
Del toro al infinito
“el nacimiento de la Fiesta coincide con el nacimiento de la nacionalidad española y con la lengua de Castilla……… asi pues, las corridas de toros…….. son una cosa tan nuestra, tan obligada por la naturaleza y la historia como el habla que hablamos.”. R. Pérez de Ayala
la suerte suprema
Pepe Bienvenida / La suerte suprema
domingo, 30 de agosto de 2026
La Campaña / por HUGHES

sábado, 29 de agosto de 2026
Feria de Bilbao.Marco Pérez pasa con alta nota el examen / Barquerito & Moore
Triunfo en otro son de David de Miranda, de estreno también en Vista Alegre
Corrida de nota de Domingo Hernández
Marco Pérez pasa con alta nota el examen
Seis toros de Domingo Hernández. El sexto, sobrero.
Sebastián Castella, silencio y oreja. David de Miranda, saludos tras aviso. Marco Pérez, saludos y oreja.
Un monosabio de la cuadra de caballos Equigarce, Jesús San José, resultó herido de gravedad durante el tercio de varas del cuarto toro que se revolvió cuando lo coleaba. Sufre una cornada en la región glútea izquierda de 30 centímetros de extensión limpia. Fue operado en el Hospital Universitario de Basurto. Tiene una clavícula rota y la vejiga de la orina desplazada. Se recupera satisfactoriamente aunque paso la noches con las lógicas molestias y dolores.
EN CORRIDA DE siete toros de Domingo Hernández, la joya de la corona fue un sobrero cinqueño jugado en séptimo lugar que lo dio todo y más, y tuvo enfrente, ambicioso y desatado incluso al borde del arrebato, a un Marco Pérez dispuesto a todo y de casi todo capaz. El toro de la corrida y la faena de la tarde.
El toro, en competencia con la nobleza codiciosa del segundo y un quinto cinqueño, de porte y pinta diferentes al conjunto, de clase y fijeza muy particulares. El torero, de estreno en Bilbao, con el otro debutante, David de Miranda, y sometido a comparación inevitable. De ella salió estimulado Marco. Si se hubiera tratado de un desafío, beneficiado y ganador por una razón: el tercero bis de corrida, jugado a turno corrido, voluminoso, alto de cruz, salió de loco, carreras arrollando, se vino cruzado a engaños sin atenderlos, se escupió de un caballo a otro, aunque acabara tomando un puyazo sangrado, sembró el caos en las cuadrillas puestas en jaque y pareció de intratable falta de fijeza.
Mientras Marco brindaba al público, pegado a tablas y ajeno el toro esperaba suerte y destino. Con entereza, tranquilo, lo fijó con una mera tanda de toques suaves por los dos pitones y, apenas terminada, ya estaba fuera de las rayas puesto y descarado. Se trajo al toro en una primera ronda de tres y el de pecho, que fue árnica. Calmado el toro, una segunda en redondo. Y ahora una tercero de estupendo ajuste, despacioso dibujo, embraguetado Marco, impecable ligazón. Donde nadie había visto toro ni faena, él sí. Hubo que perder pasos por la mano izquierda, pero la autoridad era ya manifiesta: gobierno del toro sin sufrir ni sudar gota. Es probable que la faena estuviera para entonces hecha y resuelta, pero Marco, habilidoso, optó por seguir sin terminar de armar. Manoletinas, un desplante, dos pinchazos, una entera caída.
El sentido, la medida y el plan de las otras tres faenas -las dos de Miranda y la del gran sobrero- fueron distintos. Se quedó corto Miranda con el son sencillo del segundo -tandas breves de muletazos cortos, muy encima- y sobre todo se dejó sin lucir la calidad de la mano izquierda. Estocada desprendida al segundo viaje. Un final de toreo en cercanías asfixiantes, pitones acariciando muslos, quietud irresistible, y el broche de mondeñinas y bernadinas acabaron dando fuerza y cuerpo a la faena del quinto. Una estocada sin puntilla.
Con el arrebato de su segunda faena -Marco Pérez llegó a enroscarse el toro en un circular interminable que debería haber sido colofón- llegó también un punto de aceleración y desorden por acumulación sin pausas, el frenesí de las ideas claras y la voluntad de triunfo, entrega indiscutible, trazo limpio del muletazo traído atrás, elástica la figura, una soberbia tanda de naturales en los medios mientras aquello no paraba de fluir ni el toro de embestir. Por pasarse de tiempo y rosca, perdió gas la obra. Un pinchazo y una estocada de mérito. El toro estaba todavía entero.
Fieles los dos toreros a su costumbre de quitar a tercio cumplido, uno y otro abundaron. Se llevó la palma un quite de frente por detrás de Marco Pérez al sexto, sacado al calco del repertorio de Julio Robles e interpretado al pie de la letra. En réplica a uno ajustado de Marco por chicuelinas en el segundo toro, Miranda tiró del favorito de su repertorio: cuatro saltilleras dejándose llegar el toro lo indecible y el remate brillante de una revolera inversa.
Las dos presentaciones y la despedida de Sebastián Castella de Bilbao en dos versiones. La primera, la de torero persigue toro porque el que partió plaza fue toro fugitivo que apenas se dejó acompañar viajes de paso. La segunda, con un cuarto de sencillo manejo, fue la de muchas otras veces. La madeja de cambios en distancia en la apertura, y luego, atornillado el torero de Beziers como a tuerca, encima del toro sin que apenas circulara el aire, un menú de toreo embraguetado cosido en un palmo. Y entre tanda y tanda, un paseíto. Una rara estocada al salto para decir adiós.
Un gran torero llamado Iván García / por José Carlos Arévalo

Ceuta como prueba de fuego / por Carlos Esteban

España no tiene esa sociedad civil que, mal que me pese, sigue vertebrando las comunidades políticas anglosajonas. Entre el poder y el individuo hay un absoluto y desolador vacío. Se repite hasta el cansancio la pregunta de a qué esperan los ciudadanos para levantarse, pero no hay cómo hacerlo, no hay cauces, una vez que el poder ha colonizado las instituciones hasta desnaturalizarlas, como en esas películas en las que los extraterrestres entran en el cuerpo de la gente.
Y probablemente tenga un sentido profundo la paradoja de que, mientras el pensamiento político popular español se decanta hacia un vago colectivismo estatalista, la naturaleza íntima del ciudadano se mantiene en un individualismo feroz. Por el contrario, los países que han hecho del individualismo una bandera explícita tienden más a la acción coordinada.
Pero mientras el español mantiene su fiera individualidad frente a su vecino, de algún modo confía en el poder, quizá como un atavismo heredado de cuando creía en el Dios católico y su Providencia, una transferencia psicológica perfectamente natural.
Ya no vamos a montar un motín en Aranjuez al grito de «¡que se nos los llevan!». Seguro que hay una agencia o un instituto que se ocupa del último motivo de indignación. El horizonte personal es mínimo, se mide en metros: más allá, el Gobierno se ocupará. O no. Pero, desde luego, no es cosa mía.
Queda una población pastueña, atocinada, mansa, ovina, más recelosa del de al lado que de esa máquina de perpetrar abusos y repetir mentiras que se ha convertido la Administración. Y los que están dispuestos a hacer apenas tienen cómo.
Sobre todo: el sistema se ha cimentado sobre un cúmulo de falsedades tan enorme que desanima inmediatamente pensar en todo lo que hay que desmontar para regresar a la cordura, para tener una posibilidad de supervivencia como nación.
Porque Ceuta tiene, al menos, la ventaja de la sinceridad visual, de la imposibilidad de mirar y seguir engañado. De nada sirven las consignas de medios comprados ante la evidencia ocular en una ciudad asaltada, con compatriotas nuestros viviendo como refugiados en su propia patria. Leer a algunos opinadores áulicos con las imágenes de fondo recuerda a aquella emisión de la CNN, ya convertida en meme inmortal, donde un locutor habla de una manifestación «mayormente pacífica» de Black Lives Matter mientras el espectador puede ver detrás de él los edificios ardiendo.
Hemos vivido las mentiras pandémicas, la riada de Valencia, el gran apagón, los incendios, los desastres ferroviarios, todo sin que se nos mueva políticamente un músculo. Hasta Pedro debe estar parpadeando incrédulo ante nuestra docilidad perruna. Pero Ceuta es la prueba de fuego, el test definitivo. Y lo estamos fallando.
POEMA A MANOLETE / por Agustín de Foxá
viernes, 28 de agosto de 2026
Las Ventas. Quinta y última del verano madrileño. Christian Parejo nos hizo rejuvenecer medio siglo. Pepe Campos
MANOLETE: 79 AÑOS DE LA TRAGEDIA DE LINARES / por Víctor Ramírez “Vitico”
MANOLETE LLEGA A LINARES
Sobre las tres de madrugada llegó Manolete a Linares, el torero se hospedó en la habitación 42 del hotel Cervantes. No descansó bien por tener malestar estomacal. Por la mañana habló con Luis Miguel Dominguín y el fotógrafo Francisco Cano “Canito” entre otros.
EL SORTEO
José Flores “Camará” se dirigió al coso de “Las Margaritas” para el sorteo de los miuras. Se enlotó la corrida y “Camará” le cambió un toro a la gente de Gitanillo de Triana, por uno más fuerte por las exigencias del público éste sería el toro que abrió el lote. “Islero” sí le correspondió a Manolete directamente y salió en quinto lugar.
EL ENTORILAMIENTO
En los toriles ese 28 de agosto trabajaban diez hombres, uno de ellos era Juan Antonio Robles Pérez que comentó que la corrida se enchiqueró bien. Curiosamente el que más lata dio fue “Islero” que tardó en meterse al chiquero por ser un toro al decir de Robles Pérez “muy nervioso”.
ISLERO
“Islero” nació en la finca “Valdelinares” curiosamente un nombre que lleva la palabra linares y se crió en la famosa “Zahariche”, se tentó siendo becerro en acoso y derribo dando un juego normal. Su madre la vaca “Islera” estaba marcada con el número 226 y fue apuntillada tras el herrado de un hijo ya que al morir Manolete estaba parida. Su cabeza se conserva disecada no así la de su hijo “Islero”. Teodoro Matilla estuvo a punto de cortarla en el desolladero, tenía incluso sus pies encima de los pitones del toro, pero le llamó urgentemente Balañá para asuntos de último minuto y al regresar ya habían destrozado la cabeza al descuartizar al toro.
EL ENCIERRO NO IBA EN UN PRINCIPIO A LINARES
El encierro de Miura no iba en un principio a Linares, estaba apalabrada para Murcia, pero a primeros de agosto Balañá llamó a Eduardo Miura para decirle que quedaba libre del compromiso de Murcia, se llegó a un acuerdo con esa empresa y terminó la corrida lidiándose en Linares.
ALMUERZO FRUGAL
La última comida de Manolete fue muy sencilla, solamente pidió un huevo cocido, una raja de melón y una cerveza.
ROSA PALO Y ORO
Manolete vistió de rosa palo y oro, sacando un capote de paseo bordado en oro y rosas. Como tenía por costumbre Camará le amarró los machos. Del hotel Cervantes hizo su trayecto a la plaza caminando ya que estaban muy cerca.
LA CORRIDA
Los tres espadas saludaron una ovación tras el paseíllo con un lleno total en la plaza. Los miuras salieron con las lógicas complicaciones. Gitanillo cumplió con su lote, Manolete no tuvo suerte con su primer toro y Luis Miguel Dominguín cortó la oreja del tercero, aunque la cuadrilla cortó las dos y el rabo debiendo arrojar Dominguín los trofeos no otorgados por la presidencia. Gitanillo de Triana, saludos tras petición de oreja y palmas. Manolete en su primero saludos tras petición de oreja, Luis Miguel Dominguín oreja y vuelta al ruedo tras petición. El banderillero El Boni padre sufrió una voltereta sin mayores consecuencias en el primer toro y Gitanillo resbaló también en la lidia de ese burel.

LA ÚLTIMA FAENA
“Islero”, número 21, negro entrepelado bragado corrido meano axiblanco, pesando a la canal 295 kilos. Fue complicado, metiéndose mucho por dentro por el pitón derecho, se dice que le quedó dentro el casquillo de la puya lo que afectó mucho al toro. Por los adentros apretaba mucho, por las afueras embestía mejor. Manolete le toreó con mucho valor aguantando una barbaridad. Tras ceñidas manoletinas y desplante tocando precisamente el pitón derecho. Dos orejas y rabo, los últmos trofeos de su vida.

LA CORNADA
Manolete entró a matar muy despacio en la suerte contraria cobrando una superior estocada. Al tiempo de entrar la espada el toro se encogió y alargó la cabeza hundiendo el pitón en el muslo derecho del torero que giró sobre el cuerno. Islero le pasó por encima y se fue a chiqueros donde dobló. El parte facultativo del doctor Garrido especificó “Herida por asta de toro situada en el ángulo inferior del triángulo de Scarpa, con un trayecto de 20 cms de longitud de abajo hacia arriba y de dentro a afuera y ligeramente de delante atrás con destrozo de fibras musculares del sartorio, fascia cribiforme, recto externo, con rotura de la vena safena y contorneando el paquete vascular nervioso y la arteria femoral en una extensión de 5 cms y otro trayecto hacia abajo y hacia afuera de unos 15 cms de longitud con extensa hemorragia y fuerte shock traumático”.Muslo derecho. Pronóstico muy grave.
NO VEO
Manolete fue operado en la enfermería por el doctor Fernando Garrido Arboleda y su equipo. Dos horas después de la intervención recuperó la conciencia quejándose de un dolor muy fuerte en el muslo herido siendo trasladado al hospital en una camilla llevada por varios hombres, en silencio cruzaron el ruedo y a pie fueron al hospital en una triste procesión. Se le hicieron varias transfusiones de sangre entre otras del cabo de la Policía Armada Juan Sánchez Calle, el matador de toros Pablo González “Parrao” y alguna más. Al principio las toleró bien. En la madrugada llegó el doctor Jiménez Guinea que se puso al mando. Manolete tenía mucha sed y le parecía mal el sabor del agua. Sor Julia Elorz, hermana de la caridad, poco antes de morir el torero le dio zumo de limón algo que le agradeció Manolete. A eso de las cinco de la madrugada se le hizo una última transfusión que no toleró, empezó a quejarse de mucho dolor en los riñones, incluso se arrancó la goma, pronunció la famosa frase “No veo” dobló la cabeza y expiró a las 5.07 de la madrugada del 29 de agosto.
DAN GANAS DE MORIRSE AQUÍ
En 1944 el automóvil de Manolete atropelló en Linares a la niña Anita, diligente el matador y su gente la trasladaron al hospital de Los Marqueses que curiosamente empezó a funcionar en el año que nació Manuel Rodríguez. El torero visitó el hospital por lo del accidente de Anita y les comentó a las hermanas que no había toreado tranquilo esa tarde pensando en la niña y dijo unas palabras proféticas que se cumplieron justo tres años después: “Dan ganas de morirse aquí por lo bien que se está”. Sin saberlo vaticinó su destino para convertirse en leyenda.
Fotos: Francisco Cano.





































