'..La bohemia y la torería que no falten, pero el agricultor de Almería que apechugue con Mercosur y los tomates de Marruecos..'
Toros, identidad y recogida de cable
JAVIER TORRES
Tras décadas anunciando el fin de la historia, la victoria absoluta del mundo del dinero, el repliegue de las identidades nacionales, las bondades de un único gobierno mundial, llamando libre mercado a la intromisión de las grandes corporaciones y fondos extranjeros en la vida cotidiana de los ciudadanos (encarecimiento de la vivienda, electricidad, agua, transportes, telecomunicaciones…), celebrando la aniquilación del parlamento nacional en detrimento de organismos supranacionales como la UE o la ONU y, en definitiva, promoviendo el reemplazo de la población autóctona y sus costumbres, ahora todo ese mundillo nos explica, como si nada, el resurgir de las tradiciones españolas.
Se ponen campanudos y nos hablan del retorno a casa. El yo que busca su identidad frente a la torre de Babel de la aldea global. De pronto, los Fukuyama Boys que en la última década y media han aplaudido el fin de las soberanías nacionales, la construcción de los Estados Unidos de Europa, el millón de sirios que Merkel metió en Alemania y la guerra en que Von der Leyen aspira a meternos, ha roto en suavidades identitarias. De los toros y la Semana Santa, por fin, se puede hablar sin caer en el populismo.
Claro que sabemos por qué lo hacen. El motivo es de lo más antiguo: parasitar causas que, por más que refuten su visión del mundo, desbordan los rígidos cauces de la política. Y no es plan quedarse fuera de juego, mejor desactivar el artefacto desde dentro. El resurgir de la tauromaquia y las procesiones de Semana Santa son un fenómeno popular incontestable, demasiado jugoso como para dejarlo en manos de vulgares ultras.
Acaban de descubrir el cirio y el estoque, síntomas de un boom identitario que durante años han menospreciado llamándolo populismo mientras la moderación era la disolución de lo autóctono. Han bendecido el Acuerdo de París, la Agenda 2030, el Pacto Verde, el Pacto Migratorio, el Tratado de Marrakech… es decir, todo lo que supone un ataque a la identidad nacional, la erosión de la industria nacional, el sector primario y la sustitución de la población. Han elevado a los altares y escrito auténticas hagiografías en vida de los referentes globalistas de quita y pon. De Rajoy, Macron, Rivera, Casado, Ayuso, Obama, Hillary Clinton, Biden, Kamala, Zelenski, Feijoo y hasta Moreno Bonilla, la penúltima esperanza para cuando caiga el gallego. Han aupado -como si fueran costaleros laicos- un mundo que ahora retrocede en todo Occidente.
Juglares y trovadores nos cuentan la tauromaquia y las procesiones de Semana Santa como si fueran el fenómeno Rosalía. Lo hacen, por supuesto, desligando esta expresión popular de movimientos políticos a los que ni siquiera tienen la honestidad de reconocer que también responden al sentir de los de abajo. Así, uno puede ser el pregonero de una feria taurina aunque lleve años mofándose de «la reconstrucción de la España cañí, la de los coros y danzas […] la España de las singularidades folclóricas, la de los clichés supremacistas, la de los faroles […] la de Manolo Escobar, la del tronío, la del NO-DO». Vamos, que la idiosincrasia española es digna de burla a menos que a uno le inviten al callejón a ver a Morante.
Esta cuadrilla de los moderados es el reflejo de todo un ecosistema de profesionales del bipartidismo con insaciable voracidad de quedárselo todo. En un mismo día es posible ver a cualquiera de ellos pisar moqueta, tertulia y albero. Por la mañana adoptan la pose más literaria para cantar las bondades de la Fiesta Nacional y por la tarde piden el voto para el candidato que arranca olivos y promueve Mercosur. No me digan que esto no es de puerta grande.
Cuando se acercan las elecciones el campo vuelve a interesar en los despachos. El molesto mundo rural, esos pobres paletos ninguneados por los burócratas y traicionados por las asociaciones agrarias compradas por el poder, son el último bastión de resistencia. La gente corriente que no sale en las noticias. El español de infantería que aguanta carros y carretas, desde la competencia desleal hasta la gorra de Uclés. Para quienes mandan y toda su cohorte de plumillas el campo no es más que la oportunidad de arrimarse al torero de moda y hacer negocio para el lobby de las renovables.
De todas las defensas que se hacen de la tauromaquia siempre me ha escamado la de quienes apelan a las tradiciones cuando están en un ambiente de incienso y capote de paseo y después justifican el mundo sin fronteras si les ponen un micrófono delante. La bohemia y la torería que no falten, pero el agricultor de Almería que apechugue con Mercosur y los tomates de Marruecos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario