la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

viernes, 27 de marzo de 2026

Desde la ventana de Morante, se veía la muerte de Noelia


'..Cuando Morante de la Puebla pronunció sus palabras hablando del suicidio como solución a su dolor, se abrió una ventana por la que miramos unos segundos. De inmediato, cerramos la persiana..'

Desde la ventana de Morante, 
se veía la muerte de Noelia

por Mundotoro 27/03/2026 en Editorial
Síntoma de nuestra decadencia moral y algo más, como diría Groucho (Marx), nos llega todo un río de informaciones y opiniones sobre la eutanasia que en su día demandó la joven Noelia Castillo (24). Salvo excepciones, la insolvencia moral de todas ellas, por hipocresía o interés político o ideológico, crea una escenografía para el pánico. El de saber que quienes generan opinión, hacen leyes y representan a la ciudadanía ocultan que la petición de Noelia para que le quitaran la vida legalmente fue consecuencia de su intento de suicidio en 2024. La causa de este drama es la misma que la de los 11 españoles que, cada día, sí son certeros a la hora de quitarse la vida. Casi 4.000 al año, según censo de 2025, algo que nos retrata como una sociedad fallida.

Once personas al día viven su homicidio íntimo, en donde los asesinos son ellos mismos. Son muertos que metemos debajo de la alfombra para que no molesten, con una hipocresía mayor que cuando eran enterrados extramuros del cementerio por pecadores. Entre nosotros, al lado, hay, estadísticamente, una persona seducida por el suicidio. Cuando Morante de la Puebla pronunció sus palabras hablando del suicidio como solución a su dolor, se abrió una ventana por la que miramos unos segundos. De inmediato, cerramos la persiana. Otros toreros se ponen delante del toro; lo hacen sin que su mente se ponga, a compás, también delante del toro. Nos consta, lo sabemos y ni siquiera miramos por esa ventana.

España vive diariamente en una especie de gigantesco basurero moral que consiste en dar cancha de imagen y expansión mediática a aquello que se empeñan sea preocupación social. Una serie de mentiras pseudopolíticas/judiciales que derivan en lo contrario para lo que se creó la prensa y sus derechos, y la política y sus derechos. Todos somos culpables de este fracaso como comunidad, un fracaso como seres humanos. Fracaso y fraude de la sociedad de bienestar que no consiste en ser causantes de esa brutalidad contra la vida de uno mismo (que lo somos: desempleo, soledad, fracasos…) sino en no detenernos a pesar de que nos pasa. Y lo que nos pasa es que la vida/muerte se pone en valor solo si es útil. Si la vida (muerte) nos señala con el dedo, pedimos la inmoral goma de borrar.

David Hume dijo que ‘si la vida humana humana no merece ser preservada siempre, entonces el suicidio es inocente’. Nuestra cultura de la vida de bienestar es una mentira sin piedad alguna. Un fraude, una impostura. Once muertos diarios es una guerra civil de seres humanos contra ellos mismos. Día a día. Pero cometemos la inmoralidad de decir ‘no a otras guerras’. O damos cada sensiblera a la muerte de una mascota. El suicidio sigue siendo la segunda causa de muerte externa en este país que habla y habla de la eutanasia de Noelia, causada por el suicidio.

La forma de extirpar con el bisturí de la indecencia la causa de la petición de eutanasia (del griego eu («bueno» o «bien») y thanatos («muerte»)), que no es otra que un intento de suicidio, es un fraude. Un intento dentro de las decenas de miles de intentos de suicidios anuales de muchas “Noelias”. Con un agravante: usamos la palabra eutanasia en su sentido más falso: la muerte legal sin dolor por petición de una persona en el extremo de su sufrimiento. Pero “eutanasia”, literalmente, significa «buena muerte» o «bien morir», concepto que históricamente se asociaba a una muerte apacible, tranquila y sin sufrimiento físico. En la cama, de noche, habiendo vivido una vida plena.

La eutanasia era esto / por Javier Torres


'..Nos dijeron que la eutanasia sólo se aplicaría en situaciones de extrema gravedad cuando el dolor físico es inaguantable. Apenas unos casos aislados. Y todo revestido de toneladas de propaganda que apelan a la humanidad, que es siempre la garantía de que detrás hay gato encerrado..¡

La eutanasia era esto

Javier Torres
En tiempos de salud mental la eutanasia es la solución final que el Estado proporciona a una joven de 25 años con sufrimiento psíquico. Nos dijeron que la eutanasia sólo se aplicaría en situaciones de extrema gravedad cuando el dolor físico es inaguantable. Apenas unos casos aislados. Y todo revestido de toneladas de propaganda que apelan a la humanidad, que es siempre la garantía de que detrás hay gato encerrado.

Esta película ya la hemos visto y conocemos su final. Es el mismo planteamiento utilizado en 1985 cuando Felipe González —al que tanto admira Moreno Bonilla— aprueba el aborto. Que sólo se aplicaría en casos extremos como un embarazo por violación o cuando la vida de la madre corra peligro. También si hay “riesgo psíquico” de la embarazada, supuesto que ha servido como coladero durante cuatro décadas. Consagrado como un derecho, el aborto ha mutado en un método anticonceptivo más. El resultado salta a la vista: 100.000 niños son triturados cada año.

No hay discurso, columna ni ensayo que expliquen mejor las vergüenzas de este sistema criminal que la historia de Noelia. Hace cuatro años la joven sufre una violación en manada de esas que no salen en las noticias ni merecen un documental en Netflix. La agresión tiene lugar en un centro tutelado al que llega cuando el Estado arrebata la custodia a sus padres que habían perdido la casa y acumulado deudas tras un proceso de divorcio. La chica ya sufría una discapacidad intelectual y la violación empeora la situación. Noelia salta al vacío y queda parapléjica, aunque ella misma puede valerse para ducharse.

Es entonces cuando Noelia solicita la eutanasia y el padre recurre a la Justicia. En vano, el Estado doblega la figura paterna y es el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo (derechos marranos, decía Aquilino Duque) el que finalmente baja el dedo. Un juez decide por la vida de una persona que no es enferma terminal, primer caso de eutanasia por depresión en España.


El Estado ha matado a Noelia y no caben medias tintas. Es la Generalidad catalana la que pleitea contra el padre para que la eutanasia vaya adelante. Ese Estado que primero le quita la potestad de su hija para enviarla a un centro de menas. El Estado que no protege a Noelia después le ofrece el pinchazo letal. El Estado que descarta la cadena perpetua o la pena de muerte para esos malnacidos sí se arroga la potestad sobre la vida de un inocente. En lugar de paliar el sufrimiento, administra una inyección mortal.

Con la eutanasia el Estado no es que tenga en sus manos la salud de sus ciudadanos, sino la propia vida. El Estado sobrepasa todos los límites y convierte a los médicos en verdugos. El Estado pisotea el juramento hipocrático que impide a los médicos provocar la muerte intencionada a un paciente. Es el fracaso de una civilización enferma de relativismo.

De fondo late una concepción individualista del mundo. Por ello sorprende la indignación generalizada entre quienes promueven desde hace décadas el yo por encima de todo. El ignominioso derecho a decidir. La autodeterminación individual. Defender la libertad como un bien absoluto, un fin en sí mismo, tiene su precio. Las ideas tienen consecuencias y no es lo mismo debatir sobre el papel que ponerle voz y rostro a la monstruosidad de la eutanasia cuando alguien quiere llevarla hasta sus últimas consecuencias.

En realidad, aquí se llama a engaño el que se ha querido engañar. Bastaba con mirar a Holanda, que viene del futuro. Allí la eutanasia es legal desde 2002 y desde entonces no para de crecer hasta el punto en que el 6% de las muertes totales son ya por este motivo. Los casos por problemas de salud mental, incluyendo depresión o autismo, están a la orden del día. Puro progresismo.

El doctor Jérome Lejeune, padre de la genética moderna y descubridor de la trisomía 21 (síndrome de Down), decía que la calidad de una civilización se mide por el respeto que tiene por los más débiles. Que la verdadera civilización no se juzga por su poder o tecnología, sino por cómo trata a quienes no pueden defenderse. Si empleamos semejante vara de medir Europa no es más que un viejo decrépito que ya no se escandaliza ni por el asesinato legalizado.

Descanse en paz, Noelia Castillo.

Más allá de las orejas / por Paco Delgado


'..La plaza de Valencia, siempre generosa con el torero, amable y dadivosa, lleva tiempo convertida en una especie de tómbola en la que todo vale y todo cuela. La causa es fácil: la educación taurina cada día brilla más por su ausencia..'

VIENTO DE LEVANTE
Más allá de las orejas

Paco Delgado
No es la primera vez que sucede ni, lamentablemente, será la última. Las plazas cada vez acogen menos aficionados -y muchos menos de los que de verdad sepan y entiendan- y sus tendidos se pueblan mayoritariamente de un público festivo que sólo busca diversión, sin analizar ni tener en cuenta qué es lo que sucede en el ruedo. Sólo quieren orejas como prueba de que la función ha valido la pena.

El coso de Monleón volvió a ser escenario el pasado día 18 de marzo de un espectáculo que va más allá del puntual escándalo, la indignación de unos espectadores poco avisados y la rasgadura de vestiduras de profesionales que claman al cielo por lo que consideran una afrenta que no va contra la fiesta sino contra sus intereses.

Desde hace ya unos años la afición a los toros lleva una deriva ciertamente preocupante. La gente, en su mayoría, no atiende a lo que sucede entre toro y torero, sólo aplauden y piden música a voz en grito y les da igual que lo hecho haya sido, bueno, malo o regular. 

Lo que importa es que el toro caiga y no se echan cuentas ni a su condición, ni a cómo lo ha entendido su matador ni, mucho menos, a la calidad de la estocada; da igual que el estoque caiga bajo, contrario o trasero: si el toro dobla con rapidez, a pedir trofeos.

Pocas plazas quedan ya en las que haya público riguroso o entendido y en alguna, Las Ventas, un cierto sector se ha ganado el rechazo de los taurinos por su nivel de exigencia, si bien es cierto que en no pocas veces rozan, o traspasan abiertamente, los niveles de la educación o el respeto a quienes están en el ruedo. Pero mantienen un cierto tono y logran mal que bien que las cosas se tengan que hacer más o menos con arreglo al canon y no todo sea una pura pantomima y el espectáculo taurino mantenga un nivel de seriedad que lo prestigie y engrandezca.

La actuación del palco presidencial de Valencia hace unos días generó un pequeño terremoto. Pilar Bojó, presidenta en aquel penúltimo festejo del serial fallero, negó una primera oreja y luego otra del cuarto, provocando una buena escandalera. Finalmente, y con una petición menor que las dos primeras, no aguantó el envite ni la presión, y concedió una oreja del sexto, premio que supo a muy poco a su receptor que la despreció y arrojó al suelo lejos de él.

Y lo cierto, desde mi punto de vista, es que estuvo acertada en sus dos primeras decisiones. Ni las respectivas faenas habían sido tan redondas ni rematadas correctamente ni la petición fue claramente mayoritaria. Hay que recordar que la solicitud de premios se efectúa mediante la exhibición de pañuelos, no a grito pelado y en ninguno de aquellos casos la plaza se tiñó de blanco. Sí que hubo mucha bulla y mucho ruido, pero eso no computa. Tampoco se puede premiar lo que sea por que se desgañiten espectadores que no saben lo que han visto.

La plaza de Valencia, siempre generosa con el torero, amable y dadivosa, lleva tiempo convertida en una especie de tómbola en la que todo vale y todo cuela. La causa es fácil: la educación taurina cada día brilla más por su ausencia y no sería mala cosa que clubes taurinos, asociaciones, peñas, etcétera, se dedicasen a organizar cursillos, seminarios, talleres (que se dice ahora) y lo que fuera menester para instruir y aleccionar a sus afiliados y que sepan primero lo que ven y, en consecuencia, pedir trofeos y laureles con sentido, sensatez y justicia y el coliseo valenciano no sea tomado a chacota y acabe convertido, como camino lleva, en un cachondeo.

Durante la última feria se han apreciado intentos de la autoridad por subir el listón y no ceder ni fácil ni rápidamente a la concesión de trofeos sin ton ni son y recompensas que nada valen, aunque luego portales y revistas especializadas pongan el grito en el cielo y les tachen de prevaricadores y otras lindezas con las que tratan de agradar y pasar la mano por el lomo al llamado sistema.

HUGHES: Por Noelia


 '..Decía Houellebecq: «Cuando un país —una sociedad, una civilización— legaliza la eutanasia, pierde todo derecho al respeto. Entonces, resulta no solo legítimo, sino deseable, destruirlo, para que algo más —otro país, otra sociedad, otra civilización— tenga la oportunidad de surgir». Llevamos soportadas muchas razones, pero cuando pregunten por qué, diremos que Noelia..'

Por Noelia
HUGHES
Internet fulmina cualquier pretensión de originalidad. Estaba yo obnubilado todo el día por un periodista de El País, y me di cuenta, a media tarde, de que ya se había hecho famoso.

No está al alcance de todos empezar un artículo con «Noelia debería estar muerta». Falló un pequeño detalle: el padre. De qué manera hablaban los comisarietes progresistas del padre, de ese padre… Ha sido el malo de la película (por supuesto, junto a los clásicos abogados cristianos) por haber prolongado la vida de su hija impidiendo «su derecho a una muerte digna».

La idea de vida o muerte digna lleva implícita la de la vida/muerte indigna. Y esa vida indigna no se ataca, por supuesto, no se ejecuta eugenésicamente pero, de otra forma, recibe un estatuto distinto al retirarse en ella las salvaguardas habituales. Lo indigno no es asesinado, pero puede ser suicidado. Se abre por tanto la posibilidad al reconocimiento, por el Estado, de una vida B.

Con Noelia parece que hemos pasado de la ayuda a la muerte a ayudar al suicidio, de la ayuda al buen morir a evitar el mal vivir. Pero vivir es ir muriendo y eutanasia, en cierto punto de legislación, era ya suicidio. Los siniestros progresistas (casi todos somos progresistas, pero no formamos parte de esa agresiva vanguardia ‘moral’) se dibujan siempre, llevados por una especie de delirio de Ilustración, por oposición a los católicos y a la Iglesia y esto ayuda a verlos mejor. Los católicos creen en otra vida y en un Mas Allá, pero intentan alargar esta, la aprecian como algo sagrado. Los progresistas no creen que haya nada después, y tratan la Vida («la vida es una»), sin embargo, como algo que puede ser apagado.

Subleva la soberbia con la que despachan la eutanasia. En ella se dan tres absolutos: la voluntad individual en una libertad desvinculada, el comité de expertos (autonómico además) y la Ley. «Es que es legal —dicen—, se han seguido los pasos», como si la vida fuera impugnar una multa. Normal que los abogados hayan tenido que tirar por el contencioso, porque la vida de Noelia ya era solo un procedimiento administrativo. 

¿Pero cuándo les ha importado a estos salvajes la ley? ¿Qué ley han respetado estos animales de bellota?

Indigna además que nos hagan participar en esto. Yo respeto el derecho al suicidio y animo a los periodistas gubernamentales a que lo emprendan de inmediato. Pero esto es otra cosa y es un horror formar parte, por su culpa, de una gran impotencia. Ese dar por clausurada la esperanza. ¿No se podía hacer más? ¿No se le podía hacer llegar amor, cuidado, tratamientos nuevos a esa mujer?

Cualquiera siente que con Noelia se podía haber hecho más, y hasta James Rhodes ofreció su ayuda. Es un izquierdista, pero no es capaz de alcanzar los niveles de fanatismo e impiedad de sus correligionarios ibéricos. Como el mencionado periodista de El País, que hablando de Noelia escribió que su padre estaba «estirando el chicle». Difícil de superar parecía, pero Eldiario.es tituló anoche: «Noelia gana a los ultras» y «muere»; lógica sacrificial, martirio de la muchacha en el altar de la ideología ¿antifascista o simple jodetefacha?

Este caso ha revelado al extranjero y nos recuerda a nosotros el terror español, la horrorosa vida española que aparece en cuanto se rasca la capa de turismo, playas, fiesta y Real Madrid. La realidad terrorífica de lo español se muestra al exterior y la izquierda impone en nuestras conciencias otro golpe de profunda desmoralización. No es la primera cuenta atrás. No es la primera vez que miramos impotentes el reloj por una vida.

Se hace tentador recurrir a cierto tremendismo con el Estado (hacer un poquito el salto de la rana hobbesiano), pero algo cambia con la ejecución caritativa de esta muchacha: el Estado del cuidado y la solidaridad muta hacia formas de soledad. En la tupida jungla asistencial (más que nada retórica) claros de liberalismo atroz que dejan tiritando: islas de desamparo. Esto ya no es un Estado paternal que cuida, es un Estado paternal que finiquita. El Estado es Proveedor pero de otra forma: de dar empleo y vivienda pasó a dar subsidios y disculpa para la okupación y ahora da derechos a amputarse los genitales y a ser asistido en el suicidio.

Es el Estado Proveedor del feminismo, que es la compañera con la que se encama. ¡La hembra-bruja de este macho cabrío! El feminismo se ha dedicado a complicar la vida al español, pero vive perfectamente con la idea de que a las mujeres las violen y luego las suiciden. Pon buena cara, chata, que es un avance.

El Estado le permite a la mujer matar a sus hijos, matarse ella también si quiere (Él la ayuda) y llevar a sus hijas a la inyección letal jodiendo al padre, que seguro es un españolazo.

Decía Houellebecq: «Cuando un país —una sociedad, una civilización— legaliza la eutanasia, pierde todo derecho al respeto. Entonces, resulta no solo legítimo, sino deseable, destruirlo, para que algo más —otro país, otra sociedad, otra civilización— tenga la oportunidad de surgir». Llevamos soportadas muchas razones, pero cuando pregunten por qué, diremos que Noelia.
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El propósito de un sistema es lo que hace / por Carlos Esteban


'..y lo que hacen los partidos es partir. La democracia de partidos es una guerra de facciones en la que se cuentan los efectivos de cada bando para evitar derramamiento de sangre..'

Carlos Esteban
El 85% de los estadounidenses cree que la violencia política está aumentando. Ocho de cada diez aseguran que demócratas y republicanos ya no comparten ni siquiera los hechos básicos sobre los que discutir. Y alrededor de uno de cada cinco admite que, en determinadas circunstancias, la violencia puede estar justificada. La política ha dejado ser para el común un desacuerdo y se ha convertido en una amenaza.

El propósito de un sistema es lo que hace, y lo que hacen los partidos es partir. La democracia de partidos es una guerra de facciones en la que se cuentan los efectivos de cada bando para evitar derramamiento de sangre.

El sistema funcionó durante un buen tiempo porque el enfrentamiento, la división del país, era sólo sobre política, y la política abarcaba una parte menor de la vida de la gente.

La política era la forma de organizar la sociedad, una organización que, en cualquier caso, no podía alterar nada verdaderamente importante, porque lo importante ya quedaba preestablecido en una constitución, formal o informal. Todo el mundo vivía en una misma realidad, y sólo era cuestión de decidir cómo actuar sobre ella en el gobierno de la comunidad.

Pero la propia lucha feroz por el poder evolucionó en dos sentidos nefastos.

Primero, la política, antaño una actividad circunscrita y especializada, acabó abarcándolo todo, desde el arte hasta el cortejo, desde la comunidad de vecinos hasta las iglesias. La política no dejó rincón de la vida sin contaminar y, por tanto, sin dividir y enfrentar. Y, en segundo lugar, las ideologías que animaban las propuestas de los partidos se convirtieron en verdaderas visiones totales, no de la forma óptima de gobernar, sino del mundo y la realidad. Votar por un partido ya no reflejaba —o se esperaba que no reflejase— preferencias sobre la acción del gobierno y ordenación de la vida pública, sino toda una cosmovisión, una antropología, una ontología distinta.

La consecuencia inevitable es que lo que sólo constituía una fractura puntual y limitada de la comunidad se fue convirtiendo en una sima. Ya no vivíamos en el mismo mundo, incluso habitando el mismo suelo.

Eso lleva al punto final, cuando el rival político no es meramente alguien equivocado en su visión, sino un malvado, un idiota o, más frecuentemente, ambas cosas. El resultado es un conflicto civil latente, pero muy real, una brecha que se ensancha de día en día y que aboca a nuestras sociedades a la ruptura e incluso el enfrentamiento violento.

Durante mucho tiempo, esa tensión se contenía porque había un suelo común. Una realidad compartida, unas verdades básicas, incluso unos límites implícitos que nadie cruzaba. Hoy ese suelo ha desaparecido o, al menos, se ha resquebrajado.

La ley judía tiene una figura llamada «din rodef», «ley del perseguidor», que legitima matar a alguien que se dirige a matar a algún otro o a uno mismo. Tiene sentido, pero también un riesgo evidente: considerar erróneamente que tu «enemigo» va a acabar contigo y que, por tanto, es justo y necesario que te adelantes en un movimiento preventivo.

En Estados Unidos cada vez se habla más por comentaristas y en redes sociales de la «venganza» de los demócratas contra los republicanos cuando estos vuelvan al poder. Se espera una purga implacable. Y tiene sentido, porque los propios demócratas temen lo mismo de sus rivales.

Es todo una locura suicida. No hay sociedad que aguante este nivel de desconfianza mutua y miedo sin quebrarse. Y no es, en absoluto, un asunto exclusivo de Estados Unidos; puede apreciarse en todas las sociedades occidentales, empezando por la nuestra. Urge una desescalada, empezando por despolitizar cada aspecto de nuestras vidas.

jueves, 26 de marzo de 2026

José Miguel Arroyo, «Joselito» en laTertulia Taurina Los Sabios Del Toreo De Albacete


'..Como buenos aficionados que nos consideramos, nos caben muchos toreros en la cabeza; pero solo unos pocos logran concitar el acuerdo de todos. Uno de ellos es el maestro José Miguel Arroyo, «Joselito»..'

Tertulia Taurina Los Sabios Del Toreo De Albacete

En ocasiones, los sueños se cumplen. Y si para ello hay que desplazarse a Madrid, para comer y celebrar la tertulia, ayer lo hicimos, convirtiendo al restaurante La Giralda en punto de encuentro.

Como buenos aficionados que nos consideramos, nos caben muchos toreros en la cabeza; pero solo unos pocos logran concitar el acuerdo de todos. Uno de ellos es el maestro José Miguel Arroyo, «Joselito».

Su presencia en nuestra tertulia era una deuda pendiente. Este año, con motivo de sus XL años de alternativa, nos pareció un momento adecuado para intentar saldarla.


Hace unos días, el torero declaraba en una entrevista, una vez más, que nunca se había sentado a comer con nadie que no le apeteciera. Por eso, su aceptación tiene un valor especial. Conversar con él en privado, oír sus comentarios, escuchar sus opiniones y valoraciones sobre el toreo en general, con esa cercanía y simpatía —sí, simpatía— de un figurón del toreo que lo ha sido todo —director de la Escuela de Tauromaquia de Madrid, ganadero, apoderado y, por encima de todo, primera figura del toreo—, ha sido una experiencia que no olvidaremos jamás.

Queda nuestro agradecimiento por su deferencia y por las horas compartidas, más aún en un año tan significativo en su trayectoria, desde aquella alternativa en Málaga de manos del maestro Dámaso hasta su consolidación como referente.

Y, una vez más, nuestro reconocimiento a Javier Hurtado, Sabio de Honor de la tertulia, por hacerlo posible.

Eutanasia de Noelia. Los obispos: "En este caso, no estamos ante una enfermedad terminal, sino ante heridas profundas"... ¿En serio, Argüello?

La Conferencia Episcopal Española con Argüello a la cabeza solo causa
 confusión con estas declaraciones

La Conferencia Episcopal Española con Argüello a la cabeza solo causa confusión con estas declaraciones
La vida debe ser protegida, desde la concepción hasta la muerte, sea cual sea el estado de vida o salud, ni enfermedad terminal, ni 'perrito que me ladre'... y si esto no lo tienen claro los obispos, estamos apañados.

Eutanasia de Noelia. Los obispos: "En este caso, no estamos ante una enfermedad terminal, sino ante heridas profundas"... ¿En serio, Argüello?

Toda España pendiente de la eutanasia de Noelia, hay un hospital blindado para ejecutarla a las 19:00 horas y llega la Conferencia Episcopal Española y emite un comunicado: Nota de la Subcomisión para la Familia y Defensa de la Vida: «contemplamos con profundo dolor la situación de Noelia».

"Hoy contemplamos con profundo dolor la situación de Noelia, esta joven de 25 años cuya historia refleja una acumulación de sufrimientos personales y carencias institucionales que interpelan a toda la sociedad. Su situación no puede ser interpretada solo en clave de autonomía individual, sino que exige una mirada más honda, capaz de reconocer el peso del sufrimiento psicológico, la soledad y la desesperanza".

Empieza con buen pie la nota, pero la alegría dura poco, siguiente párrafo: "Queremos subrayar que la eutanasia y el suicidio asistido no son un acto médico, sino la ruptura deliberada del vínculo del cuidado, y constituyen una derrota social cuando se presentan como respuesta al sufrimiento humano. En este caso, no estamos ante una enfermedad terminal, sino ante heridas profundas que reclaman atención, tratamiento y esperanza".

Intentan arreglarlo los obispos con la siguiente frase: "La dignidad de la persona humana no depende de su estado de salud, ni de su percepción subjetiva de la vida, ni de su grado de autonomía. Es un valor intrínseco que exige ser reconocido, protegido y promovido en toda circunstancia. Por ello, la respuesta verdaderamente humana ante el sufrimiento no puede ser provocar la muerte, sino ofrecer cercanía, acompañamiento, cuidados adecuados y apoyo integral". Pero, de verdad, ¿era necesaria la frase de "enfermedad terminal"? ¿Es necesario crear la confusión, dejar la puerta abierta a interpretaciones y no ir al fondo de la cuestión?

La vida debe ser protegida, desde la concepción hasta la muerte, sea cual sea el estado de vida o salud, ni enfermedad terminal, ni 'perrito que me ladre'... y si esto no lo tienen claro los obispos, estamos apañados.
HISPANIDAD / 26.03.2026