la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

domingo, 19 de abril de 2026

El panorama, Granada y la prioridad / por HUGHES


'..la Cumbre de Progresismo Global organizada a la mayor gloria de Pedro Sánchez, erigido en héroe de la izquierda mundial (cómo será la izquierda mundial). Allí lució entre foros de Sao Paulo, grupos de Puebla, narcodemagogia, el partido demócrata estadunidense, izquierda europea y Soros..'

El panorama, Granada y la prioridad

HUGHES
Qué reunión en Barcelona. Ni el potencial nocivo de cien Primavera Sounds reunidos puede igualar la Cumbre de Progresismo Global organizada a la mayor gloria de Pedro Sánchez, erigido en héroe de la izquierda mundial (cómo será la izquierda mundial). Allí lució entre foros de Sao Paulo, grupos de Puebla, narcodemagogia, el partido demócrata estadunidense, izquierda europea y Soros.

Todo o casi todo está ahí. Y su enemigo, por supuesto, es la «internacional ultraderechista», que ellos resumen en Trump y figuras como Orban.

Esta izquierda occidental extiende su influencia al Sur Global y está vinculada a China, y es la del progresismo globalista que Bruselas hizo obligatorio y en el que nuestras vidas pierden sentido. Es la que pide deconstruir, revertir e indemnizar el colonialismo (y todo es colonialismo), la que contiene todos los desvaríos woke, el izquierdismo económico, la falta de libertad ideológica y, no lo olvidemos, el inmigracionismo a mayor gloria del mundo financiero y corporativo, hasta un futuro, ya visible en algunas ciudades, de entropía racial y cultural llamado diversidad, con los museos arrasados y, con ellos, el canon y la memoria occidental.

¿Y cuál es el enemigo de esta gente? Trump y los que van en su estela.

Las cosas están muy claras. EL mundo adquiere unos perfiles de gran nitidez, aunque ahora surgen despistados y despistadores empeñados en confundir, y en Europa, y particularmente en España, esa guerra, pues batalla ya no es, encuentra un obstáculo en una cosa llamada PP; que en realidad no es el PP, de poca importancia, sino la extensión política del empresariado, con sus grandes grupos mediáticos, y la Iglesia, metida la entera sotana en el globalismo sorosiano ahora ya no sorosiano, sino sanchista o chinosanchista.

Se ha visto muy claro estos días con el anuncio de la regularización. Llenar España de repente con más de un millón de personas que acabarían entrando es un acto de violencia absoluta contra los españoles. Es una atrocidad. Una atrocidad que un empresario diga que se necesita un millón de curritos y, sin más previsión sobre el efecto en los salarios, los servicios o la vivienda, se diga que adelante.

La Iglesia le da la bendición moral (¡y mucho ojito que salen los papistas!) y los medios lo señalan como necesario, con su ponderado aire de estimación. La figura clave para el salto poblacional es el arraigo, y es del PP. El PP hasta ayer cabeceaba ante esto, sin más problema, les daba igual, poco les importaba a las Cucas y los Borjas, pero ahora objetan solo por Vox, por disimular ante Vox y hacen los numeritos ayusiles habituales.

El Mundo tras el PP y alrededor del PP apuesta por esto que el mismo PP defendía ayer y defenderá mañana. Y la coordinación entre esta derecha y esta izquierda es total. Se van turnando en engranaje. La izquierda justifica ahora la inmigración por trabajo y economía, y la derecha eclesial pone los argumentos morales. Solía ser al revés: humanitarismo open arms y argumentario liberal miamimadrileño.

Pero lo que sostiene al PP y lo que hace que el PP sea el dique entre Vox y el mundo sanchista son los medios, repito, y ellos son la voz del empresariado que muy claramente pidió mano de obra barata del extranjero.

El impacto sobre los españoles, a todos los niveles, es incalculable. Transformará el país. ¿Y quién es esta gente para hacerlo?  

Acometer semejante transformación poblacional de una vez, sin más debate y sin un claro refrendo democrático es otro acto de brutalidad hacia los españoles que debería tener una consecuencia judicial.

Ante esta situación, al menos podemos celebrar dos novedades esta semana.

Una fue que Abascal decidiera irse a por los radicales izquierdistas que boicoteaban el acto en Granada. Fue una acción física contra el cerco que recibe Vox en todos los ámbitos mediante una violencia simbólica e intelectual constante que emana de la misma violencia antiespañola del golpe inmigracionista y que al ser enfrentada puso de manifiesto el papel de la policía gubernamental.

La otra novedad fue la introducción en Extremadura de la prioridad nacional. La política autonómica adquiere una útil relevancia nacional. Esto es un hito, un paso fundamental, un giro copernicano y lo que menos importa son las minucias juridicotécnicas que esgrime el terrorífico mundo pepero y periodístico. El valor es, por encima, político y democrático, aunque tiene gracia que hablen de «desigualdad» (de españoles y extranjeros) cuando ellos han permitido la larga desigualdad entre españoles o, mismamente, entre el hombre y la mujer.

(Necesaria insistencia final: los medios que rodean, protegen y preservan al PP, o sea, ese bloque eclesiástico-empresarial tiene el mismo enemigo que tiene la izquierda mundial alrededor de Sánchez, o sea, el chinosanchismo: Trump. De ahí la importancia clave, absolutamente vital del rubio Trump, mucho más allá de su importancia intrínseca, que es descomunal. Mucho más. Incluso más de ese «mucho más». Ante Trump se define la primera y fundamental toma de posición actual. Por eso el trumpismo es lo que todos ellos, desde Soros hasta la Cope, desde Vicente Vallés hasta los narcos, desde Ana Rosa hasta los Ayatolas, golpean religiosamente, constantemente, día tras día, año tras año…).

La Gaceta de la Iberosfera

Del espejismo del jueves al desencanto del albero: Sevilla entre la gloria y la duda / por María Padillo

'..lo más preocupante quizá no esté solo en lo ganadero, sino en el clima que se está instalando en la plaza. Porque más allá de los nombres propios, de las faenas o de los aciertos, lo que se percibe es un ambiente en retroceso, una especie de desgaste emocional en el público de la Maestranza que empieza a ser difícil de ignorar..'

Del espejismo del jueves al desencanto del albero: Sevilla entre la gloria y la duda.

Por María Padillo
Hay momentos en los que una plaza parece quedarse suspendida entre lo que acaba de vivir y lo que no consigue volver a alcanzar, como si el eco de una gran tarde pesara más que todo lo que viene después. Tras la faena de Morante de la Puebla en el jueves de prefería, la sensación en la Plaza de Toros de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla ha ido descendiendo como si alguien hubiera ido apagando el entusiasmo. Lo que debía ser continuidad de emoción se ha ido transformando en una especie de resaca donde el ambiente no termina de arrancar, incluso con tres “no hay billetes” consecutivos.

El sábado 18 de abril, con la llegada de la ganadería de Victorino Martín, se abría una de las tardes más esperadas del ciclo. Había expectativas. Se hablaba de ese sello de seriedad que han defendido hierros como el de Victorino o incluso otros de la misma exigencia. Sin embargo, la tarde comenzó a torcerse incluso antes de que saliera el primer toro al ruedo. El sorteo matinal ya dejaba entrever un desajuste entre lo esperado y lo presentado, alimentando comentarios y resignación en redes sociales. Y no era solo una frase en una red social; era la percepción que se confirmaba con el paso de los toros, especialmente en los últimos ejemplares, que ofrecían una imagen más cercana a la de novillos que a la de toros de una plaza de primera categoría como Sevilla. La protesta en los tendidos no tardó en aparecer, aunque en algunos momentos —como ocurrió con el quinto— se desbordó hasta límites discutibles, impidiendo el desarrollo normal de la lidia y abriendo un debate incómodo sobre hasta dónde llega la exigencia del público.

En ese contexto, la tarde se convirtió en una prueba de resistencia tanto para toreros como para aficionados. Borja Jiménez logró acariciar el triunfo al natural gracias a los mejores pasajes de un encierro que fue claramente de más a menos, mientras que Manuel Escribano quedó prácticamente sin opciones de lucimiento real ante un lote que no ofreció continuidad ni entrega. La corrida quedó marcada por la irregularidad de sus ejemplares, con excepciones, como por ejemplo el segundo, un toro de clase superior que permitió lucir la humillación y el ritmo, o el cuarto, que dejó matices interesantes y cierta profundidad en su embestida.

Y, sin embargo, lo más preocupante quizá no esté solo en lo ganadero, sino en el clima que se está instalando en la plaza. Porque más allá de los nombres propios, de las faenas o de los aciertos, lo que se percibe es un ambiente en retroceso, una especie de desgaste emocional en el público de la Maestranza que empieza a ser difícil de ignorar. La exigencia siempre ha sido seña de identidad de Sevilla, pero cuando la exigencia se mezcla con frustración, con expectativas incumplidas y con tardes que no terminan de cuajar, el riesgo es que el pulso de la plaza pierda su brillo. Y en una plaza como esta el contraste entre un jueves histórico y un sábado de desencanto amplía la sensación de que algo no termina de cuajar.

Morante, sostén de una Sevilla en entredicho / por Sergio Hueso

'..El nivel ganadero está lejos de lo que históricamente ha exigido la plaza. El toro que acompañó la obra de Morante —de presencia discutible para el contexto sevillano— quedó relegado a un segundo plano por la dimensión de la faena. Pero la pregunta permanece: ¿qué habría ocurrido con un toro de verdadera categoría? Probablemente, el mérito habría sido aún mayor..'

Morante, sostén de una Sevilla en entredicho

Sergio Hueso
La situación en Sevilla invita a la reflexión seria, lejos de cualquier tentación de disimulo. No basta con cubrir las grietas con la irrupción de un Morante de la Puebla en estado de gracia, cuya dimensión actual —extraordinaria, incontestable— sostiene por sí sola el interés de una plaza que debería sostenerse por su propio peso. El toreo, hoy, depende de él. Y no solo depende: también se ampara en su figura.

Anunciarse junto a Morante, en este momento, exige mucho más que dignidad: requiere un nivel sobresaliente. Porque incluso alcanzándolo, el riesgo de quedar diluido es evidente. Y si no se alcanza, la comparación resulta implacable. La tarde reciente lo dejó claro. Apenas se ha hablado de la firme actuación de Víctor Hernández, cuya mano izquierda, asentada y de enorme mérito ante el lote menos propicio, habría sido motivo de elogio unánime en cualquier otro contexto. Sin la presencia de Morante, hoy estaríamos hablando con mucha más fuerza de lo que hizo el torero alcarreño, y probablemente aquella actuación le habría servido en mayor medida en términos de reconocimiento y proyección. Pero no fue así. El genio de La Puebla absorbió toda la atención y dejó en segundo plano una labor que, por sí misma, merecía mucho más recorrido.

Algo similar ocurrió con Juan Ortega, incapaz de conectar con unos tendidos aún impactados por lo vivido instantes antes. No era una cuestión menor: salir a torear después de una obra de tal calibre condiciona, desplaza y descoloca. Morante no solo firma faenas; condiciona el desarrollo entero de la tarde. Eso está al alcance de muy pocos. De los genios.

Sin embargo, la grandeza de lo excepcional no debería ocultar lo esencial. Y Sevilla arrastra problemas que no pueden ni deben pasar inadvertidos. El nivel ganadero está lejos de lo que históricamente ha exigido la plaza. El toro que acompañó la obra de Morante —de presencia discutible para el contexto sevillano— quedó relegado a un segundo plano por la dimensión de la faena. Pero la pregunta permanece: ¿qué habría ocurrido con un toro de verdadera categoría? Probablemente, el mérito habría sido aún mayor. Porque resulta evidente que Morante tiene capacidad de sobra para imponerse a un toro de mayor seriedad y más acorde a la categoría de Sevilla, y seguramente la imagen final habría sido aún más rotunda y bella que la que dejó con el ejemplar que le correspondió.

La cuestión no termina ahí. Los toros que están saliendo por los chiqueros de la Maestranza generan más interrogantes que certezas. Y sorprende que parte de la crítica se detenga en el comportamiento de los tendidos, como si el problema fuese el ruido y no su causa. Sevilla no es más exigente ahora: simplemente no está dispuesta a aceptar la pérdida de identidad de una plaza que, junto a Madrid, marcaba el rumbo de la temporada.

Resulta cómodo mirar hacia los ganaderos, pero sería simplificar en exceso. En el campo hay toros con la seriedad y la presencia que Sevilla exige; otra cosa distinta es lo que finalmente se lidia, condicionado en gran medida por lo que se compra. El ganadero cría, pero también vende en función de la demanda. Por eso, no son los únicos responsables. La cadena es más amplia: veedores, empresa y, especialmente, autoridades. Porque alguien reseña, alguien decide qué se adquiere, alguien aprueba y alguien, en última instancia, valida que ese toro pise el ruedo de Sevilla. Y ahí es donde la preocupación se agrava.

El palco, lejos de aportar criterio, se ha convertido en foco de desconcierto. No existe un baremo reconocible. En apenas unos festejos, se han sucedido decisiones contradictorias, concesiones discutibles y negativas incomprensibles. Ni siquiera dentro de un mismo equipo presidencial se percibe una línea coherente. Cada tarde parece regirse por un criterio distinto, lo que erosiona la credibilidad de una institución que debería ser garante del orden, no protagonista de la polémica.

Sevilla exige otra cosa. La seriedad de una plaza de su categoría no puede depender del capricho ni de la interpretación variable. Urge una revisión profunda del sistema, una unificación de criterios y una recuperación del rigor que siempre definió a la Maestranza. El toreo no puede permitirse perder también a Sevilla y dejar todo el peso de la seriedad y la integridad en manos de Madrid, hoy por hoy —toquemos madera— la única plaza que mantiene ese listón. Porque cuando la autoridad deja de ser referencia, el conflicto se traslada al tendido, y la tensión sustituye al respeto.

Morante, con su talento irrepetible, está sosteniendo el presente. Pero el futuro de Sevilla no puede depender de un solo nombre, por grande que sea. La plaza necesita recuperar su esencia, su exigencia y su verdad. Todo lo demás —por brillante que resulte— será, en el fondo, un espejismo.

SEVILLA / 8ª de abono Volvió el toro y disgustó/ por Jorge Arturo Díaz Reyes


Un gran Borja Jiménez se cierra la Puerta del Príncipe con su incierto estoque. Maestría de Manuel Escribano mal rematada, y mal apreciada. Encastados y entipados victorinos...

Volvió el toro y disgustó

Jorge Arturo Díaz Reyes
CrónicaToro / Cali, IV 18 2026
Victorino Martín trajo a La Maestranza un conjunto dispar, pero todo en el tipo de su lujoso hierro. Bien armado, en 549 kilos promedio, cuatro cinqueños y mucha casta de diversa expresión.

Emocionaron, incluso apasionaron y hasta sacaron insólitos malos modos de la nobilísima plaza. Más con el cinqueño 5º de 539 kilos, y menos con el cárdeno 6º de 548 kilos. El cual, tras su rara descalificación, empujó en varas, derribó a Vicente Barrera, le sacó fuertemente ovacionado, y luego hizo desmonterar a Iván García, emociones que lograron aplacar energúmenos.

Creo que el argumento era la supuesta falta de cuajo, que no consideraba el tipo propio de la estirpe; culopollo, vareada, cararrata, cornivuelta. Culpas tardías al señor Conde de Santacoloma que lo crio hace 120 años gloriosos. Para colmo, el uno salió en otra versión clásica de la raza; “alimaña”. Y pensar lo que han dejado pasar impune, y hasta ovacionado en los dos días anteriores, incluyendo el de la apoteosis de Morante. Hágame el favor. En fin, cosas del respetable que paga y por ello tiene todo el derecho a la opinión y demás.

Con los cuatro primeros, la cosa fue al contrario. Expectación, ovación de preámbulo, y saludo de los espadas al final del paseíllo, y el proverbial señorío y elegancia maestrantes, que en caso de necesidad ha preferido siempre los silencios indiferentes a las protestas burdas. Por su parte, los toreros bien, muy bien con los trapos y los palos y mal, muy mal con los aceros. De no haber sido así, de haberse puesto la suerte suprema en primacía, la corrida hubiese sido de orejerío y al menos una Puerta principesca. Y la bronca hirsuta contra los dos últimos toros quizá no hubiese aflorado.

Y Borja Jiménez, hay que hablar de Borja. Cómo estuvo, con el segundo y más con el cuarto. ¡Uy! Qué torero. Qué tronío, que comprensión y sensibilidad, qué poder. Cómo dominó sus exigentes toros, cómo puso la plaza, cómo mereció la música, cómo se prodigó al natural con “Bolsilillo”. Hasta 41 repartidos en siete tandas con sus respectivos torerísimos remates le conté. Alguno más, alguno menos, no importa. Porque la calidad, la pertinencia lidiadora y su riqueza expresiva estaba por encima de la cantidad. Ovaciones, pasodoble, runrún y silencio profundo cuando se lanzó a volapié. Todos, presentes y televidentes íbamos tras él. Por dos veces dimos en duro. No estoqueó, mató con la cruceta. El bravo, noble y exigente victorino no lo merecía. Ahí, precisamente ahí, se consumó el sinsabor que dejó la tarde en lo que pudo haber sido y no fue.

Pues con el otro, “Midanito”, cinqueño, de 575 kilos, un tío, También había alcanzado altas cotas éticas y estéticas con una gran lidia en la cual dos señoras tandas naturales brillaron como joyas. Pero la espada delantera, caída, chalequera digamos, hizo imposible que Usía, don José Luque Teruel, complaciera la mayoritaria y escandalosa petición, que ponía de presente las incongruencias actuales del que ha sido uno de los públicos más reverenciados del mundo, si no el más. Corren tiempos frívolos en la fiesta. Típico de las épocas de prosperidad taquillera. Había otro lleno de no hay billetes, creo.

Manuel Escribano, veterano lidiador, para el que la eficacia y las responsabilidades de la lidia están por delante de las complacencias estilísticas, estuvo en su ley. Sobre todo, con el primero “Placentino”, de 546 kilos, uno de los dos cuatreños, bravo, pero blando y por ello defensivo, que puso alto el grado de dificultad. Lo superó maestramente, poniéndolo al final a comer en la mano. Tenía que matarlo bien. Pero le tiró sin necesidad un fierrazo pasado, inocuo, que hizo sonar un aviso y requirió dos descabellos. Con el tercero, a portagayola, espléndido en banderillas, solvente con la muleta, pero su espada total tardó. Le avisaron y la cosa se diluyó. En el quinto ya tuvo que abreviar ante la ira del respetable.

Era para más, para mucho más, pero había que matar, y hacerlo bien.
  • FICHA DEL FESTEJO
Sevilla. Sábado 18 de abril de 2026. Plaza de La Real Maestranza de Caballería. 8ª de abono. Sol. Lleno. Seis toros de Victorino Martín, con 515 kilos promedio, diversos, entipados y encastados.
Manuel Escribano, saludo tras aviso, silencio tras aviso y silencio.
Borja Jiménez petición y vuelta tras aviso, vuelta y silencio.

Incidencias: Los picadores: Espartaco y Barrera, ovacionados tras picar 2º y 6º respectivamente. Iván García se desmonteró tras parear al 6º.

sábado, 18 de abril de 2026

El coro de plañideras y la prioridad nacional / por Jorge Buxadé


'..El primer deber de todo político es atender al interés prioritario del pueblo español. El segundo deber es atender al interés prioritario del pueblo español. El tercer deber consiste, en caso de duda, atender al interés prioritario del pueblo español..'

El coro de plañideras y la prioridad nacional

Jorge Buxadé
Establecer el principio de Prioridad Nacional como guía de comportamiento en el acuerdo de gobierno entre VOX y el Partido Popular en Extremadura y oír al coro de plañideras ha sido todo uno. Sánchez y Bolaños, Moreno Bonilla y Ayuso, a la vez, tocando a rebato. El sistema se siente en peligro y lanza acusaciones groseras —inconstitucional, xenófobo, inhumano…— y amenazas directas.

Pero da igual porque en su lamento está su derrota. En sus lloros, quejas, aspavientos e intimidaciones. En su lastimosa reacción a un buen acuerdo para los extremeños está su derrota. Y es la primera de muchas. La Era del cachondeo, el robo, la injusticia y el expolio del pueblo español ha acabado. No hay nada en la Constitución que imponga al español un deber de someterse al foráneo, de ser arrinconado, de retroceder siempre, de no disfrutar de la solidaridad compartida, o hacerlo el último esperando en la cola de la dependencia si no mueres antes.

El primer deber de todo político es atender al interés prioritario del pueblo español. El segundo deber es atender al interés prioritario del pueblo español. El tercer deber consiste, en caso de duda, atender al interés prioritario del pueblo español. No de una parte. No de un territorio. Ni siquiera de una casta, clase o grupo. Pero el régimen del 78 lleva dentro de sí la semilla de la diferencia injusta, de la discriminación irrazonable. El entero sistema autonómico es una enmienda a la totalidad al interés nacional. Y esa es una de las labores históricas de VOX: liberar al pueblo español de los falsos consensos y de los políticos que tienen atenazada su libertad.

La imposición de la mentalidad globalista, de las «sociedades líquidas» y del multiculturalismo ramplón, que es rendición, ha agravado la situación. Quienes entregan el dinero de los contribuyentes españoles para financiar infraestructuras y mejoras en los regadíos de Marruecos y lo niegan a los agricultores de Jaén o Córdoba o Almería —a quienes expropian tierras para el negocio de las renovables— se oponen a la prioridad nacional. Quienes han traicionado las justas y legítimas reivindicaciones de España sobre Gibraltar y en todo caso sobre el «istmo, las aguas adyacentes y el espacio aéreo» usurpados a España, y condenan a las gentes del Campo de Gibraltar a una vida de miseria y sumisión al ilegítimo gobierno de la colonia ilegítima, se oponen a la prioridad nacional.

Pero España se dio a sí misma un Estado del bienestar. Lean bien. España. No Marruecos, ni Senegal ni Bangladesh, Ecuador o Perú. España se constituyó en eso para los españoles; proclamando la justicia como primer valor superior. Y justo es, desde Ulpiano, dar a cada uno lo que le pertenece. No es justo que en los servicios sanitarios pase primero el que más grita, o el que se avanza puestos en la cola mientras acusa a Occidente de crueldad sistémica contra su raza.

La soberanía —el poder como carga, según he explicado ya mil veces— es del pueblo español. Y si la carga es para el pueblo español también ha de serlo el beneficio o la ayuda que los españoles con posibles dan a los que padecen un mal momento, un desempleo transitorio, una enfermedad grave o una incapacidad real para el trabajo. Es de justicia. Y es de sentido común.

El principio de prioridad es un principio de gestión. El dinero de los contribuyentes es escaso; salvo para esos políticos que prometen y prometen, y compran votos con el dinero de todos y engañan, sobre todo engañan. A la hora de entregar los servicios o bienes ofrecidos al público como manifestación de solidaridad colectiva o de una determinada política social, hay que tomar decisiones y priorizar. Legítimo es que el gobernante que ha de tomar decisiones y gestionar bienes escasos de todos elija como criterio preferencial el de prioridad nacional. En la vivienda pública, que se paga con dinero de todos. En la sanidad pública, que se paga con dinero de todos.

Otros prefieren dar pisos a quien una oenegé pagada con el dinero de todos al servicio del gobierno declara «vulnerable». Otros prefieren dar hoteles de lujo a los ilegales y barracones inmundos a los españoles. Nosotros preferimos la Prioridad Nacional. Mientras un español no tenga pan, mientras un hogar carezca de lumbre, no puede sino alzarse el principio del sentido común.

Embusteros, orejas, pañuelos y "mayorías" / por Ricardo Díaz-Manresa


'..según nos quieren hacer ver y oír hay mayoría de pañuelos, lo que es mentira. Incluso se atreven a decir que la oreja la está pidiendo todo el público. Y ponen un plano en el que se ve que es mentira..'
Embusteros, orejas, pañuelos y "mayorías"

Ricardo Díaz-Manresa
Problema de dificilísima solución si presidentes o locutores o redactores de notas sobre festejos o críticos o cronistas o periodistas profesionales o intrusos del periodismo ignoran lo que es mayoría de pañuelos. O lo hacen sabiendo que incumplen la ley. MAYORÍA ES LA MITAD MÁS UNO. Petición que no sé si se da alguna vez porque es un pañuelo por cada dos espectadores. Y uno más. ¿Se imaginan cómo estaría la plaza de blanca?.

En seguida según nos quieren hacer ver y oír hay mayoría de pañuelos, lo que es mentira. Incluso se atreven a decir que la oreja la está pidiendo todo el público. Y ponen un plano en el que se ve que es mentira. Invito a que lo dejen fijo, cuenten el número de espectadores y el de pañuelos y verán que hay uno por cada seis, siete…y hasta diez de los que están en los tendidos. Y así es cómo se dan la mayoría de las orejas : un tercio, a lo mucho, o un cuarto de pañuelos. Que no nos digan que hay mayoría de pañuelos, sino simplemente que están pidiendo la oreja. No se puede mentir estando la prueba ante nuestros ojos. Pero así es. Incluso algunos elevan la mentira a afirmar mayoría absoluta pero ninguno se atreve a decir unanimidad, porque no se ha dado nunca. ¿Todos pidiendo la oreja con pañuelo? Milagro imposible.

¿Soluciones? Hay pero no sé, no sé…Puede ser el remedio peor que la mentira habitual…Ahí van…

1/ Cambiar la norma y que se pueda dar la oreja con una petición de un quinto, un sexto…y hasta un décimo de pañuelos nada más. Como ahora.

2/ Está la teoría de que ahora el pañuelo se usa menos y no se sabe cuántos espectadores lo llevan a la plaza. Y puede ser verdad. Que no lo lleven ni la mitad. ¿Entonces?

3/ ¿Cambiamos el pañuelo por el griterío? Le ponemos a los presidentes un aparato que mida el ruido de los gritos y, al subir a un nivel, oreja, a dos, dos orejas y, hasta arriba, el rabo.

4/ O se suprimen las orejas y el público otorga con sus decisiones vueltas al ruedo. La primera por la simple vuelta de toda la vida. La segunda como si fuera una oreja. Una tercera por dos. Y la cuarta por el rabo.

Hay un pequeño inconveniente y es que las corridas de toros y novillos se podían alargar eternamente si la tarde es triunfal. Y pasarían de ser algunas pesadas, pesadísimas e insoportables como ahora por “lo siguiente”. ¿Se imaginan hasta 24 vueltas al ruedo en un festejo?

¿Por cuál se deciden? ¿Cuál es la que remediaría el problema de las mayorías tenidas por tales cuando son mentira pura y dura?.

Esto para los embusteros, ciegos o interesados que quieren que los presidentes repartan y repartan.

Y casualidad : muchos ven pañuelos por todas partes, aunque sólo sea en su imaginación, y ninguno el pico tan utilizado por los toreros más que los pájaros. Más que los pájaros. Más que estos animalitos su pico.

Así que tenemos dos males con los que convivimos tan ricamente: orejas y más orejas por “mayoría” y utilizar el pico para torear con la muleta, esta vez sí con mayoría absoluta o unanimidad. Muchos ven mayoría pero ninguno el pico.

¿Y si lo dejamos como está pero sin mentir?

SEVILLA / 7ª de abono.- “Entrega y pasión” / por Jorge Arturo Díaz Reyes

Roca Rey citando al 5º. Fotograma: Canal Sur

Roca Rey agota el papel y lo justifica cortando una oreja de ley al 5º. Un combativo Pablo Aguado da vuelta al ruedo y Talavante se va silenciado. Leve y manso encierro de Hernández

“Entrega y pasión”

Jorge Arturo Díaz Reyes
CrónicaToro / Cali, IV 17 2026
Al saltar el quinto, el pleno de no hay billetes se hundía en el desencanto por la falta de raza y fuerza de los toros y pese a las alegrías con el capote de Pablo Aguado quien quitó con regusto el propio y el ajeno, y al gran tercio de su banderillero Iván García con el tercero, que saludó una ovación.

Entonces, el más comprometido y exigido era quien había traído toda esa defraudada gente. El peruano, que contra el manso e incierto segundo solo había podido calentar palmas e instrumentos con dos rotundas tandas derechas y otra izquierda que terminó en una costalada del toro mermando aún más, sus inexpresivas acometidas. La estocada letal no levantó electorado y la cosa quedó en silencio.

Y saltó el castaño “Veronés”, con sus feúchos 515 kilos, que no gustaron. Pero las siete verónicas y media, bajas, lentas, templadas, ligadas, ganando terreno, y la bien rematada media de broche le volvieron el alma al cuerpo a La Maestranza. Molina lo recibió de largo y apenas lo pinchó dejándolo crudo. Y otra vez Aguado al quite con cuatro ajustados delantales y dos medias contribuyendo al jolgorio.

Sin brindis, Andrés va al toro que en los dos primeros tercios había mostrado falta de fuerza y le prueba la resistencia con 4 derechas genuflexas hacia arriba, tres erectas a media altura y un desahogante pase de pecho. Pese a lo cual el animal salió blandeando. Mala espina. Pero como son las cosas de los toros en las tres tandas de a cinco y remate, sobre todo en la segunda, el torero como jugando el todo por el todo, se fajó, bajó la mano y trazó en redondo alrededor de su cuerpo que ofrecido parecía decirle me obedeces o me coges. Lo primero fue, y en vez de dolerse y rendirse a la exigencia, el domingo-hernández afloró casta y fuelle, que fueron la materia prima de la intensa y poderosa faena.

La banda y el gentío acompañando a todo pulmón. Por la izquierda no menos cantidad, ni menos apuesta y otra vez al mejor pitón para ir a fondo acortando la distancia y pasando de la curva para dentro al círculo completo de la ligazón. Poder y verdad, estética y mando. De tal solidez que a la salida de una tanda circular al tratar de ligar muy cerca un segundo forzado vino el desarme. Tal era la cosa, que no enfrió el fogón en que se había convertido la plaza. La estocada total arriba, aunque algo ida, fue letal y la oreja tras gran petición, indiscutible.

Cuando salía a recibirla, le alargaron el micrófono de Canal Sur y solo dijo tres palabras: “pasión y entrega”. Dicen por ahí en la prensa rosa que quizás anda enamorado. ¿Será?

El otro protagonista de la tarde fue Pablo Aguado, quien batalló a brazo partido buscándole la cara para hacerlo pasar al manso sexto y volver a perseguirlo una y otra vez, así toda la brega. En una de esas le echó mano, le lanzó al aire y le pasó por encima sin herirle, afortunadamente. Engallado se levantó y continuó su porfía en tablas a toro rajado, brindándose con la solidaridad del paisanaje, hasta llegar a una estocada bien ejecutada, y bien colocada, pero de tardo efecto. De la cual el herido se levantó tres veces e hizo sonar dos avisos antes de morir. Su señoría don Gabriel Fernández Rey se negó a complacer una petición más ruidosa que pañuelera y la cosa quedó en vuelta al ruedo. Talavante estuvo y no estuvo con su también manso lote. Roca Rey en figura salvó la tarde con pasión y entrega.

  • FICHA DEL FESTEJO
Sevilla. Viernes 17 de abril de 2026. Plaza de La Real Maestranza de Caballería. 7ª de abono. Sol. Lleno de “No hay billetes”. Seis toros de Domingo Hernández, con 515 kilos promedio, mansos y blandos, menos el 5º.

Alejandro Talavante, silencio y silencio.
Andrés Roca Rey, silencio y oreja.
Paco Aguado, silencio y vuelta tras dos avisos.

Incidencias: Se desmonteró Iván García tras parear al 3º.