muy chiquito, lo imaginaba más grande… Uno se siente muy acogido, más arropado pero por otra parte pensé que todo el mundo iba a estar observándome, pendiente de todo lo que hiciera. Pero eso es bueno.

P.–Hay que preguntarle a Emiliano Osornio quién es Emiliano Osornio…

R.–Es una pregunta que cuesta responder. Simplemente hago lo que siento. Me identifico con un concepto artístico, clásico… Pero ese camino no ha sido fácil. Cuando uno empieza siempre tiene el peso de estar en novillero, cortar las orejas, triunfar a cualquier precio… Pero si quieres ahondar en un concepto así es más difícil que los triunfos lleguen por la vía rápida, que se corten las orejas, que aquello sea numéricamente más espléndido. 

En México me decían: sí, eres buen torero pero no termina de pasar nada, no ha habido triunfo pero tuve el acierto de seguir la senda que yo sentía, no cambiar lo que sé hacer, lo que yo quiero; preferí seguir por el camino que yo sentía, que yo quería y si he llegado hasta donde estoy ahora mismo ha sido por eso. Emilio Osornio es sólo un novillero mexicano que con toda la ilusión del mundo se apasiona cada día más con su vocación. Soy alguien que ha venido desde América hasta Europa en pos de una ilusión.

Seguir leyendo: Diario de Sevilla

Emiliano Osornio

lunes, 13 de abril de 2026

Aquellos sesenta… (VIII) / por Jorge Arturo Díaz Reyes

El Cordobés por la Puerta del Príncipe (rabo), Sevilla abril 21 de 1964. Foto ABC

'..No fue una revolución, fue una ilusión, otra revuelta vencida. El Cordobés y los Beatles se hicieron millonarios. Y la historia siguió pasando y volviendo. Con el hombre ahí, como el toro, siempre el mismo, en su diferencia..'

Aquellos sesenta… (VIII)

Jorge Arturo Díaz Reyes
CrónicaToro / Cali, Colombia, 13 IV 2026
Sin saber cómo ni cuándo nuestra generación de incipientes aficionados entró a esa década. Con menos de quince años, los ojos y el asombro muy abiertos. Incluidos nosotros mismos, todo nos era nuevo, abismal, retador. La vida, el universo, el arte, la autoridad ubicua, las clases, los logaritmos, la tabla periódica…

Pero el toreo ya estaba. Venía desde los primeros recuerdos infantiles. En los juegos. En las coloridas imágenes. En las conversaciones de mayores. En sus relatos épicos. En los libros, (leíamos lelos); el Belmonte de Chávez, el “Maera” de Hemingway. el Gallardo de Blasco... El Cossío, que lo contenía todo. Nos llegaba la música valiente; Gallito, Manolete, Silverio… En la radio, que en feria transmitía día y noche. En la televisión. En las viejas películas; Tyrone Power y Anthony Queen (Armillita), toreándose uno a otro en la plaza, y Rita Hayworh (buenísima), toreándolos a ellos en la alcoba. Y Currito de la Cruz (Pepín Martín Vázquez), provocador y beneficiario de la muerte mano a mano de “Romerita” su suegro… Y claro, en las corridas a veces, felices veces, junto al padre, que pagaba, que sabía, que explicaba, que había visto a Manolete, Arruza, Garza…

Algunos, los menos, querían ser toreros. Otros, nosotros, los más, aficionados. Qué serlo “bueno” era más difícil que ser figura del toreo. Oíamos que había dicho Guerrita. Y como si lo hubiera dicho el Papa. Era ser santo. No caer en falta. Hallar siempre la verdad en la contradicción eterna.

¿Quién la tenía? Los que renegaban: ya no es como antes, ya no hay toros, se acabaron los toreros. Los que alababan: hoy se torea mejor que nunca, el toro y los toreros de ahora son más, vean las películas mudas sí no. Y qué íbamos a decir. Lo que veíamos, lo que sentíamos.

Y entonces, de pronto, nos íbamos a los sorteos, y a ver los toreros de cerca en los hoteles, y desde muy temprano a la plaza. Los primeros. Ya sin padre. Con los amigos, al tendido general, y bajo el sol abrazador, alborotados, nos quitábamos la camisa y le pegábamos a la bota sin preguntar, y jaleábamos durísimo. Éramos hombres ¿no? Había que serlo.

El asunto era el valor. A vida y muerte. Vivir más de veinticinco años era indecencia, escribió Andrés Caicedo (y lo cumplió). Como antes James Dean y después Janis Joplin (ídolos), y como tantos jóvenes por todas partes, en oscuras guerras, guerritas y guerrillas…

Mejor en medio de una fiesta. La Fiesta de las fiestas. No hay gloria más gloriosa que la de un torero, decía Antonio Caballero, uno más entonces. El toro grande y poderoso. la portagayola, las banderillas de poder a poder, el molinete de rodillas, el cambiado por la espalda, los desplantes entre pitones, los volapiés frontales…, eso era, sí o no. El resolver en un instante, con alegría y gracia la desgracia de la naturaleza. Lo coreábamos a gritos. Melenudos como Beatles, libres como hippies, burlones como El Cordobés que lo hacía de todos, y sobre todo de él mismo.

Contra el orden, que dictaba ser héroe y mártir, pero sin alzar la voz, sin “tremendismo”, con santidad estoica, sosegada y veraz. Y a nosotros libertinos heréticos, nos costaba entenderlo, mejor, sentirlo. Y fue luego, ya salidos de la pubertad y de la universidad, entrados los setenta, cuando comenzamos a cambiar, a tener pareja, hijos, trabajos, hipotecas. Cuando volvimos al tendido numerado, ahora por cuenta propia, y fuimos parando, humillando, y plegándonos cada vez más al aguante, al mando, al temple, a la noria de la ligazón y a la devoción por la liturgia y los cánones inscritos con sangre sobre la piel del toro, por la tradición milenaria.

Sobre la piel del toro, que sigue como siempre, inmutable, soberbio, bravo y fiel a sí mismo. Dispuesto a matar y morir por ello, donde y cuando toque.

Los que entramos niños y salimos hombres de aquellos años mediales del siglo XX, que ha sido señalado por los historiadores, como de cambios culturales y logros técnicos maravillosos, y al mismo tiempo como “el más violento de la historia humana”. Esos años, cuando tras dos hecatombes mundiales sucesivas levantaron el muro de Berlín. Asesinaron a los presidentes: Patricio Lumumba y John F. Kennedy y a su hermano Robert candidato presidencial imparable, y a Martin Luther King máximo defensor de los derechos humanos. Cuando la crisis de los misiles en Cuba puso el mundo al borde del apocalipsis. Cuando la guerra de Vietnam y la sucia en América Latina escalaron ferozmente. Cuando los estudiantes, que no querían, protestaron en todas partes y fueron masacrados en La Plaza de las Tres Culturas de México D.F, diez días antes de la lujosa inauguración allí mismo de los Juegos Olímpicos de 1968…

Esa época “de platino” para el toreo, hacia la cual los sobrevivientes, que fuimos perdiendo por el camino tantas cosas amadas, volvemos los ojos cansados. Con la memoria llena, las ilusiones vacías y la lección impuesta.

No fue una revolución, fue una ilusión, otra revuelta vencida. El Cordobés y los Beatles se hicieron millonarios. Y la historia siguió pasando y volviendo. Con el hombre ahí, como el toro, siempre el mismo, en su diferencia. El animal más inteligente y peligroso de la tierra, cuya ventaja, el progreso técnico, en lugar de hacerle más humano y más sabio, afila su instinto bestial. Fatalidad biológica, pecado original, que la hoy perseguida corrida continúa conjurando y purgando.

El pueblo, la masa… ¡Ay, Hungría! / por Javier Ruiz Portella

El día de san Esteban, fiesta nacional de Hungría, cientos de drones iluminaban de tal forma el cielo de Budapest.

'..Victor Orbán, el valedor de la identidad y de la espiritualidad, el abogado de la nación y la tradición, el único líder capaz de alzar una gigantesca Cruz en los cielos de su capitalVictor Orbán, el capitán, ha mordido hoy el polvo..'

El pueblo, la masa… ¡Ay, Hungría! 

Javier Ruiz Portella
El Manifiesto / 13 de abril de 2026
Ríe hoy Soros (le reabrirán ahora universidades y fundaciones), ríe la urraca Úrsula, se carcajean Zelenski y los fabricantes de armas, ríen los jerarcas de Bruselas, se tronchan los plutócratas globalistas, se descoyuntan de risa zurdos, centristas y liberales. Después de haber estado temblando tanto tiempo, después de haber tenido que tragar tantos sapos, ahora suspiran con infinito alivio: esta vez, dieciséis años después de haber ido acumulando victoria tras victoria, Victor Orbán, el forjador del i-liberalismo, el guardián del muro alzado ante la invasión (con un millón de euros al día lo multaba la UE por no dejarlos entrar); Victor Orbán, el valedor de la identidad y de la espiritualidad, el abogado de la nación y la tradición, el único líder capaz de alzar una gigantesca Cruz en los cielos de su capital; Victor Orbán, el capitán, ha mordido hoy el polvo.

Así agradecen los pueblos convertidos en masas a sus héroes. También en España conocemos algo de tal ingratitud…, pero éste no es hoy el tema. La masa —esa «suma de ceros, donde cada cero», decía Nietzsche, «tiene “derechos iguales”»— es rebaño inconsecuente, tornadizo, voluble. Cosa líquida —como los tiempos mismos. Las masas pueden estar dieciséis años (o veinte, o cuarenta y cinco…) sosteniendo con fervor un régimen, un estilo de vida (lo que se jugaba en Hungría era el destino mismo de la nación) para, al cabo de unos años, dejarlo caer como un juguete que ya ha perdido su gracia.

Los húngaros no lo han dejado caer solos, por supuesto. Ni los pueblos ni las masas nunca hacen nada por sí solos. Toda Bruselas, toda la plutocracia y la burocracia del Sistema —esos mismos que, con razón, veían en la Hungría de Orbán su enemigo irreductible— han puesto en estas elecciones toda la carne en el asador. En el 53% de los húngaros han hecho mella los cantos de sirena enviados desde Bruselas por Péter Magyár (cruel ironía: el enemigo de la nación magiar se llama como su víctima). 

Pronto ésta otra víctima más de la servidumbre voluntariapagará las consecuencias. Pronto se abrirán las fronteras, pronto se iniciará la invasión, pronto la identidad húngara dejará de ser el cálido arraigo en el que se había convertido.

Pero la identidad, ese arraigo que, bebiendo en el pasado, se lanza hacia el futuro y hace que seamos algo en lugar de no ser nada; el destino, en suma, de una nación y de una civilización: ¿esas cosas le importan realmente a la gente?

Depende. A los mayores, así como a la gente del campo y de las ciudades de provincias (eso que, al otro lado de los Pirineos, llaman «la France périphérique»), sí les importan, y mucho, tales cuestiones. Son ellos quienes, en Hungría, han constituido durante todos estos años la base social del régimen de Orbán. Las cosas, en cambio, son distintas —me decían en Hungría hace unos dos años— tanto para los más jóvenes[1] como para los urbanitas de las grandes metrópolis, esos hombres «los últimos», decía Nietzsche, que dan saltos, creen que han inventado la felicidad y guiñan el ojo. Cuando mis amigos húngaros me dieron tales datos, me puse a temblar; hoy se ha confirmado que tenía razón de hacerlo.

La victoria lograda en Hungría por los plutócratas y burócratas va a dañar, sí, pero no va a impedir el avance del movimiento identitario y patriótico que está sacudiendo a Europa. La vida nunca es una sucesión ni de logros ni de desgracias; es una irregular alternancia de ambos, y esta vez ha tocado perder. Hay que seguir, pues, avanzando, luchando, porfiando. Pero también hay que hacer más cosas.

Sobre todo hay que pensar. Hay que pensar en la confianza que se ha de otorgar o dejar de otorgar a los pueblos transformados en rebaños o masas. Hay que pensar en lo tornadizo, en lo voluble de sus opciones y acciones.

Hay que pensar en lo que implica y adónde nos conduce esa cosa a la que llamamos ‘democracia’.

Hay que pensar si la ‘i’ que Victor Orbán, delicadamente, como para no ofender ni chocar, antepuso a ‘liberalismo’, no habría que cambiarla por otro prefijo.

Hay que pensar si no hace falta que el iliberalismo sea definitiva y claramente sustituido por el antiliberalismo.

[1] En España las cosas parecen ser afortunadamente distintas por lo que hace a los jóvenes, el principal sector de edad favorable a VOX.

El Estado contra los ciudadanos / por Jesús Laínz


'..Los Estados y sus agentes ya no están para proteger a los ciudadanos de los delincuentes, sino para proteger al Estado de los ciudadanos. Uno de los efectos más odiosos del afán de los Estados contemporáneos por controlar cada día más férreamente a los ciudadanos es la extensión de su campo de acción desde los hechos hasta las palabras e incluso los pensamientos, ésos que en derecho clásico no delinquían..'

El Estado contra los ciudadanos

Jesús Laínz
En un régimen político libre y justo la distancia entre la ley y el ciudadano debería ser muy grande, tan grande que la ley pasase casi inadvertida para las personas honradas. Pero cuando el ciudadano traspase la línea de la ley, ésta debería caer sobre él con todo su peso. En nuestra época, por el contrario, el Estado se encarga de que la ley nos acose, nos restrinja, nos asfixie, nos persiga, nos limite cada día más.

Los gobiernos no paran de producir normas para regular el más pequeño detalle de nuestras vidas; acabaremos pagando impuestos hasta por respirar; las calles están llenas de cámaras; nuestros ingresos, nuestros pagos, nuestros depósitos, nuestros movimientos bancarios están controlados como nunca antes lo estuvieron; el pago en metálico está cada vez más restringido; se obliga a las empresas a contratar a personas no por sus facultades sino por su sexo, opción sexual u otros criterios de cuota; en el Reino Unido se estudia prohibir las conversaciones sobre temas controvertidos en los bares; se censura lo que se expresa en las redes sociales; se dicta lo que los medios de comunicación pueden dar a conocer y lo que tienen que ocultar; se regula si nuestros perros y gatos pueden o no pueden tener crías; el gobierno pretende inmiscuirse en cómo deben administrarse los sacramentos en la Iglesia católica; en no sé cuántas regiones españolas está prohibido coger setas, caracoles y manzanilla; en Tenerife está prohibido hacer castillos de arena sin permiso del ayuntamiento; en Cádiz está prohibido arrojar arroz en las bodas; y así hasta el infinito.

Los Estados y sus agentes ya no están para proteger a los ciudadanos de los delincuentes, sino para proteger al Estado de los ciudadanos. Uno de los efectos más odiosos del afán de los Estados contemporáneos por controlar cada día más férreamente a los ciudadanos es la extensión de su campo de acción desde los hechos hasta las palabras e incluso los pensamientos, ésos que en derecho clásico no delinquían. Cuando el mundo, al menos el occidental, seguía siendo civilizado, al Estado no le importaban las opiniones de los ciudadanos, por peculiares o reprochables que pudieran ser, siempre que no se plasmaran en hechos que dañaran a los demás. Sólo en los Estados totalitarios se traspasaba esa barrera, lo que demuestra que los europeos de hoy vivimos bajo ese tipo de regímenes por mucho que pasemos por las urnas cada cuatro años.

Y así nació la corrección política para amordazar a quienes se salieran de la ortodoxia. Como consecuencia de ello, en tiempos recientes se ha inventado esa aberración jurídica y moral denominada delito de odio según la cual se considera agravado un delito cuando el juzgador estima que el móvil del infractor fue el odio racial, religioso o ideológico, generalmente el primero. Pero un crimen debe ser castigado por ser un crimen con independencia de las escurridizas deducciones ideológicas que se pretendan descubrir detrás de él.

Malos tiempos para el pensamiento. Los totalitarios con piel de demócratas saben muy bien que un hombre educado y consciente es mucho más peligroso para el Estado que un criminal, puesto que mientras que éste representa un peligro solamente para los demás ciudadanos, aquél puede encarnar una amenaza contra el orden establecido. Y nunca se sabe dónde, cuándo y cómo se recogerá el fruto que siembra una palabra.

Quizá de ahí provenga la destrucción de la educación desde parvulitos hasta la universidad. Con un pueblo de ignorantes se consigue un excelente rebaño de borregos.

Feria de Abril 3ª. Oreja a la entrega de Rafael Serna / Antonio Lorca

 Rafael Serna torea al natural al quinto de la tarde. José Manuel Vidal (EFE)

El torero sevillano, un derroche de pundonor, fue el mejor librado de una corrida de Fuente Ymbro mansa, áspera y violenta.

Oreja a la entrega de Rafael Serna

Antonio Lorca
El sevillano Rafael Serna no es un exquisito, pero hizo el paseíllo consciente de que esta era una corrida a cara o cruz para su carrera. El pasado año solo lidió tres corridas, y su paso por Las Ventas el pasado Domingo de Resurrección, ante los toros de Martín Lorca, no estuvo acompañada por la suerte. Por eso, Sevilla era el lugar idóneo para darlo todo, para una entrega sin límites, a la espera de que saliera ese toro que le permitiera desarrollar su arrojo, su pundonor y ese espíritu batallador que impregna a quien carece de un tarrito de esencias.

Y Serna cumplió a la perfección con el protocolo. Peleó como mejor pudo contra un primer toro complicado, de feo estilo y brusco comportamiento; manso como toda la corrida, violento, que embestía muy desigual, cargado de dificultades, que tiraba tornillazos y llegó a desestabilizarlo. Pero no se arredró y recibió al quinto de rodillas en los medios con una larga cambiada que le obligó a tirarse al suelo; pudo, no obstante, trazar cuatro limpias verónicas, las únicas que se dibujaron en toda la tarde. Brindó a la concurrencia, se hincó de rodillas y de tal modo inició la faena de muleta a un toro de casta violenta, con genio, carácter y movilidad, pero ayuno de clase.

Así las cosas, a Serna solo le quedaba jugarse el tipo y demostrar que el valor no solo se le supone o tirar la toalla. Decidió asentar las zapatillas, aguantar las airadas embestidas de su desabrido oponente, y que sea lo que Dios quiera.

Lo que sucedió entonces es que toda su labor resultó embarullada, tan temperamental como falta de hondura, pero también un derroche de disposición, de entrega y pundonor. A quien lo da todo con honestidad no se le puede pedir más. Se dobló por bajo con torería antes de cobrar una estocada trasera que fue suficiente para que paseara una merecido oreja por una disposición de torero valiente.

La corrida de Fuente Ymbro, muy bien presentada, rompió las ilusiones de la joven terna por su mansedumbre, su violencia, su dureza y aspereza.

Con estos mimbres se encontró Álvaro Lorenzo, que pareció un torero resucitado (no hay nada como verse en el fondo del precipicio para reaccionar), y dio una lección de seguridad y firmeza ante un primer toro bruto y muy deslucido. Nunca le perdió la cara el torero, quien dejó claro que le adornan cualidades para seguir intentando ser alguien en el toreo.

Devolvieron allá por el tercio de banderillas al cuarto y en su lugar salió un sobrero de Murteira Grave que parecía que acusaba problemas en la vista, además de ser un toro manso, desabrido y descastado. Con tal material, Lorenzo no pudo mostrar un decidido esfuerzo por no desentonar.

Tampoco desentonó el albaceteño Molina, que se presentaba en La Maestranza. De rodillas en los medios recibió a su primero y pasó apuros, pero, al menos, quedó clara su disposición. Trazó un par de ajustadas chicuelinas, y poco más. El toro, manso como los demás, muy dolido en banderillas, soltaba la cara en sus embestidas y sin fijeza alguna se empeñó en deslucir las buenas intenciones del torero.

En el quinto de la tarde dibujó un quite por tafalleras que hilvanó con una vistosa revolera y levantó los olés del público, y en el suyo, el sexto, solo estuvo correcto y sin brillo. Se movió el animal en el último tercio, pero sin calidad alguna, de modo que, entre tornillazos y la cara por las nubes, se esfumaron las buenas intenciones de un torero que volverá a su tierra con la cabeza cargada de interrogantes.

F. Ymbro/Lorenzo, Serna, Molina

Toros de Fuente Ymbro, -el cuarto, devuelto-, bien presentados, mansos, bruscos, complicados, violentos y muy dificultosos. Destacó el quinto por su movilidad y casta en el tercio final. Sobrero de Murteira Grave, justo de presentación, manso, soso y descastado.

Álvaro Lorenzo: pinchazo, estocada trasera _aviso_ (ovación); pinchazo y estocada caída (silencio).

Rafael Serna: tres pinchazos _aviso_ y casi entera muy baja (silencio); estocada trasera (oreja).

Molina: estocada contraria (silencio); media tendida y atravesada, pinchazo y estocada _aviso_ (silencio).

Plaza de La Maestranza. 12 de abril. Tercer festejo de abono de la Feria de Abril. Media entrada.
12 Abril 2026