la suerte suprema

la suerte suprema
Pepe Bienvenida / La suerte suprema

lunes, 20 de abril de 2026

Segunda novillada en Madrid. El toro noble desrazado / por Pepe Campos

La Gran Vía

'..Somos testigos de cómo los astados que se corren o lidian, tarde tras tarde, son animales que se dejan hacer, que se dejan torear, de buena voluntad, que colaboran para que prendan las pretensiones artísticas de los toreros, pero, por el contrario, se ve que no se consigue que en su lidia nada se encienda, ni trascienda..' 


Segunda novillada en Madrid
El toro noble desrazado

Pepe Campos
Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.

Domingo, 19 de abril de 2026. Segunda novillada de la temporada. Novillos de Antonio Palla, todos nobles y descastados. Un tercio de entrada. Tarde primaveral que animó a la contemplación del mundo y a hablar entre amigos.

Novillos de Antonio Palla, de origen Jandilla (es decir Domecq), bien presentados, el primero corniveleto, bello, el resto de cuerna estándar. Todos nobles, mansos, flojos, descastados, lo que se podría denominar «nobles desrazados». Manejables; dejaron torear. Iban a los cites y cumplían en su desplazamiento. Obedientes.

Suerte de varas: como corresponde a tiempos de plena crisis —en esto de las varas— se picó trasero. Sólo Juan Melgar en el quinto novillo no abusó de esta querencia de los varilargueros actuales, aunque en su turno fueran picotazos y no varas.

Terna: El Mella, de Barcarrota (Badajoz); de salmón y oro, con cabos blancos; de veintidós años; ocho paseíllos en 2025; saludos con aviso y silencio con aviso. Cid de María, de Alcalá de Henares (Madrid); de blanco y oro; veintiún años; veinticuatro festejos en 2025; silencio y saludos. Tomás Bastos, de Villa Franca de Xira (Portugal); de blanco y azabache; veinte años; veintiséis paseíllos en 2025; saludos tras aviso y silencio.

Hablábamos el lunes pasado (sobre el anterior festejo dominical madrileño) de aquello de ir a los toros y encontrarse con novilleros que no tenían un plan a la hora de imponerse a los novillos que les tocaba en suerte. Así que en esta ocasión, en la novillada de ayer tarde, por si las cosas se presentaban de la misma manera, fuimos nosotros con el plan de pegar la hebra con los amigos que el destino nos pusiera cerca de nuestro asiento. Con este propósito y dado el devenir de la novillada de Antonio Palla, pudimos en tiempo récord ponernos a parlamentar de la vida y sus afanes con ese vecino que nos estaba esperando como agua de mayo. 

En mi caso me correspondió pasar la novillada —y hablar de lo divino y de lo mundano— con mi amigo Juan Palette Cazajús, autor de una obra que quedará como señera en la historiografía taurómaca, y que recomiendo como lectura fundamental, Los toros, entre la reverencia y la ansiedad (2025), donde se aborda la problemática del hombre y su evolución, de la tauromaquia y de la vida. Es decir, un ensayo sobre todo aquello que nos mantiene firmes en el hecho de ir a ver toros sin falta, porque en la plaza de toros y en las lidias que se bosquejan y se producen siempre encontraremos razones para entender qué es esto del vivir. Un verdadero enigma este desde que el mundo fue creado, y que las corridas de toros, sobre todo si son aburridas dan ánimo para la meditación —que corra la imaginación— y para la charla y, con ello, llegar a desentrañar los avatares que la existencia nos trae, que no son pocos y, de este modo, mientras charlamos —y observamos las lidias— se nos va pasando la tarde y cualquiera preocupación, llegando a la conclusión que menos da una piedra.

Al margen de las ganas que los novilleros deben poner en sus compromisos mayores en Las Ventas, que entendemos debieran ser muchas y de contundente perseverancia, aunque no siempre es así, creemos que en el apartado del toro —ayer novillo— que se lidia hoy el camino que está tomando la tauromaquia da que pensar que no es el adecuado o correcto. Somos testigos de cómo los astados que se corren o lidian, tarde tras tarde, son animales que se dejan hacer, que se dejan torear, de buena voluntad, que colaboran para que prendan las pretensiones artísticas de los toreros, pero, por el contrario, se ve que no se consigue que en su lidia nada se encienda, ni trascienda; si no que lo que vemos y sucede son acciones taurinas anodinas, plomizas, monótonas, sin relieve, sin significados de cierta valía. ¿Cómo explicar todo esto? Pues, mientras charlamos con nuestros amigos de localidad se nos fue abriendo el ingenio y fuimos avistando, y es que los novillos que se lidian —podría ampliarse al toro— no tienen raza, no poseen esa fuerza congénita —fiereza— que debería definirles y caracterizarles, sino que son bóvidos sin el nervio del toro de lidia, sin su genio, sin su acometividad, ni su pujanza. Son animales previsibles con embestidas planas, obedientes, bonancibles —ya alejadas incluso de lo que es la boyantía clásica—; sin interior. Nada de «no dejarse hacer». Ni atisbo de pedir el carnet de identidad a sus matadores. Un tipo de astado superfluo, aparente, sin gracia, como un funcionario del toreo. Es el toro noble desrazado. El toro fabricado en los tentaderos de la actualidad para las figuras, con el agravante de que si —a ese burel noble y sin casta— no lo torea Morante de la Puebla —pongamos como ejemplo—, todo se desmorona y se encamina hacia el sumidero.

Los novilleros actuales tienen que pechar con este condicionante contemporáneo, y poner ánimo y ganas ante novillos desvaídos, de buenas condiciones, distraídos, blandos y sin verdadera sangre. En fin, ante estos nuevos problemas no sabríamos dar nuevas soluciones, sino la tajante de eliminar todo lo que se está planificando —desde el horno de la tauromaquia— y empezar todo de nuevo. Volver a los principios. Por eso todos esperamos con verdaderos deseos renovadores la cita del próximo fin de semana en San Agustín del Guadalix

A la hora de comentar lo realizado por la terna de ayer tarde, hay decir que la actuación de El Mella tuvo dos momentos, pues en su primer novillo se le vio con cierta conformidad y en su segundo quiso ponerse las pilas. Del primero sólo destacaron tres buenos pases por bajo ya iniciada su faena de muleta, luego no se acopló y se vio incluso desbordado. Mató de pinchazo y estocada caída en la suerte natural. En el cuarto de la tarde dio verónicas de rodillas animosas e inició la faena de muleta de la misma guisa, más adelante, con la franela volvió a tener carencias al correr la mano y con la distancia a la que torear. Mató de una estocada delantera y atravesada en la suerte contraria.

Cid de María, a su primer novillo le paró bien con el capote y cerró con una buena media. La faena de muleta la comenzó con estatuarios sin compás y toreo por fuera, sin cruzarse, muy despegado, sin temple. Mató de un pinchazo y un bajonazo en la suerte natural. En el quinto novillo estuvo mejor, mejoró en el comienzo de faena, toreó más templado, más limpio. En ocasiones dibuja el toreo y acto seguido lo emborrona. Tiene un margen amplio de mejora. Mató de un pinchazo y dos estocadas caídas en la suerte contraria.

A Tomás Bastos se le ve con muy buenas condiciones pero no llega a cuajar, puede que sea porque parece que quiere quemar etapas en su evolución como torero. Es decir, torea algo acelerado, buscando un triunfo que se encontraría en el buen hacer. En el tercer novillo estuvo desafortunado, no en los ayudados finales donde se le vieron sus posibilidades de buen torero. Mató de estocada perpendicular y contraria en la suerte natural, más un descabello. En el último novillo tuvo una actuación más entonada y pulcra. Aguantó al astado por el pintón izquierdo, el difícil. Realizó un ejercicio de autoafirmación con pasajes de cierto mérito en el toreo en redondo y al natural. Mató en la suerte natural de dos pinchazos y una estocada caída y delantera, más un descabello.

Cary Grant con Manolete

Tantos muertos / por Roberto Granda

'..Es terrorífico saber que estamos en manos de un Ejecutivo sólo pendiente del ejercicio implacable del poder, con la tan deseada sensación de ser inmunes. Un Gobierno con esa fría disposición a la crueldad, con inteligencia maligna, que intenta sobrevivir sobre las ruinas, aupándose sobre un montón de cuerpos..'

Tantos muertos
Roberto Granda
Hay imágenes tan potentes que intuyo quedarán adheridas para siempre en la trágica memoria colectiva de un país. Los trozos de vía del accidente de Adamuz siendo retirados con nocturnidad y alevosía para deshacerse de las pruebas, por ejemplo, es una de ellas. Más de 100 millones de fondos europeos destinados al mantenimiento y renovación de ese mismo tramo, habrían sido defraudados y usados con malversación mediante Adif, la empresa pública donde en el PSOE colocaba a putas y amantes. Cuando algunos de los que luego murieron en el choque avisaban del estado de esas vías, el ministro Puente les insultaba, especialidad tuitera de la comadreja.

Ahora intentan eliminar las huellas de sus fechorías. Han muerto 46 personas y no es que nadie haya dimitido, es que los responsables arremeten con chulería y bravuconería simiesca, para regocijo de su bancada y de los miserables de sus votantes, que priorizan la impunidad por encima de la honestidad de la rendición de cuentas, sea cual sea el color del partido. El sectarismo prioriza sobre las vidas de inocentes.

Otra imagen imperecedera: las calles arrasadas y anegadas de barro de Paiporta y localidades adyacentes, en la fría devastación de aquella noche de abandono y muerte, retrasado el envío de ayuda por cálculo político. Tantos vecinos desamparados, tantos fallecidos para que un Gobierno criminal pudiera mover su ficha política en el perverso juego de los intereses partidistas y el tacticismo sin alma. Los ciudadanos limpiando con escobas y lo que tuvieran a mano, haciendo la labor de un Estado ausente; la perplejidad de los bomberos franceses al ser los primeros servicios de emergencia en llegar, las furgonetas de particulares cargadas de ayuda para una población mezquinamente desamparada a su suerte. No fue negligencia, fue premeditación.

Y nuestra gran tragedia en números de muertos desde la Guerra Civil. Impactante la foto de centenares de ataúdes en filas en el Palacio de Hielo convertido en morgue, en aquel Madrid donde tantos ciudadanos fueron condenados debido al ocultamiento de la verdad, con un ejército mediático de canallas repitiendo el argumentario marcado: convencer a la incauta población de la inexistencia de una amenaza real («uno o dos casos, como mucho») para que llenara sin problemas las calles en el aquelarre de género (del género bobo, concretamente) que tenían montado para marzo. Los estudios ya evidencian que miles de vidas se podían haber salvado, sólo tomando medidas una semana antes.

Recuerdo cómo se puso la escoria progre de siempre cuando El Mundo sacó aquella portada con los ataúdes enfilados en el Palacio de Hielo. No querían que la gente supiera que en Madrid estaban muriendo por cientos cada día. Que todo se hallaba descontrolado. No se podía saber. Había que seguir adelante con la impostura, en la tóxica alianza entre PSOE y Podemos, con el siniestro tipo de las almendras riéndose en rueda de prensa, con la fiesta de las terrazas de los pisos, con la vergüenza de los telediarios y Salvador Illa de ministro de Sanidad. Pocas profesiones ofrecen la posibilidad de perder la dignidad de forma tan insolente, descarada y visible como la de periodista servil, incluso de servir a causas funestas.

Y aquellos miembros claves del entramado socialista, confinados en prostíbulos y haciendo negocio con las mascarillas defectuosas, incluyendo a la actual tercera autoridad del Estado, siguen ciscándose en la memoria de todos los que murieron en la soledad de un infierno insoportable.

Es terrorífico saber que estamos en manos de un Ejecutivo sólo pendiente del ejercicio implacable del poder, con la tan deseada sensación de ser inmunes. Un Gobierno con esa fría disposición a la crueldad, con inteligencia maligna, que intenta sobrevivir sobre las ruinas, aupándose sobre un montón de cuerpos. Tienen de los vivos y los muertos una concepción puramente instrumental.

El juego de la soberanía se baraja con el sacrificio necesario de españoles prescindibles; pueden hacer cálculos electorales o evaluar pros y contras, pensar beneficios a su discurso lleno de engañifas, hacer necropolítica, sobre estadísticas que representan miles de vidas destrozadas. Pertenecen a una ideología con una larga tradición de historia asesina. Tampoco tienen reparos en asociarse con los asesinos de sus compañeros y otras 800 personas más.

Vidas que no merecían ese final, muertes evitables, existencias que deberían haber podido ser disfrutadas, con todo lo que tenían y todo lo que hubieran podido llegar a tener, de no cruzarse en su camino este Gobierno demencial y corrupto hasta límites homicidas.

Muchos son los que han intentado analizar y trazar un perfil de Pedro Sánchez y sus evidentes trastornos y condición mental, rastrear el origen de tanta vileza. Puede que estemos ante un psicópata inclasificable, pero no es menos siniestra la naturaleza de un ejército civil de ciudadanos que justifican, defienden y amparan a quien se ha mantenido en el poder sobre un gigantesco cementerio.

domingo, 19 de abril de 2026

El panorama, Granada y la prioridad / por HUGHES


'..la Cumbre de Progresismo Global organizada a la mayor gloria de Pedro Sánchez, erigido en héroe de la izquierda mundial (cómo será la izquierda mundial). Allí lució entre foros de Sao Paulo, grupos de Puebla, narcodemagogia, el partido demócrata estadunidense, izquierda europea y Soros..'

El panorama, Granada y la prioridad

HUGHES
Qué reunión en Barcelona. Ni el potencial nocivo de cien Primavera Sounds reunidos puede igualar la Cumbre de Progresismo Global organizada a la mayor gloria de Pedro Sánchez, erigido en héroe de la izquierda mundial (cómo será la izquierda mundial). Allí lució entre foros de Sao Paulo, grupos de Puebla, narcodemagogia, el partido demócrata estadunidense, izquierda europea y Soros.

Todo o casi todo está ahí. Y su enemigo, por supuesto, es la «internacional ultraderechista», que ellos resumen en Trump y figuras como Orban.

Esta izquierda occidental extiende su influencia al Sur Global y está vinculada a China, y es la del progresismo globalista que Bruselas hizo obligatorio y en el que nuestras vidas pierden sentido. Es la que pide deconstruir, revertir e indemnizar el colonialismo (y todo es colonialismo), la que contiene todos los desvaríos woke, el izquierdismo económico, la falta de libertad ideológica y, no lo olvidemos, el inmigracionismo a mayor gloria del mundo financiero y corporativo, hasta un futuro, ya visible en algunas ciudades, de entropía racial y cultural llamado diversidad, con los museos arrasados y, con ellos, el canon y la memoria occidental.

¿Y cuál es el enemigo de esta gente? Trump y los que van en su estela.

Las cosas están muy claras. EL mundo adquiere unos perfiles de gran nitidez, aunque ahora surgen despistados y despistadores empeñados en confundir, y en Europa, y particularmente en España, esa guerra, pues batalla ya no es, encuentra un obstáculo en una cosa llamada PP; que en realidad no es el PP, de poca importancia, sino la extensión política del empresariado, con sus grandes grupos mediáticos, y la Iglesia, metida la entera sotana en el globalismo sorosiano ahora ya no sorosiano, sino sanchista o chinosanchista.

Se ha visto muy claro estos días con el anuncio de la regularización. Llenar España de repente con más de un millón de personas que acabarían entrando es un acto de violencia absoluta contra los españoles. Es una atrocidad. Una atrocidad que un empresario diga que se necesita un millón de curritos y, sin más previsión sobre el efecto en los salarios, los servicios o la vivienda, se diga que adelante.

La Iglesia le da la bendición moral (¡y mucho ojito que salen los papistas!) y los medios lo señalan como necesario, con su ponderado aire de estimación. La figura clave para el salto poblacional es el arraigo, y es del PP. El PP hasta ayer cabeceaba ante esto, sin más problema, les daba igual, poco les importaba a las Cucas y los Borjas, pero ahora objetan solo por Vox, por disimular ante Vox y hacen los numeritos ayusiles habituales.

El Mundo tras el PP y alrededor del PP apuesta por esto que el mismo PP defendía ayer y defenderá mañana. Y la coordinación entre esta derecha y esta izquierda es total. Se van turnando en engranaje. La izquierda justifica ahora la inmigración por trabajo y economía, y la derecha eclesial pone los argumentos morales. Solía ser al revés: humanitarismo open arms y argumentario liberal miamimadrileño.

Pero lo que sostiene al PP y lo que hace que el PP sea el dique entre Vox y el mundo sanchista son los medios, repito, y ellos son la voz del empresariado que muy claramente pidió mano de obra barata del extranjero.

El impacto sobre los españoles, a todos los niveles, es incalculable. Transformará el país. ¿Y quién es esta gente para hacerlo?  

Acometer semejante transformación poblacional de una vez, sin más debate y sin un claro refrendo democrático es otro acto de brutalidad hacia los españoles que debería tener una consecuencia judicial.

Ante esta situación, al menos podemos celebrar dos novedades esta semana.

Una fue que Abascal decidiera irse a por los radicales izquierdistas que boicoteaban el acto en Granada. Fue una acción física contra el cerco que recibe Vox en todos los ámbitos mediante una violencia simbólica e intelectual constante que emana de la misma violencia antiespañola del golpe inmigracionista y que al ser enfrentada puso de manifiesto el papel de la policía gubernamental.

La otra novedad fue la introducción en Extremadura de la prioridad nacional. La política autonómica adquiere una útil relevancia nacional. Esto es un hito, un paso fundamental, un giro copernicano y lo que menos importa son las minucias juridicotécnicas que esgrime el terrorífico mundo pepero y periodístico. El valor es, por encima, político y democrático, aunque tiene gracia que hablen de «desigualdad» (de españoles y extranjeros) cuando ellos han permitido la larga desigualdad entre españoles o, mismamente, entre el hombre y la mujer.

(Necesaria insistencia final: los medios que rodean, protegen y preservan al PP, o sea, ese bloque eclesiástico-empresarial tiene el mismo enemigo que tiene la izquierda mundial alrededor de Sánchez, o sea, el chinosanchismo: Trump. De ahí la importancia clave, absolutamente vital del rubio Trump, mucho más allá de su importancia intrínseca, que es descomunal. Mucho más. Incluso más de ese «mucho más». Ante Trump se define la primera y fundamental toma de posición actual. Por eso el trumpismo es lo que todos ellos, desde Soros hasta la Cope, desde Vicente Vallés hasta los narcos, desde Ana Rosa hasta los Ayatolas, golpean religiosamente, constantemente, día tras día, año tras año…).

La Gaceta de la Iberosfera

Del espejismo del jueves al desencanto del albero: Sevilla entre la gloria y la duda / por María Padillo

'..lo más preocupante quizá no esté solo en lo ganadero, sino en el clima que se está instalando en la plaza. Porque más allá de los nombres propios, de las faenas o de los aciertos, lo que se percibe es un ambiente en retroceso, una especie de desgaste emocional en el público de la Maestranza que empieza a ser difícil de ignorar..'

Del espejismo del jueves al desencanto del albero: Sevilla entre la gloria y la duda.

Por María Padillo
Hay momentos en los que una plaza parece quedarse suspendida entre lo que acaba de vivir y lo que no consigue volver a alcanzar, como si el eco de una gran tarde pesara más que todo lo que viene después. Tras la faena de Morante de la Puebla en el jueves de prefería, la sensación en la Plaza de Toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla ha ido descendiendo como si alguien hubiera ido apagando el entusiasmo. Lo que debía ser continuidad de emoción se ha ido transformando en una especie de resaca donde el ambiente no termina de arrancar, incluso con tres “no hay billetes” consecutivos.

El sábado 18 de abril, con la llegada de la ganadería de Victorino Martín, se abría una de las tardes más esperadas del ciclo. Había expectativas. Se hablaba de ese sello de seriedad que han defendido hierros como el de Victorino o incluso otros de la misma exigencia. Sin embargo, la tarde comenzó a torcerse incluso antes de que saliera el primer toro al ruedo. El sorteo matinal ya dejaba entrever un desajuste entre lo esperado y lo presentado, alimentando comentarios y resignación en redes sociales. Y no era solo una frase en una red social; era la percepción que se confirmaba con el paso de los toros, especialmente en los últimos ejemplares, que ofrecían una imagen más cercana a la de novillos que a la de toros de una plaza de primera categoría como Sevilla. La protesta en los tendidos no tardó en aparecer, aunque en algunos momentos —como ocurrió con el quinto— se desbordó hasta límites discutibles, impidiendo el desarrollo normal de la lidia y abriendo un debate incómodo sobre hasta dónde llega la exigencia del público.

En ese contexto, la tarde se convirtió en una prueba de resistencia tanto para toreros como para aficionados. Borja Jiménez logró acariciar el triunfo al natural gracias a los mejores pasajes de un encierro que fue claramente de más a menos, mientras que Manuel Escribano quedó prácticamente sin opciones de lucimiento real ante un lote que no ofreció continuidad ni entrega. La corrida quedó marcada por la irregularidad de sus ejemplares, con excepciones, como por ejemplo el segundo, un toro de clase superior que permitió lucir la humillación y el ritmo, o el cuarto, que dejó matices interesantes y cierta profundidad en su embestida.

Y, sin embargo, lo más preocupante quizá no esté solo en lo ganadero, sino en el clima que se está instalando en la plaza. Porque más allá de los nombres propios, de las faenas o de los aciertos, lo que se percibe es un ambiente en retroceso, una especie de desgaste emocional en el público de la Maestranza que empieza a ser difícil de ignorar. La exigencia siempre ha sido seña de identidad de Sevilla, pero cuando la exigencia se mezcla con frustración, con expectativas incumplidas y con tardes que no terminan de cuajar, el riesgo es que el pulso de la plaza pierda su brillo. Y en una plaza como esta el contraste entre un jueves histórico y un sábado de desencanto amplía la sensación de que algo no termina de cuajar.

Morante, sostén de una Sevilla en entredicho / por Sergio Hueso

'..El nivel ganadero está lejos de lo que históricamente ha exigido la plaza. El toro que acompañó la obra de Morante —de presencia discutible para el contexto sevillano— quedó relegado a un segundo plano por la dimensión de la faena. Pero la pregunta permanece: ¿qué habría ocurrido con un toro de verdadera categoría? Probablemente, el mérito habría sido aún mayor..'

Morante, sostén de una Sevilla en entredicho

Sergio Hueso
La situación en Sevilla invita a la reflexión seria, lejos de cualquier tentación de disimulo. No basta con cubrir las grietas con la irrupción de un Morante de la Puebla en estado de gracia, cuya dimensión actual —extraordinaria, incontestable— sostiene por sí sola el interés de una plaza que debería sostenerse por su propio peso. El toreo, hoy, depende de él. Y no solo depende: también se ampara en su figura.

Anunciarse junto a Morante, en este momento, exige mucho más que dignidad: requiere un nivel sobresaliente. Porque incluso alcanzándolo, el riesgo de quedar diluido es evidente. Y si no se alcanza, la comparación resulta implacable. La tarde reciente lo dejó claro. Apenas se ha hablado de la firme actuación de Víctor Hernández, cuya mano izquierda, asentada y de enorme mérito ante el lote menos propicio, habría sido motivo de elogio unánime en cualquier otro contexto. Sin la presencia de Morante, hoy estaríamos hablando con mucha más fuerza de lo que hizo el torero alcarreño, y probablemente aquella actuación le habría servido en mayor medida en términos de reconocimiento y proyección. Pero no fue así. El genio de La Puebla absorbió toda la atención y dejó en segundo plano una labor que, por sí misma, merecía mucho más recorrido.

Algo similar ocurrió con Juan Ortega, incapaz de conectar con unos tendidos aún impactados por lo vivido instantes antes. No era una cuestión menor: salir a torear después de una obra de tal calibre condiciona, desplaza y descoloca. Morante no solo firma faenas; condiciona el desarrollo entero de la tarde. Eso está al alcance de muy pocos. De los genios.

Sin embargo, la grandeza de lo excepcional no debería ocultar lo esencial. Y Sevilla arrastra problemas que no pueden ni deben pasar inadvertidos. El nivel ganadero está lejos de lo que históricamente ha exigido la plaza. El toro que acompañó la obra de Morante —de presencia discutible para el contexto sevillano— quedó relegado a un segundo plano por la dimensión de la faena. Pero la pregunta permanece: ¿qué habría ocurrido con un toro de verdadera categoría? Probablemente, el mérito habría sido aún mayor. Porque resulta evidente que Morante tiene capacidad de sobra para imponerse a un toro de mayor seriedad y más acorde a la categoría de Sevilla, y seguramente la imagen final habría sido aún más rotunda y bella que la que dejó con el ejemplar que le correspondió.

La cuestión no termina ahí. Los toros que están saliendo por los chiqueros de la Maestranza generan más interrogantes que certezas. Y sorprende que parte de la crítica se detenga en el comportamiento de los tendidos, como si el problema fuese el ruido y no su causa. Sevilla no es más exigente ahora: simplemente no está dispuesta a aceptar la pérdida de identidad de una plaza que, junto a Madrid, marcaba el rumbo de la temporada.

Resulta cómodo mirar hacia los ganaderos, pero sería simplificar en exceso. En el campo hay toros con la seriedad y la presencia que Sevilla exige; otra cosa distinta es lo que finalmente se lidia, condicionado en gran medida por lo que se compra. El ganadero cría, pero también vende en función de la demanda. Por eso, no son los únicos responsables. La cadena es más amplia: veedores, empresa y, especialmente, autoridades. Porque alguien reseña, alguien decide qué se adquiere, alguien aprueba y alguien, en última instancia, valida que ese toro pise el ruedo de Sevilla. Y ahí es donde la preocupación se agrava.

El palco, lejos de aportar criterio, se ha convertido en foco de desconcierto. No existe un baremo reconocible. En apenas unos festejos, se han sucedido decisiones contradictorias, concesiones discutibles y negativas incomprensibles. Ni siquiera dentro de un mismo equipo presidencial se percibe una línea coherente. Cada tarde parece regirse por un criterio distinto, lo que erosiona la credibilidad de una institución que debería ser garante del orden, no protagonista de la polémica.

Sevilla exige otra cosa. La seriedad de una plaza de su categoría no puede depender del capricho ni de la interpretación variable. Urge una revisión profunda del sistema, una unificación de criterios y una recuperación del rigor que siempre definió a la Maestranza. El toreo no puede permitirse perder también a Sevilla y dejar todo el peso de la seriedad y la integridad en manos de Madrid, hoy por hoy —toquemos madera— la única plaza que mantiene ese listón. Porque cuando la autoridad deja de ser referencia, el conflicto se traslada al tendido, y la tensión sustituye al respeto.

Morante, con su talento irrepetible, está sosteniendo el presente. Pero el futuro de Sevilla no puede depender de un solo nombre, por grande que sea. La plaza necesita recuperar su esencia, su exigencia y su verdad. Todo lo demás —por brillante que resulte— será, en el fondo, un espejismo.

SEVILLA / 8ª de abono Volvió el toro y disgustó/ por Jorge Arturo Díaz Reyes


Un gran Borja Jiménez se cierra la Puerta del Príncipe con su incierto estoque. Maestría de Manuel Escribano mal rematada, y mal apreciada. Encastados y entipados victorinos...

Volvió el toro y disgustó

Jorge Arturo Díaz Reyes
CrónicaToro / Cali, IV 18 2026
Victorino Martín trajo a La Maestranza un conjunto dispar, pero todo en el tipo de su lujoso hierro. Bien armado, en 549 kilos promedio, cuatro cinqueños y mucha casta de diversa expresión.

Emocionaron, incluso apasionaron y hasta sacaron insólitos malos modos de la nobilísima plaza. Más con el cinqueño 5º de 539 kilos, y menos con el cárdeno 6º de 548 kilos. El cual, tras su rara descalificación, empujó en varas, derribó a Vicente Barrera, le sacó fuertemente ovacionado, y luego hizo desmonterar a Iván García, emociones que lograron aplacar energúmenos.

Creo que el argumento era la supuesta falta de cuajo, que no consideraba el tipo propio de la estirpe; culopollo, vareada, cararrata, cornivuelta. Culpas tardías al señor Conde de Santacoloma que lo crio hace 120 años gloriosos. Para colmo, el uno salió en otra versión clásica de la raza; “alimaña”. Y pensar lo que han dejado pasar impune, y hasta ovacionado en los dos días anteriores, incluyendo el de la apoteosis de Morante. Hágame el favor. En fin, cosas del respetable que paga y por ello tiene todo el derecho a la opinión y demás.

Con los cuatro primeros, la cosa fue al contrario. Expectación, ovación de preámbulo, y saludo de los espadas al final del paseíllo, y el proverbial señorío y elegancia maestrantes, que en caso de necesidad ha preferido siempre los silencios indiferentes a las protestas burdas. Por su parte, los toreros bien, muy bien con los trapos y los palos y mal, muy mal con los aceros. De no haber sido así, de haberse puesto la suerte suprema en primacía, la corrida hubiese sido de orejerío y al menos una Puerta principesca. Y la bronca hirsuta contra los dos últimos toros quizá no hubiese aflorado.

Y Borja Jiménez, hay que hablar de Borja. Cómo estuvo, con el segundo y más con el cuarto. ¡Uy! Qué torero. Qué tronío, que comprensión y sensibilidad, qué poder. Cómo dominó sus exigentes toros, cómo puso la plaza, cómo mereció la música, cómo se prodigó al natural con “Bolsilillo”. Hasta 41 repartidos en siete tandas con sus respectivos torerísimos remates le conté. Alguno más, alguno menos, no importa. Porque la calidad, la pertinencia lidiadora y su riqueza expresiva estaba por encima de la cantidad. Ovaciones, pasodoble, runrún y silencio profundo cuando se lanzó a volapié. Todos, presentes y televidentes íbamos tras él. Por dos veces dimos en duro. No estoqueó, mató con la cruceta. El bravo, noble y exigente victorino no lo merecía. Ahí, precisamente ahí, se consumó el sinsabor que dejó la tarde en lo que pudo haber sido y no fue.

Pues con el otro, “Midanito”, cinqueño, de 575 kilos, un tío, También había alcanzado altas cotas éticas y estéticas con una gran lidia en la cual dos señoras tandas naturales brillaron como joyas. Pero la espada delantera, caída, chalequera digamos, hizo imposible que Usía, don José Luque Teruel, complaciera la mayoritaria y escandalosa petición, que ponía de presente las incongruencias actuales del que ha sido uno de los públicos más reverenciados del mundo, si no el más. Corren tiempos frívolos en la fiesta. Típico de las épocas de prosperidad taquillera. Había otro lleno de no hay billetes, creo.

Manuel Escribano, veterano lidiador, para el que la eficacia y las responsabilidades de la lidia están por delante de las complacencias estilísticas, estuvo en su ley. Sobre todo, con el primero “Placentino”, de 546 kilos, uno de los dos cuatreños, bravo, pero blando y por ello defensivo, que puso alto el grado de dificultad. Lo superó maestramente, poniéndolo al final a comer en la mano. Tenía que matarlo bien. Pero le tiró sin necesidad un fierrazo pasado, inocuo, que hizo sonar un aviso y requirió dos descabellos. Con el tercero, a portagayola, espléndido en banderillas, solvente con la muleta, pero su espada total tardó. Le avisaron y la cosa se diluyó. En el quinto ya tuvo que abreviar ante la ira del respetable.

Era para más, para mucho más, pero había que matar, y hacerlo bien.
  • FICHA DEL FESTEJO
Sevilla. Sábado 18 de abril de 2026. Plaza de La Real Maestranza de Caballería. 8ª de abono. Sol. Lleno. Seis toros de Victorino Martín, con 515 kilos promedio, diversos, entipados y encastados.
Manuel Escribano, saludo tras aviso, silencio tras aviso y silencio.
Borja Jiménez petición y vuelta tras aviso, vuelta y silencio.

Incidencias: Los picadores: Espartaco y Barrera, ovacionados tras picar 2º y 6º respectivamente. Iván García se desmonteró tras parear al 6º.

sábado, 18 de abril de 2026

El coro de plañideras y la prioridad nacional / por Jorge Buxadé


'..El primer deber de todo político es atender al interés prioritario del pueblo español. El segundo deber es atender al interés prioritario del pueblo español. El tercer deber consiste, en caso de duda, atender al interés prioritario del pueblo español..'

El coro de plañideras y la prioridad nacional

Jorge Buxadé
Establecer el principio de Prioridad Nacional como guía de comportamiento en el acuerdo de gobierno entre VOX y el Partido Popular en Extremadura y oír al coro de plañideras ha sido todo uno. Sánchez y Bolaños, Moreno Bonilla y Ayuso, a la vez, tocando a rebato. El sistema se siente en peligro y lanza acusaciones groseras —inconstitucional, xenófobo, inhumano…— y amenazas directas.

Pero da igual porque en su lamento está su derrota. En sus lloros, quejas, aspavientos e intimidaciones. En su lastimosa reacción a un buen acuerdo para los extremeños está su derrota. Y es la primera de muchas. La Era del cachondeo, el robo, la injusticia y el expolio del pueblo español ha acabado. No hay nada en la Constitución que imponga al español un deber de someterse al foráneo, de ser arrinconado, de retroceder siempre, de no disfrutar de la solidaridad compartida, o hacerlo el último esperando en la cola de la dependencia si no mueres antes.

El primer deber de todo político es atender al interés prioritario del pueblo español. El segundo deber es atender al interés prioritario del pueblo español. El tercer deber consiste, en caso de duda, atender al interés prioritario del pueblo español. No de una parte. No de un territorio. Ni siquiera de una casta, clase o grupo. Pero el régimen del 78 lleva dentro de sí la semilla de la diferencia injusta, de la discriminación irrazonable. El entero sistema autonómico es una enmienda a la totalidad al interés nacional. Y esa es una de las labores históricas de VOX: liberar al pueblo español de los falsos consensos y de los políticos que tienen atenazada su libertad.

La imposición de la mentalidad globalista, de las «sociedades líquidas» y del multiculturalismo ramplón, que es rendición, ha agravado la situación. Quienes entregan el dinero de los contribuyentes españoles para financiar infraestructuras y mejoras en los regadíos de Marruecos y lo niegan a los agricultores de Jaén o Córdoba o Almería —a quienes expropian tierras para el negocio de las renovables— se oponen a la prioridad nacional. Quienes han traicionado las justas y legítimas reivindicaciones de España sobre Gibraltar y en todo caso sobre el «istmo, las aguas adyacentes y el espacio aéreo» usurpados a España, y condenan a las gentes del Campo de Gibraltar a una vida de miseria y sumisión al ilegítimo gobierno de la colonia ilegítima, se oponen a la prioridad nacional.

Pero España se dio a sí misma un Estado del bienestar. Lean bien. España. No Marruecos, ni Senegal ni Bangladesh, Ecuador o Perú. España se constituyó en eso para los españoles; proclamando la justicia como primer valor superior. Y justo es, desde Ulpiano, dar a cada uno lo que le pertenece. No es justo que en los servicios sanitarios pase primero el que más grita, o el que se avanza puestos en la cola mientras acusa a Occidente de crueldad sistémica contra su raza.

La soberanía —el poder como carga, según he explicado ya mil veces— es del pueblo español. Y si la carga es para el pueblo español también ha de serlo el beneficio o la ayuda que los españoles con posibles dan a los que padecen un mal momento, un desempleo transitorio, una enfermedad grave o una incapacidad real para el trabajo. Es de justicia. Y es de sentido común.

El principio de prioridad es un principio de gestión. El dinero de los contribuyentes es escaso; salvo para esos políticos que prometen y prometen, y compran votos con el dinero de todos y engañan, sobre todo engañan. A la hora de entregar los servicios o bienes ofrecidos al público como manifestación de solidaridad colectiva o de una determinada política social, hay que tomar decisiones y priorizar. Legítimo es que el gobernante que ha de tomar decisiones y gestionar bienes escasos de todos elija como criterio preferencial el de prioridad nacional. En la vivienda pública, que se paga con dinero de todos. En la sanidad pública, que se paga con dinero de todos.

Otros prefieren dar pisos a quien una oenegé pagada con el dinero de todos al servicio del gobierno declara «vulnerable». Otros prefieren dar hoteles de lujo a los ilegales y barracones inmundos a los españoles. Nosotros preferimos la Prioridad Nacional. Mientras un español no tenga pan, mientras un hogar carezca de lumbre, no puede sino alzarse el principio del sentido común.