la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

lunes, 17 de junio de 2019

Márquez & Moore. Sesión fotográfica de Pablo Aguado para la Prensa, con un toreo de fantasía, pero sin olivares


el momento de más interés de la tarde ha sido
la fuerte caída de latiguillo que le ha proporcionado el sexto
de la tarde, Zahareño, número 40, a Manuel Bernal,
quien luego se lució citando a distancia y clavando arriba


Crónica de José Ramón Márquez
Fotos de Andrew Moore

Los taurinos no hemos sabido defendernos
Santiago Domecq

Mayoral y Domb
Campechanía

 Sesión fotográfica de Pablo Aguado para la Prensa, con un toreo de fantasía, pero sin olivares

José Ramón Márquez
Lo de la Corrida de la Prensa era como para hacérselo mirar, que a ver a santo de qué nos vamos a ir a los toros convocados por esa prensa que hace ya demasiado tiempo que dejó de atender los intereses de sus lectores para dedicarse a servir de plataforma a los desmesurados egos de sus tristes columnistas, a los EBITDA de sus zafios Ceo’s o a los contubernios con quien arrime algún ascua a la macilenta sardina de la audiencia. Y si hablamos de la Prensa Taurina, entonces ya hay que irse directamente a La Codorniz, o mejor aún al TBO o al Pulgarcito, que iban dirigidos a una audiencia más infantil, y si ésta hubiese sido anunciada como la Corrida de la Prensa Taurina no habríamos ido ni aunque nos garantizasen que habían clonado a Frascuelo, a Gallito y a Antonio Bienvenida, porque desde el principio ya sabríamos que eso era mentira.

La verdad es que la Corrida de la Prensa de este año era una ocasión pintiparada para no sacar el boleto y dedicar este domingo a disfrutar de la familia, que tras un mes de ausencias se merecían esta atención, y de hecho muchos pensaron así y declinaron amablemente ante las taquillas la oportunidad que se les brindaba de comprar la entrada de esta corrida fuera de abono, reforzada la decisión por lo poco atractivo del cartel en el que estaba David Fandila, que se había quedado fuera de la Feria, López Simón, que se debería haber quedado fuera de la Feria, y Pablo Aguado, que con alguno había que completar la terna. Lo que nadie se imaginaba es que tras el toque de atención de Pablo Aguado en la pasada Feria de Abril sevillana y su ¡aquí estoy yo! en Las Ventas del día 18 de mayo en la corrida de Montalvo, la Corrida de la Prensa se iba a venir arriba consiguiendo llegar a colgar el cartel de “No hay billetes”.

No vamos a quitar el mérito que tengan los otros dos actuantes, pero hasta el más lerdo puede darse cuenta de que el mérito del cartelito de la ausencia de billetes a la venta para hoy es por entero debido a Pablo Aguado, que cuando un torero tiene a su alrededor el run-rún del interés no es necesario que los de la Prensa vengan a venderlo, como ese humo negro de neumáticos que venden consuetudinariamente como si fuese delicado incienso de Java y Sumatra.

Ahí tenemos, a las siete y ocho minutos, a los tres actores dispuestos a ponerse en marcha en procesión tras de los alguaciles y en ese instante no podemos evitar que nos venga el recuerdo de Iván Fandiño (qDg) en el día de su crucial apuesta, la más descarnada de las de toda su vida torera, en aquel trascendental paseíllo con la Plaza llena, asumiendo la ímproba presión que para un hombre significa saber que prácticamente todos los que están allí están por él. Y hoy, de igual manera, a un muchacho vestido de grana y oro, que hace ocho meses confirmaba su alternativa en Madrid, le correspondía la apabullante carga de ser el responsable de haber llenado la Plaza, de haber hecho que todos los que habíamos decidido no sacarnos el billete para esta corrida nos olvidásemos de nuestras óptimas intenciones sobre el reagrupamiento familiar y nos abalanzásemos hacia las taquillas a buscar una entrada lo más próxima posible a la de nuestro abono. Y se consiguieron las entradas, pero aquello era un disparate porque allí cada cual estaba donde no debía, aunque algunos pocos previsores sí que se mantenían en sus localidades, y entre medias se habían incorporado personas nuevas y desconocidas, que siempre enriquecen, y alguna agradable sorpresa, y el resultado era como si se hubiese barajado la Plaza por completo: los de la delantera en la fila cuatro, los de la fila dos en la siete, mi sitio ocupado por la querida aficionada E. y alguno por allí con una entrada de la fila 27 del 5, todos ellos convocados de manera inequívoca por el nombre de Pablo Aguado.

Ya se dijo antes la terna y falta decir que el ganado era de Santiago Domecq, de Jerez de la Frontera, que es vacada hecha a base de reses de origen Juampedro, Jandilla y Torrestrella, esos encastes que tanto gustan a la Prensa, que su divisa es azul y blanca y que la finca en la que se halla la vacada se llama Garcisobaco, que es nombre que en sus tres últimas sílabas evoca con fuerza al arte con las banderillas del actual asesor artístico de la Presidencia, Joselito Calderón, en su época de banderillero por libre. El ganado, bien presentado, mostró una curiosa variedad de capas y, por lo general, dio más facilidades que problemas a los toreros.

Lo que hubiese quedado como rompedor es que antes de la corrida, como en la superbowl americana, le hubiesen dado un micrófono a Victoria Prego, la presidenta de la Asociación de la Prensa, para que durante unos minutos hubiese contado a la audiencia cautiva la Transición y los Pactos de la Moncloa por fascículos, especialmente ahora que se ha puesto tan de moda lo de denostar la Transición. No se hizo, y se perdió ese interesante momento de andragogía. A cambio don Trinidad López-Pastor sí que hizo lo que mejor le sale, que es sacar el trozo de tela blanca para que comenzase el festejo.

Como veníamos por Pablo Aguado vamos a tratar su caso y así el que quiera ya puede dejar de leer lo otro, si va con prisas. De nuevo hoy ha dejado Pablo Aguado en Las Ventas la marca de su estilo, la finura de sus modos, la elegante naturalidad de sus formas, la torería añeja que alberga, la personalidad y ha recibido cálidas palmas de tantos que están abrumados de tanta estética feísta y retorcida para los que ese soplo de belleza es un manantial de agua en medio del desierto del Gobi, pero lo que hoy ha puesto Aguado sobre la mesa no es otra cosa que el mero desarrollo de sus características como torero sin profundizar en lo que, precisamente, hace grande al toreo: la posición en el cite, el traerse al toro, el caer hacia adelante. 

Aguado ha dado una sesión fotográfica para que las gentes de talento como Andrew Moore se recreen, como una bellísima top model, pero su propuesta no contiene verdad, está desprovista de la ética que nace de la asunción del riesgo que deviene de hacer al toro ir por sitios distintos a los que su naturaleza le llevaría.

 En Aguado hay el aroma a Curro Romero en su muletazo breve, sin forzar la figura, en su toreo a la media altura, pero falta la posición que es la que hace crecer la faena. Sin ella nos hallamos ante una recopilación de momentos bellos, pero eso ni es faena ni, en puridad, es toreo. Una media verónica al principio marcó el más sobresaliente recuerdo que Aguado deja en esta tarde. Mata mal, quedándose en la cara y el toro le hiere. De los dos posibles toros la cosa se queda en uno, porque al ver manar la sangre de la herida ya sabíamos que no saldría para despachar el sexto.

Fandila hace lo que hace Fandila y por ahí hay gente que, por lo visto, quiere que Fandila, que no se mete con nadie, sea el niño Pepe Luis. Fandila tiene un más que aceptable capote, unas banderillas que generalmente son de índole vulgar, una muleta de baja temperatura y una buena decisión e idea al matar. Con esos mimbres, que no son como para tirar cohetes, Fandi ha toreado mucho y ha dado su espectáculo por doquier sin pretender ser una figura de época ni mucho menos, y eso mismo ha hecho hoy en Madrid donde le ha tocado apechugar con tres toros por percance de Aguado. En el que mejor ha estado, a su modo, ha sido en el tercero de ellos, al que ha llevado al caballo con un óptimo galleo por chicuelinas, luego ha hecho un quite por caleserinas y faroles, y después ha puesto banderillas, con un buen par bien ajustado por los adentros en el que él mismo lleva al sitio y deja colocado al toro a cuerpo limpio y además se abstiene de meter un peón tras de la barrera a hacer le el quite desde detrás de las tablas, como puso de moda Esplá cuando ya estaba algo mayor y no se fiaba de sus facultades. Luego el toro, picado fuertemente, se va desangrando y perdiendo fuerzas en la faena y, al darse cuenta Fandi de eso, decide cortar el trasteo e irse a por el estoque con el que falla por dos veces, lo cual es bastante raro en él.

López Simón estuvo en el mismo plan que se le ha visto en la Feria, en su primero que era el bueno puso en marcha los resortes que le han abierto un puñado de olvidadas Puertas Grandes en Las Ventas. Acaso no se ha dado cuenta de los vientos de cambio que esta pasada Feria de San Isidro ha traído y él se mantiene fiel a lo que antes del día 14 de mayo era válido y que el 16 de junio ya no lo es. El de Barajas ha conseguido, con un buen toro, armar una faena a menos, muy larga y falta de cuajo. Con su segundo, como otras veces hemos dicho “el toro era peor y el torero era el mismo”.

El momento de más interés de la tarde ha sido la fuerte caída de latiguillo que le ha proporcionado el sexto de la tarde, Zahareño, número 40, a Manuel Bernal, quien luego se lució citando a distancia y clavando arriba.

En la ficha del programa anuncian la corrida del domingo próximo, con toros de Dolores Aguirre, y encima hay un letrero que dice: ”Hoy termina San Isidro…¡Pero la temporada continúa el domingo!”… ¡Pues no! San Isidro se acabó el viernes y estas corridas de apaño como la de hoy o la de ayer van a continuación de la Feria de San Isidro, pero no son parte de dicha Feria, se pongan como se pongan.

Andrew Moore

De Jerez de la Frontera,
donde se comen las papas enteras

El Fandi, de berenjena y oro
Estocada (silencio)
Estocada (silencio)
Dos pinchazos y estocada (ovación de despedida)

Fandila hace lo que hace Fandila

y por ahí hay gente que, por lo visto, quiere que Fandila,
que no se mete con nadie, sea el niño Pepe Luis

El encaste que gusta a los revistosos del puchero

López Simón, de azul marino y oro
Metisaca y estocada (aviso, silencio)
Pinchazo y estocada trasera (silencio)


en el mismo plan que se le ha visto en la Feria

“el toro era peor y el torero era el mismo”

Pablo Aguado, de grana y oro
Pinchazo, estocada y cinco descabellos (dos avisos, saludos)
Herido, pasa a la enfermería

De nuevo hoy ha dejado Pablo Aguado en Las Ventas
la marca de su estilo, la finura de sus modos,
la elegante naturalidad de sus formas, la torería añeja
que alberga, la personalidad 

y ha recibido cálidas palmas de tantos que están abrumados
de tanta estética feísta y retorcida para los que ese soplo
de belleza es un manantial de agua en medio del
desierto del Gobi

pero lo que hoy ha puesto Aguado sobre la mesa no es otra cosa
que el mero desarrollo de sus características como torero
sin profundizar en lo que, precisamente, hace grande al toreo:

la posición en el cite, el traerse al toro, el caer hacia adelante

mata mal, quedándose en la cara y el toro le hiere

Parte médico:
«Herida por asta de toro en 1/3 superior cara interior muslo
derecho con dos trayectorias, una hacia arriba y hacia fuera 
de 15 cm. y otra hacia atrás de 10 cm., que lesiona músculos
sartorio, rector anterior y crural. Erosión en región frontal. 
Es intervenido quirúrgicamente bajo anestesia general
en la enfermería de la plaza de toros.
Se traslada a la clínica de la Fraternidad Muprespa Habana.
Pronóstico: grave»

¿Juampedro, Jandilla, Torrestrella?

Guernicazo final

Mártires Concepcionistas. Dos de las religiosas que serán beatificadas fueron torturadas y asesinadas por milicianos comunistas, en Vicálvaro, en 1936


Fotografías hechas por el sepulturero de Vicálvaro de la madre Inés (derecha) y de sor Mª del Carmen (izquierda)

"Ha llegado la hora de Dios. Si es preciso, demos la vida por Él". La España de la la Guerra Civil fue la España de los mártires. Es memoria histórica.

Mártires Concepcionistas. Dos de las religiosas que serán beatificadas fueron torturadas y asesinadas por milicianos comunistas, en Vicálvaro, en 1936


Mártires Concepcionistas. Dos de las religiosas que serán beatificadas fueron torturadas y asesinadas por milicianos comunistas, en Vicálvaro, en 1936

El próximo sábado, 22 de junio, a las 11 de la mañana, en la Catedral de la Almudena de Madrid, se celebrará la ceremonia de beatificación de 14 monjas concepcionistas franciscanas, que será presidida por el Cardenal Giovanni-Angelo Becciu, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos. Diez Hermanas pertenecían a la comunidad religiosa del convento de San José de Madrid; dos procedían del monasterio de El Pardo y otras dos religiosas pertenecían a la comunidad de Concepcionistas de Escalona.

El convento de San José y el monasterio de El Pardo son dos de un total de los 19 conventos fundados o comunidades reformadas por Sor Patrocinio. En toda la Historia de la Iglesia, yo no tengo noticia de que nadie haya fundado tantos. Y de los 19 debidos a la acción de Sor Patrocinio, dos de ellos han proporcionado 12 monjas elevadas a los altares. Y como de santidad hablamos, hay que mencionar que la Orden de las Concepcionistas, además de las monjas de América que están en proceso de beatificación, en España tienen abierto igual proceso las Madres Teresa Romero y Ana Alberdi, además de tres místicas de proyección gigantesca: la ya citada Sor Patrocinio, la Madre Sor María Jesús de Ágreda y Sor Ángeles Sorazu.

De las concepcionistas franciscanas sabemos muy pocas cosas, porque ellas como todas las monjas de clausura son los cimientos en el edificio de la Iglesia. Y los cimientos de una catedral están ocultos en la tierra, pero sin ellos no podríamos contemplar la belleza de esas bóvedas de piedra que, desafiando la ley de la gravedad, se elevan al cielo para dar gloria a Dios. La visión de la hermosura de todas y cada una de esas almas, encerradas en la clausura, está reservada para el día que se abra el verdadero libro de la Historia, que será el día del Juicio Final. Mientras tanto tendremos que conformarnos con unas pequeñas pistas que ofrecen las vidas de esas monjas de clausura, que se hacen públicas, cuando son elevadas a los altares. Y por eso hoy las voy a seguir contando.

Sin duda, el martirio es una gracia de Dios, pero solo lo puede aceptar quien se prepara para ello con una profunda vida interior 

De diez de las 14 que van a ser beatificadas, de las del convento de Santo José, ya me ocupé en dos artículos anteriores. La publicación de hoy se la voy a dedicar a los dos mártires del monasterio de El Pardo, fundado por Sor Patrocinio el 11 de diciembre de 1859, bajo la advocación de Nuestra Señora de las Misericordias y San Antonio de Padua.

El comienzo de esta historia se localiza en un pueblecito de la provincia de Zamora, porque las dos mártires de El Pardo, además de hermanas de religión, lo eran también de sangre. Como el de todos los santos, el comienzo de estas dos tuvo lugar en la pila bautismal de la iglesia de Avedillo, una aldea a mitad de camino entre Puebla de Sanabria y la capital de la provincia. La mayor de las dos hermanas era Carmen, que nació en 1895, y cuatro años después vino al mundo Inés. Sin embargo, fue la pequeña la que ingresó primero en el monasterio de El Pardo, en 1908, y seis años después lo hizo su hermana Carmen.

Sin duda, el martirio es una gracia de Dios, pero solo lo puede aceptar quien se prepara para ello con una profunda vida interior. Y como muestra un botón de cómo era la de estas mujeres antes del martirio. Cuenta una de las monjas de El Pardo que vivió con ellas, que a Sor Inés se le quedaban cortas las dos horas de oración que la Regla destinaba a esta práctica, y por la noche le hurtaba tiempo a su descanso, para permanecer en la capilla. Con sencillez y sinceridad cuenta esto de lo que fue testigo: “En mi curiosidad de novicia pude comprobar, varias veces, que hacía la oración postrada en el coro. Con mucho cuidado salía de su celda, cuando todas las religiosas se habían ya retirado a descansar. Yo que tenía el sueño más ligero, me levantaba y de puntillas me acercaba al coro y siempre la encontraba orando sobre una cruz de madera. Otras veces por la cerradura de la puerta de la celda la veía hacer oración con los brazos en cruz”.

El 21 de julio de 1936 asaltaron el monasterio de El Pardo, y mientras aporreaban las puertas del convento, exigiendo a las monjas que salieran, la Madre Inés, que era abadesa desde el año anterior, ordenó a todas que se pusieran las ropas de seglares y bajaran a la portería. Y antes de abrir las puertas les dirigió estas palabras: “Hijas mías, ha llegado la hora de Dios. No olviden que somos religiosas, almas consagradas al Señor ¡Sean fuertes! Si es preciso, demos la vida por Él”.

Cuando abrieron las puertas, los milicianos y las milicianas, que de esas también había unas cuantas, formaron un pasillo y recibieron a las monjas entre insultos y blasfemias. Las rodearon y las empujaron con los fusiles hasta llevarlas a la plaza del pueblo, donde el cabecilla se dirigió a las gentes que allí habían acudido para soltar los tópicos marxistas de entonces y de ahora: que las monjas son enemigas del pueblo y aliadas de los ricos explotadores de los proletarios. Cuando el demagogo integró a las monjas en el bando de los ricos,  a buen seguro que la Madre Inés tuvo que acordarse en esos momentos de su infancia en Avedillo, y del trayecto de más de diez kilómetros que tuvo que hacer, a lomos de la burra del tío Ángel, para ir desde su aldea a Puebla Sanabria, donde cogió un tren para venir a Madrid, cuando ingresó en el monasterio de El Pardo como novicia.

Acabado el mitin, las llevaron al puesto de control donde un autodenominado tribunal popular les tomó declaración entre los insultos y las vejaciones de los jueces rojos. Y fue entonces cuando un grupo de familias de El Pardo salió en su defensa, ya que las monjas eran muy apreciadas en la población, porque desde que fundara el convento Sor Patrocinio había establecido que, como en todos los suyos, hubiera un colegio para atender a las niñas más necesitadas.

Estas familias consiguieron que las soltaran los milicianos y las acogieron en distintas casas. Pero poco duró la calma, porque a los cuatro días los socialistas y los comunistas hicieron público un bando en el que amenazaban con quemar las casas, donde se refugiara alguna de las monjas. Por este motivo, las mismas monjas decidieron abandonar una población tan pequeña como El Pardo, donde todos se conocían, para refugiarse en Madrid.

El capellán del convento había encargado a su madre, Doña Consuelo, y a su hermana que les buscara casas en Madrid, donde podrían estar más seguras. Y aunque dispersas por distintos barrios, la comunidad de El Pardo se mantuvo unida, gracias a que una de ellas, Sor Dolores, hizo de enlace. Sor Dolores les llevaba noticias unas de otras, les proveía de los alimentos que conseguía, pero sobre todo les llevaba la Sagrada Comunión, porque siempre que pudo fue portadora de las Sagradas Formas.

Las dos hermanas zamoranas, la Madre Inés y Sor María del Carmen fueron acogidas por un matrimonio que vivía en el número 115 de la calle Ayala. Ellas se levantaban muy temprano, antes que los dueños, para hacer una oración más larga que la del convento, y cuando habían acabado todos los rezos acostumbrados, ya era la hora de que se levantaran los dueños de la casa. Entonces se unían a las tareas de limpieza, lavaban la ropa y cocinaban. Y cumplidas todas estas labores, se encerraban en su habitación durante el día para que las visitas no descubrieran su presencia.

No llevaban ni un mes en la casa de la calle Ayala, cuando el domicilio sufrió un registro. A primera hora de la tarde del día 20 de agosto de 1936, un grupo de milicianos armados se presentó en la casa y registró todas las dependencias de la misma. Cuando abrieron la puerta de su habitación, no dudaron de que habían encontrado lo que iban buscando:

—¿Vosotras sois monjas?

—Sí, para servir a Dios  -respondió la madre Inés.

La repuesta les enfureció y descargaron su ira y su odio contra Dios en forma de insultos soeces y blasfemias. Se marcharon, pero dando a entender que pronto volverían.

En efecto, ese mismo día a las ocho de la tarde, regresaron los milicianos con una camioneta, en la que se llevaron a las dos monjas y al matrimonio que las había hospedado. Todos ellos fueron trasladados a la checa de Vicálvaro.

Inmediatamente las dos hermanas sufrieron un interrogatorio, en las que se les preguntó por el paradero del resto de la comunidad. Ante su negativa, comenzaron a torturarlas. No hubo parte de su cuerpo que no recibiera los golpes de las culatas de los fusiles y cuando vieron que era imposible sacarles nada, las arrojaron a una dependencia que hacía de calabozo.

El 20 de agosto de 1936 trasladaron a las dos monjas -Sor Inés y Sor Carmen- y al matrimonio que las había hospedado a la checa de Vicálvaro.

Al amanecer del día 21 de agosto, las dos monjas fueron llamadas por su nombre y las ordenaron subir a una camioneta que esta aparcada en la puerta de la checa. Y conscientes de cuál era su destino, la madre Inés se dirigió a sus verdugos en estos términos:

“A nosotras pueden matarnos, somos almas consagradas a Dios y daríamos mil veces la vida por ser fieles a Él. Pero a estos buenos señores, que por caridad nos han acogido y tratado con humanidad y cariño, les rogamos que no les hagan nada. Se habrían comportado igual con cualquier persona necesitada”.

Les hicieron caso y sacaron de la fila al matrimonio. A las dos monjas, como a todos los que subieron a la camioneta, a los que habían atado previamente las manos de dos en dos, les llevaron a un descampado, próximo al cementerio de Vicálvaro. E inmediatamente que se bajaron, fueron fusilados. El jefe de los verdugos fue el encargado de rematar a las víctimas con el tiro de gracia, a la Madre Inés la disparó en la boca y a Sor María del Carmen en el estómago.

Los cadáveres fueron cargados en la camioneta y abandonados en las tapias del cementerio de Vicálvaro, como fardos de basura. El enterrador que supo que las dos eran religiosas, pensando que algún día reclamarían sus cadáveres, lavó cuidadosamente sus rostros, puso en orden sus vestidos, las colocó en posturas decorosas, hizo una foto a cada una y enterró sus cuerpos uno al lado de otro y sobre su tumba puso una señal, que facilitara con el tiempo su identificación.

Al concluir la guerra, el sepulturero entregó al juez toda esta valiosa información, que ha permitido recuperar los restos de estas dos mártires Concepcionistas, porque de los de las otras doce que serán beatificadas el próximo sábado no ha sido posible encontrar ningún cuerpo. Los restos mortales de la madre Inés y de su hermana, Sor Mercedes, reposan actualmente junto con los de la fundadora de su Orden, Santa Beatriz de Silva, en la casa madre de las Concepcionistas de Toledo.

Javier Paredes
Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Alcalá

SAN ISIDRO 2019. LA CORRIDA DE SANTIAGO DOMECQ EN EL OBJETIVO DE ANDREW MOORE. / PABLO AGUADO HERIDO


En el último festejo de la Feria, Pablo Aguado da muestras de su gran calidad pero es herido, al entrar a matar. Santiago Domecq, que ya triunfó en Sevilla, lidia una excelente corrida, con casta, nobleza y movilidad; destaca el último, uno de los grandes toros de la Feria.


San Isidro. Monumental de Las Ventas
Domingo 16 de junio. Corrida de la Prensa. Lleno de «No hay billetes». Toros de Santiago Domecq de excelente juego, en general.

El Fandi, de berenjena y oro. Estocada (silencio). En el cuarto, estocada (silencio). En el sexto, dos pinchazos y estocada (ovación de despedida).
López Simón, de azul marino y oro. Metisaca bajo y estocada (aviso, silencio). En el quinto, pinchazo y estocada trasera (silencio).
Pablo Aguado, de grana y oro. Pinchazo, estocada y cinco descabellos (dos avisos, saludos). Herido, pasa a la enfermería. 

Parte médico: «Herida por asta de toro en 1/3 superior cara interior muslo derecho con dos trayectorias, una hacia arriba y hacia fuera de 15 cm. y otra hacia atrás de 10 cm., que lesiona músculos sartorio, rector anterior y crural. Erosión en región frontal. Es intervenido quirúrgicamente bajo anestesia general en la enfermería de la plaza de toros. Se traslada a la clínica de la Fraternidad Muprespa Habana. Pronóstico: grave»

 Fandi



 López Simón



 López Simón


 Pablo Aguado