la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

domingo, 12 de julio de 2026

Pamplona no es un escenario para el ‘Joker’ / por Sergio Hueso


'..Pamplona puede cantar, reír y celebrar como ninguna otra ciudad. Pero delante del toro no caben payasos. El encierro tiene demasiada historia, demasiado riesgo y demasiadas vidas detrás como para convertirlo en el escenario del próximo ‘Joker’..'

POR MONTERA
Pamplona no es un escenario para el ‘Joker’

Por Sergio Hueso
Durante varios días, el conocido como ‘Joker’ de los encierros de Pamplona se convirtió en uno de esos personajes a los que muchos ríen la gracia hasta que ocurre algo. Su caracterización, sus gestos y su constante afán por hacerse notar encontraron eco en las redes sociales y cierta complicidad entre quienes confundieron la personalidad de San Fermín con la ausencia absoluta de límites.

Este sábado fue interceptado por la Policía Municipal durante la suelta de vaquillas, después de haber participado en el encierro grabando con un teléfono móvil. Una conducta impropia, irresponsable y completamente alejada del respeto que exige una carrera delante de seis toros.

Porque el encierro de Pamplona no es un escenario para fabricar vídeos ni un decorado en el que cualquier personaje pueda buscar su minuto de notoriedad. Cada mañana salen a sus calles seis astados capaces de matar. No es una forma de hablar ni una exageración. La prueba más evidente está en todas las personas que han perdido la vida en este recorrido a lo largo de su historia.

Por eso cuesta entender que, con el exhaustivo control de acceso que existe, pueda entrar alguien con una careta, un teléfono en la mano y más intención de hacer el payaso que de participar con seriedad en el encierro. No debería haber llegado al recorrido. Mucho menos después de varios días dejándose ver y convirtiéndose en protagonista.

El problema no es únicamente su aspecto. Cada uno puede vestirse o caracterizarse como quiera. El problema es la actitud. Entrar pendiente de una cámara, llamar la atención y utilizar al toro como parte de un espectáculo personal pone en peligro al propio individuo y también al resto de corredores.

Una cosa es respetar la personalidad de Pamplona, el ambiente de sus peñas, la música, el bullicio y esa manera tan particular de entender la feria. Todo ello forma parte de la identidad de San Fermín y debe defenderse. Otra muy distinta es permitir que el encierro se convierta en un circo para personajes que solo buscan repercusión.

La fiesta no está reñida con el respeto. Al contrario. Cuando suena el primer cohete, la broma termina. En ese momento solo deben quedar la concentración, la responsabilidad y el respeto al toro y a quienes corren a su lado.

La sanción era necesaria, pero llegó tarde. Antes hubo varios días de bromas, fotografías y vídeos que hicieron crecer a un personaje que nunca debió encontrar sitio dentro del recorrido.

Pamplona puede cantar, reír y celebrar como ninguna otra ciudad. Pero delante del toro no caben payasos. El encierro tiene demasiada historia, demasiado riesgo y demasiadas vidas detrás como para convertirlo en el escenario del próximo ‘Joker’.

5.000 manadas / por Roberto Granda


'..«Feministas» con o sin sueldo público que calláis ante esta barbarie que está ocurriendo en nuestras calles: sois unos malos bichos surgidos de lo más profundo de vuestra execrable ideología, sois la hipocresía, la doble moral, la insensatez, la mala fe y el oportunismo rastrero. Sois lo más denigrante de un sistema podrido que alimenta el vientre del odio para hacer millonarias a desgraciadas arribistas, sois la escoria que carcome las sociedades hasta hacerlas irreconocibles....'

5.000 manadas

Roberto Granda
No sé si veinte años no son nada (o son mucho), como afirmaba Gardel, que a la postre moriría intolerablemente joven, supongo que depende de las circunstancias y el trasiego existencial; pero han pasado diez desde la manada del Prenda y sus compinches en Pamplona y parece que ha sido anteayer.

Recuerdo con espanto el bizarro espectáculo de las masas populares echadas a la calle, para manifestarse en contra de una sentencia antes de que ésta fuera publicada. Repito: salían a protestar por el contenido de un texto que no habían leído. No sé si puede existir forma más cabestra de andar en sociedad. O de ser pastoreados por los que supieron ver el filón que tendría el suceso, para llevar la gallina de los huevos de oro a su corral, que es de lo que se trata, de lo que siempre se trató. Mediatizar un caso mientras te preparas para enterrar debajo de la alfombra todos los que vendrán. El dedo que señala el pico de Rubiales y calla cuando destrozan a una chica en una pedanía de Barcelona. Y, además, usas las hordas descerebradas para torcer el brazo de la ley.

Estos asnos bípedos vociferaban contra los tribunales y dibujaban dianas con la cara del juez discrepante que tuvo el coraje de votar en conciencia y no dejarse llevar por la presión popular y política. Un documento con una redacción bastante clarividente, en mi opinión. Pero causas o motivos, legalidad o Estado de derecho importaban poco a los asilvestrados de las algaradas callejeras con lemas estúpidos y bastante violentos. Pocas veces sentí tanto bochorno de ser compatriota y compartir suelo y país con tanto zoquete. Con tanto seguidor del vulgo bramando a favor de linchamientos y cadalsos. De chusma dejándose manipular por más altos intereses de quienes los dirigían como marionetas de una siniestra obra representada para toda España. Aquella locura colectiva fue el germen de un movimiento que hoy sigue expandiendo su abyección por todo el país.

De toda esa jauría inhumana, ni uno solo, ni un miserable sujeto o sujeta, ha vuelto a salir a la calle a defender a una mujer violada en esta década ya cumplida. Desde los energúmenos sevillanos liándola en San Fermín se han estimado un total de 5.000 manadas. Cinco mil. Solamente en el Hospital Clínic atienden a una víctima por semana. Repito: una víctima por semana. Ustedes de la mayoría no se enteran y los que andamos en los medios de comunicación sólo un poco más. Pero porque hay una labor deliberada de ocultación, teniendo en cuenta que el 43% de los agresores son extranjeros. En 2019, una manada en Manresa contra una niña de 14 años transcendió sólo cuando el tío de la menor fue a la puerta de los juzgados a intentar darle una somanta de palos a los violadores de su sobrina.

Las mujeres están más desprotegidas que nunca y los sucesos se acumulan de forma escalofriante. Y nadie del feminismo oficial pone un tuit, ni hace una declaración, ni convoca una maldita manifestación. Si la chica ha sido agredida en grupo, pero no por sevillanos guardias civiles y militares, ya puede esperar sentada una mínima muestra de apoyo. Niñas y mujeres directas al ostracismo, bajo el manto de olvido al que este Gobierno y sus mariachis islamofílicas las condenan. Ignorar a las víctimas no es una estrategia casual, es una política de Estado.

La ideología de género funciona hoy como una religión de sustitución (Irene Montero, que acaudilla el sarao, cree en el horóscopo y en el tarot y su lectura de cartas, lo que en absoluto extraña) donde las feligresas comulgan ante el altar del chiringuito violeta. Durante este tiempo, la industria de género ha cancelado, hostigado, censurado y acorralado cualquier movimiento, persona o representación artística que no se ajustara a sus rentables neuras. Han seguido modas absurdas, persiguiendo campañas de una marca de vino o dejando sin trabajo a las azafatas de la F1; alentando o negando denuncias falsas según soplara el aire y, como guinda del pastel, otorgando beneficios penitenciarios a más de 1.400 agresores sexuales. Repito: más de mil cuatrocientos.

El negocio se va degradando al mismo ritmo que la erosión de las instituciones donde rapiñan. Algunos han conseguido despertar ya de esa pesadilla dogmática y bestia, y las encuestas dicen que los jóvenes cada vez se identifican menos con la extrema izquierda que mueve los hilos del gran mercadeo.

Cualquier persona sensata desearía al frente de políticas necesarias a mujeres con sentido de la ética y la responsabilidad, un feminismo menos envilecido por el dogma y por el vil metal; pero actualmente sólo existe una siniestra industria del dolor que clasifica a las víctimas según el rédito político que les puedan sacar, instrumentos a merced de mezquinos intereses. La ocultación sistemática del sufrimiento es una decisión consciente ideológica, para que un hatajo de falsas moralistas y analfabetas se sigan enriqueciendo con la maquinaria del daño, las descomunales subvenciones, los sueldos abultados, el dinero público tirado en talleres, en campañas, en cursos; panoja para el pesebre donde buscan colocar al personal y vivir del tinglado de género.

«Feministas» con o sin sueldo público que calláis ante esta barbarie que está ocurriendo en nuestras calles: sois unos malos bichos surgidos de lo más profundo de vuestra execrable ideología, sois la hipocresía, la doble moral, la insensatez, la mala fe y el oportunismo rastrero. Sois lo más denigrante de un sistema podrido que alimenta el vientre del odio para hacer millonarias a desgraciadas arribistas, sois la escoria que carcome las sociedades hasta hacerlas irreconocibles, dejando abandonadas a víctimas de espantosas violaciones, a las que preferís calladas si su caso no encaja con vuestro asqueroso relato. Sois una puta vergüenza.

PAMPLONA / 7ª San Fermín. Doble mérito / por Jorge Arturo Díaz Reyes

Juan de Castilla brinda le 5º. Fotograma OneToro

Isaac Fonseca, valerosa oreja del cinqueño sexto. Antonio Ferrera lidia maestra al cuarto. Juan de Castilla cogido por el quinto y ovacionado, va a enfermería tras la muerte. Dura, fuerte y armadísima corrida de Escolar

Doble mérito

Jorge Arturo Díaz Reyes
CrónicaToro.com / Cali, VII 11 2026

“Todas las tardes tienen mérito, pero una como esta, el doble.” Dijo Isaac Fonseca sacudido saliendo de la plaza con la oreja del sexto. Lo había brindado a las víctimas de los incendios en Almería –Por ellos voy a intentar arrimarme – y lo hizo, se puso de rodillas citando desde las tablas a “Secretario”, el único cinqueño del encierro, pero como todos con una arboladura miedosa, fina y playera. Dos en redondo, uno repentino, ceñido, escalofriante por la espalda y el de pecho. Esa crudeza en Pamplona, y en el cierre, es gol de oro.

Lo había recibido con lances a dos manos, muy de brega, probando ambos pitones a los medios, y se lo dejó a Ney Zambrano quien le pegó dos inclementes puyazos traseros. Ferrera al estribo ejecuta un auténtico quite de dos chicuelinas y una torerísima media.

Los banderilleros, que como espantados por las erizadas y taimadas testas habían pasado toda la tarde de palo en palo, encontraron a fin reivindicación, cuando llegó Antonio Cama y logró meter las dos manos y el par arriba. De inmediato Fernando Sánchez colocó al sesgo con su habitual pinturería, pero con excepcional emoción el de la tarde.

El toro, encastado y exigente a morir, que como toda la corrida, que no fue brava, pero sí de mucho volumen y romana (597 kilos promedio), además por armas, imponente, intimidante y respetable, avaló la faena del pequeño mexicano. Perdiendo pasos, cinco ayudados, el de pecho y el quizá muy temprano desplante. La corta tanda diestra, con molinete y el por alto lanzaron la música (la oficial) sobre el barullo. Y la faena se fue toda en tesitura prebelmontina pues el toro la exigía. Te quitas o te quito. Una estocada de mucho mérito, arriba toda, fue respondida con una cabezada y una persecución angustiosa hasta las tablas, ¡casi! El toro cayó, la petición fue mayoritaria, la oreja justificada y la vuelta carnestoléndica como es el uso local. Era el triunfador de la tarde.

Ferrera lo hubiese compartido si su larga, maestra y expuesta lidia del cuarto (el de la merienda), que fue lo de más contenido y significado en la corrida, no hubiese desembocado en cuatro pinchazos y un aviso antes de la estocada final. Poder a puro toreo, ante un toro con la dificultad y peligro como los de “Tomillero”, no fue apreciado por la plaza entregada en ese momento al pecado de la gula, (sólida y líquida) y quizá tampoco por los televidentes esteticistas, pero para honra de la tauromaquia actual sucedió. Y sin extravagancias. Hasta esa concesión hizo Antonio. Su primero había sido un manso sin gusto, pero con este pagó los dos.

El colombiano Juan de Castilla se jugó ante el quinto (615 kilos) que olía a hule. La faena no había logrado remover con su poca estática, la modorra digestiva del llenazo, pero de pronto, a la salida de un natural el pitón derecho enhebró la taleguilla por la banda y lanzó al paisa por los aires cayendo malamente y salvándose de milagro porque las guadañas de “Chismoso” optaron por la muleta caída y no por el cuerpo a mereced bajo el hocico. Se levantó Juan, cojo, pero no amilanado, y en inferioridad de condiciones físicas terminó la brega con una tanda muy jaleada de cuatro derechas y el forzado, seguida de tres manoletinas y uno de pecho. Un pinchazo bajo, descartó el premio, pero la estocada honda, delantera, rescató el crédito. El cual dio, tras dos levantadas del toro, hasta para una leve petición. El paisa muy adolorido para festejar se fue rengueante y ovacionado a buscar los médicos.

Don José Escolar, diagnosticó su corrida así: “Complicada, fuerte, para Pamplona. El primero mansón. Segundo, cuarto, quinto y sexto, me gustaron, sobre todo el sexto”. Tal cual.
  • FICHA DEL FESTEJO
Pamplona. Sábado 11 de julio 2026. 7ª de San Fermín. Sol. Lleno de “No hay billetes”. 
Seis toros de José Escolar; cuatreños, menos el cinqueño 6º. Serios en tipo y muy armados. 597 kilos promedio,
Antonio Ferrera, pitos tras aviso y silencio tras aviso
Juan de Castilla, silencio y ovación.
Isaac Fonseca, silencio tras aviso y oreja.

Incidencias: Juan de Castilla cogido por el 5º pasa a enfermería con posible fractura en pie derecho.

Sánchez no está solo / por José Javier Esparza


No, Sánchez no está solo. La gran ingeniería social que pretende reemplazar a nuestro pueblo, liquidar nuestra cultura y arrasar nuestra tierra (pregúntenselo, si no, a los campesinos arruinados y a los olivos arrancados), no es obra solamente del tirano de la Moncloa y sus corruptos 120 imputados. Semejante devastación es y no puede ser más que obra colectiva. Están compinchados todos: desde los políticos y los plutócratas hasta los medios de desinformación de masas, pasando por los oligarcas de la UE, sin olvidar el consentimiento pasivo de un pueblo sometido y engañado, pero cuyos ojos se están abriendo cada vez más.

Sánchez no está solo

José Javier Esparza
Desde 2018 han entrado en España 3,7 millones de extranjeros. Son las cifras oficiales. A eso hay que sumar los inmigrantes ilegales. Si tomamos como referencia la última cifra ofrecida por Sanidad sobre el número de ilegales atendidos en el sistema sanitario, habría que añadir 1,2 millones de personas más. La última regularización nos colocará con toda seguridad en un total de alrededor de seis millones de extranjeros. Súmense a los 5,4 millones de inmigrantes que habían llegado antes de 2018. En total, nos acercamos a los 11 millones de personas. Es claro que España está adoptando una política deliberada de disolución de la identidad nacional por la vía de hacer entrar a un elevadísimo porcentaje de población extranjera. Pero Sánchez no está solo.

Hay quien, ingenuo, anuncia que apelará ante Bruselas por el evidente problema que esto va a generar en una Europa de «libre circulación». Pero que el ingenuo abandone toda esperanza. En Francia la población inmigrante se ha multiplicado por dos desde 2015. En el Reino Unido subió un 50% desde ese año y se disparó en 2022 después del Brexit. En Alemania entraron más de tres millones de personas desde 2015. La misma historia se puede contar en otros países de la Unión Europea. “Bruselas” no ha movido nunca un dedo para evitarlo, al revés: la Unión adoptó represalias contra los países que intentaron cerrar las puertas, como Hungría, no contra los que las abrían. Porque la migración de reemplazo demográfico ha sido una política querida, deseada, planificada y ejecutada desde Bruselas. España aún no había completado la tarea. Hasta ahora. Así que Sánchez, en efecto, no está solo: ha sido el peón que la UE necesitaba para hacer el trabajo.

Yo ya sé que, en el imaginario colectivo de la derecha social, Sánchez es una especie de rojo furibundo que quiere instalar en España una dictadura comunista, y es verdad que el personaje tiene claras hechuras de tirano, pero conviene poner las cosas en su sitio. La retórica roja de nuestro Gobierno sólo es humo para narcotizar a un electorado ostensiblemente cerril, capaz de tragarse a bocanadas, como un gigantesco porro ideológico, la venganza de la guerra civil, la exhumación de Franco y la reivindicación palestina. 

La verdad es que, bajo el Gobierno Sánchez, Iberdrola ha multiplicado por dos sus beneficios, como el Banco Santander. Cosa parecida puede decirse de otras grandes firmas como Naturgy. Mientras tanto, Black Rock aumentaba su presencia en la Bolsa española hasta superar los 100.000 millones de euros. La política socialista ha consistido en poner alfombra roja al gran capital y machacar a impuestos a la ciudadanía para sufragar una extensa política clientelar. El salario medio ha disminuido un 3,4% desde 2018 por efecto de la inflación y la fiscalidad. El aumento del precio de la vivienda está en torno al 30%. El coste de la vida ha subido por encima del 20%. Los índices de precariedad social aumentan a velocidad constante año tras año. Es difícil imaginar una política más lesiva para las clases trabajadoras. Y tampoco en esto Sánchez está solo.

Lo que el Gobierno Sánchez representa no es sólo la pulsión de un tirano al frente de una cuadrilla sepultada en olas de corrupción. Sánchez hace la política que otros quieren que haga, como demostró cuando su súbito gesto de sumisión ante Marruecos. Precisamente por eso se mantiene en el poder. No es sólo una cuestión de política nacional. El tablero del poder es mucho más grande. Las ambiciones separatistas, la complicidad de unos medios corruptos y el fanatismo de un electorado lobotomizado son ingredientes necesarios en el guiso, pero, por así decirlo, el sabor de la receta es otro: Pedro Sánchez es el tipo escogido para hacer aquí lo que otros han hecho en otros lugares, a saber, diluir toda potencia nacional y arrasar el campo para que se instalen poderes a los que nadie ha elegido. Por ejemplo, esos poderes que arrasan nuestros campos de olivos para poner placas fotovoltaicas mientras importamos aceite marroquí a mansalva.

Es previsible que el teatrillo de Sánchez se desmorone por su corrupción, su incompetencia y su desmesura. Pero es importante entender que el problema va mucho más allá. Y que Sánchez (aún) no está solo.

sábado, 11 de julio de 2026

Pamplona.- La Leica, el estoque y la palabra / por A. A. Cuevas


'..Y allí quedó todo, Hemingway regresado a San Fermín después de veintidós años, Emilio Cuevas entrando en la plaza con el encierro encima, Ordóñez cortando cuatro orejas a Cobaleda, una Leica, un estoque y esa luz rara de Pamplona que a veces no ilumina las cosas, sino que las condena a ser contadas..'

La Leica, el estoque y la palabra

Dicen que en Pamplona las apuestas no se hacen nunca del todo en broma. O sí, pero la broma, cuando pasa por San Fermín, se levanta al día siguiente con pitones, con polvo en la garganta y con una plaza esperando al fondo como esperan las cosas serias: sin pedir permiso.

Fue en julio de 1953. Hemingway había vuelto a los Sanfermines después de veintidós años sin pisarlos, y quizá por eso la feria traía ya un aire de regreso, de literatura vieja, de vino caliente y de hombres que necesitan probarse algo aunque nadie se lo pida. Estaba Antonio Ordóñez, anunciado en Pamplona, con esa quietud suya de torero joven y antiguo al mismo tiempo. Estaba Emilio Cuevas, hombre de cámara, de callejón y de mirada rápida. Y estaba esa sobremesa en la que las palabras, si se dicen con demasiada gracia, acaban obligando.

Ordóñez miró a Emilio y le soltó el reto. Que si se atrevía a correr el encierro. Pero no cualquier tramo. El último. La entrada a la plaza. Allí donde la carrera deja de ser carrera y empieza a ser otra cosa: un embudo de miedo, una respiración detrás de la espalda, una puerta que se acerca demasiado despacio cuando los toros vienen demasiado deprisa.

Si Emilio lo hacía, el maestro le regalaría una Leica nueva.

Una Leica. No una cámara cualquiera, no un capricho de feria, no un juguete para turistas. Una Leica era un ojo limpio y caro, una manera de robarle al tiempo lo que el tiempo, tan señorito y tan cruel, se lleva siempre sin despedirse. Para un fotógrafo, aquello no era un premio. Era casi una tentación.

Emilio dijo que sí.

Hemingway estaba allí. No sé si sonrió, si bebió, si miró a Ordóñez como se mira a un torero antes de que empiece la verdad, o si miró a Emilio como se mira a un hombre que acaba de aceptar una locura con la naturalidad de quien no quiere parecer prudente. Pero estaba. Y a veces basta con que un escritor esté presente para que una anécdota empiece a creerse leyenda antes de haber sucedido.

Al día siguiente, Emilio corrió.

Corrió el último tramo y entró en la plaza con los toros detrás. No sé qué se piensa en ese sitio. Quizá nada. Quizá solo se oye el golpe seco de las pezuñas, el resuello creciendo, la camisa pegada a la espalda, la plaza abriéndose delante como una salvación que todavía no ha decidido si va a salvarte. Emilio corrió y cumplió. No con palabras. Con el cuerpo.

Pero Emilio era fotógrafo, y los fotógrafos no vuelven de las cosas con explicaciones. Vuelven con pruebas.

Al día siguiente de su carrera, el 10 de julio, se presentó ante Ordóñez con la fotografía en la mano. Allí estaba la instantánea. Allí estaba él. Allí estaba el último tramo del encierro, detenido para siempre en ese papel que ya no admitía bromas ni dudas. La apuesta de Ordóñez tenía delante su cumplimiento.

Y entonces Emilio, que ya había puesto su parte de miedo sobre la mesa, le devolvió el reto al maestro.

Aceptaría la Leica, sí. Pero solo si esa misma tarde Ordóñez cortaba al menos dos orejas a la corrida de Cobaleda. Y si el maestro cumplía, él le regalaría un estoque nuevo.

Aquello ya no era una apuesta. Era un intercambio de destinos pequeños y exactos. Una Leica por correr delante de los toros. Un estoque por triunfar delante de ellos. La cámara para detener el instante. El acero para rematarlo. Y Hemingway, otra vez presente, viendo cómo la feria se escribía sola, sin necesidad de adjetivos, con esa precisión brutal que tienen las cosas cuando salen verdaderas.

Aquella tarde Ordóñez salió a la plaza con la corrida de Cobaleda por delante y con la fotografía de Emilio detrás, aunque no la llevara encima. La llevaba donde se llevan esas cosas: en el orgullo, en la nuca, en esa parte del torero que no soporta que otro hombre haya cumplido antes que él. Emilio había corrido. Había entrado en la plaza. Había vuelto con la prueba en la mano. Ahora le tocaba al maestro.

Ordóñez no cortó dos orejas.

Cortó cuatro.

Cuatro orejas, como si la apuesta le hubiera tocado una fibra más honda que la obligación del cartel. Como si no quisiera cumplir, sino excederse. Como si dos fueran poco para responder a un fotógrafo que había corrido con los toros a la espalda y con una Leica prometida en el horizonte. Cuatro orejas a la corrida de Cobaleda. Cuatro razones para que la tarde no pudiera volver a ser una conversación cualquiera.

Después, en el hotel donde se alojaba Ordóñez, vendrían las bromas, las risas, el descanso de los hombres que han salido vivos de su propia palabra. Emilio había ganado la Leica. Ordóñez había ganado el estoque. Hemingway había visto nacer las dos apuestas y también su desenlace.

Pamplona, que todo lo mezcla y todo lo agranda, hizo lo demás.

Porque al final no fue la cámara. Tampoco fue el estoque. Ni siquiera fueron las cuatro orejas, aunque cuatro orejas pesen mucho cuando las corta un torero llamado Antonio Ordóñez.

Fue la palabra

La palabra dicha en una sobremesa y cumplida al día siguiente con los toros detrás. La palabra devuelta con una fotografía en la mano y cumplida esa misma tarde en la plaza. La palabra como se entendía antes, cuando una apuesta podía empezar entre risas y terminar convertida en memoria.

Y allí quedó todo, Hemingway regresado a San Fermín después de veintidós años, Emilio Cuevas entrando en la plaza con el encierro encima, Ordóñez cortando cuatro orejas a Cobaleda, una Leica, un estoque y esa luz rara de Pamplona que a veces no ilumina las cosas, sino que las condena a ser contadas.

Texto: A. A. Cuevas / Documentación: J. A. Cuevas.

Miguel Ángel Blanco llega a Netflix / por Javier Torres


'Sólo un año después del crimen Aznar se refiere a ETA como el movimiento de liberación nacional vasco (sic). No por casualidad, Arzalluz reconoce que le había sacado más a Aznar en 14 días que a Felipe González en 14 años..'

Miguel Ángel Blanco llega a Netflix

Javier Torres
Con 11 años ya comienzas a enterarte de algunas cosas. Y en los noventa una de ellas era cuando ETA mataba. En muchas casas había una especie de bula para los insultos en el preciso momento en que la televisión informaba del último atentado. Aunque hubiera niños delante la contención era imposible. Luego aparecía en pantalla un político cualquiera para convencernos de que la mejor respuesta era invocar la unidad de los demócratas, una especie de poción mágica que vencería al terror. Más tarde, en 2011, supimos que los demócratas eran Otegui, Évole y Josu Ternera.

Recuerdo a las familias españolas que estábamos aquella tarde agónica de julio en una playa del Algarve pendientes del transistor. La cercanía con la fronteriza Ayamonte permitía sintonizar las emisoras españolas. Minuto a minuto, el desenlace de la tragedia iba llegando. Era fácil identificar a los españoles de los portugueses, pues entre los nuestros se desató el boca a boca, aunque a veces bastaba con la mirada para entenderlo todo. Cabeza gacha y vuelta a la sombrilla.

España pasó en apenas unos días de la euforia por la heroica liberación de Ortega Lara al secuestro, pasión y asesinato del joven de Ermua. Casi treinta años después Miguel Ángel Blanco llega a Netflix, producto que sí consumen esos jóvenes que no saben quién fue el concejal del PP y apenas han oído hablar de ETA. Ni siquiera un 1% de los alumnos navarros de la ESO está al tanto de aquel rapto planeado para poner de rodillas al Estado. Pura amnesia democrática, borrado masivo de una parte esencial de nuestra historia sin la que no se explica medio siglo español.

Cuando miramos al verano del 97 siempre nos asalta la duda de si las cosas podrían haber salido diferentes. Durante unos días vimos las sedes de Herri Batasuna rodeadas, al PNV muerto de miedo y a los proetarras corriendo en sanfermines más que los miuras. En cada aniversario sobrevuela la misma pregunta, si en realidad podríamos haber roto la inercia fatal que inaugura el atentado de Carrero Blanco, continúa el 23-F y confirma el 11-M hasta conducirnos al golpe catalán y la amnistía, que cierra el círculo antinacional de los últimos 50 años. Como tantas veces, hubo una reacción popular. Y como siempre, desactivada por el poder.

El asesinato de M. A. Blanco llega cuando Aznar lleva un año en el poder. Entonces la Guardia Civil libera a Ortega Lara al que ETA esconde 532 días en un zulo y poco después, herida en su orgullo, secuestra al concejal antes de subirse en un tren. Aznar había llegado a la Moncloa a cambio de entregarle las aulas —el alma de la juventud— al separatismo catalán del molt honorable Pujol. Sólo un año después del crimen Aznar se refiere a ETA como el movimiento de liberación nacional vasco (sic). No por casualidad, Arzalluz reconoce que le había sacado más a Aznar en 14 días que a Felipe González en 14 años.

Es importante recordar el contexto porque en los últimos días, justo cuando PP y VOX sellan el cuarto acuerdo de gobierno regional en medio año, Aznar saca la cabeza para pedir moderación. Invoca mayorías para acabar con Sánchez, pero no cualquier mayoría. Mayorías capaces de superar y derribar el muro de Sánchez. Esa mayoría será nacional o no será. Ojo, no descorchen el champán. Aznar no entiende por nacional lo mismo que usted. Él habla de una amplia mayoría centrada con capacidad de convocatoria -aquí viene la madre del cordero- a derecha e izquierda. No nos jugamos un cambio de Gobierno, sino de sistema, advierte el señor Aznar, mito búmer viviente, que en el fondo dice lo mismo que Page: salvemos el bipartidismo.

Algunos recordarán a Aznar como el presidente español que puso los pies encima de la mesa del rancho del hombre más poderoso del mundo; otros, en clave interna, como el político que aceleró el proceso de disolución nacional. Pero esto es imposible, si Josemari es de Valladolid y saca la bandera de España y todo eso. No puede ser. Es como explicarle a un militante socialista que su PSOE es el felpudo de los grandes poderes económicos transnacionales. Ovnis para el rebaño izquierda-derecha. Ni Gabilondo ni Herrera les han contado que desde 1978 el papel de la izquierda es traicionar a los trabajadores y el de la derecha a la nación.

Al viajar tres décadas atrás no sólo sentimos frustración al ver que los tiros en la nuca han colocado a ETA en el parlamento y que la violencia política, frente al mantra oficial, es rentabilísima. También apreciamos lo mal que envejece Aznar, el expresidente que más se devalúa, pues siempre supimos quién era Zapatero.

Está comprobado, y lo sabe cualquiera que haya trabajado en la redacción de un periódico en los últimos 15 años, que las noticias sobre de ETA ya no interesan al lector. Que apenas generan clickbait. Es ahora cuando Miguel Ángel Blanco regresa al gran público, y al menos una generación de jóvenes podrá descubrir que quienes le asustan con la llegada del fascismo encubren que todo separatismo antiespañol ha generado un grupo terrorista: ETA en el País Vasco, Resistencia Galega en Galicia y Terra Lliure en Cataluña. A ver cuándo vemos un documental que nos lo cuente.

viernes, 10 de julio de 2026

Tercera novillada nocturna del verano. El toro para Rafael de Paula ya sale en Madrid / por Pepe Campos


Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.
Jueves, 9 de julio de 2026. Tercera novillada nocturna del verano madrileño. 

Encierro de novillos de Toros de Brazuelas (encaste Domecq, diversas líneas). Desigualmente presentados. Primero discreto de trapío; el resto subieron en seriedad; sexto, alto y largo, destartalado. Mansos y nobles. Todos flojos. Sin fuerza el primero y el quinto. Dos parados, segundo y tercero. Pastueño el cuarto. Remiso el quinto. Toreable el sexto. La mayoría se repucharon en el caballo, lo cual puede indicar falta de casta y de raza. El cuarto empujó en la primera vara en el caballo saliendo al capote y en la segunda vara (picotazo) salió suelto. El sexto, manso, salió suelto de las varas. Algo más de un tercio de entrada. Noche veraniega en espera de futuros cambios climáticos.

Terna: Nacho Torrejón, de Casarrubios del Monte (Toledo); de almagre y oro; veintitrés años; dieciocho festejos en 2025; saludos tras un aviso y oreja tras aviso. Jorge Hurtado, de Coria (Cáceres), de blanco y plata, con cabos negros; veinte años; ocho festejos en 2025; silencio y silencio tras un aviso. Marco Polope, de Valencia, de grana y oro; veintidós años; un festejo en 2025; silencio y silencio. Los tres novilleros se presentaban en Madrid.

Suerte de varas. Los novillos fueron al caballo y se repucharon en la pelea por falta de fuerza y celo. Los hierros en general cayeron detrás de la cruz. Buen indicio. El primero salió disminuido de varas, en la primera se le aplicó metisaca. Al segundo se le barrenó. El tercero cambió a parado tras el segundo encuentro, en este se le administró la batidora. El quinto de condición mansa pidió en la segunda vara terrenos del cinco cercanos a su querencia: se le picó en el ocho alargándose la lidia. Al sexto en el segundo puyazo se le tapó la salida y se le pegó. Ilustrativa fue la suerte de varas del cuarto porque se demostró cómo un novillo que en la primera vara fue bravo, en la segunda mutó a manso. De ahí la importancia de la tercera vara, eliminada en la lidia actual.

Pepe Campos
En las novilladas nocturnas y en las corridas de toros fetén de San Isidro estamos viendo cómo sale un toro bravo preparado para la faena artística de muleta. Es un toro bravo prefabricado, al que se le han limado todas las condiciones fieras naturales. Digamos que es un toro —ayer noche, novillo— colaborador con el artista que se va a encargar de pasaportarlo al otro mundo. Si bien antes de que ocurra el fatal encuentro entre estoque y blandos del toro —ayer no tanto, pues hubo alguna buena estocada aparente— su matador se entretendrá en darle pases de toda guisa para mostrar al respetable su anhelo artístico y sus finas maneras. Así pues estamos acostumbrados a ver tarde tras tarde —ayer, noche— cómo sale de chiqueros un animal dócil, obediente y predispuesto a ser toreado según el gusto del torero al que le toque «enfrentarse». Aquí aparece una enorme contradicción, ya que normalmente el astado pensará que se verá sometido a un verdadero enfrentamiento, cuando en realidad se encontrará con la presencia de un ser que decide «perfilarse» ante él, es decir, el bóvido observará, a un lado, al humano, de perfil y, a otro lado, a un trapo rojo amplio (en la fase de muleta) que desde su extremo o pico le invita a irse por caminos abiertos, para volver a ser requerido después, desde lo espacioso, hacia otro terreno aun más despejado. Y así durante diez minutos. En una especie de ballet cómodo para él, en el que incluso dadas las holgadas comodidades que se le ofrecen puede ir a más en su deambular trotón por la arena. Hasta que suena un clarín, que le permite dejar de esforzarse en los toques a los que ha sido sometido, para entrar, tras muchas monsergas —trapazos— en el territorio previo a la estocada. 

La vida del toro bravo contemporáneo en el ruedo es esta, muy ocupada, de esfuerzos homogéneos, confortable en el fondo, en ocasiones, chic, sometida a deambulaciones, a desplazamientos y a circulaciones. Es requerido desde y para la belleza, y él, como buen actor, si los clones que le han metido [uf, qué habrá pasado ahí] responden, se muestra contento y cómplice en la obra de arte que torero y toro tienen que componer.

Ante este toro artista —aquél que idealmente se creía perfecto para el toreo utópico de Rafael de Paula— que hoy es de común lidia se le aplica una tauromaquia adaptada a pocas exigencias, una tauromaquia, digamos, ligera, etérea, rápida —pues siempre hay prisa—, dilatada y larga. Siempre leve. Esto nos remite a la obra maestra de Milan Kundera, La insoportable levedad del ser (1984), en la que su autor cuenta ese contorno anodino de aquel mundo programado del este de Europa, donde sólo había salida y desahogo para el sexo. Un mundo planificado de perfil bajo, que hoy intuimos circula a nuestro alrededor, y que esconde una sensualidad. Una sensorialidad que ya enmascara la actual tauromaquia con su técnica de perfiles, lejanías, ligerezas y conforts. Un toreo a años luz de toda contundencia, de cuando había pocos pases, que eran fundamentales, cuando se llevaba detrás de la cadera al astado y a partir de ahí, la faena se intensificaba y se abreviaba, para bien de la pureza. Hoy un espejismo. Debido a que actualmente el toro bravo se ha convertido en un ser que carece de fuerza, aunque es todo voluntad. Una voluntad a medida del humano que le torea para que este se exprese y manifieste sus deseos y sus emociones, que le permita plantear sugerencias, mediante formas suaves, con lluvia de intuiciones, manifestación de sutilezas, y en definitiva, un enunciado de levedades. 

Decíamos que este tipo de toro de ahora, antes se pensaba como una idealidad para disfrutar del toreo exquisito de Rafael de Paula —un torero conceptual—, y hoy cuando sale —incluso en la plaza de Las Ventas— y es una realidad, no hay torero que lo toree con los planteamientos artísticos rotundos —tauromaquia clásica— de aquel Rafael de Paula, o de Curro Romero, aunque más regular este y más humano. O con los conceptos puros de Antoñete —lo hemos visto—, de Pepe Luis Vázquez hijo, de Curro Vázquez y de Pepín Jiménez. Antes, Gregorio Tébar. Después, César Rincón. Etc. Todos ellos también lo hicieron con el toro encastado verdadero.

Todo esto se ha perdido, se ha ido al garete. Hoy sale ese toro voluntarioso para un torero también afanoso, pero sin fe, sin creencia en la técnica del toreo profundo. Sino exponente de una tauromaquia transmoderna. De perfiles. De suavidades. Despegada. Poco comprometida. Y un toro afín. Se le llama toro bravo, pero no lo es. Se habla de esmerada técnica, si bien acabada en la banalidad. Mismos tiempos, mismos modos. Ese toro —anoche, novillo— lo vimos en la novillada en los ejemplares primero, cuarto y sexto. Los demás astados fueron un apunte que acabó en la nada. El mundo no es perfecto. 

Ahora debemos hablar de los novilleros que lidiaron la novillada de Toros de Brazuelas. Nacho Torrejón como mejor condición se le vio sentido del temple y cierta elegancia de su figura. Compone y aplica una tauromaquia transmoderna, al uso. Torea por fuera y despegado. Pico. Y muchos pases. En el primer novillo —un bendito— apuntó sin profundidad. Mató de una estocada en la suerte contraria. En el cuarto, el más toreable de la noche. De igual modo. La cosa se fue hacia menor temple y mayor encimismo. No encontró la distancia. Mató, de nuevo, de estocada en la suerte contraria. 

Jorge Hurtado, tuvo que pechar con el novillo moderno desrazado, sin fuerza y que se muestra parado. Desde este punto de vista quedó inédito. En sus dos novillos viendo el percal tomó la sabia decisión de irse a por la espada. Al segundo de la noche lo mató de media estocada baja en la suerte natural. Al quinto tras cuatro pinchazos y un descabello. 

A Marco Polope se le vio muy nuevo. Con poca pericia. Su primer novillo embestía a arreones. No le encontró ese punto en el que le hubiera respondido con transmisión. Estuvo al hilo del pitón, sin cruzarse. No dio el paso adelante. O no supo darlo. Mató en la suerte natural, de pinchazo y estocada. Al sexto, que tenía el inconveniente de embestir con la cara alta, no le pudo meter mano. Se le fue, no queremos decir que por su calidad. Mató en la suerte natural de estocada casi entera.