la suerte suprema

la suerte suprema
Pepe Bienvenida / La suerte suprema

lunes, 20 de abril de 2026

La regularización de los negreros y la Conferencia Espiscopal / por Irene González

Colas de inmigrantes en busca de la regularización

'..Muere un español cada 14 minutos esperando que le llegue ayuda a la dependencia. Eso no son problemas que afecten a los empresarios, políticos ni casta clerical que vive en palacios arzobispales..'

La regularización de los negreros
 y la Conferencia Espiscopal

No puede ser bueno aquello que nos condena a la pobreza, a la desesperación, al dolor, al expolio, a la desigualdad, a la inseguridad y a la peor educación.

Irene González
Estos días es difícil ignorar la idea de irte de tu propio país, porque no has elegido vivir en un cruce entre el peor Perú, la peor Colombia y un sector de África. Es doloroso ser consciente de que vivimos en una cuerda floja, mientras no pase nada, mientras no tengas que ir al médico, se vaya la luz, no tengas que buscar trabajo o casa… parece que la bomba de relojería social de la invasión suena lejana, pero es un estruendo ensordecedor. Nada funciona en España y todo va a ir a peor. Es doloroso ver cómo los psicópatas que nos gobiernan nos han arrebatado todo, hasta el arraigo, un término exclusivo para lo que es nuestro, sólo de los españoles.

Han aprobado la regularización de inmigrantes de la que se beneficiarán al menos dos millones de personas, según expertos de Extranjería, mandos policiales y diplomáticos. Los que han salido a mostrar su júbilo por un hecho que traerá tantas consecuencias negativas para los españoles son la izquierda globalista, los empresarios de la patronal, las ONGs beneficiarias del tráfico de personas y la politizada Conferencia Episcopal. Las peores élites confabuladas contra los intereses del pueblo español al que nadie ha preguntado en esta democracia falsaria.

Flujo interminable

Los empresarios en su papel abierto de negreros del siglo XXI, porque así hay que llamar a los empresarios mediocres incapaces de mejorar la productividad en décadas, no ocultan la indignidad de sus pretensiones con la regularización masiva. En lugar de invertir en tecnología en el campo, las fábricas y mejorar calidad de los servicios, claman la regularización masiva para que no paren de caer los salarios y las condiciones de trabajo. Estamos ante una de las mayores crisis de las últimas décadas, donde España es muy vulnerable. En 5 años la IA hará desaparecer muchos trabajos, hoy en España hay 2.500.000 de parados, el 17% son extranjeros cobrando subsidio, y aun así el negrero español no emplea a éstos, no mejoran las condiciones y pide traer flujos interminables de inmigrantes con los no convivirán sus hijas en el barrio, ni los meterán en el colegio privado de sus hijos, ni quitarán un puesto a sus padres en la lista de espera de la dependencia. El joven español no puede competir con millones de inmigrantes del tercer mundo dispuestos a trabajar 12 horas y 6 días a la semana por 900 € porque es más del triple que lo que cobraban en su país de origen. El salario mínimo en Perú no llega a los 300 €. Esto lo hacen al principio, luego se apuntan a cobrar el Ingreso Mínimo Vital, por eso el flujo de inmigrantes ha de ser infinito para el negrero. El joven español no tiene ningún futuro en España si tiene sueños excéntricos como tener una vivienda en propiedad, barrios seguros y un trabajo digno.

“Algo tenemos que hacer con los que ya están aquí y trabajan para nosotros”, sí expulsarlos a todos y abrir expedientes sancionadores a todos los que tuviesen contratados a ilegales por tener a los inmigrantes en esas condiciones. Pero el negrero busca que los que ya tienen explotados sin papeles, más los que vengan con el efecto llamada, sigan igual pero lo hagan legal, es decir, para que sean los españoles con sus impuestos los que se encarguen de pagar las ayudas a esos millones trabajadores sin cualificación. Porque al principio trabajan mucho por poco, pero luego piden el IMV más el trabajo en negro que le salga con sus compatriotas negreros que han venido aquí. La explotación laboral de Sudamérica y África y sus desigualdades se traslada en bloque a España, porque el Tercer Mundo no es un lugar es un tejido social. Cuando hay un porcentaje mínimo de inmigración cuya residencia depende de un contrato de trabajo en vigor, la integración se produce y la inmigración reporta beneficios, pero cuando se abren las puertas y vienen millones a vivir de lo que han sido incapaces de construir en su país, ese tejido social tercermundista se traslada en bloque, pero lo paga el español trabajador.

“Hay que dar solución”

Muere un español cada 14 minutos esperando que le llegue ayuda a la dependencia. Eso no son problemas que afecten a los empresarios, políticos ni casta clerical que vive en palacios arzobispales. 


Monseñor Argüello, presidente de la Conferencia Episcopal, ya ha celebrado muchas veces como si fuese un vulgar diputado de Podemos la regularización masiva. “Hay que dar solución a los que quieren salir de su país por la guerra y los que necesitan que vengan”, en alusión a quienes se benefician de un negocio tan oscuro y siniestro como el tráfico de seres humanos, los negreros y los inmigrantes sin cualificación trastornados de una guerra africana. Monseñor miente deliberadamente, eleva lo anecdótico a categoría, no hay guerras en Latinoamérica de donde vienen el 90% de la inmigración, y los que vienen de África huyendo de guerras nunca son niños y mujeres, siempre adultos sexuales en edad militar. Pero con esto manipula los sentidos de los irracionales de quien desprecia. Oculta el mal con palabras que simulan bien. Oculta el dolor, la pobreza y la deshumanización que implica la invasión migratoria con el único propósito de llevarnos a una situación que nos hunda en la desesperación, donde reine el caos. Que no seamos capaces ni siquiera de identificar el desorden social, sino que lo veamos como el nuevo orden a abrazar, ocultando que nos llevará a la angustia, el desarraigo y un mundo sin libertad.

No puede ser bueno aquello que nos condena a la pobreza, la desesperación, el dolor, el expolio, la desigualdad, la inseguridad, la peor educación, la falta de futuro, la angustia de no tener vivienda, ni sanidad ni ayuda lleva ya a muchos al aborto o la eutanasia. Eso es una de las consecuencias de las que no hablan los Obispos de países multiculturales invadidos por la inmigración. Esto no necesitaba una votación en el Congreso, sino un referéndum, para que el español expoliado, marginado que no tiene a dónde ir pueda al menos decidir su futuro en lo que hoy queda de España.

No hay comentarios:

Publicar un comentario