la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

miércoles, 9 de septiembre de 2026

AMÉRICA - EUROPA 2026: "COLOMBO CONQUISTA ATÚN DORADO" DE LA VIRGEN DEL PUERTO DE SANTOÑA.

La excelsa mano izquierda de El Cid y el arrollador arsenal de Colombo en Santoña
Toros de Antonio Bañuelos para Manuel Jesús "El Cid", Manuel Escribano y Jesús Enrique Colombo

El joven diestro venezolano Jesús Enrique Colombo ha sido galardonado con el máximo trofeo disputado en Santoña (Cantabria) en honor a la Virgen del Puerto: el Atún de Oro también va a la colección de trofeos del diestro sudamericano, quien ya empieza la celebración de su efeméride de natalicio septembrino...

EL CID Y COLOMBO A PUERTA GRANDE, ante la Virgen del Puerto de Cantabria en Santoña, con sabor a atún dorado para el venezolano.

​EDUARDO RAVELL*
Notiferias.com / Mérida-Venezuela, 8 Sep. 2026
​Tras una ligera lluvia, ha sido una nueva Puerta Grande para el diestro venezolano J. E. Colombo, quien hizo el paseíllo junto al veterano diestro sevillano (Salteras) Manuel Jesús "El Cid", quien ha estado en un gran regreso al cortar dos orejas tras ser ovacionado en su primero. ​Manuel Escribano: silencio y oreja. 

Y otra tarde de ensueño para el diestro oriundo de San Cristóbal del Táchira, J. E. Colombo, quien cortó las dos orejas de su segundo ejemplar, sexto del lote, tras haber cuajado a su primero (tercero en salida). Pero el toro negro número 39 se fue apagando tras haber humillado en las primeras embestidas; Colombo lo exprimió de uno en uno, dejando una estocada firme que le valió para una cálida ovación.

OTRO CARTEL CON TERNA DORADA EN BANDERILLAS. Antonio Ferrera, El Fandi y J. E. Colombo en Villarrubia de los Ojos (Ciudad Real) 🇪🇸, toros de Pallarés, sábado 12 de septiembre. / Foto cortesía Jorge Luis Ramírez.

​En su segundo, número 23, negro mulato, lo metió en su poderosa muleta y por ambos pitones levantó al aforo (tres cuartos largos). Una faena muy completa, bien cuajada, y con un soberbio espadazo se alzó en volandas con las dos orejas, por lo que el jurado lo dictaminó como triunfador del festejo en honor a la Virgen del Puerto de Cantabria.

​El encierro de Antonio Bañuelos llevó a la plaza santoñesa un lote de ejemplares de irreprochable presentación, con suficiente lámina y edad (cuatro años).

COLOMBO Y SUS MIURAS DEBUTAN en Muro de Mallorca, Islas Baleares, el domingo 13 de septiembre. / Cortesía Jorge Luis Ramírez.

El venezolano prepara un nuevo vuelo a Perú, donde le esperan la ciudad de Canta y Villarrubia, para retomar el regreso a España, donde el domingo 13 de septiembre lidiará su segunda miurada en Muro de Mallorca 🇪🇸, en corrida mixta mano a mano junto a Damián Castaño y el rejoneador Ferrer Martín.

*Eduardo Ravell
​COLUMNISTA TAURINO DEL DIARIO PICO BOLÍVAR DE MÉRIDA / LOCUTOR PRODUCTOR DE LA PAUTA DE FERIA ACTIVA 103.5 FM DEL CIRCUITO RADIAL LÍDER DE VENEZUELA

Ceuta nos obliga a reiniciar España / por José Javier Esparza


'..La crisis de Ceuta nos pone ante el espejo de nuestro propio colapso. El Estado inerme es la consecuencia inevitable de la nación ausente. De este trance no se podrá salir con un simple cambio de Gobierno..'

Ceuta nos obliga a reiniciar España

La crisis de Ceuta ha hecho que millones de españoles descubran algo que hasta ahora, tal vez por inercia, se negaban a ver: la quiebra del Estado en España. Si un enemigo te puede perforar las fronteras para meterte dentro ochenta mil personas sin que hayan funcionado los avisos de tus servicios de información, sin que la policía o el ejército hayan podido custodiar la frontera, sin que tu Gobierno haya reaccionado en defensa del interés de los ciudadanos y, al revés, se haya puesto a trabajar en favor de los invasores, y sin que tus aliados internacionales hayan levantado una ceja, entonces es que tu Estado, sencillamente, ha dejado de funcionar. Cuando una cosa así ocurre, la reacción instintiva es culpar al Gobierno, que, efectivamente, en este caso ha contraído una responsabilidad que roza la traición. Pero para entenderlo mejor todo, conviene ampliar un poco el foco. Porque aquí el problema no se limita a un Gobierno felón sometido al enemigo por pactos inconfesables.

Un Gobierno, al fin y al cabo, sólo es un Gobierno y, en teoría, el Estado tiene instrumentos legítimos capaces de enmendar la situación. Es decir que un «caso Pegasus» podría hundir a un Gobierno, pero no tendría por qué derribar todo el edificio. Aquí, sin embargo, ha fallado todo: las fuerzas policiales, capadas por una cúpula corrupta; las fuerzas armadas, maniatadas por una dirección política entregada a intereses transnacionales; la jefatura del Estado, reducida a un mero ornamento decorativo (eso sí, muy alto); el Parlamento, sometido de manera extravagante a una coalición de partidos minoritarios que han hecho de la desaparición de España su objetivo programático manifiesto. Sólo en los tribunales parece haber cierta resistencia, pero ésta disminuye a medida que se asciende hacia la cumbre de la pirámide. 

Si miramos hacia los poderes informales, la situación no es mejor: una élite económica del todo entrelazada con la élite política y con frecuencia globalizada, una élite mediática masivamente convertida al discurso desnacionalizador, una Iglesia que cree hallar su salvación en la atención al extranjero antes que en la evangelización del prójimo… En líneas generales, el paisaje que la crisis de Ceuta nos deja es el de un Estado –todo él– incapaz de reaccionar ante una agresión exterior. La pregunta es por qué. Y la respuesta, seguramente, es porque ya ha perdido el sentido de lo nacional y, por tanto, no es capaz de valorar la agresión con toda la gravedad que merece. En efecto, ¿qué importancia tiene un atentado contra la nación cuando ya has perdido el sentido de la nación? El sentimiento nacional permanece, más o menos, en la calle, en el pueblo, en parte de la sociedad, pero parece haberse desvanecido por completo en el ámbito de los responsables públicos. Si el pecado mayor del sistema de 1978 es haber tratado de construir una democracia sin nación, como dice José María Marco, entonces la crisis de Ceuta ha venido a poner de manifiesto las consecuencias de esa desnacionalización. Al cabo de medio siglo, España puede romperse con la connivencia de los que deberían asegurar su unidad.

Hay pocos ejemplos más gráficos de este proceso de desnacionalización que nuestras Fuerzas Armadas; sin duda no en el ánimo personal de quienes abrazan la carrera de las armas, pero sí en la realidad material de unos ejércitos que alardean de sus éxitos en Estonia, Rumanía o el Índico mientras son incapaces de proteger las fronteras nacionales, que es en realidad su única misión constitucional y vocacional. Pero en esto nuestros ejércitos no han corrido distinta suerte que los demás resortes del país: un abastecimiento energético dependiente de políticas dictadas desde el exterior, una economía subordinada a intereses ajenos, una política exterior sometida a otros agentes, una política cultural abiertamente endofóbica y disgregadora, una política interior determinada por el juego partitocrático de clanes de poder que no retroceden ni siquiera ante los enemigos confesos del país… El mero hecho de la existencia de un personaje como Pedro Sánchez, y su insólita permanencia en el poder, sólo puede entenderse en el contexto de un Estado que ha renunciado a ser nación y que, por consiguiente, puede someterse a todo género de influencias tóxicas para el interés nacional. Desde esta perspectiva, el movimiento de la invasión de Ceuta es complementario del movimiento de ruptura de la unidad nacional por el separatismo: en ambos casos se trata de efectos de la desnacionalización de la democracia española, y en ambos casos el Estado ha demostrado su incapacidad para frenarlo.

La crisis de Ceuta nos pone ante el espejo de nuestro propio colapso. El Estado inerme es la consecuencia inevitable de la nación ausente. De este trance no se podrá salir con un simple cambio de Gobierno. Hace falta un replanteamiento completo del país, de lo que somos como comunidad política y de nuestra posición colectiva en el mundo. Volver a la conciencia de lo nacional después de medio siglo de desconstrucción de la nación española. Reiniciar España es eso. Y necesariamente ha de tener mucho de revolución.

martes, 8 de septiembre de 2026

Villaseca: El venezolano Rafael de la Cueva deja su toreo al natural en una compleja novillada de Alcurrucén / por Ángel Estévez

Rafael de la Cueva, del Táchira-Venezuela

Villaseca de la Sagra celebró este lunes la quinta novillada con picadores del XXVI Alfarero de Oro, en la que se lidiaron seis novillos de Alcurrucén para una terna formada por López Peregrino, Juan Alberto Torrijos y Rafael de la Cueva.

Decepcionante novillada de Alcurrucén en la que solo embistió de verdad el tercero, al que cuajó al natural Rafael de la Cueva, que terminó su tarde muy quejoso del hombro izquierdo, visiblemente lesionado. López Peregrino mostró mucho oficio y detalles de torería con un lote de muy pocas posibilidades, mientras que Juan Alberto Torrijos desplegó mucha firmeza y gran dimensión con dos novillos de mal estilo. De la novillada de Alcurrucén, destacar el buen tercero, que tuvo un buen pitón izquierdo.

Así hemos narrado en directo el festejo:


«Uno no es español del todo hasta que no conoce y ama a Hispanoamérica»: Miguel de la Quadra-Salcedo

 

'..Miguel de la Quadra-Salcedo (Madrid, 1932-2016) fue un explorador, periodista y aventurero que consagró su vida a recorrer América Latina y a acercar a los jóvenes españoles e iberoamericanos a ese continente..'

Miguel de la Quadra-Salcedo, famoso aventurero: «Uno no es español del todo hasta que no conoce y ama a Hispanoamérica»

Naiara Philpotts*
Miguel de la Quadra-Salcedo (Madrid, 1932-2016) fue un explorador, periodista y aventurero que consagró su vida a recorrer América Latina y a acercar a los jóvenes españoles e iberoamericanos a ese continente.

Su convicción de que «uno no es español del todo hasta que no conoce y ama a Hispanoamérica» atravesó toda su trayectoria y se convirtió en el eje de su obra más perdurable, la Ruta Quetzal.

¿Quién fue Miguel de la Quadra-Salcedo, el aventurero y reportero de Hispanoamérica?

Miguel de la Quadra-Salcedo fue atleta olímpico, prospector de oro, operador de cámara en los Andes, conductor de camiones en las rutas andinas y reportero en selvas, desiertos y montañas. Recorrió el continente americano de California hasta Tierra del Fuego, documentando culturas, geografías y comunidades indígenas con una mezcla de rigor periodístico y espíritu de aventura.

Nacido en Madrid en 1932, desarrolló desde joven una vinculación intensa con América Latina que marcaría toda su vida profesional. El periodista Antonio Pérez Henares, uno de los que más de cerca le conoció, le dedicó una biografía titulada El último explorador, que recoge su trayectoria y el sentido de su empresa vital.

Al morir en Madrid en 2016, recibió a título póstumo la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio. En vida, la Junta de Extremadura le había concedido la Medalla de Extremadura en 2012.

¿Qué fue la Ruta Quetzal, la obra de la vida de Miguel de la Quadra-Salcedo?

La Ruta Quetzal fue un programa de expediciones científicas y culturales que Miguel de la Quadra-Salcedo dirigió entre 1979 y 2016, bajo diferentes nombres: Aventura 92, Ruta Quetzal Argentaria, Ruta Quetzal BBVA y Ruta BBVA. Durante ese tiempo, organizó 31 expediciones por América Latina que siguieron las rutas de los exploradores y descubridores de los siglos XV y XVI.

En sus expediciones participaron más de 10.000 jóvenes de 57 países, unidos por la lengua española y por la experiencia de recorrer juntos el continente. El programa combinaba la exploración geográfica con la investigación científica y el encuentro cultural entre jóvenes de ambas orillas del Atlántico, según recogen los Coloquios Históricos de Extremadura en su estudio sobre las expediciones científicas españolas a América.

¿Qué enseñó Miguel de la Quadra-Salcedo sobre España e Hispanoamérica?

La frase que da título a esta nota condensa una idea que Miguel de la Quadra-Salcedo practicó durante toda su vida. Para él, España y América Latina formaban parte de una misma experiencia cultural y conocer una era condición para entender la otra. El vínculo con Hispanoamérica era para Miguel un componente central de la identidad española.

Su trabajo en la Ruta Quetzal transmitió esa idea de forma concreta, al llevar a miles de jóvenes a recorrer los mismos caminos que los exploradores del siglo XVI, para que regresaran con una comprensión distinta de lo que es ser español en el mundo.

El escritor y periodista Antonio Pérez Henares recuerda en Canal Literatura que Miguel le enseñó esa misma convicción, la de que no se era español del todo hasta que no se conocía y amaba Hispanoamérica. Las expediciones de Miguel llevaron esa idea a la práctica durante más de tres décadas.

Aunque la cita se atribuye popularmente al poeta Federico García Lorca («El español que no conoce América no conoce España»), muchos afirman que Quadra-Salcedo era quien repetía esta afirmación como su propia filosofía de vida, inspirado por el amor al continente americano y la necesidad de entender a España desde sus vínculos con Hispanoamérica.

*Naiara Philpotts @NaiiPhilpotts / okdiario
Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

El editorial más triste de un 8 de septiembre: Traficar con el toreo


'..el día en que resulte más rentable bloquear una corrida que organizarla, recurrir una plaza que llenarla o convertir una fiesta patronal en una ficha dentro de una negociación, habremos cruzado una frontera peligrosísima..'

El editorial más triste de un 8 de septiembre: Traficar con el toreo
Toreo y tráfico son dos palabras que deberían resultar incompatibles. No deberían poder usarse en la misma frase. Porque traficar es convertir algo en mercancía, utilizarlo para obtener una ventaja, hacerlo circular no por lo que representa, sino por lo que puede reportar. Y el toreo, precisamente el toreo, nació en el extremo contrario: en el territorio de la verdad, del riesgo, de la palabra dada y de una liturgia en la que durante siglos hubo cosas que sencillamente no estaban en venta. Sin embargo, traficar con el toreo se ha convertido en una nueva actividad. Lícita, quizá. Pero profundamente discutible desde la ética y desde la moral de la propia Tauromaquia.

Hoy es 8 de septiembre. Basta mirar el mapa de España para entender lo que significa esta fecha. Pueblos enteros celebran a sus patronas, las plazas se llenan, las bandas despiertan las calles, los toros vuelven a convertirse en punto de encuentro de generaciones. Junto al 15 de agosto y las grandes fechas de mediados de septiembre, estamos ante uno de esos días en los que se comprende que la Tauromaquia no pertenece solamente a las grandes ferias. Pertenece también a los pueblos. Quizá, sobre todo, a los pueblos. Y precisamente por eso resulta especialmente doloroso escribir hoy sobre quienes han descubierto que el toreo puede utilizarse también para otros menesteres.

Porque una cosa es ser empresario taurino y otra muy distinta descubrir que alrededor de la contratación pública taurina existe un terreno donde también se puede jugar sin organizar una corrida. Recurrir un pliego es un derecho. Impugnar un concurso es un derecho. Acudir a los tribunales cuando una Administración vulnera unas bases es un derecho. Y conviene dejarlo escrito con claridad. Lo que merece otra consideración es convertir sistemáticamente esos instrumentos en una forma de presión, desgaste, bloqueo o negociación. Cuando el objetivo deja de ser conseguir una plaza para organizar toros y el verdadero valor de la posición adquirida reside en la capacidad de impedir que otro los organice, hemos cambiado de negocio.

Eso es traficar con el toreo. No hacen falta callejones oscuros ni paquetes escondidos. La mercancía es otra. Aquí se trafica con fechas, pliegos, recursos, cautelares, adjudicaciones, silencios, retiradas y acuerdos. Se adquiere una posición jurídica y después esa posición tiene un valor. El toro ya ni siquiera tiene que salir de chiqueros. Basta con que exista la posibilidad de que no salga. Y ésa es probablemente la perversión más grande de todas: haber descubierto que impedir una corrida puede llegar a proporcionar tanto poder como organizarla.

Lo vimos esta misma temporada en Zaragoza, cuando la paralización del concurso de La Misericordia dejó el 23 de abril, una de las fechas simbólicas de Aragón, en mitad de un laberinto administrativo. Entonces escribimos en estas mismas páginas sobre «la envolvente»: movimientos alrededor de una plaza pública, sociedades recién constituidas, intereses cruzados y propuestas que aparecían aprovechando cada rendija que dejaba abierta el procedimiento. Aquello no era solamente una pelea por Zaragoza. Era la fotografía de algo mucho más preocupante: el extraordinario valor que ha adquirido el conflicto administrativo dentro del negocio taurino.

Y hay algo todavía más hiriente. En alguno de estos movimientos aparecen personas que han vestido de luces. Personas que saben lo que cuesta llegar a una plaza, lo que significa que un pueblo conserve sus toros y lo que supone para un compañero perder una tarde. Que alguien que ha conocido la pureza del patio de cuadrillas pueda terminar utilizando el propio espectáculo como arma contra el espectáculo encierra una contradicción difícil de digerir. Delante del toro se exige ir de frente. Resulta curioso que alrededor del toro haya quienes hayan aprendido a caminar siempre de costado. Así como caminan, por cierto, los toros que quieren tirar la piedra y esconder la mano.

No hablamos, además, únicamente de aventureros periféricos. También dentro de la gran empresa taurina existe la tentación de utilizar una plaza, un recurso o una posición administrativa como moneda en la batalla contra el competidor. Y ahí el asunto se vuelve todavía más grave. Porque cuanto mayor es el empresario, mayor es su responsabilidad. Quien maneja plazas importantes no administra solamente una cuenta de resultados: maneja una parte del patrimonio cultural de la Tauromaquia. Puede competir, naturalmente. Debe competir. Puede defender sus intereses hasta el último céntimo. Pero existe una frontera entre competir para dar más y mejores toros y utilizar el sistema para que el otro no pueda darlos.

Quizá por eso convenga mirar hacia atrás. No para idealizar un pasado que también tuvo guerras empresariales feroces —las tuvo, y algunas memorables—, sino para recordar qué significaba ser empresario de toros. Los Chopera, Canorea y tantos otros nombres que construyeron el mapa empresarial del siglo XX discutieron, arriesgaron, ganaron muchísimo dinero y también lo perdieron -eso mucho menos, claro-. Hubo pulsos, exclusivas, vetos, guerras de despachos y enfrentamientos de enorme dureza. No eran santos. Eran empresarios. Pero la grandeza del empresario se medía finalmente en una cosa muy sencilla: en la corrida que era capaz de poner en la calle, en el cartel que conseguía rematar y en la gente que llevaba a la plaza.

Aquella generación entendió algo elemental que hoy parece haberse olvidado: el empresario taurino existe para dar toros. Puede y debe ganar dinero con ellos —faltaría más—, puede construir un imperio alrededor de ellos y puede combatir ferozmente a su competencia. Pero cuando el negocio empieza a encontrarse en que otro no pueda darlos, la profesión cambia de naturaleza. Entonces ya no se comercia con el espectáculo: se comercia con su ausencia.

Y mientras tanto, al otro lado del expediente hay un pueblo. Esto es lo que demasiadas veces se olvida. Detrás de cada recurso no hay solamente una Administración, una empresa adjudicataria y otra recurrente. Hay aficionados que llevan un año esperando sus fiestas. Hay peñas. Hay bares y restaurantes que hacen una parte importante de su temporada esos días. Hay novilleros que necesitan una oportunidad, banderilleros que necesitan trabajar, ganaderos que necesitan lidiar, transportistas, músicos, veterinarios, areneros, taquilleros y familias enteras que viven directa o indirectamente del espectáculo. Joder un festejo no es joder a un competidor. Es mucho más que eso. Y por eso es importante también que haya periodistas que estén deseando trabajar. Porque también viven del toro que sale a la plaza y les resulta muy problemático que haya quien gane con que no salga.

Naturalmente, una Administración que hace mal un pliego debe responder por ello. Y una empresa perjudicada tiene todo el derecho del mundo a defenderse. La Tauromaquia tampoco puede pedir que sus concursos públicos vivan fuera de la ley. Sería absurdo. Pero precisamente porque los mecanismos legales son necesarios, utilizarlos como palanca de presión resulta especialmente dañino. Una herramienta concebida para garantizar la limpieza del procedimiento no debería terminar convertida en una especialidad empresarial.

Y existe otro fenómeno inquietante: personajes que orbitan alrededor de plazas sin que resulte sencillo encontrar detrás una estructura empresarial proporcional a las operaciones que pretenden protagonizar. Sociedades que aparecen, administradores que se repiten, nombres que no siempre coinciden con quienes realmente mueven las piezas. Todo puede ser perfectamente legal. Pero la legalidad es el suelo, no el techo de la decencia. En un mundo que presume de valores como la verdad, el valor, la palabra y el respeto, debería exigirse algo más que tener un papel jurídicamente correcto.

Ésa es la cuestión de fondo. No todo lo legal es taurino. Como tampoco todo lo rentable es honorable. Se puede ganar un recurso y perder el respeto. Se puede encontrar una grieta impecablemente legal y hacer un daño enorme a la Fiesta. Se puede tener razón en un expediente y estar equivocado en la manera de entender el toreo.

Hoy, 8 de septiembre, mientras España vuelve a oler a albero en decenas de pueblos, merece la pena preguntarse qué modelo queremos. Si el de quienes buscan una plaza para abrir sus puertas o el de quienes encuentran valor en poder cerrarlas. Si queremos empresarios que arriesguen para crear carteles o especialistas en adquirir posiciones desde las que negociar. Si queremos volver a admirar al empresario capaz de levantar una feria imposible o acostumbrarnos al operador que considera un éxito que el rival no pueda celebrarla.

El toreo soporta muchas cosas. Lo que difícilmente puede soportar es que quienes viven de él descubran que también pueden vivir contra él. Porque el día en que resulte más rentable bloquear una corrida que organizarla, recurrir una plaza que llenarla o convertir una fiesta patronal en una ficha dentro de una negociación, habremos cruzado una frontera peligrosísima. De hecho, si estamos escribiendo estas líneas es porque esa línea ya se ha atravesado. Y no una vez, como hecho aislado. Eso carecería de importancia. Y tenerla… la tiene.

El toro ha sido mercancía desde hace siglos. Se compra y se vende. También las entradas, los derechos y los contratos. Lo que nunca debería ponerse en venta es el propio derecho del toreo a existir. Porque con el toro se puede comerciar. Con el toreo, no se debería traficar. Si queremos que siga existiendo…

Del enemigo, el consejo / por Sertorio

Soldados españoles contemplan sin mover un dedo cómo el enemigo entra a nado.
Órdenes son órdenes y los pobrecitos, además, ni siquiera tienen armas

“El rey está desnudo”. Pero nadie lo ve ni lo quiere ver hasta que un niño lo suelta ante todos. El niño que seguidamente lo suelta ya está crecidito y se llama Sertorio. Lo que nos lanza a la cara es la desnudez —atestiguada por la consentida agresión cometida por Marruecos— a la que nos arroja el sistema político y social denominado democracia.

Del enemigo, el consejo

Por Sertorio
Muchos de los que critican la agresión marroquí contra Ceuta señalan como principal pecado de la monarquía alauita el hecho de que no es una democracia. No hay opinador de guardia que no hable de la satrapía magrebí y de su autócrata con chilaba. Incluso en estas páginas todos hemos utilizado calificativos semejantes; el que suscribe es el primero en reconocer su culpa. Eso no quiere decir que el tirano marroquí no sea un déspota ni un azote de su pueblo, pero quizás por eso mismo Marruecos es fuerte y España, débil. La democracia ha reblandecido a España, la ha vuelto llorica, tonta, consentida, ignorante, caprichosa, paleta, enemiga de sí misma y, sobre todo, además de degenerarla y envilecerla, la ha afeminado. Marruecos, con su régimen autoritario, sin embargo, es mucho más fuerte y tiene un poder de decisión que en España es imposible de hallar. Y la soberanía es decidir, es capacidad de actuar, de ser agente de la historia y no su paciente. ¿Qué se puede esperar de un país que no se atreve a transportar al pasmarote del Borbón a una ciudad del reino del que tal estantigua es rey?

Alguien debió de abrir la puerta de la famosa valla, cuyas concertinas se pavonean grotescas en todo lo alto.

Si se ven las cosas con más cuidado y con menos pasión, con más distancia, podemos sacar conclusiones poco agradables. La primera impresión que ha causado el asalto de los sarracenos contra la traicionada Ceuta es la gran debilidad de España, su nula soberanía, la incapacidad de sus autoridades para hacer que se respeten las fronteras y las leyes internacionales, algo que, aunque nos parezca una exageración, es sagrado. El no tener los redaños para defender lo que bajo ninguna circunstancia se puede abandonar, se traduce en lo que ahora sufren los caballas y en lo que pronto, sin duda, sufriremos todos los españoles; porque no hay mayor “efecto llamada” que la demostración de debilidad y cobardía del Gobierno de Madrid. Posiblemente, una de las causas de la inhibición, de la incapacidad de actuar del gabinete español, estriba en el miedo a las imágenes de las fuerzas del orden reprimiendo a palos o a tiros la invasión: esas cosas no son propias de una democracia progresista y respetuosa no sólo de los derechos humanos, sino también de los derechos animales. Ante sus delicados electores feministas, animalistas y demás mariposones políticos, Sánchez puede presumir de que no ha habido violencia. La vida de los ceutíes se ha ido al carajo, la ciudad ha quedado arruinada y víctima de todo tipo de plagas que han traído los invasores, pero ningún magrebí ha sido apaleado por las fuerzas del orden. Al revés, han sido los militares quienes se han visto lapidados como si de bíblicas mujeres adúlteras se tratara. Todo ello, fruto de la decisión del Gobierno de que patrullen sin armas. Tan patética fue la cosa, que los soldados tuvieron que llamar al 112 al ser agredidos, como viejas asustadas por un exhibicionista. ¿Qué fue del “¡A mí la Legión!”? ¿Qué respeto pueden tener los moros por un ejército siempre dispuesto a poner la otra mejilla hasta que le salten las muelas a bofetadas? Porque los mojamés no se cortan, tiran la primera piedra y también la última, hasta dejarnos a todos descalabrados. Pocas imágenes más evidentes de la distancia que hay de un lado a otro de la frontera que la de la harka de kabileños que se llevó un pequeño delfín varado para hacer un buen espetón en las playas de la muy ecológica y animalista España. Cuando se acaben los delfines, nos tocará a nosotros.

“Ésta es la grandeza y servidumbre de la democracia”, nos dirán los progres de izquierdas y derechas. Reconozco que semejante frase suscita una pregunta: ¿es posible semejante bochorno en el reino de Mohamed VI? ¿Se imagina alguien al gobierno de Marruecos dando las gracias a Aznar por la reconquista de Perejil? ¿Quién se atreve a apedrear a los gendarmes del Majzén? ¿Qué nos pasaría en Marruecos si ofendiéramos a la bandera o al Islam? La respuesta la sabemos todos. Y habla en favor del reino alauí, no de la emputecida España, puta y tonta como nunca en su historia. Somos “uropeos” tolerantes, es decir: una chusma apátrida de modernos de pueblo, sin principios, sin cojones, sin Dios y sin el menor concepto del decoro. Y como la democracia liberal es el reflejo de la masa imbécil que ella misma moldea (políticos incluidos, of course), tenemos los partidos y los representantes que nos merecemos, la implacable selección a la inversa que ha hecho de los diecisiete parlamentos del país un muladar de los talentos. Los mejores, con razón, se abstienen de participar en este circo. Lógico y natural.

Eran, ni que decir tiene, otros tiempos, otros valores, otros hombres, otra España

Marruecos nos ha ganado la partida y nos seguirá humillando durante largo tiempo, y no sólo por la cobardía y la traición de la élite de iscariotes que domina España; también hay que reconocerle sus virtudes al enemigo. Y la fundamental es que no es una democracia plena; aunque tiene elementos democráticos, éstos son una vacuna, los anticuerpos que la defienden de ser como España; en Marruecos, el azote de los partidos políticos está bajo control y su capacidad de hacerle daño al Estado y a la nación está reducido a niveles mínimos. Hay elecciones por sufragio universal y se presentan formaciones de diverso pelaje, que pueden formar gobierno con mayoría parlamentaria y visto bueno del Rey, pero con una decisiva salvedad: los llamados “ministerios de soberanía”. Se trata de una serie de carteras en las que la mayoría parlamentaria no puede decidir nada sin el permiso del monarca y del Majzén, o sea, de una élite en buena medida hereditaria, compuesta por militares, religiosos, diplomáticos, altos funcionarios, empresarios y políticos veteranos, además de los príncipes de la casa real; los ministerios son: Interior, Asuntos Exteriores, Defensa, Asuntos Islámicos y Justicia. En estos departamentos los políticos no pintan nada. Un rufián, como Sánchez, o un piernas, como Patxi López, puede llegar a ser ministro de Deportes o de Turismo, pero jamás podrá cometer sus desmanes en la columna vertebral del Estado, directamente regida por el Majzén y donde los militares tienen una influencia cada vez mayor.

Este principio aristocrático es la base de las victorias marroquíes sobre la aturdida e imbécil España del régimen del 78; Al estar regida por una élite de especialistas y veteranos, la política exterior marroquí es, para empezar, soberana y dotada de una extraordinaria continuidad, muy fiable para sus aliados (España, aunque presuma de socio del Majzén, no es sino el  más tonto de sus enemigos), que siempre saben a qué atenerse. La diplomacia alauí tiene la vista y la paciencia muy largas, piensa con perspectiva histórica; nada que ver con el electoralismo, la inmediatez y los bandazos que se producen cada vez que los españoles cambiamos de piara gobernante. Además, la autoridad religiosa del rey permite mantener la tradición islámica del país bajo control, sin los curas rojos, sin los cardenales profanadores de tumbas, sin los obispos etarras, sin los seminarios repletos de bujarrones y sin las patochadas sinodales tan de moda en la que fue nuestra religión oficial. Por eso, pese a ser diez veces más pobre, Marruecos se impone a España porque tiene una voluntad política firme y continua en el tiempo; porque sus mujeres paren hijos y no se dedican a castrar gatos; porque la religión nacional está en pleno vigor; porque el ejército no sólo responde a las agresiones, sino que primero dispara y después pregunta; porque a los delincuentes se les da un buen escarmiento o se los manda a España a que los mimen; porque en los puestos claves del Estado siempre están los mejores. Y, sobre todo, porque han sabido contener la sífilis partitocrática y no son una democracia liberal.

Así, con sólo un leve repaso, parece que España es quien debe aprender de Marruecos. Y no al revés. Cosas veredes, Sancho…

lunes, 7 de septiembre de 2026

Madrid.- Última novillada del verano madrileño. Mix taurómaco de Plaza 1 / por Pepe Campos



Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.

Domingo, 6 de septiembre de 2026. Sexta novillada y última del verano madrileño. Ya en horario normal. 

Encierro de novillos de seis ganaderías (que fueron ocho). Novillos desigualmente presentados: algunos pobres de pitones. Nobles. Primero, de la ganadería de Guadajira (de sangre Domecq, vía Marqués de Domecq), acucharado y abierto de cuerna, noble y manso, flojo, manejable, dulce para el toreo de hoy. Segundo, de La Machamona (procedencia Santa Coloma, línea Buendía), cornicorto, terciado y largo, peleó en el caballo, manejable. Tercero, de Chamaco (origen Domecq, de Jandilla), pobre de pintones, manso y tardo. Cuarto, de José González (sangre Domecq), buena cuerna, fuerte y serio, áspero y recio. Quinto, sobrero de Couto de Fornilhos (procedencia Conde de la Corte y Atanasio), manso, alto, enmorrillado, sin cuello, pobre de pitones, abrochado y escobillado. Sexto, de José Cruz (origen Domecq, vía Daniel Ruiz), bien armado, sacó casta. Algo más de un cuarto de entrada. Tarde de verano avanzado entrada en calor.

Terna: Adrián Centenera, de Madrid; de catafalco y oro; veintiséis años; dos festejos en 2025; saludos tras un aviso y silencio tras un aviso. Tomás González de Alcorisa (Teruel), de purísima y blanco; veinte años; veintiún festejos en 2025 y nueve en 2026; silencio tras dos avisos y silencio. Andrés García, de Querétaro (México), de azul pavo y oro; con cabos blancos; veintitrés años; once festejos en esta temporada de 2026; saludos y saludos. Buenos terceros pares de Jesús García en el segundo y de Ángel Luis Carmona en el sexto.

Suerte de varas. Se puso a los novillos en suerte sin demasiado esmero. Por dar un juego más enrazado en la muleta elegimos la suerte de varas del cuarto novillo de la ganadería de José González, de nombre Alabastro. Fue a las dos varas, en la segunda mejor colocado para entrar en la suerte. Picado por el veterano Luciano Briceño que no estuvo muy acertado. La primera vara fue muy larga. Una puya bien cogida aunque de colocación trasera, tras lo cual le pegó al novillo, mientras sonaba el estribo y se acostaba, el animal al cabo salió suelto. En la segunda, también se fue atrás el hierro, rectificó mientras tanto, y el novillo al sentir el hierro de nuevo y trasero salió de naja.

Pepe Campos
Se supone que para animar a los aficionados a irse (y viajar y comer por los caminos) y a participar en el simulacro de fiesta que se celebraba en la plaza de toros de Aranjuez (con los tres tenores modernos que interpretarían la conocida partitura Cuvillil), la empresa de Las Ventas, Plaza 1, anunció en Madrid una especie de Mix taurómaco, mediante un tipo de planteamiento comercial combinado, que podríamos definir, con mayor precisión, como cóctel taurino barato. Debemos comentar, además, que los tres novilleros anunciados ayer en Madrid hacían su presentación en el coso, si bien ellos no tenían la culpa de nada en torno a esa mixtura o enjuague o popurrí que preparó la empresa en torno a las ganaderías seleccionadas para el festejo; al contrario, los matadores de novillos de ayer cumplían con una meta, o fuga o comienzo de trayectoria, dependiendo de la preparación y de las ilusiones que atesoraran. 

Vivimos tiempos de desorientación, y como el mundo de la tauromaquia es un vivo reflejo de la realidad social, entonces, lo que revela a finales de esta temporada es la situación de baraúnda y de confusión que atraviesa extraviando a empresas, ganaderos, toreros y aficionados (no aludimos a los críticos porque estos ya no existen; sí, podríamos sustituir el término por publicistas en la acepción referida, exclusivamente, para publicidad; pero a los publicitarios no les confunde esta deriva del mundo taurino sino que les sumerge en su salsa, en el unto de lo mercantil). De tal manera que ayer Las Ventas experimentó una amalgama de experiencias ganaderas (llegaron a salir por chiqueros novillos de ocho ganaderías diferentes), sin ningún criterio previo de por qué esto sucedió o tenía que suceder; novillos que iban a ser lidiados por tres novilleros noveles, ante una afición que se veía reducida en su representación (no lo iba a ser en su exigencia); porque muchos otros aficionados venteños habían (habrían) sido seducidos por el florilegio de los cantos de sirena artísticos que iban a interpretarse en Aranjuez (a huevo para que se hubiera interpretado allí el concierto del maestro Rodrigo) ante esa partitura digitalizada de los Núñez del Cuvillo, una granja de partituras que granjea éxitos (valga la redundancia) para los caros matadores. Los mandones, vamos.

No vamos a criticar que cada uno pueda acudir al festejo que quiera, eso no se debe criticar, pero sí debemos hacer ver que el desviamiento actual lleva a que Madrid sea menos faro de la tauromaquia que nunca, propiciado también por los aficionados, en un momento en el que sabemos se puja para que Las Ventas deje de ser atalaya de la tauromaquia, un interés anhelado por los taurinos o por su sistema (hoy con gran representación entre toreros, ganaderos, y empresarios, no digamos entre los publicitarios o plumillas), y que poco a poco, en la parte nervuda pudiera socavar el poderío de Madrid. Esta es la propuesta. No sabemos del resultado porque Madrid es mucho Madrid, y, todavía está ahí a pesar de todo lo que intuimos y observamos que sucede. Pues, mientras en Aranjuez se perpetraba, presumiblemente, un suceso previsible con toros sin fondo (ni formas) y con faenas adocenadas de arte; en Madrid, aquello que fue sucediendo, a pesar de ese Mix taurómaco o marketing módico ideado por Plaza 1, para beneficiar a Aranjuez (vasos comunicantes), tuvo su aquél de verdad y de acontecimiento verdadero, ya que se lidió algún toro que dio juego y vimos torear con autenticidad primigenia (porque el toreo lo interpretó Andrés García en círculo hacia atrás, aunque faltara en algún pasaje ajuste). Este novillero mexicano (manito lo fue llamando El Rosco a lo largo de sus trasteos) dio la sorpresa con un toreo, digamos canónico, por su concepto puro y curvo en el remate, y en el trazo, hacia adentro; si bien con el pero de ese mal moderno de torear poco cruzado (una ventaja, dicen los taurinos, que disfrutarían ayer a chorros en Aranjuez). Los que estuvimos en Las Ventas también tuvimos que lidiar con el toreo por las afueras, aunque Andrés García en el sexto se ajustó más y en algún pasaje toreó como mandan los cánones, es decir, cruzado.

La variedad del toreo de capa mexicano apareció en los lances de saludo de Andrés García (por delantales) a su primer enemigo, después intentó un quite por chicuelinas. Con la muleta en su primer novillo (algo justo de fuerzas), lo toreó en esa faceta de dejar hueco entre el astado y el torero mientras es pasado con la tela. Al novillo de Chamaco, por esa falta de brío, y por su mansedumbre, le costaba repetir. La faena planteada en los medios ayudó menos a que embistiera con prontitud el novillo. Fue iniciada por alto desde el centro del anillo y cerrada por muletazos por bajo según llevó al animal al tercio para ejecutar la suerte de matar. Ahí, el ejemplar de la ganadería de Chamaco respondió y García logró lo mejor de su trasteo, que, anteriormente, en el centro del ruedo no alcanzó, sino probaturas, renuencias del animal y lejanías por parte del novillero. Lo mató de un pinchazo bajo en la suerte contraria y de media baja en la suerte natural. 
En el sexto, ante un astado de José Cruz, que sacó casta en el último tercio, en terrenos del tendido uno, logró derechazos de valía (más verdad y mérito) por ponerse en el sitio y pisarle los terrenos (algún enganche), mientras la faena subió al natural en su resultado artístico, con naturales curvos y cierre a pies juntos. Por lo tanto, vimos toreo ante un novillo (toro) que no saldría en Aranjuez ni por asomo (nos tememos, pues así son las cosas). Andrés García mató en la suerte contraria de un pinchazo hondo caído y ocho descabellos que le impidieron cortar una oreja.

Adrián Centenera, se le vio con poco bagaje y ya con los años de la edad encima. Le tocó en suerte un primer novillo (que recordaba a aquellos ejemplares del Marqués de Domecq de los años ochenta) que podría ser considerado como perita en dulce. Lo toreó con temple pero sin confianza, muy despegado. Estimables algunos pasajes de toreo por bajo, en los terrenos del diez y del nueve. Lo más valioso, un trincherazo. El novillo se lo pedía. Lo mató en tablas del diez en la suerte contraria de estocada caída y atravesada. En el cuarto de la tarde, ante un novillo más fuerte, de José González, el más interesante del encierro, Adrián Centenera estuvo sin poder dominar al astado que pedía mando y solvencia. De haberle hecho bien las cosas el animal hubiera respondido y le habría aportado mérito a su labor. Todo su toreo salió enganchado, en terrenos del uno. La brusquedad y renuencia del bóvido se impusieron sobre el poco placeado novillero. Lo mató tras dos pinchazos y una estocada atravesada en la suerte contraria.

Tomás González, se presentaba en Madrid con suficientes novilladas en su deambular taurino, pero no lo supo traducir en imagen de capacidad ante sus dos novillos, ni ante el respetable. Con el novillo más difícil (por su origen Santa Coloma), el segundo, no supo acoplarse a esas embestidas nobles pero distraídas de los santacolomeños. La faena fue limpia, sin cruzarse. Pasaba el novillo y no había dominio. Hubo pulcritud. Como la faena no tenía eco, González alargó el trasteo, lo que le llevó a que le dieran dos avisos, y si no fuera por el acierto en el tercer descabello, a algo peor. Ante el quinto de la tarde (segundo sobrero), un ejemplar ensabanado, corto de cuello, de Couto de Fornilhos, falto de casta, González entró en un trasteo desvaído, sin meterse en profundidades, con punteos y rebrincos. Lo mató en la suerte contraria de un pinchazo atravesado soltando, y de una estocada corta atravesada, más cuatro descabellos.

Rainiero & Grace Kelly