
Del toro al infinito
“el nacimiento de la Fiesta coincide con el nacimiento de la nacionalidad española y con la lengua de Castilla……… asi pues, las corridas de toros…….. son una cosa tan nuestra, tan obligada por la naturaleza y la historia como el habla que hablamos.”. R. Pérez de Ayala
la suerte suprema
Pepe Bienvenida / La suerte suprema
lunes, 3 de agosto de 2026
Pobre rey…es un rey con minúsculas casado con una mujer que desvaría…

Más de lo que podemos tolerar / por Rafael Nieto
'..El abandono de los ceutíes, literalmente atropellados en sus calles por decenas de miles de salvajes y delincuentes marroquíes, debería ser objeto de juicio en el futuro. Y ojalá también de severas condenas. No debemos olvidar ni perdonar, porque esto es un acto supremo de traición al pueblo español..'
Más de lo que podemos tolerar
No veo necesario insistir en los detalles que seguro han visto ustedes estos días en las dos ciudades autónomas, y que demuestran hasta qué punto es la España actual lo más parecido a un Estado fallido que hay probablemente en toda Europa: una nación esclerotizada e impotente, sin la menor capacidad de reacción ni respuesta ante ningún problema. Incapaz de quitarse de encima el lastre insoportable de la peor generación de políticos de su historia, con diferencia. En manos de una banda organizada para delinquir desde el poder.
Cuando no pasa nada grave, uno puede incluso tomarse con humor el hecho de que estén en la más alta institución la gente con el andamiaje intelectual más modesto que hay. El problema llega cuando viene algo grave: ¿Cómo va a reaccionar enérgicamente ante Marruecos un presidente que sabe que el régimen alauí tiene en su poder información muy sensible sobre él y su entorno? Imposible. Tampoco lo haría aunque pudiese. En el fondo, quienes odian España lo que desean con toda su alma es la destrucción de nuestra patria. Y Sánchez ha demostrado muchas veces que odia España.
La invasión marroquí de Ceuta estaba perfectamente programada, como fácilmente se deduce de los hechos ocurridos. Es lo que se conoce como «guerra híbrida». Mohamed VI, aliado de EEUU, es conocedor de la extrema debilidad del Gobierno español, cercado por la corrupción y las sentencias judiciales. No lo dudaron. Marruecos quiere que Ceuta y Melilla sean suyas, y quizá también Canarias; hasta ahora no se atrevieron a mover ficha. Hasta ahora, cuando han visto que, con las cartas a su favor, podían ganar fácilmente la partida.
El abandono de los ceutíes, literalmente atropellados en sus calles por decenas de miles de salvajes y delincuentes marroquíes, debería ser objeto de juicio en el futuro. Y ojalá también de severas condenas. No debemos olvidar ni perdonar, porque esto es un acto supremo de traición al pueblo español. Independientemente de cómo termine este episodio, Sánchez y sus marionetas ya han demostrado, una vez más, que no se puede contar con ellos para nada bueno. Al revés, en lo que dependa de él y de sus ministros, el desastre nacional está garantizado.
Los miles de muertos por la pésima gestión de la pandemia; los muertos provocados por la DANA y los incendios (debido a la falta de limpieza de ríos y montes); los muertos provocados por el apagón; los muertos provocados por el accidente de tren de Adamuz (por falta de mantenimiento de las vías férreas). Y ahora, este acto de suprema traición dejando sin defensa una parte de España invadida por los sarracenos. Es demasiado. Es mucho más de lo que podemos tolerar.
¿Y qué podemos hacer?, me preguntan a veces. Lo primero, rezar. La oración es la herramienta más poderosa que existe. Lo segundo, hablar en las urnas dentro de unos meses, con la fuerza de la razón. Sacando del poder a esta mafia de la única manera que se puede: con una derrota humillante que lleve al PSOE al borde de su desaparición. Dando a los traidores lo que se merecen. Rescatando España de una pesadilla que ya dura demasiado tiempo.
El precio de las llaves de La Misericordia / por Sergio Hueso

RESURRECCIÓN DE ANTOÑETE / por Carlos Horacio Reyes Ibarra "Alcalino"
En México estamos conscientes de que nuestra tauromaquia agoniza. Pero está en el ADN de nuestra afición esa rebeldía última del que no se resigna y lucha hasta el final.
El autor de esta columna abraza decididamente la convocatoria lanzada por el distinguido escritor y crítico taurino Leonardo Páez a “aficionados y peñas pensantes: a) ¿Qué ocurrió con la tradición taurina de México?, y b) ¿Qué se puede hacer con lo que queda de ésta? Las respuestas-propuestas, con extensión máxima de dos cuartillas a doble espacio, pueden enviarse a fiestaenpaz@gmail.com para su publicación.”
Este columnista –es decir, el tal Alcalino—anima a sus lectoras-lectores a pronunciarse al respecto. La mirada desde fuera de nuestro país es tan importante e ilustrativa como la de quienes vivimos la situación desde dentro. No podemos renunciar a nuestra capacidad de análisis, suma de inteligencia y sensibilidad taurinas.
Pongo también a su disposición mi dirección electrónica para la recepción de textos alusivos, en la seguridad de que serán remitidos de inmediato al colega convocante.
Gracias anticipadas.
RESURRECCIÓN DE ANTOÑETE
La historia de Antoñete es de las que embellecen el siglo de oro del toreo. Lo embellecen y lo humanizan, porque le quitan al arte lo que suele tener de logro ostentoso y vanidosa conquista. Desde la sencillez del hombre y la grandeza de su obra. Sin el glamour de lo pretencioso ni la fatuidad del que lo ha conseguido todo y exhibe su arrogancia con aires supremacistas. Porque este tipo, esta actitud ante la vida, está en las antípodas de Antoñete, con su humildad congénita, su halo de seductor y su solapado pero irrenunciable antifranquismo. Lo cual no lo define como torero pero sí obstaculizó notablemente su carrera, mientras contaminaban sus pulmones cantidades industriales de nicotina.
El año 65 marcó el punto de mayor euforia del cordobesismo pero fue también el de la reaparición de Antonio Ordóñez y, desde su atalaya, de la restauración de lo clásico. Ellos dos, el ortodoxo magistral y el heterodoxo extremo, acapararon la temporada, a despecho de las figuras restantes, que no eran pocas ni cedían en méritos ante Ordóñez y Benítez que, sin embargo, y aún sin coincidir en ningún cartel, se hicieron los amos de la taquilla. Estuvo San Isidro para verificarlo, aunque El Viti abriera dos veces la puerta grande –una con miuras—en tanto Camino, el eterno triunfador, completaba una de sus isidradas más discretas.
Concluida la feria, se esperaban con interés las corridas dominicales del verano, que en ese entonces aún concitaban expectativas. Despuntaba el mes de agosto y, en los corrales de Las Ventas, una señora corrida de toros, con el hierro de Félix Cameno, esperaba en pie de guerra a los guapos que quisieran salirle al encuentro. Sin inquietar a Livinio Stuyk que, como viejo lobo, sabía que nunca faltan modestos dispuestos a dejarse anunciar a cambio de casi nada. Por lo pronto dos, un mexicano y un español, con más apremios que contratos. Uno, el hidrocálido Jesús Delgadillo “El Estudiante”, apenas había toreado desde su alternativa en Barcelona (06.09.64), ese bastión mexicanista de siempre; al otro, el albaceteño Pepe Osuna, una alternativa express en Tijuana (10.06.62) no consiguió sacarlo del anonimato.
Unos días antes del 8 de agosto, Osuna –más pequeñito aún que Eloy Cavazos-- coincidió con Antoñete en el patio de cuadrillas de un pueblo de Valladolid donde toreaban un festival, y aprovechó para enterar a Chenel de que sería él su padrino de confirmación en Las Ventas. El veterano se debatía entre la duda de torear esa corrida o hacerse banderillero, tan apremiante era su coyuntura de recién divorciado, moral y económicamente arruinado y sin ningún contrato desde el año anterior a ese caluroso verano en que la soledad y el abandono lo estaban carcomiendo por dentro.
Cuando Chenel le expuso a su cuñado Paco Parejo lo desesperado de su situación y la decisión de pasarse a las filas subalternas como medio para ganarse la vida, Parejo, que era el guardaplaza de Las Ventas, más que intentar disuadirlo con palabras lo invitó a contemplar el muy serio encierro de Cameno encerrado en una de las corraletas del coso, al tiempo que le ofrecía, como última carta a jugar, su intercesión ante la empresa para que lo anunciara con esos toros, previstos para lidiarse en uno de los primeros domingos de agosto.
La corrida. Felices tiempos aquellos en que el graderío de Las Ventas podía llenarse fuera de San Isidro, según denotan los veinte mil espectadores de que dan cuenta las crónicas del festejo. Poco se sabía de la divisa anunciada, pero no de la leña que portaba el voluminoso encierro de Félix Cameno. Además, sobraban aficionados de solera para quienes Antoñete seguía siendo una secreta ilusión. Por otra parte, en el expediente madrileño de El Estudiante constaban buenas notas de su etapa novilleril, y solo Pepe Osuna era una incógnita total.
El caso es que el albaceteño cayó de pie. Su primer toro, prófugo en varas y casi sin picar fue penalizado con banderillas negras, pero Osuna no se arredró por ello, y como el veleto resulta que llegó noblón a la muleta, consiguió una faena interesante, en la línea del denuedo y la valentía que, bien rematada con la espada, valió para una aplaudida vuelta al ruedo. Misma que se repetiría a la muerte del quinto, al que Pepe asimismo se arrimó con igual decisión y frescura.
Oreja al mexicano. Jesús Delgadillo -anunciado en España con el apellido “Delgado”, quizá para eludir el aplicado allá a Harold Lloyd, legendario cómico del cine mudo--, recibió al tercero, “Italiano”, con dos largas de rodillas, lo veroniqueó sin probaturas y le hizo un ovacionado quite por chicuelinas antiguas –confundidas con la vieja “navarra” por la crítica hispana. El de Cameno respondía con clase y el hidrocálido, que inició la faena sentado en el estribo, fue redondeando un muleteo a más, cuya fase más distinguida surgió cuando ligó un par de templadas tandas izquierdistas. Y como lo estoqueó por todo lo alto, la petición de oreja fue unánime y Jesús paseó el apéndice auricular entre ovaciones.
Aplomado y medio cojo el cierraplaza, el de Aguascalientes optó por una plausible brevedad.
Chenel obra un milagro. El de su resurrección como artista clásico del toreo, nada menos. Quien llevaba más de un año sin torear, y no menos de cinco sin alcanzar siquiera diez corridas, dio una lección magistral de torería eterna, convirtió al antoñetismo a la plaza entera y le abrió una etapa rutilante –aunque breve—a su tambaleante trayectoria.
Pero mejor dejemos que dos de los más calificados cronistas presentes en Las Ventas aquel 8 de agosto de 1965 nos hablen del suceso.
K-Hito. “No miento. No fui yo sólo el que lo vio sino veinte mil espectadores más, que también desparramaban la vista por las regiones etéreas. Duró poco el fenómeno, que los sabios explicarán mejor (…) Pero, amigo, una hora después, de nuevo el objeto incontrolado. Otra vez las ráfagas luminosas, ahora más continuadas, más sostenidas, hasta deslumbrarnos a todos.
--Es un platillo volante—sugerí quedamente (…) –Lo tripulan seres de otro planeta—respondió el de al lado (…) –No—dijo el de más allá –es Antoñete—
Antonio Chenel “Antoñete” que, en efecto, aparece cuando nadie lo espera; desaparece un instante después y échele usted un galgo. Hasta el año que viene; hasta dentro de dos años… (…) Sí, era Antoñete con su mechón blanco a la federica. Era ese gran torero. Y estábamos, por más señas, en la plaza de toros de Madrid. Antoñete que, como el comendador, se filtra por las paredes cuando le viene en gana. Que aparece por el ruedo de higos a brevas y que nadie sabe dónde se entrena, porque está puesto. Como si toreara tanto como quien ustedes saben. ¿De dónde, si no, iban a salir las estupendas verónicas de su primer toro? ¿De dónde, si no, iba a improvisar aquellos pases de tanta categoría y solera? Se le fue la mano al matar y el sable quedó atravesado. Perdió la oreja pero dio vuelta a la periferia.
Si aquello llamó la atención, ¿qué decirles a ustedes cuando en el cuarto toro volvió con sus bengalitas deslumbrantes? Entonces abrió el arcón donde guarda su clasicismo entre manzanas para que huela mejor, y nos dejó estupefactos (…) En verdad no era un platillo sino un plato fuerte. Una paella, un pote gallego, una fabada asturiana (…)
Faenaza rebosante de maestría. ¡Está como nunca! Diga usted que sí. Los que gustan rebañar de los mejores guisos la gozaron. Y de postre, una gran estocada. Dos orejas por aclamación. Antoñete se las guardó debajo del chaleco, entre la camisa de buñones, y da orden de que al toro le corten también la cabeza.
La última llamarada y adiós, gracias. Nos quedamos con la boca abierta.” (Molés, Manuel. Antoñete, el Maestro. Edit. El País-Aguilar. Madrid, 1996. pp 108-109. Reproducción de la crónica de Ricardo García “K-Hito” publicada en Dígame el 10 de agosto de 1965)
“Antoñete: ese gran torero” Así encabezó su crónica el autor anónimo del semanario El Ruedo, con una declaración rotunda sobre los alcances de un hombre con ya 12 años de alternativa y muy poca participación en las temporadas de los años 60, cubiertas por un elenco de excelentes intérpretes del viejo arte de Cúchares por encima de los cuales se encaramó la figura controversial de Manuel Benítez “El Cordobés”, esa especie de cuerpo extraño incrustado en el organismo taurino de España y el mundo. A continuación, lo más sustancioso de dicho texto:
“Mientras los fenómenos hacen su agosto en las ferias de Málaga y San Sebastián, dos toreros modestos y otro olvidado salieron a pechar con una corrida de toros ¡Así como suena! Toros de Félix Cameno que no bajaron de 517 kilos y llegaron a 551 (…) He aquí la tremenda injusticia de la fiesta: toros cómodos para toreros grandes y corridas con toda la barba para muchachos que se visten de luces de guindas a brevas. Honorarios largos para riesgos pequeños y sueldos chicos para peligros grandes…
El domingo en Madrid vimos una gran corrida. Esto no quiere decir que los tres toreros salieron por la puerta grande ni que los toros hayan merecido la vuelta al ruedo. Fue sencillamente que en la plaza estuvo el toro y, entre otros detalles estimables, los cinco primeros murieron de cinco estocadas. Y, sobre todo, que con el toro resucitó Antonio Chenel, cárdeno de olvido, ese clásico peinado a raya de torero antiguo. Resucitó Antoñete con el mismo empaque de siempre y una sobria arrogancia de valiente auténtico (…) La plaza se llenó con el regusto que puso el madrileño sintiendo el toreo (como) la exacta encarnación del valiente con ese primer toro, veleto escobillao (…) el trago de pasar de dos años del butacón familiar y la copa de whisky a la cara del toro, cuando ya se ha dejado atrás lo mejor de la carrera y el brío de la juventud. Pero Antoñete parecía que no había dejado de torear. Suya fue la sabia dirección de lo que podía haber sido una capea. Suyo el capotazo oportuno para poner en suerte al toro que venía suelto del caballo, y suyo el toque imperceptible para dejar seca una arrancada que hacía hilo con un banderillero.
Antoñete toreó con arte a sus dos toros. En el primero dio la vuelta al ruedo porque su torerísima labor estuvo apagada por lo aplomado del toro. Hacía falta ser un torero de cuerpo entero para estar dónde y cómo estuvo Antoñete. Y con el cuarto cuajó la faena de la tarde y de muchas tardes; cada muletazo tuvo armonía, aplomo y suavidad. Toreó lentamente al natural y abrió el compás con la derecha. Aguantó limpia y largamente en los pases de pecho y mató de una soberbia estocada. Dos orejas. Y Antoñete, serio (con esa seriedad que debió tener mucho de examen de conciencia), paseó su cabeza cárdena por ese ruedo al que revistió de solemnidad, pese al turismo nacional y extranjero que sigue llenando Las Ventas.
El Estudiante, de Méjico, cortó una oreja, y Pepe Osuna dio dos vueltas al ruedo. Uno y otro hicieron lo que sabían y podían. El mejicano estuvo correctamente frío en el tercero, al que saludó con dos largas afaroladas de hinojos para lucirse después en un vistoso quite por navarras. La faena, comenzada con pases en el estribo, tuvo momentos estimables toreando al natural, con la muleta cogida por el centro del palo y embarcando bien al toro. Con el sexto estuvo con menos sitio y más sosería.
Pepe Osuna confirmaba la alternativa (…) Jamás vimos juntos torero más pequeño ni toro más grande. Osuna puso coraje y buscó el triunfo con ese toreo rabioso del molinete de rodillas, la espaldina y el desplante, porque su corto brazo no le permitía mandar con desahogo. Y las dos veces se fue decidido detrás de la espada.
Don Félix Cameno mandó una señora corrida, que es lo menos que se debe mandar a Madrid (…) Después resultaron mansos, huyendo de los caballos o saliendo rebotados. Al primero, ante la imposibilidad de picarlo, le pusieron banderillas negras. Pero esta corrida, mansa para el ganadero, salió toda ella toreable (…) y la mayoría, cuando supieron templarlos, sacaron también templada arrancada (…) Total, una tarde que merece ser apuntada como tema para las tertulias del próximo invierno.” (El Ruedo, 10 de agosto de 1965)
Lo que vino después. Serenados los ánimos que la apoteosis veraniega de Antonio Chenel Albaladejo (Madrid, 1932-2011), el empresariado tomó nota pero sin dar su brazo a torcer. Con todo, la empresa madrileña decidió repetirlo con una corrida dura –de Escudero Calvo, los actuales victorinos— al lado de otro azteca, el regiomontano Fernando de la Peña, que resultaría herido ese día por el toro de su confirmación (22.08.65), y una más durante la feria de otoño, ocasión en la que Antoñete volvió a triunfar, si bien moderadamente. Cayó así el contrato para dos corridas del San Isidro siguiente.
En el libro de Molés, Antonio rememora la propuesta de Livinio Stuyk: una corrida “buena”, de Juan Pedro Domecq, al lado de El Cordobés; y otra “menos buena”, con Fermín Murillo y Victoriano Valencia como alternantes para despachar un encierro de Osborne. En éste venía el famoso “Atrevido”, el toro “blanco” de la leyenda sin fin.
Así triunfó en Madrid el hidrocálido JESÚS DELGADILLO “EL ESTUDIANTE” (larga de rodillas, chicuelina antigua, muletazo sentado en el estribo, derechazo, natural, estocada y oreja)
El torazo que abría plaza no quiso nada con los picadores (castigado con banderillas negras), pero su docilidad hizo posible una valerosa faena de PEPE OSUNA (se ciñe en el derechazo y no tanto en el natural)
domingo, 2 de agosto de 2026
Las Ventas es así / por Rafael Comino Delgado
Pero volviendo a Madrid, su afición tiene también sus cosas, a veces creo que injustas, y concretando un poco más, el tendido 7 es muy exigente con toros y toreros, hasta tal punto de que a veces, creo se pasan, pero al mismo tiempo he de decir que si no existiera habría que crearlo, aunque no sea justo en todas sus decisiones, pues nadie es perfecto. Exigen un toro con gran trapío, lo cual es lógico, muy enrazado y encastado, con poderío, que trasmita gran emoción al público, con lo que estoy de acuerdo, aunque a veces protestan a un toro por falta de trapío y luego es muy bravo, con clase y poderío, y las lanzas se tornan cañas, es decir, le aplauden porque, al fin y al cabo, para los aficionados de Madrid, y de todo el mundo, lo más importante es que el animal sea bravo y tenga poderío y clase, características que hacen olvidar el trapío.
Un aspecto que demandan constantemente en Madrid, es que el torero se cruce al citar, y creo que muchas veces se equivocan, porque en el pitón contario el torero está más protegido que al hilo del pitón. Y esto no es que lo diga yo, que lo digo, es que lo han dicho profesionales de la categoría del maestro Enrique Ponce. Creo, y así lo he aprendido de los profesionales, que lo ideal en el buen toreo es ponerse en la rectitud del toro (aunque cada toro tiene su sitio, su distancia y su altura), y vaciar la embestida quedándose también en la rectitud del toro, para ligar el siguiente muletazo, lo cual es muy difícil, se expone una barbaridad. Otro aspecto que censuran es que el picador sobrepase la primera raya porque el toro no se arranca, ignorando que cuanto más separado de las tablas esté más riesgo corre, pues dicha raya se puso a petición de los picadores, en cambio aplauden puyazos muy traseros e incluso caídos, lo cual les desacredita como aficionados. Precisamente en Ceret (Francia), el pasado mes de julio han suprimido la rayas de picar en el ruedo, petición de la Asociación de aficionados, porque entienden que no aportan nada.
Un tema, incomprensible para mi, es que en Madrid el indulto de un toro no existe en la práctica. En artículo publicado en este mismo medio, ya tocábamos este tema, refiriéndonos al toro Cantaor, de don Victoriano del Rio (que en nuestra opinión mereció el indulto, aunque nadie lo pidió), lidiado por el maestro Castella en San Isidro de 2026, y citábamos el único indulto en dicha plaza, cual fue el de Belador, de don Victorino Martín. Si a Madrid los ganaderos llevan lo mejor, en todos los aspectos, de sus camadas, ¿cómo es posible que no salgan toros merecedores del indulto, para preservar las buenas hechuras, la bravura, la casta y clase en su embestida, del toro de lidia? Y no es que no hayan salido muchos merecedores del indulto, es que en las Ventas ni se lo plantean, creyendo que con ello mantienen la pureza de la Fiesta, cuando en realidad le están haciendo un mal. El mismo don Victoriano del Rio -sus toros han propiciado 12 puertas grandes en Madrid- y otros ganaderos, seguro que han echado toros que merecían con creces el indulto, para engrandecimiento de la Tauromaquia en general. En conclusión, Madrid es y debe seguir siendo la primera plaza del mundo, aunque si corrigen algunos de sus errores mejor, en mi modesta opinión. Y mejor aun si sus presidentes siempre utilizan los mismos criterios, porque algunas veces no lo hacen.
Donde acaba el espigón, siguen las boyas / por HUGHES
Castrejón de Trabancos: Los vinos y el rejoneo en un pueblo de 171 habitantes.
'..Castrejón de Trabancos tendrá su día de gloria al celebrarse en su Consistorio una cata de vinos donde, seis Verdejos de seis importantes bodegas de su entorno, se ofrecerán a los catadores, aderezada con las historias e imágenes y vídeos de seis de los mejores rejoneadores del momento: Lea Vicens, Diego Ventura, Sergio Galán, Andy Cartagena, Guillermo Hermoso de Mendoza y Sebastián Fernández..'





