Un gran Borja Jiménez se cierra la Puerta del Príncipe con su incierto estoque. Maestría de Manuel Escribano mal rematada, y mal apreciada. Encastados y entipados victorinos...
Victorino Martín trajo a La Maestranza un conjunto dispar, pero todo en el tipo de su lujoso hierro. Bien armado, en 549 kilos promedio, cuatro cinqueños y mucha casta de diversa expresión.
Emocionaron, incluso apasionaron y hasta sacaron insólitos malos modos de la nobilísima plaza. Más con el cinqueño 5º de 539 kilos, y menos con el cárdeno 6º de 548 kilos. El cual, tras su rara descalificación, empujó en varas, derribó a Vicente Barrera, le sacó fuertemente ovacionado, y luego hizo desmonterar a Iván García, emociones que lograron aplacar energúmenos.
Creo que el argumento era la supuesta falta de cuajo, que no consideraba el tipo propio de la estirpe; culopollo, vareada, cararrata, cornivuelta. Culpas tardías al señor Conde de Santacoloma que lo crio hace 120 años gloriosos. Para colmo, el uno salió en otra versión clásica de la raza; “alimaña”. Y pensar lo que han dejado pasar impune, y hasta ovacionado en los dos días anteriores, incluyendo el de la apoteosis de Morante. Hágame el favor. En fin, cosas del respetable que paga y por ello tiene todo el derecho a la opinión y demás.
Con los cuatro primeros, la cosa fue al contrario. Expectación, ovación de preámbulo, y saludo de los espadas al final del paseíllo, y el proverbial señorío y elegancia maestrantes, que en caso de necesidad ha preferido siempre los silencios indiferentes a las protestas burdas. Por su parte, los toreros bien, muy bien con los trapos y los palos y mal, muy mal con los aceros. De no haber sido así, de haberse puesto la suerte suprema en primacía, la corrida hubiese sido de orejerío y al menos una Puerta principesca. Y la bronca hirsuta contra los dos últimos toros quizá no hubiese aflorado.
Y Borja Jiménez, hay que hablar de Borja. Cómo estuvo, con el segundo y más con el cuarto. ¡Uy! Qué torero. Qué tronío, que comprensión y sensibilidad, qué poder. Cómo dominó sus exigentes toros, cómo puso la plaza, cómo mereció la música, cómo se prodigó al natural con “Bolsilillo”. Hasta 41 repartidos en siete tandas con sus respectivos torerísimos remates le conté. Alguno más, alguno menos, no importa. Porque la calidad, la pertinencia lidiadora y su riqueza expresiva estaba por encima de la cantidad. Ovaciones, pasodoble, runrún y silencio profundo cuando se lanzó a volapié. Todos, presentes y televidentes íbamos tras él. Por dos veces dimos en duro. No estoqueó, mató con la cruceta. El bravo, noble y exigente victorino no lo merecía. Ahí, precisamente ahí, se consumó el sinsabor que dejó la tarde en lo que pudo haber sido y no fue.
Pues con el otro, “Midanito”, cinqueño, de 575 kilos, un tío, También había alcanzado altas cotas éticas y estéticas con una gran lidia en la cual dos señoras tandas naturales brillaron como joyas. Pero la espada delantera, caída, chalequera digamos, hizo imposible que Usía, don José Luque Teruel, complaciera la mayoritaria y escandalosa petición, que ponía de presente las incongruencias actuales del que ha sido uno de los públicos más reverenciados del mundo, si no el más. Corren tiempos frívolos en la fiesta. Típico de las épocas de prosperidad taquillera. Había otro lleno de no hay billetes, creo.
Manuel Escribano, veterano lidiador, para el que la eficacia y las responsabilidades de la lidia están por delante de las complacencias estilísticas, estuvo en su ley. Sobre todo, con el primero “Placentino”, de 546 kilos, uno de los dos cuatreños, bravo, pero blando y por ello defensivo, que puso alto el grado de dificultad. Lo superó maestramente, poniéndolo al final a comer en la mano. Tenía que matarlo bien. Pero le tiró sin necesidad un fierrazo pasado, inocuo, que hizo sonar un aviso y requirió dos descabellos. Con el tercero, a portagayola, espléndido en banderillas, solvente con la muleta, pero su espada total tardó. Le avisaron y la cosa se diluyó. En el quinto ya tuvo que abreviar ante la ira del respetable.
Era para más, para mucho más, pero había que matar, y hacerlo bien.
- FICHA DEL FESTEJO
Sevilla. Sábado 18 de abril de 2026. Plaza de La Real Maestranza de Caballería. 8ª de abono. Sol. Lleno. Seis toros de Victorino Martín, con 515 kilos promedio, diversos, entipados y encastados.
Manuel Escribano, saludo tras aviso, silencio tras aviso y silencio.
Borja Jiménez petición y vuelta tras aviso, vuelta y silencio.
Incidencias: Los picadores: Espartaco y Barrera, ovacionados tras picar 2º y 6º respectivamente. Iván García se desmonteró tras parear al 6º.









