
Del toro al infinito
“el nacimiento de la Fiesta coincide con el nacimiento de la nacionalidad española y con la lengua de Castilla……… asi pues, las corridas de toros…….. son una cosa tan nuestra, tan obligada por la naturaleza y la historia como el habla que hablamos.”. R. Pérez de Ayala
la suerte suprema
Pepe Bienvenida / La suerte suprema
lunes, 20 de abril de 2026
Historias del 27 Las biografías de toreros que escribió Miguel Hernández / por Andrés Amorós

La regularización de los negreros y la Conferencia Espiscopal / por Irene González


Segunda novillada en Madrid. El toro noble desrazado / por Pepe Campos

'..Somos testigos de cómo los astados que se corren o lidian, tarde tras tarde, son animales que se dejan hacer, que se dejan torear, de buena voluntad, que colaboran para que prendan las pretensiones artísticas de los toreros, pero, por el contrario, se ve que no se consigue que en su lidia nada se encienda, ni trascienda..'
Tantos muertos / por Roberto Granda
domingo, 19 de abril de 2026
El panorama, Granada y la prioridad / por HUGHES

'..la Cumbre de Progresismo Global organizada a la mayor gloria de Pedro Sánchez, erigido en héroe de la izquierda mundial (cómo será la izquierda mundial). Allí lució entre foros de Sao Paulo, grupos de Puebla, narcodemagogia, el partido demócrata estadunidense, izquierda europea y Soros..'
Todo o casi todo está ahí. Y su enemigo, por supuesto, es la «internacional ultraderechista», que ellos resumen en Trump y figuras como Orban.
Esta izquierda occidental extiende su influencia al Sur Global y está vinculada a China, y es la del progresismo globalista que Bruselas hizo obligatorio y en el que nuestras vidas pierden sentido. Es la que pide deconstruir, revertir e indemnizar el colonialismo (y todo es colonialismo), la que contiene todos los desvaríos woke, el izquierdismo económico, la falta de libertad ideológica y, no lo olvidemos, el inmigracionismo a mayor gloria del mundo financiero y corporativo, hasta un futuro, ya visible en algunas ciudades, de entropía racial y cultural llamado diversidad, con los museos arrasados y, con ellos, el canon y la memoria occidental.
¿Y cuál es el enemigo de esta gente? Trump y los que van en su estela.
Las cosas están muy claras. EL mundo adquiere unos perfiles de gran nitidez, aunque ahora surgen despistados y despistadores empeñados en confundir, y en Europa, y particularmente en España, esa guerra, pues batalla ya no es, encuentra un obstáculo en una cosa llamada PP; que en realidad no es el PP, de poca importancia, sino la extensión política del empresariado, con sus grandes grupos mediáticos, y la Iglesia, metida la entera sotana en el globalismo sorosiano ahora ya no sorosiano, sino sanchista o chinosanchista.
Se ha visto muy claro estos días con el anuncio de la regularización. Llenar España de repente con más de un millón de personas que acabarían entrando es un acto de violencia absoluta contra los españoles. Es una atrocidad. Una atrocidad que un empresario diga que se necesita un millón de curritos y, sin más previsión sobre el efecto en los salarios, los servicios o la vivienda, se diga que adelante.
La Iglesia le da la bendición moral (¡y mucho ojito que salen los papistas!) y los medios lo señalan como necesario, con su ponderado aire de estimación. La figura clave para el salto poblacional es el arraigo, y es del PP. El PP hasta ayer cabeceaba ante esto, sin más problema, les daba igual, poco les importaba a las Cucas y los Borjas, pero ahora objetan solo por Vox, por disimular ante Vox y hacen los numeritos ayusiles habituales.
El Mundo tras el PP y alrededor del PP apuesta por esto que el mismo PP defendía ayer y defenderá mañana. Y la coordinación entre esta derecha y esta izquierda es total. Se van turnando en engranaje. La izquierda justifica ahora la inmigración por trabajo y economía, y la derecha eclesial pone los argumentos morales. Solía ser al revés: humanitarismo open arms y argumentario liberal miamimadrileño.
Pero lo que sostiene al PP y lo que hace que el PP sea el dique entre Vox y el mundo sanchista son los medios, repito, y ellos son la voz del empresariado que muy claramente pidió mano de obra barata del extranjero.
El impacto sobre los españoles, a todos los niveles, es incalculable. Transformará el país. ¿Y quién es esta gente para hacerlo?
Acometer semejante transformación poblacional de una vez, sin más debate y sin un claro refrendo democrático es otro acto de brutalidad hacia los españoles que debería tener una consecuencia judicial.
Ante esta situación, al menos podemos celebrar dos novedades esta semana.
Una fue que Abascal decidiera irse a por los radicales izquierdistas que boicoteaban el acto en Granada. Fue una acción física contra el cerco que recibe Vox en todos los ámbitos mediante una violencia simbólica e intelectual constante que emana de la misma violencia antiespañola del golpe inmigracionista y que al ser enfrentada puso de manifiesto el papel de la policía gubernamental.
La otra novedad fue la introducción en Extremadura de la prioridad nacional. La política autonómica adquiere una útil relevancia nacional. Esto es un hito, un paso fundamental, un giro copernicano y lo que menos importa son las minucias juridicotécnicas que esgrime el terrorífico mundo pepero y periodístico. El valor es, por encima, político y democrático, aunque tiene gracia que hablen de «desigualdad» (de españoles y extranjeros) cuando ellos han permitido la larga desigualdad entre españoles o, mismamente, entre el hombre y la mujer.
(Necesaria insistencia final: los medios que rodean, protegen y preservan al PP, o sea, ese bloque eclesiástico-empresarial tiene el mismo enemigo que tiene la izquierda mundial alrededor de Sánchez, o sea, el chinosanchismo: Trump. De ahí la importancia clave, absolutamente vital del rubio Trump, mucho más allá de su importancia intrínseca, que es descomunal. Mucho más. Incluso más de ese «mucho más». Ante Trump se define la primera y fundamental toma de posición actual. Por eso el trumpismo es lo que todos ellos, desde Soros hasta la Cope, desde Vicente Vallés hasta los narcos, desde Ana Rosa hasta los Ayatolas, golpean religiosamente, constantemente, día tras día, año tras año…).
Del espejismo del jueves al desencanto del albero: Sevilla entre la gloria y la duda / por María Padillo
'..lo más preocupante quizá no esté solo en lo ganadero, sino en el clima que se está instalando en la plaza. Porque más allá de los nombres propios, de las faenas o de los aciertos, lo que se percibe es un ambiente en retroceso, una especie de desgaste emocional en el público de la Maestranza que empieza a ser difícil de ignorar..'Morante, sostén de una Sevilla en entredicho / por Sergio Hueso

Anunciarse junto a Morante, en este momento, exige mucho más que dignidad: requiere un nivel sobresaliente. Porque incluso alcanzándolo, el riesgo de quedar diluido es evidente. Y si no se alcanza, la comparación resulta implacable. La tarde reciente lo dejó claro. Apenas se ha hablado de la firme actuación de Víctor Hernández, cuya mano izquierda, asentada y de enorme mérito ante el lote menos propicio, habría sido motivo de elogio unánime en cualquier otro contexto. Sin la presencia de Morante, hoy estaríamos hablando con mucha más fuerza de lo que hizo el torero alcarreño, y probablemente aquella actuación le habría servido en mayor medida en términos de reconocimiento y proyección. Pero no fue así. El genio de La Puebla absorbió toda la atención y dejó en segundo plano una labor que, por sí misma, merecía mucho más recorrido.
Algo similar ocurrió con Juan Ortega, incapaz de conectar con unos tendidos aún impactados por lo vivido instantes antes. No era una cuestión menor: salir a torear después de una obra de tal calibre condiciona, desplaza y descoloca. Morante no solo firma faenas; condiciona el desarrollo entero de la tarde. Eso está al alcance de muy pocos. De los genios.
Sin embargo, la grandeza de lo excepcional no debería ocultar lo esencial. Y Sevilla arrastra problemas que no pueden ni deben pasar inadvertidos. El nivel ganadero está lejos de lo que históricamente ha exigido la plaza. El toro que acompañó la obra de Morante —de presencia discutible para el contexto sevillano— quedó relegado a un segundo plano por la dimensión de la faena. Pero la pregunta permanece: ¿qué habría ocurrido con un toro de verdadera categoría? Probablemente, el mérito habría sido aún mayor. Porque resulta evidente que Morante tiene capacidad de sobra para imponerse a un toro de mayor seriedad y más acorde a la categoría de Sevilla, y seguramente la imagen final habría sido aún más rotunda y bella que la que dejó con el ejemplar que le correspondió.
La cuestión no termina ahí. Los toros que están saliendo por los chiqueros de la Maestranza generan más interrogantes que certezas. Y sorprende que parte de la crítica se detenga en el comportamiento de los tendidos, como si el problema fuese el ruido y no su causa. Sevilla no es más exigente ahora: simplemente no está dispuesta a aceptar la pérdida de identidad de una plaza que, junto a Madrid, marcaba el rumbo de la temporada.
Resulta cómodo mirar hacia los ganaderos, pero sería simplificar en exceso. En el campo hay toros con la seriedad y la presencia que Sevilla exige; otra cosa distinta es lo que finalmente se lidia, condicionado en gran medida por lo que se compra. El ganadero cría, pero también vende en función de la demanda. Por eso, no son los únicos responsables. La cadena es más amplia: veedores, empresa y, especialmente, autoridades. Porque alguien reseña, alguien decide qué se adquiere, alguien aprueba y alguien, en última instancia, valida que ese toro pise el ruedo de Sevilla. Y ahí es donde la preocupación se agrava.
El palco, lejos de aportar criterio, se ha convertido en foco de desconcierto. No existe un baremo reconocible. En apenas unos festejos, se han sucedido decisiones contradictorias, concesiones discutibles y negativas incomprensibles. Ni siquiera dentro de un mismo equipo presidencial se percibe una línea coherente. Cada tarde parece regirse por un criterio distinto, lo que erosiona la credibilidad de una institución que debería ser garante del orden, no protagonista de la polémica.
Sevilla exige otra cosa. La seriedad de una plaza de su categoría no puede depender del capricho ni de la interpretación variable. Urge una revisión profunda del sistema, una unificación de criterios y una recuperación del rigor que siempre definió a la Maestranza. El toreo no puede permitirse perder también a Sevilla y dejar todo el peso de la seriedad y la integridad en manos de Madrid, hoy por hoy —toquemos madera— la única plaza que mantiene ese listón. Porque cuando la autoridad deja de ser referencia, el conflicto se traslada al tendido, y la tensión sustituye al respeto.
Morante, con su talento irrepetible, está sosteniendo el presente. Pero el futuro de Sevilla no puede depender de un solo nombre, por grande que sea. La plaza necesita recuperar su esencia, su exigencia y su verdad. Todo lo demás —por brillante que resulte— será, en el fondo, un espejismo.
