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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

martes, 28 de abril de 2026

El robo de España / por Jesús Laínz

'..Se trata, evidentemente, de la voluntad de acabar con el pueblo español como resultado humano, cultural, político, religioso y jurídico de un par de milenios de historia con el objetivo de convertirlo en otra cosa..'

El robo de España
Jesús Laínz
El artículo 1.2 de la Constitución enuncia pomposamente que «la soberanía nacional reside en el pueblo español». España, por lo tanto, no es el patrimonio privado de una dinastía, y sus dueños políticos son todos los españoles.

Pero la hermosa declaración no se corresponde con la realidad. En primer lugar, la UE lleva décadas apropiándose de parcelas de decisión por encima de los gobiernos y parlamentos de unos países miembros que no crearon dicha organización internacional para eso. En segundo, los padres constituyentes, venerados a pesar del notorio fracaso de sus ocurrencias, diseñaron un Estado perpetuamente autovaciable en beneficio de unos separatistas que han hecho excelente uso de sus privilegios para destruirlo poco a poco. La guinda de la secesión no tardará en colocarse sin que ningún poder lo pueda evitar, sin que a los grandes partidos del régimen les parezca mal y sin que a la gran mayoría de los españoles les importe un bledo.

Pero el episodio más importante del robo de España ha sido una decisión compartida por los grandes partidos del régimen y sus socios separatistas. En asuntillos secundarios escenifican tan brillantemente sus rencillas que hasta parecen cosas serias, pero su unanimidad en esto es admirable. Se trata, evidentemente, de la voluntad de acabar con el pueblo español como resultado humano, cultural, político, religioso y jurídico de un par de milenios de historia con el objetivo de convertirlo en otra cosa. No hay más que echar un breve vistazo a nuestras calles para comprobar su éxito: el pueblo español, por primera vez desde aquel catastrófico 711 que se pudo corregir a golpe de espada, ya no es la continuación de su estirpe, sino un país diferente poblado por gentes diferentes, con todas las consecuencias que ello implica y que estamos empezando a disfrutar.

El artículo 92 del texto inútil arriba mencionado estableció que «las decisiones políticas de especial trascendencia podrán ser sometidas a referéndum consultivo de todos los ciudadanos». ¿Se le ocurre a usted, amigo lector, algo de mayor trascendencia que decidir sobre si el pueblo español debe seguir existiendo o si debe perecer bajo la inundación humana proveniente de los demás continentes? Y, sin embargo, a ningún gobierno, ni de izquierdas ni de derechas, se le ocurrió consultar a la generación de españoles afectada por la decisión política más importante de la historia: la continuación del pueblo español o su sustitución.

Con la regularización de millones de recién llegados, la mayoría ilegalmente, se cambiará para siempre la sociedad y la identidad de España. La primera consecuencia será la enorme alteración del censo electoral: los españoles ya no serán los dueños de su país, robado delante de sus narices con la excusa de un humanitarismo universal insostenible. La gran beneficiaria será, naturalmente, una izquierda que recogerá el voto agradecido por haber abierto de par en par las puertas de una Europa a la que algunos llegan para trabajar y muchísimos para ser mantenidos.

Las cifras podrían llenar muchas páginas, pero quedémonos con el dato esencial de que la mayoría no trabaja y vive de las mil ayudas y subvenciones que les llueven de organismos públicos y entidades privadas. Además, muchos de los que trabajan lo hacen ilegalmente, con los subsiguientes perjuicios fiscales y de competencia desleal a los españoles que pagan religiosamente sus gastos e impuestos.

La burla a la ley ha rebasado los límites de la indignación ya que los principales burladores son las personas e instituciones que están para velar por su cumplimiento. A millones de ilegales no se les podía devolver a sus respectivos países porque carecían de papeles, pero ahora que los necesitan, ¡de repente los han encontrado por arte de magia! El argumento central para acallar a los opositores a la inmigración fue el de que venían a pagar nuestras pensiones. Pero, ¿por qué, entonces, se ha subido la edad de jubilación a los sesenta y siete años? Y si los inmigrantes venían a trabajar tanto y crear tanta riqueza, ¿cómo se explican, entonces, tantas ayudas sociales y tanta cantinela con la vulnerabilidad?

Si los actuales inmigrantes son los equivalentes a los emigrantes españoles de décadas pasadas, que se instalaron en los países de destino legalmente, con contratos previos y con completa carencia de antecedentes penales, ¿cómo es que los inmigrantes entran en España ilegalmente y sin contrato de trabajo previo? ¿Cómo es que están adquiriendo la nacionalidad incluso tras decenas de delitos y detenciones? Además, el Ministerio del Interior ha ordenado a los centros penitenciarios que informen a los reclusos sobre el decreto de regularización y que les faciliten la documentación necesaria para hacer la solicitud. Y por si fuera poco todo este despropósito, la diputada comunista saharahui Tesh Sidi ha declarado con alegría que “ahora que vamos a nacionalizar a todos los inmigrantes, todos los que te roben serán españoles”.

A nuestros políticos de izquierdas y derechas se les llena la boca con conceptos tan bonitos como humanidad y solidaridad. ¿Se referirán con ello a los sueldos bajísimos, los pisos patera y demás circunstancias en las que viven buena parte de los recién llegados? No por casualidad los dirigentes empresariales están encantados: la llegada de millones de personas de baja cualificación es una bendición para tirar lo sueldos hacia abajo. La lógica del capitalismo es implacable.

Y para redondear el círculo, la Iglesia —convertida en caballo de Troya contra Europa— y sus voceros radiofónicos, indistinguibles de las cadenas explícitamente izquierdistas, hacen los coros poniendo los ojos en blanco con un cristianismo y un evangelio que, en cuanto se consigan los porcentajes suficientes de población extranjera, serán los primeros en desaparecer para siempre.

Y así, entre políticos, periodistas, curas y votantes, el robo de España es inevitable. Y los llantos llegarán cuando ya sea tarde.

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