Del toro al infinito
“el nacimiento de la Fiesta coincide con el nacimiento de la nacionalidad española y con la lengua de Castilla……… asi pues, las corridas de toros…….. son una cosa tan nuestra, tan obligada por la naturaleza y la historia como el habla que hablamos.”. R. Pérez de Ayala
la suerte suprema
Pepe Bienvenida / La suerte suprema
jueves, 4 de junio de 2026
San Isidro'26. Fiesta de corrales para tarde de gayolas y la tauromaquia más pueblerina que concebirse pueda, con Garrido, Martín y Navalón (con perdón). Márquez & Moore
Feria de San Isidro. Las Ventas arrastra un serio problema / por Antonio Lorca

Antonio Lorca
- Montalvo / Garrido, Martín, Navalón
Los angelitos de la Guerra Civil
MADRID/ 23ª San Isidro Variedades / por Jorge Arturo Díaz Reyes
El extremeño José Garrido, vio devuelto su débil primero y reemplazado por un cuatreño negro de 625 kilos, al cual recibió de rodillas con cinco verónicas y media, otra de pie y una larga. Tras brindar al público explotó la fijeza suave, muy en corto tal vez innecesariamente, pues por bajo, templado, largo, obedecida sin glosas. La estocada completa delantera con gran hemorragia bucal deslució la faena, y la oreja concedida por voto popular tuvo alguna justificada sonora oposición
Con el cuarto se fue a portagayola, en el tercio, hay que anotarlo en esta época de largas en los medios que se tiene por tales. Le salió limpia y seguida por cuatro verónicas y media esta sí en el platillo. El muleteo no alcanzaba a sintonizar del todo, por el andar mortecino y servil del Montalvo. Sin embargo, la media espada tendida y trasera, el aviso y los dos golpes de cruceta fueron espléndidamente pagados con un saludo cuestionado.
Ismael Martín, el suizo de nacimiento, trajo aires festivos a Las Ventas, tan poco dada a ellos. A la gayola con sus dos toros, variado con la capa y espectacular en banderillas en sus dos tercios. El primero rematado con un gallego a cuerpo limpio toreando hacia atrás con la mano en la testuz largamente bajo la ovación, Con la muleta, su gestión vino a menos en la medida que la tonta sosería del toro aumentaba. Pero ya tenía la gente cautivada con su personalidad y entusiasmo y apuesta, de tal manera que cuando la estocada desprendida actuó, le pidieron la oreja muchos, pero don Pedro Fernández Serrano no se atrevió a tanto. En fin, el saludo sí fue unánime.
Con el quinto se creció, portagayola, siete verónicas y revolera. Coge los palos y echa otro tercio de ovaciones con dos sesgos de impacto, y un tercer par, evocando al Soro a la moviola, corriendo hacia tras, pero con el toro pegado a su cintura, hasta que lo paró con los palos. Ole. Y la plaza de pie a grito pelado. Con la muleta echó cal y arena en proporciones iguales. Naturales y derechazos plausibles hasta la cogida que permitió, con enganchones y perdidas de terreno. Pero todo respaldado por una sincera y veraz decisión. Cómo sería, que el pinchazo y la estocada baja con que mató no fueron óbice para una vuelta de mucha fiesta.
El valenciano Samuel Navalón, contrastó con su vocación por la lentitud, el temple, la planta quieta, el cuerpo a plomada y la ligazón, aunque por momentos, picado quizá por la fogosidad de sus alternantes, se dejó arrastrar al tremendismo de la gayola y el toreo postrado. Pero evidente que no es lo suyo. El parece querer ir por los caminos del arte. Bien hace, sus maneras y naturalidad lo sustentan.
Su lote fue opuesto, el tercero noblote y blando no contagiaba. Tras una estocada avisada, salió a saludar espontáneamente, error craso. El sexto fue quizá el mejor de la corrida pues su colaboracionismo era más entusiasta. Y Samuel lo lució de rodillas y de pie, acompasándose con tandas cortas, apegadas que incluso llegaron a la cogida, y no por culpa del alma mía del toro, Sin sangre, por fortuna. Una estocada laboriosa, arriba, de tardo efecto, motivó dos avisos, pero al fin el saludo estuvo bien para todos.
La tarde tuvo un gran mérito, la competencia de tres tauromaquias distintas, en una época en que todos parecen querer hacer lo mismo.
- FICHA DEL FESTEJO
Madrid. Miércoles 3 de junio 2026. Plaza de Las Ventas. 23ª de San Isidro.
Sol 32ºC. Tres cuartos de aforo. Ocho toros, seis de Montalvo, 1º bis de Casa Toreros, y 5º bis de Fermín Bohórquez, en conjunto dispares, dóciles y blandos.
José Garrido, oreja y saludo tras aviso.
Ismael Martín, saludo tras petición y aviso, y vuelta tras aviso.
Samuel Navalón, saludo y saludo tras dos avisos.
San Isidro/26: Cambios y ¡a por todas! / por Antolín Castro

Florentino Pérez, el principal activo del club / por Ricardo Ramos Neira


miércoles, 3 de junio de 2026
El Floyd del que no tendrán noticia / por HUGHES
Vickrum Digwa contó a su familia, encubridora, que había sido objeto de una agresión racista y eso le hicieron saber a los policías cuando se personaron en el lugar donde Nowak, en el suelo, repetía que le habían apuñalado. «No lo creo, amigo», contestaba el policía.
El vídeo impresiona. Mientras Nowak agoniza, los policías, a los que sólo falta comerse un donut, lo tratan con una mezcla de frialdad y burocratismo. «No puedo respirar», repite mientras le esposan.
«Tenemos que comprobarlo», pero cuando lo hacen, Nowak ya ha muerto.
La noticia es un escándalo en Inglaterra, pero incluso en quienes la tratan como algo más que «otro problema con los cuchillos» el enfoque es asombroso. Hasta la indignación aparece ya reeducada. Lamentan la negligencia policial, un nuevo ejemplo de sistema de dos niveles: dureza para unos, blandura para otros.
El asesino justificó su crimen por el racismo sufrido, y la policía le creyó. El «no puedo respirar» de Nowak no se ha hecho mundialmente famoso como el de Floyd porque a los policías no se les puede acusar en ningún caso de racismo. Es un «no puedo respirar» al «antirracismo». Los agentes creyeron al inglés de origen sij por principio, por un adoctrinamiento previo condicionado, precisamente, por el Efecto Floyd: la eficacia profesional cede al miedo a parecer racista.
Ante la duda, e incluso ante el riesgo de muerte, se cree al que no es de aparente origen inglés.
Uno de los dos agentes ha dimitido, y en cierto modo, si lo miramos bien, se ha protegido: se le podrá acusar de muchas cosas, algunas muy malas, pero no de racismo. Las otras acusaciones las podrá superar, la de racismo difícilmente.
Las cosas más extraordinarias hace ya tiempo vienen del Reino Unido. Se dirá que es la deriva woke, pero tampoco será cierto. Es un woke derivado del Estado Inmigratorio.
Y siendo importante esta falla del Estado en su expresión policial, lo grave sigue siendo lo anterior, aquello que lo origina. ¿Por qué un joven inglés tiene que cruzarse, a las once de la noche de un día de diciembre, con un individuo armado que puede matarlo solo por no interpretar la multiculturalidad a su gusto? ¿Por qué cruzarse con alguien cuya religión le permite ir armado o alguien tan claramente trastornado por la experiencia poscolonial, sin duda difícil, de ser un ingles sij?
En el mejor de los casos, Inglaterra señalará a su policía, ideologizada por el antirracismo, que en la práctica es racismo antiblanco, pero lo grave seguirá siendo la transformación traumática de la población de un país.
Si no se muestra suficiente entusiasmo multicultural ante el hecho, sin duda excitante, de cruzarse por la noche con un individuo armado exóticamente, puede uno morir acuchillado como un perro y la policía del país, sufragada con impuestos de tu familia durante generaciones, dudar de ti mientras agonizas imputándote, sin prueba alguna, una agresión racista, solo por ser blanco, por prejuicio, de modo que, por serlo, se es ya culpable.
Sin embargo, la politizada ineficiencia de la policía y la escandalosa deriva del Estado inglés, empeñado en reprimir las muestras de disconformidad, son lo menos importante.
La clave del asunto no es cómo reprime el gobierno inglés la libre expresión de los descontentos, o cómo, ante las rencillas multiculturales, prefiere optar por la parcialidad «antirracista», o sea, ser acusado de racismo contra los ingleses antes que de racismo xenófobo; lo fundamental es la transformación de la realidad de un país con el riesgo añadido para sus nacionales. Si yo fuera un familiar de Nowak, me preguntaría si no eran ya bastantes las maneras típicamente inglesas de morir.


















