la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

viernes, 5 de junio de 2026

San Isidro'26. Yemas de Jandilla y un hueso de Santiago Domecq. En la Feria de los Avisos, De Justo ha puesto una caseta. Márquez & Moore


'..Para ser justos, los de Jandilla no deberíamos mirarlos con los ojos de mirar a los toros, sino con los ojos del que elige los óleos para una pintura. Nadie en el entorno de esos toros tiene otro interés que el de crear y criar un «producto» que sea óptimo para que un torero pueda expresar su tauromaquia sin recibir por parte del toro otra cosa que apoyo, colaboración y sumisión..'


JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ
La corrida de hoy era, según me dijo un señor, una «corrida de figuras». ¡Ah! ¿Y quién torea?, le pregunté, y ahí me enteré de que hoy me tocaba ver en Las Ventas a Emilio de Justo, Borja Jiménez y Víctor Hernández, lo cual me llevó a cavilar sobre qué entenderán algunos por eso de «figura», otro de esos términos devaluados que, a base de sobarlo, ya nada significa. Porque uno piensa en lo que se entendía antes por «figura» y cuesta mucho meter en esa categoría a Emilio de Justo, que da la impresión de no mandar ni en su casa, como para andar mandando en los despachos, aunque se ponga a pegar berridos, que es hoy por hoy lo que mejor se le da. Y los otros dos, pues lo mismo, que si se ponen un poco chulos los coge el empresario de turno y los cancela, como se dice ahora, y los carteles que compone el tal empresario ni se resienten ni se derrumban sin sus nombres pintados en ellos.

Sean o no lo que se dice figuras, lo que sí que consiguieron es que se pusiera un nuevo «No hay billetes» en esos huecos que hay a los lados de la Puerta Grande, señalados por un rótulo de cerámica que dice «Taquillas», lugar donde jamás se ha visto a tantos y tantos «grandes aficionados», amantes del gañote, de la cuchipanda y del «amón»; y aunque nos congratulamos y no dudamos de la veracidad de ese cartel, volvimos a observar en este nuevo lleno la existencia de buenos huecos en las andanadas, aunque es justo reseñar que en todos los burladeros del callejón no cabía ni un alfiler.

Otra de las características del particular mundo del toro, aparte de la afición al gañote antes referida, es la de la opacidad. Todo se sabe por dimes y diretes, por «me han dicho que» y por «parece ser que», pero sin un documento oficial que explique al aficionado si es verdad que para aprobar los cuatro de Jandilla que se aprobaron hubo que examinar y analizar a treinta toros, cosa que se comentaba en ciertos corrillos y que, de ser cierta, desbarataría la encomiable misión del veedor, sea éste quien sea. La cosa es que al final, tras tantas idas y venidas, solamente se pudieron salvar, como dignos de ser lidiados en la Monumental, a cuatro de Jandilla, que enlotaron perfectamente echando los dos de más presencia por delante y los dos más zapatuelos por detrás, y para completar la media docena precisa para el espectáculo se trajeron dos de Santiago Domecq.

Para ser justos, los de Jandilla no deberíamos mirarlos con los ojos de mirar a los toros, sino con los ojos del que elige los óleos para una pintura. Nadie en el entorno de esos toros tiene otro interés que el de crear y criar un «producto» que sea óptimo para que un torero pueda expresar su tauromaquia sin recibir por parte del toro otra cosa que apoyo, colaboración y sumisión. En ese sentido no es relevante, cuando se habla de este ganado, echar cuentas de cómo salieron, de cómo pelearon con el penco y el jinete o maturrango que le gobierna o de qué hicieron en el segundo tercio, porque nada de lucimiento en esas fases se ha buscado en estos toros, que son criados exclusivamente con la finalidad de ponerse a disposición del torero de turno para que con ellos pueda llegar a la creación de obras efímeras e inmarcesibles armados de su muleta. 

Ése es el plan, que se cumple hasta que llega Emilio de Justo y sortea dos yemas de San Leandro llamadas Opaco, numero 94, y Lacerado, número 93, y se comprueba que entre su festival de gritos, bramidos y berridos, es incapaz de aprovechar las inocentes, educadas tranquilas y nada exigentes embestidas de los toros para construir una obra mínimamente estimable. Lo que hemos visto esta tarde se denomina desperdiciar la oportunidad, porque los dos bombones que ha tenido la suerte de sortear han sido el mejor regalo que se podía haber encontrado, si tuviera algo que decir con palabras. Si el Opaco ha sido bueno, lo del Lacerado ha sido como para darle el Premio Nobel de la Paz, porque no creo que se haya visto en la Feria un toro más embestidor y repetidor que éste, que no ha dado muestras de cansancio ni de sofoco. Sin importarle las veces que el pobre Emilio le puso la muleta, acudió a todas sin un mal gesto, sin una mala cara, sin un derrote; incluso con el estoque dentro parecía que esperaba que le pusieran la muleta para ir a ella como los insectos van a la luz. 

A cambio de sus bondades para el último tercio los dos de Jandilla recibieron un baño de vulgaridad, falta de colocación, ventajismo y ausencia del más leve compromiso, yéndose ambos al otro mundo sin haber llegado a conocer qué es eso del toreo para lo que habían sido criados. Menudo chasco para ellos. A cambio, su percepción del mundo fue torturada por los constantes bocinazos y chillidos de un tío vestido de rosa mejicano y oro que fue tundiéndolos a pases, medios pases, trapazos, chicotazos y alguna trincherilla y el esperpento del final por poncinas a su segundo, todo muy por debajo de lo que las claras embestidas de ambos toros prometían. Los mató a base de descabellos, de forma impropia, un torero que lleva casi veinte años de alternativa al que parece que toda la fuerza se le va por la boca. Los dos toros fueron despedidos con palmas por aquellos que en el toro valoran sobre todo su carácter embestidor.

El Jandilla de Borja Jiménez, de púrpura y oro, fue Libélula, número 22, un jabonero hermoso y armónico que gustó porque entró fuerte al caballo de Tito Sandoval y, tomándolo por delante, lo derribó bellamente. En la segunda entrada lo intentó de nuevo pero sus fuerzas ya no eran las mismas. El toro demostró un buen tranco y disposición al galope en banderillas y todo se acabó cuando Borja Jiménez se dedica a castigar al toro por abajo, en el inicio, a base de doblones y con eso digamos que se carga al toro, que tras ese principio inexplicable ya no vuelve a ser el mismo. Lo intenta Borja en diversos terrenos y la cosa no sale, y mira que lo intenta que hasta le dan un aviso. Luego le salió una pintura, un sardo de Santiago Domecq que atendía por Piernasuelta, número 67, que se empleó en varas, fue bregado con soltura por Juan Carlos Rey y recibido en los medios con pases cambiados por Borja, que hoy no tuvo su día. En ningún momento vio la faena al sardo y anduvo como una tabla en el mar a merced de las olas. Por ningún lado se atisbó algo reseñable de su actuación que fue seguida con la frialdad que se merecía por un público estupefacto al que no se le iba de la cabeza la idea de que dentro de dos días le tenemos anunciado en Las Ventas para vérselas con 6 toros 6. Que Dios le coja, y nos coja, confesados.

Víctor Hernández, de lila y oro, se las vio con su primer Jandilla, Zorrero, número 70, protestado de salida por chico y que apenas conoció la declinación del verbo picar. No fue este el toro que le venía bien a Hernández, acaso porque su embestida es franca y no pone la emoción que falta para hacer singular el toreo del matador. La faena se desarrolla en las más previsibles líneas del neotoreo con todas las cosas inherentes a esa mixtificación, tales como el cite ventajista con el pico de la muleta, la falta de colocación y de remate y demás cosas harto conocidas que componen esta manera contemporánea de concebir el toreo que tanto detestamos. Su segundo fue Versado, número 51, que le arreó un tremendo volteretón según le comenzaba a lancear a la verónica. En varas el toro empujó con fuerza, brío y fijeza, metiendo los riñones y recibiendo lanzazos sin tasa de parte de Agustín Collado. En la segunda vara, igual de mal picado, sacó al caballo hasta el tercio a base de empujar. No tuvo suerte el toro en esto, porque su disposición merecía un mejor trato. Lidia bien Marcos Prieto con un terno muy poco visto de color carmesí y azabache y comienza su faena Víctor Hernández en chaleco, porque la chaquetilla se la había destrozado el toro en la voltereta del principio. Su actitud en este toro es totalmente distinta a la del primero, volviendo a recordarnos a la personalidad del Víctor Hernández del año anterior, ésa que dicen que se inspira en José Tomás, y si bien opta por las cercanías demasiado cercanas y ahogadoras de la embestida desde el principio, bien es verdad que también plantea su faena con una buena colocación, dejando la pata adelantada y cayendo hacia adelante. Las cercanías que propone hacen que esté dando medios o cuartos de pase, pero la posición del torero, muy cruzado, y la fiereza del toro hacían emocionante lo que se estaba viviendo. Una nueva cogida no le amilanó. El torero remató su obra muletera sin refrendarla con el estoque, pero dejando buen regusto en la afición. Siempre hemos dicho que si el toro pone la emoción los defectos del torero se pueden pasar algo más por alto, sobre todo si hace un esfuerzo como el que hoy hizo Víctor Hernández.

En «toreabilidad» vencieron los Jandilla; en toro a secas la palma fue para Santiago Domecq. Con los 7 de hoy, si no me fallan las cuentas, ya llevamos 78 avisos en la Feria de San Avisos.



ANDREW MOORE














FIN

MADRID/ 24ª San Isidro Impresionante / por Jorge Arturo Díaz Reyes


Víctor Hernández con “Versado” el 6° bis. Foto: Las Ventas

Un heroico Hernández dos veces cogido pincha una faena de gran contenido ético. Silenciados Emilio de Justo y Borja Jiménez, ante un encierro que dio mucha pelea en tarde de siete avisos…

Impresionante

Jorge Arturo Díaz Reyes
CrónicaToro / Madrid, 4 VI 2026
De Jandilla cuatro, los primeros, y quinto y sexto de Santiago Domecq, vinieron, vieron y vencieron. Más el que abrió la corrida, “Opaco” un cuatreño, carbonero precioso, astifino de 591 kilos, que fue recibido con ovación y que se jugó entero, bravísimo en todos los tercios. Ante la capa insuficiente, las varas traseras de José Antonio Barroso. Los discretos quites a la chicuelina del titular Emilio De Justo y Borja Jiménez, que no le hicieron los honores. Las banderillas más que decorosas de Chacón y Valcárcel, y la muleta y la espada, que fueron historia aparte.

A todo fue con prontitud, codicia, fijeza, morro abajo y repetición generosa, largamente, con mucho fondo el gran jandilla. Pero lo que encontró fue un trapo encimista que no vaciaba, ensamblando un viaje con el otro, sin permitir el parar y sin mostrar el mandar, a la altura que la estupenda arremetida merecía. El tendido entendió de una por donde iban las cargas. Y a las series respondía con fría cortesía.

El torero de Torrejoncillo, un valeroso sobreviviente de esta plaza y de muchas batallas más, está por encima de toda duda, pero con este magnífico ejemplar con el que en otro mejor momento hubiese levantado una leyenda se equivocó de medio a medio y lo dejó ir. Además, dándole un muerte indigna e inmerecida. Un pinchazo bajo, diez intentos de descabello y dos avisos. Más que el silencio piadoso, la gran ovación para el árratre resumió el primer acto fallido de la corrida. Que tuvo varios.

El cuarto, “Lacerado”, negro, cinqueño, un dechado de obediencia y bondad, que por su poco remate fue protestado de salida, el único, pero pronto su amable juego le ganó simpatías. Emilio se volvió a enrutar por los caminos retórico dejando de lado la sustancialidad, en una faena que la hubiese merecido. Quizás el momento más lúcido lo alcanzó promediando, con series de naturales, trinchera, natural y pecho ligados. El discurso circular impactaba, vendía. Salvo en algunas voces exigentes, aisladas, que en democracia pesan poco. Pero llegó la suerte suprema y una espada trasera desprendida indignó, seguida también de dos avisos y tres golpes de cruceta que fueron como tres golpes en la puerta de la desgracia, para citar al Extranjero de Camus. Una sonora rechifla acompañó el regreso al burladero, y la ovación para el toro fue a palma redoblada.

Borja Jiménez, no logró establecer gobierno ni temple sobre las embestidas de encastado segundo, “Libelula”, al cual terminó pinchando por partida doble con clarinazo y un fierrazo arriba que puso punto final. Con el quinto, “Piernasuelta” un precioso berrendo en sardo, de Santiago, también de mucho raza, porfió trompicado ante la indiferencia del lleno, y el desconcierto del toro. Una estocada ida y dos golpes de cruceta silenciaron a todos.

La tarde parecía irse sin historia coletuda. Las hazañas las habían protagonizado los toros. Hasta cuándo Víctor Hernández y el avieso “Versado”, el sexto, sé encontraron. Entonces la cosa se tornó dramática y trágica. En el primer lance el joven fue cogido violentamente con toda la fuerza del toro levantado, lanzándolo muy alto y buscándolo a cornada limpia después. De milagro no lo caló. Se reincorporó sereno , sin zapatillas, ni chaquetilla ni coba, y volvió a la incierta y erizada cara, entre la ovación solidaria.

Collado le pegó duró en dos varas traseras, como es ya canón, entre protestas, mientras el santiaguino empujaba denodado. El brindis al público alentó la simpatía que ya era mucha por el torero. Siempre por la cara, el arrojado de Los Santos de la Humosa, respondió por su hombría con aguante, y por su torería sacando muletazos de diverso temple a los inciertos envites. Cada uno era un albur. La gente con él, cómo no. Partidarios y no. Hasta que en un derechazo la revuelta encontró bulto y la segunda cogida por el fajín lo izó como bandera sacudiéndolo aterradoramente. Nada, por fortuna no hubo compromiso de piel. Pero lució tremendo. De allí en adelante el espectáculo de valor y riesgo conmocionó la plaza. El premio venía porque venía, pero la espada dijo no. Delantera ineficaz, seguida de siete descabellos y un aviso dejaron todo en una saludó con ovación estruendosa que le acompañó hasta que dejó la plaza. Impresionante.

  • FICHA DEL FESTEJO
Madrid. Jueves 4 de junio 2026. Plaza de Las Ventas.
 24ª de San Isidro. Sol 28ºC. Lleno. Cuatro toros, de Jandilla, 5º y 6º de Santiago Domecq, diversos de presencia y muy encastados, bravo el 1°.
Emilio de Justo, silencio tras dos avisos y pitos tras dos avisos.
Borja Jiménez, silencio tras aviso y silencio.
Víctor Hernández, saludo con protestas tras aviso y saludo tras aviso.

San Isidro/26: Valor espartano de Víctor Hernández / por J.L. García Losada


'..Madrid tiene un nuevo héroe que ha de pulir ciertos conceptos, pero los grandes logros a veces son la conquista de lo que parece imposible..'

 Valor espartano de Víctor Hernández

Por J.L. García Losada - España
Opinión y Toros / Madrid, 4 Junio 2026
Transcurría la tarde entre avisos y montoneras de pases hasta que se plantó Víctor Hernández.

El madrileño ante el último toro de la tarde de nombre "Versado" en su primer lance a la verónica el toro lo lanza al cielo de Madrid y lo arrolla despojándolo de la chaquetilla, un milagro. Y sin mirarse se levanta y continúa con la lidia, para su desgracia su cuadrilla hoy no tiene su tarde sobre todo su picador. Ante este toro fiero y sin clase que escarbaba entre cada pase el santero no movió ni un músculo y le quiso realizar el toreo como si de un toro noble se tratara, ofreciéndole el pecho y pase a pase fue enganchando al público hasta que de nuevo lo enganchó por un lateral temiéndose lo peor, afortunadamente el astado no logró calar el maltrecho cuerpo del matador. 

De nuevo se volvió a levantar y de nuevo en las cercanías y cruzándose de manera temeraria pudo ofrecernos aún más emoción logrando muletazos a sangre y fuego. Después de una estocada y varios golpes de verduguillo recogió una sonora ovación. Madrid tiene un nuevo héroe que ha de pulir ciertos conceptos, pero los grandes logros a veces son la conquista de lo que parece imposible.

Aunque incomodados por el viento acontecido esta tarde, tanto Emilio de Justo como Borja Jiménez intentaron mostrar su tauromaquia. El extremeño se perdió un poco entre tantos pases que, aunque a veces fijaba la embestida de sus toros, no lograba enganchar al público a su obra. De igual forma, hoy tampoco fuer la tarde del sevillano que tuvo un quinto toro que mostró dificultades pero tuvo la cualidad de la humillación y el recorrido en esta ocasión no encontró la comunión con el tendido que silenció su labor, el domingo tiene ante sí el reto de una encerrona en Madrid donde podrá cambiar la moneda.

jueves, 4 de junio de 2026

CARTA A SU SANTIDAD LEÓN XIV: 'Visite el Valle, levante el cáliz y bendiga a España...'


'..La obra de la Basílica Menor es única en el mundo, y la Cruz que Usted, Santidad, y yo llevamos en el alma y colgada al cuello no puede ser profanada. Visite el Valle, levante el cáliz y bendiga a España por la exigencia de miles de víctimas que regaron España con su sangre defendiendo la fe, como Nuestro Señor regó el Gólgota con la suya..'


San Isidro'26. Fiesta de corrales para tarde de gayolas y la tauromaquia más pueblerina que concebirse pueda, con Garrido, Martín y Navalón (con perdón). Márquez & Moore


'..Madrid hoy perdió sus complejos y se reivindicó plenamente como la Primera Plaza de Toros de Pueblo del Mundo. Faltaron puestos con churros, berenjenas de Almagro y algodón de azúcar en la explanada, faltó una noria y unos coches de choque y una tómbola para que la recreación hubiese sido perfecta en lo que concierne al exterior de Las Ventas..'

JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ
Anteayer, el respeto, el miedo, la incertidumbre, y hoy, la fiesta, el jolgorio, la parranda. Así es esto de los toros, a los que también se conoce como «Fiesta». Pues para todos aquellos a los que les va la fiesta, hoy la tuvieron en diversas formas y manifestaciones. Lo primero una fiesta en los corrales, cuando el sanedrín veterinario decidió no dar el apto a la corrida que mandaba Lagunajanda, que como ya hemos visto unas cuantas de esos «ganaderos» tampoco vamos a derramar una lágrima por el hecho de que esos animalejos hayan tenido que retornar a Vejer con el rabo entre los cuartos traseros. Lo segundo, la fiesta de las sustituciones: ¿qué prefieres, que te corte la cabeza o que te pegue un tiro?, pues ésa era la duda existencial al saber que las posibles sustitutas eran o bien La Ventana del Puerto o bien Montalvo. Al final la cosa se decantó por Montalvo, que mandó a Madrid un encierro de esos que hacen que a un ganadero un poco escrupuloso se le caiga la cara de vergüenza; no es que entre el que más y el que menos pesaron hubiera una «horquilla» de 102 kilogramos; no es que los toros estuvieran herrados con saña y mala leche; no es que de las seis prendas que trajeron echasen dos a las tinieblas; es que lo que salió por chiqueros fue una troupe de payasos del Circo Price, no de éste de ahora, sino del que estaba en el mismo sitio donde tiene su sede el mentecato de Urtasun, que si fuera toro podría haber llevado en el anca los dos círculos concéntricos de Montalvo con todo merecimiento.

Madrid hoy perdió sus complejos y se reivindicó plenamente como la Primera Plaza de Toros de Pueblo del Mundo. Faltaron puestos con churros, berenjenas de Almagro y algodón de azúcar en la explanada, faltó una noria y unos coches de choque y una tómbola para que la recreación hubiese sido perfecta en lo que concierne al exterior de Las Ventas. En lo tocante al interior todo salió de forma adecuada a la tauromaquia más pueblerina y más de fiestas patronales que se pueda concebir. La disposición de los tres actuantes dio pie a la transmutación, con la ayuda eficiente y necesaria de los ocho toros que salieron por la puerta que custodia don Gabriel Martín, hoy más barquillero que nunca, de los que dos fueron retirados de la circulación por los bueyes siderales que pastorea el ingeniero señor Fernández. La pauta de que la tarde se desarrollaría en un tono de fiesta y jolgorio ya se vio desde el principio, cuando el sufrido portador del cartel, don Alejandro Polo, salió de su negociado portando su pesada herramienta de trabajo para anunciar al primer toro sustituto de la tarde, corrido en primer lugar, faltando en la tablilla el número 2 de los 625 kilos del animal. Observado el error sale un propio portando el número natural que sigue al uno, que es colocado en la tablilla de la que vuelve a caer y cuando don Gabriel se retira y observa el guarismo en el suelo, con su cartel sobre el hombro la emprende a patadas con el número, acaso como homenaje al Mundial de Fútbol que comienza en breve. Estos indicios, el del toro blando y lo del cartel ya nos pusieron sobre aviso de que hoy la cosa iba de jarana.

Para vérselas con los Montalvo contrataron a José Garrido, de visón y oro, a Ismael Martín, de grana y oro, y a Samuel Navalón, de blanco y oro.

El del número 2, el primer sobrero, era de Casa de los Toreros, que ya el nombrecito tiene guasa, y atendía por Laborioso, número 51. Esta ganadería aún no cuenta con antigüedad, pero viene avalada por su procedencia Juan Pedro Domecq – Torrestrella, que es como si dijéramos una ostra Guillardeau del número 1 para los amantes del toro que va y viene y no estorba. Comprenda el sufrido lector que no le aburramos con las insustanciales evoluciones del toro en los dos primeros tercios, dado que lo único verdaderamente reseñable son las caídas o caidillas del semoviente. 

Cuando don Lamberto aporreó sus timbales tocando a muerte ahí se dispuso Garrido a mostrar a la parroquia sus mañas aprendidas en sus diez años de alternativa. Comenzó ¿cómo no? de rodillas, porque ésta de hoy fue tarde de muchas rodillas, y fue desgranando su colección de pases, más vistos que la Puerta de Alcalá, en los que tuvo la precaución de no colocarse bien para uno solo de ellos. El tal Laborioso estaba laborando a favor de obra, eso es que iba y venía, ni una mirada, ni un mohín, ni un mal gesto, y ahí seguía Garrido con sus muletazos descolocados y su cite de aquella manera, cosechando aplausos del público, que parecía que venían a los toros directamente de la Procesión de San Roque. Reseñemos la estocada de Garrido y la muerte brava de Laborioso que, un poco, le redime de su bobería. Una cierta parte del público pidió la oreja y el Presidente, como quien dice el alcalde de la pedanía, sacó el trapo blanco y santas pascuas. 
El castañito listón que hizo cuarto, Caprichoso, número 38, no tenía el afán correteador del primero. A este le recibió de rodillas a porta gayola, esta de verdad, de la que te pones de rodillas sobre la raya blanca, para contento de los que eso les gusta y luego comenzó su faena, de nuevo de rodillas, en el platillo por no variar. Si con el bueno dio la medida de su talento o de su disposición, con el malo la cosa no acabó de tener lucimiento, habida cuenta de que las trazas que desarrolló en el segundo no distaban de las mostradas en el primero ni apareció ningún propósito de la enmienda sobre lo ejecutado con anterioridad.

A Ismael Martín le echaron por delante a Caprichoso, número 30, primer Montalvo cuya lidia veríamos entera. Lo mejor de Martín es su disposición, sus ganas de estar a todo, desde sacar al toro del caballo toreando hasta entrar en quites, banderillas o lo que haga falta. Había saludado al toro también de rodillas con una larga cambiada. Con la muleta la cosa pierde intensidad aunque el torero quiso dar su emoción a la cosa empezando con pedresinas y luego poniendo en marcha un trasteo muy superficial que es rematado con una estocada tendida. Parece que está haciendo oposiciones a tomar el sitio que ya va dejando el Fandi, con sus mismas armas. 
A su segundo lo recibió de rodillas en «medios gayolos» y cuando le estaba pasando por verónicas el toro le propinó una fuerte voltereta. Luego, tras haber clavado su primer par de banderillas el Presidente/Alcalde pedáneo decidió echar al toro para que saliera un zambombo de Fermín Bohórquez que atendía por Haragán, número 42, ante el que se verificaron unos nuevos «medios gayolos» y después una media verónica de rodillas en el 10. Un par de banderillas en terrenos del 4 corriendo hacia atrás y clavando toreramente en la cara es lo mejor de toda la tarde, y aunque el par fue excelente nótese cómo éste no se aparta del aire fiestero y provinciano que teñía toda la corrida. Comienza su faena nuevamente de rodillas y desarrolla el temario con argumentos equivalentes a los del primero, para terminar en un festival de bernardinas a go-go, un pinchazo y una estocada.

Samuel Navalón sorteó a Pólvora, número 86, ante el que desplegó unos modos que no acertamos a clasificar, pero que están en la línea de lo que vemos todos los días de manera reiterativa. Su aportación a la tauromaquia de gache fue su exacerbada exhibición de testosterona, poniéndose a milímetros de los pitones del pobre toro, que ya nos gustaría ver a alguno hacerle eso a los de don Pepe Escolar, y luego un clásico final aldeano a base de bernardas antes de cobrar una estocada en la suerte contraria. 
El sexto y último salió casi a las nueve y media, casi a la hora de irnos a ver los fuegos artificiales, que para no ser menos que sus antecesores también recibió una porta gayola, esta también del tipo «medios gayolos», porque no veas si se puso alejado de la tal porta. Tras el ¡ay! Se volvió a plantar de rodillas para dejar un pase afarolado y también se fue a los medios a ponerse una vez más de rodillas para comenzar su faena, en cuyo transcurso se llevó una voltereta pasando con la izquierda: el toro se paró en medio del muletazo y el torero no se movió, resultando prendido sin consecuencias y siguió sus labor, larga labor, hasta que ya decidió pegar unas bernardas sin la ayuda del estoque, poco lucidas y trompicadas. Pinchazo y estocada.

Faltó en Las Ventas esta tarde un tío rifando un jamón por el tendido*, que es el único detalle pueblerino que se echó en falta hoy. Todo lo demás se cumplió perfectamente.
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* N del E.- Ahí queda la idea, para Amón. ("Amón" es como Pepe Brajeli, apoderado de Curro, llamaba al "jamón". Alternando en la barra, si tenía que ir al lavabo, dejaba el postizo dental sobre el plato para que en su ausencia nadie tocara el "amón")



ANDREW MOORE












FIN

Feria de San Isidro. Las Ventas arrastra un serio problema / por Antonio Lorca

José Garrido pasea la oreja que cortó a su primer toro.JUANJO MARTÍN (EFE)

Un público gritón, aplaudidor y jaranero amenaza cada tarde con acabar de una vez con el prestigio de la ‘primera plaza del mundo’

Las Ventas arrastra un serio problema

Antonio Lorca
Nueve minutos faltaban para las diez de la noche cuando murió el sexto toro de la tarde, un festejo tan largo que a esa hora ya te habías olvidado de lo sucedido en los primeros toros.

Pero esta duración insoportable, un mal de la tauromaquia actual, se une a otro más grave problema: el asalto diario y permanente de un público analfabeto en materia taurina, gritón, aplaudidor desaforado y orejero hasta la vergüenza ajena que amenaza con apoderarse de esta plaza y acabar de una vez por todas con su prestigio.

Ha ocurrido muchas tardes y, especialmente hoy, ante un cartel de toreros de escaso relumbrón. Hoy no se ha abierto la Puerta Grande de milagro y solo se ha cortado una oreja por el mal uso de las espadas, y toda la culpa hubiera recaído en los tendidos, que parece que han disfrutado como niños en un parque.

José Garrido se colocó de rodillas en la segunda raya del tercio para recibir al cuarto de la tarde; sin duda alguna, la posibilidad de abrir la Puerta Grande tras la oreja que cortó en su primero le sirvió como acicate para una entrega especial. Salió airoso de la apuesta, pero la larga cambiada fue vista y no vista porque el toro apareció en el ruedo como si huyera de su sombra y pasó al lado del torero sin percibirse, seguro, de su presencia. Pero ahí quedó el gesto.

Volvió de hinojos en el inicio de la faena de muleta, y la codicia del toro le permitió entusiasmar a gran parte del público con seis derechazos de buen trazo. El animal repitió en la siguiente tanda con codicia, lo que permitió albergar la esperanza de que Garrido consiguiera el premio soñado, pero no fue posible. Pronto se aplomó el colaborador necesario, y los naturales siguientes a pies juntos y otra tanda final con la mano derecha carecieron de la enjundia necesaria. En resumen, que la Puerta Grande quedó cerrada hasta mejor ocasión.

Si hubiera cortado la oreja en ese toro, se habría planteado un problema sobre el que habrá que reflexionar en algún momento. La Puerta Grande de Las Ventas está muy barata, y el prestigio de la primera plaza de mundo exige que vuelva la seriedad, la exigencia y la integridad.

En el caso de José Garrido, el trofeo que paseó no cumplió el baremo de emoción y calidad que tal premio requiere. Y no es que estuviera mal, no; no estuvo a la altura de una oreja de peso en Madrid.

Lo recibió a la verónica con una rodilla en tierra y, posteriormente, participó en un quite por garbosas chicuelinas rematadas con una larga muy torera.

La faena de muleta estuvo salpicada de momentos bellos tanto en los redondos iniciales como en una tanda de naturales ante un toro de carril, con clase, ritmo y prontitud en la embestida. Pero la labor del torero no alcanzó en ningún momento la altura deseada; faltó consistencia, dominio de la situación y remate. Mató de una estocada algo caída que produjo un agónico derrame del toro, y paseó un trofeo cuando el premio no debió pasar de la vuelta al ruedo.

Y una vuelta entre la aclamación popular dio el joven Ismael Martín, muy animoso, un derroche de pundonor, entrega y tremendismo, vitoreado por un público que creyó estar viendo al Guerra revivido. Y no era para tanto. Era, eso sí, la oportunidad de oro de su corta vida torera, y Martín quiso exprimirla hasta la última gota, pero las prisas no son buenas consejeras, y Martín tiene muchas, y practica un toro superficial y de escaso fondo.

Se le debe reconocer, no obstante, su entrega y sus deseos de agradar. Manejó el capote con soltura y se lució a la verónica en el recibo a sus dos toros. Puso banderillas en ambos y solo el primer par lo clavó asomándose al balcón. No dijo nada ante su descastado primero, y se mostró variado y sin sustancia ante el soso y noble quinto, un sobrero de Fermín Bohórquez, al que había recibido de rodillas en los medios. Del mismo modo esperó al titular devuelto, que lo volteó dramáticamente cuando trataba de capotearlo junto a las tablas. Lo enganchó por la chaquetilla, lo elevó por los aires, y el torero dio una vuelta de campana antes de caer de bruces contra la arena. Solo sus 22 años le permitieron levantarse como si tal cosa. Con el sobrero, volvió a presentarse como un torero de pundonor, pero de toreo superficial y para paladares poco exigentes. A pesar de ello, la plaza vibró en distintos momentos y quién sabe lo que hubiera ocurrido si mata a la primera.

También falló en la suerte suprema Samuel Navalón en el que cerró plaza, además de ser sumamente pesado, como sus compañeros de cartel. Escuchó el primer aviso antes de entrar a matar, y tras una labor aseada y correcta ante un noble toro que le ofreció más posibilidades de las que él desarrolló. Faltó hondura en el trasteo de su primer toro, poco codicioso y soso, lo que no evitó que Navalón se presentara como un joven torero con capacidad para seguir adelante a pesar de esta tarde anodina para su hoja de servicios.
  • Montalvo / Garrido, Martín, Navalón
Toros de Montalvo, que sustituyeron a los anunciados de Lagunajanda, rechazados en el reconocimiento -el primero y el quinto, devueltos por inválidos-, correctos de presentación, mansurrones, blandos, nobles y descastados. Primer sobrero, de Casa de los Toreros, correcto de presentación, manso y con clase en la muleta. Segundo sobrero, de Fermín Bohórquez, correcto, mansurrón, noble y aplomado.

José Garrido: estocada algo caída (oreja); media estocada -aviso- y dos descabellos (ovación).

Ismael Martín: estocada algo caída (ovación); pinchazo y estocada baja -aviso- (petición y vuelta al ruedo).

Samuel Navalón: buena estocada -aviso- (ovación); -aviso- pinchazo y estocada trasera -segundo aviso- (ovación).

Plaza de toros de Las Ventas. 3 de junio. Vigésimo tercer festejo de la Feria de San Isidro. Algo menos de tres cuartos de entrada (16.811espectadores, según la empresa)

Los angelitos de la Guerra Civil


La versión que el actual Régimen ofrece sobre la Guerra Civil nos ha pintado a uno de los bandos —el republicano— como el de unos angelitos acosados y, finalmente, derrotados por los demonios fascistas del bando nacional.


Que ello no tiene nada que ver con la realidad, ya llevamos un tiempo sabiéndolo. Bueno es, sin embargo, recordarlo de vez en cuando, máxime si se hace mediante una producción videográfica tan excelente como la que hoy les presentamos. Hecha desde la perspectiva nacional, no le duelen prendas, por lo demás, en reconocer los desmanes cometidos también por dicho bando.

Y como colofón, estas reflexiones de Fernando Paz sobre por qué Franco ganó la guerra, cuando tenía todas las de perder: