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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

martes, 21 de abril de 2026

Borja Jiménez, tarde de figura perdiendo la del Príncipe por la espada; Morante, cara y cruz, , oreja y percance.

 

Morante herido por el cuarto, antes cuajó al primero al que cortó una oreja. Borja Jiménez paseó el anillo maestrante con dos apéndices –uno más uno- y perdió mayores por la espada. Tomás Rufo condesó dos actuaciones muy serias que debieron tener mayor calado por parte del respetable.

Borja Jiménez, tarde de figura perdiendo la del Príncipe por la espada; Morante, cara y cruz, oreja y percance.

Por Emilio Trigo
La corrida dejó un balance de interés tanto por el juego del encierro como por la actuación de los espadas, en una tarde marcada por la calidad de varios toros y por el infortunio de Morante de la Puebla, herido al enfrentarse al cuarto. Antes del percance, el sevillano había firmado una obra de gran sabor ante el primero, al que cortó una oreja tras una faena cargada de estética, temple y personalidad, quedando incluso en el ambiente la sensación de premio mayor.

Borja Jiménez fue el nombre propio del festejo en términos de trofeos, paseando dos orejas —una de cada toro de su lote—, aunque su actuación dejó la impresión de haber podido alcanzar cotas más altas de no mediar los fallos con la espada. Especialmente relevante fue su labor ante el cuarto, al que lidió tras la cogida de Morante, firmando una faena de gran firmeza, exposición y dominio frente a un toro complejo. También destacó en el sexto, donde volvió a conectar con los tendidos en una actuación intensa y emotiva que, de haber culminado con mayor acierto con los aceros, le habría abierto de par en par la Puerta del Príncipe.

Por su parte, Tomás Rufo dejó una actuación seria y solvente, basada en el oficio y el conocimiento de las condiciones de sus oponentes. Tanto en su primer turno como en el sobrero que sustituyó al quinto, el diestro mostró disposición y capacidad, aunque sus faenas no terminaron de tomar vuelo debido a las limitaciones de los toros que le correspondieron. Aun así, su labor fue consistente y merecedora de mayor reconocimiento por parte del público.

En cuanto al encierro, la corrida de la familia Matilla ofreció un conjunto variado pero, en líneas generales, de interés. Destacaron ejemplares con calidad y transmisión, como el primero y el segundo, que permitieron el lucimiento de sus lidiadores, así como un exigente cuarto que, pese a su dificultad, tuvo emoción. Otros, en cambio, acusaron falta de fuerza o irregularidad en su comportamiento, condicionando el resultado final de algunas faenas.

En definitiva, una tarde de matices, con momentos de gran nivel artístico, entrega por parte de los toreros y un trasfondo de emoción marcado por la cogida de Morante, que dio un giro al desarrollo del festejo.

Morante de la Puebla herido por el cuarto, antes cuajó al primero al que cortó una oreja. Borja Jiménez paseó el anillo maestrante con dos apéndices –uno más uno- y perdió mayores por la espada. Tomás Rufo condesó dos actuaciones muy serias que debieron tener mayor calado por parte del respetable. Se lidió una importante corrida de la Familia “Matilla”.

1º Nº 37. “Pelifino” (Hnos. García Jiménez). Negro. 528 kg. 10/21

La tarde se abrió con un ejemplar de notable presencia, bien armado y de hechuras armónicas, que desde los primeros compases dejó entrever una embestida de noble trazo, aunque limitada de fuerza. En el recibo capotero, el astado se desplazó con cierta tendencia a perder las manos, acusando esa falta de poder que marcaría el desarrollo de la lidia. Morante de la Puebla lo saludó con verónicas de cuidada estética, alternadas con chicuelinas que aprovecharon la suavidad del viaje del toro, si bien este no terminaba de romper con plenitud. En el primer encuentro con el caballo acudió con prontitud, empujando con el pitón derecho, dejando constancia de su buen son, aunque sin excesiva pujanza. El castigo fue medido con acierto en el segundo puyazo, sin que el animal se empleara en exceso en el peto. El turno de quites elevó el nivel artístico del tercio. Morante firmó unas gaoneras de gran plasticidad, ejecutadas con ese sello personal de lentitud y gusto que caracteriza su tauromaquia. Por su parte, Borja Jiménez respondió con un quite por chicuelinas rematado con una media de excelente trazo, configurando entre ambos un momento de notable brillantez. Ya en la faena de muleta, el toro confirmó su condición de nobleza, desplazándose con clase y docilidad, especialmente por el pitón derecho. Morante inició su labor de rodillas, templando por bajo con gran suavidad, para posteriormente desplegar un repertorio cargado de personalidad. Desde los primeros compases, el diestro sevillano apostó por un toreo reposado, ceñido y de gran expresión estética. Las mejores tandas llegaron sobre la mano derecha, donde el toro ofreció su mejor versión. En ese terreno, Morante logró muletazos de gran profundidad, ligados en espacios mínimos y ejecutados con una cadencia exquisita. Sin embargo, la falta de mayor entrega y casta por parte del animal impidió que la obra alcanzara cotas más altas de rotundidad, quedando como una faena de gran sabor y regusto. Al natural, tras algún desarme inicial del toro que tendía a venirse por dentro, el torero logró imponerse con firmeza, firmando una serie de gran importancia, interpretada con el compás cerrado y una quietud sobresaliente, mientras el astado parecía escudriñar la figura del matador. La suerte suprema llegó con una estocada de ejecución sincera, al entrar con rectitud y determinación. El conjunto fue premiado con una oreja, con fuerte petición de la segunda, en reconocimiento a una actuación cargada de naturalidad y torería.

2º Nº 16. “Almendrito” (Hnos. García Jiménez). Colorao chorreao. 535 kg. 03/22

El segundo ejemplar de la tarde, de capa colorada y salpicada, irrumpió en el ruedo con ímpetu y prontitud, dejando patente desde el inicio una embestida entregada y con celo. Borja Jiménez lo recibió con firmeza a la verónica, templando las primeras arrancadas antes de adornarse con un vistoso ramillete de chicuelinas que, por su ajuste y plasticidad, conectaron de inmediato con los tendidos.

El tercio de varas se desarrolló bajo un criterio medido y eficaz. El picador, atento a las condiciones del animal, administró el castigo con inteligencia, evitando excesos y permitiendo que el toro mantuviera su viveza. En el turno de quites, el de Pepino tomó el protagonismo con una propuesta de gran riesgo y personalidad, dejando lances con el capote a la espalda que tuvieron eco en los tendidos, mientras el toro acometía con franqueza y recorrido. Fue un momento de intensidad que elevó la expectación de cara al último tercio. Ya con la muleta, Borja Jiménez brindó a Morante de la Puebla, en un gesto de respeto y reconocimiento, antes de iniciar la faena con torería, llevándose al animal hacia el tercio con autoridad. El toro, de la ganadería salmantina, confirmó pronto su calidad: embestía con clase, humillando y buscando siempre el engaño por abajo, lo que permitió al matador construir una labor basada en el temple y la suavidad. Con buen criterio, Jiménez optó por dar distancia en los inicios, facilitando así que la embestida fluyera con limpieza. Asentado sobre los talones, logró conducir las arrancadas con cadencia, alargando el viaje del toro y sometiéndolo progresivamente. Fue un ejemplar que exigía mimo y precisión, pues no toleraba brusquedades ni tirones, pero que, bien entendido, ofrecía una embestida de gran calidad para el toreo puro. Los pasajes más logrados llegaron al natural, donde el diestro consiguió momentos de notable profundidad, aunque sin terminar de acoplarse plenamente en el tramo final de la faena. Esa falta de continuidad en el pulso impidió que la obra alcanzara la redondez de actuaciones recientes del propio espada. Con todo, la faena tuvo fases de gran interés y dejó constancia de la capacidad del torero para interpretar las virtudes del animal. El cierre llegó con una estocada de buena colocación y eficacia, suficiente para que el público solicitara y obtuviera el trofeo de una oreja, premiando una labor que fue de mayor intensidad en sus comienzos y que, aunque fue perdiendo fuelle, mantuvo pasajes de indudable calidad.

3º Nº 43. "Terremoto" (Hnos. García Jiménez). Castaño claro. 524 kg. 10/21

El tercer astado de la tarde ofreció una imagen menos armónica que la de sus hermanos, con un tren delantero más ofensivo y unas hechuras más bastas, alejadas de la finura exhibida por los anteriores. Desde su aparición en el ruedo se percibió un comportamiento más áspero, con menor calidad en sus embestidas y una movilidad condicionada por su falta de fuerza. Tomás Rufo lo recibió con una serie de delantales de buen concepto, intentando asentar al animal desde el primer contacto. Sin embargo, el toro evidenció pronto sus limitaciones, perdiendo las manos en repetidas ocasiones y mostrando una condición menos definida. Aun así, dejó entrever cierta voluntad en sus arrancadas, aunque sin la clase necesaria para facilitar el lucimiento pleno. En el tercio de varas acudió con inercia al caballo, tomando el primer puyazo sin demasiado ajuste y buscando el contacto con el peto antes de desentenderse. En el segundo encuentro repitió ese comportamiento, llegando a empujar de forma irregular para, acto seguido, desentenderse con un aire más bien huidizo. El castigo fue leve, lo que permitió mantener cierta movilidad en el animal. Destacó la intervención de Andrés Revuelta, que supo lidiar con solvencia, colocando al toro con criterio y evitando que la situación se desordenara. Rufo protagonizó un quite por verónicas de trazo correcto, en un intento de fijar definitivamente la embestida, antes de brindar la muerte del toro a Borja Domecq, gesto que precedió a una faena de muleta planteada desde la inteligencia y el conocimiento de las condiciones del astado. Ya en el último tercio, el toro mostró que su mejor disposición se encontraba en terrenos próximos a tablas, donde su embestida resultaba más franca. Era un animal que exigía un toreo pausado, con tiempos marcados entre pase y pase, para evitar que su embestida se descompusiera. En este contexto, el pitón izquierdo ofrecía mayores garantías, con un recorrido más limpio y una entrega más constante, lo que permitió al diestro hilvanar algunos naturales de notable calidad. La faena de Rufo se movió en un tono intermedio, siempre con la sensación de que podía alcanzar cotas mayores, pero sin terminar de romper en ningún momento. Hubo muletazos estimables por ambos pitones, ejecutados con temple y buena colocación, aunque faltó continuidad y rotundidad en las tandas para elevar el conjunto a un nivel superior. La suerte suprema llegó con una estocada de colocación trasera y algo desprendida, que resultó suficiente para poner fin a la lidia. El toro fue despedido con una ovación por parte del público, reconociendo su comportamiento dentro de sus limitaciones, mientras que el torero recibió una leve muestra de aprobación, reflejo de una actuación correcta pero sin el brillo necesario para dejar una huella más profunda.

4º Nº 178. “Clandestino” (Hnos. García Jiménez). Castaño. 512 kg. 03/22

El cuarto toro de la tarde trajo consigo el momento más dramático del festejo, marcado por un percance que alteró el desarrollo de la lidia y dejó en vilo a los tendidos. El astado, de comportamiento incierto y escasa entrega, nunca terminó de definirse, mostrándose reservón y con una embestida seca, carente de la franqueza necesaria para el lucimiento. Desde los primeros compases, el animal evidenció una actitud poco colaboradora, sin querer someterse al engaño. Fue precisamente en ese intento de fijarlo con el capote cuando sobrevino el incidente. Morante de la Puebla trataba de encauzar la embestida, buscando domeñar la condición del toro, cuando este se arrancó con violencia y sin previo aviso, arrollando al diestro con una embestida directa y descompuesta.

El impacto fue seco y sorpresivo. El toro prendió al torero, alcanzándolo en la zona del glúteo izquierdo y levantándolo del suelo, sin que tuviera margen de reacción para esquivar la acometida. La escena generó momentos de gran tensión, con el matador siendo volteado y quedando a merced del animal durante unos instantes de enorme angustia. Aunque en un primer momento no se apreció una hemorragia alarmante, el torero acusaba visiblemente el golpe, especialmente en la zona del hombro, resentido tras el violento contacto al ser derribado. Con evidentes signos de dolor, fue auxiliado de inmediato por su cuadrilla, que lo condujo a la enfermería para ser atendido de las posibles lesiones.

Ante la imposibilidad de continuar, fue Borja Jiménez quien asumió la responsabilidad de hacerse cargo de la lidia del toro, en un contexto marcado por la incertidumbre y la preocupación por el estado del maestro sevillano, cuya evolución quedaba pendiente del parte facultativo. Brindó Borja Jiménez a Morante de la Puebla dejando la montera en la tronera del burladero en la misma puerta de la enfermería y la plaza estalló en una ovación de llena de sensibilidad al gran gesto de Borja.

4º Nº 178. “Clandestino” (Hnos. García Jiménez). Castaño. 512 kg. 03/22. Borja por Morante

La intervención de Borja Jiménez en la faena de muleta supuso un ejercicio de firmeza y autoridad frente a un toro de comportamiento complejo, exigente en cada embestida y falto de claridad, pero dotado de una transmisión que conectaba con los tendidos. El sevillano planteó desde el inicio un trasteo de gran compromiso, consciente de las dificultades que presentaba el astado. Comenzó la labor de rodillas, asentado sobre el albero y citando con la mano derecha, en una apertura de faena cargada de exposición y entrega. Desde esos primeros compases ya se percibió una actitud decidida, con un toreo muy asentado y de gran profundidad, en el que el diestro se abandonó por completo, apostando por someter la incierta embestida del animal. La faena se desarrolló fundamentalmente por el pitón derecho, donde Jiménez logró imponer su mando a base de temple y valor. Con el compás cada vez más cerrado y la figura erguida, fue construyendo tandas de notable rotundidad, llevando al toro muy toreado y logrando momentos de gran intensidad. El dominio del torero se hizo evidente en la forma de encauzar una embestida que, lejos de ser fácil, exigía precisión y firmeza en cada muletazo. Al natural también dejó pasajes de mérito, en una serie de gran exposición en la que el sevillano se jugó la voltereta, ajustándose al máximo y enganchando la embestida con decisión, logrando muletazos de gran hondura. Fue una faena de poder, en la que el torero supo imponerse a las dificultades del animal, extrayendo lo mejor de un toro que no regalaba nada. Con el paso de los muletazos, el astado fue perdiendo fuelle, pero para entonces Jiménez ya había establecido una clara superioridad, dominando la situación con autoridad. Aún así, logró hilvanar una última serie de gran temple, dibujando el muletazo con suavidad y precisión, llevando al toro completamente sometido en una trayectoria curva de notable belleza. *La suerte suprema, sin embargo, no acompañó al conjunto de la obra y volvió a perder un triunfo grande.* Tras un primer intento fallido, el torero volvió a entrar con rectitud, pero nuevamente el acero no encontró colocación. En uno de esos encuentros, el toro levantó la cabeza con brusquedad, propinándole un fuerte golpe en la zona abdominal que dejó al diestro visiblemente afectado y con dificultades para respirar durante unos instantes. A pesar del contratiempo, Jiménez volvió a la cara del toro y, en el tercer intento, logró dejar una estocada efectiva que puso fin a la lidia. La entrega y el mérito de su actuación fueron reconocidos con una vuelta al ruedo , premio a una faena de gran esfuerzo, marcada por el valor, la capacidad y el dominio frente a un oponente nada sencillo.

*5º* Nº 50. “Sosito” (Olga Jiménez). Castaño. 515 kg. 10/21

El quinto sale con el pitón derecho roto de chiqueros y rápidamente es devuelto al corral por el usía.

*1º Sobrero*

*5º Bis* Nº 150. “Mariposo” (Hnos. García Jiménez). Colorao. 580 kg. 01/22

El sobrero que hizo quinto dejó una impresión inicial de desorden y brusquedad al irrumpir en el ruedo, golpeando con violencia los burladeros en su salida. No obstante, tras ese arranque incierto, el animal mostró un comportamiento más templado en el recibo capotero de Tomás Rufo , llegando a humillar con cierta intención en los primeros lances a la verónica. Pronto se evidenció una de sus principales complicaciones: su tendencia a desentenderse del engaño, abriéndose en exceso y perdiendo fijeza en la embestida. Esta condición obligó al torero a medir con precisión las distancias y colocarse con acierto para evitar que el toro se descompusiera aún más. En el tercio de varas pasó prácticamente desapercibido, sin emplearse en el caballo ni ofrecer opciones para el lucimiento. Durante los primeros tercios, el sobrero mantuvo una actitud irregular, sin terminar de definirse. Borja Jiménez intervino en el turno de quites con unas chicuelinas de gran compromiso, en las que el riesgo fue evidente, ya que el toro avanzaba con la cara baja, apoyándose en las manos y sin un embroque claro, lo que incrementaba la dificultad de cada lance.

La lidia continuó con momentos de exposición, como el par de banderillas de Fernando Sánchez, que tuvo que imponerse a la falta de claridad del animal en una ejecución arriesgada. Por su parte, Tomás Rufo, antes de iniciar la faena de muleta, brindó el toro desde las inmediaciones de la enfermería, en un gesto cargado de simbolismo tras lo acontecido previamente en la tarde. Ya en el último tercio, el diestro comenzó su labor de rodillas, citando con la diestra en un inicio valiente y decidido. El toro respondió en los primeros compases con cierta obediencia, desplazándose por abajo y con un ritmo aceptable. Sin embargo, conforme avanzaba la faena, su embestida se fue deteriorando, acentuando su tendencia a apoyarse en las manos y perdiendo calidad en el final de cada muletazo. A pesar de que el animal mostraba un buen inicio en el engaño, carecía de continuidad, descomponiéndose en los remates y dificultando la ligazón de las tandas. La labor de Rufo, planteada con corrección y disposición, no logró levantar vuelo debido a las limitaciones del toro, quedando en un tono uniforme y sin apenas conexión con los tendidos. En definitiva, el sobrero ofreció escasas opciones para el lucimiento, condicionando una faena que, pese a la voluntad del torero de Pepino, no pudo alcanzar mayor relevancia ni eco en los aficionados. Silencio.

6º Nº 49. “Discreído” (Olga Jiménez). Negro Listón. 509 kg. 07/21

El cierre de la corrida estuvo marcado por la determinación de Borja Jiménez , que se marchó a la misma puerta de chiqueros para recibir al sexto de la tarde, un toro de imponente seriedad de pitones y finas hechuras en su conjunto. En un gesto de máxima exposición, el sevillano se jugó el tipo en el saludo inicial, resolviendo con firmeza un trance de alto riesgo que encendió de inmediato a los tendidos. Sin abandonar la posición, continuó de rodillas para instrumentar una serie de verónicas que levantaron al público de sus asientos. En el caballo, el animal mostró prontitud en la arrancada, aunque sin terminar de emplearse con bravura, dejando una pelea irregular en la que acusó el castigo. Ya en el último tercio, Jiménez volvió a captar la atención general con un inicio vibrante en el centro del ruedo, ejecutando pases cambiados por la espalda de enorme ajuste, especialmente el primero, que rozó lo inverosímil por su cercanía y precisión. El toro, con movilidad y transmisión, ofrecía emoción en cada acometida, aunque su falta de firmeza en las manos condicionaba una embestida algo desordenada. Consciente de ello, el torero optó por administrar las distancias, logrando así encauzar las arrancadas con mayor limpieza. La faena se construyó desde la verticalidad y el temple, con un toreo asentado, primero a pies juntos y después abriendo el compás para dibujar muletazos de trazo más amplio y curvo. Al natural, dejó pasajes de gran pureza, llevando al toro muy toreado y sometido, en una labor cargada de emoción y entrega. Fue una actuación intensa, en la que el sevillano impuso su firmeza ante un oponente que, sin ser sencillo, ofrecía posibilidades si se le entendía. La conexión con los tendidos fue constante, en una faena que fue creciendo en intensidad y profundidad. Sin embargo, la espada volvió a convertirse en obstáculo para un triunfo mayor. El acero cayó en una colocación defectuosa, quedando corto de ejecución, lo que enfrió en parte el ambiente. A pesar de ello, la fuerte petición del público se tradujo en la concesión de una oreja, quedando en el aire la posibilidad de un triunfo más rotundo, que incluso habría abierto la ansiada Puerta del Príncipe, de no haber mediado el desacierto con los aceros.

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  • FICHA DEL FESTEJO
Sevilla .- Novena de la feria de Abril de 2026. Toros de Hnos. García Jiménez para Morante de la Puebla, Borja Jiménez y Tomás Rufo. Entrada: Lleno de 'No Hay Localidades'

Morante de la Puebla, oreja y vuelta al ruedo;

Borja Jiménez, oreja, ovación en el que mató por Morante y oreja;

Tomás Rufo, Silencio y Silencio;

SEVILLA / 10ª de abono. Corrida con todo / por Jorge Arturo Díaz Reyes


Morante a la gaonera con el primero. Fotograma: Canal Sur

Morante pluscuamperfecto con el primero es corneado por el cuarto. Borja Jiménez a hombros por la Puerta de cuadrillas. Tomás Rufo ovacionado. Encierro noble y diverso de Matilla...

Corrida con todo

Jorge Arturo Díaz Reyes
CrónicaToro / Cali, IV 20 2026
No se necesitaron cinqueños ni zambombos para brindar una tarde intensa de mucho toreo, valor y emoción. La tragedia y la gloria revolotearon alternando sobre la pletórica Maestranza rendida al toreo. Pero la suerte suprema y un solemne Gabriel Fernández Rey pusieron la premiación en su justa medida.

Los dos hierros de Matilla; Hermanos y Olga (este con el devuelto quinto y el sexto), trajeron muchas embestidas nobles y más encastadas unas que otras, y no mucho poder. Con eso los tres toreros construyeron cinco faenas de mucho regusto e impacto en el tendido.

Morante llegó, y en la puerta cuando la periodista le preguntó ---que nos trae para esta tarde maestro-- medio sonrió y contestó: “Ya no se qué más hacer”. Estaba de humor, ese socarrón, que el usa cuando viste el hábito. Pues luego, tras de esa faena clásica, casi perfecta, sin una disonancia, como música de cámara con el primero, nobilísimo hasta la sosería, mientras le recibía la montera a Borja le preguntó: “Me brindas por bueno o por viejo”.

Con dos verónicas, cuatro chicuelinas y una larga majestuosa, abrió al tiempo la corrida y un tercio de capa brillante, y con otra larga lujosa puso en suerte a “Pelifino”. Le quitó con otras tres chicuelinas y una media que lo dejó con los pitones clavados en los medios. Y siguió con cuatro gaoneras de padre y señor mío, y una fregolina. Todo de su particular, de su única versión. Entonces Borja intervino por el mismo palo, como para que comparen (me imagino), con tres más muy ceñidas y una profunda media. No desmereció nada, nada, y eso es mucho decir. La plaza hervía. Por estas cosas es que los viejos llamaban al tercio de varas, “de quites”.

El toro iba y venía con tal fijeza y bondad, pero con tanta docilidad, que si no es por la emotiva belleza de las tandas a diestra y siniestra (más estas), hubiese podido aburrir. Pero el toreo es a según el toro ¿no? Y Morante interpretó este como Dios manda, exhalando serenidad, naturalidad y facilidad a cada suerte. Estaba tan confiado, y nos deleitó tanto de nuevo a todos.

Y que conste que no milito en esa ciega lambonería que cunde a su alrededor. Grande, grande, y valiente, lo digo de corazón. Cierto de su triunfo se tiró a la cuna en el volapié y salió de él con la taleguilla desgarrada por un puntazo en el muslo, pero dejando una estocada en lo alto que tardó un poco en vencer al toro, razón quizá por la cual Usía no le concedió la segunda oreja. ¿Pero por qué no? Al toro lo que es del toro, y al torero lo que es del torero.

“Clandestino”, 512 kilitos, el cuarto, no tuvo malas ideas, ninguno las tuvo. Pero tras el saludo, arrolló al maestro y en el cogecoge, le propinó una cornada en la cara posterior del muslo izquierdo. Por donde pasa el nervio ciático. Muy dolorido se lo llevaron.

Se hizo cargo Borja Jiménez, quien ya había cortado una muy merecida oreja del segundo. Bueno, con tres toros y una en el bolsillo ahora sí la ansiada puerta, debió pensar, y se jugó todo por ello. Dejó la montera frente a la enfermería y se fajó en una brega mandona, quieta, ligada poniendo la carne a tiro. La plaza y la banda con él tocándole el conmovedor “Manolete”. Y viene y pincha dos veces y al tercer viaje, a matar o morir, resultó enganchado por el abdomen e izado sembrando el miedo. No fue mayor cosa. La estocada en lo alto, completa y letal, cuando ya no valía. Dio la vuelta, compungido y medio cojo. El torito casi acaba con el cartel.

Corrido el turno cerró con “Discreido”, y lo toreó, que para qué les digo. Ahí están los videos. Solo apuntar para señalar la procesión interna que debía llevar, que lo recibió a portagayola, dos largas cambiadas de rodillas y tres verónicas sin erguirse, larga, otra de rodillas y otra de pie. Era encastado y transmitía (más que sus hermanos) el pitonudo astifino. Seria cara. De mucho fuste fue la pelea, por el aplomo de uno y la inminencia del otro. Que es la esencia de la fiesta. La sensación de peligro desafiada y dominada. Y Llegada la hora nona, espada honda cimera, pero tarda en la muerte. La gente quería darle las dos orejas y abrirle el Portón al Guadalquivir. Pero ya dijimos. Don Gabriel Salió hoy a por la majestad de la augusta plaza, irrespetada en días pasados por los orejicidas

Tomas Rufo, serio y decoroso, fue ovacionado tras aseada faena al tercero, que tuvo que descabellar. Con el sobrero que hizo quinto bis de 580 kilos, no se acomodó. Corrida con todo.
  • FICHA DEL FESTEJO
Sevilla. Lunes 20 de abril de 2026. Plaza de La Real Maestranza de Caballería. 10ª de abono. Sol. Lleno de “No hay billetes”. Siete toros, cinco de Hermanos García Jiménez, y dos de Olga Jiménez incluido el devuelto 5º, con 529 kilos promedio, nobles y diversos.
Morante de la Puebla, oreja con petición de otra y cornada.
Borja Jiménez oreja. vuelta y oreja
Tomás Rufo, saludo y silencio.

Incidencias: Al terminar la corrida, Borja Jiménez Salió a hombros por la Puerta de cuadrillas.
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lunes, 20 de abril de 2026

Pronóstico muy grave para Morante de la Puebla tras recibir una cornada en Sevilla

Cogida de Morante de la Puebla en la décima corrida de la Feria de Sevilla. | Joaquín Corchero (EP)

'..Fue en el cuarto de la tarde cuando el cigarrero salió herido. El animal salió muy suelto de chiqueros y nunca se afianzó en el capote del torero. Entonces, cuando al fin parecía que Clandestino se quedaba con él, el de La Puebla del Río fue arrollado por la res, que le propinó una cornada en el glúteo de la pierna izquierda..'

Pronóstico muy grave para Morante de la Puebla tras recibir una cornada en Sevilla

El torero ha cortado una oreja en La Maestranza y posteriormente ha sido embestido por el segundo toro.


Diego Sánchez de la Cruz
Todas las entradas vendidas en la Real Maestranza. Lunes de Feria y el mercurio rozando los 30 grados. Ganas de ver a Morante de la Puebla, que se anunciaba con Borja Jiménez y Tomás Rufo pocos días después de una espléndida actuación.

El negro burel que abría plaza se movió corretón por los tercios hasta afianzarse en la jurisdicción del maestro, que lo recibió por verónicas. Seguía suelto el animal, de modo que José Antonio cambió el palo del saludo capotero y se lo pasó cerquita y con gusto, firmando un precioso recibo por chicuelinas en el que el vendaval de la res se confundía con la quietud del genio.

Llevó al toro al caballo, cortando el capote con su propio cuerpo en dos tijeras que permitieron ejecutar la primera suerte de varas. Entonces, desplegó el capote con gusto y firmó un precioso quite por verónicas que abrochó a su cintura a la conclusión del encuentro. Tras el segundo puyazo, se echó el capote a la espalda y citó al animal por gaoneras, tan arriesgadas como lentas y bellas.

La sutileza con que pudo expresarse el cigarrero animó a Borja Jiménez, quien compuso una serie de asentadas chicuelinas como antesala para un tercio de banderillas que confirmó las buenas condiciones del animal.

Ya con el paño rojo, Morante se dispuso a superarse nuevamente, pero esta vez dejando a un lado la arrebatada pasión del pasado jueves y con la firme disposición de paladear las embestidas de su oponente, lentas y enclasadas. La actuación arranca por estatuarios, pero el maestro abandonó rápidamente el planteamiento y prefirió doblarse con Pelifino, que así se llamaba el primero de la tarde.

Tras echar rodilla en tierra, se irguió y siguió toreando al de García Jiménez, combinando trincherillas y pases de pecho. Torerísima y perfumada la segunda serie, relajado como si estuviese toreando de salón, pero ante diez mil almas y con uno de 530 kilos frente a él. Dos ayudados por alto sirvieron de preludio para la serie al natural.

Como explico en mi nuevo libro, Morante, del calvario a la gloria (Jarana, 2026, escrito al alimón con Javier Romero), la tauromaquia de Morante no se cimenta sobre una quietud impostada, sino en la genuina convicción de que cada toro tiene su lidia y, por tanto, el toreo debe recuperar el movimiento de otras épocas, apoyado en la técnica, pero sobre todo en el alma. Esta tarde, en Sevilla, esa forma de ser y de estar delante de los toros perfumó la Feria de Abril de armonía y temple.

Exigiendo cada vez más a un nobilísimo animal, remató cada serie con gusto y, a manera de remate, citó al animal a pies juntos, desplegando apenas media muleta en una última serie por la izquierda. Espadazo, oreja de ley y nuevo triunfo en Hispalis.

Fue en el cuarto de la tarde cuando el cigarrero salió herido. El animal salió muy suelto de chiqueros y nunca se afianzó en el capote del torero. Entonces, cuando al fin parecía que Clandestino se quedaba con él, el de La Puebla del Río fue arrollado por la res, que le propinó una cornada en el glúteo de la pierna izquierda. La cuadrilla condujo a Morante a la enfermería y el silencio se apoderó de la plaza.

El parte médico, divulgado a las 21.30 horas, diagnostica:
herida por asta de toro en margen anal posterior, con trayectoria de unos 10 centímetros, lesionando parcialmente musculatura esfinteriana anal y performndo asimismo la cara posterior del recto en 1,5 centímetros. El equipo médico, que diagnostica el percance como uno de pronóstico «muy grave», procedió a realizar el lavado de la herida, para después reparar la pared rectal y el aparato esfinteriano, completando también un drenaje aspirativo en el espacio postanal y el recto.

Más allá del infortunio, Borja Jiménez firmó una gran tarde, cortando dos orejas a lo largo de un festejo en el que mostró el excelente momento que atraviesa. El de Espartinas sigue fallando con la espada, asignatura pendiente para consolidar su ascenso en el escalafón, pero ni siquiera el mal uso de los aceros puede borrar las excelentes comparecencias que ha dejado en el serial sevillano. Tomás Rufo, otro de los toreros jóvenes que más cartel ha ganado en las últimas temporadas, fue silenciado en sus dos actuaciones.

Historias del 27 Las biografías de toreros que escribió Miguel Hernández / por Andrés Amorós

Los toreros José Ulloa (Tragabuches), Antonio Reverte y Manuel García
(El Espartero). Biblioteca Nacional de España

'..Miguel Hernández fue, sin duda, un «gran poeta» (Urtasun dixit). Pero lo que no ha dicho el ministro de Cultura es que la Tauromaquia constituye una de las raíces fundamentales de su poesía. Estas tres biografías, incluidas en el tratado Los toros, añaden un eslabón más a la larga y valiosa cadena de su obra taurina..'

 Historias del 27  
Las biografías de toreros que escribió Miguel Hernández

José María de Cossío, un gran estudioso de la poesía, está preparando su enciclopedia Los toros –una iniciativa de Ortega– y contrata a Miguel Hernández como su secretario particular

Andrés Amorós
El gran público no lo sabe (y el ministro Urtasun, todavía menos), pero los estudiosos de Miguel Hernández conocen que el poeta colaboró en algunas biografías de toreros históricos, que están incluidas en la enciclopedia Los toros, de José María de Cossío. Sin embargo, este tema, a medio camino entre la literatura y la tauromaquia, no ha sido estudiado detenidamente.

Para valorarlo justamente, conviene situarlo dentro de las circunstancias del poeta, antes de la guerra. La edición de su Epistolario general nos ofrece ahora datos personales de primera mano y nos permite alguna atribución de textos indiscutible.

El 2 de diciembre de 1931, llega Miguel Hernández a Madrid. A pesar de sus fuertes raíces campesinas, ha querido huir de Orihuela, de cuidar el ganado y de su padre, con su fuerte carácter.

Como explica en su excelente biografía José Luis Ferris, está convencido de que, para llegar a ser un escritor importante, necesita salir de su rincón provinciano y conocer nuevos ambientes. Confía en que su talento le permitirá ganarse la vida y abrirse camino como escritor.

Con humildad, se lo cuenta así en una carta a Juan Ramón Jiménez, el indiscutible maestro:

«No tengo culpa de llevar en mi alma una chispa de la hoguera que arde en la suya. Usted, tan refinado, tan exquisito, ¿qué pensará? Mire: odio la pobreza en que he nacido, yo no sé… por muchas cosas… Particularmente, por ser causa del estado inculto en que me hallo, que no me deja expresarme bien ni claro, ni decir las muchas cosas que pienso (…) Tengo un millón de versos compuestos, sin publicar (…) Soñador, como tantos, quiero ir a Madrid. Abandonaré las cabras (…) ¿Podría usted, dulcísimo Juan Ramón, recibirme en su casa y leer lo que le lleve?»

Desde el primer momento, la realidad madrileña resulta ser mucho más dura de lo que Miguel esperaba, por varias razones. Ante todo, por el clima. Apenas llega a la estación de Atocha, el crudo invierno madrileño asusta a un joven acostumbrado al templado Levante:

«Madrid no es como yo lo soñaba. No me ha causado ninguna impresión grata. Tal vez porque está hoy sin sol. Hace mucho frío… las manos las tengo heladas».

Pero hay algo mucho peor que el frío. Sus expectativas económicas no se cumplen, pasa graves dificultades: no tiene dinero para pagar la pensión; para comer, se ha de emplear de portero en una academia; duerme algunas noches en la calle…

Tampoco le resulta fácil introducirse en el ambiente literario. Las cartas de recomendación que llevaba producen efecto sólo a medias. Años después, Arturo Serrano Plaja comentará la impresión que le produjo, al conocerlo:

«Con su traje velludo color tabaco, chaqueta ribeteada con cinta de seda, sin corbata, daba la impresión de andar por Madrid disfrazado de campesino o, lo que es peor, de pastor poeta…»

Con esta expresión define a Miguel Hernández el vanguardista Ernesto Giménez Caballero. Él no lo niega, en una entrevista que le hace Federico Martínez Corbalán, en febrero de 1932:

«Yo… En fin, soy poeta… Mi padre es pastor de cabras en Orihuela y lo mismo fui yo desde los catorce años».

Esa etiqueta llamativa le ayuda a darse a conocer, pero también le limita: no todos lo valoran. De hecho, Federico García Lorca no le muestra simpatía alguna… Ha de pedir dinero a su familia y a sus amigos. Escribe, por ejemplo, a Ramón Sijé, al que, años después, inmortalizará con su Elegía:

«Estoy casi desesperado porque no has podido recoger nada. El pelo me llega casi a la nuca. Le pedí a mi padre y me ha escrito que no puede mandarme nada…»

Esta primera aventura madrileña de Miguel Hernández dura seis meses. En mayo de 1932, acepta su derrota y vuelve a casa: como no tiene dinero para el billete de tren, utiliza un pase de otra persona y lo detiene la Guardia Civil…

De nuevo en Orihuela, continúa escribiendo poemas. En 1933, consigue publicar su primer libro, Perito en lunas, neogongorino, gracias a una ayuda de 425 pesetas que le da el sacerdote don Luis Almarcha: un difusor de la Doctrina Social de la Iglesia que, en la posguerra, fue obispo de León, procurador en Cortes en la época de Franco y promotor de estudios sobre el patrimonio artístico.

Miguel está escribiendo un auto sacramental, Quién te ha visto y quién te ve y sombra de lo que eras. En marzo de 1934, intenta de nuevo la aventura madrileña, con la intención de promover el estreno y la publicación de esa obra.

No consigue lo primero, pero sí lo segundo: Bergamín se compromete a editarlo y hasta le da un anticipo. Eso le supone un apoyo moral y un alivio económico, durante cierto tiempo.

En este momento, Miguel está recibiendo la influencia del surrealismo a través de Vicente Aleixandre. Rafael Alberti y Pablo Neruda le están contagiando sus ideas políticas izquierdistas, que le alejan del catolicismo de Ramón Sijé, su gran amigo de Orihuela. A la vez, Miguel está viviendo una apasionada aventura erótica con la pintora Maruja Mallo, en la que ella parece tomar la iniciativa.

Una nueva ayuda le llega a Miguel Hernández por un camino inesperado. En la tertulia de Cruz y Raya, la revista de Bergamín, ha podido conocer a José María de Cossío, un gran estudioso de la poesía, que está preparando su enciclopedia Los toros –una iniciativa de Ortega– y que le contrata como su secretario particular.

Su labor básica consiste en recoger documentación sobre los orígenes de la Fiesta y datos biográficos de toreros antiguos. A la vez, ha alcanzado una mayor estabilidad sentimental porque, desde septiembre de 1934, es novio formal de Josefina Manresa.

En sus cartas, nos cuenta el poeta que no lo pasa bien, por el calor madrileño, en su trabajo diario, en la Biblioteca Nacional y el Archivo Histórico. Allí encuentra, por ejemplo, datos que le servirán a Cossío para editar las Advertencias y reglas del toreo a caballo.

Con humor, se lamenta Miguel de «el ambiente cornudo en que vivo» pero se ha liberado de la miseria. A la vez, se ejercita literariamente y se divierte, escribiendo algunas historias pintorescas.

Las biografías de los toreros antiguos aparecerán en el tomo III (1952) de Los toros, de Cossío: no llevan firma, aunque haya intervenido en algunas Miguel Hernández.

Gracias a sus cartas, sabemos ahora con certeza que está redactando las biografías de tres toreros: Antonio Reverte, El Espartero y Tragabuches; quizá, también, la de Lagartijo, del que envía un retrato a su amigo de Orihuela Carlos Fenoll, el 12 de julio de 1936, con estas líneas:

«Te mando esta fotografía de Lagartijo y te mandaré algunas de diestros famosos. Ya están reproduciendo en grandes cantidades fotografías para la enciclopedia en que trabajo. Ayer he hecho la biografía de Antonio Reverte, un tipo soberbio. La del Espartero, también la tengo hecha. Cuando me toca hacer la historia de un torero de esta clase, gozo mucho, porque veo en ellos un corazón como una catedral».

Incluso en estos casos, es imposible saber con seguridad lo que redactó Miguel Hernández y lo que añadió Cossío. Sin embargo, es de sentido común suponer que se deben a Miguel los episodios más novelescos y a José María, los detalles de técnica taurina. Probablemente, hay bastantes más biografías en cuya redacción intervino Miguel. En otras muchas, aportó también datos, que utilizó Cossío al redactarlas.

Avala este criterio, tan lógico, el testimonio de Juan Guerrero Zamora, en su biografía del poeta:

«Miguel procuraba escribir con la forma más apersonal posible, pero Cossío, viendo la cara de pena que ponía, decidió dedicarle a las biografías de toreros, dándole carta blanca en algunas, que, por pintorescas, venían como anillo al dedo para la imaginación colorista de Miguel».

Comento brevemente las tres biografías que Miguel Hernández afirma haber escrito.

Antonio Reverte

El sevillano Antonio Reverte (1870-1903) ha pasado a la historia por sus estocadas, citando de largo. Se hizo famoso el grito de pánico del público, que poetizó Villaespesa:

Y, rasgando el silencio, de pronto suena
una voz femenina, rota de pena:
¡No te tires, Reverte, vente conmigo!

Queda también en el recuerdo una suerte que dominaba: sus recortes, capote al brazo, antes de entrar el toro en varas o para sacarlo del caballo. Solía enlazar varios de esos recortes y provocaba así el entusiasmo del público. (Espero que alguna vez recupere esa suerte Morante, como ha hecho al encadenar largas a una mano).

Reverte alcanzó gran popularidad entre el público femenino, como se advierte en la copla, que cantaba Juan Valderrama:
La novia de Reverte
tiene un pañuelo
con cuatro picaores;
Reverte, en medio.

No me parece aventurado atribuir a Miguel Hernández el relato de una anécdota pintoresca:

«Se cuenta que, en una de sus correrías, saltó a un corral donde había un toro, quedando sus compañeros de espectadores en la tapia y temerosos del peligro que corría Reverte, solo ante la fiera y sin amparo alguno cercano. Invitó al cornúpeto con su chaquetilla, acudió el requerido y se entabló entre ambos una impresionante y bella faena: el uno, arremetiendo furiosamente; el otro, defendiéndose con sencillez y gracia de las arremetidas con el capote al brazo, que había de ser suerte suya característica. Cuando hubo cansado Reverte al animal, que quedó, ante él, inmóvil y jadeante, se volvió hacia sus compañeros del tapial y únicamente se le ocurrió preguntarles: '¿Se me ha mudao la color?'»

Manuel García, El Espartero

Manuel García, El Espartero (1866-1894), sevillano de la Alfalfa, ha pasado a la historia como ejemplo del valor más temerario. Alcanzó una popularidad extraordinaria: en Sevilla, dice entonces un revistero, «se come a lo Espartero, se fuma a lo Espartero, se anda a lo Espartero, se peina a lo Espartero».

El 27 de mayo de 1894, en Madrid, el toro Perdigón, de Miura, lo hirió mortalmente, al entrar a matar. Su entierro, en Sevilla, constituyó una auténtica manifestación popular: visitaron su capilla fúnebre cerca de veinte mil personas. Lo recuerda en un precioso poema Fernando Villalón, uno de los grandes poetas del 27:
Giralda, madre de artistas,
molde de fundir toreros,
dile al giraldillo nuevo
que se vista un traje negro.
Maldito sea Perdigón,
el torillo traicionero (…)
Ocho caballos llevaba
el coche del Espartero.

Su biografía, en el tratado de Cossío, ensalza su valor en unos términos morales que probablemente nacieron de la pluma de Miguel Hernández:

«Una valentía que nutría su raíz en un fondo de estoicismo, que era ya valor moral, muy distante de la majeza y los arrestos de otras valentías taurinas. De él es la frase, compendio de desprecio por los azares taurinos ante realidades vitales más urgentes: 'Más cornadas da el hambre'. En una ocasión, temeroso un banderillero suyo del riesgo de entrar a muerte en un terreno difícil, hubo de decir al Espartero: '¡Si el toro es muy malo y me va a coger!' A lo que, encogiéndose de hombros el espada, contestó: '¡Y eso, qué importa!' Como es frecuente en hombres de este temple, ni en el toreo ni en la vida supo más que de actitudes y de sendas ingenuas y rectilíneas. Ello le dio aquel carácter de niño grande y aquella sonrisa que no le abandonó ni en la muerte».

José Ulloa, Tragabuches

El estilo de Miguel Hernández se advierte con claridad, sobre todo, en la biografía del mítico José Ulloa, Tragabuches, un diestro de la segunda mitad del siglo XVIII. Al volver inesperadamente a casa, por haber sufrido un accidente con el caballo, sorprendió a su mujer con su amante, los mató a los dos y pasó a formar parte de la cuadrilla de Los siete niños de Écija.

Lo que leemos en Los toros constituye una verdadera estampa romántica, grabada en sepia:

«Advirtió a la luz de un candil la cara de su mujer, cubierta de temor. Se apoderó del torero una vaga sospecha, que fue tomando cuerpo ante la inquietud que observó desde aquel momento en las facciones y movimientos de su compañera. Subieron ambos las escaleras hasta el piso del dormitorio. José recorrió todas las habitaciones, celoso y olvidado de los dolores de su accidente. La Nena llanteaba (sic) en un rincón, hundida en una silla, perdido el rostro entre sus manos, y José la contempló en silencio (…) Sintió sed, entró en la cocina y, al destapar la tinaja para sacar agua con la caldereta, tropezaron sus ojos y su mano con una cabeza. Ulloa reconoció en seguida la de un acólito de la parroquia, conocido por Pepe el Listillo (…) El gitano sacó de la faca una navaja guadixeña, la abrió con los dientes de un tirón y se la hundió en el cuello al pobre muchacho (…) Un vecino vio salir a Tragabuches, montar a caballo y alejarse, reposado y sombrío, Ronda abajo».

Recuerda esto a los episodios que, a comienzos del siglo XIX, relata Agustín Pérez Zaragoza Godínez en su Galería fúnebre de historias trágicas, espectros y sombras ensangrentadas… No parece aventurado atribuir este relato a un poeta y no, a un erudito.

Un dato más. Al concluir la Guerra Civil, Miguel Hernández es detenido y conducido a la cárcel de Torrijos. Uno de sus compañeros de prisión lo recuerda así: «De todos los que éramos, a él es al único al que le gustaban los toros. Con eso, nos metíamos una barbaridad con él»…

Miguel Hernández fue, sin duda, un «gran poeta» (Urtasun dixit). Pero lo que no ha dicho el ministro de Cultura es que la Tauromaquia constituye una de las raíces fundamentales de su poesía. Estas tres biografías, incluidas en el tratado Los toros, añaden un eslabón más a la larga y valiosa cadena de su obra taurina.

La regularización de los negreros y la Conferencia Espiscopal / por Irene González

Colas de inmigrantes en busca de la regularización

'..Muere un español cada 14 minutos esperando que le llegue ayuda a la dependencia. Eso no son problemas que afecten a los empresarios, políticos ni casta clerical que vive en palacios arzobispales..'

La regularización de los negreros
 y la Conferencia Espiscopal

No puede ser bueno aquello que nos condena a la pobreza, a la desesperación, al dolor, al expolio, a la desigualdad, a la inseguridad y a la peor educación.

Irene González
Estos días es difícil ignorar la idea de irte de tu propio país, porque no has elegido vivir en un cruce entre el peor Perú, la peor Colombia y un sector de África. Es doloroso ser consciente de que vivimos en una cuerda floja, mientras no pase nada, mientras no tengas que ir al médico, se vaya la luz, no tengas que buscar trabajo o casa… parece que la bomba de relojería social de la invasión suena lejana, pero es un estruendo ensordecedor. Nada funciona en España y todo va a ir a peor. Es doloroso ver cómo los psicópatas que nos gobiernan nos han arrebatado todo, hasta el arraigo, un término exclusivo para lo que es nuestro, sólo de los españoles.

Han aprobado la regularización de inmigrantes de la que se beneficiarán al menos dos millones de personas, según expertos de Extranjería, mandos policiales y diplomáticos. Los que han salido a mostrar su júbilo por un hecho que traerá tantas consecuencias negativas para los españoles son la izquierda globalista, los empresarios de la patronal, las ONGs beneficiarias del tráfico de personas y la politizada Conferencia Episcopal. Las peores élites confabuladas contra los intereses del pueblo español al que nadie ha preguntado en esta democracia falsaria.

Flujo interminable

Los empresarios en su papel abierto de negreros del siglo XXI, porque así hay que llamar a los empresarios mediocres incapaces de mejorar la productividad en décadas, no ocultan la indignidad de sus pretensiones con la regularización masiva. En lugar de invertir en tecnología en el campo, las fábricas y mejorar calidad de los servicios, claman la regularización masiva para que no paren de caer los salarios y las condiciones de trabajo. Estamos ante una de las mayores crisis de las últimas décadas, donde España es muy vulnerable. En 5 años la IA hará desaparecer muchos trabajos, hoy en España hay 2.500.000 de parados, el 17% son extranjeros cobrando subsidio, y aun así el negrero español no emplea a éstos, no mejoran las condiciones y pide traer flujos interminables de inmigrantes con los no convivirán sus hijas en el barrio, ni los meterán en el colegio privado de sus hijos, ni quitarán un puesto a sus padres en la lista de espera de la dependencia. El joven español no puede competir con millones de inmigrantes del tercer mundo dispuestos a trabajar 12 horas y 6 días a la semana por 900 € porque es más del triple que lo que cobraban en su país de origen. El salario mínimo en Perú no llega a los 300 €. Esto lo hacen al principio, luego se apuntan a cobrar el Ingreso Mínimo Vital, por eso el flujo de inmigrantes ha de ser infinito para el negrero. El joven español no tiene ningún futuro en España si tiene sueños excéntricos como tener una vivienda en propiedad, barrios seguros y un trabajo digno.

“Algo tenemos que hacer con los que ya están aquí y trabajan para nosotros”, sí expulsarlos a todos y abrir expedientes sancionadores a todos los que tuviesen contratados a ilegales por tener a los inmigrantes en esas condiciones. Pero el negrero busca que los que ya tienen explotados sin papeles, más los que vengan con el efecto llamada, sigan igual pero lo hagan legal, es decir, para que sean los españoles con sus impuestos los que se encarguen de pagar las ayudas a esos millones trabajadores sin cualificación. Porque al principio trabajan mucho por poco, pero luego piden el IMV más el trabajo en negro que le salga con sus compatriotas negreros que han venido aquí. La explotación laboral de Sudamérica y África y sus desigualdades se traslada en bloque a España, porque el Tercer Mundo no es un lugar es un tejido social. Cuando hay un porcentaje mínimo de inmigración cuya residencia depende de un contrato de trabajo en vigor, la integración se produce y la inmigración reporta beneficios, pero cuando se abren las puertas y vienen millones a vivir de lo que han sido incapaces de construir en su país, ese tejido social tercermundista se traslada en bloque, pero lo paga el español trabajador.

“Hay que dar solución”

Muere un español cada 14 minutos esperando que le llegue ayuda a la dependencia. Eso no son problemas que afecten a los empresarios, políticos ni casta clerical que vive en palacios arzobispales. 


Monseñor Argüello, presidente de la Conferencia Episcopal, ya ha celebrado muchas veces como si fuese un vulgar diputado de Podemos la regularización masiva. “Hay que dar solución a los que quieren salir de su país por la guerra y los que necesitan que vengan”, en alusión a quienes se benefician de un negocio tan oscuro y siniestro como el tráfico de seres humanos, los negreros y los inmigrantes sin cualificación trastornados de una guerra africana. Monseñor miente deliberadamente, eleva lo anecdótico a categoría, no hay guerras en Latinoamérica de donde vienen el 90% de la inmigración, y los que vienen de África huyendo de guerras nunca son niños y mujeres, siempre adultos sexuales en edad militar. Pero con esto manipula los sentidos de los irracionales de quien desprecia. Oculta el mal con palabras que simulan bien. Oculta el dolor, la pobreza y la deshumanización que implica la invasión migratoria con el único propósito de llevarnos a una situación que nos hunda en la desesperación, donde reine el caos. Que no seamos capaces ni siquiera de identificar el desorden social, sino que lo veamos como el nuevo orden a abrazar, ocultando que nos llevará a la angustia, el desarraigo y un mundo sin libertad.

No puede ser bueno aquello que nos condena a la pobreza, la desesperación, el dolor, el expolio, la desigualdad, la inseguridad, la peor educación, la falta de futuro, la angustia de no tener vivienda, ni sanidad ni ayuda lleva ya a muchos al aborto o la eutanasia. Eso es una de las consecuencias de las que no hablan los Obispos de países multiculturales invadidos por la inmigración. Esto no necesitaba una votación en el Congreso, sino un referéndum, para que el español expoliado, marginado que no tiene a dónde ir pueda al menos decidir su futuro en lo que hoy queda de España.

Segunda novillada en Madrid. El toro noble desrazado / por Pepe Campos

La Gran Vía

'..Somos testigos de cómo los astados que se corren o lidian, tarde tras tarde, son animales que se dejan hacer, que se dejan torear, de buena voluntad, que colaboran para que prendan las pretensiones artísticas de los toreros, pero, por el contrario, se ve que no se consigue que en su lidia nada se encienda, ni trascienda..' 


Segunda novillada en Madrid
El toro noble desrazado

Pepe Campos
Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.

Domingo, 19 de abril de 2026. Segunda novillada de la temporada. Novillos de Antonio Palla, todos nobles y descastados. Un tercio de entrada. Tarde primaveral que animó a la contemplación del mundo y a hablar entre amigos.

Novillos de Antonio Palla, de origen Jandilla (es decir Domecq), bien presentados, el primero corniveleto, bello, el resto de cuerna estándar. Todos nobles, mansos, flojos, descastados, lo que se podría denominar «nobles desrazados». Manejables; dejaron torear. Iban a los cites y cumplían en su desplazamiento. Obedientes.

Suerte de varas: como corresponde a tiempos de plena crisis —en esto de las varas— se picó trasero. Sólo Juan Melgar en el quinto novillo no abusó de esta querencia de los varilargueros actuales, aunque en su turno fueran picotazos y no varas.

Terna: El Mella, de Barcarrota (Badajoz); de salmón y oro, con cabos blancos; de veintidós años; ocho paseíllos en 2025; saludos con aviso y silencio con aviso. Cid de María, de Alcalá de Henares (Madrid); de blanco y oro; veintiún años; veinticuatro festejos en 2025; silencio y saludos. Tomás Bastos, de Villa Franca de Xira (Portugal); de blanco y azabache; veinte años; veintiséis paseíllos en 2025; saludos tras aviso y silencio.

Hablábamos el lunes pasado (sobre el anterior festejo dominical madrileño) de aquello de ir a los toros y encontrarse con novilleros que no tenían un plan a la hora de imponerse a los novillos que les tocaba en suerte. Así que en esta ocasión, en la novillada de ayer tarde, por si las cosas se presentaban de la misma manera, fuimos nosotros con el plan de pegar la hebra con los amigos que el destino nos pusiera cerca de nuestro asiento. Con este propósito y dado el devenir de la novillada de Antonio Palla, pudimos en tiempo récord ponernos a parlamentar de la vida y sus afanes con ese vecino que nos estaba esperando como agua de mayo. 

En mi caso me correspondió pasar la novillada —y hablar de lo divino y de lo mundano— con mi amigo Juan Palette Cazajús, autor de una obra que quedará como señera en la historiografía taurómaca, y que recomiendo como lectura fundamental, Los toros, entre la reverencia y la ansiedad (2025), donde se aborda la problemática del hombre y su evolución, de la tauromaquia y de la vida. Es decir, un ensayo sobre todo aquello que nos mantiene firmes en el hecho de ir a ver toros sin falta, porque en la plaza de toros y en las lidias que se bosquejan y se producen siempre encontraremos razones para entender qué es esto del vivir. Un verdadero enigma este desde que el mundo fue creado, y que las corridas de toros, sobre todo si son aburridas dan ánimo para la meditación —que corra la imaginación— y para la charla y, con ello, llegar a desentrañar los avatares que la existencia nos trae, que no son pocos y, de este modo, mientras charlamos —y observamos las lidias— se nos va pasando la tarde y cualquiera preocupación, llegando a la conclusión que menos da una piedra.

Al margen de las ganas que los novilleros deben poner en sus compromisos mayores en Las Ventas, que entendemos debieran ser muchas y de contundente perseverancia, aunque no siempre es así, creemos que en el apartado del toro —ayer novillo— que se lidia hoy el camino que está tomando la tauromaquia da que pensar que no es el adecuado o correcto. Somos testigos de cómo los astados que se corren o lidian, tarde tras tarde, son animales que se dejan hacer, que se dejan torear, de buena voluntad, que colaboran para que prendan las pretensiones artísticas de los toreros, pero, por el contrario, se ve que no se consigue que en su lidia nada se encienda, ni trascienda; si no que lo que vemos y sucede son acciones taurinas anodinas, plomizas, monótonas, sin relieve, sin significados de cierta valía. ¿Cómo explicar todo esto? Pues, mientras charlamos con nuestros amigos de localidad se nos fue abriendo el ingenio y fuimos avistando, y es que los novillos que se lidian —podría ampliarse al toro— no tienen raza, no poseen esa fuerza congénita —fiereza— que debería definirles y caracterizarles, sino que son bóvidos sin el nervio del toro de lidia, sin su genio, sin su acometividad, ni su pujanza. Son animales previsibles con embestidas planas, obedientes, bonancibles —ya alejadas incluso de lo que es la boyantía clásica—; sin interior. Nada de «no dejarse hacer». Ni atisbo de pedir el carnet de identidad a sus matadores. Un tipo de astado superfluo, aparente, sin gracia, como un funcionario del toreo. Es el toro noble desrazado. El toro fabricado en los tentaderos de la actualidad para las figuras, con el agravante de que si —a ese burel noble y sin casta— no lo torea Morante de la Puebla —pongamos como ejemplo—, todo se desmorona y se encamina hacia el sumidero.

Los novilleros actuales tienen que pechar con este condicionante contemporáneo, y poner ánimo y ganas ante novillos desvaídos, de buenas condiciones, distraídos, blandos y sin verdadera sangre. En fin, ante estos nuevos problemas no sabríamos dar nuevas soluciones, sino la tajante de eliminar todo lo que se está planificando —desde el horno de la tauromaquia— y empezar todo de nuevo. Volver a los principios. Por eso todos esperamos con verdaderos deseos renovadores la cita del próximo fin de semana en San Agustín del Guadalix

A la hora de comentar lo realizado por la terna de ayer tarde, hay decir que la actuación de El Mella tuvo dos momentos, pues en su primer novillo se le vio con cierta conformidad y en su segundo quiso ponerse las pilas. Del primero sólo destacaron tres buenos pases por bajo ya iniciada su faena de muleta, luego no se acopló y se vio incluso desbordado. Mató de pinchazo y estocada caída en la suerte natural. En el cuarto de la tarde dio verónicas de rodillas animosas e inició la faena de muleta de la misma guisa, más adelante, con la franela volvió a tener carencias al correr la mano y con la distancia a la que torear. Mató de una estocada delantera y atravesada en la suerte contraria.

Cid de María, a su primer novillo le paró bien con el capote y cerró con una buena media. La faena de muleta la comenzó con estatuarios sin compás y toreo por fuera, sin cruzarse, muy despegado, sin temple. Mató de un pinchazo y un bajonazo en la suerte natural. En el quinto novillo estuvo mejor, mejoró en el comienzo de faena, toreó más templado, más limpio. En ocasiones dibuja el toreo y acto seguido lo emborrona. Tiene un margen amplio de mejora. Mató de un pinchazo y dos estocadas caídas en la suerte contraria.

A Tomás Bastos se le ve con muy buenas condiciones pero no llega a cuajar, puede que sea porque parece que quiere quemar etapas en su evolución como torero. Es decir, torea algo acelerado, buscando un triunfo que se encontraría en el buen hacer. En el tercer novillo estuvo desafortunado, no en los ayudados finales donde se le vieron sus posibilidades de buen torero. Mató de estocada perpendicular y contraria en la suerte natural, más un descabello. En el último novillo tuvo una actuación más entonada y pulcra. Aguantó al astado por el pintón izquierdo, el difícil. Realizó un ejercicio de autoafirmación con pasajes de cierto mérito en el toreo en redondo y al natural. Mató en la suerte natural de dos pinchazos y una estocada caída y delantera, más un descabello.

Cary Grant con Manolete