El drama que vive hace días la ciudad de Ceuta estuvo muy presente en la Mezquita del Toreo y por ello su bandera presidió la corrida en honor a las Fiestas de Nuestra Señora de la Victoria de Melilla. La bandera de Ceuta fue portada así en el paseíllo que hicieron Manuel Escribano, Emilio de Justo y Marco Pérez, y también presidió el balcón presidencial donde se encontraba Juan José Imbroda, presidente de la Ciudad Autónoma de Melilla, que no quiso perderse esta cita taurina de esta ciudad española del norte de África, donde quedó patente que la llama del toreo sigue muy viva.
Del toro al infinito
“el nacimiento de la Fiesta coincide con el nacimiento de la nacionalidad española y con la lengua de Castilla……… asi pues, las corridas de toros…….. son una cosa tan nuestra, tan obligada por la naturaleza y la historia como el habla que hablamos.”. R. Pérez de Ayala
la suerte suprema
Pepe Bienvenida / La suerte suprema
miércoles, 2 de septiembre de 2026
Melilla no se olvida de Ceuta: su bandera presidió la corrida en La Mezquita del Toreo
La terna salió en hombros repartiéndose nueve orejas en una tarde en la que quedó demostrado que la llama taurina sigue muy presente en esta tierra española del norte de África.
Melilla. Martes 1 de septiembre de 2026. Toros de Villamarta, de juego variado. Manuel Escribano, dos orejas y dos orejas; Emilio de Justo, dos orejas y palmas; y Marco Pérez, dos orejas y oreja. Entrada: Más de cinco mil personas. Detalles:
La bandera de Ceuta fue portada en el paseíllo y presidió el palco presidencial, donde estuvo presente Juan José Imbroda, presidente de la Ciudad Autónoma de Melilla, en apoyo a los ciudadanos ceutíes ante la oleada migratoria de Marruecos.
martes, 1 de septiembre de 2026
TAL DÍA COMO HOY...- El Vito: Del oro a la plata más brillante / por Paco Delgado
Julio Pérez Herrera “El Vito”
Del oro a la plata más brillante
Tras hacer su presentación en Valencia, el 16 de junio de 1946, logrando ya encandilar a la parroquia y saliendo a hombros al cortar dos orejas a un novillo de Joaquín Buendía -y ser repetido en la misma plaza hasta en otras cuatro ocasiones-, el 1 de septiembre de 1946 el torero sevillano Julio Pérez Herrera “El Vito” recibió la alternativa en el coso de Monleón. Carlos Arruza le cedió el toro “Sorillero”, marcado con el número 134, de la entonces muy en boga ganadería de Felipe Bartolomé, siendo el testigo de la ceremonia el valenciano Jaime Marco “El Choni” que cortó la única oreja de la tarde al resultar cogido Arruza por el segundo de su lote.

El nuevo matador acusó los nervios y no estuvo acertado con la espada. Esa misma temporada sufrió un par de cogidas muy graves y otra gravísima en Sevilla, lo que minó en parte su ánimo e hizo que cambiara el estoque por los rehiletes. Y fue en esta categoría donde alcanzó fama y prestigio, actuando con Juan Posada para más tarde ir pasando por las cuadrillas de Manolo Vázquez, Chamaco o Antonio Ordóñez. La consagración llegó con Miguel Báez Espuny “El Litri” y, sobre todo, yendo a las órdenes de Jaime Ostos, formando terna con Luis González y José Blanco “Blanquito”, dicen que la mejor cuadrilla que se haya conocido jamás.
--
Relacionado: Carta a don Juan Lamarca sobre" El Vito" / por Fernando Claramunt
Aquellos sesenta… (XXVII) Jorge Arturo Díaz Reyes
El toro de Osborne, emblema de los 60
'..No cambiaron tanto el toro, el toreo, el torero, la técnica, la estética, el público, la afición, la crítica, la publicidad, el empresariado, las plazas ni la percepción general de la fiesta. Pero labraron algunas marcas hondas..'
Aquellos sesenta… (XXVII)
Jorge Arturo Díaz Reyes
Crónicatoro.com / Cali 31 VIII 2026
¿Esos años cambiaron la fiesta? Sí, la cambiaron, como cambiaron toda la cultura. En todo, y aunque no del todo, sí bastante más allá de lo temporal imperceptible que justifica el: nunca entramos al mismo río, ni a la misma corrida.
Hoy, a perspectiva, los sobrevivientes podríamos atestiguar que cambiaron sus significados de: juego, combate, arte, rito, espectáculo, negocio… Pero no lo suficiente cada uno para perdurar como “revolución”. Así lo hayan prometido los alborotos del momento y así hayan dado pie para metáforas hiperbólicas.
No cambiaron tanto el toro, el toreo, el torero, la técnica, la estética, el público, la afición, la crítica, la publicidad, el empresariado, las plazas ni la percepción general de la fiesta. Pero labraron algunas marcas hondas.
Comenzando por el toro, lo esencial. ¿Qué tanto cambió? En las plazas enfiestadas, nuestra generación y la inmensa mayoría de los mayores no lo acusamos en principio. Pero la minoría de la afición curtida y la crítica, que la había, sí. Lo hizo ahondando su exigencia sobre aspectos fundamentales.
La Edad fue lo primero. Que el toro fuese adulto. Si no a los cinco, de la preguerra, sí al menos a los cuatro reglamentados desde la posguerra. Y ya que el examen dental post mortem (no absolutamente fiable), hasta entonces era el único asidero para probar esa madurez mínima. La palabra del ganadero y la subjetiva impresión inicial en el ruedo, que la indicaban por aproximación; el desarrollo morfológico, volumen, peso, armas, pitones, actitud, cuajo, trapío. Eran los únicos argumentos.
Se juzgaba con solo la presunción de buena fe, el golpe de vista, la intuición y el instinto. Condicionados además por la experiencia o inexperiencia del observador, el cartel: “Seis hermosos y bravos toros seis”, las noticias previas, por la publicidad disfrazada de noticia y por el runrún.
Comprábamos la boleta y entrábamos al tendido ayunos en este aspecto y en otros, y salíamos peor. Posiblemente aclamamos y aún recordamos indeleblemente algunos bravos utreros y hasta erales adelantados, lidiados y muertos con clamor por las figuras. Pero con nosotros iban creciendo prevenciones, dudas y evidencias.
Cómo evitarlas, si, poco a poco nos contagiábamos también de que probar la edad reglamentaria era una ruidosa exigencia desde mucho antes. Por ejemplo: Adolfo Bollaín en su perorata “Hoy se torea peor que nunca” 1945-48 gritaba: “Los becerros que hoy se lidian son poco mayores que los que se torean en los festivales jocosos”. Y Corrochano en 1953 (ABC): “El que no tenga toros, que no lidie corridas de toros. Al que le de miedo de los toros que no sea torero”. ¿Acaso éramos tontos?
Pero lo cierto es que tampoco nunca hubo antes edad certificada. Sin esa constancia se levantó la leyenda general de la fiesta. Y las particulares de; los cincuenta de Ordóñez; los cuarenta de Manolete; los plateados treinta y veinte de todos sus mártires; los dorados diez de Joselito, Belmonte y Gaona, y de ahí para atrás. Nunca se requirió datación pública. Todo quedaba confiado al buen ojo del parroquiano contribuyente.
Y aunque en tal tradición nos bautizamos, a medida que avanzaba la década entrábamos al reclamo. Al final, en 1969, ya éramos mayores y aplaudimos la imposición legal en España y el resto, del “Libro de registro de las ganaderías”, el herraje del guarismo en la paletilla, y el anuncio en las tablillas de la fecha de nacimiento.
Así la primera camada de cuatreños certificados apenas corriera en 1973. Podemos decir ahora que la norma es legado de aquella época y vino a significar un cambio trascendente para el toro de lidia y la dignidad del culto. Otra cosa es que en cada ocasión y sitio se respete. Pues bien dicen desde tiempos ha: hecha la ley hecha la trampa.
La integridad. Desde la grada, excepto en casos descarados de desmoche, la adulteración de las astas no era ni es fácil de ser afirmada por el aficionado curtido, y menos por el joven, incipiente y emotivo. La técnica es tan redomada que pasa las aprobaciones previas, y solo el examen veterinario microscópico, a posteriori en las autopsias puede asegurarlo.
Como en el caso de la edad, a lo más la mirada lejana, en movimiento, podría si acaso presumirlo. Mas, para la mayoría, nunca tanto como para renunciar a una faena pinturera, infamar al ídolo, ni malgastar el precio de la entrada incordiando la tarde. El “aquí vinimos a divertirnos”, primaba.
Pero el afeitado y otras corrupciones que atacan la integridad del toro y pervierten la fiesta, que venían siendo execrados desde antes por la crítica. Y fueron denunciados públicamente en la radio, por una figura del toreo como Antonio Bienvenida, en 1952. Primera vez. Causó gran revuelo, desatando acciones judiciales y coincidiendo cronológicamente (cronológicamente digo) con el retiro de toreros punteros como: Luis Miguel, Arruza y Manolo González entre otros.
Pasados diez años y llegados nosotros pelafustanes a la piedra, el escándalo había amainado. Entonces, con el boom de corridas, volvió a recrudecer promediando los sesenta. En las gargantas del siete de Las Ventas, y en filudas plumas como las. de Zabala Portolés, Navalón y Díaz Cañabate.
Denuncias serias, incluso con nombres propios, de apoderados famosos y sus cuernocuristas de planta. Trascendiendo internacionalmente y reactivando la respuesta gubernamental…, a según el país. Que luego las décadas siguientes atenuaran de nuevo la cosa, convirtiéndola en un cambio impreciso, en una ventolera, ya no es culpa de aquellos sesenta.
La casta. El toro preferido por las figuras de la época, el que más iba con su talante fue: Para Paco Camino el del tronco Santa Coloma. Para El Cordobés el Vega-Villar y Carlos Núñez. Para Puerta, el Juan Pedro Domecq y el Murube. Para El Viti, el Atanasio Fernández. Eran por tanto los viejos encastes que más se lidiaban y se han seguido lidiando por los que los pueden escoger.
En la ganadería americana; Colombia, por ejemplo, fue una década de amplio predominio Santa Coloma. Con su bravura, movilidad, fondo, “ir a más”, exigencia, moderado tamaño y proporcionado armamento. México ya había optado desde principios del siglo XX por una de sus raíces distintivas, el Saltillo. Todo lo cual coincidió con el largo pontificado caminista en estos lares.
Mas, como antes, como después, como siempre, los hierros fieros, duros y de prontuario necrológico los lidiaron casi siempre los modestos. E igual que ahora y desde la “revolución belmontina”, que dramatizó y alargó la faena: la mayoría de los ganaderos presionados por el mercado continuaron dedicados a seleccionar “nobleza” (toreabilidad) a costa de caracteres más fieros y propios de la especie. Desnaturalización.
En resumen, el qué, por encima del herraje del guarismo para probar la edad, conseguido en aquellos años; por encima de las cruzadas contra el afeitado y otras perrerías; por encima de la oposición a la cría preferente de la docilidad, que muchas cosas continuaran luego el rumbo que traían, dice que los cambios en el toro no resultaron siendo precisamente una revolución…
El calado de la traición / por HUGHES
'..Cacarear contra Sánchez todo el día, y hacerse con ello un nombrecito, es relativamente fácil. Diríamos que es una industria en España. Acusarle de traición e ir a por él en tanto traidor, esto es otra cosa. Algo que, realmente, rompe el Consenso. Es una declaración importante porque no es sólo una palabra o un desahogo: es un curso de acción, un proyecto político..'
El calado de la traición
HUGHES
Al comienzo de legislatura, entre críticas, Abascal habló de falta de legitimidad de Sánchez. Ahora eleva lo suyo a delito de traición, y pide diputados, porque los necesita, para iniciar la senda del artículo 102.
Cacarear contra Sánchez todo el día, y hacerse con ello un nombrecito, es relativamente fácil. Diríamos que es una industria en España. Acusarle de traición e ir a por él en tanto traidor, esto es otra cosa. Algo que, realmente, rompe el Consenso. Es una declaración importante porque no es sólo una palabra o un desahogo: es un curso de acción, un proyecto político. Y rompe el clima, el marco, el posible reset, el que se besen del sistema. Impide el olvido. También fulmina el estado oficial de «amistad» con Marruecos. Esto son dos pilares, interno y externo, del 78 (expresión de la que no hay que abusar para no parecer el loco de un bingo).
Pero el antisanchismo a cuya puerta toca Abascal parece incapaz de sostener un reto así, incluso el simple hecho narrativo; y quiere hacer caer a Sánchez por delitos distintos: los de su hermano, su mujer… Lo que viene siendo la corrupción. La amnistía ya pasó al olvido, y algo similar sucedería con Ceuta (la ópera no acaba hasta que canta la gorda y las crisis no acaban hasta que se celebra una manifestación).
Sánchez será todo lo «autócrata» que quieran, pero cuando habla, como ayer en la SER, coincide con mucha gente; al hablar de modelo económico de crecimiento, suena igual que la patronal y al darle a la manivela del humanitarismo, se parece a la Iglesia.
Derecha e izquierda han venido coincidiendo en el modelo de crecimiento y en el humanitarismo de las instituciones de posguerra. Cuestionarlo no quiere decir que haya que matar inmigrantes, sino cambiar el marco jurídico e ideológico del que más que nadie se aprovecha Marruecos para la lenta erosión de la plaza de Ceuta.
Así que Sánchez es un autócrata que coincide con los empresarios, con la Iglesia, y al que las mujeres harían presidente si sólo votaran ellas.
Pero contra Sánchez parece que nada se puede hacer. Todo lo pervierte. Y cuanto más evidente es que nada institucional se puede hacer, entonces se redobla la ira, la frustración y el antisanchismo, olvidando que lo primero que desprotege a los españoles son sus leyes (y, más allá, el lecho histórico y casi metapolítico sobre el que se hacen).
Ceuta nos ha confirmado lo que intuíamos: que para muchos izquierdistas, la invasión del país es un hecho anecdótico y menor, incomparable, al menos, con el hecho náutico de que alguien llegue a Ceuta en barco, con gomina y una cerveza. También hay un cambio, una aceleración en la izquierda. Hay cambios de piel, pasos a otra cosa. Confirmadas por fiscalía las violaciones, Ceuta simboliza el abandono de la mujer y del feminismo como caballo de la izquierda; de la mujer como sujeto víctima se pasa al inmigrante, o mejor, al migrante, que no es exactamente lo mismo, y con él al anticolonialismo retrospectivo, y a localizar el agravio en la raza o los pecados de Occidente. Los elegidos sucesivos de la izquierda: obrero, separatista y mujer ( no digamos ya el trans) se tienen que apretar en el vagón para dar entrada a los migrantes; los primeros, los marroquíes.
El autógrafo en percal
Borja Jiménez firmando un capotillo a un joven aficionado en la Plaza de Toros de Cuenca
'..Consiste en lanzar al ruedo pequeños capotes de brega, percalinas de tamaño infantil, provistos, para mayor eficacia administrativa, del correspondiente rotulador. Se da el caso de que el torero ya no tiene bastante con firmar, se le solicita a veces una dedicatoria. De modo que aquella antigua vuelta triunfal, que debía ser una rápida y alegre prolongación de la faena, se está convirtiendo en una sucursal de la firma de libros..'
El autógrafo en percal
Hay modas que entran en los ruedos sin que nadie sepa exactamente quién las ha invitado. Antaño, en la vuelta al ruedo, se arrojaba al torero el sombrero, el abanico de la señora, algún clavel y, en casos de entusiasmo financiero, hasta un puro. Morante, que tiene una relación bastante cordial con los fumadores, suele recibir de estos últimos abundante correspondencia tabaquera. Pero ahora ha nacido una modalidad más laboriosa: el autógrafo en capote.
Consiste en lanzar al ruedo pequeños capotes de brega, percalinas de tamaño infantil, provistos, para mayor eficacia administrativa, del correspondiente rotulador. Se da el caso de que el torero ya no tiene bastante con firmar, se le solicita a veces una dedicatoria. De modo que aquella antigua vuelta triunfal, que debía ser una rápida y alegre prolongación de la faena, se está convirtiendo en una sucursal de la firma de libros.
El procedimiento tiene, además, la ventaja de que el torero puede tardar en dar la vuelta al ruedo bastante más de lo que tardó en dar la vuelta al toro. Días pasados en una plaza de cuyo nombre no quiero acordarme, se dieron siete vueltas al ruedo. Si a cada una le añadimos su correspondiente sesión de caligrafía sobre percal, acabaremos necesitando, para una corrida de toros, lo que antes se necesitaba para una boda con banquete: paciencia y sobremesa.
Quizá las autoridades competentes debieran ocuparse del asunto antes de que la vuelta al ruedo termine convertida en una actividad extraescolar.
Bastaría un bando, un edicto o, si se quiere conservar el aire tradicional taurino, un pequeño cartelito en la puerta de la plaza con la leyenda «Se prohíbe arrojar capotes para la firma durante la vuelta al ruedo».
De esa manera tampoco se perjudicaría al aficionado fetén obligándole a meterse entre pecho y espalda tres horas pasadas de festejo. El torero podría anunciar en su página web, o por medio de su jefe de prensa —que para algo están los modernos instrumentos de comunicación— que recibirá a los coleccionistas de autógrafos a determinada hora en el hotel. Allí, en el hall, con una mesa, varios rotuladores y todo el tiempo del mundo, podría firmar cuantos capotes, percalinas y dedicatorias se le presentasen.
Así ganaría todo el mundo. El aficionado se llevaría su capote firmado, el torero conservaría intacta su vuelta al ruedo y el público podría aspirar a una cosa que últimamente empieza a parecer un lujo en las plazas de toros: que la corrida termine a una hora razonable. Porque una cosa es dar la vuelta al ruedo y otra, bastante distinta, dar la vuelta al ruedo con ventanilla de autógrafos.
Jubilado viajero
Colombo revalida su marcha triunfal y sale en hombros en Cuéllar con Partido de Resina ( Pablo Romero )

Dos orejas paseó también Colombo del bravo quinto, con el que se entregó y firmó una sólida labor para abandonar el coso cuellarano en hombros.
Colombo revalida su marcha triunfal y sale en hombros en Cuellar con Partido de Resina (Pablo Romero)
El segoviano Pablo Atienza reclamó más sitio en Cuéllar con los toros de Partido de Resina tras firmar una importante faena al natural para cortar dos orejas y triunfar junto al venezolano Jesús Enrique Colombo, que aprovechó la bravura del quinto ejemplar de la tarde, ‘Venteadoro’ -de vuelta al ruedo-, para sumar dos trofeos. Ambos salieron en hombros del coso cuellarano, en la segunda corrida de la feria -tercer festejo- que completó el salmantino Damián Castaño, sin premio. Se lidiaron seis toros de Partido de Resina, que destacaron por su presentación.
Atienza volvió a vestirse de luces justamente dos años después desde que tomara la alternativa en Almazán (Soria) y el segoviano dio la cara con un toro, que sin ser fácil, desprendió calidad. Firme y sereno, Atienza dibujó estéticos naturales, en una faena de alta nota. No se le escapó el triunfo para reclamar más oportunidades para su toreo. Con el toro que cerró plaza no tuvo opciones.
Dos orejas paseó también Colombo del bravo quinto, con el que se entregó y firmó una sólida labor para abandonar el coso cuellarano en hombros.
El encargado de abrir la terna fue Castaño, que regresó por tercera vez a Cuéllar en una tarde en la que tragó, sin suerte, y en la que resultó incluso prendido.
lunes, 31 de agosto de 2026
El problema no es la falta de toreros / por Sergio Hueso
'..El escalafón cuenta con toreros en plena madurez como Daniel Luque, Emilio de Justo, Juan Ortega, Borja Jiménez o David de Miranda, junto a una generación joven que viene reclamando sitio con argumentos. El problema no parece estar, por tanto, únicamente dentro del ruedo..'
El problema no es la falta de toreros
Por Sergio Hueso
Las plazas no se llenan. O, al menos, no con la frecuencia que debería hacerlo un espectáculo que presume de contar con una de las generaciones más interesantes de los últimos años. Hoy, Morante de la Puebla y Roca Rey son prácticamente los únicos nombres capaces de transformar por sí solos un cartel en un acontecimiento y acercar a una plaza al ansiado cartel de “No hay billetes”. Y ahí existe un problema que el toreo debería afrontar cuanto antes.
Porque talento hay. Y mucho.
El escalafón cuenta con toreros en plena madurez como Daniel Luque, Emilio de Justo, Juan Ortega, Borja Jiménez o David de Miranda, junto a una generación joven que viene reclamando sitio con argumentos. El problema no parece estar, por tanto, únicamente dentro del ruedo.
Durante demasiados años se ha confiado en que bastaba con anunciar tres nombres y seis toros para que el aficionado acudiese a la taquilla. Hoy eso ya no funciona. El ocio ha cambiado, el público tiene una oferta prácticamente infinita y asistir a una corrida supone, además, un desembolso importante. El toreo compite por el tiempo y por el dinero de la gente, pero en demasiadas ocasiones sigue promocionándose como si no tuviese competencia.
También existe un problema para fabricar nuevos referentes. Un torero puede encadenar triunfos importantes y, sin embargo, tardar años en conquistar un verdadero peso popular. Las figuras no nacen únicamente cortando orejas: necesitan continuidad, rivalidades, personalidad, comunicación y escenarios que permitan que el público se identifique con ellas.
Y quizá ahí esté una de las claves. El toreo necesita volver a crear acontecimientos. Carteles que generen conversación, rivalidades que despierten interés, ganaderías que aporten personalidad y una promoción que empiece semanas antes de abrirse la puerta de cuadrillas. No se puede esperar llenar una plaza limitándose a abrir la taquilla.
Morante y Roca Rey han demostrado que cuando existe un verdadero reclamo, el público sigue estando ahí. Por eso sería demasiado fácil concluir que faltan aficionados. Tal vez lo que falta sea conseguir que muchos de ellos vuelvan a sentir que merece la pena acudir.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






.jpg)
