la suerte suprema

la suerte suprema
Pepe Bienvenida / La suerte suprema

viernes, 10 de abril de 2026

Premio Nacional de Tauromaquia al maduro clasicismo de Curro Vázquez / por Andrés Amorós

 Curro Vázquez el pasado febreroGTRES

'..Suele repetir Curro Vázquez«Lo importante, para mí, es sentirme torero». Así volvió a sentirse, con más de setenta años, el pasado 12 de octubre, en Las Ventas. Fue el colofón perfecto para una brillante carrera..'

Premio Nacional de Tauromaquia al maduro
 clasicismo de Curro Vázquez

Viéndolo torear, recordaba yo una sentencia de Shakespeare: «La madurez lo es todo»

Andrés Amorós
El ignorante sectarismo del ministro Urtasun, que suprimió el Premio Nacional de Tauromaquia, encontró la respuesta coral y adecuada cuando recuperaron ese Premio el Senado, la Fundación Toro de Lidia y una serie de Comunidades Autónomas: Madrid, Andalucía, Extremadura, Cantabria, Murcia, Valencia, Aragón, Castilla y León, Castilla - La Mancha y Melilla.

El año pasado, el Jurado apostó por lo «moderno» y por la difusión internacional, al premiar el documental de Albert Serra Tardes de soledad. Fue una decisión que suscitó división de opiniones. Según creo, ni siquiera satisfizo a su protagonista, el diestro Andrés Roca Rey. Opino yo que da una visión vistosa, pero muy limitada de lo que es el arte del toreo. Las declaraciones posteriores de su director han confirmado que la Tauromaquia, a él, le importaba muy poco. A veces, hablando de su película, ni siquiera la menciona. Lo que le interesa de verdad a este director catalán es autoproclamarse el mejor montador cinematográfico del mundo (sic).

Este año, en cambio, la decisión del Jurado del Premio Nacional de Tauromaquia, reunido en Santander, va a suscitar – creo – el aplauso más unánime, al distinguir a Curro Vázquez.

Es una decisión totalmente justa y oportuna porque el maestro ha añadido a una trayectoria artística magnífica una circunstancia concreta, referida al año 2025

con 74 años, dio una lección de clasicismo en Las Ventas, el pasado 12 de octubre, en el festival organizado por Morante de la Puebla.

Esa fecha taurina ha pasado ya a la historia por el triunfo y la inesperada retirada (felizmente, por poco tiempo) de Morante de la Puebla. Además de eso, todos los que tuvimos la fortuna de estar en Las Ventas esa mañana tampoco podremos olvidar lo que hizo Curro Vázquez.

Curro Vázquez, en Las VentasEFE

Todos los que le conocemos y estimamos teníamos la duda de si, a su edad, las facultades le acompañarían. Él mismo sentía ese temor: así me lo dijo, durante el acto de inauguración del monumento a Antoñete, en la explanada de Las Ventas…

Muy pronto, las dudas se disiparon: Curro conservaba íntegras las cualidades de un torero de gusto exquisito. Esa mañana, manejó con soltura y facilidad el capote; cuando vio que el animal respondía, sin más probaturas, soltó la mano izquierda para trazar una serie de naturales monumentales .

Fue un momento de verdad mágico: los que, por razón de edad, no le habían visto torear se quedaron patidifusos. No cabe torear con más sencillez, con más naturalidad y con mejor gusto. Era una imborrable lección de clasicismo: «lo que no se pueda hacer mejor»…

Ha acertado el Jurado de este Premio Nacional al subrayar lo que supuso, para muchos jóvenes espectadores, contemplar un tipo de toreo que hoy raras veces se ve, por desgracia, y que nunca puede pasar de moda.

Por la amistad de mi padre con los Dominguín, tuve yo la suerte de presenciar, en 1969, en la plaza madrileña de Vista Alegre, el comienzo de la carrera de Curro Vázquez.

Curro Vázquez, César Rincón y Olga Casado, a hombros tras triunfar en el festival por monumento a Antoñete.

Curro Vázquez, César Rincón y Olga Casado, a hombros tras triunfar en el festival por monumento a AntoñeteEFE

Era un jovencillo rubio, de figura frágil y expresión aniñada, que había nacido en Linares. Había cumplido solamente 17 años y tenía ya lo que – dicen los taurinos – se tiene o no se tiene, por naturaleza: clase, estilo, suavidad, finura, buen gusto…

Curiosamente, alternó entonces algunas tardes con un novillero de un corte muy distinto, Antonio Porras, que buscaba la espectacularidad, al intentar practicar el salto de la garrocha… Se lo comentaba yo a Remedín Vázquez, la hija del maestro Manolo Vázquez, el pasado domingo, en el sevillano Teatro de la Maestranza, durante el Pregón Taurino, cuando pude darle un abrazo al maestro Curro Vázquez.

Aquel jovencillo novillero nos ilusionó a todos los aficionados madrileños que pudimos verlo. Aprovechando ese tirón, El Pipo, su apoderado (que también lo fue de El Cordobés), organizó su alternativa: en sólo una temporada, pasó de debutar con caballos a matador de toros.

Me parece claro que el apoderado se precipitó. El 12 de octubre de 1969, alternando con José Fuentes, Curro Vázquez tomó la alternativa y sufrió una grave cornada. Eso, indiscutiblemente, frenó algo su carrera.

Durante tres décadas, Curro fue un torero predilecto de muchos buenos aficionados, aún con los altibajos propios de su línea estética. Recuerdo, por ejemplo, la pasión absoluta que sentía por él Santiago Amón.

No tuvo fortuna Curro Vázquez en la Maestranza, una Plaza que parecía pintiparada para apreciar su estilo. Siempre se le consideró un torero de Madrid. En Las Ventas, dibujó preciosas faenas, pero sufrió también un dramático percance.

En 1983, lidió un toro de Moreno Silva, un saltillo que había blandeado y que suscitó algunas protestas de los más exigentes. Curro lo citó al natural, desde lejos, y sufrió una tremenda cornada. Mientras se lo llevaban en brazos a la enfermería, ensangrentado, Bojilla increpaba a los que habían protestado…

Volvió a los ruedos Curro Vázquez con nuevos ánimos en 1989 y, en la Feria de Otoño, logró abrir la Puerta Grande de Las Ventas.

Después de algunas paradas y retornos, se despidió definitivamente en 2002, en un mano a mano con El Juli.

Mi amigo Javier Villán le dedicó su libro Curro Vázquez, sombra iluminada, en el que define así su arte:

«¿Quién ha toreado de frente con más pureza y menos gestualidad que Curro Vázquez? Esencialidad, desafío a la lógica de la geometría. Curro se ofrece como una víctima destinada al sacrificio».

Se casó con Pati Dominguín, la hija de Domingo, el hermano mayor de Luis Miguel, que había sido su apoderado.

Después de retirarse, ha sido apoderado de varios toreros: Cayetano, Morante, Ginés Marín… Ahora mismo, está ilusionado con que el novillero mexicano Emiliano Osornio añada nuevos laureles a la tauromaquia de su país.

Dentro del mundo taurino, tan peculiar, Curro Vázquez ha destacado siempre por ser una persona educada y respetuosa. Da gusto charlar de toros con él. Lo hice con calma, la última vez, en la cena de entrega del Premio de Tauromaquia de El Debate, el pasado 4 de febrero.

La semana próxima, en Sevilla, en la Venta de Antequera, va a recibir otro premio, el de la Real Unión de Criadores de Toros de Lidia.

Suele repetir Curro Vázquez: «Lo importante, para mí, es sentirme torero». Así volvió a sentirse, con más de setenta años, el pasado 12 de octubre, en Las Ventas. Fue el colofón perfecto para una brillante carrera.

Viéndolo torear, recordaba yo una sentencia de Shakespeare: «La madurez lo es todo» («Ripeness is all»). La madurez del sabio clasicismo. Por eso, ahora, ha recibido con tanto merecimiento el Premio Nacional de Tauromaquia. Que lo disfrute con salud muchos años, maestro.

Ormuz: la prueba de que el derecho sin poder no funciona / por Ricardo Rodríguez


Ricardo Rodríguez, doctor en derecho y magistrado, explica cómo el Estrecho de Ormuz, eje estratégico del comercio global, ejemplifica históricamente que la soberanía solo existe cuando puede ejercerse con poder efectivo. Lo que no hizo el rey Felipe IV, permitiendo la pérdida de esa plaza vital.

Hay momentos en los que la historia no es pasado, sino diagnóstico. Y el Estrecho de Ormuz -hoy convertido en epicentro de tensiones globales- es uno de ellos. Porque lo que allí sucede no es nuevo. Ya ocurrió. Y, como tantas veces, no hemos aprendido nada.

Conviene empezar por decir que Ormuz fue español. O, con mayor precisión jurídica, formó parte de la Monarquía Hispánica tras la integración de la Corona de Portugal en 1580.

No era una posesión exótica ni una anomalía imperial: era un nudo esencial de un sistema jurídico-político que articulaba comercio, fiscalidad y control estratégico de rutas marítimas.

Pero esa realidad tiene un origen concreto. En 1515, Alfonso de Albuquerque incorporó Ormuz al sistema del Estado da India, consolidando un modelo de dominio basado en enclaves fortificados, control aduanero y supremacía naval.

No se trataba de ocupar territorios extensos, sino de dominar los puntos críticos del comercio global.

Ormuz era uno de ellos: una isla árida, dependiente del suministro de agua exterior, pero situada en la bisagra por la que transitaba la riqueza entre Persia, Arabia e India hacia Europa.

Desde entonces, la plaza operó como un auténtico dispositivo institucional: fortaleza permanente, administración fiscal, regulación del tráfico marítimo y presencia militar suficiente para garantizar el cumplimiento de ese orden.

Cuando en 1580 Felipe II asumió la Corona portuguesa, ese sistema no se alteró; se integró. Y con ello, la Monarquía Hispánica pasó a controlar una de las arterias económicas más decisivas del mundo conocido.

Durante décadas, ese modelo funcionó con una lógica impecable desde el punto de vista del poder efectivo: quien controlaba Ormuz controlaba el tráfico entre Asia y Europa.

Mapa del estrecho de Ormuz, sobre el que gira la columna de Ricardo Rodríguez.

No hablamos de una simple fortaleza, sino de la aduana más rentable del imperio, la pieza clave de un entramado que garantizaba ingresos, presencia y autoridad en el Golfo Pérsico.

En esa época en la que se decía que en el Imperio Español no se ponía el sol, había otro dicho que lo resumía todo: «El mundo es un anillo y Ormuz es su piedra preciosa«.

Pero el derecho -también entonces- tenía un presupuesto ineludible: la capacidad de sostenerlo.

A comienzos del siglo XVII, ese equilibrio empezó a erosionarse. La presión del Imperio persa, bajo el sha Abbás I, coincidió con la irrupción de Inglaterra como potencia comercial en la región a través de la Compañía de las Indias Orientales.

Mientras la Monarquía Hispánica intentaba sostener múltiples frentes abiertos en Europa y en ultramar, sus adversarios operaban con una lógica más simple y más eficaz: golpear donde el sistema era vulnerable.

En 1622, la alianza anglo-persa ejecutó esa estrategia con precisión. Primero, ocuparon la isla de Qeshm, asegurando el control de los pozos de agua que abastecían Ormuz.

Después, bloquearon el acceso marítimo, hundieron embarcaciones y aislaron la plaza. Diez semanas bastaron para que una soberanía formalmente incuestionable se desmoronara por falta de medios materiales.

El cierre del estrecho representó para el Imperio español de Felipe IV, el nieto de Felipe II, un golpe devastador que combinó pérdidas económicas, humillación geopolítica y la ruptura de un delicado equilibrio diplomático.

Cuando España perdió el Estrecho de Ormuz, Quevedo perdió la paciencia y escribió su verso “El daño es pronto y el remedio tarde” al mal gobierno del rey.

No era literatura; era un diagnóstico institucional. Entre la crisis y la decisión, el aparato político de la Monarquía llegaba siempre tarde. Demasiado tarde.

Y ahí está la clave que trasciende el episodio histórico.

Por qué se perdió Ormuz

Porque Ormuz no se perdió por falta de legitimidad, ni por ausencia de títulos, ni por carencia de normas. Se perdió por algo mucho más prosaico y determinante: la incapacidad de garantizar, en tiempo y forma, el ejercicio efectivo de la soberanía.

Ese mismo patrón -con otros actores, otro lenguaje y una escenografía distinta – se reproduce hoy.

Se invoca el derecho internacional. La libertad de navegación. La seguridad colectiva.

Se multiplican las declaraciones, los marcos normativos, los compromisos multilaterales.

Pero la pregunta decisiva sigue siendo la misma que en 1622: ¿quién está en condiciones de hacer cumplir esas normas cuando dejan de ser convenientes?

La respuesta, si se analiza sin complacencia, es incómoda.

El derecho internacional contemporáneo opera, en demasiadas ocasiones, como una arquitectura declarativa sin garante efectivo. 

Y cuando eso ocurre, deja de ordenar la realidad para convertirse en un repertorio de aspiraciones. Es decir, en retórica institucionalizada.

Porque el problema no es la ausencia de normas. Es la ausencia de estructuras capaces de ejecutarlas con rapidez, coherencia y continuidad.

La Monarquía Hispánica -con todas sus limitaciones- no incurría en ese autoengaño conceptual.

Sabía que la soberanía no es un atributo que se proclama, sino una potestad que se ejerce. Y que, cuando no puede ejercerse, deja de existir en términos reales.

Ormuz no es, por tanto, una curiosidad histórica ni un episodio remoto.

Es un patrón.

Un patrón que demuestra, ayer y hoy, que el derecho sin capacidad de imposición no ordena, no protege y no vincula.

Y que cuando las estructuras políticas no pueden reaccionar a tiempo, la soberanía no se discute: simplemente se pierde.

Eso fue Ormuz en 1622.

Y nada indica que hayamos aprendido lo suficiente como para que deje de serlo.

Curro Vázquez, galardonado con el Premio Nacional de Tauromaquia 2025


'..Curro Vázquez se define por una vida entera de compromiso con la tauromaquia. Su dedicación constante, tanto en los ruedos como fuera de ellos, ha contribuido de manera decisiva a la preservación, defensa y difusión de este patrimonio cultural. Su legado no se limita a su carrera profesional, sino que se extiende a su papel como referente, formador e inspirador de nuevas generaciones”.

Curro Vázquez, galardonado con el Premio Nacional de Tauromaquia 2025

El torero ya retirado Curro Vázquez ha sido galardonado con el Premio Nacional de Tauromaquia de 2025 “por una vida entera de compromiso con la tauromaquia”, según el fallo del jurado reunido en la mañana de este miércoles en el Palacio de la Magdalena de Santander.

Según el acta, el diestro de Linares, merece además este premio por su actuación en el festival del pasado 12 de octubre en Las Ventas, organizado por Morante de la Puebla como homenaje al recordado torero madrileño Antoñete, en el que Curro Vázquez “actuó como puente entre generaciones, acercando a los públicos más jóvenes una concepción profunda, clásica y perdurable del toreo”.

“Pero más allá de este hito reciente -continúa el texto del jurado-, Curro Vázquez se define por una vida entera de compromiso con la tauromaquia. Su dedicación constante, tanto en los ruedos como fuera de ellos, ha contribuido de manera decisiva a la preservación, defensa y difusión de este patrimonio cultural. Su legado no se limita a su carrera profesional, sino que se extiende a su papel como referente, formador e inspirador de nuevas generaciones”.

Tras la negativa hace dos años de Ernest Urtasun a que siguiera otorgándolo el Ministerio de Cultura, como venía sucediendo desde 2013, el Premio Nacional de Tauromaquia lo convoca el Senado junto la Fundación del Toro de Lidia y los gobiernos de las comunidades autónomas de Andalucía, Cantabria, Murcia, Valencia, Aragón, Castilla-La Mancha, Madrid, Castilla y León y la ciudad de Melilla.

El galardonado ha declarado a EFE:

“es una gran satisfacción que se acuerden de lo que uno ha podido aportar en defensa de este arte, que necesita el apoyo de tantos como se apasionan con él en estos momentos. Creo que todavía me queda por seguir aportando, pero de momento, una vez que me lo han comunicado por teléfono, me he parado a tomar un tinto para celebrarlo en memoria de mi padre, que fue quien me inculcó la afición”.

Curro Vázquez, nombre artístico de Manuel Antonio Vázquez Ruano, nació en Linares (Jaén) el 1 de mayo de 1951, y tras una deslumbrante campaña como novillero tomó la alternativa en la madrileña plaza de Vista Alegre el 20 de abril de 1969, de manos de su paisano José Fuentes y con toros de Barcial, resultando muy gravemente herido precisamente por el de la ceremonia.

Tras confirmar el doctorado en Las Ventas en 1971, su carrera tuvo altibajos, pero estuvo siempre marcada por grandes faenas, lo que hizo que se le considerada como uno de los diestros de más calidad a lo largo de una trayectoria que se extendió hasta el año 2000, cuando en el mismo lugar de su alternativa, aunque en un coso distinto, se despidió del toreo en un mano a mano con El Juli.

Desde entonces, Curro Vázquez ha sido apoderado de varios toreros, entre ellos Cayetano y Francisco Rivera Ordóñez, Morante de la Puebla o Ginés Marín, labor que ahora ejerce con el novillero mexicano Emiliano Osornio. Además, ha participado en varios cameos cinematográficos, como el de la película “Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto”, de Agustín Díaz Yanes.

La entrega de este premio Nacional de Tauromaquia, dotado con 30.000 euros y que en 2024 recayó ‘exequo’ en el también director de cine Albert Serra, por su documental ‘Tardes de soledad’, y en la Real Unión de Criadores de Toros de Lidia premio, tendrá lugar el próximo día 27 de abril en los salones del palacio del Senado, en Madrid.

JUAN BELMONTE: EL OCASO DE UN GENIO / por Víctor Ramírez "Vitico"


'..El domingo 8 de abril de 1962 España y todo el mundo taurino se vio sacudida por una infausta noticia: Juan Belmonte se quitó la vida por su propia mano en su Cortijo de "Gómez Cardeña"..'


JUAN BELMONTE: 
EL OCASO DE UN GENIO

Víctor Ramírez "Vitico"
Mérida-Venezuela, 9 Abril 2026
El domingo 8 de abril de 1962 España y todo el mundo taurino se vio sacudida por una infausta noticia: Juan Belmonte se quitó la vida por su propia mano en su Cortijo de "Gómez Cardeña". Tenía tiempo enfermo, Belmonte había perdido también a grandes amigos entre ellos a Rafael Gómez "El Gallo", se dice que le atormentaba un amor no correspondido. Con todos esos atenuantes el gran Juan pasaba el tiempo entre toros bravos, recordado y seguramente añorando su glorioso pasado junto a Joselito El Gallo, su rival pero también su amigo del alma. Sólo Juan y José saben lo mucho que vivieron juntos, esas largas conversaciones en los trenes en mitad de la noche rumbo a las ciudades y ferias donde toreaban. 

Juan Belmonte creció en pobreza, la quincallería de su padre no daba para mucho, trabajó de peón en las obras de Tablada antes de emprender sus inicios en la tauromaquia incluso toreando de noche haciendo "la luna". Sus primeras tardes no fueron de éxito, en Sevilla en 1911 vivió un fracaso rotundo escuchado cinco avisos hasta el punto de querer arrojarse a los pitones de un novillo en señal de desesperación. Pero Belmonte era un predestinado y tras dos nuevas y desesperadas oportunidades en Castellón y Valencia, siendo sólo sobresaliente en la primera, resurgió cual ave fénix hasta triunfar de forma apoteósica en Sevilla con una novillada de Tovar.


Juan y José se vieron en un patio de cuadrillas por primera vez en Cádiz el 22 de agosto de 1912 para matar un encierro de Miura. Joselito cortó las orejas pero Juan, volteado y magullado también salió a hombros por unos lances inverosímiles a uno de sus novillos. Era el primer aviso para Joselito. Así empezó una rivalidad tremenda en los ruedos, con Belmonte siguiendo la estela del poderoso Joselito, al principio sin mucha regularidad pero cuajando las suficientes faenas para alimentar su leyenda. A medida que fue toreando, Belmonte fue concretando sus avances técnicos, mejorando y depurando su toreo, del que eran famosos su media verónica, el natural y el molinete entre otras cosas claro. Incluso Juan se dejaba llevar por Joselito en los asuntos de despachos y política taurina, siempre que había algo por resolver o detalles por cerrar si le preguntaban su postura o decisión, Belmonte respondía "Lo que diga José" confiando plenamente en que lo que decidiera Gallito era lo mejor para todos. 

Los intelectuales de su época no escaparon de la enorme influencia de Belmonte y le rindieron un homenaje caluroso lleno de admiración de allí la famosa frase de Valle Inclán "Juanito sólo te falta morir en la plaza" a lo que Belmonte respondió "se hará lo que se pueda Don Ramón". La leyenda de Juan no hacía más que empezar y faenas a toros como "Tallealto" de Contreras el 2 de mayo de 1914 y la histórica realizada a "Barbero" de Concha y Sierra el 21 de junio de 1917 son sólo dos de las grandes joyas que el "Pasmo de Triana" le regaló al toreo. Muchos años estuvo en la cumbre del toreo, incluso toreó como rejoneador y fue ganadero. Sus últimos días los pasó añorando esos intensos momentos, recordando a Joselito de quien decía que le ganó la partida en Talavera, Belmonte en el ocaso de un genio, quiso pasar de plano por mano propia hace 64 años. En el camino a su tumba en el cementerio de San Fernando el cortejo fúnebre se detuvo unos instantes frente al mausoleo de los Gallo, donde descansan Rafael, José e Ignacio Sánchez Mejías quienes tantas tardes hicieron el paseíllo con él. Mágico momento donde por un instante volvieron a estar juntos. 

El natural de Belmonte

Juan Belmonte, leyenda viva sigue vigente entre todos los que vivimos enamorados de un arte del que Belmonte fue máximo exponente. Belmonte hoy, mañana y siempre, torero de toreros...

La terna más importante de la Edad de Oro: 
Rafael Gómez "El Gallo" , Joselito y Juan Belmonte. Foto: Serrano.

jueves, 9 de abril de 2026

Blindar el aborto / por Irene González

Ana Redondo, ministra de Igualdad

'..En la Modernidad que expulsó a Dios de la sociedad para supuestamente liberarnos de las cadenas del amor, el ente generador de moral es el Estado, que a través de la ley decide qué es el bien y el mal, y qué es verdad. Una ley venerada por los esclavos de la democracia liberal hecha por demonios menores como la ministra de Igualdad..'


Blindar el aborto
Vienen a liberarnos y emanciparnos los que nos han encadenado a una ideología vacía

Irene González
Blindar el aborto en la Constitución es blindar el derecho de los malos hombres a deshacerse de las mujeres que usan, y del niño que no quieren. El hombre ha encontrado en el aborto una forma de liberarse de toda responsabilidad en el mundo de la postrevolución sexual deshaciéndose del bebé de ambos y sin sufrir las consecuencias. Es la mujer la que sufre las secuelas físicas y, sobre todo, psicológicas de acabar con la vida de su hijo. Solo para ellos, el aborto es una salida fácil de la situación. El aborto a quien en verdad ha dado libertad es a estos hombres, por llamarlos de alguna manera, y ha sumido en un drama a los pocos que intentaron no perder a su hijo y criarlo. Acabar con tu bebé se plantea como un derecho de liberación de la pesada condena de formar una familia. Y a este proceso, el feminismo que nos ha degradado a meros cuerpos de consumo lo llama conquista de derechos para las mujeres.

Blindar la "dimensión prestacional" del aborto en la Constitución en lugar de blindar el apoyo del Estado del bienestar a la maternidad de las españolas. Si el Estado del bienestar algún día fue una característica de civilización en Europa, su defunción llegó el día en el que se consideró razonable que era mejor que los hijos de los europeos no naciesen por dificultades económicas. «Estado social y de derecho» es lema que reza en todas las constituciones de las democracias liberales. En Francia, la mitad de las mujeres que abortaron en el año 2022 alegaron motivos económicos. No puede haber mayor indicio de destrucción de Europa que una civilización reivindique como derecho a acabar con la vida de sus no nacidos la pobreza. Europa ya es material y moralmente tercermundista.

Una sociedad herida

Se acude al aborto por pobreza y por soledad en la mayoría de los casos, por eso el mal necesita disfrazar el dolor detrás de ese trauma como un derecho que deshumaniza a los involucrados, principalmente al bebé y a la madre. En estas condiciones no se puede afirmar que el aborto sea voluntario si la falta de recursos y apoyo es lo que lleva a las mujeres a llevarlo a cabo en el Estado del bienestar. Esto genera una sociedad herida que desarrolla tristeza, soledad, medicación, problemas de salud mental, drogas, desprecio a la familia, eutanasia… lo que sea para escapar del dolor que nadie advirtió en los gritos de rabia de las sádicas feministas que ofrecen tu bebé en sacrificio en el altar de su ideología. Una desviación psicológica de que si destrozaron mi vida, voy a ocultarlo como reivindicación para destrozar también la tuya.

La sociedad liberal emancipada de toda cadena moral, racional y biológica considera como bien supremo rector de la sociedad una ficción alrededor de la voluntad del individuo. Aunque esto pueda resultar un principio indiscutible, en la posmodernidad, donde todo es mentira, se ha transformado en algo diabólico basado en un engaño, pues pretenden hacer creer al individuo que su camino inducido hacia la miseria es un triunfo de su voluntad, anulada y domada en interés del Estado, que por otra parte dificulta el acceso a toda la información de las consecuencias de un aborto. ¿Es realmente su voluntad cuando la sociedad y el Estado presentan el aborto como la solución o el ejercicio de un derecho? Ni mil mentiras que se cuenten sobre el aborto hará a la mujer escapar de la verdad de su sufrimiento, haber acabado con la vida de su hijo. Te mienten para que pierdas la conciencia de quien realmente eres y la vida que llevas dentro de ti.

Todo un sistema miente

Hay algo que siempre critico de los detractores del aborto y es su insistencia en separar al bebé como un ente independiente de la madre, pues la mujer no es un mero recipiente. Las mujeres no se deshacen de una lechuga, que es un conjunto de células, sino de su hijo, que crece dentro de ellas. En la sangre de la madre se encuentran restos de un ADN diferenciado de la sangre del hijo, y de esta criatura indefensa cuya vida depende de ti, todo un sistema te miente para que te deshagas de tu hijo, y con él, de una vida nueva, de una parte de ti.

En la Modernidad que expulsó a Dios de la sociedad para supuestamente liberarnos de las cadenas del amor, el ente generador de moral es el Estado, que a través de la ley decide qué es el bien y el mal, y qué es verdad. Una ley venerada por los esclavos de la democracia liberal hecha por demonios menores como la ministra de Igualdad. Se necesita algo más que una ley y un Estado que sostenga una civilización, algo más profundo que llene el alma para establecer una defensa moral ante la dictadura emocional que apela a principios de libertad para implantar una tiranía de soledad y desesperación. Vienen a liberarnos y emanciparnos los que nos han encadenado a una ideología vacía. El problema es que se ha cedido la verdad al principal enemigo de nuestra libertad política y de la persona, el Estado moderno.


“No hay billetes” / por Rafael Comino Delgado


'..Tal como veo el panorama esta temporada de 2026 va a pasar a la Historia como una en las que más gente acuda a las plazas, y si sumamos a ello aquellas personas que vean los festejos por TV, seguramente será la que más personas hayan visto toros en España, al menos tras la pandemia,  lo que podemos hacer extensivo a Francia y Portugal..'

“No hay billetes”

Rafael Comino Delgado
¡Que bonito es el cartel de, No hay billetes! Y esta temporada tenemos la casi seguridad de que habrá muchos colgados en las taquillas, aparecerá muchas veces ese ansiado cartel para los empresarios, los toreros, y todo el toreo en general,  por mucho que los agoreros digan que al toreo le quedan dos telediarios, aunque los hechos, las taquillas, los tendidos y la TV, que esta temporada dará un número elevadísimo de festejos, la inmensa mayoría en abierto, cantan lo contario.

Ya hemos leído que no quedan entradas para las tres primeras tardes de Morante en Sevilla (el Domingo de Resurrección ya se vio), ni para la corrida del Corpus, tampoco para las tres tardes de Roca Rey (además ha subido un  34,6 % el número de abonados en la Maestranza,  “en  Sevilla ya hay seis no hay billetes”, y puede haber más. Y si nos vamos a Madrid, ya no quedan entradas para tres tardes, las dos de Roca Rey (Beneficencia y la Prensa ) y la del 22 de mayo con Castella, Emilio de Justo y Tomás Rufo, con toros de Victoriano del Rio, y en cinco tardes más estaban a punto de agotarse las entradas, si no se han agotado ya. También Navalmoral de la Mata puso el “No hay billetes”, para el Domingo de Ramos con Talavante, Roca Rey y Marco Pérez, y en Lorca  hubo un lleno el pasado 4 de abril. Como vemos la temporada no puede estar mejor, pues a lo expuesto hay que añadir importantes triunfos de toreros, muchos de ellos considerados de los jóvenes, los que vienen arreando y poniendo las cosas difíciles a las figuras consagradas, como debe ser, pues en el toreo siempre ha sido así. En el escalafón de novilleros hay muchos con condiciones para llegar muy alto. No me resisto a citar uno, Julio Norte, que con 18 años recién estrenados, tiene todas las cualidades para ser alguien muy grande en el toreo.

Tal como veo el panorama esta temporada de 2026 va a pasar a la Historia como una en las que más gente acuda a las plazas, y si sumamos a ello aquellas personas que vean los festejos por TV, seguramente será la que más personas hayan visto toros en España, al menos tras la pandemia,  lo que podemos hacer extensivo a Francia y Portugal. Claro, todo esto es pronosticar lo que va a pasar con los datos que por el momento tenemos, luego se cumplirá o no, y sabemos que la cosas, por motivos diversos pueden desviarse de lo que parece lógico, pero hay que tener en cuenta que actualmente tenemos dos máximas figuras tirando del carro, Roca y Morante, lo que se nota. Las tardes que ambos se enfrenten, y la corrida sea dada por TV, habrá lleno total en la plaza y frente a los televisores, como ocurrió el Domingo de Resurrección en Sevilla.

En conclusión, por ahora la temporada se presume muy buena, cuando lleguemos a octubre, y pasen las ferias del Pilar en Zaragoza, y la de san Lucas en Jaén hablaremos de nuevo sobre ello. 

TOREO Y FE, LITURGIA Y RITO / por Carlos Bueno



'..Tauromaquia y religión se estructuran sobre una liturgia precisa, casi inmutable, que ordena tiempos, gestos y significados. En la tauromaquia, el rito comienza mucho antes de que el toro pise la arena..'

TOREO Y FE, LITURGIA Y RITO

Artículo de Carlos Bueno
Tauromaquia y religión comparten un mismo pulso ritual, una liturgia que da sentido a lo trascendente. La Semana Santa es solemnidad, respeto por la tradición y capacidad de emocionar colectivamente, como el toreo, y el Domingo de Resurrección, cuando el cristianismo celebra la victoria sobre la muerte, la plaza de la Maestranza sevillana recupera el pulso festivo para regresar a la luz y a la alegría.

Tauromaquia y religión se estructuran sobre una liturgia precisa, casi inmutable, que ordena tiempos, gestos y significados. En la tauromaquia, el rito comienza mucho antes de que el toro pise la arena. El vestido de luces, los trastos, el paseíllo, la disposición del ruedo, los tercios, la música, los silencios, el clímax de la suerte suprema… Cada elemento está reglado y tiene un significado. Todo responde a una coreografía codificada que confiere al espectáculo un carácter ceremonial.

De modo similar, el cristianismo se articula a través de ritos establecidos, y la liturgia religiosa marca los momentos de recogimiento, de sacrificio, de celebración. La misa, los sacramentos, los tiempos litúrgicos, los gestos y las palabras que se repiten generación tras generación. En ambos casos, las formas no son un simple adorno, sino el vehículo a través del cual se expresa una verdad profunda.

En ese marco ritual emerge la figura central, la del torero en la plaza y el sacerdote en el altar. Ambos desempeñan un papel mediador. El torero se enfrenta al toro en nombre de todos, asumiendo un riesgo real que lo sitúa en una dimensión casi sacrificial. El sacerdote, por su parte, actúa como intermediario entre lo humano y lo divino. En ambos escenarios hay una representación simbólica del sacrificio. En uno, físico y tangible; en el otro, espiritual y trascendente.

La plaza y el templo se convierten así en lugares de encuentro colectivo, donde una comunidad comparte códigos, silencios y emociones.

Tanto la tauromaquia como el cristianismo se sostienen sobre una tradición que trasciende al individuo. Son legados recibidos, transmitidos y reinterpretados a lo largo del tiempo. Ambos revelan la profunda necesidad humana de creer, de ritualizar y de encontrar significado más allá de lo inmediato.

A través de la liturgia y del rito compartido, toreo y religión ofrecen al ser humano un marco para enfrentarse a lo esencial: la vida, la muerte y la posibilidad de trascenderlas.

Durante la Semana Santa, las procesiones, con su cadencia solemne, su respeto por la tradición y su capacidad de emocionar colectivamente, encuentran un eco claro en el rito taurino. Pero el momento culminante de esta conexión se produce el Domingo de Resurrección. Mientras la liturgia cristiana celebra la victoria sobre la muerte, Sevilla recupera el pulso festivo con su corrida más emblemática. Tras el recogimiento y la sobriedad de los días anteriores, llega la afirmación de la vida, del renacer, del regreso a la luz.

Así, cuando Sevilla abre sus puertas a la luz del Domingo de Resurrección y el albero vuelve a pisarse tras la solemnidad de la Semana Santa, se produce un diálogo entre dos formas de entender la vida y la muerte. Dos lenguajes distintos que, sin embargo, comparten una misma raíz: la necesidad humana de dotar de sentido a lo efímero mediante el rito.