la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

martes, 18 de agosto de 2026

Villaseca de la Sagra: Una programación históricael en el XXVI Alfarero de Oro 2026 / Del 3 al 10 de Septiembre


Villaseca de la Sagra  se acerca a la celebración del XXVI Certamen de Novilladas Alfarero de Oro 2026, una edición muy especial que reafirma el prestigio de uno de los ciclos novilleriles más importantes de España y que volverá a convertir a la localidad toledana en punto de encuentro imprescindible para los aficionaados.

Las combinaciones anunciadas reafirman de nuevo el afán del ayuntamiento de la localidad toledana, con su alcalde Jesús Hijosa al frente, en el fomento y apoyo a la tauromaquia como continuación y respeto a la arraigada tradición popular. 

El prestigioso certamen  se desarrollará del 3 al 10 de septiembre, con el tradicional descanso del 8 de septiembre, festividad de la Virgen, jornada en la que, como es costumbre, no habrá festejos.

Carteles del XXVI Alfarero de Oro 2026
  • Jueves 3 Septiembre
-Novillos De Ana Romero
Jesús Romero
Sergio Rollón
Ruiz De Velasco
  • Viernes 4 Septiembre
-Novillos De Pedraza Yeltes
Iker Fdz “El Mene”
Martín Morilla
Simón Andreu
  • Sábado 5 Septiembre
-Novillos De Conde De Mayalde
Emiliano Osornio
Jorge Hurtado
Manuel Quintana
  • Domingo 6 Septiembre
-Novillos De Montealto
Gonzalo Capdevila
Cristian González
Emilio Garcia Torres
  • Lunes 7 Septiembre
-Novillos De Alcurrucén
López Peregrino
Juan Alberto Torrijos
Rafael De La Cueva
  • Miercoles 9 Septiembre
-Novillos De José Escolar
Daniel Pérez
Alberto Donaire
Emiliano Ortega
  • Jueves 10 Septiembre
-Novillos De Hijos De Celestino Cuadri
Joao D Álva
Jesus De La Calzada
Antonio Aparicio

Con esta nueva edición, el Ayuntamiento de Villaseca de la Sagra vuelve a apostar por una combinación de ganaderías de interés y jóvenes novilleros llamados a protagonizar el futuro de la Tauromaquia, manteniendo la esencia que ha convertido al Alfarero de Oro en una referencia nacional.

Fotografía: Jesús Cárdenas

Trofeos al torero tras un indulto / por Rafael Comino Delgado


'..Reglamento de Andalucía, art. 57-5. En las plazas de toros de primera categoría en el supuesto de indulto, al no ejecutar con la espada la suerte suprema, solo se le podrán conceder como máximo dos orejas simbólicas..' 

Trofeos al torero tras un indulto

Rafael Comino Delgado
Todos los reglamentos taurinos, y más concretamente el de Andalucía  publicado en 2025 (este, en su artículo 56.c ), dicen claramente  que la segunda oreja de una misma res y, excepcionalmente, la concesión del rabo quedará a criterio de la presidencia del espectáculo, que deberá tener en cuenta, a tal fin, la petición mayoritaria del público, las condiciones de la res, la buena dirección de la lidia en todos sus tercios, la faena realizada tanto con el capote como con la muleta y, fundamentalmente, la forma de ejecutar la suerte de matar y la colocación de la espada.  Además, en el Reglamento andaluz, artículo 57 dice, entre otras cosas: 

3. Concedido el indulto a la res, si el diestro fuera premiado con la concesión de una o de las dos orejas o, excepcionalmente, del rabo, se simulará la entrega de dichos trofeos; 
4. Queda prohibido conceder el indulto en plazas no permanentes o portátiles, así como en festivales taurinos; 
5. En las plazas de toros de primera categoría en el supuesto de indulto, al no ejecutar con la espada la suerte suprema, solo se le podrán conceder como máximo dos orejas simbólicas. 

Sin embargo, en el Reglamento español de 1996, si se contempla que, en cualquier plaza que se pueda indultar, tras indulto se puedan conceder al matador trofeos, incluso el rabo.

Queda pues meridianamente claro que en las plazas andaluzas de primera (Sevilla, Córdoba y Málaga) tras indulto no se debe conceder el rabo, por muy buena que haya sido la faena con capote y muleta, pues no se ha ejecutado la suerte de matar, que es fundamental en la faena, realmente es la rúbrica, y un documento no firmado o mal firmado carece de validez.

Estoy de acuerdo en que no se pueda indultar en plazas no permanentes o portátiles, ni en festivales. También estoy muy de acuerdo en que tras el indulto, en plazas de primera no se deba conceder el rabo, porque no hubo suerte de matar, fundamental para conceder la segunda oreja y el rabo. Sin embargo, no entiendo que en plazas de primera, segunda y tercera, en las que es legal el indulto si se cumplen las condiciones mencionadas, se pueda conceder la segunda oreja, e incluso el rabo (en las de segunda y tercera), cuando no ha habido suerte de matar, condición fundamental para otorgar al torero tales trofeos. Creo que es una contradicción del Reglamento, pues si la estocada es tan importante, y así debe ser, no solo en plazas   de primera, sino en todas, al no haber estocada no se debería conceder más de una oreja. Por tanto, creo que o se quita tanta importancia a la suerte de matar como se da en el artículo 56.c (con lo cual yo no estaría de  acuerdo) o tampoco se debe conceder segunda oreja tras indulto, y menos el rabo, ya que no ha habido suerte de matar. Nosotros pensamos que si la faena no ha sido buena es dificilísimo que haya indulto, porque el toro no ha mostrado toda su bravura, todo el fondo que lleva dentro.

La legislación, entre otras cosas, debe ser coherente, lógica, lo que no debe hacerse es legislar a capricho. En Andalucía hay plazas de segunda con tanto prestigio como alguna de primera, por tradición, por número y calidad de los festejos que da, por asistencia de público a los mismos, por la presentación de los toros, por tener una afición muy entendida, etc. y según el actual reglamento si se puede conceder el rabo tras un indulto.

El no conceder al matador segunda oreja y menos rabo, en plazas de primera, segunda y tercera, tras indulto, tendría la ventaja de que, como todos sabemos, muchos indultos son provocados por el propio matador y su cuadrilla, especialmente en plazas de segunda y tercera, induciendo la petición en el publico fácil (para evitarse el entrar a matar), pues sabría de antemano que si hay indulto no podrá cortar la segunda oreja y el rabo. En resumen, ¡legíslese con sentido común!

Colombia.- Minuto y medio… / por Jorge Arturo Díaz Reyes

Rescate de un bebé entre los escombros, Cali. Fotograma TV

'..De pronto, tras un eterno minuto y medio, todo se fue calmando, calmado, como por encanto. Y unos con pavor, otros con risa comenzamos a mirarnos las caras, a darnos cuenta de que habíamos sobrevivido y a preguntarnos por los que no veíamos..'

Minuto y medio…

Jorge Arturo Díaz Reyes
CrónicaToro / Cali, Cali 17 VIII 2026
El lunes pasado, a dos horas de haber enviado mi anterior viñeta, la tierra tembló. Permanecía en la biblioteca del segundo piso de mi casa, trabajando, descalzo, sin camisa, con solo una pantaloneta. La noche y la madrugada habían sido calurosas.

Al principio la silla se meció suavemente sobre sus rodachinas. Los gritos de mi mujer alertaban pidiendo que saliéramos —Calma, calma, ya pasará —le dije seguro, tratando de serenarla. Los temblores leves aquí no son raros.

—¡No! Salgamos, salgamos ya —me ordenó angustiada, mientras echaba mano del celular, arrancaba el cargador del enchufe y corría gradas abajo.

Sonreí. Pero a través de las persianas en vaivén, vi que la copa del árbol frente a la ventana se sacudía como azotada por el viento. Los pájaros de aquella y de otras ramazones, volaban trinando en desbandada. Dante, mi perro, ladraba nervioso y corría de un lado a otro, como queriendo avisar, quizá sí. Los vecinos salían a la calle confundidos, mirando en diferentes direcciones. Algunos con prendas leves y pijamas, una señora tenía colocado el sostén al revés sobre la blusa. El vigilante había disparado la sirena de alarma y más allá otras ululaban. El clamor, los chillidos, los ladridos, las invocaciones, el ruido sordo de la tierra y las cosas aturdían.

El trepidar in crescendo de todo se hacía frenético, caían libros, cuadros, portarretratos, botellas, la casa estremecida, como sacudida por las manos de un gigante loco, crujía. También los vidrios, los estantes. Los muebles patinaban como sobre la cubierta de un barco en la tormenta.

Me incorporé y corrí por un pantalón que me puse tratando de mantener el equilibrio. Abroché un canguro el cual mantengo a mano con cosas esenciales para mis paseos matinales con Dante. Agarré de carrera una camiseta del perchero y me la fui poniendo con gran dificultad mientras rebotaba entre la pared y el pasamanos.

En la puerta exterior, Imaginé que el balcón y el tejado se nos venían encima. Gritábamos a nuestra hija que saliera, y ella, con uno de sus gatos, “Lulo”, bajo el brazo se internó hacia el patio trasero buscando al otro y diciendo: Sin “Tutú” no me voy. —No pudimos detenerla. Cuando ganamos la calle, buscando alejarnos de las zarandeadas edificaciones y las cuerdas primarias de la electricidad, el pavimento ondeaba, los postes bailaban y el tendido de cables culebreaba.

Una señora negra y gruesa que pasaba, no conocida, no vecina, se arrodilló con los brazos en cruz orando y suplicando a gritos. Los mangos maduros de en frente caían como aguacero, la calle se cubrió con ellos. La implorante, se levantó de repente, sacó de su bolso una talega plástica y comenzó a llenarla de fruta sin dejar de rezar.

Levanté la vista hacia el edificio de doce pisos, una cuadra tras de mi casa, donde habita mi nieto con sus padres en el noveno, y lo vi surfear como barco en lontananza. Sentí miedo por él, por todos y esperé lo peor. Arriba, a la izquierda, sobre las estribaciones de la cordillera occidental, las altas torres de apartamentos parecían querer venirse con ellos en avalancha. El caos y la sensación de acto final eran generales.

De pronto, tras un eterno minuto y medio, todo se fue calmando, calmado, como por encanto. Y unos con pavor, otros con risa comenzamos a mirarnos las caras, a darnos cuenta de que habíamos sobrevivido y a preguntarnos por los que no veíamos. Los acabados de las fachadas y tejas de algunas casas se habían desprendido sobre los antejardines. Revisamos la nuestra estaba milagrosamente intacta.

Tratamos de llamar por teléfono a los parientes y amigos. No había comunicación. Tampoco Internet. Entramos aun inseguros. “Tutú” que se había escondido no supimos dónde, apareció como si no hubiese pasado nada. Tampoco había energía ni agua. La puerta del garaje no funcionaba. Ruby volvió a salir apresurada con Mar hacia la avenida 52, en busca de transporte para ir a comprobar el estado de su madre. Luego me enteré de que lo halló pronto, un viejo y amable taxista que huía la llevó y la trajo. Mi suegra estaba bien, solo aterrorizada.

Me vestí, busqué mi pequeño radio inalámbrico, ya nadie los usa, yo, solo en las transmisiones de las corridas, y mientras escuchaba los primeros informes de intensidad y extensión del terremoto, me dirigí con Dante a buscar mis familiares más cercanos: hijo mayor, nuera y nieto.

Ansioso recorrí el callejón, crucé la avenida, doblé la esquina. Fuera, la multitud evacuada hablaba simultáneamente, miraba y señalaba los pisos superiores. Pregunté por los míos al portero quien me informó que el citófono y los ascensores no funcionaban, y me pidió no entrar, sugiriendo que buscara entre la gente agolpada en la ancha zona verde. Lo hice sin encontrarlos. Por lo menos el edificio está en pie, me dije, sin dejar de pensar en los otros.

De regreso, los hallé fuera de mi casa. También me buscaban. Nos abrazamos —¿Te dio susto? —pregunté a mi nieto. —No, igual se muere uno ahora que después, pero mi mamá se disgustó porque no me asusté —se quejó extrañado.

Nos fuimos casa tras casa de familiares. Salvo pérdidas materiales, desalojos y conmoción, se habían salvado. De regreso a la mía, mucho desorden. Marcos y cristales rotos, caros recuerdos por el suelo… En el bar del fondo, caídos y maltrechos, los carteles de Manolete en Linares 1947…, de Paquirri en Pozoblanco 1982…, de Pepe Cáceres en Sogamoso 1985…, El dedicado de Rincón en el Puerto de Santa María 1992… Recogiéndolos uno por uno y apilándolos contra la pared, recordé la frase de Antonio Caballero: “No hay gloria más gloriosa que la de un torero”.

Por los audífonos me llegaban las noticias: devastación de una gran zona del país; Chocó, Caldas, Risaralda, Quindío, Valle del Cauca…, muertos…, desaparecidos…, solidaridad masiva, inmediata, espontánea, desesperada, escarbando escombros con uñas, baldes, palas…, dolor, lágrimas…, un bebé rescatado vivo bajo el cadáver de la mujer que lo había protegido con su cuerpo hasta el último aliento…, y claro, como en toda catástrofe, también algunos alardes de impiedad, oportunismo y grotesca vanagloria…

Subí a donde estaba cuando todo empezó. Comencé a recoger libros, levanté los “Ensayos de Montaigne”, y en ellos con el marcador aun entre las páginas de su “Apología de Raimundo Sabunde”, releí el clásico y amargo párrafo de hace 450 años:

“¿Quién ha convencido al hombre de que este formidable movimiento de las bóvedas celestes, la luz eterna de esas antorchas que giran con tanta fuerza sobre su cabeza, las espantosas sacudidas de ese mar infinito, han sido establecidos y permanecen durante tantos siglos para su conveniencia y servicio? ¿Es posible imaginar algo más ridículo que esta insignificante criatura, que no es dueña ni de sí misma, expuesta a los ataques de todas las cosas, se diga dueña y soberana…?”

lunes, 17 de agosto de 2026

Interesante y bravo encierro de Miura en la VIII Corrida Magallánica / por Pepe Reyes

Octavio Chacón, Pepe Moral y Daniel Crespo salen a hombros en una gran tarde en Sanlúcar

Interesante y bravo encierro de Miura en la VIII Corrida Magallánica

Celebraba Sanlúcar su ya tradicional corrida magallánica, que se ha erigido en referente obligado de la temporada taurina gaditana, en la que el ruedo se alfombra de sal policromada y en la que todos los actuantes lucen indumentaria propia de los albores del siglo XVI. Evocación de usanzas del pasado que presenta torista correspondencia con el ganado elegido para la ocasión: ejemplares de Miura, vacada creada en 1840 con sangre Gallardo y Cabrera y que desde entonces no ha sufrido cambios ni aportes de casta exógena en su devenir genealógico. Toros altos, huesudos, musculados, cornalones, con pitones de gruesa mazorca y de comportamiento variable, avieso a veces e imprevisible siempre. Y cuya complicada lidia evoca la añeja tauromaquia decimonónica, cuando cada suerte se convertía en una recia y valerosa lid de la que el torero pugnaba por salir ileso.


Y como una ola de pasado que irrumpiera en el presente, inundó el ruedo «Bolichero», largo, agalgado, de 636 kilos, que se dedicó a destrozar barreras antes de acudir al capote de Octavio Chacón, al que acudió con nobleza y buen desplazamiento por ambos pitones. Tomó después una larga vara en la que empujó con fijeza, y Chacón lo dejó en suerte de nuevo, más allá de los medios, y el bravo toro volvió arrancarse con prontitud al caballo. Verificó el diestro de Prado del Rey un ceñido quite por delantales a un ejemplar miureño que permitiría también, con sus arrancadas largas y francas, un completo tercio de banderillas. 


Muleta en mano, Octavio Chacón, torero curtido, técnico y poderoso, dio un recital de temple y de torero conocimiento en una faena compacta en la que aprovechó el suave ritmo y fijeza que presentaba su oponente en la embestida. Sorteó miradas y dudas que en ocasiones le dedicaba el miura, hasta encelarlo en tandas de redondos y naturales de mucho mérito. Unos molinetes finales constituyeron dinámico preámbulo a cuatro pinchazos y una estocada desprendida.


Castaño bragado el segundo, también permitió a Pepe Moral estirarse a la verónica y, como el anterior, se enceló bajo el peto de la cabalgadura en brava pelea. En este caso, dadas las aparentes fuerzas justas del animal, se cambió pronto el tercio. El espada sevillano sacó con mando y donosura al toro hasta los medios para emprender ahí una sucesión de tandas de derechazos, que el toro tomó mucho mejor que cuando ensayaba el toreo al natural. Plasmó Moral una faena firme y decidida, en la que supo sacar partido de la obediencia y repetición que le regaló su enemigo. Un pinchazo y una gran estocada pusieron fin a una labor.


Tras su reciente y flagrante triunfo en su ciudad natal, El Puerto de Santa María, se presentaba Daniel Crespo en Sanlúcar, en su primera comparecencia con miuras a lo largo de su trayectoria. Y lo hizo ante un colorado, acapachado de cuerna, que se le quedó muy corto bajo el capote y le apretó por el pitón izquierdo. El oriundo de Zahariche tomó dos varas, la segunda en vibrante arrancada desde los medios, y escenificó un muy complicado tercio rehiletero, en el que cortó al peonaje con aviesa intención. Sorprendió Daniel Crespo por su decisión y buen hacer muleteril, en el que no sólo cuajó al toro por el pitón derecho sino que llegó a alcanzar las más altas cotas estéticas y de mando con el toreo al natural, el pitón por el que el astado presentaba más dificultades. Muletazos largos y profundos, que el buen miura tomaba con largura, entrega y prontitud. Interesante trasteo que abrochó Crespo con media estocada y certero descabello. 

Cárdeno oscuro el cuarto, que salió al ruedo con encendida agresividad, rematando en tablas y pendiente a todo. Y cuando Octavió Chacón lo retó con su capote, se quedaría muy corto y apretaría hacia los adentros. Empujó en larga pelea bajo el caballo, en un encuentro donde se rompió en demasía. Más de dos minutos metiendo los riñones, motivó que saliera menoscabado de fuerzas y que el público, con sorprendente enojo, solicitara su devolución. No se devolvió, de manera acertada, y el toro empezó a embestir con suavidad y nobleza a la muleta de Chacón, quien se la presentaba con sabiduría y temple en goteados muletazos, con los que parecía acariciar la entregada acometida del cárdeno. Sacó el máximo partido de un toro de comportamiento tan cambiante como interesante y remató su lucida actuación con una portentosa ejecución del volapié, de efecto fulminante.

Y como quinto saltó a la plaza «Galipo», cárdeno de 647 kilos, que también repitió en la capa de Pepe Moral en vibrante embestida y que peleó con comportamiento de bravo en los tres puyazos que tomó, con galopada de lejos en sus encuentros. Dentro de un completo tercio de banderillas, destacó el último par de Gómez Escorial, de gran exposición y verdad. Cuando Pepe Moral asió la franela, el toro mostró una embestida franca y boyante, lo que fue aprovechado por el sevillano para fraguar una faena compacta, en la que destacaron las series en redondo y sus obligados aderezos de pases de pecho y por bajo. Unos trincherazos por bajo finales dieron paso a una estocada en buen sitio, que resultaría suficiente para finiquitar a su segundo oponente.

Cerró plaza y festejo otro enorme ejemplar de Miura, negro mulato, bragado, que repitió en el capote de Daniel Crespo y que, como toda la corrida, acometió con fuerza al acaballo, al que empujó con saña y celo. No quiso el matador seguir luciendo al toro en este tercio y solicitó el cambio con premura, privando al respetable del bello espectáculo de largas y reiteradas arrancadas. Así llegó este último ejemplar con fuerza y brío a la pañosa de Crespo, quien hubo de tragar mucho en unas primeras embestidas tensas y desafiantes. Sometido el burel, trazó derechazos de mérito en una faena medida, pues pronto su enemigo empezaría a orientarse. Un pinchazo hondo en muy buen sitio y dos golpes de verduguillo pusieron fin a la lidia del último miura y a un festejo en el que palpitó la emoción y todo lo sucedido poseyó el exquisito regalo del interés.

FICHA: 
Se lidiaron seis toros de Miura. Muy bien presentados. Bravos y nobles.

Octavio Chacón. Ovación tras aviso y dos orejas tras aviso.

Pepe Moral. Oreja y dos orejas.

Daniel Crespo. Oreja y oreja.

Plaza de toros de Sanlúcar. VIII Corrida Magallánica. Lleno en los tendidos.

Galería Fotográfica

Menos mal, Júnior / por Ignacio Ruiz Quintano


Bale y Vinicius Jr.

Ignacio Ruiz Quintano / Abc
Nos han devuelto a Mou, nos han traído a Diomandé (un Olise por estrenar) y nos han renovado a Vinicius, pero… ¡nos han dejado sin Rodri! Ni los milaneses en su soberbia despedida a Baresi han llorado como lloran los piperos rampantes la fuga de Rodri, para ellos el mejor futbolista de la historia, entre Pelé y Maradona, y muy por encima del doctor Sócrates, porque así se lo hace creer a estos zombis el fentanilo mediático.

Con Mou en el vestuario blanco, querían renovar la leyenda Xavi-Casillas, los del Premio, con la pareja Rodri-Dani Olmo y el chau-chau en el Combinado Autonómico.

–Menuda ganga, el Rodri. Y español.

¿Por qué unos tipos que nunca se preocupan por la españolización de España andan siempre tan preocupados por la españolización del Madrid? Cuando en el Congreso se leía el artículo de la Constitución de la Monarquía restaurada (“Son españoles…”), Cánovas refunfuñó famosamente en su Banco Azul: “…los que no pueden ser otra cosa”). No digo que los piperos no sientan a España; conozco a alguno que no saca el perro a pasear sin su collar con la bandera roja y gualda (Cela, en la discusión constitucional del 78: o se dice gules y gualda o se dice roja y amarilla).

Rodri, estando en el City, reclamó la españolidad de Gibraltar, y el piperillo no entiende que ahora, entre un haz de heno en Madrid y otro haz de heno en Barcelona, elija Barcelona, donde la idea de España está tan en solfa como en el Peñón. Hace muchos años que Fernández Flórez recogió en estas páginas ese españolismo pipero, un poco de pandereta, conmovedoramente infantil y sin duda bien intencionado, que no se fija más que en detallitos menudos, formales, cuya aparatosidad le sobresalta y le inspira apóstrofes, elegías y amenazas. Ese españolismo, decía, se encrespa cuando cualquier majadero arranca una bandera o profiere un grito hostil. Pero permanece inmóvil, sosegado, confiadamente mudo, cuando hombres hábiles, consagrados con obstinación al servicio de un odio, van cortando hilo a hilo el amarre espiritual con España. Espiritualmente, Rodri debe verse como el cabo que el madridismo bueno lanza al mundo culé para mantenerlo amarrado a la España tebana (de Tebas). Pero futbolísticamente Rodri no es Cruyff.

Cruyff, como se sabe, estaba fichado por el Real Madrid, pero dejó de estarlo cuando sus representantes le tiraron de la americana pidiendo propinas a don Santiago Bernabéu, que pernoctaba en un hotel coruñés, a lo que Bernabéu respondió que se quedaran con el jugador y con las comisiones. (“Nunca me habían hablado tanto ni tan bien de un jugador, pero ni él ni su presidente eran hombres de palabra. En el hotel Atlántico de La Coruña, cuando lo teníamos todo ya hecho y apalabrado, Van Praag pidió un millón de dólares y nos amenazó con ir al Barcelona. Liberé a Praag de su compromiso y se lo vendió al Barcelona, en Santiago de Compostela. La jeta de Van Praag me importaba un comino, pero la del jugador era fundamental”).

–¡No me gusta su jeta! –resumió la situación.

Y mientras en Florencia los tifosi reciben a Mastantuono como si fuera otro Maradona, en Madrid los piperos tuercen el morro por la renovación de Vinicius (por cierto, que se la paga él a golpe de anuncios), cuando por su criterio lo hubieran vendido para costear la Operación Rodri, cruzado incluido. “Menos mal, Júnior”, lo celebró Toni Kroos. Mijatovic, que no se cansa de dar consejos a quien nunca se los ha pedido, aconsejó a Vinicius quedarse, aunque fuera perdiendo “cinco millones”, y Vinicius le hizo caso en lo de quedarse, que no en lo de perder “cinco millones”, a los que tan sensible es el pipero común, un bobo que necesita contratar una gestoría para que le hagan el prorrateo de las cotizaciones que le faltan para cobrar la pensión de mil quinientos euros, pero que, víctima del fentanilo mediático, le discute los céntimos al presidente que convirtió un club en quiebra en el club más rico del mundo.

Mbappé vino a Madrid para jugar, no con Rodri, sino con Vinicius, y lo ha logrado. A mí sólo me faltan Saliba o Gvardiol. Y, si acaso, Angelo Stiller.

[Martes, 8 de Agosto]
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Crítica al proyecto de modificación del Reglamento Taurino de Andalucía / por Joaquín José Herrera del Rey


'..Modernizar no significa desregular. Simplificar tampoco. El Reglamento no es un obstáculo para la Fiesta. Es una de las principales garantías de su autenticidad. Y cuando las garantías se sustituyen paulatinamente por excepciones, acuerdos sectoriales y conveniencias empresariales, existe el riesgo de que la Tauromaquia no esté evolucionando, sino simplemente diluyéndose..'

Crítica al proyecto de modificación del Reglamento Taurino de Andalucía.

Joaquín José Herrera del Rey
Apenas quince meses después de la aprobación del Decreto 87/2025, de 26 de marzo, la Junta de Andalucía plantea ya su modificación. El dato, por sí solo, merece una reflexión. El anterior Reglamento permaneció vigente durante casi veinte años; el nuevo ha necesitado ser revisado antes de completar siquiera dos temporadas taurinas. La reforma puede corregir problemas concretos, pero también confirma algo más preocupante: el Reglamento de 2025 nació con insuficiente maduración, escasa capacidad de escucha al aficionado y excesiva permeabilidad a determinadas demandas sectoriales.

La propia exposición de motivos reconoce que la aplicación práctica ha revelado insuficiencias, incertidumbres y preceptos necesitados de aclaración. Muchas de esas dificultades, sin embargo, eran previsibles. Un Reglamento Taurino no debería elaborarse mediante el método de aprobar, experimentar y rectificar. Una norma llamada a ordenar una institución cultural tan compleja debe aspirar, ante todo, a la estabilidad.

Una reforma que parchea, pero no revisa el modelo

El proyecto aborda cuestiones como los seguros, la tramitación electrónica, las modificaciones de los carteles, la suspensión por lluvia, los abonos, las plazas portátiles o el Consejo de Asuntos Taurinos.

Son materias relevantes, pero la reforma vuelve a dejar al margen algunos de los problemas de fondo del Reglamento. Se modifica la norma, pero no se revisa su filosofía. Y esa filosofía parece avanzar hacia una Tauromaquia progresivamente más flexible, con mayor disponibilidad de las reglas por empresarios y profesionales y una correlativa pérdida de peso de las garantías tradicionales, de la autoridad presidencial y, demasiadas veces, del propio aficionado.

El enfundado: una laguna que ya no puede considerarse accidental

Resulta especialmente incomprensible que vuelva a omitirse una regulación precisa del enfundado de las astas.

Estamos hablando de una actuación material sobre las defensas del toro y, por tanto, sobre uno de los elementos esenciales de su integridad. No basta con que la práctica no esté prohibida.

El Reglamento debería determinar materiales, condiciones de colocación y retirada, controles veterinarios, documentación y garantías suficientes para acreditar que el enfundado no ha producido alteración alguna.

Después de esta segunda oportunidad normativa, el silencio deja de parecer un simple olvido y comienza a convertirse en una verdadera opción por la no regulación.

El sorteo no es una ceremonia

También merece revisión el tratamiento del sorteo de las reses, institución esencial de la corrida. El sorteo no constituye una tradición pintoresca. Es una garantía objetiva destinada a impedir la selección interesada de los toros y asegurar la aleatoriedad de su distribución entre los actuantes. Cada excepción debe ser, por ello, extraordinaria y restrictiva.

Cuando decisiones tradicionalmente regladas pasan a depender del acuerdo de profesionales, empresa o intervinientes, la Administración retrocede en su función de garante. Y cuando las excepciones se multiplican, terminan modificando la regla.

De la reglamentación a la autorregulación

Este es probablemente el problema de mayor calado de la reforma. El nuevo modelo parece avanzar hacia una cierta autorregulación del espectáculo por quienes participan económicamente en él.

La modificación proyectada del artículo 61.1 resulta paradigmática. Ante la existencia o amenaza de mal tiempo, la presidencia debe recabar la opinión de los espadas y de la empresa y, si todos acuerdan celebrar el festejo, la presidencia queda vinculada. Y la presidencia es la autoridad del espectáculo.

No representa a la empresa ni a los toreros. Su razón de ser consiste precisamente en encontrarse al margen de los intereses económicos y profesionales concurrentes y garantizar el Reglamento y el interés general.

Consultar a los profesionales resulta razonable. Convertir su acuerdo en vinculante para la autoridad administrativa es algo cualitativamente distinto. Supone debilitar silenciosamente una institución fundamental de la Tauromaquia reglada.

El aficionado, el gran olvidado

La reforma vuelve además a mostrar una preocupante tendencia: facilitar la gestión empresarial aun a costa de reducir determinadas garantías del espectador.

Así sucede con los abonos. En temporadas de más de diez espectáculos podrán comercializarse dejando vacantes hasta un quince por ciento de los puestos de profesionales, sin que posteriormente exista derecho a devolución total o parcial.

La razón empresarial puede comprenderse: reservar puestos para contratar posteriormente a triunfadores de ferias, circuitos o certámenes.

Pero la pregunta es inevitable: ¿deben adaptarse las empresas a las garantías del espectador o debe adaptarse el espectador a las necesidades de las empresas?

También resulta discutible considerar que determinadas ampliaciones de reses o actuantes, nacidas de la voluntad “espontánea” de la empresa, no constituyan modificación del cartel.

La espontaneidad puede tener valor artístico. Difícilmente puede convertirse en categoría jurídica.

Un festejo autorizado y anunciado posee una configuración objetiva. El espectador no tiene únicamente derecho a que no le cobren más: tiene derecho a conocer y recibir, en sus elementos esenciales, el espectáculo que compró. Algo semejante ocurre con la suspensión por lluvia. Que la salida de la primera res determine prácticamente la pérdida del derecho a devolución puede producir situaciones manifiestamente desproporcionadas cuando el festejo queda reducido a una mínima parte de lo anunciado.

El riesgo de folklorizar la Tauromaquia

Detrás de estas modificaciones aparece una cuestión todavía más profunda: la progresiva folklorización de la Fiesta.

La Tauromaquia posee indudablemente una dimensión festiva, popular y cultural. Pero la corrida de toros ha sobrevivido también porque constituye uno de los espectáculos históricamente más reglados.

Edad, peso, trapío, integridad de las defensas, reconocimientos, sorteo, apartado, autoridad presidencial, veterinarios, avisos, devolución de reses, trofeos y derechos del público no son burocracia. Son parte de la autenticidad del espectáculo.

Incluso instituciones excepcionales como el indulto parecen ganar progresivamente terreno, dentro de una concepción en la que lo extraordinario corre el riesgo de hacerse habitual.

Flexibilizar constantemente las reglas puede producir una Fiesta aparentemente más libre, pero también menos auténtica.


Diecisiete reglamentos para una Fiesta nacional

El proyecto invoca además la necesidad de homogeneizar la normativa andaluza con otras reglamentaciones taurinas. La pretensión resulta paradójica.

Seguimos manteniendo un auténtico reino de taifas reglamentario, consecuencia de la incapacidad política para establecer un marco suficientemente común para una manifestación cultural que se proclama de dimensión nacional.

Si Andalucía ejerce su competencia normativa, debería hacerlo para establecer el mejor Reglamento posible, no simplemente para aproximarse a otros.

La cuestión no es qué hacen las demás comunidades autónomas, sino qué regulación protege mejor la integridad del toro, los derechos del aficionado, la independencia presidencial y la autenticidad de la lidia. La pureza.

Una segunda oportunidad desaprovechada

El proyecto demuestra que el Decreto 87/2025 necesitaba correcciones. Pero resulta más preocupante comprobar que esta segunda oportunidad tampoco se utiliza para revisar integralmente el modelo.

Continúa sin resolverse satisfactoriamente el enfundado; no se refuerza el sorteo como garantía objetiva; aumenta la intervención de los operadores privados en decisiones reglamentarias; la presidencia pierde centralidad y algunas garantías del espectador ceden ante necesidades empresariales.

Por eso, el problema fundamental no reside en cada modificación aisladamente considerada.

La cuestión verdaderamente importante es qué Tauromaquia quiere proteger Andalucía. Una Tauromaquia asentada sobre la integridad del toro, el sorteo, la autoridad independiente de la presidencia, los derechos efectivos del aficionado y unas reglas objetivas conocidas de antemano. O una Tauromaquia progresivamente flexible, donde aumenten excepciones, acuerdos entre operadores, decisiones empresariales y fórmulas de autorregulación.

Modernizar no significa desregular. Simplificar tampoco. El Reglamento no es un obstáculo para la Fiesta. Es una de las principales garantías de su autenticidad. Y cuando las garantías se sustituyen paulatinamente por excepciones, acuerdos sectoriales y conveniencias empresariales, existe el riesgo de que la Tauromaquia no esté evolucionando, sino simplemente diluyéndose.

La reforma de 2026, lejos de cerrar el debate abierto por el Decreto 87/2025, confirma sus defectos de concepción. Y deja una inquietante sensación: Andalucía tiene un Reglamento nuevo, pero ya instalado en permanente estado de reforma.

Pepe Campos. Corrida tradicional de la festividad de la Virgen de la Paloma. Un gran toro de Araúz de Robles preludió una noche sin avisos

Audrey Hepburn

Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.

Sábado, 15 de agosto de 2026. Corrida tradicional de la festividad de la Virgen de la Paloma, aunque nocturna. Cuarta corrida de toros del verano madrileño. 

Encierro de toros de Araúz de Robles (encaste mixto de Parladé-Gamero Cívico —Samuel Flores—, más Gamero Cívico —Juan Guardiola—, sobre Saltillo; refrescado con Juan Pedro —vía Salvador Domecq—). 
Bien presentados, sin redondear las hechuras el quinto y el sexto. Grandotes. Nobles y mansos, menos el primero, veleto y astifino, que fue bravo en la primera vara, con menor empuje en la segunda, y le faltó la prueba de la tercera vara. El segundo, abierto de cuerna, con genio. El tercero, veleto y astifino, sin aparatosidad, encastado. El cuarto, largo, de menos cara, tardo y descastado. El quinto, veleto del derecho, pitón que se astilló en el caballo, encastado. El sexto, veleto, destartalado, manejable. 
Rozando el tercio de entrada. Noche de verano agradable. Llovió antes del festejo.

Terna: Javier Cortés, de Madrid; de blanco y plata; dieciséis años de alternativa; cinco festejos en 2025, y cinco en 2026; silencio y silencio. José Garrido, de Badajoz; de azul zafiro y azabache; diez años de alternativa; once festejos en 2025 y cinco en 2026; silencio y silencio. Antonio Puerta, de Cehegín (Murcia), de blanco y oro, con cabos blancos; once años de alternativa; un festejo en 2025 y ninguno en 2026; aplausos y silencio. Antonio Puerta confirmaba la alternativa.

Entre los tres matadores de toros de la noche de ayer sumaban diez festejos en este año de 2026.

Suerte de varas: fueron puestos convenientemente en suerte para el caballo. El cuarto se salía de la suerte. Hierros traseros que hicieron sangrar mucho a los astados —se les recetó metisaca—. Salieron sueltos de los encuentros el tercero, el cuarto, el quinto y el sexto. Al ser uno de los toros que se va a valorar para premio como mejor toro de la temporada describimos la pelea en el caballo del primer astado de nombre Carpintero, cinqueño, de 559 kilos. La suerte fue ejecutada por el picador Juan Pablo Molina. La primera vara se realizó en terrenos del tendido ocho. El astado acudió al caballo a una distancia de cuatro metros de la segunda raya. La puya cae trasera, el toro empujó fuerte, se le barrenó y suena el estribo, sale al capote con buen son. Se le volvió a poner en el mismo terreno, si bien ante las protestas para que la suerte fuera ejecutada en contraquerencia se le vuelve a situar, empleándose para ello varios capotazos, y el toro vuelve a quedar en el mismo terreno. Acude a la llamada del picador desde la mima distancia que en la primera vara, de nuevo la puya trasera, no empuja como en la primera, suena el estribo, y sale al capote dejando la impresión que obedecía más al castigo recibido que a la llamada de la tela. El empuje y el temple del toro en la muleta fueron extraordinarios.


PEPE CAMPOS
La empresa nos convocó para presenciar la corrida tradicional de la festividad de la Virgen de la Paloma (en Madrid) por la noche, bajo luz artificial, a la misma hora que se vivía lo más fetén de la verbena situada en La Latina. Los toros son fiesta pero también rito que requiere la comparecencia de sol y moscas para que el suceso de sus lidias se pueda disfrutar a plena luz con todos los sentidos dispuestos para percibir los estímulos externos —sobre todo para que la inspección ocular sea verdaderamente verificable—. A la altura del año que estamos bien merece que la corrida por motivo de la Asunción de la Virgen se celebre por la tarde, en horario español, por aquello del adelanto horario, a las siete. Pero vivimos tiempos de comodidades y de querer rehuir (mansedumbre) cualquier tipo de esfuerzo, cuando el ánimo y la energía son la base de todo empeño civilizatorio —como antaño reproducía el mundo de los toros en los ruedos —. 

Podemos argüir todo lo que queramos, pero no deja de ser una realidad que la sostenibilidad que se cree alcanzar con querer dar toros sin sol —como el sucedáneo de las plazas cubiertas— nos llevará por el camino que conduce al sumidero. Es decir, al desagüe lo taurino. No solo se debería recuperar el horario de toda la vida, sino la importancia del cartel, en día tan señalado.

Ayer noche, la corrida de Araúz de Robles la despacharon tres toreros que sumaban (suma total) diez festejos este año de 2026, y nos encontramos ya avanzado el verano. No se entiende el criterio de la empresa a la hora de confeccionar el festejo de ayer (como ninguno de los del mes de agosto) y no queremos decir que los espadas contratados no merezcan una oportunidad (pero no los tres al mismo tiempo). Da la impresión que quieren ahorrar en honorarios de manera pertinaz. No quisiéramos dar a entender que el dinero no sea importante, pero también lo es hacer bien las cosas, con sentido. Ayer la empresa ahorraba (con un tercio de entrada ganó dinero), para luego el 12 de octubre (fecha tradicional de las retiradas de Morante de la Puebla) despilfarrar. 
Tampoco queremos quitarle el mérito a Morante, ni decir que no tenga que ganar limpiamente lo que merece, sino que debe existir un equilibrio en los gastos y en los carteles que se confeccionan en Madrid. Y ningún criterio razonable lleva a pensar que las tres corridas de toros del mes de agosto madrileño (que podían ser más) poseen un peso en el calendario taurino para que aficionados, matadores y la propia fiesta de los toros salga beneficiada. Lo de ayer no tenía lógica y en el «resultado artístico» se reflejó el escaso cuidado tenido por la empresa en contratar a los toreros.

Podríamos pensar que en la empresa de Madrid existen personas trabajando todo el año en la labor de llevar la plaza y componer los festejos —a no ser que la fiebre hispánica del veraneo, también a ellos, que tienen un buen trabajo, les ataque o les seduzca —muy español— y se encuentren tumbados a la bartola o viendo corridas de toros en otras ferias y en otras plazas; dedicados al absentismo laboral —la holganza— porque lo que les peta es el disfrute de la temporada. Podría ser. Pero más bien será que quieren ahorrar en la programación taurina del verano, y no son capaces o no quieren acartelar a matadores de toros que puedan dar el salto y ascender en el escalafón. O es que nos estamos quedando sin matadores de toros solventes. No obstante, seguramente los hay y si existen deben ser contratados. La empresa está fracasando en esto y alguien debería señalárselo. 

En la cuestión de lo realizado por la terna de ayer noche, hay que empezar por hablar de Antonio Puerta. Ayer confirmó la alternativa tras once años sin haber toreado o hacerlo escasamente. Tuvo la fortuna de tocarle en suerte, en su confirmación, uno de los toros que van a entrar en la puja del mejor toro del año en Madrid. Estuvo digno, si bien no pudo estar a la altura del reto. Le faltó profundidad. No sabemos si por carecer de «la puesta a punto» que dan los contratos o por ausencia de calidad. Más bien será lo primero.

A este primer toro, Carpintero, Puerta lo recibió con buenas verónicas acompasadas, no perfectas. Inició la faena de muleta sacando al toro por bajo, entre el ocho y el nueve, en un buen comienzo, llevando y consintiendo al toro. Desde los medios frente al ocho y al nueve citó al toro con la diestra, el toro se arrancó y le regaló embestidas templadas con transmisión, los primeros pases fueron decentes. En la segunda tanda con la derecha el matador se tumba y los muletazos, y su cierre, van a menos. Al tomar la muleta con la izquierda la labor sube de calidad. Antonio Puerta se tumba al natural y el toro pide más. Algún muletazo fue completo y los adornos rezumaron, pero como la faena no tomaba vuelo, Puerta no vio el final de la misma que se diluyó entre intentos de derechazos y ayudados hacia el tercio. Pinchazo en la suerte natural y estocada en la suerte contraria. En el sexto de la noche, no se confió ante un toro manejable, en un quiero y no puedo, y sin completar los pases se le fue la tarea, con punteos en la muleta en el natural, y cierre apresurado con la diestra. Mató en la suerte contraria de pinchazo caído y estocada caída, más dos descabellos.

Javier Cortés, un torero del gusto de Madrid, que pechó con el peor lote y con el que no se sintió a gusto. Con su primer toro no pudo resolver el genio del ejemplar de Araúz. Quiso aplicarle suavidad a los muletazos, sin llegar a entrar en la pelea que le llevara a encontrar la distancia y el método de hacerse con la embestida del morlaco. No le encontró el punto. Se fueron desentendieron ambos. Mató en la suerte contraria de pinchazo y media caída. En el cuarto —segundo astado cinqueño del encierro—, el descaste del bóvido salió a relucir, y tras unos apuntes de tanteo por parte de Cortés, el toro se rajó en terrenos del seis. Mató en la suerte contraria de dos pinchazos y una estocada media caída.

José Garrido, no mostró acierto ni confianza en la parte mollar de su trabajo, es decir, en las faenas de muleta, debido a que sus dos astados tenían problemas que resolver. Los dos toros tuvieron empuje y Garrido planteó el trasteo desde las florituras y el acompañamiento. Inicios de faena vistosos pero cortando el viaje de los toros, cuando pedían ser conducidos de inicio a final. Muy poco mando en los muletazos, que salían enganchados o incompletos. Sus dos toros fueron ganándole la pelea. Curiosamente el tercero se rajó al final de la faena ante la falta de domino que necesitaba. Murió tras pinchazo hondo en la suerte natural. A este toro le había toreado Garrido con temple a la verónica, no siempre apretado. En el quinto la ausencia de mando dominó todo el trasteo. El comienzo fue improcedente con muchos tirones por bajo. El toro pedía firmeza y sosiego y no se le aplicó. Murió de golletazo en la suerte natural.

Lo mejor del festejo, aparte del juego de Carpintero, fue que no se escucharon avisos. Noticia de titular.

Steve McQueen