la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

miércoles, 13 de mayo de 2026

San Isidro'26. Excelente novillada de Montealto y campanazo de Álvaro Serrano, a quien ahora querrán echar a perder. Márquez & Moore



'..Si los Montealto nos proporcionaron la sorpresa de su seria imprevisibilidad, Álvaro Serrano nos trajo por su parte un soplo, un vendaval más bien de aire fresquísimo, un ciclón, que barrió de la plaza todos los manidos y diarios lugares comunes que van desde eso de «el toro no ha servío» hasta lo de «el viento molestaba» pasando por el «así es imposible torear»..'

JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ
Si hoy en el palco hubieran estado sentados Fernández Serrano, «Madriles» y la señora o señorita María José, con las tragaderas que mostraron el pasado día 6 con el «walking dead» del Cuvillo, hoy habríamos visto lo menos cinco o seis vueltas al ruedo a los novillos de la excelente corrida que Montealto ha traído a Las Ventas. Como, por fortuna, ninguna de aquellas tres eminencias se sentaron en el palco de las orejas, la corrida tuvo, a cambio, el reconocimiento de la afición, superior al de aquellos funcionarios, cuando sacaron a saludar al mayoral de la ganadería una vez que Álvaro Serrano hubo abandonado la plaza a hombros y por la Puerta Grande.

Los seis pupilos que Montealto mandó hoy a Madrid vinieron a dejar muy alto el listón de esta ganadería de remoto origen juampedrero, lo cual viene a dar la razón a los que creemos en ese dicho que reza: «La buena mano del ganadero te arregla lo juampedrero». Vamos, que en 26 años los de Montealto han ido haciendo su propia selección y así hoy hemos podido ver en Madrid una importante corrida bien presentada, seria, y con una espléndida variedad de registros que van desde el toro de buen juego hasta el noble o el manso y con un innegable fondo de casta en su conjunto. Hastiados como estamos de ver animales tan previsibles como la salida del sol cada mañana, era un gusto constatar los diversos humores y caracteres de los Montealto: el primero, Camagueto, número 26, acosando a los peones a la salida de los pares y sacándolos literalmente de la plaza; el segundo, Enrejado, número 18, derribando al penco y a Pedro Geniz que iba encima y empleándose en la segunda vara; el tercero, Cartero, número 70, derribando también al penco y provocando una caída de latiguillo a Marcial Rodríguez; el cuarto, Flamenco, número 33, con cuajo de toro; el quinto, Académico, número 34, que rompe la vara del picador, se duele y no se emplea; y el sexto, Molinero, número 21, que mereció la vuelta al ruedo, si este galardón se otorga por petición pública, pero que fue negada por el palco, hoy tan estricto.

Comportamientos diversos en el ganado, bajo el prisma del interés. Y reconocimiento de la afición, que despidió con palmas a los cinco primeros y con una fuerte ovación al sexto. Y aunque no hubiera ocurrido el milagro de Álvaro Serrano, la tarde habría sido igual de entretenida, porque en el ruedo estuvo constantemente presente la emoción que da el toro en un espectáculo que, precisamente, se denomina «Los Toros». Y siempre que el toro sea un enigma, una incógnita que hay que despejar, una falta de certeza, las cosas serán adecuadas y hermosas, viriles y dificultosas, y cuando el toro sea una babosa colaboracionista asistiremos, como tantas tardes, a un decadente ballet sin sentido ni emoción.

Si los Montealto nos proporcionaron la sorpresa de su seria imprevisibilidad, Álvaro Serrano nos trajo por su parte un soplo, un vendaval más bien de aire fresquísimo, un ciclón, que barrió de la plaza todos los manidos y diarios lugares comunes que van desde eso de «el toro no ha servío» hasta lo de «el viento molestaba» pasando por el «así es imposible torear», que solamente sirven para tapar las deplorables actuaciones que nos echan cada tarde, como el que echa de comer a un perro. Con una actitud digna de elogio, actitud de novillero con ganas que le lleva a estar en quites, a mostrar la majeza de su capote, a querer que los que están en la piedra sentados se fijen en él, no ha permitido que la tarde se le fuera, como se les fue a los otros dos que le acompañaban en el cartel, y ha recibido el aplauso sincero y el reconocimiento del respetable, consiguiendo plenamente su objetivo: que todos hablasen de él

Y uno de sus grandes méritos de esta tarde consiste en no ser como todos, en mostrar su propia personalidad. Los que hemos visto a Tomás Bastos en otras circunstancias no reconocíamos en este torero envarado, anulado, a aquel Tomás Bastos que nos encandiló frente a novillos de José Escolar. ¿Qué fue de aquel torero de corte clásico? ¿Qué han hecho con él los dráculas taurinos convirtiéndole en este espantajo que hoy ha andado por Las Ventas? Con esto queremos significar que el riesgo que Álvaro Serrano tiene ahora es tremendo: se han fijado en él (¿y quién no en la tarde de hoy?) y tratarán de arrebatarle el corazón, el alma, tratarán de adocenarle explicándole que lo que hoy le ha hecho famoso: 

su colocación su toreo hacia adelante, su empeño en hacer lo decente, no debe hacerlo y que los modos son otros, como los que hoy han echado al sepulcro a Bastos en su deprimente despedida como novillero de Madrid, apenas aliviada por un postrero quite del perdón. En ello le va su vida como torero.

Además del ya reseñado toreo de capa, en el que Serrano ha ofrecido más variedad en lances que en todas las corridas que llevamos de feria, planteó dos faenas llenas de emoción a dos novillos de signo muy diferente. Su primero, Cartero, con aires de toro, cumplió en las dos varas que tomó y nos hubiera gustado verle en una tercera que el palco y Serrano nos hurtaron y que quizás, viendo el desarrollo del animal, no le hubiera hecho mal. En el tercio se pone a torear, bajando la mano, aguantando las constantes miradas del novillo, sacando muletazos de buen trazo por el derecho. El pitón izquierdo tenía otras condicionantes de menor afabilidad, con embestidas más brutas que fueron aguantadas con torería y entereza por Serrano, sosteniendo la posición a despecho de la impresión que daba el novillo de que se iba a parar en el centro de la suerte. En esa firmeza es donde se asienta su victoria sobre Cartero que, viéndose derrotado, opta por irse a terrenos más confortables para él. Faena complicada, por las propias complicaciones derivadas del carácter del novillo, que se remata con mucha torería rodilla en tierra antes de dejar una estocada suficiente. Cabe resaltar la impresión de que, con las imperfecciones que se le puedan achacar como novillero, su cabeza funciona en la cara del toro y sabe qué es lo que quiere hacer y cómo llegar a ello, especialmente en este toro que es el que mayores dificultades le trajo.

Su segundo fue Molinero, que no dio apenas de qué hablar sobre su encuentro con Héctor Vicente y su jaco, que marcaron hoy la excelencia en el tercio de varas por su buen hacer conjunto. Luego vino una soberbia brega de Caco Ramos y un no menos espectacular segundo tercio protagonizado por Jesús Aguado e Ignacio Martín, que dio paso a la faena de muleta de Álvaro Serrano
Empezó éste muy toreramente con ayudados por alto, rematados bellamente por abajo. Serrano se entendió perfectamente con el novillo: entendió su distancia y su exigencia de colocación, llegando ambos a un acuerdo que proporcionó hermosas series ligadas de mano baja en las que hubo naturales descomunales, hondos pases de pecho y, sobre todo, un concepto muy torero y muy personal en el que no hay tiempos muertos, por lo que la faena va desarrollándose a más, bien ensamblada y, acaso, ligeramente más larga de lo que debiera. Un final de trinchera y ayudado por bajo dio lugar a una estocada entera que para unos era contraria, para otros trasera, para otros atravesada y para otros la mezcla de varias de esas características, o sea que cada cual se quede con lo que le apetezca. La cosa es que el acero no fue de efecto rápido y cuando el toro se echó ahí estaba Ignacio Martín para levantarlo por dos veces, hasta que Serrano lo descabelló al borde del tercer aviso.

Una multitud de jóvenes acompañaron respetuosamente a Álvaro Serrano cuando daba la vuelta al ruedo y luego le sacaron a hombros hacia la calle de Alcalá mientras Tomás Bastos y Martín Morilla abandonaban la plaza cabizbajos.

El peligro que ahora corre Álvaro Serrano es terrible. Querrán cambiarle y echarle a perder, robarle su desparpajo y su decisión, anegarle en mantras y en ruedas de molino. Ojala eso no ocurra.




ANDREW MOORE
























FIN

Florentino recupera el oremus / por HUGHES


'..las dos cosas más importantes que ha dicho Florentino: que hay que conservar esta cosa única en el mundo que es el Madrid; y que un vinculo corrupto y que costó ligas une al Barcelona con Negreira..'

Florentino recupera el oremus

HUGHES
Desconozco si alguien le hizo la pregunta que yo hubiera deseado hacerle: «Presidente, ¿por qué no fichó usted un central?».

El gran misterio es cómo este Florentino Don erre que erre no ve el fútbol como lo vemos todos los demás.

Compareció ante la canallesca un Florentino un poco parecido a Juanito Navarro, gran candidato a la presidencia del Madrid y gran madridista.

Hay algo distinto en él, y no está mal sugerirlo. No es exactamente el frío ingeniero que llegó al Madrid. Después de 25 años, senecto ya, ha perdido el tono de comedido sopor, el autocontrol de jugador de mus, se le ha aflojado un punto la prudencia.

De Florentino y su rueda de prensa opinará hoy todo el mundo, pero para poder hacerlo serían necesarias tres cosas: desear con corazón sincero «lo bueno para el Madrid», que diría Gómez Pintado; conocer la época anterior a Florentino, en la que pasaban «cosas raras» y ser consciente de lo que el club tiene alrededor y sobre todo en frente.

Si todo eso concurre, se entiende que el gran éxito de Florentino ha sido mantener al Madrid al margen de la realidad española. Una labor titánica. Y que por eso puede eternizarse en el cargo, tiene derecho, si lo quieren los socios, que querrán, a que su relación con el club sea la de don Santiago: natural, vitalicia, caudillista y personal.

Y como ha librado al Madrid de España, de la España que nos come por los pies como una humedad insidiosa, el Modelo de Florentino se acepta íntegro, con lo bueno y con lo malo, que es la hibris, esa locura que le hizo flotar entre galácticos tras ganar la 9ª; la misma, acrecentada por la edad y la soberbia, que le llevó a ir más allá al ganar la 15ª y tener, como diría Trump, todas las cartas en la mano.

Del florentinismo, pues, se acepta todo; se acepta hasta el tardoflorentinismo, en el que estamos.

Al presidente ya le están diciendo las cosas que dice el madridismo cuando habla por boca de ganso: así no, esto no son formas, las maneras son importantes, no vayamos a perder el señorío… lo van a trumpificar y el antimadridismo buscará su incapacitación por no hacer autocrítica y dar rienda suelta (en efecto, trumpiana) a su obsesión con la prensa, pero sería demenciarlo justo cuando está diciendo, entre nimiedades, chascarrillos y asuntos menores, las dos cosas más importantes que ha dicho Florentinoque hay que conservar esta cosa única en el mundo que es el Madrid; y que un vinculo corrupto y que costó ligas une al Barcelona con Negreira.

Y esto es lo importante. Mucho más que una Copa de Europa. No es Florentino perdiendo la memoria. Es Florentino recuperándola. Es Florentino reencontrando el oremus.

Si en su (pen)último mandato asume el objetivo de hacerle justicia al Madrid, al fútbol y a nuestros treinta años de aficionados, le será perdonado hasta haber vendido a Makelele. Le perdonaremos hasta las Copas de Europa.

Por supuesto, la rueda de prensa instala al Madrid en algo que sólo admite un entrenador posible: don José Mourinho. Esta vez, ojalá, él sería el suavizador, el prudente. El trabajo es parecido, es perfecto para él. En la primera venida, había que vencer a un sistema corrupto. Ahora toca sentarlo en el banquillo.
13 de mayo de 2026
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PALCO 16 - 4ª SAN ISIDRO.- En los terrenos del toro / por Jorge Arturo Díaz Reyes

Álvaro Serrano y “Cartero” el 3°. Foto: Las Ventas

'..La faena, decíamos, la de la tarde, fluyó más por el camino del arte que del combate, pues el buen ojodeperdíz atacaba con codicia, pero claro y fijo, encontrando el camino concéntrico y muy próximo al eje, dibujado por una muleta limpia, ligada y sosegada las más de las veces..'

En los terrenos del toro

Jorge Arturo Díaz Reyes
CrónicaToro / Madrid 12 V 2026
Los tresañeros de Montealto llegaron con 512 kilos promedio. Bien criados, entipados y puestos de pitones. Dos negros, dos castaños y dos colorados. Aplaudidos de salida 2°, 3°, 5° y 6°. De arrastre todos, ovacionado fuerte el cuarto, al sexto se le pidió duro la vuelta al ruedo. Encastados, nobles y firmes. Así estuvo la plaza con los juanpedreños utreros. Lo merecieron.

Pero como son las cosas, mientras los dos más antiguos alternantes extraviaron en lejanías y enganchones las excelencias de sus primeros utreros, vino el más nuevo del cartel Álvaro Serrano, se plantó en jurisdicción, y a la emoción del gran “Cartero” agregó la suya encendiendo la plaza que dicho sea de paso le fue propicia desde el primer lance rodilla en tierra, tres y tres verónicas y media incitantes. De largo se fue al caballo y empujó ante la vara incierta. El quite a la verónica tuvo predicamento. En la segunda entrada tiró jinete y caballo a tierra por separado y cuando se disponía a ir por la tercera, cambiaron el tercio, bajo protestas. Bastos quitó a la mexicana, gaoneras, fregolina y brionesa. Ramos y Martín cumplen con los palos.

El brindis fue por el micrófono de la televisión. Los presentes no supimos a quién. Pero la faena de tandas cortas, enjundiosas y veraces, aunque con más vibración que nitidez, pegó de lleno en el tendido cubierto a más de tres cuartos. La complicidad fue in crescendo; novillo, novillero y público, hasta la estocada delantera pero letal, que obtuvo la primera oreja y una fortísima petición de segunda no concedida.

Con el sexto, hubo más poso, más temple, mas lentitud y buen trazo. “Molinero” con sus 529 kilos enganchó el primer lance, pero Serrano, resolvió el trance a su favor, sin dejarse arrebatar el capote convirtiéndolo en dos pintureras largas cambiadas de pie. Gran pelea del moentealtuno en dos atinadas varas de Héctor Vicente que se llevó una larga ovación en tarde de muchas ovaciones. Bastos, aprovechando la calidad del bravo, trata de colorear su gris actuación con quite de chicuelinas y media, lucido. Aguado y Martín le hacen los honores con los palos, y ahora sí, la montera es para los que tendrán la última palabra.

La faena, decíamos, la de la tarde, fluyó más por el camino del arte que del combate, pues el buen ojodeperdíz atacaba con codicia, pero claro y fijo, encontrando el camino concéntrico y muy próximo al eje, dibujado por una muleta limpia, ligada y sosegada las más de las veces. Buena faena por una y otra mano y buena embestida por uno y otro pitón. Abajo, a media y arriba. El culmen se alcanzó con la izquierda, cinco naturales, un par conmovedores, los otros convincentes, y el forzado semicircular, al hombro contralateral, tremendo. La siguiente serie no desmereció y el epílogo de ayudados, trincheras y firmas precedió una estocada cimera, pero de tardo efecto. Cayó el bravo y se levantó tres veces, motivando dos avisos. La gente con los pañuelos en la mano esperó hasta el último segundo para saber si era toro vivo o puerta grande, hasta cuando cayó por última vez. Una tempestuosa petición contenida como un estornudo, también hasta el último instante, abrió la puerta grande para el novillero de Navas del Rey.

El portugués Tomás Bastos, y el sevillano Martín Morilla, fueron superados por sus buenos lotes a los cuales para colmo mataron muy mal. Triunfador indiscutido de la corrida Montealto con su completísimo encierro. Álvaro Serrano marcó el contraste con lo que Madrid siempre agradece, ir a donde se cuecen las habas, los terrenos del toro..., y torear allí.

San Isidro/26: Llegó un novillero… y unos novillos / por Antolín Castro


'..Llegó un novillero, de nombre Álvaro Serrano, y mostró sus credenciales en el quite en el toro de su anterior compañero. Ahí ya vimos su disposición, aptitud y una claridad de ideas poco común. A poco que le ayude el burel el éxito está asegurado..'

San Isidro/26: Llegó un novillero… y unos novillos

Antolín Castro
Opinión y Toros / 12 Mayo 2026
Bueno, en realidad llegaron tres novilleros, pero solo uno pudimos visualizar como tal.

Algo se mueve en el alma… cuando llegan los novilleros. Se tiene la sensación de que vamos a poder ver algo distinto a lo que nos ofrecen todos los días las figuras, los mismos matadores de todas las tardes. La esperanza camina junto a la almohadilla y la entrada, no dejando que nadie te la quite en el metro o en el autobús.

Llegas a la plaza y te das cuenta enseguida que muchos de los que dicen llamarse aficionados, o abonados, no piensan igual y se han quedado en casa. Los claros en los tendidos son tan claros como los propósitos que llevan los que son aficionados de verdad, no fans de ningún nombre de torero de moda. La esperanza junto a la almohadilla ha ocupado su sitio y que salga el toro… o novillo que es lo anunciado.

Salen por chiqueros, hoy, bien presentados, encastados y nobles los de Montealto y te das cuenta de que se aprestan a conceder a los jóvenes espadas la oportunidad de triunfar, en Las Ventas ¡casi na!

Hubo que esperar, pero llegó un novillero y se hizo realidad eso de que te ibas a encontrar con algo distinto. De ahí que sea aconsejable acudir a las novilladas. No son un espectáculo menor, lo único menor es la edad del cornúpeta, por lo demás también se les puede hacer el toreo, basta con que llegue alguien que quiera triunfar y tenga recursos y repertorio para poder captar la atención de los tendidos.

Llegó un novillero, de nombre Álvaro Serrano, y mostró sus credenciales en el quite en el toro de su anterior compañero. Ahí ya vimos su disposición, aptitud y una claridad de ideas poco común. A poco que le ayude el burel el éxito está asegurado.

Pleno de determinación se pone frente al violento viento, más difícil de controlar que el novillo. Va desgranando muletazos limpios y repertorio suficiente para que ninguna serie nos parezca igual -ese mal que vemos casi todos los días-. Con la espada nos muestra el mismo nivel y agarra una estocada hasta la bola dejándose ver. La plaza unánime pide la oreja o las orejas, pero finalmente pasea una por el redondel.

Llega la lluvia como para irse de allí, pero prácticamente todos esperan, pues creen, o intuyen, que este novillero les va a compensar la espera ante el frío de la desapacible tarde. Sale el sexto y Álvaro, con serenidad y firmeza va amontonando méritos como para que la esperanza del público merezca el premio de verle salir en hombros. Faena llena de pasión y entrega, atropellada en algún momento, con torería añeja en distintos remates. La estocada no ha sido igual y el toro se amorcilla, el puntillero ayuda a que lleguen dos avisos. Por fin, un certero descabello da con el toro en tierra,

Se disparan los pañuelos al viento y llega la oreja que le abrirá la puerta grande con todo merecimiento.

También hicieron el paseíllo Tomás Bastos y Martín Morilla, pero de ellos solo supimos que los apoderan gente muy conocida. Venir a Madrid se puede venir por distintos motivos, pero llegó un novillero con un apoderado que no conoce nadie y resultó que era el que venía a triunfar.

De doña Angustias a Claudia Quijas / por Antonio Casanueva


'..Doña Angustias veía el toreo casi como una condena familiar. Claudia encuentra también arte, vocación y sentido. Aun así, las dos terminan llegando al mismo sitio: el miedo de esperar que el hijo vuelva..'

De doña Angustias a Claudia Quijas

Por Antonio Casanueva
Hay mujeres a las que el toreo les cambia hasta la forma de esperar. Entre ellas aparece siempre doña Angustias Sánchez, la de Manolete. Llevaba el desgarro hasta en el nombre. La muerte empezó a rondarla mucho antes de que Manolete se hiciera figura. En Córdoba conoció a Rafael Molina Martínez, "Lagartijo Chico", sobrino del gran Lagartijo y promesa del toreo en aquellos años.

La boda, celebrada en 1903, reunió a buena parte de la sociedad cordobesa y tuvo como padrino al mismísimo Rafael Guerra "Guerrita". Pero la felicidad duró poco. Primero murió un hijo pequeño, intoxicado accidentalmente con sosa. Después quedó viuda muy joven, cuando Lagartijo Chico falleció de tuberculosis en 1910. A partir de ahí, la vida empezó a cerrarse sobre ella.

Volvió a casarse. Otra vez con un torero. Y la muerte regresó en 1923, cuando quedó viuda por segunda ocasión, ahora de Manuel Rodríguez Sánchez, padre de Manolete. A partir de ahí llegaron las penurias, los cambios de casa y los esfuerzos por sacar adelante a los hijos en los barrios populares de Córdoba.

Intentó apartar a Manolete de los toros desde niño: "Precisamente porque todos los tuyos han sido toreros, tú no lo serás", le decía. Pero Córdoba era dura en aquellos años. Y el hijo terminó entrando al mismo mundo del que ella había querido salvarlo.

Angustias nunca vio torear a su hijo. Mientras Manolete se vestía de luces, ella esperaba rezando junto al teléfono, aguardando la llamada que anunciaba que todo había salido bien.

Con los años, doña Angustias terminó convertida en personaje literario. Entró también en las coplas, en los poemas, en esa memoria sentimental que el toreo va construyendo alrededor de sus tragedias. Después de Linares quedó asociada para siempre a la imagen de una mujer rezando y llorando en silencio. Lola Flores le cantó. Juanita Reina le dedicó "Capote de grana y oro". En México y en España muchos aficionados la recordaban con una especie de ternura solemne. Y, sin embargo, quienes la trataron hablan de una mujer sencilla, discreta, firme, capaz de conversar de toros con Manolete mientras convivía, desde hacía años, con el miedo.

A su muerte, en 1980, los restos de doña Angustias fueron colocados junto a los de Manolete. Descansan en el cementerio de la Salud, paradoja perfecta para la historia de Manolete y de su madre.

Muchas décadas después, me ha conmovido otra madre de torero. Claudia Quijas —artista y conductora de televisión— comparte en redes sociales lo que vive acompañando la carrera de su hijo, el novillero Ignacio Garibay. En sus textos aparecen el orgullo, el miedo antes de cada tarde, las oraciones, la necesidad de acompañar y esa conciencia permanente del riesgo que conocen tantas familias taurinas. La diferencia es que doña Angustias lo vivió hacia adentro, en silencio, junto a un teléfono y un rosario. Claudia lo escribe en Instagram, casi en tiempo real.

Hay frases suyas que dicen mucho: "aprendo a convivir con el miedo"… "o quizá solo a acomodarlo entre oraciones"… "me invade el miedo, sí… pero puede más el orgullo"… "no hay un manual para hacerlo".

Claudia no habla solamente como madre. Se nota la mirada de alguien que ha vivido el toreo desde dentro y conoce lo que provoca una plaza. Además, como artista, entiende la dimensión estética y emocional de la Fiesta. Por eso sus textos se mueven entre la congoja y la fascinación. Hay un tipo de temor que no paraliza. Se aprende a vivir con él. O a rezarlo.

Doña Angustias veía el toreo casi como una condena familiar. Claudia encuentra también arte, vocación y sentido. Aun así, las dos terminan llegando al mismo sitio: el miedo de esperar que el hijo vuelva.

Hoy es el Día de las Madres. Pensé en ellas. En las que esperan mientras el hijo se viste de luces.
9 de Mayo de 2026

martes, 12 de mayo de 2026

Aquellos sesenta… (XII) / por Jorge Arturo Díaz Reyes, Madrid, 11 V 2026

Antoñete y “Atrevido”. Foto: libro, Grandes Faenas del siglo XX. Arnouil y Cossío.

'..La faena, “con clasicismo, con arte estrujado hasta que diera su última gota de belleza”, dijo en su momento Gonzalo Carvajal, ha perdurado, se ha vuelto lugar común y referencia. Terminó con dos pinchazos, una estocada corta atravesada y un descabello. Cómo sería, que le dieron una oreja, le pidieron la otra..'

Aquellos sesenta… (XII)

Jorge Arturo Díaz Reyes
CrónicaToro / Madrid, 11 V 2026
Comienzo con una obligada fe de errata. En mi viñeta anterior escribí sobre el San Isidro de 1962: “…por primera vez participan en la feria tres colombianos: Joselillo de Colombia..., Pepe Cáceres… y Alfonso Vázquez II quien doblemente ovacionado debuta con novillos de Pallarés el viernes 29.”

Corrección: este 29 sí fue, pero de julio, ya no era San Isidro, y mal podría debutar Alfonso en la feria. Porque ya lo había hecho fuera de ella como novillero en 1958, y luego, tomado y renunciado alternativa, antes de volver en la ocasión citada. Todo eso me fue señalado generosamente por mi querido amigo, Alberto Lopera “Loperita”, erudito historiador taurino, autor del libro “Colombia tierra de toros” (Espasa-Calpe, Madrid 1989).

El proceso de la enmienda, con las obvias constataciones bibliográficas, (la memoria es más incierta que la letra), dio pie a otras más de nuestras conversaciones (Cali-Medellín), para mí siempre enriquecedoras. Alberto, que por aquellos años que nos ocupan, pisó el ruedo como novillero, colgó los trastos e inició su carrera como narrador y comentarista radial, muy popular.

Andando el tiempo fuimos, él y yo, habituales de la gran feria madrileña con un grupo entrañable de amigos, de acá y de allá: Quinito II, matador de toros, Vicente Blanco, periodista español-caleño, Antonio Caballero, escritor y cronista, los buenos aficionados Germán Wolff (mi colega cirujano), Jorge Agudelo (ex novillero y empresario), y el inolvidable maestro Miguel Ángel Moncholi. Todos ya desaparecidos.

Ahora, sigo volviendo al San Isidro, hasta sin la compañía de Alberto. Como un Pedro Páramo, sobreviviente solitario con su fardo de apariciones de aquel mundo desaparecido. Mundo que aquí, en la inamovible plaza, se siente más ido y más presente. Como en Comala, suertes, toros, rostros, voces, actitudes, cosas, hechos, fechas…, vienen y se van.

Pero retomemos ese hilo dejado hace una semana, en el advenimiento del 66, sesenta años ha hoy. Momento que, José Luis Suarez Guanes, en su libro: “Madrid Cátedra del toreo (1931-1990), define con un modesto, pero avariento subtítulo: “La feria más completa de la historia. El toro “blanco” de Antoñete y el “colorao” de El Viti”.

Era 15 de mayo, día del santo, con lleno de “no hay billetes”. El cuarto se llamó “Atrevido”, de Osborne, ensabanado, de 486 kilos, el más ligero de la corrida. Antoñete, que con sus fluctuaciones anímicas e intermitencias había ido diluyendo su figura de figura en el imaginario colectivo, lo brindó al presidente electo de Colombia, el liberal Carlos Lleras Restrepo, (Por cierto; “Remache” le gritábamos entonces los estudiantes en la calle, por su corta estatura y dureza).

La faena, “con clasicismo, con arte estrujado hasta que diera su última gota de belleza”, dijo en su momento Gonzalo Carvajal, ha perdurado, se ha vuelto lugar común y referencia. Terminó con dos pinchazos, una estocada corta atravesada y un descabello. Cómo sería, que le dieron una oreja, le pidieron la otra y el diario El Pueblo, reseñó: “Antoñete rey de Las Ventas (faena histórica del madrileño…)”. Ahora con estatua frente a la plaza.

La de El Viti, al “colorao” tercero de Manuel Francisco Garzón, fue el 25. Lo desorejó y salió a hombros por la Puerta grande destacando entre Litri y Diego Puerta, y confirmándose una vez más, no como un, sino como “el” torero de Madrid. Y por ello, pese a que nos hemos propuesto en estas entregas últimas, enfocarnos en cómo se vivió la década en la feria de San Isidro, no podemos ignorar la obra que el mismo maestro realizara un mes antes, (abril 20 en Sevilla), con el negro zaíno, “Peinadito”, sexto de Samuel Flores, 462 kilos.

“Usted fue todo un torero del universo, consagrado por La Maestranza” le dijo arrobado el notario de la época Gonzalo Carvajal. Mientras, por su lado, S.M. se confesaba: “Fue una faena muy sencilla…, me di cuenta qué había cortado una oreja del tercero y podía salir por la Puerta del Príncipe…, dieciséis pases más, pero lo pinché cinco veces recibiendo… No creí que me fueran a pedir ni siquiera una vuelta al ruedo”. Pero así fue. Y no solo eso, sino que, junto a la de Antoñete con “Atrevido”, figuran como antológicas, a página seguida, entre las “Grandes faenas del siglo XX”, del ya citado libro de Arnouil y Cossío. Y vale reiterar, que ambas bregas concluyeron con desatinadas ejecuciones de la suerte suprema.

¿Era ya, cada vez más, torear una cosa y matar otra? ¿Dónde se comenzó a extraviar esa unidad ontológica, que hacía del trasteo solo el necesario preámbulo al honroso y limpio sacrificio ceremonial del toro, alegoría de la naturaleza, auténtica razón de ser del rito? ¿Acaso con el cierre que fue Joselito del romántico siglo XIX, y la asunción que fue Belmonte del modernista siglo XX? ¿Prevalencia de la forma sobre la esencia, de la negación de la muerte? Goya nos muestra que la contradicción era más vieja.

Pero disquisiciones aparte. Aquel mismo año en San Isidro, justificando el subtítulo de Suarez Guanes, el sábado 28 de mayo, Antonio Bienvenida y Curro Romero, mano a mano, abren con sus particulares tauromaquias, la puerta grande de Las Ventas. Toros de Antonio Pérez de San Fernando. Desorejando el uno al quinto y el otro al cuarto.

Y en esas llegó noviembre como un, “recuerda que eres polvo”. La feria de Lima no tuvo triunfador. Tan gris fue. Sin embargo, el feliz año remontó, cerrando, triunfal y triunfalista en Cali, el treinta de diciembre, con una corrida brava de Fuentelapeña, plaza llena y gran fiesta: Bernardino Landete (rejoneador) y Luis Miguel Dominguín (oreja cada uno), Jaime Ostos (en blanco), Gregorio Sánchez, Pepe Cáceres y Paco Camino (dos orejas cada uno y Puerta Grande). Al final el trofeo Señor de los Cristales se lo llevó Gregorio Sánchez. Pero sumando, Camino encabezó lejos las estadísticas del año en el mundo…, el que más quisieron ver. El que más vendió.

Por qué Mourinho / por Ignacio Ruiz Quintano

''..El hombre indicado para recuperar al Madrid de su anemia competitiva es Mourinho, que cerraría el círculo florentino, esa época gloriosa a la que ni siquiera se acerca ninguno de esos grandes clubes-Estado, con sus petrodólares por castigo y sus entrenadores modernos..'


Por qué Mourinho

Ignacio Ruiz Quintano / Abc 
El hombre indicado para recuperar al Madrid de su anemia competitiva es Mourinho, que cerraría el círculo florentino, esa época gloriosa a la que ni siquiera se acerca ninguno de esos grandes clubes-Estado, con sus petrodólares por castigo y sus entrenadores modernos (“los cornudos del viejo arte moderno”, que decía Dalí), tipo Pep de Sampedor, Xabi de Tolosa o Jurgen de Stuttgart, ¡la Nouvelle Vague balompédica!, y sus futbolines de autor, con las ranas prisaicas cantando al plano lento (fútbol limpiaparabrisas) en “As” y “Marca”, sus “Cahiers du Cinéma”.

–Escucho a la gente comparar a Guardiola con Ferguson y sonrío, porque para mí no es la misma historia. Para mí es simple: uno hizo historia. El otro hace triángulos. Ferguson construyó dinastías en diferentes generaciones, diferentes estilos, diferentes desafíos. Guardiola, entrenador fantástico y fútbol hermoso, sí, pero siempre en las condiciones perfectas, la estructura perfecta, la orquesta perfecta y afinada para él. Ferguson crea la orquesta. Pep la dirige. He ahí la gran diferencia.

Esto tiene dicho Mourinho de Ferguson.

–La gente habla mucho hoy de táctica: entrenadores más detallistas, equipos más estructurados… Pero al final del día, el fútbol siempre se reduce a los jugadores y su mentalidad. En el United nos enfocamos a construir ganadores, y eso no trata sólo de habilidad, sino de carácter, de cómo los jugadores manejan la presión y de cómo responden en lo malo. El mejor sistema del mundo, si los jugadores no tienen fe o personalidad, no durará. En la mayoría de los partidos la táctica no nos dio la victoria: era la actitud, la negativa a perder, la disposición a asumir la responsabilidad en los momentos decisivos. Eso no siempre se puede enseñar, pero se puede incorporar a la cultura de un club. Por eso no importa cuánto cambie el fútbol: las cosas importantes han de permanecer igual. Los jugadores ganan partidos y la mentalidad gana trofeos. Eso es todo.

Y esto tiene dicho Ferguson hablando de Mourinho.

Pero el pipero elegante habla de Klopp con la misma unción que el progre pipero de los 70 (los que pelaban pipas en el “Avión Club” de la calle de Hermosilla) hablaba de Truffaut, y todo porque en los “Cahiers du Cinéma” Truffaut se engorilaba contra el “cinéma de qualité” (el cine de toda la vida) en tanto que cine de guionistas más que de realizadores. La pretendida “Nouvelle Vague” del balón se ha apropiado del “fútbol ofensivo”, pero, década y media más tarde, en España el récord de goles sigue siendo de Mourinho. Ahora quieren incluir a Luis Enrique en la “Nouvelle Vague” porque ya habla francés (se las echa de “boulevardier” como aquel español residente en París que vino a Madrid y al salirle al paso en Sol un galgo, gritó a un guardia: “Sergent, sergent, separé de muá ese perrit!”) y porque le metió cinco al Bayern, que a su vez le metió cuatro al PSG. Un 5-4 en París tiene a los medios gritando “¡El Partido del Siglo!”, cuando no hace tanto un 4-3 en Munich no dio mediáticamente ni para partido de la semana, lo cual indica que no son los goles, sino sus beneficiarios, lo que cuenta. Con Courtois y sin Mbappé, el Madrid estaría hoy en la Final del Puskas Arena de Budapest, pues lo que acreditaron Bayern y PSG en El Partido del Siglo fue una insolvencia defensiva propia del fútbol femenino, incluidos dos porteros obcecados en la disputa del premio Loris Karius.

Dicen que el reto de Mourinho en el Madrid es hacer correr a Mbappé, cuya situación tras el hundimiento del Madrid es como la de Bertrand Russell tras el hundimiento del “Lusitania”, cuando llegó la violencia, “como si se creyera que yo era responsable del desastre”. En la iglesia de la Hermandad de Southgate Road fue asaltado por una multitud borracha, y “los más feroces eran las viragos, armadas con tablas de madera llenas de clavos oxidados”. Una pacifista pidió que lo defendieran a los policías, que se encogieron de hombros. “Es un filósofo”, les dijo. Nada. “Es famoso”. Nada. “Pero es hermano de un conde”. Los policías acudieron en su ayuda como leones.
[Sábado, 2 de Mayo]