
Víctor Hernández
Ritmo sereno y dulce; generoso en su ofrenda…
José María Moreno Bermejo
Bibliófilo taurino y escritor
Por cierto, el aludido R. Gallo, Gallito II hasta el día antes del debut de José Gómez Ortega en Madrid el día de San Antonio de Padua de 1912, decía que: “lo clásico es lo que no se puede hacer mejor¡ Así de bien toreó Víctor Hernández.

Juan Ortega
Y Ortega nos deleitó con un quite rítmico y bello por lances de esencias junto a un inicio de faena contaminada por un recuerdo de superiores sensaciones extracorpóreas de galaxias lejanas…
Me gusta relamer los sabores y saberes de lo aprendido otrora en plazas, foros, cielos y limbos de tauromaquias añejas en las que también, sin duda y a Dios gracia, se vivían éxtasis de los que impedían que se cerraran los ojos , y los sentidos, a la mesura y al racionalismo.

Morante de la Puebla
Y Morante, otra vez, levantó el estado letárgico de un toreo lineal y repetitivo que muchos insisten en que es el mejor de la historia; curiosamente, Morante, evocador primero de esos juicios, nos enseña las delicias de por qué ese toreo anterior fue sublime, y que se realizó ante toros no tan nobles como los de estas calendas. Y por cierto de nuevo, los Álvaronúñez pasan los trapos y se excitan para mostrar sus poderes luego, y su interés, y su raza (lo del caballo es otro cambio sin retorno, me temo).
Gracias a Morante, consideración al bello toreo de Ortega, admiración y máximo respeto a la verdad de Víctor Hernández.
Y Sevilla ve el toreo como quiere; nadie se atreva a decir cómo verlo y decirlo. Han sido muchos siglos explicando su nascencia y evolución; incluso su primer dictado fue de un gran sevillano que lo explicó en 1793 (edt. 1796), y al que aún hoy seguimos evocando; el arte del toreo se llamó antes “El arte de Pepe Hillo”; luego, la sevilla gozosa lo denominó arte de Cúchares; como ahora Sevilla puede hacer lo que quiera. El tiempo siempre ha de seguir dándole la razón.
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