la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

sábado, 19 de septiembre de 2026

Albacete, ¡qué feria! / por Paco Cañamero


'..La grandeza de Albacete es que ha seguido conservando su prestigio aún sin tener figuras, porque la última que tuvo fue Manuel Caballero, siempre con Dámaso presente..'

GRAN CICLO DE SEPTIEMBRE
Albacete, ¡qué feria!

Paco Cañamero 
Glorieta Digital / Salamanca, Septb. 2026
La Feria de Albacete ya enfila su final y, otro año más, los ojos taurinos de septiembre están pendientes de lo que ocurre en el coso de la capital de La Mancha. De una feria de máximo nivel en toda regla, gracias a respetar al abonado con los precios y la seriedad del toro, principal cóctel para mantener vivo el espectáculo, en las antípodas de tener que asomarse a los tendidos de un coso y cerrar los ojos con una media entrada, o menos aún en tantos casos. Además, sobre las arenas de la manchega Chata no vale el triunfalismo impuesto en la actualidad, ni los habituales banderilleros mendigando orejas, como tampoco el triste espectáculo de las mulillas cada vez más frecuente al ser obstaculizadas por peones para que dé tiempo a calentar a la gente y pedir más trofeos. Albacete mantiene ese punto de seriedad tan necesario y por tanto defiende la esencia del festejo.

Allí, alrededor de estos días festivos de septiembre en honor a la Virgen de los Llanos, se tira la casa por la ventana y la capital se llena de forasteros, la mayoría gente venida de todos los puntos de la provincia, además de los muchos miles albaceteños emigrados a Valencia, que fue el principal destino del éxodo de esa tierra. Y está abarrotada con la sinfonía, encanto y el ambiente que siempre definió a las ciudades en sus días grandes -y actualmente perdido en la mayoría-, desde animación callejera, alegría en la gente y lo mejor, la maravilla de esa llamada Sartén, que es un recinto fijo, cercano a la plaza de toros donde se asienta toda la feria, junto a casetas, barracas…

Es tan importante la feria de la Virgen de los Llanos que los feriantes afirman que si los meses del verano se le habían dado mal esperaban como el agua de mayo la llegada de Albacete para resarcirse de sus pérdidas y equilibrar la balanza, al vivirse con total intensidad y sin miramiento alguno a la hora de meterse en gasto. Porque el manchego es trabajador y ahorrativo, pero saben darle rumbo al dinero sin la tacañería del castellano en cuanto llega la feria.


Taurinamente sigue siendo un ejemplo y aunque en los últimos años haya bajado algo la exigencia del toro, lo cierto es que sigue estando un escalón por encima del de Salamanca, del de Valladolid o del de Murcia; también del de Logroño, que ahora es una pantomima de la gran feria que fue en tiempos de La Manzanera con Manolo Chopera al frente. En los últimos años las citadas bajaron el número de carteles a raíz de la deserción de aficionados que se fueron por la escasa raza del toro, el alto precio de las entradas, carteles sin interés… Sin embargo, la capital de La Mancha aguantó el tirón sabiendo qué quería el público.

Además, en Albacete, se mantienen esenciar que, en el resto de España son esencia de otros tiempos. Un ejemplo son los hoteles donde se cambian los toreros y en cuyas cafeterías los profesionales hablan de la temporada, de quién da guerra, de cómo pagan las empresas o… de la ruina que se viene encima. Lo hacen antes de irse a comer a El Callejón, unos de los restaurantes taurinos de más solera de España y que es todo un museo.

Con diez festejos programados en 2026, de los cuales siete son corridas de toros, dos novilladas y una de rejones con la mejor del escalafón, junto a los locales y donde, según se lee en las crónicas, hasta ahora ha sido quien ha apuntado más alto es Morante de la Puebla, quien dibujó con pincel fino el mejor toreo.

La grandeza de Albacete es que ha seguido conservando su prestigio aún sin tener figuras, porque la última que tuvo fue Manuel Caballero, siempre con Dámaso presente. Antes y después han surgido muchísimos toreros, pero la sombra de Dámaso sigue siendo muy alargada, al igual que en Salamanca la de Viti, Capea y Robles, pero supieron tocar las teclas y mantener el prestigio con la perfecta combinación de la seriedad del toro y precios normales, muy en las antípodas de la burrada de otros lugares, de ahí que la capital de La Mancha sea un modelo.

Además, de allí eran un montón de taurinos que contribuyeron a tanta grandeza y esos días no daban abasto a recibir forasteros, desde gente desparecida ya como El Gallo, el inconfundible Tomás Sánchez Cajo, el letrado don Trinidad Campos, el picador El Pimpi y su cuadra de caballos, los ganaderos capitaneados por Daniel Ruiz y su inconfundible puro caliqueño…

Y siempre la grandeza del resto de sus toreros con la imponente figura de Pedro Martínez Pedrés, figura en dos etapas, querido por todos y siempre un señor que se establecía en el Gran Hotel, donde cada año dejaba reservada la mejor habitación para la siguiente feria; también los Amador, los gitanos, con Manuel de patriarca, siempre gente seria y respetada que vivió por y para el toro, mientras que siempre era fácil encontrar a Dámaso González en cualquier lugar, aupado al pedestal de su grandeza, siendo leyenda y un símbolo que, tras su temprana muerte, es reverenciado en el monumento que lo homenajea junto a la plaza de toros.

Y es que Albacete es mucho Albacete.


La Insurgencia toma la Plaza “San Marcos”: Aguascalientes se prepara para un festejo único e inolvidable.


'..El cartel reúne a Octavio García “El Payo”, Juan Pablo Sánchez y Román, tres toreros con conceptos distintos y argumentos suficientes para sostener una tarde de interés. Frente a ellos se lidiarán tres toros de Santa Inés y tres de La Asunción..'

La Insurgencia toma la Plaza “San Marcos”: Aguascalientes se prepara para un festejo único e inolvidable.

Por Luis Cuesta Perusquia
Aguascalientes tiene este sábado 19 de septiembre una cita muy original que pretende ir más allá de una corrida convencional. La Corrida de la Insurgencia celebra una nueva edición en la Plaza de Toros San Marcos, convertida para la ocasión en escenario de una propuesta que combina tauromaquia, música, arte y mexicanidad.

El cartel reúne a Octavio García “El Payo”, Juan Pablo Sánchez y Román, tres toreros con conceptos distintos y argumentos suficientes para sostener una tarde de interés. Frente a ellos se lidiarán tres toros de Santa Inés y tres de La Asunción.

La expectación ha ido creciendo durante las últimas semanas. La campaña de promoción ha buscado romper con las fórmulas habituales y presentar el festejo como una experiencia capaz de atraer tanto al aficionado tradicional como a un público menos frecuente en las plazas.

Detrás del proyecto vuelve a estar Luis Alberto Villarreal, creador e impulsor de La Insurgencia, que ha convertido el festejo en una de las citas más singulares del calendario taurino hidrocálido.

También habrá un componente artístico especial. Isabel Garfias intervendrá el ruedo de San Marcos con una obra concebida expresamente para la ocasión.

Pero al final, cuando se abra la puerta de toriles, todo dependerá de aquello que ninguna campaña puede fabricar: el toro y lo que ocurra delante de él.

El Payo llega con su experiencia y con toreo de clase que le llega mucho a la afición de Aguascalientes. Juan Pablo Sánchez tendrá otra oportunidad para reivindicar la profundidad y naturalidad de su concepto, mientras que Román aportará esa entrega que tantas veces ha caracterizado su paso por los ruedos mexicanos.

Hay además una razón que engrandece el festejo: La Insurgencia tendrá carácter benéfico a favor del DIF Estatal de Aguascalientes, recuperando esa vocación solidaria que históricamente también ha acompañado a la tauromaquia.

La escenografía, la música y el arte contribuirán a construir el ambiente. La promoción ha hecho su trabajo y la expectación está creada entre la afición local y nacional. Ahora corresponde al toro y a los toreros convertir La Insurgencia 2026 en algo más que una gran celebración: en una tarde para recordar.

Es lo que digo yo.

Inmigración y duda euroexistencial / por HUGHES

'..Las personas se definen a menudo frente a otro. Steve Sailer recordaba al historiador Pirenne, que consideraba a Carlomagno una consecuencia de Mahoma. Sin el Islam y su avance no es que no se entienda España, es que no se entendería la formación carolingia de Europa, antecedente de la Unión Europea actual.
Inmigración y duda euroexistencial..'

HUGHES
En un artículo de esta semana en el New York Times, Anton Jäger plantea la tesis de que la «obsesión» europea por la inmigración es una respuesta a una carencia y cita al historiador Eric Hobsbawn, que consideraba que el atractivo de la política antiinmigratoria para los nacionalismos europeos era llenar su vacío identitario. Los inmigrantes serían la forma de definir una identidad europea no resuelta.

Esto encierra algo de verdad. Las personas se definen a menudo frente a otro. Steve Sailer recordaba al historiador Pirenne, que consideraba a Carlomagno una consecuencia de Mahoma. Sin el Islam y su avance no es que no se entienda España, es que no se entendería la formación carolingia de Europa, antecedente de la Unión Europea actual. Esto molesta a algunos. Siempre que se habla del Islam puede salir alguien con la palabra islamofobia, o con la acusación tontiparda de que es hacerle el juego al ‘sionismo’ o blanquear la inmigración hispanoamericana. Pero parece innegable que el Islam ha sido una fuerza exterior que ha  moldeado Europa. Esa influencia externa ahora sería la «desigualdad». Una desigualdad que no cesa y que potencian los móviles, lo que ven de Europa en los móviles (el móvil como objeto migratorio, guía, promesa y pasaporte). Estos flujos de la desigualdad recaerían sobre una no identidad europea. Los movimientos ‘identitarios’ de la llamada extrema derecha serían entonces todo lo contrario: una ansiedad por no saber qué es Europa.

¿Acaso no se ha definido?

La bruselense oficial no parece que convenza a nadie seriamente. Quizás sentimentalmente sea más efectivo el himno de la Champions o Eurovisión, según temperamentos.

Para Zizek, Europa es su música clásica. Y puede que tenga razón. Las únicas personas a las que he visto sentir algo parecido al patriotismo europeo han sido melómanos (personas cercanas al nazismo musical). Ellos y las personas preocupadas por la raza (podríamos decir racistas, pero también racialistas o realistas raciales) son los únicos que hasta ahora entendían las cosas en términos europeos, pero si las cosas siguen como van, es previsible que esa visión se extienda y que al contacto con la inmigración en la forma vestryngiana de «manadas y manadas» surja un nosotros continental. Un comentarista francés, por ejemplo, acusaba ayer a Mbappé de «odiar a los europeos».

Es curioso, con todo, que la pregunta sea qué es Europa y no, simplemente, quiénes son o han venido siendo los europeos, asunto sobre el que hay poca duda.

El artículo del NYT insiste en la falta de identidad como una forma de indefinición política o de sentido histórico: Europa ahora es la vez «prestigiosa y provincial», «potencia cultural y marginada geopolítica». Según el autor, ese vacío en el centro de la «autoimagen» difícilmente lo podrá llenar ya el «europeísmo cívico» y deberá hacerlo la «migración». Planteado así, y por mucho que asombre (uno se pregunta si entiende bien lo leído o es un niño PISA), la inmigración se justificaría pronto no solo por la economía o lo humanitario, también por lo identitario. Europa se definirá con la inmigración o contra la inmigración.

viernes, 18 de septiembre de 2026

Nunca hubo ningún abrazo / por Carlos Marín-Blázquez


'..No hubo, por tanto, ningún anhelo de reconciliación. Sí, en cambio, un feroz empeño de
desmantelamiento de la nación y de subordinación del conjunto de las instituciones a la voluntad sacrosanta de los nuevos amos. Liquidada la separación de poderes (¿alguna vez existió?), quedó el campo libre para acometer aquello que representaba la máxima ambición de los oscuros estrategas de palacio: un descomunal proyecto de ingeniería social. El fin último era la transformación de las conciencias..'

'Los padres de la Constitución'

Nunca hubo ningún abrazo

Carlos Marín-Blázquez
Hay períodos de la historia que sólo cabe interpretar como una suma de malentendidos. Se toma, por ejemplo, una etapa del pasado y se procede a su cristalización en la gota de ámbar de un concepto que nadie se toma la molestia de cuestionar. Es una idea que se filtra en la psique colectiva y permanece allí durante años, toda la vida quizá, inmune a la corrosión de los hechos. Su mención provoca una reacción pauloviana, en el sentido de que concita una unanimidad que tiene algo de perruna.

En el caso de España, el ejemplo más cercano tiene que ver con el automatismo a través del cual se sigue asociando la Transición con el surgimiento de un espíritu de reconciliación nacional. La llegada de la democracia habría tenido un efecto taumatúrgico. Habría supuesto la sanación de las heridas que impedían el abrazo entre españoles y el punto de inflexión a partir del cual las diferencias ideológicas que ya se empezaban a exacerbar importarían menos que el deseo de la mayor parte de la ciudadanía de emprender un mismo camino de armonía y prosperidad.

Todavía hay personas de buena voluntad que viven en la creencia de que aquello fue un proyecto bien fundado, aunque malogrado por la fatal propensión del temperamento patrio a las discordias fratricidas. En realidad, importa poco si se comparte ese parecer o si se es partidario de un punto de vista menos indulgente en relación a los orígenes del sistema por el que ahora nos regimos. Porque lo único cierto es que, al cabo de estos 48 años de experiencia constitucional, la nación está exhausta.

Las bellas palabras han quedado atrás. La descripción del panorama que tenemos antes nuestros ojos no admite eufemismos. Baste señalar que el desbarajuste actual puede que se nos antoje un paraíso en comparación con lo que nos aguarda. Pero es imprescindible tener meridianamente claro cómo se ha llegado hasta aquí. Y la respuesta a esta cuestión es que la España que hoy conocemos es, en sus líneas maestras, el resultado del diseño urdido por una oligarquía que, desde el instante mismo en que se hizo con el poder, exhibió una capacidad portentosa para poner la totalidad de los resortes del Estado al servicio de sus intereses particulares.

No hubo, por tanto, ningún anhelo de reconciliación. Sí, en cambio, un feroz empeño de desmantelamiento de la nación y de subordinación del conjunto de las instituciones a la voluntad sacrosanta de los nuevos amos. Liquidada la separación de poderes (¿alguna vez existió?), quedó el campo libre para acometer aquello que representaba la máxima ambición de los oscuros estrategas de palacio: un descomunal proyecto de ingeniería social. El fin último era la transformación de las conciencias. De ahí que, siguiendo al pie de la letra el catecismo gramsciano, lo prioritario fuera el control de los medios que modelan la mentalidad de las masas.

Para ello, se desmanteló el sistema educativo; se fomentó la endogamia universitaria; las televisiones públicas y la mayor parte de las privadas hicieron un solo cuerpo con la clase gobernante, y esta forma de prostitución sistémica encontró su correlato en la creación de una casta de supuestos agentes culturales en cuyo encumbramiento jugó un papel decisivo el imperio mediático organizado bajo el paraguas subvencionador del Poder.

El objetivo, por tanto, iba más allá de lo político. Se trataba de la implantación de una nueva moral colectiva que debía sustituir los valores y costumbres en torno a los cuales se había venido perfilando una nación imbuida de una sólida identidad histórica y todavía sujeta a los dictados del sentido común. Se le aplicó al proyecto una vistosa pátina de modernidad. Al muñeco lo vistieron con los ropajes de un igualitarismo lúdico que ya por entonces desprendía el mismo olor a naftalina que las consignas florales del mayo francés.

Por lo demás, en este proyecto de desmembración nacional sus artífices no hacían otra cosa que situarse como discípulos aventajados de una corriente más amplia en virtud de la cual Europa se encaminaba hacia su colapso.

A la vista de los resultados, el éxito ha sido clamoroso. Hoy no hay una sola esfera de la vida pública o privada que no se halle impregnada de las categorías mentales fabricadas por el Partido del Estado y difundidas a través de su omnipresente aparato propagandístico. Unas pocas décadas han bastado para que, en ausencia de una fuerza política y sociológica que actúe de contrapeso eficaz, se nos haya impuesto una visión del mundo de la que resulta peligroso disentir. Millones de personas siguen respirando la atmósfera narcótica de una fantasía que en su imaginación se desarrolla al margen de las evidencias de una realidad que se descompone. Ningún hecho, por grave o escandaloso que parezca, las sacará ya de su burbuja estupefaciente. Como colofón, el terreno ha quedado abierto a la llegada de la autocracia, régimen propicio para el florecimiento de los temperamentos psicopáticos y los hábitos delictivos.

Ratificación y sanción de la Constitución Española por Su Majestad el Rey Don Juan Carlos I.
Si nada lo remedia, la debacle va a ser para todos. Pero mientras unos la viviremos con amargura, otros lo harán como una feliz manada de zombis.

Adrián de Torres, una figura del toreo desconocida / por José Carlos Arévalo


'..No puedo entender que este extraordinario torero haya confirmado su alternativa en una Feria de Otoño, que haya actuado un domingo de Ramos en Las Ventas, que haya cortado tres o cuatro orejas en tan difícil coso. Me resulta inaceptable tamaño vacío informativo. También me extraña que nadie me haya hablado de este torero..' 

EN CORTO Y POR DERECHO
Adrián de Torres, una figura del toreo desconocida

Por José Carlos Arévalo
Tarde de domingo sin toros. Hojeo periódicos, solo titulares. Suena el teléfono. Es mi hijo, Antonio. "¿Estás viendo la corrida?", "¿Qué corrida?", "La de Canal Sur, torea Castella y...", "La pongo y hablamos después". Así empezó la tarde en que descubrí a un torero del no tenía la menor referencia, que no torea ni una y que torea como una figura en plenitud. Se llama Adrián de Torres. Pero antes de escandalizarme y de buscar culpables por las cuatro esquinas de la Fiesta he creído más honesto hacer un ejercicio de autocrítica. No como periodista, pues me retiré precisamente cuando Adrián de Torres tomaba la alternativa en Cazorla de manos de Padilla y en presencia de Fandi. Pero sí como aficionado., pues quien de verdad lo es no se retira nunca, Y ahí he fallado. No puedo entender que este extraordinario torero haya confirmado su alternativa en una Feria de Otoño, que haya actuado un domingo de Ramos en Las Ventas, que haya cortado tres o cuatro orejas en tan difícil coso. Me resulta inaceptable tamaño vacío informativo. También me extraña que nadie me haya hablado de este torero. 

Por eso, al término de la transmisión de Canal Sur hice varias llamadas. Y no me aclararon mucho. Por ejemplo, que tan buen torero siempre toreó en Las Ventas "corridas duras", que por estos pagos se le consideró un torero de valor -¿quién?-, y que rentabilizó (?) estos éxitos toreando en Francia en plazas "toristas". Por su parte, el gran periodista jienense, Luis Miguel Parrado, me dijo que de este torero hace años circuló por las redes una faena inusitada, irreal, de un temple despacioso y mágico. Casualmente, en una cena, la viuda de Corbacho, el gran maestro de toreros, me dijo que Antonio quiso apoderarle, pero ya entonces había entrado en la fase terminal de su enfermedad.

Las confidencias de Maria Corbacho y de Parrado me tranquilizaron, aunque no del todo. Hay preguntas, en el caso Adrián de Torres, para las que no tengo respuesta. ¿Por qué se me ha escapado este torero? ¿Por qué la Fiesta da la espalda a un torero tan bueno? ¿Por qué de la corrida transmitida por Canal Sur no se ha dicho absolutamente nada? En todo caso, yo sí voy a escribir sobre algo inédito en la fiesta de toros: el toreo extraordinario de un torero que no torea casi nunca.

Así torea Adrián de Torres:

Primero, el toro. La corrida era de Salvador Domecq. O sea, el toro ideal para el examen final de un torero. Otro tipo de toro. Por ejemplo, el llamado "toro torista" califica el valor, la voluntad, la destreza (la defensiva, menos la que exige entrega y apuesta). Pero esta ganadería, como todas las que proceden directamente de Domecq-Núñez Villavicencio, reclama el valor que exige la bravura. Es decir, tener el valor, la maestría y la inspiración como medios al servicio de un fin superior, el toreo. Si al final de la lidia ha prevalecido cualquiera de los medios sobre el toreo, el techo de quien así haya actuado será bajo. Si, por el contrario, las tres aludidas virtudes han desaparecido oscurecidas por el toreo, el torero no tendrá techo.

¿Cuál fue la sorpresa que me deparó Andrés de Torres? Que al valor lo escondía el toreo, que la maestría se ocultaba tras la naturalidad, que el arte brotaba inmerecido, como si lo regalara el toro. No había miedo en el torero, estaba a gusto en el ruedo con el toro, había trasladado la emoción al tendido.

El toreo de Adrián no tiene pellizco, ni gracia, ni inspiración repentina. Tiene algo mejor: una elegancia tranquila. Su verticalidad le yergue con prestancia ante la acometida del toro, pero no lo eleva porque su pecho tornea y su cintura se quiebra mientras entrega la embestida al brazo que torea y este a la muñeca que remata. Nos dice Adrián que el torero es el eje de la suerte, el artista que la engendra, la inteligencia que acaricia la peligrosa violencia del toro, que la doma, que la saborea, que la templa. Hay en su toreo, tanto con el capote como con la muleta, naturalidad y delectación. Encuentra, sin buscarlo, el sitio de torear. Imanta sin esfuerzo la fuerte embestida del toro levantado al capote tranquilo que la mece. Y con la muleta su temple deletrea los tiempos del pase para mayor delectación del toreo: gallardía en el cite, tacto en el embroque, cadencia en el viaje y una sorprendente y templadísima sobredosis que alarga los muletazos cuando se los creía terminados, lo que sacia de toreo a los tendidos. Quizá esa tendencia a prolongar la reunión con el toro le incite a torear con los vuelos como si quisiera que el pase no terminara nunca. Su naturales con la mano derecha fueron de una largura y un temple inefables.

No entiendo el vacío sufrido por este gran torero. No entiendo mi culpable ignorancia. Pero no me gusta ir por la vida de profeta de nadie. Y sin embargo, tampoco suelo callarme lo que pienso. Y en este caso, he visto en Adrián de Torres un verticalidad manoletista, un temple ordoñista y una naturalidad bienvenidista. Que Dios me perdone.

SIC SEMPER TYRANNIS / por Sertorio


Tiranicidio de Enrique III de Francia a manos del dominico Jacques Clément

SIC SEMPER TYRANNIS, que en román paladino y para que lo entiendan las víctimas de la LOGSE, significa: “Siempre así con los tiranos”. También debemos precisar que, tratándose de un estudio histórico, cualquier parecido o relación con la actualidad sería mera coincidencia.

Sertorio
La Europa del XVI, desgarrada por guerras de religión y amenazada por el crecimiento imparable del Imperio Otomano, sufrió episodios que negaban con la contundencia de las armas la legitimidad de los gobernantes de aquella era convulsa. Al padre Juan de Mariana (1536-1624), teólogo jesuita español, no le faltaron ocasiones para reflexionar sobre tan difícil objeto: los regicidios de Enrique III y Enrique IV de Francia, la muerte de Guillermo de Orange o los asesinatos jurídicos de Tomás Moro o de Johan van Oldenbarnevelt, eran sólo algunos de los muchos episodios que el erudito pudo conocer a lo largo de su muy dilatada vida. En su obra Del Rey y de la institución real, lo más conocido, sin duda, es la reflexión que sobre la tiranía y los tiranos realizó el venerable teólogo, en especial sobre la espinosa cuestión del tiranicidio. Como estas cosas nunca pierden actualidad, vamos a refrescar algunas de las ideas del teólogo clásico español. Nunca está de más escuchar la viejas palabras que han de volver a sonar.

En la era que vivió el padre Mariana, la monarquía hereditaria, sancionada por la religión y la costumbre, moderada por elementos aristocráticos y populares, se consideraba el modo de gobierno perfecto del Estado. Los regímenes republicanos de Venecia o Génova estaban regidos por los patricios y representaban a la perfección, sobre todo en la Serenísima, la esencia del republicanismo, que es la cooptación del poder entre una élite histórica, identificada con el servicio del bien común durante generaciones. La república democrática sólo era concebible en comunidades muy pequeñas, de gran igualdad social, sin grandes fortunas ni pobrezas infamantes, al estilo de los cantones suizos o de nuestros territorios forales en Guipúzcoa y los valles navarros. Aun así, para Mariana, la democracia es la antítesis de la república, porque los cargos del Estado se distribuyen por igual entre los hombres, “sin distinción de méritos y de clases, cosa por cierto contraria al buen sentido, pues pretende igualarse a los que hizo desiguales la naturaleza o una fuerza superior e irresistible”. La república, según el modelo romano, es el gobierno de los nobles, de los mejores, de los aristoi. Nada que ver con la aguardentosa y chabacana tarasca que en España se nos presentó dos veces como tal.

Enrique III de Francia reconoce en su lecho de muerte a Enrique de Navarra (Enrique IV) como su sucesor.

Pero, para Mariana, no hay peor gobierno que el del tirano, aunque se presente “blando y risueño”, aunque esté inspirado en los mejores principios y tenga buenos comienzos, pues es inevitable que degenere y tome como medida de sus desmanes, “no la utilidad pública, sino su propia utilidad, sus placeres y sus vicios”; que utilice el Estado como instrumento de sus intereses personales y de su disfrute de los privilegios que dan las magistraturas, pero no de sus deberes, en especial de su misión de velar por el bien común. Teme la virtud ajena y es enemigo de los mejores, “busca su apoyo en la intriga, solicita cuidadosamente la amistad de los príncipes extranjeros a fin de estar preparado a todo evento, compra guardias de otros pueblos de quienes por ser bárbaros se fía”. Enemigo de los mejores, llamará a su lado a los peores para mantenerlos bajo su férula y que se conviertan en sumisos ejecutores de sus designios, pues son personas que en un régimen bien ordenado jamás ocuparían una posición tan destacada. La descripción del padre Mariana nos es muy familiar: 

“…¿para qué hemos de decir más? Trastorna un tirano toda la república, se apodera de todo sin respeto a las leyes, de cuyo imperio cree estar exento; mira más por sí que por la salud del reino, condena a sus ciudadanos a vivir una vida miserable agobiados por toda clase de males, les despoja a todos y cada uno de sus posesiones patrimoniales para dominar solo y señor en las fortunas de todos. Arrebatados al pueblo todos los bienes, ningún mal puede imaginarse que no sea una calamidad para sus súbditos”.

Envanecido por su aparente invulnerabilidad hasta llegar a la hybris, su ceguera acaba perdiendo a quien se cree impune porque no ha encontrado un freno a sus audacias y sólo ha visto sumisión y silencio, cuando no elogios, ante sus crímenes. Mariana justifica incluso la muerte de un rey legítimo de origen, aunque no de ejercicio, como Enrique III de Francia, cuyo peor crimen fue el asesinato del duque de Guisa y del cardenal de Lorena, que, fiados en su palabra, habían acudido a su presencia en Blois. Matar al tirano es una exigencia de la vida de la patria: 

“No por no poderse reunir los ciudadanos debe faltar en ellos el natural ardor por derribar la servidumbre, vengar las manifiestas e intolerables maldades del príncipe ni reprimir los conatos que tiendan a la ruina de los pueblos, tales como trastornar las religiones y llamar al reino a nuestros enemigos. Nunca creeré que haya obrado mal el que, secundando los deseos públicos, haya atentado en tales circunstancias contra la vida de su príncipe.”

El padre Mariana es militante contra los tiranos y considera inevitable su exterminio, fruto de la virtud ciudadana y del servicio al Estado: 

“.. el tirano es una bestia fiera y cruel, que adondequiera que vaya, lo devasta, lo saquea, lo incendia todo, haciendo terribles estragos en todas partes con las uñas, con los dientes, con la punta de sus astas. ¿Quién creerá sólo disimulable y no digno de elogio a quien con peligro de su vida trate de redimir a su pueblo de sus formidables garras? ¿Quién que no se han de dirigir todos los tiros contra un monstruo cruel que mientras viva no ha de poner coto a su carnicería? Llamamos cruel, cobarde e impío al que ve maltratada a su madre o a su esposa sin que la socorra; ¿y hemos de sentir que un tirano veje y atormente a su antojo a nuestra patria, a la cual debemos más que a nuestros padres? Lejos de nosotros tanta maldad, lejos de nosotros tanta villanía. Importa poco que vayamos a poner en peligro la riqueza, la salud, la vida; a todo trance hemos de salvar la patria del peligro, a todo trance hemos de salvarla de su ruina”. 

Así fue siempre en la España de verdad: la de Fuenteovejuna, la de Pedro Crespo, la del Dos de Mayo.

jueves, 17 de septiembre de 2026

A la cola... / por Antolín Castro

Ya no hace falta formar las colas así. Online ofrece mayor comodidad

'..Pues sí, a la cola… virtual, es la visión más moderna del deseo de acudir a los toros si el cartel genera interés entre aficionados, o no, pero interesante para todos. Ahora solo queda esperar que merezca la pena tener las entradas del día 12, aunque va a ser muy difícil que se pueda repetir el impacto del pasado año..'

A la cola...

Antolín Castro
Opinión y Toros / 17 Sept. 2026
A menos de dos semanas para la Feria de Otoño en Madrid, se ha formado una larga cola para conseguir entradas.

Así se ha visualizado el momento de abrir las taquillas para las poquísimas entradas sueltas puestas a la venta. Claro que los tiempos han cambiado y se ha producido a las 00:00 del día de hoy de forma online.

Lo de ponerse al sol, al frío o a la lluvia, de forma física, en la explanada de Las Ventas, ha dejado paso a la cola virtual delante del ordenador. En la comodidad del hogar, sí, pero también a esas horas de la noche y sin saber a qué hora podrás llegar a tu objetivo y ni siquiera si conseguirás hacerte con las entradas que querías.

Hice la prueba y mi situación fue estar en el número 5.436. Nada más y nada menos, tenía toda la noche por delante para saber si llegaría a tiempo para obtener una de las 1.000 entradas que se pondrían a la venta para cada festejo. El resto ya estaba vendido todo a través de los abonos adquiridos.

Tocaba armarse de paciencia, sabedor de que sería imposible conseguir una entrada para el día de Morante. Habiendo más de cinco mil personas por delante y sabiendo que solo podía haber mil entradas, lo mejor sería desistir. Si el interés estaba en otro festejo, sería mejor dejar pasar el aluvión, echarse a dormir, y por la mañana seguro que se podrían encontrar entradas.

Tal cual. Morante agotó el papel, aunque ya sea en sentido virtual, y para el resto de festejos las taquillas, a la luz del día, permiten encontrar algo.

Menos mal que en mi caso todo es literatura, ya que soy abonado desde hace más de cincuenta años, lo que me permite obtener las entradas con antelación.

Difícil se han puesto las entradas en las ferias de Las Ventas, máxime si hay carteles que generen un atractivo mayor. Está claro que el éxito de abonados en esta ocasión -aunque hayan subido siempre en los últimos años- ha sido el poder presenciar in situ la revuelta de Morante al coso madrileño. Dada la diferencia entre los precios de abonado y de entradas sueltas, era mejor y más rentable hacerse con siete entradas que con dos para un día. Un buen negocio para el comprador y el vendedor. Los dos de acuerdo.

Pues sí, a la cola… virtual, es la visión más moderna del deseo de acudir a los toros si el cartel genera interés entre aficionados, o no, pero interesante para todos. Ahora solo queda esperar que merezca la pena tener las entradas del día 12, aunque va a ser muy difícil que se pueda repetir el impacto del pasado año. Salvo que a Morante le de por quitarse la coleta otra vez. Eso supondría una cola mayor para la próxima que se anuncie.