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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

domingo, 8 de febrero de 2026

Chicos que hablan de usted y quieren ser toreros: «Señores políticos, déjennos ser libres, déjennos ser felices»

'En la escuela no solo les enseñan a manejar la muleta, sino a forjar su carácter. Y hay una norma sagrada: aprobar los estudios'

Chicos que hablan de usted y quieren ser toreros:
«Señores políticos, déjennos ser libres, déjennos ser felices»

«En la escuela taurina se hacen hombres y mujeres de bien y mejores personas. Aquí hay un respeto y una educación que me cuesta trabajo ver fuera en el día a día», dice su maestro Fernando Robleño.

Rosario Pérez
ABC / 8 Enero 2026
«Buenas tardes, maestro, ¿cómo está usted?». Y así hasta ocho voces, las de ocho chavales de exquisita disciplina. Llegan puntuales al albero de ABC, saludan con respeto y escuchan con la atención de quien sabe que cada palabra es una lección de vida. Muerde el frío de Madrid, pero su mirada promete primaveras. Sus nombres: Juan, Daniel, Carla, Óscar, José Luis, Jaime, Jacobo y Alberto, de 11 a 17 años, alumnos de la Escuela Taurina José Cubero 'Yiyo'. Chavales que hablan de usted con una formalidad que parece sacada de un viejo libro de caballerías, con máxima tolerancia también para los que no comparten su afición por los toros.

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Julián López 'EL JULI'

Claman al unísono que los dejen torear. «Si vivimos en una democracia y hay libertad,  ¿por qué quieren robarnos nuestro sueño? Dejen a los niños ser felices». Una petición unánime del centenar de chicos de esta escuela ubicada en el corazón verde de la Casa de Campo, en esa Venta del Batán donde se erige un bastión de tradición y coraje, de niños que no se rinden, de jóvenes que conocen la verdad de la vida y no ocultan la muerte. Un antídoto contra la cultura del éxito fácil que impera en las redes sociales.

Los ocho fantásticos llegan a ABC con «más nervios que a una plaza de toros», pero templan con la firmeza de quien aprende a lidiar con algo más grande que el miedo. «No estamos acostumbrados a venir a un periódico, pero la gente y los políticos tienen que saber que no hacemos daño a nadie, que es nuestro futuro y que queremos ser toreros. Nosotros respetamos al que no le guste, pero deberían respetarnos a nosotros también», dicen a coro y sin necesidad de partitura, pura espontaneidad.

En una época tan polarizada, estos jóvenes son un bálsamo, un recordatorio de que el futuro podría estar en buenas manos. «En la Escuela se hacen hombres y mujeres de bien y mejores personas. Aquí hay un respeto y una educación que me cuesta trabajo ver fuera en el día a día», dice su maestro Fernando Robleño. Es el director de la Yiyo, cuya tumba visitaron recientemente para rendir homenaje al ángel caído. «Prefiero morir en las astas de un toro que en un accidente de carretera», sentencia Juan Morales, de 15 años, con una serenidad que acongoja.

En la escuela no solo les enseñan a manejar la muleta, sino a forjar el carácter: esfuerzo en cada entrenamiento, amor propio, humildad en el éxito y en la derrota. «Y compañerismo siempre», recalca Morales: «Si uno sufre una voltereta, hay que tirarse de cabeza para ayudar al compañero». Aquí se templa, se escucha, se sabe que sin sacrificio no hay gloria. «Aquí hay verdad, hay autenticidad, hay unos valores, hay una educación, hay una disciplina, hay un trabajo, hay un sacrificio, hay un esfuerzo. Aquí uno se juega su propia vida. ¿Qué profesión da eso? ¿Hay algo más grande que ser torero?», pregunta Robleño, conocedor de una respuesta compartida por todos sus chicos, una gran familia.

 
«En el toreo hay valores difíciles de encontrar, porque en esta sociedad se han perdido la mitad», señala Daniel García, de 16 años. «Si de verdad hay libertad para hacer lo que a cada uno le gusta, ¿por qué no voy a poder cumplir mi sueño de ser matador de toros?», se pregunta. A los de menor edad les cuesta entender que «el Gobierno lo quiera prohibir». «Pero si no hacemos nada malo, si es lo que nos apasiona, si queremos trabajar de ello», advierten.

En la escuela no solo les enseñan a manejar la muleta, sino a forjar su carácter. Y hay una norma sagrada: aprobar los estudios

«Aquí enseñamos unión, no división», entra al quite el maestro, mientras rescata valores olvidados en un Congreso que a veces parece una chirigota de insultos. «Hombre de palabra», Robleño se cortó la coleta el mismo 12-O que Morante. Aún recuerda la fecha con la mirada nublada por la emoción: «Estuvieron mis niños, y si se hubiese aprobado esta prohibición no podría haber vivido tantas emociones. Mis hijos, ambos menores de edad, no podrían haberme cortado la coleta, ni acompañarme a la capilla, ni recibir mi brindis, ni sentir todo desde dentro». Ninguno ha heredado la pasión torera de su padre, su «gran héroe».

Carla Plaza, de 17 años –una de las cuatro chicas de la escuela–, asegura que no hay nada que le haga «más feliz en la vida». Respecto a la sombra abolicionista, considera que «no es una propuesta acertada; queremos tener la libertad de disfrutar de lo que nos gusta». Invita a los prohibicionistas a «descubrir este mundo y que vean lo que de verdad nos importa; yo estoy dispuesta a sacrificar mi vida por llegar a ser figura». Carla, que bebe en las fuentes de Rafael de Paula, compaginará su sueño de torería con la carrera de Administración y Dirección de Empresas. Porque en esta escuela una norma es sagrada: estudiar y aprobar. Cuando las notas bajan, los padres se lo 'chivan' a los profesores de la Yiyo: sin buenas calificaciones en el colegio, no hay paraíso taurino.

«En mi antiguo colegio me llamaban asesino, pero lo mejor es ignorarlos. Si no fuera por nosotros, el toro no existiría. Somos los que más respetamos a los animales y a los demás»

Lo sabe bien el pequeño que tiene examen de inglés al día siguiente: estudiar es crecer, aprobar es ganar. Bromea otro sobre si algún torero habrá hablado en inglés a un toro. «Hay gente pa' tó». Son otros tiempos y saben también el privilegio que es contar con una escuela para forjar su sueño. Atrás queda esa luna clara que bañaba en «leche azul» la dehesa, atrás quedan esos tiempos de Belmonte desnudo en la Tablada, esos torerillos que se echaban el campo de noche con la chaqueta de Riverito y temían más al Niño Elena y a los de tricornio que a las vacas. Conocen estos chicos cada pasaje de la soberbia novela de Chaves Nogales, una de sus lecturas predilectas junto a 'Iván Fandiño. Mañana seré libre'.

«El toro es el que más nos enseña»

Sorprende la madurez, la valentía y la sensatez con la que hablan. Cada palabra es una lección; su manera de estar, una cátedra de cómo ir por la vida. De frente, por derecho y con respeto. «Aprendemos mucho de los maestros y, también, del propio animal. El toro es el que más nos enseña».

Óscar Campos, de 16 años, defiende la vertiente cultural con pasión. «Quiero ser torero por el arte». Porque un arte es el toreo. «Los que quieren prohibirlo o prohibir nuestra entrada atentan contra la cultura española. Déjennos ser felices, por favor. Si se adentran en este mundo, descubrirán lo bonito que es y que no hacemos daño a nadie». Campos ahonda en que la cultura no entiende de izquierdas ni derechas. Como tampoco entiende el toro. «Hay gente de derechas que apoya el mundo del toro y ha habido gente muy importante de izquierdas que también lo ha defendido». En una época donde la política es fractura y cornada segura, la tauromaquia es puente: «Nuestros chicos y nuestras chicas saben dialogar con educación, saben respetar. De la escuela salen mejores personas», ratifica Robleño.

«Si se adentran en este mundo, descubrirán lo bonito que es y que no hacemos daño a nadie»

Desmonta Carla la cantinela del maltrato animal: «Vivo con caballos, he convivido con los animales y nunca les haríamos daño; son unos más de la familia». Alberto Salinero, de once años, dice con desparpajo que nadie quiere más al toro que los toreros y que su sueño es ser ganadero de bravo. Zoólogo es la segunda opción de Jacobo Gordon, de 13 primaveras, «si no llego a ser figura del toreo», dice. Y biólogo marino la de José Luis Lara, un chaval de 13 años que rebosa simpatía y escucha a Naranjito de Triana mientras ve faenas del Faraón de Camas. «Mi ídolo es el maestro Curro Romero». No es mal espejo dentro y fuera de la plaza por esa manera tan pura y sencilla de ser y andar por la vida.

«En mi antiguo colegio me llamaban asesino, pero lo mejor es ignorarlos. Si no fuera por nosotros, por los toreros y por los ganaderos, el toro no existiría. Somos los que más respetamos a los animales y a los demás», sentencia a sus 12+1 Jaime García. Siente el toreo este madrileño y alza su tímida voz para defender lo suyo, para defender lo de sus compañeros, para defender lo nuestro: «Me dolería mucho si no me dejasen ser torero. Si tanta libertad de expresión hay, que nos dejen expresarnos como nos gusta y no cómo ellos quieren». Se perfila Gordon: «En un equipo de fútbol no hay tanto respeto como el que se tiene en la escuela taurina. Me gustan sus valores y es una Fiesta de España. No solo nos robarían nuestro sueño, también nos quitarían nuestro trabajo».

La manera de vivir de estos chicos contrasta con la imagen estereotipada de los jóvenes adictos a las pantallas. Y claro que les gustan y las usan, pero su doble vida, la de los ruedos y la de los estudios, muestra un espíritu de superación extra, una valoración del tiempo. Cada aspirante a torero sigue la fórmula que Alcaraz recibió de su abuelo: «Cabeza, corazón y cojones». Y afición, afición y afición: entrenan de lunes a viernes tres horas cada tarde y tampoco descansan el sábado por la mañana.

«Si tanta libertad de expresión hay, que nos dejen expresarnos como nos gusta y no cómo ellos quieren»

Todos reclaman al Ministerio de Juventud que se preocupe más por los problemas reales de los jóvenes, «como la vivienda». Un sentir generacional. Mientras Ernest Urtasun quiere arrebatar el título de patrimonio cultural a los toros y Sira Rego quiere vetar la participación de los menores en las plazas, estos chavales -algunos no levantan un metro del suelo- responden con una sensatez que debería avergonzar y sacar los colores a más de un político. Robleño estaría «encantado» de que la ministra de Juventud y el responsable de Cultura asistieran a una de sus clases: «Sus intenciones son gravísimas, es atentar contra una pasión, una vocación y una cultura con tanto peso y tradición en nuestro país. Es un sinsentido».

Frente a los que hablan de traumas infantiles, el maestro subraya: «Yo no he tenido ningún trauma y desde los nueve años quise ser torero». Y se cruza al pitón contrario: «¿Saben una cosa? El Gobierno nos ha hecho un favor, porque con tanto querer prohibir han provocado un efecto rebote y cada vez van más jóvenes a las plazas». La voz infantil de Alberto pone la coda: «Claro, como media plaza está llena de jóvenes, lo que quieren es que no entremos y esté medio vacía. Parece que no quieren que los niños seamos felices».

En medio de tanta prohibición disfrazada de protección, estos pequeños héroes responden. No piden privilegios: piden libertad. Libertad para elegir su camino, para expresarse, para que la educación siga en manos de sus padres. Si el Gobierno quiere rebaños, se ha topado con bravos chavales y con la resistencia de quienes sueñan en grande, muleta en mano, corazón al descubierto. «Señores políticos, déjennos ser libres, déjennos ser felices».

Una coleta de quita y pon / por Paco Delgado



'..este dribling es, y ha sido, harto frecuente en el toreo. El 18 de mayo de 2000, por ejemplo, Rafael de Paula, después de poner literalmente boca abajo la plaza de Jerez fue incapaz de acabar con la vida de sus dos oponentes y los toros se fueron vivos al corral. Paula, llorando, se quitó la coleta y la arrojó a la arena, asegurando que no volvería a torear en público..'

Una coleta de quita y pon
Por Paco Delgado
Ha sido la gran noticia de los últimos días. El gran suceso de este inicio del nuevo curso. El gran tema del que todos hablamos y escribimos. Un acontecimiento que sacudió al mundo del toro y se convirtió en el principal argumento de noticias, crónicas y artículos de opinión. Morante de la Puebla toreará vestido de luces esta temporada que ahora empieza.

Ríos de tinta, horas de tertulias y charlas en coloquios radiofónicos y podcasts y miles de megas empleados en los medios digitales para comentar un hecho que, paradójicamente, era sabido. El propio Morante, unas horas después de aquel arrebato místico en Las Ventas, declaraba que no se había cortado la coleta, que se la había quitado... que no era lo mismo; y desde su entorno se apresuraron a dejar claro que aquello no era una retirada. Y el mismo torero aseguró que todavía tenía que torear para despedirse de muchas plazas.

Pero el invierno dio para mucho y se especuló no poco con una posibilidad que se ha demostrado cierta. El de La Puebla hará el paseíllo en la campaña de 2026. Antes de que el pasado día 21 de enero se hiciese pública su decisión de volver, ya gente cercana al torero sevillano aseguraba que se había encargado unos cuantos trajes de cara a este ejercicio, o sea... Todo quedó aclarado con la nota de prensa que inmediatamente envió la empresa de José María Garzón, el flamante gestor de La Maestranza, en la que daba cuenta de la contratación de Morante para actuar en el albero sevillano. En principio el Domingo de Resurrección, dos tardes en la feria de abril y una cuarta el día del Corpus, festividad que, gozosamente, se recupera con la nueva empresa encargada de organizar las cosas en el coso maestrante, estando por saber si también se anima para estar presente en la feria de San Miguel.

Ahora faltará ver cómo se encuentra de salud, y se resuelven esos achaques que no terminan de dejarle en paz. El trastorno disociativo y la depresión no son tonterías, se trata de una enfermedad compleja que desconecta sus emociones de su cuerpo. Esta condición, caracterizada por episodios de amnesia y dolor emocional, le obligó a retirarse temporalmente y someterse a tratamientos y durante buena parte del pasado año le llevó a mal traer. A ver si arranca ahora como nuevo.

Por otra parte, este dribling es, y ha sido, harto frecuente en el toreo. El 18 de mayo de 2000, por ejemplo, Rafael de Paula, después de poner literalmente boca abajo la plaza de Jerez fue incapaz de acabar con la vida de sus dos oponentes y los toros se fueron vivos al corral. Paula, llorando, se quitó la coleta y la arrojó a la arena, asegurando que no volvería a torear en público, si bien al día siguiente se arrepintió y anunció que seguía, aunque lo cierto es que ya no volvería a torear más vestido de luces.

Litri padre, en una carrera de más de tres décadas, cumplió poco mas de media docena de temporadas completas, con sus correspondientes despedidas y retornos. Francisco Rivera Ordóñez se fue en 2012 y anunciaba en 2014 que volvería a los ruedos “muy ilusionado”. Y su hermano Cayetano ha protagonizado casos parecidos. Jesulín de Ubrique decidió retirarse por falta de motivación en 1999 y dos años después proclamaba que volvería a vestir el chispeante, pero un grave accidente de coche truncó sus planes, teniendo que esperar varios años para que fuese realidad su regreso a los ruedos, una decisión que ha mantenido hasta la actualidad con varias idas y venidas. Antes, Antoñete, ejemplo también de diestro guadianesco, tras su última retirada en 1985, se lo pensó y volvió a torear en 1987 manteniéndose en activo aún en 1997, aunque su adiós fue intermitente hasta que en julio de 2001, después de sufrir una crisis cardiorrespiratoria durante una corrida en Burgos, aceptó poner fin a su carrera definitivamente. Y hay muchos más casos. Ahí están Belmonte y Benítez, nada menos.

También Morante recapacitó y ha decidido, como aquel Joe Rígoli de la tele de hace medio siglo, que sigue. Lo que no deja de ser una muy buena noticia para el aficionado, y para el negocio taurino, tan necesitados ambos de gente especial y con tanto carisma y personalidad como él. Que sea para bien.

Treinta monedas de plata / por David Barberá

Javier Tebas

Nota: LaLiga ha decidido remunerar con cincuenta euros a aquel que denuncie a alguien que piratee el fútbol.

'..Lo que necesita LaLiga es liberar las cadenas financieras que impiden a los clubes obrar con libertad, recuperar la propiedad de su futuro y, sobre todo, recordar que la dignidad de un vecino vale infinitamente más que los cincuenta euros que vale la traición..'

 Treinta monedas de plata

David Barberá
Es muy curioso cómo las noticias nos siguen sorprendiendo a pesar de seguir siendo las mismas durante siglos. En la Roma de Tiberio, cuando el imperio comenzaba a mostrar las grietas de su propia obesidad administrativa, surgió un grupo de ciudadanos conocidos como los delatores. Estos no eran guardias ni magistrados, sino vecinos comunes que, incentivados por una parte de los bienes del acusado, denunciaban a sus iguales por traición.

Por traición… Irónico, ¿verdad? La sociedad por tanto no colapsó por los bárbaros, sino mucho antes, cuando la confianza se pudrió desde dentro y el hombre de al lado dejó de ser compatriota para convertirse en oportunidad.


Ahora es Javier Tebas el que ha decidido resucitar esta arqueología de la infamia en los bares de España. El mecanismo siempre ha sido el mismo, desde Tiberio hasta la Stasi: romper la cohesión social horizontal —la confianza entre vecinos— para proteger al poder vertical. Démonos cuenta de que, al ofrecer 50 euros a quien denuncie la emisión de un partido pirata, el presidente de LaLiga no está lanzando una campaña contra la ilegalidad audiovisual, sino que está firmando el acta de defunción moral de su propia competición. Porque, cuando una industria necesita convertir a sus clientes en policías para proteger su producto, el problema no es el robo, es la irrelevancia.

Así que rasquemos la superficie de esta medida desesperada. Porque el chivatazo remunerado es la cortina de humo perfecta, un truco de ilusionismo diseñado para que miremos al señor que decodifica la señal y no a la luna que se está eclipsando sobre la pantalla. La narrativa oficial nos dice que el fútbol patrio muere porque la gente lo ve gratis. La realidad, mucho más técnica y dolorosa, es que LaLiga ha sido sometida a una lobotomía financiera en los últimos años.


Y es que el gran pecado original se llama CVC, un acuerdo vendido como la salvación y que, en realidad, operó como una hipoteca inversa sobre producto futuro. Al ceder un porcentaje significativo de los derechos audiovisuales durante cincuenta años a cambio de liquidez inmediata, los clubes españoles no recibieron una inversión; recibieron un adelanto de su propia herencia a un interés… usurero.

Imaginen a un agricultor que para comprarse un tractor tenga que entregar el 10% de su cosecha al banco hasta el 2076. Ese tractor se oxidará, se estropeará o quedará obsoleto en quince años, pero la deuda seguirá ahí medio siglo. Mucho se podría decir de este acuerdo en términos económicos y legales, pero hay más que me gustaría exponer antes de acaparar más texto.

Y es que a este empobrecimiento estructural se le suma la rigidez cadavérica del Fair Play Financiero; y si el CVC era el pecado capital, esta es la gran mentira de Tebas.

LA OFERTA DE LOS 50 EUROS ES, EN ÚLTIMA ESTANCIA, LA CONFESIÓN DE UN FRACASO. ES ADMITIR QUE EL PRODUCTO YA NO GENERA LEALTAD, SINO PICARESCA

Mientras en la Premier los equipos mantienen la soberanía total de sus ingresos, lo que les permite reinvertir cada libra que generan, los equipos españoles inician cada temporada con una mochila llena de piedras que lastra su capacidad para competir en el mercado de fichajes. Y para entender esto, y por qué la Premier navega en yates mientras LaLiga achica agua en botes salvavidas, hay que mirar la sala de máquinas, no la antena parabólica. Porque ellos entienden el fútbol como una industria de riesgo capitalista donde se permite inyectar dinero para hacer crecer el valor de la empresa —y por ende, del espectáculo—, y Tebas ha optado por un control económico preventivo que roza la asfixia soviética. Al impedir que los clubes gasten un euro que no hayan generado previamente por sí mismos, se ha creado un círculo vicioso de mediocridad: como no podemos invertir, no traemos buenos jugadores; como no tenemos buenos jugadores, el espectáculo es pobre; como el espectáculo es pobre, generamos menos; y como generamos menos, el límite salarial del fantástico Fair Play Financiero baja aún más en el siguiente ejercicio.


Es la pescadilla que se muerde la cola. Tebas se jacta de tener la liga más saneada del mundo, lo cual es cierto, del mismo modo que el cementerio es el lugar más tranquilo de la ciudad. Ha confundido la solvencia contable con la vitalidad industrial. De nada sirve tener las cuentas inmaculadas si tu producto es tan malo que tienes que sobornar a la gente para que vigile a otros.

Y en la cúspide de este sistema de austeridad para la plebe, el sueldo presidencial sigue subiendo ajeno a la gravedad. Resulta antropológicamente fascinante cómo las estructuras de poder, cuando entran en fase de decadencia, tienden a blindar a sus líderes mientras exigen sacrificios en la base.

LA SOCIEDAD ROMANA NO COLAPSÓ POR LOS BÁRBAROS, SINO MUCHO ANTES, CUANDO LA CONFIANZA SE PUDRIÓ DESDE DENTRO, Y EL HOMBRE DE AL LADO DEJÓ DE SER COMPATRIOTA PARA CONVERTIRSE EN OPORTUNIDAD

Esto recuerda, por no perder la costumbre, al síndrome de Versalles: subir el precio del pan —suscripción— mientras se ignora que no hay harina. Así que en definitiva, la oferta de los 50 euros es, en última estancia, la confesión de un fracaso. Es admitir que el producto ya no genera lealtad, sino picaresca. Un bar lleno de gente viendo el fútbol debería ser un templo de comunión, el último reducto de la comunidad física en un mundo digital. Convertirlo en escenario de sospecha, donde el cliente mira de reojo al dueño calculando si la denuncia pagaría la cena, es destruir el tejido social que sostiene al mismo deporte.

Lo que necesita LaLiga es liberar las cadenas financieras que impiden a los clubes obrar con libertad, recuperar la propiedad de su futuro y, sobre todo, recordar que la dignidad de un vecino vale infinitamente más que los cincuenta euros que vale la traición.

Valdemorillo (Madrid). Un bravo toro de Fuente Ymbro y oreja a Borja Jiménez y Tomás Rufo / por Andrés Amorós

Aspecto de la plaza de Valdemorillo este sábado, en el comienzo de la temporada. Plaza de Toros La Candelaria de Valdemorillo 

Comienza con lleno la Feria de Valdemorillo,
 la primera de la temporada

Un bravo toro de Fuente Ymbro y oreja a Borja Jiménez y Tomás Rufo

Crónica de Andrés Amorós
El Debate / 07 feb. 2026 
Ni la lluvia, ni el frío, ni la nieve, ni los sectarios ministros, ni los exóticos seudoexpertos pueden con la fuerza imparable de la Tauromaquia: con la Feria de Valdemorillo, comienza la temporada taurina de 2026. En medio de tantas catástrofes, climáticas y políticas, los aficionados volvemos a sonreír: ¡vamos a los toros! Cae una nevadita al entrar pero en la Plaza, que se llena, estamos muy a gusto. Los aficionados tenemos ganas de ver toros.

La Feria de Valdemorillo está dedicada a San Blas, patrono de las afecciones de garganta. El sabio refranero nos alertaba: «Por San Blas, la cigüeña verás». Anunciaban las cigüeñas que se acercaba al final del invierno, aunque este año no lo parezca.

También es ésta la Feria de la Candelaria: celebra la Presentación de Jesús en el templo y la Purificación de la Virgen, cuarenta días después del parto. El símbolo de las Candelas es claro: Jesús es la luz del mundo, que nos ilumina a todos. Se celebra en muchos lugares de España y de Hispanoamérica.

Para los aficionados, la Feria de Valdemorillo significa el ansiado comienzo de la temporada taurina. Quedan en nuestro recuerdo aquellas corridas con nieve y mantas... Desde la construcción de la Plaza cubierta de la Candelaria, la comodidad para presenciar el festejo es total.

En los últimos años, además, el acierto de la empresa ha logrado unas corridas de verdad interesantes, con un factor añadido: aunque el coso sea de tercera categoría, acuden siempre a Valdemorillo muchos exigentes aficionados madrileños, a comprobar cómo inician la temporada los diestros. Su opinión correrá luego por los mentideros de la capital. Por eso, quedar bien en Valdemorillo es muy importante.

La primera corrida de toros anuncia un atractivo mano a mano, que se repetirá en Fallas: Borja Jiménez y Tomás Rufo, dos de los diestros jóvenes de prestigio más consolidado.

Las reses son de tres ganaderías. Los toros de Capea, 1º, noble y flojo; 2º, manso, manejable. Los de Fuente Ymbro, 4º y 5º, encastados y bravos. Los de Hermanos García Jiménez, manejables, sosos. Por culpa del mal uso de la espada, Borja Jiménez y Tomás Rufo cortan solo una oreja. Se quedan sin salir a hombros.

Borja Jiménez cortó una oreja al primero de su lote

El primero, de Capea, humilla mucho ya de salida. Con un toro tan bondadoso pero flojo, Borja Jiménez liga muletazos aceptables, deslucidos por el encimismo; hubiera lucido más intentando alargar los pases. Entrando desde muy lejos, como suele, mata mal, muy perpendicular: oreja.

El tercero, de García Jiménez, se duele en banderillas pero saca algo de casta. Comienza Borja con los ahora habituales muletazos cambiados, que prodiga Roca Rey. La faena es voluntariosa pero acelerada, con algunos enganchones. Y vuelve a matar muy mal.

Pase de pecho de Borja Jiménez, este sábado en la primera feria de la temporada, la de Valdemorillo

Recibe con buenas verónicas al quinto, de Fuente Ymbro, bravo. Se luce Iván García en dos grandes pares de banderillas. Con más toro, Borja está mejor. Para amarrar el triunfo, recurre a los actuales populismos: muletazos cambiados e invertidos. Se mete en medio de los pitones y acaba sufriendo una voltereta. El público aplaude este encimismo, que no es ciertamente lo mejor. Entra a matar andando y no logra la estocada hasta el tercer intento, en el que acaba cayendo en la arena. Se queda en petición y vuelta.

El segundo toro, de Carmen Lorenzo (Capea), mansea claramente de salida, va y viene: cuando Tomás Rufo le baja la mano, responde con nobleza. Aplauden mucho un circular. Acaba rajándose a tablas, como amenazó hacer desde que salió. Si Rufo hubiera hecho la faena donde el toro quería, hubiera podido lucirse más. Y mata mal, sin confiarse.

El cuarto, de Fuente Ymbro, tiene la presentación, la casta y la emoción de un toro bravo, que repite y humilla. Dándole distancia, acude con alegría. Cuando Rufo le hace las cosas bien, responde perfectamente. Las tandas son desiguales, pero tienen la emoción que aporta un toro bravo. Acaba bien, rodilla en tierra, y con una gran estocada. El toro tarda en caer, suena un aviso pero tiene una muerte de toro bravo: oreja. El público no debe impacientarse. Algunos pitan que no se dé la vuelta al ruedo al toro, que la merecía, pero el público no la ha pedido.

Tomás Rufo, este sábado en Valdemorillo

El último, de García Jiménez, flaquea y es muy soso. Vemos el cuarto quite por chicuelinas de la tarde: ¡es demasiado! El trasteo es desigual, se queda a medias, ya sea porque el toro transmite muy poco o porque el diestro no acierta a cuajar una faena compacta. Vuelve a fallar con la espada.

El festivo público se ha quedado con las ganas de sacar a hombros a los toreros pero unos cuantos chiquillos bajan al ruedo para ver de cerca a sus héroes: son un ejemplo de esos chicos a los que perjudica tanto el espectáculo taurino, según la opinión de esos expertos, de países donde nunca se ha celebrado una corrida…

Rufo cortó una oreja al cuarto de la tarde

A Borja Jiménez lo he visto muy firme y dispuesto pero, como su estilo no es de una estética exquisita, necesita para brillar de verdad un toro más encastado. Por su afán de triunfo, a veces se embarulla: debe serenar su toreo. Y tiene un problema real con la espada: entra desde muy lejos, dando pasos rápidos; cuando llega a la jurisdicción del toro, éste levanta los pitones, le impide pasar y ha de matar muy vertical. Me sorprende que él o su apoderado no sean conscientes del problema y traten de solucionarlo. Para la carrera taurina de figura del toreo, necesita dominar la técnica de la estocada.

El caso de Tomás Rufo es diferente, aunque también ha fallado hoy demasiado con la espada. Su línea estética, toledana, se basa en el dominio. Como explicaba por la mañana Salvador Balil en Las Ventas, en la primera conferencia de «Los de José y Juan», el toreo clásico exige llamar al toro de frente, dar el medio pecho, cargar la suerte de verdad, no recurrir a la comodidad del pico de la muleta… Rufo sabe hacerlo: de él depende que tome un camino más auténtico –pero más difícil– o no.

A la salida, fuera de la Plaza de Valdemorillo, la noche sigue siendo inverniza. Dentro de la Plaza, nos hemos asomado a la eterna primavera del arte. No saben Urtasun y sus gentes lo que se pierden…

POSTDATA. Por trágica coincidencia, se celebra también en estas fechas la Feria de las Candelas en Adamuz (Córdoba). La llaman popularmente la de los «culiquemaos», porque los jóvenes saltan por encima de las candelas de romero, «para que salga lo malo y entre lo bueno». En la España actual, ¡cuánto necesitamos que estos saltos cumplan su objetivo! Nunca hay que perder la esperanza. Nos lo advirtió Antonio Machado: «El hoy es malo pero el mañana… es mío».

  • Ficha
Valdemorillo. Sábado, 7 de febrero de 2026. Fiestas de San Blas y la Candelaria. Plaza de toros de la Candelaria. Lleno.

Toros de El Capea (1º y 2º), flojos y nobles. De Fuente Ymbro (4º y 5º), encastados y bravos. De Hermanos García Jiménez (3º y 6º), sosos y manejables.

BORJA JIMÉNEZ, de grana y oro, estocada muy perpendicular y desprendida (oreja). En el tercero, cuatro pinchazos y media (silencio). En el quinto, dos pinchazos y estocada (petición y vuelta).

TOMÁS RUFO, de azul marino y oro, en el segundo, tres pinchazos y estocada (silencio). En el cuarto, buena estocada (aviso, oreja). En el sexto, tres pinchazos y estocada (aviso, silencio).

Inicio en Francia

Será el día 4 de abril con dos funciones

Aignan dará los primeros festejos de la temporada.

La ciudad francesa de Aignan abrirá oficialmente la temporada taurina francesa. Será el día 4 de abril con dos funciones. Por la mañana habrá una novillada en la que se lidiarán erales de Astarac  siendo sus matadores Bautista Angosto, Rémy Asensio y Moreno Leal.

Por la tarde se celebrará una corrida con toros de Araúz de Robles para Alberto Lamelas, Rafael Serna y Dorian Canton.

sábado, 7 de febrero de 2026

Perú: Acho cumplió 260 temporadas / por Jean-Charles Olvera


'..Un vasco y un catalán, dos españoles de aquel ya lejano siglo XVIII, construyendo e inaugurando la plaza que aún es la más antigua de América. Toda una incongruencia para los actuales revisionistas que mantienen que estos dos pueblos ibéricos, vascos y catalanes, serían antitaurinos por antonomasia..' 

Perú: Acho cumplió 260 temporadas

Por Jean-Charles Olvera - Perú
La plaza de Acho en Lima fue inaugurada un 30 de enero de 1766, cumpliendo estos días sus 260 años.

Fue construida por iniciativa del alcalde de Lima, Agustín de Landaburu y Ribera, de origen vasco, inaugurándose durante el Virreinato del Perú, gobernando entonces el Virrey español Manuel de Amat y Junyent, de origen catalán. Un vasco y un catalán, dos españoles de aquel ya lejano siglo XVIII, construyendo e inaugurando la plaza que aún es la más antigua de América. Toda una incongruencia para los actuales revisionistas que mantienen que estos dos pueblos ibéricos, vascos y catalanes, serían antitaurinos por antonomasia. Aquí la prueba de lo contrario.

Acho, actualmente en el distrito del Rímac, fue un barrio también conocido a sus inicios como Nueva Triana. El distrito tomó ese nombre del río Rímac, el Guadalquivir limeño, que le separa del centro histórico y colonial que está justo enfrente, pasando el puente. Dos mundos distintos, como tantos hay en ese crisol de pueblos, de etnias y de culturas que viven y coexisten en Perú.


La plaza de Acho también es una de las más antiguas aún de pie, tras las españolas de Béjar, Santa Cruz de Múdela, Campofrío, Almadén, Rasines y Almagro. Todo un hito seguir estando en pie. Y para tal 260 aniversario, el pasado domingo 1 de febrero se dio un festival taurino internacional con 8 toreros, en un festejo larguísimo y sufrido de más de 4 horas, con un aforo que cubría un cuarto de la plaza.

Aspecto de los tendidos en Acho

Pisaron el ruedo el rejoneador malagueño Ferrer Martín con un eral poco colaborador que mató de entera trasera y rehilete con la cruceta (vuelta por su cuenta). El matador gaditano Octavio Chacón (silencio) tampoco pudo lucirse con un novillo distraído de San José del Monte. El murciano Emilio Serna, afincado en Perú y que se anuncia ahora como peruano, se lesionó al ser embestido brutalmente por el de Puerto San Luis al rematar por revolera, con posible rotura del ligamento interno. Tuvo méritos de sobra regresando para la lidia del rajado novillo. Cortó apéndice tras floja petición. Esperábamos al ‘Poeta’ mexicano Manolo Juárez, bullicioso en los tres tercios, tratando con sonrisa y cierta solvencia de animar y levantar la tarde gris y calurosa limeña. Cortó oreja tras leve petición.

Fueron silenciadas las 3 siguientes actuaciones, la del diestro peruano Sebastián Vela con un novillo con sentido, la del extremeño Manuel Perera, con un eral de poco juego, y la del matador peruano Cristhián Ramos con un astado mal presentado y desrazado.

En el 5º malo de San Pedro que le tocó a Sebastián Vela, vino lo que pudo ser un drama; el banderillero Aldair López ‘El Rufo’ fue pisoteado feamente saliendo de un par, sufriendo una conmoción cerebral. Una pena verle inconsciente durante varios segundos y ver familiares llorando a toda lágrima cerca de la enfermería. Como indicó el parte facultativo, se recuperó y quedó en observación ahí mismo unos momentos más.

Por fin, el 8º y último novillo de la tarde noche, de Los Azahares, fue el que tuvo el trapío más serio del festival, cayendo en manos del único novillero del festejo, ¡qué casualidad!, el venezolano Alejandro Barragán, que quiso, pero no pudo con la casta del novillo, aunque la pésima presidencia le concediera las 2 orejas simbólicas tras un indulto sin propósito.

Tras el festival, uno se preguntaba, ¿pero qué será del futuro de esta plaza de Acho? La suerte que tiene es ser el coso capitalino de un país taurino aun arraigado. Pero en estas latitudes, todo puede cambiar del día a la mañana. Ojalá se celebren más aniversarios y más ferias, aunque para eso sigamos implorando al Señor de los Milagros.

El toreo avanza, la lidia retrocede / por José Carlos Arévalo

Foto: Philippe Gil Mir

EN CORTO Y POR DERECHO
El toreo avanza, la lidia retrocede

Por José Carlos Arévalo
Quien tiene unos cuantos años de afición encima puede opinar sobre cómo está el toreo, sin temor a equivocarse demasiado. Y a veces es necesario hacerlo. Para dejar las cosas un poco más claras o, al menos, para que no se tengan como dogma las bondades del toreo de ayer y las deficiencias del toreo de hoy.

La falsa actitud del viejo aficionado es perdonable, porque el ser humano hace un uso protector de su memoria. Del pasado se suele recordar (y valorar) lo bueno y se borra (y minimiza) lo malo. Y un psicólogo diría que esa es una buena terapia para que el espíritu del paciente (en este caso, aficionado) viva más tranquilo.

Pero yo, por lo que veo, soy un viejo atípico aficionado, vivo menos tranquilo y no hecho en cara la maestría de los toreros de antaño a los toreros de hoy. Por la sencilla razón de que tan generalizada creencia es falsa. Por ejemplo, si yo comparo el toro, que es unan buena vara para medir al torero, cuando yo era un chaval, el toro de Madrid no tenía el trapío y las defensas que tiene el novillo que hoy se lidia en Las Ventas. Cuando ya era un joven aficionado, llegó el guarismo que garantiza la edad mínima (cuatreña) del toro, y que cambió el toreo de muleta, desapareció la faena preconcebida, se volvió a la faena abierta, de preguntas al toro, más intensa, menos emotiva, y se redujo considerablemente el número de cornadas. Pero al crecimiento en edad del toro, le sucedió el demandado crecimiento en kilos, que trajo consigo el crecimiento (en kilos y altura) del caballo de picar, se produjo la gran paradoja: el toro más grande, con más cuernos y con un año más, duraba menos y exigía más. Y como el caballo siguió creciendo, a medida que la afición reclamaba más toro, los jefes de cuadra introdujeron el voluminoso y fuerte caballo de tiro para picar al toro. Se produjo entonces la mayor anomalía que se ha dado en la lidia: el tercio de varas, el quite siempre se hizo al jinete y su caballo, a partir de entonces, el quite se hace al toro, hecho anómalo que atenta contra los cimientos éticos de la corrida y es el mayor peligro que se cierne sobre su futuro. Pero aquí, las soluciones son a la brava. Que el toro se desploma frente al superpesado y bien protegido picador, pues que el toro crezca y pese más. Y así se ha llegado -en Madrid, la plaza más influyente- al caballo-armario de 900 kilos y al toro-tranvía de casi 700. Pero lo más curioso -y desconcertante- es que con ese toro, con el tercio de varas reducido a su mínima expresión -por culpa de la superior bravura, que se desfonda por tanta entrega en un solo puyazo equivalente a cuatro de los antiguos-, con el tercio de banderillas entregado casi en su totalidad a los subalternos, en los últimos hemos visto y vivido las mejores faenas de nuestra vida de aficionados. ¿Por qué el toreo ha avanzado en calidad y cantidad y la lidia ha perdido el interés de dos tercios, primero y segundo, antaño ricos en emoción y toreo? El viernes próximo daré respuesta a lo planteado y no resuelto en el presente artículo.