la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

jueves, 30 de abril de 2026

Una mala espada las frustró / por Manuel Viera


Borja Jiménez / Foto: Eduardo Porcuna.

 '..Dos tardes. Dos conquistas que hubiesen sido apoteósicas. Dos “Puertas del Príncipe” que quedaron cerradas..'

Una mala espada las frustró

Manuel Viera
Ha tenido la gloria al alcance de la yema de sus dedos. Esos dedos de la mano izquierda con los que alcanzó la intensidad de su toreo para comprobar cómo, con valor y sentimiento, los caminos del triunfo estaban ahí: en la brava embestida de un gran toro de Victorino Martín. Naturales que recorrían como un torrente el largo espacio hasta perderse en el infinito, mientras un sevillano de Espartinas ahondaba en la belleza de los trazos y en lo efímero de los deseos.

Encontró en el noble y bravo toro la manera ideal para hacerlo secundado por un público que entendió de inmediato la excelencia de una lidia coherente con la nobleza de las embestidas. El toreo al natural constituyó su culmen. Una síntesis perfecta entre el rigor, la complejidad y la fluidez del temple y pureza de su toreo. Esta fusión alcanzó resultados espléndidos, logrando el justo equilibrio entre el fervor y la emoción. Un toreo de mano baja, largo, hondo, profundo y rematados con magníficos pases de pecho al hombro contario. Naturales de frente en el epílogo de una obra que fue aproximación a ir un paso más allá en la senda marcada para obtener el gran logro.

Otro arranque ambicioso permitió comprobar la excelencia de la lidia de los toros de Matilla. Ramilletes de ajustadísimos trazos en el que pocas veces el toreo se ha desgranado con una necesidad que no excluye la limpieza y la fluidez de cada pase. Un toreo luminoso, ora con la derecha, ora con la izquierda, de muletazos cambiados, muy ligados y todos rematados con auténticos detalles en la que la torería hizo acto de presencia. Toreo vertical con la mano izquierda hecho y dicho con toda la verdad que caracteriza el valor del diestro sevillano.

Pero, Borja Jiménez, es un pésimo matador de toros. No hay forma que rubrique sus extraordinarias tardes con contundentes estocadas que le posibiliten el triunfo obtenido con la verdad y la belleza de su concepto. Toda la exigencia con la que se fue a portagayola dio como resultado una cada vez mayor y más consciente voluntad de verdad. Dos tardes. Dos conquistas que hubiesen sido apoteósicas. Dos “Puertas del Príncipe” que quedaron cerradas. Una mala espada las frustró.

En el centenario de José Utrera Molina, mi padre / por Luis Felipe Utrera-Molina

                                                                                      

'..Ojalá algún día, superado el odio cainita inoculado de nuevo en nuestra patria, pueda España reconocer con justicia la figura de mi padre, que ha legado a los suyos el patrimonio impagable de su integridad..'

En el centenario de José Utrera Molina, mi padre
Toda su acción política, como gobernador civil y como ministro, estuvo siempre impregnada de un sentido profundo de justicia social.

Luis Felipe Utrera-Molina
El pasado 12 de abril se cumplió el centenario del nacimiento en Málaga de mi padre, José Utrera Molina, uno de los servidores públicos más leales, eficaces y honestos de la llamada era de Franco que, sin embargo, tuvo que sufrir, en sus últimos años, el odio retrospectivo inoculado en la sociedad española por la ley de memoria histórica.

Mi padre tenía 10 años el 18 de julio de 1936, por lo que perteneció a la generación de los niños de la guerra que sufrieron los rigores y privaciones de la contienda, sin participar en ella. Perteneciente a una familia de clase media, tradicionalista y castrense –con familiares muy queridos luchando en ambos bandos– se alistó a la Falange al día siguiente de la liberación de Málaga por las tropas nacionales, tras la explosión de júbilo provocada por el final del terror rojo, que tan cruelmente se había cebado con aquella ciudad.

Alistado en el Frente de Juventudes, pronto destacaría por sus dotes de mando y brillante oratoria y por su empeño en unir reconciliados, bajo banderas bautizadas de sueños imperiales, a los hijos de los que mataron con los hijos de los que murieron, en un patriotismo doliente y un anhelo real de justicia social. 

Nombrado Gobernador Civil de Ciudad Real con apenas 30 años, imprimió su mandato de autenticidad, eficacia y cercanía, recorriendo sin descanso sus 102 municipios y abriendo su despacho en audiencia pública dos días a la semana para conocer de primera mano los problemas reales de sus habitantes. En la Ciudad Real de 1956 estaba todo por hacer y del acierto y fecundidad de su gobierno dan fe los miles de manchegos que, en un día frío y lluvioso de febrero, abarrotaron literalmente la Plaza del Gobierno Civil para despedirle entre lágrimas y aclamaciones, en una muestra de gratitud que jamás olvidó. 

Tras un paso fugar por el Gobierno civil de Burgos, fue nombrado por Franco Gobernador Civil de Sevilla, una tierra en la que persistían aún atávicas situaciones de injusticia social y con un grave problema de vivienda y analfabetismo. 

No era nada fácil para un malagueño entrar en Sevilla, pero, al igual que sucediera en la Mancha, el pueblo sevillano le devolvió, en torrentes de gratitud, la enorme tarea de transformación que sus ocho años de mandato representaron para la capital hispalense, en el que vio cumplido su sueño de poder entregar más de 12.000 viviendas sociales, creando nuevas barriadas para realojar con dignidad a familias que vivían en situaciones verdaderamente precarias e inaugurar más de 2.000 centros escolares. En su carta de despedida, mi padre dejó escrito lo siguiente: “quiero, cualquiera que sea el lugar de mi reposo, tener sobre mi pecho un poco de tierra de Sevilla, el lugar que más he querido y donde siempre tuve el depósito de mi más noble nostalgia”

La política, para mi padre, no era otra cosa que la emoción de poder hacer el bien y toda su acción política estuvo siempre impregnada de un sentido profundo de justicia social que le generó no pocos recelos entre las oligarquías de la época, cuya miopía no les permitía ver que, tras el verbo encendido de su retórica falangista, se escondía un verdadero hombre de acción que jamás se inclinó ante los poderosos y jamás conoció la fatiga o el cansancio a la hora de mejorar la vida de los más necesitados.

José Utrera Molina jura su cargo ante la mirada de Francisco Franco

Los ecos de su acción política hicieron que Franco –con quien jamás practicó ninguna suerte de adulación cortesana y a quien siempre habló con la franqueza que su acendrado código de valores le exigía– pensara en él para su gobierno. Tras cinco años como Subsecretario del Ministerio de Trabajo, el Almirante Carrero le ofreció la cartera de Vivienda, sabedor de la gran labor que en ese terreno había desarrollado en su etapa de gobernador civil.

Precisamente el día en el que Carrero pensaba hablar a calzón quitado con sus ministros ante las disidencias que ya había adivinado en el seno de su gobierno, y de las que había hecho confidente a mi padre, un salvaje atentado terrorista acabaría con su vida y, de paso, con cualquier posibilidad de que el régimen evolucionase a la muerte de Franco sin hacer tabla rasa del colosal esfuerzo regenerador que llevó a España a ser la octava potencia industrial del mundo. 

El asesinato de Carrero anticipó la hora de los enanos y muchos se apresuraron para situarse adecuadamente de cara al futuro. Desde la Secretaría General del Movimiento, designado por el propio Franco, trató inútilmente de regenerar las oxidadas estructuras del Movimiento para adaptarlas al reto del futuro, pero la sentencia de muerte del régimen estaba ya dictada por quienes debían garantizar su continuidad.  Le tocó la ingrata tarea de decirle al propio Franco, por un imperativo de lealtad, que su sucesor no tenía ninguna intención de mantener la fidelidad a los principios, tras conocer que había enviado a su sobrino Nicolás –Consejero Nacional– a entrevistarse con Santiago Carrillo para hacerle partícipe de sus compromisos.

A la muerte de Franco, rechazó los ofrecimientos de jugosas sinecuras a cambio de su silencio y decidió salir de la política sin ninguna ganancia personal, para constituirse, desde el inicio de la democracia –tras presentarse en las primeras elecciones como independiente y financiar su campaña de su bolsillo– en una de las pocas voces que nunca cesó de reclamar justicia para un tiempo de la historia de España que el consenso político quiso sepultar para siempre de la memoria de los españoles.  Como escribió de él Fernández de la Mora, “la política partitocrática no está hecha para hombres de su frontal decoro”.

Los motivos del “exilio” interior de mi padre –que tanto le costó en lo material– estaban muy lejos de la nostalgia: el amor a la verdad, la preocupación por el futuro de España y los juramentos contraídos no le dejaron otra alternativa que cargar sólo, en muchas ocasiones, contra poderosos molinos de viento. Tuvo la convicción profética de que construir España desde el desprecio injusto al pasado inmediato, sin asumir razonablemente el balance del tiempo anterior, alimentaría un mañana enfermo por el rencor y la falta de identidad auténtica. Ninguna nación puede saltarse su pasado, ni dejar de asumirlo. Nunca se resignó, nunca dejó de indignarse por aquello que lo merecía.

Desde su sincera humildad fue consciente de que el legado político del Régimen de Franco, la España reconstruida que hizo posible la transición, ha permitido el periodo más largo de paz en España en los últimos dos siglos, posibilitando un desarrollo material indudable. Esa victoria silenciada, a la que el tiempo hará justicia, le sostuvo siempre frente a la tentación del derrotismo y el desánimo.

Pero también tuvo tiempo de comprobar –no sin dolor– que su postura frontalmente contraria al sistema autonómico diseñado por los constituyentes, que le había condenado a ser un apestado en la política, estaba más que justificada y que el daño producido a la nación superaba los más negros presagios que advirtió entonces, en la más ardiente soledad.

Humilde hasta el final, ofreció a todos el ejemplo de integridad más extraordinario que se pueda concebir, sin presumir jamás, pero manteniendo hasta el final su fe y su lealtad a sus convicciones.  Y lo que es más difícil: fue leal incluso a quienes no lo habían sido con él, afirmando así su formidable humanidad y su profundo cristianismo.

Pepe Utrera, mi padre, representó siempre la rebeldía frente a lo políticamente correcto, el coraje medido en la defensa de sus convicciones y la antítesis del sectarismo, pues fueron muchos los que, desde uno y otro lado del arco político, le mostraron admiración y respeto.

No podía encontrar un mejor resumen de su vida que el que él mismo hizo en el prólogo de su libro Sin Cambiar de Bandera y en su carta de despedida:

“No estoy dispuesto a olvidar lo que fui, ni me arrepiento por tanto de lo que soy. El ayer, el hoy y el mañana enlazan mi irrevocable filiación falangista. Me reconforta la seguridad de que mi vida no ha sido una promesa incumplida o un destino traicionado y que todavía no tengo que poner en mi esperanza ninguna negra colgadura. No podría, pues, hacer cuenta nueva porque las cifras serían las mismas y, fatal o felizmente, el resultado habría de ser también invariable; morir sin cambiar de bandera es el sueño que acaricio día tras días y hora tras hora. Ante la realidad actual de la vida política española, que frecuente contemplo con ojos atónitos, donde toda gallardía es inexorablemente condenada y toda lealtad a lo que fue nuestro pasado maldecida y proscrita, Dios quiera que este último sueño al menos se cumpla con honor y, si es posible, también con ventura.”   

“Quiero ser enterrado con mi camisa azul. No es un gesto romántico sino la postrera confirmación de que muero fiel al ideal que ha llenado mi vida. (…) “Quiero pedir perdón a cuantos ofendí en mi vida y reiterar mi creencia en Cristo y mi fe en España, cuya bandera ha de ser mi sudario”. 

Ojalá algún día, superado el odio cainita inoculado de nuevo en nuestra patria, pueda España reconocer con justicia la figura de mi padre, que ha legado a los suyos el patrimonio impagable de su integridad.

Ideas / La Gaceta de la Iberosfera

SEVILLA 2026. UN ANTE Y UN DESPUÉS / U.T.A.A.

Unión Taurina de Abonados y Aficionados de Sevilla (UTAA)
 Valoración de la pasada feria taurina de abril 2026

SEVILLA 2026. UN ANTE Y UN DESPUÉS

Los aficionados concebíamos algunas esperanzas de qué en la Maestranza, a raíz del cambio de empresa, pudiéramos decir que hubo “un ante y un después”.

Nuestro gozo en un pozo. El después que esperábamos ha seguido siendo un ante.

Algo positivo hubo. Como el manifiesto de las corridas en la Venta de Antequera, el precio del abono respecto a entradas sueltas y el incentivo de un abono asequible a jóvenes aficionados.

El resto más de lo mismo o incluso peor. Carteles, un calco de ciclos pasados tanto en toreros como en ganaderías, aunque con la pequeña novedad de la Quinta, que mejor no hubiera venido.

Aquello que nos prometió el empresario de que el trapío del ganado subiría un puntito, más bien bajó “un puntazo”. Significar que en esto del ganado el empresario cuenta con la estrecha colaboración de tres nefastos presidentes y sus acompañantes veterinarios qué si estuvieran en el trance de defender a la Fiesta, al aficionado y la dignidad y categoría de la Maestranza deberían haber rechazado corridas enteras.

Especial mención hay que hacer de la corrida de Victorino. Una burla total, toros escurridos, faltos de remate y para colmo el que saltó en quinto lugar, no era siquiera anovillado, era abecerrado.

Victorino hijo desde que falta su padre ha rebajado y bastante el juego de aquel toro que transmitía emoción y sensación de riesgo, lleva camino pronto de vender “toros artistas”.

Una sugerencia a Lances de Futuro. Que la próxima temporada descanse Victorino. Don José María, alce la mirada, colóquela en Escolar, Baltasar Iban, Prieto de la Cal, Dolores Aguirre. A buen seguro que la presentación será correcta y además tendríamos verdadera suerte de varas. Sea valiente.

Ahora entramos y no terminamos a hablar de Morante. Si un torero transmite un éxtasis colectivo en una plaza es que algo extraordinario ha ocurrido. Dejando a un lado el medio toro que gusta de lidiar a Morante, de lo que no hay la menor duda es que de principio a fin en sus tres tardes desarrolló tauromaquia antigua, se desbordó a si mismo con una borrachera de estética y temple, tanto con el capote como con la muleta, sin olvidar esos pares de banderillas cuarteando muy bien que nos sorprendió muy gratamente.

En esta Fiesta de hoy bastante mediocre, no hay duda que Morante marcará un hito y dejará una huella indeleble en la historia del toreo de siempre.

Considerando a Morante un punto y aparte y entrando en valoraciones más terrenales en esta feria 2026 hay que escribir con mayúsculas el nombre de un torero, DAVID DE MIRANDA.

Este triguereño criado a la sombra de Comeuñas, con esa estampa campera, con esa entrega, valga o no su enemigo, pisando terrenos del toro que provoca que embista, ligando las series y encima culminando con buenas estocadas, no hay duda que mereció su segunda Puerta del Príncipe. Enhorabuena torero.

Como también damos la enhorabuena a Borja Jiménez. Otro torero emergente al igual que Miranda y que la maldita espada le privó de un triunfo semejante al del onubense. Su toreo, muy del gusto de Sevilla, llega a los tendidos, muleta planchada, no se la toca el toro, remata los pases con toreo en redondo, aunque a veces olvida cargar la suerte.

Otro reconocimiento para la ganadería de El Parralejo. Bien presentada sin estridencias con el borrón del quinto toro. Impropio de plaza de primera. El resto del encierro sirvió y mucho para el triunfo.

En el pecado llevan la penitencia Manzanares, Talavante, Perera, Luque y alguno más. Se apuntan al medio toro. Mucha gente ya no traga y valora poco que un animalito mal presentado, carezca de casta, fuerza y poder, aunque hay mucho “juntaletra” que a eso lo llama nobleza y muy justo de presencia el trapío.

Capitulo aparte merece un comentario la suerte de varas en Sevilla, Es reírse de la Fiesta, del aficionado y de la integridad del espectáculo.

Prácticamente la suerte de varas ha desaparecido de la Maestranza y lo mas grave es que ese publico ocasional de clavel y cuba libre aplaude no picar un toro. Otra consecuencia negativa más de la mediocridad de la plaza de Sevilla.

No podemos pasar por alto a cuatro grandes profesionales, cuya labor ha merecido nuestro reconocimiento.

Se trata de Curro Javier en la brega, Iván García y Antonio Chacón en banderillas y Espartaco picando.

Para finalizar no podemos olvidarnos del responsable político de la Fiesta en Sevilla. Es el Delegado del Gobierno de la Junta de Andalucía, D. Ricardo Sánchez. Es el responsable de nombrar Presidentes. También es el responsable de eliminar Presidentes. Como carece del mínimo conocimiento taurino primero eliminó a un Presidente, Joaquín Herrera, persona muy aficionada, jurista de reconocido prestigio e independiente sin vinculación alguna con familias de toreros.

Luego a D. Ricardo Sánchez no le tembló el pulso para eliminar esta temporada al Presidente mejor preparado y más independiente como fue Fernando Fernández de Figueroa.

Mantiene en el palco a los responsables de aprobar la mayoría de toretes sin trapío que han saltado al ruedo en esta feria.

¿Qué consigue con tan sabias decisiones? Algo en la mente de muchos aficionados. Que la Maestranza está en declive total.

Sr. Sánchez fíjese bien que ya no es solamente UTAA SEVILLA quien cuestiona sus decisiones. Medios de información muy relevantes también lo hacen.

UTAA SEVILLA ha sido el único colectivo de aficionados junto con el medio de información SEVILLA TAURINA los que han hecho llegar al Sr. Sánchez las quejas que numerosos abonados y aficionados al respecto de la venta de entradas y abonos.

El Sr. Sánchez contesta a UTAA SEVILLA que Lances de Futuro ha cumplido lo establecido en el Reglamento Taurino. Se le ha requerido para que presente las actas de las inspecciones realizadas. La callada por respuesta.

Sr. Moreno Bonilla, ahora en puertas de elecciones, ofrezca a la afición el gesto de cesar al Sr. Sánchez.

El judío al pie del vagón / por José Javier Esparza


'..Uno siempre se pregunta por qué nadie se levanta, por qué nadie se rebela, por qué nadie se abalanza sobre el fusil del guardia, por qué nadie «hace nada»..'

El judío al pie del vagón

José Javier Esparza
Una imagen que siempre golpea las conciencias: la de esos judíos al pie del vagón, esperando la deportación, todos en mansas filas, ataviados con sus sombreros y sus abrigos y sus maletas, como cualquier burgués que marchara de vacaciones. Uno siempre se pregunta por qué nadie se levanta, por qué nadie se rebela, por qué nadie se abalanza sobre el fusil del guardia, por qué nadie «hace nada». Si se prefiere una imagen más castiza, pensemos en un Calvo Sotelo, el hombre de orden por antonomasia, asaltado alevosamente en su casa por la policía del Frente Popular: puesto en tal tesitura, Calvo Sotelo termina confiando en los asaltantes porque hay un capitán de la Guardia Civil y éste, al fin y al cabo, es la autoridad. «La autoridad»: esta es la clave. Nadie «hace nada» porque se supone que es la autoridad la que tiene que hacerlo. Y sin embargo…

Uno entiende sin dificultad que alguien asalte las instituciones. La dialéctica orden/desorden es la base misma de la Historia política. Pero las cosas cambian cuando son las instituciones las que te asaltan a ti. Aquí los conceptos de orden y desorden se subvierten, todos los puntos de referencia propiamente políticos desaparecen y la persona queda completamente desamparada, inerme, paralizada en un paisaje en el que ya no hay literalmente capacidad de reacción. Uno mira alrededor esperando «que alguien haga algo», pero ya nadie puede hacer nada porque, previamente, hemos depositado nuestra libertad en quien posee la autoridad. En las instituciones. En el orden. Nadie hace nada porque ya no ha quedado nadie. El último recurso sería el sacrificio, morir defendiendo a tiros la inviolabilidad del propio domicilio, como ese militante socialista del que habla Jünger en La Emboscadura y que, al cabo, encarnó las viejas libertades germánicas mejor que sus agresores. Un héroe. Pero es injusto exigir heroísmo al común de los mortales.

Lo que estamos viviendo hoy en España, a poco que uno tome una cierta distancia, nos sumerge en una situación de ese género: la del desamparo. He aquí a un tipo que construye su poder escalando mentira tras mentira; que sucesivamente ha ido conquistando, comprando o neutralizando (o las tres cosas a la vez) a:

su partido, a la mayoría mediática, al poder económico, a la Fiscalía, a los recursos públicos, al Tribunal Constitucional, al órgano de gobierno de los jueces, al Parlamento, al círculo más íntimo de la Corona, a una parte sustancial de la Conferencia Episcopal…

Ahora el último golpe es apoderarse también del sistema democrático por el expeditivo procedimiento de cambiar al demos: la nacionalización de al menos dos millones de extranjeros so capa de ser nietos de españoles supuestamente «víctimas del franquismo», más el acceso a la nacionalidad de cerca de otro millón de inmigrantes (un 25% de ellos, marroquíes) en los últimos años, más lo que se sumarán en los próximos a medida que vayan consolidando su «regularización» administrativa… Todo eso supone el mayor golpe de Estado imaginable: ya no cambiar violentamente el poder del Estado, sino cambiar el Estado mismo por la vía de constituir una nación nueva, una población distinta. Es un golpe de una osadía asombrosa. Y, en efecto, «nadie hace nada». Porque ya no hay «nadie». Porque las instituciones ya han sido corrompidas y forman parte del mismo juego.

Los dados corren sobre la mesa pero la partida aún no está decidida. A todo esto se le puede dar aún la vuelta. Pero sólo si los jugadores son conscientes del envite: nada menos que la supervivencia de la nación.

miércoles, 29 de abril de 2026

CÓRDOBA.- PARA MARIA, PARA DOMINGO ECHEVARRIA Y PARA RAFAEL TRENAS Y SU VERGÜENZA FLAMENCA / por José María Portillo Fabra

José María Portillo Fabra

En la foto, sombrero en alto, estoy saludando a María, a Domingo y al padre de Rafael Trenas tras concluir mi lectura de la poesía festiva que me dedicó Domingo. Ocurría en el acto en su memoria que el pasado lunes le dedicó el Club Calerito a nuestro recordado Domingo, Fue un magno acontecimiento organizado por el Club Calerito en el gran Salón de la Diputación, la protectora de todas las iniciativas culturales de la Provincia de Córdoba.

La organización del Club Calerito, responsabilidad de su presidente Juan de Dios, y de su ejemplar Directiva, fue perfecta, y la aportación de la Diputación, correspondiente a su Vicepresidente Andrés Lorite, fue un modelo de eficiencia y buenas formas.

El acto incluía, además, un homenaje a Parrita, el cual tenía toreando una inspiración como la de Morante pero en escuela manoletista. Y para final, el acto incluía la concesión del título de Socio de Honor del Club Calerito al Decano de los Toreros cordobeses, el maestro José María Montilla.

Los ecos flamencos estaban a cargo de Rafael Trenas, pero yo no esperaba que asistiera al acto por el fallecimiento de su padre el día de la víspera.

Pero para honra de su querido padre, a la hora en punto estaba Rafael Trenas con el personalísimo y poderoso cantaor El Chocolate, y la excepcional y jovencísima bailaora Estela Fuentes.

Y yo te digo, Rafael, que tu actuación de ayer en condiciones tan dolorosas demostró lo que se llamarÍa tener vergüenza flamenca. Por eso quise enviar a tu padre mi saludo al Cielo e informar al público que ocupaba completamente el salón porqué estabas tú allí en tan dolorosa fecha: por tu vergüenza flamenca.

Un abrazo, por honrar a tu querido padre el mismo día de su sepelio.

José María Portillo Fabra
De la Tertulia El Castoreño y del Círculo Taurino de Córdoba

Aquellos sesenta… (X) / por Jorge Arturo Díaz Reyes

Pedresina, cartel (fragmento). Foto: Plaza de toros de Albacete

'..Y nosotros, los que por puro azar habitamos esos años, qué frente a la infinitud del tiempo, apenas fueron un instante, no quisimos, ni pudimos olvidarlos. Quizá más que por su innegable particularidad, porque los vivimos tan jóvenes, inocentes y felices..'

 Aquellos sesenta… (X) 

 Jorge Arturo Díaz Reyes
CrónicaToro / Cali, 29 Abril 2026
¿Por qué se dio aquel fenómeno? Generación espontánea, coincidencia cronológica de talentos, reflejo de una época peculiar, mercadeo eficaz, o todas las anteriores.

Todas las anteriores, creo, más otra no menos importante. Los antecedentes inmediatos. Lo que venía del toreo de los cincuenta, que no era poca cosa, pese a su no comparable acogida comercial. Fue lo que para bien y para mal, alimentó la generación sesentera en proceso.

Esa primera década posmanoletista. “El Monstruo” había muerto a fines de los cuarenta. Luis Miguel, quien se pretendió su rival, quedo con el campo despejado, pero sin él, sin el gran referente a enfrentar. Hasta que vino Antonio Ordóñez quién para la historia, le superaría desde allí, desde su alternativa en el 52, hasta el retiro de ambos. “Solo a Hemingway se le podría ocurrir una comparación entre él y Luis Miguel”, escribiría después despectivamente, Néstor Luján, aludiendo al “Verano peligroso”. Ese mismo año, Antonio Bienvenida destapó el fétido asunto del afeitado. Como por encanto hubo un corte imprevisto de coletas perfumadas.

Entre los que se quedaron y llenaron la década naciente, brillaron, aparte de los tres mencionados: Aparicio y Litri, quienes desde novilleros se habían hecho figuras compitiendo entre sí. Tomaron alternativa juntos, en la misma corrida valenciana, el 12 de octubre de 1950. Los apadrinó Cagancho. Pero por encima de ellos pronto volaron: Gregorio Sánchez y los dos venezolanos hermanos, César y Curro Girón. Estos tres se repartirían la cabeza del escalafón (mayor número de contratos anual), desde 1954. Pues en el 51 Luis Miguel fue líder por última vez en su vida. En el 52 lo desplazó el recién alternativado Antonio Ordóñez, y en el 53, el albaceteño Pedro Martínez ”Pedrés”. De allí en adelante rigió ese triunvirato, alternándose, sin que hubiese un mandón absoluto.

De tal manera que la hondura del rondeño Antonio Ordóñez y la etiqueta del madrileño Julio Aparicio se codeaban con el tremendismo del “litrazo”, la “pedresina”, la “mondeñina”, la "bernadina"…, la seca reciedumbre lidiadora del toledano Gregorio Sánchez, las alegrías de los Girón, grandes toreros banderilleros, las intermitentes inspiraciones de Antoñete, y los estocadones de Rafael Ortega.

No hubo en consecuencia una tauromaquia de autor que identificara el período. No se llamó unánimemente, la era de fulano. Cada quién según sus preferencias podrá bautizarla como quiera. Unos tradicionalistas dirán que de Bienvenida. Para otros, quizá los historiadores más influyentes, y para mí que no soy ni lo uno ni lo otro, apenas un testigo infantil influido por su padre, fue la época de Ordóñez. Para los consumidores y estadígrafos, definitivamente ninguno de estos. Es que había toreo para todos los gustos, con un incierto toro que aún convalecía de la guerra, sin guarismo en la paletilla, ni peso en las tablillas. Una gran variedad de la oferta cartelera, y sus múltiples influencias en los novilleros que hacían tránsito hacia el doctorado.

México, aferrado a sus viejas glorias; Armillita, Lorenzo Garza, Pepe Ortiz, Silverio Pérez, El Calesero, El Soldado…, los recibía a todos. Igual que los demás países taurinos americanos, sobre los que ejercía mayormente su fuerza de gravedad. En septiembre de 1957, toma alternativa en Sevilla, el colombiano Pepe Cáceres, y un año después allí mismo, Diego Puerta. En el 59, Curro Romero y Paco Camino. En el 61, El Viti, y apenas dos años después, El Cordobés, completando el cartel mayor que haría la nueva época.

¿Por qué fue? Sí, por una conjunción de todo lo anterior, proyectada mediante una modernizada y multiplicada promoción sobre un público dispuesto lo que produjo aquel boom, platinado del toreo. Que llevó de las 48 corridas con las que César Girón punteó la clasificación general en 1954, a las 121 de El Cordobés en el 70, y como efecto tardío de su onda expansiva, a las 161 del prolijo Jesulín de Ubrique, en 1995. Cifra tan lejana de las 111 de Juan Belmonte en 1920 y aún más de las 43 de El Juli en el crítico 2019.

Mucha agua corrió bajo los puentes. Al menos tres o cuatro generaciones más llegaron a la fiesta, que aún sigue mostrando, corrida tras corrida, influencias de los sesenta. Como muestra las de siglos y milenios anteriores a lo largo de los cuales ha perdurado. Todo ha dejado huella en ella, en esa memoria abismal que se vislumbra cada tarde.

Y nosotros, los que por puro azar habitamos esos años, qué frente a la infinitud del tiempo, apenas fueron un instante, no quisimos, ni pudimos olvidarlos. Quizá más que por su innegable particularidad, porque los vivimos tan jóvenes, inocentes y felices.

‘No hay localidades’ / por Antolín Castro


'..Sea como sea, estamos en un momento que representa un claro empujón para la Fiesta. Cada día hablan de toros los que han estado en la plaza, sí, pero también los cientos de miles que presenciaron los festejos por televisión. Redundará en que surjan también nuevos aficionados, además de público de paso o ‘del clavel’..'

‘No hay localidades’
Antolín Castro
Opinión y Toros / Madrid, 29 de Abril de 2026
Este es el ansiado cartel que todo empresario desea poner en las taquillas de su plaza.

Suele añadirse el clásico ‘para hoy’, pegándolo en el cartel de la fecha señalada. Ese cartelito que se pega le gusta más a la empresa que el que queda debajo con el nombre de los toreros y la ganadería anunciada.

Lo cierto es que también les gusta a los toreros, es sinónimo de que individual o colectivamente interesan al público. A este último, el público, si es que ya tienen las entradas en su bolsillo, también les gusta, es sinónimo de ser aventajado y afortunado por haber llegado antes que otros a la taquilla.

Los que llegan con el cartelito puesto y que desean entrar tendrán que rascarse el bolsillo con la gente de la reventa. Estos últimos, los que ejercen la reventa, también se sienten afortunados porque a partir de ese momento son ellos los que ejercen de ‘taquilla oficial’ pero con un añadido en el precio que será la ganancia a obtener por su parte. O sea, que el famoso cartelito beneficia a todo quisqui.

La recién terminada feria de Sevilla ha puesto el cartelito más tardes que nunca y ha tenido buenas entradas el resto de los días. Un éxito y una satisfacción para la empresa ‘Lances de futuro’ que debutaba en la organización de la feria.

Algo ha debido de hacer bien, aunque creemos que la fiesta de los toros está de enhorabuena desde poco tiempo atrás. La constancia de Morante, con el momento que atraviesa y el añadido del ‘me voy y me quedo’ ha generado máxima expectación y ha movilizado a aficionados y público en general, gracias a que las televisiones y medios no taurinos se han hecho eco de todas las noticias generadas.

No es baladí el que salga información taurina en los medios generalistas, como tampoco que televisiones autonómicas proclamen a los cuatro vientos que la Tauromaquia existe y no es, ni debe ser, algo tabú o perseguido.

Un chorro enorme de promoción fue que el San Isidro pasado lo retransmitiera enterito Telemadrid, así como Canal Sur hiciera la Feria de San Miguel pasada y, viendo los grandes resultados de audiencia, haya estado presente en media Feria de Sevilla 2026.

Ahora llega San Isidro y a estas alturas ya tiene el susodicho cartelito de ‘No hay localidades’ colgado en buen número de corridas. Eso, a su vez, hace que no pudiendo ir a alguna tarde concreta, mucho público se anime a ir a otras tardes todavía con localidades, lo que permitirá que se consigan otros días con llenos.

Sea como sea, estamos en un momento que representa un claro empujón para la Fiesta. Cada día hablan de toros los que han estado en la plaza, sí, pero también los cientos de miles que presenciaron los festejos por televisión. Redundará en que surjan también nuevos aficionados, además de público de paso o ‘del clavel’.

Digamos entonces con energía ¡¡A los toros!!