la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

martes, 14 de julio de 2026

La gran labor de los comentaristas / por Rafael Comino Delgado


La gran labor de los comentaristas

Rafael Comino Delgado
Desde que empezaron a darse festejos taurinos por TV he visto muchos, muchísimos por este medio, y creo que las personas que dirigen y comentan dichos programas hacen una labor magnifica, no solo informativa del espectáculo sino también, y lo que es sumamente importante, didáctica, educativa, pues si se presta atención e interés se puede aprender mucho sobre lo que es la realidad del toreo, y entender porqué los profesionales dan una u otra lidia en función de las condiciones del toro. Yo al menos he aprendido mucho a lo largo de tantos años como llevo viendo festejos a través de la pequeña pantalla.

He visto y oído a casi todos los equipos de comentaristas que han retrasmitido festejos taurinos, tanto de pago como libres, naturalmente a unos más que a otros poque han retrasmitido más festejos, y para mi todos lo han hecho y/o hacen bien, sean los informadores taurinos (que o bien dirigen el programa o simplemente participan haciendo comentarios), o profesionales, generalmente matadores de toros, aunque cada equipo y cada componente del equipo, con estilo diferente. Como decía todos lo hacen bien, de todos he aprendido mucho, pero creo que cada uno tenemos nuestras preferencias, yo también las tengo. 
De los equipos de comentaristas ya lejanos en el tiempo, tengo especial y grato recuerdo de Fernando Fernández Román y de Manolo Molés entre los informadores taurinos, y de los profesionales de aquélla época el maestro Roberto Domínguez fue un ejemplo de cómo se comenta un festejo taurino, de forma muy didáctica, y siempre acertando en sus opiniones dadas a priori, lo cual no es nada fácil. 
Entre los profesionales de épocas lejanas, pero no tanto, también aprendí mucho del maestro José Antonio Campuzano, por sus grandes conocimientos y su forma de trasmitirlos. De aquella época tengo que citar también al maestro Antoñete, pero a mi parecer hablaba muy poco, y con su gran sabiduría debería haber participado más dando sus opiniones que cuando las daba eran muy acertadas. 

Refiriéndonos ya a épocas más recientes también todos han sido y son muy buenos, y entre los informadores taurinos no puedo destacar a uno solo, me quedo con todos, si bien últimamente aparece en Onetoro, Alvaro Acevedo (también fue profesional del toreo), que a mi parecer sabe y entiende mucho del toreo, y dice las cosas muy claras; creo que es un gran fichaje de OneToro. 
Entre los profesionales del toreo, igualmente me quedo con todos, pero permítanme citar a dos grandes maestros que para mí también lo son comentando festejos, aunque ya no lo hacen, Emilio Muñoz y Fernando Cepeda, pues tienen unos conceptos del toreo muy amplios y claros, muy ajustados a la realidad creo yo, que los saben trasmitir con gran maestría.

Termino deseándoles a todos los equipos de retrasmisión lo mejor, y que cada vez comenten más festejos tan bien como lo vienen haciendo.

“Los sanfermines”.Aquellos sesenta… (XXI) / por Jorge Arturo Díaz Reyes

Ampliación de la Plaza de Pamplona 1967. Foto: Memoriasdelviejopamplona

Aquellos sesenta… (XXI)

Jorge Arturo Díaz Reyes 
CrónicaToro /Cali, 13 VII 2026
Es imposible viajar por los sesenta sin parar en Pamplona. Esa ciudad precristiana, fronteriza con Francia, fundada por Pompeyo sobre sangre de nativos antediluvianos, y donde la religiosa fiesta de toros “los sanfermines” ha mantenido su fervor por casi mil años (1186).

Festejos que conjugaron la liturgia católica, la feria de ganado y las corridas de toros. Dando lugar desde la edad media al espontáneo naci                                       m.miento de los “encierros”. Cuando los pastores cruzaban la población preventivamente a la madrugada, conduciendo los toros bravos hacia la plaza mayor.

Encierros para corridas en las que hace 800 años los “matatoros” llegaron a cobrar tanto, que el rey Alfonso X el Sabio los censuró en sus “Partidas” a favor de los que toreaban gratis, llevados solo por su valentía.

Es obligado bajar en esa histórica urbe, aún pequeña (213.000 habitantes), dónde hace ya más de un siglo un joven periodista gringo escribió un asombrado y quizá impreciso artículo para la revista Star Weekley de Toronto, publicado el 27 de octubre de 1923, que trajo consecuencias: “Las Fiestas de Julio en Pamplona.” –Una semana después vi otra mejor en Pamplona… desde 1186 hay allí corridas de toros durante seis días una vez al año. Descubriendo y mitificando para el mundo moderno esa celebración única, sin proponérselo.

Poco después, al embeleso de su neorromántica novela “Fiesta” (“The sun also rises”), las masas turísticas internacionales encabezadas por “famosos” se volcaron no solo sobre Pamplona sino sobre el toreo todo con sus profundas implicaciones. Tanto, que la plaza de La Misericordia debió ampliarse (1967) hasta casi duplicar su cupo de 12.000 a 20.000 localidades, a fin de albergar mayor cantidad de los privilegiados visitantes que lograban una entrada. Hoy la Televisión los ha multiplicado a millones.

Era el tiempo que los historiadores han llamado “Tardofranquismo”, cuando en medio del crecimiento económico y la presión social, el general cumplía setenta años (1962) y el “Movimiento nacional” se debatía entre “inmovilistas” y “aperturistas”, previendo su posible próxima ausencia. Debate que involucraba a toda España y por ende al toreo. Y que pretendió ser zanjado con la Ley Orgánica del Estado de 1967 y la designación en julio de 1969 de don Juan Carlos de Borbón y Borbón-Dos Sicilias, como sucesor, con la sentencia: “Todo queda atado y bien atado”.

Fueron esos los años que sucedieron a la última visita de Hemingway en 1959, y en los que se autorizó la primera edición española (1966) de su libro taurino “Muerte en la tarde”, publicado en inglés treinta y cuatro años antes y qué entonces, dicho sea de paso, no apareció traducido en libro sino por entregas en la “Gaceta ilustrada”.

Tiempo también aquel en que se bautizó al San Fermín como “La feria del toro”, con razón, y se empezó a cantar el: “A San Fermín pedimos por ser nuestro patrón...,” y durante el cual fueron muertos en el encierro: Vicente Urrizola Istúriz de 32 años el 9 de julio de 1961, por un toro de la ganadería de Torrestrella. E Hilario Pardo Simón, de 45 años, el 12 de julio de 1969, por el toro “Reprochado”, de Salvador Guardiola Fantoni.

Era cuando ante los: Pablo Romero, Miura, Cebada Gago, Torrestrella, Juan Pedro Domecq, César Moreno, Atanasio Fernández, Conde de la Corte, Guardiola…, lidiaron, sangraron, compitieron y reinaron:

Antonio Ordóñez, Antonio Bienvenida, Miguel Baez Litri, Julio Aparicio, Paco Camino, Jaime Ostos, Curro Romero, El Viti, Diego Puerta, César y Curro Girón, Palmeño, Andrés Vázquez, Mondeño y un novillero luego legendario llamado Manuel Benítez Pérez “El Cordobés”, quien ya torero estrella, entre triunfos y apoteosis motivó también la histórica y más monumental bronca de 1965.
  • Y sobre todos, Antonio Ordóñez, quien llegó a cobrar por primera vez en los anales de la feria (1967) más de un millón de pesetas por corrida. Cosa que hubiese escandalizado al sabio rey Alfonso X. Y También, el mismo que había marcado antigüedad como ganadero, debutando con “Malaquino”, número 1, y conquistando el trofeo al más bravo de la Feria del Toro en 1961. El cual fue ganado a su vez, en los años siguientes por:

  • “Buscalíos”, 39, de Álvaro Domecq, lidiado por Mondeño en tercer lugar el 12 de julio de1962.
  • “Escorpión”, 178, del Marqués de Domecq, lidiado quinto por Luis Segura el 11 de julio de 1963.
  • “Nuevecosechas”, 80, del Conde de la Corte, lidiado primero por Pedro Martínez "Pedrés" el 7 de julio 1964.
  • “Guinea”, 11, del Conde de la Corte, lidiado segundo por Paco Camino el 8 de julio de 1965.
  • “Escultor”, 118, de Álvaro Domecq, ganó el premio y el Concurso de Ganaderías, lidiado sexto por Antonio Ordóñez, el 14 de julio de 1966.
  • “Ricopelo”, 28, de Manuel Arranz, lidiado sexto por Andrés Hernando. el 8 de julio de 1967.
  • “Ventero”, 8, de César Moreno, lidiado primero por José Fuentes el 8 de julio de 1968.
  • “Madrileño”, 28, de Juan Pedro Domecq, lidiado sexto por Santiago Martín «El Viti» el 14 de julio de 1969.
  • “Delirio”, 76, de Juan Pedro Domecq, lidiado segundo por Francisco Rivera «Paquirri», el 8 de julio de 1970...
Años cuando Diego Puerta, quién tras conquistar la plaza con su valentía, gusto y poder el 12 de julio de 1961 matando solo los seis toros, ya que “Churrero”, el primero de Pablo Romero, había corneado y mandado a la enfermería sus dos alternantes: Paco Camino en un quite, y Chamaco con la muleta. A la larga el gran sevillano terminó su carrera toreando treinta bien pagadas tardes allí.

Fue también cuando “Hilador”, del Conde de la Corte, que venía para la feria de 1965, abrió a cornadas el cajón del camión en un parqueadero, escapó, atacó un bus repleto de turistas portugueses, lo averió y debió ser ultimado a tiros por la Guardia Civil. Todo esto y más cosas pasaron en aquellos sesenta.

Por supuesto, yo no las presencié, pero las conocí a su tiempo mediante noticias y relatos, o después por literatura y visitas. Las traigo a cuento apenas como notas que esbozan el paso de la década por una estación inevitable, no solo de ella sino de la historia general de la Fiesta…

PAMPLONA / 9ª San Fermín.- ¡Por favor! / por Jorge Arturo Díaz Reyes


Pepe Moral con el segundo Miura. Fotograma OneToro

Una monumental, pero desrazada corrida de Miura es soslayada por la terna. Orejas indefensibles para Escribano y Colombo. Moral ausente…

¡Por favor!

Jorge Arturo Díaz Reyes
CrónicaToro / Cali, VII 13 2026
Hoy los de Miura fueron cuatreños, menos el primero; cárdenos, voluminosos, vareados, con 621 kilos promedio, tres de ellos por encima de los 630. Pero de no mucha leña, noblotes, sin fiereza ninguna, con las fuerzas precisas y exigua emoción. El sexto sí era de orejas, casi pastueño.

Fueron pasados de soslayo, abusando de los tiempos muertos, las caminatas, los manoteos al público, las enmiendas, las recolocaciones, y otros recursos histriónicos colaterales y hasta cortopunzantes, como acaeció con el dócil quinto, liquidado en dos barrenadísimas varas traseras. No se ligaron dos suertes juntas en toda la inacabable tarde. El innecesario muleteo defensivo, fuera de jurisdicción y para fuera era la tónica. Los desaciertos se cubrían con populismo y autocomplacencia. El tercero se partió de salida el cuerno izquierdo por la cepa, quedándole más bajo, y por ese lado se le hacían suertes y aclamados alardes y desplantes de pie y de rodillas. Y para completar, tras una brega incoherente en todos los tercios y un espadazo desprendido y trasero, le cortaron entre unos y otros, con mucho jaleo, una oreja. ¿Ah?

Muchas veces los miuras abusaron de los toreros, hoy fue al revés. Al histórico hierro se le trató con muchas precauciones, pero sin el mínimo respeto, ante la complicidad de un público y un palco parrandero y desentendido.

En la muy larga tarde, los televidentes volvimos a celebrar la buena dirección y el maestro empleo de cámaras, pero también a sufrir la inclemente publicidad a los toreros. Casi tres horas a tres voces, a cuatro mejor, de adulación, abuso de la evidencia y ninguna crítica. ¡Por favor! Pagamos con mucho gusto la suscripción, no protestamos su costo, pero agradeceríamos a cambio un mínimo de consideración a nuestra inteligencia.

Abrió plaza el cinqueño “Andaluz” y al reverendo y espaciado unipase, como sucedió en toda la corrida, Manuel Escribano le cortó una oreja, tras poner fin a sus días con una estocada desprendida y trasera. “Lo corregí”, declaró el torero en el callejón. El cuarto, “Mochuelo”, murió de media espada trasera avisada, después de una kilométrica pasantía por la tauromaquia ya señalada. Hubo petición de puerta grande, vuelta al ruedo clamorosa, e indignación con su señoría don Manuel Pozo Cano, por desatender la voz del pueblo. “Una putada” comentó el de Gerena. Los había recibido a ambos como acostumbra, con largas cambiadas de rodillas en los medios que le salieron limpias. Se le abona.

Pepe Moral, no tuvo toros peores, incluso el quinto, sacrificado en varas, lucía como uno de los más propicios. No se confió ni acopló con ninguno de los dos. Pasó más que inadvertido. Al cuarteo clavó medio acero de través, ineficaz al segundo y lo descabelló. Al agonizante quinto, le infirió un metisaca chalequero que hizo guardia, una estocada tendida que no sirvió, y tras aviso lo acabó de matar de dos crucetazos. ¡Por favor!

Jesús Enrique Colombo, recibió a “Gaditano” (635 kilos) el tercero con un capote que llevaba sobrescrito en enormes letras “Fuerza Venezuela” y la bandera nacional. Solidaridad y reverencia todas, claro que sí, con las víctimas de la tragedia y el gesto, pero había que respaldarlo con los hechos frente al toro. No fue así.

Por el contrario, la más decepcionante presentación qué he visto del aguerrido venezolano. Irrelevante con la capa, desacertado en banderillas, exagerado hasta lo grotesco en sus reclamos al público para que lo aplaudiera, intrascendente, marginal y prolijo con la muleta. Le avisaron antes de igualar y premiaron con pelo la letalidad del espadazo descolocado. Con el sexto, acentuó todos los errores y ocultó las virtudes para terminar tras dos avisos con estocada trasera tendida, descabello, y reclamos implorantes de otra oreja que le permitiera salir por cuarta vez a hombros allí. Nadie le hizo caso.
  • FICHA DEL FESTEJO
Lunes 13 de julio 2026. 9ª de San Fermín. Sol. Lleno total. Seis toros de Miura; 621 kilos promedio, cinqueño el 1º, desrazados, noblotes y blandos.

Manuel Escribano, oreja y vuelta tras aviso.
Pepe Moral, Silencio y pitos tras aviso.
Jesús Enrique Colombo, oreja y silencio tras dos avisos.

Las semifinales del Mundial de fútbol de 2026 / por Pepe Campos


A Infantino le gusta Messi, pero aquí nos quedamos con Mesa

Pepe Campos
Llegado el momento final de este controvertido campeonato puede aproximarse un escándalo atronador. Entramos en la última semana del mayúsculo evento futbolístico. La FIFA por encima del bien y del mal ha apostado —lleva tiempo en ello— por la Argentina de Messi (un ancianito bien resguardado por una pléyade de pretorianos que reparten estopa en el pasto, sabiendo lo que hacen, tirando la piedra y escondiendo la mano). Nadie duda de que los jugadores argentinos saben jugar al fútbol, pero además saben jugar a otras cosas y a ponerlas en el tapete. Y si no, si lo que sucede no les es favorable —hablamos de los cinco últimos años— ahí está el vetusto jugador que la comanda (buen pie izquierdo y excelente visión de juego) para decirle a los árbitros cómo deben comportarse (y eso que no sabe idiomas, pero conoce la lengua germanesca y domina sus tiempos, y en qué momentos). En este sentido Messi responde a un personaje que sabe adaptarse a todos los ambientes y situaciones (es su mejor baza), y con poco jarabe de pico controla cómo hacerse entender, ya que se mueve como los ángeles en los territorios de la autoridad y del autoritarismo. 

Frente a la consuetudinaria nobleza de la cultura anglosajona (inventora del deporte fútbol) siempre brava pero inocente, la idiosincrasia de Messi (detrás de él la cultura de la picaresca) incorpora comunicación no verbal (subrepticia pero no disimulada) que le hace ser un hombre con mando. Sólo necesita para imponerse el lenguaje de la mirada y ser respaldado por un grupo humano leal y fiel, e implacable, que recuerda en el terreno de juego a la actuación de Los siete magníficos de John Sturges. Leo Messi viene a ser un Yul Brynner con pelo. No merece la pena extendernos en el resto del elenco. Por otra parte, y esta es la verdadera clave, el perfil dialéctico de Messi es bajo, con lo que nos remite a Mr. Chance (Bienvenido Mr. Chance de Hal Ashby) porque es un hombre sencillo y calmado tocado por una varita mágica que le convierte en un Mesías del Vacío existencial, muy apropiado para los mejores tiempos de la historia en los que estamos en curso. Los tiempos del pensamiento blando y débil que arrebaña.

En pocos días veremos lo que vaya a suceder ante esta tesitura de si el poder fáctico se impone o no sobre lo poco que queda ya de naturaleza humana, que representa todavía aquello que nos hace creer en la vida aunque esta suela mostrarse, un día tras otro, mediante mandobles. El poder factual pretende crear una nueva realidad. Veremos si lo consigue con pleno éxito. Mientras, podemos introducirnos en un análisis futbolístico sobre las cuatro selecciones que han alcanzado las semifinales del mundial. Vayamos por orden, según méritos conseguidos en el terreno de juego:

En primer lugar estaría Francia, que posee una plantilla extraordinaria y una dinámica ganadora. Tiene una defensa potente donde destacan los dos centrales marmóreos (Saliba en el lado izquierdo y Upamecano en el derecho) con muy buena salida de balón. En los laterales, Koundé es una garantía muy firme, mientras Digne puede que sea el único lunar de la zaga. La media es más floja, pero resolutiva y de contención, con Tchouaméni y Rabiot en la sala de máquinas. A ellos se incorpora el talento de Olise, con su movilidad y visión de espacios. Por delante, la mejor vanguardia del campeonato: Dembelé, Mbappé y Barcola. Dembelé domina las dos piernas y el regate, y cae en la indolencia. Mbappé en plenitud, un jugador con toda clase de registros, veloz y de tiro imprevisible. Barcola, juventud. Francia dispone de un gran doce en el banquillo, como es Doué, un regateador nato, por si se ponen mal las cosas y hay que acudir al abrelatas. El equipo francés actual representa la imagen de una apisonadora que no alcanza nunca el nivel de juego brillante que se le otorga sobre el papel.

En segundo lugar, por méritos, estaría Inglaterra, que lleva varios años acariciando un título, pues tiene grandes jugadores aunque en numerosas ocasiones les entre la desazón, o sufran pájaras o desánimos emocionales. Si superan este aspecto psicológico pueden ser los ganadores de este campeonato. Atrás, en su retaguardia, nos encontramos con un portero intuitivo, dinámico, a veces, fallón; es decir, a Pickford. En la defensa, en el centro, a dos defensas similares a los de la zaga francesa (Guéhi y Konsa; si jugara Stones le daría el toque más inglés), y a dos laterales con proyección, James por la derecha (con jerarquía y temple) y a O’Reilly, vivo y muy activo. No es una línea con jugadores que sean intocables. Quiere decirse que las opciones del banquillo podrían aparecer. Sobre todo, Spence, en el lateral izquierdo, rápido y con llegada. Dominan el juego aéreo. En la línea media tenemos lo más clásico del fútbol inglés en Rice —todo organización y con buen tiro a puerta— y Anderson —versátil y pragmático—. Les acompaña Bellingham con enorme despliegue, más aún si pisa el área rival. En el extremo derecho, posiblemente el jugador más fino de hoy, Saka, que no ha llegado en plenitud aunque en cualquier momento la hace. En el extremo derecho (o izquierdo) también está Madueke, con regate y centro, que no llega a ser Olise. En el centro, Kane, el mejor delantero clásico del mundo, un ejemplo vivo del fútbol antiguo que es posible se pierda para siempre tras él. Por el lado izquierdo, Gordon, un jugador muy británico, de sacrificio y con desborde. Desde el banquillo muy buenos jugadores: Eze y Rogers.

Como tercer equipo nos quedamos con España. Una selección que prometía mucho hace unos meses, que no ha llegado en plena forma, si bien está respondiendo por encima del nivel que lleva mostrado. Y que va a más. Lo cual es ideal. En la portería, Unai Simón, un guardameta sobrio, nada espectacular, de la vieja escuela. En la línea defensiva dos centrales que se entienden a la perfección y que sacan el balón jugado con facilidad y criterio (Cubarsí y Laporte). En los laterales el dinámico Cucurella (que todavía no se ha lanzado a por todas) y Porro, hermético, que no olvida sus labores defensivas y que aporta un buen centro cuando se estira hacia el área rival. En el centro del campo, lo mejor de España. Rodri, un verdadero eje, que juega el balón con criterio, en el tiempo justo y es duro de pelar. A un lado Pedri, que a su visión de juego le resta su frágil condición física, y, al otro lado, Olmo, con vocación de enganche hacia el área rival. Trabajador y asociativo. Tiene pase y gol. En la delantera, Yamine Lamal, que no ha encontrado su verdadera dimensión física. Lo mejor de él, la visión de juego, posiblemente la mejor del campeonato. En el centro de la delantera, Oyarzabal, un superviviente del buen fútbol vasco, con olfato de gol, sacrificio y movilidad. Por último, en el extremo izquierdo, Baena, un futbolista con nervio, muy fuerte, y que suma llegada, visión y remate. En el banquillo, el mejor doce de este campeonato, Merino, que puede jugar en el medio campo y como delantero centro falso. Luego tenemos a Nico Williams, que no ha recalado en su mejor versión, a no ser que todo cambie a su favor. Y Fabián, todo pulmón y oficio, que no parece un futbolista del sur, sino de Centroeuropa.

Por último, Argentina. ¿Qué decir de Messi, su líder, su mascota? En estos años hemos hablado mucho de él. Sabe estar en el campo, se esconde y desaparece; aparece y es definitivo. Le favorece (de manera determinante) que hoy el fútbol es zonal. No hay severos marcajes. Ya no pisa el césped ningún Gentile. Este aspecto, lo aprovecha a la perfección. También se ve beneficiado por la existencia de cámaras de televisión. Pertenece al mundo de la imagen. Pie tiene, y muy buena visión. Si se le vigilara perdería, pero tiene la suerte de no ser vigilado. Cae bien. Pero Messi no es Messi sin su guardia pretoriana: De Paul es como su guardaespaldas, él sí que le vigila para que no le suceda nada y le abastece de balones, y le cubre sus deficiencias defensivas. No menos que MacAllister, que es como un grillete que se desplegara por el terreno de juego. Un cepo para jugadores contrarios y para el balón al que acoge y despide con violencia. Y Paredes, otro mediocampista duro y fatigador. O pasa la pelota o el jugador, los dos no. Por delante, Argentina luce a Julián (Álvarez), que tiene juego de presión, juventud y tiro a la escuadra. En la defensa, «Dibu Martínez», un portero que se las sabe todas. Las buenas y las malas. Dos centrales expeditivos Lisandro y Romero. Dominan las alturas sin ser altos. Dos laterales que suben, Molina y Tagliafico, y que sufren al bajar. En el banquillo, Nico González, guardia pretoriana y Lautaro, hombre sacrificado por el sistema argentino.

De los entrenadores: Deschamps (conservadurismo). De la Fuente (hombre de la casa). Tuchel (fútbol de autor) y Scaloni (lo que diga Messi).

Una última consideración final para aquellos que no tienen sentido histórico: el fútbol de hoy no es mejor que el fútbol de antes (debido a que han existido muchas épocas y diversidad de jugadores), y sobre todo porque el negocio a través del tiempo carcome y pudre la creación, en todas las actividades humanas. Hoy: pausas de hidratación, tarjetas, VAR, cámaras, cinco cambios (en la final de Qatar pisaron el césped 35 jugadores), un balón sin sebo. Hoy hay escuelas, antes había calle y descampados. Hoy hay balones de Oro, antes simplemente el honor y el mérito. Etcétera.

Emilio Lara: «El aceite de oliva es el elemento que funda la milenaria civilización mediterránea»


Conversación con el escritor y doctor en Antropología, autor de un bello ensayo dedicado al aceite y su cultura; desde su nacimiento mediterráneo e importancia en Grecia y Roma hasta la reciente competencia con China y los paneles solares



Emilio Lara: «El aceite de oliva es el elemento que funda la milenaria civilización mediterránea»

Por Nieves B. Jiménez
Emilio Lara –doctor en Antropología, profesor de Geografía e Historia de secundaria y autor de títulos tan reconocidos como La cofradía de la Armada Invencible, El relojero de la Puerta del Sol y Tiempos de esperanza, entre otros– ha conquistado a críticos y a lectores con Un mar de oro verde (Ariel), una belleza de ensayo que navega, aprovechando ese mar de oro líquido, a través de la historia y la brisa del Mediterráneo. El olivo es símbolo de sabiduría y progreso. Su larga historia va unida a la evolución del ser humano, desde el Imperio Romano como impulsor del desarrollo económico siendo plataforma comercial, la iluminación de los templos, propiedades terapéuticas, los perfumes aromáticos o nuestros antepasados griegos aceitándose el cuerpo al hacer deporte. Pero si hay algo que revive en nuestra memoria es ese hoyo de pan con aceite de la niñez, honda certeza de pertenecer a un lugar y a un tiempo. Un ensayo muy literario donde viven la pintura, la música, el cine, la historia…, pero donde, sobre todo, hay algo que trasciende ese retrato familiar y es celebrar el afecto, la memoria, la vida…

¿El día que se le ocurrió escribir sobre el aceite acababa de tomar un buen desayuno con tostadas bien empapuzadas en este oro verde o quizá inspirado por su olor al pasar por una almazara?

En ocasiones, llega un momento en la vida en que un escritor siente la necesidad de contarse a sí mismo, y eso me sucedió a mí, de manera que al escribir la historia cultural del aceite de oliva introduje muchos aspectos de mi vida, porque nací y crecí en Jaén, entre los bosques geométricos de los olivares. Toda la cultura popular que me rodea desde chico está empapada del oro líquido, y por eso acometí la escritura de un ensayo histórico muy literario, pues en muchos aspectos es una aventura histórica escrita con los recursos de un novelista, con la intención de escribir un libro muy accesible a cualquier tipo de lector. Y por supuesto: todos los días que rellenaba libretas con datos históricos y encendía el ordenador para escribir, desayunaba café con leche y canela y un par de tostadas con aceite de oliva virgen extra de mi tierra.

Los romanos tomaban sus rebanadas de pan tostadas y restregaditas con ajo y aceite de oliva; total, no hemos cambiado tanto, ¿no?

En este aspecto apenas hemos cambiado. Roma pervive en nosotros. Es curioso, porque cuando era pequeño untar ajo en las tostadas con aceite estaba muy extendido (a mí me chiflaba hacerlo), pero desde hace bastantes años, en las cafeterías y en mi trabajo percibo mucho menos el aliento antivampiros. El ajo restregado en el pan ya no se estila tanto.

¿Desde cuándo vivimos acompañados de la belleza y fortaleza de los olivos y lo salvífico de su zumo? ¿Cuándo apareció esa imagen robusta del olivo en la cuenca mediterránea, aquel olivo silvestre que dio paso a las primeras almazaras?

En el Paleolítico Superior el ser humano ya comía las aceitunas del acebuche, el olivo silvestre, y las machacaba para obtener su zumo natural. El olivo domesticado y la industria aceitera comienzan alrededor del sexto milenio a. C en la costa de Israel, y a continuación se extienden por Líbano y Siria. Desde el Próximo Oriente el olivo se expande por el Mediterráneo oriental, y en el cuarto milenio a. C ya hay un comercio oleícola por aquella zona marítima que llega a su culmen en la antigüedad con las civilizaciones griega y romana. Respecto a España, la introducción del olivo se hizo de la mano de los fenicios en el primer milenio a. C.

¿Por ello lo denomina elemento fundacional de la civilización mediterránea? ¿Fue a partir de ahí cuando empezamos a ser alguien, como señala con la cita de Tucídides que abre su libro, «los pueblos del Mediterráneo dejaron atrás la barbarie cuando aprendieron a cultivar el olivo y la vid»?

Exacto. Para mí el aceite de oliva es el elemento que funda la milenaria civilización mediterránea, en la que, como en un juego de muñecas rusas, caben todas aquellas que se han sucedido desde la edad Antigua: el Próximo Oriente, Creta minoica, Grecia, Roma, al-Andalus y la España cristiana medieval. A la civilización helénica se le debe la exitosa trilogía mediterránea, una dieta basada en el trigo, el vino y el aceite. Por cierto, la España de la Edad Moderna lleva la cultura oleícola al Nuevo Mundo, lo que supone la globalización del aceite. No en vano, la expedición de Juan Sebastián Elcano que dio la vuelta al mundo debe mucho al aceite de oliva, ya que la nao Victoria llevaba en su bodega el oro líquido, el cual resultó vital para la vida de los marineros durante su epopeya oceánica.

Para barbarie la mantequilla…

Los romanos decían que el aceite era propio de hombres civilizados, y la mantequilla, de bárbaros. ¡Despreciaban la costumbre de los germanos de nutrirse el cabello con mantequilla en lugar de aceitárselo! En la cocina de un romano –daba igual si se trataba de un patricio o de alguien de la plebe– era inimaginable tanto que faltase el aceite como que hubiese mantequilla.

Denomina a nuestro Mare nostrum como Mare oleum, ¿ahí comenzó también nuestro crecimiento económico, toda una plataforma comercial? Y por otra parte, fue «el petróleo de la antigüedad», apunta. ¿Fue uno de los ingredientes fundamentales para el desarrollo de la romanización?

Hago ese juego de palabras porque el aceite de oliva fue el petróleo de la antigüedad, ya que sus beneficios económicos sostuvieron en gran medida el Imperio romano, y el aceite fue un elemento más de la romanización, al mismo nivel que el Derecho, el latín, las legiones o las infraestructuras. Los barcos con las bodegas repletas de ánforas olearias que zarpaban de los puertos de la Bética, gracias a las rutas marítimas mediterráneas, transportaban el aceite hispano a todos los puntos del Imperio, incluso hasta sus últimas fronteras. Era impensable sentirse romano sin disponer de aceite, pues constituía un factor cultural de primera magnitud.

Cuenta que en Grecia fue con el aceite cuando se desarrolló la filosofía, «el líquido amniótico», explíquenos…

Los filósofos solían ser hombres que no tenían necesidad de trabajar porque disponían de patrimonio, normalmente de base agrícola y comercial. El aceite era un producto omnipresente en la cultura griega, pues se utilizaba para la iluminación (era el combustible de las lámparas), servía para fabricar casi todos los medicamentos, con él se elaboraban todos los perfumes, los atletas se aceitaban el cuerpo antes de entrenar y competir y, tras darse un baño, los griegos se untaban el cuerpo con aceite aromatizado, lo cual predisponía para relajar el cuerpo y ayudaba a la reflexión. Por ello pienso que el aceite fue el líquido amniótico donde se gestó la filosofía, pues favoreció la vida intelectual que hizo posible una explicación racional del universo y de casi todos los órdenes de la vida humana.

Fernando el Católico firmó una real cédula en 1506 en la que ordenaba que transportasen de manera obligatoria olivos en las naves con destino a las Indias. Allí no terminaron de aclimatarse del todo. Fue con los franciscanos, más adelante, que lograron enraizar en California, ¿es así? Cuentan que en 1505 ya consta en el Archivo de Indias una barrica de aceitunas de Sevilla que se envía a América…

Así es. Fernando el Católico tuvo una gran visión estratégica y quiso trasplantar los olivos de España al Nuevo Mundo, pero salvo en algunas zonas muy concretas, estos árboles no se aclimataron y el aceite y las aceitunas terminaron exportándose de la España peninsular a la España americana. Ahora bien, en el siglo XVIII, durante el fructífero reinado de Carlos III, los franciscanos construyeron numerosas misiones en lo que hoy es el centro y el sur de los EEUU (por aquel entonces formaban parte del Imperio español). California fue una tierra propicia para que arraigase el olivo, y ya a finales del siglo XIX, la población italoamericana y los trabajadores españoles emigrados desarrollaron la industria aceitera californiana, la más pujante de los Estados Unidos. En mi opinión, el impresionante éxito de California en los siglos XX y XXI se debe a su clima mediterráneo (y a su correspondiente estilo de vida mediterráneo) y al empuje creativo estadounidense. Es decir, allí donde hay cultura del aceite hay riqueza en todos los sentidos.

Dialoga espléndidamente con el lector acompañado de grandes escenas del cine, la literatura, la pintura, relacionadas con el olivo… Uno no sabe lo que es hasta que vemos lo que nos ha influido lo que hemos visto y vivido desde nuestra niñez y nos ha funcionado como alimento de espíritu…

Por supuesto. Sólo se ama lo que se conoce. El libro lo he planteado como un viaje al pasado con un billete de vuelta al presente. Aderezo los capítulos con episodios de mi vida, con mis gustos cinéfilos y musicales, con los viajes que he hecho a diferentes países y con los museos que he visitado, y todo ello para expresar mi apasionamiento por la historia y por la literatura. Mi merienda predilecta de niño era un hoyo de pan con aceite. Ésa es mi magdalena proustiana, porque me religa con mi infancia, me conecta con la generación de mis mayores y, de alguna manera, morder un trozo de pan con aceite es como darle un beso a Afrodita.

Un mar de oro verde es como un diario de vida. Y lo mejor es que los lectores coincidimos mucho en ese peso sentimental que nos da la certeza de pertenecer a un lugar. Nuestro pasado tiene el sabor de un mollete rociado con aceite, las mesas familiares mientras en la cocina se freían unos filetes empanados… Todo eso que somos ha logrado usted transmitirlo

Me alegro de haber sabido transmitir eso, porque era lo que pretendía. La historia y la literatura que nos calan más hondo están entrelazadas de emociones, de episodios que sentimos como nuestros a pesar de que hayan sucedido en un tiempo remoto o que las hayan vivido personas ajenas a nosotros. En el fondo, necesitamos enraizarnos en un lugar, sentir que formamos parte de una comunidad humana, que compartimos unos valores y nos sabemos arropados por nuestros semejantes.

En el mundo vitivinícola el terroir es el conjunto de factores naturales y humanos que influyen en las características de un vino, ¿cuál es el terroir del olivar? Por otra parte, ¿el picual es el más valorado? Hoy en día no podríamos decir que hay aceite malo, no?

¡Huy, ya lo creo que hay aceite malo, e incluso pésimo! Pero no se produce en España, sino en otros enclaves, y eso porque no cuidan la recogida de la aceituna ni la elaboración en la almazara y el producto resultante tiene mucha acidez. El mejor aceite de oliva virgen extra es el de recogida temprana (muy a comienzos del otoño) y sin que las aceitunas caigan al suelo. Este aceite prémium es de una calidad excepcional, y en su sabor influyen las características del terroir (clima, tipo de suelo, cobertura vegetal, etc.). La variedad de aceituna picual es mi favorita, no sólo por su sabor intenso y reconocible, sino porque su aceite es el que tiene más estabilidad orgánica, el que aguanta mejor sin degenerarse. Un aceite picual embotellado perdura perfectamente dos años sin perder ninguna de sus cualidades.

Me alegra volver a saber del aceite porque se le ensalza y valora como producto de un prestigio tan enorme y como nuestro mascarón de proa económico. Últimamente, solo escuchábamos vaticinios negativos sobre el mal año de cosecha, si llovía o no llovía, y las tremendas subidas de precio. No se merece este trato el aceite…

¡Y tanto! No se merece ese trato quejumbroso. Hay una cuestión de mentalidad que hay que cambiar. Solemos asociar el viñedo a algo glamuroso, a algo que contiene una tradición familiar e histórica, puesto que el vino es sinónimo de calidad y placer. Por el contrario, hasta casi anteayer el aceite era considerado un producto de subsistencia, su agricultura algo propio de pobretones, propia de una tierra casi tercermundista. Pero esto está cambiando a pasos agigantados. El aceite se está comenzando a considerar como la mejor embajada alimenticia y fuente de salud de Andalucía, de España, nuestro producto estrella a nivel mundial. Es curioso, pero hemos vuelto al pasado (a las civilizaciones que nos precedieron) para valorar al aceite en su justa medida, para enorgullecernos de él y exportarlo por todo el planeta.

Creo que China compra a España el 50% de nuestro aceite de oliva. Pero usted nos avisa de que China en poco tiempo tendrá una superficie olivarera tan grande como la provincia de Jaén. Dígame que no es para tanto…

No nos asustemos. Es cierto que China tendrá muy pronto una superficie olivarera similar a la de Jaén y que, además, desde hace algunos años los chinos reciben ayuda técnica de agrónomos andaluces para mejorar el cultivo del olivar. Sin embargo, su suelo carece de las características idóneas para producir un aceite de calidad, razón por la que importan cada vez en mayor cantidad el insuperable aceite español. Las clases medias chinas se están acostumbrando a degustar aceite de oliva virgen extra y a regalarlo a sus familiares y amigos, y esto significa que el mercado chino tiene cientos de millones de potenciales consumidores de aceite, siempre y cuando esta grasa vegetal desplace a otras grasas vegetales muchísimo más utilizadas allí pero perjudiciales para la salud o ni de lejos tan saludables como el aceite de oliva.

Hemos visto, recientemente, cómo arrancaban olivos milenarios en Andalucía para instalar plantas solares, ¿puede que se arrepienta más de uno de esta masacre antinatural? ¿Cómo vivía esas imágenes? ¿Podemos estar esperanzados de que hay olivo para rato?

Que en mi tierra andaluza estén expropiando olivares plantados en terrenos fértiles para sustituirlos por huertos de plantas solares es algo que me subleva, que me encrespa. ¿Acaso no hay otras tierras improductivas con similares horas de insolación anual para destinarla a la energía fotovoltaica? Además, es casi seguro que, en pocos años, haya placas solares más potentes y modernas que dejen obsoletas a las instaladas, e incluso que ocupen menos superficie, pero los olivos arrancados serán ya insustituibles, el mal ya está hecho de manera irremediable. Con todo esto, la pujante modernización del sector olivarero andaluz, así como la incesante mejora de su aceite y de su promoción exterior pronostican un excelente futuro. Para decirlo de forma precisa: el aceite tiene un esplendoroso futuro cargado de pasado.

lunes, 13 de julio de 2026

América - Europa 2026 : San Fermin, Colombo y sus miuras enamoran la fiesta / por Eduardo Ravell

EN SU TERCERA PUERTA GRANDE CONSECUTIVA...Fué apoteósica salida a hombros de su hermano Luis Enrique, 2025 fué gran temporada de ensueño.../ FOTO Mundotoro

Par de acontecimientos en estos tiempos "calurosos" con el centenario del bestseller 'Fiesta', la novela taurina que enalteció el premio Nobel de Literatura Ernest Hemingway; y la otra cara de la moneda con la fiesta del rey de los deportes, la del once nacional de España de grata actuación precisamente en la tierra de Hemingway, USA.

Por Eduardo Ravell* 
Si hay algo en común por estos días en España son los nueve días y doce horas alrededor de los sanfermines y sus chupinazos en pleno mediodía. Desde el recién 6 de julio y hasta el 14 de julio a la medianoche la capital Navarra no duerme: es una especie de Nueva York, la capital mundial que no duerme. Un periplo ferial que inició en el año 1.591 en el mes de septiembre pero muy pronto se mudó al mes de julio para coincidir con las ferias comerciales y ganaderas; todo un jolgorio festivo ante su santo patrono San Fermín.

Ya van un total de 435 ferias en plaza de primera con un cinturón turístico sin precedentes en tota la historia ibérica y gracias al corresponsal de guerra Ernest Hemingway la capital navarra hizo universal su feria como la más emblemática de todas las ferias: turistas de todo el plano terrenal se enfilan hacia Pamplona sí o sí.

QUE DIRÍAN HOY DIA....Ernest Hemingway, los hermanos Girón Diaz, el coterraneo narrador y cronista taurino Kike Rosales, Ramón Toni, verse ante Miuras en Pamplona con un Colombo recordman y la recta final del mundial de fútbol 🇺🇸USA / Foto álbum galería casa de la Misericordia Pamplona

Ahora bien, sus combinaciones taurinas encartelan a la crema y nata del escalafón y sale a relucir un joven diestro oriundo de latinoamérica con ese acento andino desde el Táchira y su colombomanía JESÚS ENRIQUE COLOMBO nacido en la capital sancristobalense y criado en la vecina población de Táriba, a escasos diez minutos y que en su momento fué el otrora Portón Taurino de América.

FAMILIA COLOMBISTA EN LA ESTAFETA...En pleno corazón navarro, calle Kalea de la Estafeta esperando el recorrido de los toros del sexto encierro, la palmosilla : novillero taribero Reinado Gil, Rafael de la Cueva, novillero tachirense en pleno ascenso, JE COLOMBO la figura marketing Miura y Jesús Adolfo Ruiz Colombo./ Foto cortesía Golfredo Rojas/

Lo que nadie imaginó es que por este nuevo milenio, siglo XXI , el joven diestro venezolano JE Colombo se iría a constituir en ese emblema récord mundial del toreo con los legendarios cornúpetas ejemplares sevillanos del encaste único Miura de Zahariche. Pues bien, Colombo ostenta la bicoca suma de tres puertas grandes consecutivas lidiando y estoqueando Miuras a partir de los periplos 2023, 2024 y 2025 y va este próximo lunes 13 de julio por su cuarta puerta de par en par y ahí sale a relucir otra "merma" que no es otra la de ese morrongas colombista y sus tres tercios que ponen la plaza en total vértigo con una afición a sus pies: Idolatrado por toda Pamplona y su noble afición turística de todo el planeta.

 
 Los Miura en los corrales del GAS Pamplona. LOS MIURAS QUE " ENAMORAN " LA FIESTA...En Pamplona ya cunde la expectativa por él lunes 13 donde Colombo saldrá a consagrar su leyenda ya constituida: la corrida se verá por OneToroTV.

En resumidas, cuentas podemos decir que ya la mesa está servida con la llegada a los corrales del gas: los Miuras de este lunes 13/7, donde nuestro joven diestro llega en su mejor estado, su mejor versión y una feria donde su santo patrono lo viene adoptando, cobijándolo, como todo un hijo adoptivo desde que debutó como novillero saliendo a hombros, el 5 de julio del año 2017 a su segundo novillo, quinto del festejo del hierro El Parralejo...hasta hoy día.

Uno pudiese acotar: Qué diria Hemingway si viviera por estos tiempos, qué dirían la trilogía de los hermanos Girón Díaz que tanta gloria sumaron en la feria navarra, catalana, madrileña y paramos de contar, pero imposible dejar a un lado a nuestro inolvidable compatriota Enrique Erasmo Rosales Carvajal, el gran KIKE ROSALES que por esto fecha estaría concentrado entre su admirado JE Colombo y sus trasmisiones del mundial de fútbol en cadena nacional desde Caracas con su hermanazo del micrófono Ramón Tony, Don Manolo Davila Mogollón y Carlitos Maldonado...vaya anecdota por estos días de doble conmemoración. Así son las casas.

* Columnista taurino del diario Pico Bolívar de Mérida / Locutor productor de la pauta de feria Activa 103.5 fm del Circuito Lider de Venezuela

OREJA MIURISTA, SU PRIMERA DE AQUELLA TARDE JULIO 2025...Colombo ya está en Pamplona , en su mejor estado con la moral por las nubes: ojo, ya suma seis indultos en este 2026.

LLEGÓ EL ANSIADO DIA COLOMBISTA...A plaza llena la Monumental navarra de Pamplona donde este lunes 13 la historia continuará creciendo en un solo récord: cuarta puerta de par en par de manera consecutiva. Dios lo quiera. 

Del olvido a la hipertrofia: España no necesita fabuladores / por Trystan Mordrel

Augusto Ferrer-Dalmau, 'Por España y por el rey. Gálvez en América' (detalle)

A primera vista, parece encomiable la actual ola de ditirambos que recibe la actuación de España y, en particular, del teniente coronel Bernardo de Gálvez en la guerra de independencia de Estados Unidos. Los elogios están más que justificados. Sucede, sin embargo, que la exageración y la desmesura de las alabanzas pueden acabar produciendo los efectos más contraproducentes.

Del olvido a la hipertrofia: 
España no necesita fabuladores

 Por Trystan Mordrel
Hay reparaciones que terminan pareciéndose demasiado a las falsificaciones. Durante casi dos siglos, el papel de España en la guerra de Independencia de los Estados Unidos quedó relegado a un segundo plano por una historiografía casi enteramente anglosajona y, más tarde, por el gran relato franco-norteamericano de Yorktown. Bernardo de Gálvez, las campañas del Misisipi, la toma de Pensacola, la defensa de San Luis, el dinero llegado desde La Habana y las operaciones españolas contra las posiciones británicas permanecieron durante largo tiempo en penumbra. Era, sin duda, necesario corregir esa injusticia.

Asistimos hoy, sin embargo, a un fenómeno inverso, casi cómico por su desmesura. Del olvido se ha pasado a la hipertrofia; de la discreción, a la hinchazón; de la nota al pie, a la pretensión de reescribir toda la guerra en beneficio exclusivo de Madrid.[1] España ya no se habría limitado a contribuir a la victoria norteamericana: lo habría financiado todo, permitido todo, hecho posible todo, mientras Francia se apropiaba de la gloria y los estadounidenses olvidaban pagar la cuenta.

La tesis seduce porque da la vuelta a un relato demasiado conocido. Es, sobre todo, falsa en sus proporciones, imprudente en sus cifras y bastante pobre en su método. No basta con descubrir a un actor olvidado para convertirlo, de golpe, en el protagonista de todas las escenas.

España desempeñó un papel considerable en la guerra. Ningún historiador serio podría negarlo. Incluso antes de su entrada oficial en el conflicto, facilitó el envío de armas, pólvora, vestimenta y dinero a los insurgentes. La casa Gardoqui, las redes de Bilbao, las autoridades de Luisiana y de Cuba participaron de ese esfuerzo clandestino. Cuando Madrid entró en guerra contra Gran Bretaña en 1779, sus fuerzas abrieron nuevos frentes y obligaron a Londres a dispersar sus recursos desde el golfo de México hasta Gibraltar.

Bernardo de Gálvez emprendió entonces campañas que bastarían para sostener su gloria. Se apoderó de las posiciones británicas del bajo Misisipi, tomó Mobile y luego Pensacola en 1781, al frente de tropas compuestas por españoles, criollos, franceses, acadianos, negros libres y auxiliares indígenas. Al mismo tiempo, los españoles defendieron San Luis de un ataque procedente de Canadá y llevaron su bandera hasta el fuerte Saint-Joseph, en las nieves de la región de los Grandes Lagos.

La marina española obtuvo asimismo una victoria de la que los ingleses no suelen acordarse con demasiado entusiasmo. El 9 de agosto de 1780, el almirante Luis de Córdova capturó un enorme convoy británico y más de cincuenta buques cargados de material, armas, dinero y refuerzos. Fue uno de los mayores desastres logísticos de la historia de la Royal Navy. En La Habana, finalmente, se reunieron cerca de quinientos mil pesos en el verano de 1781 para proporcionar a las fuerzas franco-norteamericanas el efectivo indispensable antes de Yorktown.
  • Todo eso es cierto. Todo eso es notable. Todo eso merece ser conocido.
Nada de ello autoriza, sin embargo, a afirmar que España financió la Independencia norteamericana “hasta el último centavo”. Una fórmula semejante ya no pertenece a la historia, sino a la propaganda.

La confusión descansa sobre un procedimiento bastante sencillo. Se suma la ayuda entregada directamente a los insurgentes, los créditos comerciales, los suministros, los gastos militares españoles en el golfo de México, el sitio de Gibraltar, las campañas navales y, por qué no, el costo general de la guerra. Después, se transforma todo eso en una deuda de los Estados Unidos con España. Siguiendo ese razonamiento, Washington debería haberle reembolsado a Madrid la recuperación de Menorca, los sueldos de las tropas de Gálvez, los cañones de Gibraltar y hasta el forraje de las mulas del ejército español.

El pase de manos es grosero, aunque eficaz. Permite hacer aparecer cifras gigantescas y convertirlas luego en miles de millones actuales o incluso en múltiplos del producto bruto interno español. La precisión numérica le presta entonces a la fábula la apariencia de la ciencia.

España no entró, sin embargo, en la guerra para crear los Estados Unidos. No reconoció a los insurgentes como aliados ni firmó con ellos ningún tratado comparable con la alianza franco-norteamericana. Carlos III reinaba sobre un inmenso imperio colonial y desconfiaba, como era natural, del principio según el cual los súbditos podían deponer a su soberano. Más aún, sus ministros comprendían que una república norteamericana independiente, expansionista y poblada por colonos ávidos de tierras, terminaría convirtiéndose en una amenaza para Luisiana, las Floridas, Texas, el Misisipi y la Nueva España.

Los objetivos españoles eran de otra naturaleza. Madrid quería recuperar Gibraltar, Menorca y las Floridas, alejar a los británicos del golfo de México y consolidar su propio imperio. La Independencia norteamericana fue para España un resultado útil de la guerra, no su razón de ser. Fue, para emplear una palabra poco heroica, un subproducto.

Esta realidad no disminuye en absoluto a Gálvez. Le devuelve, por el contrario, su verdadera estatura. No fue un oficial norteamericano olvidado por la posteridad, sino un gran servidor de la monarquía española, que libró una guerra española según intereses españoles. Sus victorias beneficiaron a los insurgentes porque ambas potencias combatían contra el mismo enemigo, no porque Madrid se hubiese descubierto de pronto una vocación republicana.

El episodio de La Habana ilustra perfectamente la diferencia entre una ayuda decisiva y una pretensión desmesurada. En el verano de 1781, mientras Washington y Rochambeau preparaban la campaña que debía conducirlos hacia Virginia, el ejército aliado sufría una escasez aguda de numerario. Hacía falta dinero contante y sonante para pagar a las tropas, asegurar los transportes y evitar que la operación se malograra antes de comenzar. El almirante de Grasse, que se encontraba entonces en las Antillas, trató de reunir fondos en Saint-Domingue, pero los comerciantes franceses se mostraron poco dispuestos a prestarlos. Fue entonces cuando Francisco de Saavedra y Sangronis, representante de la Corona española en Cuba, organizó en La Habana una suscripción extraordinaria. En pocas horas se reunieron alrededor de quinientos mil pesos entre autoridades, comerciantes y particulares. La tradición quiso luego que las damas habaneras entregaron sus joyas; el detalle pertenece acaso más a la leyenda que a los libros de cuentas, aunque conserva el recuerdo de una movilización real.

La suma fue embarcada en la fragata francesa Aigrette, entregada a de Grasse y transportada hacia la costa norteamericana. Ese dinero permitió pagar a las tropas francesas y estadounidenses en un momento crítico y contribuyó, por lo tanto, al éxito de la marcha sobre Yorktown. Fue una ayuda valiosa, acaso indispensable en aquella coyuntura precisa. No financió, sin embargo, los años anteriores de guerra, el armamento de las escuadras francesas, el transporte del cuerpo expedicionario, las campañas navales ni el conjunto de los auxilios concedidos a los insurgentes. Una caja de dinero puede salvar una operación; no por eso ha financiado toda la guerra.

La misma hipertrofia lleva a presentar a España como víctima de una inmensa estafa francesa y norteamericana. Carlos III habría sido engañado, Luis XVI habría sacado las castañas del fuego, Washington habría embolsado los subsidios y todos habrían abandonado luego a Madrid con un crédito astronómico y un imperio al borde del derrumbe.

La historia real es menos teatral. España persiguió sus propios objetivos, obtuvo importantes victorias, recuperó Menorca y las Floridas, fracasó ante Gibraltar y salió de la guerra todavía al frente de un imperio inmenso. Su crisis posterior no se explica por una factura norteamericana impagada, del mismo modo que la pérdida de la América española no se deriva mecánicamente de la ayuda concedida a los insurgentes.

Hicieron falta la crisis de la monarquía, la invasión napoleónica, las abdicaciones de Bayona, las rivalidades entre criollos y peninsulares, las reformas borbónicas, el agotamiento fiscal y las guerras civiles de comienzos del siglo XIX para hacer estallar el conjunto imperial. 

Los imperios tienen causas de muerte más complejas que una mala inversión financiera.

Lo más lamentable es que esta exageración termina perjudicando la propia causa española. Durante mucho tiempo, los historiadores ingleses y norteamericanos minimizaron el papel de Madrid por desprecio, ignorancia o comodidad. Hoy, algunos autores españoles responden a esa negligencia con una exaltación tan desmesurada que les ofrece a sus adversarios el pretexto perfecto para rechazarlo todo en bloque.

A fuerza de decir que España pagó todo, se termina poniendo en duda lo que realmente aportó. A fuerza de sostener que lo ganó todo, se oscurecen sus verdaderas victorias. A fuerza de transformar a Gálvez en padre secreto de Estados Unidos, se olvida que fue, ante todo, un héroe español.

La monarquía hispánica no necesita semejantes artificios. Su historia es lo bastante vasta, trágica y brillante como para prescindir de charlatanerías. Dio hombres como Blas de Lezo, Gálvez, Saavedra y Córdova. Gobernó un imperio extendido sobre varios continentes, resistió a los ingleses, rechazó invasiones y obtuvo victorias que la memoria británica todavía prefiere mirar de costado.

¿Para qué agregarle entonces créditos falsos, miles de millones imaginarios y traiciones inventadas?

La historia española sufrió la leyenda negra, la ignorancia anglosajona y la indiferencia francesa. Ahora padece una enfermedad nueva: la hipertrofia patriótica de quienes creen servirla atribuyéndole todo.

Existe una manera más digna de hacerle justicia. Consiste, sencillamente, en decir lo que ocurrió.

España desempeñó un papel fundamental en la derrota británica. Aportó una ayuda importante a los insurgentes, abrió frentes decisivos y obtuvo victorias magníficas. No financió por sí sola la Independencia norteamericana, no pagó a los franceses “hasta el último centavo” y no fue la madrina desinteresada de una república a la que ya empezaba a temer.

Ese papel es lo bastante grande como para no necesitar ser inventado.

-[1]Un buen ejemplo de ello es el libro de Jorge Luis García Ruiz, El papel crucial de España en la independencia de los Estados Unidos. ↑