
'El dato relevante, y sin discusión posible, está hoy a la vista en la Real Maestranza de Sevilla, con el cartel de no hay billetes desde hace semanas y Canal Sur TV en directo para que millones de aficionados puedan presenciar la corrida del Domingo de Resurrección'
Han vuelto los toros
Por Paco Giménez Alemán
Los toros, posiblemente la fiesta más española, está volviendo con fuerza haciendo revivir así una tradición inmemorial que tan solo unos años atrás estuvo a punto de naufragar torpedeada y manipulada por no se sabe qué intereses que no dan la cara. Con la excepción de las plazas más importantes los festejos taurinos se fueron reduciendo en muchas ciudades y pueblos donde históricamente eran indisociables de sus ferias. En otros lugares desaparecieron de los programas de festejos y, más aún, cerraron los ruedos.
Además del de Barcelona, primer tiro de gracia a la justamente denominada Fiesta Nacional, hubo otras muchas clausuras, no sin antes el correspondiente happening a las puertas para escenificar el rechazo de los antitaurinos a un espectáculo de arte y valor, de poder a poder, celebrado por escritores e intelectuales de todo género a lo largo de los últimos siglos.
Los festejos taurinos se fueron reduciendo en muchas ciudades y pueblos donde históricamente eran indisociables de sus ferias. En otros lugares desaparecieron de los programas de festejos y, más aún, cerraron los ruedos
El problema vino cuando un cierto contagio de mal entendida progresía inoculó a una parte de la afición, o cuando menos de espectadores habituales que nunca habían sentido que su presencia en los tendidos fuese una forma de apoyo a la crueldad contra los animales. Ni que la adquisición de localidades pudiese constituir un aval a la tortura animal.
A esto hay que unirle la falta de previsión de los empresarios taurinos al no fomentar la afición de los más jóvenes mediante precios asequibles, lo que traía causa de las en ciertos casos insoportables tarifas de los matadores que se llevaban la parte del león de las taquillas.
Los mismos taurinos, ese conglomerado del mundo de los toros en el que nunca faltan aprovechados y empresarios sin escrúpulos
Los mismos taurinos, ese conglomerado del mundo de los toros en el que nunca faltan aprovechados y empresarios sin escrúpulos; apoderados intransigentes, entendidos de pacotilla y, cómo no, ganapanes que juegan con la prohibición de la reventa en complicidad con administradores y a la vista de la autoridad que prefiere mirar para otro lado.
Tengo para mí, después de lo relatado, que es un auténtico milagro que todavía se anuncien corridas de toros en algunas plazas donde la tradición lleva aparejada la trapisonda y la falta de responsabilidad. Pero pese a todo ello la fiesta de los toros está demostrando una extraordinaria fortaleza por su arraigo en las costumbres de las ferias españolas y por la categoría del espectáculo en sí mismo, arte incomparable y genuino que en los últimos años ha logrado doblarle el pulso a esa ola antitaurina cada vez con menos fuerza. Y sin el menor fundamento contra las libertades individuales.
El dato relevante, y sin discusión posible, está hoy a la vista en la Real Maestranza de Sevilla, con el cartel de no hay billetes desde hace semanas y Canal Sur TV en directo para que millones de aficionados puedan presenciar la corrida del Domingo de Resurrección, el mejor cartel que puede ofrecer hoy día una plaza de toros. Traducido al román paladino, todo ello quiere decir que la fiesta más española con honda tradición ha vuelto a los ruedos para quedarse.
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