la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

viernes, 17 de abril de 2026

A MI REAL BETIS BALOMPIÉ: AMOR MIO / por Manuel Herrero Presa


A MI REAL BETIS BALOMPIÉ
AMOR MIO

Yo sí guardo silencio con valentía dolorida.
Como un sufrido del alma. Como un habitual de la herida.
Mas, mi silencio es "sonoro" que alumbra y regala vida.
Siempre que cae se levanta, como el de las Tres Caídas.
Blanco y verde es mi silencio. Blanco y verde es mi destino.

Es silencio verdadero. Mi silencio es de Camino.
Camino de sol, de nubes. Camino de "verde cielo".
Camino verde esperanza, siempre con pies en el suelo.
Camino por las Marismas. Sendas de arenas, de pinos.
Camino de alegre gente, con la Fe puesta en su sino.

Son gente de mente dulce. Ven luz en la noche oscura.
Vislumbran sus horizontes, aunque la ruta sea dura.
Pero, !Qué gente, señores!, !Qué arte!, !Qué señorío!
Son gente que "dan su vida", al del nombre de su Río.
Gente que está habituada a transmitir su alegría.

A enseñar por esos mundos, que algo "Divino" les guía.
A vivir en Manquepierda. A sentir en Blanco y verde.
A cantarle a su Triana, cuando se gana o se pierde.
A pasear la Alameda. A evadirse por Sierpes.
A recorrer Macarena, Santa Cruz o Simón Verde.

Rezarle a Su Gran Poder. Pedir a Sus Esperanzas.
Gozar con "tos" sus toreros la Gloria en La Maestranza.
A perderse por sus parques. A cruzar puentes del Río.
A contemplar su Giralda y sentir escalofrío.
Por eso, solo por eso... Guardo silencio, Amor mío.

Manuel Herrero Presa
(En su día, sobre la marcha)

'Siempre bético!... y hoy más



Frente a la banalización del Derecho, Marchena / por Ricardo Rodríguez

 
En opinión de Ricardo Rodríguez, magistrado y doctor en Derecho, el ingreso de Manuel Marchena en la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España no es solo un reconocimiento personal: es una afirmación institucional en defensa de la legalidad, la motivación judicial y los límites del poder. Foto: Confilegal

Frente a la banalización del Derecho, Marchena

Ricardo Rodríguez
CONFILEGAL / 17 / 04 / 2026 

Hay nombramientos que honran a quien los recibe.

Y hay otros -los menos- que, además, refuerzan la institución que los concede.

El ingreso de Manuel Marchena Gómez como Académico de número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España pertenece, sin duda, a esta segunda categoría.

No es irrelevante el escenario. Nunca lo es en el mundo del Derecho.

La Real Academia no es un mero cenáculo honorífico, sino una de las más antiguas expresiones del pensamiento jurídico español, heredera de aquella tradición ilustrada que entendió -con acierto- que el Derecho no podía quedar al albur del poder, sino que debía ser objeto de estudio, depuración y sistematización permanente.

Desde entonces, su función ha sido clara: pensar el Derecho para preservarlo.

Tampoco lo es su sede.

El edificio madrileño que alberga la Academia -sobrio, institucional, ajeno a cualquier tentación ornamental- proyecta exactamente lo que debe proyectar: permanencia, seriedad y respeto por la norma.

Sus salones no están concebidos para el lucimiento, sino para la reflexión; no para el aplauso fácil, sino para el debate exigente.

En definitiva, un espacio coherente con la idea de que el Derecho es una construcción racional, no una herramienta coyuntural.

En ese contexto -y esto es lo relevante- se produce la incorporación de Manuel Marchena.

Uno de los juristas más influyentes de nuestro país

Conviene decirlo sin ambages: Marchena es uno de los juristas más influyentes de la España contemporánea.

Magistrado de la Sala Segunda del Tribunal Supremo, su trayectoria ha estado marcada por una constante que no abunda: la coherencia.

Coherencia técnica, en la construcción de su jurisprudencia.

Y coherencia institucional, en la defensa de los límites que el propio Estado de Derecho impone al poder.

Pero reducir su aportación a una idea genérica de influencia sería injusto.

No se trata solo de presencia, sino de método.

La jurisprudencia de la Sala Segunda bajo su presidencia ha contribuido a fijar criterios estables en ámbitos especialmente sensibles -la valoración de la prueba, la motivación de las resoluciones, los delitos económicos o la responsabilidad penal de las personas jurídicas-.

Con ello ha consolidado una forma de razonar que rehúye tanto el automatismo como la improvisación.

En sus resoluciones hay técnica, sí, pero también hay sistema.

Y eso, en Derecho Penal, no es frecuente: es imprescindible.

No es circunstancial.

Doble fidelidad

En un tiempo en el que la presión sobre la función jurisdiccional se ha intensificado -en ocasiones de forma preocupante-, mantener esa doble fidelidad al Derecho y a la institución no es solo una virtud; es una exigencia.

Quien haya leído sus resoluciones lo sabe.

En ellas no hay concesiones a la retórica vacía ni al efectismo.

Hay técnica, hay sistema y, sobre todo, hay motivación.

Y la motivación -conviene recordarlo- no es un formalismo, sino una garantía constitucional.

Es la expresión más tangible de que el juez no decide arbitrariamente, sino que razona.

Ya en su anterior ingreso en otra corporación académica, Marchena dejó una idea que hoy resulta imprescindible.

La justicia no puede ser sustituida por algoritmos sin vaciarse de contenido.

La inteligencia artificial podrá asistir, podrá ordenar, podrá sugerir… pero nunca podrá juzgar.

Porque juzgar implica algo más que aplicar reglas: implica comprender, ponderar y decidir conforme a Derecho.

Esta afirmación no es una simple reflexión teórica.

Es una línea de defensa del Estado de Derecho.

Y es aquí donde el nombramiento adquiere toda su dimensión.

Las Reales Academias no están para distribuir reconocimientos, sino para custodiar principios.

Son, o deberían ser, espacios de resistencia frente a la banalización del Derecho.

Frente a su instrumentalización.

Y frente a la peligrosa deriva que lo convierte en un producto más de consumo político.

Por eso, no todos los nombramientos son iguales.

Un acierto indiscutible

En una época en la que la inflación de méritos amenaza con diluir el valor de las instituciones, la elección de Manuel Marchena como Académico de número constituye un acierto indiscutible.

No solo por su trayectoria, sino por lo que simboliza: una forma de entender el Derecho como límite, como garantía y como estructura de convivencia.

Frente a la tentación -cada vez más presente- de flexibilizar la norma en función de intereses coyunturales, Marchena representa justamente lo contrario.

La afirmación de que el Derecho no se adapta al poder, sino que lo contiene.

Y eso, en términos institucionales, no es menor.

Quienes hemos tenido ocasión de escucharle -en sala, en conferencias o en foros académicos- sabemos que esa forma de razonar no es impostada.

Responde a una concepción profundamente interiorizada del Derecho como límite y como responsabilidad.

No hay en ello artificio, sino convicción.

He asistido a suficientes actos jurídicos como para saber que el protocolo, la solemnidad y la escenografía pueden, en ocasiones, vaciar de contenido el mensaje.

Pero también -y esto es lo excepcional- hay momentos en los que forma y fondo se alinean.

En los que el lugar, la institución y la persona designada responden a una misma lógica de rigor y exigencia.

Este es uno de ellos.

Porque, en definitiva, el ingreso de Manuel Marchena en la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación no es solo un reconocimiento personal -que lo es-.

Es una afirmación institucional que conviene subrayar.

La de que el Estado de Derecho sigue necesitando juristas que crean en él.

Juristas que razonen.

Juristas que motiven.

Juristas que resistan.

Y que, precisamente por ello, resultan hoy imprescindibles.

He dicho.
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En la tarde de Morante...¡qué bien toreó Víctor Hernández!

Víctor Hernández

Clásico, estoico, hierático (ritual e incorpóreo). 
Ritmo sereno y dulce; generoso en su ofrenda…

José María Moreno Bermejo
Bibliófilo taurino y escritor
Por cierto, el aludido R. Gallo, Gallito II hasta el día antes del debut de José Gómez Ortega en Madrid el día de San Antonio de Padua de 1912, decía que: “lo clásico es lo que no se puede hacer mejor¡ Así de bien toreó Víctor Hernández.

Juan Ortega

Y Ortega nos deleitó con un quite rítmico y bello por lances de esencias junto a un inicio de faena contaminada por un recuerdo de superiores sensaciones extracorpóreas de galaxias lejanas…

Me gusta relamer los sabores y saberes de lo aprendido otrora en plazas, foros, cielos y limbos de tauromaquias añejas en las que también, sin duda y a Dios gracia, se vivían éxtasis de los que impedían que se cerraran los ojos , y los sentidos, a la mesura y al racionalismo.

Morante de la Puebla

Y Morante, otra vez, levantó el estado letárgico de un toreo lineal y repetitivo que muchos insisten en que es el mejor de la historia; curiosamente, Morante, evocador primero de esos juicios, nos enseña las delicias de por qué ese toreo anterior fue sublime, y que se realizó ante toros no tan nobles como los de estas calendas. Y por cierto de nuevo, los Álvaronúñez pasan los trapos y se excitan para mostrar sus poderes luego, y su interés, y su raza (lo del caballo es otro cambio sin retorno, me temo).

Gracias a Morante, consideración al bello toreo de Ortega, admiración y máximo respeto a la verdad de Víctor Hernández.

Y Sevilla ve el toreo como quiere; nadie se atreva a decir cómo verlo y decirlo. Han sido muchos siglos explicando su nascencia y evolución; incluso su primer dictado fue de un gran sevillano que lo explicó en 1793 (edt. 1796), y al que aún hoy seguimos evocando; el arte del toreo se llamó antes “El arte de Pepe Hillo”; luego, la sevilla gozosa lo denominó arte de Cúchares; como ahora Sevilla puede hacer lo que quiera. El tiempo siempre ha de seguir dándole la razón.

Morante: cuando el toreo se volvió imposible de explicar / por Por María Padillo


'..Y entonces, cuando todo apuntaba a un final redondo, apareció la espada para recordar que el toreo también está sujeto a normas. El fallo con el acero impidió ese rabo que ya estaba concedido en el sentir unánime de la plaza, reduciendo el reconocimiento oficial a dos vueltas al ruedo que, en realidad, sabían a poco frente a lo vivido..'

Morante: cuando el toreo 
se volvió imposible de explicar

Por María Padillo
Hay figuras en el toreo que se pueden explicar, que se pueden medir, que incluso se pueden comparar. Y luego está Morante de la Puebla, que pertenece a otra dimensión donde todo intento de análisis se queda corto. Decir, como afirma Antonio Lorca, que es el dios del toreo puede sonar exagerado en frío, pero cobra un sentido casi literal cuando uno presencia una tarde como la vivida en la Real Maestranza de Sevilla. No fue solo una buena tarde ni una actuación bonita: fue una de esas cosas que te descolocan por dentro, que no sabes muy bien cómo contar porque se te queda grande incluso al recordarlo.

Porque, en efecto, se hablará mucho de la polémica: de la salida por la puerta principal, de la negativa a abrir la Puerta del Príncipe, de si la autoridad estuvo a la altura o no de lo ocurrido en el ruedo, e incluso de precedentes como el de José María Manzanares padre. Pero detenerse ahí es, en el fondo, no haber entendido nada. Lo verdaderamente importante sucedió mucho antes de cualquier decisión, cuando Morante con "Colchonero" se plantó junto a las tablas, apoyado, y comenzó a torear con una sola mano como si aquello no le supusiera esfuerzo alguno. Ese inicio fue una declaración de que lo que venía después no iba a ajustarse a ninguna norma.

A partir de ahí, la faena fue creciendo con una naturalidad que desconcertaba. Las verónicas rematadas con una media que parecía cerrar un círculo perfecto, no eran simples lances, sino una forma de decirle a la plaza que el tiempo iba a jugar a otro ritmo. El quite por tijerillas añadió ese punto de personalidad que caracteriza a los toreros irrepetibles, encendiendo definitivamente a una Maestranza que ya no observaba, sino que empezaba a sentir. Y en ese contexto de entrega total llegó uno de los giros más inesperados de la tarde: Morante decidió coger las banderillas, no como un gesto anecdótico, sino como parte de un discurso, cargado de evocación, de sabor antiguo, de una torería que parecía rescatada de otra época.Biografías Toreros

Sin embargo, lo verdaderamente inolvidable estaba aún por llegar, porque cuando pidió una silla y la colocó en el ruedo, el toreo cruzó una frontera invisible. Aquello era una manera de desafiar la lógica desde la quietud más absoluta, de reducir el espacio hasta lo mínimo y, aun así, dominarlo por completo. Clavar el último par de banderillas desde la silla fue impactante, sí, pero iniciar desde ahí la faena de muleta fue sobrecogedor. Sentado, inmóvil, citando al toro en un terreno imposible, Morante construyó una serie de tandas que parecían suspender el tiempo, como si dentro del coso todo hubiese quedado detenido en un instante irrepetible.

La música irrumpió casi sin que nadie la llamara, desbordada por lo que estaba ocurriendo, y la plaza entera entró en un estado de emoción difícil de describir. Ya no había juicio, ni análisis, ni distancia: solo una conexión absoluta entre el torero y los tendidos. Cada muletazo era un latido, cada pase una especie de revelación íntima que hacía que muchos se descubrieran con las lágrimas en los ojos sin saber muy bien en qué momento había ocurrido. Porque hay faenas que se ven, y otras —muy pocas— que se sienten hasta el punto de desbordar cualquier intento de explicación racional.

Y entonces, cuando todo apuntaba a un final redondo, apareció la espada para recordar que el toreo también está sujeto a normas. El fallo con el acero impidió ese rabo que ya estaba concedido en el sentir unánime de la plaza, reduciendo el reconocimiento oficial a dos vueltas al ruedo que, en realidad, sabían a poco frente a lo vivido. Pero ahí es donde se evidencia la gran paradoja: lo reglamentario quedó empequeñecido ante lo artístico. Porque nadie salió de la plaza hablando de lo que faltó, sino de lo que había ocurrido, de esa sensación de haber asistido a algo que no se repite.

La salida a hombros por la puerta principal, la polémica, la intervención de la autoridad… todo eso formó parte del relato, pero no de la esencia. La esencia fue esa pregunta que quedó flotando en el ambiente cuando todo terminó: ¿y ahora qué? ¿Quién es capaz de ponerse delante de un toro después de algo así sin sentir que todo lo demás será inevitablemente menor? Esa es la verdadera dimensión de Morante, la que no se mide en trofeos ni en estadísticas, sino en su capacidad para romper el orden establecido y recordarle a todos que el toreo, en su forma más pura, no pertenece al reglamento, sino al territorio indomable del arte.

SEVILLA / 6ª de abono. El toreo eterno / por Jorge Arturo Díaz Reyes

Morante cita al 4º en La Maestranza. Fotograma: OneToro

Un Morante lidiador histórico es devuelto por la policía de la Puerta del Príncipe. También Juan Ortega marra una faena estética. El debutante Víctor Hernández con un toreo hierático corta la única oreja. Pobre encierro de Núñez

El toreo eterno

Jorge Arturo Díaz Reyes
CrónicaToro / Cali, IV 15 2026
Morante de la Puebla que se había librado pronto del manso primero con una estocada contraria cuarteando. Recibió al soso y noblote cuarto “Colchonero” con ocho largas, displicentemente recostado contra las tablas. Ayudado sí por los peones, que tras cada lance cazaban al disperso desde dentro y fuera de la barrera para traérselo. Ya en propiedad de su atención, le impartió seis y media verónicas de las suyas, un recorte rodilla en tierra y una movida serpentina, prólogo a una faena sorprendente que reeditó de pasta a pasta las tauromaquias de Goya, Pepe Illo, Paquiro, Corrochano...

Más que un mágico regreso al pasado fue un homenaje al toreo eterno, superior al tiempo, los modos y las modas. Una faena enciclopédica por su largura, que muchos podrían creer, y lo dijeron, preconcebida, producto de una estudiada bibliografía. Pues no, su hilo conductor fue la inspiración de un torero cuyo sentimiento surge de una basta y profunda cultura taurina.

Por encima y a pesar de la falta de emoción del dócil (lástima el toro, dijo él mismo al final), desplegó una sucesión de suertes y recursos que remitían a los orígenes. Al toreo juego, al toreo fiesta. Con dos lances templados y una larga lagartijera dejó el animal en suerte (de puyas no puyas), quitó por tijerillas, pidió las banderillas y colocó tres pares; al sesgo, de poder a poder, y el tercero al quiebro sentado en una silla como el dieciochezco Martincho dibujado por Goya. La Maestranza repleta se caía.

Sentado en la misma silla inició el último tercio con cuatro ayudados por alto, cuatro derechas en redondo, con molinetes al derecho y al revés, ayudados en círculo por bajo que desembocaban en pases de pecho redondos, costadillos, trincheras, naturales de medio pecho y pecho completo, forzados y abanicos finales. Dueño absoluto de los terrenos, de los viajes y de los escasos 512 kilos del colorado Núñez. La lidia per se, que no necesitó de la “transmisión” del animal para llegar estremecer y convencer a todos. La plaza era un manicomio banda incluida. Televidentes también. El único sereno era él. Entonces entro bien a volapié y marcó el pinchazo arriba. No pasa nada nos dijimos. Luego dejó media espada contraria ineficaz que obligó descabellos, dos barrenados.

Ahí se armó el forcejeó entre la inopinada petición de oreja y la autoridad de su señoría doña Macarena de Pablo Romero que se mantuvo en su ley, con una firmeza que ya quisiéramos para muchos de sus colegas masculinos. La abroncaron tras las dos merecidas vueltas al ruedo. Y al final de la corrida un grueso grupo de seguidores jóvenes bajaron al ruedo, se echaron al maestro a hombros y con su anuencia trataron de sacarlo por la Puerta del Príncipe (que sabemos, exige tres orejas). La policía lo impidió, entonces tomaron con él para la puerta de cuadrillas y hasta el carro por la calle Iris.

La gran faena, sin suerte suprema, no tuvo parangón, quedará en los anales, no será olvidada, no podrá serlo. Pero el gran Morante y la majestad de la plaza no se merecían el desaire final. Incluso, cuando se forcejeaba por el cerrojo, desde el micrófono alguien sugirió derribar el augusto Portón. Vamos.

El toreo manoletista de Víctor Hernández brilló. Así como el arte de Juan Ortega en los saludos, los bellos quites y desperdigado como destellos luminosos a lo largo de las bregas con sus malos toros. Fue una gran tarde, para el recuerdo, en la que el rey de la fiesta no fue rey, pues hubo más toreo que toro. De todas maneras, histórica, histórica.

  • FICHA DEL FESTEJO
Sevilla. Jueves 15 de abril de 2026. Plaza de La Real Maestranza de Caballería. 6ª de abono. Sol. Lleno de “No hay billetes”. Seis toros de Álvaro Núñez, con 526 kilos promedio, blandos, mansurrones, noblotes y sosos.

José Antonio Morante de la Puebla, silencio y dos vueltas al ruedo.
Juan Ortega, Saludo y silencio.
Víctor Hernández, oreja y saludo.

Incidencias: Marcos Prieto se desmonteró tras parear al 6°. Al final del festejo Morante tras ser devuelto de la Puerta del Príncipe, fue sacado a hombros por la puerta de cuadrillas.

Sevilla. 6ª de Abono. Que tapien la Puerta del Príncipe... / por Álvaro Rodríguez del Moral

La Maestranza vive una tarde histórica con un Morante descomunal / Lances de Futuro

Morante corona una de las cumbres de su vida torera en una tarde para los anales de la plaza de la Maestranza.
La multitud enfervorecida lo acabó sacando a hombros por la puerta de cuadrillas.

Que tapien la Puerta del Príncipe...

Álvaro Rodríguez del Moral
Sí, que la tapien para que se enteren esos mediocres que miden la afición con un reglamento; para que quede constancia de lo que vivimos en el anillo de la Maestranza fue un punto y aparte; para que una norma no impida la verdadera explosión de júbilo popular. Para que los que no se enteran de nada, los mismos que impidieran que el grandioso artista saliera por esa puerta que se mira en el Guadalquivir, sepan que un día tuvieron delante una de las cumbres toreras de su vida, a uno de los toreros más grandes de la historia. Hay que perdonarles. No saben lo que hacen.

No les dejaron. Pero la multitud, que a veces es sabia, había sabido saltarse cualquier convencionalismo recuperando su papel de actor del espectáculo. No era para menos: habían presenciado una auténtica epifanía de manos de uno de los artistas más grandes de la actualidad, de cualquier faceta de la cultura. Cuando el genio de La Puebla soltó una mano en el primer lance, siempre pegadito a tablas, ya se intuía que podía pasar algo grande. El toro iba y venía, siempre suelto, pero Morante perseveró en el empeño hasta cuajar esas largas de otro tiempo que acabó hilando a un puñado de verónicas que resplandecieron como relámpagos en una tarde plomiza. A partir de ahí todo tuvo el ritmo, el hilo, el argumento de una obra compacta.

Hubo sabor y aroma en la larga cordobesa, reminiscencias del toreo del ayer en el quite por tijerillas -oportuno y preciso- y una auténtica conmoción cuando el genio reclamó los palos. Los primeros pares, con la cuadrilla un poco encima, tuvieron enjundia pero es que la cosa iba a revolucionarse por completo cuando el diestro de La Puebla -la inmensa montera decimonónica calada hasta las cejas- pidió una silla. Se la bajaron desde el palquillo de ganaderos. Morante se sentó con una pierna sobre la otra, pintando una estampa antigua, emulando los viejos grabados de La Lidia para plantar un hermoso par al quiebro que abrió un túnel en la mejor historia.

La locura ya se había desatado y el gran creador marismeño iba a emplear la misma silla -debería estar ya instalada en el Museo Taurino- para iniciar una faena inenarrable que sólo se puede describir desde la emoción estética, desde el desgarro y la conmoción de una creación que crecerá con el tiempo, que ya figura en la historia del toreo. ¿Cómo se puede contar algo así? ¿Cómo se puede pintar la gracia de un molinete, la profundidad de los naturales, la armonía del toreo diestro? El recuerdo, como una foto fija, hila un ayudado por alto a un natural imposible, eterno, inabarcable... La cumbre de la faena llegó, precisamente, con la mano izquierda pero es que siguió por el otro lado, yo qué se... La plaza entera era un manicomio pero la espada nos devolvió la cordura y enarcó las cejas de los que creen que una obra así se puede meter en los moldes de un reglamento. Le pidieron una oreja pero en ese punto sobraban los despojos y las componendas del palco. Las dos vueltas fueron apoteósicas: lentísima, paladeada la primera; trotando sobre la punta del los pies en la segunda. En los tendidos se comentaba que aquella revelación sólo podía ser sellada con la Puerta del Príncipe. Pero en esta vida se impone la dictadura de los mediocres.

Es complejo terminar de narrar un buen espectáculo en el que cayó de pie el debutante Víctor Hernández, que maneja la mano izquierda con virtuosismo de elegido. Lo demostró en el tercero, al que cortó un orejón de categoría. No tuvo la misma suerte con el sexto, con el que perseveró hasta pasarse de rosca. Juan Ortega, por su parte, había dictado una faena incompleta con el segundo, al que toreó a placer por el derecho antes de encallar por el izquierdo. El quinto no le dio opciones. Morante, por cierto, había pintado tres o cuatro naturales con el ejemplar desfondado que rompió plaza. Había salido con la espada de matar sin darse coba. Se lo quitó de en medio. Bien que hizo.

  • FICHA DEL FESTEJO
GANADERÍA: Se lidiaron seis toros de Álvaro Núñez, debutantes en esta plaza que estuvieron bien presentados. Resultó desfondado el primero; tuvo un excelente pitón derecho el segundo y muy buena condición pero poco brío el tercero. También resultó noble y un punto flojo el cuarto. Deslucido el quinto y soso y mortecino el sexto.

MATADORES: Morante de la Puebla, de vino añejo y oro, silencio y dos aclamadas vueltas al ruedo; Juan Ortega, de oro viejo y oro, ovación y silencio; Víctor Hernández, de grana y oro, oreja tras aviso y ovación tras petición.

INCIDENCIAS: La plaza se llenó hasta la bandera en tarde espléndida y casi veraniega. Saludó el banderillero Marcos Prieto tras banderillear al sexto que antes había herido al caballo de picar.

jueves, 16 de abril de 2026

Madrid.- Próxima presentación en Las Ventas del libro sobre Carlos Arruza / Autor: Santos García Catalán


La figura inmortal de Carlos Arruza volverá a cobrar vida a través de la literatura con la presentación del libro “Carlos Arruza: Una leyenda entre España y México”, obra del escritor Santos García Catalán.

El acto, organizado por Editorial Temple, se celebrará el próximo 26 de abril de 2026 a las 12:30 horas en la emblemática Plaza de Toros de Las Ventas, concretamente en el Aula 'Antonio Bienvenida'.


Durante la presentación participarán destacadas voces del ámbito taurino y cultural, como el editor Vidal Pérez Herrero; el periodista y escritor Federico Arnás Lozano; el pintor e ilustrador José Antonio Moreda Maroto; el representante del Círculo Taurino Amigos de la Dinastía Bienvenida, Juan Lamarca López; así como el novillero mexicano Emiliano Osornio.

La obra busca rendir homenaje a una de las máximas figuras del toreo del siglo XX, símbolo de la unión taurina entre España y México, rescatando su legado, su dimensión artística y su impacto en la historia de la tauromaquia.

El libro se podrá adquirir en la Librería Rodríguez (Interior Plaza de Toros de Las Ventas).


Invitación de Editorial Temple

Atraco en Munich: Slavko Vincic se vistió de Negreira para echar a Camavinga y dejar fuera al Madrid cuando los blancos ganaban 2-3


'..Tras los graves errores cometidos por el árbitro en el partido de ida, el encuentro de vuelta también ha quedado marcado por la decisión de un Vincic que ha acabado con las opciones del Real Madrid..' 

Slavko Vincic se vistió de Negreira para echar a Camavinga y dejar fuera al Madrid cuando los blancos ganaban 2-3

El Real Madrid pierde en Alemania después de quedarse con 10 en los minutos finales, hasta ese momento había prórroga

El árbitro esloveno Slavko Vincic frustró la remontada del Real Madrid en el Allianz Arena con una polémica decisión que traerá cola. El colegiado expulsó por doble amarilla a Eduardo Camavinga por una acción inexplicable, por retener el balón unos segundos después de una falta en el centro del campo. El encuentro en ese momento estaba igualado, por lo que el tiempo corría igual para ambos equipos. Instantes después, el equipo blanco encajaba dos goles que dieron la clasificación al Bayern de Múnich.

Tras los graves errores cometidos por el árbitro en el partido de ida, el encuentro de vuelta también ha quedado marcado por la decisión de un Vincic que ha acabado con las opciones del Real Madrid. Los blancos tenían el resultado necesario para ir a la prórroga, pero el esloveno le ha sacado del partido de forma totalmente injusta. El madridismo se pregunta cómo se puede expulsar a un jugador de esta forma con tantísimo en juego.

Camavinga cometió un error, pero la roja es exagerada

Cabe señalar que Camavinga, que había visto la amarilla minutos antes de esa acción, cometió un grave error al quedarse con la pelota en las manos tras cometer una falta. Un error que puede penalizarle de cara al futuro, sin lugar a dudas. No obstante, en un partido de este calibre no es habitual que el árbitro expulse a alguien por este tipo de situaciones. Camavinga no estaba perdiendo tiempo, solo recuperando su posición. Desde la expulsión del francés, el Real Madrid perdió completamente el norte.

Los blancos, de este modo, han caído eliminados en cuartos de final de la Liga de Campeones de manera injusta, después de un partido en el que han merecido, como mínimo, llevar la eliminatoria al tiempo extra. El resultado de 2-3 hasta el minuto 86 demuestra que los blancos han dado la cara hasta el final.

Muere José Emilio Santamaría, leyenda del Real Madrid y exseleccionador de España

José Emilio Santamaría, posando con sus cuatro Copas de Europa ganadas con el Real Madrid

'..En el club blanco jugó de 1957 a 1966, sumando 337 partidos oficiales, apenas dos goles y una colección de títulos que lo sitúan en el panteón del madridismo: seis Ligas (1958, 1961-65), una Copa de España (1962), cuatro Copas de Europa (1958, 1959, 1960 y 1966) y la Copa Intercontinental de 1960..'

Muere José Emilio Santamaría, leyenda del Real Madrid y exseleccionador de España

Vestido de blanco, conquistó cuatro Copas de Europa (1958, 1959, 1960 y 1966) entre otros muchos trofeos. Ha fallecido a los 96 años.

José Emilio Santamaría ha muerto en Madrid a los 96 años, cerrando una de las biografías más singulares del fútbol del siglo XX: la de un central que fue leyenda en Uruguay y en el Real Madrid, internacional con dos selecciones y seleccionador de España en el Mundial de 1982.

Nacido en Montevideo el 31 de julio de 1929, hijo de gallegos, se formó y se hizo futbolista en Nacional, club del que siempre se declaró hincha apasionado.

Con el equipo tricolor conquistó cinco ligas uruguayas y se ganó un sitio en la selección celeste, con la que disputó el Mundial de 1954 -Uruguay fue cuarta- y la Copa América de 1957. Décadas después, ya instalado en España, seguía definiéndose sin matices: "Soy uruguayo a muerte".

Su gran salto llegó en 1957, cuando fichó por el Real Madrid de Alfredo Di Stéfano, Paco Gento y Ferenc Puskas, un equipo que definiría la primera era grande de la Copa de Europa.

En el club blanco jugó de 1957 a 1966, sumando 337 partidos oficiales, apenas dos goles y una colección de títulos que lo sitúan en el panteón del madridismo: seis Ligas (1958, 1961-65), una Copa de España (1962), cuatro Copas de Europa (1958, 1959, 1960 y 1966) y la Copa Intercontinental de 1960.

Era el jefe silencioso de la zaga, un central sobrio, durísimo en el cuerpo a cuerpo y casi siempre bien colocado, perfecto complemento para el talento ofensivo que desbordaba al equipo.

Su doble nacionalidad le abrió además las puertas de otra selección: tras 25 partidos con Uruguay, jugó 16 veces con España a partir de 1958, algo reservado a muy pocos futbolistas en la historia. Aquella España de Kubala, Luis Suárez o Gento no logró grandes éxitos en mundiales, pero Santamaría se convirtió en uno de los símbolos de ese puente futbolístico entre el Río de la Plata y el Bernabéu.

Colgada las botas en 1966, comenzó una segunda carrera igual de extensa en los banquillos. Dirigió a la selección olímpica española en México 1968 y Moscú 1980 y dejó una huella profunda en el Espanyol, al que entrenó siete temporadas, con récord de partidos oficiales (252) e igualando la mejor clasificación liguera del club con un tercer puesto en la 72/73.

En 1980 fue nombrado seleccionador absoluto de España y condujo al combinado nacional en el Mundial de 1982, el de 'Naranjito', organizado en casa. La Selección, sin embargo, cayó en la segunda fase de grupos, muy lejos de las expectativas, y él quedó como uno de los técnicos más discutidos de la historia de la Roja.

Sus últimos años

En las últimas décadas vivió retirado en una zona residencial al norte de Madrid, muy ligado al Real Madrid, al que seguía visitando con frecuencia en el Santiago Bernabéu. El club blanco lo considera una de sus grandes leyendas y previsiblemente le rendirá homenaje en su próximo partido.

José Emilio Santamaría, junto a Florentino Pérez

Su final llegó tras un accidente doméstico sufrido hace unas semanas, que complicó seriamente su salud. La edad desaconsejó una operación y acabó contrayendo una enfermedad que no pudo superar durante su internamiento en un hospital madrileño.

Entre España y Uruguay, entre Nacional y el Real Madrid, entre la camiseta celeste y la roja, Santamaría construyó una vida repartida en dos patrias y dos hinchadas que lo sienten propio. En Montevideo dejó el recuerdo del defensa que fue figura celeste y mito tricolor; en Madrid, el del central que sostuvo la defensa del equipo que dominó Europa.

A sus 96 años, se marcha uno de los últimos testigos vivos de aquella primera edad de oro del Real Madrid y un seleccionador que, pese a las críticas del 82, nunca dejó de ser parte de la memoria sentimental del fútbol español.
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Feria de Abril: Los toros de Santiago Domecq ya no dan miedo / por Antonio Lorca

Aarón Palacio y su toreo al natural

'..Es como si el ganadero hubiera cambiado el protocolo, y la casta por la cordialidad, de modo que los toros ya no dan miedo, sino que ofrecen su mano para la amistad y se prestan al cariño, porque más que toros parecían mascotas de las que puedes llevar a tu casa y acariciarlas con mimo..'

Feria de Abril: 
Los toros de Santiago Domecq ya no dan miedo.

Perera, Galván y el debutante Aarón Palacio cortaron una oreja cada uno a una noble y artista corrida.

Por Antonio Lorca
Los toros de Santiago Domecq ya no dan miedo; ni por su presencia ni por su comportamiento. Al menos, esa ha sido la impresión que han ofrecido esta tarde en La Maestranza. No tuvieron la seriedad de antaño, esa que provoca admiración, justos todos de presencia, por debajo de lo acostumbrado en este hierro. Y han perdido carácter, pujanza y casta, y han ganado dulzura, nobleza, bondad; de tal modo, que los toros de Santiago Domecq se han presentado como artistas colaboracionistas con el toreo moderno.

Es como si el ganadero hubiera cambiado el protocolo, y la casta por la cordialidad, de modo que los toros ya no dan miedo, sino que ofrecen su mano para la amistad y se prestan al cariño, porque más que toros parecían mascotas de las que puedes llevar a tu casa y acariciarlas con mimo.

Por cierto, estos toretes artistas no están criados para el tercio de varas; de hecho, a los dos primeros no se les hizo sangre, y los cuatro restantes cumplieron el trámite en la primera entrada, sin empuje alguno, y nada más. Pero nadie se quejó; a todo el público le pareció correcto la desaparición del tercio de varas. Y es más, el picador del quinto levantó la vara para no molestar al animal y recibió una ovación.

Los artistas necesitan música y durante la lidia de cinco de ellos —la excepción fue el tullido quinto— hubo concierto de la banda del Maestro Tejera. Y los espectadores se divirtieron. Tanto es así que hasta tres orejas se pasearon y pudo haber caído alguna más.

Los toros del hierro jerezano se han presentado como artistas colaboracionistas con el toreo moderno

Pero, ¿qué pasó en el ruedo? Poca cosa. Claro que con esas embestidas celestiales —humillación, fijeza, acometividad y prontitud— hubo momentos brillantes, sobre todo con el capote. Así, se lució Perera por tafalleras y cordobinas en su primero, y por chicuelinas en un quite al tercero; Galván templó a la verónica en su lote, y Palacio recibió a su primero con dos largas afaroladas de rodillas en el tercio y dejó un sello de calidad en las cuatro verónicas y media con las que recibió al sexto.

El último tercio ya fue otro cantar.

Perera lleva ya 22 años como matador de alternativa, sigue siendo un torero poderoso y dominador, pero todo lo que hace suena a que ya lo hemos visto. Es como si su tarro de esencias se hubiera agotado. Su primero fue un toro de ensueño por su calidad, un santo varón, y Perera estuvo bien, desde sus iniciales muletazos cambiados por la espalda de rodillas hasta la estocada final, pero su labor no caló, no conmovió, careció de la pasión que su oponente merecía. Aún así le pidieron la segunda oreja que el presidente José Luque no concedió por fortuna. Bonancible también el cuarto, pero menos lucido y escasa movilidad, y aquello, con pasodoble incluido, no supo a nada.

Gran estocada la que recetó David Galván a su artista primero, y ese sería el motivo de que paseara un trofeo; no estuvo a altura del noble toro con un toreo superficial e insípido, solo resuelto al final con dos naturales hondos, unos ayudados por alto y un garboso remate. En el quinto no hubo música porque el animal carecía de vida,

Y debutó el zaragozano Aarón Palacio, que tomó la alternativa el pasado septiembre en Nimes. Se le notó que venía dispuesto a todo para triunfar; le traicionaron los nervios, quizá, en su primero, con un toreo acelerado que no caló en los tendidos ante un toro repetidor y con clase. Tanto es así que el director de la banda mando callar a los músicos, con lo que significa tal mensaje para el que está delante del toro.


Mejor, más sereno ante el noble sexto, y si bien ya se habían saboreado sus buenas maneras con el capote, dejó detalles de temple, hondura, personalidad y gracia torera en una medida faena, que rubricó con ayudados, una trincherilla y un garboso remate que sí dejaron un sello de calidad.

Y así acabó la fiesta. Toros artistas para disfrute de toreros y diversión del público. Los toros de Santiago Domecq ya no dan miedo. Y es una pena.

Domecq/Perera, Galván, Palacio

Toros de Santiago Domecq, justos de presencia, nulos en los caballos los dos primeros, y cumplieron el trámite los demás solo en el primer puyazo; muy nobles y de gran calidad los lidiados en primero, segundo, tercero y sexto lugares; desfondado el cuarto y amuermado el quinto.

Miguel Ángel Perera: estocada desprendida (oreja); estocada (ovación)

David Galván: gran estocada (oreja); estocada (silencio).

Aarón Palacio: estocada tendida y seis descabellos (ovación); estocada desprendida (oreja).

Plaza de La Maestranza. 15 de abril. Quinto festejo de abono de la Feria de Abril. Más de media entrada.

Publicado en El País

SEVILLA / 5ª de abono.- Cómo decir que no / por Jorge Arturo Díaz Reyes

David Galván tras la estocada de la tarde al 2º. Fotograma: OneToro

Perera, Galván y Palacio cortan de a oreja a una encastada, noble y ligera corrida de Santiago Domecq…

Cómo decir que no

Jorge Arturo Díaz Reyes
CrónicaToro / Cali, IV 15 2026
Cuatreños, variopintos, de amables caras, ligeros de romana, 512 kilos promedio (peso de novillada en Las Ventas), pero con mucha nobleza, codicia y fondo, los de Santiago Domecq brindaron una tarde feliz en la quinta del abono sevillano. Cinco se fueron ovacionados en el arrastre y tres dejaron una oreja de distinto peso en manos de cada uno de los lidiadores.

La faena de Miguel Ángel Perera al primero fue sin duda la más completa. Despliegue capotero a gusto. De saludo, siete lances y medio templados: y en quites: dos tafalleras y tres cordobinas entre puyas, y después cuatro verónicas y media lujosas de Galván, echaron arriba de salida la quinta de abono. De rodillas y de largo dos cambios por espalda, dos por el pecho, cinco derechas en redondo, uno de pecho sin levantarse y un cambio y otro forzado ya de pie. ¡Pum! La banda y el jaleo. Las primeras tandas diestras, con la quietud y el aguante propios y cuando la muleta fue a la suerte natural perdió nitidez, pero no emoción. “Tallista” la mantenía en alto. El cambio de pitón volvió a subir la intensidad. La igualada se hizo laboriosa pero el volapié cumplido y la estocada desprendida y desarmada dieron pábulo para que su señoría, don José Luque Teruel de reconocido talante festivo, entregara el primer trofeo a la clamorosa parroquia. Pero a su favor hay que decir que se resistió a dar el segundo.

David Galván estuvo quizá un tris menos rotundo de salida con el segundo, brioso, que se dolió en banderillas, pero más sentido, íntimo y personal con la multa, en especial por la izquierda. Sus naturales, todos válidos, fueron algunos de belleza sublime. Lentos, largos, tersos, para dentro, rematados atrás, pusieron a rugir la maestranza. Es el arte ¿no? que cuando aparece no necesita pregones. Cala de una. Una serie de seis y forzado, otra de cinco y ese epílogo de ayudados, trinchera, natural y pecho tan ligado y puro, que Rancapino el cantante confesó luego a las cámaras: “Me llegó al alma”. Que faltaba, la estocada de la tarde, y la dio. Volapie perfecto, hasta los gavilanes en la cruz. Oreja.

El joven Aaron Palacio, puso sus ganas y su fogosidad por encima de las del tercero que las tuvo. La contagiosa emotividad de ambos llegó a la grada y todos a una por el triunfo. Faroles de rodillas, verónicas, medias, chicuelinas y jaleo. Cite de largo aguantando en tandas de a cuatro, música y oles, hasta la vuelta canela del toro, que de tanto humillar clavó las puntas en la arena tricentenaria, y giró sobre ellos. Se extrañaba un poco más de poso y la banda se calló. La estocada quedó suelta y sin efecto, y los cinco golpes de cruceta dejaron la cosa en un saludo. 

Pero con el sexto “Cumbreño”, se desquitaron, pues luego de una lidia con las mismas virtudes y glosas del anterior le pidieron y consiguieron la oreja tras una estocada baja. Sevilla está facilona. El toro se fue ovacionado. Bueno todos, menos el soso quinto. El ganadero estaba muy contento, y la gente también, como decir que no.

  • FICHA DEL FESTEJO
Sevilla. Miércoles 15 de abril. Plaza de La Real Maestranza de Caballería. 5ª de abono. Sol. Más de media plaza. Seis toros de Santiago Domecq, con 512 kilos promedio, encastados y nobles. Todos ovacionados en el arrastre, menos le 5º.
Miguel Ángel Perera, oreja con petición de otra y saludo
Davis Galván, oreja y palmas.
Aarón Palacio, saludo y oreja

miércoles, 15 de abril de 2026

Épica, Lírica y las dos juntas / por Rafael Comino Delgado


'..Julio Norte, de Salamanca, es de los pocos elegidos que representa ambas cosas, la épica y la lírica, lo tiene todo, de tal manera que, aunque llegar a figura es muy difícil, pienso que lo veremos en los carteles de las figuras la temporada que viene (tomará la alternativa el 13 de agosto en Dax), y si me equivoco lo asumiré, pero me arriesgo porque creo en él..'

Épica, Lírica y las dos juntas

Rafael Comino Delgado
El pasado sábado, día 11 de abril, había una buena oferta televisiva de festejos taurinos (novillada sin caballos en Villaseca de la Sagra, novillada con caballos en Motril y la corrida de toros de la Maestranza de Sevilla), y yo escogí ver en directo (las otras las vería en diferido) la novillada con caballos- del Circuito de Andalucía-que se dio en Motril (Granada), en la que actuaban, Julio Norte, Iván Rejas y Manuel Quintana, con novillos de Ave María. Por cierto, me he enterado de que tuvo una elevadísima audiencia en Canal Sur TV. 

Acerté porque la novillada salió muy buena y los novilleros, cada uno en su estilo, estuvieron muy bien-los tres salieron a hombros- como tienen que estar los novilleros, entregados al máximo, dando todo lo que tienen, a veces incluso atropellando la razón. Son tres muy importantes promesas para un futuro  próximo, con estilos muy diferentes, que van desde la épica total hasta la lírica más pura, aunque para mi, todos los toreros tienen una parte que podemos llamar lírica y otra épica, a pesar de que los solemos clasificar en eminentemente valientes (épica), eminentemente artistas(lírica), y ambas cosas juntas (lírica más épica), pero son  poquísimos los que poseen ambas cualidades a gran nivel.

Este cartel es buena expresión de esa clasificación. Manuel Quintana podemos decir que representa la lírica, pues tiene mucho gusto toreando, especialmente con la muleta; es de los que dice algo que nos toca la fibra que capta el duende o pellizco, como le queramos llamar. Córdoba anda buscando una gran figura, aunque la realidad es que la tiene en Finito de Córdoba, el torero de más calidad del escalafón, que no se ha retirado; estuvo muchos años en figura, pero ahora torea muy poco, por razones varias. Ojalá Córdoba encuentre en Manuel Quintana lo que busca.

El granadino Iván Rejas representa la épica en el más alto grado, es entrega total, un huracán en el ruedo, valiente hasta dejárselo sobrado, quiere hacerlo todo y mostrarlo en cada novillo que le sale. Se va a la puerta de toriles a recibir a sus novillos con mucha frecuencia, incluso banderillea siguiendo la estela de su paisano el Fandi, y lo hace muy bien, pero para igualar, en este tercio, a David Fandila hay que ser muy bueno. Yo creo que Rejas tiene muy buenas condiciones para llegar arriba, por su entrega, su capacidad, sus ganas y porque hace las cosas bien.  

Julio Norte, de Salamanca, es de los pocos elegidos que representa ambas cosas, la épica y la lírica, lo tiene todo, de tal manera que, aunque llegar a figura es muy difícil, pienso que lo veremos en los carteles de las figuras la temporada que viene (tomará la alternativa el 13 de agosto en Dax), y si me equivoco lo asumiré, pero me arriesgo porque creo en él. Tiene raza para hacer una docena de toreros, aunque en arte no es un Finito o un Morante, tiene su estética, su toreo no es solo técnica y valor, además dice algo sobre todo con la muleta; tiene un buen trazo, compone bien, la cabeza le funciona, conecta con los públicos muy rápido, y con la espada es un cañón, porque se tira a matar de verdad. 

Y todo ello lo mejorará con el tiempo, pues acaba de empezar. Ayer, día 14 de abril, le vimos en Sevilla, donde estuvo muy cerca  de abrir la Puerta del Príncipe. Creo que a la hora de entrar a matar al último se precipitó, porque el novillo estaba distraído y pinchó.  Síganle, porque este es un elegido para estar en todo lo alto del escalafón, y mandar en el toreo. ¡El tiempo lo dirá!

Cuernos y escarnios: La mediocridad adelanta al toreo por la derecha / pòr Julio Martínez Romero


'..La moraleja que sacamos del fin de semana en Sevilla y, en general, de lo visto en este inicio de temporada y el epílogo del 2025 es que la tauromaquia propiamente dicha está en gravísimo peligro de extinción. Los toros están de moda, ya lo hemos dicho en infinidad de ocasiones, pero a un precio letal. El toro como alternativa de ocio y no como espectáculo cultural..' 


Julio Martínez Romero / El DigitaldeAlbacete

Cuernos y escarnios
La mediocridad adelanta al toreo por la derecha

Estuvimos el fin de semana en Sevilla viendo a José Fernando Molina, que no tuvo la mejor de sus tardes, pero que mantiene intacto el crédito para los aficionados de Albacete porque sabemos de buena tinta las condiciones que atesora. No sé si fue el viento, la presión del enorme compromiso que tenía enfrente con una corrida tan seria o que, sencillamente, no tuvo un buen día. Quizá una mezcla de todo. Sería injusto, como pretenden algunos, enterrarlo por una mala tarde. Afortunadamente, Molina es un tío serio y no creo que nadie le tenga que decir cómo estuvo, ya lo sabe él. Y al lado tiene a José Antonio Galdón ‘Niño de Belén’, que suele hablar el idioma de la verdad. A pasar página y a mirar hacia el siguiente compromiso, todavía más fuerte: San Isidro. Toreará el 27 de mayo la corrida de Pedraza de Yeltes. Tiene raza y alma de torero, ha sufrido la dureza de la vida, dentro y fuera de la plaza, y va a triunfar en Madrid. Y allí estaremos para contarlo y para celebrarlo.

La moraleja que sacamos del fin de semana en Sevilla y, en general, de lo visto en este inicio de temporada y el epílogo del 2025 es que la tauromaquia propiamente dicha está en gravísimo peligro de extinción. Los toros están de moda, ya lo hemos dicho en infinidad de ocasiones, pero a un precio letal. El toro como alternativa de ocio y no como espectáculo cultural. No es cuestión de ponerse purista y velar por los santos oficios del toreo. No es esto una reivindicación populista sino una señal de alerta por el riesgo que viene. 

La integridad, la seriedad y el alma misma de la tauromaquia penden de un hilo por culpa de un sector entregado en cuerpo y alma al dinero fácil. 

Cierto es que han conseguido modelar un tipo de festejo rentable y muy propicio para que esta sociedad nacida de la pandemia, que salió del confinamiento con una sed de ocio inquietante, pueda explayarse. Todo, además, al cobijo de unas ideas políticas que manosean la tauromaquia por puro interés y que la han travestido de lo que no es.

Es preocupante ver cómo a una parte de la sociedad le genera rechazo el mundo del toro porque lo ubica en la derecha carca del país, o en la extrema derecha. Sería mejor llamarla derecha charca o derecharca. Y si va uno a los toros, se da cuenta de que ese nuevo público, joven y no tan joven, no tiene nada de extrema derecha tal y como la conocemos en la historia reciente. Ni siquiera VOX lo es, pero eso es otro debate que no viene al caso. El problema, digo, es que son los propios taurinos los que arrinconan a su industria para mayor gloria de su bolsillo y de la bolsa electoral del político de turno, al que le han sacado un abono en el callejón para pasearse con su jefe de prensa fotografiándolo todo. El único objetivo es contar que se ha estado en una tarde histórica y que allí estaba yo para verlo. Y si no pasa nada, nos lo inventamos.

El ejemplo de Sevilla es paradigmático y enormemente perjudicial. El mayor culpable, el palco presidencial, dependiente de la Delegación del Gobierno de la Junta de Andalucía, que está entregadísima a la causa. 

Los elige dóciles, de padres poderosos y con apellidos pomposos. Con nulos conocimientos de tauromaquia, pero con una facilidad pasmosa para subvertir un rito agonizante. Se aprueban toros indignos para la categoría de la plaza, se pasan por el forro los códigos y las normas escritas en el reglamento y se venden al mejor postor repartiendo orejas como si fueran caramelos en una cabalgata. El toreo tómbola de esta época que es un agravio a siglos de lucha, de esfuerzo y de sacrificio de muchos toreros, muchos ganaderos y sobre todo, muchos aficionados que han mantenido con su dinero un espectáculo que ya no tiene nada de verdadero salvo las cicatrices de los matadores y la quiebra de esos hombres de campo que no se han bajado los pantalones.