la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

domingo, 8 de noviembre de 2026

Carrillo sigue «vivo» / por Rafael Nieto


'..Y es un deber moral de todo español de bien (mucho más aún en el caso de periodistas, escritores o comunicadores) recordar este negrísimo episodio de nuestra Historia..'


Carrillo sigue «vivo»

Cada noviembre, con la llegada de los primeros fríos y las luces de las calles que preparan la Navidad, la memoria nos recuerda el genocidio de Paracuellos del Jarama, la mayor matanza por motivos ideológicos realizada en España en toda su historia. Y es un deber moral de todo español de bien (mucho más aún en el caso de periodistas, escritores o comunicadores) recordar este negrísimo episodio de nuestra Historia para que las nuevas generaciones, que sufren a nivel educativo la censura y la manipulación de los poderes públicos, sepan que España ha dado a la Cristiandad a cientos de mártires que murieron perdonando a sus verdugos pocos meses después del comienzo de la Guerra Civil, en 1936.

Más que insistir en lo que numerosos historiadores ya han constatado sin lugar a la menor duda (es decir, que hubo un genocidio perfectamente organizado por las autoridades del Frente Popular republicano para acabar con la vida de todo aquel sospechoso de «cercanía» con los entonces sublevados del Ejército Nacional), nos interesa en este 90 aniversario de la masacre profundizar en la idea de «odium fidei» que movió aquellos asesinatos, y que, si bien de otra forma (más propia del tiempo presente), sigue operando en las mentes de la izquierda tanto en España como en el resto del mundo. La obsesión cristianófoba casi como única consigna ideológica reconocible, toda vez que la baza de la «lucha obrera» hace décadas que declinó para siempre.

La Iglesia Católica es la depositaria de la verdad revelada, que es Cristo mismo. Esto lo sabemos los creyentes y se lo temen (porque lo intuyen) los ateos. La verdad tiene una fuerza de tal envergadura que ni los más poderosos defensores de la mentira pueden contener. Es como si uno quisiera detener la fuerza del mar poniendo un gran portón de hierro fundido. La verdad es imparable, inabarcable e irrefutable. Es eterna porque pertenece a Dios. Los que murieron asesinados en noviembre de 1936 en Paracuellos del Jarama lo sabían: por eso ninguno de ellos renegó, ni renunció a la Fe Verdadera, porque sabían que «la recompensa será grande en el Cielo» (Mateo 5:12). Y es exactamente esa dignidad hasta el final, la ausencia de miedo a la muerte, lo que sigue torturando a los adoradores de las tinieblas.

Cada uno de los mártires de Paracuellos representa la semilla del bien y de la justicia, hasta el punto de que podemos afirmar que si España es capaz de pasar página a las últimas décadas ominosas de sucesivos gobiernos criminales y corruptos, será, sin duda alguna, gracias a ellos. Toda muerte que sobreviene en estado de Gracia, y cuya sangre se entrega como ofrenda y sacrificio para la Gloria de Dios, como sucedió en el municipio madrileño, produce abundantes frutos, aunque a veces éstos se hagan esperar. Aquellos hombres y mujeres sabían por qué y para qué morían; lo resumió, con su brillantez habitual, el genial Ramiro de Maeztu, asesinado también por la barbarie roja: «¡Vosotros no sabéis por qué me matáis! ¡Yo sí sé por qué muero: para que vuestros hijos sean mejores que vosotros!»

Santiago Carrillo, Felipe González y Adolfo Suárez  

En el llamado «Katyn español», se produjo otro de los hechos clave que explican la naturaleza de la Transición: el máximo responsable político de la matanza, Santiago Carrillo, fue uno de los «artífices irremplazables» del advenimiento y consolidación de la democracia con la aceptación de la monarquía por parte de la izquierda. El entonces hombre de Stalin en Madrid, que aparece citado en todos los archivos oficiales como el cabecilla indiscutible de la masacre de unos seis mil inocentes, vino con peluca y traje caro a co-dirigir el futuro político de España cuando los ecos de sus víctimas ya no resonaban en la conciencia colectiva. Cuando el paso del tiempo ahogó en el silencio el sufrimiento de cientos de familias que vieron cómo Carrillo les dejaba sin lo que más querían.

El rey Juan Carlos I y Santiago Carrillo

Carrillo, al revés que los responsables del III Reich en Nüremberg, nunca pagó en vida por su vileza y maldad concretadas en las zanjas de Paracuellos. Muy al contrario, hasta sus más encarnizados rivales políticos le honraron con aplausos y parabienes por su «reconversión» en demócrata, al calor de la nómina fácil (pagada por todos) y el coche oficial. Sus herederos políticos, encubiertos en siglas de moda, comparten con el histórico líder comunista ideas, principios y métodos. Si pudieran, harían lo mismo que hizo él hace 90 años, no tengan ninguna duda. Nos queda un doble consuelo: que «no pasaron» entonces y no pasarán ahora. Y que el Cielo está sembrado de santos españoles «gracias» a sus enemigos; gracias a la misma anti-España, cruel y rencorosa, que nunca ha aceptado la naturaleza católica de nuestra patria.

«Ninguno renegó de sus convicciones religiosas»: los 143 beatos de Paracuellos de Jarama / por Álex Navajas


'..Cuadro espantoso aquel cuadro... espectáculo escalofriante el terrible piquete de forajidos que disparaba sus fusiles o sus ametralladoras sobre unos hombres de bien de toda profesión, de toda categoría y de toda edad. Sacerdotes y seglares, militares y paisanos, ricos y pobres, patronos y obreros, desde los que habían pasado los dinteles de la ancianidad hasta los que apenas habían salido de la niñez..

«Ninguno renegó de sus convicciones religiosas»: los 143 beatos de Paracuellos de Jarama

Se cumplen 90 años de los primeros asesinatos en masa ocurridos en este municipio madrileño, que se ha llegado a denominar «La catedral de los mártires»

Cuadro espantoso aquel cuadro... espectáculo escalofriante el terrible piquete de forajidos que disparaba sus fusiles o sus ametralladoras sobre unos hombres de bien de toda profesión, de toda categoría y de toda edad. Sacerdotes y seglares, militares y paisanos, ricos y pobres, patronos y obreros, desde los que habían pasado los dinteles de la ancianidad hasta los que apenas habían salido de la niñez, mientras sus compañeros de infortunio, hacinados sobre los vehículos o apelotonados a la vera del camino, esperaban el turno fatal y contemplaban indefensos el suplicio que poco después iban a sufrir…». Arsenio de Izaga convivió en prisión con los mártires que serían llevados Paracuellos de Jarama (Madrid), y llegó a ser testigo de los horrores, aunque consiguió salvarse.

Y prosigue su aterrador relato: «Ninguno renegó de sus convicciones religiosas y patrióticas. Ninguno dio la más leve prueba de vacilación ni de flaqueza. Todos se negaron a prestar adhesión al régimen que los estaba envileciendo, a pesar de que se les ofrecía como único medio de salvarse. Todos se animaban entre sí, y oponían a las blasfemas imprecaciones de sus verdugos, su fe de creyentes y su altivez de españoles... Y no se había extinguido el eco de la última descarga, cuando aún resonaba en el espacio su vibrante grito, ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva España!».

Alentados por la masonería

«Con toda propiedad se ha designado a Paracuellos de Jarama con el nombre de La catedral de los mártires, pues ahí reposan los restos de 143 beatos, de los 2.254 ya elevados a los altares por haber sufrido el martirio a manos de los socialistas, los comunistas y los anarquistas, alentados por los masones, durante los primeros meses de la Guerra Civil», refiere el sacerdote Jorge López Teulón, uno de los mayores expertos en persecución religiosa durante el siglo XX en España.


Pero esa denominación, La catedral de los mártires, puede dar lugar a equívoco. Lo que hay en Paracuellos de Jarama no es una edificación colosal, sino una pequeña capilla levantada tras la Guerra Civil en el mismo lugar donde miles de personas fueron masacradas por sus convicciones religiosas o políticas.

No aparece este humilde templo en las guías perpetradas por los hacedores de la memoria democrática. Tantos miles de muertos, promocionados, podrían dar al traste con su particular y errática versión de los hechos. Son los familiares de aquellos que fueron acribillados a sangre fría quienes custodian y adecentan el lugar. También algunas monjas se esmeran en su cuidado; no solo el material, sino también –y especialmente– el espiritual.

De 20 órdenes religiosas

Porque Paracuellos es un inmenso enclave donde se vivió el amor y el perdón en su grado máximo. La sangre de los mártires santifica el lugar, tan cercano al aeropuerto de Barajas, por el que circulan millones de pasajeros cada año, con sus maletas y sus sueños, ajenos e ignorantes de lo que ocurrió a pocos centenares de metros de sus salas de embarque.

En este camposanto reposan los restos mortales de centenares de religiosos pertenecientes, al menos, a 20 órdenes religiosas, según refiere López Teulón: Agustinos, Capuchinos, Carmelitas, Carmelitas Descalzos, Claretianos, Dominicos, Escolapios, Franciscanos, Hermanos de las Escuelas Cristianas, Hospitalarios de San Juan de Dios, Jerónimos, Jesuitas, Marianistas, Maristas, Misioneros Oblatos, Paules, Pasionistas, Redentoristas, Sagrados Corazones de Jesús y María y Salesianos.


De entre estos religiosos ya han sido beatificados por el Papa san Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco, los mencionados 143 mártires: 63 religiosos Agustinos, 22 Hospitalarios de San Juan de Dios, 13 Dominicos, 6 Salesianos, 15 Misioneros Oblatos, 3 Hermanos Maristas, 1 sacerdote de la Orden de San Jerónimo, 1 Capuchino, 1 religioso de la Orden del Carmen, 9 Hermanos de las Escuelas Cristianas (La Salle) y 9 miembros de la Familia Vicenciana. Pero hay 30 más en proceso de beatificación. Y, entre ellos, los primeros seglares.

Grandes figuras del toreo se reunirán en Aguascalientes para celebrar 500 años de tauromaquia en México.


“Quienes hicieron historia, vuelven para que la historia continúe”

Pablo Hermoso de Mendoza, Manolo Arruza, César Rincón, Enrique Ponce y Arturo Macías encabezarán un festival benéfico en la Plaza Monumental, cuyos ingresos serán destinados a la Academia Taurina Municipal “Alfonso Ramírez ‘El Calesero’”.

Grandes figuras del toreo se reunirán en Aguascalientes para celebrar 500 años de tauromaquia en México.

Aguascalientes se prepara para una celebración especial con motivo de los 500 años de tauromaquia en México. El próximo sábado 12 de diciembre, a las 17:00 horas, la Plaza Monumental será escenario de un festival que reunirá a destacadas figuras del toreo de distintas épocas, en un encuentro que buscará vincular la historia de la Fiesta Brava con la formación de nuevas generaciones.

Bajo el lema “Quienes hicieron historia, vuelven para que la historia continúe”, el festejo contará con la participación del rejoneador Pablo Hermoso de Mendoza y los matadores Manolo Arruza, César Rincón, Enrique Ponce y Arturo Macías “El Cejas”, además del novillero Emiliano Osornio, quien representará a las nuevas generaciones de toreros mexicanos.

La reunión tendrá un significado particular por la presencia de figuras que han dejado huella en los ruedos de México y España. Algunos de sus protagonistas regresarán a vestir el traje corto para participar en una jornada que, más allá de su carácter conmemorativo, tendrá como principal objetivo respaldar el futuro de la tauromaquia.

Un festival a beneficio de la formación taurina

Los recursos obtenidos serán destinados a la Academia Taurina Municipal de Aguascalientes “Alfonso Ramírez ‘El Calesero’”, institución dedicada a la preparación taurina, artística y humana de niños y jóvenes interesados en desarrollar una carrera dentro de la Fiesta Brava.

De esta manera, el festival reunirá a toreros consagrados con un representante de la nueva generación, estableciendo un vínculo entre quienes han protagonizado importantes capítulos de la historia taurina y quienes aspiran a continuar ese legado.

La elección de Aguascalientes como sede resulta especialmente significativa por su arraigada tradición taurina, su vinculación con la Feria Nacional de San Marcos y su papel como uno de los principales centros de formación de toreros en México.

Venta de boletos

Los boletos estarán disponibles a través de Superboletos.com, así como en las taquillas de la Plaza Monumental de Aguascalientes, con horarios de lunes a sábado de 11:00 a 18:00 horas y domingos de 10:00 a 12:00 horas.

También podrán adquirirse en las sucursales de Innovasport ubicadas en los centros comerciales Altaria y Plaza Espacio.

La celebración de los 500 años de tauromaquia en México tendrá así una de sus citas más representativas en Aguascalientes, con un festival que pretende rendir homenaje a su historia y, al mismo tiempo, contribuir a la formación de los toreros del mañana.

La suerte suprema / por Lope Morales

 

'..el reglamento, además de la petición del público, las condiciones de la res, la dirección de la lidia y la propia faena, considera fundamental la ejecución de la suerte y la colocación de la espada para conceder la segunda oreja..'

La suerte suprema

Lope Morales
Hay dos suertes de la lidia que, desgraciadamente, se están devaluando: la de varas y la de matar, también llamada “suerte suprema”. La falsa sensibilidad puesta de moda por los llamados animalistas, y el triunfalismo torerista —alentado por los propios “taurinos”— están fomentando una manera superficial de mirar lo que ocurre en el ruedo, dando mayor importancia a lo vistoso que a lo ritual, al adorno que a la esencia. Da gusto ver el buen momento que vive la fiesta y cómo se llenan las plazas, pero sería importante que el crecimiento de público fuese acompañado del conocimiento necesario para poder comprender y apreciar lo que sucede en ellas. 

Y un mal ejemplo es la conversión de ambas suertes en un simple trámite, que se quiere breve y sin mayores exigencias reglamentarias —ni morales— olvidando su sentido y el respeto que merece el principal protagonista, que es el toro.

La suerte suprema es el encuentro en el que el torero, exponiendo su vida, se compromete a dar muerte a un animal que tiene nombre propio y ha sido criado precisamente para morir en la plaza. Ese matar o morir explica la dimensión de la suerte y por eso se entiende que una estocada pueda valer una oreja por sí misma. Todo lo anterior puede ser meritorio, bello, arriesgado, artístico, emocionante o grandioso, pero la lidia conduce a ese encuentro final en el que la estocada no puede convertirse en una obligación incómoda que se despacha como sea para empezar a celebrar el triunfo. Si reconocemos al toro una condición singular, si hablamos de él como animal sagrado y entendemos su muerte como un sacrificio ritual, tendremos que respetar las reglas haciéndolo por arriba, de frente y por derecho. Se puede pinchar, claro. 

Los toros tienen hueso. Pero un pinchazo en lo alto no supone menosprecio al animal si la ejecución es buena. Antiguamente se ovacionaban esos pinchazos. Pero una estocada en los bajos, aunque produzca una muerte rápida, no puede recibir la misma valoración. La eficacia no borra la forma de entrar ni el lugar donde queda la espada.

Por eso el reglamento, además de la petición del público, las condiciones de la res, la dirección de la lidia y la propia faena, considera fundamental la ejecución de la suerte y la colocación de la espada para conceder la segunda oreja. Esa exigencia tiene un significado que no debería desaparecer entre pañuelos y protestas si se quiere que se mantenga la seriedad de la plaza. El público soberano participa y pide, pero no puede exigir que se incumplan las reglas. Tampoco contribuyen a la pureza de la Fiesta quienes —siendo actores— arengan al tendido, prolongan las peticiones o convierten cada trofeo en un pulso con el palco. Hay quien pide ya las orejas antes de que muera el toro, como si el animal hubiera dejado de importar al terminar la faena de muleta.

La relajación en el cumplimiento de las reglas, tanto legales como rituales, encierra un peligro mayor de lo que pudiera parecer. Se empieza por devaluar las suertes en las que el toro es herido y sangra, y se termina por cuestionar para qué hay que ejecutarlas. De ahí a preguntarse por qué hay que matar al toro queda poco trecho, abriendo el paso a la propuesta de una corrida sin muerte que, inevitablemente, supondría la muerte de la corrida. El toro, que con nobleza y bravura se entrega en la lidia, merece también una muerte digna.

Hughes. Valencia, 0; Real Madrid, 3. El Madrid se despide de Mestalla


'..El partido había acabado, aunque la gente se había estado yendo antes. Así, el estadio quedó pronto vacío. El Madrid se despedía de Mestalla, y el Mestalla, seguro, del Madrid. Sus localidades. Su visera. La grada de la mar. Su vieja estructura, en la que algo tuvo que ver. La mole de la Avenida de Suecia, con ese pronto tan suyo, para siempre en nuestro corazón..'

Hughes

Pura Golosina Deportiva

No era el Valencia fallero y bronco de otras veces. Apocado el público, aunque con ganas, y el equipo en un 5-4-1 con jalapeño de Aguirre, siendo el jalapeño Sadiq, al que mandaba a luchar contra lo imposible, pues el Madrid salió de una pieza y con el once de gala.

El público apretaría y faltaba ver por dónde saldría el árbitro, que en los primeros minutos dejó alguna duda alimentada por la miopía llamativa de uno de los jueces de línea.

Pero el Madrid estaba muy bien plantado, y el balón lo manejaba con fluidez y velocidad, como un circuito logrado. Sin manierismos, sin tonterías. Pim, pam, pim, pam, dándole Bernardo Silva algo de pausa, de ligero desmayo.

Hubo una acción muy clara: Huijsen pasaba el balón como un contrabando entre valencianistas al lugar central de Bellingham. Ése era el nervio más importante del Madrid.

A los 9 minutos, el partido paró para recordar a Jesús de Miguel. Yo creo que al entrenador Aguirre se le saltaban las lágrimas.

El Madrid empezó buscando a Diomandé, que se la liaba de colores a Pepelu. Por allí cerca andaba Maffeo, y fue inevitable pensar y hasta temer que Diomandé picara ese anzuelo. Cuando le dio la patada inevitable, por suerte no reaccionó.

Eran ya un par de fueras de juego, un par de faltas, y a Mourinho se le dibujaba en la cara la ira callada.

La polémica arbitral hacía aparecer al viejo Mestalla, que con el antimadridismo se hace bombonera. Iba a ser el último partido del Madrid en el estadio.

Maffeo, cubierto de tatuajes como el calco de una quiniela, quería darnos el partido, pero una tarjeta a tiempo lo puso en su sitio. El público se encabronaba. Era absurdo, y no podía durar. Una falta al borde del área que tenía que tirar Valverde la tiró Mbappé, pero el rechace, con justicia, le cayó al uruguayo, que como es habitual controló dejándosela a un metro (se las autopone como a Fernando VII) y una vez la pelota en posición, le arreó la estilosa coz. Era el 0-1.

El realizador, que buena persona no es, mostraba un plano de Dumfries. Estaba con el ceño relajado. Pobre Dumfries, que cada vez que Valverde hace algo le buscan el careto. En esto se turnará con Trent.

Estaban aun flojos Bellingham y Mbappé, y sobresalía lo colectivo. El Madrid recuperaba rápido, pronto. Entre los jugadores, en defensa, no había apenas distancia. Estaban defensivamente cerca.

Los defensas, sobre todo Huijsen, buscaban a Bellingham, que al primer toque evacuaba a la banda. Activaba el habitual triángulo con Cucu y Diomandé, y por la derecha, un poco después, aparecía el de Bernardo, Güler y Valverde. El Madrid era dos pulmones funcionando entre Tchouaméni y Mbappé.

En defensa, entraba la tentación de decir que Hujsen estaba imperial, pero algo en él lo impide.

El Madrid dominaba. Su control era absoluto, tedioso casi. Y cristalizó en un 0-2 antes de que pudiera cansarse de su superioridad. Fue una gran jugada de Bellingham cayendo a la izquierda y centrando. Güler remató en el área con la derecha.


También era pronto para decirlo, pero el Madrid parecía uno de los mejores equipos en años. La debilidad del Valencia podía exagerar la sensación.

Una cosa buena que tiene Cucurella es que le evita al madridismo la tentación del victimismo. Porque en todos los partidos, impunemente, le arrea alguna al rival y sentimos que la persecución no es total. Además, al que se lo merece. Maffeo recibió jarabe rotuliano.

Diomandé parecía un bailarín, de los de antes, de musical, de claqué. Sin sonido y sin balón, si con un programa de edición lleváramos su figura a un espacio neutro, veríamos en él a un bailarín. Pero no tenía la noche. Falló un gol y luego hasta se enfadó. Fue con Sadiq, al que Aguirre había puesto a jugar, a cincuenta metros de sus compañeros, de ariete budspenceriano en una interpretacion existencialista, de teatro del absurdo, del 5-4-1, como una boya olvidada en alta mar. Condenado por su corpulencia a un imposible, entendimos el berrinche desesperado que tuvo, como el del toro que con varias banderillas quiere quitarse alguna.

Tras el descanso, Aguirre dio un paso hacia lo desconocido poniendo una defensa de cuatro.

Al Madrid le faltaba el tercero para relajarse del todo. Había una brecha entre la distancia en el campo y en el marcador.

La segunda parte fue de Dimitrevski, que le paró varias a los madridistas. Arda se quedó solo a pase de Valverde. Luego le sucedió a Mbappé, por dos veces. Eran ocasiones que nacían desde la defensa. Huijsen logra unos pases impropios de un central.

La impotencia del Valencia era hasta dolorosa. Con lo que fue ese equipo... Y cuando entró el joven Aimar a todos nos asaltó la misma sensación: pero ¿han pasado ya 20 años desde Pablito Aimar?

Era tan débil el Valencia que la bronca del respetable se la iban a llevar ellos.

Dimitrievski le hizo otra parada a Bellingham, que llegó al área como un tractor o como un padre arrastrando a los chiquillos. Pepelu le agarraba y el árbitro, a su lado, como si nada.

El Madrid estaba marcando ‘expected goals’ para los panenkitas.

Hubo otro un susto en la grada. Alguien necesitaba ayuda médica. Esto ya ocurrió la semana pasada. Tengo que hacerme un chequeo.

Mbappé había fallado el número suficiente de ocasiones para poder marcar ya su gol diario. Una asistencia de Güler, tras ganar con el cuerpo la pelota (culón en el buen sentido) y Mbappé no falló porque era una jugada ante el portero sin tiempo a pensar: control orientado con un solo toque y gol. Actuaba ahí el instinto, la pantera prehumana, que es el mejor Mbappé.

A los pocos minutos se iba como un tren bala japonés a portería y Gayá tuvo que pararle en falta. La tarjeta roja encendió al público que cantó con crueldad ridícula “Mbappé, balón de playa”.

Fue en Valencia donde Vini entró en crisis, donde se le puso nombre sarcástico a los “galácticos”... y donde Diomandé vio amarilla y se cabreó.

Entraron ya los cambios. Bellingham pudo marcar de nuevo solo ante el portero, pero a veces es tanto el arrastre que llega agotado.

El partido pudo acabar en goleada mayor, pero está bien que quedara así. Entraron al final Espí y Thiago, buena noticia. En el campo, Tchouameni se agigantaba y el Madrid mostraba una superioridad desconocida. Pocas veces, si es que ha habido alguna, era tanto ante tan poco en Valencia.

El realizador, sorprendente, misterioso casi, mostraba de nuevo el rostro de Dumfries en el banquillo. Momento lynchiano. Parece que va a convertirse en un plano recurso de esta temporada.

El árbitro pitaba el fin y Mourinho le decía algo al oído a Aguirre, como un ajedrecista que le reconociera al otro la apertura.

El partido había acabado, aunque la gente se había estado yendo antes. Así, el estadio quedó pronto vacío. El Madrid se despedía de Mestalla, y el Mestalla, seguro, del Madrid. Sus localidades. Su visera. La grada de la mar. Su vieja estructura, en la que algo tuvo que ver. La mole de la Avenida de Suecia, con ese pronto tan suyo, para siempre en nuestro corazón.

@realmadrid

sábado, 7 de noviembre de 2026

Carlos y María / por Javier Torres


 '..Cuando vemos a esa familia sevillana feliz y a sus padres poner siempre buena cara cuando salen del piso en alquiler en el que viven en un barrio de toda la vida, muy cerca del colegio donde estudiamos. Esa alegría es una provocación intolerable, pura rebelión contra la decadencia occidental..'

Carlos y María
Javier Torres
Ayer cumplió años Carlos, que alcanza las cuarenta primaveras en plena forma. Lo traemos aquí porque fue el primero de los amigos en dar el sí quiero y eso siempre da un poco de yuyu. Casi sin tiempo de saborear el viaje de novios, como tantos ingenieros españoles, se instala en Alemania. Allí nacen sus tres primeros hijos. Son felices a su manera, sin grandes necesidades materiales, hacen muchos amigos, sobre todo otros matrimonios jóvenes extranjeros, y cuando se quieren dar cuenta han pasado cinco o seis años desde la partida de Sevilla. Regresan.

Muy pronto la alegría de volver a casa la empañan los horarios esclavos, y eso que trabaja en la misma empresa que en Alemania, pero hace mucho tiempo que España le declaró la guerra a la conciliación, o sea, a la familia. Esa insoportable cultura de calentar la silla, pelotear al jefe y, por qué no decirlo, alargar la jornada para llegar a casa cuando los niños ya están dormidos, que de todo hay en la viña del señor. Cuánto disfrutarían hoy Mr. Scrooge y el mismísimo Herodes ocupando uno de esos despachos donde impera el modelo que considera a los nacionales cualificados reemplazables por mano de obra barata y masiva. El resultado no sólo es la caída de la natalidad, la falta de vivienda o la depauperación de los salarios, sino que ciudades como Madrid se hayan convertido en la Cochabamba en apenas un cuarto de siglo.

El caso es que nuestro hombre no es amigo de la queja, sino de predicar con el ejemplo. En silencio, se alza contra los obstáculos del mundo moderno sin las excusas que ponemos el resto y responde trayendo a este valle de lágrimas —bueno, su mujer, de la que luego hablaremos— tres niños más. Punto, set y partido.

Si alguien puede hablar del invierno demográfico y todas esas cosas es él, que siempre repite que las ayudas a la natalidad y la conciliación están muy bien, aunque no arreglan por sí solas el problema. Cuántas veces hemos hablado de ello y siempre llegamos a la misma conclusión: el cambio es cultural. El muro es la sociedad instalada en el carpe diem, resultado de una cosmovisión enfocada en el yo, el consumismo y el empoderamiento femenino, por eso llevamos décadas de políticas que miran al ahora, no al mañana. No será fácil, decimos, revertir todo el daño causado, pero estamos seguros de que sólo podremos reconstruir los vínculos deshechos a través del mejor invento de la historia, el matrimonio, la relación humana más importante y cimiento sobre el que se construye la civilización.

Todo esto suena rimbombante, como ocurre con las cosas esenciales dichas en el plano teórico, pero qué rápido las entendemos cuando las vemos con nuestros ojos. Cuando vemos desfilar a esos seis niños, uno tras otro, de camino al colegio. Cuando vemos a esa familia sevillana feliz y a sus padres poner siempre buena cara cuando salen del piso en alquiler en el que viven en un barrio de toda la vida, muy cerca del colegio donde estudiamos. Esa alegría es una provocación intolerable, pura rebelión contra la decadencia occidental.

La de Carlos es una felicidad singular, porque es un tipazo serio, con planta de militar antiguo. Es un hombre de pocas palabras y en él se hace buena la locución latina facta non verba, paradigma de hidalguía. Un español de infantería llamado a grandes cosas, sin ningún miedo a salirse del rebaño ni siquiera en los peores momentos cuando la presión social alcanza cotas que rebasan la delación. Él, al que sólo le falta encender un puro a carcajada limpia, permanece impasible aferrado a la verdad, quizá su mayor virtud.

Tengo la seguridad de que es imposible no admirar a esta familia ejemplar y al propio Carlos, porque el tipo ni siquiera se da importancia ni va llorando por las esquinas por la lata que deben dar los seis niños cuando se ponen intensos. Él cree que no tiene ningún mérito y eso nos rompe los esquemas, supongo que por el asombro que nos provoca estar ante algo tan sencillo y grande a la vez.

Hasta ahí mi compadre. Hablemos de María, jerezana salerosa, a quien Dios regaló todo el arte y el duende que le faltan —ya lo siento— al bueno de Carlos, al que cuando queremos vacilar le decimos que nos cuente un chiste. María confirma el dicho de que detrás de cada gran hombre hay una gran mujer y que a cada época la salva un pequeño puñado de hombres que tienen el coraje de ser inactuales, como recuerda Chesterton.

Feliz cumpleaños, camarada.

El Editor Vidal Pérez Herrero, Premio Taurino del Club Financiero Génova XXIII Edición.

Juan Iranzo, presidente del Jurado Taurino, Vidal Pérez Herrero, y el periodísta Gonzalo Bienvenida

La meritoria y admirable labor desempeñada en pro de la cultura taurómaca por don Vidal Pérez Herrero le ha sido reconocida por el Club Financiero Génova de Madrid otorgándole uno de sus prestigiosos galardones en la gala celebrada en su XXIII edición de sus Premios Taurinos. 

Su relevante aportación al mayor prestigio de la tauromaquia viene marcada como creador y editor, durante más de tres décadas, de la Agenda Taurina España América Francia, con su propia editorial, 'Temple' S.L., considerada actualmente como la más importante de publicación de libros de temario taurino.

Igualmente resulta muy estimada su importante colaboración social y cultural taurina con entidades de solera y prestigio como el Centro Riojano de Madrid, y el Círculo Taurino Amigos de la Dinastía Bienvenida a las que honra con su pertenencia.

Desde este medio expresamos las más efusivas felicitaciones a don Vidal Pérez Herrero.


El Club Financiero Génova celebra la XXII edición de sus Premios Taurinos reconociendo la excelencia, la trayectoria y el compromiso con la Fiesta Nacional

Madrid, 6 NOV 2026 
El Club Financiero Génova celebró el pasado 3 de noviembre, la vigesimosegunda edición de sus Premios Taurinos, una cita consolidada que reconoce la excelencia, el compromiso y la trayectoria de las figuras y personalidades que contribuyen a mantener viva la Fiesta Nacional.

La ceremonia, conducida por la periodista Minerva Piquero, contó con la presencia de Arturo de las Heras, presidente del Club Financiero Génova, y reunió a destacadas personalidades del mundo taurino, empresarial y de la sociedad civil en una velada marcada por la emoción y el reconocimiento.

El acto comenzó con un minuto de silencio en memoria de las víctimas del accidente ferroviario ocurrido el pasado 28 de octubre en Urda, Toledo, como muestra de respeto y solidaridad con sus familias.

Tras este homenaje, Juan Iranzo, presidente del Jurado Taurino, agradeció la labor de los miembros del jurado, así como el apoyo del patrocinador y del Club Financiero Génova. Durante su intervención, destacó los valores de vida, humanidad, convivencia y arte que representa la tauromaquia, subrayando el coraje, el esfuerzo y el trabajo que exige cada faena. Asimismo, reafirmó la importancia de seguir defendiendo la Fiesta Nacional y puso en valor la gran acogida de la pasada temporada, en la que Las Ventas superó el millón de asistentes, destacando especialmente la presencia de numerosos jóvenes.

Por su parte, Iván Martén, secretario del Jurado Taurino, recordó que estos premios llevan 22 años reconociendo a figuras y entidades que han dejado su huella en la tauromaquia. Destacó que los galardonados representan los valores más profundos de la Fiesta: la autenticidad, la superación y la defensa del toreo como parte esencial de nuestra cultura. Asimismo, señaló que el jurado se reunió el pasado 13 de julio para decidir los reconocimientos de las tres categorías tradicionales y conceder dos menciones especiales.

Los galardonados de la XXII edición fueron:

El Premio al Detalle de la Feria de San Isidro 2026 recayó en Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, por permanecer en el callejón de Las Ventas durante la tradicional Corrida de la Beneficencia, pese a las adversas condiciones meteorológicas, mostrando así su respaldo a la Fiesta. 
El galardón, entregado por Fernando Jesús Santiago Ollero, fue recogido en su nombre por Miguel Martín, director general del Centro de Asuntos Taurinos de la Comunidad de Madrid, quien expresó su orgullo por recibir este reconocimiento. Durante su intervención, recordó las palabras que pronunció la presidenta aquel día: "¿Cómo no voy a aguantar cuando hay tres toreros en el ruedo jugándose la vida?". Asimismo, trasladó su compromiso de seguir defendiendo la Fiesta Nacional, la tauromaquia y las tradiciones.

El Premio al Protagonista de la Fiesta Nacional fue otorgado al diestro Diego Urdiales, en reconocimiento a su trayectoria, autenticidad y fidelidad a un concepto del toreo basado en la verdad y la pureza. Tras veinticinco años de alternativa, su salida por la Puerta Grande esta temporada simboliza toda una vida de perseverancia y compromiso con sus principios. El galardón fue entregado por Arturo de las Heras, presidente del Club Financiero Génova, y Cristina Sánchez. Urdiales expresó su alegría y agradecimiento por el reconocimiento, destacando la especial ilusión que le hacía recibirlo de manos de Cristina Sánchez, torera y gran amiga personal. Asimismo, reflexionó sobre el sacrificio, la entrega y el amor que exige el toreo.

El Premio a la Entidad o Persona que Defiende o Promociona la Fiesta fue concedido al doctor Luis Madero, especialista en Oncología Pediátrica e investigador del cáncer infantil, por su compromiso con la tauromaquia y su contribución a su defensa y difusión desde el ámbito profesional y social. El galardón fue entregado por Juan Iranzo y Celia Montero. Durante su intervención, el doctor Madero repasó su trayectoria profesional y los avances logrados en la curación de niños con cáncer, destacando la importancia del esfuerzo colectivo, el sacrificio y la dedicación. Asimismo, señaló que su vinculación con el mundo del toro le ha permitido conocer a personas comprometidas con la ayuda a estos niños e insistió en la necesidad de seguir impulsando la investigación. Finalmente, expresó su felicidad por compartir este reconocimiento con todos los presentes.

El jurado también concedió dos Menciones Especiales. La primera recayó en Florencio Fernández, "Florito", por toda una vida dedicada a la Plaza de Toros de Las Ventas y su ejemplar trayectoria como mayoral. El reconocimiento fue entregado por José María Álvarez del Manzano y Enrique Arnaldo. Durante su intervención, Florito agradeció el galardón a los miembros del jurado y expresó su satisfacción por haber alcanzado las metas que se había propuesto a lo largo de su trayectoria. Con especial emoción, concluyó: "Me voy con una cosa con la que no se nace ni se compra, sino que se adquiere, y es el cariño".


La segunda Mención Especial del Jurado fue concedida a Vidal Pérez Herrero, en reconocimiento a sus más de treinta años de dedicación a la elaboración y difusión de la Agenda Taurina, convertida en una referencia para aficionados y profesionales. El galardón fue entregado por Gonzalo Bienvenida y Juan Iranzo. Vidal agradeció el reconocimiento al jurado, felicitó al resto de premiados y tuvo palabras de agradecimiento para quienes le acompañaron. Asimismo, recordó su vinculación con estos galardones desde sus inicios, cuando formó parte de la comisión encargada de su creación, y expresó su orgullo tanto por recibir el premio como por la continuidad de esta iniciativa.

Tras la entrega de los reconocimientos, tomó la palabra Fernando Jesús Santiago Ollero, presidente del Ilustre Colegio Oficial de Gestores Administrativos de Madrid, entidad patrocinadora de los premios, quien destacó la importancia de preservar las tradiciones y transmitirlas a las futuras generaciones. Durante su intervención, estableció un paralelismo entre la evolución de su profesión y la necesidad de adaptar las tradiciones a los nuevos tiempos sin renunciar a sus valores esenciales, afirmando: «"las tradiciones no son piezas de museo ni algo de lo que avergonzarse. Son la memoria viva de un pueblo, y un pueblo que renuncia a su memoria acaba por no saber quién es".

El acto fue clausurado por Arrate Oromí, directora gerente del Club Financiero Génova, quien agradeció la participación de premiados, jurado, patrocinador y asistentes, reafirmando el compromiso del Club con el reconocimiento y la difusión del arte del toreo. Como broche final, la velada contó con un emotivo homenaje artístico a través del recitado del poema "Como el toro", de Miguel Hernández, acompañado en directo por una guitarra española, antes de la tradicional fotografía de familia y el cóctel de clausura.