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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

martes, 24 de febrero de 2026

Los últimos de Filipinas: el honor que sobrevivió a un Imperio / por Ricardo Rodríguez

Ricardo Rodríguez, doctor en Derecho y magistrado, narra en esta columna la gesta de los últimos de Filipinas que solo se convencieron de la derrota de España a través de un periódico, «El Imparcial». Sobre estas líneas, una imagen de la película «1898. Los últimos de Filipinas», en la que trabajaron Luis Tosar, Carlos Hipólito, Javier Gutiérrez, Karra Elejalde y Ricardo Gómez. Foto: Prime Video.

'..Y aquí surge la reflexión inevitable. ¿Fueron héroes? Sin duda. ¿Fueron víctimas de un sistema que los abandonó? También..'

Los últimos de Filipinas:
el honor que sobrevivió a un Imperio

Ricardo Rodríguez
Hace poco fui a un restaurante en el centro de Madrid, El Imparcial. Ambiente elegante y un punto de encuentro cultural ubicado en un palacete histórico en la calle del Duque de Alba, en pleno corazón de Madrid, cerca de El Rastro y de Tirso de Molina.

El local es elegante y acogedor, con interiores que conservan el carácter de la arquitectura original del edificio, combinando luz natural, amplios salones y detalles decorativos atractivos que brindan una atmósfera sofisticada pero relajada.

Agradable, buena comida, mejor compañía…, pero me evocó una historia creo que muchas veces hablada pero, realmente, poco conocida.

En el pasado albergó la redacción del histórico diario “El Imparcial”, uno de los periódicos más influyentes de la España de finales del siglo XIX y comienzos del XX, y un referente del periodismo moderno en nuestro país.

Fue fundado en 1867 en Madrid por Eduardo Gasset y Artime, con una línea liberal, independiente y muy crítica con el poder político, algo poco habitual en una prensa todavía muy vinculada a partidos y facciones.

Desde sus primeros años destacó por su rigor informativo, la importancia concedida a la política nacional e internacional y la incorporación de corresponsales en el extranjero. Su época de esplendor se extendió hasta las primeras décadas del siglo XX.

Durante la Restauración y el desastre del 98 alcanzó una enorme difusión y prestigio. Fue uno de los diarios que mejor informó sobre la guerra de Cuba, la pérdida del imperio colonial y la situación internacional de España.

Y es que El Imparcial tuvo un papel clave -aunque indirecto- en el episodio de Los últimos de Filipinas, y concretamente en el desenlace del sitio de Baler.

Hay episodios de la Historia que, aun siendo heroicos, rozan lo trágico. Y otros que, siendo trágicos, alcanzan la categoría de leyenda.

Uno de ellos -quizá de los más desconocidos para el gran público- es el de los últimos de Filipinas, aquellos soldados españoles que resistieron durante casi un año en la iglesia de San Luis Obispo de Tolosa, en el pueblo de Baler, un pequeño pueblo costero del noreste de Filipinas, ajenos -o incrédulos- al hecho de que España ya había perdido la guerra y, con ella, su último gran imperio de ultramar.

Corría el año 1898.

España se desangraba como potencia colonial. Tras la guerra con Estados Unidos, había perdido Cuba, Puerto Rico, Guam… y Filipinas. El Tratado de París ponía fin a más de tres siglos de presencia española en Asia.

Pero en un rincón remoto del archipiélago filipino, cincuenta y tantos soldados españoles, al mando del capitán Enrique de las Morenas, primero, y del teniente Saturnino Martín Cerezo, después, permanecían atrincherados en una iglesia, sitiados por insurgentes filipinos.

Y resistían.

Resistían al hambre, a las enfermedades, a los ataques constantes, a la humedad asfixiante, a la muerte diaria de compañeros.

Resistían, sobre todo, porque no creían que España hubiera capitulado.

Los sitiadores les informaron una y otra vez de que la guerra había terminado, que Filipinas ya no era española, que el imperio se había derrumbado.

Les enviaron emisarios. Les mostraron documentos.

Pero los soldados españoles pensaban -no sin cierta lógica- que todo era un engaño del enemigo para hacerles rendirse. Y, conforme al Código Militar de la época, rendirse sin orden expresa era una deshonra.

Así que siguieron defendiendo una bandera que, en realidad, ya no ondeaba en ningún territorio del Pacífico.

Durante 337 días.

Casi un año.

Cuando finalmente les enseñaron periódicos, entre ellos El Imparcial, aceptaron la evidencia y salieron de la iglesia, en junio de 1899. Lo hicieron con honores.

Ya no eran proclamas del enemigo. Era prensa española. Era información verificable. Era la voz del propio país por el que estaban combatiendo.

El teniente Martín Cerezo, tras analizar cuidadosamente los periódicos -fechas, estilo, noticias internas imposibles de falsificar- comprendió por fin que la guerra había terminado meses atrás.

Que España había perdido Filipinas. Que su resistencia, heroica, se estaba librando por una soberanía ya inexistente. Solo entonces aceptó capitular.

En este edificio el histórico periódico «El Imparcial» tenía su sede, como relata el autor, Ricardo Rodríguez. Estaba en la Calle del Duque de Alba, número 4, en el distrito Centro de Madrid. Foto: RR.

Fue «El Imparcial» el que puso fin a casi un año de resistencia

El 2 de junio de 1899 salieron de la iglesia. No como vencidos, sino como soldados honrados. Paradójicamente, fue un periódico -y no un emisario militar- quien puso fin a casi un año de resistencia.

La prensa, en este caso, hizo lo que el Estado no supo hacer: informar con eficacia a quienes había dejado aislados en el fin del mundo.

Así, El Imparcial quedó ligado para siempre a esta gesta histórica como el testimonio que certificó el final del Imperio… y el final de una de las resistencias más heroicas del ejército español.

Y aquí surge la reflexión inevitable. ¿Fueron héroes? Sin duda. ¿Fueron víctimas de un sistema que los abandonó? También.

Porque mientras ellos morían de beriberi, comían ratas y hervían cuero para sobrevivir, en Europa se firmaban tratados, se repartían colonias y se cerraba una etapa histórica.

El Imperio español se desmoronaba, pero ellos seguían firmes en su puesto. Nadie se preocupó de avisarles eficazmente. Nadie se aseguró de que supieran la verdad. Nadie acudió en su auxilio.

No en forma de cañón. No con una carga final. Llegó escrita en un papel.

Es, en cierto modo, una metáfora perfecta del final de España como potencia mundial: dignidad individual frente al fracaso colectivo, honor personal frente al derrumbe político.

Hoy, más de un siglo después, su historia sigue interpelándonos. Nos habla del deber llevado hasta el extremo. Del valor sin recompensa. Del abandono de los de abajo por las decisiones de los de arriba.

Los últimos de Filipinas reales en una foto histórica restaurada digitalmente. Solo la lectura de «El Imparcial» les convenció de que la guerra había terminado. Foto: MD.

Nos recuerda que las grandes derrotas históricas no se producen de golpe, sino mientras algunos siguen luchando por un mundo que ya ha dejado de existir.

No fueron humillados, antes al contrario: los hombres que habían sido sus enemigos les rindieron honores.

Por orden de Emilio Aguinaldo, el presidente revolucionario filipino, marcharon como soldados valientes, con armas, bandera y respeto. Se les reconoció su valor, su constancia, su honor.

En España solo el paso del tiempo los convirtió en símbolo de honor militar y sacrificio.

Y es que hay gestas que no sirven para ganar guerras, pero sí para dignificar a quienes las protagonizan.

España perdió Filipinas. Pero aquellos hombres ganaron algo que no figura en los tratados: el respeto de la Historia.

Como tantas veces ocurre, el poder cayó, el Imperio se hundió…, pero el honor resistió hasta el final. Y quizá esa sea la mayor lección de Los últimos de Filipinas.

No siempre se lucha para vencer. A veces se lucha, simplemente, para no rendirse.

Aquellos hombres demostraron que a veces la verdadera victoria no está en conquistar tierras sino en mantener intacto el corazón y sus ideales.

Una lección más de la Historia. A veces no son las balas las que ponen fin a una guerra, sino la verdad escrita en un papel.

No siempre vence quien dispara el último tiro, sino quien mantiene su dignidad hasta el final. Y así quedó escrito para siempre: su resistencia fue derrota en mapas, pero victoria en la memoria.

Eduardo Miura: «Lo natural era que un torero se anunciara con todo tipo de toros; eso hoy es una utopía»

 

'..Yo creo que el toreo necesita volver a esa naturalidad que se ha perdido y que consistía en que todos los toreros se anunciaban con todo tipo de toros. Es cierto que a lo largo de la historia cada torero ha tenido sus ganaderías predilectas y las ha exigido siempre que le ha sido posible, pero yo creo que se ha ido perdiendo aquella exigencia del aficionado que consistía en pedir a los toreros que lo mismo que le hacían a un toro se lo hicieran a otro diferente..'

Por Javier Cámara.
Eduardo Miura Fanjul (Sevilla, 1989) tras siete generaciones ganaderas hoy es el encargado de mantener viva la leyenda y la historia del hierro más emblemático del campo bravo. Pero hoy anda solventando los problemas que las fuertes lluvias han generado en ‘Zahariche’, allá en Lora del Río, a la vez que prepara con mimo una nueva temporada con la Feria de Sevilla ya en la mira.

– ¿Cómo ha afectado tanta lluvia al toro este invierno? De hecho, Lora del Río ha sido uno de los enclaves más afectados.

– Han sido dos meses de lluvia incesante que, como es lógico, han afectado muy negativamente a todo lo que tiene que ver con la ganadería. Se ha mojado el pasto y los toros no se han podido alimentar en condiciones. El agua ha dificultado mucho la movilidad de los toros, que se han movido poco y mal. Ha habido días en los que el barro les llegaba hasta la barriga… Los cultivos también se han visto afectados, la maquinaria… Como siempre, todo es bueno, pero en su justa medida.

– Todos los años, el ganadero parece lidiar con un nuevo problema: ¿son excusas?

– Para nada. Como hombres de campo, sabemos que nos enfrentamos a la climatología, a la biodiversidad, a un sinfín de enfermedades que vamos descubriendo en tiempo real… Pero no dejan de ser complicaciones que solucionar. Sin embargo, el principal problema del campo hoy es la burocracia. Primero porque es enorme y también porque las exigencias administrativas son diferentes en Andalucía, La Rioja o Cataluña. Eso hace perder mucho tiempo porque en vez de en un país parece que estamos en diecisiete países. La burocracia hace más daño que cualquier otro problema y lo peor de todo es que tiene más fácil solución que una inundación o la picadura de un mosquito nunca conocido.

– ¿Se trata al campo como se merece en España?

– Claro que no. Como agricultor te diré que somos los últimos en los que piensa la Administración. Somos los últimos en consideración por parte de los políticos y eso que España es un país muy agrícola y el campo forma uno de los pilares de la producción económica de España. Se nos trata con mucho desprecio, como si fuéramos unas malas bestias y se equivocan. La gente del campo cada día está más preparada; existen unos avances espectaculares en todo lo relacionado con la agricultura y nadie lo pone en valor. En España se le da más valor a lo que viene de fuera que a lo que se hace aquí siendo lo nuestro mejor. Sucede con el aceite, que se valora más el italiano cuando su producción no es tan buena como en España, pero aquí nadie lucha por demostrar al resto del mundo que en España se hacen muchas cosas mejor que en ningún otro lugar.

– ¿Cómo define usted el toro de Miura?

– Es un toro que mantiene aquel núcleo de lo que era la antigua tauromaquia. Un toro con reminiscencias más salvajes, más indómitas y menos agradable para el torero, pero que, al mismo tiempo, ha sabido adaptarse a la actualidad y a la tauromaquia actual sin perder aquel origen primogénito. Yo espero que siga siendo así durante muchos años y que su mirada siga pesándole al torero a la vez que se siguen imponiendo al aficionado con su presencia en las plazas.

– ¿Qué le exige Miura a un toro de Miura?

– Que no dejen la pelea, que se queden, que se empleen. Más que la duración, intentamos que no pierdan la bravura y las ganas de embestir. Ahora bien, eso no quiere decir que un toro de Miura tenga que embestir siempre bien y como se exige hoy en día, pero intentamos que nunca renuncien a la pelea y que después tengan movilidad y transmisión. Y hombre, si además de todo esto dejan triunfar, pues mejor que mejor.

– Los carteles donde figura su hierro parecen muy cerrados: mismas plazas y mismos toreros. ¿Existe cierto encorsetamiento en lo que respecta a Miura?

– Es cierto que llevamos muchos años yendo a Sevilla y Pamplona y es algo que hemos de agradecer a quienes se encargan de programar estas ferias por la confianza que depositan en nuestros toros. Últimamente, también solemos ser habituales en Sanlúcar de Barrameda, en la Corrida Magallánica, donde siempre suceden cosas interesantes. Respecto a los toreros, nosotros nunca hemos participado en quiénes se tienen que anunciar o no. Esa responsabilidad recae en los empresarios, que son los que mejor saben lo que es más conveniente. No debemos olvidar que los toros son un negocio y como tal ha de ser viable. Sinceramente, nosotros creemos que nuestra divisa ya es un reclamo importante en el cartel y hay muchos aficionados que van a ver nuestros toros haciendo que no perdamos la ilusión por nuestro trabajo para que siga acaparando el interés de la afición.

– La decisión de un torero de anunciarse con sus toros se cataloga de gesto. ¿Necesita el toreo actual de más gestos?

– A mí no me gusta que lo llamen gesto. Yo creo que el toreo necesita volver a esa naturalidad que se ha perdido y que consistía en que todos los toreros se anunciaban con todo tipo de toros. Es cierto que a lo largo de la historia cada torero ha tenido sus ganaderías predilectas y las ha exigido siempre que le ha sido posible, pero yo creo que se ha ido perdiendo aquella exigencia del aficionado que consistía en pedir a los toreros que lo mismo que le hacían a un toro se lo hicieran a otro diferente. Ese plus de exigencia era muy positivo para el toreo. Si una figura decide anunciarse con nuestros toros, el cartel no necesita más adornos. Morante lo hizo hace no mucho tiempo y no hubo suerte, pero nosotros siempre se lo agradeceremos.

– Hablando de Morante, ¿qué opina de su brevísima ‘retirada’?

– José Antonio es uno de los pilares fundamentales ahora mismo de la Fiesta y pasará a la historia como uno de los mejores toreros que ha habido, además de los más completos. Su tauromaquia abarca décadas y la decisión que tomó en Madrid el pasado octubre, sin duda, fue una gran sorpresa. Yo bien pensé que se trataba de un descanso por todos los problemas que acarreaba, mucho más complicados que el propio toro. Su regreso es una buena noticia y ojalá hubiera muchos más toreros que formaran ese revuelo en torno a sus decisiones porque esas cosas dan vida a la afición y aseguran el futuro del toreo.

Publicado en 941

lunes, 23 de febrero de 2026

El real engaño del 23-F / por Fernando Paz

 

'..Toda la versión oficial del pronunciamiento es un engaño, un cúmulo de patrañas hábilmente engarzadas. Pero no sólo es eso: es también un engaño fundacional, en el que se asienta y afianza el nuevo régimen denominado democrático..'

El real engaño del 23-F

Fernando Paz
23-F, el engaño fundacional del régimen. Así lo califica Fernando Paz en el video que les ofrecemos con ocasión del 45.º aniversario del “golpe de Tejero”, como lo llaman quienes se sirvieron del coronel de la Guardia Civil: un hombre cabal pero excesivamente confiado, que hasta que comprendió el engaño fue usado, manipulado por los verdaderos autores del pronunciamiento, más que golpe de Estado, perpetrado el 23 de febrero de 1981.

Toda la versión oficial del pronunciamiento es un engaño, un cúmulo de patrañas hábilmente engarzadas. Pero no sólo es eso: es también un engaño fundacional, en el que se asienta y afianza el nuevo régimen denominado democrático.

¿Quiénes urdieron el engaño? ¿Qué pretendían con él? ¿Quiénes estaban detrás de los agentes del CESID (hoy CNI), los servicios de inteligencia que fueron sus muñidores? Fernado Paz se lo explica a continuación.


Aquellos sesenta… / por Jorge Arturo Díaz Reyes

Hemingway entre Antonio Ordóñez y Pepe Luis Vázquez. Foto: Canito, La Verdad

'..Hacía frío y llovía sobre el aeropuerto de Barajas la noche del martes 11 de octubre de 1960Ernest Hemingway conmovido se despedía, por última vez de España y de su veinteañera secretaria irlandesa, Valery Danby Smith..'

Aquellos sesenta…

Jorge Arturo Díaz Reyes
CrónicaToro / Cali, Colombia, 23 II 2026
Hacía frío y llovía sobre el aeropuerto de Barajas la noche del martes 11 de octubre de 1960. Ernest Hemingway conmovido se despedía, por última vez de España y de su veinteañera secretaria irlandesa, Valery Danby Smith. Testigo íntimo, nuera póstuma y cronista de sus tres años terminales, (“Correr con los toros”).

El escritor había llegado en agosto, como a recoger sus pasos, en un viaje que resultó enfermizo, amargo y triste. Yendo y viniendo tras las corridas, los lugares queridos y los viejos amigos, con la finca de su anfitrión Bill Davis, “La Consuela” en Churriana (Málaga) como base. Pero no, ya no, los alegres días no volverían jamás. Córdoba, Salamanca, Ronda, Jerez…, hasta refugiarse la última semana en una suite del central hotel Suecia de Madrid. Torturado por su psicosis alcohólica; insomnio, depresión, somatizaciones, delirios persecutorios y obsesión suicida.

Allí le alcanzó una pena más. Su última publicación en vida; relato por encargo de la rivalidad Luis MiguelOrdóñez, del año anterior, “Dangerous summer”. Editado por la revista “Life” en tres entregas. Se sintió traicionado y expuesto por la recortada versión (10.000 palabras). Furioso rechazó todo: la portada, la diagramación, las fotos “que lo hacían ver como un bobo” y sobre todo el texto. Renegó el sesgo “ordoñista”, las apreciaciones taurinas inconsistentes y la infamación a Manolete, por usar “trucos baratos para cautivar el público”. Creyó que lo entregaban inerme a manos de sus enemigos. Que los tenía muchos, reales y espectrales.

Recuerdo haberlo leído por aquellos días, (la primera entrega), con avidez, placer y sin tales prevenciones, en un manoseado ejemplar de peluquería en Bogotá. Era yo un adolescente, seducido por su mundo y estilo literarios... Todavía.

Y así salió para al aeropuerto esa lúgubre noche de octubre, con la temporada también en agonía. Solo el joven Paco Camino, le había brindado uno de los pocos momentos de ilusión, quizá el único, con su toreo, en el que creyó descubrir al sucesor de su idolatrado Antonio Ordóñez, y quién a su vez, pocos días después, terminaría encabezando las estadísticas de la temporada 1960, junto a Gregorio Sánchez. Con setenta corridas cada uno.

Feble, avejentado, cargando sus fantasmas, abrazado a su cuarta esposa, Mary, abordó Ernest el vuelo de Iberia a New York. Ya no volvería jamás. Pero era solo un adiós físico, no el definitivo a su episódica y entrañable relación con España. Iniciada cuatro décadas antes, empujado desde París, por Gertrud Stein. Si quieres aprender a escribir sobre la vida y la muerte, ve a España a ver los toros, le dijo. Lo hizo y aprendió.

En 1985, Editorial Planeta publicaría la traducción al español, en libro corto, 45.000 de las más de 120.000 palabras originales del manuscrito. Era el cierre que no vivió.

Estaba por cumplir sus 62 ajetreados años, cuando apenas Ocho meses después, tras intenso tratamiento psiquiátrico en la Clínica Mayo, electrochoques incluidos, y ser dado de alta por supuesta mejoría, se volaría la cabeza con una escopeta de caza mayor a la madrugada del 2 de julio de 1961, en su casa de Ketchum, Idaho.

Este trágico y estrambótico final de uno de los más insignes narradores de la fiesta, paradójicamente daría paso a una de las también más felices décadas de ella…

El sistema que asfixia el futuro del toreo / por Sergio Hueso

'..El problema de fondo es que el toreo carece de un modelo real de meritocracia. El escalafón, basado en cifras, no refleja la dimensión artística ni el impacto real de un torero. Puede liderarlo quien más festejos haya toreado, independientemente de la exigencia o la trascendencia de esos compromisos..'

POR MONTERA
El sistema que asfixia el futuro del toreo

Sergio Hueso
El mal llamado —aunque quizá ya no tan mal llamado— “sistema” existe. Y negarlo no lo hace desaparecer. Al contrario: lo fortalece. Por eso no hay que ocultarlo, sino señalarlo y denunciarlo. Porque ese sistema, anquilosado en estructuras que ya no responden a la realidad actual, ha terminado por convertirse en un mecanismo que condiciona, limita y, en demasiadas ocasiones, asfixia el desarrollo natural del toreo.

Las recientes declaraciones de El Mene, en una entrevista concedida a Mundotoro, no hacen sino confirmar una preocupación creciente. El joven torero reconocía no tener definido su futuro inmediato y pedía únicamente la oportunidad de tomar la alternativa. Una situación que no es excepcional, sino estructural. Su caso, como el del también reciente alternativado Cristiano Torres, refleja el estancamiento al que se enfrentan numerosos toreros al dar el paso definitivo en sus carreras.

La alternativa, lejos de ser el comienzo de una progresión lógica, se convierte demasiadas veces en un punto muerto. Un reinicio en el que todo lo logrado durante la etapa novilleril parece perder valor. El sistema borra la memoria. Y, mientras algunos quedan condenados a la incertidumbre, otros acceden a oportunidades privilegiadas no siempre sostenidas por el mérito, sino por dinámicas internas que poco tienen que ver con el rendimiento en la plaza.

El problema de fondo es que el toreo carece de un modelo real de meritocracia. El escalafón, basado en cifras, no refleja la dimensión artística ni el impacto real de un torero. Puede liderarlo quien más festejos haya toreado, independientemente de la exigencia o la trascendencia de esos compromisos. Y, sin embargo, puede quedar relegado quien haya firmado las faenas más profundas o memorables de la temporada.

El toreo es arte, y el arte no puede medirse en números. Nadie cuantifica el valor de una obra de Velázquez en función de su frecuencia de exhibición. Su valor reside en su profundidad, en su verdad, en su capacidad de perdurar. En el toreo debería ocurrir lo mismo. Pero no ocurre.

En los últimos años, iniciativas como la Copa Chenel, impulsada por la Fundación Toro de Lidia, han tratado de corregir estas inercias, ofreciendo una plataforma real a toreros emergentes. La voluntad es incuestionable. Los resultados, sin embargo, han sido limitados por la resistencia estructural del propio sistema. Triunfadores como Isaac Fonseca, Francisco de Manuel o, más recientemente, Sergio Rodríguez, no han visto reflejado su mérito en una continuidad acorde a sus triunfos.

El caso de Sergio Rodríguez es especialmente significativo. Su actuación el pasado 12 de octubre en Las Ventas, compartiendo cartel con Morante de la Puebla y Fernando Robleño, confirmó su capacidad y su proyección. Sin embargo, su nombre no figura en los carteles de San Isidro. Una ausencia que evidencia hasta qué punto los compromisos adquiridos se cumplen en lo formal, pero no en lo sustancial.

Mientras tanto, el foco sigue centrado en figuras consolidadas, cuya presencia es legítima y necesaria, pero que no debería eclipsar la obligación de construir el futuro. Porque el verdadero desafío del toreo no es sostener su presente, sino garantizar su continuidad.

Hoy, más que nunca, el acceso a las oportunidades depende en gran medida de factores ajenos al rendimiento artístico. La figura del apoderado, la posición dentro de determinadas estructuras y la capacidad de influencia pesan, en demasiadas ocasiones, más que el propio mérito. Y así, toreros con condiciones extraordinarias quedan relegados a la espera de una oportunidad que nunca llega.

Las consecuencias de este modelo no son solo individuales, sino estructurales. El abandono progresivo de plazas históricas es una de sus manifestaciones más visibles. El caso de Vitoria es paradigmático. Una plaza que durante décadas formó parte del circuito fundamental del norte y que hoy avanza hacia su reconversión en un espacio multiusos, tras años de inacción y falta de defensa por parte del propio sector.

Y, sin embargo, la afición sigue ahí. Santander, Bilbao o Azpeitia han demostrado recientemente que el interés existe, que el público responde cuando el espectáculo se construye con rigor y autenticidad. La base social del toreo permanece. Lo que falla no es la afición, sino el modelo que debe sostenerla. Eventos de tauromaquia

Porque el mayor enemigo del toreo no siempre está fuera. A menudo, está dentro. En su incapacidad para renovarse, para reconocer el mérito y para ofrecer un camino real a quienes deben garantizar su continuidad.

Si el sistema no cambia, el toreo no desaparecerá de golpe. Se irá apagando lentamente. No por falta de toreros, ni de afición, ni de verdad. Sino por falta de oportunidades. Y ese es un final que el propio toreo, y solo el propio toreo, puede evitar.

México.- Colombo se consagra en la blanca Mérida: Puerta Grande de ley en el coso del Yucatán


'..Esta nueva Puerta Grande en México no es solo un triunfo estadístico, sino la confirmación de que Jesús Enrique Colombo es, hoy por hoy, la bandera del toreo venezolano en el mundo..'

Germán D' Jesús Cerrada
Notiferias.com / 22 Febrero 2026
​La Plaza de Toros de Mérida, en México, fue testigo de una tarde de entrega absoluta y maestría en las facultades por parte de Jesús Enrique Colombo, quien se alzó como el gran triunfador de la jornada al cruzar el umbral de la Puerta Grande.


El diestro venezolano, que atraviesa un momento de madurez arrolladora, firmó una actuación de peso ante un encierro de Torreón de Cañas, (Pozo Hondo), demostrando que su concepto del toreo trasciende fronteras y cala hondo en las aficiones más exigentes del suelo azteca.

​Desde la salida de su primer ejemplar, Colombo marcó la pauta de lo que sería su tarde.


Con el capote se mostró variado y templado, pero fue en el tercio de banderillas donde la plaza estalló en un solo clamor; su capacidad atlética y la precisión al clavar en todo lo alto pusieron a los tendidos en pie.

Tras una faena de muleta basada en el mando y la firmeza, coronada con una estocada certera, paseó el primer apéndice de la tarde tras una petición unánime.


La historia se repitió con el segundo de su lote, un toro que exigió oficio y al que el tachirense entendió a la perfección, dándole las distancias y los tiempos que el animal requería.

La faena tuvo pasajes de mucha transmisión, conectando con un público yucateco que se rindió ante la verticalidad y el valor sereno del torero. Tras otra rúbrica efectiva con el acero, cayó la segunda oreja que le abría de par en par la gloria del coso meridano.


Esta nueva Puerta Grande en México no es solo un triunfo estadístico, sino la confirmación de que Jesús Enrique Colombo es, hoy por hoy, la bandera del toreo venezolano en el mundo, dejando una estela de triunfo que seguramente resonará con fuerza en los círculos taurinos de Venezuela.

Ficha: Plaza de toros Monumental de Mérida, Yucatán. Cuarta corrida de la temporada. Corrida de banderilleros. Entrada: Tres cuartos en tarde calurosa. 
Un toro de La Venta del Refugio (1º) y seis ejemplares de Pozohondo, bien presentados, desiguales de juego. destacó el 2º con bravura.  

El rejoneador Cuauhtémoc Ayala: Ovación con tres avisos.

Antonio Ferrera: Palmas y palmas. 
Jesús Enrique Colombo: Oreja y oreja. 
André Lagravere «El Galo»: Vuelta y ovación.
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San Isidro/26: Gracias al abono / por Antolín Castro


'..Y es que hay carteles que no tienen tirón para el gran público que, a la postre, son la mayoría de los abonados. Carteles que se sostienen en la dependencia que hay con la renovación de los abonos..'

San Isidro/26: Gracias al abono

Antolín Castro 
Opinión y Toros/ 22 Febrero 2026
A primeros de este mes de febrero se dieron a conocer los carteles de San Isidro 2026.

De inmediato se procedía a la apertura de las taquillas para que los abonados renovaran sus abonos. Poco tiempo para pensar, aunque esto son lentejas, las comes o las dejas. El abonado sufre la presión y la empresa goza con la recaudación. Mismamente, parece la ley del embudo.

Al margen de los dos festejos de rejones y las tres novilladas, -cinco festejos obligados a la hora de pasar por taquilla- programadas hay 21 corridas de toros de abono y dos extraordinarias fuera de él. A la hora de renovar el abono se le libera al abonado de adquirir tres corridas de las 21 programadas.

Es aquí donde aparecen un buen número de corridas que al abonado en general, no así al aficionado de verdad, le parecen que están completados los carteles por nombres de toreros que ni conocen. Si les dejaran, muchos se quitarían bastantes más de tres.

Y es que hay carteles que no tienen tirón para el gran público que, a la postre, son la mayoría de los abonados. Carteles que se sostienen en la dependencia que hay con la renovación de los abonos.

Como ejemplo les diré que unos amigos míos, antiguos abonados de Las Ventas, que no residen en Madrid, piensan estar en la capital del día 10 al 20 de mayo, y me dicen que no les suenan de nada los toreros anunciados en esos días. Siete corridas de toros coinciden en ese intervalo de fechas.

Veamos los carteles: David Galván, Román y Gonzalo Caballero; Antonio Ferrera, Calita y Colombo; Castella, Luque y David de Miranda; Urdiales, Fortes y Fernando Adrián; El Cid, Álvaro Lorenzo y Manuel Diosleguarde; Perera, Ureña y Adrián; Venegas, Juan Leal y Juan de Castilla. Hay muy buenos toreros, al margen de los nombres anunciados en esas fechas, pero me parece que elegirán las tardes de Castella y Luque y la de Perera y Ureña.

Es cierto que para los más aficionados en todos los carteles hay algo interesante para acudir a la plaza, además de por las ganaderías, pero los carteles no guardan en general la categoría que ha de tener la feria más importante del mundo. Hay más carteles cuyos nombres dicen muy poco, como Fonseca, Molina y Jarocho o Garrido, Martín y Navalón, por poner algún ejemplo más.

Los toreros más desconocidos van repartidos por ternas, cuando lo ideal es que se abrieran los carteles y se dieran las oportunidades, que sin duda merecen, ocupando puestos en tardes acartelados con dos toreros de más renombre. Empobrecen los carteles, más por la forma de hacerlos que por los toreros que se anuncian. Tan encasillados tienen y están los espadas que el 2 de junio harán el paseíllo en la feria los mismos que abrirán la temporada el 22 de marzo: Pepe Moral, Damián Castaño y Gómez del Pilar. Imaginación se llama esa figura, pero nos permitirá ver el aforo de cada una de esas tardes, fuera y dentro del abono.

Otro desatino para señalar es que, de los diestros anunciados fuera de feria en el inicio de temporada, incluyen a casi todos en la misma, pero dejan fuera a Curro Díaz, quien seguro habría dado más brillo y categoría a cualquiera de los carteles. Nunca llueve a gusto de todos, pero con lo que ha llovido hay cosas que chorrean.

Gracias al abono… meten todos esos carteles, inferiores muchos de ellos a los anunciados fuera de feria.