la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

jueves, 21 de mayo de 2026

La peor corrupción de Zapatero / por Irene González

El incierto futuro de Zapatero

'..La peor corrupción de Zapatero no ha sido este expolio, sino provocar la división de los españoles que fuimos enterrados en deuda y guerracivilismo para ocultar que llegaban al poder a llevárselo todo. Rescataron a los terroristas de ETA para mantenerse en el poder que le abriese la puerta al enorme negocio de extracción de rentas de abajo a arriba..'

La peor corrupción de Zapatero
Sin un Consejo de Ministros títere del presidente del Gobierno sobre el que él tiene poder e influencia no se podría dar el delito.

Irene González
Algo tanto tiempo anhelado, tanto tiempo esperado, que cuando llega tras una eternidad sostenida en la desesperanza de la injusticia, cuesta creer que sea real, que de verdad suceda. El ex presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ha sido imputado por la Audiencia Nacional investigado por delitos de tráfico de influencias, blanqueo de capitales, pertenencia a organización criminal y falsedad documental, dentro de la investigación por el desvío de fondos públicos en el rescate de la aerolínea venezolana Plus Ultra bajo la presidencia socialista de Pedro Sánchez. El auto basado en el informe de la UDEF señala a Zapatero como el "núcleo decisor" y "vértice" de una estructura destinada al cobro de comisiones públicas mediante el tráfico de influencias y la emisión de facturas por servicios de asesoría inexistentes a través de sociedades sin actividad. Zapatero es señalado como "el que ejerce el liderazgo estratégico y mantiene los contactos institucionales y empresariales de alto nivel nacional e internacional”.

Sucede de repente algo extraño en la España en la que nunca sucede nada contra la impunidad, y es que aflora esa contradicción del escándalo por la corrupción de un ex presidente del Gobierno, pero por hechos cuyo silencio ha sido normalizado. Nadie se sorprende de que Zapatero sea investigado por tráfico de influencias, lo peor es que nadie se escandalice porque haya tardado tanto.

El factor Donald Trump

El momento no puede entenderse sin los Estados Unidos. Desde que Donald Trump sacó a Maduro del poder y encontró en Delcy Rodríguez su colaboración, muchos de los personajes aledaños al chavismo han sido detenidos, como el considerado testaferro de Maduro, Alex Saab en el caso de fraude por ayuda alimentaria a los venezolanos que se investiga en Washington. En dicha causa han salido a relucir otros nombres como el de Camilo Ibrahim y Rodolfo Reyes, piezas clave de la compañía Plus Ultra con una relación estrecha con Zapatero. En las comunicaciones de Reyes se han encontrado las principales pruebas que han motivado la imputación del expresidente socialista. Desde hace tiempo se oía esa música en Washington de colaborar con España para entregar a Zapatero, y finalmente ha sucedido.

Pero la cuestión importante no es el caso judicial de Plus Ultra en concreto, ni siquiera el hecho insólito de que un ex presidente del Gobierno de España pueda acabar en prisión por delitos graves de corrupción. Lo que no se puede perder de vista son dos cuestiones tan importantes, urgentes y evidentes que por ello los medios fingirán que no pueden ser vistas a pesar de flotar en la superficie como un pez muerto.

La primera es que el delito de tráfico de influencias no puede cometerse en solitario, requiere la colaboración, la participación en mayor o menor medida de al menos dos sujetos con una relación estrecha para que pueda darse, el que busca influir en favor de un tercero a cambio de dinero y el que tiene el poder de decidir y finalmente lo hace. Es decir, 

que Zapatero sin un Consejo de Ministros títere del presidente del Gobierno sobre el que él tiene poder e influencia no se podría dar el delito. 

Si Zapatero es investigado, necesariamente ha de acabar siéndolo Pedro Sánchez; si Zapatero es condenado, el siguiente no sólo habría de ser el número 1, sino todos los ministros del Consejo cuyas decisiones son colegiadas. Pedro Sánchez es el eslabón perdido para que este delito pueda consumarse. Si buscaron estar en el Gobierno para lucrarse en el negocio de las influencias, cabe preguntarse ¿quién es realmente el Presidente, Sánchez o Zapatero?

Un sistema de expolio

La segunda cuestión pestilente que aflora en la ciénaga política ante esta imputación es la más importante. El tráfico de influencias no es una anomalía inaugurada por Zapatero, sino el negocio que teje la red que sostiene al régimen del ´78 donde la organización matriz del tráfico de influencias sería el PSOE con sede en La Moncloa, siendo el Estado la estructura de esta red. De este modo en una partitocracia, una banda que busque montarse en el petro–oro, tomará el control de un partido político con la única finalidad de llegar al poder y hacer negocios usando el ingente presupuesto público del Estado. El Régimen no ha sido otra cosa que un enorme sistema de expolio y extracción de recursos a la clase trabajadora española para que se enriqueciesen los que tenían influencia en dirigir ese flujo de riqueza. Una cloaca cuyo señor es el PSOE con la colaboración del resto de partidos regionalistas, y por supuesto la connivencia, al menos silente, del Partido Popular.

La peor corrupción de Zapatero no ha sido este expolio, sino provocar la división de los españoles que fuimos enterrados en deuda y guerracivilismo para ocultar que llegaban al poder a llevárselo todo. Rescataron a los terroristas de ETA para mantenerse en el poder que le abriese la puerta al enorme negocio de extracción de rentas de abajo a arriba. Un expolio monstruoso que para el socialismo bien valía romper España y ocultarlo bajo muros de ideología que han paralizado y destruido nuestro país en el cainismo izquierdista. Tienen por mesías a Zapatero porque su religión es el odio a España y su amor por el dinero. Es insostenible que el Gobierno continúe hasta el 2027. Es insostenible que el PP sólo espere heredar un sistema sin plantear reformas.

San Isidro'26. Los Saltillo. Corridas que pasan factura y toros que pesan. Campos & Moore


Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.
Miércoles, 20 de mayo de 2026. Undécimo festejo de la Feria de San Isidro.

 Encierro de cinco toros de Saltillo (procedencia Marqués de Saltillo, antigüedad de 1845). Bien presentados. Cinqueños menos el segundo. Cárdenos. Mansos. Distraídos. El primero fino y cornivuelto, noble. El segundo, de menos trapío, muy manso, corretón y sin fijeza. El tercero desentendido de la pelea, a menos. El cuarto abierto de cuerna, duro de roer. El sexto encastado, fino de lámina, cuerna abierta, con cara de listeza, embistió con emoción. Primero, tercero y sexto fueron aplaudidos en el arrastre. El quinto toro fue de la ganadería de Couto de Fornilhos (procedencia Conde de la Corte y Atanasio Fernández, antigüedad de 1992), cinqueño, un toro feo, grueso, muy manso, no quiso caballo y se dolió en banderillas. Tres cuartos de entrada. Tarde primaveral con un ápice de calor.

Terna: José Carlos Venegas, de Beas de Segura (Jaén); de blanco y oro, con cabos blancos; quince años de alternativa; ningún festejo en 2025; ovación y silencio. Juan Leal, de Paris (Francia), de azul cielo y oro, con cabos blancos; trece años de alternativa; cinco festejos en 2025; silencio y silencio tras aviso. Juan de Castilla, de Medellín (Colombia), de nazareno y oro, con cabos blancos; nueve años de alternativa; quince festejos en 2025; palmas tras aviso y silencio tras un aviso.

Suerte de varas. En general, a los toros no se les pico bien y se les pegó. Al primero metisaca y barrena. El segundo bien cogido en las varas por José Ney. Al tercero trasero y caído. Al cuarto trasero en la primera y metisaca en la segunda. El quinto realizó varias entradas en varas, recibiendo distintos picotazos por falta de fijeza. Elegimos la descripción de la suerte de varas al sexto, el toro que mostró mejores condiciones en la faena de muleta. Teo Caballero en la primera entrada le pegó un lanzazo trasero fuerte y el astado es sacado al cabo. En las segunda el toro llega de lejos a la montura y el picador le coge (nuevamente) trasero, el burel sale al capote, y el picador se quedó con ganas de barrenar.


PEPE CAMPOS
El esperado encierro de toros de Saltillo en cierto modo defraudó pues los astados no desplegaron un juego espectacular. Además, la primera decepción vino por no lidiarse completa la corrida. Hubo un remiendo que correspondió a un toro de Couto de Fornilhos, lidiado en quinto lugar, que fue un animal muy manso, tosco, incluso grosero, e impidió el bamboleo del toreo de Juan Leal. Los toros de Saltillo tienen leyenda y sus genes han saltado a otras ganaderías como ocurre con la línea Santa Coloma; incluso es una de las bases del ganado mexicano que ha derivado en ese toro serio y templado de allende los mares. La leyenda peninsular de los toros de Saltillo proviene de sus ejemplares míticos que pelearon con entereza en los caballos antaño (Caramelo, en Cádiz, en 1867, que recibió 27 varas) o permitieron triunfos sonados de espadas señeros (Granadino, en Santander, en 1926, toreado por Juan Belmonte). Recientemente se recuerda la vuelta al ruedo al ejemplar Asturdero, lidiado por Octavio Chacón en Madrid, en 2018; o el toro más legendario de comienzos del siglo XXI, Cazarrata, lidiado por Sánchez Vara en 2016, por su juego indómito, indócil y montaraz. En suma, Saltillo es una ganadería que aporta con sus toros historia, mitología y rigor, porque son astados bravos o renuentes, pero nunca insulsos ni bobalicones. Los toros de ayer de Saltillo (solo cinco) no añadieron nada nuevo reseñable para los anales de esta ganadería emblemática. Cierto. A pesar de todo hubo un fondo de severidad en ellos que es lo que hace que para matarlos se anuncien toreros modestos, poco conocidos, de escaso recorrido taurino. Éste es un aspecto que merece la pena que nos detengamos a reflexionar sobre él.

De acuerdo en que ayer la corrida no fue demasiado buena. Eso sí, hubo dos toros que pudieron tener mejores trasteos, el primero y el sexto. Además del tercero, que pudo haber tenido mejor recorrido en la lidia y en la muleta. Pero vayamos sin más preámbulos al meollo de la cuestión. Si los toros de Saltillo poseen leyenda, historia, mítica y dificultad, ¿por qué solo son toreados por toreros que están muy alejados de los primeros puestos del escalafón y de la fama? ¿Será por la dificultad de torearlos y poderles? Pensamos que sí. La fiesta de los toros ha tomado unos derroteros que son los que presenciamos. Los toros difíciles que pueden dar verdadera fama a sus matadores no son toreados por los espadas que suman más contratos, que prefieren anunciarse con lo más suave, fácil y llevadero. 

Todo este planteamiento se puede entender, pero entonces surge el asunto de cómo se debe valorar a los toreros modestos que pechan con lo más duro, difícil, complicado y, en ocasiones, desabrido, porque cuando las corridas no salen buenas en la lidia de este ganado duro, sobreviene el fracaso, la crítica y la caída en el ostracismo. La afición a los toros no suele tener memoria, iguala en el éxito y en el fracaso a los matadores que matan lo comercial o lo extremadamente dificultoso. Desde este punto de vista, esta peculiaridad de la potencia humana que gobierna y mide las experiencias de la vida: la de su fragilidad en el recuerdo humano [no me acuerdo si te he visto], valida la decisión de las figuras del toreo cuando prefieren torear lo más dúctil, porque existe un porcentaje mayor de éxito y nunca sobreviene el verdadero fracaso. Con el toro comercial se puede sobrevivir sin sonados éxitos y con actuaciones mediocres, tarde tras tarde. Con el toro dificultoso el fracaso está a la vuelta de la esquina y se hace patente, aparte del peligro que conlleva ponerse delante. Las corridas duras «pasan factura» a sus matadores, les van desgastando, y sus toros «pesan», por su «gravedad», por la fatiga que hacen pasar.

De ese modo el porcentaje de valor que posee un matador, con las corridas duras disminuye en progresión geométrica, mientras el aminoramiento del mismo con las corridas usuales (con el toro de carril) sólo resta (el valor) en progresión aritmética. Desde este punto de vista, el mérito de los tres matadores de ayer es enorme, por el solo hecho de anunciarse con Saltillo (al margen del juego de los toros) porque conlleva un debilitamiento, una «erosión» en las fuerzas, un agotamiento de las capacidades que lima el valor y acelera el envejecimiento de cualquier trayectoria taurina o carrera.

Ayer Juan Carlos Venegas se presentaba a torear en Madrid sin haber toreado ninguna corrida en 2025 (serán muy pocas en toda su vida taurina). En su primero toro dio la sorpresa pues se le vio seguro y decidido. Ante un toro con buen son, pero listo, estuvo en la divisoria del acoplamiento. En ocasiones corrió bien la mano y llevó largo a Caramelo. En otras el astado equilibró la lucha al no dejarse torear y dificultar el manejo de la franela de Venegas. Alguno de los pases tuvieron verdadero mérito. Un éxito con este ejemplar de Saltillo (que pudo suceder y lo impidió la falta de rodaje de Venegas) hubiera sido un milagro. Tragó, aguantó y toreó en sus límites de lo posible. Mató de una estocada tendida y atravesada en la suerte natural. En el cuarto, un ejemplar en la línea de la renuencia que dan fama a los Saltillos, Venegas, muy poco toreado, estuvo a la deriva, pues no pudo con el toro. 

Aquí aparece la injusticia pues se le pasará factura a Venegas por no haber estado solvente con un toro que «pesaba», y que nos hubiera gustado ver en manos de, por ejemplo, de los que van a torear hoy, para comparar. 

Venegas mató en la suerte natural de una estocada casi entera, atravesada y tendida, más un descabello.

Juan Leal, no pudo poner en escena su toreo de cercanías y circulares. El toro de Saltillo no se lo facilitó. Tampoco el de Couto de Fornilhos. Al de Saltillo muy manso y distraído lo quiso torear en los medios. Se le salía de la suerte constantemente. Barbeaba la muleta y se desentendía de su mando. Finalmente, el toro tras recibir una estocada casi entera, delantera, caída, en la suerte contraria, se fue a morir al tres, a toriles, a la querencia, dejando la duda sobre si esos hubieran sido los terrenos más apropiados para meterle en vereda. 
En el quinto de Couto de Fornilhos, muy manso, Leal quiso hacer su toreo. Fue desarmado. Leal, despegado, quiso meterse en sus cercanías, pero ni a trancas ni a barrancas pudo conectar el torero galo con el toro portugués. Mató en la suerte contraria de estocada baja.

A Juan de Castilla se le vio sin confianza. Las cornadas le han ido mermando su seguridad. No está totalmente recuperado. En los dos toros hizo un esfuerzo por meterse en la tarea de torear. La lucha por conseguirlo se hizo más dramática en el sexto toro, de buena condición. En el tercero inició su labor con verónicas donde se vio esa limitación de posibilidades de Juan de Castilla. La faena de muleta comenzó de rodillas en los medios. Luego dio distancia al toro, pero no se hizo con su embestida, le falto frescura de ánimo. Estuvo maniatado por el recuerdo de sus percances recientes. Toreó con prisas, no corrió la mano en el terreno adecuado, se mantuvo por las afueras. No le salió saber enganchar al toro de delante hacia atrás, una característica de su toreo que no asomó en toda la tarde. Ni siquiera en los pases finales por bajo se impuso al Saltillo. Mató de una estocada delantera en la suerte contraria. En el sexto todo le costó un mundo. El toro era bueno pero «pesaba». Exigía. Había que entenderle y llevarle, disponer de valor y entrega, de coraje y suficiencia. A Juan de Castilla no le salió lo que pretendía, y estuvo alejado de lograr lo que el toro necesitaba. Mató de cinco pinchazos y de una estocada tendida en la suerte natural.



ANDREW MOORE





















FIN

Diderot de luces / por Paco Delgado

Luis Francisco Esplá, Diderot de luces.

'..Muchas son las facetas que se pueden admirar en este torero, y a través de ellas se ha podido observar cómo ha sabido desarrollar sus muchas posibilidades y conocimientos y se ha convertido en un personaje que trasciende de su papel estrictamente taurino..'

VIENTO DE LEVANTE
Diderot de luces

Por Paco Delgado
En unos días celebrará medio siglo como matador de toros, 50 años de una alternativa que en su momento fue noticia y le permitió estar en activo más de tres décadas, siempre suscitando interés y siempre interesante para público y aficionados que supieron apreciar en él una personalidad sumamente atractiva y una tauromaquia enciclopédica que le hizo distinto de todos sus coetáneos.

Luis Francisco Esplá, que brindó su primer toro a su padre, sí consiguió lo que su progenitor, Paquito Esplá Vicente, no pudo: convertirse en matador de toros. Y lo fue logrando ser él mismo, sin parecerse a nadie, creando un molde que rompió cuando dijo adiós, aunque al cumplir ahora sus bodas de oro con su profesión sigue admirando por su capacidad intelectual, preparación, inteligencia y claridad de ideas.

Muchas son las facetas que se pueden admirar en este torero, y a través de ellas se ha podido observar cómo ha sabido desarrollar sus muchas posibilidades y conocimientos y se ha convertido en un personaje que trasciende de su papel estrictamente taurino.

Aunque el periodista madrileño Antonio Campuzano lo calificó como el torero geométrico, su gran personalidad y muchas habilidades quizá le hagan exceder de la mera consideración clasificatoria y hubiese que profundizar más hasta denominarle como poliédrico en atención a sus tantos registros.

Su tauromaquia se asentaba en la combinación de línea, superficie y volumen, que se trasmutaba en alma, corazón y cabeza. Una doble trilogía en la que la materia gris primaba sobre el sentimiento y el arrojo hasta perfilar su propia estructura en la que cada momento encontraba su terreno propicio y cada cuestión planteada por sus oponentes tenía adecuada respuesta.

Su manera de ser excedía ampliamente de los reducidos límites de una plaza de toros, porque rompió con los férreos esquemas que definen las formas admitidas -algo que no siempre se tomó a bien entre los taurinos, anclados en un pasado inamovible y a los que provocaba con invectivas como que “eso de que hay que ser torero y parecerlo es una afirmación obsoleta”; nunca se cortó en decir que para él eso era una ridiculez, puesto que uno debe mostrarse como es, pero no forzar la pose fuera de contexto- pero observando siempre la mayor obediencia al fondo de un arte en el que fue maestro consumado.

Clásico como se ha dicho en estética y concepto, para él era tan importante la escenografía como el propio actor y cuando son tantos años de experiencia, sigue siendo un torero excepcional que de no haber existido se tendría que haber inventado.

Su capacidad creadora no se limitaba, ni se limita, a su profesión y su amplitud de miras le han permitido ocuparse de las disciplinas del alma y si como torero ha obtenido el reconocimiento de todos, como pintor ha sabido granjearse el respeto de los entendidos y, lo más importante, su propia satisfacción.

Denis Diderot, con su Enciclopedia, proyecto al que consagró buena parte de su vida, buscó cambiar el modo de pensar estereotipado de su tiempo, convencido de contribuir a transformar el orden social establecido, intentando dar herramientas para que los ciudadanos fuesen más instruidos y reflexivos y, dentro de sus posibilidades, como el ilustrado francés, Esplá tiró de enciclopedia tratando de que los espectadores no se limitasen a digerir mecánicamente un ritual que la mayoría ni entendía ni comprendía.

De haber podido intercambiar sus respectivas épocas y roles, el torero alicantino se habría involucrado de lleno en aquella tan ambiciosa iniciativa, todavía por culminar, que se convirtió en un emblema para el Siglo de las Luces, y Diderot se habría vestido de luces para dar visibilidad y más amplios horizontes a la tauromaquia.

MADRID/ 11ª San Isidro.- El toro que no se deja / por Jorge Arturo Díaz Reyes

José Carlos Venegas con “Asturiano” el 4°. Foto: Las Ventas

José Carlos Venegas saludó una ovación en el primero. Lo demás fueron cinco silencios compartidos con Juan Leal y Juan de Castilla, frente a un complejo y exigente encierro...

El toro que no se deja

Jorge Arturo Díaz Reyes
CrónicaToro / Madrid, 20 V 2026
Tarde veraniega, sol, cielo azul y 30ºC a la sombra. En ella, los de Saltillo y Couto Fornilhos (los dos primeros), formaron un conjunto dispar de 572 kilos promedio. Cinqueños todos, menos el segundo. Fueron a los caballos de largo y empujaron los más, pero en general inciertos y con genio para la muleta. Se aplaudieron en el arrastre primero, tercero y sexto, por un público a tres cuartos de aforo, que terció por las divisas. No se “dejaron”, como es de aplauso para la clientela moderna del espectáculo. Eso pensarían los que los ovacionaron. Dos de ellos, menos aviesos y revoltosos en sus embestidas, quizás merecieron mejor trato y menos prevención de sus lidiadores; el primero y el tercero.

José Carlos Venegas, abrió con “Asturiano”, un bello cárdeno capirote, muy bien puesto de pitones encima de sus 585 kilos. Desarmó en las primeras de cambio, se peleó con dignidad frente al conjunto ecuestre, en dos varas duras y Fernando Sánchez le adornó con un par de mucha pinturería y fuste. El brindis al público fue refrendado con una lidia de tandas cortas, en que la minimización del tiempo en la cara del toro y la falta dominio total sobre la poderosa arremetida, impedían llevar la ligazón más allá. El volapié fue honesto, pero la estocada corta. Sin embargo, surtió efecto pronto y la gente valoró el estar ahí frente a esa imponente poder de fuego sin desmerecer, y tributó una ovación sin discrepancias.

En el resto de la tarde los toros mandaron. Con todo y los tres pares de postín al cuarto ejecutados por Iván García y Fernando Sánchez. Desmonterándose el uno, bajo la gran ovación, el otro (Sánchez) no quiso. Era para los dos. Tras un tanteo que pareció innecesario, el jienense se fue a los medios comenzó a pasar por la derecha en series de a cuatro y cinco en las cuales el toro ganó el mando y se fue arriba, haciendo del resto de la lidia más una operación defensiva que de dominio. Una colada de miedo anunció quien tenía el poder. Qué si, difíciles, agresivos, peligrosos. Pero precisamente para eso es la lidia.

El tercero, “Granadino” de 585 kilos fue el más pesado, pero a cambio el de más nobleza. El colombiano Juan de Castilla, dejó ir una oportunidad heroica con él. De las que le han dado renombre. Pero no quiso. Le cedió los terrenos, los tiempos y la elección. Su faena había comenzado prometiendo mucho. De rodillas en el platillo, esperando desde tablas el furioso galope, y unciéndolo en cinco derechas redondas y uno de pecho. Fue su momento más brillante en la tarde. Tiene crédito aquí, la cosa parecía ir palo arriba. Pero todo quedó en esa promesa. Luego la faena se fue por tandas minúsculas, citadas al hilo del pitón, lo cual terminó por agotar la paciencia de sus simpatizantes y antes de los puristas. Con cuatro ayudados por bajo puso en suerte al serio saltillo y le propinó una estocada corta delantera que fue suficiente. El arrastre se llevó una gran ovación, y el paisa un silencio que pareció haberse podido evitar de haber querido un mejor acople a las bondades del toro. 
Con el sexto que llevó su aspereza y medición hasta el extremo, nada fuera de salvar la piel. De remate, tres pinchos, un aviso y media destocada delantera tarda que volvió dar los aplausos al toro.

El francés Juan Leal, se estrelló contra el cuestionario de alta complejidad que le opusieron sus dos toros. Al segundo lo mató de un espadazo hondo tendido con aviso, y al mansurrón y taimado quinto con una espada trasera y un aviso.

  • FICHA DEL FESTEJO
Madrid. Miércoles 20 de mayo 2026. Plaza de Las Ventas. 11ª de San Isidro. Sol 30º C. Casi lleno. Seis toros, 4 de Saltillo y 1º y 2º de Couto
Fornilhos, 572 kilos promedio, cinqueños, excepto el 2º, serios y complicados.
Jose Carlos Venegas, saludo y silencio.
Juan Leal, silencio y silencio tras aviso.
Juan de Castillo, silencio tras aviso y silencio tras aviso

Incidencias: Saludó tras parear al 4ºIván García, no quiso Fernando Sánchez.

San Isidro/26: Na de na / por Antolín Castro


'..Venegas estuvo muy firme con el primero, quizá el mejor por noblote, y corrió bien la mano en varias series. Digna faena que remató con una estocada. Saludó la única ovación de la tarde..'

San Isidro/26: Na de na

Opinión y Toros / 20 Mayo 2026
Muchos fueron con ilusión a la plaza a ver los Saltillo, misma ilusión que el miércoles pasado para ver los de Partido de Resina.

Luego, como no existen los milagros, las cosas transcurrieron distintas a como se esperaban. Otros muchos fueron a lo que saliera, entre otras muchas cosas porque no saben nada de si son de Saltillo o de Partido de Resina. Unos y otros salieron decepcionados, cansados por tan larga función.

Cinco toros de Saltillo y un remiendo de Couto de Fornilhos, en quinta posición. Corrida sería, eso se esperaba, pero los de Saltillo fueron en conjunto sorprendentes, parecían que ofrecían triunfos en lugar de dar ‘bocados’, mansitos en distinto grado. El de Couto fue un corraleado, hizo sobrero dos días, y se pasó el tiempo huyendo.

Los toreros sabían a lo que venían y se puede decir que estaban más preparados para la guerra, guerra que sólo hubo con el que hizo cuarto. Venegas estuvo muy firme con el primero, quizá el mejor por noblote, y corrió bien la mano en varias series. Digna faena que remató con una estocada. Saludó la única ovación de la tarde. Luego le llegó la guerra de un Saltillo en su salsa. Poco podía hacer salvo salvarse de las tarascadas de su oponente. Se lo quitó de encima de estocada y descabello.

Juan Leal y Juan de Castilla vieron silenciadas sus actuaciones, si bien estuvieron voluntariosos con sus lotes. Toreros que necesitan triunfos y esta no era la fecha ni la ganadería mejor para alcanzarlos.

Al final, sin paliativos, los culpables del poco disfrute de los asistentes, -por cierto, el día de más floja entrada-, han sido los toros de Saltillo, sosos, mansos, descastados y complicados.

José Carlos Venegas, Juan Leal y Juan de Castilla, merecen distintas oportunidades. Los aficionados a los toros y sus distintos encastes, en evidente minoría, también merecen más oportunidades. El formato puede y debe ser distinto. Mezclar público feriante con aficionados que exigen, y quieren, máxima seriedad en el desarrollo de la lidia con encastes diferentes debe hacerse con otros modos.

Resaltar que ante el más saltillo de todos, el cuarto, Iván García y Fernando Sánchez saludaron una ovación tras emocionantes pares de banderillas.

Las Ventas.- Emilio Méndez expone su mirada más íntima en Madrid

'..La exposición propone un recorrido por quince años de vivencias ligadas al mundo del toro: plazas, carreteras, callejones, viajes y escenas íntimas de una profesión ejercida desde la cercanía y la pasión..'

La Sala Antonio Bienvenida de la plaza de toros de Las Ventas acogió este martes 19 de mayo la inauguración de la exposición foto-pictórica “15 años de Toros, Pasión y Arte” / “Tauromaquia Voces de Libertad” del comunicador, fotógrafo y artista plástico mexicano Emilio Méndez, en un acto que reunió a destacadas personalidades del periodismo y la cultura taurina en torno a una obra concebida como homenaje a la profesión, a la memoria visual del toreo y a la dimensión artística de la tauromaquia.

La ceremonia, presentada por Juan Antonio Hernández, contó con las intervenciones de Vicente Zabala de la Serna, Marco Antonio Hierro, David Jaramillo, Javier Arroyo y Santiago Gómez Lecumberry, quienes reflexionaron sobre el recorrido profesional y humano del autor, así como sobre la vigencia del periodismo taurino en un contexto marcado por la transformación tecnológica y la inmediatez informativa.

La exposición propone un recorrido por quince años de vivencias ligadas al mundo del toro: plazas, carreteras, callejones, viajes y escenas íntimas de una profesión ejercida desde la cercanía y la pasión. Más allá de la fotografía, la muestra articula una mirada multimedia que enlaza imagen, narrativa y emoción para retratar la liturgia contemporánea de la tauromaquia.

Durante el acto se evocó la trayectoria de Emilio Méndez, nacido en Ciudad de México y vinculado desde temprana edad al universo taurino. Aquella vocación inicial por el toreo derivó con el tiempo en una intensa actividad profesional en el ámbito de la comunicación y la representación artística en México, hasta desembocar finalmente en el periodismo taurino como forma definitiva de expresión y pertenencia siendo el único comunicador y fotógrafo taurino en cubrir ininterrumpidamente las principales ferias y festejos taurinos en México, España y Francia y publicar su trabajo escrito y gráfico en prácticamente todos los medios taurinos a nivel internacional.
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miércoles, 20 de mayo de 2026

El santón y el censo / por Carlos Esteban


'..en España, como en los países de nuestro entorno, la sustitución poblacional mediante la importación de poblaciones remotas, de cultura muy distinta, es un fenómeno dramático que muy pocos –aunque muy poderosos– aplauden, tan cuajado de graves problemas asociados que sus defensores tienen que recurrir a argumentos (por llamarlos de alguna manera) ternuristas y del caso extremo..'


El santón y el censo
Bután, del índice de felicidad al campo de refugiados

Por Carlos Esteban
La viñeta se ha convertido en meme, adecuado para miles de chistes: un ascético santón en la cima de una montaña del Himalaya, a la que acuden peregrinos aislados para conocer el Sentido Secreto de la Vida o la solución a un problema trivial. Es un chiste viejo, heredado de aquel orientalismo de saldo que dejó la cultura hippie, pero cuando sopesamos el problema más urgente que tenemos entre manos en Europa, la sustitución poblacional, haríamos bien en echar un vistazo hacia el Himalaya.

Quienes hayan oído hablar superficialmente del reino de Bután, en las estribaciones orientales del Himalaya, probablemente sepan que se trata de un pintoresco y centenario Estado difícil de acceder, con una peculiar cultura budista que le da su identidad y su curiosa iniciativa de sustituir el Producto Interior Bruto como medida de progreso por la Felicidad Interior Bruta. En definitiva, un armonioso Shangri-La para turistas occidentales.

Pero paraíso o no, Bután ha estado a un tris de perder su identidad nacional por completo, una historia de imprudencia y posteriores medidas implacables que han alertado a las asociaciones de derechos humanos y qué, desde nuestra perspectiva, debería servir como apología moral o cuento con moraleja. Para entender algo de lo que ocurre cuando una sociedad siente que pierde el control de su propia continuidad, conviene mirar hacia el santón del Himalaya.

Porque en España, como en los países de nuestro entorno, la sustitución poblacional mediante la importación de poblaciones remotas, de cultura muy distinta, es un fenómeno dramático que muy pocos –aunque muy poderosos– aplauden, tan cuajado de graves problemas asociados que sus defensores tienen que recurrir a argumentos (por llamarlos de alguna manera) ternuristas y “del caso extremo”.

Así, los obispos españoles se han mostrado inusualmente activos en la presión política a favor de la acogida masiva de población alógena recurriendo a una lectura algo simplista e infantiloide del Evangelio, sin considerar que el fenómeno que defiende tiene muchas probabilidades de desencadenar una situación de la que no querrán hacerse responsables, de una implacabilidad muchísimo mayor que la que ahora podría poner fin o, al menos, mitigar el problema.

Y eso nos lleva a Bután. El reino nunca fue rico, pero a mediados del pasado siglo era más próspero que su vecino Nepal, así que se inició una “invasión” silenciosa y pacífica de nepalíes que se asentaban en los distritos meridionales del país. Primero como mano de obra, después como vecinos, finalmente como una presencia estable. Los nativos les llamaron Lhotshampa.

Y entonces, hacia los años ochenta del pasado siglo, Bután decidió hacer un censo y comprobó, aterrado, que los Lhotshampa constituían ya más de un tercio de la población y, según las proyecciones de los demógrafos, pronto serían mayoría. Eran habas contadas. En algunos distritos, la lengua de la calle ya no era la de la capital. Las redes sociales, económicas y familiares no coincidían con las del núcleo histórico del país. El dilema era claro: o aceptaban mansamente que el país desapareciera como entidad cultural y social y se transformaba en un Nepal 2, o actuaban sin contemplaciones. El rey y la élite drukpa optaron por la segunda opción.

Veían el cambio demográfico como una amenaza existencial a la identidad cultural, religiosa y soberana de Bután. Temían convertirse en “otro Sikkim”, el ex Estado también himalayo, ahora parte integrante de la India, que perdió su autonomía precisamente por los cambios demográficos. La política resultante se enmarcó bajo el lema “Un Pueblo, Una Nación”.

En 1985, una ley de ciudadanía fijó requisitos estrictos: demostrar residencia anterior a 1958. En zonas rurales, con registros incompletos, aquello convertía la pertenencia en un problema documental. Y en 1988 llegó el censo. Hogares encuadrados en categorías según su estatus, con consecuencias inmediatas: quién era ciudadano pleno, quién no, quién debía acreditar lo que no podía acreditar. Acceso restringido a servicios. Y, con todo ello, una presión creciente para resolver la situación de la manera más simple: marchándose.

Luego vinieron las protestas, las detenciones, la represión, hasta llegar al éxodo. Carreteras hacia Nepal. Campamentos que, con el tiempo, se estabilizaron como una solución permanente para lo que había empezado como provisional. A comienzos de los noventa, más de cien mil personas vivían en campos de refugiados en Nepal (en la fotografía, refugiados lhotshampa) . Durante años. Más tarde, programas internacionales las redistribuirían en terceros países. Estados Unidos, Canadá, Australia. Bután, mientras tanto, había reducido de forma drástica la presencia de esa población en su territorio.

Por supuesto, los Lhotshampa, no sin razón, se han convertido en una de las víctimas favoritas de las asociaciones internacionales de derechos humanos, y la política butanesa se comentó con las más oscuros colores en los análisis de la zona, hablando abiertamente de limpieza étnica.

Nadie quería escuchar o aceptar los argumentos del gobierno butanés, ni plantearse si una comunidad política tiene derecho a seguir siendo reconociblemente ella misma, y bajo qué condiciones.

La incomodidad de Bután no está en su dureza —que la tiene—, sino en que rompe el relato fácil. Aquí preferimos pensar que la composición de una sociedad es una variable secundaria, que basta con gestionar servicios, redistribuir recursos y confiar en que el tiempo haga el trabajo. Bután, en cambio, actuó como si esa composición importara. Parafraseando a Viktor Orbán, Bután quería seguir siendo butanesa.

Nadie quiere una “salida a la butanesa”; ni siquiera Bután que, a toro pasado, hubiera preferido no tener que llegar tan lejos. Lo humano, lo caritativo (por emplear un término que agrade a nuestros prelado), lo social (lo mismo, para la sedicente izquierda) sería atajar el problema cuando aún puede hacerse. Las alternativas son una solución in extremis mucho más intolerable a los ojos buenistas, o simplemente desaparecer como les pasó a los tasmanos y a cualquier sociedad que no se resista a su desaparición.

Se elija una u otra opción, conviene que se haga con los ojos bien abiertos. Al europeo, cuya forma mentís apenas puede concebir en serio que vaya a desaparecer su identidad, tras siglos de imponerla parcialmente a otros como cultura hegemónica. Y mientras prospera la falacia buenista de que cuestionar la escala o el ritmo equivale a negar la dignidad humana de quien llega, como si quedarse en sus países, donde gobiernan sus paisanos, fuera algo misteriosamente indigno. Emigrar no es un bien, sino una ruptura dramática. El propio Benedicto XVI abogaba por el “derecho a no emigrar”.

En origen, los países pierden a sus jóvenes. A los más móviles, a los más dispuestos a asumir riesgos. Pierden capital humano. Se habla de remesas, y con razón. Pero no sustituyen a una generación que no está.

Mientras tanto, en destino, la política se reorganiza en torno a la gestión de ese flujo. Más programas, más administración, más intermediación. La inmigración deja de ser un fenómeno a ordenar para convertirse en un ámbito de gestión permanente. Y lo que se gestiona de forma permanente tiende a justificar su propia expansión.

Hay, además, un elemento más sutil. A medida que la sociedad se vuelve más heterogénea a un ritmo que desborda los mecanismos de transmisión —escuela, trabajo, normas informales—, la cohesión se resiente. Menos confianza espontánea, más necesidad de regulación, más fricción. La diversidad no desaparece. Se administra.

Aristóteles dejó escrito que el gobernante que teme a su propio pueblo prefiere rodearse de dependientes antes que de ciudadanos exigentes. No es una consigna moral. Es una observación sobre el poder. Traducida a nuestro tiempo: una sociedad menos cohesionada es más fácil de gestionar desde arriba.

El episodio de Bután no es un modelo a imitar, pero fija un límite que aquí se prefiere no nombrar. Durante décadas, la presencia de población de origen nepalí en el sur creció sin una respuesta política proporcional. Cuando el Estado decidió intervenir, ya no estaba en el terreno de la gestión ordinaria, sino en el de las medidas extraordinarias: endurecimiento de la ciudadanía, censo clasificador, salidas masivas. El resultado fue rápido y visible en términos de reconfiguración demográfica del país. Pero el coste fue también considerable.

Cuanto más se demora la intervención sobre fenómenos de gran escala, más estrecho se vuelve el abanico de opciones. La pregunta de fondo es qué margen tiene un Estado para influir en la composición y el ritmo de cambio de su población sin romper el marco de derechos que dice sostener.

Aún estamos a tiempo, por los pelos; aún se pueden aplicar políticas realistas que no desencadenen una tragedia para evitar otra mayor y más irreversible. No queremos ser Bután, pero tampoco Tasmania.