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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

domingo, 12 de abril de 2026

Mario Vargas Llosa y su amor a los toros / por Pepe Campos


'..La afición a los toros de Mario Vargas Llosa se forjó en su infancia cuando en la ciudad de Cochabamba, en el entorno familiar de los Llosa —familia materna— su abuelo le llevó a ver su primer festejo cuando Mario tenía nueve años..'

Mario Vargas Llosa y su amor a los toros

En el primer aniversario de su muerte, un recuerdo a la afición taurina del escritor.

Por Pepe Campos
El aniversario de la muerte de Mario Vargas Llosa hace idónea una reflexión sobre su afición a los toros que siempre —a lo largo de su vida— proclamó y explicó. Pocos intelectuales de calado le fueron quedando a la tauromaquia, como defensores de la misma, entrado el siglo XXI, principalmente porque muchos de los denominados hombres ilustres de la cultura hispana habían y han decidido desde hace mucho tiempo ausentarse de todo debate social relacionado con las señas de identidad de su propia nación. Viene a ser un fenómeno amplio de aculturación anglosajona, ahora globalista, que ha sufrido la intelligentzia española desde los años sesenta y setenta del siglo XX —en líneas generales, ya una «inteligencia» poco relevante, por su bajo nivel creativo respecto a otros periodos—. Dicha mutación se fue ubicando en las proximidades de una visión de la vida adherida a un sistema democrático abusivo con el pasado español, si del terreno histórico hablamos. En definitiva la intelectualidad de nuestro país se ha visto inclinada —por un complejo de cariz democrático, en apariencia— a verse reconocida como un movimiento moderno simpatizante de las proclamas surgidas del mayo del 68, por poner una referencia que nos instale en este nuestro tiempo, como puede ser el desapego a la estructura familiar, al amor leal, al derecho a la vida, a los valores de la historia —maestra de la vida— y a la propia tradición —ya sea en el pensamiento, en lo literario, en lo musical, en torno a los ritos y las fiestas—. Todo lo ajeno y más si es anglosajón, en cambio, ha arraigado en un ambiente cultural de mínimos, que hemos vivido y soportado, desde la inmersión en la llamada transición a la democracia. Y esto no ha ayudado a que los hombres de cultura se planteen entender el hecho taurino.

Hubo todavía, no hace demasiado, una época donde las figuras históricas de la cultura hispana vivían —no habían desaparecido— y sustentaban el nervio que la producción artística de un país debe tener. Fueron extinguiéndose y con ellos toda relación con la rica tradición hispanoamericana. Si hablamos de literatura, por ejemplo, teníamos a Gonzalo Torrente Ballester, a Miguel Delibes, o a Camilo José Cela, y a otros; o bien a Jorge Luis Borges, Juan Carlos Onetti, Octavio Paz o Gabriel García Márquez. Podría buscarse la misma valoración en otros campos, pero no es cuestión de extenderse. En este sentido, parece que sobre esa pléyade de creadores de la hispanidad en distintas áreas creativas, cuando se concedió a Mario Vargas Llosa el premio nobel de literatura de 2010 —de los últimos concedidos con valor auténtico—, por su figura y su significación, se mantenía en el tiempo esa etapa de la cultura hispana, que parecía permanecer y que no se había acabado

Mas vayamos a nuestro tema. En aquellos años que hemos referido los intelectuales podían ser antitaurinos —toda una elección, seguramente bien meditada—; no obstante, estaban próximos al suceso taurino como un hecho perteneciente a la idiosincrasia de lo hispánico. En 2010 —prohibición de la tauromaquia en Cataluña— el infortunio había llegado y era una realidad. Casi todas las figuras de nuestro reciente pasado histórico, no sólo habían muerto sino que no habían sido sustituidas dentro del tejido cultural por otras con la misma valía. Hoy, nos encontramos en un páramo en lo referente a la creatividad y a la opinión, sin personalidades de fuste, y observando que los nuevos personajes de la cultura, habitan en la aceptación de normas buenistas globalizadoras, provenientes de añejas ideologías revolucionarias. Todo esto, como decíamos, les aleja de tener interés por la tauromaquia y de poder entenderla o, en otro sentido, sobrellevarla.

Los toros, un área privada y recóndita

Por lo expuesto más arriba destacamos el compromiso mantenido por Mario Vargas Llosa alrededor de la tauromaquia. De entre lo escrito y lo manifestado por el autor peruano sobre el mundo de los toros —la mayoría breves artículos—, como primera observación, encontramos una firme creencia, por parte de él, en la imposibilidad de que pueda existir un fluido diálogo entre quienes entienden el arte taurino y aquellos que lo atacan y lo denigran, debido a que ambos tipos de personas se mueven en esferas de comprensión y valoración totalmente opuestas. Así, para Vargas Llosa, los amantes de la fiesta taurina, en su ánimo y en su inteligencia, existe una predisposición honda a la hora de penetrar en los secretos de la tauromaquia, es una inclinación natural y espiritual de la persona que la conecta con un arte que no se puede explicar desde la racionalidad —este es un motivo de que en las conversaciones o debates entre taurinos y antitaurinos se dé la frustración—, porque es un arte, el de los toros, que se mueve en el territorio «de las emociones y de las sensaciones». Este aspecto, como actividad, lo conecta con otras artes volátiles, efímeras, que nacen y mueren según se dan y se representan, como son la poesía —al leerla y al escucharla— o la música, por ejemplo. No es posible una segunda contemplación de igual magnitud en ninguna de ellas. Así «la sensibilidad y la intuición» de cada persona o aficionado decantan la afinidad por gustarlas y entenderlas. No todo el mundo tiene por qué captar lo que estas artes transfieren y transmiten al producirse —en el caso del toreo, un arte analfabeto, como dijera José Bergamín, porque nace y muere en un instante y se realiza con un componente de conocimiento pero que requiere improvisación—. Por ello, la íntima manera de cada individuo de asimilar el mundo, determina —aparte del contexto histórico, social y familiar— que se pueda sentir y se disfrute este arte, el taurino, milenario, mediterráneo, español e «interplanetario», según exponía esto último Bergamín—.

Sí, el toreo, un arte de traza universal; no obstante, de percepción, íntima, privativa, existencial —adherido a nuestra manera de ser y de encauzar la vida— y liberal. Hablar sobre él, para explicarlo, requiere un mismo plano de receptividad y de cultura en el receptor. En un sentido más concreto, Vargas Llosa, vislumbraba un área recóndita de sapiencia popular —si bien, aristocrática— y antropológica, en la tauromaquia, que se escenifica, como un ejemplo, una cala, en los controvertidos «silencios» de Sevilla, en su Real Maestranza. Serían silencios, en este caso, que definen la finura que posee el pueblo andaluz, depositario de conocimientos naturales no normativos, sino ancestrales, transmitidos por medio de la cultura de la sangre, de lo verdaderamente genuino, cuando un pueblo atesora lo mistérico y lo metafísico. De ahí, para Vargas Llosa, surge ese instante de silencio colectivo previo a un momento de «milagro» artístico, cuando se puede alcanzar en la futura acción aquello que por bello y profundo no se consigue luego explicar racionalmente y sólo es factible sentirlo, en el mismo momento que se genera, con el intelecto del alma. 
Los silencios de Sevilla sabemos que pueden reflejar un mundo irreal, teatral, de posible poca exigencia ante el propio espectáculo —ante un toro de escasa fiereza y de pobre verdad artística por parte del matador—, si bien Vargas Llosa quiere ver en ellos otra perspectiva, una especie de revelación de la sabiduría andaluza, intransferible, un estado de ánimo de un pueblo antiguo y diligente, que es señalado de bullanguero y superficial, pero que en verdad posee una agudeza inmemorial. En un plano ideal, en una excelsa lidia y ante una faena regia del matador es posible que pueda aflorar —por qué no—, y anticiparse ese silencio —no cuando no hay nada que decir— sino cuando «la lidia adquiere un estado de absoluta armonía entre el toro y el torero». Si el público de los toros se adelanta —se anuncia— con un silencio expectante —una esperanza— a esa coyuntura del prodigio artístico taurino, entonces, ese instante —esa comunión—, donde se detiene el tiempo, tiene toda su validez.

Los toros desde la infancia, la familia y la localidad: Antonio Ordóñez

La afición a los toros de Mario Vargas Llosa se forjó en su infancia cuando en la ciudad de Cochabamba, en el entorno familiar de los Llosa —familia materna— su abuelo le llevó a ver su primer festejo cuando Mario tenía nueve años. Este es un suceso determinante para muchos futuros aficionados: la entrada en el complejo mundo taurino por medio de un familiar —que casi siempre ha sido el abuelo, a veces, el padre— que decide compartir su afición con su nieto o hijo. En el caso de Vargas Llosa acudir a aquella su primera novillada «de la mano del abuelo Pedro» fue fundamental. La plaza de toros de Cochabamba estaba en un alto, y ese camino hacia el coso fue un momento que nunca olvidó. Luego, el contacto con el mismo espectáculo pleno «de gracia, valentía, invención y brujería, de garbo, hondura y pinturería», tanto que a él le produjo «fiebre» por lo taurino. Ya quiso ser torero, desde entonces. Esto, como sabemos, no llegó a cumplirse, pero sí se mantuvo para siempre «su afición por la fiesta»; porque ha sido un fiel espectador de numerosas corridas en diferentes escenarios (Lima, Madrid, Sevilla…). 

Ese entusiasmo que él sintió por los toros ya tenía el previo abono de las conversaciones escuchadas en su casa porque varios familiares eran muy aficionados, en este caso eran belmontistas, partidarios del «coraje» de Juan Belmonte, y no tanto de «la ciencia de Joselito». Muchas de estas cuestiones las explicó Vargas Llosa en su excelente artículo «La capa de Belmonte» (2003). La excitación de la familia cuando se toreaba de salón en su casa con esa capa que veneraban, era portentosa; y aquellos pasajes visuales, Vargas Llosa los recordará como un momento de oro de su infancia. Como complemento de aquella época, para querer ser torero y para sentir pasión por la tauromaquia, también cohabitó en su fantasía —nos dice en ese memorable artículo— el impacto que le produjo, por aquellos años, ver en el cine la versión de Sangre y arena de Rouben Mamoulian. La locura se desató en su imaginario, y se extendió, no sólo a torear de salón, sino a ver toros en Lima, en las plazas de Acho y en la Monumental.

De ver toros en Acho vino su primera adhesión a un torero que se mantuvo toda su vida, y fue estar seguro —después de verle por primera vez— que Antonio Ordóñez ha sido uno de los mejores toreros que han existido en la segunda mitad del siglo XX. Vargas Llosa piensa que Ordóñez fue el restaurador del toreo rondeño en aquella época, un concepto que coincide con el criterio de Guillermo Sureda —para quien este matador devolvió a la tauromaquia la necesidad de cargar la suerte en aquellos años cincuenta del siglo pasado—. La máxima valoración del toreo de Ordóñez se ha dado en lo manifestado por críticos como Gregorio Corrochano o Antonio Díaz-Cañabate, que le vieron toda su trayectoria, digamos, coincidiendo en que era un torero con una tauromaquia, a la vez, de pureza y de arte. Vargas Llosa dirá de Ordóñez que era un «maestro del toreo profundo, del pase sosegado y esencial, dueño del espacio y del temple». Esta manera de entender el toreo de Ordóñez le conecta con la figura de Ernest Hemingway, que quedó hipnotizado por la perfección técnica y creativa de Ordóñez, y que con el extraordinario relato El verano peligroso (1960) quiso situarle en la cima de la historia de la tauromaquia, por su clasicismo y su conocimiento, y como poseedor del excelso don del temple. Vargas Llosa, como tantos otros aficionados o críticos —los aludidos antes— y escritores —Peter Viertel, incluso, Andrés Amorós— fueron testigos de ese combate taurino en las alturas que mantuvieron durante la temporada de 1959 en España, Antonio Ordóñez y Luis Miguel Dominguín, y que todavía se recuerda. Digamos que Hemingway se volcó con Ordóñez y esta creencia suya ha causado una histórica controversia. Por su parte, Vargas Llosa expresó que le hubiera gustado haber escrito sobre Ordóñez y su arte, si bien no tuvo esa persistencia y perseverancia hacia el toreo que conlleva el hecho de ponerse a escribir una obra de hondura sobre tauromaquia.

Yawak (el cóndor y el toro), de José Manuel García Hernández

Un acontecimiento popular, español y peruano

Desde esa posición de un escritor simplemente aficionado al toreo, sin tiempo para meditar sobre él, Vargas Llosa ha tenido una idea amable sobre la fiesta de los toros y no ha entrado en la crítica, ni en los entresijos. Sí, ha creído que el mundo de los toros remite a los momentos mágicos en los que los humanos y los animales luchaban por sobrevivir en el planeta tierra, a un tiempo no excesivamente lejano, y que sirve como metáfora de referencia, pues lo creado por el hombre, la civilización, puede derrumbarse en cualquier momento y en el espacio de una o dos generaciones —lo estamos viendo—. Los toros aluden a esa lucha por la vida que en la naturaleza existía, en estadios de evolución material más lejanos. La lucha por la pervivencia, y el hombre como un animal más. Un aspecto que no ha desparecido a pesar de que las ideologías progresistas están en el empeño de un nuevo sujeto, una nueva moral y una diferente civilización con máxima igualdad entre sus individuos, que posiblemente no encaja con el haber de los seres y de las especies, ni con el medio natural, ni con el sentido ético que los humanos han creado. En la ética que conocemos el matador —también, mortal— expone su vida ante el toro —un tótem— en un equilibrio de fuerzas —no de inteligencia—, donde ejemplifican la cuestión que nos mantiene en el planeta tierra, la lucha, la superación, trabajar por un final decoroso, consolador, aunque no entendamos en qué consiste el hecho del vivir y su por qué; de ahí la filosofía y la religión. Vargas Llosa piensa que la tauromaquia es un contrapeso, un rito primigenio, un sacrificio, una alegoría, un bálsamo para el hecho de pensar, para la cultura del hombre, que no llega a saber qué hay detrás del suceso éste de estar aquí y de morir, tal vez, desaparecer, o, con la posibilidad de trascender.

Vargas Llosa veía a los toros como una creación popular y de ahí surge la idea de ser una fiesta. El aficionado a los toros acude a sentir el rito, el arte, pero sin olvidarse de la alegría y del regocijo, y por ello establece una valoración positiva de lo que sucede en los ruedos, sin entrar en los conocimientos que atesoran los aficionados cabales que velan por la verdad de los preceptos taurómacos. Porque esta es otra historia, un territorio para los historiadores, para que evalúen la evolución de la tauromaquia, sabiéndose que ésta nace y se mantiene en la historia de los países de índole íbera e hispánica, y afines; donde es reunión, comunión, sociabilidad y cohesión, y una igualación entre distintas clases sociales y distintos modos de pensamiento. Un último aspecto que ha dejado claro Vargas Llosa es que los toros, a pesar de ser un hecho que llega a Perú mediante la hispanidad, es verdaderamente, con toda seguridad una ceremonia que pertenece a la identidad cultural de Perú. En su sobresaliente última obra, Le dedico mi silencio (2023), nuestro autor vuelve a la idea del silencio, que lo entiende como ese abrirse al abismo del suceso profundo que nos depara el arte, antes de producirse y mientras se desencadena. Ese silencio que defiende como una seña de civilización sazonada cuando se manifiesta en la Real Maestranza de Sevilla, y en Madrid, con mayor estupor.
También, lo identifica como algo propio de la plaza de Acho. Un silencio que reivindica en esta su última novela, como una manera de defender lo identitario para Perú ante un moderno progresismo, que cuando toca algo lo arrasa. Identifica la música criolla con la verdadera música del Perú, y el silencio —silencio taurino— como una contestación existencial ante los misterios del arte. Un silencio —un asombro— que como paradoja sigue vivo en las corridas de toros, y que se mantendrá en las mismas a pesar del acoso de la mentalidad animalista. Pasada esta época de derribo, los toros permanecerán. Como esta novela habla de la peruanidad, escribe estar seguro que sobrevivirán como un símbolo de la unión de lo indígena y de lo hispánico (caso del Yawar Fiesta) por ser una fiesta peruana sentida por las personas más humildes: los toros son peruanidad y, en su opinión, refuerzan «la unión —cóndor y toro— de lo indígena y lo español que subsiste en el suelo patrio».
Madrid, 12 de abril de 2026

Ahora es duro acartelarse con Morante / por Rafael Comino Delgado


'..Los que se acartelen ahora con Morante saben que para lograr un ¡Olé! tendrán que hacer mucho más que Morante, y no digamos para cortar una oreja..'

Ahora es duro acartelarse con Morante

Rafael Comino Delgado
Los públicos, de todas las plazas, están con Morante al mil por cien, y casi todo lo que haga se lo van a aplaudir a rabiar, le van a consentir lo que a otros criticarían duramente, y más en Sevilla que es su tierra. Pero no solo pasa esto en Sevilla, yo creo que todas las plazas tienen sus consentidos, y también los que no caen bien, a los que se les mira con lupa, y exigen más que a los otros. En las Ventas de Madrid, primera plaza del mundo con razón, por el toro que sale, por las exigencias y porque tiene muy buenos aficionados, el Tendido 7 tiene sus caprichos y sus toreros, con  los que son más benévolos,  y otros a los que tratan con más dureza. Pero insisto es la primera plaza del mundo, a gran distancia de la segunda, con motivos más que suficientes. Y, ¿cuál es la segunda? Decídanlo ustedes. Para mi antes estaba muy claro, pero actualmente las cosas han cambiado mucho.

Así es la vida en el toreo y en muchas otras actividades, hay que admitirlo, y tirar para adelante haciendo cada uno lo que pueda, y el que tenga la suerte de estar entre los elegidos para ser idolatrado, pues que dé gracias a Dios.

Los que se acartelen ahora con Morante saben que para lograr un ¡Olé! tendrán que hacer mucho más que Morante, y no digamos para cortar una oreja. Tendrán que luchar contra algo imposible de vencer que es: en parte el duende o pellizco que Morante tiene  y otros no (pero es que  a veces le dicen ¡olé! a un lance o muletazo con tremendo enganchón), en parte el capricho del público y en parte la sugestión colectiva. Y eso debe ser descorazonador para ellos, y puede que  quebrante seriamente el ánimo de algunos, al ver como aplauden a Morante lo que a ellos ni prestan atención, porque a Morante ahora (no siempre ha sido así) se le idolatra, se le venera por una gran mayoría de públicos, no digo de buenos aficionados. 

Cuenta la Historia que Luis Miguel Dominguín decía, “lo que más me molesta es que mientras yo estoy toreando, mucha gente está más pendiente de lo que hace Manolete en el callejón”, pero es que en aquel tiempo Manolete, además de muy buen torero, con su enorme personalidad y majestuosidad, era adorado por los aficionados, aunque también los había que cada día le exigían más y más, sin límite. 

¿Hasta cuándo va a ser así con Morante? Eso nadie lo sabe, pero mientras tanto, está metiendo a muchísima gente en las plazas, está llevando a los toros a gente que probablemente nunca o casi nunca ha ido (como será que ya ha colgado el  “no hay billetes” en la goyesca de  Ronda, cuando faltan cinco meses), lo que es muy bueno para el toreo, por eso yo digo, ¡qué siga así mucho tiempo!  Con otras formas, con otro estilo, con otras motivaciones, pero gran torero, Manuel Benítez, El Cordobés, creo yo que llevó a la plaza hasta a los pocos antitaurinos que había en los años sesenta del siglo pasado, y ello fue buenísimo para el toreo. 

Y hay otro torero con el que ahora están muy a favor los públicos, que es David de Miranda, de lo cual me alegro, porque le ha costado muchísimo sacrificio conseguir el sitio que tiene, pues tomó la alternativa en agosto de 2016, y abrió la puerta grande de las Ventas el 24 de mayo de 2019, en su confirmación, a pesar de lo cual ha estado largos años toreando muy poco. Le deseo mucha suerte y muchos éxitos, pero tendrá que arrimarse muchísimo y quedarse muy quieto, porque esa es la etiqueta que se ha puesto y le han puesto.

En Sevilla… Empeñados en el hundimiento / por Antonio Lorca

Lama de Góngora

'..Puede parecer una exageración, pero da la impresión de que los presidentes de la Real Maestranza, al menos los dos que ha subido al palco en estos dos festejos celebrados, están empeñados en hundir de una vez por todas el prestigio de esta plaza que, actualmente, está por los suelos por sus errores de bulto, inconcebibles hace solo unos años e impropios de aficionados de medio pelo..'

En Sevilla… Empeñados en el hundimiento

Sin petición mayoritaria y tras un pinchazo y un aviso, el palco concedió una oreja a Lama de Góngora; Pepe Moral y Fabio Jiménez, por encima de una bella, desigual y descastada corrida de Alcurrucén.

ANTONIO LORCA
Era evidente que no había petición mayoritaria, la faena del torero tuvo momentos brillantes, pero no fue una actuación redonda, pinchó y sonó un aviso antes de cobrar una estocada. Pues aunque parezca extraño, el presidente, a la sazón José Luque, enseñó su pañuelo blanco y concedió la oreja al matador.

Puede parecer una exageración, pero da la impresión de que los presidentes de la Real Maestranza, al menos los dos que ha subido al palco en estos dos festejos celebrados, están empeñados en hundir de una vez por todas el prestigio de esta plaza que, actualmente, está por los suelos por sus errores de bulto, inconcebibles hace solo unos años e impropios de aficionados de medio pelo. Pero ahí siguen, refrendados por el poder político, que apoya esta trepidante degeneración de la plaza sevillana, que antaño fue santo y seña de la sapiencia y la categoría.

El torero beneficiado por el desliz presidencial fue Lama de Góngora, sevillano, de buen corte y escasos contratos, que se encontró con el toro más potable de la tarde, y mostró su mejor versión en una faena intermitente por su escasa experiencia a pesar de su ya larga carrera como matador. El comportamiento del toro fue de menos a más, al igual que la actuación de Lama.

Le costó entrar en faena, molestado por el viento, y buscó la sintonía con su oponente, sin encontrarla, con la mano derecha. Mejor con la zurda, y con más clase el toro por ese lado, y Lama dibujó varios naturales extraordinarios, más confiado en sus posibilidades. Mató mal, pero paseó un trofeo, que ojalá le sirva para su carrera porque atesora condiciones y escasa suerte. No tuvo opciones con el quinto, soso y descastado.

Lo que son las cosas: la lluvia, que cayó con fuerza durante la lidia del cuarto, perjudicó gravemente a Pepe Moral. El público huyó hacia las gradas cubiertas, más pendientes los del tendido del paraguas que de lo sucedía en el ruedo. Y sucedía que un torero hambriento de contratos trazaba buenos muletazos por ambas manos a un toro con cierta nobleza.

Fue una labor deslavazada, ciertamente, pero merecedora de oreja si se le aplicaba el mismo baremo que a Lama de Góngora. El agua disipó los pañuelos y el premio quedo reducido a una vuelta al ruedo.

El primer toro de la tarde se dio una gran costalada al salir del caballo y quedó mermado de facultades para lo que le quedaba de vida. Ni el animal ni el torero estuvieron lucidos; el primero, sin resuello, y el segundo, despegado en los muletazos que consiguió trazar.

Y debutaba como matador en Sevilla el riojano Fabio Jiménez, que el año anterior dejó buen sabor durante su paso como novillero. Le tocó el peor lote, sosos, parados y deslucidos los dos. Jiménez quedó inédito con el capote, y muleta en mano solo pudo decir que posee buen corte y es candidato a nuevas oportunidades.

La corrida de Alcurrucén, preciosa de hechuras y capa, bien presentados todos ellos, pero de escaso juego. Muy deficientes en el tercio de varas y sosos y descastados, en general, en la muleta.

Sevilla. Plaza de La Maestranza. 11 de abril. Segundo festejo de abono. Media entrada. Durante la lidia del cuarto toro llovió con intensidad. Toros de Alcurrucén, bien presentados, de bonitas hechuras y variedad de capa en distintas tonalidades de colorao; mansos en los caballos, nobles, descastados y sosos en el tercio final. Destacó el segundo por su clase en la muleta.

Pepe Moral: Ovación y vuelta al ruedo.

Lama de Góngora: Oreja con aviso y silencio.

Fabio Jiménez: Ovación con aviso y silencio.

POR QUÉ HACE FALTA MORANTE / por José F. Peláez

Morante de la Puebla en la corrida del domingo de Resurreción. (Raul Doblado)

Cuando el arte comparece de verdad se convierte en revelación y eso rompe necesariamente la costumbre, la tranquilidad y la convención.

POR QUÉ HACE FALTA MORANTE

José F. Peláez
Dice Jorge Bustos, con motivo del regreso de Morante, que «la historia vive un momento conservador. Un repliegue identitario que gravita en torno a las raíces culturales de comunidades formadas por usuarios con nostalgia de personas. Morante tiene razón: hacía falta. Por eso ha vuelto». Hay algo atinado en su alusión a lo 'humano', pero disiento en que vivamos un momento conservador. Lo que vivimos es un hartazgo del 'mainstream' progresista que, en ocasiones, no se está canalizando a través la prudencia, el equilibrio y la sensatez conservadoras sino, por desgracia, a través de un impulso revolucionario, antisistema y rupturista.

Lo que Morante demuestra, por encima de todo, es que los toros no son repliegue identitario sino vanguardia creativa, un arte extremo instalado ontológicamente en la transgresión, en el escándalo, en la expresión radical de un individuo bailando en el abismo con la muerte. No hay nada de conservador en ello, como no lo hay en ningún otro ejercicio creativo, que, por definición, anhela vías inexploradas para reivindicar la singularidad más extrema, que es la individualidad del artista. El arte no es conservador; puede ser conservadora la industria, el mecenas y el coleccionista; puede ser conservadora la opción política del artista; incluso puede ser conservadora la educación sentimental del aficionado. Pero cuando el arte comparece de verdad se convierte en revelación y eso rompe necesariamente la costumbre, la tranquilidad y la convención. Es lo que sucede con Morante, que no existe para dar calor de brasero a una tribu sentimental sino para inquietar, para alterar lo establecido y para devolver el toreo a la intemperie en la que habita la creación en carne viva, una creación que puede ser clásica o rupturista, pero no identitaria ni conservadora. La identidad es siempre individual: el toreo –como la fe– me define a mí, no a todo un país. No somos nacionalistas catalanes.

La izquierda culturaloxímoron–, tan puritana, tan cobarde y tan mediocre, nos mira con odio y, como consecuencia, la derecha se defiende asumiendo lo taurino como propio y les da la razón al aceptar que si algo es odiado por la izquierda necesariamente ha de ser una estampa de orden y tradición, en vez del desorden creador que es, una locura herética que consiste en ponerse delante de un animal para inventar una verdad que no existía cinco segundos antes ni lo hará cinco segundos después. Pero, además, si lo asumiéramos como tradición, los toros habrían de ser, por definición, de todos, lo que cerraría la puerta a que fueran 'conservadores'. Lo que 'nosotros somos' no depende de lo que 'ellos son', porque no se puede crear desde un negativo. Definirse por lo que no somos es la esencia del nacionalismo; al contrario que los toros, la antesala de la muerte.
ABC / 11 Abril 2026

sábado, 11 de abril de 2026

¿Quo vadis, Europa? / por Luis Ibáñez


'..Una realidad tan clara como irrefutable. Sobre todo en estos últimos años, en los que han puesto en el "poder" a personajes de la talla moral y política de Biden, Trudeau, Scholz, Merz o Macron. O a nivel de las instituciones supranacionales, a Ursula von der Leyen, Kallas, Stoltenberg o Rutte..'

¿Quo vadis, Europa?

Por Luis Ibáñez
Madrid, 11/04/2026
Llevamos más de dos décadas contemplando impotentes el papel que viene desempeñando Europa en la escena internacional, totalmente vendida por una ristra de mediocres dirigentes cuya tónica común ha sido estar, de manera más o menos disimulada, al servicio del deep state que opera a sus anchas en Washington y la City. Un servilismo nauseabundo a las élites dominantes, verdaderas dueñas de nuestro destino, obediencia que prestan sin escrúpulo moral alguno en su traición a sus respectivos nacionales. Una realidad tan clara como irrefutable. Sobre todo en estos últimos años, en los que han puesto en el "poder" a personajes de la talla moral y política de Biden, Trudeau, Scholz, Merz o Macron. O a nivel de las instituciones supranacionales, a Ursula von der Leyen, Kallas, Stoltenberg o Rutte. Y es que saben que estamos tan hartos y saturados por la basura en la que se ha convertido la política, que ya no se molestan ni en disimular. Una de las pocas verdades que nos han contado estos días la presidenta de la Comisión Europea y el propio canciller Merz, tras el inicio de la ilegal agresión a Irán y Líbano por parte del lobby sionista, ha sido manifestar abiertamente que ya no hay reglas de derecho internacional.

El papelón que ha hecho Europa desde el inicio de la doble agresión a Irán y a Líbano ha sido de aurora boreal, sin atreverse a hacer una declaración institucional clara y contundente sobre esta temeraria guerra que puede, en el peor de los casos, ser el chispazo para desatar una tercera guerra mundial, pues no hace falta ser un estratega geopolítico de la Universidad de Salamanca para intuir que China y Rusia no van a permitir que se instale en Irán un gobierno títere de los que mandan en Occidente. Y, en el mejor de los casos, va a causar unos daños innegables a nuestras economías, muy dependientes del precio de la energía. Tanto mayores cuanto más se prorrogue el conflicto y se produzca un brutal encarecimiento en la cadena de suministros y la temida estanflación.

Por fortuna ha habido algunas excepciones en Europa al cómplice silencio inicial. Pedro Sánchez, sin entrar en si lo ha hecho por su propio interés o por un súbito sentido de Estado y de dignidad política (es obvia mi opinión al respecto), mostró desde el primer momento su desacuerdo con la agresión de los lacayos a sueldo del lobby sionista y, seguidamente, con agradable sorpresa para mí, lo hizo Giorgia Meloni que, a mayor abundamiento, ha apoyado a Sudáfrica en su querella por genocidio contra Netanyahu. Todo ello y el pulso de la opinión pública ha hecho que el resto de los líderes marcaran cierta distancia; hasta nuestro siempre inquietante Feijóo ha intentado tamizar su postura inicial de total alineamiento. Qué lástima que no sepan ver que la guerra de Ucrania es también una guerra proxy con un origen común a lo que ocurre en Oriente Medio. Cui prodest!.

En medio de este conflicto, un Trump desatado cuestiona a sus aliados y a la propia OTAN porque le han negado ayuda para liberar la navegación en el estrecho de Ormuz, amenazando con marcharse de la Organización. Otro farol. USA no renunciará a un instrumento de agresión a terceros y de control de sus países miembros. Pues eso es en lo que se ha convertido la OTAN tras la disolución de la URSS y del Pacto de Varsovia. Qué vergüenza siento como europeo cada vez que veo al servil Rutte lamerle las botas a un personaje tan zafio como Donald Trump.

Y como no quiero cansar a mis pacientes lectores, voy a terminar estas líneas marcando ilusoriamente los pasos que debería dar nuestra inútil y corrupta UE. Lo primero sería su propia refundación y una Comisión más representativa y elegida democráticamente por los ciudadanos. Al propio tiempo, una disminución drástica de sus órganos de gobierno y del elefantiásico número de políticos. Y después, elaborar un programa de gobierno independiente y realista acorde con los intereses de Europa y no gregario del tío Sam. Para empezar, una política de defensa común y autónoma, sin perjuicio de pactos bilaterales con países afines y, por supuesto, atraer a Rusia hacia Europa, que es su lugar por cultura y situación geográfica. Y, por último, reconocer que el mundo ha dejado de ser unipolar. Ha surgido, de forma imparable, un nuevo eje económico en el Indo-Pacífico, y hay que aprovechar sus oportunidades. China no es nuestra enemiga y su férreo régimen va avanzando lentamente hacia un mayor grado de libertad. Justo lo contrario del proceso que seguimos en Occidente.

Lo malo es que miro a mi alrededor y no veo a ningún Adenauer o de Gaulle. Aunque reconozco que me gusta Alice Weidel (por eso temo por su salud).

¡¡Dios salve a Europa!!

Programa de toros de la Feria de Abril de Sevilla 2026: carteles, fechas y festejos televisados.


'..Entre los carteles más destacados figuran el 17 de abril (Talavante, Roca Rey y Aguado), el doblete de Morante (16 y 20) y el 21 de abril con Manzanares, Talavante y Luque. El ciclo concluirá el 26 de abril con la corrida de Miura..'

Programa de toros de la Feria de Abril de Sevilla 2026: carteles, fechas y festejos televisados.

La Real Maestranza de Sevilla abre sus puertas del 11 al 26 de abril con una Feria de Abril 2026 marcada por el equilibrio en los carteles y la presencia de figuras junto a nuevos valores.

El ciclo presenta un reparto más uniforme, con dos tardes para toreros como Morante de la Puebla, José María Manzanares, Alejandro Talavante, Andrés Roca Rey, Daniel Luque, Juan Ortega y Pablo Aguado. Además, incluye una novillada, una corrida de rejones con Andy Cartagena, Lea Vicens y Guillermo Hermoso de Mendoza, y el cierre tradicional con Miura.

Entre los carteles más destacados figuran el 17 de abril (Talavante, Roca Rey y Aguado), el doblete de Morante (16 y 20) y el 21 de abril con Manzanares, Talavante y Luque. El ciclo concluirá el 26 de abril con la corrida de Miura.

Un serial amplio, sin estridencias, pero bien armado para sostener el interés en una de las citas clave del calendario taurino.

• Sábado, 11 de abril: Alcurrucén – Pepe Moral, Lama de Góngora, Fabio Jiménez

• Domingo, 12 de abril: Fuente Ymbro – Álvaro Lorenzo, Rafael Serna, Molina

• Martes, 14 de abril: Novillada (Talavante) – Emiliano Osornio, Julio Norte, Tomás Bastos

• Miércoles, 15 de abril: Santiago Domecq – Manuel Escribano, Miguel Ángel Perera, Aarón Palacio

• Jueves, 16 de abril: Álvaro Núñez – Morante de la Puebla, Juan Ortega, Víctor Hernández

• Viernes, 17 de abril: Domingo Hernández – Alejandro Talavante, Andrés Roca Rey, Pablo Aguado

• Sábado, 18 de abril: Victorino Martín – Manuel Escribano y Borja Jiménez (mano a mano)

• Domingo, 19 de abril: Rejones (Capea) – Andy Cartagena, Lea Vicens, Guillermo Hermoso de Mendoza

• Lunes, 20 de abril: García Jiménez – Morante de la Puebla, Borja Jiménez, Tomás Rufo

• Martes, 21 de abril: Núñez del Cuvillo – José María Manzanares, Alejandro Talavante, Daniel Luque

• Miércoles, 22 de abril: El Parralejo – Diego Urdiales, Emilio de Justo, David de Miranda

• Jueves, 23 de abril: Victoriano del Río – José María Manzanares, Andrés Roca Rey, Javier Zulueta

• Viernes, 24 de abril: Juan Pedro Domecq – Daniel Luque, Juan Ortega, Pablo Aguado

• Sábado, 25 de abril: La Quinta – El Cid, Fortes, José Garrido

• Domingo, 26 de abril: Miura – Pepe Moral, Manuel Escribano, Román.

Un abono que combina figuras, juventud y diversidad ganadera, con citas de alto interés a lo largo de todo el ciclo y el cierre clásico con Miura.

Toros por Televisión

Los festejos que emitirá OneToro son: El 11 de abril, toros de Alcurrucén para Pepe Moral, Lama de Góngora y Fabio Jiménez.

El 12 de abril, toros de Fuente Ymbro para Álvaro Lorenzo, Rafael Serna y Molina

El 14 de abril, novillos de Talavante para Emiliano Osornio, Tomás Bastos y Julio Norte

El 15 de abril, toros de Santiago Domecq para Miguel Ángel Perera, David Galván y Aarón Palacio

El 16 de abril, toros de Álvaro Núñez para Morante de la Puebla, Juan Ortega y Víctor Hernández

El 21 de abril, toros de Núñez del Cuvillo para José María Manzanares, Alejandro Talavante y Daniel Luque

El 22 de abril, toros de El Parralejo para Diego Urdiales, Emilio de Justo y David de Miranda

El 23 de abril, toros de Victoriano del Río para José María Manzanares, Roca Rey y Javier Zulueta

Las corridas de toros que emitirá Canal Sur Televisión son:

El viernes 17 de abril con Talavante, Roca Rey y Pablo Aguado, con reses de Domingo Hernández

El sábado 18 de abril con Manuel Escribano, Borja Jiménez con toros de Victorino

El lunes 20 de abril con Morante, Borja Jiménez y Tomás Rufo con la ganadería Matilla

El viernes 24 de abril con Daniel Luque, Juan Ortega y Pablo Aguado con reses de Juan Pedro Domecq

El sábado 25 de abril con El Cid, Samuel Jiménez Fortes y José Garrido con toros de La Quinta

El domingo 26 de abril con las figuras Manuel Escribano, Pepe Moral y Román con la ganadería de Miura.

Ahora Morante, antes El Cordobés: dos locuras / por Ricardo Díaz-Manresa


'..Como fue la de Benítez, que revolucionó la masas. Completamente diferente, carrera basada en su entrega total y sus toscas maneras, nada elegantes. Eran los tiempos de los Beatles. De una España contenta. Y una masa que creyó en el tan diferente Cordobés de los demás, su torero, su ídolo, su revolución..'

Ahora Morante, antes El Cordobés: 
dos locuras diferentes

Por Ricardo Díaz-Manresa
Evidentemente el clamor popular que está levantando Morante es para tenerlo en cuenta. Se vio claramente, por si faltaba alguna prueba, el Domingo de Resurrección en Sevilla. La masa se agolpaba ante el hotel y casi no dejaban salir al diestro. Y parecía que nunca había habido toros antes en la Maestranza.

Y no digo nada de los de Canal Sur poniendo el acontecimiento como el gran suceso mundial del día. Y después el público volcado con el de la Puebla, incluso en la concesión del doble trofeo. Había ido el torero a triunfar y, desde luego el público a verlo triunfar, pasara lo que pasara. Ya nos dijo el torero que hacía falta y que por eso había reaparecido. Es decir, seguía aparecido. Ha tenido la suerte de que efectivamente hace falta porque escasean los espadas con interés. En Sevilla ha habido varios toreros mejores que Morante, pero en el escalafón había entonces otros varios de interés. Y estaban acompañados, como Pepe Luis Vázquez, que tenía a Manolete a su lado, y el diestro de Córdoba lo llenaba todo. Y así muchos casos.

Ya en las últimas temporadas, José Antonio era prácticamente imprescindible pero fue la despedida de Madrid lo que desató el volcán. Pocas veces he visto tantos lloros y penas porque nos quedábamos sin un torero importante. Y según pasaban los días, y esto es otra verdad, mucha gente, entre la afición y la denominada genéricamente prensa, insistía en que volviera. Y pocos casos se han visto así. O al menos yo no recuerdo ninguno. Y entre que seguir iba a ser muy rentable, entre que no se había despedido de Sevilla, su Sevilla, y que quería hacerlo en otras plazas, se forjó el ambiente redondo para volver sin haberse ido. Sólo descansó los meses del invierno como todos los años.

El clima de euforia en la Maestranza era tal, que hasta Ruiz Miguel, que otra vez le ha venido Dios a ver con una tercera carrera de comentarista, tras torero y ganadero, en el colmo del éxtasis y de la exageración dijo que igual salían los tres por la Puerta del Príncipe… ¡Los tres! Nada menos que los tres.

En fin, que Morante está en loor de multitud, lo han convertido en mito y va a ser el gran protagonista en cada una de las corridas en las que actúe. Un caso de locura colectiva, incluso positiva para el toreo.

Como fue la de Benítez, que revolucionó la masas. Completamente diferente, carrera basada en su entrega total y sus toscas maneras, nada elegantes. Eran los tiempos de los Beatles. De una España contenta. Y una masa que creyó en el tan diferente Cordobés de los demás, su torero, su ídolo, su revolución. Y revolución sí que la trajo. Tal era la locura desatada, que incluso pasarse la mano por el cabeza era un alarido de emoción.

Locuras diferentes por un torero. Y tan diferentes. Uno proclama y exhibe el toreo de arte y sentimiento y belleza y el otro era arrranque, rodillazos, el salto de la rana etc. Al toreo le va a hacer más huella lo de Morante que lo de Manuel Benítez el Cordobés. Pero los dos le vinieron bien en su momento.

José Tomás surgió pegando fuerte pero la que armó está bastante lejos en intensidad y duración de lo de Morante y El Cordobés.

Que disfruten, y mucho, los morantistas y allegados y que dure esta euforia.