la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

jueves, 14 de mayo de 2026

San Isidro'26. Pablorromeros duros de pezuña y tres tíos de respeto, Ferrera, Calita y Colombo, que ahí estuvieron. Márquez & Moore


'..Los de Partido de Resina nos han ofrecido una corrida llena de complicaciones, de dudas y de incertidumbres, una corrida a la que no se han apuntado Lagartijo, Hermosilla y Guerrita, o sus equivalentes de la hora presente, pongamos Talavante, Roca y Gordito II, sino tres que pasaban por allí que suman 34 festejos, de los que 24 son de Antonio Ferrera, uno de Calita y nueve de Jesús Enríque Colombo. Un respeto para estos tres..'


JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ
Hoy tocaba la cita con los Partido de Resina, que ya llevaban la torta de años sin echar una corrida entera en Madrid, y la verdad sea dicha, esperábamos con ansia ver a los toros de la divisa celeste y blanca cantando su temario en Las Ventas. Lo que hemos tenido ante nuestros ojos atónitos ha sido un maravilloso viaje en el túnel del tiempo, volando hacia aquel 8 de abril de 1888 en que se anunciaron en Madrid como procedentes de don Rafael Laffita y del Duque de San Lorenzo, en una tarde primaveral de aquel año tan lluvioso, los toros de don Felipe de Pablo Romero. Aquella tarde se vieron con esta ganadería tres coletas de renombre: Lagartijo, Hermosilla y Guerrita, y eso que la divisa se estrenaba en Madrid, pero en aquella época los matadores de toros eran menos tiquismiquis que en la actual. Tras pasar una buena porción de años en manos de los Pablo Romero, decadentes, blandos y finales, los toros fueron a parar a las manos de Partido de Resina, y ahí llevan cerca de treinta años de esfuerzo por mantener y sostener esta casta única y corregir los muchos errores que con ella se cometieron en el pasado. 

Hemos visto con preocupación a los toros de Partido de Resina blandos como flanes, caedizos y parados y hemos visto cómo el trabajo de selección iba dando sus frutos en diversas plazas hasta llegar hoy a Madrid en la que estos toros venidos de otra época han sido duros de pezuña, exigentes, demoníacos a veces, cambiantes, duros y plenos de personalidad. Los de Partido de Resina nos han ofrecido una corrida llena de complicaciones, de dudas y de incertidumbres, una corrida a la que no se han apuntado Lagartijo, Hermosilla y Guerrita, o sus equivalentes de la hora presente, pongamos Talavante, Roca y Gordito II, sino tres que pasaban por allí que suman 34 festejos, de los que 24 son de Antonio Ferrera, uno de Calita y nueve de Jesús Enríque Colombo. Un respeto para estos tres.

Los que van a los toros a buscar verónicas de alhelí hoy no han tenido su día, desde luego, porque hoy lo que había en el ruedo era una sucia trinchera en el Somme, barro y desesperación y tres hombres de luces trepando por los parapetos «dejado atrás todo lo placentero», como dijo el poeta. Ahí había seis enigmas, cada cual distinto de los otros, cambiantes y atentos, en cuya testuz llevaban marcada a fuego la palabra «miedo». Los toros de aquella remota tarde de 1888 aliviaron de la pesadez de la vida terrenal a diez caballos; los de hoy, vistas las trazas que se gastan los del castoreño, habrían dejado vacíos los establos del hipódromo de la Zarzuela y hubiera sido bueno ver su comportamiento frente a caballos sin faldas, si hubieran tenido la opción de meter el pitón en lo blando. Mañana está anunciada la ganadería de El Parralejo, toros tontos y previsibles para la sensibilidad contemporánea, pero hoy era la hora de los valientes y hoy no había apenas excusa para tomarla con los de oro, porque la prueba a la que fueron sometidos tuvo mucho de sobrehumana.

Plateadoro, número 2, fue el primero de la tarde y marcó la seriedad general que traía el encierro. Se desengañó de que le clavasen un hierro en la espalda sin poder hacer nada y acudió a la brega cuidadosa que le dio Antonio Ferrera, que en uno de sus arranques de originalidad mandó a los tres peones de la cuadrilla a poner un par de banderillas cada uno, cosa nunca vista. La cosa cambia de signo cuando tocan a muerte, porque a Ferrera le cuesta una barbaridad ir al sitio donde el exigente toro le demanda que se ponga. El cite desde afuera no es el plan de Plateadoro y Ferrera no quiere arriesgarse a meterse en un terreno de más complicación, por lo que pueda pasar. Estar ahí abajo con ese toro debió ser una experiencia de una descomunal intensidad, digamos esto en favor del torero, pero la verdad es que las contadas veces que se colocó bien, especialmente con la derecha, el toro respondió, incluso con cierta nobleza. Mató de estocada.

Alpargato, número 21, es otro toro muy serio, muy en el tipo. Empuja con fuerza en su primer encuentro con Alberto Sandoval y se desengaña un poco en la segunda entrada. No da facilidades a los de las banderillas y propicia un quite muy oportuno de Ferrera, muy atento toda la tarde en la dirección de la lidia, a Delijorge. Se encuentra con Calita, que quiso poner su saber y sus carencias frente al imponente toro y sus derrotes por lo alto y que no acertó con el estoque, dejando al final una estocada improvisada al encuentro.

Escribano, número 20, de gran presencia y aire agresivo, saludó a Colombo poniéndole el pitón a dos milímetros del pecho cuando estaba lanceando con el capote. Llega al relance al caballo de Israel de Pedro, que le da con ganas, y sale de ahí completamente parado. Parece que le ha dado un aire y nadie apuesta por que ese toro vaya a moverse. Colombo se lo piensa un rato antes de coger las banderillas y finalmente se dispone a colocar sus tres pares en los que el toro le aprieta de lo lindo hacia los adentros, al sentir los garapullos. Sorprendente cambio de humor del toro, que llega al último tercio en condiciones de tomar una primera serie con cierto buen aire, hasta que se le avinagra el carácter, acaso por constatar la deficiente colocación del venezolano, que bravamente porfió con el imponente bicho lo que sus fuerzas le permitieron, sin recibir más que hostilidad. Luego, un pinchazo bien agarrado y un descabello le sirvieron para poder irse al burladero.

Capotero, número 8, otro cárdeno bien serio y ofensivo, no dio señales de bravura en su relación con Borja Lorente y su penco, saliendo de naja como habríamos hecho los demás. Esta vez banderillearon los peones, a los que el toro no dio facilidades para cumplir su cometido. Para calibrar la dificultad digamos que, en la segunda pasada, un gran peón y rehiletero como es Ángel Otero pasó clavando un solo palo. En este toro y ante la incomprensión general Ferrera se esforzó en cumplir su cometido. Busca la colocación y sin prisas va labrando al toro pacientemente. Por momentos parece que el animal va a entrar al juego de Ferrera, bien colocado y jugándosela a veces, especialmente en los pases naturales que literalmente le va robando. Muchos no admiten el metraje de la faena y recriminan al matador. Una estocada acaba con el animal.

Alborotador, número 7, casi reedita lo de Alpargato. Sinceramente creo que la prueba a la que se ha sometido a Calita ha sido titánica. El toro toma una vara y se desengaña en la segunda, no ayuda en banderillas y llega con la cara levantada al último tercio, para que se vea que la labor de los picadores es una porquería cuando se trata de vérselas con toros que no son como los de todos los días. Con esos mimbres y su mejor voluntad, Calita aguanta las inciertas oleadas del toro y le deja una buena estocada.

Garrofo, número 1, es la guinda de esta interesantísima corrida. Podemos decir que es el epítome de la maldad en todos los tercios y también podemos decir que es el menos pablorromero de los seis de la tarde. Se declara enemigo del tercio de varas, con poca o nula intención de acudir. Las gentes silban a Pepe Aguado porque pisa la estúpida raya blanca y al final se consigue picar al toro casi de cualquier manera. Colombo toma los palos y tras varios infructuosos intentos decide entregarle las banderillas a la cuadrilla, cosa que nunca antes habíamos visto. Los peones hacen buena aquella coplilla de 1888, también con los de Pablo Romero:

Ambos a dos con los palos
Quedaron a altura igual
estuvieron malos, malos
pero mal, requetemal

y el presidente Rodríguez San Román, viendo el incontable número de pasadas en falso que se habían dado decide sacar el trapo blanco, con lo que crea la furia de la afición que continúa mientras Colombo estaba tratando de vérselas con el taimado cálculo de Garrofo, al que se quitó de encima con una estocada metiendo hábilmente el brazo.

Tremenda corrida de toros la de hoy en la que la palabra «dificultad» presidió todos y cada uno de sus actos. Los toros de Partido de Resina ya no se caen y orgullosamente se descaran con el que se ponga delante. Nadie osó pensar hoy en pases cambiados por la espalda, manoletinas o bernardinas, porque hoy el juego era salvar la vida, porque hoy, en la ruleta de arena de miga de Las Ventas se jugaba con la dureza del toro cambiante y con personalidad, del toro imprevisible en su comportamiento, del toro que no da nada, al que todo hay que arrebatárselo, y a los estetas esto no les gustará, pero a los que somos simples aficionados a los toros, nos encantó esta aterradora corrida de toros.



ANDREW MOORE



















FIN

PALCO 16 - 5ª SAN ISIDR0.- Sálvanos Señor / por Jorge Arturo Díaz Reyes


Antonio Ferrera y “Capotero” el 4°. Foto: Las Ventas

'..Pero Antonio Ferrera, dejando sus excentricidades a un lado, se empeñó en otra mayor, como al fin la plaza demostró, la de lidiar un manso en estos tiempos modernísimos que corren..'

Sálvanos Señor

Jorge Arturo Díaz Reyes
CrónicaToro / Madrid 13 V 2026
La tarde más benévola de lo que va de feria. Soleada, luminosa y tibia. Los antiguos pablorromeros se encargaron de ensombrecerla. Y no por falta de trapío y apostura. Por falta de bravura, condimentada con complejidades insolubles para la terna, salvo en el caso de Ferrera, con el cuarto. “Capotero”, uno de los dos cinqueños del encierro.

Cárdeno, de 521 kilos, muy astifino, como todos, Salió con avilanteces que obligaron a un lanceo de doma y arreo hasta los medios. Ilusionó atacando de largo al caballo de Borja Lorente que antes del tardeo, se dio una exhibición de toreo ecuestre para traerlo a jurisdicción ponerle el hierro trasero como todos y pegarle a discreción. Volvió de largo a la segunda, y cantó la gallina repuchándose descaradamente y repitiendo su mansa proclama en la tercera entrada. Luego, Esperó tratando de emboscar dos banderilleros de cartel. El reputado Ángel Otero, debió pasar dos veces en blanco para salvar la vida antes de tirarle medio par y Fernando Sánchez otra pasada en blanco, antes de enmendar airosamente.

Pero Antonio Ferrera, dejando sus excentricidades a un lado, se empeñó en otra mayor, como al fin la plaza demostró, la de lidiar un manso en estos tiempos modernísimos que corren. Al unipase, por una y otra guadaña, perdiendo pasos para evitar la cogida, le fue enseñando la muleta como una férula correctora, largamente, arriesgadamente, siempre por la cara. Con sinceridad y desoyendo las protestas de los adictos a la coreografía de carretón. Que a juzgar por el ruido no eran pocos en la primera plaza del mundo. Sálvanos Señor.

Dando las ventajas, tragando y sobando y sobando logró por fin en larga batalla embarcar al remiso en un par de tandas naturales que demostraron la utilidad y la victoria del toreo. El aviso dijo cuanto tiempo había requerido lograrlo. La estocada al volapié cumplido quedó toda en sitio, tardó, pero rodó. El arrastre fue silenciado y cuando los justos pidieron el saludo para el lidiador, lo otros, no pocos, protestaron. En la primera plaza del mundo. Sálvanos Señor. De todas maneras Ferrera consciente de lo que había hecho, Salió al tercio. No faltaba más.

Calita, desbordado por las dificultades del segundo, se superó valiente, mucho, con el quinto sin la debida comprensión. Mató bien y fue silenciado injustamente. Colombo, optó por la demagogia con el manso tercero, y sus pares a cabeza pasada no fueron de buen recibo. Con el sexto cogió los palos de nuevo, los brindó, y tras pasar tres veces en blanco, se rindió, confesó su incapacidad, llamó a sus banderilleros y les entregó el toro. Sin antecedentes. Para los anales. Entre una bronca de padre y señor mío, dio dos muletazos y entró a matar con medida espada desprendida.

El bello y linajudo encierro, fue ofensivo, manso y muy problemático, pero había que lidiarlo. Como demostró Ferrera. Lástima, eso ya no se estila. Sálvanos Señor.

San Isidro/26: ¿Siguen siendo los más bonitos? / por Antolín Castro


Ferrera hubo de saludar una ovación por méritos propios

'..Frente a ellos, seguramente sin parecerles tan guapos, tres espadas de tres nacionalidades. Antonio Ferrera, de España, Calita de México y J. Enrique Colombo de Venezuela. Toreros de amplia experiencia, aunque sea Ferrera, por supuesto, el más rodado con todo tipo de encastes..'

San Isidro/26: ¿Siguen siendo los más bonitos?

Antolín Castro 
Opinión y Toros / 13 Mayo 2026
Una vez más llegaban los galanes de Partido de Resina, antes los legendarios Pablo Romero.

En la plaza la misma ilusión de siempre, la de poder ver la belleza de estos toros, en conjunto muy por encima, para muchos aficionados, del resto de encastes. Se les llamaba ‘toro guapo’ y hoy ha habido dudas.

Frente a ellos, seguramente sin parecerles tan guapos, tres espadas de tres nacionalidades. Antonio Ferrera, de España, Calita de México y J. Enrique Colombo de Venezuela. Toreros de amplia experiencia, aunque sea Ferrera, por supuesto, el más rodado con todo tipo de encastes.

Si la guapura no fue la de antaño, excesivos pitones, la casta lo fue menos, descastados por completo. Quedaba una opción que no era otra de que se movieran, pero eso tampoco, ni mucho menos. Parados, emplazados, no han servido ni para que un banderillero bullicioso como Colombo pudiera contentar a quienes gustan de ver a los matadores banderillear. En el último ante el 'marmolillo' renunció y dejó a su cuadrilla que pasara un quinario.

La corrida se ha ido cayendo por el precipicio, sin solución. Pero allí estaba Ferrera en el cuarto, para insistiendo y consintiendo lograra sacarle unos naturales que eran impensables al comenzar la faena. El tesón y el oficio del extremeño lograron el milagro que el público le agradeció con una ovación.

Por rescatar algo más se podría rescatar la estocada de Calita al quinto y pare usted de contar. Una pena de tarde para quienes todavía mantienen en su memoria, quien suscribe incluido, aquellos legendarios toros de Pablo Romero.

Las cosas no han rodado a favor de nadie y nadie puede salir contento. Ni toreros ni ganadero y, mucho menos, el pagador que es el público. Por cierto, lo debían adivinar los espectadores pues se ha registrado la entrada más floja, solo 18.848, 1.500 menos que en la novillada de ayer.

¿Siguen siendo los más bonitos? Después de lo de hoy vamos a concluir que no. Mañana veremos si los del Parralejo levantan la losa de hoy. No podrá ser, el ganadero ante la aprobación de solo dos toros, ha retirado la corrida entera. Veremos que ganado se lidiará mañana.

miércoles, 13 de mayo de 2026

‘Accidente laboral’ en el Estrecho / por Javier Ruiz Portella

Una de las patrulleras de la Guardia Civil debajo de una narcolancha

'..¿Qué razones pueden llevar a un gobierno a cometer tanta vileza? Diversas razones, desde las más graves —infiltración del narcotráfico en los engranajes oscuros del Estado— hasta las más imbéciles, como desidia administrativa, o esta otra, con la que Marlaska rechazó la petición de poder disparar contra las narcolanchas: «la sociedad no lo entendería»..'

‘Accidente laboral’ en el Estrecho

Javier Ruiz Portella
Hartos de que sus agentes se jueguen la piel persiguiendo por aguas del Estrecho a las ultrarrápidas lanchas de los narcotraficantes, la Guardia Civil suplicó a don Fernando Grande-Marlaska, ministro del Interior, que tuviera la bondad de que, si ya no les daba material adecuado, le permitiera al menos defenderse de los narcos disparando a los motores de sus lanchas —nada más que a los motores, no se vayan ustedes a creer—. Pese al bondadoso corazón que, como todo el mundo sabe, palpita en el pecho de don Fernando, la petición fue desoída alegándose que «la sociedad no lo entendería».

¿Por qué un gobierno es capaz de llevar a cabo acciones tan ignominiosas como las siguientes? Por un lado, dota a sus guardias de medios navales grotescamente inferiores a los de los delincuentes que deben perseguir. ¿Puede alguien imaginar que una embarcación de aluminio de 6 metros detenga a un monstruo de 5.000 kilos de fibra de vidrio, lanzado a 60 nudos? No contento con ello, el gobierno en cuestión suprime, como suprimió no hace mucho, la unidad especial destinada a combatir el narcotráfico. Pero hay mucho más. En realidad, tampoco serviría de gran cosa que los guardias civiles dispusieran de sus mejores hombres y de sus más veloces embarcaciones si siguieran sometidos a la más esperpéntica de las prohibiciones: ¡hacer uso de sus armas de fuego! Y añádase a todo ello este recochineo suplementario: cuando tales medidas producen su consecuencia lógica y los guardias civiles, como ha vuelto a suceder ahora, acaban hechos picadillo, los culpables —auténticos homicidas por omisión e imprudencia temeraria— tienen el cuajo de calificar su fallecimiento no como muerte en acto de servicio, sino como «accidente laboral».

¿Qué razones pueden llevar a un gobierno a cometer tanta vileza? Diversas razones, desde las más graves —infiltración del narcotráfico en los engranajes oscuros del Estado— hasta las más imbéciles, como desidia administrativa, o esta otra, con la que Marlaska rechazó la petición de poder disparar contra las narcolanchas: «la sociedad no lo entendería».

Se trata, claro está, de un burdo pretexto, pero sólo en parte. Es cierto: hay una parte de la sociedad que no entendería que, al interceptar a los narcos, alguno, ¡oh, desgracia!, resultara muerto. El buenismo y la blandenguería constituyen pilares básicos del Sistema en el que estamos envueltos… y que una parte de la población ha acabado por abrazar.

Basta, por supuesto, con no hacerles caso; basta con desdeñar los melindrosos sentimientos de tales masas. El problema es que para ello hace falta un temple aguerrido y unos principios opuestos a los del igualitarismo democrático que rige nuestros días. Para ello, para que el país no perezca, como tantos países hispanoamericanos, bajo la ola de violencia y putrefacción del narcotráfico —y añadámosle: bajo la ola de la invasión migratoria, con sus bandas, sus violencias y sus delincuencias—, para todo ello hace falta que aparezca también por nuestros lares alguien del temple, el valor y la decisión de un Nayib Bukele.

13ª San Isidro.- Hoy Colombo en la corrida de Partido de Resina


Ya han sido sorteados y enchiquerados seis toros del hierro de Partido de Resina, para la quinta cita de la Feria de San Isidro 2026. Esta tarde a las 19:00h. en la Plaza de Toros de Las Ventas harán el paseíllo Antonio Ferrera, Calita y J. E. Colombo.

PLATEADORO, Nº 2, PRIMERO DE LA TARDE DE PARTIDO DE RESINA

ALPARGATO, Nº 21, SEGUNDO DE LA TARDE DE PARTIDO DE RESINA

ESCRIBANO, Nº 20, TERCERO DE LA TARDE DE PARTIDO DE RESINA

CAPOTERO, Nº 8, CUARTO DE LA TARDE DE PARTIDO DE RESINA

ALBOROTADOR, Nº 7, QUINTO DE LA TARDE DE PARTIDO DE RESINA

GARROFO, Nº 1, SEXTO DE LA TARDE DE PARTIDO DE RESINA

Partido de Resina regresa a San Isidro: ‘Se lo han ganado mis toros’

'..Venimos con dos reatas y una corrida con unas hechuras muy nuestras: bajos, con buena expresión, anchos, pero con una morfología armónica. Es el tipo de toro que estoy buscando ahora, volviendo a nuestro origen y nuestro tamaño. Quiero que funcione en el caballo y en la muleta’, concluye Tico Morales..'

Partido de Resina regresa a San Isidro:
 ‘Se lo han ganado mis toros’

por Javier Jiménez
Es una de las joyas del campo bravo. Un tesoro genérico que regresa a San Isidro después del buen juego mostrado durante la temporada en Las Ventas. Una vuelta avalada por unos hechos que levantaron el interés y la esperanza entre los aficionados. Partido de Resina retorna a San Isidro.

‘La ganadería de Partido de Resina regresa a San Isidro porque se lo han ganado mis toros’, asegura el ganadero Tico Morales. ‘Estoy muy contento, el año pasado salimos muy contentos de Madrid y espero que las sensaciones se repitan ahora en San Isidro. Llevamos seis o siete años viendo un toro que tiene movilidad y transmisión’, sostiene.

Es Madrid baluarte de un hierro que conserva una joya genética y mantiene la esperanza intacta después de los resultados en el ruedo. ‘Desde hace 30 años que adquiero la ganadería, Madrid siempre ha contado con nosotros. Ya sea en San Isidro o con una novillada, un toro o un desafío’.

‘San Isidro y Madrid son la catedral del toreo. La ganadería ahora mismo está en muy buen momento. El año pasado, ganador el premio al mejor toro de la Concurso de Ganaderías y también nos llevamos el galardón en el desafío con Monteviejo. Luego, fuimos reconocidos en Estella, Cuéllar y por lidiar el menor encierro de la Comunidad Valenciana’, sostiene Morales.

‘Es una ganadería que en los años 60 y 70 estaba en los carteles de figuras. He podido hablar mucho con Diego Puerta o Paco Camino, que me comentaba estos últimos años el proceso bueno que estaba viendo en la movilidad y en la intención de los toros’, afirma Tico Morales.

‘Tenemos aprobados seis toros, tres cárdenos y tres negros. Venimos con dos reatas y una corrida con unas hechuras muy nuestras: bajos, con buena expresión, anchos, pero con una morfología armónica. Es el tipo de toro que estoy buscando ahora, volviendo a nuestro origen y nuestro tamaño. Quiero que funcione en el caballo y en la muleta’, concluye Tico Morales.

San Isidro'26. Excelente novillada de Montealto y campanazo de Álvaro Serrano, a quien ahora querrán echar a perder. Márquez & Moore



'..Si los Montealto nos proporcionaron la sorpresa de su seria imprevisibilidad, Álvaro Serrano nos trajo por su parte un soplo, un vendaval más bien de aire fresquísimo, un ciclón, que barrió de la plaza todos los manidos y diarios lugares comunes que van desde eso de «el toro no ha servío» hasta lo de «el viento molestaba» pasando por el «así es imposible torear»..'

JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ
Si hoy en el palco hubieran estado sentados Fernández Serrano, «Madriles» y la señora o señorita María José, con las tragaderas que mostraron el pasado día 6 con el «walking dead» del Cuvillo, hoy habríamos visto lo menos cinco o seis vueltas al ruedo a los novillos de la excelente corrida que Montealto ha traído a Las Ventas. Como, por fortuna, ninguna de aquellas tres eminencias se sentaron en el palco de las orejas, la corrida tuvo, a cambio, el reconocimiento de la afición, superior al de aquellos funcionarios, cuando sacaron a saludar al mayoral de la ganadería una vez que Álvaro Serrano hubo abandonado la plaza a hombros y por la Puerta Grande.

Los seis pupilos que Montealto mandó hoy a Madrid vinieron a dejar muy alto el listón de esta ganadería de remoto origen juampedrero, lo cual viene a dar la razón a los que creemos en ese dicho que reza: «La buena mano del ganadero te arregla lo juampedrero». Vamos, que en 26 años los de Montealto han ido haciendo su propia selección y así hoy hemos podido ver en Madrid una importante corrida bien presentada, seria, y con una espléndida variedad de registros que van desde el toro de buen juego hasta el noble o el manso y con un innegable fondo de casta en su conjunto. Hastiados como estamos de ver animales tan previsibles como la salida del sol cada mañana, era un gusto constatar los diversos humores y caracteres de los Montealto: el primero, Camagueto, número 26, acosando a los peones a la salida de los pares y sacándolos literalmente de la plaza; el segundo, Enrejado, número 18, derribando al penco y a Pedro Geniz que iba encima y empleándose en la segunda vara; el tercero, Cartero, número 70, derribando también al penco y provocando una caída de latiguillo a Marcial Rodríguez; el cuarto, Flamenco, número 33, con cuajo de toro; el quinto, Académico, número 34, que rompe la vara del picador, se duele y no se emplea; y el sexto, Molinero, número 21, que mereció la vuelta al ruedo, si este galardón se otorga por petición pública, pero que fue negada por el palco, hoy tan estricto.

Comportamientos diversos en el ganado, bajo el prisma del interés. Y reconocimiento de la afición, que despidió con palmas a los cinco primeros y con una fuerte ovación al sexto. Y aunque no hubiera ocurrido el milagro de Álvaro Serrano, la tarde habría sido igual de entretenida, porque en el ruedo estuvo constantemente presente la emoción que da el toro en un espectáculo que, precisamente, se denomina «Los Toros». Y siempre que el toro sea un enigma, una incógnita que hay que despejar, una falta de certeza, las cosas serán adecuadas y hermosas, viriles y dificultosas, y cuando el toro sea una babosa colaboracionista asistiremos, como tantas tardes, a un decadente ballet sin sentido ni emoción.

Si los Montealto nos proporcionaron la sorpresa de su seria imprevisibilidad, Álvaro Serrano nos trajo por su parte un soplo, un vendaval más bien de aire fresquísimo, un ciclón, que barrió de la plaza todos los manidos y diarios lugares comunes que van desde eso de «el toro no ha servío» hasta lo de «el viento molestaba» pasando por el «así es imposible torear», que solamente sirven para tapar las deplorables actuaciones que nos echan cada tarde, como el que echa de comer a un perro. Con una actitud digna de elogio, actitud de novillero con ganas que le lleva a estar en quites, a mostrar la majeza de su capote, a querer que los que están en la piedra sentados se fijen en él, no ha permitido que la tarde se le fuera, como se les fue a los otros dos que le acompañaban en el cartel, y ha recibido el aplauso sincero y el reconocimiento del respetable, consiguiendo plenamente su objetivo: que todos hablasen de él

Y uno de sus grandes méritos de esta tarde consiste en no ser como todos, en mostrar su propia personalidad. Los que hemos visto a Tomás Bastos en otras circunstancias no reconocíamos en este torero envarado, anulado, a aquel Tomás Bastos que nos encandiló frente a novillos de José Escolar. ¿Qué fue de aquel torero de corte clásico? ¿Qué han hecho con él los dráculas taurinos convirtiéndole en este espantajo que hoy ha andado por Las Ventas? Con esto queremos significar que el riesgo que Álvaro Serrano tiene ahora es tremendo: se han fijado en él (¿y quién no en la tarde de hoy?) y tratarán de arrebatarle el corazón, el alma, tratarán de adocenarle explicándole que lo que hoy le ha hecho famoso: 

su colocación su toreo hacia adelante, su empeño en hacer lo decente, no debe hacerlo y que los modos son otros, como los que hoy han echado al sepulcro a Bastos en su deprimente despedida como novillero de Madrid, apenas aliviada por un postrero quite del perdón. En ello le va su vida como torero.

Además del ya reseñado toreo de capa, en el que Serrano ha ofrecido más variedad en lances que en todas las corridas que llevamos de feria, planteó dos faenas llenas de emoción a dos novillos de signo muy diferente. Su primero, Cartero, con aires de toro, cumplió en las dos varas que tomó y nos hubiera gustado verle en una tercera que el palco y Serrano nos hurtaron y que quizás, viendo el desarrollo del animal, no le hubiera hecho mal. En el tercio se pone a torear, bajando la mano, aguantando las constantes miradas del novillo, sacando muletazos de buen trazo por el derecho. El pitón izquierdo tenía otras condicionantes de menor afabilidad, con embestidas más brutas que fueron aguantadas con torería y entereza por Serrano, sosteniendo la posición a despecho de la impresión que daba el novillo de que se iba a parar en el centro de la suerte. En esa firmeza es donde se asienta su victoria sobre Cartero que, viéndose derrotado, opta por irse a terrenos más confortables para él. Faena complicada, por las propias complicaciones derivadas del carácter del novillo, que se remata con mucha torería rodilla en tierra antes de dejar una estocada suficiente. Cabe resaltar la impresión de que, con las imperfecciones que se le puedan achacar como novillero, su cabeza funciona en la cara del toro y sabe qué es lo que quiere hacer y cómo llegar a ello, especialmente en este toro que es el que mayores dificultades le trajo.

Su segundo fue Molinero, que no dio apenas de qué hablar sobre su encuentro con Héctor Vicente y su jaco, que marcaron hoy la excelencia en el tercio de varas por su buen hacer conjunto. Luego vino una soberbia brega de Caco Ramos y un no menos espectacular segundo tercio protagonizado por Jesús Aguado e Ignacio Martín, que dio paso a la faena de muleta de Álvaro Serrano
Empezó éste muy toreramente con ayudados por alto, rematados bellamente por abajo. Serrano se entendió perfectamente con el novillo: entendió su distancia y su exigencia de colocación, llegando ambos a un acuerdo que proporcionó hermosas series ligadas de mano baja en las que hubo naturales descomunales, hondos pases de pecho y, sobre todo, un concepto muy torero y muy personal en el que no hay tiempos muertos, por lo que la faena va desarrollándose a más, bien ensamblada y, acaso, ligeramente más larga de lo que debiera. Un final de trinchera y ayudado por bajo dio lugar a una estocada entera que para unos era contraria, para otros trasera, para otros atravesada y para otros la mezcla de varias de esas características, o sea que cada cual se quede con lo que le apetezca. La cosa es que el acero no fue de efecto rápido y cuando el toro se echó ahí estaba Ignacio Martín para levantarlo por dos veces, hasta que Serrano lo descabelló al borde del tercer aviso.

Una multitud de jóvenes acompañaron respetuosamente a Álvaro Serrano cuando daba la vuelta al ruedo y luego le sacaron a hombros hacia la calle de Alcalá mientras Tomás Bastos y Martín Morilla abandonaban la plaza cabizbajos.

El peligro que ahora corre Álvaro Serrano es terrible. Querrán cambiarle y echarle a perder, robarle su desparpajo y su decisión, anegarle en mantras y en ruedas de molino. Ojala eso no ocurra.




ANDREW MOORE
























FIN