la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

sábado, 10 de octubre de 2026

¿Toro grande, ande o no ande? / por Paco Delgado

'..aunque tantas y tantas tardes haya toros en el ruedo, toreros que los lidien y público que asista a contemplar ese combate singular, no son pocas las ocasiones en las que se contempla una lucha desigual. Principalmente debido a que el animal que últimamente se cría y salta la arena carece de la fiereza necesaria para que la emoción aflore y se perciba en el tendido..'

¿Toro grande, ande o no ande?

Por Paco Delgado
Aunque son tres las patas sobre las que se sostiene el espectáculo taurino, no cabe duda que una de ellas tiene un papel imprescindible y cuya ausencia haría inevitablemente inviable e imposible todo lo demás: el toro. Torero y público, siendo, efectivamente, básicos, sin aquel no tendrían razón de ser.

Sin embargo, aunque tantas y tantas tardes haya toros en el ruedo, toreros que los lidien y público que asista a contemplar ese combate singular, no son pocas las ocasiones en las que se contempla una lucha desigual. Principalmente debido a que el animal que últimamente se cría y salta la arena carece de la fiereza necesaria para que la emoción aflore y se perciba en el tendido. Aunque ya se sabe, y se ha dicho, repetido y recalcado cientos, miles, millones de veces, que el toro más insignificante puede acabar con el torero más experimentado y poderoso. Y ejemplos los hay también a montón.

Pero desde hace ya tiempo, demasiado, en las complicadas labores de crianza y selección ganadera, se ha ido introduciendo en la esencia que mueve a este espécimen único en la naturaleza, un componente que provoca que sus revoluciones bajen de manera considerable en el desarrollo de esa exhibición que debe ofrecer en apenas diez minutos. La manejabilidad.

A lo largo de las últimas dos o tres décadas se ha ido perfilando, y consiguiendo, un modelo de toro de mucho mayor volumen, de una seriedad impresionante en sus defensas y de una estética formidable. Nunca se había visto la magnífica presencia que ahora muestran los ejemplares de casi todas las ganaderías. Y mucho más si su destino son plazas como las de Las Ventas, Pamplona o Bilbao, especialmente.

Si echamos la memoria atrás, si, por edad, se tienen recuerdos de las corridas de los primeros años de la década de los setenta, de los sesenta o cincuenta y no digamos nada de los cuarenta, cuando la guerra había esquilmado la cabaña brava española, o si se repasan periódicos o revistas de aquella época, o se pasan vídeos en los que se han grabado festejos de entonces, la diferencia es abismal. Era un modelo de toro de mucho menor tamaño en todas sus variables y, al ver esas imágenes, uno se admira y sorprende al comprobar que no sólo se admitían por parte de todos, sino que se tenían como algo digno de elogio.

Y efectivamente lo eran, pero por una cuestión principal: la casta. No es menos cierto que pesaban mucho menos, que durante mucho tiempo no se distinguía con claridad el toro del utrero, pero aquel ganado hacía gala de un motor de muchas más revoluciones que el de ahora, con un nivel de agresividad mucho más elevado y de un trato mucho más difícil y complicado. No era raro ver cómo atacaban al caballo y cómo hacían sudar a sus matadores. Tampoco es casualidad que las carreras de los de coleta fuesen relativamente cortas y en cualquier caso mucho más breves que lo que ahora se estila. Aquel toro, mucho más pequeño pero mucho más fiero, tenía una lidia desde luego más exigente y el tener que ponerse ante ellos un día y otro era algo que no estaba al alcance de todos los corazones. Véanse ejemplos de antaño y compárese con hogaño, cuando es difícil encontrar en la cabecera del escalafón diestros con menos de diez o doce años de alternativa... e intención de seguir en activo otros tantos.

El toro moderno se perfila para que dure mucho y para que se le puedan hacer cosas que hace medio siglo eran imposibles hasta para las máximas figuras. A cambio ha perdido personalidad. El tercio de varas, excepto en contadas excepciones -que las hay- carece ya prácticamente de sentido y objeto, su docilidad hay veces que enfurece e irrita -menos al que se pone delante, que agradece infinitamente esa bondad- y la emoción se transmite al tendido en contadas ocasiones. Y recordemos que la fiesta de los toros es emoción o no es. Así que calculen.

Feria de Otoño'26. Novillada sin picadores. Cruzarse o no cruzarse esa es la cuestión / por Pepe Campos


Steve McQueen

'..la tauromaquia está entrando en un círculo concéntrico que no deja ninguna salida, pues se ha conseguido crear un animal (el nuevo toro de lidia) que no plantea dificultades a la hora de lidiarlo ni de torearlo. Viene a ser el final (la consecuencia) de la evolución que está tomando nuestra civilización donde todo consiste en lograr el confort, en tener buena vida..'

Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.

Viernes, 9 de octubre de 2026. Feria de Otoño. Novillada sin picadores. Gran Final del XIV «Camino hacia las Ventas». 

Encierro de erales de Guadajira (encaste Domecq, procedencia Marqués de Domecq). Bien presentados. Mansos (se dolieron en banderillas) y nobles. Algunos lucieron crotales. Primero, tercero y cuarto, excelentes. Segundo y quinto, también, ideales. El sexto, con mayor nervio, movilidad y con alguna tecla que tocar para ser dominado. Justos de fuerza y boyantes, todos fueron de largo a los cites. Tres cuartos de entrada. Tarde perfecta de otoño.

Terna: Joaquín Manzur, de Reynosa (México); de azul cielo y oro; veintitrés años; silencio tras un aviso en sus dos erales. Israel Guirao, de Valencia, de blanco y oro; dieciocho años; silencio tras dos avisos y oreja. Marco Peláez, de Apizaco (México), de malva y oro; con cabos blancos; dieciocho años; saludos tras un aviso y silencio.

Pepe Campos
Los novilleros de ayer que llegaron a la final del certamen «Camino hacia Las Ventas» de 2026 han aprendido a torear en escuelas taurinas, según parece. Es un aspecto que significa que el presente ha traspasado una línea roja respecto a tiempos de antaño que no tiene vuelta atrás. Antes, en esos tiempos lejanos de la tauromaquia se aprendía, principalmente, en las capeas, en el contacto que establecían los futuros toreros (maletillas) con el ganado que se lidiaba en las fiestas de los pueblos. Un ganado no seleccionado, no elegido, sino representativo de la condición natural de la vida de aquellos momentos, una vida auténtica pero áspera, en una época de esfuerzos y de temores, de alegrías y de pesares. Eran momentos en los que un halo espiritual daba cobijo a una civilización que pensamos asemejaba ser vieja porque lo era. Esta apariencia, reflejo de una realidad, aportaba a los hombres de aquellos días rigor y les exigía coraje porque había que oponerse a la dureza de la vida antigua. Esto fue así durante mucho tiempo (a pesar de la Revolución Francesa y todo eso). Ese rico mundo antiguo de los toros, en torno al aprendizaje y sus enseñanzas, está bien reflejado, por ejemplo, en la obra del escritor y crítico taurino Antonio Díaz-Cañabate, en su Historia de una taberna (1944) y en Paseíllo por el planeta de los toros (1970). Con su lectura podemos apreciar que en el entramado de las capeas los futuros matadores salvaban la vida ante asilvestrados animales y se iban haciendo lidiadores según resolvían embestidas, comportamientos y dificultades, al tiempo que pulían un estilo propio para torear. Es posible que ya existieran dinastías, tentaderos y comodidades, pero lo usual era enfrentarse a la brusquedad del oficio ante animales imprevisibles delante de un público fiero o feroz (en la novelística taurina existen muchos títulos que tratan esta temática). Eso fue el ayer lejano. De ahí salían toreros hechos, recios, sin finuras pero con personalidad. En el recuerdo Gregorio Sánchez y Andrés Vázquez, toreros largos y de aguante; que como maestros, lo fueron de pedagogía antigua, con su verdad y su crudeza. Todo eso fue un tiempo ya desaparecido.

Hoy no hay capeas, sino certámenes de novilladas donde los aspirantes a futuros matadores compiten delante de animales (erales, en el caso de las novilladas sin picadores) nobles, mansos o bravos, y, sobre todo, previsibles. Los toreros para hacerse no tienen que ir a los pueblos en busca del momento idóneo a la hora de dar un lance o un muletazo, y recibir un revolcón o una cornada; y ser descubiertos por los gerifaltes del mundillo. Actualmente la dificultad consiste en que los profesores (entre los que habrá psicólogos) elijan o no a un aspirante o a otro para que se enfrente a un animal en un certamen, y a partir de ahí pueda disponer de nuevas oportunidades para ser seleccionado y mantenerse en esa pelea que conlleva destacar. Lo hará ante erales o novillos que pertenecen a una nueva generación de ganaderías (las del presente) que crían astados nobles, sin raza, sin casta, y con obediencia, ante los cuales es muy difícil decir algo nuevo cuando se les torea: parecen ser originados para que los toree Morante de la Puebla, con un tipo de toreo que sólo él posee, pues tiene el don de la transmisión a base de temple y estilo, y es su secreto. 

En definitiva, la tauromaquia está entrando en un círculo concéntrico que no deja ninguna salida, pues se ha conseguido crear un animal (el nuevo toro de lidia) que no plantea dificultades a la hora de lidiarlo ni de torearlo. Viene a ser el final (la consecuencia) de la evolución que está tomando nuestra civilización donde todo consiste en lograr el confort, en tener buena vida, en sentir sensaciones, en dejarse llevar, en no esforzarse y en verlas venir. En todo esto, la vida actual, se puede decir, ha mejorado sobre la antigua, plagada esta de sudores y de sinsabores. Hoy se viaja, y, si no, se huelga. En nuestro hoy no se aprende mediante el sacrificio ni el sufrimiento, se aprende mediante la ciencia infusa de lo etéreo, de lo dócil, de la facilidad. Así para estos tiempos de bonanza y bienestar la tauromaquia no tiene otra que crear ese toro, ya no artista, sino «excelente», correligionario del carretón. La perita en dulce. Y los toreros deben encararse a él, en sus comienzos, a través de certámenes, en una lucha amable, de circunstancias favorables, y a ser posible con un público receptivo y consentidor.

Esto es lo que sucedió en la novillada de ayer: una tarde apacible, erales a modo, novilleros correctos y un público «voyeur». La cuestión es que todo este asunto habría cosechado un mejor resultado si los profesores de los obedientes novilleros de las escuelas taurinas de cada uno de ellos les hubieran enseñado a sus alumnos que, con ese animal tan bonancible al que se iban a medir, si se cruzaran e intentaran torear con concepto curvo y rematado (clasicismo belmontino) el respetable entraría en el espectáculo y en el olé. Pero esto no sucedió, pues esa lección pareció que no le ha sido explicada a ninguno de los tres novilleros de ayer tarde. Torearon sin cruzarse en ningún instante y plantearon las faenas por las afueras, de manera reiterada. De ese modo es muy difícil emocionar. Se tenga temple o no. Se intente esto, aquello o lo de más allá. Los tres novilleros torearon de manera correcta pero sin esa verdad que aporta la cercanía concebida desde el riesgo. Torearon a la verónica y al delantal. Hicieron quites. Ensayaron chicuelinas, gaoneras y tafalleras. Iniciaron las faenas por bajo, por alto y por la espalda. Las remataron con ayudados o con manoletinas. Dieron pases en redondo y al natural. Variedad hubo. También a la hora de matar, bien, regular y mal. Digamos, que faltó el toreo canónico.

De los tres actuantes, Joaquín Manzur, estuvo pulcro, despegado y sin saber conectar con el respetable. Puso en escena lo que ha aprendido y puede mejorar. Israel Guirao, mostró más conocimiento, también en ser consciente de no cruzarse, en una faceta que debería subsanar. Por último, Marco Peláez, en algún momento quiso acompasar su toreo, tirar de pellizco, aunque sin la virtud del mando.

Lo más torero del encierro fue el extraordinario par de banderillas que se marcó el subalterno Jesús Robledo «Tito» en el tercer eral. Y lidió con solvencia, Raúl Cervantes, al primer astado.

A los urdialistas / por Ricardo Díaz-Manresa


'..Así que Urdiales disfrute de estos momentos, de su triunfos, de los halagos y de los piropos porque todo ello le hará feliz pero, queridos urdialistas, aceptemos también la realidad y la verdad..'

A los urdialistas

Ricardo Díaz-Manresa
Los de Diego Urdiales. Urdialistas. Tiene seguidores a sus pies . Incondicionales. Viendo, diciendo o escribiendo lo máximo de lo máximo. Sea o no verdad. También muchísimos que no porque no van a verlo. No llena una plaza ni de coña. Ni en Logroño, su tierra, ni acompañado de Roca Rey atrae al público.

Tampoco los empresarios lo quieren y torea poco. Y eso después de que un jurado lo declarara triunfador de los pasados sanisidros.. Por tanto, carrera muy rara. Porque para algunos críticos, agárrense, supera la perfección. Es un caso en esta sociedad rarísima. Uno más y no solo en la sociedad en general, sino en la taurina. Tiene sus cosas positivas como los NHB en la de Otoño con carteles mediocres, manifiestamente mejorables, con lo que da la oportunidad a la empresa, que yo aprovecharía, para bajar más el interés de los carteles en el crucigrama de San Isidro y abaratar los prepuestos…Si quieren lentejas en lugar de langosta…

Pues esa masa ve a Urdiales en la arena otoñal de Madrid y le arrea una ovación de no te menees tras el paseíllo. Que no se la dan a todos.

Con Urdiales, que se enfada mucho cuando le recuerdan que estuvo luchando varias temporadas con los leones tras poco a poco pasarse a su actual situación, sólo los urdialistas pontifican que como torero que supera a la perfección. Así “miden” muy bien la alabanza. A otros, todo esto les parece una blasfemia taurina.
Pero yo veo lo que veo y después me aferro a los vídeos y los analizo varias veces y, claro, ahí están claros los defectos dentro de las virtudes. Y no parece detener el tiempo como he leído ni muchísimo menos llegar a la perfección del toreo con nota sobresaliente. Le veo utilizando el pico, no fajándose, no rematando los muletazos en la cadera, pases de pecho al pitón contrario etc. y además no le acompaña la figura y menos la expresión de su cara. Si quieren, me siento con los urdialistas, vemos vídeos y hablamos.

Pero llega el tío Paco con la rebaja y él no llena la plaza el 2 de octubre, no llena ninguna, y en la de Otoño sí lo hacen otros menos perfectos el 3 y el 4 con sendos NHB. La vida puñetera.

Y falta todavía más : para algunos, quédense pasmaos, es un lujo como Morante. Sólo faltó decir que fue Diego que agotó los abonos de Las Ventas.

Don Diego sigue atascado en pocas actuaciones por lo que sugiero a los urdialistas que colaboren económicamente con las empresas para que puedan contratarlo y su afición disfrute más tardes y más tiempo con su toreo. A ver si alguno suelta aunque sea un solo euro.

Si las comparaciones son odiosas, la de Morante con Urdiales son de risa.

Sólo nos falta que, cuando se retire el de la Puebla, intenten colarlo como el sustituto. Aunque de Morante nadie ha dicho que es superperfecto sino sencillamente el mejor y diferente a todos sus compañeros con un toreo muy personal e irrepetible. Sólo eso.

Así que Urdiales disfrute de estos momentos, de su triunfos, de los halagos y de los piropos porque todo ello le hará feliz pero, queridos urdialistas, aceptemos también la realidad y la verdad.

JESÚS ENRIQUE COLOMBO: LA GESTA DE CAJABAMBA / por Víctor Ramírez “Vitico”


'..Colombo afronta un final de temporada americana con la gesta de Cajabamba como punto álgido, así como su regreso a la plaza de Acho en Lima tras salir a hombros el año pasado..'

JESÚS ENRIQUE COLOMBO: LA GESTA DE CAJABAMBA

Víctor Ramírez “Vitico”
Jesús Enrique Colombo asume por segunda vez en su carrera la gesta de lidiar seis toros en solitario, en la plaza de Cajabamba en la que será la primera ocasión que lo hace en ruedos peruanos. Colombo debutó como matador de toros en Venezuela en corrida formal encerrándose con seis toros de San Antonio en San Cristóbal el 27 de enero de 2018, cortando tres orejas, dos al segundo de la tarde “Tachirense” número 75, negro con 470 kilos y una del quinto “Atrevido”, número 76, negro listón de 440 kilos abriendo la puerta grande. 

Llega el diestro venezolano a Cajabamba tras cerrar su temporada europea en la que toreó 11 corridas de toros en las que cortó 21 orejas, 1 rabo simbólico, indultando 2 toros, con 7 puertas grandes. De las 11 corridas, 8 fueron en España cortando 14 orejas y 5 salidas a hombros y 3 en Francia en las que paseó 7 orejas, 1 rabo e indultó 2 toros de manera consecutiva con 2 puertas grandes. 
Colombo afronta un final de temporada americana con la gesta de Cajabamba como punto álgido, así como su regreso a la plaza de Acho en Lima tras salir a hombros el año pasado. Una campaña muy especial en Perú para el diestro que llegó a la importante cifra de las 100 corridas de toros en el país andino, sumando 107 corridas en las que ha cortado 250 orejas, 14 rabos, 3 vueltas al ruedo, 16 toros indultados y 85 salidas a hombros sin contar en esta estadística los festivales, por tanto, la tarde de Cajabamba será la número 108 vestido de luces en Perú. Hasta los momentos ha sumado en plazas peruanas esta temporada 24 corridas de toros en las que ha cortado 49 orejas, 2 rabos, indultando 3 toros con 18 salidas a hombros.


Colombo en la plaza de toros de Cajabamba ha toreado 4 corridas de toros, paseando 13 orejas, estoqueando 8 toros y abriendo la puerta grande las 4 tardes. Se presentó en esta plaza el 7 de octubre de 2023 lidiando toros de Santa Rosa de Lima de los que cortó tres orejas alternando con Alfonso de Lima y Joaquín Galdós, su segunda actuación fue el 13 de octubre de 2024 estoqueando toros de José Cruz de los que obtuvo cuatro orejas en terna con David Galván y Joaquín Galdós. En 2025 hizo doblete en la feria la primera tarde el 10 de octubre con toros de Los Azahares paseó cuatro orejas alternando con Ángel Puerta y Lama de Góngora y al día siguiente estoqueó un toro de San Pedro y otro de Salamanca cortando las dos orejas de su segundo compartiendo terna con Fortes y Julio Alguiar que tomó la alternativa. 

El domingo 11 de octubre lidiará toros de las ganaderías de Paiján, Puerto de San Luis y Polo Saiz. Una histórica gesta de Jesús Enrique Colombo en un país que le ha abierto sus puertas, así como a tantos toreros venezolanos y donde ha sumado el mayor número de festejos de su carrera. Ahora es el toro quien tiene la última palabra.

Roca Rey, fundamento emocional en València, rescata el 9 d'Octubre / por Jaime Roch

 Gran derechazo de Roca Rey en Valencia: largo con la embestida gobernada. / F. Calabuig

El joven diestro peruano logra su deseada puerta grande con una oreja de cada lote dentro de una corrida de toros de Álvaro Núñez con muy poco fondo

Morante dibuja una preciosa primera obra no recompensada por el palco.

 Roca Rey, fundamento emocional en València, rescata el 9 d'Octubre 

Jaime Roch
Era una tarde de auténtico reventón, con los remolinos de la gente en la explanada de la calle Xàtiva y largas colas para acceder a la plaza justamente cuando se cumplía la hora del paseíllo. Las azoteas y balcones de las fincas aledañas también se veían llenos, con cabezas minúsculas que no se querían perder detalle. Y hasta el helicoptero de la Policía Nacional se puso sobre la plaza para contemplar la primera faena de Roca Rey, un ‘invitado’ que quebró el ánimo de los aficionados por la molestia del ruido. Apenas se escuchaba el pasodoble ni los olés.

Pero era día también de emociones toreras, con el esperado encontronazo en la cumbre entre Morante y Roca Rey, lo que había puesto el ‘No hay billetes’ en las taquillas otro 9 d’Octubre.

Esa emoción de la previa de una tarde de toros era precisamente lo que había agotado las entradas, esa raíz colectiva de la persona para emocionarse, atributo esencial del toreo. El más diferenciador diría.

Gesto de figura

Y es que Morante volvía tras dos años largos años de ausencia y Roca Rey toreaba por tercera vez este año en València, como otro gesto de figura. Pero esa rivalidad que habíamos enarbolado a ultranza se vio poco, aunque el joven diestro peruano salió dispuesto a defender su sitio y nunca le volvió la cara en ningún quite. Como si Morante, reinstalado en el cetro, no quisiera saber nada.

Preciosa verónica de Morante a su primer toro en València

Hasta que se abrió de muleta en su primero y se lo pasó rigurosamente cerca, intransferible en su valor. Le había brindado ese toro -el único que lo hizo- al seleccionador Luis de la Fuente, despojado de toda clase de prejuicios y sentado al lado de Vicent Mompó en el callejón. Ese primero, de la ganadería de Torrealta que remendó el encierro del debutante Álvaro Núñez, el genio sevillano demostró que continúa instalado en lo más eminente de su madurez creadora, pletórico de valor, rehabilitado en su clásica identidad, tan exquisita y tan popular hoy en día ya.

Un ramillete de verónicas de preciosa expresión fue una proclama suficiente: ganando terreno hasta la boca de riego. El toro, algo cornalón pero bien hecho, no tenía buen estilo al embestir en los primeros tercios hasta que le limó, como un auténtico artesano, las asperezas.

Por Antoñete

Así que Morante se puso en los terrenos de Antoñete para torear por Antoñete: puro, apenas sin toques, dejándole la muleta en la cara y tirando de él cuando respondía. Cerquísima se lo pasó, solo así pudo embestir, claro. Cuando la solemnidad de su cuerpo se hundía con la embestida, siempre susurrada de temple. Abusó de esos espacios también para torear a derechas, igual de despacio, rítimico, sacando a flote una faena que no era. Parecía surrealista.

Así que una larga tanda a derechas marcó la diferencia, como si pusiera de manifiesto su razón de ser: una libertad abrumadora frente al toro que provocó una maraña de sensaciones en el aficionado. Erró con el primer intento porque pinchó con una banderilla y dejó una estocada desprendida. La fuerte petición de oreja, que tuvo su peso, debió ser considerada por el presidente Luis Maicas. Fue ovacionado.

En el cuarto, Morante, en su sabor añejo, desempolvó los afarolados de pie y dejó un galleo por chicuelinas sabrosísimo, como un superpuesto recorrido de la historia. Ese retablo costumbrista falló por el nulo fondo de casta, pero dejó un par de naturales que se quedarán en los interiores de la afición de València antes de pinchar en reiteradas ocasiones.

Roca Rey, en el ajustadísimo pase por la espalda. / F. Calabuig

El mejor toro

Mientras tanto, Andrés Roca Rey, meditaba, observaba, asimilaba, como alimentándose. Pero fue él quien rescató este 9 d’Octubre en València tras conquistar la puerta grande en una nueva muestra de su raza de figura. Ambición deliberadamente torera y renovadora con su vanguardia a cuestas. Siempre en pie de guerra, se encontró con el ejemplar de Álvaro Núñez de mayor clase de la tarde.

Este toro sí tuvo gran fondo, de nombre ‘Fumador’, número 59. Cosas especiales que busca este ganadero como esa humillación que se prende en los vuelos, redondeando con flexibilidad el cuello al final del muletazo, con gran entrega. Aunque se picó poco y acabó en tablas, demostró gran codicia.

Con esa materia prima, Roca Rey le cortó una oreja con fuerza que pudieron -o debieron- ser dos en una faena marcada por la intermitencia que produjo del sonido de un helicóptero de la Policía Nacional. Pero Roca, con esa poderosa y singular interpretación estética del toreo, cuajó al animal, al principio por el toreo fundamental y luego con un arrimón que arrebató a la totalidad del público, con su pecho entre los pitones. A un mandón como él no le tembló el pulso para llevar larga esa embestida, fundamental en su gobierno, aproximándose a su mejor versión al natural. Una estocada desprendida dio paso a la oreja.

Paseó otra oreja tras una grandiosa estocada en el quinto, huidizo de manso hasta que se quedó quieto y embistió con transmisión, pero que se rajó cuando se sitió podido.

Rufo, oreja

Tomás Rufo, que parecía el invitado a este baile, aprovechó la calidad del tercero, que se redondeaba también en los engaños, pero acabó en tablas. Allí, el joven toledano dejó su mejor tanda por la izquierda y paseó una oreja merecida. El sexto, más desordenado y con aspecto de buey, le sirvió poco.

El banderillero Javier Gómez Pascual se retiró del toreo al finalizar el festejo. Así que Roca Rey se volvió a erigir en sostén, en el fundamento emocional de una tarde de toros en València por su capacidad extrema. Que no es poco.

Las cucarachas / por Sertorio


Vuelven las hermosas cucarachas a las páginas de EL MANIFIESTO. No lo hacen por su abundancia, estos días de acampada, junto con piojos, garrapatas y demás bichos, en la madrileña Puerta del Sol. Vuelven por otros motivos. Hace unos días les hablábamos de las cucarachas y demás insectos convertidos en harina (y luego en ‘carne’ y otros sucedáneos) por la megaindustria alimentaria que, apoyada por las autoridades globalistas, intenta acabar con la agricultura. Hoy, en cambio, es de otras cucarachas de las que nos habla Sertorio. Aunque no, en el fondo, vienen a ser las mismas. Unas son las que están destinadas a que las comamos, y las otras…, las cucarachas que destinan las primeras a tal función.

Y si no se han aclarado del todo, lean las siguientes líneas. Y diviértanse (o lloren) con ellas.

Por Sertorio
Si Felpudo VI decide recompensar los buenos servicios del “doctor” Sánchez a la Corona, no habría mejor merced que otorgarle un ducado; en ese caso, el rey de armas deberá diseñar un escudo en el que, sobre un campo de gules, se dispongan cinco cucarachas en sotuer. Es cierto que esta innovación heráldica de introducir a estos bichos en el bestiario de la ciencia del blasón puede resultar chocante, pero no existe mejor emblema y enigma de la persona y la labor de Sánchez que este insecto resiliente, indestructible, del que resulta casi imposible librarse. “Tenax ut blatta”[1] sería una excelente divisa.


La cucaracha se ha puesto de moda, por fin, después de tantos siglos de invisibilización heteropatriarcal y supremacista; sólo el capitán Lebyadkin —en “Demonios”, de Dostoievski—, le había dedicado un emotivo poema a esta silenciosa criatura que infesta nuestras ciudades y que siempre resurge de la clandestinidad después de cada sangrienta persecución. Pero, como cantaba Lebyadkin, “Tarakán ne rópschet!” (¡La cucaracha no lloriquea!). Años más tarde, Kafka, al narrar en su Metamorfosis la transformación de Gregor Samsa en una silenciosa, resignada y humilde corredera, describió la opresión y la falta de empatía en la que se desarrollaba la existencia de este colectivo. Pero la cucaracha del siglo XXI ya no está oprimida y ya no se calla: se ha empoderado y se une a la reivindicación de gente tan vulnerable como ellas. Por ejemplo, han servido de comandos de acción directa en su ataque a la inmobiliaria del caso Mari Carmen, otra resiliente. Y en los asentamientos perrofláuticos de la Puerta del Sol, ese aduar con relentes de grifa que tanto recuerda a las jaimas playeras de Ceuta, también debe de acoger a un buen número de cucarachas con inquietudes sociales. Porque insectos, antifascistas, okupas y perroflautas comparten un mismo fin social: parasitar las viviendas de la clase media y trabajadora, vivir entre ajenas paredes sin soltar más abono que el producto de sus naturales deyecciones.

¿Cómo no se iba a solidarizar el “doctor” Sánchez? Ya lo explicó un gran socialdemócrata: ser socialista es tener mucho propio y repartir lo poco de otros. Aunque los neonazis del Banco de España afirmen con desfachatez machista que nos hace falta crear 755.000 nuevas unidades de vivienda, el futuro duque de Sánchez no va a ser tan fascista como para construir casi un millón de hogares: algo así le pondría a la altura de Franco. Con lo fácil y solidario que es incautar los pìsos de la clase media. En fin, si las cucarachas, desprovistas de sufragio por un sistema discriminatorio, pudieran votar, Sánchez sería presidente vitalicio.

1.- Que en román paladino significa “Tenaz como una cucaracha” [N. de la Red.]. ↑

viernes, 9 de octubre de 2026

Luz de tormenta y orgullo andaluz en las calles de Úbeda

¡Qué rincón tan mágico y lleno de duende nos regala Úbeda! 

Luz de tormenta y orgullo andaluz en las calles de Úbeda 

Caminar por la emblemática Cuesta del Carvajal es adentrarse en la historia viva de nuestra tierra. Las históricas piedras centenarias y las blancas fachadas se bañan hoy de una luz celestial, con esos rayos de sol colándose entre las nubes tras la lluvia que parecen abrazar cada rincón de nuestra ciudad patrimonial. 

Y presidiendo este paisaje urbano tan nuestro, ondea con fuerza y elegancia la blanquiverde, la bandera de Andalucía.  Símbolo de nuestra identidad, de nuestra historia y del orgullo de pertenecer a una tierra única, llena de arte, luz y rincones inigualables como este.

¡Siente Úbeda, siente Andalucía!

Lope De Barnuevo Juan Angel