la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

sábado, 23 de mayo de 2026

San Isidro'26. Sebastián Castella en el clímax del placer. Campos & Moore


Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.
Viernes, 22 de mayo de 2026. Decimotercer festejo de la Feria de San Isidro. 

Encierro de toros de Victoriano del Río (origen Juan Pedro Domecq). Bien presentados. Cinqueños menos el segundo. Flojos. Mansos menos el cuarto que en la primera vara salió al capote. El primero alto y largo, corniabierto y cornialto, muy flojo. El segundo, largo, cornivuelto, flojo. El tercero, abierto de cuerna y cornialto, noble. El cuarto, menos ofensivo, nobilísimo, perita en dulce, de carril y flojo. El quinto, noble y flojo. El sexto, noble. Lleno de no hay billetes. Tarde primaveral camino del verano.

Terna: Sebastián Castella, de Béziers (Francia); de azul de almacén y oro, con cabos blancos; veinticinco años de alternativa; cuarenta y ocho festejos en 2025; silencio y vuelta al ruedo tras dos avisos. Emilio de Justo, de Torrejoncillo (Cáceres), de ladrillo y oro, con cabos blancos; diecisiete años de alternativa; cincuenta y dos festejos en 2025; palmas tras un aviso y silencio tras dos avisos. Tomás Rufo, de Talavera de la Reina (Toledo), de azul medianoche y oro, con cabos blancos; cuatro años de alternativa; treinta y cuatro festejos en 2025; silencio y silencio.

Suerte de varas. A pesar de ser una corrida noble se les metió puya, su colocación fue baja; con metisaca (2º, 3º y 6º) para aminorarlos y, de los encuentros, salieron sueltos. Se acostaron en el peto (2º, 4º y 5º). Elegimos la descripción de la suerte de varas al cuarto para entender si se le debió dar la vuelta al ruedo. Fue colocado al caballo en las dos varas. Lo picó Manuel José Bernal. En la primera se arranca, la puya cae trasera y caída, el astado se acuesta en el peto, es tapado y sale finalmente al capote, al tiempo que pierde las manos. En la segunda vara, el picador rectifica, trasero, poco picado, sale de la vara de incógnito. En la faena de muleta respondió como una hermanita de la caridad.

PEPE CAMPOS
En todas las profesiones (si hablamos de tauromaquia habría que derivarlo hacia el arte) hay momentos en los que los trabajadores (artistas) están en sazón, en su tiempo oportuno. Digamos que en el mundo tan trabajado de la tauromaquia este momento de la madurez se adquiría antaño cuando se rozaba el lustro o la década (casos extraordinarios) en el ejercicio del quehacer. Esto era antes cuando había que torear todo tipo de ganado o toros. Ahora, no es así, pues existe como un elixir de la eterna juventud que hace que los profesionales de la tauromaquia (artistas) puedan estar empleándose delante de los toros décadas, periplos de largo alcance, eternidades y matusalenidades. Ese elixir que torna jóvenes a los toreros añosos no es otro que torear toros pastueños, todos los que se pueda a lo largo de la vida taurina. Es un aspecto que se ha ido descubriendo y manifestando a lo largo de los últimos lustros. Y se está llegando a la conclusión que cuantos más toros de carril se toreen, más senilidad detrae el matador de esos toros. De ese modo toreando lo dúctil, lo feble, lo jubiloso; la jubilación del torero se aleja, se posterga, se dilata, se estira, se prorroga hacia la vida eterna. 

El elixir de la eterna juventud en el mundo taurino, la panacea, se ha encontrado y reside en torear el toro pajuno, un término que, a su vez, remite a la toreabilidad —la obsesión de la taurinidad, el meollo de todo—. Torear el toro de paja aporta curación y genes de eternidad a quien lo hace. La piedra filosofal taurina habita en la toreabilidad del toro. Si la tauromaquia estuviera bien vista se le daría el premio Nobel a esta deducción. Entendemos por qué se busca tanto la toreabilidad por parte de las figuras actuales y sus equipos —the staff—. Todas las figuras del toreo están adscritas al toro boyante o franco o claro —en denominación de antes—; en realidad, hoy hay que denominarlo toro de laboratorio, servido en bandeja, borrego o de pitiminí.

Ese medio toro o toro teledirigido está aportando, por ejemplo, a Sebastián Castella —que ha toreado muchos a lo largo de su trayectoria taurina— el don sagrado de la longevidad. Sólo hay que mirarle a la cara para darse cuenta y cerciorarse. Las estadísticas lo demuestran: lleva la friolera de veintitrés años de alternativa y para él todo acaba de empezar. Le tendremos en los carteles los próximos veinticinco San Isidros. Es una comprobación de que el toro toreable —que suele torear Castella— a él, particularmente, le transfiere enzimas juveniles. Juventud. Por eso esa pelea de todas las figuras de verse en los carteles de toros inofensivos donde encontramos a una pléyade de toreros que buscan permanecer en el mundo. Ahí tenemos a Talavante, a Morante, a Manzanares y a Perera. Otros están en ese camino, muy cerca, como Luque o De Justo. A cierta distancia, Ortega. En esa senda, Aguado. Rufo, un recién llegado. Etc. Todos quieren meter cabeza. No todos han podido recibir tanto elixir de toros boyancones como Castella. Por eso hay una pelea en apuntarse a lo blandengue, a lo endeble, a lo delicado. La rivalidad radica en eso, en acceder a lo toreable porque transmite perpetuidad. El toro que torean las figuras del momento presente (figurones del toreo, mandones, astros) es inflexible; es flojo pero no se derrumba; es débil pero se mantiene; embiste y obedece; se retroalimenta; no crea grandes problemas si bien permanece; está; no lucha sino que persigue detrás de algo, que suele ser un trapo; saca malas notas pero no se rinde; debería dimitir, no obstante cumple su misión porque para eso ha sido elegido. Es un toro chollo, no cuestiona y traslada esa ansiada longevidad al torero, porque, realmente, no molesta, y en esto estriba la temática.

Aparte, otra particularidad de la fiesta de los toros se refiere al clímax, al momento de exaltación, al punto de apoteosis, que suele alcanzarse de vez en cuando. Cuando la masa de repente se siente conducida a obtener placer, a rentabilizar su presencia en el espectáculo. Ayer ese clímax, ese orgasmo, se alcanzó en el cuarto toro. Ayudó el animal, representante supremo de la toreabilidad. Pero, también, coadyuvó que la tarde anterior fue nefasta, y los primeros tres toros de la corrida de Victoriano del Río parecían deparar otra tarde de negatividad. Y ahí surgió la llegada del elixir, del toro toreable, del astado del cual mana el líquido elemento reparador o sérum. Y Sebastián Castella, un consumado artífice en floridas lo aprovechó. No a su primero, donde estuvo perfilero, pegapases, despegado, en definitiva, superficial. Una superficialidad que a Castella le asegura conservación. Lo mató de media baja en la suerte contraria. 

Al toro de la tarde —de vuelta al ruedo, protestada— le hizo «la faena Castella». En los medios y en la segunda raya del tercio del tendido del seis. Fue aquella faena que todos los aficionados pueden describir si se les reta a que narren cómo podría torear Castella: desde los pases cambiados por la espalda en los medios, hasta los naturales y redondos ligados con liviandad, sin desgaste, ni para el toro obediente, ni para él mismo, ni para el público, que puede salir fresco de la plaza, listo para ocuparse en cualquier actividad. Remató la faena con bernadinas por un solo pitón. Pases de la firma y media estocada insuficiente —o pinchazo hondo—, que derivó en los descabellos (ocho) para obtener el triunfo. ¡Qué lejos la lección de Carlos Escolar Frascuelo cuando en el festival en homenaje a Antoñete!, que en tesitura similar volvió a tomar el estoque y entró de nuevo a matar sin importarle que se le fueran detrás los aplausos. De igual modo le había sucedido a Aguado la tarde anterior, y le sobrevino a Emilio De Justo, posteriormente, en el quinto toro de ayer.

Emilio de Justo se mostró sin frescura toda la tarde —necesita más pócima de toreabilidad—. A su primero quiso torearlo con temple. Se vio desbordado en ocasiones. No se impuso en ningún momento. A pesar de ello dejó algún redondo que parecía conducir a algo. Algo rápido. Sin cruzarse. Remató con manoletinas. Mató en la suerte contraria de pinchazo caído trasero y media tendida y atravesada. 
Al quinto lo lidió con prisas y atropelladamente. Así fueron las verónicas. Fue poco a poco inutilizando al buen toro de Victoriano. La lidia fue trabajosa. Inició la faena de muleta con pases por bajo que quebrantaron al astado. Se situó por fuera. El toro tomaba el engaño y se derrumbaba en los pases de pecho. La labor se desarrolló en el tendido seis. Mató de tres pinchazos en la suerte contraria, más nueve descabellos.

Tomás Rufo, castigó mucho a sus toros. Con el primero, castaño, noble, dilató el comienzo del trasteo. Estuvo despegado. Alejado. Pierna retrasada. Enjaretó enganchones con el pico sin poder con el astado. Lo mató de una estocada baja en la suerte contraria. Al dar la estocada soltó la muleta y saltó al callejón. 
En el sexto, un toro de mayor poder y emoción, mantuvo la estrategia de la parsimonia, de torear muy por afuera, de emplear el pico, sin conseguir levantar aquello. En terrenos del cinco. Mató de dos pinchazos y media caída y atravesada en la suerte contraria. Poco elixir tomó ayer Rufo. Envejeció.


¿De dónde venimos? A dónde vamos?


ANDREW MOORE


















Sébastien Turzack Castella
Una teoría del envejecimiento

FIN

En homenaje a Zapatero, el Minero, en los días de su verdad

Sabido es que Los Meconios son un extraordinario dúo musical. Pero entre sus múltiples parodias, una de las que más destaca es, sin duda, la de Zapatero, el Minero. Imposible no recordarla en estos días que le quedan, de momento, antes de entrar en su bien ganado trullo.

¡Va por ustedes y por todas las víctimas de tal truhán! Hasta en la comida para el hambriento pueblo venezolano llegó a robar…


MADRID/ 13ª San Isidro.- Ay Madrid / por Jorge Arturo Díaz Reyes


'Castella al filo de los tres avisos, descabella al no estoqueado toro de la feria y da clamorosa vuelta. De Justo saluda y Rufo silenciado. Flojo encierro…'

Ay Madrid

Jorge Arturo Díaz Reyes
CrónicaToro/Madrid, 22 V 2026
¿Ya no es necesario estoquear los toros para seducir a Las Ventas? Pues no otra cosa se puede colegir después de lo sucedido con el bravísimo y noble cuarto de la tarde, “Cantaor” número 79, negro, bien cinqueño, de 572 kilos, astifino. Que sacó la cara por la divisa en una corrida marcada por la carencia de fuerza. De los seis toros de Victoriano del Río, fue el único y se robó el show llevando tras de sí a su lidiador, no suficientemente agradecido beneficiario de sus excelencias, quien le negó la muerte heroica que mereció. Un pinchazo descolocado le sirvió de argumento para eternizarse con una solfa de crucetazos desatinados, que convirtieron la cerviz del indefenso gran toro en un gazpacho mientras la cuadrilla lo acorralaba a capote y sonaban dos avisos, casi el tercero, que a ojo, pudo ser perdonado por su señoría don José Luis González González. Alguno que otro pito terciaba por el maltrato al protagonista de la tarde y de la feria, que anoten los jurados. Y hay que ver con la saña que trataron a los novilleros, el martes pasado sin que ninguno llegara ni de lejos a estos extremos.

Todos estaban obnubilados por lo que había hecho Sebastián Castella con la muleta. Pues con el capote anduvo poco menos que tristón y soso. El bravo se arrancó codicioso, de largo y pronto al caballo con tal ímpetu que la vara de Barroso no pudo pararlo y terminó bajo la panza del equino. A José Chacón lo exigió en dos pares de ovación que saludó montera en mano, su compañero Zayas, invitado se negó a compartir el homenaje. Todo lo que tocaba el toro lo convertía en emoción.

Entonces Castella pareció darse cuenta con lo que le había deparado su suerte, cogió la montera, se fue a los medios y lo brindó al juez supremo, el pueblo. Estacado, vertical en la boca de riego esperó impertérrito, sin mirarlo, cabeza gacha, como rezando el galope furioso desde las tablas y lo pasó tres veces por la espalda, dos por el pecho, un derechazo, una trinchera, tres naturales, un forzado y uno de la firma, todo ligado, como en un solo pase, todo en un palmo de terreno, todo vertiginoso. Y la plaza con todo y su “No hay billetes” en la tórrida tarde, que se había sumido en la primera mitad de la corrida en un sopor de siesta tropical, estalló de una. Ya el toro y el público eran del francés.

La faena se fue impulsada por la formidable y rítmica embestida del victoriano, la explotó el mago de Beziers acompañándola con la muleta desde el hilo del pitón, secuencialmente, uno tras otro y tras otro alarde de nobleza y bravura, ganando indulgencia con camándula ajena. 

Las ovaciones de la parroquia embelesada con la movilidad circular de la película, atribuyó todos los méritos al trapo. Cuando al final, sucedió lo que sucedió con la no suerte suprema. Todos lamentaron como si se hubiese quemado la Mona Lisa. Solo vinieron a acordarse del toro cuando cansados de aplaudir al no estoqueador, y estaban por llevarse los gloriosos restos del fiero, alzaron la voz y los brazos para pedirle la vuelta al ruedo, concedida en buena hora.

Ya iba camino del destazadero, cuando el torero se acordó y corrió montera en mano tras el tiro de arrastre, para expresar públicamente sus agradecimientos, Lo alcanzó en los medios y le estampo un beso en la testuz que casi hace llorar a más de uno.

Al agradecido también le hicieron dar una vuelta con prendas y vítores, en la cual solo distinguí a “El Rosco” mariscal del 7 braceando sombrero en mano para que pasara rápido. Los demás felices con el espectáculo, que no el rito del sacrificio ceremonial del rey de la fiesta. 

Vamos Madrid, que bula estás lanzando al mundo… y por televisión.

Emilio de Justo, se sobrepuso a los problemas del bravucón segundo y le bordó cuatro cortas tandas de mérito. Tres derechas y una izquierda. No más. Le mató tras pinchazo y aviso con media espada pasada y lo sacaron a saludar. A él si con algunas protestas. Pocas.

Tomás Rufo, pasó por la tarde sin romperla ni mancharla, y en un silencio piadoso.

  • FICHA DEL FESTEJO
Madrid. Viernes 22 de mayo 2026. Plaza de Las Ventas. 13ª de San Isidro. Sol 30ºC. Lleno de “No hay billetes” . 

Seis toros, Victoriano del Río, 579 kilos flojos y defensivos, excepto el 4º, serios al cual se le dio la vuelta al ruedo.

Sebastián Castella, silencio y vuelta tras dos avisos.

Emilio de Justo, saludo tras aviso y silencio tras dos avisos.

Tomás Rufo, silencio y silencio tras aviso.

Incidencias: Saldó José Cahcón tras parear al 4º.

San Isidro/26: Los del Río… y Cantaor / por Antolín Castro

Castella le dice adiós a Cantaor. Un idilio entre ambos a pesar del verduguillo

'..Una faena importante, a la altura del toro, un torrente de fijeza y embestidas, pero -ya decimos que la suerte influye- la espada y sobre todo el verduguillo no estuvieron del lado del francés..' 

San Isidro/26: Los del Río… y Cantaor

Antolín Castro
Opinión y Toros / 22 Mayo 2026
Llegaban hoy los del Río, pero no eran el popular dúo sevillano, eran los toros de Victoriano del Río.

Una ganadería cuyos triunfos suelen ser una constante en Madrid. Tendrían que pasar de nuevo la rigurosa prueba de Las Ventas, para lo que se acartelaron a matadores habituales en esta ganadería y encaste: Sebastián Castella, Emilio de Justo y Tomás Rufo.

Hoy, con menos glamur, pero con más prestigio y confianza en la ganadería, era día para tener altas las expectativas. Nos amenazaban dos ‘Impuestos’ y era como para poner nervioso a cualquiera. Luego vimos que eran dos toros castaños del mismo nombre, que saldrían en tercer y quinto lugar. Cruzamos los dedos.

Y en ese cruzar de dedos nos encontramos que, entre uno y otro Impuesto, había un premio y no era el dúo sevillano, pero sí un Cantaor. Un toro que marcó la tarde… y la feria. Frente a él un Castella venido a más, como tantas veces ha hecho en esta plaza.

Cierto es que con un gran toro se puede hacer mejor toreo, con su primero no podía mostrarse igual, pero la suerte en general, y en los toros en particular, mandan en los destinos de cada cual. Una faena importante, a la altura del toro, un torrente de fijeza y embestidas, pero -ya decimos que la suerte influye- la espada y sobre todo el verduguillo no estuvieron del lado del francés. Las lágrimas afloraron en el torero ante la imposibilidad de abrir la puerta grande que Cantaor le había ofrecido.

Sin embargo, para Cantaor y Castella quedaron sendas vueltas al ruedo como reconocimiento al juego de uno y la faena del otro. Habíamos asistido al momento más emocionante y emotivo de lo que va de feria.

Emilio de Justo en su primero tuvo pasajes con ambas manos de verdadero calado, con entrega y la verdad por delante. La espada no fue certera y quizá cerró la puerta a la obtención de una oreja. Fue ovacionado. En el quinto que se movió bien en el capote, su falta de fuerzas hizo que la faena no cogiera altura. La espada y el mal uso del verduguillo difuminó su labor, escuchando dos avisos y estar al borde del tercero.

Tomás Rufo pelea con muchos a la vez. Pelea con el toro, con sus formas de torear y con quienes le censuran precisamente esas formas. Hace lo que puede, o sabe, pero alternando de forma constante los cites con la muleta en oblicuo, los embroques y la falta de ajuste que minusvaloran el tesón y las ganas que pone para estar bien. En lugar de enfadarse él y su gente con las protestas, prueben a repasar la mecánica de su toreo.

Nota final. Se hacen faenas muy largas y tanto De Justo como Castella han estado a punto de echarles el toro al corral, como le pasó ayer a Pablo Aguado. Esa es una mala consecuencia que puede costar muy cara. Reconsideren sus faenas si no quieren llevarse el disgusto y el deshonor de ver cómo les devuelven el toro al corral.

Hoy toda la gloria, con los del Río, ha sido para un magnífico Cantaor.

viernes, 22 de mayo de 2026

La degradación de la suerte de varas / por Rafael Comino Delgado

¿quién o quiénes son los culpables de ello? Pues para nosotros la culpable es la autoridad que hace dejación de funciones en este aspecto. Y en segundo lugar los ganaderos que son los más perjudicados, pues se estropean muchos de sus toros que podrían haber valido para un gran triunfo, y no valen por haber sido mal picados, pero los ganaderos callan su boca; también los matadores que...'

La degradación de la suerte de varas

Rafael Comino Delgado
Ya en la Tauromaquia de Pepe ILLO, escrita en 1796, bajo el título “La Tauromaquia o Arte de Torear”, se habla sobre la Suerte de Varas y se dice, con toda claridad, que la puya debe ponerse en el morrillo o cerviguillo. Posteriormente muchos veterinarios, expertos en el toro de lidia, han manifestado que los puyazos deben ponerse en el morrillo, y más concretamente en su parte posterior, que corresponde con el espacio que hay entre la 4ª y 7ª vértebras cervicales y no, como dicen algunos profesionales, al final del morrillo. No señor, al final no, en el tercio posterior, pero dentro del morrillo. Incluso el Reglamento taurino español de 1996 dice que debe picarse en la parte última del morrillo, pero en el morrillo. Por tanto, los profesionales del toreo deben saber en que parte de la anatomía del toro se deben colocar los puyazos, que es el morrillo, pero no lo hacen bien porque no lo saben, o porque la piel en el morrillo es mucho más dura que en la zona de la Cruz y más atrás, o porque pican donde les dice su matador, al menos esas tres son las razones que me han dicho algunos picadores.

El veterinario cordobés, don José Luis Prieto Garrido, con muchísimos años de experiencia en el toro de lidia, lo ha dicho y escrito muchas veces, y ha publicado, en febrero pasado, un libro titulado, “El tercio de varas y el caballo de picar”, donde vuelve a insistir en ello, y en su página 137, tercer párrafo, dice exactamente , “el morrillo, cerviguillo o pelota es la parte voluminosa y destacada del animal, comprendida entre la cruz y la nuca”, que, añado yo, termina a la altura de la 7ª vértebra cervical. Está por delante de la Cruz, que empieza a la altura de la 1ª vertebra dorsal. Y también dice, en el párrafo cuarto, “el morrillo es la gruesa masa muscular constituida, anatómicamente por el musculo trapecio y el romboideo, situado por delante de la apófisis espinosa de la primera vertebra dorsal” , que, añado yo, está inmediatamente por detrás de la 7ª vertebra cervical. 

Y sigo añadiendo, porque así me lo han enseñado expertos veterinarios, que el puyazo debe lesionar el Ligamento de la nuca, donde se insertan los músculos antes mencionados. Por tanto, todo puyazo colocado por detrás de esa zona es un puyazo trasero. En la página 139 del mismo libro, párrafo cuarto, dice, “No así el Reglamento andaluz en su artículo 54.4: Cuando la res acuda al caballo, el picador efectuará la suerte por la derecha y, preferentemente, en el morrillo, borde dorsal del cuello en su posición caudal”, y continua, “artículo con el que no estoy en absoluto de acuerdo ya que “preferentemente” es un adverbio que da la opción a otra u otras regiones anatómicas del animal”. Este error estaba en el Reglamento andaluz de 2006 y vuelve a estar (ahora en el artículo 51.4) en el actual. Y es más, añado, que en el morrillo, lugar correcto de picar, se ponen poquísimos payazos. De los varios veterinarios que han estudiado el tema, las mejores cifras que han encontrado es que solo alrededor del 5 % de los puyazos como mucho, fueron correctos, esto siendo optimistas. Es decir, se pica mal, de tal manera que la puya, generalmente, afecta al aparato locomotor del toro muchas veces, e incluso puede llegar hasta el pulmón (las muy traseras), y en definitiva altera para mal la embestida de muchos toros, como destaca don Jose Luis Prieto en su libro. Los puyazos en la Cruz (el hoyo de las agujas está en la cruz) o más atrás, o en las paletillas afectan muchísimo a la movilidad del toro. La realidad es que todo lo que no sea un puyazo en el morrillo, tiene muchas posibilidades de afectar al toro para mal. En lugar de ahormar la embestida y hacer que el toro humille, no derrote, en fin corregir defectos, lo que realmente hace la suerte de varas actual es estropear muchos toros, puesto que se lesiona seriamente la articulación de las manos con la columna vertebral y altera su movilidad, por tanto, su forma embestir. Esto se ha generalizado de tal forma que se puede uno pasar la temporada entera sin ver un puyazo bien puesto. Y es que picar tarsero y/o caído es mucho más fácil que picar en el morrillo. Entendemos que es muy difícil coger al toro en el verdadero sitio de picar, pero si el picador lo coge mal debe rectificar y no lo hace, incluso hemos visto, no una sola vez sino muchas, cogerlo en el morrillo y rectificar para ponerlo en la cruz , o mucho más atrás.

Bien pues, expuesto el problema, es decir, la realidad de la suerte de varas actualmente, ¿quién o quiénes son los culpables de ello? Pues para nosotros la culpable es la autoridad que hace dejación de funciones en este aspecto. Y en segundo lugar los ganaderos que son los más perjudicados, pues se estropean muchos de sus toros que podrían haber valido para un gran triunfo, y no valen por haber sido mal picados, pero los ganaderos callan su boca; también los matadores que no logran el triunfo porque el toro ha sido muy mal picado, pero el torero ha estado más cómodamente delante del toro al que le cuesta moverse, ha tenido menos movilidad, menos poderío. Creo que los informadores taurinos también son responsables, pues en las retransmisiones por TV vemos y oímos como algunos comentaristas dicen, “buen puyazo”, cuando lo ha puesto en el hoyo de las agujas, o 20-25 cms. por detrás del hoyo de las agujas, lo que es traserísimo, o incluso trasero y caído.

Tal es la situación, que la degradación de la suerte de varas es de tal calibre que de seguir así, y seguirá muy probablemente, lo más seguro es que, en un futuro no muy lejano, desaparezca porque los públicos se cansen de ver cada vez más toros con escasa movilidad, debido a la mala suerte de varas. Ello conduce a la falta de emoción, y si no hay emoción la corrida de toros se viene abajo. Para seguir así mejor que desaparezca.

San Isidro'26. Arte de las naderías. El concepto de las figuras se viene abajo. Campos & Moore

Tarde de pintamonas

Plaza de toros de Las Ventas, Madrid. Jueves, 21 de mayo de 2026. Duodécimo festejo de la Feria de San Isidro. 

Encierro de toros del Puerto de San Lorenzo (1º, 2º y 3º) y de La Ventana del Puerto (4º, 5º y 6º). El Puerto de San Lorenzo de origen Lisardo Sánchez y Atanasio Fernández. La Ventana del Puerto de origen Domecq, en las líneas Jandilla y El Torreón. Mal presentados. Mansos. Flojos. Cinqueños quinto y sexto. Segundo y cuarto devueltos por inválidos; en su lugar se lidiaron, respectivamente, un ejemplar de José Vázquez (sangre Domecq) como segundo y un toro de El Freixo (sangre Domecq) como cuarto. El primero, inválido, sin trapío con pitones escasos. El segundo (José Vázquez) inválido, pobre de trapío. El tercero, mejor presentado, muy flojo. El cuarto (El Freixo) justo de trapío, terciado y muy flojo. El quinto, cornalón, corto, acarnerado y flojo. El sexto, anovillado, flojo, aunque sacó una punta de casta. Lleno de no hay billetes. Tarde primaveral entrada en calor.

Terna: José María Manzanares, de Alicante; de nazareno y oro, con cabos blancos; veintitrés años de alternativa; treinta y dos festejos en 2025; silencio y silencio. Juan Ortega, de Sevilla, de verde pistacho y oro, con cabos blancos; once años de alternativa; cincuenta y un festejos en 2025; silencio y silencio. Pablo Aguado, de Sevilla, de celeste y oro, con cabos blancos; ocho años de alternativa; treinta y un festejos en 2025; pitos tras tres avisos (toro al corral) y silencio.

Suerte de varas. En general, a los toros se les picó poco y mal. Se acostaron en el peto. Salieron sueltos del caballo. A pesar de la escasez de fuerzas recibieron metisaca 2º y 4º. Normalmente, las varas cayeron traseras. Elegimos la descripción de la suerte de varas al sexto por ser el astado que sacó un mínimo de casta, aminorada por el castigo. No se cuidó la entrada en la suerte. Manuel Jesús Ruiz Espartaco recibió al toro en la primera vara con un lanzazo trasero y el toro salió suelto. De la misma manera le dio un lanzazo en el segundo puyazo, cuyo hierro cayó bajo.

PEPE CAMPOS
Como decíamos ayer los toreros que se denominan (ellos mismos) figuras del toreo han decidido que no van a torear nunca en su vida taurina ningún toro de ganaderías duras o complicadas. Estos toreros (la mayoría de ellos autodenominados artistas) prefieren expresase de manera talentosa ante un ganado de lidia noble desrazado, dócil, obediente y flojo: de escaso trapío, con poca edad, de mínimos pitones (a ser posible todo esto, en su conjunto, tarde tras tarde, en todas las plazas del orbe taurómaco, incluida la de Madrid: Las Ventas; sin cansarse, sin perder la fe, siendo leales en todo momento a sí mismos, en este aspecto de cumplir los anteriores deseos). Para conseguirlo y programarlo cuentan con la aquiescencia de los aficionados a los toros que les apasiona el arte —después entraremos en este concepto— que a la mínima están con el «bienn» en la boca, con el «ole», si son más duchos, o con el «olé», si les gusta la tertulia de toros alrededor de unos finos y algo de cante. Aquí está la base taquillera, y la parafernalia en la plaza, cuando torean los diestros artistas. No olvidemos que el verdadero fundamento que sostiene todo este tinglado reside en que sus representantes (manager para los guiris) o apoderados (para la afición en general) son un poco de todo en el embrollo del mundo de los toros, ganaderos, empresarios, apoderados, e incluso aficionados, porque estos personajes son sobre todo amantes de la tauromaquia. No lo olvidemos. Sienten el toreo y trabajan para que sus pupilos, artistas consumados en el toreo de salón —el toro no es necesario—, puedan «expresarse», se sientan felices, «disfruten», y por extensión hagan la vida alegre al aficionado que paga religiosamente y sostiene el lío, porque este «fan» da la casualidad que es «un entendido en arte», es decir, en el arte en los toros.

¿Y qué es el arte en los toros? Pues, parece ser, si observamos lo que realizan y persiguen los toreros llamados artistas que consiste en torear sin toro, componer la figura delante de los astados, en trazar líneas sinuosas que puedan seguir los bureles de laboratorio que han seleccionado las ganaderías de postín para ellos. Una de estas ganaderías es ésta del Puerto de San Lorenzo —lidiada ayer en Madrid y odiada por la afición— en todas sus ramificaciones genéticas y fenotípicas. Existen muchas otras, todas ellas inoculadas con el virus Atanasio, el microbio Lisardo o el germen Domecq. Y ¿qué son estos organismos vivos invasivos celulosos? Pues son virus que adquiridos debilitan —algo así como el beriberi— y que obligan a obedecer a pie juntillas a quien lo padece —normalmente un toro bravo— de manera que es capaz de seguir un trapo incondicionalmente cuando alguien lo acciona por delante de él —sin entrar en normas, ni leyes— y este «naide» suele presentarse con trazas de señor vestido de luces y que dice ser artista. Y ¿qué arte es ese? Parece ser que es una habilidad muy parecida al arte del alambre o arte de la jeró, o torear con simulación o bajo simulacro. También puede desarrollarse componiendo la figura, tirando de adornos, situarse por las afueras, descomprometiéndose o banalizando el toreo. Viene a ser un alejamiento sobre las verdaderas reglas del torear. Si el toreo necesita un toro bravo. En el toreo de artistas solo se requiere un toro que haga de carretón —el toro de carril—. Si la tauromaquia precisa dominar al toro bajo las preceptivas de parar, templar, mandar y cargar la suerte; en el toreo de virtuosos sólo se demanda hacerlo despegado, metiendo pico, por las afueras y concibiéndolo hacia atrás. Pues el astado noble desrazado o artista lo permite, lo asume, lo asegura.

Por eso ayer El Puerto de San Lorenzo y La Ventana del Puerto en Madrid, para tres toreros artistas, que componen la (su) figura al torear; que no les afecta torear ni bien ni mal porque tienen de su parte a los aficionados que degustan el toreo de arte, y son llevados por los gestores o magnates de la tauromaquia que dominan la gestión de las plazas, la composición de los carteles, el devenir de las ganaderías, la tutela de las carreras de los espadas y controlan a la prensa genérica y nacional, a la de los portales y a la autonómica, a la televisiva y a la radiofónica. Nunca veremos a estos toreros ante toros de raza. A pesar de lo comentado llenan las plazas. Ilusionan. Y fracasan. Y mientras tanto su concepto de negocio, de arte, se muestra como un virus que corroe y condiciona el futuro de la fiesta de los toros. Ayer el concepto del toreo de artistas sin toro hizo aguas. Tocó fondo. Pero se sostendrá en el inmediato futuro porque se sabe que ese toro desrazado que no tiene poder, de vez en cuando, sale y se le dan pases y colaborará al corte de orejas. Etc. Ayer no fue. Otro día, sí será.

Ayer tarde a José María Manzanares se le vio desganado ante dos enemigos sin fuerza, ni trapío. Toreó por fuera, sin cruzarse y con enganchones. Fue desarmado. Abusó del pico. No se aburrió pues si cualquier animal mete la cara y aguanta una serie de muletazos su labor prende y obtiene el triunfo mayestático. Ayer no fue. Mató de dos estocadas bajas.

Juan Ortega toreó a un segundo toro inválido, sin ningún mérito. Mató de estocada baja. Con el quinto no pudo; acumuló numerosos enganchones y retrocedió en cuanto el animal apretó el acelerador. Mató de estocada casi entera en el rincón.

Pablo Aguado, toreó a su primer toro excesivamente despegado dándose pisto, cierto que vertical, pero por las afueras, sin cruzarse. El toro se agotó de recibir tanto pase. Mató de media atravesada insuficiente. En vez de volver a entrar a matar se fue a los veinte descabellos recorriendo el ruedo, hasta que le tocaron los tres avisos. En el sexto, el toro más interesante del encierro (lidiado primorosamente por Iván García), no pudo someterlo porque basó su tauromaquia en una suma de pico y enganchones: despegado y por fuera. Mató de un pinchazo hondo y de una estocada casi entera delantera.

En el patio silente sangra su despedida el sol poniente

ANDREW MOORE

















FIN

San Isidro/26: Llegó el glamur… de tres en tres / por Antolín Castro

Manzanares, Ortega, y Aguado. Una terna de lujo y glamur. ¡Qué tarde nos han dado!

'..El glamur se quedó en los claveles de las solapas, en los modelitos y una cursilería general para ver a estos tres artistas..'
Antolín Castro 
Opinión y Toros21 Mayo 2026
Tras varios días sin diestros de almibarado renombre, hoy los que acudían eran tres de tres.

Lo hacía Manzanares en su única cita, por lo que sus partidarios o iban hoy o se quedaban sin verle en San Isidro. Volvía Juan Ortega, quien en su primer día no estuvo al nivel que se le quiere ver. Y, por último, hacía su primer paseíllo Pablo Aguado, al que siempre se espera y gusta ver. Uno de los carteles que antes acabó el papel. Una terna elegante y que no suele despeinarse.

Ellos y quienes vienen a verlos, en conjunto, forman un cartel de mucho glamur. Por todas partes se veían los modelitos de los espectadores. Luego los toros del Puerto y la Ventana tenían la última palabra para que la tarde transcurriera hacia el lado del ‘gla’ o del ‘mur’. Glamur entero era muy difícil que se diera.

Y no se dio, todo fue una sucesión de protestas, de pena, de aburrimiento, de farsa… Los toros resultaron impresentables en algún caso por su presencia, pero luego lo fueron por su condición de mansos o descastados… o las dos cosas al mismo tiempo. El glamur se quedó en los claveles de las solapas, en los modelitos y una cursilería general para ver a estos tres artistas.

Manzanares solo ha querido pasar por la feria una tarde, pero mejor que no hubiera querido ninguna o no se la hubieran dado. Esta pasado si es que alguna vez no lo ha estado. Su toreo le funciona en provincias, pero en Madrid, él mismo demuestra que no quiere venir. No se sabe qué toro le valdría para aplicar ese toreo sin ajuste y ventajista. A la salida escuché a un aficionado preguntarse si había venido el alicantino. De nota.

Juan Ortega quiere que los toros hagan y vayan como a él le gusta, y eso no siempre puede suceder, ningún remedio pone para acoplarse, va a lo suyo y cuando no le coincide el toro se convierte todo en un quiero y no puedo, enganchones e insistencia hasta la pesadez. Se acabó su paso por la feria y sale mal parado. Con dos lances o dos muletazos bien compuesta la figura no se puede triunfar, al menos en Madrid.

Pero como el glamur abarcaba a tres, llegó el tercero, Pablo Aguado, que casualmente tuvo el mejor lote para construir algo al menos decoroso y navegó por la plaza en su primero, al que no supo matar debidamente y escuchó los tres avisos. El último le ofreció embestidas, pero no parecía que se había llevado una bronca en el anterior y que debía echar el resto. Toreo superficial y liviano. Como sus compañeros, suspendido también.

Vean todo el glamur de la tarde: tres toreros suspendidos, tres avisos en un toro, tres veces tuvieron que salir los cabestros y hasta tres toros deberían haber sido devueltos, el presidente solo quiso que fueran dos. Eso sí, casi todos localizaron al chatarrero y comprobaron que vino con otra mujer diferente a la de días atrás. Cosas del glamur.

Los toros del Puerto y de La Ventana, así como los sobreros de José Vázquez y El Freixo, deseamos que den buena carne, juego ninguno. Los toreros dieron pena. ¿Para qué servirá una tarde de glamur si lo que ofrecen es para no volver?