la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

domingo, 4 de octubre de 2026

Feria de Otoño'26. Inexplicable corrida de Victoriano para una terna low-cost con una única triunfadora: la Impresa. Márquez & Moore

'..La conclusión es que la impresa ha sido la neta triunfadora de la tarde, por lo que se ha ahorrado en toros y en toreros teniendo el abono entero vendido. Corrida de superávit, de EBITDA, de margen bruto y de beneficio neto, como quien dice..'

JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ
Hoy hemos asistido en las Ventas a una sesión de MBA taurino de la que los jóvenes que se aproximan a la plaza en los últimos tiempos deberían sacar enseñanzas que les servirán, si perseveran en su afición. Lo primero hay que hablar de la impresa, que tuvo la ocurrencia de programar para este viernes esta corrida inexplicable en la que, con el señuelo de los toros de Victoriano del Río, echaron mano de lo que había por ahí para componer un cartel de bastante escaso interés en el que la entrada registrada obedece al abono cautivo más que a la expectativa que la tarde despertaba. Recordemos, antes de seguir, que Victoriano del Río este año ha andado vendiendo toros para los pueblos y para encierros por el campo, lo cual nos lleva a maliciarnos que parte de la camada se le ha quedado en la finca para el próximo ejercicio. Ahí suponemos que la impresa, que atiende por el nombre de UTE, habrá conseguido un precio más que asequible para la adquisición de los toros, y que don Victoriano del Río habrá aprovechado para soltar hoy seis prendas que no son de las que habitualmente se entiende por «los toros de Victoriano del Río». La buena noticia al respecto es que la corrida ha sido muy variada y ágil, seria y bien presentada, con movilidad y, como debe ser, con dificultades. La segunda parte, en lo relativo a la impresa, es lo de la elección de la terna: terna low-cost con un Emilio de Justo que va descendiendo escalones en lo que parece ser el lento ocaso de su carrera, un Víctor Hernández a quien se ve más perdido que un pulpo en un garaje y un Marco «Ugly» Pérez que venía a confirmar la alternativa que le dio el Gordito II en Nimes hace algo más de un año, sin que su nombre y sus gestas hasta ahora hayan sido grabadas en mármol. Esto nos lleva, dentro de este breve MBA de andar por casa, a considerar la poca estrategia del apoderado de «Ugly» de traerle a confirmar en este otoño, a doce días del final de la temporada, en vez de esperar un poco y preparar una confirmación de más postín en San Isidro, que, aunque no le rodasen bien las cosas en esa tarde, al menos le sirve para usar el señuelo de Madrid y conseguir algunos contratillos por ahí, mientras que el efecto de su posible triunfo de hoy habría quedado muy mitigado de cara a contratos, y qué decir tras su paso de puntillas por Las Ventas de esta tarde... La conclusión es que la impresa ha sido la neta triunfadora de la tarde, por lo que se ha ahorrado en toros y en toreros teniendo el abono entero vendido. Corrida de superávit, de EBITDA, de margen bruto y de beneficio neto, como quien dice.

El único toro de los de Victoriano del Río que salió con un comportamiento acorde a lo que se esperaba de la ganadería de Victoriano del Río fue el primero, Despreciado, número 102, serio y bien armad...o que regaló estupendas embestidas, viaje largo y, sobre todo un pitón izquierdo de categoría. Este fue el toro de la alternativa, toro que hace bueno aquel dicho de Juan León (1778-1854) de que «hay toros que se llevan en un minuto todo el dinero de la temporada».

Con este toro, en algo menos de diez minutos, dio Marco Pérez la medida de su incapacidad, refrendando la pobre impresión que ofreció en la tarde de su presentación y despedida de novillero en Las Ventas. Anotemos un airoso quite por navarras y tafalleras como único activo del salmantino, que fue incapaz de ver las cualidades del toro, que las había cantado en el quite de Emilio de Justo y en la brega de Rafael González, de aprovechar sus posibilidades y de dejar en Madrid el sello de su capacidad como torero. Bien al contrario lo que ofreció nuestro «Ugly» fue un repertorio pueblerino, una secuencia de pases con olor a fritanga de churros y a procesión de la Virgen, una epopeya rural sin orden ni plan que hizo que la plaza le fuera volviendo la espalda, a medida que avanzaba su toreo de mulas y besana. Lo malo es que, probablemente, él estaba en la idea de que lo iba haciendo estupendamente, como atestigua el hecho de que a la muerte del toro, despedido este con una fuerte ovación, salió a recoger más pitos que palmas desde el tercio con cara de no entender nada. 

Sin duda hoy ha tenido Pérez enfrente a los dos toros de más presencia de todos cuantos ha toreado a lo largo de su aún breve carrera. Su segundo fue Ebanista, número 10, negro listón que recibió unas buenas varas de Alberto Sandoval, único picador que cumplió con decoro su función en toda la tarde. Este toro era la antítesis del primero, toro duro y exigente, de los que piden el carnet, que se fue haciendo el amo a medida que las habilidades del matador no eran capaces de plantearle una pelea de tú a tú. El toro toreó más que el torero y cuando se dio cuenta de que al otro lado del trapo había un muñeco que lo movía, su actitud cambió, haciéndose más dura su embestida y más peligrosos los envites. 
Marco Pérez estuvo a merced de las circunstancias y tuvo a la plaza con el corazón en un puño, porque la eventualidad de la cogida era más que una promesa. Lo mató de pinchazo y estocada de gran efectividad. 

A Emilio de Justo hay muchos espectadores que le aprecian y que le mandan recados llamándole por su nombre: «¡Emilio, haz esto...!, ¡Emilio, haz lo otro...! Y Emilio, elegantemente vestido de azul marino y todo el oro robado del Tesoro de Villena, incluso con esas admoniciones no llegó a ver clara su labor con su primero, Gorrión, número 116, y eso que Chacón lo bregó con maestría enseñando a su maestro las teclas del toro, pero él más bien prefirió transitar por los manidos senderos de la descolocación, la ventaja y el «fuerismo» que por los del encaje, la verdad y la posición donde mana el toreo. «¡Así no, Emilio, así no!», le increpaba un ATS desde lo alto de la Andanada, pero Emilio hacía oídos sordos y se justificaba con la solvencia que le dan sus casi veinte años de alternativa para andar sin decir nada y sin hacer el ridículo, dando sus pases de vaivén en el centro del ruedo y dejando pasar el tiempo, hasta que se cumplió la hora de la estocada y del aviso a su larga, trivial, labor. 

Su segundo, serio y profundo, fue Tallisto, número 114, toro que no daba facilidades, que para eso tiene enfrente a un tío que debe saber cómo manejar esa situación. El manejo de Emilio en este segundo consistió más bien en una repetición de los argumentos de poca ambición manifestados en el primero, la exhibición de un oficio más que suficiente y, entre medias, una tanda de redondos que levantó algo los ánimos del público, mientras duró. De Justo sabe que tiene aseguradas al menos dos o tres tardes en Madrid el año próximo y no parece apetecerle hacer alardes en este final de temporada si no lo tiene clarísimo. Con pinchazo y estocada se despidió de Madrid por este año.

Víctor Hernández está en un laberinto y se le nota. Tiene maneras demostradas y tiene una mano izquierda tocada por la divinidad, pero su carrera está atascada sea por lo que sea. Al verle en el callejón rodeado de El Víctor y Abellán recordamos aquél cuento de Ignacio Ruiz Quintano de uno que se llevaba a El Prado a un dependiente de Pinturas Borreguero para que le explicase las tonalidades y los pinceles empleados por Velázquez en Las Meninas. Su primero, Bochornoso, número 37, era el más feo de la corrida en lo tocante a toros. Fue bien banderilleado por Marcos Prieto, que siempre tiene la manía de tomar el olivo, lo que resta torería a su labor. Intentó Hernández el toreo a distancia, quizás sin gran convicción y después fue la cosa a menos sin que la emoción del trabajo del alcarreño llegase al tendido. Se atascó bastante en la cosa toricida. Su segundo fue Coplero, número 36, otro serio toro en esta tarde de toros, ante el que de nuevo Víctor Hernández no fue capaz de hacerse notar, acabando con él al segundo descabello.

Al margen caben aún dos notas de servicio interior: primeramente reiterar la fealdad de las fotografías que ilustran el programa. La de hoy probablemente sea la peor de toda la temporada, y eso que la cosa está reñida. La segunda es que la impresa ha tenido a bien adquirir una nueva chaquetilla para el señor que porta el cartel con las señas de los toros. La hombrera de la anterior, desgastada por los kilos del cartel, le daba al hombre un innecesario aire de pordiosero, acrecentado por la tristeza de su mirada. Ya que han cambiado las techumbres de los burladeros de gañote, lo mismo podían pensar en un cartel menos pesado, a ver si se le alegra un poco la cara al portador.

Programa de Mano, inspirado en un sincretismo fotográfico de Henri Cartier Bresson y Robert Mapplethorpe, pasando por Nobuyoshi Araki, Allan Sekula y Thomas Ruff (no confundir con Tomás Rufo), todos amigos de la Impresa (Rufo también)

¿Habéis visto por aquí a Maricarmen?



ANDREW MOORE















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FIN

AMÉRICA - EUROPA 2026: "COLOMBO IMPARABLE CAMINO A ACHO..." / por Eduardo Ravell

Olías del Rey (Toledo)- Escribano, Rubén Vara, Colombo y Fandi
DOS OREJAS A LOS VICTORIANOS DEL RÍO. Colombomanía a la orden del día camino a Acho en sus nueve años de matador de toros.

El joven diestro venezolano Jesús Enrique Colombo ha estado impecable ante los ejemplares de Victoriano del Río en un festival mixto con cuádruple puerta grande...

 "COLOMBO IMPARABLE CAMINO A ACHO..."

EDUARDO RAVELL
Notiferias / Mérida-Venezuela
​Tarde fresca y de grato ambientazo en Olías del Rey, en Toledo, donde la noble afición degustó de una jornada por demás taurina donde todos los alternantes salieron airosos, incluyendo al novillero prospecto Rubén Vara, quien se unió al cuarteto de diestros, los más especialistas en el tercio de banderillas de los actuales momentos...

​Se cortaron un total de diez orejas en un festejo mixto donde volvieron a dictar cátedra los mejores banderilleros de todo el escalafón 2026. Ejemplares, novillotes, de Don Victoriano del Río para el granadino David Fandila "El Fandi" (2 orejas), el sevillano Manuel Escribano (2 orejas), el venezolano Jesús Enrique Colombo (2 orejas), el madrileño Ismael Martín (2 orejas) y el novillero en ascenso Rubén Vara (2 orejas).

También vio acción la rejoneadora Rocío Arrogante, con vuelta al ruedo ante un novillo del hierro de José González. La plaza de Olías del Rey, en Toledo, registró un lleno justo.

MISIÓN CUMPLIDA EN TOLEDO. Ha sido una tarde de apoteósica actuación para todos los alternantes en festejo mixto. / Foto: Mundotoro.-

LA ENCERRONA COLOMBISTA 2026... Ante 6 toros en la Feria Internacional de la Virgen del Rosario en Cajabamba, departamento de Cajamarca, Perú. / Cortesía: Jorge Luis Ramírez

​El venezolano Colombo continúa así una imparable racha que lo lleva muy en alza hacia su noveno año de haber recibido su alternativa en Acho-Lima el 26 de noviembre del año 2017; el sábado 18 de octubre será una fecha por demás elocuente para conmemorar su doctorado ante toros españoles de Montalvo, junto a El Fandi e Ismael Martín.

No obstante, el diestro oriundo de San Cristóbal del Táchira, Venezuela, deberá cumplir uno de sus compromisos más importantes del año en curso cuando se encierre el domingo 11 de octubre en Cajabamba ante toros de las dehesas peruanas de Paiján, Puerto San Luis y del hierro español Polo Saíz, en la feria internacional en honor a la Virgen del Rosario.

Nos llaman viejos, compañeros / por Arturo Pérez-Reverte


        
Aprendimos lo mejor del ser humano: callar cuando no sabes y opinar sin miedo cuando crees saber.

Nos llaman viejos, compañeros

Arturo Pérez-Reverte
Nos llaman viejos, oigan. A ustedes y a mí. La última vez fue hace unos días en una red social. Cállate, viejo, fue el mensaje. Con tuteo incorporado, muy campechano. Lo soltó un fulano, supongo que joven, convencido de lo que decía. Estúpidamente honrado, imagino, como tantos. Creyéndoselo de verdad. Y me quedé pensando, claro; lo pensativo que te deja, puesto el pie en el estribo, ver a un tiñalpa explicarte el mundo sin haberse limpiado aún de la boca la leche que mamó. Porque hay que ser atrevido, o muy idiota --o atrevidamente idiota--, para usar la edad como insulto, o pretender que lo sea.

Llamar viejo a un fulano de casi 75 años es algo objetivo y razonable; pero hacerlo en tono despectivo es un error. Sin embargo, aquel infeliz no lo sabía. Combinada con estupidez y redes sociales, la ignorancia produce pollitos de corral convencidos de ser águilas imperiales. Nos llaman viejos porque creen que la vida empieza con ellos. Porque confunden juventud con inteligencia, redes sociales con profundidad y opinión con conocimiento. Porque viven en un presente perpetuo donde lo anterior es sospechoso y lo posterior, inexistente. Porque nadie les ha explicado, ni en el cole ni en su casa, que el paso del tiempo no es un problema ajeno, sino un pistolero paciente que espera en la puerta con sonrisa tranquila y una libreta donde figura tu nombre. Viejo es el yogur caducado de la nevera, viejo es el discurso reciclado que se vende como nuevo, vieja es la rebeldía de catálogo, el inconformismo con patrocinio, la camiseta con eslogan, la falsa originalidad de tanto cantamañanas gregario.

Los que tenemos tres cuartos de siglo en la mochila también fuimos imbéciles, e incluso nos esforzamos mucho en serlo. Pero entonces no existían medios para exhibir nuestra imbecilidad en alta definición, ni competíamos por el aplauso inmediato del rebaño digital. El imbécil, hasta que dejaba de serlo --algunos no dejaron de serlo nunca, pero ésa es otra historia-- tenía que currárselo en persona y asumir las consecuencias. Vimos modas nacer y morir, ideologías irse al carajo y héroes convertirse en basura cuando no teníamos red protectora; cuando equivocarse tenía un precio y cuando los estacazos --metafóricos o reales-- enseñaban más que cien tutoriales. La criatura que nos llamó viejos a ustedes y a mí, compañeros de calendario, ignora que la edad es munición y adiestramiento para usarla, que cada año vivido es una bala con pólvora de experiencia, que no envejeces acumulando puntos de fidelidad sino sobreviviendo a fracasos, decepciones, traiciones y muchas metidas de pata propias. Y que eso educa, endurece. Enseña a mirar.

Nos llama viejos quien se cree inmortal porque tiene pocas cicatrices, o ninguna, y no ha enterrado a nadie a quien quisiera. Nosotros, en cambio, hemos vivido guerras reales o figuradas, aventuras, romances, heroísmos y cobardías propias y ajenas. Hemos visto caer cosas que parecían indestructibles y levantar ídolos eternos que duraron un suspiro. Hemos amado con torpeza y perdido con elegancia, sufrido heridas que no salen en las fotos, matado y muerto mil veces, sostenido manos mientras se apagaban, pagado altos precios sin las tarjetas de crédito de papá y mamá. Y nuestra edad proporciona una ventaja: no hay nada que demostrar. Ya no compites, observas. No presumes, recuerdas. No te apresuras, caminas; estás demasiado cansado para correr. Y sabes lo que muchos jóvenes y muchos tontos ---no son sinónimos, aunque a veces lo parezca--- ignoran: si un lobo viejo no caza y muerde, a menudo no es porque no pueda hacerlo, sino porque hasta el hambre le da pereza. Ya no pretendes aparentar, sino ser. Conoces, porque lo practicaste, el silencio respetuoso ante quien vivió más de lo que tú has leído, visto o imaginarás en toda tu vida. Aprendiste, en fin, lo mejor del ser humano: callar cuando no sabes y opinar sin miedo cuando crees saber.

Por eso me hizo sonreír el piolín que nos llamó viejos. Aún no es consciente de ello, pero le incomoda que existamos porque somos la prueba de que su momento pasará más rápido de lo que supone. Hay jóvenes educados y peligrosamente inteligentes; pero éste no era de ésos, sino de los que confunden insolencia con carácter y falta de respeto con personalidad. De los que creen que ser joven es mérito propio y no circunstancia pasajera. De los que se chotean de las arrugas ignorando que cada una es una factura pagada.

Así que no se equivoquen. Los viejos no exigimos respeto automático, homenajes ni aplausos compasivos. No necesitamos que nos cedan el asiento, sino al contrario: somos de los pocos que todavía lo ceden. Pero otro cantar es que una recua de niñatos sin media hostia nos use como saco de boxeo generacional para esconder su clamoroso vacío. Porque sí, en efecto. Tengo 74 años. Y usted, colega lector, hombre o mujer, sesenta u ochenta y tantos, o los que diablos tenga. Si eso es ser viejo, bendita y digna vejez. Mejores son nuestras canas ganadas a pulso que la arrogancia estacional; mejores nuestros silencios que la verborrea analfabeta; mejor nuestra escéptica mala leche, cuidadosamente destilada por la edad, que los entusiasmos sin fundamento. Porque al final, cuando el tiempo haga su trabajo --que siempre lo hace sin piedad ni disculpas-- nosotros ya habremos estado allí. Quien nos llama con desprecio viejos no sabe lo cara que se paga la vida. Y cuando llegue su turno, si no es del todo estúpido comprenderá que los supervivientes que hoy somos no lo miramos con ira: lo hacemos con ventaja, con calma, con la superioridad que dan los años. Y desde esa imbatible altura, unos cuantos viejos --usted, muchos otros y yo-- nos ciscamos en su puta madre.

Decepcionante tarde en Madrid / por J.L. García Losada

 
Marco Pérez: Una confirmación sin brillo

'..Tras la ceremonia de confirmación vino un buen comienzo por bajo y ahí quedó lo más destacado de una faena muy periférica llena de artificios y de un toreo rozando la vulgaridad y exento de toreo fundamental.''

Decepcionante tarde en Madrid

Por J.L. García Losada - España
Opinión y Toros / 3 Septb. 2026
Despreciado de nombre, castaño, bragado, meano y axiblanco, este fue sin duda el toro de la tarde, toro de confirmación del que se tendría que acordar mucho Marco Pérez.

Lo mejor vino en el tercio de quites junto a su compañero De Justo donde replicó unas buenas chicuelinas del extremeño con unas navarras de original trazo muy bien rematadas con una larga. Tras la ceremonia de confirmación vino un buen comienzo por bajo y ahí quedó lo más destacado de una faena muy periférica llena de artificios y de un toreo rozando la vulgaridad y exento de toreo fundamental, se perdió en un montón de pases que concluían con la desaprobación de buena parte del tendido, mató de manera defectuosa y aquí se organizó ese guirigay característico venteño en el que la gran mayoría ovacionó fuertemente al toro y unos aplaudieron al torero, los menos, y otros muchos lo increparon.

La tarde fue decayendo entre la sosería de los toros que ofrecieron muy poco y el poco ajuste y la carencia del resto de espadas.

Emilio de Justo en una temporada larga se le vio cansado y quizá con esa apatía de ver las pocas opciones que le ofrecieron ambos toros y apático y sin esa garra y pasión se le vio a Víctor Hernández que se perdió en sendos trasteos con intenciones, pero llenos de enganchones y monotonía.

El cierra plaza fue un mulo al que le recetó dos puyazos en todo lo alto Alberto Sandoval que tuvo que saludar una ovación. Para la muleta se quedó con un recorrido muy incierto que le hizo pasar las de Caín al confirmante, alargó en demasía su faena y fue silenciada su labor.

Tarde que nadie recordará y que a buen seguro tendría que hacer reflexionar a Marco Pérez, un torero que ha toreado mucho en la periferia y que a pesar de su gran bagaje ha fallado en su tarde más importante. Tiene un largo recorrido aún peor, Madrid es la que da y quita en este mundo tan difícil.

sábado, 3 de octubre de 2026

Vagones llenos / por Javier Torres


'..Sánchez engaña a todos, es capaz de suplicar al gran buitre que pose sus garras sobre España y cinco años después de apropiarse de la indignación callejera..'

Vagones llenos

Javier Torres
El 21 de julio de 2021 Sánchez se reúne en Nueva York con los grandes fondos buitre (Blackstone, JP Morgan, Soros Fund Management…) para pedirles que inviertan en España. Bolaños, tahúr de época, reclama hoy el apoyo del Congreso para poner «límites a la especulación». No recordamos mayor hito antifa desde la coplilla del Puente de los Franceses.

Sánchez engaña a todos, es capaz de suplicar al gran buitre que pose sus garras sobre España y cinco años después de apropiarse de la indignación callejera. La realidad es que el Gobierno de progreso tragó con aquella genuflexión. Podemos, entonces en la vicepresidencia, tragó. Y tragó toda la izquierda Quechua en la enésima fellatio al mundo del dinero. Ninguna sorpresa, estamos ante el gran patrocinador de todos sus disparates, desde la ideología de género hasta las fronteras abiertas.

A cinco minutos a pie del Congreso el Gobierno deja acampar a los jóvenes, que es lo más cerca que van a estar de tener una casa. La legítima ira de una juventud sin futuro la enturbia la frivolidad de la batucada. El calimocho no es la única mezcla indigerible, también colisionan banderas arcoíris con la hoz y el martillo. Leemos los eslóganes vacíos de siempre, el tufo a utopía sesentayochista, que acaba reforzando al gran capital. Una película tantas veces vista, pues la herencia del 15-M consistió en que los grandes fondos multiplicasen por cuatro su cartera de activos y que Pablo e Irene comprasen un chalet en Galapagar.

La historia se repite como farsa y la musiquilla reivindicativa no oculta la naturaleza parasitaria del PSOE, que aspira a neutralizar la protesta. Tal es su impostura, pues pisa moqueta y finge barricada. Hay viejos progres que se caen del caballo y atacan a Sánchez, pero ellos mordieron el mismo anzuelo cuando Felipe y Guerra prometieron a principios de los 80 redimir a los descamisados. Cuatro décadas después sabemos que el gran capital transnacional nunca ha estado más cómodo que con el PSOE en la Moncloa.

Las últimas décadas confirman un paulatino descenso de propietarios jóvenes, obligados a entrar en la rueda del alquiler. Según el Banco de España el 92% de los caseros son pequeños propietarios, dato que desmonta la propaganda gubernamental. Es la prueba del algodón para una izquierda que, al igualar a grandes fondos y particulares, se convierte en el mayor obstáculo para que el trabajador aspire a una propiedad. De nuevo, rascamos un poco y descubrimos la artimaña del que finge luchar contra el poderoso y en realidad oprime al de abajo. Para empezar, porque se niega a construir millones de viviendas sociales.

Es probable que quienes sostienen las pancartas equivocadas algún día caigan en la cuenta de tan singular estafa y aspiren a lo mismo que sus abuelos, o sea, hipoteca y llaves de casa. Que sepan señalar a los responsables de haber condenado a varias generaciones al alquiler perpetuo. Y esta realidad, tan dura, no merece toda la atención debida mientras haya quien vandalice la placa en homenaje a los 13 asesinados por ETA en la cafetería Rolando. O crea que el problema de la vivienda lo iban a arreglar un golpista prófugo en Waterloo y un terrorista jugando a la diplomacia.

El paisaje es dramático porque no sólo nos han dejado sin casas, también nos han robado el debate sobre un asunto —la vivienda— medular para cohesionar la nación. Rara vez escuchamos la palabra inmigración al hablar de las familias que no encuentran casa, con lo fácil que sería bajar al metro en hora punta y contemplar esos vagones rebosantes… excepto de españoles, siempre en minoría. Cuando la demanda no deja de crecer y la oferta de contraerse quienes mandan miran a todos lados menos a la terminal de llegadas de Barajas. Hernández Quero ha dicho una frase magnífica: hay algunos dispuestos a que los españoles vivan hacinados con tal de que se cumplan sus sueños multiculturales.

Quince años después del 15-M los principales ejes del sistema siguen intactos. Pedir más inmigrantes y fronteras abiertas es lo contrario al acceso a la vivienda, barrios seguros y sueldos dignos. Este disparate resume el papel que interpreta el movimiento antifa, campeón entre todos los tontos útiles del sistema. Con semejantes traidores a la clase obrera, el dueño de Blackstone puede dormir tranquilo.

Feria de Otoño'26. Gayumbada de los Lozano con el hierro de Alcurrucén y un público a la riojana para encumbrar a Urdiales como rey (de los cow-boys). Márquez & Moore




JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ
Con Diego Urdiales se da la paradoja de que si no eres de la provincia de Logroño puedes juzgar su actuación y llegar a la idea de que en su labor ha estado mal, regular, bien o sublime, según los casos, pero si eres de la Comunidad Autónoma de La Rioja solamente se contempla como posible la última de las alternativas antes descritas. A tal fin, para poder pasear por la calle San Juan de Logroño sin que me apedreen, he compuesto, al final, un “Epílogo para riojanos” donde encontrarán lo que les gusta leer de su ídolo inspirándome un poco en el estilo sobrecargado del crítico oficial del diario El Mundo, famoso por su adjetivación. Ruego a los riojanos que desde aquí salten a dicho epílogo y no tengan en consideración lo que viene a continuación. Gracias.

Para el resto del personal digamos que hoy habían preparado una gayumbada de los Hermanos Lozano, a los que claramente se les ha ido la ganadería de las manos, con el hierro de Alcurrucén, encaste Núñez, como es bien sabido. Para que se cumplieran los designios establecidos habían contratado a Mario Navas, pero un percance ocurrido en Toro (Zamora) a finales de agosto hizo imposible su presencia en Madrid a confirmar la alternativa que le dio Luque en Valladolid hace un par de años. Si hubiera estado Navas, el aguacero que cayó en la lidia del primero se lo habría comido él, pero al ser sustituido por Christian Parejo, con alternativa confirmada en el San Isidro de 2024, el aguacero cayó sobre los 51 años de Diego Urdiales, de berenjena y oro. El Niágara se produjo tras el segundo tercio. Urdiales había podido pulsar el afecto que Madrid siente por él tanto cuando le hicieron salir a saludar al tercio tras el paseíllo, como cuando un enfebrecido público comenzó a jalear desaforadamente todos y cada uno de sus lances, pases, medios pases, intentos de pase e incluso enganchones. Daba la sensación de que la magia del Rioja se había infiltrado en las venas de media plaza que aplaudía todo lo que hiciera el faraón del Cidacos, fuera lo que fuera, sin atender a colocación y otros aspectos no menores. Verdaderamente la torería que emana de su figura ya le da medio aplauso, como atestiguan las excelentes fotografías del maestro Moore, pero el pase debe ser rematado, la colocación, la precisa, el viaje el correcto y la resolución del pase la deseable. A cambio, las sugestionadas gentes se explayaron en esos horribles ¡bieeeeen!, y otros sonidos que evocan a los croantes, aullantes y guturales sonidos de los Profundos, esos seres que relata H.P. Lovecraft en su narración «La sombra sobre Innsmouth» (1931) y que sustituyen al honesto y castizo ¡ole! Con la presencia del monzón se enfriaron un poco los ánimos, máxime porque los habitantes de los tendidos huyeron en tropel a la busca de lo seco, pero el Urdiales-state-of-mind retornó con idéntico vigor en el cuarto toro y ahí se vio claramente que muchos habían venido a ver el triunfo del de Arnedo y que no estaban dispuestos a que la realidad de lo que se contemplaba en el ruedo, la descolocación los medios pases, los enganchones, les estropeasen la fiesta. Entre todo ese marasmo seamos justos y reconozcamos que Urdiales dejó algún souvenir de mucha estima: un natural, dos verónicas, una trincherilla... Hoy no fue su día, por más que se quieran empeñar los hooligans, pero su acrisolada torería, su manera de estar en la plaza ahí están como un referente en el que pueden ir mirándose los jóvenes toreros.

Tras la muerte del primero, que era curioso ver cómo el cuerpo inerte arrastrado por las mulas se deslizaba por el empapado ruedo, los altavoces volvieron a hacer sus habituales cacofonías, de las que nada se entiende en las andanadas, y se esperó el tiempo prudencial hasta que los matadores estuvieron de acuerdo en continuar la corrida. A las siete, una hora después del inicio del festejo, salió el segundo, que le tocó en suerte a Fortes, a ese constante amagar y no dar de Fortes que recibió muy generosos aplausos del respetable en sus inicios por abajo y luego fue viendo cómo se le iba yendo el toro y cómo su labor se iba a menos, sin conseguir levantar pasiones, así que optó por dedicarse a hacer bernardas, a ver si con eso llamaba la atención de alguien, cosa que no ocurrió hasta que al entrar a matar el toro se puso a perseguirle, haciéndole atravesar la plaza a toda carrera, con el toro detrás, sin que cuatro capotes, cuatro, que se dice pronto, fueran capaces de hacerle un quite al matador, que entró en el burladero del 9 por los pelos. Cuando le tocó el segundo turno puede decirse que ya apenas nadie le hizo caso y él mismo tampoco estaba en su mejor momento de motivación, por lo que su labor pasó completamente inadvertida. Se encenagó con el verduguillo.

Christian Parejo encandiló en las nocturnas del agosto madrileño a Pepe Campos, aunque hoy no ha dado esa talla de variedad, frescura y desparpajo que Pepe relataba en su crónica. De su faena al primero lo más relevante es el hecho de que brindó su labor a Mario Navas y de que fue volteado por dos veces, una en plena faena y la otra al entrar a matar, quedándose como prendido del pitón, ambas sin otras consecuencias que el susto y el porrazo. Al ir a salir el sexto la desbandada en los tendidos fue enorme, tras casi tres horas de nada y de humedad, y cuando comenzaron a verse las trazas del colorado cundió el desánimo en cuanto al posible resultado de su vis a vis con Parejo. Se encenagó con el acero. Cuando salíamos, volvía a chispear.


EPÍLOGO PARA RIOJANOS

En Las Ventas, bajo un cielo enloquecido y vengativo que descargó un apocalíptico aguacero, Diego Urdiales desplegó otra vez su torería sublime, clásica y embriagadora, transformando el anegado ruedo en un escenario de pureza tauromáquica mientras el agua torrencial convertía la arena en un anfractuoso y traicionero lago. Sus suaves verónicas, de añejo aroma, fijaron al abanto Afectivo con magistral destreza; y cuando el diluvio se desató con furia bíblica durante la faena de muleta, Urdiales, hierático e imperturbable, bordó naturales lentos, profundos y de una belleza sobrecogedora que desafiaron a los elementos. En el cuarto, de nuevo, Urdiales extrajo las embestidas con su sabiduría ancestral, dejando estampas inolvidables de clasicismo y de lentitud bajo los focos y el relente. Tan sólo los caprichosos aceros le negaron los trofeos que su arte deslumbrante merecía, mientras las ovaciones resonaron con justicia, entronizando a Urdiales como rey.




ANDREW MOORE




















FIN