'..Cuentan los evangelios de la Pasión que la suerte de Cristo acercó a Herodes y Pilatos, hasta entonces enemigos, y que creó una pausa en la hostilidad entre judíos y romanos, de aquí que siempre haya que recelar cuando súbitamente se ponen de acuerdo rivales irreconciliables..'
Miserias del argumento moralista
Carlos Esteban
Miren, no; me niego a que instrumentalicen mi religión para pintarme como malvado con planteamientos ternuristas de una hipocresía que hubiera hecho enrojecer a esos fariseos que acosaban a Jesús.
No intenten venderme la burra ciega, sobre todo desde sectores que arrastran un aborrecimiento criminal de siglos contra la fe, no me vengan a contar a qué me obliga una doctrina que a los propios acusadores les parece ridícula y que sueñan con hacer desaparecer de la faz de la tierra. A otro con esas.
Me avergüenza que los propios prelados, y no solo de mi país, se presten a actuar como cómplices de los que llevan años persiguiéndoles en esta mascarada, que accedan a ignorar dos mil años de sabiduría de la Iglesia, de silogismos teológicos implacables y sutilezas urgidas por la prudencia para vendernos un mensaje plano e infantil, de guardería, para justificar un etnocidio, para clausurar milenios de homogeneidad poblacional y cultural.
Cuentan los evangelios de la Pasión que la suerte de Cristo acercó a Herodes y Pilatos, hasta entonces enemigos, y que creó una pausa en la hostilidad entre judíos y romanos, de aquí que siempre haya que recelar cuando súbitamente se ponen de acuerdo rivales irreconciliables. Y en este contubernio se dan la mano sindicatos y patronal, prelados y comecuras, rojos y azules, la izquierda y la derechita de pitiminí. Todos contra España, que hay prisa.
Cada cual en esto, aunque te saque en el argumentario el caso lacrimógeno, tiene su interés en este crimen. Garamendi, en nombre de los grandes empresarios, ya lo ha dicho, en una frase que hubiera adelantado la toma de la Bastilla de haberla pronunciado María Antonieta: quiere camareros. Porque en la mentalidad de los empresarios de esa calaña lo que vienen no son personas, son camareros, son mano de obra barata, barata, un factor de producción como cualquier otro.
Los partidos de izquierdas quieren votantes y una masa a disposición de cualquier activista de la cuerda. Sólo hay que ver los vídeos que estos días inundan las redes de recién llegados cantando en un español tentativo y roto las loas de Pedro Sánchez, al que prometen votar desde que puedan hacerlo hasta que deje de presentarse (probablemente, por defunción).
Y la Iglesia institucional… Quiero pensar que sigue en la misma actitud de hacerse perdonar por seguir existiendo que es su segunda naturaleza desde hace medio siglo.
Hace noventa años sufrieron el mayor intento de genocidio de la historia y llevan medio siglo bailándoles el agua a sus antiguos verdugos.
Nos quieren hacer creer que no regalar papeles (pronto, muy pronto, la nacionalidad), no digamos plantear la repatriación de ilegales, atenta contra los derechos humanos. ¿Desde cuándo es un derecho humano ser español? ¿Han probado a plantear esta curiosa visión en China? No se lo recomiendo porque China será un tiranía, pero es un país serio en este sentido. Todos fuera del manicomio occidental lo son lo suficiente como para entender que ser invadidos no es algo que deba tolerarse pasivamente.
Para empezar, cuando se dice que devolver a su país de origen a un es una cruel violación de los derechos humanos, no entiendo por qué las autoridades del país en cuestión no se ofenden y envían una nota diplomática de protesta. Imagina insinuar que el país que gobiernas es tan infernal que volver a él es un castigo intolerable.
Pues no, señores, yo no les deseo mal alguno a los llegados de allende los mares, ni les tengo —quizá con excepción del tipo que toca la quena en la Línea 1— especial manía. Les deseo lo mejor, a cada uno de ellos, como le deseo lo mejor a mi vecino y no le permito instalarse en mi casa.
Ni sé siquiera por qué habría de considerarse cruel desear que haya países y culturas y comunidades cohesionadas, algo que les deseo a todos y que todas las comunidades desean para sí. Lo cruel es fijarse en los seres humanos como piezas intercambiables de procesos económicos, piezas de engranaje en una maquinaria inhumana, que se importan por arrobas como antaño se hacía en Alabama con los esclavos africanos.
Lo cruel es descapitalizar países en desarrollo de su principal aporte, la población más joven y dinámica, convirtiéndolos conceptualmente en reservas humanas que esquilmamos como antes se esquilmaban otros de sus recursos.
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