la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

viernes, 12 de junio de 2026

Belfast y Virolai / por Javier Torres


'..Nos jugamos la civilización y debemos elegir entre la Europa del Virolai o la que arranca cruces, aunque a veces sea difícil distinguirlas. Belfast es el punto cero de la primera revuelta coordinada del pueblo europeo contra sus élites. Que cada palo aguante su vela..'

 

 Belfast y Virolai
Javier Torres
En las calles de Belfast está en juego nuestro futuro. El destino de una Europa cuyas élites, confiadas, habían encomendado a los burócratas de Bruselas. El pueblo, tantas veces denostado, irrumpe en una fiesta a la que no había sido invitado para reivindicar su derecho a existir. A seguir siendo. Lo esencial no son los disturbios ni la ira popular, sino la convicción de que el poder tiene más peligro que el propio sudanés que arranca los ojos y casi degüella a un irlandés. Unionistas y republicanos aparcan las diferencias por un objetivo más grande y urgente: mantener la nación.

No sólo en Belfast. Hay marchas en Dublín, Londres, Cardiff, Glasgow, Edimburgo… Ambas islas padecen un mismo problema, el reemplazo poblacional, que es el gran tema europeo del siglo XXI. Los pueblos autóctonos se resisten a convertirse en Molenbeek. Arden autobuses, edificios y barricadas. El paraíso multicultural era mentira. Todos saben qué hay detrás del aumento de los delitos sexuales contra las mujeres y crímenes horrendos como el de las tres niñas de Southport o el reciente de Henry Nowak.

Los pueblos de Europa están tan al límite que ya no recordamos las rencillas entre las viejas naciones e imperios que forjaron el continente. La situación es de tal gravedad, la amenaza latente y común, que ahora, lejanos Trafalgar y, ay, Gibraltar, también a nosotros nos asalta el deseo de que Inglaterra siga siendo Inglaterra. La estatua de Nelson, imponente y orgullosamente británica, ya no nos amarga si la alternativa es una mezquita. Que los cuatros leones de bronce fundidos con el metal de los cañones españoles capturados durante nuestro naufragio gaditano tienen ahora, al fin, un sentido histórico: vigilar que los bárbaros no arrasen con todo. Esos leones a los pies de la columna que sostiene al almirante en realidad custodian una civilización entera.

No hay nada que cohesione más que una amenaza global. Los patriotas franceses y alemanes ya no piensan en los términos beligerantes en que fueron educados sus abuelos y bisabuelos, las últimas generaciones que pisaron una trinchera. Ni a boches ni a franchutes les importan a estas alturas la humillación de Versalles ni la revancha de Hitler en el vagón del armisticio. Ni la línea Maginot, las Ardenas o Normandía. Ni mucho menos Austerlitz o Waterloo. Patriotas franceses y alemanes, como el resto de los europeos, desean seguir existiendo. El mundo cambia a una velocidad endiablada, el racismo de hoy es institucional, pura endofobia, contra la población autóctona. Quién sabe si dentro de poco acabaremos viendo una versión adaptada de American History X con los roles invertidos.

Cuando contemplamos los hechos de Belfast nos acordamos de la frase del Che Guevara de crear dos, tres y muchos Vietnam para el triunfo de la revolución y la caída del imperialismo. Hoy la Europa que no se resigna a desaparecer necesita muchos Belfast para derrotar al globalismo. Que Birmingham no sea un gueto pakistaní. Que Bruselas no sea un hervidero para reclutar yihadistas. Que París no arda cada vez que la racaille sale a la calle. Que pasear por Belfast no sea sinónimo de morir decapitado. Que el crimen no campe a sus anchas en Barcelona a plena luz del día.

No sabemos si a Su Santidad le cuentan estas cosas, lo que ocurre en Barcelona a diario o si queda alguien en la Conferencia Episcopal —que ha vendido el Valle— al que le importe la civilización cristiana. Mantenerla, aunque sólo sea por la cuenta que le trae, es lo que permite que celebremos misas multitudinarias y que la escolanía de Montserrat —qué feliz hallazgo— entone con tono angelical el Virolai dedicado a la Moreneta. En Barcelona, a pesar de todo, ha relucido la mejor España.

Por eso es una lástima que tanto santurrón, embriagado de incienso, viva de espaldas al mundo, encerrado en las comodidades de sacristía. Cuánta razón tenía don Miguel de Unamuno al decir que la beatería representaba una deformación superficial, histérica y vacía de la verdadera espiritualidad. Padecemos un sistema que conspira contra nosotros a todos los niveles. Nos jugamos la civilización y debemos elegir entre la Europa del Virolai o la que arranca cruces, aunque a veces sea difícil distinguirlas. Belfast es el punto cero de la primera revuelta coordinada del pueblo europeo contra sus élites. Que cada palo aguante su vela.

Cataluña, entre lo grande y lo miserable / por Javier Ruiz Portella


'..Han perdido la partida, es obvio. Ahí está el Templo, y ahí estuvieron sus fastos. Unos fastos que, sin embargo, también intentó reventar la versión izquierdista, wokista y secesionista de aquellos rojos y de aquellos gauchistes de antaño..'

Cataluña, entre lo grande y lo miserable

Javier Ruiz Portella
Cuando, hace años, quien firma estas líneas vivía en la Barcelona donde nació, lo hacía en uno de los pisos situados frente por frente con la fachada del Nacimiento de la Sagrada Familia. Así pues, si las miserias que asolan a Cataluña no me hubieran hecho abandonar mi tierra natal por otras más acogedoras, la noche pasada me habría encontrado contemplando desde un palco en primera fila el grandioso espectáculo con el que se conmemoraron los cien años de la muerte de Gaudí y la ya casi conclusión del Templo.

Fue grandioso. La presencia central de la luz (Fiat lux et lux fit); los admirables niños de la escolanía, que, cantando en latín, vencían los miserables conflictos lingüísticos; el estallido final en el que el Templo mismo parecía descomponerse y afirmarse entre fuegos de artificio, justo antes de que, en lo alto de los cielos, apareciera la figura egregia de Gaudí, contemplando su obra.

No necesita ésta ni adornos, ni luces, ni artificios para alcanzar la más alta belleza. Sin ellos, el templo de la Sagrada Familia habría seguido siendo el único templo —los horrores de la arquitectura sacra contemporánea, mejor olvidarlos— que la modernidad ha levantado en tiempos de la muerte de Dios. Ya sea religiosa o no, la Belleza es siempre sagrada, siempre late en ella el misterio —el estremecimiento— de lo sublime. Las ornamentaciones y los espectáculos, por bonitos que sean, sólo son eso: bonitos. Pero en casos excepcionales como ayer, cuando se trata de obras magistrales que se anudan con la gran belleza arquitectónica, hasta consiguen resaltar a ésta.

Lo inaudito, lo desolador

La obra de Gaudí no es sólo la obra de Gaudí. Sin su genio no habría, por supuesto, nada. Pero este genio necesitaba otra cosa para levantar tamaña obra. Requería que se viera sostenida por algo parecido al espíritu de un pueblo. Como eran sostenidos los templos de nuestros antiguos dioses, como lo eran las iglesias románicas y las catedrales góticas, como lo eran los templos y palacios del Renacimiento.

La obra de Gaudí necesitó tanto más dicho sostén cuanto que tuvo que enfrentarse a la parte de este mismo pueblo que trató de arrinconarla o destruirla. Unos intentos que han ido desde las burlas y mofas de la burguesía que aborrecía sus edificios civiles hasta la barbarie roja, que demolió las maquetas de la Sagrada Familia e incendió gran parte de sus planos; sin olvidar los emperifollados e intelectualizados herederos de aquel rojerío —la intelligentsia izquierdista de la llamada Gauche divine en la Barcelona de los años 60— que llegaron a firmar manifiestos y a organizar manifestaciones reclamando que no se prosiguieran las obras de un Templo que escarnecía cuanto ellos adoraban.

Han perdido la partida, es obvio. Ahí está el Templo, y ahí estuvieron sus fastos. Unos fastos que, sin embargo, también intentó reventar la versión izquierdista, wokista y secesionista de aquellos rojos y de aquellos gauchistes de antaño.

Resumo la historia. Distribuyeron a los 600 miembros del coro partituras con la estelada (la bandera secesionista) a fin de que las blandieran al acabar el acto mientras lanzaban gritos a favor de la independencia y cantaban el himno Els Segadors. Pero hubo cantantes que alertaron a los organizadores y éstos a la Policía Nacional, la cual (parece que los Mossos también intervinieron) consiguió disgregar a los miembros del coro e impedir que realizaran semejante patochada.

La pregunta que se plantea —me la he hecho tantas veces visitando el Templo, pero les advierto que no tengo respuesta— es la siguiente. ¿Cómo es posible que toda esa belleza, toda esa grandeza, toda esa sacralidad pueda alzarse gracias y en medio del espíritu de un pueblo que, por otra parte, como si de un Dr. Jekyll y Mr. Hyde se tratara, abraza lo pequeño, lo mísero, lo provincial, lo enjuto, lo pusilánime. Esa pequeñez de miras es la que ha llevado a Cataluña a encerrarse en sí misma, a despreciar (o a envidiar y acomplejarse) por la apertura con que Castilla —que sí, es cierto, no cuenta con ningún Gaudí— se abrió al mundo.

Y despreciando a España, es su lengua, su historia, su ser mismo lo que Cataluña ha acabado odiando.

El odio. El odio a lo que, mal que les pese, es Cataluña; el no querer sentirse parte del gran todo que, desde hace quinientos o mil años, es parte intrínseca de la sangre y la savia catalanas. He ahí el problema. Un problema de afectos y sentimientos mucho antes que de organización política.

Si sólo quisieran desgajarse del Estado español, pero manteniendo el sentimiento de pertenencia a la lengua, a la historia y al ser de España; si su posición fuese parecida, pongamos por caso, a la de las polis griegas, al de las ciudades italianas, al de los principados y señoríos alemanes, todos los cuales fueron tanto tiempo grandes, independientes y hasta enfrentados entre sí, pero hablando unos griego y sintiéndose helenos; hablando otros italiano y sabiéndose y sintiéndose descendientes de Roma; hablando otros alemán y sintiéndose miembros plenos de Germania.

Si así fueran las cosas, poco importaría en últimas que Cataluña formara parte o no del Reino o de la República de España.

Pero las cosas no son en absoluto así, sino todo lo contrario. La Cataluña que hace suyas la belleza de un Gaudí, de un Dalí, de un Josep Pla… es la misma que, mirándose al ombligo, «desprecia cuanto ignora», como Machado decía de la «Castilla miserable, ayer dominadora». Pero lo que pasa es que Cataluña, además de despreciar cuanto ignora, lo odia.

Los fastos conmemorativos
del templo de la Sagrada Familia


SAN ISIDRO'26. EL CÍRCULO T. A. DINASTÍA BIENVENIDA OTORGA SUS TROFEOS Y PREMIOS: DIEGO URDIALES 'FÁBULA TAURINA


XXVI TROFEOS Y PREMIOS
FERIA DE SAN ISIDRO 2026

  • TROFEOS

'FÁBULA TAURINA': DIEGO URDIALES

'FÁBULA GANADERA': CORRIDA DE 'EL TORERO'

'PEPE BIENVENIDA': DIEGO URDIALES

'ANTONIO BIENVENIDA': ROBERTO MARTÍN 'JAROCHO'

'RAFAELITO BIENVENIDA': ÁLVARO SERRANO

'LA ÈPICA EN EL TOREO': MATADORES DAMIÁN CASTAÑO Y GÓMEZ DEL PILAR

  • PREMIOS
'PAÑUELO DE ORO' A LA LABOR PRESIDENCIAL: D. JOSÉ Mª COSTALES RUANO.
Presidente de Corridas de La Copa Chenel.

"BIENVENIDA" A LA TORERÍA: D. JUSTO ALGABA, Sastre de Toreros


Ejemplar de 'Toros de El Torero'

Diego Urdiales: “No hay que perder el norte”



'..Todos conocen mi camino, mi forma de ver y de sentir el toreo, y quizá por eso la alegría de tanta gente que ha confiado en mi forma de torear, en mi forma de ser, en mi personalidad. En algunos momentos uno puede creer que está equivocado, pero una tarde como esta te convence de muchas cosas..'

Diego Urdiales: “No hay que perder el norte”
Entrevista en exclusiva de Carlos Bueno al matador de toros Diego Urdiales en Burladero.

Diego Urdiales tocó el cielo de Madrid el pasado 28 de mayo, cuando en Las Ventas se celebró la tradicional Corrida de la Prensa con toros de Juan Pedro Domecq. El torero riojano triunfó y salió por la Puerta Grande bajo la mirada de Su Majestad el rey Felipe VI, que acudió a la Monumental de la calle de Alcalá para acabar emocionándose ante el toreo exquisito, clásico y de regusto de un matador fiel a un concepto y a una personalidad a lo largo de 27 años de alternativa.

Segunda Puerta Grande en Madrid en tu historia. ¿Cuál es la principal diferencia entre ésta y la anterior?

No cabe duda de que las sensaciones fueron muy bonitas en ambos casos y, aunque cada momento es distinto y cada toro es distinto, he podido vivir dos tardes muy rotundas en conjunto en las que he expresado mi forma de sentir el toreo, y eso no es fácil en una plaza como Madrid.

Muchos aficionados no apostaban por Juan Pedro Domecq; sin embargo los toreros le tenéis mucha fe a esta ganadería y esta vez os dio la razón.

Se trata de una divisa histórica, y si lleva tantos años en lo alto es por algo. Todas las ganaderías tienen momentos mejores y no tan buenos. Yo he tenido suerte con ella porque he triunfado muchas tardes y he podido torear toros suyos muy a gusto. Afortunadamente nos entendemos bastante bien.

Todas las crónicas coinciden en que fue una actuación repleta de torería, asentamiento, entrega, transmisión… y que rubricaste con dos soberbias estocadas.

Cuando se rematan las obras es cuando se cortan las orejas. Cuando se cuaja una tarde así, la firma es muy importante, y tuve la suerte de poder matar los toros muy bien, como merecía la tarde.

¿Crees que esta nueva salida a hombros es como un premio a la constancia y a la fidelidad a un concepto?

Todos conocen mi camino, mi forma de ver y de sentir el toreo, y quizá por eso la alegría de tanta gente que ha confiado en mi forma de torear, en mi forma de ser, en mi personalidad. En algunos momentos uno puede creer que está equivocado, pero una tarde como esta te convence de muchas cosas.


Estamos hablando de un torero con 27 años de alternativa, y la cantidad de gente joven que se emocionó con tu torero.

Está claro que cuando las cosas salen así, los jóvenes, que últimamente están acudiendo de forma llamativa a las plazas, reaccionan de forma extraordinaria. Disfrutaron muchísimo de mi actuación y es muy bueno que vean y sientan la personalidad de cada torero.

Te han cargado la mochila de la responsabilidad de ser actualmente uno de los referentes del toreo clásico ¿Te te ha pesado?

No lo creo. Es un orgullo. Pero hay que darse cuenta de que no es nada fácil que pasen cosas así, y más en una plaza de la exigencia de Madrid, donde sale un toro de un tamaño muy grande y donde se tienen que dar una serie de circunstancias muy concretas. Lo que me parece muy bonito es que, al final, la paciencia, la espera de muchos aficionados que me siguen, reafirma que no estoy equivocado y que esa forma de torear les hace emocionarse.

Y que haya sucedido ante Felipe VI es buenísimo para la tauromaquia. Que el Rey compruebe cómo puede emocionar el toreo de siempre es la mejor publicidad que se puede hacer.

No hay duda de que es bonito y muy importante, y es una circunstancia especial añadida que Su Majestad apoye la tauromaquia, que esté allí presente y que haya podido tener la suerte de vivir algo tan difícil como es encontrarse con una tarde tan buena.

¿Esta puerta grande cambia algo tu futuro con 27 años de alternativa?

Estas cosas siempre vienen bien. Pero bueno, la forma de hacer las cosas es la misma. Mi camino es el que yo creo, el que yo considero. Habrá más tardes, habrá más ferias, habrá más toros, y lo bonito es poder disfrutar de este momento. Lo demás irá viniendo.

¿Ahora cuál es tu ilusión, ganar más dinero, torear en más ferias, torear mejor?

Una cosa viene con la otra. Pero evidentemente lo que no hay que perder es el norte, y el norte está en el toro, en uno mismo y en tener buenas sensaciones, en encontrarme bien y en que la ilusión se mantenga. Y cuando eso lo tienes, lo demás viene por sí solo.

Amatocracia / por David Cerdá

'..amatocracia, del griego amathía, ignorancia. Era para los griegos, que desconfiaban profundamente de quienes hablaban sin saber, amathés el ignorante, inculto o falto de instrucción; nosotros, en cambio, llamamos a espurrear sin saber «ejercicio de democracia»..'

Amatocracia

David Cerdá
Uno de los espectáculos más extravagantes de nuestro, de por sí, extravagante tiempo es ver a personas que no distinguen una instrucción de un auto o una medida cautelar de una sentencia firme explicar durante minutos, con tono doctoral y gesto grave, los últimos escándalos políticos-judiciales. Da igual que se trate de contratos públicos, procedimientos penales, conflictos de competencia entre tribunales o garantías constitucionales: en cuanto se enciende una cámara aparecen legiones de improvisados juristas. El otro día Silvia Intxaurrondo comentaba en televisión uno de estos episodios judiciales con esa mezcla de seguridad y superficialidad que se ha convertido en marca de la casa. No es un caso aislado; hay una epidemia de cuajo que considera «elitista» que haya que saber de algo para abordarlo. Cada jornada asistimos a un desfile de opinadores que hablan de aforamientos, prevaricaciones, recursos, nulidades o indicios como quien recita Basora-Igoa-Zarra-Panizo-Gaínza, porque la ignorancia ya no es un límite para intervenir en el debate: ahora es un requisito.

Propongo un nombre para este fenómeno: amatocracia, del griego amathía, ignorancia. Era para los griegos, que desconfiaban profundamente de quienes hablaban sin saber, amathés el ignorante, inculto o falto de instrucción; nosotros, en cambio, llamamos a espurrear sin saber «ejercicio de democracia». Heráclito observó que mucho saber no entraña entendimiento, pero habría añadido sin dificultad que mucho menos lo hace no saber nada. Aristóteles, por su parte, advirtió que el ignorante afirma mientras el sabio duda. Nosotros hemos conseguido mejorar todo esto, logrando no ya que el ignorante pontifique, sino que lo vean millones y se le pague en consonancia.

Fascina la versatilidad del amatócrata. Durante la pandemia era epidemiólogo; vulcanólogo, en cuanto la primera lengua de lava se desparramó por La Palma; con la guerra de Ucrania, se convirtió en estratega militar; nada más cerrarse el estrecho de Ormuz, descubrió que era economista; y cuando llegaron la amnistía, las investigaciones judiciales al entorno del presidente o el caso del Fiscal General, emergió de pronto como catedrático de Derecho Procesal. No había leído una sentencia en su vida, pero explicaba recursos de casación, confundiendo imputaciones con condenas, armado, como quien empuña un bazuca, con la IA. Y estos son los que se lo curran un poco; la mayoría se limita a consultar las consignas que les envían por WhatsApp mientras los maquillan.

El problema no es sólo la falta de conocimiento. Si estos tertulianos se limitaran a equivocarse, resultarían más cómicos que peligrosos. El problema es que casi siempre están al servicio del poder. Cuando un escándalo político estalla, cuando aparecen nuevas revelaciones, cuando los indicios se acumulan o cuando las explicaciones oficiales empiezan a parecer una novela de realismo mágico, presenta armas el ejército de los amatócratas para negar la evidencia el tiempo suficiente hasta que llegue el siguiente ciclo informativo. No importa que sus afirmaciones sean desmentidas por las posteriores decisiones judiciales; lo despacharán apelando a la fachosfera judicial o con el más tenue y cobarde recurso de afirmar que «los jueces no son seres de luz». La obviedad vacua y torticera es una especie de último recurso.

Nunca fue tan fácil opinar sin saber porque nunca fue tan rentable hacerlo. Estos empleados ideológicos reciben salarios públicos de forma directa o a través de medios subvencionados; otros simplemente saben que su relevancia profesional desaparecería si ese gobierno cambiase de signo. Esa es la podrida fuente de toda su desenvoltura. Un jurista serio suele matizar y expresarse con cautela; en cambio, el tertuliano sabe siempre exactamente lo que ocurre. Desde un plató, entre una pausa publicitaria y un comentario sobre la última serie de moda, diagnostica procedimientos enteros con una confianza que haría al mismísimo Ulpiano levantarse de su tumba.

La amatocracia tiene una dimensión estética. El ignorante de antaño sentía cierta vergüenza de su ignorancia y procuraba callarse; el de hoy se jacta. Haber estudiado en profundidad se considera clasista; lo importante es «tener opinión», porque hemos llegado al punto en que opinar es un derecho absoluto desvinculado de cualquier deber de conocimiento. Lo más irritante de esta democratización del dogmatismo es que suele presentarse como un progreso moral. El juez es sospechoso porque dicta resoluciones incómodas. El periodista de investigación es sospechoso porque investiga. La realidad entera se convierte en sospechosa cuando contradice el relato.

Todavía se puede estirar esta etimología en otro sentido. Amatocracia como disposición a conversar desde la perspectiva del amado líder, para ganar puntos con él. Estos aman al líder cuando miente, al partido cuando se corrompe, al gobierno cuando atropella y al cargo que les permite justificarlo todo. Su ignorancia es una forma de devoción, si bien remunerada. Y, como toda devoción remunerada, suele resultar impermeable a los hechos. Como decía H. L. Mencken, cuesta horrores que alguien piense contra lo que le da de comer.

Con todo, la amatocracia contiene la semilla de su propia ruina. La realidad posee una desagradable tendencia a imponerse. Los procedimientos concluyen, los documentos aparecen y la gente termina entrando en la cárcel. Entonces muchos de quienes llevaban meses asegurando que nada ocurría pasan a explicar que, en realidad, siempre supieron que ocurría algo. Es uno de los milagros más frecuentes de la política española: la conversión retrospectiva, que apenas viene precedida por un diminuto periodo en el que, con lápiz, goma y folio por delante, uno imagina a esta gente recalculando ruta.

Para entonces, el daño ya está hecho. Se degrada el lenguaje público, se desprestigia el saber y se transmite a millones de personas la idea de que la competencia profesional es irrelevante. Que da igual estudiar que no estudiar, investigar o no, total, para qué, si las conclusiones te vienen dadas. Lo único necesario es tener un micrófono delante y hablar con suficiente aplomo. Una vez se consigue que la ignorancia pase de ser una limitación a un modo de estar en el mundo, el resto viene rodado. La cuestión es que cuando una sociedad recompensa más al propagandista que al experto y más al cortesano que al hombre libre, no está avanzando hacia la democracia, sino desenterrando, paletada a paletada, el Antiguo Régimen.

jueves, 11 de junio de 2026

América - Europa 2026: Chota con Roca Rey y Colombo con doble cartel


CHOTA Y SUS 4 TARDES CON 24 TOROS ESPAÑOLES A LIDIAR...Suena inédito pero es un periplo ferial donde se verán en juego cuatro hierros ibéricos en concurso de ganaderías europeas.

En honor a San Juan Bautista con las mejores generaciones taurinas del momento en la Monumental El Vizcaíno una de las más grandes plazas taurinas de Sudamérica

La Feria de Táriba 2026 se viene arriba con la salida a hombros de Román en Las Ventas este Sábado 6 de Junio

por: Eduardo Ravell* 
Se viene una de las ferias más emblemáticas de la tauromaquia en el Perú que tiene una data desde el año 1.890, con no menos de 136 años de antigüedad y que hoy día reúne a luminarias figuras del toreo donde obviamente resalta la joven figura del limeño Andrés Roca Rey, quien conjuntamente con el joven diestro venezolano Jesús Enrique Colombo serán cabeza de serie con doble actuación en el periplo que va del 25 al 28 de junio 2026.

Cuatro carteles muy bien rematados en conjunto con el LEGENDARIO granadino David Fanfila El Fandi, los madrileños Fernando Adrián y Víctor Hernándeza; de Huelva, David de Miranda, la novedad desde Talavera de la reina con Tomás Rufo, el maestro extremeño José Garrido, Morenito de Aranda desde Burgos y Luis Lopez diestro peruano de gran cartel en las ferias peruanas quienes lidiaran toros de renombre ganadero; desde España: Castillejo de Huebra, El Pilar, Don Gerardo Ortega y Núñez del Cuvillo que enaltecerán los cuatro llenos de la Monumental El Vizcaíno con aforo para 12 mil aficionados cómodamente instalados.

Chota está situada en la Sierra norteña de la provincia incaica y en Junio moviliza grandes contingentes de turistas de Europa y América. 

Es de hacer notar que el venezolano J.E. COLOMBO continúa su agenda por gira americana con la mira puesta en Pamplona y la leyenda de los sanfermines donde acuden las grandes figuras del escalafón mundial y con Colombo pautado para el lunes 13 de julio ante los Miuras donde el venezolano buscará agrandar su leyenda con una cuarta puerta grande consecutiva lidiando Miuras como ningún otro torero de renombre europeo o americano; por los momentos, Colombo continúa sumando fechas entre España, Francia, México, Perú y su segunda cuna natal de Táriba el 22 de agosto en histórico mano a mano con el diestro ibérico Román Collado.

*Columnista taurino del diario Pico Bolívar de Mérida / Locutor productor de la pauta de feria Activa 103.5 fm del Circuito Lider de Venezuela .


COLOMBO A INTERNACIONALIZAR TARIBA...Lo que fue aquel portón taurino de América a mediados del siglo XX; ha valido la pena esperar por ver el coliseo taribero y ese renacer de la otrora meseta Las Margaritas de Táriba por donde pasaron grandes figuras desde España y Venezuela


ROMAN SUPERA MURO MADRILEÑO CON OFICIO Y RAZA...El diestro Román Collado ha superado el muro de Las Ventas levantan un gran Victorino, que fué protestado, al que sometió con raza y valor para dos orejas a ley: Táriba lo verá el sábado 22 de agosto recuperando el otrora portón taurino de América. Foto: Cultoro


DOS OREJAS...Y YA SON 2 PUERTAS GRANDES...Las Ventas y los victorinos han catapultado al valenciano Román tras faenón por pitón derecho y espadazo, al 1ro de su lote el Sábado 6 de Junio / FOTO: las-ventas

Besamanos de aborteras / por Sertorio



'..Mientras, las excavadoras del Régimen trituran los huesos de los mártires con las bendiciones del cardenal Cobo y de sus ganimedes y corydones. Revolar de albas, cíngulos anudados en la cintura de los efebos. Tal Iglesia para tal Régimen..'

Besamanos de aborteras

Sertorio
El Dalái Lama romano vino a España para bendecir a sus destructores. El Régimen del 78 se legitimó urbi et orbi en un oficio de difuntos o de mefistofélicos lémures para mayor gloria de todos los autores del finis Hispaniæ, del Borbón abajo. Pedro Sánchez, abrazado por el Sumo Hacedor de Puentes, consigue un divino espaldarazo en capilla, antes de recibir a puerta gayola a todos los miuras judiciales que le esperan al final de su legislatura, la más inane, corrupta e impotente de todas las padecidas en esta república de taifas coronadas que aún se llama España.

Vestida toda de blanco, la reina atea y redicha, señorita empoderada de provincias, asiste con innato gesto adusto, en las antípodas de la campechanía borbónica, a las honras de un Dios en el que no cree. No es la única, lo mismo les pasa a los oficiantes. A su lado, un jefe del Estado fainéant intenta no significarse, no dar la nota, no alzar la cabeza. Su papel es continuar, mantener la dinastía, perdurar durante otra generación con etología de enfermedad hereditaria. Ese abúlico mascarón del Régimen, la Corona… de espinas no, tampoco de hierro carolingio, quizás cornificia, al asirio modo. Pontífice y Cornífice, Trono y Altar, dos majestades que ya no son lo que eran; estrellas de la cultura pop para veneración de climatéricas, espantajos en el teatro de sombras de las oligarquías globales. Infantas y meninas posmodernas posan para regodeo de peluqueros y porteras. «Nada por el pueblo, pero con el pueblo». Igual que una corrida de toros en tiempos de Fernando VII. Ése es el espíritu de la liturgia de masas, el lema del despotismo deslustrado del 78.

¿Por qué este alboroto, esta zambra, este carnaval goyesco? Prevost no trae consigo el Evangelio de los Apóstoles, sino el grimorio de la Agenda 2030. Pescador no, mariscador de hombres. La cabeza de la Cristiandad defiende la deconstrucción de Europa, la conversión de nuestras naciones en caravanas nómadas de apátridas, la metamorfosis de las clases medias en lumpen y, además, ataca a los que pretenden permanencia en su espinoziano ser porque “polarizan”. Santo Padre, eso es lo que tiene el debate libre de ideas: puntos de vista muy encontrados. Hostiles, incluso. Y los macabeos de Vox aplauden con las orejas desde su polo del hemiciclo, higuera seca y ciego sanedrín aborrecido por el Vicario de Cristo, el mismo que no admite emigrantes en su principado temporal, en sus lugares santos, puros, haram.

¿Renace el catolicismo? Más bien el papismo. Sin duda, después de medio milenio, Roma le da la razón a Lutero y cae abiertamente en idolátrico culto al Papa, sugar daddy de la Curia, Gran Inquisidor dostoyevskiano, agakán de un posconciliarismo sin ideas, sin alma y sin más norte que convertirse en la oenegé más grande del planeta, en un poderoso holding de obispos, en un colosal charity business nutrido con los impuestos de sus groupies. Una grey y un pastor solo en el suelo: ley de la cantidad y signo evidente de los tiempos. Todo es mercado: ¿qué mejor marketing que posar con el líder más radical de Occidente? El Papa de los progres recibe en Palacio el besamanos de las aborteras y de los grandes bujarrones del Reino. Lacias y ralas cabezas azules se inclinan torpes para besar el anillo del Pescador, que vuelve a casa con el zurrón repleto de óbolos, dracmas y denarios para San Pedro. Mientras, las excavadoras del Régimen trituran los huesos de los mártires con las bendiciones del cardenal Cobo y de sus ganimedes y corydones. Revolar de albas, cíngulos anudados en la cintura de los efebos. Tal Iglesia para tal Régimen.