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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

viernes, 7 de mayo de 2021

Hazard, no ensucies más ese 7 / por Juan Manuel Rodríguez

Así que la risa de este chaval denota ingnorancia, inconsciencia o directamente tontez, que son tres características que no ayudan precisamente a triunfar en el Madrid. Ignorante, inconsciente o simplemente bobo, si Hazard tuviera a alguien a su alrededor mínimamente responsable, si a Hazard le quisiera bien alguien del club, ya habría salido a pedir perdón a estas horas. Como no lo ha hecho, asumo que lo que anunció ayer Josep Pedrerol en El Chiringuito es cierto y el Real Madrid pondrá este verano en el mercado a este fiasco gordo.
Pero, bueno o malo, uno no llega al Real Madrid siendo tonto... hasta hoy. Habrá más Champions, llegarán más finales y, al final, La Decimocuarta, pero no con este 7, con este 7 no. Devuélvelo. Descóselo de tu camiseta. No la manches.

Hazard, no ensucies más ese 7

A Cherie Blair, la esposa de Toni Blair, ex primer ministro del Reino Unido, le pasó que, inconsciente aún de que su marido era de hecho el sustituto de Chamberlain, Churchill, Wilson o Thatcher, después de la primera noche que el matrimonio pasó en su nueva residencia de Downing Street, salió a abrir la puerta para recoger un ramo de rosas que le habían enviado y, sin darse cuenta aún de que su vida había cambiado notablemente, lo hizo en pijama, como probablemente lo habría hecho en su residencia privada. La imagen, claro, fue rápidamente captada por la legión de fotógrafos que viven las veinticuatro horas del día apostados a las puertas de la tercera vivienda más famosa de Inglaterra por detrás del palacio de Buckingham y el número 221 B de Baker Street, hoy convertido en el museo de Sherlock Holmes. La escena fue acogida con simpatía por los británicos, que supieron ponerse en la piel de Cherie Blair, e incluso me atrevería a decir que le vino bien a su marido, quien, durante un tiempo, pasó a ser el enfant terrible de la política europea.

Hay descuidos graciosos y sin importancia y hay otros que no lo son y que denotan una relajación y un adormilamiento que no casan bien con el cargo de primer ministro británico o, y ya que estamos, con el de futbolista del club deportivo más importante de la historia. Cuando uno es Rey lo es las veinticuatro horas del día y cuando uno es jugador del Real Madrid lo es las veinticinco. La señora Blair salió una vez en pijama a la puerta de Downing Street. En el mismo instante de ser cegada en pleno día por los flashes de las cámaras que la apuntaban directamente a los ojos se dio cuenta de que, al menos durante un tiempo (bastante tiempo), su vida no sería normal. Cherie aprendió una lección simpática y sin importancia pero Eden Hazard parece no querer aprender. Imagino que, del mismo modo que hay españoles a los que no les importa que insulten a Felipe VI o piten el himno nacional, habrá también madridistas que le resten importancia a la risotada protagonizada ayer por el centrocampista belga a la conclusión del partido de semifinales de Champions contra el Chelsea. Repito que habrá madridistas que pasen por alto el gesto de Hazard pero yo no he sido capaz de encontrarlos. El partido no era uno cualquiera, no, sino uno de Champions, la competición fetiche del Real Madrid; y el resultado tampoco era precisamente uno satisfactorio para los intereses merengues sino que apeaba al club de la gran final, esa que, por cierto, aún no ha jugado jamás Hazard. Así que la risa de este chaval denota ingnorancia, inconsciencia o directamente tontez, que son tres características que no ayudan precisamente a triunfar en el Madrid. Ignorante, inconsciente o simplemente bobo, si Hazard tuviera a alguien a su alrededor mínimamente responsable, si a Hazard le quisiera bien alguien del club, ya habría salido a pedir perdón a estas horas. Como no lo ha hecho, asumo que lo que anunció ayer Josep Pedrerol en El Chiringuito es cierto y el Real Madrid pondrá este verano en el mercado a este fiasco gordo.

Aunque por otros motivos distintos, la risa de Hazard me recordó a los instantes inmediatamente posteriores a que el Real Madrid conquistara La Decimotercera. Justo a renglón seguido, Cristiano le echó sal al café madridista dando a entender que se iba y, después, Bale cogió el relevo para sugerir que si no le daban más protagonismo él también cogería las maletas. Aquel día la felicidad no fue completa por el profundo egoísmo de dos futbolistas que no supieron o no quisieron esperar para hacer las cosas bien. Ayer no fue precisamente un día festivo para el madridismo pero, en líneas generales, el seguidor del Real aceptó de buen grado la superioridad del Chelsea y que el equipo londinense merecía jugar la gran final. Por no saber o no querer esperar a llegar al túnel de vestuarios para reír a mandíbula batiente, por ignorancia, inconsciencia o tontez o por las tres a la vez, Hazard hurgó en la herida y el madridista volvió a sentirse traicionado por uno de los suyos.

Yo creo que si Eden Hazard llegara algún día a ser primer ministro británico saldría en pijama a diario a recoger lo que fuera a las puertas de Downing Street, por ejemplo un par o tres de whoppers Old style Mustard Onion con mostaza, ketchup, cebola tipo poché, carne angus al punto y bien de patatas. Quiero decir que Hazard no es ese tipo de deportista que aprende. Al Madrid llegó con un evidente sobrepeso después de pagarle al Chelsea más de 100 millones y, dos años después, su participación no sólo no fue decisiva sino que ha sido motivo de chanza. Por si fuera poco, Hazard lleva a la espalda el 7 de Amancio, el 7 de Butragueño, el 7 de Kopa, el 7 de Raúl, el 7 de Cristiano... Hazard lleva a la espalda el mismo 7 que llevó Juan Gómez Juanito. ¿Qué le diría Juanito a Hazard si viviera? ¿Qué no le diría? Probablemente le diría que se quitara la camiseta y que descosiera el 7. A Hazard, y eso es público y notorio, le importa un bledo el Real Madrid. Y si en el Real Madrid andan listos, que eso también quiero verlo yo, deberá importarles un comino este jugador. Por ese club han pasado miles de jugadores, la mayoría buenísimos, algunos menos talentosos y, por qué no decirlo, también algún paquete. 

Pero, bueno o malo, uno no llega al Real Madrid siendo tonto... hasta hoy. Habrá más Champions, llegarán más finales y, al final, La Decimocuarta, pero no con este 7, con este 7 no. Devuélvelo. Descóselo de tu camiseta. No la manches.

MANUEL JESÚS "EL CID": “Lo importante es que las faenas queden en la memoria del aficionado”

Manuel Jesús "El Cid"

--Y otra persona clave en su carrera fue Victorino Martín.

Sí. La tarde del rabo al toro de Victorino en Bayona, el 1 de septiembre de 2002, fue crucial. Hasta ese momento yo nunca había toreado un astado de él, ni había estado en su finca. Fue una cosa curiosa. Era el primer año en el que me apoderaban Manolo Tornay y Santi. Oscar y Pablo Chopera me pusieron en Vic Fezensac. Y aquel día le cortó dos orejas a un toro de Ramón Flores. Hacía mucho tiempo que nadie cortaba dos orejas en aquella plaza. Y ellos me dijeron que me iban a dar un premio, que era ponerme en Bayona. 

Entrevista de Enrique Amat
Avance Taurino / Valencia, 6 de Mayo de 2021

El 12 de octubre de 2019, Manuel Jesús El Cid se despidió de los toros en Zaragoza. Después de salir por la puerta grande,se subió en la furgoneta con sus tres banderilleros: Curro Robles, Lipi y Rafael Limón. Y una vez partieron para el hotel, les dijo: “Señores, ¿y ahora que hacemos?.

Eso le queremos preguntar. Manuel, ¿y ahora qué hace usted? ¿A qué dedica el tiempo libre?

Pues hago la vida de un ciudadano normal. Estar en casa, entrenar, ir al campo. Lo que es la vida cotidiana. Estar con la familia, cuidar de la finca, matar el tiempo, que no es poco. Sobre todo con todo esto que ha pasado con el COVID. Estoy en casa más tiempo, sin obligaciones. Una vida normal y corriente. Tampoco me ha salido de lo que hacía antes cada día.

Hombre, algo habrá cambiado después de tantos años en la profesión: 923 corridas de toros, 116 novilladas. Vida de trajín y tensión. Decía el maestro Manzanares que él volvía a los ruedos porque tenía mono del miedo.

Algo de eso ahí, de lo que decía el maestro. Pero más que mono del miedo, es un vacío que uno siente. Porque uno acaba por estar acostumbrado a la adrenalina, a la responsabilidad que supone ponerse el traje de luces. A la incertidumbre, a enfrentarse con el público y a un toro. A la lidia, a la plaza. Ahora unos llevo una vida más placentera, intentando hacer otras cosas que te pueden llenar. Pero el contacto con el toro, con la afición, es distinto. No se puede vivir sin ello. Eso no lo puedes dejar nunca. Se puede desconectar, pero es difícil cuando las dos terceras partes de tu vida se ha consumido en viajes, en toros, en plazas, en ir al campo, en vivir por y para el toro.

Usted es sevillano, pero vivió en Madrid siete años en una especie de exilio y acabó siendo torero de Madrid.

Así es. Tras debutar con picadores, las cosas estaban difíciles. Y me fui a vivir allí con José Maquillas Gallo de Morón. Mi vida era ir a la casa de Campo y entrenar sin desmayo. Y luego toreaba poco y duro. Había que tener mucha afición. Y eso se aguanta sobre todo porque uno quiere llegar a cumplir un sueño. La afición te ayuda a no abandonarte. A superar los momentos malos. Porque en el toreo hay muchos momentos malos, a cambio de pocos buenos. Los buenos te hacen olvidar los malos. Cuando triunfas en la plaza se te olvida todo. Pero hay que creer en uno mismo, no desfallecer, tener mucha afición. Y ser consciente de que tu límite no lo conoces ni tú mismo. El ser humano nunca sabe hasta dónde puede llegar. Por eso no hay que dejar de intentarlo.

A pesar de que usted lo pasó mal y fueron muchos años de travesía del desierto, siempre he dicho que no se hubiera cambiado por nadie.

Es que los comienzos de cada profesión son así. Esta es la piedra angular y fue la piedra angular sobre la que puse los cimientos de mi carrera. Y si los cimientos no son fuertes, el edificio se cae. Toreaba poco, pero cada vez que salía la plaza intentaba absorber, asimilar y aceptar lo que era el toreo. El debut con picadores fue coser y cantar.  Fue en Salteras, del 6 de febrero de 1994, con mi hermano y el Umbreteño. En tu pueblo todos te adulan. Te crees que todo es bonito. Pero luego te das un golpe, te caes del caballo, ya que la realidad es dura, difícil y complicada. El toreo no solo cortar una oreja. Supone mucho más.

Eso usted lo vivió en casa con su hermano, El Paye.

En parte, yo empecé a querer ser torero por él. Porque cuando él toreaba, como era mayor que yo, me iba con él, le acompañaba al campo y a las plazas. Y era una cosa que me motivaba mucho. La primera vez que me puse delante de una vaca fue en la finca de Manolo Tornay. Qué casualidades tiene la vida. Porque luego nuestra vida estuvo muy ligada. Fue mi apoderado durante muchos años junto a Santiago Ellauri. Y mantenemos una gran amistad, una relación personal y profesional muy bonita. Mi hermano dejó de torear y yo seguí. No me aburrí seguir para adelante. Hasta llegar a donde pude llegar.

Una persona entrañable en su vida profesional es Pepe valiente.

Es que Pepe es casi mi segundo padre. Ha sido mi mozo de espadas desde que empecé a torear sin caballos y se jubiló conmigo, el día que me retiré. Yo me lo llevo todavía el campo, siempre está mi lado. Lo sabe todo de mí, es leal, serio y me quiere. Una persona importante en mi vida. Luego me ayudó mucha gente, como José Maguilla, Rafael Corbelle, Gonzalito. Recuerdo con especial afecto al ganadero Paco Galache. Porque tuve la suerte de estar en su casa mucho tiempo. Era en en los tiempos en que a las fincas únicamente iban los matadores. Y los novilleros sólo hacían la tapia, salvo que fueran ya figuras o les apoderasen grandes empresas. Pero desde el principio él sin embargo me daba muchas vacas, aunque era solo un novillero. Don Francisco me dio cobijo y casa desde el primer día. El me echaba muchos toros. Y sobre todo, tengo que recordar las tertulias con él. Como persona fue alguien entrañable, cariñoso. Y como ganadero, su hierro  fue uno de los más importantes, las figuras del toreo se lo rifaban en las ferias. Fue un adelantado a su tiempo. En los años 60, el hecho de que humillasen  los toros y se desplazasen no era normal. Y eso lo consiguió. Y luego esas charlas taurinas hablando de muchas cosas. Por ejemplo de Manolete, que había estado mucho en su casa. Me enseñaba su habitación, hamaca en la que descansaba. Aprendí muchas cosas de esta persona, y de ese concepto del toreo que es al que al buen aficionado le gusta.

Volvemos a Madrid, donde se hizo usted torero.

Pues sí, aparte de que viví allí siete años, de las ciento y pico novilladas que toreé, dieciocho fueron en Las Ventas. Casi la cuarta parte de las que maté. En Madrid me hice torero. Con lo difícil que es torear en Madrid, yo tuve la suerte de entrar en esa plaza. Después de hacerme en el Valle del Terror, en el Valle del Tiétar. Y es que muchos aficionados de los sectores duros y exigentes de Madrid son de esos pueblos, y me habían visto crecer por aquellos lares. Vieron en mí posiblemente virtudes que incluso yo desconocía. En las tardes complicadas en Madrid ellos me empujaban. Y siempre di la cara en Madrid. Mi debut fue con una novillada imposible de la Guadamilla, el 19 de marzo de 1995, que fue el primer palo que me pegó mi vida. Yo iba con toda la ilusión, Y las cosas no salieron bien. Porque en el toro dos y dos no son cuatro. Los chavales de ahora piensan que todo es fácil. Que con cortar una oreja ya está todo solucionado. Cortar una oreja en sí ya es complicado. Pero luego hay que seguir, y que te pongan otro día y mantener el nivel. Porque si no, el castillo de naipes se viene abajo. Cuando triunfas no debes quedarte ahí subido, porque hay que volver a estar bien al siguiente día con otro novillo. Estés como estés en ese día, da igual si te duele la cabeza o si estás desanimado. Cuando estás ahí abajo, en el ruedo, da lo mismo cómo te encuentres. Tú tienes que estar bien sí o sí y eso es lo que espera la afición, sobre todo cuando ya te ha visto triunfar. Entonces te exigen más y hay que revalidar los triunfos día a día.

Hoy hasta los chicos de las escuelas lucen vestidos de estreno a las primeras de cambio. Y usted precisamente tuvo que esperar hasta la tarde de la alternativa para estrenar un traje de torear.

Pues sí, así es. El primer terno que me hice yo a medida fue el de la alternativa. Y tiene su anécdota. Porque yo quería uno espuma de mar y oro. Y Antonio, el de la sastrería Fermín, no sé lo que anotaría, porque al final cuando fui a probármelo, dos semanas antes de la corrida, era verde manzana. Yo le dije este no es mi traje. Y todo el mundo se extrañó de verme con ese color. Pero bueno, es lo que había. Y sí, yo había utilizado siempre vestidos de segunda mano. De becerrista y ya toreando con caballos, llevaba  uno verde esperanza que había pertenecido a Tomás Campuzano. Me quedaba un poco ancho, pero como yo tenía casi la misma estatura que Tomás, pues el arreglo quedó aparente. Luego tuve otro caña y oro, que había sido del maestro Ortega Cano. Y ese fue el terno que lucí en mi primera novillada picada en Madrid. Y luego tuve un azul y oro con unos bordados de flores muy bonitos, que fue de Julio Aparicio. Lo cierto es que fueron tres vestidos de tres toreros con un concepto que a mí me gustaba, y algo de ellos se me pegaría.

Decía el maestro Paquirri que en el toreo hay que saber aguantar y esperar. Y usted parece que lo largo de su carrera hizo suya esa frase.

Pues sí, es una buena receta. Porque yo, desde la tarde de la alternativa en Madrid hasta la corrida de Bayona de los Victorinos, que me lanzó y me puso en órbita, tuve que esperar tres años. Yo tomé la alternativa el 23 de abril de 2000. Me la dio David Luguillano en presencia de Finito de Córdoba. Era un Domingo de Resurrección. Y tuve que esperar hasta después de San Isidro para que me volvieran a poner. Era cuando la plaza de Madrid la llevaban los Lozano. Quienes por cierto se portaron siempre muy bien conmigo. Tanto José Luis como Eduardo, y sobre todo Pablo. Yo entrenaba a veces en El Palomar, y allí estaba Pablo, quien era un aficionado excelente. Era una delicia hablar de toros con él. Era una enciclopedia. Es una de las personas que harían falta siempre en el toreo.


El Cid en Zaragoza - (Fabián Simón)

Y otra persona clave en su carrera fue Victorino Martín.

Sí. La tarde del rabo al toro de Victorino en Bayona, el 1 de septiembre de 2002, fue crucial. Hasta ese momento yo nunca había toreado un astado de él, ni había estado en su finca. Fue una cosa curiosa. Era el primer año en el que me apoderaban Manolo Tornay y Santi. Oscar y Pablo Chopera me pusieron en Vic Fezensac. Y aquel día le cortó dos orejas a un toro de Ramón Flores. Hacía mucho tiempo que nadie cortaba dos orejas en aquella plaza. Y ellos me dijeron que me iban a dar un premio, que era ponerme en Bayona. Por aquel entonces era una plaza muy señorial de Francia, a donde iban todos los aficionados del País Vasco. Tenía un gran ambiente. Se respiraba un gran señorío y era un lujo torear allí. Como yo no conocía la ganadería, le llamé a Pepín Liria, que era un experto en la misma. Y me dijo que no me preocupase. Bueno, que eran toros que se quedaban cortos, que eran exigentes, que había que estar muy asentado y pendiente con ellos. Yo la verdad es que iba un poco asustado, pero luego decidí que iba a torear la corrida de Victorino como si fuera una de Juan Pedro. Y tuve la suerte de que me saliera Gamberro y le corté el rabo. Y aquello fue un punto de inflexión en mi carrera. Y, lo que son las cosas, a otro toro de Victorino que también se llamaba Gamberro, le corté dos orejas en Madrid, lo que significó mi primera puerta grande en Las Ventas. Ambos eran hijos de la vaca Gamberra, que en Victorino siempre ha dado muy bien. Luego un año, como el 2014, toreé hasta 14 corridas suyas en un año. s una ganadería que me dio mucho.

Hay una serie de toros importantes en su carrera. Muchos de ellos en Madrid. Guitarrero de Hernández Pla en mayo del 2002. Bombonero de Victorino el 2004. Portilloso de El Pilar el 15 de mayo de 2008. Verbenero, de Victoriano del Río en octubre de 2013. O Madroñito, de Adolfo Martín, en Santander.

A muchos de ellos me hubiera gustado matarlos bien después de haberlos cuajado. Como Portilloso, de El Pilar. Aquella fue una tarde muy bonita. Pero sobre todo a Guitarra de Alcurrucén. Si lo llego a matar me dan el rabo. Era la tarde de confirmación de alternativa de Eduardo Gallo. Y toreó también  César Rincón, quien aquel día abrió la puerta grande. Yo no, porque lo pinché. Luego vino Gamberro de Victorino.

A usted se le echaba en cara que tenía suerte en los sorteos, pero la verdad es que siempre fue muy generoso con los toros y trató de ayudarles a romper.

Pues sí, a veces la gente me decía eso de los sorteos. Pero se puede tener suerte alguna vez, pero no todas. Yo siempre procuraba dar la distancia a los toros, lucirlos, dejarlos llegar. Hay que tener suerte, pero también ayudar al toro a romper. Dejarles ver. La suerte la puedes tener algún día, yo la verdad es que sido afortunado. Pero también es que los toros han sido afortunados conmigo. Siempre me ha gustado el  toro alegre, con emoción y con movilidad. Y para ello, hay que cuidarle durante los dos primeros tercios. A veces eso de la  movilidad me engañó, y el toro acabó por romper a  malo. Y la gente se había engañado, sobre todos los aficionados menos buenos, que pensaban que el toro era mejor de lo que había sido. Pero este era mi concepto. Y si me acoplaba, aquello era algo grande. La pureza, el clasicismo y la emoción es lo que perdura, es lo que queda en el recuerdo. Y a pesar de pinchar, la gente no se olvida de las faenas.

Alguien escribió que es mejor decir: ¡Cómo toreó el Cid!, que El Cid cortó dos orejas. Y es que lo bueno es que la gente se acuerde de lo que uno ha hecho en la plaza.

Eso es lo importante. Que las faenas queden en la memoria del aficionado. Yo siempre he preferido pegar muletazos a un toro. Si no lo matas, pues no puedes hacer nada. Pero peor es matar un toro bien sin haberle dado pases. Aunque eso sí, a los toros que cuajas los tienes que matar. Porque en definitiva es la firma y la rúbrica de una obra. Cortar trofeos y que la gente salga contenta. Hoy en día solo se acuerdan de los finales. La memoria taurina actual es efímera y se quedan siempre con el final de todo. Pero en el recuerdo de los aficionados queda lo que se ha hecho.

Díganos su preferencia, las Puertas del Príncipe o las de Las Ventas. Se dice que Madrid lo lanzó, Sevilla le confirmó y Bilbao le consagró.

Hombre, eso es como preguntar a quién quieres más, a papá o a mamá. Yo he abierto hasta cuatro veces la Puerta del Príncipe. Y hacerlo una sola vez ya es un sueño. En Sevilla muchas grandes figuras no lo consiguieron nunca. Es algo complicado y difícil. Y yo en el 2005 en diez días lo conseguí dos veces. El 27 de marzo y el 7 de abril. Y la Puerta Grande de Madrid es también es para pocos elegidos. El 3 de junio de ese mismo año 2005 la abrí en Madrid con una corrida de Victorino. La verdad es que es un privilegio haber conseguido abrir varias veces las dos.

Y a pesar de ello, a veces daba la impresión de que El Cid no tenía quien le cantase.

Bueno, eso ha sido mi sino. Pena no tengo. Pero sí es verdad que incluso siendo ya   figura y toreando todas las ferias, nunca tenía ganado el puesto año tras año. Yo me lo tenía que ir ganando en la plaza. A mí me daba mucha envidia oír a los compañeros en diciembre que ya tenían la temporada hecha, que ya tenían hasta setenta corridas de toros firmadas. Y yo hablaba con Santi y le preguntaba cómo iba la cosa y me decía: “ahí estamos hablando”. Y tenía que ir todos los años a Madrid y Sevilla triunfar, y a partir de ahí firmar los contratos. Pero esa exigencia me ha obligado a superarme y mejorar. Era una espada de Damocles, pero aquello me daba mucha fuerza mental. Pero era muy duro, porque si se te iba un pie te cortaban la cabeza. Porque nunca me llevó una casa grande. Porque la empresa de Sevilla nunca me apoderó, en contra de lo que se decía. Mis apoderados trabajaban en ella, pero no me apoderaba Ramón Valencia.

Y los seis toros de Bilbao también marcaron un antes y un después.

Aquella tarde del 25 de agosto de 2007 fue fundamental. Una de las más importantes de mi vida. Como profesional, supuso una prueba conmigo mismo. Intentar ver dónde estaba mi límite. Fue una tarde emociones, de ver hasta dónde podía llegar. En una corrida normal, entre toro y toro descansas. Pero cuando matas seis, no puedes ni respirar porque todos son para ti, y tienes que salir de un toro a otro sin recuperar. Fue la tarde épica, muy bonita y que ha pasado los anales de la historia de Vista Alegre y de mi propia vida.

Hablemos de El Cid más personal.

Supersticioso no soy mucho, tengo mis manías. Pero no hay que perder tiempo en ser supersticioso, porque eso te quita espacio para otras cosas. Soy del  Betis,  me gusta el fútbol. Ser bético es un sentimiento. Es otra forma de ver el fútbol y la propia vida. Quizá el club no ha llegado a tanto por su forma de ser. También me gustan los caballos, la bicicleta. El cante flamenco, sobre todo gente como José Mercé y Camarón de la Isla. Y soy muy de la Semana Santa. Soy hermano del Baratillo, del Gran Poder y de la Virgen de la Oliva de Salteras, que le ha llevado siempre conmigo.

Y sobre todo, le ha gustado siempre ver, oír, callar y aprender.

Muchas veces observando es como se aprende. A mí me gusta llevar ahora al campo a los tentaderos a chavales. Y les digo que se pongan delante sólo de los animales buenos. Porque a base de porrazos no se aprende. Y es que viendo a veces se aprende más que haciendo. Porque así no coges vicios que luego te duran toda tu carrera. Hay que captar, ser una esponja, y los mayores te pueden enseñar hacer las cosas mejor.

Valencia.

Es una ciudad que tiene una gran plaza y muy buenos aficionados. Tengo grandes recuerdos de ella. Allí toreé como novillero, y luego hice el paseíllo muchas tardes y triunfé. Especialmente emotiva fue la tarde del Pilar del año 2005. Fue el 20 de julio, le corté tres orejas a la corrida. También estuvieron aquel día muy bien César Rincón y el Juli. La verdad es que fue una tarde extraordinaria. Me llevé muchos premios.

Santisteban del Puerto: Cuatro Espectáculos Taurinos en su Ferias y Fiestas de Mayo

 La localidad jienense de Santisteban del Puerto ha programado un total de cuatro festejos taurinos para su Feria y Fiestas de Pascuamayo 2021. En concreto, serán una corrida de rejones, dos novilladas picadas y una sin caballos, los espectáculos previstos en la citada población entre el 20 y el 23 de mayo.

Los carteles son los siguientes:

Jueves 20 de mayo: Novillada sin picadores. Reses de la divisa de Roque Jiménez para Alejandro Peñaranda, Germán Vidal “El Melli” y Marcos Linares.

Viernes 21 de mayo: Novillada con picadores. Concurso de Ganaderías, con premio al Mejor Novillo. Ejemplares de Ruiz Cánovas y Martín Carrasco para Daniel Barbero y Gómez Valenzuela.

Sábado 22 de mayo: Corrida de rejones. Cornúpetas de Hnos. Collado Ruiz para Andy Cartagena, Sergio Galán y Sebastián Fernández.

Domingo 23 de mayo: Novillada con picadores. Concurso de Ganaderías, con premio al Mejor Novillo. Animales de las vacadas de El Cotillo y Guadalmena para Alejandro Gardel y Víctor Hernández.

Los festejos de los días 20, 21 y 23 de mayo comenzarán a las 19:00 horas mientras que la corrida de rejones del sábado 22 de mayo lo hará a las 18:00 horas.

Se cumplirán todas las leyes exigidas por sanidad debido al COVID-19. La mascarilla será obligatoria en todo momento.

CÓRDOBA ANUNCIA SU XXXI PREGÓN TAURINO

jueves, 6 de mayo de 2021

TOREROS HISTÓRICOS EN LA PLAZA DE TOROS DE RONDA (II). RAFAEL PÉREZ DE GUZMÁN, EL CABALLERO AFICIONADO.

Retrato de gentil hombre vestido de torero. Eugenio Lucas Velázquez (mediados del s. XIX). Colección de la Real Maestranza de Caballería de Ronda. Foto: José Morón.

TOREROS HISTÓRICOS EN LA PLAZA DE TOROS DE RONDA (II). 
RAFAEL PÉREZ DE GUZMÁN, EL CABALLERO AFICIONADO.

En la sala de Historia de la Tauromaquia de la Plaza de Toros de Ronda cuelga un retrato de este caballero torero. Según Adolfo Lozano en sus Anales de la Plaza de Toros de Ronda, intervino junto a Juan León y Lucas Blanco en dos corridas celebradas el 20 y 21 de mayo 1836. Nacido en Córdoba en 1802 o 1803, era hijo de los marqueses de Villamanrique del Tajo, del linaje de Alonso Pérez de Guzmán el Bueno, de la más alta nobleza española. Por tradición familiar, su padre lo lleva a Madrid a seguir la carrera militar, entrando a formar parte del Cuerpo de Guardia de Corps al servicio directo del Rey, Fernando VII. Pero su carácter desenvuelto se aviene mal con los modos palaciegos y al cabo de un tiempo solicita entrar en el Ejército.

Es de esa forma, más o menos en 1828, que llega a Sevilla como teniente del Regimiento de Caballería del Príncipe. Enseguida entra en contacto con su pariente Fernando de Espinosa, IV conde del Águila, y con la aristocracia campera, descubriendo la que sería su pasión en el manejo de reses bravas, en el acoso y derribo y participando en capeas, lo que le acerca al mundo que rodea a los toreros, flamencos y gente de toda laya, entre los que se siente como pez en el agua. Excelente jinete, un tanto calavera e inclinado a la juerga, “desprendido, sencillo y obsequioso”, comienza a entrarle el gusto por la tauromaquia. Tanto es así, que recibe clases de Pedro Romero y José Cándido en la efímera Escuela de Tauromaquia de Sevilla recién inaugurada por impulso de Fernando VII, y traba buena amistad con Antonio Montes Paquiro y Juan León, figuras del momento, que le ofrecieron siempre su apoyo.

Las recomendaciones que hace de él Pedro Romero le permiten estrenarse en una corrida benéfica en la Maestranza a favor de los presos pobres en la tarde del 23 de agosto de 1830. En el cartel se anunciaba que lidiaban caballeros aficionados, pero fue sólo Guzmán el que estoqueó, acompañado como auxiliares por los diestros Antonio y Luis Ruiz, del clan de los Sombrereros. La función fue un éxito y animó al protagonista a seguir la carrera de torero, solicitando su licencia absoluta del Ejército para disgusto de su familia por este desclasamiento.

Al año siguiente intervino en la plaza de toros de Aranjuez, restaurada después de un incendio, con Antonio Montes y Roque Miranda. Montes solicitó al Rey permiso para cederle el segundo toro, oportunidad que no desaprovechó, siendo muy aplaudido. Fue el impulso para estrenarse en Madrid poco después, con Juan Jiménez el Morenillo y Manuel Romero Carreto, y al caer enfermo el primero se tiraron cartelillos supletorios anunciando que “mataría uno o más toros, a su elección, Don Rafael Pérez de Guzman, caballero aficionado”.

Sería Carreto el que le daría la alternativa en junio de 1831 en la plaza de Madrid, comenzando una inusual carrera de primer espada que pasó por alto la preceptiva etapa de novillero de los demás. Benito Pérez Galdós lo menciona en su libro Mendizábal de los Episodios Nacionales: “En la Plaza admiraron la pericia del afamado matador Francisco Montes, y el arrojo y gallardía de D. Rafael Pérez de Guzmán, oficial del Ejército, de la noble casa de Villamanrique, que había cambiado los laureles militares por las palmas toreras, y la espada por el estoque (…) Fue la más grande notabilidad del arte en aquella década, después del maestro Montes. Con estos compartía el favor del público Roque Miranda, muy inferior a Montes y a D. Rafael en la suerte de matar, pero gran banderillero, capaz de poner pares en los cuernos de la luna”.

Toreó en las principales plazas de España, anunciado ya en los carteles sin el don. Se suceden hazañas y anécdotas, como la que protagonizó en Granada al matar él solo diez toros de seis años, el traje azul que le regaló en una ocasión la Reina Gobernadora María Cristina, o la tarde en la que, desarmado de la muleta entró a matar armado con un pañuelo. Dejó en los aficionados buen regusto por su temeridad, su temple y buen hacer, aunque no estuvo exento de críticas y recelos. En 1836 inició la temporada en Sevilla alternando con su buen amigo Juan León y Manuel Lucas Blanco, triunvirato que repetiría en Ronda, como ya se ha señalado. En las 19 corridas programadas en Madrid en 1837 salió a la arena en siete de ellas.

Corría el año de 1838. España se desangraba desde 1833 en una auténtica guerra civil, la Primera Guerra Carlista que se extendería hasta el final de esa década. Contratado de nuevo para una corrida en Madrid, Rafael Pérez de Guzmán se subió a un coche-correo para hacer el viaje desde Sevilla, escoltado por un pequeño piquete militar que protegía los transportes de las bandas de asaltantes que aprovechaban que la mayor parte de las tropas regulares se concentraba en las provincias del Norte. A la altura de La Guardia, provincia de Toledo, una partida asaltó el coche. Hay versiones confusas sobre el incidente, pero el torero debió salir del carruaje para hacer frente a los bandoleros, siendo alcanzado de un balazo. El caso es que la comitiva, repelido el ataque, siguió su camino dejando atrás el cuerpo del desventurado caballero.

D. Rafael Pérez de Guzman. «La Lidia», 
año II, nº 40, 10 diciembre 1883. Biblioteca-RMR.

Los vecinos de La Guardia recogieron el cuerpo y procedieron a darle entierro de primera categoría aún sin saber quién era, pero sospechando de su categoría por detalles de su indumentaria: trenza delgada, “como las que gastan los lidiadores de toros”; rulos de seda llamados de cabeza de turco; calzoncillos de lienzo y algunas prendas más “de la de la alta clase”, como cintas de terciopelos, o calcetas con una R bordada con hilo de seda, según consta en el certificado oficial.

Respecto a la corrida del 23 de abril en la que estaba anunciado, la empresa abonó el salario por la faena que no pudo hacer. En una nómina de lidiadores que se conserva en la Biblioteca Nacional se menciona el siguiente texto: “Francisco Montes [cobró] 3.000 reales; Roque Miranda, 1.600 y Rafael Pérez de Guzmán, 1.000, que no llegó a tiempo, se le abona sin embargo su haber con arreglo a lo convenido con sus compañeros que le suplieron”. Su tumba definitiva se instaló en el Monasterio de San Isidoro del Campo, a las afueras de Sevilla, hoy cementerio municipal de Santiponce.

Bibliografía
  • Bedoya. Historia del toreo y de las principales ganaderías de España, Madrid, 1850. Publicado por Egartorre Libros, Madrid, 1989.
  • Sánchez de Neira. El Toreo. Gran diccionario tauromáquico. Madrid, Imprenta de Miguel Guijarro, 1879 (Madrid, Turner, 1988).
  • Pérez de Guzmán. Antecedentes y vida torera del caballero y lidiador cordobés D. Rafael Pérez de Guzmán el Bueno. Madrid, Imprenta Francisco G. Pérez, 1886.
  • Claramunt. Historia ilustrada de la Tauromaquia. Madrid, Espasa Calpe, 1989.
  • Daniel Tapia. Historia del toreo, vol. I. Madrid, Alianza Editorial, 1992.
  • Luján. Historia del toreo. Barcelona, Destino, 1993.
  • Rivas Santiago. Toreros del romanticismo (anecdotario taurino), pról. de J. Belmonte, Madrid, Aguilar, 1947 (Madrid, Aguilar, 1987).

Pontevedra tendrá su feria taurina 'Virgen de la Peregrina'


Para estas funciones son seguros El Juli y Enrique Ponce y se quiere rematar los carteles con otras figuras, entre las que podría estar el rejoneador Diego Ventura.

 Pontevedra quiere recuperar su feria

  • Si la situación sanitaria lo permite se darán dos corridas en agosto.

Pontevedra recuperará la feria de La Peregrina y, los días 7 y 8 de agosto, siempre que las autoridades sanitarias den el visto bueno a la celebración de eventos con público, los hermanos Lozano darían sendas corridas de toros.

Para estas funciones son seguros El Juli y Enrique Ponce y se quiere rematar los carteles con otras figuras, entre las que podría estar el rejoneador Diego Ventura.

En cuanto a las medidas de seguridad que habría que acatar para la celebración de los festejos, se está estudiando una reducción de aforo, distancia entre asistentes, circuitos diferenciados de entrada y salida y uso de mascarilla obligatorio, entre otros.

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