la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

miércoles, 22 de julio de 2026

La lección de Luis de la Fuente / por Ricardo Rodríguez


'..Pero, probablemente, la mayor victoria de Luis de la Fuente no haya sido levantar un trofeo, sino recordarnos una verdad que parece desdibujarse en demasiados ámbitos de nuestra vida pública: el mérito sigue siendo el camino más seguro hacia la excelencia..'

Ricardo Rodríguez, magistrado y doctor en Derecho, destaca el liderazgo del seleccionador nacional, Luis de la Fuente, y reivindica su apuesta por el mérito, la capacidad y la excelencia como claves del triunfo de España en el Mundial.

Las grandes naciones no se construyen repartiendo puestos.

Se construyen eligiendo a los mejores.

España acaba de conquistar un Campeonato del Mundo de fútbol.

Pero, probablemente, la mayor victoria de Luis de la Fuente no haya sido levantar un trofeo, sino recordarnos una verdad que parece desdibujarse en demasiados ámbitos de nuestra vida pública: el mérito sigue siendo el camino más seguro hacia la excelencia.

Mientras demasiadas instituciones terminan decidiendo en función de cuotas, equilibrios, repartos o afinidades, el seleccionador nacional sólo se hizo una pregunta antes de confeccionar cada convocatoria:

¿Quién puede ayudar más a ganar?

Nada más.

Y nada menos.

En tiempos en los que tantas decisiones parecen condicionadas por factores ajenos a la capacidad, resulta casi extraordinario encontrar a alguien que elija únicamente a quienes considera mejores.

Eso hizo Luis de la Fuente.

No confeccionó una selección para contentar a nadie.

No buscó satisfacer territorios, clubes, grupos de presión ni estados de opinión.

Convocó a quienes, según su criterio, ofrecían mayores garantías para construir un equipo campeón.

Asumió el desgaste de dejar fuera a futbolistas de enorme prestigio, soportó críticas y mantuvo el rumbo sin apartarse de aquello que consideraba justo.

Porque elegir a los mejores nunca resulta cómodo.

Siempre deja fuera a personas valiosas.

Siempre genera críticas.

Siempre provoca presiones para contentar a unos u otros.

La verdadera autoridad no consiste en evitar esas críticas.

Consiste en soportarlas cuando se tiene la convicción de haber decidido correctamente.

Ésa es la diferencia entre quien administra una responsabilidad y quien simplemente reparte favores.

Luis de la Fuente asumió ese coste.

Decidió con libertad.

Y respondió personalmente de sus decisiones.

Eso también es liderazgo.

Nadie habría entendido una convocatoria elaborada para satisfacer equilibrios territoriales, institucionales o de cualquier otra naturaleza.

Todos habrían exigido exactamente lo mismo: que jugaran los mejores.

Ha sido la demostración de que el mérito no sólo es el sistema más justo, sino también el más eficaz.

En una selección nacional no existen derechos adquiridos. No hay plazas reservadas por territorios, cupos por clubes ni convocatorias diseñadas para satisfacer sensibilidades. Sólo cuentan el rendimiento, el compromiso, el talento y la capacidad para contribuir al éxito colectivo.

Quien mejor estaba, jugó. Quien más podía aportar, fue convocado. Quien no alcanzaba ese nivel quedó fuera. Aunque su nombre pesara mucho.

Eso es, precisamente, la excelencia.

Imaginemos por un momento que la lista hubiera sido confeccionada reservando un número determinado de jugadores para cada comunidad autónoma o para cada gran club del fútbol español, buscando un equilibrio artificial entre sensibilidades territoriales.

El escándalo habría sido inmediato.

Porque todos comprendemos intuitivamente que un Campeonato del Mundo no se gana repartiendo oportunidades. Se gana seleccionando a los mejores.

Y, sin embargo, esa evidencia parece olvidarse cuando abandonamos el terreno de juego.

Nuestra Constitución ofrece una respuesta inequívoca.

El artículo 103.3 proclama que el acceso a la función pública debe regirse por los principios de mérito y capacidad. No se trata de una opción ideológica. Ni de una preferencia política. Es un mandato constitucional.

Los constituyentes comprendieron que la calidad de las instituciones depende, en buena medida, de la calidad de quienes las integran.

El mérito no es un privilegio. Es una garantía para todos los ciudadanos.

Porque cuando todos saben que las decisiones se adoptan atendiendo exclusivamente a la capacidad, incluso quienes no resultan elegidos pueden aceptar el resultado con mayor serenidad.

El mérito no sólo produce mejores decisiones. También les otorga legitimidad.

La misma lógica debería inspirar la universidad, la investigación, los organismos reguladores, las empresas públicas y cualquier institución llamada a servir al interés general.

Porque cuando el mérito deja de ser el criterio rector y es sustituido por cuotas, afinidades ideológicas, equilibrios territoriales o cualquier otro mecanismo ajeno a la capacidad, la institución deja de perseguir la excelencia para conformarse con el reparto.

Y cuando el reparto sustituye al mérito, el deterioro comienza casi siempre de la misma manera.

Primero se rebaja la exigencia.

Después disminuye la calidad.

Finalmente se resiente la confianza de los ciudadanos.

La selección española ofrece una lección que trasciende el fútbol.

Sus jugadores procedían de clubes distintos.

Tenían trayectorias diferentes.

Incluso estilos de juego diversos.

Pero cuando vistieron la camiseta de España desaparecieron todas las etiquetas.

Sólo quedó el equipo.

Ése ha sido, probablemente, el mayor triunfo de Luis de la Fuente.

No sólo ha construido un campeón del mundo.

Ha construido una cultura basada en el mérito, el esfuerzo, la disciplina y la responsabilidad compartida.

Ha demostrado que la verdadera cohesión no nace de repartir artificialmente oportunidades para que nadie se sienta excluido.

Nace de exigir a cada uno lo mejor de sí mismo al servicio de un proyecto común.

Quizá por eso este Mundial deja una enseñanza que va mucho más allá del deporte.

La igualdad de oportunidades consiste en permitir que todos puedan competir.

La excelencia exige que, cuando llega el momento de decidir, sean los mejores quienes asuman las mayores responsabilidades.

Ésa es la esencia del mérito.

Y ésa es también la fuente de la legitimidad.

Porque las decisiones resultan mucho más fáciles de aceptar -incluso para quienes no han sido elegidos- cuando todos saben que el único criterio ha sido la capacidad y no la cercanía, la afinidad o la conveniencia.

Luis de la Fuente no sólo ha ganado un Mundial.

Ha recordado algo que España nunca debería olvidar.

Las instituciones sólo conservan la confianza de los ciudadanos cuando quienes las dirigen tienen la libertad de elegir a los mejores y el coraje de asumir el coste de esa elección.

Porque el mérito no garantiza siempre el éxito.

Pero renunciar al mérito garantiza, antes o después, el fracaso.

En el fútbol.

Y, sobre todo, en un país

La danza de los taurinos. Los llenos de Madrid y Pamplona se repiten poco y siguen los políticos dañinos / por Ricardo Díaz-Manresa


'..En MADRID van a los toros con entusiasmo y hasta con ansiedad. Lo nunca visto. Espectacular. En PAMPLONA van por ir. Hay que ir y llenan la plaza todos los días. Y después dan orejas hasta después de una estocada haciendo guardia. Sin embargo los encierros lo llenan todo..'

La danza de los taurinos. Los llenos de Madrid y Pamplona se repiten poco y siguen los políticos dañinos

Ricardo Díaz-Manresa
Pues pasados los ejemplos de MADRID y PAMPLONA, volvemos a la realidad. En MADRID van a los toros con entusiasmo y hasta con ansiedad. Lo nunca visto. Espectacular. En PAMPLONA van por ir. Hay que ir y llenan la plaza todos los días. Y después dan orejas hasta después de una estocada haciendo guardia. Sin embargo los encierros lo llenan todo. Se podrá decir que son encierros descafeinados o light, que lo son y yo lo afirmo, pero se sufren sobre todo lesiones óseas o cerebrales.

Llega ROCA REY a VALENCIA y sólo hay tres cuartos de entrada lejos del NHB, ni con TALAVANTE en el cartel porque nunca ha sido taquillero y, si tampoco lo es ahora, pues apaga y vámonos. Y encima se confirman las tragaderas de ROMÁN, con su horrible cartelito en la de julio, después de ser declarado triunfador de SAN ISIDRO, y además tarde de malísima entrada. Pues que siga tragando y ya sabe cómo lo van a respetar.

Y otra vez el palco y su polémica. Algunos informadores se rasgan las vestiduras de forma espectacular y otros dicen que la presidenta estuvo en su sitio. La verdad es que toda la vida he visto y oído que VALENCIA era plaza generosa. Ahora me limito a seguir el lío.

Y para completar el cuadro, comentaristas más o menos, en tele privada, lejos de la capital del TURIA, se vuelven locos dando coba en pleno directo, especialmente un torero de segunda que ha batido todos los récords.

Y MORANTE la lía en LISBOA y todo se le queda pequeño, Es difícil verlo con más ganas y felicidad.

Y MARIO VILAU avanza y avanza. ¡Qué necesario es un torero catalán en estos tiempos! En CATALUÑA, su tierra, y en el resto de ESPAÑA!. Y también avanza NAVALÓN, nueva savia oportuna para el escalafón.

Y en el polo opuesto, el dramático de la cornada y la sangre, lamentar el percance de MORENITO DE ARLES en BAYONA. Tremendo. Y sin que se comprenda cómo está organizada la enfermería y la sanidad para que se tenga que parar casi durante una hora el festejo en el que intervenía. Buena y rápida curación para el torero francés tras este cornadón.

Y también malas noticias para la TAUROMAQUIA en general porque nuestros políticos van otra vez a intentar dañarla en LAS CORTES para quitarle importancia y categoría mientras se sabe que el gran crítico de a las Universidades privadas, SÁNCHEZ, cara de cemento que se ríe todos los días del pueblo, tenía a una de sus hijas nada menos que en una en el extranjero y se iba a gastar el matrimonio en verla graduarse un pastón en dos aviones pagados por nosotros, y nos van a caer casi 6 millones de nuevos españoles, muchos en las urnas, y no se hace nada para prevenir incendios forestales…Y vemos la amnistía de la podrida EUROPA…¡Ay pueblo español, ya no tengo adjetivos para calificarte!. Como te gusta la dictadura. Si los toros bravos imitaran tu mansedumbre, ya se habría acabado la TAUROMAQUIA…

Y tragar las gracias de TVE con sus graciosos CHURRU y YULIAN, los dos tan bien peinados que dirían en mi tierra, con segundas, que iban bonicos, organizar los encierros con el trasero. Y lo importante del encierro no es para esta empresa el encierro sino hacernos tragar muchos minutos o ninguno según sea el día o esté la periodista navarra en el plató. Eso después en el programa a continuación. Ella parece ser el encierro. Habráse visto. Convierten PAMPLONA en más ramplona, Y todo en más chabacano o ilógico.

Y ver y no creer a un taurino en su burladero de PAMPLONA, con cara de aburrido o cabreado, sin atender lo que pasa en el ruedo y siempre mirando al móvil. Vaya ejemplo de empresario y apoderado que fue importante por familia y herencia. Más respeto y fidelidad.

martes, 21 de julio de 2026

Pepe Campos. La victoria de España en la final del Mundial de Fútbol de 2026. Historia de un chivatazo en línea y de pasadas y futuras tabarreras.


 '..el extrovertido Cucurella quiso ser comunicativo con Mr. Chance y de manera refleja le habló con camaradería mientras su mano se le fue a la boca. Inmediatamente el alter ego de Mr. Chance se activó, y se transfiguró en Messi que recurrió a su versión extrema de pí.caro como futbolista y dio el chivatazo, no a al árbitro sino al VAR, a las cámaras, al Poder, pidiendo la expulsión del lateral español..'

Pepe Campos. La victoria de España en la final del Mundial de Fútbol de 2026. Historia de un chivatazo en línea y de pasadas y futuras tabarreras

Pepe Campos
La victoria de España en la final del Mundial de Fútbol del pasado domingo, 19 de julio de 2026, ha venido a ser como la toma de un elixir temporal que nos salvará durante un breve tiempo de todas las tabarras que la FIFA y los periodistas paniaguados de la prensa deportiva actual nos tenían preparadas. La primera de ellas, la segura continuidad de Mr. Chance en el imperio futbolístico: por ello tuvimos que sufrir sus lágrimas al término del partido España-Argentina, pues la derrota de su Argentina suponía que él, Mr. Chance, no obtuviera un pasaje directo para el Mundial de España, Portugal y Marruecos de 2030. De haber vencido Argentina —como estaba previsto y era lo deseado para el negocio FIFA— Mr. Chance habría aleteado sobre el próximo mundial de 64 selecciones y se hubiera asegurado jugar la final en Casablanca, en julio de 2030, a sus 43 añitos. Ahora la cosa no la tiene del todo segura, pues debe seguir maniatando a la selección argentina durante cuatro años más, cuando su propuesta futbolera consiste simplemente en que sus pretorianos, sus esbirros en el césped, se dedicasen durante los partidos, que él debería jugar en ese futuro mundial, a dar leña, a perder el tiempo, a simular patadas, a correr como posesos para darle después el balón a él que, como táctica novedosa, lo lanzaría a la olla del área rival para que algún Lautaro —no un Simeone— los rematara con eficacia. Si bien un pequeño desajuste se ha producido en la estrategia diseñada por Argentina, a las órdenes de Messi, bajo el mandato de Gianni Infantino, y tutelado por poderes USA —MLS—: de ahí el Primer Mundial de Clubes y este Mundial 2026.

Analizando las cosas hubo un momento en la final del domingo donde empezó a torcerse la miga FIFA-Messi-Balón de Oro, cuando Enzo Fernández no cometió la falta consabida que el árbitro hubiera perdonado, sino que se le fue la pierna —la ansiedad de verse sustituido, demostración de que no es un pretoriano lícito— y de manera muy clara derribó a Cubarsí, y el colegiado —cuidadosamente elegido— no pudo no sacar la tarjeta amarilla. Una minucia. Hoy se habla mucho de los detalles en la resolución de los encuentros de fútbol. Debido a que no se entiende que debería existir superioridad a la hora de vencer en una competición, sino que la cuestión pasa por controlar los detalles determinantes. La falta de Enzo Fernández sobre Cubarsí iba a ser una menudencia y se convirtió en una torpeza que provocó la protesta argentina —no podía ser de otro modo—, de hecho el jugador sancionado se resistía a salir del campo. En tal momento el extrovertido Cucurella quiso ser comunicativo con Mr. Chance y de manera refleja le habló con camaradería mientras su mano se le fue a la boca. Inmediatamente el alter ego de Mr. Chance se activó, y se transfiguró en Messi que recurrió a su versión extrema de pícaro como futbolista y dio el chivatazo, no a al árbitro sino al VAR, a las cámaras, al Poder, pidiendo la expulsión del lateral español. Un acto propio de acusica de colegio de párvulos, pero en realidad de evidente delator si tenemos en cuenta sus treinta y nueve años y su condición provecta. ¿Qué le sucedió? Es probable que Messi viese en ese instante peligrar la victoria y el Mundial de 2030. A partir de esos lances la cosa para Argentina, con diez jugadores —muchos de ellos acalambrados— y una España que se sentía fuerte para rematar su faena —a través de la táctica de que el rival no la oliera—, el duelo comenzó a írsele porque no podía controlar numerosos detalles que le sobrevinieron, entre ellos no superar el gol de Ferrán.

En los próximos cuatro años de forma paulatina se volverá a la tabarra y a que se retome por parte del duunvirato Messi/FIFA el terreno perdido en la final del domingo. La tabarrera está servida. No sabemos si Argentina como selección aguantará tal acoso. Si jugadores como Julián Álvarez, Lautaro o Enzo Fernández (más Nico Paz y los más jóvenes) admitirán seguir siendo mílites al servicio del Cónsul Vitalicio. El tiempo lo dirá. Por ahora, descansemos de la gran monserga (al menos unos días). A la hora de realizar un análisis sobre el juego de los españoles a lo largo de este campeonato vivido, comentar que todo ha pasado por dominar el juego asociativo entre las diferentes líneas. Buenos jugadores tiene España. Ese juego asociativo siempre ha existido en el fútbol, no es ningún invento de este siglo. Cuando un equipo ha tenido un nivel técnico superior entre sus jugadores se han ido pasando el balón para que el rival no lo tuviera. Ya lo hacía el Real Madrid de las cinco copas de Europa. El Inter de Luis Suárez. También Brasil en 1970. El Liverpool de finales de los años setenta. La selección brasileña de 1982 que tuvo un centro de campo inigualable, con Zico, Sócrates, Falcao y Toninho Cerezo, a los que se unían Júnior y Éder. ¿Qué hacía este equipo? Pues pasarse el balón. ¿Y ahora en 2026 qué ha hecho España? Pasarse el balón entre Unai Simón, Laporte (una actuación de diez), Cubarsí, Porro, Llorente, Cucurella, Rodri (el director), Fabián, Olmo, Pedri, Lamine Yamal, Oyarzabal, Baena, Merino, Nico Williams y Ferrán, con la colaboración cuando correspondió de quienes jugaron menos minutos. 

Un detalle no pequeño ni menor fue la imposición de Luis de la Fuente sobre los representantes de la prensa deportiva cuando estos actuaron para que el cancerbero español fuese Joan García (porque era del Barcelona); incluso, en menor grado, el hecho de dejar fuera de la convocatoria a Carvajal. Un acierto. La mayoría de las decisiones del seleccionador español han sido un acierto pleno como se ha podido comprobar partido tras partido. Entramos en un breve interregno sin grandes matracas. De las pequeñas nadie nos librará. Como aficionados al fútbol dispongámonos a disfrutar de este precario ínterin. Demos gracias.

Valencia merece un buen palco presidencial / por Rafael Comino Delgado


'..No hace mucho publicamos un artículo, y en él decíamos que Valencia siempre ha tenido muchos y muy buenos toreros de oro y de plata, y sobre todo, siempre ha tenido y tiene muy amplia y buena afición, por lo que suceda en dicha plaza, los triunfos conseguidos allí deberían pesar más de lo que pesan a la hora de valorarlos..'

Valencia merece un buen palco presidencial

Rafael Comino Delgado
El pasado 17 de julio se dio en Valencia la corrida estrella de la feria de san Jaime, y ello gracias a el maestro Andrés Roca Rey, que se apuntó a ella, y con ello no quiero minusvalorar a los otros dos componentes del cartel, José Mari Manzanares y Alejandro Talavante, pero hemos de reconocer que hoy por hoy Roca Rey es máxima figura del toreo, y además en Valencia se le aprecia mucho gracias a lo que él siempre ha puesto y pone, de su parte en dicha plaza.

Sin embargo, cuando acabó la corrida leí la crónica de José Ignarcio Galcerá en Aplausos.es, y allí ponía de manifiesto que la señora presidenta de la corrida no estuvo nada acertada negando la segunda oreja del último toro a su matador, el maestro Roca Rey, que con creces la había merecido. Y un día después leí, también en Aplasos.es, un artículo de José Luís Benlloch, que abunda en el mismo sentido, y llega mucho más lejos, pues dice, El palco, secuestrado, Roca, burlado, Valencia traicionada…”  y que incluso estuvo a punto de provocar, la ocupante del palco, una importante alteración del orden público. Posteriormente leí que, en la novillada del día 19 de julio, el palco negó una merecida oreja a Julio Norte, por lo que la afición le obligó a dar dos vueltas al ruedo, lo que equivale a una oreja (muy bien hecho por los aficionados). 

En varios medios he leído que el palco de la plaza de Valencia ha estado durante casi toda la feria muy desacertado. Se por experiencia lo difícil que es impartir justicia, a veces en segundos o en minutos, cuando se está arriba en el palco, pero también creo, con mucha seguridad, que cuando todos los medios informan en el mismo sentido es evidente que los presidentes de la plaza de Valencia dejan mucho que desear, por lo que se refiere a cumplir acertadamente con su función de acuerdo con el Reglamento taurino, y también con el sentido común, que siempre debe imperar.

No hace mucho publicamos un artículo, y en él decíamos que Valencia siempre ha tenido muchos y muy buenos toreros de oro y de plata, y sobre todo, siempre ha tenido y tiene muy amplia y buena afición, por lo que suceda en dicha plaza, los triunfos conseguidos allí deberían pesar más de lo que pesan a la hora de valorarlos. Creo que la primera plaza de toros del mundo es las Ventas de Madrid, y la Maestranza de Sevilla es muy importante, pero Valencia (ciudad y provincia tienen más habitantes que Sevilla) con su gran tradición taurina y todo lo que representa en el toreo, debería estar actualmente, por todo ello, a la par de Sevilla (que dicho sea de paso también lleva años con criterios a veces poco uniformes de los presidentes), pero para eso hace falta que las personas que suben al palco sepan muy bien lo que hacen, estén muy capacitadas, se pongan de acuerdo en los criterios a seguir para que siempre sean los mismos o muy parecidos, y cuando tomen decisiones muy polémicas explicar a los medios de comunicación la razones que han tenido para ello; en definitiva que le den la categoría que merece, aunque con actuaciones como las antes referidas en la plaza de Valencia, lo que hacen es quitarle categoría. Así no se va a ninguna parte, quedará como una plaza más entre tantas como hay en España.

Sin un gran toro no hay grandes toreros / por Carlos Bueno


'..Es el toro quien otorga al matador el estatus de ídolo, de héroe capaz de hacer aquello que el resto de los mortales somos incapaces siquiera de imaginar. La Tauromaquia comienza a resquebrajarse cuando el espectador sentado en el tendido llega a pensar que lo que sucede sobre el albero no entraña demasiada dificultad..'

CAPOTAZO LARGO
Sin un gran toro no hay grandes toreros

Por Carlos Bueno
El toro es el que le confiere importancia a todo. Es el auténtico eje sobre el que gira la Tauromaquia. Resulta fundamental que su trapío despierte admiración y respeto desde el mismo instante en que salta al ruedo. Pero aún más importante es que haga honor a su condición de bravo, que exhiba la casta que se le supone y que transmita sensación de poder.

Es el toro quien otorga al matador el estatus de ídolo, de héroe capaz de hacer aquello que el resto de los mortales somos incapaces siquiera de imaginar. La Tauromaquia comienza a resquebrajarse cuando el espectador sentado en el tendido llega a pensar que lo que sucede sobre el albero no entraña demasiada dificultad, que incluso él mismo sería capaz de coger una muleta y dibujar algunos pases. Cuando desaparece la sensación de riesgo y de exigencia, también se desvanece buena parte de la grandeza del toreo.

Recuerdo que en 1994, el representante de Jesulín de Ubrique, Manuel Morilla, se atrevió a coger la muleta para darle unos pases a un toro de su poderdante en la plaza de Sanlúcar de Barrameda. Aquella escena llamativa y desafortunada evidenciaba la extrema docilidad de los toros. Lejos de ensalzar la figura del torero, contribuía a restarle mérito, porque transmitía la falsa impresión de que cualquiera podía ponerse delante de un astado.

Sin embargo, cuando el toro acomete con codicia, prontitud, recorrido y poder, a nadie se le ocurre pensar que lo que presencia es una tarea sencilla. Todo lo contrario. Cuanto mayor es la exigencia del animal, mayor es el reconocimiento que recibe el torero. Su labor adquiere categoría, peso y significado.

No se trata de reclamar la aparición de la alimaña imposible que hace inviable el toreo, sino del toro enrazado, el que exige aptitud, recursos, valor y capacidad; el que pone a prueba al matador y, precisamente por ello, le concede jerarquía cuando es capaz de imponerse. El toro que permite veinte muletazos mandones, ligados y emocionantes, sin ofrecer la cómoda excusa de que se ha parado o de que ha embestido con esa sosería que convierte la faena en un ejercicio estético y rutinario.

La reciente Feria de Julio de Valencia dejó un ejemplo muy ilustrativo. Roca Rey pudo haber salido por la Puerta Grande porque existió petición de dos orejas. Sin embargo, la presidencia únicamente concedió una amparándose en el artículo 82.2 del Reglamento de Espectáculos Taurinos, que establece que “la concesión de la segunda oreja de una misma res será de la exclusiva competencia del Presidente, que tendrá en cuenta la petición del público, las condiciones del animal, la buena dirección de la lidia en todos sus tercios, la faena realizada tanto con el capote como con la muleta y, fundamentalmente, la estocada”.

El palco interpretó que la extraordinaria dulzura del toro, que permitió torear prácticamente como de salón, sin aparentes complicaciones —aunque evidentemente siempre las hay—, restaba entidad a la obra del diestro. Y, en consecuencia, únicamente concedió el trofeo cuya atribución corresponde a la voluntad del público.

Es muy posible que, con un animal apenas un punto más encastado, con un ápice más de transmisión y de exigencia, la rotundidad de la faena hubiera resultado incontestable y la segunda oreja no habría encontrado discusión.
Entrenamientos de toreros

El toro que necesita la tauromaquia es el que transmite, el que provoca emoción, el que confiere importancia a todo.

Taurino y campeón del mundo / por Antonio Cepedello


'..Luis de la Fuente es taurino y futbolero, y lo lleva con mucha honra. Sin esconderse ni avergonzarse de nada, pero también con el mayor respeto del mundo hacia los que no comparten alguna de estas aficiones, como lo serán varios de sus jugadores de la selección española..'
Taurino y campeón del mundo

Por Antonio Cepedello
Los toros y el fútbol son dos aficiones muy comunes en millones de españoles desde hace décadas, porque para muchos forman parte de lo que hemos vivido de pequeños y nos han enseñado a amar nuestros padres o abuelos. Y el que repudia su pasado familiar, se repudia a sí mismo. Otros impresentables, enmascarados en falsos 'progres', han querido ponerle un absurdo sello político para despreciar nuestro rito milenario y este espectáculo deportivo de masas, tan distintos pero unidos a la vez.

Es lo que tiene la ignorancia, desconocer la historia, los prejuicios, la demagogia, el interés malsano o el oportunismo fariseo. "Pan y circo" le llaman ellos. Malditos hipócritas. Ellos sí que tienen un buen 'circo' montado para vivir a costa de los demás. Ni puñetero caso. La libertad está muy por encima de todos estos innombrables.

Ayer se volvieron a unir nuestro legendario arte universal y el actual 'deporte rey' en la persona del seleccionador español, Luis de la Fuente, que consiguió con su equipo el segundo título de campeón del mundo, nada más y nada menos. Lo que ni habíamos olido de lejos durante más de un siglo, ahora han llegado dos aficionados taurinos, porque el salmantino Vicente del Bosque también lo es, y en 16 años lo han logrado dos veces.

Es lo que tiene amar nuestras tradiciones y cultura ancestral, que es lo mismo que querer a nuestra tierra de verdad, además de la inteligencia, la humildad, el sacrificio, la capacidad de trabajo o el valor que te da ser seguidor de nuestra sagrada Tauromaquia.

La afición taurina de este gran entrenador le viene, como no podía ser de otra forma, de sus raíces riojanas. Tierra amante del toro como la que más. Nació en Haro un 21 de junio de 1961. Es el seleccionador español desde el 8 de diciembre de 2022 y en menos de cuatro años ha alcanzado ya un Mundial —2026—, una Eurocopa —2024— y una Liga de Naciones —2023—, donde en 2025 llegó también a la final, pero por mala suerte la perdió por penaltis ante Portugal.

Lo que no ha conseguido ningún otro técnico en el banquillo de nuestro combinado nacional. Es también el primero que ha logrado, en la historia del fútbol español, tres títulos continentales con selecciones de distintas categorías de edad, la sub-19, la sub-21 y la absoluta. Más ya parece difícil o casi imposible, pero a partir de ahora sumará otros éxitos, seguro.

De la Fuente fue también un buen jugador, en la posición de lateral izquierdo, que ganó las dos últimas Ligas, una Copa del Rey y una Supercopa con el Athletic de Bilbao, además de militar también en el Sevilla FC y el Deportivo Alavés. Como puede verse, siempre se movió por ciudades muy taurinas de Andalucía, Euskadi o su Rioja natal, porque empezó su carrera deportiva en el club de su pueblo, el Haro Deportivo.

Disputó en total 254 partidos en Primera División, 3 en la Copa de Europa y 10 en la Copa de la UEFA, además de ser 4 veces internacional sub-21 y participar en los Juegos Olímpicos de 1988 en Seúl —Corea del Sur—.

Este jarrero o harense tiene el carácter afable, conciliador, tranquilo y sensato que distingue a cualquier persona y que lleva al éxito a un deportista, sobre todo a los entrenadores. No dice casi nunca una palabra más alta que otra, aunque sí muestra su euforia en las celebraciones y aguanta el chaparrón con total estoicismo y respeto en las derrotas, aunque así lo hemos tenido que ver pocas veces, por suerte para todos.

Ha llegado también a mostrar su enfado y cabreo por distintas circunstancias, aunque siempre lo ha hecho con una seriedad, educación y clase increíbles. Es amante del trabajo, el sacrificio, la constancia, la racionalidad, la lógica, la mesura o la disciplina, entre otros valores, pero sobre todo de la familia, como buen amante de la Tauromaquia. No podía ser de otra forma.

Luis de la Fuente es taurino y futbolero, y lo lleva con mucha honra. Sin esconderse ni avergonzarse de nada, pero también con el mayor respeto del mundo hacia los que no comparten alguna de estas aficiones, como lo serán varios de sus jugadores de la selección española. Lo que pasa en el campo de juego se queda en el campo de juego, como lo que ocurre en el ruedo. No mezcla 'churras' con 'merinas', como hacen los intransigentes antitaurinos.

Enhorabuena, riojano ilustre, por tu última conquista. Eres un auténtico señor, tanto con el capote en la mano o en el burladero de un callejón, como con las botas de tacos puestas o sentado en un banquillo. Muchísimas gracias por la gran alegría que nos acabas de dar a todos los españoles y por el orgullo que nos supone a los aficionados taurinos verte en una plaza de toros.

Siempre serás bienvenido, admirado y elogiado por todo ello. 'Olés' con sabor a goles para ti, Luis de la Fuente.

lunes, 20 de julio de 2026

Aquellos sesenta… (XXII) / por Jorge Arturo Díaz Reyes

Andrés Hernando y El Cordobés a hombros en las Ventas, Beneficencia 1964.
 Foto: El Adelantado 

'..Al fin, Andrés Hernando marcando los pasos del volapié, se tiró derecho, clavó la espada en la cruz, y cayeron los dos. Mientras apuntillaban el toro, cargaron y corrieron con el herido en busca de los médicos, qué al otro lado del ruedo, apresurados abandonaban su palco hacia la sala de cirugía. A donde luego enviaron las dos orejas..'

(Ocurrió en Cali, el 26 de diciembre de 1965)

Aquellos sesenta… (XXII)
Jorge Arturo Díaz Reyes
CrónicaToro / Cali, 19.o7.2026
Entre las muchas escenas que persisten de aquellos años, una más que otras. Ocurrió en Cali, el 26 de diciembre de 1965, en los instantes finales de la primera corrida de la feria.

Entonces comenzaban más temprano y al terminar, el sol aun pegaba de frente, contra el tendido y su porción de ruedo. Me veo entre el gentío, contemplándola desde una fila alta, no recuerdo cual, ni en compañía de quien. Tampoco algunos detalles que hoy agrego, recuperados de archivos. La memoria visual pura, enfoca sobre lo que sucedió en ese pedazo de arena soleada durante aquel epílogo tenaz. Casi todo lo demás es bibliografía.

La feria empezaba muy envalentonada pues recientemente y por primera vez un equipo de la ciudad (el Deportivo Cali), había ganado el campeonato nacional de fútbol, qué a diferencia de este siglo, solo era uno al año. Vanidad y fanfarronería que a gritos y vivas se manifestaba por todas partes. Aún en la plaza incongruentemente, con réplicas airadas de los litúrgicos taurinos y los inconsolables hinchas rivales.

El cartel había sido premeditado como para garantizar un inicio exitoso y taquillero. Lo integraban tres toreros respaldados por prestigio y vigencia. Dos figuras y un debutante:

El venezolano Curro Girón, quien regresaba seis años después de haber obtenido un triunfo jamás igualado en esta plaza; cuatro orejas y dos rabos con toros de Achury Viejo (Conde de la Corte), refrendado con otra puerta grande a los ocho días, y el trofeo de la feria. Ausencia larga e inexplicable, durante la cual había encabezado por dos años (59 y 61) el escalafón en España. Su toreo festivo calzaba perfecto con el talante de la afición local, además, casado con la caleña Marlene Lozano se le consideraba propio.

Le secundaba Paco Camino, ídolo caprichoso y consuetudinario de la feria, en cuyos anales había dejado inscrita la mítica faena de “Sangreazul” dos años antes, y que encabezaba las estadísticas de la temporada mundial después de su antagonista El Cordobés.

La novedad era el debutante Andrés Hernando. Segoviano de veintisiete años con fama de toreo seco, valeroso y a tiro de pitón. En su aval del año anterior, lucían la Puerta grande de Madrid junto a El Cordobés en la Corrida de Beneficencia, y el trofeo de la Feria de San Ignacio en Linares, conquistado cortando las dos orejas y el rabo de un Miura en el aniversario de Manolete. Tenía toreadas 50 corridas ese año y ocupado el octavo puesto de las estadísticas. “Un relumbrón en la oscuridad”, había escrito de él Díaz Cañabate.

Los toros de Vistahermosa, ganadería bogotana de casta Santa Coloma (2.700 metros de altura), salieron pequeños, cornicortos, peleones con los caballos, malgeniados en la muleta, negados a regalarse. Hicieron la tarde dura.

Con ellos, Girón lució en banderillas, varió y mató bien, dando una vuelta entrañable. Ya en punto de cerrar la corrida, solo Camino y su joven sabiduría habían logrado cortar una oreja del segundo, mientras el tercero, Hernando, nuevo en la plaza, se había ido en blanco con el de su presentación y ahora se jugaba entero contra el más avisado de todos, el sexto, ante la silenciosa comprensión de unos y la ruidosa incomprensión de otros.

Lo tengo presente, lo veo muy bien, como si fuera hoy. Verde manzana y oro, corta estatura, ancho tórax, ojos y pelo claros, frente muy amplia, tez blanca sudorosa y congestionada. Ofreciéndose a cambio de arranconazos, tratando de conducir, de ligar suertes, larga y sufridamente, indiferente al ruido, absorto en la brega. De pronto, en el vaciado de un natural el vistahermosa revolvió, lo prendió por la entrepierna, lo izó, lo zarandeó como muñeco, lo tiró a la arena y lo asaeteó en ella, antes de que los tardíos y desesperados capotes le quitaran.

Lo levantaron, desastrado y sangrante. Querían llevárselo, era imperativo. Protestó y rechazó brazos. Arrancó la muleta y la espada de manos del peón, echó a todos, y volvió a la cara del toro. Obstinado, lo pasó una y otra vez, en medio de las ahora sí ovaciones solidarias, que incluían a los ha poco intolerantes. No había sonado la música. Sin esperanza de triunfo, la igualada fue angustiosa. El animal emboscado, miraba y buscaba. Él, esperando con el puño del estoque frente a sus ojos, agitando por abajo el trapo, las piernas abiertas y el chorro de sangre haciendo un charco que brillaba por el sol entre sus pies. Esa es la imagen.

Ya era estudiante de medicina, pero la crudeza del drama me impidió razonar como tal; en la ubicación de la cornada, las estructuras posiblemente lesionadas, la pérdida sanguínea, los traumas asociados, el shock, la posibilidad de muerte, la secuencia de procedimientos obligados para diagnosticar el daño…, para contener la hemorragia, asegurar la vida y reparar los destrozos.

El torero por lo visto mucho menos. Su expresión serena, concentrada, estoica, mostraba que ahí lo único importante en el mundo era oficiar a cabalidad la estocada. Pasaba el tiempo, una eternidad. Al fin, marcando los pasos del volapié, se tiró derecho, clavó la espada en la cruz, y cayeron los dos. Mientras apuntillaban el toro, cargaron y corrieron con el herido en busca de los médicos, qué al otro lado del ruedo, apresurados abandonaban su palco hacia la sala de cirugía. A donde luego enviaron las dos orejas.

Sin imaginar lo que allí pasaba, lo que conmovía era que bien hubiese podido dejarse llevar cuando lo levantaron corneado (“Pronóstico grave”, consignaron las crónicas del día). Nadie se lo hubiese reclamado. Además, estaba en una plaza americana, ni siquiera la más importante del país, donde el sacrificio no tendría la repercusión que en efecto no tuvo… Nunca volvió a torear en ella.

Treinta y siete años después, por junio, fuimos a Ávila con Quinito II y Alberto Lopera, para ver torear a José Miguel Arroyo, quien ya en las postrimerías de su carrera había esquivado Madrid. Allí, conocí a Andrés Hernando. Invitados por él, su esposa Sonsoles Aboin abogada, diputada de Madrid, y su hijo menor, novillero convaleciente de una cornada en el cuello, almorzamos en la “Torre de los Aboin”. Durante la sobremesa me sentí obligado a repetir mi relato, la terca imagen, mi admiración duradera...

El viejo torero, no quiso darle importancia. Como sorprendido por el recuerdo lejano, sus ojos hundidos, la leve sonrisa y la elevación de los hombros perecieron decir…, —era lo que tocaba… —No insistí en el asunto y él llevó la conversación a la corrida que nos esperaba...