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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

sábado, 24 de octubre de 2026

El público y la afición madrileña. De la Cátedra a la histeria colectiva / por Pedro del Cerro

Cuando se aguantaba el chaparrón estoicamente

'..¿Cómo recuperar aquella plaza que añoramos, cómo hacer que regrese la Cátedra? Si alguien tiene la fórmula que venga y nos la cuente. Lo que sí podemos afirmar, es que los procedimientos, los modos de ser y estar de una sociedad están en permanente cambio y transformación, los ciclos pueden ser circulares, y la plaza de toros de Madrid no está al margen de ellos. Así que no desesperen..''

El público y la afición madrileña. De la Cátedra a la histeria colectiva

Pedro del Cerro
Continuando con el artículo que publicamos en esta revista en octubre de 2025, La afición madrileña, de los intransigentes a los tolerantes, escrito por los periodistas José Antonio Donaire y Julia Rivera, me dispongo a hacer en esta pieza una continuación y, con ello, un breve repaso de lo acontecido en Las Ventas en las dos últimas décadas desde una perspectiva abierta, prestando quizá más atención en el aspecto sociológico. Sin pretensión de sentar cátedra con ello, sin la precisión y la rigurosidad del ensayo histórico o científico, simplemente desde el análisis, los recuerdos y las vivencias en primera persona, desde que me fui acercando a la plaza siendo un adolescente hasta nuestros días.

De la Cátedra a la crisis de la burbuja inmobiliaria

Hubo un tiempo en el que tener un abono de Las Ventas era como tener un tesoro, sin ir más lejos, servidor tuvo que hacer varias noches en la plaza para conseguir un hueco fijo en la piedra. Esta percepción, como vamos a ir viendo, fue cambiando. Hablamos de la primera década de los dos mil, por aquel tiempo, el público y la afición de Las Ventas mantenía muchas de las querencias y las virtudes que le hacían poseer el título de Cátedra del toreo. Todavía persistían algunas máximas bien marcadas e interiorizadas por los tendidos. La presencia del toro era muy importante, pero más aún cómo lo hacía el torero conforme a las características del cornúpeta. Para esto, claro, hay que saber ver al toro y aquella plaza sabía lo que veía. El toreo al natural con la mano izquierda era fundamental, no se concebía una faena con premios mayores si este no se producía; por otra parte, las alharacas, el tremendismo, y los adornos fastuosos tipo circulares, pases por la espalda y demás eran muy mal vistos y censurados con vehemencia, percibidos por las gradas casi como una ofensa: “¡eso lo haces en tu pueblo!”. La colocación de la espada se miraba con lupa, milimétricamente, no solo por parte de muchos espectadores, también por los presidentes que, muchas veces, enmendaban al resto de la plaza. Tan es así que la rigurosidad en este sentido a veces pecaba de excesivamente categórica; no era extraño presenciar cómo se denegaba la segunda oreja porque la espada había caído dos o tres dedos fuera de la zona ideal y, ojo, los presidentes no eran linchados por ello, se contemplaba como algo inherente a la plaza.

Fueron los años de El Cid y su mano izquierda citando a los Victorinos desde los medios sin probaturas, mandando desde la primera serie; los de las últimas lecciones de tauromaquia, manejo preciso de los tiempos, distancias y terrenos de César Rincón, por ejemplo, aquella tarde de 2005 con toros de Alcurrucén que nunca olvidaré. La intransigencia y el choque de conceptos entre la afición y El Juli que vivió durante casi toda su carrera quedó reflejada en aquella encerrona de 2003, en la que desplegó una tauromaquia larga y mandona frente a un encierro variado, pero ni con esas. José Tomás regresó en 2008 después de seis años de ausencia, reventó la plaza, reventó a sus toros, y nunca más se supo.

Esta década es la del surgimiento de una ganadería de leyenda en cuanto a casta y fiereza indómita −con genio en muchas ocasiones, también hay que decirlo−, lo mismo que sucedió antaño con la de Luciano Cobaleda, o muy antaño con los toros de Coruche. Hablamos de la ganadería de José Joaquín Moreno Silva y las terroríficas y encastadas novilladas de 2007, la de 2008 en la que Valentín Mingo tuvo que estoquear cinco ejemplares, 2009, y la de 2010 con mayor repercusión en la feria de San Isidro, en la que los animales hicieron correr a los de a pie y se adueñaron del ruedo.

Frente a gran parte de la plaza, recuerdo a Salva y a Fausto defender con ahínco su visión desde sus localidades del siete, que pasaba, inexorablemente, por la integridad del toro y la verdad del toreo. Fueron pérdidas muy notables dentro de la parte más combativa y severa de la afición. Época en las que todavía se luchaba en cada festejo, entre otras cosas, porque no se le taparan los dos ojos al caballo; la colocación de los actuantes en el ruedo era una obsesión y el “¡a tu sitio!” durante el tercio de varas era una constante. Entonces, los picadores se ponían entre la pilastra de la puerta grande y el burladero de matadores para llevar a cabo la suerte, cosa que se ha perdido.

La crisis de la burbuja inmobiliaria que estalló en los años 2008 y 2009 y se dilató varios años es un punto de inflexión importante en el devenir de Las Ventas. Las empresas que poseían un palco de grada o andanada para hacer relaciones, los colegios mayores que tenían muchos abonos repartidos por la plaza, etcétera, todo eso se perdió. El abono fue cayendo progresivamente hasta que en los años 2015 y 2016 tocó fondo con unos trece mil fieles. Mucha gente se fue y nunca volvió, la unidad de criterios que daba un público que siempre llenaba la plaza en los festejos de abono −los de temporada siempre han sido otra historia−, fuera el día que fuera, se fue perdiendo. Es decir, la Cátedra se diluía progresivamente. El momento que marca para mí este cambio de paradigma en el que mucha parte de la afición entendida iba a desaparecer en años venideros es el del 5 de junio de 2009, despedida de Luis Francisco Esplá, torero muy querido y valorado, conocedor y dominador de todas las suertes −menos la de matar− y de todo tipo de toros; inteligente, comunicativo con los tendidos, supo entender la idiosincrasia y el carácter de la plaza mejor que nadie.

De entre la infinita diversidad de público, tribus urbanas y rurales que poblaban Las Ventas por aquellos primeros años de los dos mil estaban “los aficionados de la Movida”, los que aún coleaban de ese Madrid canalla y fiestero y fueron testigos de las últimas actuaciones magistrales de Antoñete, emblema de esta corriente de aficionados. Eran fáciles de reconocer por su estética heterodoxa y subversiva en el contexto del coso taurino, yo mismo conocí a varios en mi primer abono en la grada del cinco, siendo su exponente más señero el gran Jaime Urrutia, un habitual de nuestra plaza.

La aparición de las redes sociales. De Taurodelta a Simón Casas y Plaza 1

En esa transición entre una década y otra mi memoria tiene inclinación por dos ganaderías, Palha y Cuadri. Las corridas de la vacada portuguesa acaecieron justo antes de entrar en la década de los años 10. En 2007 destacó un toro bravísimo, Rabosillo, frente a Sánchez Vara; en 2008 hubo una corrida grandiosa en la que sobresalió el toro Rachido, que salió reventando burladeros como en las láminas de La Lidia, y con el que sostengo que estuvo muy bien y muy digno Luis Bolívar, malogrando todos los méritos con la espada. Y en 2009 otro gran encierro, con sabor agridulce por la pavorosa cornada sufrida por Israel Lancho y la polémica servida porque el mayoral fue obligado a saludar.

El caso de Cuadri es un agradable recuerdo, esperamos que aquellos años de gracia se repitan, y es que cualquier persona de bien que sienta pasión por el toro bravo ha de tener admiración por esta casa ganadera. Esos momentos dulces del hierro onubense siempre serán asociados con un torero y su cuadrilla, la de Javier Castaño. Parecía que iban a sentar jurisprudencia haciendo las cosas con tamaña excelencia, especialmente en el tercio de varas, pero nada más lejos de la realidad. En Madrid, por lo que sea, no interesa hacer las cosas bien en varas. Al menos los aficionados supieron compensarlo y, en una jornada histórica, en mitad de una faena, picador y cuadrilla fueron invitados a dar la vuelta al ruedo en medio del clamor popular. Fueron años estupendos para la familia Cuadri y una legión de aficionados los acompañó por todas las plazas, los cuadriadictos.

Entrada la década de los años 10, paulatinamente, fuimos sintiendo la degradación del público de la plaza. Las reacciones desproporcionadas por cosas tales como que una montera cayera del derecho tras un brindis, que antaño se vivía con naturalidad; el abaratamiento de los trofeos; las calvas en los tendidos en los festejos de San Isidro que, poco a poco, se iban haciendo habituales, con lo que el público resultaba tornadizo y ampliamente mayoritario con respecto a los más habituales y recalcitrantes. La empresa Taurodelta, aburrida, ayuna de imaginación, de espaldas siempre al aficionado, con unos carteles infames fuera del abono de feria, no ayudaba a contrarrestar ese vacío producido por la crisis. Las figuras tampoco, algún gestito muy puntual, como cuando Talavante se encerró con Victorinos −muy justos de trapío−, pero toreros del corte de Perera o del Juli, con muletas muy poderosas, desaprovecharon la oportunidad de demostrarlo en el cogollo de su carrera frente a toros de poder y se prodigaron, casi exclusivamente, con el ganado facilón que los taurinos llaman “de garantías” y los aficionados “de carril”. Morante de la Puebla, redescubierto ahora por los públicos veinte o veinticinco años después, coleccionaba broncas y abucheos en prácticamente todas sus comparecencias en Las Ventas. Los bailes de corrales fueron importantes, frecuentes y muy sonados en este periodo, recuerdo incluso alguna pitada al iniciarse el paseíllo motivada por la escasez del ganado que se había visto por la mañana en el apartado mientras asomaba la pancarta clásica de aquella época: “hoy toros light”.

La empresa Taurodelta no dejó impronta

Empezada la temporada de 2014, nuestra Asociación y la delantera de grada del siete padecían la ausencia de Joaquín Monfil, aficionado con unos conocimientos profundos de la historia de la tauromaquia, de donde brotaba su particular visión del espectáculo taurino. Rodeado en la grada por mujeres de la categoría de Yolanda o de Rosa, aficionadas que sienten la plaza de Madrid como algo propio, donde la defensa de su crédito y posición se antepone a cualquier circunstancia, debilidad o partidismo. Ese tipo de aficionados que, ante un trofeo inmerecido, no digamos una puerta grande, una vuelta a un toro cuestionable… salen de la plaza dolidos, como si les hubieran clavado a ellos el arponcillo de las banderillas, con un berrinche que durará al menos hasta el siguiente festejo. Los hay por todos los tendidos pero son pocos en comparación al enorme aforo que tiene Las Ventas, sin embargo, es ahí donde reside el auténtico espíritu de la plaza.

Entretanto vivíamos la eclosión de las redes sociales y, con ello, un gran cambio en nuestros modos de vida y de relacionarnos. Propiciaban la inmediatez, la perdida de la reflexión profunda y la atención sostenida, tendencia a lo superfluo, a fingir un mundo ideal. Es notoria también la pérdida del respeto, del principio de autoridad, el colegueo y la banalización de las opiniones que gozan de un estatus y jerarquía. Todo esto iba a tener mucha influencia en el modo y las formas con las que los aficionados venideros se iban a acercar a la plaza, como vamos a ir viendo. Traían también otras cosas muy positivas como el intercambio de conocimientos y opiniones muy válidas y la conexión entre afines. Han sido infinidad los aficionados que han trabado amistad a partir de una relación virtual previa, servidor puede dar fe de ello. Ejemplo de ello podría ser el Ateneo Orson Welles, un grupo de aficionados irreverentes, alejados de los clichés prototípicos, agrupados en torno a una percepción global y vanguardista. Con iniciativas muy loables y una actividad cultural potente como la revista El Monosabio de la que publicaron varias ediciones; lástima que no pudieron mantenerse en el tiempo.

El periodo Taurodelta, que sirvió para enterrar la idea de cubrir la plaza gracias al fracaso de poner una techumbre y que esta se viniera abajo, nos trajo algunos cambios reseñables. Le quitaron el atuendo de torear al chulo de banderillas y al torilero, algo que era costumbre secular en Madrid, y apadrinaron el cambio de distribución de los caballos de picar, llevándoselos a la puerta grande en vez de hacer el clásico recorrido por la plaza desde el patio de caballos. Años anodinos por una empresa anodina que maltrató la calidad de la programación, especialmente fuera de abono. Además, unas figuras que iban a lo fácil y que ignoraban cualquier ganadería que no se plegara a ellos, lo que suponía el ahogamiento de muchos hierros y encastes y, en muchos casos, su desaparición. En contrapartida, surgió el llamado “ciclo de encastes minoritarios”, una forma de aislar oficialmente y de institucionalizar a todas esas ganaderías que se salían de la norma y que, de una forma o de otra, se ha ido manteniendo en el tiempo durante el mes de septiembre.

Podría decirse que Fandiño fue el torero que nos sacó de aquellos años de apatía en los carteles, además se fue haciendo en los festejos de temporada con la plaza semivacía. Estos son los espadas que gozan del mimo y el cariño de la afición, los que se fraguan en la propia plaza en todo tipo de tesituras y no los que vienen entre algodones con vitola de figura sin haberlo contrastado en Madrid. Lo vimos crecer, triunfar, fracasar, su pundonor y su vergüenza torera siempre fue intachable. Se anunció con todo tipo de ganado y lo vimos torear en vaqueros, tirarse a matar con inmensa verdad, a veces sin estoque, encerrarse con seis ganaderías del gusto de la afición a plaza llena... En fin, los que estuvimos ahí y lo vimos progresar, los que lo admiramos y lo sentimos, siempre llevaremos esa espina por su trágica pérdida.

Fandiño

De Plaza1 a la degradación de la plaza

En este epígrafe vamos a tratar de exponer los sucesos y actuaciones que han ido concatenándose desde que entró Simón Casas con Garrido hasta llegar al punto de degradación en el que nos encontramos, ya les adelanto que esta etapa es la más interesante desde el punto de vista sociológico.

Como sabemos, la plaza de toros no es un lugar estanco ni ajeno a la vida social y política española sino reflejo de ello. En este sentido, debemos recordar la eclosión del partido político Podemos a mediados de los años 10, dejando claro desde el principio una hostilidad inusitada no solo contra la fiesta de los toros, también contra los aficionados que acudían a las plazas. Sirviéndose de las redes sociales, no era extraño ver a representantes públicos de este partido, o candidatos a ello, tachando a los aficionados de psicópatas, homicidas, etcétera, o desear que las plazas de toros ardieran o una bomba causara su destrucción. Aquellos ataques tan frontales, descarnados y violentos se materializaron en diferentes medidas prohibicionistas que este partido aplicó conforme fue adquiriendo una cuota importante de poder en las diferentes administraciones locales y autonómicas. Las noticias negativas, de censura a la tauromaquia, se sucedían día sí día no, esto caló en muchas personas que no compartían estos ataques furibundos contra la fiesta y soliviantó a los que simpatizaban con ella. En contrapartida y para luchar contra estos ataques incesantes a la tauromaquia desde las instituciones nació la Fundación Toro de Lidia con un gabinete jurídico dispuesto a plantar cara, consiguiendo algunos logros importantes.

Paralelamente, en 2017 tuvo lugar el golpe de Estado o procés de Cataluña, en donde, queramos o no, se produjo un ataque contra la soberanía del pueblo español así como posterior humillación, puesto que los partidos políticos que ampararon este proceso de rebelión o sedición pasaron a formar parte de la coalición para formar gobierno, algunos de ellos fueron condenados por la justicia, si bien se procedió a liberarlos de prisión indultándolos, los delitos por los que fueron condenados se eliminaron del Código Penal y, con el tiempo, se impulsó una ley de amnistía ad hoc como si hubieran sido condenados por una dictadura, interfiriendo y eliminando la independencia de los jueces que se limitaron a aplicar la ley que, se supone, emana de la voluntad popular.

Perdonen la digresión, no queda otra que poner estos acontecimientos políticos sobre el tapete para entender la evolución y etología de la plaza de toros de Madrid que, junto con los ataques contra la tauromaquia desde las instituciones antes comentados, por partidos abiertamente hispanófobos, provocaron un efecto rebote y mucha gente empezó a acudir a las plazas de toros no solo como afición sino como defensa y reivindicación de españolidad. Esta fue la época en la que los “viva España” comenzaron a multiplicarse exponencialmente. Antaño, el “viva España” solo se vitoreaba en Las Ventas los días que venía el rey en Beneficencia y sonaba el himno, tras estos sucesos pasó a repetirse varias veces durante la lidia de cada toro, de manera tal que parte de la afición aborreció tanta insistencia.

Sobre este tema es inevitable recordar una anécdota muy divertida sucedida en una corrida de Beneficencia del año 2018 o 2019, presidida por el rey, en la que no paraba de gritarse “¡viva España!” desde los tendidos, continuamente. De repente, en la zona del siete pegando al seis, una mujer vociferó: “¡viva la república!”. Imagínense el revuelo que se montó alrededor, gran cantidad de personas se volvió contra ella, algunos querían echarla de la plaza. A mí me recordó aquello del alma libre y anárquica del ciudadano español que contaba Unamuno, o lo de Pérez de Ayala del carácter nuestro: aunque toda la plaza ovacione siempre habrá uno que se levante y pite, no lo hace contra aquello que provocó la ovación sino contra todos aquellos que baten palmas.

La nueva empresa, conocedora de cómo funciona el ocio actual pues una parte de ella está especializada en el mundo de los viajes y el turismo, comenzó a vender la corrida de toros como una experiencia. Eso que se lleva tanto ahora, como sucede en cualquier otro espectáculo de la actualidad: el cine, el fútbol, la fórmula uno… el contenido no importa tanto como el decorado y la oferta alrededor del mismo, el atrezo. Las fiestas y las discotecas en la plaza proliferaron de tal manera que llegaron a fagocitar el espectáculo taurino, la música se abría paso incluso mientras se estaba lidiando el sexto de la tarde −luego piden respeto−. El botellón hacía su presencia sin ningún tipo de disimulo, creo que acabará provocando la típica solución salomónica tan nuestra: la prohibición del consumo alcohol en el coso. Es complicado porque hay importantes intereses económicos pero no descarto que, como siempre, acaben pagando justos por pecadores.

La oferta de Casas y Garrido para regentar la plaza ponía en valor la promoción de la juventud y el abono joven. Aquello funcionó −el discotequeo y el botellón son buenos alicientes− y se fueron agrupando y focalizando en la grada del seis. La juventud ya se sabe, es rebelde y opositora por naturaleza y allí había algunos grupos de chavales que bien, son jóvenes, pero no son tontos y muchos de ellos se movían por la afición a los toros más que por el gin-tonic. Entre otros, había aficionados de categoría como la gente de AJTE (Asociación Juvenil Taurina Española) o grupos como el de Borja, de Casta y Bravura, que conocen la plaza perfectamente. Así que, desde la energía de la juventud y la pasión por los toros, la grada del seis se convirtió en un frente de rigor, exigencia y protestas. La plaza tenía un nuevo hervidero, las protestas llegaron a superar ampliamente a las del siete, que nunca ha dejado de ir a menos paulatinamente, así que la empresa tomó cartas en el asunto y se encargó de disolverlos y acabar con este nuevo foco poniendo todo tipo de trabas a la hora de renovar.

Esta etapa coincide con los años en los que la afición que exigía era demonizada sistemáticamente desde los portales digitales, ciertos plumillas de los periódicos y redes sociales, cualquier protesta era sacada de quicio. En las crónicas y tuits de muchos medios y periodistas a los que no voy a dar protagonismo ahora siempre había espacio para alentar el odio contra una parte de la afición. A mi modo de ver aquello estuvo claramente orquestado.

Es verdad que la nueva empresa cambió algunas cosas para bien. Ponía más interés en los carteles que Taurodelta −no era complicado− y abrió el abanico ganadero atendiendo las demandas de los aficionados. La Feria de Otoño de 2018 se confeccionó por sorteo y el bombo dictó la suerte, aunque no se volvió a repetir. Los desafíos ganaderos de septiembre y la corrida concurso, recuperada después de diez años de ausencia, han ofrecido momentos excelsos e inolvidables de toros y toreros.

A pesar de la bajada del IVA para las entradas de los toros, del 21 al 10 %, implementada por el Gobierno en 2017, los precios de las entradas comenzaron a subir inexplicablemente antes de la pandemia por encima de lo que marca el IPC −en esta revista, en su momento, publicamos artículos demostrándolo−, pero la puntilla la sufrimos con el nuevo pliego en 2022. Bajo la premisa de subir el número de abonados y de generar beneficios los días de figuras, la empresa se cameló al director gerente de Asuntos Taurinos en ese momento, Miguel Abellán, y la Comunidad de Madrid cedió a una liberalización de precios sin ningún tipo de pauta o límite dentro de un pliego que, paradójicamente, regula cualquier tipo de detalle. En algunos casos, las localidades más económicas de la plaza multiplican por tres respecto al precio de venta original, no solo en carteles de mucha demanda y expectación, lo que podría explicar este abuso, también en novilladas sin ningún aliciente o en las corridas de los festejos de temporada. Con esta medida, en mitad de una inflación galopante generalizada, se ha ido perdiendo un nicho importante de personas que acudían frecuentemente a los diferentes festejos de temporada, aficionados de Madrid y alrededores, que no tenían por qué ser abonados y han sido claramente perjudicados, mas estos no salen en ninguna estadística.

La pérdida de identidad tras la crisis y la caída del abono; el público de patriotismo rebelde que vino a contracorriente de los ataques sistemáticos contra la tauromaquia o contra la nación; los que se arrimaron porque se enteraron que había barra libre para la fiesta, el botellón y el after bullfight en la discoteca; el público más llano y humilde sustituido por los que sí pueden permitirse unos precios desbocados. Con todos estos ingredientes ya tenemos el cóctel. La empresa encantada, se ha permitido poner algunas guindas, como los últimos carteles para San Isidro dirigidos a una clientela específica y muy concreta, resultante de todos estos factores que hemos ido comentando.

Algunos han dado en llamarlo la cayetanización de la plaza. Lo que está claro es que el carácter diverso y plural, la variedad de estratos sociales, de grupos urbanos y rurales, se han perdido, y el público es mucho más homogéneo. El monoencaste también ha llegado al tendido y esto hace que en Madrid ya no encontremos esa diferenciación que la distinguía, el crisol y la alegría de otros tiempos, siendo ahora una plaza mucho más aburrida, como sucede en el ruedo con el monoencaste.

Pancartas contra la actitud lamentable de la plaza

Cuando hablamos de la pérdida de criterio y rigor de la plaza es recurrente escuchar aquello de “es que el siete ya no es lo que era”. Vale, esto es cierto, pero no es el siete el único que ha mermado su condición reivindicativa con el paso del tiempo. Los tendidos de sombra merecen una atención en toda esta cuestión que pocas veces se analiza, el cambio de actitud a partir de lo sucedido tras la crisis de 2008 fue muy acusado. La Cátedra que recordábamos iniciando este artículo lo era, en gran medida, gracias al tendido ocho y a los tendidos de sombra, allí abundaban grandes aficionados que vivían la corrida con pasión, a su manera, con más mesura y un talante distinto al del siete y los tendidos de sol. La sombra que conocí en mi juventud protestaba los inválidos igual que el resto de la plaza, abroncaba cuando tocaba −sin la hostilidad y la predisposición del siete, claro−, se revolvía contra el palco cuando los presidentes la liaban y era un referente cuando había una pañolada demandando trofeos, especialmente los tendidos ocho y nueve. Sabían lo que veían perfectamente, aportaban un punto de equilibrio magnífico y defendían el crédito de Las Ventas frente a la bullanga y las facilidades que ofrecían los tendidos de solanera a los toreros. No obstante, los toreros armaban sus faenas frente a estos tendidos si querían triunfar de verdad, sin embargo, en la actualidad prácticamente nadie torea frente a la sombra, la histeria de los tendidos de sol se ha impuesto a la parsimonia del resto. Ya no se protesta nada por muy escandaloso que sea el asunto y no queda asomo de la personalidad que había en aquellos tendidos, los miras y parece un trampantojo.

Y esta, señores, es la plaza que tenemos ahora. El público cambiante y de oleadas con la caída del abono, los beodos que entran pasados de vueltas, desinhibidos y cargados de odio contra todo aquel que ose discrepar, los del vivaspaña, los silencios impostados, el palco y los asesores a la deriva, el pastoreo que se ha empleado desde los despachos, por ejemplo, cuadrando los “carteles de figuras” en días de la semana muy concretos… Recordemos que la categoría no la otorga el título de plaza monumental, ni siquiera el de bien de interés cultural, esto se gana por la seriedad y el trapío del toro que salta a la arena y la calidad y criterio del público que pondera y valora lo que sucede. Es necesario que los tendidos se pronuncien, para bien o para mal, sin la actividad y el juicio del público la corrida de toros carece de sentido, por eso no se ha de estar como en misa.

¿Cómo recuperar aquella plaza que añoramos, cómo hacer que regrese la Cátedra? Si alguien tiene la fórmula que venga y nos la cuente. Lo que sí podemos afirmar, es que los procedimientos, los modos de ser y estar de una sociedad están en permanente cambio y transformación, los ciclos pueden ser circulares, y la plaza de toros de Madrid no está al margen de ellos. Así que no desesperen.

La izquierda no es una ideología, es una sensiblería / por José Javier Esparza


¡Cómo es posible! Con la que está cayendo; con todos los expolios, latrocinios y traiciones que los socialistas han cometido; con “la canción del verano” (“Pedro Sánchez, hjo de…”) que canta toda España, y todavía hay, según los sondeos, 6,5 millones de españoles que están dispuestos a votarles.

¿Por qué? Esparza nos lo explica.

«Esa es la escuela que hemos aprendido en las Casas del Pueblo, entre los compañeros, los militantes, y las compañeras: que ser socialista es, normalmente, tener muy poco y estar dispuesto a dar mucho». 

Esta frase de José Luis Rodríguez Zapatero, pronunciada ante un auditorio embargado por la emoción, es mucho más que el ejercicio de hipocresía de un hombre que, en ese mismo momento, estaba amasando una considerable fortuna. Ahí, en esas palabras, se encierra la nuez del misterio socialista, ese arcano que hace que alguien renuncie a la más elemental racionalidad y decida entregarse sin objeciones.

La cálida escuela que te acoge, la Casa del Pueblo, la atmósfera de solidaridad de los compañeros, la austera ejemplaridad del pobre que aún quiere dar más, la abnegación del militante… Todos los objetos del dibujo quedan ahí reflejados. Se respira ese heroísmo de clase (obrera) que desde el siglo XIX es el ideal ético socialista, el modelo en torno al cual ha construido la convicción de su superioridad moral. Hubo un tiempo en el que esta narrativa del heroísmo popular era el envoltorio emocional de la ideología, el lenitivo que permitía afrontar los reveses de la política real. Al fin y al cabo, seguía habiendo ahí un proyecto político: la sociedad sin clases, la propiedad popular de los medios de producción, todo eso. Pero «todo eso» quedó hace mucho tiempo atrás. Ahora sólo hay… ¿qué hay?

El ‘One’

Nada. Sólo queda la emoción, la retórica, la narrativa. Un cuento para contarse todos los días, una y mil veces, aunque en el fondo todos sepan que están fingiendo, pero el truco seguirá funcionando mientras finjan creer. Burgueses madrileños cantando el «Pozo María Luisa» en la puerta de la finada Maricarmen. «En el Pozo María Luisa murieron cinco mineros», dice la canción (en realidad fueron 17, pero eso es lo de menos). Aquellos mineros murieron víctimas de la cruel explotación del patrón. Así Maricarmen ha muerto víctima de la cruel explotación de… ¿de quién? De la derecha. Pero esa señora vivía en una casa que le dio Franco y se tenía que marchar por una ley socialista. Da igual: la culpa es de los «fondos buitre». Pero resulta que la portavoz de tu partido vive con un señor que es «fondo buitre». Vaya, qué contrariedad. Bueno, ¿qué más da? Tampoco los de Maricarmen han trabajado nunca en la mina. De hecho, la última vez que hubo un accidente mortal en una mina se descubrió una oscura trama de irregularidades amparada por el socialismo local y el sindicato minero. Y así la narrativa se va separando más y más de la realidad, convirtiéndose en un relato autónomo, cuya fuerza reside precisamente en que la realidad objetiva, material, no le afecta, porque ya no es ideología, sólo es relato.

Esta es la lección que hemos aprendido no entre los compañeros en la Casa del Pueblo, como decía Zapatero, sino entre los progresistas en la Casa Mediática: que cuanto más exagerado e inverosímil sea relato, más capacidad tendrá para movilizar a unas bases que sólo desean conmoverse, igual que el público de los «culebrones» no busca una buena historia, sino ante todo una historia que les haga llorar. El monopolio de la lágrima se ha convertido en la llave maestra del discurso público de la izquierda: mientras el Partido consiga hacer llorar a los suyos con una buena historia, mantendrá su fidelidad. Por eso estrenan una película sobre García Lorca y el comentario general no atiende a si la película es buena o mala, sino a cuánto ha hecho llorar a la gente (a su gente, a gente que había ido allí… para llorar). La izquierda busca la lágrima como esas personas encanalladas que, al llorar, quieren creer que aún les queda un poco de alma.

Lloremos. Emocionémonos. Da igual la realidad. «Somos el partido del amor», dice el partido de las prostitutas mantenidas con dinero público. ¿Dudáis que soy el partido del amor? Pues ahora voy y le digo a mi señora en un mitin que la quiero. Y la beso. Y que me aplaudan. Todo con tal de mantener vivo el relato. ¿Por qué creéis que Sánchez ha reclutado a sus once mil asesores entre guionistas de productoras? Para eso: para que escriban el relato, para que susciten emoción. La emoción es el combustible de ese complejo de superioridad moral que te permite delinquir sin sentirte culpable, el arma secreta del socialismo. La emoción de las masas. La izquierda no es una ideología; la izquierda es un género narrativo.

«Sólo queda la emoción, la retórica, la narrativa. Un cuento para contarse todos los días, una y mil veces, aunque en el fondo todos sepan que están fingiendo.» Lo confirman estas entrevistas de Vito Quiles a militantes socialistas.


viernes, 23 de octubre de 2026

Ecuador.- La segunda Feria de Machachi ya tiene sus carteles oficiales

 

Talavante, Castella, Ortega, El Fandi y Julio Norte, con la participación de las ganaderías Huagrahuasi y Triana grandes atractivos en Machachi.

Un ciclo que se desarrollará en los días 4 y 5 de diciembre con los grandes nombres de la temporada española.

Para celebrar las Fiestas de Quito la empresa Triana ha organizado una cartelera muy especial para su segunda edición. Los días 4,5 y 6 de diciembre la cita es en la plaza de toros Andalucía de Machachi en Quito-Ecuador.

El 4 de diciembre a las 12h30, 5 toros de Huagrahuasi y Triana para el mano a mano entre Sebastián Castella y David Fandila "El Fandi" y un toro para el rejoneador ecuatoriano Álvaro Mejía.

El sábado 5 de diciembre a las 12h30, 6 Toros de Huagrahuasi y Triana para Alejandro Talavante, Juan Ortega y Julio Norte.

El domingo 6 de diciembre a las 14h00 se desarrollará el Tradicional Festival Taurino Virgen Esperanza de Triana, con cartel por definir.


Plaza de Toros de Machachi. Empresario José Luis Cobo Terán
Inauguración: 4 de Diciembre de 2025
Ver Video: CLICK

Sostres recuerda «el fervor que suscitaba Franco en Cataluña»


Salvador Sostres era separatista y se señaló durante el prusés, al ver la mediocridad y el engaño de quienes nos llevaban a Catadisney. Un amigo de Platón, pero más amigo de la verdad, de lo cual ya no hay mucho en nuestra Cataluña desquiciada por las ideologías.


Sostres recuerda «el fervor que suscitaba Franco en Cataluña»

Prepárese para leer las verdades que le esconde el Poder.

Así recordó en ABC lo que fue el franquismo:

«Cuando la izquierda llama a Vox heredera del franquismo y Abascal no para de subir en las encuestas es porque no se da cuenta de que su mentira fundamental ya no tiene más recorrido. Franco gobernó durante cuarenta años y nadie gobierna cuarenta años en España sin tener un apoyo mayoritario. Y si me permiten el apunte cantonal, nadie gobierna España cuarenta años sin un apoyo mayoritario también en Cataluña. Las elecciones de 2023 que Pedro Sánchez ganó en Cataluña –o que Feijóo tiró a la basura– se las llevó siempre de calle el Caudillo en mi tierra, donde tenía el entusiasmo de las élites y la clase media, que vieron cómo los rojos los saqueaban y los mataban. Era tal el fervor que suscitaba Franco en Cataluña que por eso pensó que era perder el tiempo ponerse a contar papeletas».

Pues eso exactamente es lo que oímos en los abuelos, lo que leemos en los periódicos de la época, y lo que estudiamos en los libros de historia sin ideologías.


Y Sostres todavía se atreve a decir más verdades, para rabia de los cursis siervopensadores:

«El franquismo, o por lo menos una parte de lo que fue el franquismo, tuvo elementos muy interesantes para España. Sofocar la brutalidad criminal y analfabeta de la República fue uno de ellos. Crear una clase media con un Estado social protector fue otro. Y cuando hoy decimos, con razón, que la mayoría de políticos son de muy poco nivel, nos tenemos que remitir a los ministros de Franco para dar con perfiles preparados, competentes, honestos y a la altura de su cargo. El nivel intelectual y técnico de Mariano Navarro Rubio, Alberto Ullastres, Laureano López-Rodó, Adolfo Suárez, Manuel Fraga, Camilo Alonso Vega o el almirante Luis Carrero Blanco muy pocas veces se ha dado en democracia».

No solo la época de Franco fue un éxito en esos terrenos. Es que quienes vinculan la Transición con la república desean lo peor para España:

«lo criminal en España no es ser heredero del franquismo sino de la República. Herederos del franquismo somos todos, porque es lo que hubo durante cuatro décadas y de ahí hemos salido. Herederos de la República sólo lo son los que por ignorancia, por resentimiento social o por instinto asesino reclaman serlo. Ésta es la gran enfermedad de España, y aunque se ha explicado siempre al revés, hicimos la Transición para perdonarlos y darles la muy generosa oportunidad de volver a gobernar.

Ni la Transición amnistió al franquismo –porque la Transición la hizo el franquismo, aunque incluyera a todos–, (…) El crimen, el atraso, el abismo en España han venido siempre de la extrema izquierda. Tenemos pendiente una biografía, un documental, una serie objetiva y desapasionada sobre Franco (…)».

La verdad. Sólo necesitamos la verdad para vivir libres. Y Techos las dice a puñados.


1970 Visita de Franco a Barcelona - Catedral de Barcelona - Pedralbes - Cataluña

«El Quite de Calasparra» otorga sus XX Premios Nacionales «Villa Arrocera» de la Temporada 2026.


La gala entrega de los Premios Nacionales «Villa Arrocera» se celebrará el proximo 14 de noviembre en el Santuario Virgen de la Esperanza, dentro de la que tambien se entregarán los Premios de la XXXV Feria Taurina del Arroz.

CALASPARRA. Martes, 21 de octubre de 2026 – Prensa-A.T.E.Q.C. – La Asociación Taurina “El Quite de Calasparra” da a conocer los ganadores de los prestigiosos XX PREMIOS NACIONALES “VILLA ARROCERA”, para premiar lo mejor de la temporada taurina Española 2026, son los siguientes:

-Mejor ganadería: D. Adolfo Martin

-Mejor toro de la temporada: “Chaparrito” nº 8 de la ganadería de D. Adolfo Martin, lidiado en quinto lugar por Antonio Ferrera en la Plaza de Toros de Las Ventas de Madrid el 11 de octubre, con petición de vuelta al ruedo en el arrastre.

-Premio especial por su trayectoria profesional: Morenito de Aranda.

–Premio especial de la temporada: Cristian Perez.

-Torero revelación de la temporada: Samuel Navalon.

-Mejor novillero: Mario Vilau.

-Mejor trayectoria profesional: Javier Castaño.

-Mejor labor informativa: Belen Plaza, periodista taurina y directora de “Tendido Cero” de Televisión Española.

La entrega de premios tendrá lugar el próximo sábado 14 de noviembre durante una comida-gala que se celebrará en el Restaurante del Santuario Nuestra Señora de la Esperanza de Calasparra, a partir de las 14:00 horas.

Ese día también se entregarán los premios que la Asociación Taurina “El Quite de Calasparra” concede a la Feria Taurina del Arroz de Calasparra, y que ya publicamos hace unas fechas, a continuación recordamos:

Premios de la XXXV FERIA TAURINA DEL ARROZ DE CALASPARRA

-Mejor novillo: “Cortijero” nº 4 de la prestigiosa ganadería de Rehuelga, lidiado en segundo lugar por El Mene la tarde del 7 de septiembre.

-Mejor ganadería: Raso de Portillo y Rehuelga.

-Mejor faena de la feria: El Mene, por la realizada el 7 de septiembre al segundo novillo de Rehuelga.

-Mejor aficionado joven: Fernando Lopez Garcia, de Calasparra.

-Premio especial: Al tiro de mulillas de Agustin Solano, por su destreza en realizar el trabajo y mantener las tradiciones de la tauromaquia.

-Mejor Puyazo de la Feria: Desierto.

La gala entrega de premios estará presentada por Doña Eliana Abellan, (aficionada y Doctora en Ciencias Veterinarias por la Universidad de Murcia).

Las reservas para asistir a la comida-gala se pueden hacer ya en los teléfonos: 699 997 212 (Juan Carlos) ó 679 927 909 (Quino), por llamada telefónica o WhatsApp. El precio del cubierto es de 45 Euros para adultos, y de 20 Euros los niños.

jueves, 22 de octubre de 2026

El beso de Judas / por Itxu Díaz


'..Hasta ahora conocíamos estos rituales del amor animal cimeros en cursilería. Pensábamos que ningún ser vivo podía llegar más lejos, ni por extravagante, ni por empalagoso. Nos equivocamos. Sánchez y esposa han ido mucho más allá, batiendo todas las marcas, si bien lo han hecho con un guion no apto para diabéticos, torpemente interpretado por los protagonistas..'

El beso de Judas
Itxu Díaz
El somormujo y la somormuja, cuando les viene el calentón, hacen la danza del espejo. Se colocan frente a frente y comienzan a moverse de manera coordinada, chocando sus picos y entregándose como presente romántico algunas plantas de agua bastante grimosas. El palomo, cuando una paloma le hace tilín, infla el pecho y da vueltas alrededor de ella bajando la cola como si estuviera barriendo el suelo. El pavo real abre su imponente abanico y lo hace vibrar para impresionar a la hembra, que es fácilmente impresionable. Mientras que los cisnes, poco antes del apareamiento, nadan de forma sincronizada y forman un corazón entre los dos pescuezos, mientras la rana que los contempla vomita sobre un nenúfar. 


Hasta ahora conocíamos estos rituales del amor animal cimeros en cursilería. Pensábamos que ningún ser vivo podía llegar más lejos, ni por extravagante, ni por empalagoso. Nos equivocamos. Sánchez y esposa han ido mucho más allá, batiendo todas las marcas, si bien lo han hecho con un guion no apto para diabéticos, torpemente interpretado por los protagonistas. Ante tres mil afiliados, en Fuenlabrada, proclamaron «la fuerza del amor» con un morreo paupérrimo, en el que, mientras Begoña parecía haber estado ensayando su papel con cierta dedicación a la causa —a la causa judicial—, el presidente se mostraba tristemente resignado, con el aspecto de alguien que abre la nevera y se encuentra con las tripas de un pequeño roedor. No está muy claro si le incomodaba más besar a su mujer o tener que hacer el numerito para intentar cazar el voto de los aficionados a la novela romántica.

Pero el beso era lo más importante del acto, léase sin imaginación literaria. Porque la imagen sería utilizada en las redes sociales y todavía hoy encabeza la web del PSOE. Tras el beso, mientras María Jesús Montero sufría un colapso erótico, los encargados de la campaña socialista ponían en marcha toda la maquinaria azucarada para la idiotización definitiva de su propia parroquia, coordinando mensajes de tan elevada cursilería que podrían hacer vomitar a una cabra, pero a una cabra hasta arriba de Primperan.

«Mientras haya una sola injusticia en algún lugar del mundo. Mientras haya un solo ser humano que sienta el peso del agravio, el proyecto socialista permanecerá lleno de vigencia», escribe sobre un charco de almíbar el editorialista de El Socialista, panfleto-argumentario socialista habitual para militantes de consideración intelectual reservada. No está mal, pero he echado en falta «mientras un perrito duerma a la intemperie bajo la lluvia», «mientras lágrima alguna resbale melancólicamente por mejilla inocente», y «mientras las ondas de la luz al beso palpiten encendidas».

Si algo hay que reconocerle a Sánchez es precisamente su contribución a que el amor, es un decir, siga siendo un buen negocio en España. Ahí están José Luis Ábalos, Paco Salazar, el Tito Berni, o la familia de Begoña como muestra, sin olvidar al bardo de Ferraz, finísimo poeta romántico, Koldo. Y a Sánchez, por su parte, resulta una obviedad aclararlo, siempre le ha movido la fuerza del amor, del amor a sí mismo.

De modo que, mientras el presidente saliente recurre a la danza del amor para camelar a los suyos a la manera del somormujo, para hipnotizarlos como masas afiliadas con voluntad vencida por burundanga, inocula el odio a la oposición por sus canales internos, con la esperanza de sembrar el terror callejero desde hoy hasta el último día de la campaña, y tal vez más allá, como ya hicieron en aquel 13-M que jamás deberíamos olvidar. La sonrisita del amor y la puñalada del odio por espalda; socialismo, en fin.

A Zapatero también le hicieron pasar el trámite kirchneriano de la fuerza del amor. Pero Zapatero es un cursi profesional. Su discurso de oso amoroso era creíble en él, y más aún bajo el convencimiento de que tiene menos luces que un barco pirata, excepto a la hora de enjoyarse gratis. En Sánchez, sin embargo, la proclama del amor resulta grotesca por impostada, llegando incluso a parecer un ejercicio de ironía, una burla. Hasta el español más desinformado sabe que Sánchez ha construido su carrera política con todas las armas contrarias al amor, y trasladando con orgullo a propios y ajenos su imagen despiadada, déspota, lunática, y de tipo sin escrúpulos. Que a Sánchez le mueve el odio y que le gusta presumir de ello lo sabe hasta la besada en Fuenlabrada. Vaticino que ser forzado a interpretar el papel de candidato Cupido es una sonora humillación que les saldrá cara a sus jefes de campaña.

¿Y ahora qué? Toca esperar Artículo / por Manuel Viera

 

'..Se teme su ausencia. Y le sobran razones para la retirada. Tiene argumentos, a cual más contundente, que se mueven en los límites del adiós y amplían los motivos de una decisión no querida..'

¿Y ahora qué? Toca esperar

Manuel Viera en
Siempre quedó la espera. Es como si el descanso, tal vez obligado, no fuera una opción obvia a lo inevitable. Es también una criatura de carne y hueso, cansada y vaciada de todo el toreo mostrado, que ha estado sin titubear a disposición del organizador que le ha requerido y de la afortunada concurrencia que le venera.

Cuesta pararse a reflexionar tras acabar, pese a la aciaga última tarde de Zaragoza, la enorme temporada que ha echado. Quizá porque es difícil, si no imposible, encontrar un torero que logre siquiera acercarse a la genialidad, a la originalidad, a la inmensa tauromaquia de este creador de emociones.

Es el amo del toreo actual. Su valor, su pureza, su abnegación, su perseverancia, su honradez… son valores y cualidades sobrehumanas. Es extremadamente fiel y generoso. Un valiente que no sólo se enfrenta al riesgo de la complejidad de las embestidas del toro, sino a la amenaza constante de su enfermedad mental. Es el arquetipo simbólico de la Fiesta en la actualidad. Un artista capaz de vencer su trastorno disociativo refugiándose en el curioso paraíso de ruedos con piso de arena donde vacía su maestría. Toreando.

Nunca nadie salvó el toreo como lo hizo él en el instante que brotó la pandemia. Posiblemente porque son los héroes los que tienen la misión de salvar el mundo. Y él lo es. Es el torero completo y deseado. El verdadero ídolo de masas al que queremos hacerle inmortal.

Se teme su ausencia. Y le sobran razones para la retirada. Tiene argumentos, a cual más contundente, que se mueven en los límites del adiós y amplían los motivos de una decisión no querida. No sé si la sucesión de sueños posibles de Morante de la Puebla vencerá su lucha titánica contra el cansancio. Aparente agotamiento que ha derrotado en este año de cumbres sublimes con extraordinaria lucidez para hacer lo que ha hecho con entusiasmo y apetito vital. Habrán de convenir conmigo en que los razonamientos son puntos menos que impecables. ¿Y ahora qué? De todas formas, toca esperar.