la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

martes, 8 de septiembre de 2026

El editorial más triste de un 8 de septiembre: Traficar con el toreo


'..el día en que resulte más rentable bloquear una corrida que organizarla, recurrir una plaza que llenarla o convertir una fiesta patronal en una ficha dentro de una negociación, habremos cruzado una frontera peligrosísima..'

El editorial más triste de un 8 de septiembre: Traficar con el toreo
Toreo y tráfico son dos palabras que deberían resultar incompatibles. No deberían poder usarse en la misma frase. Porque traficar es convertir algo en mercancía, utilizarlo para obtener una ventaja, hacerlo circular no por lo que representa, sino por lo que puede reportar. Y el toreo, precisamente el toreo, nació en el extremo contrario: en el territorio de la verdad, del riesgo, de la palabra dada y de una liturgia en la que durante siglos hubo cosas que sencillamente no estaban en venta. Sin embargo, traficar con el toreo se ha convertido en una nueva actividad. Lícita, quizá. Pero profundamente discutible desde la ética y desde la moral de la propia Tauromaquia.

Hoy es 8 de septiembre. Basta mirar el mapa de España para entender lo que significa esta fecha. Pueblos enteros celebran a sus patronas, las plazas se llenan, las bandas despiertan las calles, los toros vuelven a convertirse en punto de encuentro de generaciones. Junto al 15 de agosto y las grandes fechas de mediados de septiembre, estamos ante uno de esos días en los que se comprende que la Tauromaquia no pertenece solamente a las grandes ferias. Pertenece también a los pueblos. Quizá, sobre todo, a los pueblos. Y precisamente por eso resulta especialmente doloroso escribir hoy sobre quienes han descubierto que el toreo puede utilizarse también para otros menesteres.

Porque una cosa es ser empresario taurino y otra muy distinta descubrir que alrededor de la contratación pública taurina existe un terreno donde también se puede jugar sin organizar una corrida. Recurrir un pliego es un derecho. Impugnar un concurso es un derecho. Acudir a los tribunales cuando una Administración vulnera unas bases es un derecho. Y conviene dejarlo escrito con claridad. Lo que merece otra consideración es convertir sistemáticamente esos instrumentos en una forma de presión, desgaste, bloqueo o negociación. Cuando el objetivo deja de ser conseguir una plaza para organizar toros y el verdadero valor de la posición adquirida reside en la capacidad de impedir que otro los organice, hemos cambiado de negocio.

Eso es traficar con el toreo. No hacen falta callejones oscuros ni paquetes escondidos. La mercancía es otra. Aquí se trafica con fechas, pliegos, recursos, cautelares, adjudicaciones, silencios, retiradas y acuerdos. Se adquiere una posición jurídica y después esa posición tiene un valor. El toro ya ni siquiera tiene que salir de chiqueros. Basta con que exista la posibilidad de que no salga. Y ésa es probablemente la perversión más grande de todas: haber descubierto que impedir una corrida puede llegar a proporcionar tanto poder como organizarla.

Lo vimos esta misma temporada en Zaragoza, cuando la paralización del concurso de La Misericordia dejó el 23 de abril, una de las fechas simbólicas de Aragón, en mitad de un laberinto administrativo. Entonces escribimos en estas mismas páginas sobre «la envolvente»: movimientos alrededor de una plaza pública, sociedades recién constituidas, intereses cruzados y propuestas que aparecían aprovechando cada rendija que dejaba abierta el procedimiento. Aquello no era solamente una pelea por Zaragoza. Era la fotografía de algo mucho más preocupante: el extraordinario valor que ha adquirido el conflicto administrativo dentro del negocio taurino.

Y hay algo todavía más hiriente. En alguno de estos movimientos aparecen personas que han vestido de luces. Personas que saben lo que cuesta llegar a una plaza, lo que significa que un pueblo conserve sus toros y lo que supone para un compañero perder una tarde. Que alguien que ha conocido la pureza del patio de cuadrillas pueda terminar utilizando el propio espectáculo como arma contra el espectáculo encierra una contradicción difícil de digerir. Delante del toro se exige ir de frente. Resulta curioso que alrededor del toro haya quienes hayan aprendido a caminar siempre de costado. Así como caminan, por cierto, los toros que quieren tirar la piedra y esconder la mano.

No hablamos, además, únicamente de aventureros periféricos. También dentro de la gran empresa taurina existe la tentación de utilizar una plaza, un recurso o una posición administrativa como moneda en la batalla contra el competidor. Y ahí el asunto se vuelve todavía más grave. Porque cuanto mayor es el empresario, mayor es su responsabilidad. Quien maneja plazas importantes no administra solamente una cuenta de resultados: maneja una parte del patrimonio cultural de la Tauromaquia. Puede competir, naturalmente. Debe competir. Puede defender sus intereses hasta el último céntimo. Pero existe una frontera entre competir para dar más y mejores toros y utilizar el sistema para que el otro no pueda darlos.

Quizá por eso convenga mirar hacia atrás. No para idealizar un pasado que también tuvo guerras empresariales feroces —las tuvo, y algunas memorables—, sino para recordar qué significaba ser empresario de toros. Los Chopera, Canorea y tantos otros nombres que construyeron el mapa empresarial del siglo XX discutieron, arriesgaron, ganaron muchísimo dinero y también lo perdieron -eso mucho menos, claro-. Hubo pulsos, exclusivas, vetos, guerras de despachos y enfrentamientos de enorme dureza. No eran santos. Eran empresarios. Pero la grandeza del empresario se medía finalmente en una cosa muy sencilla: en la corrida que era capaz de poner en la calle, en el cartel que conseguía rematar y en la gente que llevaba a la plaza.

Aquella generación entendió algo elemental que hoy parece haberse olvidado: el empresario taurino existe para dar toros. Puede y debe ganar dinero con ellos —faltaría más—, puede construir un imperio alrededor de ellos y puede combatir ferozmente a su competencia. Pero cuando el negocio empieza a encontrarse en que otro no pueda darlos, la profesión cambia de naturaleza. Entonces ya no se comercia con el espectáculo: se comercia con su ausencia.

Y mientras tanto, al otro lado del expediente hay un pueblo. Esto es lo que demasiadas veces se olvida. Detrás de cada recurso no hay solamente una Administración, una empresa adjudicataria y otra recurrente. Hay aficionados que llevan un año esperando sus fiestas. Hay peñas. Hay bares y restaurantes que hacen una parte importante de su temporada esos días. Hay novilleros que necesitan una oportunidad, banderilleros que necesitan trabajar, ganaderos que necesitan lidiar, transportistas, músicos, veterinarios, areneros, taquilleros y familias enteras que viven directa o indirectamente del espectáculo. Joder un festejo no es joder a un competidor. Es mucho más que eso. Y por eso es importante también que haya periodistas que estén deseando trabajar. Porque también viven del toro que sale a la plaza y les resulta muy problemático que haya quien gane con que no salga.

Naturalmente, una Administración que hace mal un pliego debe responder por ello. Y una empresa perjudicada tiene todo el derecho del mundo a defenderse. La Tauromaquia tampoco puede pedir que sus concursos públicos vivan fuera de la ley. Sería absurdo. Pero precisamente porque los mecanismos legales son necesarios, utilizarlos como palanca de presión resulta especialmente dañino. Una herramienta concebida para garantizar la limpieza del procedimiento no debería terminar convertida en una especialidad empresarial.

Y existe otro fenómeno inquietante: personajes que orbitan alrededor de plazas sin que resulte sencillo encontrar detrás una estructura empresarial proporcional a las operaciones que pretenden protagonizar. Sociedades que aparecen, administradores que se repiten, nombres que no siempre coinciden con quienes realmente mueven las piezas. Todo puede ser perfectamente legal. Pero la legalidad es el suelo, no el techo de la decencia. En un mundo que presume de valores como la verdad, el valor, la palabra y el respeto, debería exigirse algo más que tener un papel jurídicamente correcto.

Ésa es la cuestión de fondo. No todo lo legal es taurino. Como tampoco todo lo rentable es honorable. Se puede ganar un recurso y perder el respeto. Se puede encontrar una grieta impecablemente legal y hacer un daño enorme a la Fiesta. Se puede tener razón en un expediente y estar equivocado en la manera de entender el toreo.

Hoy, 8 de septiembre, mientras España vuelve a oler a albero en decenas de pueblos, merece la pena preguntarse qué modelo queremos. Si el de quienes buscan una plaza para abrir sus puertas o el de quienes encuentran valor en poder cerrarlas. Si queremos empresarios que arriesguen para crear carteles o especialistas en adquirir posiciones desde las que negociar. Si queremos volver a admirar al empresario capaz de levantar una feria imposible o acostumbrarnos al operador que considera un éxito que el rival no pueda celebrarla.

El toreo soporta muchas cosas. Lo que difícilmente puede soportar es que quienes viven de él descubran que también pueden vivir contra él. Porque el día en que resulte más rentable bloquear una corrida que organizarla, recurrir una plaza que llenarla o convertir una fiesta patronal en una ficha dentro de una negociación, habremos cruzado una frontera peligrosísima. De hecho, si estamos escribiendo estas líneas es porque esa línea ya se ha atravesado. Y no una vez, como hecho aislado. Eso carecería de importancia. Y tenerla… la tiene.

El toro ha sido mercancía desde hace siglos. Se compra y se vende. También las entradas, los derechos y los contratos. Lo que nunca debería ponerse en venta es el propio derecho del toreo a existir. Porque con el toro se puede comerciar. Con el toreo, no se debería traficar. Si queremos que siga existiendo…

Del enemigo, el consejo / por Sertorio

Soldados españoles contemplan sin mover un dedo cómo el enemigo entra a nado.
Órdenes son órdenes y los pobrecitos, además, ni siquiera tienen armas

“El rey está desnudo”. Pero nadie lo ve ni lo quiere ver hasta que un niño lo suelta ante todos. El niño que seguidamente lo suelta ya está crecidito y se llama Sertorio. Lo que nos lanza a la cara es la desnudez —atestiguada por la consentida agresión cometida por Marruecos— a la que nos arroja el sistema político y social denominado democracia.

Del enemigo, el consejo

Por Sertorio
Muchos de los que critican la agresión marroquí contra Ceuta señalan como principal pecado de la monarquía alauita el hecho de que no es una democracia. No hay opinador de guardia que no hable de la satrapía magrebí y de su autócrata con chilaba. Incluso en estas páginas todos hemos utilizado calificativos semejantes; el que suscribe es el primero en reconocer su culpa. Eso no quiere decir que el tirano marroquí no sea un déspota ni un azote de su pueblo, pero quizás por eso mismo Marruecos es fuerte y España, débil. La democracia ha reblandecido a España, la ha vuelto llorica, tonta, consentida, ignorante, caprichosa, paleta, enemiga de sí misma y, sobre todo, además de degenerarla y envilecerla, la ha afeminado. Marruecos, con su régimen autoritario, sin embargo, es mucho más fuerte y tiene un poder de decisión que en España es imposible de hallar. Y la soberanía es decidir, es capacidad de actuar, de ser agente de la historia y no su paciente. ¿Qué se puede esperar de un país que no se atreve a transportar al pasmarote del Borbón a una ciudad del reino del que tal estantigua es rey?

Alguien debió de abrir la puerta de la famosa valla, cuyas concertinas se pavonean grotescas en todo lo alto.

Si se ven las cosas con más cuidado y con menos pasión, con más distancia, podemos sacar conclusiones poco agradables. La primera impresión que ha causado el asalto de los sarracenos contra la traicionada Ceuta es la gran debilidad de España, su nula soberanía, la incapacidad de sus autoridades para hacer que se respeten las fronteras y las leyes internacionales, algo que, aunque nos parezca una exageración, es sagrado. El no tener los redaños para defender lo que bajo ninguna circunstancia se puede abandonar, se traduce en lo que ahora sufren los caballas y en lo que pronto, sin duda, sufriremos todos los españoles; porque no hay mayor “efecto llamada” que la demostración de debilidad y cobardía del Gobierno de Madrid. Posiblemente, una de las causas de la inhibición, de la incapacidad de actuar del gabinete español, estriba en el miedo a las imágenes de las fuerzas del orden reprimiendo a palos o a tiros la invasión: esas cosas no son propias de una democracia progresista y respetuosa no sólo de los derechos humanos, sino también de los derechos animales. Ante sus delicados electores feministas, animalistas y demás mariposones políticos, Sánchez puede presumir de que no ha habido violencia. La vida de los ceutíes se ha ido al carajo, la ciudad ha quedado arruinada y víctima de todo tipo de plagas que han traído los invasores, pero ningún magrebí ha sido apaleado por las fuerzas del orden. Al revés, han sido los militares quienes se han visto lapidados como si de bíblicas mujeres adúlteras se tratara. Todo ello, fruto de la decisión del Gobierno de que patrullen sin armas. Tan patética fue la cosa, que los soldados tuvieron que llamar al 112 al ser agredidos, como viejas asustadas por un exhibicionista. ¿Qué fue del “¡A mí la Legión!”? ¿Qué respeto pueden tener los moros por un ejército siempre dispuesto a poner la otra mejilla hasta que le salten las muelas a bofetadas? Porque los mojamés no se cortan, tiran la primera piedra y también la última, hasta dejarnos a todos descalabrados. Pocas imágenes más evidentes de la distancia que hay de un lado a otro de la frontera que la de la harka de kabileños que se llevó un pequeño delfín varado para hacer un buen espetón en las playas de la muy ecológica y animalista España. Cuando se acaben los delfines, nos tocará a nosotros.

“Ésta es la grandeza y servidumbre de la democracia”, nos dirán los progres de izquierdas y derechas. Reconozco que semejante frase suscita una pregunta: ¿es posible semejante bochorno en el reino de Mohamed VI? ¿Se imagina alguien al gobierno de Marruecos dando las gracias a Aznar por la reconquista de Perejil? ¿Quién se atreve a apedrear a los gendarmes del Majzén? ¿Qué nos pasaría en Marruecos si ofendiéramos a la bandera o al Islam? La respuesta la sabemos todos. Y habla en favor del reino alauí, no de la emputecida España, puta y tonta como nunca en su historia. Somos “uropeos” tolerantes, es decir: una chusma apátrida de modernos de pueblo, sin principios, sin cojones, sin Dios y sin el menor concepto del decoro. Y como la democracia liberal es el reflejo de la masa imbécil que ella misma moldea (políticos incluidos, of course), tenemos los partidos y los representantes que nos merecemos, la implacable selección a la inversa que ha hecho de los diecisiete parlamentos del país un muladar de los talentos. Los mejores, con razón, se abstienen de participar en este circo. Lógico y natural.

Eran, ni que decir tiene, otros tiempos, otros valores, otros hombres, otra España

Marruecos nos ha ganado la partida y nos seguirá humillando durante largo tiempo, y no sólo por la cobardía y la traición de la élite de iscariotes que domina España; también hay que reconocerle sus virtudes al enemigo. Y la fundamental es que no es una democracia plena; aunque tiene elementos democráticos, éstos son una vacuna, los anticuerpos que la defienden de ser como España; en Marruecos, el azote de los partidos políticos está bajo control y su capacidad de hacerle daño al Estado y a la nación está reducido a niveles mínimos. Hay elecciones por sufragio universal y se presentan formaciones de diverso pelaje, que pueden formar gobierno con mayoría parlamentaria y visto bueno del Rey, pero con una decisiva salvedad: los llamados “ministerios de soberanía”. Se trata de una serie de carteras en las que la mayoría parlamentaria no puede decidir nada sin el permiso del monarca y del Majzén, o sea, de una élite en buena medida hereditaria, compuesta por militares, religiosos, diplomáticos, altos funcionarios, empresarios y políticos veteranos, además de los príncipes de la casa real; los ministerios son: Interior, Asuntos Exteriores, Defensa, Asuntos Islámicos y Justicia. En estos departamentos los políticos no pintan nada. Un rufián, como Sánchez, o un piernas, como Patxi López, puede llegar a ser ministro de Deportes o de Turismo, pero jamás podrá cometer sus desmanes en la columna vertebral del Estado, directamente regida por el Majzén y donde los militares tienen una influencia cada vez mayor.

Este principio aristocrático es la base de las victorias marroquíes sobre la aturdida e imbécil España del régimen del 78; Al estar regida por una élite de especialistas y veteranos, la política exterior marroquí es, para empezar, soberana y dotada de una extraordinaria continuidad, muy fiable para sus aliados (España, aunque presuma de socio del Majzén, no es sino el  más tonto de sus enemigos), que siempre saben a qué atenerse. La diplomacia alauí tiene la vista y la paciencia muy largas, piensa con perspectiva histórica; nada que ver con el electoralismo, la inmediatez y los bandazos que se producen cada vez que los españoles cambiamos de piara gobernante. Además, la autoridad religiosa del rey permite mantener la tradición islámica del país bajo control, sin los curas rojos, sin los cardenales profanadores de tumbas, sin los obispos etarras, sin los seminarios repletos de bujarrones y sin las patochadas sinodales tan de moda en la que fue nuestra religión oficial. Por eso, pese a ser diez veces más pobre, Marruecos se impone a España porque tiene una voluntad política firme y continua en el tiempo; porque sus mujeres paren hijos y no se dedican a castrar gatos; porque la religión nacional está en pleno vigor; porque el ejército no sólo responde a las agresiones, sino que primero dispara y después pregunta; porque a los delincuentes se les da un buen escarmiento o se los manda a España a que los mimen; porque en los puestos claves del Estado siempre están los mejores. Y, sobre todo, porque han sabido contener la sífilis partitocrática y no son una democracia liberal.

Así, con sólo un leve repaso, parece que España es quien debe aprender de Marruecos. Y no al revés. Cosas veredes, Sancho…

lunes, 7 de septiembre de 2026

Madrid.- Última novillada del verano madrileño. Mix taurómaco de Plaza 1 / por Pepe Campos



Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.

Domingo, 6 de septiembre de 2026. Sexta novillada y última del verano madrileño. Ya en horario normal. 

Encierro de novillos de seis ganaderías (que fueron ocho). Novillos desigualmente presentados: algunos pobres de pitones. Nobles. Primero, de la ganadería de Guadajira (de sangre Domecq, vía Marqués de Domecq), acucharado y abierto de cuerna, noble y manso, flojo, manejable, dulce para el toreo de hoy. Segundo, de La Machamona (procedencia Santa Coloma, línea Buendía), cornicorto, terciado y largo, peleó en el caballo, manejable. Tercero, de Chamaco (origen Domecq, de Jandilla), pobre de pintones, manso y tardo. Cuarto, de José González (sangre Domecq), buena cuerna, fuerte y serio, áspero y recio. Quinto, sobrero de Couto de Fornilhos (procedencia Conde de la Corte y Atanasio), manso, alto, enmorrillado, sin cuello, pobre de pitones, abrochado y escobillado. Sexto, de José Cruz (origen Domecq, vía Daniel Ruiz), bien armado, sacó casta. Algo más de un cuarto de entrada. Tarde de verano avanzado entrada en calor.

Terna: Adrián Centenera, de Madrid; de catafalco y oro; veintiséis años; dos festejos en 2025; saludos tras un aviso y silencio tras un aviso. Tomás González de Alcorisa (Teruel), de purísima y blanco; veinte años; veintiún festejos en 2025 y nueve en 2026; silencio tras dos avisos y silencio. Andrés García, de Querétaro (México), de azul pavo y oro; con cabos blancos; veintitrés años; once festejos en esta temporada de 2026; saludos y saludos. Buenos terceros pares de Jesús García en el segundo y de Ángel Luis Carmona en el sexto.

Suerte de varas. Se puso a los novillos en suerte sin demasiado esmero. Por dar un juego más enrazado en la muleta elegimos la suerte de varas del cuarto novillo de la ganadería de José González, de nombre Alabastro. Fue a las dos varas, en la segunda mejor colocado para entrar en la suerte. Picado por el veterano Luciano Briceño que no estuvo muy acertado. La primera vara fue muy larga. Una puya bien cogida aunque de colocación trasera, tras lo cual le pegó al novillo, mientras sonaba el estribo y se acostaba, el animal al cabo salió suelto. En la segunda, también se fue atrás el hierro, rectificó mientras tanto, y el novillo al sentir el hierro de nuevo y trasero salió de naja.

Pepe Campos
Se supone que para animar a los aficionados a irse (y viajar y comer por los caminos) y a participar en el simulacro de fiesta que se celebraba en la plaza de toros de Aranjuez (con los tres tenores modernos que interpretarían la conocida partitura Cuvillil), la empresa de Las Ventas, Plaza 1, anunció en Madrid una especie de Mix taurómaco, mediante un tipo de planteamiento comercial combinado, que podríamos definir, con mayor precisión, como cóctel taurino barato. Debemos comentar, además, que los tres novilleros anunciados ayer en Madrid hacían su presentación en el coso, si bien ellos no tenían la culpa de nada en torno a esa mixtura o enjuague o popurrí que preparó la empresa en torno a las ganaderías seleccionadas para el festejo; al contrario, los matadores de novillos de ayer cumplían con una meta, o fuga o comienzo de trayectoria, dependiendo de la preparación y de las ilusiones que atesoraran. 

Vivimos tiempos de desorientación, y como el mundo de la tauromaquia es un vivo reflejo de la realidad social, entonces, lo que revela a finales de esta temporada es la situación de baraúnda y de confusión que atraviesa extraviando a empresas, ganaderos, toreros y aficionados (no aludimos a los críticos porque estos ya no existen; sí, podríamos sustituir el término por publicistas en la acepción referida, exclusivamente, para publicidad; pero a los publicitarios no les confunde esta deriva del mundo taurino sino que les sumerge en su salsa, en el unto de lo mercantil). De tal manera que ayer Las Ventas experimentó una amalgama de experiencias ganaderas (llegaron a salir por chiqueros novillos de ocho ganaderías diferentes), sin ningún criterio previo de por qué esto sucedió o tenía que suceder; novillos que iban a ser lidiados por tres novilleros noveles, ante una afición que se veía reducida en su representación (no lo iba a ser en su exigencia); porque muchos otros aficionados venteños habían (habrían) sido seducidos por el florilegio de los cantos de sirena artísticos que iban a interpretarse en Aranjuez (a huevo para que se hubiera interpretado allí el concierto del maestro Rodrigo) ante esa partitura digitalizada de los Núñez del Cuvillo, una granja de partituras que granjea éxitos (valga la redundancia) para los caros matadores. Los mandones, vamos.

No vamos a criticar que cada uno pueda acudir al festejo que quiera, eso no se debe criticar, pero sí debemos hacer ver que el desviamiento actual lleva a que Madrid sea menos faro de la tauromaquia que nunca, propiciado también por los aficionados, en un momento en el que sabemos se puja para que Las Ventas deje de ser atalaya de la tauromaquia, un interés anhelado por los taurinos o por su sistema (hoy con gran representación entre toreros, ganaderos, y empresarios, no digamos entre los publicitarios o plumillas), y que poco a poco, en la parte nervuda pudiera socavar el poderío de Madrid. Esta es la propuesta. No sabemos del resultado porque Madrid es mucho Madrid, y, todavía está ahí a pesar de todo lo que intuimos y observamos que sucede. Pues, mientras en Aranjuez se perpetraba, presumiblemente, un suceso previsible con toros sin fondo (ni formas) y con faenas adocenadas de arte; en Madrid, aquello que fue sucediendo, a pesar de ese Mix taurómaco o marketing módico ideado por Plaza 1, para beneficiar a Aranjuez (vasos comunicantes), tuvo su aquél de verdad y de acontecimiento verdadero, ya que se lidió algún toro que dio juego y vimos torear con autenticidad primigenia (porque el toreo lo interpretó Andrés García en círculo hacia atrás, aunque faltara en algún pasaje ajuste). Este novillero mexicano (manito lo fue llamando El Rosco a lo largo de sus trasteos) dio la sorpresa con un toreo, digamos canónico, por su concepto puro y curvo en el remate, y en el trazo, hacia adentro; si bien con el pero de ese mal moderno de torear poco cruzado (una ventaja, dicen los taurinos, que disfrutarían ayer a chorros en Aranjuez). Los que estuvimos en Las Ventas también tuvimos que lidiar con el toreo por las afueras, aunque Andrés García en el sexto se ajustó más y en algún pasaje toreó como mandan los cánones, es decir, cruzado.

La variedad del toreo de capa mexicano apareció en los lances de saludo de Andrés García (por delantales) a su primer enemigo, después intentó un quite por chicuelinas. Con la muleta en su primer novillo (algo justo de fuerzas), lo toreó en esa faceta de dejar hueco entre el astado y el torero mientras es pasado con la tela. Al novillo de Chamaco, por esa falta de brío, y por su mansedumbre, le costaba repetir. La faena planteada en los medios ayudó menos a que embistiera con prontitud el novillo. Fue iniciada por alto desde el centro del anillo y cerrada por muletazos por bajo según llevó al animal al tercio para ejecutar la suerte de matar. Ahí, el ejemplar de la ganadería de Chamaco respondió y García logró lo mejor de su trasteo, que, anteriormente, en el centro del ruedo no alcanzó, sino probaturas, renuencias del animal y lejanías por parte del novillero. Lo mató de un pinchazo bajo en la suerte contraria y de media baja en la suerte natural. 
En el sexto, ante un astado de José Cruz, que sacó casta en el último tercio, en terrenos del tendido uno, logró derechazos de valía (más verdad y mérito) por ponerse en el sitio y pisarle los terrenos (algún enganche), mientras la faena subió al natural en su resultado artístico, con naturales curvos y cierre a pies juntos. Por lo tanto, vimos toreo ante un novillo (toro) que no saldría en Aranjuez ni por asomo (nos tememos, pues así son las cosas). Andrés García mató en la suerte contraria de un pinchazo hondo caído y ocho descabellos que le impidieron cortar una oreja.

Adrián Centenera, se le vio con poco bagaje y ya con los años de la edad encima. Le tocó en suerte un primer novillo (que recordaba a aquellos ejemplares del Marqués de Domecq de los años ochenta) que podría ser considerado como perita en dulce. Lo toreó con temple pero sin confianza, muy despegado. Estimables algunos pasajes de toreo por bajo, en los terrenos del diez y del nueve. Lo más valioso, un trincherazo. El novillo se lo pedía. Lo mató en tablas del diez en la suerte contraria de estocada caída y atravesada. En el cuarto de la tarde, ante un novillo más fuerte, de José González, el más interesante del encierro, Adrián Centenera estuvo sin poder dominar al astado que pedía mando y solvencia. De haberle hecho bien las cosas el animal hubiera respondido y le habría aportado mérito a su labor. Todo su toreo salió enganchado, en terrenos del uno. La brusquedad y renuencia del bóvido se impusieron sobre el poco placeado novillero. Lo mató tras dos pinchazos y una estocada atravesada en la suerte contraria.

Tomás González, se presentaba en Madrid con suficientes novilladas en su deambular taurino, pero no lo supo traducir en imagen de capacidad ante sus dos novillos, ni ante el respetable. Con el novillo más difícil (por su origen Santa Coloma), el segundo, no supo acoplarse a esas embestidas nobles pero distraídas de los santacolomeños. La faena fue limpia, sin cruzarse. Pasaba el novillo y no había dominio. Hubo pulcritud. Como la faena no tenía eco, González alargó el trasteo, lo que le llevó a que le dieran dos avisos, y si no fuera por el acierto en el tercer descabello, a algo peor. Ante el quinto de la tarde (segundo sobrero), un ejemplar ensabanado, corto de cuello, de Couto de Fornilhos, falto de casta, González entró en un trasteo desvaído, sin meterse en profundidades, con punteos y rebrincos. Lo mató en la suerte contraria de un pinchazo atravesado soltando, y de una estocada corta atravesada, más cuatro descabellos.

Rainiero & Grace Kelly

La mala y falsa benevolencia / por Antonio Cepedello


'..Seguimos anclados en esa traicionera línea que impone que en la Tauromaquia todo tiene que ser bonito, triunfalista y festivo. Si piensas lo contrario, te acusan de antitaurino. Y la realidad es que nuestro arte milenario es un rito legendario duro y difícil..'

La mala y falsa benevolencia

Antonio Cepedello
Los elogios, cuando no se corresponden con los hechos, se convierten en negativos y perjudiciales, porque engañan al propio supuesto beneficiado, que se convence cada vez más de que lo está haciendo bien y lleva la línea correcta.

Más tarde o temprano se enfrentará a la cruda realidad y le será muchísimo más difícil corregirla que si desde un principio hubiera empezado a limar sus defectos e intentar evitar sus errores, porque alguien le hubiera advertido de ello. El “peloteo” siempre es malo y, como bien dice el refranero popular, “quien te quiere de verdad, te hará llorar”, siempre de acuerdo a unos límites de severidad.

Esta falsa circunstancia es cada vez más común entre los novilleros que empiezan a aprender el oficio más difícil y bonito del mundo a la vez. Antes, nos cuentan aficionados taurinos ya muy mayores y algunos documentos históricos, sucedía todo lo contrario, porque eran juzgados con criterios muy duros, por lo que quienes pasaban esa etapa iniciática de aprendizaje llegaban bien preparados para iniciar con éxito la de matadores, tanto en el aspecto mental como físico.

La mala benevolencia nunca puede ser una buena consejera, mientras que la sinceridad sí lo es, aunque sea dura.

No se pueden alabar “trampas” o “ventajas” en el toreo utilizadas para que resulten más efectivas o eficaces, porque el público en general no se entera por su falta de conocimientos, y para lograr la fácil y falsa concesión de trofeos por parte de esos presidentes de festejos preocupados más en quedar bien que en valorar con lógica las faenas o en hacer cumplir el reglamento taurino.

Son ya habituales las alabanzas a estocadas bajas o traseras, pases con el pico de la muleta, enganchones continuos, pares de banderillas a pitón pasado o carreritas sin ton ni son delante de los novillos. Lo peor de todo ello es que estas inadmisibles acciones no solo son aplaudidas por los espectadores ocasionales, que no saben ni les interesa mucho si lo que están viendo tiene más o menos verdad, sino también por parte de profesionales taurinos, periodistas y líderes de opinión.

No es admisible dar trofeos por bajonazos o trapazos insulsos, porque además confunden y perjudican al novillero de cara al futuro. Esas “artimañas” al final se pagan más tarde o temprano. Y cuanto más tarde en llegar el desengaño, mucho peor, porque los traidores consejos de conveniencia crean vicios que cada vez se enquistan más, por lo que sus consecuencias son mucho más graves con el paso del tiempo, mientras que sus beneficios son puntuales e incluso nulos.

Existen también muchos intereses económicos detrás de estos elogios hipócritas, por parte de los “buitres” que merodean alrededor de los novilleros y sus familiares y mecenas, en busca de “ponedores” que llenen sus bolsillos a base de pagar por torear, es decir, por jugarse la vida. Un delito tan grave como inadmisible.

Otro motivo más para desechar toda esta benevolencia enmascarada con gritos de “¡Olé!” y comentarios como “qué gran talento tiene este niño para convertirse en figura del toreo. Unos miles de euros para que empiece a funcionar, y lo conseguimos en un par de temporadas”. Malditos sinvergüenzas sin escrúpulos.

No es tampoco justificable la benevolencia surgida de los que solo quieren siempre quedar bien. Los diplomáticos que dicen hacia fuera todo lo contrario de lo que piensan, por no complicarse la vida. A algunos de ellos les imponen esta actitud desde las altas esferas de las empresas de las que son asalariados o de las asociaciones de las que forman parte.

Seguimos anclados en esa traicionera línea que impone que en la Tauromaquia todo tiene que ser bonito, triunfalista y festivo. Si piensas lo contrario, te acusan de antitaurino. Y la realidad es que nuestro arte milenario es un rito legendario duro y difícil. Sus caminos también lo son, aunque al final esta disciplina artística universal nos genera la mayor de las alegrías y la felicidad más plena.

Antes de llegar a la sublimación de contemplar un majestuoso natural, es necesario que el torero reciba más de una advertencia y crítica para que alcance esa obra tan bella. Si aplaudimos y vitoreamos los pases con el pico, hacia fuera y por alto, jamás disfrutaremos del placer y el éxtasis de ver cómo humilla un animal bravo y majestuoso para seguir un trapo, hasta enroscarse en la cadera de un hombre y rendirse a sus pies.

La única benevolencia admisible, aunque tampoco positiva al final, es la que sale del amor verdadero hacia un niño que sueña con ser torero. Por eso, se le atribuye una frase sabia al inolvidable Juan Belmonte. Cuando al “Pasmo de Triana” le preguntaron si quería apoderar a un novillero, respondió que “cuando esté huérfano, hablaremos”.

Los padres en los tendidos y cuanto más lejos del ruedo, mejor. Al igual que toda la tribu de falsos, diplomáticos, cobardes e interesados aduladores que tanto daño hacen a los torerillos y a la Tauromaquia en general.

La caridad loca del demagogo / por Juan Manuel de Prada


'..El repugnante sofisma lanzado por el doctor Sánchez adultera la caridad cristiana, convirtiéndola en una parodia sensiblera que se opone a la ley. En el imaginario de este turbio demagogo, frente a una ley severa y coactiva que violenta la espontaneidad humana se alza una actitud «humanitaria» que la «comprende», que la «tolera», que acepta que infrinja la ley para lograr sus fines..'

La caridad loca del demagogo

Juan Manuel de Prada
La babosería proterva del doctor Sánchez no está lanzada a voleo, como mero desahogo o expansión bobalicona. Se trata de una alevosía muy calculada que destruye los cimientos mismos de un orden político inspirado en la caridad

Entre las muchas bazofias demagógicas que el doctor Sánchez vomitó durante su reciente comparecencia parlamentaria acaso ninguna tan sensiblera como aquella en la que formuló el falso dilema que supuestamente se habrían planteado los agentes de policía encargados de vigilar las costas de Ceuta, ante la invasión bárbara que se venía encima: 

«Nuestros agentes tuvieron que tomar una decisión operativa en pocos minutos. Tuvieron que elegir entre garantizar momentáneamente la estanqueidad [sic] de la frontera o defender la vida humana. Y eligieron defender la vida humana. […] Afirmo que hicieron lo correcto, hicieron lo más inteligente y, diría, lo más valiente, porque ante la amenaza supieron responder con humanidad, que es lo que diferencia a las grandes democracias como la española respecto a otros países». 

A nadie se le escapa que, detrás de este falso dilema baboso (donde se pretende groseramente que garantizar la seguridad de las fronteras y defender la vida humana son proposiciones contrapuestas, cuando lo cierto es que son compatibles y hasta complementarias), se esconde una perversión del alma del cristianismo; o, dicho con mayor precisión, una perversión de la caridad, que es el alma de la doctrina teológica y moral y de la forma de organización social que el cristianismo propugna. En estas palabras abyectas vuelve a probarse que, como nos enseñaba Chesterton, el mundo moderno «está invadido por las viejas virtudes cristianas que se han vuelto locas»; que han sido despojadas de su meollo y convertidas en carcasas tan vistosas como putrefactas.

El repugnante sofisma lanzado por el doctor Sánchez adultera la caridad cristiana, convirtiéndola en una parodia sensiblera que se opone a la ley. En el imaginario de este turbio demagogo, frente a una ley severa y coactiva que violenta la espontaneidad humana se alza una actitud «humanitaria» que la «comprende», que la «tolera», que acepta que infrinja la ley para lograr sus fines. «Ante la amenaza supieron responder con humanidad», afirmó el muy bellaco, defendiendo un «humanitarismo» convertido en aliciente para la transgresión de la ley. Así, esta parodia de la caridad cristiana se convierte en el más corrosivo elemento de destrucción del orden social.

Pero esta aberración del pensamiento que lanzó el demagogo desde la tribuna o vomitorio parlamentario no se trata, en realidad, de ninguna novedad. Ya en los albores del cristianismo, floreció la venenosa herejía 'nicolaíta', que aprovechando el primado de la caridad sobre la ley establecía como principio moral absoluto la indulgencia, incluso ante las más abominables infracciones de la ley. En las sociedades cristianas, la caridad inspira las leyes, las vivifica y robustece, haciendo más sencillo su cumplimiento, no las priva de su carácter coactivo; no las anula ni se opone a ellas; no tiende trampas saduceas ni formula sofismas sensibleros que inviten a conculcar la ley, a declararla abolida o a ignorar su vigencia. La tergiversación perversa que propone el bellaco del doctor Sánchez pretende que esa perversión de la caridad que llama «humanidad» borre de un plumazo la vigencia de la ley; propone que la «lástima» que produce el sufrimiento del prójimo se convierta en motor de la acción política, haciendo decaer los instrumentos coactivos legítimos a disposición de la comunidad. Cualquier persona que no tenga la razón invadida de delicuescencias merengosas, advertirá el poder destructivo de esta sensiblería repugnante, que infiltrada en el ánimo genera un esterilizante complejo de culpa en el ejercicio del poder político y lo convierte en esa indolencia benévola y fatalista que se respira en el célebre poema de Kavafis: «Ya legislarán los bárbaros, cuando lleguen». Y vaya si legislarán, en cuanto puedan hacerlo.

Por supuesto, la babosería proterva del doctor Sánchez no está lanzada a voleo o insensatamente, como mero desahogo o expansión bobalicona. Se trata de una alevosía muy calculada que destruye los cimientos mismos de un orden político inspirado en la caridad, que nada tiene que ver con ninguna «permisividad», «licencia» o «condescendencia» con el mal, sino con su identificación y erradicación de la sociedad, para garantizar la paz, la estabilidad y la justicia que favorecen el bien común. Para lo que se necesitan fronteras aseguradas por la ley que actúen disuasoriamente contra el invasor y permitan «responder con humanidad» al forastero que llega sin violarlas ni infringirlas. Sin fronteras protegidas, sólo funciona la caridad loca que postulan los demagogos como el doctor Sánchez: una caridad con sarna, garrapatas, violaciones y hambruna, con chabolas improvisadas en playas convertidas en letrinas y gentes reducidas a desechos, lo mismo las invadidas que las invasoras.

Escribía Thomas Macaulay que «en todos los siglos, los ejemplos más viles de la naturaleza humana se han encontrado entre los demagogos». En todos los ocasos civilizatorios, en efecto, han florecido –flor de cieno y podredumbre– los demagogos, cuyo rasgo humano principal, a juicio de Ortega, es la irresponsabilidad: «Hostigan a los hombres para que no reflexionen, denigran el servicio a la verdad y nos proponen en su lugar mitos». Es rasgo principal del demagogo –de ahí su constitutiva irresponsabilidad– no medir las consecuencias de sus actos: al demagogo no le importa provocar la avalancha; jugar con el destino del pueblo no le causa la menor zozobra o remordimiento; y la prudencia o la previsión no son, a su juicio, sino palabras rimbombantes. El instinto del demagogo le induce a actuar políticamente echándolo todo a rodar, salga lo que salga, que es la actitud característica de las épocas degeneradas. Pero, para poder actuar irresponsablemente, el demagogo necesita halagar las bajas pasiones de las masas cretinizadas. Y en esta época terminal que nos ha tocado vivir, las bajas pasiones no siempre se expresan como apetitos desatados, sino que a veces necesitan disfrazarse de sentimentalismo y sensiblería, necesitan rebozarse con una parodia de caridad para presentarse ante las masas cretinizadas como «humanitarias». Y es que es propio del demagogo explotar con desparpajo hipócrita –al servicio siempre de sus inconfesables ambiciones, sólo conocidas por el alado Pegaso– los más nobles ideales colectivos. En manos del demagogo, los supremos ideales, las causas más elevadas se desvirtúan y prostituyen, convertidas en instrumentos de su egoísmo y ambición mezquina.

Pero son estas bajas pasiones rebozadas de caridad las que acarrean consecuencias más funestas y catastróficas, como nos enseña Buñuel en 'Viridiana', donde la caridad loca de la protagonista acaba convirtiendo su casa en un muladar y causando su desgracia

ANDÚJAR: UN COLOSAL COLOMBO ENCARRILA TRIPLE PUERTA GRANDE CON FANDI Y ESCRIBANO.

LA TERNA DE ORO EN BANDERILLAS hizo vibrar a Andújar tras 128 años de espera para algo similar. 

En Andújar de Jaén brilló con luz propia la terna dorada que hizo honor al bautizado cartel de oro de banderilleros, quienes desorejaron el encierro de Fermín Bohórquez con ocho orejas entre El Fandi, con dos; Manuel Escribano, con una y dos; y el venezolano Jesús Enrique Colombo, con dos y una oreja que le permitió llevarse la tarde por unanimidad del respetable soberano...

EDUARDO RAVELL
Notiferias / Mérida- Veenzuela
​Lo que ha acontecido en la feria en honor a la Virgen de la Cabeza, excelsa patrona de los andujareños, es digno de replay tras 128 años desde aquella fecha de 1898 en que se levantó una plaza fija y permanente hasta nuestros días.

Obviamente, en más de cien años de existencia en Andújar de Jaén han pasado figuras de la tauromaquia hasta decir «basta ya»: tenía que haberse reinventado la tarde de los banderilleros de oro y la han pegado como por arte de magia.

TRIPLE PUERTA GRANDE PARA LA TERNA. Jesús Enrique Colombo lo encarriló todo con 2 y 1 oreja; Escribano, con 1 y 2 orejas; y El Fandi, silencio y 2 orejas.

Los mejores banderilleros entre la Europa y América taurinas han hecho de este domingo 6 de septiembre lo que nadie imaginaría entre El Fandi, Escribano y el venezolano Jesús Enrique Colombo: presente, futuro y más futuro con este trío de profesionales en banderillas.

​Tres toreros que saben y entienden lo que es colocar los palos de poder a poder, asomándose al balcón y sintiendo el vértigo que causa la colocación al violín. Nadie mejor que estos tres tíos, y Andújar de Jaén lo ha disfrutado hasta la saciedad con un oficio que produjo el corte de hasta ocho orejas: El Fandi, silenciado en su primero y dos orejas en su segundo; Manuel Escribano, con una y dos orejas; y J. E. Colombo, con dos y una, pero con un acero intachable y una poderosa muleta que este año 2026 viene dándole los mejores comentarios aunados en la suerte suprema.

Colombo y su primer toro, «Exiliado» —el mejor toro presentado de todo el encierro de Don Fermín Bohórquez—, permitieron recibirlo con preciosas y ajustadas verónicas, además de quites por chicuelinas que hicieron caldear un brutal ambientazo en los abarrotados tendidos para armar la sampablera en el brindis de banderillas con El Fandi, Escribano y un Colombo de élite, sobrado en facultades físicas.

En la media luna inició un impecable oficio ante un toro con motor y alegres embestidas, con ajustados derechazos al compás del pasodoble de la Virgen de la Cabeza.

Un gran toro por el pitón derecho y un soberano entregado y agradecido por el brindis de «Exiliado». Terminó la faena con perfectas manoletinas y una toledana en su sitio que hizo rodar al noble animal para dos orejas a ley y fuerte petición de vuelta al ruedo al toro en el arrastre. En su segundo fue una labor similar entre un artístico toreo de capa y banderillas de impecable ejecución, pero el toro de nombre «Bondadoso» le fue brindado al alcalde de Andújar, Francisco Carmona, aunque al toro le faltó movilidad.

Colombo lo sometió para sacarle lo poco que tenía y, con un soberbio volapié, le concedieron la oreja muy bien ganada para sumar tres en total y llevarse los laureles de gran triunfador por unanimidad del palco y el respetable soberano.

PRÓXIMA ESTACIÓN: martes 8 de septiembre
 en honor a la Virgen del Puerto de Santoña. 

FRANCISCO DE MANUEL: DEL TRIUNFO APOTEÓSICO EN MADRID A LA INTEMPERIE DEL SISTEMA Y SU RESURRECCIÓN EN TOVAR

Diego Robles (izq.) y Francisco de Manuel (der.) en el callejón
 de la Monumental Plaza de Toros Román Eduardo Sandia de Mérida.

Por Germán D' Jesús Cerrada
Notiferias.com / Mérida-Venezuela
​Francisco de Manuel Fuentes nació en Madrid el 5 de julio de 2000, un destino sellado desde la cuna al ser hijo del matador de toros venezolano Manolo Fuentes.

Formado en la prestigiosa Escuela Taurina de Madrid, llamó la atención de profesionales y aficionados por su pureza natural, su imponente apostura en el ruedo y un concepto clásico del toreo asentado en la verdad y el valor sereno.

Francisco de Manuel, radiante, tras ser proclamado triunfador de la Feria del Sol.

​Su etapa sin picadores despegó de forma meteórica en 2016 al proclamarse triunfador del certamen "Camino hacia Las Ventas", debutando con picadores el 27 de agosto de 2017 en Collado Mediano.

Durante las temporadas de 2018 y 2019, se consolidó como uno de los novilleros punteros de la geografía española, destacando por una regularidad aplastante en plazas de máxima exigencia como Madrid, Sevilla y Valencia. Su alternativa llegó el 30 de agosto de 2021 en Colmenar Viejo, lidiando toros de Núñez del Cuvillo de manos de Morante de la Puebla y Andrés Roca Rey, cortando dos orejas y abriendo la Puerta Grande. Su eclosión total se produjo en 2022 al coronarse triunfador absoluto de la Copa Chenel.

Francisco de Manuel saluda al público en el ruedo de la Monumental 
de Mérida, enarbolando la bandera de Venezuela.

El culmen de su trayectoria llegó el 12 de octubre de ese mismo año en la Corrida de la Hispanidad de Las Ventas, donde cuajó una tarde redonda ante toros de Victoriano del Río, cortando tres orejas y saliendo a hombros junto a Roca Rey para consagrarse como el gran relevo generacional de la tauromaquia.

​Inmediatamente tras su triunfo apoteósico en Madrid, de Manuel rompió con Manuel Campuzano —el hombre que lo había guiado con acierto en su etapa de novillero y en su doctorado— para tomar una decisión que marcaría un punto de inflexión en su carrera: ponerse bajo la tutela de Diego Robles, taurino estrechamente ligado a la Casa Matilla, una de las corporaciones empresariales más influyentes y monolíticas de la tauromaquia en España.

Faena de muleta del torero Francisco de Manuel en la Feria del Sol. 
Los tendidos de la plaza muestran una animada asistencia

El idilio con esta estructura duró tres temporadas (2023, 2024 y 2025), pero las promesas de un trato de figura y una presencia ininterrumpida en las grandes ferias comenzaron a diluirse entre despachos y cromos cruzados. Al finalizar la campaña de 2025, de Manuel y Robles anunciaron el fin de su relación por mutuo acuerdo, dejando al torero completamente solo, sin respaldo empresarial y "a la intemperie".

​Este episodio expone con crudeza el peligro mortal de desafiar a un apoderado poderoso o romper con las casas que mandan en España.

El diestro Francisco de Manuel luce el terno de luces morado y oro con el que salió a hombros por la Puerta Grande de Las Ventas tras su triunfo en la Corrida de la Hispanidad de 2022.

Las dinámicas feudales de los despachos demuestran que el oligopolio formado por Matilla, Chopera, Pagés o Simón Casas controla el engranaje de las plazas de primera y segunda categoría.

En este sistema, la independencia se paga cara: cuando un torero decide prescindir de sus estructuras o exige legítimamente el sitio que se ganó a pulso en el ruedo cortando tres orejas en Madrid, las empresas cierran filas en un castigo implacable de ostracismo. El sistema premia la obediencia sumisa por encima del mérito artístico; por ello, los teléfonos dejan de sonar, las sustituciones codiciadas van a parar a manos de los diestros orgánicos de las propias empresas y el torero es condenado al olvido administrativo, viéndose obligado a penar en el campo mientras figuras de menor peso ocupan su lugar en los carteles europeos.

​Ante este virtual cordón sanitario y la sequía contractual impuesta en el viejo continente, el diestro madrileño decidió romper el cerco mirando hacia sus profundas raíces americanas y su cartel consagrado en Venezuela como máximo triunfador de la Feria del Sol.

Francisco de Manuel celebra una de sus tardes grandes en el ruedo, reflejando el triunfo que en ocasiones choca con las barreras impuestas por el monopolio empresarial en los despachos de España.

Su esperada reaparición se materializa en el marco de la Feria Internacional de Tovar, fijada para el domingo 13 de septiembre en el emblemático Coliseo El Llano, acartelado en un festejo mixto junto al espada Antonio Suárez y el novillero Santiago Guerrero para lidiar astados de Los Aranguez. Esta gesta andina no solo reivindica su vigencia absoluta, sino que certifica la resistencia de un torero purísimo que prefiere buscar la gloria en libertad antes que doblegarse ante los peajes de los despachos.