'..Sánchez engaña a todos, es capaz de suplicar al gran buitre que pose sus garras sobre España y cinco años después de apropiarse de la indignación callejera..'
Vagones llenos
Javier Torres
El 21 de julio de 2021 Sánchez se reúne en Nueva York con los grandes fondos buitre (Blackstone, JP Morgan, Soros Fund Management…) para pedirles que inviertan en España. Bolaños, tahúr de época, reclama hoy el apoyo del Congreso para poner «límites a la especulación». No recordamos mayor hito antifa desde la coplilla del Puente de los Franceses.
Sánchez engaña a todos, es capaz de suplicar al gran buitre que pose sus garras sobre España y cinco años después de apropiarse de la indignación callejera. La realidad es que el Gobierno de progreso tragó con aquella genuflexión. Podemos, entonces en la vicepresidencia, tragó. Y tragó toda la izquierda Quechua en la enésima fellatio al mundo del dinero. Ninguna sorpresa, estamos ante el gran patrocinador de todos sus disparates, desde la ideología de género hasta las fronteras abiertas.
A cinco minutos a pie del Congreso el Gobierno deja acampar a los jóvenes, que es lo más cerca que van a estar de tener una casa. La legítima ira de una juventud sin futuro la enturbia la frivolidad de la batucada. El calimocho no es la única mezcla indigerible, también colisionan banderas arcoíris con la hoz y el martillo. Leemos los eslóganes vacíos de siempre, el tufo a utopía sesentayochista, que acaba reforzando al gran capital. Una película tantas veces vista, pues la herencia del 15-M consistió en que los grandes fondos multiplicasen por cuatro su cartera de activos y que Pablo e Irene comprasen un chalet en Galapagar.
La historia se repite como farsa y la musiquilla reivindicativa no oculta la naturaleza parasitaria del PSOE, que aspira a neutralizar la protesta. Tal es su impostura, pues pisa moqueta y finge barricada. Hay viejos progres que se caen del caballo y atacan a Sánchez, pero ellos mordieron el mismo anzuelo cuando Felipe y Guerra prometieron a principios de los 80 redimir a los descamisados. Cuatro décadas después sabemos que el gran capital transnacional nunca ha estado más cómodo que con el PSOE en la Moncloa.
Las últimas décadas confirman un paulatino descenso de propietarios jóvenes, obligados a entrar en la rueda del alquiler. Según el Banco de España el 92% de los caseros son pequeños propietarios, dato que desmonta la propaganda gubernamental. Es la prueba del algodón para una izquierda que, al igualar a grandes fondos y particulares, se convierte en el mayor obstáculo para que el trabajador aspire a una propiedad. De nuevo, rascamos un poco y descubrimos la artimaña del que finge luchar contra el poderoso y en realidad oprime al de abajo. Para empezar, porque se niega a construir millones de viviendas sociales.
Es probable que quienes sostienen las pancartas equivocadas algún día caigan en la cuenta de tan singular estafa y aspiren a lo mismo que sus abuelos, o sea, hipoteca y llaves de casa. Que sepan señalar a los responsables de haber condenado a varias generaciones al alquiler perpetuo. Y esta realidad, tan dura, no merece toda la atención debida mientras haya quien vandalice la placa en homenaje a los 13 asesinados por ETA en la cafetería Rolando. O crea que el problema de la vivienda lo iban a arreglar un golpista prófugo en Waterloo y un terrorista jugando a la diplomacia.
El paisaje es dramático porque no sólo nos han dejado sin casas, también nos han robado el debate sobre un asunto —la vivienda— medular para cohesionar la nación. Rara vez escuchamos la palabra inmigración al hablar de las familias que no encuentran casa, con lo fácil que sería bajar al metro en hora punta y contemplar esos vagones rebosantes… excepto de españoles, siempre en minoría. Cuando la demanda no deja de crecer y la oferta de contraerse quienes mandan miran a todos lados menos a la terminal de llegadas de Barajas. Hernández Quero ha dicho una frase magnífica: hay algunos dispuestos a que los españoles vivan hacinados con tal de que se cumplan sus sueños multiculturales.
Quince años después del 15-M los principales ejes del sistema siguen intactos. Pedir más inmigrantes y fronteras abiertas es lo contrario al acceso a la vivienda, barrios seguros y sueldos dignos. Este disparate resume el papel que interpreta el movimiento antifa, campeón entre todos los tontos útiles del sistema. Con semejantes traidores a la clase obrera, el dueño de Blackstone puede dormir tranquilo.


















































