
'..El hecho de no otorgar desde la presidencia la oreja demandada con justicia por el público me resulta incomprensible y no quisiera pensar que obedezca a turbias razones pero sí diré que la primera oreja de la temporada 2026 en Las Ventas fue la de Curro Díaz que el Presidente le negó..'
LAS RAZONES DEL PÚBLICO Y DEL PRESIDENTE
Francisca García
Escribió D. Gregorio Corrochano, aquel gran maestro del periodismo que “la impresión presidencial no coincidió siempre con la opinión del tendido”. A través de la historia de la tauromaquia, se han ido haciendo aportes, normas y regulaciones para concretar un reglamento taurino en el que se estipulan los roles que competen a todos los integrantes de la Fiesta y entre ellos al público. Los espectadores, como parte integrante del espectáculo están autorizados a participar en la concesión de algunos premios o trofeos que puedan concederse en el transcurso de la lidia. Entre ellos está la concesión de la primera oreja al toro lidiado, que otorga el Presidente a petición mayoritaria del público. Tal petición que desde antiguo se hacía agitando pañuelos blancos, hoy, nuevos públicos, en tantas ocasiones desconocedores de las normas, se valen de otras muestras de aquiescencia que evidencian y corroboran la petición “pañolera” de estar a favor de la concesión de la primera oreja al diestro.
El Presidente, sintiendo la expresión mayoritaria, se aviene a conceder. Es más, el público, en numerosísimas ocasiones se arroga el derecho a otorgar las dos orejas y hasta el rabo al matador de turno y el Presidente se doblega a la petición popular, delegando en esta, erróneamente, sus propias competencias. Así están las cosas y si no hay una normativa seria que se cumpla, todo se irá lamentablemente fuera de jurisdicción, nada tendrá la seriedad debida y la fiesta se irá de las manos y no sé a donde conducirá.
Traslademos esto a lo sucedido el Domingo de Resurrección en Las Ventas, plaza en la que se lidiaron toros de la ganadería de Martín Lorca para Curro Díaz, Rafa Serna y Diego San Román.
La nota predominante del devenir de la corrida se substanció en la negativa del Presidente de conceder la oreja al matador de toros Curro Díaz de su segundo astado, cuando de un modo u otro la petición era claramente mayoritaria. En su negativa no caben excusas. El público es soberano y se unió de mil modos para solicitar el trofeo para el matador. Matador que en ningún momento alentó al público en su petición. Eso es algo que el torero linarense jamás haría y que tampoco sería culpable si la demostración de adhesiones a su labor ante el astado, no se hubiera hecho de la forma más ortodoxa. Hecho más que demostrable de que la petición era mayoritaria fue, que tras el arrastre del toro, los silbidos y el abucheo de todo el graderío hacia la autoridad, fue de manera notoria y Curro Díaz, además, nunca hubiera dado, por deseos del público la vuelta al ruedo, si no se sintiera justo merecedor del premio, como le demostraron uno a uno los 10 tendidos de la plaza manifestándolo con sus aplausos y al arrojarle prendas, saludos y flores. Los titulares de la corrida en los medios de comunicación hacían mención a la denegación de la oreja, el robo y cosas por el estilo.
El hecho de no otorgar desde la presidencia la oreja demandada con justicia por el público me resulta incomprensible y no quisiera pensar que obedezca a turbias razones pero sí diré que la primera oreja de la temporada 2026 en Las Ventas fue la de Curro Díaz que el Presidente le negó.
En líneas generales añadir que en la primera plaza del mundo hubo un torero con personalidad, temple y mando al que el público mostró respeto y estima entre sentidos olés que fueron como un rugido de admiración, y religiosos y prolongados silencios que dicen tanto en la catedral del toreo.
Olés y silencios para uno de sus toreros más apreciados: Curro Díaz.
Rafa Serna y Diego San Román que dieron la cara ante unas reses astifinas no llegaron al público. Por mi parte me exonero de enjuiciar minuciosamente la corrida y, respetando las opiniones de cuantos cronistas han hablado o escrito, me adhiero a casi todo lo manifestado en “Cultoro” por el veterano crítico barcelonés Paco March.
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