
'..Tendrá que haber un despertar, no sabemos si revolucionario o no, pero sí decidido a mandar a sus casas a estos parásitos del Estado español que no representan a nadie..'
Los parásitos del Estado
Rafael Nieto
El 1 de mayo ha sido siempre (desde la muerte de Franco, se entiende) un día robado por los sindicatos mayoritarios al conjunto de los trabajadores. Un día de todos convertido en el día de ellos, lo cual es característico de los socialistas. UGT y CC.OO., sindicatos inseparablemente unidos al socialismo y al comunismo español, se las han arreglado para convencer a la mayoría de los currantes de que solamente ellos les podían representar; que no hay posibilidad alguna de defender sus intereses fuera de esas siglas. Y naturalmente, eso es falso, como prácticamente todo lo que proclaman.
Es bueno recordar aquí, porque estos demagogos izquierdistas se aprovechan del desconocimiento de nuestra historia para publicitar sus presuntos logros, que la primera legislación obrera y sindicalista fue promulgada por el franquismo, el 9 de marzo de 1938, gracias al entonces ministro de Organización y Acción Sindical, el falangista Pedro González Bueno. El Fuero del Trabajo es, sin duda, una de las leyes más humanas y más protectoras que se han promulgado nunca sobre el mundo del trabajo. Inspirado en la doctrina falangista, en el tradicionalismo y en la doctrina social de la Iglesia, el Fuero terminaba con la nefasta lucha de clases, piedra angular del socialismo.
Tampoco conviene olvidar a José Antonio Girón de Velasco, ministro de Trabajo desde 1941 hasta 1957, a quien los trabajadores españoles debemos el Seguro Obligatorio de Enfermedad, creado en 1942, y que junto al Seguro de Vejez e Invalidez y los subsidios familiares fueron el antecedente directo de la Seguridad Social. La negociación libre fue sustituida por las magistraturas de trabajo, que eran tribunales laborales donde empresarios y obreros estaban obligados a solucionar sus conflictos. También se impulsaron políticas de vivienda protegida y barrios obreros con participación del Estado. Hoy estamos prácticamente obligados a pensar y a decir que todo aquello fue malísimo, pero nuestros padres y abuelos opinaban otra cosa muy distinta.
La pretensión de que solamente la izquierda puede defender los intereses de los trabajadores es, simplemente, falsa. Una de esas falacias que la historia se ha encargado de constatar con su infalibilidad científica. Al revés. Es hoy, con un Gobierno social-comunista en España, cuando más pastueños, dóciles y sumisos son esos sindicatos mayoritarios de izquierdas, acostumbrados a la sopa boba del dinero público y la subvención. Unos sindicatos que, lejos de pelearse con el poder político y empresarial, se van de mariscadas con los millones que recaudan procedentes de los esquilmados bolsillos de los trabajadores a los que dicen defender y representar. Es todo una pantomima.
El PSOE, acostumbrado a trincar del dinero del contribuyente para sus vicios y corruptelas, ha adoptado a estos sindicatos mayoritarios como si fueran un caniche al que le echas un hueso cada vez que levanta la patita para saludar. Sus manifestaciones, que en algún momento de gobernanza pepera incluían botes de humo, barricadas en las calles y alguna que otra brecha occipital, hoy son paseos turísticos por el centro de Madrid, con banderitas y pins que demuestran la merma tan importante que sufren a nivel intelectual. Nunca faltan fotos de Lenin ni del Che Guevara, porque la delincuencia y el crimen son mucho más cercanos al socialismo que el propio movimiento obrero.
Lo cierto es que muy pocas veces han estado los trabajadores peor que hoy en España, con los salarios congelados desde hace años, con una inflación que ha destrozado sus ahorros y su calidad de vida, entrampados hasta las cachas en la imposibilidad de tener una vivienda propia en la misma ciudad donde trabajan. Los españoles acuden cada día a su puesto de trabajo a ganarse su miseria. No serán ni UGT y CC.OO., los sindicatos de los comegambas subvencionados, quienes cambien esta dramática realidad. Tendrá que haber un despertar, no sabemos si revolucionario o no, pero sí decidido a mandar a sus casas a estos parásitos del Estado español que no representan a nadie.
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