la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

lunes, 1 de junio de 2026

MADRID.- PROFANACIÓN DEL TEMPLO SAGRADO DEL TOREO / por José Luis García García

Fotografía: Mundotoro.com

'..Esperamos y deseamos que el desmán sucedido sea tratado y corregido debidamente, con arreglo a la normativa por la que se rigen los espectáculos taurinos, por la Autoridad Comunitaria que tiene la competencia sobre los mismos y la potestad sancionadora..'

PROFANACIÓN DEL TEMPLO SAGRADO DEL TOREO

Con profundo pesar, presencio lo sucedido en la corrida de toros celebrada en la tarde del domingo día 31 de Mayo en la Plaza de Toros de Las Ventas. La mancillación del espectáculo taurino, la fiesta más culta del mundo como la definiera el poeta García Lorca, en la plaza venteña, no es nueva, hemos asistido a la devolución de algún toro, por parte de la autoridad en el palco, que la única condición negativa que tenía era la mansedumbre, y ello nunca debe ser motivo para ordenar su vuelta a los corrales, el toro manso también tiene su lidia, aceptación de reses que dejaban un tanto o un mucho que desear en cuanto a su presentación, así como no concesión de primeras orejas solicitadas por el público de una manera total y absoluta, y no vamos a ser muy prolijos en la enumeración de aspectos negativos relacionados con la actuación presidencial.

Pero, lo vivido en el Coso de la calle de Alcalá en la mentada tarde, ha superado todo lo imaginable. Nunca hubiéramos llegado a concebir que lo acaecido en dicha corrida de toros podría suceder en la Plaza de Toros de Las Ventas, no debe ocurrir y menos consentirse en ninguna plaza de toros donde debe imperar la seriedad y el cumplimiento del mandato reglamentario.

Habiendo resultado cogido en el primer toro de su lote el matador Paco Ureña, hubo de hacer cargo de la lidia y muerte del sexto toro el matador más antiguo que era Antonio Ferrera, tal y como estipula el vigente Reglamento de Espectáculos Taurinos que se aplica en Madrid y que no es otro que el reglamento nacional aprobado por el Real Decreto 145/1996. De 2 de febrero. Y que sucedió entonces? Pues ni más ni menos que cuando el señor Presidente ordenó la salida de los picadores, y encontrándose colocado el picador de turno para realizar la suerte de varas, el matador Antonio Ferrera se dirigió al mismo, bajándose del caballo el picador que tenía la obligación de ejecutar el tercio de varas, es de suponer que porque así se lo indicara u ordenara el matador, subiéndose seguidamente él mismo al caballo y llevando a cabo la materialización de dicha suerte, algo prohibido expresamente por la Ley 10/1991, de 4 de abril, de potestades administrativas en materia de espectáculos taurinos, en el artículo 15, apartados g) “la intervención en la lidia de toda persona incluida en el apartado anterior” (la contratación de personas no habilitadas o inhabilitadas para la lidia) y k) “la actuación manifiestamente contraria a las normas establecidas para la suerte de varas”, conceptuada como infracción grave por la citada Ley, infracciones sancionadas con hasta 60.000 euros (10.000.000 de pesetas se recoge en la misma, pues no había entrado en circulación la moneda del euro cuando fue publicada), así como la suspensión para lidiar hasta un máximo de seis meses a los responsables de las infracciones, de las que entendemos serían responsables tanto el matador de toros como el picador, pues este, además de bajarse del caballo, haciendo dejación de sus funciones, una vez que el matador, después de picar el toro se bajó del mismo, volvió a subirse al caballo y ejecutó una nueva vara.

Pero, es que podría darse la circunstancia que el Delegado gubernativo, por orden del Presidente, hubiera hecho llegar al matador la ilegalidad de su pretensión de picar el toro, con lo cual estaríamos ante una nueva infracción, también grave, cual es “la resistencia o desobediencia a las órdenes del Presidente”.

Todo lo realizado por el citado matador y picador de turno, siendo de una gravedad tremenda para el buen desarrollo del espectáculo, es que, además, la imagen protagonizada se asemeja a una exhibición circense, amén de haber sido atropellado vilmente el rito y la liturgia por la que de siempre discurrió la fiesta de toros, y fue respetada en tan grandiosa celebración como es la corrida.

No queremos tener que llegar a pensar que el diestro actuante hubiera solicitado permiso para llevar a cabo tal felonía, y le hubiera sido otorgado por la autoridad del espectáculo, pues entonces estaríamos ante un supuesto que podría entrar de lleno en el terreno penal.

No se puede obviar que ningún profesional taurino pueda estar registrado en dos secciones diferentes de las que contempla el vigente Reglamento de Espectáculos Taurinos en el Registro General de Profesionales Taurinos (Sección I Matadores de Toros; Sección V Banderilleros y Picadores).

Que duda cabe que este allanamiento en toda regla va a ocasionar un daño importante, quizá irreparable, para el prestigio y la categoría de la hasta ahora denominada “Plaza de Toros más importante del mundo”, Las Ventas del Espíritu Santo.

Fotografía: Andrew Moore

Esperamos y deseamos que el desmán sucedido sea tratado y corregido debidamente, con arreglo a la normativa por la que se rigen los espectáculos taurinos, por la Autoridad Comunitaria que tiene la competencia sobre los mismos y la potestad sancionadora.

José Luis García García
Decano de Presidentes de Plazas de Toros de España
1 de Junio de 2026 

San Isidro'26. Adolfos serios y cuajados para la excentricidad de Ferrera, el Morante de los pobres. Márquez & Moore


JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ
Estaba escrito. Estaba marcado por los hados que el día en el que conmemoraba el décimo aniversario de la aparición pública de Cazarrata en Las Ventas no podía ser un día cualquiera, otro día más en la oficina, y ahí estuvo la ganadería de Adolfo Martín y la excentricidad de Antonio Ferrera, el Morante de los pobres, para que la efemérides no se pasase sin una celebración adecuada.

Con Adolfo Martín llevábamos últimamente casi más penas y desengaños que alegrías, habiendo abandonado ese carácter de corrida seria, dura y encastada que tanto nos ha encandilado, como réplica al otro Martín. Sirva recordar aquellos corridones del año 13 y del 18 como enaltecimiento de los Albaserrada de Adolfo y olvidémonos de otras fechas en las que el ganadero parecía que se había entregado al canto de las sirenas de la «toreabilidad». Hoy, en cambio, Adolfo Martín ha puesto en Madrid una corrida seria y cuajada en la que cada uno de los toros, a su manera, han sostenido la emoción de una tarde en la que nada estaba escrito y donde podías apostar por el triunfo o por el hule con las mismas garantías de éxito. Las huecas miradas de los adolfos, la incertidumbre de sus embestidas, la evidencia de su casta, el respeto que infundían, su espíritu cambiante y atento a todo lo que se mueve a su alrededor provocaron hoy ese milagro de que no dejases de estar atento a todo lo que pasaba en el ruedo, porque no había hoy nada que se pudiera dar por seguro.

Para el despacho y entrega de los seis de Adolfo se trajeron a Antonio Ferrera, de blanco y oro; Manuel Escribano, de catafalco y oro, y Paco Ureña, de palo de rosa y oro. Mientras hacen el paseíllo nos entretenemos en comprobar que los tres ya pasan de los cuarenta años de edad y que los tres ya han superado las dos décadas desde el día de su alternativa.

Volador, número 74, dejó su carta de presentación en el burladero del 10 sacando astillas y levantando las maderas: lo que se conoce como «derrotar en tablas», cosa muy poco vista en la actualidad. Ferrera lancea con suficiencia y poder sin otro lucimiento que el del trabajo bien hecho y el toro se abalanza a por el penco donde toma la primera vara y se deja pegar en la segunda. Sale desentendido de los capotes y no da facilidades a los de los rehiletes, pues espera y se entera. Ante esa disposición del toro Miguelín Murillo opta por pasar en falso un par de veces. Pascual Mellinas deja puesto su par y luego Miguelín se empeña en clavar el suyo, siendo acosado por Volador hasta el burladero del 9 donde el toro se dedica a sacar astillas de la madera. Con buena disposición se va Ferrera al toro, que no regala una sola embestida, y le va sacando de uno en uno los pases. Hay emoción por las peligrosas condiciones del toro, por sus constantes miradas al torero y por el oficio con el que Ferrera le va sobando. Por la izquierda es otro cantar, porque el toro pasa muy avisado y buscando al torero. En una serie por la derecha el toro se para peligrosamente en el centro de la suerte, aguantando el trago Ferrera con entereza. Tras este aviso decide que es hora de matar. Se perfila y el toro se le arranca súbitamente dejando un pinchazo sin soltar, luego un metisaca y después otro, pero esta vez en los bajos, antes de cobrar una estocada baja que acaba con el toro, sin que este haya abierto la boca en ningún momento.

Mentiroso, número 50, es recibido por Escribano con unos «medios gayolos», porque a la distancia que se sitúa de la puerta del chiquero no es como para usar la palabra «porta» Con el percal pasa un ratillo de apuro con las embestidas del toro, que es un tío alto y cuajado, un pedazo de ejemplar que se abalanza a por el caballo que Juan Peña le ofrece atravesado para tomar una vara en la que no cobra mucho, quedándose encelado con el caballo un buen rato. Con la misma técnica de caballo atravesado, Peña le deja otra vara de idéntica factura a la anterior, hasta que el toro decide irse. Las banderillas las pone el maestro sin mucho lucimiento: marra en el primer envite bastante ventajista, repite lo mismo en el segundo pero clavando y se va al 5 a recibir los vítores del agradecido público de sol, pero el toro le obliga a salir del ruedo y cambia de terreno hacia el 3 donde deja un par similar al anterior. Luego se sienta en el estribo y deja un par por los adentros de bastante exposición y decide poner un cuarto par con el toro al relance que resulta el mejor de todos. 

Viendo las condiciones demostradas por el toro nos esperábamos una faena basada en la distancia. Nada más lejos de la intención de Escribano, que desde el principio opta por las cercanías. Se ve claramente que está agobiando al toro, pero insiste en sus formas como si quisiera decir que no quiere ni ver al toro. Como signo de protesta el toro se para y dice que él así no va. Lo dice con el pensamiento, porque la boca la tiene cerrada, y entonces Escribano pone fin a la relación mediante una estocada entera en la suerte natural. El toro aprovecha un descuido para quitarle el capote de las manos a Curro Robles y, como tarda en caer y le han pegado un aviso, el torero decide descabellarle a la primera.

El tercero es Peluquero, número 67, más feo y ensillado que los precedentes, pero en tipo de la casa. Recibe unas buenas verónicas de Ureña sin hacer extraños y se emplea en la primera vara de Richi Romero que le pega con ganas, cayéndose al salir del potro de tortura. Para la segunda vara, el picador pasa valientemente por encima de la inútil raya blanca buscando al toro que se arranca con vigor y que se deja pegar. La vara cae trasera. Tras el quite de Ferrera, Peluquero lleva a José María Soler al burladero del 10 sin clavar, luego «Azuquita» pasa con prisa clavando una, después Soler vuelve a pasar sin clavar y Azuquita pone una, siendo acompañado por el toro hasta el burladero del 9. Soler al fin consigue dejar una a la media vuelta y azuquita finaliza su actuación de nones clavando una de nuevo. 

Comienza Ureña su labor siendo cogido muy feamente al tercer pase al frenarse el toro en el centro de la suerte. Se ve que va herido en la pierna pero decide seguir frente al toro sacando algún excelente natural, máxime viendo las condiciones del toro. Un nuevo conato de cogida le convence a Ureña a finalizar su tarea con una estocada perpendicular atravesada y un descabello. Cruza la plaza entre ovaciones para ir a la enfermería, de donde ya no saldrá. Los espíritus sensibles silban al toro, que no puede contestar porque siempre tuvo la boca cerrada.

Mentiroso, número 68, es el segundo de Ferrera. De salida es de embestida violenta que Ferrera domina con eficacia con su capote de seda azul. La primera vara la toma a distancia, recibiéndole el caballo atravesado que, cuando el toro empuja, se acuesta sobre él. Para la segunda vara se arranca desde la misma raya y no recibe mucho castigo. Ángel Otero deja un excelente primer par y Pascual Mellinas deja el suyo antes de que Otero deje el mejor par de banderillas de la Feria. Comienza Ferrera con la derecha y sobre la marcha se cambia de mano dejando un gran natural y uno extraordinario de pecho. Luego una buena serie de naturales, otra buena de derechazos y otros naturales algo trompicados, cuando de pronto le da el arrebato y tira el espadín y deja una soberbia serie de derechazos sin la ayuda y luego otra, improvisando cambios de mano de pura inspiración. El toro ha sacado una nobleza que es también propia de la casa y Ferrera lo ha visto de inmediato. Se dispone a matar en la suerte contraria yendo al toro desde muy lejos, con la muleta al hombro y deja un pinchazo; repite lo mismo a la suerte natural y deja una estocada aguantando hasta la bola. Arrastran al toro, con la boca cerrada, entre ovaciones y Ferrera da la vuelta al ruedo con una oreja en la mano.

Malagueño, número 52, conoce también el saludo desde los «medios gayolos», pero esta vez le sale mejor a Escribano su propuesta de lanceo, salvo que al final pierde el capote. Recibe una vara rectificada de Juan Francisco Peña a la que el toro acude con violencia. El pica no se ceba. Para la segunda entrada es el propio pica el que pide el toro a distancia y cuando este entra fuerte recibe un puyazo más bien trasero. En banderillas el toro no acude y obliga a pasar en falso, repite la misma propuesta dejando un buen par, el mejor de los siete que ha puesto, luego otro a toro pasado y luego un violín al quiebro. 
Se va a chiqueros con la muleta y allí comienza su trasteo que, en seguida, nos muestra que el toro tiene más clase que el torero, que se va de la suerte antes de que acabe el muletazo, que adolece de falta de colocación, que no somete por abajo. Basó su trabajo en la mano derecha y usó la izquierda para mostrar que la tenía, en un trasteo sin gloria, tras la denodada disposición de Ureña y la arrebatada personalidad de Ferrera, Escribano no decía nada. El toro abrió la boca, para hacernos rabiar, y tras sonar el aviso Escribano dejó un pinchazo en la suerte contraria, un pinchazo hondo en la suerte natural y dos descabellos. El toro recibió tibias palmas en su arrastre.

El sexto, Monedero, número 51, fue el del lío. Con Ferrera en modo super arrebatado y con la Puerta Grande a medio abrir decidió que si el triunfo se le iba no sería por culpa suya. Tras otro eficaz saludo de capa, puro oficio, salió corriendo a desmontar al piquero de turno para ser él quien picase. El milagro se produjo porque uno de esos caballos lentos, desobedientes y pesados de cada día, con Ferrera encima se movía como si fuera de la Escuela Española de Equitación de Viena, y eso que el jinete de luces ni siquiera llevaba espuelas. Lidia Escribano y deja al toro colocado, que se arranca y Ferrera le pone la puya en buen sitio, sin pegar mucho. Luego pide a Otero que le ponga el toro más de lejos, aunque esta vez no acierta en clavar, ni intenta rectificar una vez que tiene al toro abajo. Por tercera vez se arranca el toro de lejos y esta vez clava en buen sitio sin infligir mucho castigo. A toda prisa se descabalga y sale corriendo con el capote a dejar dos chicuelinas y una serpentina que ponen la plaza en pie.

Aquí vino el lío, porque el Presidente había cambiado el tercio y nadie se había enterado. Se crea una confusión tremenda en la que el asesor artístico de la presidencia, «Madriles», gesticula como un simio a punto de darle una hemiplejia y el presidente habla por teléfono. Las gentes se encrespan y quieren al Presidente fuera del palco, formándose una grandísima bronca mientras vuelven a picar al toro. Una vez aclaradas las cosas se va el pica camino del patio de caballos y Ferrera desiste de banderillear, dejando que Curro Vivas clave sus dos pares y Azuquita deje una en el toro. Luego Ferrera se va a brindar a Ureña a la puerta de la enfermería y comienza una faena algo acelerada de aire más pueblerino en la que brilla una buena serie con la izquierda de excelente colocación y después otra mirando al tendido. En la siguiente serie, esta vez con la derecha, el toro se le queda y él aguanta con decisión. La plaza vitorea su faena a más y cuando el torero decide matar, se lleva el toro a los medios y allí le deja para él irse al burladero del 9 y desde allí iniciar su camino hacia el toro con la espada por delante, dejando una estocada delantera y entera que el toro fue escupiendo y que fue refrendada con un descabello tras el aviso. El toro tampoco abrió la boca. Las gentes pidieron con fuerza la oreja que le abría la Puerta Grande a Ferrera.

Creo que prácticamente todos los que estuvimos hoy en la plaza salimos con la feliz sensación de haber disfrutado de una gran tarde de toros, muy entretenida, en la que, además, se dieron cosas que jamás habíamos visto. En cuanto a esa manera extravagante de matar de Ferrera pensamos que los que le censuraban se rasgaban las vestiduras igual que lo harían los contemporáneos de Costillares cuando le vieran poner en práctica su invención del volapié.





ANDREW MOORE

















Adolfo Martín

FIN

MADRID/ 21ª San Isidro.- Qué corrida / por Jorge Arturo Díaz Reyes


Paco Ureña corneado por “Peluquero” el 3°. Foto: Las Ventas

'Antonio Ferrera en maestro heterodoxo, corta orejas al segundo y al sexto, abriendo la Puerta grande. Paco Ureña heroico termina su lidia, corneado, bajo gran ovación. Manuel Escribano silenciado. Serio y exigente encierro de Adolfo…'

Qué corrida

Jorge Arturo Díaz Reyes
CrónicaToro /Madrid, 31 V 2026
El toro señores. Cuando Paco Ureña cruzó el ruedo corneado hacia la enfermería bajo una ovación en pie de toda la plaza llena, después de haber dado muerte al fiero tercero que le había buscado y buscado, y cantado la cogida. La tarde había dejado de oler a hule y ahora olía a sangre, pero también a valor y torería.

Los toros de Adolfo Martín parecían haber tomado la plaza. La cogida de Paco fue pavorosa desde que lo levantó ya lo llevaba herido, luego jugó con él en el aire tirándole puñaladas y al caer lo buscó en el suelo con saña. Era astifino, veleto, muy armado, como toda la corrida. Que fue muy enrazada, entipada, y exigente al máximo. No regalo nada. Como debe ser.

El primero y el segundo había pasado imponiendo miedo y cautela, dejando silenciados los riesgos y sudores que sus lidiadores habían derrochado frente a sus erizadas testas, y el tercero cobró sangre, ya dijimos. La tarde parecía de ellos. Y saltó, “Peluquero”, cinqueño como todos, menos el segundo, en 515 kilos, y un escaparate puntiagudo. Cuatro verónicas y media de Ureña le pararon en los medios. Atacó en las varas de Richi Romero con desigual presteza, pero similar empuje. Luego espantó a Azuqita y a Soler que no atinaron sino a tirarle los palos de a uno en uno bajo la protesta general. Sin brinda, Paco lo sacó a tirones hasta los medios y allí se planteó la batalla, pase, amagué, pase, revuelta, pase, colada, pase, cogida. El murciano estoico, como es, se negó a las ayudas, continuó la lidia, maltrecho, hasta derribar al victimario de una estocada honda, caída y un descabello antes irse por su propio pie a cirugía.

Entonces, saltó “Mentiroso” el cuarto, con tremenda cara, y Antonio Ferrera, lo recibe con un lanceo muy de brega y una media en los medios. Fue de pronto, cuando la tarde cambió a favor del toreo, pues Ángel Otero, tomó los palos y se fue al balcón del cárdeno, metió su cuerpo en él, y clavó dos pares de una verdad e impactó, que levantaron la plaza en un clamor. Saludó montera en mano. Los naturales ligados y el forzado mostraron que los toreros comenzaban a ganar terreno..., y la faena cogió por los caminos de la lidia dominante, poderosa y efectiva, antañona, a derecha e izquierda. El pequeño maestro, se engrandecía, tomaba propiedad de ruedo y tendido. Cinco derechas redondas, un ayudado y un desplante de ovación firmaron la victoria. Se echa la muleta al hombro, se aleja quince metros para citar a recibir, pincha arriba y a continuación, en la misma forma coloca un espadazo contrario pero fulminante. Que rodó al bravo, que fue arrastrado bajo gran ovación. De no ser por la descentrada colocación del estoque. Las dos orejas hubiesen caído. Había unanimidad expresada en la triunfal vuelta al ruedo y el derroche de prendas.

Tuvo que lidiar y sexto por su compañero herido al que lo brindó, y ahí se comprobó que el gran Ferrera estaba de vuelta a sus casi treinta años de alternativa. Desatado, dio rienda suelta a su imaginación, hizo de todo, hasta bajar al picador, montar, colocar dos varas estupendas, desmontar, coger su capote azul y hacer el quite con dos chicuelinas y una serpentina en medio del manicomio en que había convertido la plaza. Entonces, el presidente, don Pedro Fernández Serrano, se negó a cambiar el tercio, nadie sabe porqué. En medio del forcejeo, el toro entró de nuevo al caballo, y se formó la bronca de las broncas. La faena continuó pasional hasta la espada honda desprendida y ya el palco no pudo contener la tremenda petición, concediendo la oreja y las llaves de la puerta mayor.

Manuel Escribano, dos veces a portagayola, que no es poco, y en Las Ventas, anduvo desacertado con las banderillas en el segundo y se reivindicó con ellas en el quinto. Por lo demás, con capote, muleta y espada, pasó cauto y soso, sin ponerse a la altura de su fiero lote. Mató ambos mal y avisado, pasando en insatisfecho silencio. Gran encierro de Adolfo. El toro es la emoción.

  • FICHA DEL FESTEJO
Madrid. Domingo 31 de mayo 2026. Plaza de Las Ventas. 21ª de San Isidro.
Sol 34ºC. Casi lleno. toros de Adolfo Martín, cinqueños, excepto el 2º, 531 kilos promedio, entipados y bravos.

Antonio Ferrera, silencio, oreja y oreja.
Manuel Escribano, silencio tras aviso y silencio tras aviso.
Paco Ureña, cornada y ovación,

Incidencias: Al final del festejo Antonio Ferrera salió a hombros por la puerta grande.

domingo, 31 de mayo de 2026

San Isidro'26. El toreo a caballo como laboratorio del toreo a pie. (Por lo que toque a Talavante) / por Pepe Campos



Plaza de toros de Las Ventas.
Sábado, 30 de mayo de 2026. Vigésimo festejo de San Isidro. Segunda corrida de rejones. Cartel de no hay billetes. Tarde primaveral muy calurosa.

Toros de María Guiomar Cortés de Moura, de sangre Murube-Urquijo, con los pitones desmochados, muy nobles, incansables persiguiendo a las cabalgaduras. Un punto más allá de pastueños.

Toreadores: Rui Fernandes, de Almada (Portugal), vestido A la Federica, con casaca verde manzana con bordados dorados y calzón corto beis; veintisiete años de alternativa; veintiún festejos en 2025; saludos y saludos. Diego Ventura, de Lisboa (Portugal), traje campero, chaquetilla azul marino oscuro y pantalón azul oscuro; veintisiete años de alternativa; cuarenta y cuatro festejos en 2025, silencio y dos orejas, la segunda sin petición. Lea Vicens, de Nimes (Francia), traje campero, chaquetilla gris claro con bordados en blanco y pantalón gris oscuro; quince años de alternativa; treinta y nueve festejos en 2025; oreja y silencio.

PEPE CAMPOS
Con el público del rejoneo no hay quien pueda. Ayer, día de la final de la Champions futbolística, en el mismo horario, en la plaza de Las Ventas hubo lleno a rebosar. ¿Qué hubiera pasado de haber llegado a ese evento el Atlético de Madrid? Por lo pronto no lo podemos saber. Es un tipo de multitud la que acude al espectáculo del toreo a caballo que se muestra durante todo el festejo feliz e incansable petitoria de trofeos para los caballeros (ayer también una amazona) que salen a lidiar unas reses inagotables en su misión embestidora. Los bovinos que se torean en el rejoneo son unos animales que se manifiestan bajo control remoto. Un control que ha sido creado en el laboratorio de la tienta de las ganaderías especializadas en el toreo (realizado desde bellos equinos) y que se les inocula tras una esmerada selección a que estos astados (a los que se les desmocha los pitones) sean capaces de perseguir a todo ser que por delante de ellos se mueva, poco o mucho, con paradas o galopando, llevándoles por las tablas de los cosos o conduciéndoles por los medios, haciéndoles quiebros o en sentido lineal; se podría decir, tal y como son capaces de obedecer estos toros a las llamadas de los caballos, que sienten una orden genética para estar sometidos a cualquier mandato que un equino les demande. Ya sea en esfuerzos cortos o largos, al inicio o al final de las faenas, en solicitudes de humillación o en ruegos para que levanten sus testas si se les quiere sentir cerca de los estribos para situarles los rejones. Un comportamiento que se observa realizan los toros en las corridas de toreo a caballo; una clase de conducta que ha quedado históricamente fijada para estos festejos, si bien detrás de ese mandamiento se encuentra la clave de lo que vemos sucede en las corridas de toreo a pie. 

La pista la encontramos en la obra El toro de lidia y su historia ganadera de Cesáreo Sanz Egaña (1947), cuando se nos dice en relación al papel que ha jugado el toro del toreo caballeresco desde los inicios de la historia de la tauromaquia: «Hemos de admitir que con anterioridad al siglo XVIII los toros destinados a las fiestas públicas eran sacados de las vacadas corrientes: ahora bien, las exigencias de los caballeros que toreaban, contribuyeron como siempre: el deporte fue poderoso estímulo para crear una especialización en la crianza del toro». Visto hoy en día podríamos certificar que es una especialidad (la cría del ganado de lidia) que ha llevado al toro bravo hacia los terrenos de una máxima obediencia. Detrás de la «exigencia de los caballeros» podemos situar la «exigencia de las figuras del toreo a pie» actuales.

La amenaza siempre existió porque el hombre corrompe lo que toca.

Un concepto clásico de la tauromaquia había servido de dique de contención para evitar el desbordamiento de las ansias de alcanzar lo bello. Pero desde ahí hasta el engolamiento presente. En la preceptiva del toreo caballeresco del siglo XVII se decía que la cualidad principal del caballero era la de saber ver y dar respuesta adecuada a la diversidad de embestidas y tipos de astados que salían de los toriles en aquella época. La variedad de comportamientos de aquellos astados era enorme, desde el toro claro al toro madrigado, desde el boyante al remiso, desde el liso al que culebreaba, desde el bravo al manso. 

La propia historia de la tauromaquia siguió ese andar hasta llegado el siglo XXI, donde las cosas parece que se han concretado en la fabricación de un astado bienmandado, sin atisbo de fiereza, al que se le ha eliminado toda condición animal y se le ha convertido en un juguete de peluche (el borreguito Norit). Cuando acudimos al espectáculo del rejoneo vemos a las claras cuál ha sido la base de la creación de este tipo de bóvido que no lucha en las lidias sino que es un metódico funcionario de perseguir objetos sin intención de causarles desasosiego sino ofrecerles placer. El regocijo (por parte del toreador —y ahora también del torero—) de sortear embestidas limadas de asperezas, plenas de contento, acometidas «artísticas» planificadas desde la selección de las tientas. En conclusión, hemos llegado a la generalización del toro artista que había ideado Juan Pedro Domecq. Era una deriva que podía hacerse realidad si los ganaderos atendían las exigencias de los toreros que se les ha considerado figuras o figurones. Porque ser figurón significa dominar, y ese dominio parece que exige que el toro bravo deje de existir y se convierta en un ser aborregado, mecánico, chisposo, alegre pero claudicante, sumiso bajo un trapío de cartón piedra. 

De tal guisa llevamos una Feria de San Isidro donde ha dominado este tipo de toro, y su máxima exposición se pudo apreciar con la lidia del ejemplar de Torrealta (Domecq), Curioso, que le tocó en suerte al diestro Alejandro Talavante. Aquella pantomima y mofa del toro de lidia —un astado plástico— coló en Madrid el último viernes, y sabemos que corroe la tauromaquia en las plazas de España y de Francia. Talavante en su trasteo dio a entender que era un intérprete de toreo adamado. Un tipo de toreo que hace furor en el escalafón del toreo a pie porque ese toro permite esa clase de belleza (inquietante, desasosegante, turbadora). Una lindura que surge del tipo de toro que se ha creado para el toreo a caballo de nuestros días.

Ayer sábado esa interpretación pícara y amadamada del arte de los toros en la corrida de rejones que se celebró en Las Ventas le correspondió llevarla a cabo a Diego Ventura, pues hizo con el toro (ya predispuesto) todo lo que quiso; incluso, uno de sus caballos, el afamado Bronce mordió de manera indigna el pitón cercenado del burel como si le vomitara un concepto pútrido de la belleza. Y el gentío aplaudía. A Talavante el viernes cuando se pasaba al toro «claudicante» por la zona sexual de su taleguilla, una y otra vez, gran parte de la muchedumbre aplaudió y le vitoreó. A un toro de verdad no se lo podía haber hecho. Faltó un nuevo Miguelín que hubiera saltado al ruedo para subirse al torito de Talavante y deshacer el engaño. 

En el caso de Diego Ventura (ayer) estuvo ausente que su toro no hubiera estado afeitado ni cercenado de genes fieros. Ya hemos comentado anteriormente que este rejoneador concibe el toreo a todo trapo, como si condujera una moto de 50 cc trucada. Rapidez y velocidad. Piruetas y sombrerazos (un comino le importa su tocado). Conducciones temerarias porque el toro no hiere (y él deja que le toquen a sus caballos, que les corneen porque no hay lugar a la herida). En definitiva, un tropelío (tropelía) de tauromaquia. A ambos toros les puso diez hierros y utilizó en la segunda lidia cinco caballos. En su primer toro destacó montando a Quírico que recibió cornadas; también con Quitasueño y Brillante. Largas conducciones y toreo al violín. Mató mal. Con el quinto toro el despliegue de ataques fueron una avalancha sin cesar. Fijó en círculo con Oro negro. Condujo interminablemente con el maravilloso caballo Nómada que recibió a cambio tres cornadas. La lió con Lio, con mucho toreo en falso. Mordió con Bronce. Y mató con Brillante, con el que hizo el teléfono, y pinchó antes de dejar un rejón bajo. El presidente Pedro Fernández Serrano (peligro público número 1) le regaló la segunda oreja.

Rui Fernandes tiene otras formas más sosegadas y relacionadas con el toreo clásico. Ayer no tuvo del todo su día. Pero hubo fases en las que se recreó en el toreo al quiebro con elegancia (en su primer toro) montando a El Dorado. Se apretó más en las suertes de banderillas cortas con Iceberg. Mató mal. La media de hierros que clavó fueron ocho en cada uno de sus toros. En el cuarto de la tarde volvió a brillar al quiebro con El Dorado, y para obtener el éxito, con piruetas, sacó a Mistral, pero no estuvo atinado. Volvió a matar mal y su actuación quedó en modo de espera.

Lea Vicens, bella amazona, toreó despegada respecto al toro, aunque en ello vimos algo positivo porque no se dejó dar tantas cornadas (no como el figurón que ayer la precedía en la lidia). Clavó muy por detrás, de lejos. Toreó sin dominio. Destacó en su primer toro montando a Bético, un armónico caballo. Mató con dos tiempos, y el presidente Pedro Fernández (ese peligro sedente que habita en Las Ventas) le regaló un trofeo. En el sexto toro, tan obediente como el resto de sus hermanos, Lea Vicens volvió a desarrollar lo mejor con la monta de Bético. Normalmente clavando por delante y a distancia. No mató bien y Pedro Fernández no pudo ser generoso. Puso ocho y nueve hierros respectivamente.

Mexicanos en Madrid: O se es Dr. Jekyll o se es Mr. Hyde / por Jorge Eduardo

 Isaac Fonseca, carrera de resistencia

'..En la categoría de los matadores de toros, Isaac Fonseca y Bruno Aloi completaron el paso mexicano por la feria de San Isidro 2026, sin lograr cambiar el sino de esta edición..

Mexicanos en Madrid: 
O se es Dr. Jekyll o se es Mr. Hyde

Por Jorge Eduardo - México
Después de tres presentaciones consecutivas, nuestra lectura anterior sobre la torería mexicana se fortaleció definitivamente antes que desmentirse, desafortunadamente.

Después de la actuación del Calita —quien encabeza a nuestra torería en cuanto a número de actuaciones en la última década— fue inevitable reflexionar sobre lo complicado que luce para uno de los nuestros llevar un trasteo más allá de lo estrictamente voluntarioso en la plaza de Madrid. Atribuí este fenómeno a lo que jocosamente llamé metodología del orejómetro: un auténtico modus operandi para mandar reses sin orejas al desolladero a lo largo y ancho de México, y a lo nocivo que resulta para las aspiraciones de nuestros espadas. Algunos más atrevidos incluso han bautizado a ciertas piezas musicales, como la Pelea de Gallos, con sobrenombres como “la mochaorejas”.

La perniciosa costumbre de abusar de estos recursos y las dificultades que eso plantea para nuestros toreros de cara a sus compromisos de máxima exigencia en Madrid, bien pudieran ejemplificarse haciendo referencia a la conocida obra de Stevenson: El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. En ella, un respetado médico inventa un menjurje mediante el que asume una personalidad que deforma su comportamiento y da rienda suelta a sus más bajas pasiones, aunque también le permite retomar su pulcra identidad original a voluntad. Poco a poco, el macabro señor Hyde acaba por apoderarse del doctor Jekyll, quien contempla con desesperación como su alter ego lo despoja de sus aspiraciones.

Pues bien, en un ejercicio que exige el grado de honestidad, de ofrenda de la propia existencia y de claridad técnica y artística que demanda el toreo, no hay pócima capaz de traer de vuelta al Dr. Jekyll de los adentros de quien está acostumbrado a ser Mr. Hyde. Transformarse en el hotel y ponerse, junto con el traje de luces, la máscara de un torero desprovisto de chabacanerías y dispuesto no solo a poner los muslos, sino a cuajar con autenticidad a verdaderos corridones mastodónticos de Partido de Resina, Pedraza de Yeltes o hasta de los vituperados de Juan Pedro Domecq, resulta material y metafísicamente inconcebible.

Así, pues, nuestras infanterías lucen desarmadas ante la dureza, la rigidez y la puesta a prueba conceptual que significa pasar por Madrid. Sus herramientas son el valor, la sinceridad, la honestidad, la voluntad y la solvencia técnica, elementos esenciales para cualquiera que se ponga en la cara del toro. Tan no son poca cosa que la afición de Madrid generalmente responde de buena gana a las actuaciones de los nuestros, especialmente si se les compara, por ejemplo, con las de reconocido diestro peruano. Lo que se echa de menos es el arsenal para trascender ese nivel, para enardecer a las masas y acariciar la gloria torera, el pináculo, el paroxismo de esta fuente de emociones que es la fiesta de toros.

Ahí es cuando, de nuevo, irrumpen cual truenos en la memoria, los molinetes de rodillas, las dosantinas sobre pies, la banda tocando la mía o la de aquí, los desplantitos cansones o el toreo burdo sobre pies hecho pasar por vergüenza torera. Es decir, Mr. Hyde paseando a sus anchas por rancherías, pueblos y plazas de primera. Mientras el Hyde literario era sanguinario y despiadado, los Mr. Hyde toreros son indultadores. Nada de eso se puede hacer en Madrid, y si el arsenal mochaorejas ya se veía mermado en la Plaza México, cuantimás en Las Ventas.   

En la categoría de los matadores de toros, Isaac Fonseca y Bruno Aloi completaron el paso mexicano por la feria de San Isidro 2026, sin lograr cambiar el sino de esta edición. Un paso decoroso, con momentos interesantes —como la lidia del michoacano al primero de su lote, o el quite y pasajes de muleta del capitalino con el toro de su confirmación— pero lejos de la ansiada puerta grande cerrada a piedra y lodo desde hace 54 años. Acostumbrados a triunfar en México con la personalidad de Mr. Hyde, el retorno al Dr. Jekyll fue un peldaño difícil de saltar. No es contra ellos ni contra el Calita; ponga usted el nombre que quiera y la conclusión sería fastidiosamente similar.

Podría argumentarse que algunos españoles vienen a México a hacer exactamente lo mismo. Y sí, es cierto. La diferencia es que, en su mayoría, ellos tienen el dominio de Mr. Hyde y pueden escoger cuándo serlo o cuándo no. Por el contrario, invocar a Jekyll de la nada, es mucho más difícil.

Así que como dijera cierto expresidente, es hora de definiciones: o se es Dr. Jekyll o se es Mr. Hyde. Es válido tomar el lado que mejor convenga: muchos toreros, tanto grandes figuras como modestos, han optado por morirse con la suya y asumir su nicho, pues el Hyde taurino no es intrínsecamente malvado como el literario. No todos estaremos de acuerdo, pero eso no le restará un centavo de legitimidad a tal elección. Porque poder, se puede. Por ahí Aloi dejó entrever una declaración de intenciones con sus brindis a la clase dirigente española. Digo, un detalle menor pero evidente.

El novillero Emiliano Osornio está en otra situación por la que nuestros matadores ya pasaron. Va por buen camino.

No quisiera omitir un comentario sobre el concierto, el recital a la verónica de Diego Urdiales el 28 de mayo. Ah, hombre, qué prodigio. Si a Morante lo acompaña la gracia repajolera y barroca de la tauromaquia sureña, su contraparte es la reciedumbre, el valor seco, la solemnidad y la difícil facilidad de la tauromaquia castellana que practica Diego Urdiales. Qué deleite verlo además con la muleta, en fin, qué gran torero es don Diego.

Mientras tanto, en México…

Domingo 31, Cinco Villas, 13 horas. Los Encinos para Castella, El Payo y San Román. Suerte.

Varios eventos taurinos o relacionados de importancia. En primer lugar, el foro en el Congreso de Hidalgo en el marco de la intentona de prohibir los otros, que fue vital para enderezar el rumbo de las cosas en aquella batalla. Hoy, los antitaurinos han topado con pared dada la aprobación de una consulta popular que parece poco viable y que probablemente nunca se realice.

En la Asociación de Matadores de la Ciudad de México, dos foros taurinos organizados por nuestro colega Fermín Josep. En el primero, el doctor José Antonio González y la doctora Tonantzin Rivero expusieron sobre la aportación zootécnica del ganado bravo mexicano. En la segunda edición, el doctor Salvador Arias y mi querido amigo Borja Ilián expusieron puntos de vista legales y sociales sobre la tauromaquia y su lugar en la sociedad. Dos sabrosas charlas con mucha tela de dónde cortar.

Las consideraciones políticas y sociales al respecto de la situación de la fiesta en nuestra ciudad y los distintos fenómenos que han presionado por su desaparición, no necesariamente están en franca oposición a ella. Por eso, aunque pudiera parecer un dato menor, la inminente demolición del salón de fiestas y restaurante El Ruedo, el bar más cercano a la Plaza México, no lo es tanto.

La presión inmobiliaria, los intereses del capital producir el mayor ingreso posible por encima del tejido social taurino y vecinal, la indolencia ante la sobrecarga de la infraestructura y los servicios urbanos, la explosión de los costos de alquiler, entre otros muchos factores, se materializan en la pérdida de un lugar como el Ruedo, que se lleva muchos recuerdos consigo. Los animalistas, que muchas veces pretenden asumirse como una causa de izquierda, están al servicio de estos intereses y de estos procesos, que se conocen como el cártel inmobiliario. Y algunos taurinos, también…

…o quienes creíamos taurinos, pues alguno hasta matador de toros es… ¿Otro Mr. Hyde?...  

Opinión y Toros

El pañueleo en Las Ventas / por Ricardo Díaz-Manresa


'..La sociedad está como está y los toros es muy difícil que no se contagien. Pero la plaza de las Ventas no debe ser fácilmente pañuelera sino justa..'

El pañueleo en Las Ventas

Ricardo Díaz-Manresa
Nunca vi más rara la plaza de las Ventas ni me vi tan escéptico. Mucho pañueleo, lo que puede ser bueno o malo. Hay cosas positivas como la cantidad de público que acude a la plaza de Madrid y, sobre todo, a las novilladas y a algunos carteles de relleno. Y novilleros triunfadores que han sorprendido.

Queda claro que entre el público cada vez hay más jóvenes, muchos de ellos muy jóvenes y parte casi niños, que forman una buena masa cuando se lanzan a la arena para acompañar en la salidas a hombros a los triunfadores. Niños sí, también, por que se añade una nueva sorpresa : ¿son espectadores de pago, tiene carnet de acceso a la plaza, sacan su entrada o los dejan entrar al final cuando ha terminado el festejo?. La realidad es que vemos a muchos descendiendo de los tendidos, saltando la barrera y llegando a la arena.

Y a novilleros, con pasado o sin él, metiéndose al público en el bolsillo y originando un pañueleo, que termina en orejas y en puertas grandes que se pueden obtener superando la dureza del público, que por ahora no existe, o por justicia, generosidad o regalo. Lo que sí hay es mucho pañueleo pero paradójicamente no suficiente para la ansiada mayoría que siempre proclaman los de la tele que ven pañuelos por todas partes. Sí público pañuelero.

Y después vienen los presidentes, también pañueleros, con mano blanda para sacar los pañuelos que colman los deseos del público. Los del palco deben impartir justicia y no hacer regalos, aunque con los que empiezan se puede tener alguna generosidad.

El pañueleo de la afición puede venir por tanto público advenedizo, entre los que hay que contar con los jóvenes, lógicamente poco formados, pero que tienen pañuelo.

Todo este ambiente lo puede haber ido formando la televisión con tantos festejos en directo que van abriendo los deseos de los espectadores de acudir a la plaza e intervenir en el desarrollo del festejo.

Y mientras el público aprende hasta hacerse entendido, pueden caer puertas grandes que no favorecen al prestigio de la que, se hartan de repetir todos, es la primera del mundo y que en más de una ocasión, y más de dos, no lo parece. No se trata de ser duros, sino justos. Y esto vale tanto para espectadores como para presidentes.

Bueno, queda la parte positiva y clara de la esperanza porque tanto público así lo da a entender, que ahora lo importante es, después del aluvión, que se mantenga como aficionado y siga acudiendo a los tendidos. Ahora no se les puede parar pero sí pedirle a la masa aficionada entendida que no se nos vaya la plaza de las manos.

Que por otro lado es un caso especial en Las Ventas, pero que ya se va extrapolando a otras plazas, por supuesto en el aumento del número de jóvenes, fenómeno que ya parece ser general, aunque cada coso con sus números.

Pañueleo por tanto en los espectadores, jóvenes o menos jóvenes, y no admisible en algunos presidentes que largan el moquero blanco de las orejas en cuanto ven la oportunidad.

Y que la primera lo siga siendo más o menos. La sociedad está como está y los toros es muy difícil que no se contagien.

Pero la plaza de las Ventas no debe ser fácilmente pañuelera sino justa.

MADRID/ 20ª San Isidro El jinete máximo / por Jorge Arturo Díaz Reyes

Diego Ventura con “Fazaendito” el 5°. Foto: Las Ventas

Diego Ventura en vibrante faena desoreja el quinto y abre la Puerta grande de Las Ventas por vigésima vez, en la vigésima corrida de la feria. Lea Vicens corta oreja del tercero y Rui Fernandes saluda por partida doble. Encierro bravo de Moura...

El jinete máximo

Jorge Arturo Díaz Reyes
CrónicaToro / Madrid, 30 V 2026
El jinete máximo del mundo, Diego Ventura ha llegado a una cifra de triunfo en la plaza de Madrid que resulta inverosímil. Pero estos números que podrían verse como un récord o una estadística curiosa, son el reflejo de una carrera maravillosa de un torero a caballo, que ha llevado su maestría y su compenetración con el caballo más allá de lo humanamente pensable. Viéndolo sin parcialidad, sin simpatía personal siquiera no deja otro camino que rendirse a lo que va más allá de la realidad, la doma lograda en su cuadra que lo convierten en un solo ser con cualquiera de las cabalgaduras, un solo ser que torea despertando, más allá de la admiración por la perfección técnica, de la sorpresa por la consecución del imposible, una pasión estética que conmociona los los públicos. Es imposible escapar a ella. El talento innato de un hombre, afinado por la pericia de una larga carrera de inmersión en su arte, han producido este fenómeno que parece ya seguramente irrepetible. La época actual de la tauromaquia puede considerarse privilegiada de tenerlo.

Hoy en su capitular Puerta grande número veinte en la primera plaza del mundo, no ofició, la técnica, no ofició, la suerte, no ofició la representación. Ofició la emoción incontenible de una plaza desbordada de gozo y admiración. Las dos orejas del quinto, de doña María Guiomar Cortés de Moura, el bravo “Fazaendito” no admiten discusión, así halla tema para intentarla. No fue la faena perfecta, fue la faena pluscuamperfecta, porque embargó a todos, Pese a que hubiese necesitado tres quiebros para poner la primera banderilla larga a lomos de Lío. Pues cada uno fue tan veraz y bellamente realizado, que lejos de parecer una errónea pasada en blanco fue una ocasión más de disfrutar su ejecicio. No importa que al final hubiese un pinchazo en sitio barrenado. No importa porque fue ejecutado genialmente y con la ilusión de completar una obra de gran contenido emocional. Cómo estaba la plaza. Pues digámoslo también, todos querían hacer parte de la efeméride, hacer parte de él, de la leyenda.

No importa que el rejón total final arriba fuese de efecto tardo, porque todos valoraron el modo como fue oficiado. Y al final cuando rodó el bravo y la petición total y estruendosa obtuvo de su señoría don Pedro Fernández Serrano el premio máximo se desató una celebración que superaba el superlativo significado aritmético de su cifra. Los aficionados al rejoneo, que no son todos los mismos que los del toreo a pie, se tiraron al ruedo, se lo echaron a los hombros, lo pasearon por el teatro de su hazaña y se lo llevaron a hombros por ese portón que todos sueñan y que para él parece el único para salir de esta plaza.

Sus dos faenas fueron de gran calado, la primera no concluyó en demencia pública como la segunda, porqué pinchó cinco veces y al final clavó el rejón contrario. La gente que había seguido la brega con locura, pareció rencorosa por haber emborronado la obra, pues ni siquiera le aplaudieron. Y lo merecía, por supuesto. Ya lo decíamos, el no es perfecto, es genial, es Diego Ventura el hombre-caballo, el hombre-caballo que torera, el hombre-caballo que deslumbra. El hombre-caballo leyenda

Rui Fernándes, un maestro con veintiocho años de oficio, realizó sus dos solventes faenas con la facilidad del perito y salió a saludar dos veces, digo salió porque nadie se lo pidió

Lea Vicens, es además de gran jinete, carismática y bien montada. Acertó en su primera faena y cortó una justa oreja, en el último de casi seiscientos quilos, no tanto, pero la ovacionaron. Ambos, ella y Rui, estuvieron bien, pero es tan difícil torear al lado de Ventura. Imagino que es como tratar de pintar un mural frente a uno que estuviese pintando Miguel Ángel. Dicen que así, le pasó a Leonardo y no aguantó.

  • FICHA DEL FESTEJO
Madrid. Sábado 30 de mayo 2026. Plaza de Las Ventas. 20ª de San Isidro. Sol 34ºC. Casi lleno
Seis toros arreglados para rejones de María Guiomar Cortés de Moura, encastados y nobles.
Rui Fernandes, saludo y saludo tras dos avisos.
Diego Ventura, silencio y dos orejas.
Lea Vicens, oreja y ovación.

Incidencias: Al final del festejo Diego Ventura Salió a hombros por la puerta grande.