la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

domingo, 7 de junio de 2026

San Isidro'26. Victorinos enamorados de la moda juvenil, oh, qué corbata, qué pantalón, y la tarde es... de Román. Márquez & Moore



JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ
Lo primero, antes de nada, es dar la bienvenida a nuestra ciudad al Pontífice y lamentarnos de que entre sus muchos actos programados no haya encontrado un hueco para venirse a Las Ventas a ver la corrida de Victorino Martín que cerraba la Feria de San Isidro 2026 y así ser el primer Papa que va a los toros, a los que alguno de sus antecesores en la Silla de Pedro llegaron a excomulgar.

Victorino casi nunca defrauda porque sigue teniendo la ganadería en la mano. Así que hoy embarcó para Madrid un encierro de variado comportamiento y de buena presentación, por más que algunos en la plaza protestaran al tercero y al quinto, vaya usted a saber por qué. Toros serios y con presencia, el famoso quinto con un aire más a Santacoloma, largo y menos ofensivo, y con otros más en Saltillo como el corniveleto sexto. Y nosotros tan contentos, porque todos salieron cárdenos, que ya hemos dicho aquí en otras ocasiones que los negros ibarreños de Victorino nos suelen gustar, en general, menos que los grises. En cuanto al comportamiento, hubo de todo, desde el primero que recordó a los victorinos más tobilleros que siempre añoramos hasta el soso sexto que salía de los pases con la cara alta. 

En varas, también hubo de todo. El mejor fue el quinto, Jarretero, número 63, que entró tres veces al caballo, aunque en una rompió la vara, y le propinó una espectacular caída de latiguillo a Javier Díaz de las de Linimento Sloan de nuestros abuelos. A este toro hubiera gustado verle entrar al caballo una vez más, de lejos y con la alegría que entró con anterioridad, pero don Pedro Fernández Serrano, alardeando de su desmedida falta de afición, decidió sacar el trapo blanco, él sabrá por qué. No fue el único, porque el primero, que fue algo más remiso a entrar a varas, se empleó con ahínco, empujando, y el segundo metió la cara abajo en un tercio de varas que Pedro Iturralde no supo llevar por los mejores derroteros en esta ocasión.

En general se puede decir que todas las corridas «toristas» han puntuado en este San Isidro: Partido de Resina, Saltillo, Pedraza de Yeltes, Adolfo Martín y hoy Victorino han dejado alto el pabellón del toro, cada una de ellas con sus particularidades, del toro que no viene a la plaza a que se burlen de él. En ese sentido hoy fue emocionante la muerte del segundo, Buscaliebres, número 64, que literalmente cayó muerto mientras trataba de alcanzar en un último intento al que le había clavado el estoque.

La tarde fue de Román, de turquesa y oro con cabos blancos, que se las vio con Gallarete, número 7, al que algunos silbaron cuando apareció en el ruedo. El toro sufrió la deplorable lidia de Gómez Escorial y cuando tocaron a muerte llevaba ya encima una buena tunda de lances y lanzazos, capotazos a porrillo y, en general , todo aquello que no debe hacerse al toro si, además, tiene algo de casta. Tras el bochinche de los dos primeros tercios nada hacía presuponer que Román se iba a ir al toro de la decidida manera que fue a él, dispuesto a derrotarle desde la claridad de la buena colocación, de no dudarle y de someterle en cada pase. Las dos primeras series con la derecha son impecables y en ellas se hace con el toro, tanto que cuando le presenta la muleta para la siguiente el toro se repucha, porque ya está vencido. Insiste Román por esa mano en una serie en que el toro ya no va con la franqueza de antes y después lo intenta al natural para que se vea públicamente que el izquierdo no es el pitón bueno de Gallarete. Vuelta a la derecha en otra vitoreada serie y después de coger el estoque y tirarlo al suelo, una serie más, algo trompicada, de derechazos sin ayuda. Luego, en los medios, iguala al toro dándole la salida hacia la querencia de chiqueros y agarra una soberbia estocada recibiendo que pone a la plaza en pie. Si consideramos que la estocada ya vale por sí misma una oreja y que la faena vale otra, ahí está la explicación de las dos orejas que le abrieron la Puerta Grande de Madrid. Román es de los pocos toreros que se ven en Las Ventas como espectadores y creo que conoce bien a la plaza. En su segundo, con el triunfo en sus manos, acaso no le apeteció hacer el esfuerzo que el toro demandaba, no quiso la montera que le ofrecían para que brindase al público y pasó el trámite sin apreturas y sin lucimiento, atascándose con el acero.

Morenito de Aranda, de púrpura y oro, anduvo muy falto de ideas en su primero. El toro, Milanés, número 14, no daba nada y las dudas de Morenito en seguida le sirvieron para orientarse sobre lo que allí pasaba, por lo que su lidia se fue haciendo cada vez más complicada, ya que buscaba al torero a la salida de los pases y fue haciéndose dueño de la faena a medida que transcurría el tiempo. Acaso ya le pesan al moreno los veintiún años de alternativa, pero da la impresión de que este mismo torero habría brillado más con este toro hace unos años, poniendo las incertidumbres de su lidia a favor del plan de Morenito. Se animó a si mismo a base de gritos y la mayoría de los pases que dio por la izquierda fueron ayudados, que a buen entendedor, pocas palabras le bastan. 
Su segundo fue Cobrapastos, número 11, y al ver ese nombre un estremecimiento nos recorrió la espalda pensando que lo mismo tenía algo que ver con aquel Cobradiezmos que, para nuestra desdicha, vimos indultar en Sevilla. Algo habría porque este Cobrapastos fue el que menos se lució frente al jamelgo, sin emplearse ni pelear, como aquél de Sevilla, y ahí se acabaron las comparaciones porque donde aquél Victorino juampedreante puso bondad y buenos modos este de hoy ha puesto complicaciones tales como lo imprevisible de sus embestidas, que lo mismo se arrancaba que se quedaba corto y su falta de colaboracionismo. También es verdad que ni una sola vez osó Morenito ponerse en el sitio donde se puede a los toros, que es también el sitio donde los toros hacen daño, y que esa patente falta de determinación en ser el que gobernase las idas y venidas del toro no han ayudado a que este se sintiera en manos del torero. Le arreó un sartenazo bajo y con eso dio por acabada su actuación.

Fernando Adrián, hoy de verde botella y oro, es un excelente estoqueador. A su primero lo mató por arriba en una estupenda ejecución del volapié y a su segundo le hizo lo mismo al segundo intento, y si no le cazó a la primera es porque en el momento de la reunión el toro hizo un extraño, que si llega a entrar de manera franca, le deja otra buena estocada arriba. He ahí el gran mérito de Adrián. Lo otro, lo del toreo en sí mismo, ya va por otro negociado. Sorteó por delante a Buscaliebres, número 64, serio y veleto, y sus trazas de neotoreo apenas pudieron hacer nada frente a la casta del animal, que había conocido en sus carnes el significado de la palabra «chapuza» durante el primer tercio y que no dio facilidades ningunas a Roberto Blanco ni a Diego Valladar. Adrián no echa la muleta adelante nunca, se queda descolocadísimo y su torpeza hace que las gentes simpaticen con el toro, que está demandando poder y claridad de ideas en vez de zaragatas, al que se despide con una fuerte ovación en el arrastre, como ocurre a tantos toros que fueron silbados de salida. 
Su segundo fue el Jarretero del que hablábamos más arriba y de su lidia apenas podemos reseñar que si el toro no era lo que se dice vivaz, aún menos lo fue Fernando Adrián, produciéndose entre ambos una conjunción astral que producía somnolencia. Deja hoy Fernando Adrián sembradas muchas incertidumbres sobre su tauromaquia cuando ésta no se ve apoyada por un toro bobalicón y repetidor al que tundir a mantazos.

Fue ésta una tarde de brindis. Fernando Adrián brindó a la política Cayetana Álvarez de Toledo, que es otro de esos personajes de burladero de callejón a los que jamás nadie ha visto frente a una taquilla, y Román, que hoy venía apoderado por Luis Bolívar, brindó el toro de su triunfo al que fue su apoderado hasta finales de 2023, Manuel Martínez Erice.





ANDREW MOORE























FIN

Real Madrid.- Estar en el otro lado / por Athos Dumas


"A veces sabes de qué lado estar con solo ver quién está en el otro lado".

'Ustedes sabrán lo que hacen el domingo, señores consocios.'

Leonard Cohen, cantautor y poeta (1934-2016).

"Sometimes you know which side to be on, just seeing who's on the other side".

"A veces sabes de qué lado estar con solo ver quién está en el otro lado".

Sin ni siquiera mencionar a los que están a favor de Florentino Pérez en estas elecciones presidenciales, basta con ver los nombres de algunos de los que se han posicionado descaradamente a favor del otro candidato, Enrique Riquelme. O, mejor dicho, quienes se han decantado contra la candidatura de Florentino Pérez. La lista, incompleta, y que pueden ustedes entretenerse en seguirla completando, está trufada de acérrimos antimadridistas, pero también de los que denominaba acertadamente Mourinho como “madridistas disfrazados”, que muchas veces son más perjudiciales para el Real Madrid que los antimadridistas confesos.

Aquí van algunos de los medios que se han destacado especialmente en las últimas semanas como riquelmistas o antiflorentinistas:
  • Marca
  • El Mundo
  • Cope
  • Cadena SER
  • RTVE
  • ABC
  • Onda Cero
  • Movistar
  • El Confidencial
  • DAZN
  • El Desmarque
.....

Pueden ustedes seguir añadiendo más nombres.

A esta ristra de medios habría que añadir a los habituales Javier Tebas, Ramón Calderón, Rafael Louzán, la cúpula del CTA, youtubers y pseudo comunicadores (algunos de ellos supuestos madridistas) con trayectorias oscuras y sin duda ávidos por derribar tras tantos años a Florentino Pérez.

Hace unos pocos días, mi querido amigo Fred Gwynne desglosaba 50 razones para votar a Florentino en su texto.

No le voy a corregir ni una sola coma a estas 50 razones, es más, me las apropio todas. La única razón que tenía para que Fred no votara a Florentino era, precisamente, que no podía hacerlo al no ser socio. Releyendo dichas 50 razones y viendo la tropa que se posiciona claramente “al otro lado”, la decisión está clara.

Y yo tengo una ventaja sobre mi amigo Fred, quizás una sola: soy socio con derecho a voto. Así que no voy a dudar ni una sola milésima de segundo. Solo hay una candidatura seria y 100% fiable.

Ustedes sabrán lo que hacen este domingo, señores consocios.

MADRID/ 26ª San Isidro La bella muerte / por Jorge Arturo Díaz Reyes


Román con las orejas del bravo tercero sale por la puerta grande. Morenito de Arandela y Fernando Adrián silenciados. Desigual pero encastado encierro...

La bella muerte

Jorge Arturo Díaz Reyes
CrónicaToro / Madrid, 6 VI 2026
Victorino Martín, trajo una corrida dispar de presencia, pero enrazado y exigente. Dos toros protestados de salida por falta de cuajo, de los cuales uno, el bravo tercero fue el del triunfo. El otro, el segundo, ambos paradójicamente ovacionados al arrastre, junto con el cuarto. Con ellos, los aplaudidos, primero de mucho genio y el quinto que lo fue sobrevalorado. Silenciado el manso sexto. Tres cinqueños, todos cárdenos.

La cumbre de la tarde la alcanzó Román con el tercero “Gallarete”, de 542 kilos. Fue recibido con un lanceo de trámite que no pronosticó nada. Las capas hoy solo sirvieron para la brega pura y dura sin entrar en materia estética. Ni quites ni nada. Francisco de Borja incierto con las puyas pasó su tercio con sanción de la clientela. Tampoco lucieron Pozo y López en el cumplimiento escueto de su contrato. Dos tercios de la lidia y ni asomo de grandeza, como no fuera la codicia manifiesta e ingobernada del Victorino. Entonces, el valenciano salió al paso con el acierto que le dio la victoria; la distancia. Sí señor, la distancia. Mientras sus alternantes encimaron y fracasaron con toros de orejas, él citó de largo, dándole aire e inercia a la pronta y brava arremetida, para verla llegar, embroncar} y vaciar con espacio y tiempo de colocar y ligar la siguiente suerte. Cabeza, buena cabeza.

Por otro lado la emoción del toro, embarcado en tandas que fueron de menos a más, tanto en cantidad como en calidad. De la de a tres y remate pasó a las de cinco en redondo, por bajo, tanto por la derecha como por la izquierda enaltecidas por el galope, la repetición y la humillación del cárdeno. La explosión total en el tendido vino con una serie por la diestra sin ayuda, puro trapo, que fuero, seis, el forzado y el desplante.

La faena no había sido perfecta, le faltó sosiego, quietud, pero la continuidad y el brío tapaban. Lo que pasó a continuación fue lo que la cotizó altamente y decidió todo. La suerte suprema, la razón de ser del toreo. Recibiendo, en los medios, una gran estocada de la cual el bravo resistió hasta el último aliento tratando de embestir al matador que se ufanaba, y doblando en el platillo. Gran momento de la corrida y la feria. Así sé mata un bravo. Así muere un bravo.

Las dos orejas con oposición tardía, de ¡Fuera del palco! Y tal. Pero lo doble petición había sido aplastantemente mayoritaria. Si la suerte suprema es suprema entonces no hay nada que alegar. Una para la faena, y una que podrían ser las dos para la muerte. Total, dos. Los honores al toro fueron unánimes. Qué ovación.

Con el sexto, el manso de la tarde que con su armadísima cara tapaba lo que le faltaba en el resto para ser lo que se dice “un toro de Madrid”, el valenciano, con su triunfo ya en firme, trabajó sin resultado contra la distraída sosería del garbanzo. Y al final con todo el mundo fatigado, le pinchó cinco veces antes de descabellado sin haberlo estoqueado. Un desangelado preámbulo para la Puerta grande. Que no agrió la fiesta de la muchachada que se tiró feliz al ruedo para acompañar al torero.

Morenito de Aranda, luchó a brazo partido, pero sin éxito ni reconocimiento, contra dos toros distintos. Uno de mucho genio y peligro que se le revolvía en corto tiro por tiro, al cual pese a su apuesta no pudo imponerle gobierno y liquidó de pinchazo y dos descabellos, oyendo aviso. El otro, el cuarto, más fijo, bravo y de opciones, tampoco fue dominado y el bajonazo con aviso no ayudaron a que su honesto, arriesgado e infructuoso esfuerzo cobrara algo más que un silencio indiferente.

A Fernando Adrián, se le está midiendo con particular dureza. Exacerbada esta vez porque no supo descifrar la bravura del segundo, desaprovechándolo en un toreo atosigante, sin desahogo. Pese a la buena estocada lo pitaron, y con gran fuerza ovacionaron el arrastre. Volvió a intentar su toreo de cercanía y circularidad que tan buenos réditos le ha dado en esta plaza y muchas otras. Pero ese éxito afila los dientes de parte del público madrileño. Pinchó, colocó una estocada total arriba sin efecto y el aviso y los tres golpes de cruceta estimularon los pitos. 

Madrid. Sábado 6 de junio 2026. Plaza de Las Ventas.
26ª de San Isidro. Sol 28ºC. Lleno. Seis toros de Victorino Martín, 546 kilos promedio, desiguales de presentación y juego

Morenito de Aranda, silencio tras aviso y silencio tras aviso,

Fernando Adrián, pitos y silencio tras aviso.

Román, dos orejas y silencio.

Incidencias: Al final de la corrida Román salió a hombros por la puerta grande.

San Isidro/26: Con los victorinos… Román sale en hombros / por Antolín Castro


'..Ya ven, si te toca el toro bueno tienes un porcentaje muy alto de salir triunfador en la tarde. Eso sucedió con el encuentro coincidente en la plaza de un torero llamado Román y un toro llamado Gallarete..'

Con los victorinos… Román sale en hombros

Antolín Castro
Opinión y Toros / Madrid, 06 Junio 2026
Llegamos hoy al final del ciclo isidril, quedan las corridas ‘In Memoriam’ para mañana y Beneficencia el domingo 14.

Como casi siempre, se cierra con la corrida de Victorino Martín y una terna que tienen buenos antecedentes enfrentándose a los ‘albaserradas’. Morenito de Aranda mostraba experiencias con ellos y hasta presumir de algún rabo, incluso indulto, en su carrera frente a ellos. Los otros dos de la terna, Fernando Adrián y Román, también tenían currículo con los de la A coronada.

En toriles esperaban los cárdenos y la expectación era máxima. Con los victorinos… se pueden hacer muchas cábalas y éstas se han tornado frustrantes o muy satisfactorias. Los toros han sido desiguales de presencia y juego.

Digamos pronto que Román desorejó al tercero de la tarde, de nombre Gallarete tras una vibrante faena en la que bastante tuvo con superar la prueba de una bravura desencadenada, con una fijeza absoluta y una repetición continuada. No era fácil y el valenciano, alegre y dispuesto como siempre en Madrid, cobró series de varios muletazos a izquierda y derecha, incluso finalmente toreando al natural con la mano diestra.

La emoción la puso siempre ese toro que valió por toda la corrida y a quien acompañó Román con todo lo que tenía, que no era otra cosa que encapsular en un todo las acometidas de Gallarete. Una estocada algo contraria acabó con las embestidas de ese gran toro. Lo que siguió fue una locura en los tendidos pidiendo los máximos trofeos. Lo curioso es que el usía parecía haber compartido el gran juego del toro, pero asociándolo a mérito completo de su matador. Ni Román se esperaba que le pusieran las dos orejas en la mano.

Nos alegramos por Román, siempre dispuesto y sin bajar la guardia, pero es que cuando un toro pone esas embestidas el noventa por ciento de lo que se necesita para triunfar está conseguido. En el último nos encontramos con la triste realidad, si un toro no embiste y repite como para ligar muletazos sin parar, se hacen imposibles los triunfos.

En esa tesitura estuvieron sus compañeros de terna. Vanos intentos de Morenito de Aranda con su lote, queriendo imponer el temple que los toros no tenían. Y es que intentar aplicar medicinas para resolver problemas, eso ya es otro cantar. Al menos fue el único que intentó templar. Palmas a la muerte de su primero y silencio en el cuarto.

Peor ha sido el paso de Fernando Adrián, que ha estado con ganas, pero desordenando, muchas veces por aceleración, lo que ha llegado a amontonarse. Ha salido en hombros en esta plaza varias veces, la última en esta misma feria, pero su toreo no se corresponde, al margen de su entrega, con un lucimiento natural y lógico en sus trasteos. Silenciado en su lote.

Ya ven, si te toca el toro bueno tienes un porcentaje muy alto de salir triunfador en la tarde. Eso sucedió con el encuentro coincidente en la plaza de un torero llamado Román y un toro llamado Gallarete...

El abono isidril ha terminado. Quedan los dos festejos extraordinarios ya comentados al principio.

sábado, 6 de junio de 2026

San Isidro'26. Juampedrada de "rebotáos" para Uceda, Clemente y Aguado de borrajas (H2O). Márquez & Moore


'..Hoy tocaban de nuevo los de Juan Pedro. Por si no hubo bastante con los de la Corrida de la Prensa del otro día, hoy otra taza de ricino así, por las buenas..'

JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ
Hoy tocaban de nuevo los de Juan Pedro. Por si no hubo bastante con los de la Corrida de la Prensa del otro día, hoy otra taza de ricino así, por las buenas. Ésa era la actitud cuando bajábamos hacia a Las Ventas, pero luego, como se suele decir, «viene el toro y lo descompone». Y la descomposición consistió en que donde el día 28 de mayo hubo seis pobres jureles bondadosos, bobos, zompos y soporíferos que, por cierto, llevaron a su propietario al éxtasis ganadero, hoy, con el mismo hierro en el anca salieron otros seis que, sin ser la maldad personificada, crearon suficientes dudas e incertidumbres como para que el amo que los cría se fuera a su casa o a sus predios del Castillo de las Guardas triste y cabizbajo, porque él lo que quiere del ganado que cría es sumisión, sumisión y sumisión. 
Nadie vaya a pensar que la corrida fue una de ésas de las que se llaman «duras», que en los seis juampedros -o cinco más uno- de hoy no hubo casi nada que demostrara inteligencia por parte del ganado, ni tampoco andaban mirando al torero, cosa que tanto incomoda, ni prácticamente se comían a nadie, pero su falta de sumisión, demostrada en ciertas actitudes tales como levantar la cabeza o derrotar al salir del pase, no humillar lo necesario o la falta de homogeneidad en las embestidas, no era lo que venían buscando los que se anunciaron con este encierro, dando la suma de todas esas circunstancias el resultado de una tarde movidita.

Para despachar a los juampedritis se trajeron en este último Viernes de Cubata al veterano Uceda Leal de frambuesa, cuajado de oro, con cabos de oro y alamares de chorrillos largos; a Clemente, de grana y azabache, y a Pablo Aguado, de faja de madre y muchísimo oro. Ésta era la tercera comparecencia de Aguado en la Feria del 2026 y todavía no sabemos a qué ha venido.

Uceda quiso hacer lo suyo en el cuarto de la tarde, Baladuero, número 107. Brindó a la parroquia y se dispuso a vérselas con el colorado. Se lo sacó a los medios muy toreramente y dejó un pase de trinchera para quien estuviera atento y ahí la cosa comenzó a hacer aguas. Lo mismo si Uceda pilla este toro hace siete años, nos había dejado una interesante faena, pero dio la impresión de que el madrileño no quiso o no pudo soslayar las pocas complicaciones que el toro le planteó. El bicho se fue desfondando y, a su manera, el matador también. Media estocada fue suficiente para echar abajo al toro.

Clemente lo intentó también en su segundo, Soldador, número 118. Inició su labor con unos «medios gayolos» en los que el toro planeó sobre él y en el último tercio se fue a terrenos del 6 a darle la réplica a este Soldador que primero le avisó dos veces y luego acabó cogiéndole. Hay que decir que Clemente en este toro se puso valientemente a hacer el esfuerzo de situarse donde los toros cogen, y que el conjunto de su labor hasta que fue retirado por las asistencias para llevarle a las manos de los Padrós, caló en los tendidos por su autenticidad basada en irse al pitón contrario y quedarse bien colocado. Le pasó al toro en series por la derecha y luego de uno en uno por la izquierda con bastante verdad, contando con que la condición encastada del toro aumentaba la sensación de riesgo, siendo la actuación de Clemente en este toro lo de mayor valía de todo lo visto en la tarde.

Hay personas que portan apellidos que son definiciones: «Novillo», «Rufián», «Carnero» o, en este caso, Aguado, que en este caso sería la condición del toreo de quien porta esa denominación. Seis toros ha tenido delante Pablo Aguado en la Monumental, para dejarnos aunque fuera una brizna de ese arte que aseguran que atesora y lo que nos ha dado han sido sopas con honda, con la honda preocupación de que su incompetencia con la muleta se ve aumentada de manera exponencial con el toro que sale en Madrid, que es tan distinto de todos los demás toros que verá en toda la temporada. Cuentan que el otro día, en Aranjuez y ante una renqueante bola de sebo, bordó el toreo y la impresión es que el que quiera verle y recrearse en las capacidades que le cantan, debe comprarse una moto y recorrerse la España vaciada, de pueblo en pueblo, como Diógenes con el candil, a ver dónde le echan las babosas que convengan a su decadente filigrana. La cosa de las herramientas tauricidas, tal y como quedó demostrado, tampoco son su fuerte. Pablo Aguado es H2O: incoloro, inodoro y, sobre todo, muy insípido.

Mención aparte merece el peonaje. Por la parte equina el único que estuvo a la altura de la plaza en la que se encontraba fue «Espartaco», que picó al tercero. Por la parte de la bipedestación reseñar la brega de Iván García al tercero y sus ganas de agradar con las dificultades que le puso el sexto y el coraje de Morenito de Arlés. Fernando Sánchez parece que está en horas algo bajas, aunque las gentes se han encariñado con él y le aplauden todo lo que hace.

La corrida fue remendada con un sobrero de Montalvo, que salió en segundo lugar, lo cual nos lleva a plantearnos por cuál será la razón de que el día que se jugaron los de Montalvo los sobreros fueran de Casa de los Toreros y de Fermín Bohórquez teniendo uno de Montalvo en el congelador. La tradicional opacidad que siempre rodea todo en el mundo de los toros no nos ayudará a conocer la respuesta al enigma.
                                                                                                                                             

ANDREW MOORE



















FIN