'..Ojalá pronto se recupere el genio de La Puebla del Río y a la vez las empresas empiecen a buscar talentos entre los magníficos toreros nuevos que existen y en algunos veteranos de enorme clase, para que el toreo no vuelva a quedarse mudo..'
Después de Morante, ¿qué?
Paco Cañamero
La cornada a Morante de la Puebla ha dejado mudo al toreo y sobre la mesa de los despachos un montón de interrogantes y de dudas que se podían haber evitado. Interrogantes que de manera especial, aparte de sus miles de acérrimos partidarios, lo sufren los empresarios al no pensar en el futuro, ni en qué ocurriría cuando el genio ya no esté. O en el hipotético caso de sufrir una larga ausencia de los ruedos por una cornada, como por desgracia ocurre ahora.
Morante cayó herido de gravedad en el templo de La Real Maestranza y el gesto de su cara en el momento de ser evacuado delataba el tabacazo. Él, que no es de gestos vacuos, de quejarse, de vender volteretas…, a nadie escapaba que iba al hule con sus entrañas rotas tras el certero pitonazo inferido por el toro de Matilla, el último que mataba en el Feria de Abril -aunque aún le quedan dos tardes en el abono maestrante-. Cayó herido en una Feria que lleva su nombre y donde de él mismo, sus seguidores, han hecho una religión elevándolo a los altares hasta el punto de denominarlo, ellos, como el torero más grande de la historia. Lo hacen desconociendo la riquísima historia que guarda la Tauromaquia en sus anales, con nombres grandiosos, de personalidad propia. Y ojo que Morante tiene reservado un sitio en el olimpo de los más grandes, al lado de José y Juan, de Domingo Ortega, de Manolete; de Ordóñez y Luis Miguel, de Puerta, Camino y El Viti, del Cordobés, de José Tomás…, pero sin decir de manera tan alegre y rotunda que es el más grande.
A Morante lo han herido por un brutal exceso de confianza, algo que al final se acaba pagando con cornadas. E incluso no olvidemos que algunas tragedias a grandes figuras llegaron por perder el respeto al toro y tener un confianza que lo coloca sin red en el alambre. Ejemplos fueron las de Joselito El Gallo, Manolete, Paquirri, Pepe Cáceres… e incluso la del Yiyo al perder la cara a un toro que sentía en sus adentros la muerte y ahí sus derrotes son certeros.
Morante el pasado año ya mostraba una confianza tal e incluso falta de respeto al toro que tenía en vilo a los buenos aficionados, a los conocedores de la lidia. Y eso que el de La Puebla del Río es un torero de amplios recursos técnicos y demostrado valor. Después, en la nueva temporada esa confianza seguía ahí, inmarchitable tras su breve (y teatral como resultó ser) retirada el pasado 12 de octubre. Por ejemplo, a nadie se le hubiera ocurrido recibir con el saludo de capa al toro de Álvaro Núñez junto a las tablas y no moverse de allí, como hizo el otro día de la tarde su gloriosa faena en esas mismas arenas de La Real Maestranza. Con un toro bravo, con la fortaleza de salida jamás hubiera podido ser.
De estas cuestiones hablaba esta misma mañana con Timoteo Sobrino, aficionado del pueblo manchego de Bolaños de Calatrava y, a raíz del percance de Morante, me recordaba como Alfonso Navalón, de quien era tan admirador, explicaba muy bien el modo de recibir de salida al toro y, en tantas ocasiones, al tener tendencia a los adentros se le debe torear en paralelo a las tablas con el compás abierto, y si aprieta mucho hacia ellas el torero situado hacia fuera lo sacará hacia el tercio. Y allí, si es posible, remata, siempre respetando la querencia natural de salida. Sin embargo, aquí también juega que Morante se ha anunciado con muchos toros descastados y los remataba con el capote recogido, algo impensable en un toro cuando sale con el brío y la fortaleza que se le exige a un bravo. Y el lunes en la corrida de Matilla, que hubo toros con tanta casta (si en vez de ser de Matilla es de otro se hubiera llevado los titulares) Morante quiso rematar situándose en la salida natural del toro y se lo llevó por delante con el resultado de una dramática cornada que lo va a tener varios meses fuera de los ruedos.
Ahora, en el lecho del dolor también hay otra pregunta que no encuentra respuesta. Y después de Morante, ¿qué? Es cierto que, en las tres últimas temporadas, el sistema empresarial se ha apoyado en Morante, grandioso torero, pero que ya suma más de 45 años y con esa edad es deducible que tiene casi hecha su vida profesional. Ese Morante, al que tantos se han unido a su causa, sin olvidar que muchos de ellos hasta la eclosión reciente eran contrarios a él y se recreaban hasta llamarlo Tunante. Y es que aquí está el quid de la cuestión con un sistema empresarial nefasto, incapaz de promocionar a jóvenes toreros de enorme calidad. O recuperar algún veterano que los hay y muy buenos.
Los empresarios de ahora carecen de afición, sin capacidad de buscar novedades, yendo siempre a los mismo, lejos del interés del público y mirando únicamente el dinero. Ojalá se mirasen en el espejo de Manuel Chopera, quien a principios de los 80, ya retirados los grandiosos de los 60 -Puerta, Camino, El Viti…- y llegaba el momento de la inmediata generación de los Manzanares, Capea, Dámaso, Robles… fue capaz de promocionar y hacer figura a Antoñete, un veterano que se tuvo que ir unos años antes aburrido y entre la indiferencia del público. Lo mismo hizo Diodoro Canorea en Sevilla al apostar por Manolo Vázquez, cuando el de San Bernardo estaba loco por volver tras no ser figura y no encontraba el momento, hasta que se encajó la ficha como padrino ideal de su sobrino Pepe Luis y desde ese día marcar historia para dejar su carrera en lo más alto. Incluso más tarde esa jugada la repitieron los Lozano, en sus años al frente de Madrid, con César Rincón, de quien eran sabedores de su grandeza -al igual que el resto de toreros que lo habían visto deslumbrar en América- y al principio lo tuvieron que acartelar medio escondido al negarse los políticos de turno a que torease ese desconocido, pero enseguida deslumbró y se ganó a todos (menos a los Lozano y los toreros, sabedores de quién era ese coloso de Colombia) mientras las puertas grandes se sucedían.
El problema de ahora es que la empresa actual no tiene visión de futuro. Estos años solamente ha tenido ojos para Morante siendo incapaces de sembrar en el futuro y claro, cuando ocurre algo así, que nadie lo quiere (aunque tampoco ha sorprendido por el exceso de confianza que demostraba en su última época) todos se hacen de bruces por ser incapaces de sembrar.
Ojalá pronto se recupere el genio de La Puebla del Río y a la vez las empresas empiecen a buscar talentos entre los magníficos toreros nuevos que existen y en algunos veteranos de enorme clase, para que el toreo no vuelva a quedarse mudo.


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