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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

sábado, 3 de diciembre de 2022

El envoltorio / por Pla Ventura


"...En los toros, para nuestra desdicha, suele suceder lo mismo por parte de los taurinos hacia los aficionados porque, como es notorio, los empresarios y toreros, los de arriba, se preocupan mucho del “envoltorio”, de que todo parezca bonito para atraer la atención del cliente que, como antes dije, come más por los ojos que por la boca..." 

El envoltorio
Pla Ventura
Toros de Lidia/2 diciembre, 2022
Cada vez que nos apresuramos en la tarea de hacer un regalito determinado a un ser querido, si nos fijamos, lo del regalo propiamente dicho no nos preocupa para nada pero, aquello del envoltorio nos trae de cabeza. Es decir, por momentos, somos sabedores de que estamos regalando una nimiedad pero, amigo, aquello del embalaje para que parezca un regalo sublime, ahí ponemos todo nuestro empeño porque, en honor a la verdad, como es lo primero que se ve, a golpe de vista tenemos que quedar como reyes. Luego, claro, al quitar dicha cubierta vienen las decepciones pero, el daño ya está hecho.

En los toros, para nuestra desdicha, suele suceder lo mismo por parte de los taurinos hacia los aficionados porque, como es notorio, los empresarios y toreros, los de arriba, se preocupan mucho del “envoltorio”, de que todo parezca bonito para atraer la atención del cliente que, como antes dije, come más por los ojos que por la boca. Vamos que, en cualquier feria de España, para desdicha de la fiesta, se anuncia una corrida de Juan Pedro con tres primeras figuras de la tauromaquia y, ahí tenemos en envoltorio citado sin percatarnos de que el regalo está envenenado. Justamente, donde no hay veneno y sí mucha verdad, pongamos por caso los toros de Victorino Martín, como no los mata Morante no tienen el renombre que deberían de cara al gentío; sí de los aficionados pero, a ese reducto aludido es el que falta para llenar las plazas, lo del toro auténtico les trae al pairo.

Nunca fui partidario del hato; digamos que, cada vez que hago un regalo, la forma de embalarlo no me produce quebraderos de cabeza porque, ante todo, lo que en mi persona subyace no es otra cosa que, el afortunado que recibe el regalo, de repente y en el acto comprenda la magnitud cariñosa del mismo. Aquello de crear mucha sorpresa por el envoltorio me parece una memez sin paliativos porque, como siempre, luego vienen las decepciones. Mucha parafernalia en la forma de envolver el regalo aludido para que, una vez quitada la máscara, la desilusión sea tremenda.

Los toros, como digo, son el paradigma de todo lo contado porque, como expliqué, los grandes acontecimientos nos los envuelven como algo fantástico que, a priori, así lo parece pero, a la hora de la verdad, todo es mentira. Ya lo dice el dicho, corrida de expectación, festejo de decepción. Y lo triste de la cuestión es que, en los toros, en la gran mayoría de los casos priva más el envoltorio que lo que en verdad hay dentro.

Cierto es que, para desdicha de los aficionados, el gentío sigue creyendo más en lo exterior que lo interior que, como se sabe, en ese interior que todos anhelamos, en la gran mayoría de las ocasiones no aparece el toro que, en realidad, es el que dignifica la fiesta. Pero, de forma lamentable, el montaje de las corridas de toros camina por otros derroteros que, muy alejados de la autenticidad del espectáculo suelen darnos gato por liebre.

Han sido miles de veces las que se ha jugado con el aficionado al respecto del envoltorio puesto que, encontrar autenticidad en el regalo –valga la metáfora- siempre resulta una quimera. Por el contrario, como si de una maldición se tratare, apenas nos percatamos de la grandeza del “regalo” cuando nos lo entregan sin envoltorio, es el caso de su majestad el toro que, sin parafernalia previa sale al ruedo dispuesto a vender cara su vida, a emocionar a los aficionados que, como antes dije, acostumbrado al citado paquete no se percata de la magnitud de lo que le están regalando.

Falta mucha pedagogía como tantas veces dije al respecto, en torno a saber discernir entre el regalo auténtico, aunque no tenga envoltorio, con el agasajo falseado que no es otra cosa que ese toro borrego y sin fuerzas que nos lo quieren vender como si de un regalo maravilloso se tratare. Por tanto, atentos ante el envoltorio que, en la mayoría de las ocasiones, el regalo, como tal, es pura bazofia.

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