
Tan lejos y tan cerca uno de otro. Una conexión de Madrid al cielo...
'..Hoy, en estas letras que alcanzan alta emotividad, el significado es otro. Ayer en Las Ventas pudimos ser testigos del encuentro, entre la arena y el cielo, de un padre y un hijo..'
De Madrid al cielo…
Antolín Castro
Opinión y Toros / Madrid, 06 Abril 2026
Con este slogan suele decirse de la capital de España que es maravillosa, que no se puede aspirar a más.
Hoy, en estas letras que alcanzan alta emotividad, el significado es otro. Ayer en Las Ventas pudimos ser testigos del encuentro, entre la arena y el cielo, de un padre y un hijo.
Ambos del mismo nombre, Francisco Díaz, unidos no solo por el vínculo familiar, sino que también por su apasionada vida alrededor de la Tauromaquia, alrededor del toro.
Ni uno ni otro lo sabía, pero el vestido a estrenar en el paseíllo venteño del Domingo de Resurrección, por primera vez para Curro, estaba bordado en azabache. Decíamos que ni uno ni otro lo sabía, pero el vestido iba a escenificar el mayor luto que había que guardar.
48 horas antes el padre concluyó su paso por la Tierra, mientras el hijo había de hacer el paseíllo en Las Ventas dos días después. El destino había preparado esa emboscada para que el héroe que habría de ponerse delante del toro tuviera más motivos para poner de relieve su valor y su agradecimiento a quien le puso y acompañó en el camino para ser torero.
Todo comenzó cuando deliberadamente Don Francisco quiso que su hijo naciera en la misma habitación del hospital de Linares donde murió Manolete. Desde ese día fue impregnando en su hijo el misterio del toreo. De la mano han vivido todos estos años de lucha por llegar a lo más alto. Una entrega mutua por superar todas las dificultades que la propia carrera exige.
Lo consiguieron, aunque con reparos. Un camino sinuoso les llevó a abrir la puerta grande de Las Ventas y de muchas otras plazas, pero la independencia con la que matrimoniaron el recorrido en todo ese tiempo les impidió rentabilizar mejor esos logros. Aún así, el nombre de Curro Díaz está escrito con letras de oro en el corazón de los aficionados. Un torero diferente, tan diferente como ellos dos quisieron llevar su carrera.
Cuando se abrió ayer el portón para hacer el paseíllo emergió la figura del torero linarense embutido en su terno verde y azabache, mucho azabache como requería una ocasión tan sentida. La tarde no iba a ser una tarde cualquiera para el diestro, todo tendría un motivo y un sentido. Los aficionados supieron alentarle con una gran ovación al deshacerse el paseíllo.
Cuando se fue a los medios a brindar su primer toro, le bastó una mirada al cielo para encontrarse de nuevo con su progenitor. El milagro se produjo de forma instantánea: De Madrid al cielo. Las zapatillas pisando la arena madrileña y la mirada clavada allá donde suponía que estaba su padre arropándole un día más en tarde de toros.
Los toros no fueron buenos todo lo que se habría querido, pero Curro puso todo lo que les faltaba para dejarnos muestra de su torería y la calidad de su toreo. Algunos estarán quejosos de que el presidente no le concediera la oreja, que aparente mayoría pidió, pero quizá el día no iba de apéndices, el día iba de afectos y sentimientos, los que la afición de Madrid le dio en la clamorosa vuelta al ruedo.
Los aficionados agradecieron su valor y su toreo hasta arrancarle una sonrisa.
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