la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

miércoles, 24 de julio de 2024

SANTANDER / 4ª de Santiago.- Había motivos / por Jorge Arturo Díaz Reyes

Ponce brinda el primer toro a Morante. Fotograma OneToro

Ponce magistral, Morante fundamental y Adrián sensacional salen a hombros tras cortar ocho orejas a un propicio encierro de Domingo Hernández…

Había motivos

Jorge Arturo Díaz Reyes
La tarde cargada de significados. El adiós de Ponce, la reaparición de Morante y el debut de Adrián. “Hemos traído un encierro a modo, como debe ser para las figuras”, declaró el ganadero antes del paseíllo. Y luego; “Agradecemos que nos hayan dejado armar la corrida a nuestro criterio, acertamos”.

Y fue como fue. Plaza soleada y casi llena de un público sensibilizado. Los seis toros de Domingo Hernández, cuatreños, menos el 3º, pesaron 488 kilos promedio. No mucho cuajo y caras amigables. Cinco negros y un colorado último. Encastados, alegres y de mucho fondo. Tras una sola vara, todos a más. Unos con mayor exigencia que otros (primero y sexto), pero en general con muchísimo que torear. Propiciaron que las tres tauromaquias fluyeran caudalosamente, cada una por su cauce, enluciendo los toros, matándolos como debe ser, inundando la tarde con emociones intensas y triunfando.

Enrique Ponce, conmovido fue despedido a coro por la plaza tras dos faenas de maestría. Qué pesar que toreros así se vayan dijo uno. Abrió plaza con “Ofiblanco”, que de salida no prometió mucho, poco claro y blando en los lances iniciales, volvió a caer en los primeros muletazos de tanteo. Tras el brindis a Morante. Sin embargo, la proverbial taumaturgia del de Chiva, y un leve gesto suyo pidiendo paciencia, aplacaron la desilusión. Por la diestra, delicada y lentamente, lo sostuvo a media altura en una, dos, tres tandas dosificadas con matices estéticos; trincheras, molinetes y costadillos. Al pasarse a la mano de cobrar, volvió a caer el toro tras un molinete invertido de remate a la primera serie. Pero de allí en adelante no más. La pujanza creció, el equilibrio se reestableció y el epílogo genuflexo fue intenso antes de la gran estocada.

Parecida historia clínica con el cuarto, que fue protestado por aparente cojera. También cayó tras la primera serie. Y también el tratamiento Ponciano le recuperó para una exhibición de naturales a cámara lenta y dibujo circular antes de un final con estrambote a rodilla doblada y otra estocada pura que cobró las dos orejas, para completar tres.

Morante de la Puebla, convaleciente de su mal psicológico era una incógnita. Pero la develó de una. Cinco verónicas y media, raudas sí, porque fueron a toro levantado, pero con sustancialidad canónica en lo demás. No fueron una mera promesa. En ese registro se plantó toda la tarde. Podría cometer la grosería de decir, qué con el ardor de un novillero, si no fuera evidente que lo que realmente le animaba era la dignidad del jerarca que se niega a despojarse de la púrpura. 

Sembrado, embrocado, aguantador, mandón, valiente, pero sobre todo sentido y hondo. El gran Morante. Quitó por chicuelinas y media. De las de él, claro, aromáticas, bellas, desmayadas. Y luego la lentitud de su muleta, la apostura de la figura cargando la suerte, la exquisita imprimación del mando. Construyendo una obra por las dos manos y poniendo su grey en estado de gracia. El volapié fue honesto, pero la espada cayó baja emborronando el lienzo. Le dieron una oreja. Porque nadie quería olvidar lo vivido.

El quinto era mirón, dijo después. Pero le lidió hasta la entrega total. Una faena larga como todas las de hoy, que llegó al aviso con la igualada. Sus banderilleros Ferreira y Zayas, la habían engalanado con un gran tercio. Y él, absolutamente fundamental, se prodigó en verdades naturales. Al cerrar una seguidilla de ocho por la izquierda el molinete belmontino fue enganchado y desarmado. La única peca. La espada honda al encuentro fulminó y la oreja pareció poco para tanto.

Fernando Adrián, llegó a pie, montera en mano y se fue a hombros en loor de multitudes, flanqueado por dos leyendas, a las cuales había brindado con reverencia el tercero, al cual desorejó. Que sigan disimulando su paso arrollador, dudando de él y negándole contratos, Peor para ellos. Se presentó con dos faroles y dos verónicas de rodillas, una de pie y una revolera. Lo suyo es la emoción veraz, la alegría incrustada en el toreo bien hecho, limpio, por bajo, largo, redondo, ligado y matizado. Los repentismos por la espalda, de rodillas, de pie, la quietud y la máxima exposición. Llega porque llega, hoy y en todas las plazas, de las más encopetadas a las más humildes. Tiene conexión con el pueblo, pero no es populismo, es verdad. Le correspondieron dos encastados. Desorejó al tercero con gran estocada y arrancó no más otra del sexto, el más complejo, porque pinchó al primer viaje. En la salida a hombros junto a sus lujosos alternantes no desentonaba para nada. Su triunfo fue legítimo.

FICHA DEL FESTEJO
Santander. Martes 23 de julio 2024. 4ª de Santiago. Plaza de Cuatro Caminos Sol. Lleno total. Seis toros de Domingo Hernández; Cuatreños, menos el 3º. Parejos, 488 kilos promedio, encastados y de mucho fondo.

Enrique Ponce, oreja tras aviso y dos orejas tras aviso.
Morante de la Puebla, oreja y oreja.
Fernando Adrián, dos orejas y oreja.

Incidencias: Saludaron: Joao Ferreira y Alberto Zayas tras parear el 5º. Al final de la corrida los tres matadores salieron a hombros.

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