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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

miércoles, 1 de abril de 2026

Gonzalo Caballero, serio golpe entre las figuras con una lectura de fondo


'..Lo de Gonzalo Caballero en Las Rozas fue una declaración, una tarde de gran dimensión y plenitud. De las que colocan, de las que obligan… Pero sobre todo, una tarde en la que quedó la sensación de haber recuperado a un torero con sitio, mando y capacidad para estar en las feria..'


Gonzalo Caballero, serio golpe entre las figuras con una lectura de fondo

No fue una reaparición más. Gonzalo Caballero volvió el pasado sábado en Las Rozas como vuelven los toreros que están llamados a mandar: con sitio, con claridad y con determinación. Después de un proceso de recuperación duro, largo y exigente, el madrileño reapareció sin titubeos, sin concesiones y sin margen para la duda. Lo hizo como si nunca se hubiera ido. O mejor aún: con la madurez, el poso y el mando de quien sabe lo que quiere ser.

‘Vejaruco’, de Núñez de Tarifa, fue el toro de su vuelta. Lo saludó a la verónica a pies juntos, con una media de buen aire. Pero la composición estaba marcada por lo que iba a suceder con la muleta. La faena creció desde la firmeza. Caballero se fue haciendo con el toro hasta romperlo en las últimas tandas, muy encajado, muy dentro, acompañando con profundidad cada embestida. Ahí emergió el torero: naturales largos, de trazo limpio y expresión, repletos de ajuste. El epílogo, por manoletinas, tuvo emoción y exposición. La estocada, entera. Dos orejas.

Pero lo más importante estaba por llegar. En el sexto, Caballero se soltó definitivamente. Inicio por estatuarios, clavado en la arena, sin un paso atrás. A partir de ahí, una faena de autoridad. De las que marcan territorio. Toreó al natural con despaciosidad, con temple, cargando la suerte y llevándose al toro detrás de la cadera. Hubo verdad en cada muletazo, sin concesiones, imponiendo su concepto y conectando desde el mando. No fue una faena de alivio: fue de compromiso, de estructura, de torero cuajado. El final mantuvo el pulso de toda la obra. Se tiró a matar con decisión, recto, entregado. Estocada y otras dos orejas.


Cuatro en total, que la forma de componer de Caballero y la verdad y jerarquía con la que estuvo toda la tarde las hicieron pasar incluso a un segundo plano. Lo de Gonzalo Caballero en Las Rozas fue una declaración, una tarde de gran dimensión y plenitud. De las que colocan, de las que obligan… Pero sobre todo, una tarde en la que quedó la sensación de haber recuperado a un torero con sitio, mando y capacidad para estar en las feria.



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