la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

viernes, 3 de julio de 2026

Madrid.- Segunda novillada nocturna del verano. La prueba del algodón / por Pepe Campos


Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.
Jueves, 2 de julio de 2026. Segunda novillada nocturna del verano madrileño. 

Encierro de novillos de López Gibaja (encaste Domecq, a través de El Torero). Desigualmente presentados. Nobles y mansos. Flojos y manejables. De mejor juego los tres primeros. Primero, alto y pobre de pitones, destartalado. El segundo, con mayor cornamenta, con armonía que se dice ahora. El tercero, armado, feble. El cuarto, sin fijeza. El quinto, endeble, con menor recorrido en la embestida. El sexto, largo, sin fuerza. Un cuarto de entrada. Noche veraniega en interregno (corrió el viento) entre cambios climáticos.

Terna: Cristian González, de Guijuelo (Salamanca); de azul marino oscuro y oro, con cabos blancos; veinte años; veintitres festejos en 2025; silencio y silencio tras aviso. Juan Alberto Torrijos, de Linares (Jaén), de lila y plata; veintiún años; nueve festejos en 2025; silencio y silencio. Jairo López, de Guadalajara (México), de corinto y oro, con cabos blancos; veintidós años; un festejo en 2025; silencio tras un aviso y silencio tras aviso. Jairo López se presentaba en Madrid.

Suerte de varas. Los novillos fueron al caballo y salieron sueltos de los encuentros o se repucharon. Se les picó, según norma de los varilargueros, traseros, a excepción del primero (tras la cruz, algo caída la puya) y del sexto (en la cruz). Fueron mansos, se dolieron en banderillas. Tras las varas desarrollaron manejabilidad los tres primeros; el primero muy castigado; el segundo poseía acometividad en la que no se pudo desenvolver, acabó huyendo a chiqueros; el tercero, obediente; el cuarto, sin fijeza, necesitó ser ahormado; el quinto y el sexto, acusaron flojedad que se trasladó a un pobre juego en las embestidas, a menos. Como ejemplo elegimos la suerte de varas realizada por José Ney Zambrano al primero. En ninguna de las dos varas fue puesto en suerte. Los hierros algo caídos, cercanos a la cruz. En la primera vara, Ney le pegó duro. El novillo sale suelto. En la segunda le pega y le tapa la salida, y sale suelto.


PEPE CAMPOS
Dos venenos supremos existen en la vida que la condicionan (seguro que hay muchos más), la afición al fútbol y la afición a los toros. El primero de ellos sólo da disgustos (se sea del Real Madrid o del Bayern o del Milán), aunque se piense que no. El segundo de ellos aporta civilización, contacto con la vida natural, con la visualidad del arte y la posibilidad de la dialéctica (pegar la hebra, por ejemplo, con todo tipo de seres). Ayer noche la empresa de Madrid decidió hacer la prueba del algodón a la afición taurina madrileña, y el ensayo salió positivo porque hubo menos asistencia de público, pero no demasiada. La plaza de Las Ventas presentó un buen aspecto, con muchos jóvenes que parece huyen del veneno futbolístico. 

Digamos que la novillada estaba programada a la misma hora que el partido España-Austria de la fase de dieciseisavos del mundial de fútbol de este año, 2026. El partido se jugaba en Los Ángeles (Estados Unidos) y se podía ver en la televisión pública (con la amenaza de las monsergas de sus plúmbeos comentaristas, algunos de ellos mediante kazoo en sus gargantas) o por la plataforma dazn (con periodistas conocedores del tema del deporte del balón redondo o pelota). Cierto es que hoy en día existe la posibilidad de ver ese encuentro de manera casi inmediata, una vez acabado, porque será repetido en innumerables ocasiones por ambas empresas de comunicación audiovisual. Desde este punto de vista asistir a la novillada era ver un espectáculo que nunca más se podrá volver «a sentir», y el aficionado que acudiera (pasando con aprobado la prueba del algodón) dejaba abierta la puerta a poder ver a posteriori ese partido trascendental de fútbol de la selección española, ya sea en modo resumen o de manera completa; o no ver nada si ese taurófilo fuese enemigo del deporte que enfrenta a dos cuadrillas «de once mozos en calzones cortos» como dijera en su día Enrique Tierno Galván

Puedo añadir a lo anterior que igual que ayer no vi en directo los goles de Porro y de Oyarzabal, en su día, en junio de 1978, me perdí en directo, sin que hubiera diferido, «el gol de Cardeñosa», porque el profesor de Literatura Española de la Universidad Complutense (Santos Sanz Villanueva, un buen profesor) situó el examen final (en la carrera de Historia) a la misma hora del Brasil-España del mundial de Argentina, que me quedé sin ver (en Brasil, jugaba Zico; en España, Juanito), y sobre todo no poder «festejar» el gol de Cardeñosa (fino, elegante y quebradizo jugador del Betis).

Pasando a lo taurino digamos que los novilleros de ayer noche, ante novillos dóciles, no dieron un paso adelante (es verosímil que estuvieran pensando en el fútbol) ni pase en condiciones. Los aficionados que asistimos al festejo (incluido el público joven, que lo había) y que no estábamos pensando en el fútbol, sino en los toros, no pudimos disfrutar de nada reseñable de lo sucedido en la novillada. Materia prima hubo (novillos toreables), pero algo ocurre en el panorama de formación de la novillería que no habla bien de su aprendizaje, pues mostraron todos los vicios del toreo neo-moderno, toreo despegado, por las afueras, en faenas largas, eternas, de pasajes semejantes, sin un plan, sin un por qué. Observamos un hábito (no nuevo) llamativo, consistente en advertir que los novilleros toreaban peor con la muleta en la derecha (en redondo) que con la muleta en la mano izquierda (al natural); y no obedecía a la condición de las embestidas de los novillos (uniforme por ambos pitones) sino a un desarrollo de la manía actual de hacer todo el toreo con la diestra, que nos lleva a pensar que de tanto uso y abuso se ha deteriorado sobremanera, pues se torea con ventaja y con monotonía. Así, el torero cita con la muleta retrasada, en uve, para llevar al animal que lidia hacia las afueras, si es posible con la superioridad que aporta el pico de la muleta, mientras la pierna de salida de los pases se retrasa, y sin que exista remate o final de muletazo en cada uno de los ensayos del pase en redondo, que se convierte en un lance con desplazamiento del toro (novillo), con la intención de alejarle de cualquier jurisdicción y de todo tiempo de «encuentro». En fin, un galimatías de posturas y de fines. Más aún si el matador decide tumbarse según da los lances, abriendo el compás, doblando las lumbares (en distintos grados) y extendiendo el brazo para escaparse por la tangente. Nos encontramos ante una nueva geometría. Difícil de poner en práctica, de poco riesgo taurino y muy aburrida en su contemplación. Esto llevado en numerosas tandas de muletazos permite a la afición «pegar la hebra» en los tendidos, y a que los animales lidiados se puedan rajar (así le ocurrió al segundo novillo, «Dálmata», que como su nombre indica era sagaz y obediente pero no demasiado tonto) e irse de naja a tablas o a chiqueros, finalizada su misión.

En el toreo al natural estuvieron más de verdad los tres novilleros, puede ser porque no se han viciado tanto a la hora de experimentarlo o porque con la muleta en la mano izquierda sea más complicado adoptar geometrías planas no euclidianas. Volvemos a pensar que en las escuelas taurinas se encuentra la respuesta a tanto empleo de vicios y de trucos. Si entramos en valorar la actuación de los novilleros de anoche, hay que comentar que Cristian González, quiso torear con temple pero muy despegado, con la derecha, normativo a la geometría explicada más arriba, con la izquierda, más ortodoxo, sin redondear los muletazos. Terrenos del seis y del siete. A su primer novillo le aplicó en ese plan, un inicio por bajo, siete tandas de muletazos y manoletinas finales. Lo mató de pinchazo en la suerte natural y de estocada baja y atravesada en la suerte contraria. Al cuarto novillo le recetó seis tandas de muletazos sin llegar a ahormarle, ni tirar de la embestida del animal (era lo que necesitaba su falta de fijeza) sino enganchones, afueras y pico. Lo mató de un pinchazo bajo en la suerte natural, más media estocada desprendida en la suerte contraria y diez descabellos.

Juan Alberto Torrijos, a su primer novillo de embestida alegre lo ahogó. El inicio por bajo en terrenos del ocho fue de excesivo castigo, y en las tandas (seis) la distancia del cite fue escasa. Al natural le salió un toreo más largo en el trazo. El novillo acusó el hostigamiento y se rajó. Lo mató tras buscarle en la querencia del tendido cinco de media caída y perpendicular en la suerte contraria, más una estocada casi entera perpendicular en la suerte natural. En el quinto un atisbo de buen toreo con el capote en una media y un recorte de recibo. El novillo muy flojo llegó quedado a la muleta. El toreo se le planteó en terrenos del seis muy encima con la muleta retrasada y enganchones por ambos pitones. El novillo cabeceaba y se defendía. Lo mató de tres pinchazos en la suerte natural, el tercero caído y cinco descabellos.

Jairo López fue todo voluntad. Participó en quites (zapopinas y de frente por detrás), y recibió a porta gayola al sexto (tiró el capote al pasar el novillo) y repitió con larga cambiada en terrenos del diez (se zambulló en la arena porque el astado se le vino encima). Con la muleta, a su primer novillo lo toreó en terrenos del ocho, el comienzo fue de rodillas en el platillo, le administró siete tandas, con la muleta en uve y por las afueras en redondo. Mejor planteamiento al natural pero muy encimista. Vuelve a derecha para destorear retrasado el engaño; el novillo finalmente le come el terreno. Lo mata de dos pinchazos y media tendida y caída en la suerte contraria y cuatro descabellos. En el sexto desplegó todo su toreo envarado en terrenos del nueve en cinco/ seis tandas. Inicio de rodillas. Después tumbado, despegado y empleando pico en el toreo en redondo. Al natural más ajustado (a veces enganchones) para sacar lo mejor de la tarde con el compás abierto, tumbado, con algún lance templado, más circular invertido y muleta arrojada a la arena. Lo mató de pinchazo y estocada caída y tendida en la suerte contraria.


Alicante.- Lo que las hogueras iluminan / por Paco Delgad0


'..puede que fuese la firmada por El Cid ante toros de Victorino la actuación más seria, madura y mejor estructurada de toda la semana..'

VIENTO DE LEVANTE
Lo que las hogueras iluminan

Paco Delgado
Una temporada más, el serial alicantino que por San Juan sirve para formalizar el rito de purificación por el fuego, marcó también el comienzo de la segunda parte de la campaña taurina, que ya sin solución de continuidad llegará hasta octubre con toros a lo largo y ancho de toda la geografía española y que desde Alicante se tiñe de colores de fiesta y confirma el arraigo del espectáculo taurino.

Varias son las notas destacadas que hay que recordar de esta pasada feria alicantina y la primera es el éxito habido ya antes de que se hiciese el primer paseíllo, logrando que se acabase el papel para la corrida del día 20. Luego hubo mucha afluencia de público a lo largo de todo el serial, ratificando el hecho de que cuando la oferta interesa, el consumidor acude. Y más si se promociona y difunde con acierto, como así supo hacer la empresa de Nacho Lloret. Un lleno de no hay billetes, un par de festejos con tres cuartos largos del aforo cubiertos y sin bajar de la media entrada el resto de días son datos que dan fe de la buena aceptación de los carteles.

También es para tener en cuenta que la puerta grande se abrió a diario y por la misma han salido desde becerristas y alumnos de las escuelas taurinas que actuaron en los dos festejos sin caballos que se dieron hasta las más encopetadas figuras. Excepto Morante, que en su segunda actuación en el abono, se negó a salir a hombros enfadado como estaba con el mundo a cuenta de la negativa presidencial a concederle una tercera oreja.

El de La Puebla dejó ver varios de sus muchos registros en sus dos tardes en esta feria. Abrevió con su cómodo, blandengue, distraído, manso, desentendido y a la defensiva primer toro que le correspondió, evidenció ganas y disposición con su segundo, repartió detalles y pinceladas con un magnífico ejemplar de Santiago Domecq y dio rienda suelta a su creatividad plástica con el que cerró su paso por este ciclo, cogiendo un buen globo cuando se le negó la segunda oreja en este turno. 

Roca Rey, uno de los principales atractivos del cartel, no quiso dejar pasar la ocasión de demostrar su ambición y lograr un gran triunfo a base de su ya conocida receta: arrojo, valor y temple. Pero puede que fuese la firmada por El Cid ante toros de Victorino la actuación más seria, madura y mejor estructurada de toda la semana. Escribano acompañó al de Salteras por la puerta grande pero con una recompensa exagerada y Manzanares, que lidió por primera vez en su carrera toros de Victorino, cumplió de manera notable.

Samuel Navalón, aunque no acabó de acoplarse con su segundo dejó ver sus muchas cualidades y también salió de la plaza en volandas. Como hicieron asímismo Borja Jiménez, David de Miranda y Tomás Rufo tras dar cuenta de un cómodo y bonancible encierro de Victoriano del Río.

Talavante no dejó pasar la oportunidad que le brindó un excelente lote de Santiago Domecq aunque puede que con tan excepcional material le faltase algo más de rotundidad.

Los tres novilleros que abrieron feria, Mario Vilau, especialmente, Olga Casado y Javier Cuartero aprovecharon el buen jugo de los utreros de Talavante... y de la generosidad de la afición local.

Del ganado, manejable en líneas generales, hay que resaltar la sobresaliente corrida que lidió Santiago Domecq en su debut en Alicante, empezando por “Madrugador”, el primer toro que pisó el albero alicantino, y terminando con “Malduerme”, el último que se arrastró la tarde del día 23, todos, con distintos matices y grados, claro, además de una presencia mucho más que digna, pelearon con ganas en el peto, tuvieron prontitud, fijeza y bravura, humillaron una barbaridad y repitieron hasta la extenuación. En estos tiempos tan extraños y de tanta predisposición para el indulto, llamó la atención que, por ejemplo, no se reclamase tal gracia para el quinto de aquel conjunto, “Revolucionario”, que permitió a Talavante alcanzar su triunfo. Hubiese sido de los más justos y justificados de los últimos años.

Y también de nota alta, muy alta, fue el encierro de Victorino Martín, serio, sin kilos de más, duro y de gran juego. Incansables y, sin parecer alimañas, con la emoción que da sentido a la fiesta. Se pidió el indulto para el tercero y los otros cinco fueron ovacionados. Ganado así es lo que da sentido a este espectáculo. Todo lo demás son ganas de enredar y confundir.

El golpe de Estado censal / por José Javier Esparza


'..Dijo Feijoo que le parecía muy mal el amaño y se comprometió a arreglarlo cuando él gobierne. Pero, alma de cántaro, ¿cómo vas a gobernar si dejas que te roben las elecciones?..'

El golpe de Estado censal

José Javier Esparza
Estamos asistiendo a un golpe de Estado a la vista de todo el mundo. Un golpe de Estado que esta vez no se ejecuta sobre la cúspide del sistema, desplazando al grupo gobernante como es tradicional, sino sobre la base, cambiando al pueblo por la vía de manipular el censo, ampliándolo de modo arbitrario. El ejercicio es tan brutal y descarado, tan agresiva su desfachatez, que pasma comprobar que no hay nadie capaz de frenarlo. Y sin embargo, así es: acabamos de descubrir una nueva brecha en nuestro sistema institucional. No sólo no hay nadie capaz de frenar el desafuero, sino que quienes más interesados deberían estar en hacerlo, permanecen quietos. Por ejemplo, el principal partido del país, el PP, que la semana pasada, en las Cortes, votaba contra la propuesta de VOX de controlar el voto por correo del exterior y lo hacía con un argumento sorprendente, a saber: que está muy feo poner en duda el sistema electoral. Es asombroso.

Río Misisipi. A bordo de uno de esos barcos de vapor con rueda de palas. Música de pianola. Ambiente cargado de humo, efluvios de alcohol y risotadas de mujeres de mala vida. En una mesa juegan dos fulanos. Uno de ellos, un tahúr de chaleco floreado, hace trampas ostentosamente: se le escapan cartas de la manga de la camisa, del dobladillo del chaleco, de la cinta de la chistera. Un niño negro que asiste a la escena —descalzo, pantalones raídos, sombrero de paja, camiseta tiznada de hollín— señala al tahúr y grita: «¡Está haciendo trampas!». Y entonces el otro jugador, la víctima, se levanta, esgrime un índice amenazador, lo dirige contra el negrito y aúlla: «¡Cómo te atreves a poner en duda las reglas del juego!». Eso fue lo que ocurrió la semana pasada en las Cortes. El negrito, que no es tonto, encaja la bronca del otro jugador y cavila. Opción a: este tipo es estúpido. Opción b: este tipo quiere perder. Opción c: este tipo está compinchado con el tahúr y en realidad todo es un teatro. Cualquiera de las tres opciones es desoladora. El negrito, deprimido, abandona la escena

No sé cuál de las tres opciones que el negrito caviló puede aplicarse al PP (el negrito, evidentemente, es VOX, pero también todos los que han salido a denunciar el desafuero, como Iustitia Europa o Hazte Oír). Días después apareció Feijoo para denunciar lo que él llama «ingeniería electoral», con un tropo tan elegante que se diría, incluso, que esconde cierta admiración hacia el tahúr. Dijo Feijoo que le parecía muy mal el amaño y se comprometió a arreglarlo cuando él gobierne. Pero, alma de cántaro, ¿cómo vas a gobernar si dejas que te roben las elecciones?

Mientras el PP anda con estas cosas, lo poco que va quedando de ciudadanía española consciente se indigna por lo barato que se ha puesto ser español. Si cualquier fulano puede decidir que es español quien a él le venga en gana, entonces la condición de ciudadano español no vale nada. Dentro de la tarea de desconstrucción de la nación española a la que se ha entregado este gobierno, el último paso seguramente es este: que ser de aquí, nacer aquí, trabajar aquí, cotizar aquí, valga tanto como ser de fuera de aquí. Así las cosas, ¿quién va a querer ser de aquí? Sólo el que no tenga más remedio que permanecer. Están llevándonos a la mayor de las desposesiones, que es sentirte despojado de tu propia patria.

Y una vez más, esa desoladora sensación de que no hay nadie capaz de arreglarlo, porque los que quieren, no pueden, y los que podrían, no quieren. Abandono. Es lo que transmitió Posteguillo cuando contó su experiencia de la riada de Valencia: pasaban los días y allí no llegaba nadie. Aquí, tampoco. Parlamento, Corona, Iglesia, tribunales, ejército… ¿De qué sirve todo eso —el Estado— si un gobierno puede cambiar arbitrariamente al pueblo? Es la pregunta que deberían hacerse aquellos que, por su posición, tendrían que estar a la altura de su responsabilidad. Si no saben responder, tal vez es porque, al fin y al cabo, nos sobran.

jueves, 2 de julio de 2026

Antonio Ordóñez, el maestro que sigue toreando en el tiempo / por José Manuel Peña


Se cumplen 75 años de la alternativa del torero rondeño, una figura irrepetible que convirtió la pureza en un canon, impulsó la Goyesca de Ronda y dejó un magisterio que aún sigue presente en el toreo.

Antonio Ordóñez, el maestro que sigue toreando en el tiempo

Por José Manuel Peña
Ayer domingo se cumplieron setenta y cinco años de una de esas tardes que terminaron cambiando la historia del toreo. El 28 de junio de 1951, un joven rondeño de apenas diecinueve años cruzaba el patio de cuadrillas de Las Ventas para recibir la alternativa de manos de Julio Aparicio y con Litri como testigo. Hasta entonces, la ceremonia de la alternativa quedaba reservada únicamente al padrino, pero la enorme expectación que había despertado el doctorado de Antonio Ordóñez hizo que todos quisieran estar presentes en aquella fotografía histórica. Desde aquel día comenzó a consolidarse la figura del testigo en el ceremonial de la alternativa, tal y como hoy se conoce. Aquel día nacía oficialmente matador de toros Antonio Ordóñez. Con el paso de los años nacería también el maestro, el hombre que acabaría convirtiendo su apellido en una manera de entender el toreo.

Porque Antonio Ordóñez no pertenece únicamente a la historia del toreo. Pertenece a la memoria sentimental de la Fiesta. A esa reducida nómina de toreros que dejaron de ser figuras para convertirse en referencia. Han pasado tres cuartos de siglo de aquella tarde madrileña y todavía hoy su nombre sigue pronunciándose con el respeto que se reserva a quienes marcaron una época.

Ronda fue siempre su principio y también su destino. Hijo de Cayetano Ordóñez ‘Niño de la Palma’, Antonio nació prácticamente entre capotes y leyendas. En la ciudad de Pedro Romero, donde el toreo forma parte del paisaje, creció escuchando hablar de toros y aprendiendo que el apellido podía abrir puertas, pero también exigir responsabilidades. Debutó vestido de luces en 1948 y muy pronto dejó de ser el hijo de una figura para convertirse en una promesa del toreo.

Madrid terminó confirmándolo. Las novilladas de San Isidro de 1951 despertaron la expectación suficiente para acelerar su alternativa. El 28 de junio de aquel año, en la plaza de Las Ventas, comenzaba una trayectoria que terminaría convirtiéndolo en uno de los grandes toreros del siglo XX.

Pero la dimensión de Antonio Ordóñez va mucho más allá de las estadísticas. Su importancia reside en la huella que dejó entre los propios toreros. Pocas veces una figura ha sido tan admirada por quienes compartieron cartel con ella. Toreaba con naturalidad, con profundidad y con una serenidad que convertía cada faena en una lección de temple. Nunca necesitó el ruido para emocionar. Su concepto se apoyaba en la colocación, el gobierno de la embestida y la búsqueda constante de la perfección.

Con el paso de los años terminó convirtiéndose en maestro de maestros. Su influencia alcanzó a varias generaciones y muchos toreros encontraron en él un espejo donde mirarse. Antonio representó una forma clásica de entender el toreo, una tauromaquia basada en la verdad y en la naturalidad.

Su rivalidad con Luis Miguel Dominguín forma parte de la historia. Aquella competencia entre ambos trascendió las plazas y se convirtió en un fenómeno social y cultural. Ernest Hemingway encontró en aquellos duelos el argumento perfecto para escribir ‘El verano peligroso’, inmortalizando a dos toreros llamados a representar dos maneras distintas de entender la Fiesta.

Antonio también vivió muy cerca del arte y la cultura. Fue amigo de Orson Welles, de escritores, pintores y cineastas. Su personalidad, elegante y serena, traspasó el mundo taurino hasta convertirlo en un personaje admirado dentro y fuera de España.

Y siempre estuvo Ronda. Porque si existe una obra que explica la dimensión de Antonio Ordóñez más allá de los ruedos es la Corrida Goyesca. La idea nació en 1954 de la mano de su padre, y del rondeño Fernando Urruti para conmemorar el segundo centenario del nacimiento de Pedro Romero, pero fue Antonio quien la impulsó definitivamente y la convirtió, a partir de 1957, en una cita fija y universal. Gracias a su empeño, la plaza de Ronda recuperó su protagonismo y septiembre se transformó en una peregrinación anual para aficionados, artistas, escritores e intelectuales, haciendo de la Goyesca uno de los acontecimientos más singulares y reconocidos de la tauromaquia.

Su vida también estuvo unida a Sevilla. Antonio Ordóñez fue hermano mayor de la Esperanza de Triana de 1973 a 1979, una responsabilidad que asumió desde la devoción y el compromiso. La elegancia que transmitía delante del toro encontraba también reflejo en su manera de vivir la religiosidad popular.

La saga continuó a través de sus descendientes. Sus nietos, Francisco Rivera Ordóñez y Cayetano Rivera Ordóñez, hijos de su hija Carmen y del maestro Paquirri, volvieron a llevar el apellido a los carteles, prolongando una de las dinastías más importantes de la historia del toreo.

Antonio Ordóñez falleció en Sevilla en diciembre de 1998, pero su magisterio continúa intacto. Setenta y cinco años después de aquella alternativa, su nombre sigue apareciendo cada vez que se habla del toreo puro, del temple o de la naturalidad.

Porque algunos toreros triunfan, otros mandan y unos pocos terminan convirtiéndose en una medida del tiempo. Antonio Ordóñez pertenece a esa estirpe. La de los maestros que nunca se marchan del todo. La de los toreros que siguen toreando mucho después de haber abandonado los ruedos

Publicado en ABC

Los nietos de los emigrantes no son españoles / por Irene González


'..Si los exiliados políticos y sus hijos no han vuelto a España en 50 años de democracia ya no son exiliados, no pueden tener esa categoría y desde luego no tienen derecho, ni nosotros obligación de resarcir a quienes eligieron por interés quedarse fuera..'

Los nietos de los emigrantes no son españoles
Esto es un reemplazo poblacional, es ingeniería electoral como bien dice Feijóo ahora, tarde.

Irene González
Lo que se ha venido a llamar ‘ley de nietos’ es el último puñal al corazón del español expoliado, el fin de una España democrática viable, un último tango sobre la tumba del pueblo español, al que el PSOE no perdona que no votemos en masa a quien nos desprecia.

Es necesario empezar por aclarar cuestiones de fondo que, por vileza o falta de capacidad, quedan apartadas y silenciadas en la arena política y mediática. Todo el asunto del debate oficial está mal enfocado, pues se centra en resarcir a los descendientes de exiliados españoles tras la guerra civil otorgándoles la nacionalidad española de origen y por tanto el derecho a votar en un país en el que no viven ni probablemente hayan pisado. El PP, y Feijóo en particular, defendió este derecho creado por el PSOE para que la izquierda no les llamase franquistas. Asumió la ley de ruptura de la Memoria Histórica con Rajoy y hoy, tres años después, su denuncia se centra en el desarrollo a través de una Instrucción de la Disposición Adicional 8ª de la Ley de Memoria Democrática, que amplía hasta el paroxismo los supuestos al otorgar la nacionalidad a cualquier descendiente de emigrante por el motivo que fuese e incluso antes del inicio de la guerra civil, hasta 2,5 millones de personas que han solicitado la nacionalidad española.

En primer lugar, los nietos de emigrantes españoles que no han retornado, no son españoles. Si los exiliados políticos y sus hijos no han vuelto a España en 50 años de democracia ya no son exiliados, no pueden tener esa categoría y desde luego no tienen derecho, ni nosotros obligación de resarcir a quienes eligieron por interés quedarse fuera. Y en el caso en el que se quiera mantener esa ficción de exiliado décadas después, como acordaron el PSOE y el PP, no puede ser que la nacionalidad española ni el voto sean una moneda de pago, pues representan la identidad del español y la poca libertad que tenemos aún como ciudadanos españoles de decidir nuestro futuro. Es inmoral y lunático que pueda tener derecho de voto, que decida los impuestos que pagan quienes viven en España los que no viven aquí ni son españoles temporalmente fuera huyendo de este infierno socialista globalista. El caso del emigrante que se fue por causas económicas e hizo su vida allí, sus nietos no son españoles. La nacionalidad es un privilegio que puede perderse y ha de ser así en la tercera generación. En el caso del derecho de voto, ha de acabar en la persona que salió de España, jamás puede transmitirse a los descendientes que no volvieron. Quienes se largaron no contribuyeron a que España saliese adelante, quienes se mantuvieron durante generaciones fuera no han aportado nada, somos lo que somos sin que ellos hayan participado. ¿Derecho de resarcimiento de qué?

El proyecto de Zapatero

El proyecto político de Zapatero siempre tuvo como fin perpetuar en el poder al PSOE y resto de anti-España para asentar un régimen de expolio e impunidad, para lo que había que sacar de la dirección del Estado al que era el único partido de la derecha española, o al menos se percibía así hasta la llegada de Rajoy por falta de otras opciones. Ese proyecto de Zapatero y sus amos se vertebró alrededor de la ley de ruptura de España con su pasado y la verdad, la Ley de Memoria Histórica. Toda voz de resistencia a no desaparecer entre la vileza y la mentira fue tachada de fascista. En esta segunda fase, una vez que el PP ya se avino a la retórica de aceptar expulsar a la derecha del espacio público en nombre de la democracia, ahora bajo Pedro Sánchez y su escudero Bolaños, a quienes expulsan no es a unos partidos políticos, sino directamente a los votantes españoles, al pueblo español del ejercicio de la libertad política en una democracia de decidir el futuro del país en el que viven y pagan impuestos.

Esto es un reemplazo poblacional, es ingeniería electoral como bien dice Feijóo ahora, tarde. Los medios de izquierdas y centristas que él tanto venera le acusan de trumpista, que en lenguaje izquierdista es como llaman ellos a los “golpistas”, sólo por poner en duda la limpieza de las elecciones con millones de votos emitidos desde el régimen castrista en Cuba o afirmar que esto es ingeniería electoral, un fraude. La izquierda está en lo mismo de siempre, robar elecciones y acusar al robado de golpista para mantenerlo fuera de la legalidad que el criminal dicta. Pura república, puro 1936.

Claro que la ‘ley de nietos’ es un fraude, un robo, un expolio de lo más profundo de la identidad y del ser español, el derecho en exclusiva de decidir nuestro futuro colectivo como comunidad. No les es suficiente con habernos arrebatado la prosperidad, que ahora quieren quitarnos lo único que nos queda, un reducto de libertad política para votar en una exigüe democracia que legitime el gobierno de quien nos roba y desprecia. Éste es el enorme fraude que ahora niegan todos los necios mediáticos, el gran robo de los políticos españoles de nuestro derecho exclusivo a decidir nuestro futuro, nuestro destino como país, como pueblo. No quieren dejarnos ni siquiera lo poco que decide el voto en esta democracia antiespañola, hasta eso quieren dárselo a los de fuera, que decida sobre nosotros millones de personas que no son españolas y que no les afectarán las decisiones del Gobierno que ellos elijan. Se acepta con normalidad que vote un argentino con un abuelo español mientras te defienden que un valenciano en cuanto se empadrona en Madrid ya no vota en Valencia.

Un robo, una humillación

Sí, es un fraude, un robo una humillación, una injusticia y sí es inmoral. Una cuestión que hace saltar por los aires sin vuelta atrás cualquier reducto de democracia. No por poner en una norma que es legal el robo deja de ser un robo, al igual que no por poner en la Constitución el aborto deja de morir un bebé, ni un hombre es una mujer aunque se autodetermine como tal los días pares.

Esto son medidas políticas extraordinarias fuera de la normalidad democrática y no pueden solucionarse por los cauces jurídicos previstos para cuestiones ordinarias. Esto el PSOE lo sabe, y esto han de entenderlo aquellos que no estén dispuestos a certificar el fin de la libertad del pueblo español a decidir en exclusiva su futuro.

La emoción no entiende de excesos / por Carlos Bueno



'..Hay inercias que, poco a poco, terminan convirtiéndose en norma sin que apenas nos demos cuenta. Una de ellas es la excesiva duración de las faenas de muleta. Lo que hace unas décadas era una excepción hoy parece habitual: que suene el primer aviso mientras el matador continúa toreando como si el tiempo no existiera..'

La emoción no entiende de excesos

Carlos Bueno
Hace tiempo que se confundieron conceptos. Hoy parece que una gran faena deba medirse por los minutos que dura y no por la emoción que transmite. Mientras el primer aviso se ha convertido en un invitado habitual, el toreo corre el riesgo de sacrificar la intensidad en favor de un metraje excesivo. Porque cuando una obra necesita alargarse para convencer, quizá el problema no sea el reloj, sino la propia faena.

Hay inercias que, poco a poco, terminan convirtiéndose en norma sin que apenas nos demos cuenta. Una de ellas es la excesiva duración de las faenas de muleta. Lo que hace unas décadas era una excepción hoy parece habitual: que suene el primer aviso mientras el matador continúa toreando como si el tiempo no existiera.

Hubo una época en la que escuchar un aviso era motivo de disgusto para cualquier torero. Significaba que la faena se había alargado más de la cuenta, que el espada no había sabido medir los tiempos o que el estoque se resistía demasiado. No estaba bien visto. Era un demérito, un error. Hoy, sin embargo, asistimos con demasiada frecuencia a un escenario bien distinto. El primer aviso se ha normalizado hasta el punto de que, en muchas ocasiones, llega cuando el torero ni siquiera se ha perfilado para entrar a matar.

Las razones pueden ser diversas, pero el resultado suele ser el mismo. Faenas que, tras una primera parte prometedora, entran en una prolongación innecesaria buscando un arrimón final con el que encender los tendidos a base de cercanías, desplantes y alardes. Recursos legítimos cuando nacen de la inspiración, pero que pierden buena parte de su fuerza cuando sirven para alargar artificialmente una labor que ya había dicho todo lo que tenía que decir.

En demasiadas ocasiones, ese exceso de metraje pretende compensar una intensidad que ha faltado desde el principio. Se busca emocionar por acumulación cuando la verdadera emoción nace de la autenticidad. Y la autenticidad no depende del número de muletazos, sino de la verdad y la profundidad con que se ejecutan.

Todos conservamos en la memoria faenas breves, compactas y rotundas de Juan Mora o de Luis Francisco Esplá, premiadas con las dos orejas sin necesidad de eternizar el trasteo. Obras de pocos muletazos pero de enorme contenido. Porque cuando una faena alcanza la plenitud, prolongarla sólo consigue diluir su impacto.

También resuenan con plena vigencia las enseñanzas del inolvidable Antonio Chenel “Antoñete”. Su filosofía era tan sencilla como sabia: “Hay faenas que duran cuatro minutos y demasiadas que duran diez. Pero en ninguna faena grande hay más de veinte muletazos perfectos”. Una sentencia que encierra toda una concepción del toreo. Saber cuándo empezar, cuándo alcanzar el clímax y, sobre todo, cuándo terminar. Esa capacidad para medir los tiempos forma parte del arte de torear tanto como el temple, el mando o el buen gusto.

Quizá ha llegado el momento de recuperar esa cultura de la síntesis. No se trata de hacer faenas cortas por sistema, sino de hacerlas completas. Y una faena está completa cuando ha expresado todo lo que el toro y el torero podían ofrecer, no cuando el cronómetro apura el límite reglamentario.

Porque el matador no debería confundir nunca calidad con cantidad. La grandeza de una obra no se mide por los minutos que dura, sino por el poso que deja. Al fin y al cabo, lo que permanece en la memoria del aficionado no es cuántos muletazos hubo, sino cuántos de ellos fueron verdaderamente inolvidables. Y esa emoción, la emoción de la rotundidad, nunca ha necesitado del exceso para abrirse camino.

La ‘rabieta’ de la Diputación de Zaragoza: cuando el ridículo se disfraza de conspiración

El diputadoJ osé Carlos Tirado, y Juan Antonio Sánchez Quero, presidente de la DPZ.

'..La Misericordia no necesita más excusas. Necesita gestión. No necesita sospechas lanzadas al aire. Necesita un pliego legal, serio, consensuado y digno de una plaza de primera. Y, sobre todo, necesita que quienes han provocado este desastre dejen de hacerse las víctimas y empiecen a asumir responsabilidades..'

La ‘rabieta’ de la Diputación de Zaragoza: cuando el ridículo se disfraza de conspiración

De unos años a esta parte, existen desmasiados políticos que, cuando se quedan sin argumentos, buscan culpables. Lo preocupante de verdad es que ahora hay muchos más de la cuenta que, además de quedarse sin argumentos, pretenden tomar por tontos a los ciudadanos. Lo que está ocurriendo con la plaza de toros de La Misericordia ya no es un error administrativo, ni una torpeza jurídica, ni un simple tropiezo de gestión. Es la demostración palmaria de un modo de gobernar: soberbio, sectario, incompetente y, para colmo, incapaz de asumir una sola responsabilidad.

José Carlos Tirado, diputado delegado de la plaza de toros, ha salido ahora a preguntar “qué intereses hay detrás” de los recursos que han vuelto a tumbar el pliego de Zaragoza. La pregunta correcta es otra: ¿qué incapacidad hay delante? Porque detrás de este desastre no hay una mano negra. Hay una Diputación que ha redactado mal. Hay un presidente, Sánchez Quero, que ha preferido señalar al sector antes que escucharlo. Hay un gobierno provincial socialista que ha confundido una plaza de toros de primera con un solar en alquiler. Y hay una estrategia política tan vieja como indecente: cuando la Justicia te corrige, acusa a los demás de conspirar.

El TACPA no ha tumbado una opinión. Ha tumbado un pliego. Dos veces. No ha anulado una tertulia, sino un procedimiento. No ha dado la razón a un capricho empresarial; ha dicho que la Diputación volvió a equivocarse en la naturaleza del contrato, en el planteamiento jurídico y en la forma de sacar a concurso uno de los cosos más importantes de España. Y ante eso, Tirado no responde con explicaciones; responde con sospechas. No aporta soluciones; aporta humo. No reconoce el fracaso; intenta repartirlo.

Lo más grave no es que se hayan equivocado, sino que fueron advertidos. En numerosas ocasiones, por cierto. Lo más grave es que el sector taurino les dijo por activa y por pasiva que el camino era equivocado. Lo más grave es que, en lugar de sentarse con quienes conocen la Fiesta, prefirieron encerrarse en el despacho, agarrarse al boletín y seguir adelante como si La Misericordia fuera una finca cualquiera y la Feria del Pilar un estorbo en el calendario.

Ahora dicen que quieren salvar la Feria. Mentira política. Quien quiere salvar algo no lo empuja primero al precipicio, ni espera a que julio le muerda los talones para pedir auxilio al TSJA. Quien quiere salvar Zaragoza no convierte la licitación de su plaza en una carrera de obstáculos, en una subasta al alza y en un monumento a la improvisación. Y, para más ridículo en un proceso ya de por sí deplorable, critican al Gobierno municipal del PP de aprovechar la ocasión políticamente. Porque, claro, como todo el mundo sabe, ellos no lo hiberan hecho de producirse al revés la situacón.

Lo de comparar este concurso con el de Valencia es un intento lamentable de emborronar la cancha para que no se distingan muy bien ambos concursos, pero lo cierto es que a Valencia no se hubieran podido presentar toda la pláyade de piratas y delincuentes que pululan por el mundo del toro, porque había 19 puntos clave que tenían que ver con la calidad y no con lo económico, que no ocupaba más que cinco. Allí, de hecho, no hubiera podido ir alguno que sí intentó pujar por La Misericordia. Y a lo mejor les hubiera hecho un favor a los socialistas porque esta forma de hacer las cosas -presuntamente, claro- no sea más que una táctica para vaciar Zaragoza de festejos taurinos por incomparecencia. Todo, por supuesto, pergeñado en el cerebro maquiavélico del ‘jefe’ de la banda aragonesa, al que ahora le sale guardia pretoriana.

Pero Sánchez Quero, máximo responsable político de la Diputación, no puede esconderse detrás de Tirado ni detrás de los servicios jurídicos. La responsabilidad es suya. Suya fue la decisión de no escuchar. Suya fue la apuesta por un modelo que se ha demostrado fallido. Suya fue la arrogancia de llamar boicot a lo que era legalidad. Suya es la amenaza real de dejar a Zaragoza sin toros, sin vaquillas y sin Feria del Pilar en La Misericordia.

El PSOE aragonés que aún se agarra a la Diputación como último refugio de poder está dando sus últimos coletazos con la peor mezcla posible: sectarismo contra la Tauromaquia, desprecio al aficionado e incompetencia administrativa. No les ha derrotado una conspiración sino su propia soberbia. Y cuando un gobierno se empeña en ir solo, en ir tarde y en ir mal, no puede luego culpar al camino. El camino estaba señalado. Los avisos estaban dados. Las soluciones existían. Pero Sánchez Quero y los suyos eligieron el atajo de la imposición. Y ahora Zaragoza puede pagar el precio.

La Misericordia no necesita más excusas. Necesita gestión. No necesita sospechas lanzadas al aire. Necesita un pliego legal, serio, consensuado y digno de una plaza de primera. Y, sobre todo, necesita que quienes han provocado este desastre dejen de hacerse las víctimas y empiecen a asumir responsabilidades.

Porque aquí ya no cuela el cuento del boicot: aquí lo que hay es un fracaso político con nombres y apellidos, que comienza por los de Sánchez Quero y continúan con el adlátere Tirado, que ahora viene a intentar aliviar al jefe de presión política. De libro. De chiste…
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