la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

sábado, 11 de abril de 2026

Feria de Abril: dos semanas de toros y toreros / por Álvaro Rodríguez del Moral


'..Para qué vamos a negarlo: el diestro de La Puebla condiciona el paso de este abono que estrena la gerencia de José María Garzón al frente de la plaza de la Maestranza. El genio cigarrero ya ha agotado el papel de todas sus comparecencias y aún está anunciado en dos tardes más en el ciclo.

Feria de Abril: dos semanas de toros y toreros
Las dos corridas del fin de semana anteceden al ciclo continuado de festejos que arrancará el próximo martes.

Por Álvaro Rodríguez del Moral

El grueso de la temporada sevillana está a punto de arrancar. La doble sesión del fin de semana -las corridas de Alcurrucén y Fuente Ymbro, con sabor a oportunidad- oficiarán de prólogo del ciclo continuado de festejos que arrancará el martes, día 14 de abril, y se prolongará sin interrupción hasta el domingo de fuegos con la tradicional corrida de Miura, el 26 de abril. Son quince días de fiesta, dos semanas largas de toros y toreros marcadas por el efecto Morante que, más allá de cualquier componenda numérica, enseñó la altura de su compromiso en la esperada tarde del Domingo de Resurrección.

Para qué vamos a negarlo: el diestro de La Puebla condiciona el paso de este abono que estrena la gerencia de José María Garzón al frente de la plaza de la Maestranza. El genio cigarrero ya ha agotado el papel de todas sus comparecencias y aún está anunciado en dos tardes más en el ciclo. En la primera de ellas, el jueves de preferia, abre una afortunada combinación que completan Juan Ortega y un torero en trance de revelación: el madrileño Víctor Hernández. Los toros, que debutan, son del hierro de Álvaro Núñez. El tercer bolo del genio será el Lunes de Alumbrado, día 20 de abril, encabezando una terna de menor química junto a Borja Jiménez y Tomás Rufo. A Morante aún le queda, al menos, un cuarto paseíllo en el Corpus junto a Juan Ortega y Pablo Aguado en el que, seguramente, es el cartel más redondo del abono 2026.


Aguardan 13 corridas de toros, una novillada con picadores y un festejo de rejones

Pero en el serial que se abre este sábado -con descanso el lunes- hay de todo y para todos, incluyendo el trampolín que se le abre a toreros que merecen la apuesta como Aarón Palacio, Fabio Jiménez o el nombrado Víctor Hernández. Garzón también ha dado sitio a algunos sevillanos que están calentando fuerte en la banda como Lama de Góngora o Rafa Serna, también a Javier Zulueta, y ha apostado por revalorizar la actuación de Pepe Moral el pasado año. El palaciego repite con sus miuras pero amplía su agenda abriendo el cartel de este sábado con los toros de Alcurrucén, los primeros que desembarcaron en la Real Venta de Antequera abriendo una nueva etapa taurina en el histórico recinto regionalista de Bellavista.

Pero hay más: la empresa ha dado cualidad de toreros base a Roca, Ortega y Aguado, también a Daniel Luque, Borja Jiménez o Escribano -que argumentan el mano a mano de los victorinos- sin dejar de perpetuar la amplia cuota inevitable de algunos toreros amortizados que no hace falta ni nombrar. Hay otros veteranos que aguantan mejor el desgaste y siguen contando con el crédito de los aficionados como Miguel Ángel Perera o Diego Urdiales que el pasado año dejaron un buen sabor de boca. Tampoco hay que olvidar que Emilio de Justo -como la esperada corrida de La Quinta- vuelven a estar anunciados en Sevilla después de los desencuentros con Pagés.

Conviene destacar el segundo pase de David de Miranda, gran triunfador del pasado año y heroico en Resurrección, o la revalorización de otros toreros de excelente concepto en trance de relanzamiento como Fortes o David Galván. La novillada del martes -con Osornio, Tomás Bastos y Julio Norte- podría propiciar una grata sorpresa y abrir una puerta al futuro. El elenco ganadero no difiere del de los últimos años: se espera mucho de ciertas corridas como Victorino o Santi Domecq, El Parralejo, Álvaro Núñez, La Quinta… Esto está aquí.

Toros, identidad y recogida de cable / por Javier Torres


'..La bohemia y la torería que no falten, pero el agricultor de Almería que apechugue con Mercosur y los tomates de Marruecos..'

Toros, identidad y recogida de cable

JAVIER TORRES
Tras décadas anunciando el fin de la historia, la victoria absoluta del mundo del dinero, el repliegue de las identidades nacionales, las bondades de un único gobierno mundial, llamando libre mercado a la intromisión de las grandes corporaciones y fondos extranjeros en la vida cotidiana de los ciudadanos (encarecimiento de la vivienda, electricidad, agua, transportes, telecomunicaciones…), celebrando la aniquilación del parlamento nacional en detrimento de organismos supranacionales como la UE o la ONU y, en definitiva, promoviendo el reemplazo de la población autóctona y sus costumbres, ahora todo ese mundillo nos explica, como si nada, el resurgir de las tradiciones españolas.

Se ponen campanudos y nos hablan del retorno a casa. El yo que busca su identidad frente a la torre de Babel de la aldea global. De pronto, los Fukuyama Boys que en la última década y media han aplaudido el fin de las soberanías nacionales, la construcción de los Estados Unidos de Europa, el millón de sirios que Merkel metió en Alemania y la guerra en que Von der Leyen aspira a meternos, ha roto en suavidades identitarias. De los toros y la Semana Santa, por fin, se puede hablar sin caer en el populismo.

Claro que sabemos por qué lo hacen. El motivo es de lo más antiguo: parasitar causas que, por más que refuten su visión del mundo, desbordan los rígidos cauces de la política. Y no es plan quedarse fuera de juego, mejor desactivar el artefacto desde dentro. El resurgir de la tauromaquia y las procesiones de Semana Santa son un fenómeno popular incontestable, demasiado jugoso como para dejarlo en manos de vulgares ultras.

Acaban de descubrir el cirio y el estoque, síntomas de un boom identitario que durante años han menospreciado llamándolo populismo mientras la moderación era la disolución de lo autóctono. Han bendecido el Acuerdo de París, la Agenda 2030, el Pacto Verde, el Pacto Migratorio, el Tratado de Marrakech… es decir, todo lo que supone un ataque a la identidad nacional, la erosión de la industria nacional, el sector primario y la sustitución de la población. Han elevado a los altares y escrito auténticas hagiografías en vida de los referentes globalistas de quita y pon. De Rajoy, Macron, Rivera, Casado, Ayuso, Obama, Hillary Clinton, Biden, Kamala, Zelenski, Feijoo y hasta Moreno Bonilla, la penúltima esperanza para cuando caiga el gallego. Han aupado -como si fueran costaleros laicos- un mundo que ahora retrocede en todo Occidente.

Juglares y trovadores nos cuentan la tauromaquia y las procesiones de Semana Santa como si fueran el fenómeno Rosalía. Lo hacen, por supuesto, desligando esta expresión popular de movimientos políticos a los que ni siquiera tienen la honestidad de reconocer que también responden al sentir de los de abajo. Así, uno puede ser el pregonero de una feria taurina aunque lleve años mofándose de «la reconstrucción de la España cañí, la de los coros y danzas […] la España de las singularidades folclóricas, la de los clichés supremacistas, la de los faroles […] la de Manolo Escobar, la del tronío, la del NO-DO». Vamos, que la idiosincrasia española es digna de burla a menos que a uno le inviten al callejón a ver a Morante.

Esta cuadrilla de los moderados es el reflejo de todo un ecosistema de profesionales del bipartidismo con insaciable voracidad de quedárselo todo. En un mismo día es posible ver a cualquiera de ellos pisar moqueta, tertulia y albero. Por la mañana adoptan la pose más literaria para cantar las bondades de la Fiesta Nacional y por la tarde piden el voto para el candidato que arranca olivos y promueve Mercosur. No me digan que esto no es de puerta grande.

Cuando se acercan las elecciones el campo vuelve a interesar en los despachos. El molesto mundo rural, esos pobres paletos ninguneados por los burócratas y traicionados por las asociaciones agrarias compradas por el poder, son el último bastión de resistencia. La gente corriente que no sale en las noticias. El español de infantería que aguanta carros y carretas, desde la competencia desleal hasta la gorra de Uclés. Para quienes mandan y toda su cohorte de plumillas el campo no es más que la oportunidad de arrimarse al torero de moda y hacer negocio para el lobby de las renovables.

De todas las defensas que se hacen de la tauromaquia siempre me ha escamado la de quienes apelan a las tradiciones cuando están en un ambiente de incienso y capote de paseo y después justifican el mundo sin fronteras si les ponen un micrófono delante. La bohemia y la torería que no falten, pero el agricultor de Almería que apechugue con Mercosur y los tomates de Marruecos.

¿Dónde va la gente? / por Paco Delgado

'..El coliseo valenciano acoge cerca de 12.000 espectadores y algo menos entran en la plaza castellonense. Si se tiene en cuenta que Valencia tiene casi un millón de habitantes y otros tantos llegan en esas fechas para disfrutar de las fallas, la media de asistencia a los toros, pese a esos 90.000 espectadores habidos en una docena de festejos -algo más de un 60%-, se antoja algo corta. Y peor está la cosa 70 kilómetros al norte..'

¿Dónde va la gente?

Por Paco Delgado
Pese al indudable tirón que tiene la fiesta taurina, la fiesta nacional por antonomasia desde mediados del siglo XIX, y teniendo en cuenta las cifras que arrojan plazas como Madrid, Sevilla o Pamplona, incluso Albacete, no en todas partes cuecen habas y el nivel de asistencia a ferias y festejos sueltos es menor de lo que sería deseable y hasta lógico. Pero así está la cosa.

Se acaba de ver y comprobar en los dos primeros seriales de importancia de la temporada, los de Fallas en Valencia y La Magdalena de Castellón. Dos ciclos que han tenido una estructura y filosofía distintas; en Castellón se ocupó toda la semana del 8 al 15 de marzo, sin interrupción, y se montó el abono en torno a las consideradas figuras o diestros que habitan en la cabecera del escalafón.

En Valencia se dejó un amplio vacío entre la apertura de la feria, también el día 8, y la segunda función, para la que hubo esperar hasta el día 13, y aquí se dio mas cancha y sitio a los nuevos valores y diestros que en 2025 demostraron su valía y triunfaron.

En lo que sí hubo diferencias fue en la asistencia de público, habiendo acudido más gente al coso de Monleón que a la plaza del Parque de Ribalta, donde la mejor entrada se registró el día 13 para presenciar la actuación de Roca Rey y se ocuparon mas de tres cuartos del aforo del recinto. El resto de días el panorama varió sustancialmente y es para preocupar. Hubo alrededor de media entrada, arriba o abajo, en la corrida del día 8 que abrió feria, con toros de La Quinta, principal atractivo, y tres diestros que buscan paso: Ginés Marín, Aarón Palacio y Javier Zulueta; la del día 9, con Diego Ventura como gran protagonista, la del sábado 14, con diestros puestos en todas partes: Castella, Luque y Tomás Rufo, que entró sustituyendo a Emilio de Justo, lesionado por entonces, y la del domingo 15 que cerró el programa, un mano a mano entre Talavante y Juan Ortega que resultó decepcionante no sólo por la asistencia  computada. Documentales Toro Lidia.

En Valencia, aunque sin tirar cohetes -ya los hubo a mansalva en cada calle, en cada falla y a cada instante- la cosa fue bastante mejor en cuanto a respuesta de público, aunque, de todas formas, sólo un día hubo lleno hasta las banderas, el sábado 14, de nuevo con el tirón y gancho de Roca Rey en el cartel. El domingo 15, con Castella, Manzanares y Pablo Aguado, hubo tres cuartos y casi lo mismo el día 13, con tres toreros que pelean por subir, Román, Fortes y David de Miranda, y toros de La Quinta, y en el mano a mano del 18 con Borja Jiménez y Tomás Rufo; dos tercios de aforo se cubrieron para el festejo matinal de rejones del día 15, hubo media entrada en el resto de corridas y apenas un cuarto en las novilladas, sin que se entienda muy bien porqué se puso la segunda en una de las mejores fechas de las fiestas falleras, el 16, con ya todo el ambiente festivo a tope. 

El coliseo valenciano acoge cerca de 12.000 espectadores y algo menos entran en la plaza castellonense. Si se tiene en cuenta que Valencia tiene casi un millón de habitantes y otros tantos llegan en esas fechas para disfrutar de las fallas, la media de asistencia a los toros, pese a esos 90.000 espectadores habidos en una docena de festejos -algo más de un 60%-, se antoja algo corta. Y peor está la cosa 70 kilómetros al norte.

Hay que concluir, por tanto, y a la vista del nivel de ocupación en ambas ferias, que es preciso tomar medidas para atraer más gente a los toros, si convenimos que es un espectáculo que interesa ¿Dónde va la gente y cuál es la razón de su poco interés por ir a los toros? No parece que sea cuestión de dinero, habida cuenta de que hay muchos otros espectáculos bastante más caros, y tampoco de programación, pues este año no se ha dejado fuera a ninguno de los tenidos como importantes...

¿Qué es lo que hay que hacer? doctores tiene la iglesia, pero parece que andan de vacaciones ya que, año tras año, los resultados son muy similares y no se ve que los tendidos se llenen si no muy de uvas a peras. Y es una lástima.

viernes, 10 de abril de 2026

Premio Nacional de Tauromaquia al maduro clasicismo de Curro Vázquez / por Andrés Amorós

 Curro Vázquez el pasado febreroGTRES

'..Suele repetir Curro Vázquez«Lo importante, para mí, es sentirme torero». Así volvió a sentirse, con más de setenta años, el pasado 12 de octubre, en Las Ventas. Fue el colofón perfecto para una brillante carrera..'

Premio Nacional de Tauromaquia al maduro
 clasicismo de Curro Vázquez

Viéndolo torear, recordaba yo una sentencia de Shakespeare: «La madurez lo es todo»

Andrés Amorós
El ignorante sectarismo del ministro Urtasun, que suprimió el Premio Nacional de Tauromaquia, encontró la respuesta coral y adecuada cuando recuperaron ese Premio el Senado, la Fundación Toro de Lidia y una serie de Comunidades Autónomas: Madrid, Andalucía, Extremadura, Cantabria, Murcia, Valencia, Aragón, Castilla y León, Castilla - La Mancha y Melilla.

El año pasado, el Jurado apostó por lo «moderno» y por la difusión internacional, al premiar el documental de Albert Serra Tardes de soledad. Fue una decisión que suscitó división de opiniones. Según creo, ni siquiera satisfizo a su protagonista, el diestro Andrés Roca Rey. Opino yo que da una visión vistosa, pero muy limitada de lo que es el arte del toreo. Las declaraciones posteriores de su director han confirmado que la Tauromaquia, a él, le importaba muy poco. A veces, hablando de su película, ni siquiera la menciona. Lo que le interesa de verdad a este director catalán es autoproclamarse el mejor montador cinematográfico del mundo (sic).

Este año, en cambio, la decisión del Jurado del Premio Nacional de Tauromaquia, reunido en Santander, va a suscitar – creo – el aplauso más unánime, al distinguir a Curro Vázquez.

Es una decisión totalmente justa y oportuna porque el maestro ha añadido a una trayectoria artística magnífica una circunstancia concreta, referida al año 2025

con 74 años, dio una lección de clasicismo en Las Ventas, el pasado 12 de octubre, en el festival organizado por Morante de la Puebla.

Esa fecha taurina ha pasado ya a la historia por el triunfo y la inesperada retirada (felizmente, por poco tiempo) de Morante de la Puebla. Además de eso, todos los que tuvimos la fortuna de estar en Las Ventas esa mañana tampoco podremos olvidar lo que hizo Curro Vázquez.

Curro Vázquez, en Las VentasEFE

Todos los que le conocemos y estimamos teníamos la duda de si, a su edad, las facultades le acompañarían. Él mismo sentía ese temor: así me lo dijo, durante el acto de inauguración del monumento a Antoñete, en la explanada de Las Ventas…

Muy pronto, las dudas se disiparon: Curro conservaba íntegras las cualidades de un torero de gusto exquisito. Esa mañana, manejó con soltura y facilidad el capote; cuando vio que el animal respondía, sin más probaturas, soltó la mano izquierda para trazar una serie de naturales monumentales .

Fue un momento de verdad mágico: los que, por razón de edad, no le habían visto torear se quedaron patidifusos. No cabe torear con más sencillez, con más naturalidad y con mejor gusto. Era una imborrable lección de clasicismo: «lo que no se pueda hacer mejor»…

Ha acertado el Jurado de este Premio Nacional al subrayar lo que supuso, para muchos jóvenes espectadores, contemplar un tipo de toreo que hoy raras veces se ve, por desgracia, y que nunca puede pasar de moda.

Por la amistad de mi padre con los Dominguín, tuve yo la suerte de presenciar, en 1969, en la plaza madrileña de Vista Alegre, el comienzo de la carrera de Curro Vázquez.

Curro Vázquez, César Rincón y Olga Casado, a hombros tras triunfar en el festival por monumento a Antoñete.

Curro Vázquez, César Rincón y Olga Casado, a hombros tras triunfar en el festival por monumento a AntoñeteEFE

Era un jovencillo rubio, de figura frágil y expresión aniñada, que había nacido en Linares. Había cumplido solamente 17 años y tenía ya lo que – dicen los taurinos – se tiene o no se tiene, por naturaleza: clase, estilo, suavidad, finura, buen gusto…

Curiosamente, alternó entonces algunas tardes con un novillero de un corte muy distinto, Antonio Porras, que buscaba la espectacularidad, al intentar practicar el salto de la garrocha… Se lo comentaba yo a Remedín Vázquez, la hija del maestro Manolo Vázquez, el pasado domingo, en el sevillano Teatro de la Maestranza, durante el Pregón Taurino, cuando pude darle un abrazo al maestro Curro Vázquez.

Aquel jovencillo novillero nos ilusionó a todos los aficionados madrileños que pudimos verlo. Aprovechando ese tirón, El Pipo, su apoderado (que también lo fue de El Cordobés), organizó su alternativa: en sólo una temporada, pasó de debutar con caballos a matador de toros.

Me parece claro que el apoderado se precipitó. El 12 de octubre de 1969, alternando con José Fuentes, Curro Vázquez tomó la alternativa y sufrió una grave cornada. Eso, indiscutiblemente, frenó algo su carrera.

Durante tres décadas, Curro fue un torero predilecto de muchos buenos aficionados, aún con los altibajos propios de su línea estética. Recuerdo, por ejemplo, la pasión absoluta que sentía por él Santiago Amón.

No tuvo fortuna Curro Vázquez en la Maestranza, una Plaza que parecía pintiparada para apreciar su estilo. Siempre se le consideró un torero de Madrid. En Las Ventas, dibujó preciosas faenas, pero sufrió también un dramático percance.

En 1983, lidió un toro de Moreno Silva, un saltillo que había blandeado y que suscitó algunas protestas de los más exigentes. Curro lo citó al natural, desde lejos, y sufrió una tremenda cornada. Mientras se lo llevaban en brazos a la enfermería, ensangrentado, Bojilla increpaba a los que habían protestado…

Volvió a los ruedos Curro Vázquez con nuevos ánimos en 1989 y, en la Feria de Otoño, logró abrir la Puerta Grande de Las Ventas.

Después de algunas paradas y retornos, se despidió definitivamente en 2002, en un mano a mano con El Juli.

Mi amigo Javier Villán le dedicó su libro Curro Vázquez, sombra iluminada, en el que define así su arte:

«¿Quién ha toreado de frente con más pureza y menos gestualidad que Curro Vázquez? Esencialidad, desafío a la lógica de la geometría. Curro se ofrece como una víctima destinada al sacrificio».

Se casó con Pati Dominguín, la hija de Domingo, el hermano mayor de Luis Miguel, que había sido su apoderado.

Después de retirarse, ha sido apoderado de varios toreros: Cayetano, Morante, Ginés Marín… Ahora mismo, está ilusionado con que el novillero mexicano Emiliano Osornio añada nuevos laureles a la tauromaquia de su país.

Dentro del mundo taurino, tan peculiar, Curro Vázquez ha destacado siempre por ser una persona educada y respetuosa. Da gusto charlar de toros con él. Lo hice con calma, la última vez, en la cena de entrega del Premio de Tauromaquia de El Debate, el pasado 4 de febrero.

La semana próxima, en Sevilla, en la Venta de Antequera, va a recibir otro premio, el de la Real Unión de Criadores de Toros de Lidia.

Suele repetir Curro Vázquez: «Lo importante, para mí, es sentirme torero». Así volvió a sentirse, con más de setenta años, el pasado 12 de octubre, en Las Ventas. Fue el colofón perfecto para una brillante carrera.

Viéndolo torear, recordaba yo una sentencia de Shakespeare: «La madurez lo es todo» («Ripeness is all»). La madurez del sabio clasicismo. Por eso, ahora, ha recibido con tanto merecimiento el Premio Nacional de Tauromaquia. Que lo disfrute con salud muchos años, maestro.

Ormuz: la prueba de que el derecho sin poder no funciona / por Ricardo Rodríguez


Ricardo Rodríguez, doctor en derecho y magistrado, explica cómo el Estrecho de Ormuz, eje estratégico del comercio global, ejemplifica históricamente que la soberanía solo existe cuando puede ejercerse con poder efectivo. Lo que no hizo el rey Felipe IV, permitiendo la pérdida de esa plaza vital.

Hay momentos en los que la historia no es pasado, sino diagnóstico. Y el Estrecho de Ormuz -hoy convertido en epicentro de tensiones globales- es uno de ellos. Porque lo que allí sucede no es nuevo. Ya ocurrió. Y, como tantas veces, no hemos aprendido nada.

Conviene empezar por decir que Ormuz fue español. O, con mayor precisión jurídica, formó parte de la Monarquía Hispánica tras la integración de la Corona de Portugal en 1580.

No era una posesión exótica ni una anomalía imperial: era un nudo esencial de un sistema jurídico-político que articulaba comercio, fiscalidad y control estratégico de rutas marítimas.

Pero esa realidad tiene un origen concreto. En 1515, Alfonso de Albuquerque incorporó Ormuz al sistema del Estado da India, consolidando un modelo de dominio basado en enclaves fortificados, control aduanero y supremacía naval.

No se trataba de ocupar territorios extensos, sino de dominar los puntos críticos del comercio global.

Ormuz era uno de ellos: una isla árida, dependiente del suministro de agua exterior, pero situada en la bisagra por la que transitaba la riqueza entre Persia, Arabia e India hacia Europa.

Desde entonces, la plaza operó como un auténtico dispositivo institucional: fortaleza permanente, administración fiscal, regulación del tráfico marítimo y presencia militar suficiente para garantizar el cumplimiento de ese orden.

Cuando en 1580 Felipe II asumió la Corona portuguesa, ese sistema no se alteró; se integró. Y con ello, la Monarquía Hispánica pasó a controlar una de las arterias económicas más decisivas del mundo conocido.

Durante décadas, ese modelo funcionó con una lógica impecable desde el punto de vista del poder efectivo: quien controlaba Ormuz controlaba el tráfico entre Asia y Europa.

Mapa del estrecho de Ormuz, sobre el que gira la columna de Ricardo Rodríguez.

No hablamos de una simple fortaleza, sino de la aduana más rentable del imperio, la pieza clave de un entramado que garantizaba ingresos, presencia y autoridad en el Golfo Pérsico.

En esa época en la que se decía que en el Imperio Español no se ponía el sol, había otro dicho que lo resumía todo: «El mundo es un anillo y Ormuz es su piedra preciosa«.

Pero el derecho -también entonces- tenía un presupuesto ineludible: la capacidad de sostenerlo.

A comienzos del siglo XVII, ese equilibrio empezó a erosionarse. La presión del Imperio persa, bajo el sha Abbás I, coincidió con la irrupción de Inglaterra como potencia comercial en la región a través de la Compañía de las Indias Orientales.

Mientras la Monarquía Hispánica intentaba sostener múltiples frentes abiertos en Europa y en ultramar, sus adversarios operaban con una lógica más simple y más eficaz: golpear donde el sistema era vulnerable.

En 1622, la alianza anglo-persa ejecutó esa estrategia con precisión. Primero, ocuparon la isla de Qeshm, asegurando el control de los pozos de agua que abastecían Ormuz.

Después, bloquearon el acceso marítimo, hundieron embarcaciones y aislaron la plaza. Diez semanas bastaron para que una soberanía formalmente incuestionable se desmoronara por falta de medios materiales.

El cierre del estrecho representó para el Imperio español de Felipe IV, el nieto de Felipe II, un golpe devastador que combinó pérdidas económicas, humillación geopolítica y la ruptura de un delicado equilibrio diplomático.

Cuando España perdió el Estrecho de Ormuz, Quevedo perdió la paciencia y escribió su verso “El daño es pronto y el remedio tarde” al mal gobierno del rey.

No era literatura; era un diagnóstico institucional. Entre la crisis y la decisión, el aparato político de la Monarquía llegaba siempre tarde. Demasiado tarde.

Y ahí está la clave que trasciende el episodio histórico.

Por qué se perdió Ormuz

Porque Ormuz no se perdió por falta de legitimidad, ni por ausencia de títulos, ni por carencia de normas. Se perdió por algo mucho más prosaico y determinante: la incapacidad de garantizar, en tiempo y forma, el ejercicio efectivo de la soberanía.

Ese mismo patrón -con otros actores, otro lenguaje y una escenografía distinta – se reproduce hoy.

Se invoca el derecho internacional. La libertad de navegación. La seguridad colectiva.

Se multiplican las declaraciones, los marcos normativos, los compromisos multilaterales.

Pero la pregunta decisiva sigue siendo la misma que en 1622: ¿quién está en condiciones de hacer cumplir esas normas cuando dejan de ser convenientes?

La respuesta, si se analiza sin complacencia, es incómoda.

El derecho internacional contemporáneo opera, en demasiadas ocasiones, como una arquitectura declarativa sin garante efectivo. 

Y cuando eso ocurre, deja de ordenar la realidad para convertirse en un repertorio de aspiraciones. Es decir, en retórica institucionalizada.

Porque el problema no es la ausencia de normas. Es la ausencia de estructuras capaces de ejecutarlas con rapidez, coherencia y continuidad.

La Monarquía Hispánica -con todas sus limitaciones- no incurría en ese autoengaño conceptual.

Sabía que la soberanía no es un atributo que se proclama, sino una potestad que se ejerce. Y que, cuando no puede ejercerse, deja de existir en términos reales.

Ormuz no es, por tanto, una curiosidad histórica ni un episodio remoto.

Es un patrón.

Un patrón que demuestra, ayer y hoy, que el derecho sin capacidad de imposición no ordena, no protege y no vincula.

Y que cuando las estructuras políticas no pueden reaccionar a tiempo, la soberanía no se discute: simplemente se pierde.

Eso fue Ormuz en 1622.

Y nada indica que hayamos aprendido lo suficiente como para que deje de serlo.

Curro Vázquez, galardonado con el Premio Nacional de Tauromaquia 2025


'..Curro Vázquez se define por una vida entera de compromiso con la tauromaquia. Su dedicación constante, tanto en los ruedos como fuera de ellos, ha contribuido de manera decisiva a la preservación, defensa y difusión de este patrimonio cultural. Su legado no se limita a su carrera profesional, sino que se extiende a su papel como referente, formador e inspirador de nuevas generaciones”.

Curro Vázquez, galardonado con el Premio Nacional de Tauromaquia 2025

El torero ya retirado Curro Vázquez ha sido galardonado con el Premio Nacional de Tauromaquia de 2025 “por una vida entera de compromiso con la tauromaquia”, según el fallo del jurado reunido en la mañana de este miércoles en el Palacio de la Magdalena de Santander.

Según el acta, el diestro de Linares, merece además este premio por su actuación en el festival del pasado 12 de octubre en Las Ventas, organizado por Morante de la Puebla como homenaje al recordado torero madrileño Antoñete, en el que Curro Vázquez “actuó como puente entre generaciones, acercando a los públicos más jóvenes una concepción profunda, clásica y perdurable del toreo”.

“Pero más allá de este hito reciente -continúa el texto del jurado-, Curro Vázquez se define por una vida entera de compromiso con la tauromaquia. Su dedicación constante, tanto en los ruedos como fuera de ellos, ha contribuido de manera decisiva a la preservación, defensa y difusión de este patrimonio cultural. Su legado no se limita a su carrera profesional, sino que se extiende a su papel como referente, formador e inspirador de nuevas generaciones”.

Tras la negativa hace dos años de Ernest Urtasun a que siguiera otorgándolo el Ministerio de Cultura, como venía sucediendo desde 2013, el Premio Nacional de Tauromaquia lo convoca el Senado junto la Fundación del Toro de Lidia y los gobiernos de las comunidades autónomas de Andalucía, Cantabria, Murcia, Valencia, Aragón, Castilla-La Mancha, Madrid, Castilla y León y la ciudad de Melilla.

El galardonado ha declarado a EFE:

“es una gran satisfacción que se acuerden de lo que uno ha podido aportar en defensa de este arte, que necesita el apoyo de tantos como se apasionan con él en estos momentos. Creo que todavía me queda por seguir aportando, pero de momento, una vez que me lo han comunicado por teléfono, me he parado a tomar un tinto para celebrarlo en memoria de mi padre, que fue quien me inculcó la afición”.

Curro Vázquez, nombre artístico de Manuel Antonio Vázquez Ruano, nació en Linares (Jaén) el 1 de mayo de 1951, y tras una deslumbrante campaña como novillero tomó la alternativa en la madrileña plaza de Vista Alegre el 20 de abril de 1969, de manos de su paisano José Fuentes y con toros de Barcial, resultando muy gravemente herido precisamente por el de la ceremonia.

Tras confirmar el doctorado en Las Ventas en 1971, su carrera tuvo altibajos, pero estuvo siempre marcada por grandes faenas, lo que hizo que se le considerada como uno de los diestros de más calidad a lo largo de una trayectoria que se extendió hasta el año 2000, cuando en el mismo lugar de su alternativa, aunque en un coso distinto, se despidió del toreo en un mano a mano con El Juli.

Desde entonces, Curro Vázquez ha sido apoderado de varios toreros, entre ellos Cayetano y Francisco Rivera Ordóñez, Morante de la Puebla o Ginés Marín, labor que ahora ejerce con el novillero mexicano Emiliano Osornio. Además, ha participado en varios cameos cinematográficos, como el de la película “Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto”, de Agustín Díaz Yanes.

La entrega de este premio Nacional de Tauromaquia, dotado con 30.000 euros y que en 2024 recayó ‘exequo’ en el también director de cine Albert Serra, por su documental ‘Tardes de soledad’, y en la Real Unión de Criadores de Toros de Lidia premio, tendrá lugar el próximo día 27 de abril en los salones del palacio del Senado, en Madrid.

JUAN BELMONTE: EL OCASO DE UN GENIO / por Víctor Ramírez "Vitico"


'..El domingo 8 de abril de 1962 España y todo el mundo taurino se vio sacudida por una infausta noticia: Juan Belmonte se quitó la vida por su propia mano en su Cortijo de "Gómez Cardeña"..'


JUAN BELMONTE: 
EL OCASO DE UN GENIO

Víctor Ramírez "Vitico"
Mérida-Venezuela, 9 Abril 2026
El domingo 8 de abril de 1962 España y todo el mundo taurino se vio sacudida por una infausta noticia: Juan Belmonte se quitó la vida por su propia mano en su Cortijo de "Gómez Cardeña". Tenía tiempo enfermo, Belmonte había perdido también a grandes amigos entre ellos a Rafael Gómez "El Gallo", se dice que le atormentaba un amor no correspondido. Con todos esos atenuantes el gran Juan pasaba el tiempo entre toros bravos, recordado y seguramente añorando su glorioso pasado junto a Joselito El Gallo, su rival pero también su amigo del alma. Sólo Juan y José saben lo mucho que vivieron juntos, esas largas conversaciones en los trenes en mitad de la noche rumbo a las ciudades y ferias donde toreaban. 

Juan Belmonte creció en pobreza, la quincallería de su padre no daba para mucho, trabajó de peón en las obras de Tablada antes de emprender sus inicios en la tauromaquia incluso toreando de noche haciendo "la luna". Sus primeras tardes no fueron de éxito, en Sevilla en 1911 vivió un fracaso rotundo escuchado cinco avisos hasta el punto de querer arrojarse a los pitones de un novillo en señal de desesperación. Pero Belmonte era un predestinado y tras dos nuevas y desesperadas oportunidades en Castellón y Valencia, siendo sólo sobresaliente en la primera, resurgió cual ave fénix hasta triunfar de forma apoteósica en Sevilla con una novillada de Tovar.


Juan y José se vieron en un patio de cuadrillas por primera vez en Cádiz el 22 de agosto de 1912 para matar un encierro de Miura. Joselito cortó las orejas pero Juan, volteado y magullado también salió a hombros por unos lances inverosímiles a uno de sus novillos. Era el primer aviso para Joselito. Así empezó una rivalidad tremenda en los ruedos, con Belmonte siguiendo la estela del poderoso Joselito, al principio sin mucha regularidad pero cuajando las suficientes faenas para alimentar su leyenda. A medida que fue toreando, Belmonte fue concretando sus avances técnicos, mejorando y depurando su toreo, del que eran famosos su media verónica, el natural y el molinete entre otras cosas claro. Incluso Juan se dejaba llevar por Joselito en los asuntos de despachos y política taurina, siempre que había algo por resolver o detalles por cerrar si le preguntaban su postura o decisión, Belmonte respondía "Lo que diga José" confiando plenamente en que lo que decidiera Gallito era lo mejor para todos. 

Los intelectuales de su época no escaparon de la enorme influencia de Belmonte y le rindieron un homenaje caluroso lleno de admiración de allí la famosa frase de Valle Inclán "Juanito sólo te falta morir en la plaza" a lo que Belmonte respondió "se hará lo que se pueda Don Ramón". La leyenda de Juan no hacía más que empezar y faenas a toros como "Tallealto" de Contreras el 2 de mayo de 1914 y la histórica realizada a "Barbero" de Concha y Sierra el 21 de junio de 1917 son sólo dos de las grandes joyas que el "Pasmo de Triana" le regaló al toreo. Muchos años estuvo en la cumbre del toreo, incluso toreó como rejoneador y fue ganadero. Sus últimos días los pasó añorando esos intensos momentos, recordando a Joselito de quien decía que le ganó la partida en Talavera, Belmonte en el ocaso de un genio, quiso pasar de plano por mano propia hace 64 años. En el camino a su tumba en el cementerio de San Fernando el cortejo fúnebre se detuvo unos instantes frente al mausoleo de los Gallo, donde descansan Rafael, José e Ignacio Sánchez Mejías quienes tantas tardes hicieron el paseíllo con él. Mágico momento donde por un instante volvieron a estar juntos. 

El natural de Belmonte

Juan Belmonte, leyenda viva sigue vigente entre todos los que vivimos enamorados de un arte del que Belmonte fue máximo exponente. Belmonte hoy, mañana y siempre, torero de toreros...

La terna más importante de la Edad de Oro: 
Rafael Gómez "El Gallo" , Joselito y Juan Belmonte. Foto: Serrano.