la suerte suprema

la suerte suprema
Pepe Bienvenida / La suerte suprema

jueves, 30 de abril de 2026

Una mala espada las frustró / por Manuel Viera


Borja Jiménez / Foto: Eduardo Porcuna.

 '..Dos tardes. Dos conquistas que hubiesen sido apoteósicas. Dos “Puertas del Príncipe” que quedaron cerradas..'

Una mala espada las frustró

Manuel Viera
Ha tenido la gloria al alcance de la yema de sus dedos. Esos dedos de la mano izquierda con los que alcanzó la intensidad de su toreo para comprobar cómo, con valor y sentimiento, los caminos del triunfo estaban ahí: en la brava embestida de un gran toro de Victorino Martín. Naturales que recorrían como un torrente el largo espacio hasta perderse en el infinito, mientras un sevillano de Espartinas ahondaba en la belleza de los trazos y en lo efímero de los deseos.

Encontró en el noble y bravo toro la manera ideal para hacerlo secundado por un público que entendió de inmediato la excelencia de una lidia coherente con la nobleza de las embestidas. El toreo al natural constituyó su culmen. Una síntesis perfecta entre el rigor, la complejidad y la fluidez del temple y pureza de su toreo. Esta fusión alcanzó resultados espléndidos, logrando el justo equilibrio entre el fervor y la emoción. Un toreo de mano baja, largo, hondo, profundo y rematados con magníficos pases de pecho al hombro contario. Naturales de frente en el epílogo de una obra que fue aproximación a ir un paso más allá en la senda marcada para obtener el gran logro.

Otro arranque ambicioso permitió comprobar la excelencia de la lidia de los toros de Matilla. Ramilletes de ajustadísimos trazos en el que pocas veces el toreo se ha desgranado con una necesidad que no excluye la limpieza y la fluidez de cada pase. Un toreo luminoso, ora con la derecha, ora con la izquierda, de muletazos cambiados, muy ligados y todos rematados con auténticos detalles en la que la torería hizo acto de presencia. Toreo vertical con la mano izquierda hecho y dicho con toda la verdad que caracteriza el valor del diestro sevillano.

Pero, Borja Jiménez, es un pésimo matador de toros. No hay forma que rubrique sus extraordinarias tardes con contundentes estocadas que le posibiliten el triunfo obtenido con la verdad y la belleza de su concepto. Toda la exigencia con la que se fue a portagayola dio como resultado una cada vez mayor y más consciente voluntad de verdad. Dos tardes. Dos conquistas que hubiesen sido apoteósicas. Dos “Puertas del Príncipe” que quedaron cerradas. Una mala espada las frustró.

No hay comentarios:

Publicar un comentario