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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

lunes, 20 de abril de 2026

Tantos muertos / por Roberto Granda

'..Es terrorífico saber que estamos en manos de un Ejecutivo sólo pendiente del ejercicio implacable del poder, con la tan deseada sensación de ser inmunes. Un Gobierno con esa fría disposición a la crueldad, con inteligencia maligna, que intenta sobrevivir sobre las ruinas, aupándose sobre un montón de cuerpos..'

Tantos muertos
Roberto Granda
Hay imágenes tan potentes que intuyo quedarán adheridas para siempre en la trágica memoria colectiva de un país. Los trozos de vía del accidente de Adamuz siendo retirados con nocturnidad y alevosía para deshacerse de las pruebas, por ejemplo, es una de ellas. Más de 100 millones de fondos europeos destinados al mantenimiento y renovación de ese mismo tramo, habrían sido defraudados y usados con malversación mediante Adif, la empresa pública donde en el PSOE colocaba a putas y amantes. Cuando algunos de los que luego murieron en el choque avisaban del estado de esas vías, el ministro Puente les insultaba, especialidad tuitera de la comadreja.

Ahora intentan eliminar las huellas de sus fechorías. Han muerto 46 personas y no es que nadie haya dimitido, es que los responsables arremeten con chulería y bravuconería simiesca, para regocijo de su bancada y de los miserables de sus votantes, que priorizan la impunidad por encima de la honestidad de la rendición de cuentas, sea cual sea el color del partido. El sectarismo prioriza sobre las vidas de inocentes.

Otra imagen imperecedera: las calles arrasadas y anegadas de barro de Paiporta y localidades adyacentes, en la fría devastación de aquella noche de abandono y muerte, retrasado el envío de ayuda por cálculo político. Tantos vecinos desamparados, tantos fallecidos para que un Gobierno criminal pudiera mover su ficha política en el perverso juego de los intereses partidistas y el tacticismo sin alma. Los ciudadanos limpiando con escobas y lo que tuvieran a mano, haciendo la labor de un Estado ausente; la perplejidad de los bomberos franceses al ser los primeros servicios de emergencia en llegar, las furgonetas de particulares cargadas de ayuda para una población mezquinamente desamparada a su suerte. No fue negligencia, fue premeditación.

Y nuestra gran tragedia en números de muertos desde la Guerra Civil. Impactante la foto de centenares de ataúdes en filas en el Palacio de Hielo convertido en morgue, en aquel Madrid donde tantos ciudadanos fueron condenados debido al ocultamiento de la verdad, con un ejército mediático de canallas repitiendo el argumentario marcado: convencer a la incauta población de la inexistencia de una amenaza real («uno o dos casos, como mucho») para que llenara sin problemas las calles en el aquelarre de género (del género bobo, concretamente) que tenían montado para marzo. Los estudios ya evidencian que miles de vidas se podían haber salvado, sólo tomando medidas una semana antes.

Recuerdo cómo se puso la escoria progre de siempre cuando El Mundo sacó aquella portada con los ataúdes enfilados en el Palacio de Hielo. No querían que la gente supiera que en Madrid estaban muriendo por cientos cada día. Que todo se hallaba descontrolado. No se podía saber. Había que seguir adelante con la impostura, en la tóxica alianza entre PSOE y Podemos, con el siniestro tipo de las almendras riéndose en rueda de prensa, con la fiesta de las terrazas de los pisos, con la vergüenza de los telediarios y Salvador Illa de ministro de Sanidad. Pocas profesiones ofrecen la posibilidad de perder la dignidad de forma tan insolente, descarada y visible como la de periodista servil, incluso de servir a causas funestas.

Y aquellos miembros claves del entramado socialista, confinados en prostíbulos y haciendo negocio con las mascarillas defectuosas, incluyendo a la actual tercera autoridad del Estado, siguen ciscándose en la memoria de todos los que murieron en la soledad de un infierno insoportable.

Es terrorífico saber que estamos en manos de un Ejecutivo sólo pendiente del ejercicio implacable del poder, con la tan deseada sensación de ser inmunes. Un Gobierno con esa fría disposición a la crueldad, con inteligencia maligna, que intenta sobrevivir sobre las ruinas, aupándose sobre un montón de cuerpos. Tienen de los vivos y los muertos una concepción puramente instrumental.

El juego de la soberanía se baraja con el sacrificio necesario de españoles prescindibles; pueden hacer cálculos electorales o evaluar pros y contras, pensar beneficios a su discurso lleno de engañifas, hacer necropolítica, sobre estadísticas que representan miles de vidas destrozadas. Pertenecen a una ideología con una larga tradición de historia asesina. Tampoco tienen reparos en asociarse con los asesinos de sus compañeros y otras 800 personas más.

Vidas que no merecían ese final, muertes evitables, existencias que deberían haber podido ser disfrutadas, con todo lo que tenían y todo lo que hubieran podido llegar a tener, de no cruzarse en su camino este Gobierno demencial y corrupto hasta límites homicidas.

Muchos son los que han intentado analizar y trazar un perfil de Pedro Sánchez y sus evidentes trastornos y condición mental, rastrear el origen de tanta vileza. Puede que estemos ante un psicópata inclasificable, pero no es menos siniestra la naturaleza de un ejército civil de ciudadanos que justifican, defienden y amparan a quien se ha mantenido en el poder sobre un gigantesco cementerio.

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