la suerte suprema

la suerte suprema
Pepe Bienvenida / La suerte suprema

lunes, 11 de mayo de 2026

San Isidro'26. La insoportable levedad de los guirlaches de Mayalde , con Caballero, Román y Galván. Márquez & Moore


JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ
A las 20:33 horas de la tarde, al morir el tercero, ya llevábamos encima 173 muletazos, según el cómputo de la gentil aficionada CLL y tres avisos en la cuenta del aficionado DA. Llevábamos una hora y media en la piedra, a la espera de que el cuarto toro apareciera por la puerta de los chiqueros, custodiada como viene siendo habitual por don Gabriel Martín ataviado como un barquillero del Retiro. La corrida del señor Conde de Mayalde, los guirlaches de Mayalde, iba pesando ya como una tonelada de plumas, y tan sólo nos había conseguido sacar del sopor en noventa minutos la desbandada furiosa de las mulas cuando iban a arrastrar al segundo de la tarde. Los benhures que se ocupan de ellas fueron incapaces de contenerlas en sus bríos cuando salieron de naja, y las hijas del burro y de la yegua, espantadas por vaya usted a saber qué, huyeron a galope tendido desde el 9 hasta el 4 y a la vuelta arrollaron a un insensato de los benhures que se interpuso en su camino con la vana ilusión de parar a aquellas furias desatadas, hasta que se consiguió detenerlas en el punto opuesto al que ocupaba el cadáver de Escultor, número 27, que esperaba sin prisa ser conducido a rastras hasta los destazadores.

La cosa ya comenzó mal cuando un blandengue Jibelino, número 31, anduvo por la plaza mostrando sus debilidades congénitas y las sobrevenidas tras su paso por las manos y la vara de Daniel López. El bicho no podía ni con la penca del rabo y sus trémulos pasos por la arena de miga de la Plaza fueron refrendados con silbidos y los consabidos signos de desaprobación, sin que esas manifestaciones de los expertos ojos de tantos aficionados sirviesen para conmover a don José Luis González, que se empeñó en mantener al animal haciendo el ridículo públicamente hasta que una perfecta caída en plancha longitudinal a la salida de un capotazo en banderillas le convenció de que debía mostrar el trapo verde. A cambio de eso sacaron a una especie de morucho, negro y lleno de barro, de Fermín Bohorquez que atendía por Noruego, número 97, con el que volvió a principiar la corrida, siendo el gaditano David Galván el encargado de vérselas con él a ver qué se podía hacer con esa prenda. Hoy no quisieron poner al de El Freixo de sobrero, a saber por qué, y a cambio tenían a éste y al que se citará más adelante. Galván anduvo de acá para allá con el toro, que tampoco era como para irse con él de copas, y entre medias dejó alguna leve pincelada en forma de pase natural en una faena larga y de parcos argumentos.

Escultor es nombre querido en la casa Mayalde y hoy nos echó a uno, herrado con el 27, cuyas señas de nombre y cifra son idénticas a las de otro Escultor que, en forma de novillo, vimos en el año ’23, blando y sin fuelle, que de nada le sirvió a Mario Alcalde. Éste de hoy no fue un paladín de la fuerza bruta, pero al menos no anduvo derrengado. Sirvió para que apreciásemos la disposición de Román, preguntándonos a qué habría venido Román con los de Mayalde, y comprobásemos cómo el animal cantó la gallina, estando más interesado en irse que en quedarse a lo de la muleta, aproximándose cuando tuvo ocasión al abrigo del maderamen de la barrera de donde no quiso ya salir y donde Román lo cazó a la tercera o a la cuarta antes de descabellarlo.

El tercero fue Joyero, número 18, ante el que se plantó Gonzalo Caballero, una corrida el año pasado y sin apoderado, en otra de esas duras pruebas que algunos se ven obligados a pasar a ver si suena la flauta y son capaces de enderezar una carrera que flaquea. Cuando Galván se pone a hacer unas chicuelinas en su quite, el toro le echa al suelo y le pisotea, encelándose con él y las asistencias se le llevan a la enfermería. Después del susto, Caballero pone su a veces ciego valor y su falta de un plan ante las complicaciones del toro. La faena te tiene en vilo, porque ves al torero cogido la mitad de las veces, pero los argumentos que el torero despliega ante el toro son de poca enjundia. Quiso torearlo en la distancia al principio y luego optó por buscar unas cercanías que el toro ni demandaba ni quería, dando la sensación de no acabar de comprender al Mayalde.

Ahora estamos justamente donde empezamos el folio: son las ocho y treinta y tres minutos, llevamos tres toros y como David Galván está en las manos de Padrós, se corre turno y le toca a Román vérselas con el quinto, Enarbolado, número 15, un toro castaño, cuajado y de armónicas hechuras que se emplea en el primero de sus encuentros con Francisco de Borja y su mascota equina y que acude con soltura a banderillas. Román, sin dudarlo, le plantea el cite de largo al toro y le recoge en una primera serie de derechazos templados y limpios. Generosa la apuesta de Román, que basa toda su faena en la distancia, haciendo galopar al toro en una segunda serie más encajada y después en otra más con la plaza entera aplaudiendo. Luego dos series de naturales, de nuevo basadas en la distancia en el cite, en la ligazón y en la buena colocación, antes de retornar a la diestra para otra serie de categoría. 
La faena de Román es maciza y meditada. No es fruto de improvisación; se percibe que el torero tiene muy claro lo que quiere hacer y está dispuesto a hacerlo sin agobios, luciéndose él y luciendo al toro, sin darse importancia y llevándose la tarde de calle. Tras unos adornos para cerrar al toro hacia las rayas, que no salieron todo lo bien que nos hubiera gustado, una estocada recibiendo refrendó su importante trabajo en esta tarde. Frente a la nada de Talavante del otro día, aquí ha explicado hoy Román sus argumentos basados en el toreo hecho sin artificio, en la verdad, la colocación y, sobre todo, en la generosidad.

Gonzalo Caballero repitió en su segundo las mismas jaculatorias que en su primero. Aguantó una colada de esas que te dejan mudo al principio y volvió a porfiar con Enarbolado, número 15, en un trasteo al que le faltaba una idea central que le diera unidad. Minutos antes habíamos visto la homogénea faena de Román, su unidad de tiempo, de espacio y de acción y tan de seguido Caballero se nos figuraba un poco a la deriva, sin aprovechar las -pocas- nobles embestidas del toro y entregándose a un trasteo largo y sin propósito. En este toro merece la pena destacar la gran actuación con los palos de Ángel Gómez.

Cuando esperábamos de nuevo a Román, salió David Galván de la enfermería con una especie de faja ventral y se dispuso a vérselas con Entrador, número 23, con el que don José Luis González repitió la misma monería que con el primero: la de tenerle en la plaza, picarle y cambiarle en banderillas, cuando las gentes viendo la hora que era ya pensaban más en la cena que en la lidia. Eso nos permitió conocer al otro morucho de Fermín Bohorquez, Templado, número 83, igual de embarrado que el primero pero mucho más feo, como de granja de engorde de chotos poco escrupulosa. El bicho era una prenda y los banderilleros no se fiaban de él. No se le veían ganas de humillar y entraba con la cara levantada a ver dónde colocaba el derrote. Galván se puso decididamente frente a las inexistentes virtudes del Bohórquez y consiguió arrebatarle algún muletazo a base de tragar y de quedarse, con mucha decisión y hombría, y de dejarle una gran estocada. La parte graciosa de la faena vino cuando la conocida voz de un anciano del tendido le aconsejó al diestro:

-¡Bájale la mano!

Y eso ya fue un festín de risas en la larga tarde, esa mentecata recomendación dada para un toro que no había humillado una sola vez en toda su vida pública, como si el pescuezo lo tuviese escayolado.

A las diez y diez abandonábamos ateridos la plaza, haciendo recuento de avisos: contando los 4 de hoy, en tres corridas llevamos 11.


Román

ANDREW MOORE


















FIN

Zaragoza, en el escaparate del precio / por Sergio Hueso


'..El riesgo de fondo es evidente. Cuando una plaza de primera categoría se percibe únicamente como un activo económico susceptible de alquiler, sin un marco sólido que garantice su continuidad taurina, el resultado puede ser una progresiva desnaturalización de su función dentro del sistema..'

Zaragoza, en el escaparate del precio

Por Sergio Hueso
La decisión del presidente de la Diputación de Zaragoza, Sánchez Quero, de articular el futuro de la plaza de La Misericordia bajo la fórmula de “alquiler al mejor precio” abre un escenario que, más allá del debate administrativo, tiene una lectura de fondo mucho más profunda: qué papel se le otorga al toreo dentro de una plaza de primera categoría y qué se entiende hoy por gestión de un patrimonio cultural.

El propio lenguaje utilizado en la nota institucional, con expresiones que subrayan la ausencia de regulación de otros aspectos más allá del económico, ha generado preocupación en parte del sector. No tanto por la legalidad del procedimiento en sí, sino por lo que implica como modelo: un sistema donde el componente económico aparece como eje casi exclusivo de la adjudicación, relegando a un segundo plano la definición artística, cultural y taurina del proyecto.

En ese contexto, la eliminación de la feria de San Jorge del calendario taurino se ha convertido en un símbolo especialmente significativo. No solo por la pérdida puntual de una fecha, sino porque no ha venido acompañada de una explicación clara sobre su posible recuperación o integración en el ciclo del Pilar. El resultado es una sensación de reducción progresiva del calendario y, con ello, de la propia identidad taurina de Zaragoza dentro del circuito nacional.

Zaragoza fue durante años una plaza con capacidad de influencia, con voz propia en la estructura de las grandes ferias. Hoy, sin embargo, el debate se centra en su capacidad para mantener una temporada estable y reconocible. Y en ese tránsito, la forma en la que se articula su gestión se convierte en un elemento determinante.

Desde el entorno empresarial, organizaciones como ANOET han advertido en distintos momentos de la necesidad de que los pliegos administrativos no se limiten a criterios económicos, sino que incorporen garantías sobre la calidad, la continuidad y el respeto al propio ecosistema taurino. La respuesta institucional, en cambio, ha sido interpretada por algunos sectores como una lectura excesivamente rígida del conflicto, en la que el desacuerdo técnico o jurídico se traslada al terreno político o incluso personal.

Pero quizá el elemento más delicado del nuevo escenario no es solo el modelo de adjudicación, sino sus posibles derivadas. Un sistema donde el contenido de la gestión queda escasamente definido abre la puerta a escenarios teóricos que, sin ser inmediatos ni necesariamente probables, sí resultan significativos desde el punto de vista conceptual. Entre ellos, la posibilidad de que operadores ajenos al mundo taurino —incluidos colectivos abiertamente animalistas o entidades sin vinculación con la tauromaquia— pudieran optar a la gestión si cumplen el requisito económico establecido.

No se trata de una hipótesis inmediata, pero sí de una consecuencia lógica de un modelo donde el “qué” se subordina casi por completo al “cuánto”. Y en ese punto, el debate deja de ser estrictamente administrativo para entrar en el terreno cultural: qué significa gestionar una plaza de toros en una ciudad como Zaragoza y qué límites, si los hay, debe tener ese modelo.

El riesgo de fondo es evidente. Cuando una plaza de primera categoría se percibe únicamente como un activo económico susceptible de alquiler, sin un marco sólido que garantice su continuidad taurina, el resultado puede ser una progresiva desnaturalización de su función dentro del sistema. Y con ello, una pérdida de peso específico en el conjunto de la temporada.

Zaragoza no necesita únicamente un adjudicatario. Necesita un proyecto. Uno que entienda que su plaza no es un inmueble disponible en el mercado, sino un espacio cultural con historia, afición y responsabilidad dentro del toreo contemporáneo.

Porque cuando el criterio económico se convierte en el único filtro, lo que está en juego no es solo quién gestiona la plaza. Es qué plaza queda después.

PALCO 16 - 3ª SAN ISIDRO.- Ver llegar el toro / por Jorge Arturo Díaz Reyes

Román y “Enarbolado”. Foto: Las Ventas

'..Tras los doblones iniciales tomados con codicia, galopó siete veces de largo, de muy largo, a la enterada y adelantada muleta del valenciano, que siete veces impertérrito le vio llegar a todo tren, embarcándolo en redondo..' 

Ver llegar el toro

Jorge Arturo Díaz Reyes
CrónicaToro / Madrid, 10 Mayo 2026
Qué frío, qué viento, qué sol, y qué plaza más dominguera. Casi llena en principio. Terminó miti miti, pese al todo bien, todo bien y no solo por razones térmicas, también emocionales. Demostrando que las palmas eran más protocolarias que viscerales, en los desertores. Exceptuando a los de siempre, claro, que se quedaron, pues en ellos la devoción por la protesta paga cualquier sacrificio, hasta el congelamiento si es necesario.

En ese marco, los ocho toros, seis de Mayalde y dos de Bohórquez (segundo y sexto bis), a sus anchas. Corrieron cuando quisieron, caminaron, trastabillaron, se cayeron, se echaron, embistieron, tardearon, los devolvieron, pero no se rajó ninguno. Formaron un conjunto dispar de alta romana, notable corpulencia y mucha leña. Más en contraste, casta y fuerza bajo límites. Abundaron sí en esa bonachonería que ahora llaman nobleza.

Cómo sería, que cuando el tercero cogió a Galván en un quite, más por ofrecimiento de la ocasión que por instinto, y lo tuvo indefenso, a merced en los medios, no lo remató como todos temimos, de puro amable, de puro perdonavidas. Afortunadamente. No hay mal que por bien no venga. El gaditano que había saludado en el soso primero, al que descabelló sin estoquearlo. Se había ganado la gente con su aguante y proximidad sobre todo en dos tandas naturales, más por eso que por la coherencia de su faena.

El porrazo fue duro, en la espalda y cuando trató de incorporarse las piernas no le sostuvieron, haciendo pensar en algo muy grave. Se lo llevaron, corrieron los turnos, y Román recibió cuarto al que, por sorteo, era el quinto. Y ahí fue la cosa.

Era bravo, el castaño cinqueño, de 540 kilos, el más leve de la corrida. Nada que anotar en el capeo de saludo. Pero al caballo de Francisco de Borja se le arrancó presto, de lejos y empujó las dos veces, yéndose arriba. Tras los doblones iniciales tomados con codicia, galopó siete veces de largo, de muy largo, a la enterada y adelantada muleta del valenciano, que siete veces impertérrito le vio llegar a todo tren, embarcándolo en redondo. Tres series por derecha y cuatro por la izquierda con sus broches, en las que la bravura del envite y la firmeza de las plantas prevalecían sobre cualquier glosa. Las Ventas entró en efervescencia, sincera. Hubiera sucedido también un jueves o un viernes, hay que decirlo. Todos a una.

Igualó el hombre, y recibiendo puso una estocada delantera y vertical, pero letal. La plaza se puso blanca y gritona. Su señoría don José Luis González González, aguantó hasta casi el enganche a las mulillas, probando los nervios de la multitud o quizá pensando en la imperfecta colocación de la espada, no se, pero cedió. Que no vengan a decirle nada ahora, pues en la pañolada y en la vuelta al ruedo con jolgorio y prendas, el siete y aledaños entraron entusiastas. Que no salgan después con cuentos. “Enarbolado” fue arrastrado como mereció, bajo una ovación de gala.

Luego la corrida entro en un marasmo largo y gélido que la llevó hasta las tres horas. Cuando ya había más cemento que gente a la vista, y la vibración de la emotiva faena de Román se perdía en el ocaso.

Caballero, gestual y ganoso, mató mal, muy mal sus dos toros. Al tercero con dos descolocados pinchazos, un aviso y cuatro golpes de cruceta sin haberlo estoqueado. Y al quinto, que debió ser sexto, tras otro aviso, le infirió un pinchazo y un bajonazo. Silenciado fue.

San Isidro/26: Román corta una oreja a un gran toro de Mayalde / por J.L. García Losada


Román corta una oreja a un gran toro de Mayalde

Por J.L. García Losada - España
Opinión y Toros / Madrid, 10 Mayo 2026
Tarde muy larga hoy en Las Ventas, tres horas de festejo que agotan al mayor de los aficionados.

A pesar del metraje, de las inclemencias meteorológicas y de las dos devoluciones de ambos toros de Galván, resultó una tarde muy entretenida.

Son de estas tardes dominicales que dentro de la feria muchos dejan sus entradas por el desconocimiento de los alternantes y donde el buen aficionado no suele fallar.

Galván demostró oficio con ambos astados de Bohórquez, propuso dos faenas inteligentes donde toreó con verdad y poniendo todo lo que no tenían sus oponentes. Fue prendido en un quite al toro de Gonzalo Caballero y se corrió turno para que pudiera matar su toro en sexto lugar.

Román demostró de nuevo en Madrid que es un torero a tener muy en cuenta. Conoce de sobra a este público e hizo lo que exige, poner a los toros en suerte y a la hora de enarbolar ambas faenas lucir a los astados dándoles mucha distancia e intentar ligar los pases. Con su primero solo lo consiguió a medias por que el animal se vino abajo aculándose en las tablas siendo muy difícil el lucimiento, en cambio en el que toreó en cuarto lugar por el percance de Galván si llegaría el toreo bueno. "Enarbolado" de nombre, si fue un toro de nota y exigente a la vez pues lo tomó por abajo repitiendo con mucha rapidez y ahí se encontró con un torero firme, valiente y entregado, hubo grandes series por ambos pitones con la lógica emoción de la casta. Esta vez no falló con la espada Román, matando en la suerte de recibir lo que le valió una oreja de mucho peso.

A Gonzalo Caballero se le notó la falta de contratos que dan ese sitio para poder solventar la exigencia que tiene Madrid, no obstante, el público lo respetó mucho destacando alguna serie de interés, "Entrador" de nombre también ofreció buenas embestidas con las que había que mostrarse muy firme y sin dudas.

Tarde también de grandes toreros de plata, destacando sobremanera Iván García.

domingo, 10 de mayo de 2026

Real Madrid: Estado de naturaleza en Valdebebas / por HUGHES


'..Y hay consenso en que la desaparición de todo vestigio de autoridad tiene que ver con la poca o ninguna importancia que Florentino ha venido dando a la figura del entrenador..'

Estado de naturaleza en Valdebebas

HUGHES
En el Madrid se pegaron Tchouaméni y Valverde. Se zurraron y volvieron a repetirlo en el acto de conciliación. Al KO ganó el francés, que se suponía era sensible y tocaba el piano. Y recibió Valverde, que parecía tontito pero está en todas. Culpan a su mujer, Mina Bonino (nombre de llamada de Bart Simpson), porque es periodista y opina en redes y como el fútbol es tan machista creen que le malmete al llegar a casa (qué cosas, solo por ser mujer…).

Lo triste de la pelea es que han acabado a palos los que tenían que dirigir el juego del Madrid. El vestuario es una zona No Go. El club ya ha perdido su control efectivo. Y hay consenso en que la desaparición de todo vestigio de autoridad tiene que ver con la poca o ninguna importancia que Florentino ha venido dando a la figura del entrenador. El equipo tiene su firma, sus trazas: un defensa o dos menos de los necesarios; jugadores en posición subóptima en el centro del campo y tres cracks absolutos luchando entre sí por una minúscula franja de césped, como un estrecho de Ormuz en la parte izquierda del ataque.

Lo más curioso de la crisis del Madrid es la formación de clanes. Surgen en las duras y a veces en las maduras. La Quinta del Buitre dicen que no se hablaba con la Quinta del Macho. En el vestuario del Madrid habría dos facciones: los partidarios de Xabi Alonso y los que le hicieron la cama, y bajo esta división aflora otra más profunda y prefutbolística: el clan de los franceses, el de los brasileños y, ya minoritario, el de los españoles, donde estaría el topo (lo del topo blanco alcanza niveles de Le Carré).

Cuando se agota, el Florentinismo acaba así. Después de dimitir Flóper en 2006, tuvo que llegar Capello y disolver el grupo de brasileños. El ideal del fútbol moderno es el Fútbol Total, todos atacan o todos defienden. Su evolución última está en Luis Enrique, que aspira no solo a que todos hagan lo mismo, sino que cualquiera haga lo de otro: que todos hagan todo.

El Madrid ha pasado del Fútbol Total al Fútbol Tribal. Se percibía en la tonalidad conradiana con la que se daba la noticia esta semana. El New York Times tituló: «El dramático descenso del Real Madrid hacia la violencia y el caos». Y parecido El País: «Estallido violento en el Real Madrid». Lo de El País era un gran titular de portada, segunda noticia del día. Le daban al incidente la relevancia que no dieron a los acuchillamientos de Cataluña.

Caos, violencia… Valdebebas como Mogadiscio. Hace unos días, Trump dio un discurso cómico en el que, entre otros grandes éxitos, habló de Ilhan Omar y su Somalia natal. De la representante demócrata contó que se casó con su hermano y de Somalia las lindezas habituales: «Sitio asqueroso, sucio, repugnante» «no es ni siquiera un país, solo corren matándose entre sí». Parece que Trump habla para tontos, pero sus palabras coincidían casi exactamente con la descripción de Hobbes del estado de naturaleza: «bellum omnium contra omnes», la guerra de todos contra todos previa a lo estatal, como un vestuario a la espera del Leviatán Mourinho.

San Isidro'26. Tarde de hastío, con Perera, Luque y Rufo repartiéndose 318/320 pases a los de la Quinta. Márquez & Moore

'..La cuestión crucial que se debatía en la tarde de hoy era respecto al tsunami de muletazos que nos aguardaba en las dos horas y algo que duraría el festejo. Se cruzaron apuestas y estas iban entre los 175 de los más descreídos en la capacidad muletera de los diestros hasta los 399 de los más optimistas..'

JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ
Cuando se presentaron los carteles de la Feria de San Isidro 2026 éste que suscribe declaró la corrida de toros del día 9 de mayo como la peor de la feria. Alguno argumentaba a favor del ganado de La Quinta, que tanto nos gustaba de novillos cuando éramos jóvenes, pero ese recuerdo de los santacolomas sevillanos, bastante poco refrendado en su proceder como toros, no era por sí mismo capaz de levantar la losa que significaba la simultánea presencia de Miguel Ángel Perera, de Daniel Luque y de Tomás Rufo, plúmbea combinación que no dejaba un resquicio, una mísera gatera por la que se nos colase un poquito de ilusión.

Ya conocen ese famoso dicho del que va ¡a los toros! con cara alegre y llena de buen humor y vuelve ¡de los toros! con aspecto avinagrado y malas pulgas. Hoy el dicho se invirtió por completo, pues lo que se deseaba con fuerza era poder salir lo antes posible y entonar alborozados el ¡de los toros! poniendo tierra por medio entre nosotros y esta encerrona que nos había preparado la IA de Plaza1. Pese a todo pusieron en las taquillas un cartel de «No hay billetes», que lo mismo era verdad, aunque se veían muchos huecos, especialmente por las andanadas.

El señor Conradi, que es apellido como de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, mandó a Madrid cinco toros cárdenos con el aspecto que de ellos se espera y un ensabanado con un aspecto que recordaba al de los viejos Veraguas, que no sabemos de qué madre y de qué padre habría salido. Coquetamente posó Rompecapa, número 22, para que Andrew Moore le fotografiase a placer, exhibiendo su anatomía tan dispar de la de sus hermanos o hermanastros y se empleó frente al jamelgo de Juan Melgar. Éste fue el que más llamó la atención por su capa y sus trazas, pero también hubo un sexto, Carretero, número 71, que manifestó sus dotes embestidoras y un tercero, Bravito, número 82, que tenía sus teclas que tocar pero que demandaba más torero y más toreo. Estos dos le tocaron a Tomás Rufo, que por lo que se ve, se llevó el mejor lote de la tarde.

La cuestión crucial que se debatía en la tarde de hoy era respecto al tsunami de muletazos que nos aguardaba en las dos horas y algo que duraría el festejo. Se cruzaron apuestas y estas iban entre los 175 de los más descreídos en la capacidad muletera de los diestros hasta los 399 de los más optimistas. A tal fin se dispuso a varios observadores imparciales en diversas zonas de la plaza para llevar puntualmente la contabilidad de los pases, la cual, con ligerísimas diferencias en la apreciación de ciertos trapazos, ofrecieron un total de 318/320 pases dados en la tarde de hoy. Es significativo reseñar que, honestamente, no se puede afirmar que en ese mareante bamboleo de muletas haya sido dado un solo pase que se haya atenido mínimamente a las más elementales normas del arte.

Es de justicia decir que Perera ha estado muy por debajo de sus larguísimas faenas de otros años, lo cual ha redundado en un número algo más bajo de muletazos que los esperados. A su primer toro lo despachó con solamente 39 muletazos, casi la mitad de su marca personal en Las Ventas, y con su segundo, aunque se vio que quería hacer un esfuerzo por complacer a los que le animábamos a que siguiera y siguiera, no fue ni siquiera capaz de alcanzar la cincuentena, quedándose en 48, lo cual es realmente poco para él. Acaso los años ya le pasen factura y sus 22 años de alternativa y las decenas de miles de pases que ha pegado por esas plazas de Dios le estén llevando a economizar esfuerzos practicando una tauromaquia algo menos «gourmand», que le ha dejado hoy con un cómputo global de 87 pases. Ni se aproximó al centenar. En lo que no ha cambiado es en el capotón que lleva, al que alguno comparó con la carpa del Gran Circo Mundial, y en su discutible gusto para vestir, que le hizo aparecer hoy en Las Ventas vestido de pobre.

Si comparásemos los metros cuadrados de percal del capote de  con los del capote de Luque, lo mismo vencía el de Gerena, que burla burlando ya lleva 19 años de alternativa, con toda la crítica queriéndole vender como uno de los grandes, que si Luque tal, que si Luque cual, que si qué gran capote el suyo (en esto no mienten, porque es un rato grande), y demás monsergas y adjetivos a tanto alzado como nos tienen acostumbrados. Y ante esos cantos de sirena, he aquí la verdad de los hechos desnudos: 66 muletazos en su primer toro, con la derecha, con la izquierda, otra vez con la derecha, como el baile de «la yenka», sin arrancar un solo ¡ole!, o al menos un ¡bieeennnn! del más acrítico y pastueño de entre las 22.964 almas que poblaban la plaza de toros. Y en su segundo se ha quedado a cinco pases de lo logrado en su primero, cobrando esta vez 61 pases y escuchando un aviso, con idéntico resultado artístico que en su anterior oponente. No obstante, se yergue como indiscutible triunfador de la tarde, con un total de 127 muletazos dados por aquí y por allá, sin darse importancia, como el que está en la oficina haciendo un crucigrama.

Ante los méritos de sus predecesores, Rufo no podía quedarse atrás y de manera muy motivada intentó llevar a cabo su hazaña personal en su primero, donde puso a funcionar su tauromaquia hortofrutícola, toreo de bancales y tomateras, logrando endiñar 65 muletazos al toro sin que el pétreo corazón de Las Ventas se conmoviese un ápice ni refrendase su labor con el más leve signo de aprobación. En su segundo, al que despachó con tan solo 40 muletazos tomó la decisión de buscar el abrigo de la solana y entendió que entre el tendido 5 y el 6 encontraría un poco de calor humano que animase sus cuatro decenas de pases. Así fue por momentos y las agradecidas gentes, que por fin veían un poco de cerca al torero y al toro vitorearon con generosidad los ventajistas muletazos que nacían de las manos del toledano hasta que aquello se fue enfriando hacia el pase 23 porque aquello no iba a más. Luego la cosa se atascó con la espada y los descabellos y le tocaron otro aviso, que con el que le dieron en el primer toro suman dos y que sumados al de Luque y a los 4 de ayer hacen 7 avisos en dos días de Feria.



ANDREW MOORE


FIN

PALCO 16 - 2ª SAN ISIDRO.- La pelea de Naranjito y Cía / por Jorge Arturo Díaz Reyes


Luque con “Naranjito”, el 2°. Foto: Las Ventas

'..Y en el ruedo los cinqueños santacolomas de La Quinta, bellos, parejos, en sus 552 kilos promedio, entipados, encastados, incomprendidos y menospreciados. En tres diferentes versiones del menosprecio.

PALCO 16 - 2ª SAN ISIDRO
La pelea de Naranjito y Cía

Jorge Arturo Díaz Reyes
CrónicaToro / Madrid 9 V 2026
Toda la gama climática sobre la plaza llena para la segunda de feria. Preámbulo lluvioso con ruedo espejeante. Faltando un cuarto para la hora, sol y claro azul, que se nubló, despejó, se volvió a nublar y todo agitado por un viento cada vez más helado. Primavera.

Y en el ruedo los cinqueños santacolomas de La Quinta, bellos, parejos, en sus 552 kilos promedio, entipados, encastados, incomprendidos y menospreciados. En tres diferentes versiones del menosprecio. Más chocante, la del cabeza de cartel, Miguel Ángel Perera, quién entre precauciones y demostraciones de no querer estar, dejó ir al más noble de la corrida. “Prisionero”, el que abrió. Le cedió el sitio, la iniciativa y el mando, en un largo desencuentro. Para finalizar en medio de la bronca de los contribuyentes, con un bajonazo insultante y siete golpes de cruceta con desarme incluido.

Con el cuarto “Rompecapa” la cosa empeoró. De salida le quitó el capote y lo hizo acaballar en la barrera y jalear al banderillero Daniel Duarte que le quitó el toro y se lo llevó a los medios entre oles. Para colmo, se arrancó pronto y de largo a las dos varas contra las que peleó con celo y riñones bajo la ovación estruendosa. Ovación que alcanzó hasta para Juan Melgar el atinado picador. De pase en pase, bajo la protesta pública, llego hasta los dos pinchazos, la estocada desprendida y la bronca que le acompañó más allá de las tablas.

Luque atercó y se alargó, hasta el cansancio y el aviso, en mostrar los problemas que le planteó el indescifrado quinto. Como es él, yomemando, desoyó las muchas peticiones de cortar por lo sano y siguió y siguió sobando. Honestidad torera, irrenunciabilidad, lidia prolongada dirían unos, los que le aplaudieron. Extravió del punto final, pensarían los otros, los del rabioso tatatá. Por fin, tras el clarinazo de advertencia, un pinchazo hondo, desespero peonil por derribarlo a trapo, un desarme con el capote de diadema como un trofeo y un solo descabello, lo más acertado de todo.

Con el segundo, “Naranjito”, que protagonizó dos primeros tercios de gran conmoción, arrancándose cuatro veces pronto y de muy largo al caballo de Jabato. Repuchándose, las primeras tres, cierto, pero creciéndose a la cuarta, con el mérito que destacaba Victorino (padre) en los bravos, cuando ya saben que duele. Luego atacó alegre a Contreras y Arruga, que lo honraron desmonterándose. Valga decir que Blasco y Sánchez los emularon con el bravo sexto. Daniel presintió el triunfo, lo brindó a la clientela, pero el quinteño dijo no, se aburrió, pasó sin convicción, y echando la cara arriba. Pinchazo, espada vertical y descabello.

Tomás Rufo ya tiene oposición propia en Las Ventas, más que señal de categoría, un honor que han conseguido no pocos grandes en la historia. Pero al toledano le castigan esa su tauromaquia de alto consumo en otras plazas, que más que ir a la medida del toro impone un libreto, más formal que canónico. Alardes, tiempos muertos, lejanías…, pero no es unánime, Bueno, en Madrid nada lo es. También con él contrapuntearon duro, palmeros y chifladores, En especial durante la lidia del encastado y noble “Carretero” que cerró plaza. Se fue ovacionado tras echarse después de una estocada desprendida y tres intentos fallidos de descabello. Qué pesar de la virtuosa corrida de La Quinta.

  • FICHA DEL FESTEJO
Madrid. 2ª de San Isidro. Nubes y claros, ventoso y fresco. Piso encharcado y pesado. No hay billetes. 24.000 almas. Dos horas y cuarto de función.

Seis toros de La Quinta (Álvaro Martínez-Conradi)

Miguel Ángel Perera, silencio y pitos.
Daniel Luque, silencio y silencio tras aviso.
Tomás Rufo, silencio tras aviso en los dos.

Pares de mérito de Juan Contreras, Jesús Arruga, Sergio Blasco y Fernando Sánchez. Los cuatro saludaron.