la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

viernes, 7 de agosto de 2026

¿Nos merecemos el infierno? / por Paco Delgado


'..Todo parece hacernos creer que, en realidad, nuestra condición de rehenes de los partidos políticos y de los impresentables que los —y nos— mangonean nos condena cada año, por estas fechas, al infierno..'

¿Nos merecemos el infierno?

Por Paco Delgado
Cuando la temporada entra en su fase de apogeo, con festejos de aquí a octubre prácticam'ente a diario y en todas partes, un fenómeno, durante los últimos años mucho más habitual y frecuente de lo que sería de desear, deja en segundo plano el genio de Morante, la capacidad de Roca Rey o el esfuerzo por seguir su rueda del resto del escalafón: los incendios.

Como una maldición —que probablemente lo sea—, es llegar el verano y sus calores y cae sobre nuestras cabezas —y en muchos casos debería hacerlo también sobre muchas conciencias— una plaga que arrasa con todo lo que pilla por delante: monte, casas, fincas, plantaciones y hasta vidas. 13 se perdieron hace poco en Almería, dejando en evidencia nuestra proverbial falta de planificación y prevención.

Cada año los incendios acaban con miles de hectáreas de campo y masa forestal, dejando un rastro de desolación y ruina, económica, física y anímica, que tarda luego mucho en desaparecer o superarse.

El mundo del toro no es ajeno a esta desgracia y si, por ejemplo, el año pasado la finca “Los Quintos”, en la provincia de Badajoz, donde pastan vacas de Jandilla, resultó quemada en su mayor parte, hace unos días la ganadería de Blanca Hervás resultó muy seriamente afectada en sus dependencias en el municipio madrileño de Villa del Prado.

El Valle del Tiétar, el conocido como Valle del Terror en el mundo taurino, entre las provincias de Madrid y Ávila, ha sido pasto de las llamas, haciendo ahora honor a esa denominación en su más amplio sentido. Pero no ha sido el único punto de nuestra geografía taurina que se ha visto muy seriamente perjudicado por el fuego.

En el norte de Valencia y sur de Castellón, los incendios afectaron a 60.000 ciudadanos y provocaron que fuesen desalojados otros 16.000, causando estragos en viviendas, zonas de cultivo y pinares, pero también en instalaciones ganaderas, afectando a los animales, especialmente en la zona de Onda, Nules, Vilavella y Vall d’Uxó.

Allí, varios toros y vacas huyeron atravesando el centro urbano de esta última ciudad, creando una situación insólita, mientras los ganaderos bajaban hasta la población para salvar a sus animales y evitar que provocasen daños a los habitantes de esta localidad castellonense, famosa también por ser una de las más activas en festejos populares. Para albergarlos, se habilitaron espacios en las localidades vecinas de Burriana, Moncófar, Alquerías y Chilches.

Ahora es turno de lamentos, de recuento de daños y de evaluar pérdidas. Nuestras autoridades, poniendo carita de pena y como compungidas, hablan de ayudas e indemnizaciones —que, como se ha visto en otras muchas ocasiones similares, no llegarán nunca o llegarán tarde y mal—, mientras miran de reojo al calendario para ver cuánto falta para iniciar sus vacaciones.

Y como solución, en vez de coger al toro por los cuernos de una vez por todas y poner en marcha un plan efectivo de limpieza y saneamiento de bosques y montes en invierno y a largo plazo, dotando de medios y efectivos a patrullas que por toda España eviten que se acumule maleza y basura que luego, en verano, sirve de mecha para el desastre, se dedican a culpar a sus rivales políticos de inacción o, peor aún, de provocar estos siniestros mediante planes tan secretos como maléficos en beneficio propio.

Y, ya el colmo, asegurando que en un futuro, lo más inmediato posible, se creará una plataforma de estudio y debate sobre causas, efectos y soluciones a estas tragedias que, para ellos, al parecer, son producto de la mala idea de sus contrarios y de un calentamiento global imparable e implacable si no se les vota a ellos.

Todo parece hacernos creer que, en realidad, nuestra condición de rehenes de los partidos políticos y de los impresentables que los —y nos— mangonean nos condena cada año, por estas fechas, al infierno.

Pero, si hubiese justicia, y no fuésemos tan borregos ni tan idiotas de votarles, a quien habría que mandar a las calderas de Pedro Botero es, justamente, a los partidos políticos y a los impresentables que los —y nos— mangonean.

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ANTONIO MORO 'EL FONDACO' ¡Un charro de Villavieja! / por Paco Cañamero


 '..Por cualquier punto de la provincia, la vecina Zamora, el hermano Portugal… ahí llega Antonio Moro, el Fondaco, con su cámara para inmortalizar nuestra cultura y tradiciones.''

A Antonio Moro, el Fondaco de Villavieja, 
que hoy cumple 90 años

Paco Cañamero
Siempre aparece a la hora en punto, ni antes ni después, con su elegancia natural y la discreción por bandera. Por cualquier punto de la provincia, la vecina Zamora, el hermano Portugal… ahí llega Antonio Moro, el Fondaco, con su cámara para inmortalizar nuestra cultura y tradiciones. Lo lleva haciendo más de 6 décadas desde que comenzó a grabar con un tomavistas, mucho antes de llegar la primera Súper 8. Desde entonces no ha parado hasta ser dueño y autor de la mejor filmoteca privada que se conoce, en la que hay recogidas romerías, encierros, toros, deportes, tradiciones, ceremonias, oficios tradicionales… que son el mejor testimonio de nuestra tierra. Un tesoro en el que hay joyas como los últimos días del tren del Duero, la reliquia de esta tierra y donde aún soñamos con volver a sentir el pitido del tren por esos campos del Yeltes.

Con Antonio es una maravilla charlar y compartir vivencias. De hecho, uno de los mejores regalos que me ha dado la vida es la amistad que me une a él desde hace casi 40 años, además de tanto cómo me ha enseñado, siempre con su generosidad. He pasado horas escuchándole contar infinidad de testimonios, como la época que Manolete pasaba semanas en Hernandinos y, los domingos, al acudir a misa a la iglesia de Villavieja, él se colocaba en el banco detrás de él para poder darle la mano; de los curtidores de su pueblo, de los excelentes canteros, de los afamados ganaderos de bravos, de los caballistas… De sus años mozos cuando fue una esperanza taurina local y rivalizó con El Viti y Antonio de Jesús, además de hacer campo con Jumillano, los Girón, Aparicio, Posada….

Y siempre con su querido pueblo en el corazón, de esa Villavieja que guarda el mejor cofre de las tradiciones de la tierra, donde su familia tenía la fonda, bar, comercio, butano, taxi… y él pronto debió echar una mano en el negocio. De entonces contaba los frecuentes viajes en taxi al País Vasco o a Barcelona y esta última, antes de regresar, iba a comer un bocadillo a una tasca de La Barceloneta que tenía un policía de Valderrodrigo llamado Silvestre y más tarde acabó siendo el famoso Salamanca. También otros más largos a París, a Suiza, a Alemania o a la lejana Suecia, a la que llevó un matrimonio de Villavieja. En esos años le tocó salir adelante y ponerse al frente de los negocios al ser el mayor de los hermanos.

Fue antes de ingresar en la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Salamanca a raíz de que se se le requiriera para hacerse cargo de la deficitaria oficina de Villavieja y tratar de salvarla. La oficina no solamente se salvó, sino que pocos años más tarde era una de las más rentables de la provincia que unos recursos propios antes impensables. Gracias a su brillante gestión recibió la felicitación de José María Vargas Zúñiga, el máximo responsable de la institución de ahorro, al igual que del resto de directivos quienes le pusieron en la mano un cheque en blanco para que dirigiese la sucursal que quisiera. Entonces, Antonio, fiel a sus principios y amor a su pueblo allí se quedó, mientras hacía convertido a la Caja en una referencia. Esa misma Caja que arruinaron los políticos y tanto le hizo sufrir al ver cómo perdía su identidad charra.

Pocos personajes han hecho tanto por el Campo Charro y el mundo rural como Antonio Moro, el gran señor que hoy sopla 90 velas. Y por eso lanzo mi gorrilla charra a los pies de este caballero, al polifacético Antonio Moro, torero en la juventud, empresario, trabajador de banca y, por encima de todo, una excelente persona abrazado a la sencillez y humildad, sin presumir jamás de nada, con exquisita educación.

Por último y a quien corresponda: ¿Cuándo va a tener la provincia de Salamanca el gran reconocimiento a la figura de Antonio Moro? Él se lo merece más que nadie y en este día tan especial le mandamos la más sincera de nuestras felicitaciones.

jueves, 6 de agosto de 2026

Aquellos sesenta… (XXIV) / por Jorge Arturo Díaz Reyes

Néstor Luján. Foto: M.G., Diario de Sevilla

'..En 1967, plena década, Néstor Luján justificó la segunda edición de su ya clásica “Historia del toreo”, que reconoció tributaria de la enorme y a la vez sintética enciclopedia de Cossío, con el agregado de un último capítulo que arranca desde 1954, fecha de la primera edición. Es el VII de la segunda parte, y lo titula: “El público de toros deja de ser ibérico (Los tendidos babélicos)”..'

Aquellos sesenta… (XXIV)

Jorge Arturo Díaz Reyes 
CrónicaToro / Cali, 3 VIII 2026
Confrontar con otros testigos el recuerdo, siempre parcial y subjetivo, generalmente conduce a una suma de subjetividades parciales. A un collage de retazos perceptivos.

No existen copias exactas de la realidad. Una del mundo tendría el tamaño del mundo. Una de diez años lejanos duraría diez años. Borges bromeó con esa paradoja: “Y los Colegios de Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él”.

Imagino qué si los historiadores hubiesen alcanzado esa plenitud, tampoco habrían encontrado suficientes milenios en los cuales acomodar su relato. Imposible reconstruir el pasado tal como fue. Y sigue siendo así, aunque busquemos apuntalar nuestra pobre memoria con otras más autorizadas por la conveniencia, el consenso y la tradición. Eso es lo que hay; aproximaciones, mitos, leyendas, literaturas, historias, pedazos a escala…

En 1967, plena década, Néstor Luján justificó la segunda edición de su ya clásica “Historia del toreo”, que reconoció tributaria de la enorme y a la vez sintética enciclopedia de Cossío, con el agregado de un último capítulo que arranca desde 1954, fecha de la primera edición. Es el VII de la segunda parte, y lo titula: “El público de toros deja de ser ibérico (Los tendidos babélicos)”.

Fenómeno cierto, que se dio en las plazas españolas (y no españolas), atribuido a coincidencias culturales, políticas y sociológicas también aquí ya recordadas. Y al que el autor culpa de las desgracias de la fiesta, y, posteriormente, de su propia renuncia: “El espectáculo taurino ha quedado reducido a una manifestación folclórica de cara a un público extraño”. Y clama: “… la fiesta de los toros siempre había sido del gusto de una minoría muy concreta”. Tenía 45 años cuando lo publicó. Era un gran lector, erudito, bibliófilo, cronista, escritor gustoso, y por esos días lo que se dice un aficionado terminal. Después no volvió a ir a los toros ni a escribir sobre ellos.

Su libro de 440 páginas, en formato mayor, despacha a Paco Camino, entonces en la cumbre, y a Diego Puerta con poco más de una línea para cada uno. En la de este: “Le llaman “Diego Valor”, de una tenacidad en el éxito encomiable, que le hace un torero aplicado y brillante.” Del primero: “El sevillano Paco Camino, torero evidentemente artista, aunque contra opinando con la mayoría de los aficionados, nunca nos acabó de gustar.”

A El Viti, con un poco más de prolijidad, lo aprueba con honores: “Torero completo, ponderoso, firme, de un arte serio y reposado, dominador y austero… Lo más notable de su personalidad y esto le diferencia de todos es que es un magnífico estoqueador a la antigua usanza… el mejor matador desde Manolete y supera a este en seguridad y le iguala en estilo.”

A El Cordobés, por inevitable quizás, dedica escrupulosos párrafos enteros. Le llama: “Fenómeno publicitario…, uno de los componentes de su éxito. El otro es sin duda alguna su personalidad… valeroso, afectado, impasible, no se le puede negar un valor, unas maneras de estar en la plaza peculiar y atractivo. Pero no es el torero que pueda agradar a los aficionados ni a los críticos... arrastra sin duda alguna al público sugestionado… torea cuanto quiere y a precios fabulosos.”

A cambio, y sobre todos los que reseña en este aparte, se detiene rendidamente en Antonio Ordóñez, de quien sin embargo señala su declive a partir de 1961:

“La calidad de su toreo, raramente habrá sido superada ni aún por la depuradísima generación de los Gitanillo de Triana, Los Cagancho y los Victoriano de la Serna, o, más hacia nosotros de los Manolete y Pepe Luis. Con la capa, Antonio Ordóñez anula los mejores… Con la muleta…, posiblemente con Manolete y Silverio Pérez, el que ha poseído más emocionado temple… En la difícil facilidad su toreo ha aunado las virtudes antiguas con el espíritu moderno… Con la espada, displicente y desaprensivo suele matar muy mal… Ya en las temporadas 1960 y 1961, sin enemigo apreciable, rebajó y ha congelado sus faenas reduciéndolas a un puro trámite ante un torito inerme…”

Así quedan la época, el toreo, los ídolos y el público de entonces. Luján, era catalán, de Mataró, vivió en Barcelona, ciudad que llegó a tener tres plazas funcionando. Allí principalmente vio las corridas que fueron material de sus crónicas e historias. Nadie, ni aun en esta época del internet inteligente puede tener una visión universal. Pero el criterio, el estilo de su temporal afición, la elegante claridad de su prosa y el placer que depara su lectura, han convertido en excepcional la subjetividad del docto, caballeroso y jovial gourmet y bon vivant.

Excepcional, no infalible, no indiscutible. Por ejemplo, mis juveniles recuerdos (directos) coinciden mucho con su semblanza de Ordóñez, El Viti, y aún con la de Puerta pese a su displicente laconismo. Más no con su disgusto por Camino, con la descalificación del Cordobés, ni en particular con su rechazo a la que fue herencia mayor de la época; la internacionalización de la fiesta. A la que sube a la picota en su capítulo final, “los públicos babélicos”. Misma que alude por contra el también coetáneo poeta Gerardo Diego (1966):

“El Cordobés”
es el toreo en inglés,
en danés
y en pequinés
y en volapuk y sin mover los pies.
¿Si no te quitas tú te quita el toro?
A “El Cordobés” el toro no le quita.
“El Cordobés” imita la mezquita…

¿Cómo compartir la negación a esa nueva generación feligresa que llenó los sesenta en todo el mundo? ¿Cómo aceptar la segregación, si para los que hicimos parte de ella, ahora, evocada desde la vejez, representa la infancia y la edad de la razón de nuestra afición?

El reclamo de origen, de blasón, de pureza de sangre en los tendidos, con los cuales dicho sea de paso la fiesta ya no existiría, invita para bien y para mal el sarcasmo de Borges en 1943: “Los españoles que (épicamente) se proclaman nietos de los conquistadores de América, están equivocados: los nietos somos los hispanoamericanos, nosotros; ellos son los sobrinos.”

Ceuta y Melilla: derrelictos / por Sertorio

 

“Derrelicto: objeto abandonado en el mar”, como abandonadas son por el Gobierno, la Corona y la oligarquía las ciudades españolas de Ceuta y Melilla..'

Ceuta y Melilla: derrelictos

Por Sertorio
Hace ya tiempo, en un artículo publicado en EL MANIFIESTO hace casi un año, “Los nativos” se titulaba, advertí de un hecho que hoy, a los españoles de sangre, nos resulta evidente, palmario, explícito hasta la obscenidad: las autoridades a las que sostenemos con nuestros tributos no nos van a proteger frente a los invasores. No van a mover un dedo. Ni siquiera expresarán una protesta formal ante el agresor. El día 31 de julio, en Ceuta, unos españolitos de a pie fueron los únicos a los que las fuerzas del orden molieron a palos: por protestar contra lo que estaba pasando y contra el gobierno que lo permite y excusa. Acabaron aporreados por una policía a la que pagamos para que nos proteja a todos, cuya misión no es ejercer de guardia pretoriana del canalla que preside el gobierno y del Quasimodo de su ministro del Interior.

En Ceuta se ha comprobado de forma empírica, experimental, que el Régimen del 78 no valora en un comino la seguridad del español nativo. Era increíble ver a los periodistas de las televisiones del Régimen asistir impávidos al acoso por la morisma de sus propias reporteras o de las mujeres que tuvieron la mala suerte de estar en medio de aquel pandemonio. No debemos olvidar que, si Ceuta vivió sumida en el caos durante un día, fue porque las autoridades civiles y militares consintieron que el territorio español fuera asaltado, porque no pestañearon ante el abuso de las turbas magrebíes, porque no efectuaron ni un disparo al aire para disuadir a la horda de bárbaros que nos atacaba. Al revés, les facilitaron el paso y se abstuvieron de impedir sus desmanes. Que yo sepa, después de una irrupción ilegal en nuestro país, tras un allanamiento colosal del territorio español, no se ha producido una sola detención. Y, encima, el Gobierno expresa su agradecimiento al Majzén por la colaboración prestada. Fernando VII es Isabel la Católica al lado de estos renegados, de esta escoria de muladíes vergonzantes, que celebraban el Día del Trono en la embajada marroquí al tiempo que se atacaba la soberanía española.

Cada vez está más claro que fuimos invadidos por hombres en edad militar, dirigidos por otros que tenían aire y ademanes de suboficiales. Los camiones con gamberros llegaron desde todo Marruecos hasta Castillejos sin que un solo gendarme se molestara en parar los vehículos que los transportaban. Si esto es una crisis migratoria, entonces el desembarco de Normandía también lo fue. Este acto de guerra, que debió ser frenado a tiros en la misma raya de la frontera, no es un producto del capricho del déspota marroquí, demasiado enfangado en sus vicios y enfermedades como para darse cuenta de nada. Es el resultado de un proceso cuyo origen está en el Departamento de Estado americano y que lleva en vigor desde los años setenta: España tiene que desaparecer de la orilla africana del Estrecho, las dos columnas de Hércules deben borrarse del escudo nacional: una la entregamos definitivamente el pasado catorce de julio, día de perpetua infamia que el Gobierno celebró por todo lo alto. La otra empezamos a perderla ayer. A esta banda de mangantes poco le importan quinientos años de historia española, de presencia secular e ininterrumpida en nuestras dos bellas ciudades en tierra de África. Al revés: están encantados de aniquilar hasta el recuerdo de ello: unos por ignorancia, otros por el oro del sultán y otros por odio a su patria, pero todos traidores.

A Felpudo VI nadie le molestó en su retiro mallorquín: ¿por qué van los insignificantes ceutíes a interrumpir las vacaciones de Su Majestad? Se lanza a los vasallos un pequeño discursito de circunstancias y ya ha cumplido con sus funciones aquel al que suponemos garante de la unidad y continuidad del Estado. Como todos los españoles que vivimos al sur del Ebro, los ceutíes importan poco. Y no seamos exagerados ni antiguos; a fin de cuentas, para alguien que ha estudiado de todo en las mejores universidades, ¿qué es la dignidad nacional? Un “constructo”, nos contestará la reina redicha y repipi de la gauche caviar “española”. Algo podemos dar por seguro con esta casta de iscariotes y de imbéciles hereditarios: siempre pueden caer un poco más bajo, siempre pueden alcanzar un nivel de abyección más repugnante. Mucho uniforme, mucha medalla, mucho ¡Viva España! Pero han echado Ceuta a los perros. ¿Para cuándo la visita a las plazas de soberanía? Ya está tardando Su Majestad “Católica” (con perdón). Pocos territorios más apasionadamente españoles que Ceuta y Melilla, pocos enclaves recibirán mejor a los reyes, y pocos compatriotas necesitan más una visita del Jefe del Estado que les dé seguridad y apoyo. O, mejor, que no vayan: Juan Carlos I viajó a El Aaiun y luego arrastró el honor de España como no lo ha hecho ni el peor de nuestros enemigos. Rectifico: Majestad, quédese en Palma, siga de regatas con sus amigos oligarcas. No abandone su yate. Conociendo a la dinastía, cuanto más lejos, mejor. Continúe navegando de empopada, aproveche la tramontana o el gregal y evite esos dos derrelictos que flotan sin gobernalle por el Mediterráneo: Ceuta y España.



Ni las gracias / por Carlos Esteban


'..Se recuerda una y otra vez el deber de acoger, pero se considera casi ofensivo recordar que el acogido sigue siendo un extranjero o sugerir que debería mostrarse agradecido. Más aún, una parte de los recién llegados actúa como si tuviera un derecho natural a instalarse en España, adquirir inmediatamente la condición de español y disfrutar de una prosperidad que no ha contribuido a crear..'

Ni las gracias

Carlos Esteban
Según Christopher Nolan, el tema central de la Odisea es la importancia de ser amables con los extranjeros. Lo sostiene el afamado cineasta a propósito de la nueva adaptación cinematográfica del relato fundacional de nuestra civilización que prepara estos días.

Tiene razón, pero sólo en parte. La xenia, la ley sagrada de la hospitalidad, ocupa un lugar esencial en Homero. Lo que ocurre es que esa hospitalidad tenía dos características inseparables de las que prescinden alegremente sus modernos apóstoles.

La primera es que la hospitalidad empezaba por reconocer que el acogido era un extranjero. No venía a quedarse ni dejaba de pertenecer a su pueblo por el simple hecho de cruzar una frontera. Era un huésped, un forastero. De hecho, la propia palabra xenia procede de xenos, el extranjero. La hospitalidad sólo tenía sentido porque existía una diferencia entre quien abría la puerta y quien llamaba a ella.

La segunda, y quizá más importante porque trasciende el debate migratorio, era la gratitud. El huésped gozaba de una protección casi sagrada, pero precisamente por eso contraía una obligación moral hacia quien lo acogía. No se trataba de una relación entre iguales que intercambiaban derechos, sino entre quien recibía un beneficio y quien lo concedía.

Nada de eso parece sobrevivir en el discurso contemporáneo. Se recuerda una y otra vez el deber de acoger, pero se considera casi ofensivo recordar que el acogido sigue siendo un extranjero o sugerir que debería mostrarse agradecido. Más aún, una parte de los recién llegados actúa como si tuviera un derecho natural a instalarse en España, adquirir inmediatamente la condición de español y disfrutar de una prosperidad que no ha contribuido a crear, como si fuera un patrimonio sin dueño o una especie de herencia universal.

Pero el problema va mucho más allá de la inmigración. La ingratitud se ha convertido en una de las enfermedades morales de nuestro tiempo. Hemos acabado convencidos de que casi todo lo que recibimos nos corresponde por derecho. Las prestaciones sociales ya no son el esfuerzo colectivo de una comunidad que procura no abandonar a sus miembros más débiles, sino una deuda que la sociedad mantiene con cada individuo. La educación, la sanidad, las pensiones o la seguridad dejan de percibirse como el fruto del trabajo y del sacrificio de generaciones anteriores para convertirse en realidades que parecían existir por sí mismas.

Quien recibe un regalo procura conservarlo. Quien cree estar cobrando una deuda nunca da las gracias. Quizá por eso hablamos tanto de derechos y tan poco de obligaciones. Y quizá por eso una virtud tan antigua como la gratitud empieza a parecernos casi una reliquia, cuando durante siglos fue el cemento invisible que hacía posible la convivencia entre personas, entre pueblos y entre generaciones.

"El Papa Negro", un torero que se bastaba por sí solo

"..Hay toreros que han dejado huella por su arte, por su valor, por sus triunfos y éxitos, por su personalidad o por muchas otras razones..'

Un torero que se bastaba solo.

Por Paco Delgado
Hay toreros que han dejado huella por su arte, por su valor, por sus triunfos y éxitos, por su personalidad o por muchas otras razones.

Manuel Mejías Rapela, que utilizó el nombre de su pueblo, Bienvenida, como alias y formó una dinastía de toreros con el mismo, pasó a la historia por ello y por todo lo dicho anteriormente, Y por algunas otras bastantes razones más. El Papa negro, como también se le llamaba por su competencia con Ricardo Torres "Bombita", el Papa del toreo en aquel entonces, llevó a cabo lo que fue, sin duda, toda una proeza el 4 de agosto de 1918. Anunciado para actuar en la plaza colombiana de San Diego, en Bogotá, poco antes del inicio de la función se encontró con que los miembros de su cuadrilla pidieron más dinero, 100 dólares por cabeza, para torear.

Como no hubo acuerdo, y para no suspender la corrida, tiró para adelante y se hizo cargo de la lidia él sólo. Y así, sin ayuda de nadie, bregó, banderilleó, toreó de muleta, mató y apuntilló a los toros que fueron saliendo al ruedo. No picó porque entonces no se permitía en Colombia picar a los toros. Su actuación resultó todo un éxito y cuando regresó al hotel en la puerta estaban los subalternos que no quisieron acompañarle y que, arrepentidos, le pidieron perdón.


Martes, 4 de agosto de 2026

miércoles, 5 de agosto de 2026

Tras la invasión, la normalización / por HUGHES

'..Hay que reconocerle algo al PSOE: pronto asume su obra. En eso toma el camino de Melenchon en Francia, político izquierdista que ya abraza el Gran Reemplazo. El PSOE disimula sus responsabilidades un tiempo, lo hizo con la ETA, con Puigdemont y lo hace con Marruecos, pero luego defiende el resultado sin complejos..'

 Tras la invasión, la normalización

HUGHES

Llega agosto y se hace imposible hablar de cosas de agosto.

La aceptación y reparto de los que llegaron con la invasión marroquí supone digerir, metabolizar y normalizar un acto de guerra.

Hace unos días, al recordar el 18 de julio (recomiendo la serie de Arnaud Imatz en estas páginas), uno podía caer en que la manipulación sectaria de la historia que olvida la violencia previa no es más que una estrategia de partido. En realidad, es el PSOE tapando al PSOE. La ‘opinión sincronizada’ lleva un siglo y la historiografía española es, en parte, el encubrimiento de la responsabilidad política y criminal del PSOE.

Casi divierte pensar en lo que dirán dentro de un siglo. El gobierno permitió la invasión de Ceuta y colabora asumiendo sus efectos y distorsionando lo sucedido con la ayuda de lo que queda de Consenso, de Europa y por supuesto de la Iglesia. El domingo, el cura de mi barrio decía que donde caben diez caben doce. La imagen del menor no acompañado es una especie de invencible imposición narrativa.

Para colmo, a Pedro Sánchez y a Marruecos le han salido palmeros nuevos. Al freak show del CNI, que da para una velada de Ibai, hay que añadir al conspiracionismo de corte antisemita, que no es solo un ataque de odio a los judíos, sino un ataque particularmente repulsivo a la inteligencia de todos. Se lleva avisando tiempo: el de EEUU es un intento de quebrar la coalición de Trump después de Trump, debilitando la derecha americana. En España, su objetivo es Vox. Se ve pronto que son una especie de internacional (que no toma vacaciones) del boicoteo a la derecha que fortalece las fronteras. Gaza les importa lo mismo que los muertos en Ucrania. El cui prodest sale solo.  

Hay que reconocerle algo al PSOE: pronto asume su obra. En eso toma el camino de Melenchon en Francia, político izquierdista que ya abraza el Gran Reemplazo. El PSOE disimula sus responsabilidades un tiempo, lo hizo con la ETA, con Puigdemont y lo hace con Marruecos, pero luego defiende el resultado sin complejos. Disimula o calla las corrupciones concretas que le llevan a asociarse con enemigos externos o internos de España, pero luego es un entusiasta defensor del producto. El PSOE es como una célula cuya función, aparentemente buena o propia del organismo, tiene el efecto, como un caballo de Troya, de hacer prosperar en el cuerpo a los parásitos o patógenos. Es una célula puente hecha para extender el ataque por el organismo. De esta forma, que de algún modo ha de ser muy lucrativa, garantiza su supervivencia. Los parásitos con los que colabora van cambiando con el tiempo. Ellos aportan algo creativo, como un nuevo código biológico, y de ese impulso vive. En cierto modo, parasita al parasito.

Pero llegado un momento, el PSOE no miente, Cuando avanza la enfermedad y sus efectos, deja de disimular. Entonces su gran función es asumirlo plenamente: normalizar y celebrar el cambio. Naturalizar la deformación, la monstruosidad o el debilitamiento morboso.

Por eso, llegado un momento, el problema acaba no siendo tanto el PSOE, como los que confunden constantemente el debate. Organismos de otro tipo cuya función es mandar al cuerpo señales de que no sucede nada excepcional. Células torpes (en apariencia) maquillando el estrago de institucionalidad o humanismo cristiano.

La Gaceta de la Iberosfera