la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

martes, 15 de septiembre de 2026

Luis Álvarez, embajador de la bonhomía / por Pedro Toledano


'..Luis aportaba una cualidad que no abunda: la nobleza. Era de esas personas que uno agradece haberse encontrado en el camino. Me tomo la licencia de afirmar que quien ha sido gran figura del toreo, César Rincón, está de acuerdo con esta mi aseveración..'

Luis Álvarez, embajador de la bonhomía

Pedro Toledano
Recordando el camino recorrido con el amigo que nos deja, me queda la sensación de que se marcha alguien que hizo mucho más que desempeñar una profesión o vivir una pasión; se marcha un hombre bueno

Siempre pensé que Luis Álvarez era el embajador de la bonhomía, no solo del planeta de los toros, donde alcanzó un bien ganado prestigio, también en el mundo comercial de la publicidad y el marketing, la otra profesión que abrazó y en la que también tuve la oportunidad de disfrutarlo como amigo.

Lo conocí cuando comenzaba su carrera como novillero en los albores de los sesenta. Toreaba mucho en la provincia de Jaén y también en la capital del Santo Reino. Recuerdo la primera tarde, fue en Linares, compartiendo cartel, creo que con Diego Córdoba, Gabriel Suárez y Manuel Benítez "El Cordobés", éste fue incluido a última hora al no poderlo hacer quien por aquellas calendas tenía revolucionado el toreo, el cordobés que alcanzó fama y gloria.

Luis era proactivo, imaginativo y, sobre todo, bondadoso. Y ese carácter suyo le abrió muchas puertas a lo largo de su vida. No porque las empujara, sino porque quienes estaban al otro lado querían abrirlas para él. Sabía escuchar, sabía convencer y, por encima de todo, sabía hacer amigos.

En el mundo del toro, donde tantas veces las relaciones humanas están sometidas a intereses, pasiones y egos, Luis aportaba una cualidad que no abunda: la nobleza. Era de esas personas que uno agradece haberse encontrado en el camino. Me tomo la licencia de afirmar que quien ha sido gran figura del toreo, César Rincón, está de acuerdo con esta mi aseveración, como antes debió estarlo también el gran taurino que fue Manolo Chopera, al tenerlo en su equipo de gestión de Las Ventas, por lo mucho que hizo para potenciar el número de abonados.

Recordando el camino recorrido con el amigo que nos deja, me queda la sensación de que se marcha alguien que hizo mucho más que desempeñar una profesión o vivir una pasión. Se marcha un hombre bueno. Que allá donde estés sigas repartiendo ese talante abierto, esa imaginación y esa bondad que tantos tuvimos la suerte de conocer.

EL GUSTO MANDA / por Jubilado viajero

'..El gusto, en los toros, tiene además la particularidad de que suele parecerle a cada espectador una cosa exclusivamente personal, cuando con frecuencia coincide con el de varios miles de personas que ocupan las localidades de al lado..'

EL GUSTO MANDA

Se dice que sobre gustos no hay nada escrito y mi percepción me dice que eso no es enteramente cierto. Sobre gustos hay muchísimo escrito, aunque casi nunca lo escriba nadie. En el ámbito taurino lo escriben los públicos con sus aplausos y los empresarios con sus carteles.

El gusto, en los toros, tiene además la particularidad de que suele parecerle a cada espectador una cosa exclusivamente personal, cuando con frecuencia coincide con el de varios miles de personas que ocupan las localidades de al lado.

Hay épocas en que un torero es del gusto de casi todo el mundo --fue el caso de Manuel Benítez “El Cordobés” en la década de los 60--. Esto no quiere decir que todo el mundo tenga buen gusto, sino que, durante un tiempo, el gusto de todo el mundo coincide.

El torero de moda tiene entonces una ventaja considerable, porque además de gustar, hace que guste.

Pero las modas taurinas son tan mudables como las demás. Lo que ayer parecía imprescindible mañana puede parecer innecesario, y lo que ayer sólo entusiasmaba a una minoría puede acabar hoy llenando las plazas --Morante de la Puebla es claro ejemplo de esto último--. En esto, el gusto se parece bastante a la historia, pues suele dar la razón a los que tuvieron paciencia.

Por lo demás, que un torero guste a la generalidad no demuestra que sea mejor que el que gusta a una minoría. Demuestra únicamente que ha conseguido reunir una mayoría. Y una mayoría, en materia de gustos, no es una prueba; es una estadística.

Lo verdaderamente interesante empieza cuando el aficionado sabe por qué le gusta lo que le gusta. Y más aún cuando comprende que otro aficionado puede saberlo también y, sin embargo, preferir exactamente lo contrario.

Una plaza donde todos pensasen lo mismo sería una plaza muy aburrida. En los toros, como en la vida, conviene que haya siempre alguien que diga que aquello ha sido una maravilla y otro que conteste que no ha visto nada. A ser posible, los dos con razón. Por eso es conveniente conservar alguna discrepancia. El aficionado que piensa exactamente como todos los demás corre el peligro de ser simplemente público.

Y en los toros, como en política, quizá lo más saludable sea que uno conserve siempre una pequeña minoría dentro de sí.

Jubilado viajero

TAL DÍA COMO HOY... 15 DE SEPTIEMBRE DE 1974. Salamanca en su apogeo / por Paco Delgado



'..fue durante los años setenta del pasado siglo cuando más al alza estuvo su papel, con tres grandes diestros en activo durante aquel tiempo: El Viti, ya en la última etapa de su carrera, El Niño de la Capea y Julio Robles..'

Salamanca en su apogeo

por Paco Delgado
Salamanca, tierra eminentemente de toros, también lo ha sido, y lo es, de toreros. De buenos toreros. Y fue durante los años setenta del pasado siglo cuando más al alza estuvo su papel, con tres grandes diestros en activo durante aquel tiempo: El Viti, ya en la última etapa de su carrera, El Niño de la Capea y Julio Robles, que aunque de adopción siempre ha sido tenido y considerado como propio.

Y los tres se anunciaron en el mismo cartel en la cuarta corrida de la feria de la Virgen de la Vega de 1974 celebrada el 15 de septiembre. Un festejo en el que se lidiaron toros, naturalmente, salmantinos: cinco ejemplares de Lisardo Sánchez y uno, el segundo, de Manuel Arranz.

La función, interesantaísima, no terminó de ofrecer un balance final todo lo brillante y triunfal que con aquellos argumentos se presumía. Santiago Martín “El Viti”, que como más veterano abría plaza, fue premiado con las dos orejas de aquel primer toro de la tarde y ovacionado en el cuarto. Pedro Gutiérrez Moya “El Niño de la Capea” fue ovacionado en el segundo y silenciada su faena al quinto y Julio Robles dio dos vueltas al ruedo en el tercero, al no ser atendida la petición de oreja del público y sí cortó una oreja al sexto, con lo que El Viti fue el único que salió a hombros por la puerta grande de La Glorieta.

Aquellos sesenta… (XXIX) / por Jorge Arturo Díaz Reyes

Antonio Caballero. Foto: El Colombiano

'..Antonio murió hace cinco años, el 10 de septiembre. Más o menos así creo recordar esa lejana primera conversación..'

Aquellos sesenta… (XXIX)

Jorge Arturo Díaz Reyes
CrónicaToro / Cali 14 IX 2026
Varias veces antes nos habíamos cruzado por ahí sin cambiar palabra. Volteábamos por los mismos barrios de lo que fue norte bogotano. Me caía más bien mal. Un larguirucho de pelo castaño, gesto pausado y mirada indiferente. Parecía uno más de los engreídos, sabelotodo del Gimnasio moderno. De esos que no jugaban fútbol sino bolos en el “Tout va bien” y tomaban malteadas faroleando con las bonitas de cola de caballo en el “Cream helado”.

Así lo clasificaba, en ese catálogo automático que vamos llevando de todo lo que vemos por ahí. Era evidente que nos reconocíamos, pero no lo mostrábamos. La casilla “innecesario” en que lo tenía registrado me lo impedía, y él por su lado menos, con esa manera que parecía decir —no me fijo en nada indigno de mi pedigrí.

Yo estudiaba unas cuadras más abajo. En el Fray Cristóbal de Torres, sobre la carrera 13, que pese a su nombre era tan laico y “liberal” como el suyo situado sobre la 11, aunque no tan caro. Uno con la calle 70, el otro con la 74, cerca. Por eso las fortuitas coincidencias de lugar.

Hasta una vez, a mediados del 62. Lejos de allí, en el centro. En uno de los pisos de la librería Buchholz. Quizá el tercero, no lo puedo precisar hoy, pese a que era uno de mis cotos preferidos de lectura furtiva.

Estaba en eso, frente al bien surtido estante “Tauromaquia”. Tema de producción editorial abundante, apreciada y demandada entonces. Absorto, hojeando “Death in he afternoon”, aun no traducido a “Muerte en la tarde”. Cuando escuché a mi espalda.
Es un imbécil —- me giré sorprendido y encontré su mirada nada en su ya visto rostro juvenil, de una edad similar a la mía, y por tanto incongruente con la gravedad de la voz. Luego supe que solo era un mes mayor.

¿Cómo? —repliqué sorprendido y molesto.
Hemingway —repitió como extrañado de que no se advirtiera la obviedad —Bueno, era un imbécil. Se mató hace un año.

Lo ignoré, preguntándome —a qué habrá venido este por acá. —Mientras reencontraba la página interrumpida —Imposible que haya sido a lo mismo que yo, libros y toros. —Pero insistió

—Ve y describe las corridas como lo hace con todo —regresé el libro a su lugar y lo encaré.
—Usted qué sabe.
—Porque lo he leído, a él y sobre él.
—Yo algo, y me parece que el imbécil es otro —contesté, dispuesto a la pelea.

La esquivó con un —Mejor este —y extrajo la “Tauromaquia” de Pepe-Hillo, esa sí en castellano.
—Es otra cosa —repliqué.
—Otra cosa sí. Como dice él mismo, uno solo debería escribir sobre lo que ha vivido.
—Él vivió lo suyo.
—Sí. Como un turista en el tendido. El otro como lidiador en el ruedo, y muerto por un toro.
—Bueno, pero este no lo escribió, lo dictó, era analfabeto —alegué.
—Es lo mismo. Escribir, dictar… Homero, Milton, Borges
—Ciegos y tampoco vivieron lo que dictaron.
—Creación, arte, no falso testimonio — dijo despectivamente, mientras ponía a Pepe-Hillo en su sitio.
—En el fondo son lo mismo. Este libro hasta donde entiendo es ficción y no ficción. Un diálogo imaginario de un aficionado con una señora ignorante.
—Solo una patraña para colar un tratado sin fundamento, alzar un edificio sin cimientos. Además, mucho de tercera mano, se lo contaron o lo leyó… —argumentó levantando el tono por única vez.
—-Pero sus diálogos siempre son verosímiles, sus narraciones estupendas, sus personajes, su estilo…
—Y…
—Qué es un buen escritor. Hace buena literatura. Me gusta.
—Problema suyo. Eso que tiene ahí es un manual en inglés para gringos. Como esos de “Cómo ver una corrida”.
—Sí, sus opiniones seran discutibles para cada quién. Pero seguro este manual está bien escrito como los otros suyos. —insistí.
—-Tan bien escrito como concebía la literatura.
—Cómo
—Desnuda, directa, pobre. La obra literaria perfecta, es el cartel de toros, no le sobra ni le falta nada. Dijo una vez.
—Una metáfora
—Falsa, el texto de un cartel es artesanía publicitaria. “Seis bravos toros seis…”. Redundancia y mentira. Nunca salen así, los seis. Además, las imágenes, los colores, la diagramación…, es todo lo adjetivo y cursi que dice despreciar en la prosa.
—Era periodista, se formó así, fue lo que trajo al relato ficticio. La ruda y real sencillez.
—Claro. Fiesta, su mejor novela que lo lanzó joven, es poco más que un libro de viajes y ese que tiene usted ahí sin entenderlo, es una cartilla para principiantes.
—Así cautiva, vende a montones y es imitado
—Éxito comercial más que otra cosa. Sobrevalorado.
—Al menos indica el gusto mayoritario, no la moda, este libro, se publicó hace treinta años y sin estar traducido al idioma de las corridas aún se compra mucho y la crítica lo aprueba.
—La literaria, que no sabe de toros, y la taurina que no sabe de literatura, y no lo tratan igual.
— Pero coinciden en la importancia.
—Se sabía vender. Asociado desde el principio a los grandes: Anderson, Stein, Joyce, Pound… que le ayudaron a escribir y a proyectarse; y más con la imagen comercial de macho romántico que se construyó. Todo un montaje —siguió aduciendo ya sereno y sarcástico.
—Que funcionó. Cuando le dieron el premio Nobel hace ocho años, García Márquez que fue reportero como él escribió en El espectador la nota: “Para su obra literaria está bien por ahora el Nobel, para su obra vital quizá no haya premio suficiente.” Qué le parece.
—La opinión cómplice de un admirador —dijo alzando las cejas
—El estilo
—La suma de virtudes y defectos de un escritor.
—Como el toreo. En eso coincidieron él y Belmonte —recordé
—Bueno. El arte es un asunto personal así sea torpe, y el toreo y la literatura lo son. Arte, digo.
—Tan personal como el honor en un duelo, que también es.
—Para mí el arte. La belleza de lo terrible—afirmó
—Para mí las tres cosas.
—Para mí Ordóñez hoy.
—Para mí también…

Conversando habíamos bajado, salido de la librería, cogido a la izquierda por la Jiménez, luego a la izquierda otra vez por la séptima, pasando San Francisco, la plaza de Las Nieves, el nuevo puente de la veintiséis, la plaza de toros, y por la trece sin darnos cuenta entramos en Chapinero.

Llegados al parque de Lourdes paramos. Allí me ofreció la mano diciendo —Soy Antonio Caballero, por qué no vamos juntos a la novillada el sábado.
—Está bien, a las dos y media en la entrada siete. Le di la mía y nos fuimos cada cual por su lado.

Antonio murió hace cinco años, el 10 de septiembre. Más o menos así creo recordar esa lejana primera conversación.

Caridades lejanas / por Jesús Laínz



¡Qué fácil es llenarse la boca con la caridad sobre todo cuando se hace con dinero ajeno y sin que los que la proclaman estén dispuestos a arrimar el hombro! ¡Y qué cómodo es exigirla para los lejanos sin haber movido jamás un dedo por los cercanos! 

Caridades lejanas

Jesús Laínz
Lo de Ceuta ha sido la excusa perfecta para desatar la habitual tromba biempensante sobre la caridad infinita a la que los europeos estamos obligados con todo aquel que llegue a nuestro suelo en cualquier circunstancia y con cualquier objetivo. ¡Qué fácil es llenarse la boca con la caridad sobre todo cuando se hace con dinero ajeno y sin que los que la proclaman estén dispuestos a arrimar el hombro! ¡Y qué cómodo es exigirla para los lejanos sin haber movido jamás un dedo por los cercanos! Seguro que usted también conoce, maledicente lector, a alguno de esos amantes de la Humanidad abstracta incapaces de amar a hombres concretos, a los minusválidos y menesterosos de su propia ciudad, a sus vecinos necesitados e incluso a sus propios padres y abuelos.

La progresía de izquierda y derecha y la clerecía oenegeísta se dan la mano en esta materia con la especial satisfacción que procura saberse encarnadores de la bondad frente a los malvados que osen poner pegas. Y sus declaraciones, escritos e ilustraciones están dirigidas a tocar la fibra sentimental para impedir el debate racional.

Bien está la caridad, una de las virtudes teologales, sobre todo cuando viene a corregir las limitaciones de la justicia humana. Pero quizá no estuviese de más recordar que otros hay en el mundo a los que, por cercanía y consanguinidad, les corresponde mayor responsabilidad en un asunto que, por alguna razón nunca explicada, parece exclusivo de los europeos.

Podríamos empezar, ya que estamos con Ceuta, con Mohammed VI de Marruecos, el monarca más rico de África, con una fortuna personal valorada en torno a los 5.000 millones de dólares, en la que se incluyen palacios en su país y en Europa, varios jets y unos cuantos centenares de coches de lujo. Por otro lado, si Marruecos está tan subdesarrollado como para que millones de sus jóvenes deseen saltar a Europa en busca de prosperidad por cuenta ajena, ¿cómo es que se ha lanzado a organizar un campeonato mundial de fútbol?

Al vecino Mohammed podrían sumarse, entre otros, las testas coronadas de Brunéi, Arabia Saudita y Abu Dabi, que añaden entre todos varios ceros a esa cifra. ¿Por qué nuestros campeones europeos de la caridad lejana no se la exigen a ellos antes que a nadie? ¿No son todos ellos miembros de la comunidad islámica? ¿No son sus súbditos y hermanos en Alá? ¿Y por qué la riada inmigratoria desemboca siempre en Europa y no en aquellos países más cercanos geográfica y culturalmente y rebosantes de petrodólares?

Nuestros caritativos de lejanías se distinguen por que su preocupación por el bienestar de los extranjeros es inversamente proporcional a su preocupación por el de los españoles. Lo contrario sería facha y racista. Modelo de todos ellos es, naturalmente, el presidente del Gobierno, capaz de todo para justificar a los invasores y condenar a los invadidos que llevan dos meses protestando por el caos en el que ha caído su ciudad. «No son invasores, buscan una vida mejor» ha explicado el caritativo Sánchez. Cierto: lo mismo que sus compatriotas, aunque eso le traiga sin cuidado. Y es precisamente la inmigración masiva, además del desgobierno socialista, la que está provocando que la vida de los españoles sea cada día peor.

Los apóstoles de la caridad infinita y los papeles para todos quizá debieran dedicar unos instantes a pensar sobre las consecuencias de tan hermosos eslóganes. Porque si, como ha hecho el Gobierno socialista, invitamos a España a todos los que vivan en países menos desarrollados que el nuestro, es decir, a la inmensa mayoría de Asia, África y Suramérica, habrá que preparar viviendas, puestos de trabajo, hospitales y cirujanos para 7.000 millones de personas. Y creciendo. Manos a la obra.

Arbitrariedades del sistema / por Rafael Comino Delgado


'..Tal y como está el escalafón hay muchos toreros que en mi opinión deberían estar además de en las corridas en las que habitualmente se les pone, en más y mejores carteles, pero por ahora solo voy a mencionar, por orden de alternativa, cinco nombres afectados por una o por ambas injusticias, y que destacan mucho: Manuel Escribano, Esau Fernández, Román, David Galván y Jesús Enrique Colombo..'

Arbitrariedades del sistema

Rafael Comino Delgado
Hay costumbres, o arbitrariedades, dentro de lo que llamamos, “el sistema” en el toreo, que pueden considerarse injusticias, y que deberían corregirse por el bien general del Fiesta; entre esos agravios nos vamos a referir a dos, cuales son: considerar una oportunidad lo que no lo es y encasillar a un torero dentro de las llamadas corridas duras. Aunque pienso que en el toreo, y en otras actividades, pero especialmente en el mundo del toreo, quejarse es de mediocres, y que un torero jamás debe quejarse, al contrario, debe esforzarse todo lo que pueda para la próxima vez estar mejor; el torero debe hablar con capote, muleta y espada en el ruedo, delante del toro, y que se quejen otros. Pero los aficionados si tenemos derecho y podemos quejarnos cuando creemos que a un determinado torero se le está haciendo una injusticia, algo relativamente frecuente, por eso yo hoy y aquí me quejo.

En primer lugar me voy a referir a lo que creo es una injusticia frecuente, y que consiste en poner a un torero que torea muy poco, con una corrida de las llamadas duras, que raramente echan toros con condiciones para cortarles las orejas, o incluso con una ganadería de garantía a priori, pero luego los toros no salen como se deseaba y no puede triunfar, tras lo cual se le dice, ¡ya tuviste tu oportunidad y no la aprovechaste! Me parece injusto, porque al torero siempre hay que valorarle en función del animal al que se ha enfrentado, y solo se puede considerar que ha desaprovechado la oportunidad, y por tanto que ha fracasado, cuando ha estado por debajo del toro, pero si ha estado todo lo bien que se podía estar con ese toro y lo ha matado bien no ha sido un fracaso, y deben dársele más oportunidades. Es también frecuente que a algunos toreros se les encasille solo con las corridas “duras”, porque con ellas suelen triunfar, pero también saben torear muy bien cuando les sale un toro con la bravura, casta y calidad suficientes para demostrar, que además de poderosos y valientes saben hacer el toreo clásico, bueno, muy bien.

Tal y como está el escalafón hay muchos toreros que en mi opinión deberían estar además de en las corridas en las que habitualmente se les pone, en más y mejores carteles, pero por ahora solo voy a mencionar, por orden de alternativa, cinco nombres afectados por una o por ambas injusticias, y que destacan mucho: Manuel Escribano, Esau Fernández, Román, David Galván y Jesús Enrique Colombo, todos muy buenos toreros, con larga trayectoria, pues el que menos lleva casi nueve años de alternativa, por tanto toreros muy hechos.

Todos estos toreos se caracterizan porque pueden con todo lo que les echen, saben torear muy bien cuando el toro lo permite, y algunos como Escribano y Colombo banderillean, es decir, que hacen una lidia completa y dan gran espectáculo. Lo de Escribano es incomprensible; es un buen torero que torea muy bien a la verónica clásica de verdad, y también con la muleta, especialmente con la izquierda; ha alcanzado gran madurez, y por poco que tenga el toro él logra sacárselo y siempre está a su altura o por encima, lo que le ha permitido obtener grandes triunfos en plazas de máxima categoría. 

También Esau Fernández ha evolucionado mucho, y se ha convertido en un torero muy completo que puede competir en el escalafón con gran solvencia. Román es un gran torero, muy completo, que ha triunfado fuerte en plazas de máximo nivel, como Madrid (ha cortado 10 orejas en las Ventas), Sevilla, Bilbao. David Galván es uno de los pocos toreros, de ahora y de siempre, que podemos catalogar como muy valientes con mucho arte; gran torero infravalorado. 

Jesús Enrique Colombo tiene grandes cualidades, es figura en América, pero en España no se le trata como merece, y me pregunto, ¿por qué? Todos ellos, y lo digo rotundamente, en mi opinión merecen más y mejores carteles de los que les dan. Por eso me gustaría que les sigan dando corridas duras, porque con ellas triunfan, pero denles también de las otras, de las que matan habitualmente las figuras para que demuestren si las merecen o no.

lunes, 14 de septiembre de 2026

Primer desafío ganadero de septiembre: Valdellán vs. Fraile. Primer desafío de toros que no quieren ver las figuras. Campos & Moore


'..¿Por qué las figuras del toreo no se miden a toros como los de ayer? puede que el asunto esté en esas embestidas que no dejan colocarse a gusto al matador, a esas cabezas con pitones afilados, a ese empuje del toro bravo (aunque luego sea manso en el caballo) que no deja pensar..'

Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.

Domingo, 13 de septiembre de 2026. Primer desafío ganadero del mes de septiembre. 

Encierro de toros de Valdellán (procedencia, encastes Santa Coloma y Graciliano y Alipio Pérez-Tabernero) y de Juan Luis Fraile (encaste Santa Coloma y Graciliano Pérez-Tabernero). Se coló un toro de El Montecillo (procedencia Juan Pedro Domecq) corrido como tercero al ser devuelto uno de los toros de Valdellán. Bien presentados. Dieron juego, ofreciendo una variada y emotiva corrida. Los toros de Valdellán, el primero, manso y encastado; el quinto, bravo. Los toros de Juan Luis Fraile, el segundo, manso y fiero; el cuarto, manso y manejable; el sexto, manso, noble y con transmisión. El toro de El Montecillo, manso, perita en dulce. Público, rozando el tercio del aforo. Tarde de verano septembrina.

Terna: Pérez Mota, de El Bosque (Cádiz); de azul marino y oro; diecinueve años de alternativa; un festejo en 2025, y ninguno en 2026; saludos y saludos. Alberto Lamelas, de Cortijos Nuevos (Jaén); de burdeos y azabache; diecisiete años de alternativa; un festejo en 2025 y tres en 2026; ovación tras un aviso y vuelta al ruedo. Juan Carlos Venegas, de Beas de Segura (Jaén), de grosella y oro, con cabos blancos; dieciséis años de alternativa; ningún festejo en 2025 y dos en 2026; silencio tras un aviso y silencio tras dos avisos.

Entre los tres matadores sumaban siete festejos en total a lo largo de las temporadas 2025 y 2026.

Suerte de varas: fueron puestos al caballo de manera muy desigual. Se les picó muy mal, no destacando ningún puyazo. Mucho metisaca y barrenado. Puyas caídas. Tarde aciaga de los varilargueros, que cumplirían órdenes. Como ejemplo del tono seguido en la tarde, describimos la suerte de varas del quinto toro de Valdellán que hizo pelea de bravo. La primera vara la tomó al relance, con el hierro trasero y caído, el toro empujó y salió al capote. En la segunda, sí fue puesto en suerte, se arrancó, volviéndole a caer el hierro trasero y caído, dándole metisaca del bueno el picador Luciano Briceño, que tapó la salida al toro mientras se encelaba, el ejemplar cinqueño de Valdellán, «Hechicero», salió al capote.

Buenos pares de banderillas de Iván García que saludó. Lidió bien con el capote al sexto, Raúl Ruiz.


Por PEPE CAMPOS

En los tiempos que nos está tocando vivir es costumbre ver de manera ineludible, en las corridas de toros, el mundo al revés (no dudamos que en tiempos anteriores la vida también se mostrara dura), así en una tarea heroica como la de matador de toros observamos que lo sencillo (lo chupado) le toca lidiarlo a los toreros que más experiencia tienen y se encuentran con la puesta a punto, no digamos si ese matador es máxima figura; mientras que lo duro (donde hay que tragar y ser verdaderamente héroe) le corresponde lidiarlo (sin que existan excepciones) a los toreros que cosechan escasos contratos en su devenir taurino y que cuando torean les toca bailar siempre con lo más feo. Se nos dirá que así es la vida y que siempre lo será de este modo. No hay vuelta de hoja. Lo curioso es que este fenómeno sucede en una labor que se tiene como excepcional, como extraordinaria, como referente social de lo que debe ser el valor humano a la hora de enfrentarse a los pormenores de la vida. Pues bien, encontramos que una faceta tan trascendente de la cultura humana, como es la de lidiar toros bravos para dominarlos con técnica y arte, no tiene nada de anómala, ni de ejemplarizante, ya que según estamos acostumbrados a ver en otros desempeños a los que se dedica el hombre, las situaciones difíciles y de mérito les toca pecharlas a aquellos que tienen menos bagaje, en tanto, las tesituras fáciles son acaparadas (reservadas) por quienes más vuelo poseen en la profesión, más fama y más poder. El mundo al revés. Pues si el mérito o alabanza reside en enfrentarse a lo complicado como demostración de sabiduría y valor una vez resuelto el escollo —más en una dimensión ética que se dice posee el toreo— nos encontramos con la sorpresa (no tanta, la picaresca existe) tarde tras tarde, festejo tras festejo, que lo duro le corresponde solucionarlo al pobre o desfavorecido y lo mollar al rico y «mandón». La tauromaquia es un territorio de obediencia y de jerarquía.

Ayer se lidió en Las Ventas una corrida a modo para que las denominadas figuras (esas que salen a hombros todas las tardes, en esas plazas de Dios, toreando chotas con algo más que la intervención de las bolitas en los pitones) tomaran auténtica fama. Todos los toros embistieron y de qué manera. Pues resulta que esos toros de ganaderías desdeñadas por las figuras del toreo, por poseer un comportamiento complicado a partir de su bravura, fueron lidiados por tres toreros que sumaban casi ningún festejo en las últimas temporadas. 

Vimos a estos tres matadores de toros realizar un esfuerzo al borde de sus capacidades y preparación, un sacrificio que no les pudo aportar gloria porque su rodaje en la profesión taurina era insuficiente; aunque pelearon denodadamente por estar a la altura ante toros que vendieron cara su vida y con los que había que estar muy firme y mostrarse en sazón de competencia. Honor para estos tres matadores de toros que se las vieron ante una corrida de toros de verdad. 

Un tipo de corrida que no ven esas figuras del toreo que están asociadas al monoencaste Domecq, sin atreverse a enfrentarse a otras procedencias. Ejemplo de ello es que lo que no es hoy Domecq, hay que denominarlo «minoritario» porque va siendo relegado hacia su desaparición. En el fondo se encuentra el modo de eludir la dificultad, de sustraerse al esfuerzo, fiel reflejo de los tiempos Logse que invaden lo social. ¿Por qué las figuras del toreo no se miden a toros como los de ayer? puede que el asunto esté en esas embestidas que no dejan colocarse a gusto al matador, a esas cabezas con pitones afilados, a ese empuje del toro bravo (aunque luego sea manso en el caballo) que no deja pensar. Etcétera. Por otra parte, ayer, como lección didáctica, se lidió un toro de la otra corriente, de la tendencia usual de lo comercial, nos referimos al ejemplar de la ganadería El Montecillo, lidiado como sobrero, que comparado con sus hermanos de festejo vino a ser como el tonto de turno, que se dejaba hacer y que pudo aportar un triunfo sonado a esa figura del toreo que no se hace presente nunca en Las Ventas ante toros de encastes bravos y embestidores.

El primer toro lidiado ayer correspondió a la ganadería de Valdellán, de buena cuerna, largo y proporcionado, cuatreño, mal picado por Pedro Iturralde, que aunque le cogió bien en el primer puyazo, lo barrenó. Aquí puede que apareciera ese terror que tienen los piqueros hacia los toros de los encastes «libres». Este y el siguiente puyazo trasero lo acusó el astado, que aún así llegó a la muleta con embestida potente, que de haberse conducido convenientemente hubiera aportado tandas de muletazos emocionantes. Pérez Mota hizo un esfuerzo, si bien por las afueras, con el mérito que el toro era de verdad y no de juguete. Puso por su parte todo el saber, mientras el toro le fue ganando la pelea. La faena fue planteada en terrenos del nueve. Lo mató de pinchazo caído en la suerte contraria y de estocada tendida en la suerte natural.

El segundo toro correspondió a la ganadería de Juan Luis Fraile, cuatreño, ofensivo de cuerna, cornivuelto, largo, fiero de comportamiento. Hacía tiempo que no se veía un toro de esas características, que fue manso y encastado. Muy mal picado, la primera vara, al relance, caída y pegándole, la segunda, al huir el astado, fue resuelta en el los terrenos del cuatro. Puede que le faltara una tercera vara y haberse proporcionado el castigo. El toro necesitaba sometimiento pues protestaba en las embestidas y se revolvía en un palmo de terreno. Alberto Lamelas le planteó gallarda pelea en terrenos del nueve y del diez mostrando valor seco. Las tandas por la derecha salieron con emoción y con el intento de Lamelas de embarcar al animal; la tercera tanda, meritoria, aguantando y conduciendo, y salvando el viaje de vuelta del ejemplar de Fraile. Con la izquierda el mismo tono. El torero se crece. Dos naturales realmente buenos. Vuelve a la derecha con pases largos y logrados. La última tanda, baja. Lo mata mal de un pinchazo bajo en la suerte contraria y pinchazo bajo perdiendo la muleta y con el toro persiguiéndole hacia terrenos de sol, donde lo finiquita tras cuatro descabellos.

El tercer toro de Valdellán de buena cuerna, ofensivo, cinqueño, fue devuelto, con cierta precipitación pues salió al capote crecido del segundo puyazo, si bien antes había perdido las manos. El sobrero de El Montecillo, cuatreño, salpicado, abierto de cuerna, alto, sin cuello, acarnerado. En el caballo mostró poca fijeza y escarbó mucho durante la lidia. A la muleta llegó de dulce, manejable y con embestida que ofrecía triunfo. Obediente y con deslizamiento por abajo. José Carlos Venegas le toreó en terrenos entre el ocho y el nueve. A las tandas por la derecha les faltó algo de resolución, de creérselo según iba pasando a «Carpetón». Al natural, Venegas, se colocó mejor y toreó con mayor reposo, algunos de los naturales largos y templados, bien rematados. Al alargar la faena fue decayendo el trasteo y ahogó al toro. Faena a menos, sin rematar. Lo mató en la suerte natural de tres pinchazos, dos de ellos bajos, y una estacada trasera.

El cuarto toro de Juan Luis Fraile, armado, bajo, largo, de 590 kilogramos bien proporcionados, casi cinqueño. Varas caídas. Desastre a la hora de banderillearlo con ocho entradas. El de Fraile tuvo embestidas nobles y manejables. Pérez Mota volvió al esfuerzo, en los terrenos del nueve, aunque en algún pasaje del trasteo (desigual, por las afueras) pareció faltarle confianza o fuelle. El toro iba y al torero le falto claridad pues los pases salían sin rematar y con enganchones. Lo mató en terrenos del ocho de pinchazo caído en la suerte contraria y de estocada en la suerte natural de la que salió prendido y zarandeado.

El quinto toro fue de Valdellán, cinqueño, proporcionado, de fuertes pitones. Bravo. Fue recibido a porta gayola por Lamelas que vio cómo el animal le pasaba a todo tren. Le dio verónicas corajudas de valía. Muy mal picado por Briceño. Lamelas se desdibujó a medida que avanzaba la faena en desigual trasteo, sin llegar a cogerle el punto, es decir, la distancia y el modo de conducir al astado. El toro desbordaba. El toreo no le bajaba la mano. Desfondado. Lo mató con prontitud de estocada desprendida.

El sexto toro, de Fraile, cinqueño, bajo, largo, buena cuerna, acucharado. Venegas lo lidia. Majado lo pica mal, caída la vara y metisaca. En la faena de muleta el toro iba largo y con emoción. Venegas acierta en la distancia. Le faltó convencimiento. Muletazos largos, templados, algo tumbado. La duda fue afianzándose en la tarea. Algún buen muletazo. Lo mató de pinchazos en la suerte contraria y en la natural hasta que el toro se echó.


ANDREW MOORE