la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

sábado, 27 de junio de 2026

El hombre que ríe / por Carlos Esteban

El hombre que ríe

Carlos Esteban
Es ese momento de la película en que el ‘malo’ estalla en una carcajada, porque ya no tiene que disimular: ha ganado. Tiene todas las cartas y ya no necesita seguir fingiendo. Normalmente, al menos en las películas de James Bond, coincide con el instante en que empieza a confesar con detalle todo su maquiavélico plan.

Sánchez nos ha ahorrado esa segunda parte, quizá porque podría tener consecuencias judiciales inmediatas, pero nos ha dado su risa. El Congreso de los Diputados ha instado a Pedro Sánchez, en una moción ganada por mayoría, a someterse a una cuestión de confianza y a asumir responsabilidades políticas, incluida su dimisión, por los casos de corrupción que afectan a su entorno. Y él ha respondido a la oposición de una mayoría de representantes de la ciudadanía, en una democracia, con una risita de burla y triunfo.

Para que un sistema funcione no es necesario que se crea en él, pero sí que se pretenda verosímilmente que se cree en él. Y a pesar de que desde hace tiempo hemos ido saludando cada desmán de Sánchez contra las instituciones que mantienen en pie el sistema como el epitafio de nuestra democracia, creo que, al menos visualmente, cinematográficamente, el momento es este.

En esa risa hay mucho más que en cualquiera de sus discursos o declaraciones a la prensa. Sonaba a un abogado que, gracias a un defecto de forma, logra la absolución de su cliente, un capo de la mafia cuyos crímenes han quedado demostrados.

Aunque hay un detalle más en esa risita, algo aún más indignante que su desprecio por la ciudadanía, y es su desprecio por sus enemigos políticos. Porque ese desprecio está totalmente justificado. Con esa risa les está diciendo: «Sois patéticos. Organizáis todo este circo inútil, esta mascarada, para tranquilizar vuestra conciencia o, mejor, para justificaros ante vuestros votantes, para decirles que no queréis veros implicados en mi corrupción. Pero sin pagar el precio, sin perder nada. Por eso no os atrevéis con una moción de censura: os da miedo ganar. Y a muchos otros os gusta lo que os doy».

Pero aún hay un tercer tono en esa risa, algo que la hace más natural, casi irreprimible: alivio. Ahora sabe que con esa caterva de paniaguados no tiene nada que temer. No sólo que apenas sirven para otra cosa que para declamar y gesticular, sino que, aunque él haga mangas y capirotes con las instituciones, ellos no van a sacar los pies del plato.

Estos días ha estallado un debate en redes sobre la ‘genialidad’ de Sánchez, capaz de batir a todos sus enemigos y a salirse siempre con la suya. No comparto esa visión. Creo sinceramente que Sánchez es tan mediocre como parece, aunque en un momento en que la clase política no sobresale precisamente por su brillantez.

Pero no es ese el verdadero secreto de su éxito. La razón por la que ha triunfado sobre todos es porque carece absolutamente de escrúpulos. Hasta ahora no hemos andado escasos de canallitas en el panorama político, pero quien más, quien menos, todos parecían tener un límite, alguna barrera que sentían escrúpulos en traspasar, aunque fuera por vergüenza. Sánchez no tiene de eso. Ese es todo su misterio.
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Era José Luis ganadero ilustre / por Jesús Javier Corpas Mauleón

 

Era José Luis título, pero distinto al que creía la mayoría; propietario de un hierro que da nombre a un famoso encaste, de él no provenían sus toros; sevillanísimo, era madrileño; se apellidaba García de Samaniego y Queralt, no Albaserrada como le llamaron muchos. Y este artículo no es obituario, sino alegre recuerdo. Aclaremos.

Jesús Javier Corpas Mauleón
Era 1912 cuando el conde Santa Coloma vendió a su hermano Hipólito sus Saltillos con algo de Ibarra. Sin embargo, al fallecer Hipólito, marqués de Albaserrada, Escudero Calvo compró a su viuda las reses, que acabarían aportado su genética a las divisas Victorino, Adolfo Martín y Escolar. Aunque un vástago de la aristócrata volvió a crear la ganadería en los 40, ya lo hizo con mezcla de los encastes Pedrajas (Isaías y Tulio Vázquez) y Juan Pedro Domecq. Y esa nueva sangre también tuvo éxitos, sobre todo desde que la heredó su hijo José Luis, marqués de Taracena. Nombres notables de esta época fueron Laborioso, indultado en La Maestranza; Manzanito y Sombrerero, premiados en Las Ventas; o Revoltoso, trofeo Carriquiri como Hatero, quien tomó una inédita vara de ocho minutos.

Era José Luis un hombre que acudía con frecuencia a Navarra, lidiase o no, ya que en ella estudió la carrera y tenía abundantes amistades; se hacía querer. Cuando estaba en Pamplona viajábamos juntos en mi coche a presenciar festejos por la zona, como por ejemplo al arnedano Zapato de Oro.

Era muy alegre, a pesar de lo que había sufrido en el Madrid de su infancia, cuando milicianos izquierdistas registraban continuamente su casa para matar a su padre, por suerte a salvo en Sevilla. Recordaba el dolor cuando se enteró de los curas de su colegio asesinados. Sin embargo, fue un hombre de ingeniosos chascarrillos.

Era el “marqués bohemio”, así le llamó alguna prensa, de profunda afición y gran sabiduría taurina; con él se aprendía siempre. Divertido, se definía como “buen jinete, tenista regular y propietario de una doscientas cincuentava parte de La Maestranza”. De carácter afable, recuerdo su bronquita por alquilar apartamento durante la Expo de Sevilla y no alojarme en su hacienda Mirandilla: “Jotas, te doy las llaves y a vuestro aire, que Maruchi y yo esos días no estamos en la finca. Quedas fetén con tus amigos instalándoos en el cortijo y gratis”.

Nos dejó en 2014 y, sin descendencia, legó su torada a su sobrino Hipólito

Era José Luis, criador de bravo.

Los NHB de Morante y Roca / por Ricardo Díaz Manresa


Pasada ya la locura de San Isidro, con las masas casi asaltando las taquillas -clásicas y virtuales- de Las Ventas, fenómeno que va a más y que no se había producido nunca. ¿Inexplicable?. Se han dado varias explicaciones y alguna será la verdadera porque la masa pagaba las entradas más caras que hace años incluso con algunos carteles que tenían poquísimo interés.

Los NHB de Morante y Roca

 Ricardo Díaz Manresa
Pero dejemos también la buena aceptación de la de abril, sin llegar ni de lejos a lo de Madrid, y aceptados los sanfermines con sus tradicionales llenos diarios del 7 al 14 de julio, y ahora a esperar y ver la temporada y concretamente cuánto público irá a las numerosas ferias y con quiénes. Hasta ahora estaba claro, y lo seguirá estando, que eran Morante y Roca Rey los que llenaban las plazas y, si encima toreaban juntos, pues llenazo asegurado.

¿Seguirá igual en esta temporada? Debería, pero hay algunos datos que no lo dejan tan claro y que se han visto en las primeras ferias normales de la temporada. Han toreado como columnas del cartel y sin NHB, juntos sí, pero separados no —que en 2025 lo conseguían—, más el sevillano que el peruano.

Por eso ahora nos tendremos que fijar, más que nunca, en los datos sobre el público asistente para comprobar si algo está cambiando y por qué. Y empezar haciéndonos preguntas por si el atractivo de las únicas dos figuras que tenemos mengua algo.

Es verdad que pasan los años y que cada vez están más vistos, pero Morante está mejor que nunca y Roca quiere estarlo, y puede que sí y puede que no. No le hacen ascos a la televisión, sobre todo el de La Puebla, que se deja televisar todo lo que puede y es partidario de que la mucha televisión es positiva porque atrae a bastantes nuevos espectadores. Está en lo cierto, pero también es verdad que algunos NHB de antes se han quedado en el clásico casi lleno o en el menor y tradicional en el toreo tres cuartos.

Y Morante y Roca siguen siendo los mismos, mejorados o no, y deben seguir atrayendo a las masas como líderes que son en el toreo. Incluso con la ayuda de Talavante, que les sigue en triunfos pero no en seguidores.

Hasta ahora, y espero que lo siga siendo, los dos que llenaban las plazas eran ellos dos y ninguno más. Y, si no, cojan la lista del escalafón, miren uno a uno los nombres, busquen en las entradas correspondientes en los tendidos y tendrán la realidad cruda. Y no quiero dar nombres para no perjudicarles, pero ha habido algunos triunfadores, verdaderos o falsos o que no era para tanto, pero cantados hasta que se le fue la voz a los halagadores, que no han toreado ni una después. Ni una.

Vamos, pues, a estar atentos a lo que suceda y poquito a poquito nos darán en bandeja las consecuencias.

Se cometió el error de no cuidar el relevo y tampoco los nuevos jóvenes triunfadores, que los hay aunque pocos pero despertando muchas esperanzas, son solución de momento.

En fin, que —como todo en la vida— hay que esperar.

Cuando a Dios se le olvidó Venezuela


'..Qué día a Dios se le olvidó Venezuela no se sabe, como no se saben las causas del exilio divino de este país, mitad Caribe, paraíso entero, en el laberinto más profundo de su soledad..'

Cuando a Dios se le olvidó Venezuela

Más allá de que el terremoto no mata, sino que mata el hormigón de los edificios en colapso: Venezuela. Qué día a Dios se le olvidó Venezuela no se sabe, como no se saben las causas del exilio divino de este país, mitad Caribe, paraíso entero, en el laberinto más profundo de su soledad. No hace tantas hojas de calendario, era el país Edén sin Caín y Abel. No había lugar en el mundo en donde la tierra tuviera la generosidad de varias cosechas anuales, petróleo, oro, coltán…donde en las mañanas se podía ir al cielo y tomar guarapo de caña con Dios, y luego, laderas de los Andes abajo, llegar al Caribe, en donde la creación cargó la suerte de la hermosura. Desde los años 90 del siglo pasado, hasta la actualidad de una condena de terror sísmico, Venezuela sólo cuenta miseria, lágrimas, dolor y tristeza.

En tres décadas y media, un segundo en el tiempo de la historia, todo se jodió de repente.

Si viviera Víctor José López, “El Vito” (1940/2023), uno de los periodistas/escritores con más talento y afecto por el lenguaje narrativo caribeño, llamaría a esta redacción de Mundotoro para relatar en su mágico realismo escrito la condena por décadas de su paraíso, Venezuela. Es como si la venganza contra el país más bello del mundo fuera insaciable. Tras el “Caracazo” (las revueltas sociales callejeras de 1989) causadas por la injusta forma de gobernar de Carlos Andrés Pérez, el destino enloqueció y puso como recambio gubernamental a Chaves, un militar que hablaba de un socialismo nuevo de fusiles rosas, eufemismo de ruina, persecución y canibalismo moral que fue sustituido por la lacra histórica de Maduro, burdo sátrapa vendedor del relato de Bolívar como algo de su falsa propiedad.

En tres décadas y media, un segundo en el tiempo de la historia, todo se jodió de repente. Venezuela dejó de ser el país donde los toreros ganaban más que en España porque generaba más y, montados en la moneda no acuñada, pero real, el “petrodólar”, dejaron sus esportones millones de dólares o bolívares, la moneda más fuerte de toda América. Fue el país de la democracia más temprana, sólida e inversora en futuro desde el final de la dictadura de Marcos Pérez Giménez (1958), hasta 1990. Rozó el desempleo cero (tasas continuadas sobre el 3%), tuvo la mejor sanidad, el mejor sistema educacional, desarrolló la industria de le televisión como nadie y en el toreo lucía desde caracas hasta San Cristóbal, desde Mérida hasta San Sebastián, pasando por Valencia.

Toda novedad tecnológica internacional, los mejores artistas y creativos llegaban a Caracas, donde llegaron también el lujo de toros y toreros (y hasta empresarios) para sus ferias. 

No había figura española o mexicana, de Cavazos a Capea, de Manzanares a Roberto Domínguez, de Palomo a Camino…, que pudiera serlo si no hacía temporada en Venezuela. Allí iban a ver toros Guayasamín, García Márquez, Botero, Alejandro Fernández, Guillermo Dávila…, creando una jungla de caribe, literatura, cultura, un galimatías mestizo hispano de una riqueza que jamás regresó. Uno iba a los toros a sabiendas de que a su lado se sentaba el mundo.

Venezuela se simboliza en El Vito, un periodista cuyos huesos temblaron con los dos terremotos que han asolado el país de la alegría, toda la zona de La Guaira hasta Caracas. El Vito, culto, cultivado, bon vivant, de habla con son y compás, lenguaje de literatura mágica, torero de día y más de noche. Luchó contra la dictadura, participó en el construir de Venezuela hacia el Olimpo de la grandeza, libertad y riqueza, se defraudó hasta acariciar las revueltas chavistas para regresar a su realidad culta, oponerse al neo populismo comunista del terror de Maduro, sufriéndolo en sus carnes.

Buitres de toda raza y país se han enriquecido a través de hasta el tráfico de libertades y presos. La impunidad con los carroñeros ha sido, o un castigo bíblico atroz o una disfunción divina por su tamaño gigantesco, de tal forma que, nada de lo que se cuente de ZP deja de ser una gota en un mar de infamias. Ojalá los terremotos y sus despojos y miserias de dolor den paso a una nueva era. Para que los huesos de El Vito dejen la tembladera y se reposen. Para que la libertad de paso a la felicidad y al bienestar. Para que El Caribe vuelva a vivir a ritmo del calipso, de los tambores de la costa, de la parranda y del sangueo. Y regresen los olés a las plazas de toros y la vida vuelva a los tiempos en donde el paraíso se llamaba Venezuela.
Editorial del jueves 25 de junio de 2026

viernes, 26 de junio de 2026

Los chuparruedas / por HUGHES


'..A mí Feijoo me recuerda mucho a los ciclistas chuparruedas (me viene a la cabeza el bueno de Tony Rominger) que se ponen detrás, bien protegidos del viento, para que el otro les lleve de paseo hasta la línea de meta. Luego, sprint para la foto y ¡zas! el Estado de Derecho, que de nuevo será infalible y virtuoso, tó pa ellos..'

Los chuparruedas

HUGHES
El PP de Feijoo empieza a ser algo de nota. El que quiera peces, que se moje el culo es un dicho que igual en Galicia no se estila; quizás haya una modalidad percebeira que no exija mojarse el cucu.

Porque el PP quiere hacerse con el poder con lo mínimo.

La política se la ha dejado a Vox, que o bien consigue los votos que de otra forma no vería la derecha, o construye un discurso que luego ellos usurpan sin rubor alguno.

Y sin política, sin los costes de plantear algo distinto, quieren llegar al poder por la UCO, unos jueces y los medios, casi todos salvo el escote de Santaolalla, que le van macerando a Sánchez; ya lo tienen a puntito y solo haría falta que ellos se trabajasen la moción de censura, pero no. Eso sería una imprudencia, populismo parlamentario, y un partido de Estado, de política para adultos, no hace esas cosas.

Así que salen todos a pedir que dimita. «Dimita, señor Sánchez» reedita el «váyase, señor González» que le decían al señor dominicano que nunca tuvo un juez Peinado.

Podría entenderse que ese «dimita» es un poco ritual, que les toca decirlo. Pero va en serio. Tiene que dimitir Sánchez y por eso, en lugar de una moción de censura, que sería lo propio de la oposición, le presentan una invitación para que sea él quien se cuestione la confianza. Tendría que haber en España una moción por «incapacidad moral» como en Perú para que el Parlamento se libre de los presidentes hasta arriba de corrupción. Pero no lo hay. Lo que hay es moción de censura o la cuestión de confianza, que sería hacerse el harakiri pero de verdad.

Y no simpatizo con Sánchez, pero en esto, sólo en esto, le entiendo. Yo diría: eh, los del Estado de Derecho, los de las instituciones: ¿no funciona esto como un reloj suizo? Pues que se note, hombre; echadme… ¿O es que el CGPJ era bueno ayer y hoy ya no? ¿La Fiscalía depende más del gobierno que antes? ¿Vale distinto el voto de nacionalista catalán o vasco? ¿Las leyes exigen otro quorum? ¿No conocen los partidos el pelaje del juez que promocionan?

Porque los Estadoderechistas ahora todo lo ven mal…

El PP quiere llegar subido al trabajo de la UCO, de unos jueces, y unos medios que le silencian al rival de oposición; y como toda regeneración ética, con la conversión de Aldama. Y para colmo, que el propio Sánchez se haga la moción de censura.

A mí Feijoo me recuerda mucho a los ciclistas chuparruedas (me viene a la cabeza el bueno de Tony Rominger) que se ponen detrás, bien protegidos del viento, para que el otro les lleve de paseo hasta la línea de meta. Luego, sprint para la foto y ¡zas! el Estado de Derecho, que de nuevo será infalible y virtuoso, tó pa ellos.

Madrid.- Primera novillada nocturna del verano venteño. El empuje de un novillero / por Pepe Campos

Bonifacio Alfonso

Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.
Jueves, 25 de junio de 2026. Primera novillada nocturna del verano madrileño. 

Encierro de novillos de Los Chospes (encaste Domecq, a través de Daniel Ruiz). Bien presentados a excepción del segundo escaso de trapío. Mansos y nobles. Flojos y descastados. Altos y largos. Primero y cuarto en este son. El segundo, escurrido y abierto de cuerna, aquerenciado a chiqueros, acobardado. Tercero, con mayor movilidad en la primera parte de la lidia, muy quedado en la muleta. Quinto, veleto, con querencia a chiqueros y a tablas. Sexto, aquerenciado en tablas. Casi media entrada. Noche veraniega saliendo del primer cambio climático.

Terna: Álvaro de Chinchón, de Chinchón (Madrid); de azul cielo y oro, con cabos blancos; veinticuatro años; dos festejos en 2025; silencio y silencio. El Mene, de Zaragoza, de tabaco y oro, con cabos blancos; veintiún años; treinta y seis festejos en 2025; palmas y oreja tras aviso. Félix de San Román, de Madrid, de azul noche oscuro y oro, con cabos blancos; veintisiete años; quince festejos en 2025; silencio tras dos avisos y silencio tras aviso. Félix de San Román se presentaba en Madrid.

Suerte de varas. Los novillos fueron al caballo y salieron sueltos de los encuentros. Se les picó, según costumbre, traseros. Siendo mansos, cumplieron. Como ejemplo elegimos la suerte de varas realizada por Héctor Piña al quinto. En las dos varas el novillo va de lejos, las puyas caen traseras; en la primera se le tapa la salida y se le da duro, sale suelto; en la segunda, con menor castigo, sale suelto.

Primera novillada nocturna del verano venteño. El empuje de un novillero 

PEPE CAMPOS
Con buen ambiente en los graderíos se vivió la primera de las novilladas nocturnas veraniegas del ciclo eufemístico «Cénate Las Ventas». Para la cita se eligieron novillos descastados de Los Chospes, del consabido y conseguido —por ser un ideal— comportamiento noble desrazado. Con dicho material la labor de los novilleros parecía destinada al fracaso, si bien el empuje personal de El Mene (quinto paseíllo en Las Ventas) aportó un componente de nervio a una noche que pudo quedar inédita en relación a méritos taurinos. El Mene parecía ser un novillero que iba a irrumpir con fuerza en el escalafón superior, por su buen corte, elegante y vertical, no obstante, algo indolente por suficiente, con esa manía de torear perfilado y con la muleta retrasada de los tiempos modernos, pero con mando en el manejo de los engaños, buen capote y capaz con la muleta. Se le veía con futuro. No decimos con ello que pudiera llegar a ser un nuevo monstruo del toreo, a pesar de recordar a Manolete. Desde luego resaltaba entre la novillería dada su potencialidad por conducirse por los caminos del buen gusto. Lo mejor de sus actuaciones lo tenía reservado a la hora de la suerte suprema donde se manejaba y se maneja con claridad, eficacia y soltura. También estaba y está en edad idónea. Llamado a tomar la alternativa, de pronto desaparece de los carteles de la presente temporada. Esto ha llamado la atención, más cuando se le ve anunciado en este ciclo de novilladas de poco relieve —agradables si se quiere, por aquello del verano y Madrid; poco cuidadas si se analizan los carteles y sin un objetivo claro en su planificación, aparte de la gastronomía y la fiesta—. ¿Qué ha podido suceder de por medio con este novillero? Sospechamos que por la razón que sea los gestores de los negocios taurinos dejaron de tener confianza en El Mene, posiblemente, por razones extrataurinas. Los insondables misterios de la tauromaquia. Unos sí, otros no. O entrar por el aro o quedarse fuera del sistema. Un sistema que manda y decide y que los aficionados desconocemos en su funcionamiento interno.

A pesar de todo lo explicado anteriormente sabemos que en la vida es de vital importancia la voluntad y el deseo, y el empeño personal. Si el hombre decide abrirse camino, si lo pretende de verdad, puede lograrlo o al menos haber dejado constancia de este hecho determinante, de cada biografía. Cuando surgen las dificultades en una trayectoria es el momento en el que debe aparecer el carácter y la determinación. Y esto es lo que le está sucediendo —pensamos, nos imaginamos— a El Mene. Cuando se le han cerrado las puertas dentro del sistema taurino, él ahora debe poner en juego su verdadera valía personal. Esto le viene bien, porque puede sacar lo mejor de su capacidad —que la tiene— y demostrar afición y resolución. 

En una fotografía que circulaba de los tres novilleros realizada días atrás se le veía a El Mene con semblante serio, que contrastaba con el risueño de sus compañeros. Por ahí se veía ya gestionada la respuesta a su situación, y desde ella imaginábamos la altura del envite. No quisiéramos ponernos fenómenos, pero se nos viene al recuerdo el mensaje del escritor japonés Mishima en su defensa de la sociedad original y pura japonesa (El rumor del oleaje, 1954), frente a los avatares del mundo moderno, que viene a decir que «lo único que cuenta de veras en un hombre es su empuje. Si se tiene empuje se es un hombre auténtico». Además puede ser la clave de un posible éxito, al menos en lo personal. Así vimos a El Mene ayer noche, con empuje, con decisión, dando un paso adelante. Ahora a él le queda la difícil tarea de mantener, a partir de este instante, el buen dibujo mostrado anoche. Algo que posiblemente podrá sacar a relucir en Madrid muy pronto, dentro de un mes, en la final del ciclo, de denominación humorística, «Cénate Las Ventas». La primera novillada nocturna de este verano nos reservaba esta grata sorpresa, la de El Mene y su acopiado empuje; pero no hubo sorpresa en torno a la elección del ganado que nos temíamos a la altura de lo que para este tipo de novilladas elige la empresa de Madrid: con pocas garantías. Pese a esa realidad deseamos que suba el nivel de las novilladas en las próximas citas.

Entrados en el análisis del toreo debemos comentar que ya se le vio decidido a El Mene ante su primer novillo. Pronto, desde el tercer capotazo se centró en recoger al novillo que se desentendía del engaño dada su mansedumbre. Lo lidió con eficacia llevándole desde tablas del tendido tres hasta los medios. Le puso bien al caballo. En la faena, a este novillo acobardado en tablas del tendido uno, ante la nulidad de posibilidades decide machetearlo directamente y con brevedad. Mata en tablas del uno de pinchazo y de estocada caída en la suerte contraria. 
En su segundo novillo brindó al respetable cuando la cosa prometía muy poco por lo aquerenciado hacia chiqueros del animal. El Mene, desde el tendido uno, saca al novillo hacia terrenos del ocho. Una vez allí, ante un novillo desentendido y renuente, más descastado, le templa dos pases por alto. Con la derecha en los medios del ocho le plantea la faena, con pases suaves rematados con el largo de pecho. En ocasiones salen medios pases, siempre con temple. Sube la apuesta al natural que ya son más largos y con el intento de bajar la mano en el trazo del muletazo. Buenos los remates por bajo, una buena trinchera, mando, decisión y torería. Contrasta la inexistencia de novillo, su poca sangre, frente a la firmeza del trasteo. El Mene comete el error contemporáneo de alargar la faena desluciéndose en los últimos muletazos. Mata por arriba en la suerte contraria.

Álvaro de Chinchón no tuvo su noche ante el primer novillo que fue manejable. Labor despegada y destemplada, mientras el astado le fue ganando la pelea. Torea sin lucimiento. Mata de pinchazo en la suerte natural soltando, y de estocada tendida en la suerte contraria. En el cuarto su trasteo fue poco exigente y acertado, si bien el novillo se quedaba sin embestida por su condición defensiva mansa. Lo mató en la suerte contraria de un pinchazo soltando el estoque y de estocada caída.

Félix San Román se presentó en Madrid. Muy alto de planta. A pesar de lo cual en su primer novillo quiso estar bien colocado ante la cara del astado y le sacó algún natural estimable. Dio poca distancia al animal que se fue desentendiendo del trasteo aunque el novillero intentó tirar de él. Le ahogo un poco. Para matar tres pinchazos y una estocada en la suerte natural. En el último novillo de la noche, muy manso y aquerenciado hacia tablas, ante sus pocas posibilidades decide matar, en cuya tarea tuvo que dar una vuelta completa al ruedo al tiempo de dos pinchazos y una estocada atravesada.

Reapareció con buena lidia en el sexto el subalterno Rubén Sánchez.

La suerte de varas en Madrid / por José Carlos Arévalo


'..Es realmente incomprensible la parálisis reglamentaria en todas la Comunidades Autónomas que se han arrogado el derecho de tener su propio reglamento taurino para luego no hacer nada..'

EN CORTO Y POR DERECHO
La suerte de varas en Madrid

Por José Carlos Arévalo
Vaya por delante un principio, el que legitima éticamente a la corrida de toros y que asumo con absoluta naturalidad, como cualquier aficionado: Nada se puede hacer al toro con impunidad. Todo lance, todo pase, cualquier suerte, ya sea ejecutada con compromiso o con ventaja, entraña un riesgo incuestionable para quien la hace.

Este principio se ve solo alterado por la actual tesitura en que se lleva a cabo la suerte de varas, desde un caballo mastodóntico, inexpugnable, con aparente y, a veces, real impunidad. Lo que supone una transgresión del planteamiento ético en que se asienta el toreo: en vez de ser un hombre (un torero) el receptor de la violencia del toro, es el toro quien se convierte en receptor de la violencia del hombre, permuta intolerable que el público castiga solidarizándose con el toro.

En efecto, el edificio ético de la lidia se basa en una ley natural, privativa de la especie humana: la solidaridad inquebrantable del ser humano con su semejante en peligro, ley que se cumple a rajatabla en el resto de la lidia. Hasta el punto de que ésta acrecienta el peligro de las suertes a medida que el toreo atempera al toro a lo largo de su combate, siendo la última, con razón llamada suerte suprema, la de matar al toro, la más potencialmente letal para el torero. Y el silencio colectivo, total que la precede y la acompaña, en todas las plazas del mundo, evidencia el inatacable rigor ético con que se plantea la lidia. No en vano, el filósofo Ortega y Gasset, inteligente espectador de la corrida, dijo: “En el toreo, lo ajustado es lo justo”.

De acuerdo con lo dicho, valgan algunas puntualizaciones sobre la suerte de varas que conducen a una positiva conclusión: Es fácilmente reformable. Cuenta con dos factores positivos. El caballo de picar, al margen de su desaforada romana, es el primero en toda la historia del toreo especialmente domado para la suerte de varas. Si se equilibrara su peso, siempre considerando que debe ser superior al del toro, dado que en el embroque de la suerte la fuerza que este desarrolla es el resultado de su peso por su velocidad al cuadrado, el caballo, que espera su envite parado y en un inestable ángulo semi frontal, debe necesariamente saberse defendido, así como su jinete, por un peso superior al del toro. Es un error antiguo considerar que el derribo prueba el poder del toro, Antaño, tan solo demostraba que, con un caballo flaco y terminal, la suerte estaba desequilibrada a su favor, quizá porque había muchos caballos viejos y valían poco, pero también porque el toro era menos bravo y derribar y hacer carne estimulaban su agresividad a la par que su esfuerzo lo atemperaba.

Hoy, por el contrario, la suerte está desequilibrada contra el toro. El caballo actúa muy sobrado de kilos, bastaría que tuviese los estrictamente necesarios para neutralizar el primer envite del toro y ofrecer al picador el apoyo preciso para su sujeción durante la suerte. Su obediencia a las órdenes de su jinete demuestra la calidad de doma que ofrece la cuadra Equigarce, la que si hoy aporta monturas desmesuradas -alzada, anchura y musculatura- tiene la disculpa justificada que le aporta un toro cada año más habitual, de cinco años y un peso siempre cercano a los 600 kilos, y, en ocasiones, cada vez más prometedor de una inercia que desemboque en los 700 kilos, algo que al aficionado le produce arcadas, y a lo que se ha llegado por culpa de un minoritario pero decisivo y aberrante torismo venteño, por la ausencia de principios taurinos en quien o quienes reseñan el “toro de Madrid” y por la inaudita obediencia de unos equipos veterinarios que, o bien carecen de principios profesionales o bien saben de toros menos que una monja belga.

Y como en el toreo todo está interrelacionado, la actual puya reglamentaria, voluntariamente nociva en su diseño original, cuando el caballo era viejo, flaco y débil, el peto como un babero, y el picador apenas tenía sujeción en la suerte, importaba menos que la pirámide de tres lados favorecieras el barrenar, o que la colocación del puyazo no fuera correcta, incluso que tocara la escápula, porque la estabilidad del caballo y la sujeción del picador a la suerte eran prácticamente nulas, así como mínima la duración de los puyazos, unas veces porque el toro derribaba y otras porque se iba de la suerte. Por supuesto, el espectáculo era más emocionante, mayor la posibilidad de tasar la bravura en tres o cuatro encuentros y mucho más generosas las ocasiones dadas al toreo de capa que las ofertadas por la suerte de varas actual, en la que todos sus elementos se tornan mucho más agresivos de lo que fueron en su día. Por ejemplo, el encontronazo del caballo mastodóntico con el toro mastodóntico multiplica los efectos indeseados que hace años eran irrelevantes y hoy.
A veces destruyen el juego del toro más bravo si la testuz del animal se golpea contra el estribo derecho del picador -de 7 a 9 kilos de acero con aristas cortantes-, porque se pueden producir lesiones óseas u oculares que zanjen las buenas embestidas del toro más propicio para el toreo.

Sí, ya sé que todo lo dicho son, según el tradicional aficionado torista, mariconaditas aplicables al superferolitico toro de hoy. Como la deseable sustitución del peto actual, terso y duro como una tabla en la cual el toro no puede romanear, apenas meter la cara ajo el estribo y romanear como lo hacía el toro de antaño contra el peto de borra. Sí, ¿por qué no volver al peto jerezano?

Sin embargo, lo paradójico es que los picadores son la gente más sana del mundo. Y este año, tanto en la feria de Sevilla como en la de Madrid, lo han demostrado un noble talante en la ejecución de la suerte: se ha regresado al puyazo más delantero, fijo, sin manipulaciones cuando la puya se ha introducido. Y si persiste, aunque más moderadamente, la recarga, es por culpa del tope que separa la pirámide de la base de la puya, otra prueba más del siniestro diseño de la puya reglamentaria.

Es realmente incomprensible la parálisis reglamentaria en todas la Comunidades Autónomas que se han arrogado el derecho de tener su propio reglamento taurino para luego no hacer nada.