la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

lunes, 31 de agosto de 2026

Ceuta, del toples a las heces flotando / por Joaquín Campos


'..lo que es inaudito es que los nuevos moradores del lugar de toda África con más educación y PIB caguen en las playas, las jardineras y en plenas calles mientras algunos violan a niñas de doce años en la antesala, imagino, de la vuelta a la Prehistoria, en los que historiadores occidentales politizados dirán que, más que un retroceso, fue una oportunidad de oro para rememorar épocas pretéritas..'

Ceuta, del toples a las heces flotando
El ocaso de la civilización occidental acontece a diario en la playa ceutí del Trampolín

Por Joaquín Campos
Si encajáramos a Ceuta como estado independiente dentro de todo el continente africano, incluyendo sus islas en los océanos Atlántico e Índico además de las del mar Mediterráneo, la ciudad autónoma española arrasaría, y de qué manera, en la clasificación del PIB per cápita, dejando muy atrás a las muy lujosas y escasamente habitadas islas Seychelles, segundonas tras nuestro trozo de España, mal que les pese a algunos. Ceuta, según los datos oficiales, alcanzaría los 27.000 $ mientras que, por ejemplo, Sudáfrica, que ya ha organizado un Mundial de fútbol tan inhóspito como su vuvuzela, sólo rozaría los 6.700 $.

Que Ceuta tenga semejante capacidad económica, comparada, claro está, con cualquier lugar de Marruecos, tiene que ver con varios asuntos tangibles. El primero, que sus ciudadanos se han educado en la libertad y los valores; después, que al pertenecer a España –o sea, a Europa–, bebe de la cuna de la civilización, el orden y el concierto; y por extenderme en la claridad, que en los países de raíces cristianas la mujer es libre, vota, no debe enroscarse ningún trapo en la cabeza por imposición y, sobre todo, que la población española no está obligada a detener su vida cinco veces al día para rezar mirando a La Meca. Ventajas, como digo, de estar urbanizados cerebralmente, y por ello, de no ir ralentizando, diariamente, la economía en torno a un libro sagrado. Por cierto, el mío hasta la Comunión, fue El Libro Gordo de Petete. Datos.

Desde que el pasado 30 de julio 80.000 ilegales entraran a modo de invasión en territorio español a través de Ceuta, las imágenes que recorren el mundo con la misma eficacia propagandística que el gol de la final del Mundial de Ferrán Torres, han dejado razones para que Occidente se siga pensando lo de la Alianza de Civilizaciones de José Luis Rodríguez Zapatero –el cual, hoy al menos, es mundialmente conocido por coleccionar joyas de gran valor–, error histórico desde su misma fundación donde se aseguraba que la supuesta hermandad de los pueblos, tribus, etnias, naciones y, sobre todo, credos, que aunque en realidad no sirviera para nada, demostraba las virtudes de España, crisol de culturas y respetos allende nuestras fronteras exceptuando lo que va de nuestras vallas hacia dentro. Porque, ¿se imaginan que en vez de Colón, uno de nuestros vecinos alauitas hubiera llegado en 1492 hasta América antes que nosotros? A la vista de lo sucedido, les aseguro que hoy en el continente americano hasta Donald Trump se sabría de memoria el Corán cuando jamás habríamos sabido nada de su mujer y/o mujeres.

Si hay una postal por encima de todas para determinar por qué no es que no seamos todos iguales, sino que unos somos mucho mejores que otros, sólo hay que acercarse hasta la playa ceutí del Trampolín, famosa en el mundo entero por haber sido la elegida por los invasores para acampar a sus anchas, alejando al nativo de toda posibilidad de acercarse a su playa, solo o en compañía de sus hijos. Porque en El Trampolín, otrora orilla de arena límpida donde el top-less se mezclaba con los menores –legales– jugando y aprendiendo a dar sus primeras brazadas, hoy es un vertedero de dimensiones peligrosas al que no se le aprecian soluciones ni a corto ni a medio plazo. Como detalle sin igual, Pedro Sánchez acaba de asignar al Ministro de Política Territorial, Ángel Víctor Torres, como mando único para tratar de superar este caos tan absoluto como constante. ¿Se imaginan que durante un incendio España coordinara su extinción cuatro semanas después? ¿A qué no? Pues aunque no les guste, Ceuta, porque existen todavía 80.000 españoles que pagan impuestos y adoran nuestra patria, la real, está muy por encima de todas las hectáreas de monte bajo que ustedes deseen sofocar. Y les habla alguien que abraza árboles desde tiempos inmemoriales. Porque si en Ceuta no hubiera personas y sólo mares de pinos mediterráneos, actualmente España recordaría Ceuta y Melilla como a día de hoy, a duras penas, lo hace con Cuba y Filipinas.

Expertos consultados, además de mi visión miope apoyada en unas gafas reglamentarias durante mis ya tres visitas a la ciudad autónoma española, han certificado que desde la orilla de la playa del Trampolín hasta que haces pie los zurullos flotan donde hasta el 29 de julio sólo existían colchonetas, señoras refrescándose y reflejos del sol sobre un azul del mar precioso hoy infestado de Escherichia coli, conocida mundialmente como E. Coli, una bacteria peligrosa para el ser humano que demuestra que en la zona existe una contaminación reciente –y tan reciente: desde el muy cercano 20 de julio– por desechos humanos y animales. Zurullos, orines, plumas de palomas y gaviota, basura en general, en lo que augura una desembocadura clara y concisa: el trampolín hacia el tercer mundo.

Uno siempre había creído que los que invaden mejoraban lo conquistado. Así ocurrió con el Imperio Romano, que en la antigua Iberia –luego Hispania y ahora España– trajo la prosperidad y la romanización, base de nuestras actuales culturas y lenguas. Con ese gran legado educativo y formativo construimos, por poner sólo un ejemplo, navíos que fueron botados con éxito para alcanzar, tras meses de singladura, el continente americano. Y allí los españoles llevaron nuestra lengua, el catolicismo, las ciudades, la arquitectura, las universidades, además de nuevos cultivos y alimentos, así como numerosos oficios como la imprenta, la metalurgia y la construcción naval. Nosotros trajimos el tomate y la patata, aunque curiosamente no prestamos la más mínima atención a la quinoa, que hoy te la meten hasta en una ensalada industrial a lomos de un tren de alta velocidad camino de Córdoba, el cual siempre llega tarde.

Por eso, a uno se le queda cara de estúpido cuando se acerca a la playa del Trampolín, certificando que el tercer mundo a España no sólo se le arrima por la afición de defecar en la misma playa donde te bañabas, sino porque ya nosotros mismos, según el último informe de la OCDE –por su acrónimo, Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos–, con sede en París, retrocedemos de manera vertiginosa: en España, en los últimos 30 años, el salario real ha subido sólo un 2’8%, no así, precisamente, el coste de vida. Por comparar, en ese mismo tiempo en los Estados Unidos los sueldos han ascendido un 47’5%.

Uno acepta que el mundo se mueve. Que las conquistas existen, que unos imperios se caen y otros que alzan, y que la nueva geopolítica está a la orden del día. Y que España, tristemente, lleva demasiados siglos de profunda decadencia. Pero lo que es inaudito es que los nuevos moradores del lugar de toda África con más educación y PIB caguen en las playas, las jardineras y en plenas calles mientras algunos violan a niñas de doce años en la antesala, imagino, de la vuelta a la Prehistoria, en los que historiadores occidentales politizados dirán que, más que un retroceso, fue una oportunidad de oro para rememorar épocas pretéritas. Y ya puestos, para reinventar la rueda y el fuego. Que Dios nos coja confesados.

En Occidente llevamos todo este siglo y parte del anterior hablando mucho, a veces demasiado, del respeto a otros cultos religiosos mientras nosotros mismos nos desatamos del catolicismo por euforia obligatoria, cuando lo que siempre se calla es la nula consideración de los llamados a pagar nuestras pensiones –a mí me sostuvo un tipo con sarna, cita don Genaro, a punto de cumplir noventa años, en Bembibre–, que llevan también, por qué no decirlo, defecando –en este caso, sólo metafóricamente (aún)–, en nuestros pueblos, culturas, civilizaciones, en realidad, sobre todos los nuestros.

Porque el ocaso de la civilización occidental que acontece a diario en la playa del Trampolín, no se estudiará en las universidades –seguro durante esta época– por lo improbable de poder explicar a alguien ciertamente coherente que esto tiene algún tipo de sentido.

In Mou We Trust / por Ignacio Ruiz Quintano


In Mou We Trust
Ignacio Ruiz Quintano / Abc
Arrancó la Liga (¿quién lo diría?), donde toda la ilusión del madridismo está puesta en José Mourinho, dueño de eso que Paula llamaba “personalidá”. “In Mou We Trust!”

Con la Liga tebana le pasa a uno lo mismo que a Jardiel con las chicas de Hollywood, que nunca sabía si habían pasado por la acera veinte mujeres o la misma mujer veinte veces, y del perezón que nos produce semejante descalzaperros competitivo sólo nos rescata la acreditada personalidad de Mou.

Ruano le dio muchas vueltas al fenómeno de la personalidad, para llegar a la conclusión de que el papel que nos dan los otros en la gran comedia humana influye de una manera enorme y es muy difícil ir contra él. Con frecuencia, explicaba, encontramos también cómodo jugar varios y opuestos papeles a gusto de cada público. Unos nos quieren porque “han descubierto” que tenemos un fondo infantil y tierno. Otros nos admiran porque somos complicados y diabólicos. El camino más corto suele ser no llevar la contraria. Nadie perdona haberse equivocado. Habrá que ser infantil y demoníaco según entre qué público estemos. En el caso de Mou, infantil con la prensa y demoníaco con los negreiros, que ahí siguen todos, tan ternes, como el dinosaurio de Monterroso.

–Bueno, bueno, pero entonces ¿qué es la personalidad?
 
¿Xabi Alonso no tenía personalidad? No, Xabi Alonso tenía leotardos y unas New Balance como las del pepero Casado, y así no se puede dar rienda suelta a una personalidad. Por Ihering sabemos que el mundo romano, de donde venimos, no estaba hecho para los caracteres débiles, mientras que hoy (y esto lo dice Ihering) “el derecho los protege desde el nacimiento a la muerte, como si fuéramos seres inválidos”. En el Derecho romano antiguo quien se encuentra oprimido es porque se ha dejado oprimir y quien ha sido engañado es porque se ha dejado engañar: un hombre nunca debe dejarse engañar ni oprimir, y esa idea constituye la esencia profunda del sentimiento jurídico romano.

Hay que tener mucha personalidad para aceptar sin tirar el templete un arranque liguero como el que el Sistema le ha organizado al Madrid: cuatro partidos en trece días, con la pretemporada todavía haciéndoles bola a los futbolistas, que hay que ver a ese Vinicius, que volvió de las vacaciones hecho un Hazard. Cuatro partidos en menos de dos semanas obliga a los jugadores a dormir en el autobús, y a Mourinho, a convertirse en un Steve Jobs, de cuyos ingenieros, atropellados por los horarios, se divorciaban, víctimas del estrés, todas las esposas, conocidas en sociedad como “las viudas de Apple”. Aquí serían “las viudas de Valdebebas”, y tampoco estoy muy seguro de que una modesta Liga española valga la pena de un divorcio. (Recordemos lo que Ronaldo le dijo famosamente a Florentino: “Presidente, si yo estuviera casado con una mujer como la de Figo tampoco saldría de casa”).

–Chicos, quiero confesarles algo –dijo Guardiola hecho una Rocío Jurado (“Se nos rompió el amor / de tanto usarlo”) a sus discípulos en el City–: estoy divorciado de la mujer más hermosa de su planeta, mi esposa, mi ex esposa. La amo muchísimo, pero perdimos la pasión. En sus vidas, hagan lo que hagan, háganlo con pasión. No quiero buenos jugadores, quiero jugadores con pasión.

Total, que Vinicius, para estar bien, tiene que dejar el pan, pero no a la novia, que este año tenemos puestas todas las esperanzas futbolísticas en el “locurón” para la vista de esa línea de ataque Mbappé, Vinicius y Diomandé. ¡Diomandé! Como diría Churchill, “la democracia es llamar a Diomandé por teléfono a las cinco de la mañana y que sea Mourinho cantándole ‘Je t’aime… moi non plus’ en el perfecto francés de Gainsbourg”. Lo demás, sólo literatura mala de esos fosfenos del antimadridismo, que diría Escohotado, que la ciencia pipera cataloga en valdanos, relaños, maldinis y demás yerbas.
[Sábado, 22 de Agosto]

Ceuta: agresión y conflicto / por HUGHES


'..Lo de Ceuta no es inmigración, y mucho menos migración, es otra cosa que se parece más a un acto de guerra llámenla híbrida..'

Ceuta: agresión y conflicto
HUGHES
Sorprende que a estas alturas haya gente hablando de los problemas y dilemas de la inmigración. Si el PSOE considera lo de Ceuta una «crisis humanitaria» es que no lo es. Es un caso insólito. Imaginen que los «migrantes», como fenómenos naturales de pájaros, llegaran a las costas de Inglaterra desde un país que reclama la soberanía de los acantilados de Dover. Lo de Ceuta no es inmigración, y mucho menos migración, es otra cosa que se parece más a un acto de guerra llámenla híbrida.

Incluso si asumiéramos, cándidos nosotros, que esto es, sí, una crisis humanitaria, término perverso que escoge e impone sus recetas, sus palabras y sus políticas, sería difícil negar que destruye la soberanía española en Ceuta o, en términos más claros, y quizás acertados, su españolidad; la diluye porque sabemos que los españoles, ante la incomodidad del lugar, ya se estaban marchando de Ceuta, ya había un goteo, una ‘sustitución’ que ahora solo se reforzará.

O de otro modo: esto es una invasión belicosa, un agresión, un acto hostil contra la soberanía española, pero si solo fuera un fenómeno migratorio, también sería un acto contra la españolidad de la ciudad.

¿Se irían ustedes a vivir a Ceuta? ¿Pedirían plaza tras sacarse una oposición? ¿Montarían un negocio?

Los ceutíes están abandonados y ni siquiera tienen el consuelo monárquico. No está Sánchez, tampoco va el Rey, por tanto, no sienten «el Estado en toda su plenitud», recordando sus palabras en Paiporta. No está el Estado en su plenitud. Entendemos ya que es el Estado el que hace y deshace la Nación, y no al revés.

La única forma de que se lean los artículos es censurarlos, y por eso se habló estos días de López Burniol y su advertencia, no publicada en La Vanguardia, sobre un próximo conflicto civil en España. Fue un escándalo porque no se puede mencionar que la realidad es esa: guerracivilismo desenfrenado.

La izquierda española y las derechas antiespañolas, que él bien incluye en mismo frente, no se sumaron nunca realmente al abrazo de la Transición, una figura meramente artística, y luego retórica, que no existe. Culpar a Zapatero es una forma más de eludir el problema. El clima político no es de abrazo. El consenso (invocado por Vivas) no existe, y ese falso marco político-moral es un problema serio. Una especie de velo impuesto para falsearlo todo y hacer que de ahí surja una realidad viciada, artificiosa e irreal. No es que la realidad (el fondo del español) sea muy halagüeña, pero este sistema que nace de la farsa del consenso-abrazo lo empeora, consigue un alambicamiento tan deforme que se hace suicida: la máquina política española conduce a la asfixia o a aquello que dicen quería evitar: el enfrentamiento. ¿Cómo algo que se hizo para «evitar el conflicto entre hermanos» nos lleva a ello? Porque, por supuesto, no era sincero el propósito.

¿Sacaría el PSOE a alguien de Vox de su casa una noche a punta de pistola? Sería de otra forma. Nos llevarán hasta el punto en que no seamos hermanos, ni siquiera cainitas, ni dueños del territorio sobre el que pelear. La izquierda no está en los años 30 (en algunos aspectos es peor), pero hereda el ánimo o modo revolucionario, y da la sensación de querer liquidarlo todo. Quieren venderlo todo, hacerlo todo dinero. Tradiciones, estatutos, formas… Recibieron una herencia que detestan. La convertirán en dinero, rápido, como un piso con malos recuerdos del que desprenderse. La ‘licuefacción’ de la soberanía llega a Ceuta tras Cataluña, País Vasco, Gibraltar… Los ceutíes son, entre todos, los españoles más abandonados. Contaba hoy un artículo de Joaquín Campos que en la playa ceutí del Trampolín flotan zurullos hasta que se deja de hacer pie. ¿Puede haber algo que repugne más a un español que el zurullo de un marroquí? El ceutí, para ser buen ciudadano, tiene que ir allí a chapotear, hacer inmersiones, y nadar a braza humanitaria entre las heces alauitas.

Lo de España no es la narcotizada sumisión houellebecquiana. Lo será, quizás, pero es antes un acto de traición hecho de degeneración y odio. Está todo en el conde don Julián de Goytisolo, obra prefiguradora. No se trata solo de abrir la puerta al moro, también hay que follárselo en el sentido de ponerle el culo.

No es una crisis humanitaria, es una invasión, y no hay consenso ni posibilidad alguna, solo un conflicto larvado en la lenta (no tan lenta) liquidación de España.

domingo, 30 de agosto de 2026

Feria de Bilbao. Magia de Morante, ciencia de Luque / Barquerito & Moore

El torero de la Puebla firma media docena de muletazos realmente antológicos y el de Gerena, botín de dos orejas y casi tres, despliega su abrumadora suficiencia en dos exhibiciones de gobierno.

Magia de Morante, ciencia de Luque.

Barquerito
COLPISA-TOROSDOS.COM / Bilbao, sábado, 29 agosto 2026. .- 6ª y última de las Corridas Generales. Estival, templado. 13.000 almas. Dos horas y treinta y cinco minutos de función.

Seis toros de Garcigrande (Justo Hernández). El sexto, sobrero.

Morante, saludos y silencio. Daniel Luque, una oreja en cada toro. Borja Jiménez, silencio en los dos. 

MUY PEGAJOSO, el toro que partió plaza se revolvía y metía por debajo al tomar el capote de Morante, que había esperado a verlo venir sin verlo claro. Se sumaron un par de golpes de viento y Morante lo dejó ir. No es raro ni habitual que Morante descargue la lidia de toros condenados sin más a pasar por el caballo y sangrar. Esta vez, sí. Antes y después de varas este primer garcigrande hizo casi lo mismo que vino a hacer, pero de otra manera después de banderillas: gatear ligeramente y no parar de hacerlo, Dos puyazos severos casi seguidos y, a tercio cambiado, dos más de propina porque la única querencia clara del toro era el caballo de pica. Le dio mucha capa Fernando del Toro, que lo lidiaba. Bien herido, manaba por los dos lomos un cañoncito de sangre.

El castigo de varas atemperó al toro, vivo en banderillas y misterio por resolver. Vestido de mandarina y bordados blancos -un modelo tomado de una antigua estampa de La Lidia, más de un siglo de historia-, Morante abrió como suele sin pruebas, puesto ya y catando por alto el toro en seis viajes por las dos manos sin apretarse ni componerse. La cata fue un compás de espera. Se hizo en la plaza un silencio extraordinario. Trece mil bocas cerradas y solo las voces sueltas de un niñito. 

Una primera tanda formal por la mano derecha muy despaciosa. Fijo en el engaño, el toro vino andando, la cara arriba. Una segunda de parecida manera, pero segada por un par de golpes de viento. No es que cundiera la impaciencia porque el asiento natural del torero era más que visible y, fuera como fuera el inicio de faena, no faltaba costura. Hasta que casi de repente, al ponerse Morante por la izquierda, empezó a fluir la cosa. Sin ser propiamente gazapón, el toro seguía viniendo al paso, pero ahora se encontró con la muleta dormida y plana en la mano de Morante, que, a compás lentísimo, dibujó cinco naturales rematados en la cadera de absoluto asombro. El rugido de la plaza fue tremendo. Se puso de pie mucha gente. En pleno éxtasis se arrancó la banda, decisión desafortunada, pues no más música que la de la muleta de Morante, que se decidió a redondear por la mano de la magia primero y por la diestra después en una tanda más laboriosa porque ahora el toro, además de reponer, hizo hilo. Echándose fuera, un pinchazo. Y en la suerte contraria, una estocada sin puntilla tal vez desprendida. Sacaron a saludar a Morante hasta casi los medios. 

Y ya poco más Morante quedó por ver. El cuarto de corrida, las manos por delante, frenado, cabezazos, solo dejó a Morante dibujar dos hermosos lances de brega. ¡Hasta eso! Antes de flojear y afligirse tras apenas una docena de muletazo, el toro consintió un singular cambio de mano por delante y el apunte de un intento en vano con la izquierda. La cara entre las manos, se rindió el toro. Pinchazo y media. 

En Daniel Luque cayó el peso de la corrida, que trajo dos toros de buena condición, Un sobresaliente sexto de sorteo, pero tercero bis, que se le fue a Borja Jiménez en una porfía sin fe ni rumbo. Y un noble quinto que se empleó en el caballo más que ninguno, persiguió de bravo en banderillas y, aunque venido a menos, resistió hasta el último aliento. A su ciencia casi natural para saber tratarse con el toro que sea, Daniel, encajado y suelto, añadió ahora una sobredosis de suficiencia. Con una suavidad muy llamativa se trajo al toro por las dos manos, en ovillos rehilados que Daniel concluyó y remató a placer y a su antojo. Sin ligar el natural con el de pecho sino intercalando un molinete entre uno y otro. Es moda. Una estocada trasera. Se pidió una segunda oreja. Del mansito primero de lotea aquerenciado en tablas dispuso como si fuera un toro de juguete en un tentadero. A capricho y como le dio la real gana. Tapado y retenido, burlado. Y lo tumbó de estocada hasta el puño. En tarde de autoridad absoluta, ni un paso en falso, Daniel se erigió en protagonista. Borja trató de acoplarse sin fortuna con el sobrero, que pegó derrotes y no se vendió fácil.


Galería Gráfica: Andrew Moore

























La Campaña / por HUGHES

La Campaña es la emprendida contra Vox. No tiene nada de particular que, en el contexto de la invasión de Ceuta, la izquierda, incluso la izquierda dizque patriótica, arremeta obsesivamente contra Vox. Tampoco es ninguna sorpresa que se una a ellos la derechona liberal. Lo inédito es que también lo hagan tanto la carcundia más cerril como la derecha más conspiranoica.

Movidos por el antisemitismo y el antiamericanismo al que se reduce todo su horizonte político, poco ha faltado para que —escribe Hughes— “la izquierda, el centro, la izquierda verdadera, los rojipardos, los pardos, los nazis, los islamistas, los despistados y hasta los trevijanistas”, proclamaran a voz en cuello lo que constituye la conclusión de sus bravatas y majaderías: ¡Vox ha invadido Ceuta!

La Campaña

HUGHES
En el contexto de la invasión de Ceuta, y de la aproximación por parte de Vox a la crítica barrera demoscópica del 20%, se ha producido otra campaña veraniega contra el partido soberanista y su espacio político circundante.

Coinciden dos hechos a la vez. El centro y el PP tratan de convertirse en Vox; decir las cosas de Vox, los diagnósticos de Vox, las medidas de Vox mientras se produce otro movimiento, menos conocido aunque ya insoslayable: las formas extremistas de la izquierda dizque patriótica, la derecha, la carcundia más profunda y la conspiración arremeten contra Vox con una fijación obsesiva.

Dos movimientos a la vez, como un gran sandwich. Un movimiento de suplantación de Vox y otro, extraño, que trata de demonizarlo y desfigurarlo desde planteamientos cercanos como el soberanismo.

Escribo «raro», pero es raro, si acaso, por la condición estrafalaria de sus integrantes, no porque no tenga antecedentes ni modelos. Esto se lleva avisando tiempo y calca o lo intenta el modelo del ataque contra el MAGA de Donald Trump desde la propia derecha de EEUU.

En España se imita con las cualidades cutres, animalescas y especialmente cerriles del terreno.

Las formas utilizadas contra Vox con motivo de la invasión de Ceuta han sido varias. Podríamos hablar de ataques híbridos. La básica ha sido una especie de silogismo abusivo de tipo geopolítico: de resultas, Ceuta era invadida por Trump, primero, y luego por Israel a partir de los acuerdos de estos países con Marruecos. Era ya mucho inferirlo de un acuerdo, pero el salto olímpico llegaba al involucrar a Vox.

La cosa, que era un delirio, se ha alimentado con medias verdades, mentiras, y la farfolla ‘geopolítica’ que producen las cuentas de lealtad antioccidental. La cosa avanzó. No solo era un ataque de ‘aliados’ de Vox. Por una loca transitividad, el propio Vox era «siervo de Marruecos». ¡Vox invadía Ceuta!

La cosa «escaló», por usar una palabra de los ‘geopolíticos’ (si Ozores viviera, haría una película con ese título para Pajares y Esteso). De la falacia y de la superfalacia se pasó a la manipulación de declaraciones, cortándolas debidamente; a tergiversar tuits (¡ha dicho Argelia!), a callar las grandes evidencias, o a usar fotos falsas o fakes. Ha sido asombroso ver a personas supuestamente serias ir por ese camino.

Una de las características de estos ataques es que no se han quedado en el lumpen de Internet o del llamado radicalismo de los geoestratégicos, sino que han contado con alguna participación menor pero suficiente del mundo criptopepero (aquellos que trabajan para la causa desde «la sociedad civil»). Personas de meñique lustrado, periodistas de modosidad centrista o jurisperitas no precisamente en dulce han asomado la patita (tal es la inquina) y extendido la idea de un Vox a sueldo de Marruecos, cuando Vox es la única fuerza política que ha sido contundente en la defensa de Ceuta y de la frontera.

El grado de desquiciamiento y el variado muestrario de mezquindades personales no impedía ver detrás una organización. El cronista deportivo es capaz de distinguir cuando once jugadores son «un equipo», cuando acuden a hacer juntos la «presión alta», y aquí había batuta detrás, sin perjuicio de que algunas personas participen por afición, vicio, o resentimiento.


Han usado todas las formas del bulo, la falacia y la mentira; y han participado desde la izquierda, el centro, la izquierda verdadera, los rojipardos, los pardos, los nazis, los islamistas, los despistados y hasta los trevijanistas, que pasaron de don Antonio a lo irrisorio. Todos trastornando el ya peliagudo concepto de soberanía, que ahora por lo visto se fabrica en Youtube.

Esa gran «diversidad» estaba ligada además con la salsa del antisemitismo, ahora llamado antisionismo, poderoso espesante hecho de tres cosas: un odio extraordinario hacia los judíos, una superioridad moral en tanto denunciadores de ‘genocidio’ y un pensamiento de tipo conspiranoico al que muchas personas se han abandonado desde el Covid. El odio y la superioridad moral, cuando no el supremacismo, se arrojaban sobre el objeto final de su ira: Vox y la posibilidad de una nueva derecha con capacidad real de estar en el mundo.

Como si la demonización que hace la izquierda no fuera suficiente, se recurre ahora a la diabolización químicamente pura, que es la de los judíos, y directamente se le aplica a Vox. Se está recurriendo ya al fondo del barril.

Esto ha provocado la aparición de una violencia verbal. Amenazas, invitaciones al fusilamiento, y una terminología de señalamiento. Un hostigamiento online que dura ya algún tiempo y que busca amedrentar, desprestigiar y, finalmente, silenciar.

Ahora es momento de centrarse en Ceuta, pero el ataque organizado contra la única fuerza patriótica capaz en España, justo en este delicadísimo momento, es un hecho que no puede pasar desapercibido y del que se debe tomar nota.

sábado, 29 de agosto de 2026

Feria de Bilbao.Marco Pérez pasa con alta nota el examen / Barquerito & Moore

Impresión de torero hecho y no de torero precoz con dos faenas de firma

Triunfo en otro son de David de Miranda, de estreno también en Vista Alegre

 Corrida de nota de Domingo Hernández

Marco Pérez pasa con alta nota el examen

Crónica de Barquerito
COLPISA-TOROSDOS.COM Bilbao, viernes, 28 agosto 2026.
5ª de las Corridas Generales. Templado, bueno. 5.500 almas. Tres horas menos cinco minutos de función.

Seis toros de Domingo Hernández. El sexto, sobrero.

Sebastián Castella, silencio y oreja. David de Miranda, saludos tras aviso. Marco Pérez, saludos y oreja.

Un monosabio de la cuadra de caballos Equigarce, Jesús San José, resultó herido de gravedad durante el tercio de varas del cuarto toro que se revolvió cuando lo coleaba. Sufre una cornada en la región glútea izquierda de 30 centímetros de extensión limpia. Fue operado en el Hospital Universitario de Basurto. Tiene una clavícula rota y la vejiga de la orina desplazada. Se recupera satisfactoriamente aunque paso la noches con las lógicas molestias y dolores.

EN CORRIDA DE siete toros de Domingo Hernández, la joya de la corona fue un sobrero cinqueño jugado en séptimo lugar que lo dio todo y más, y tuvo enfrente, ambicioso y desatado incluso al borde del arrebato, a un Marco Pérez dispuesto a todo y de casi todo capaz. El toro de la corrida y la faena de la tarde. 

El toro, en competencia con la nobleza codiciosa del segundo y un quinto cinqueño, de porte y pinta diferentes al conjunto, de clase y fijeza muy particulares. El torero, de estreno en Bilbao, con el otro debutante, David de Miranda, y sometido a comparación inevitable. De ella salió estimulado Marco. Si se hubiera tratado de un desafío, beneficiado y ganador por una razón: el tercero bis de corrida, jugado a turno corrido, voluminoso, alto de cruz, salió de loco, carreras arrollando, se vino cruzado a engaños sin atenderlos, se escupió de un caballo a otro, aunque acabara tomando un puyazo sangrado, sembró el caos en las cuadrillas puestas en jaque y pareció de intratable falta de fijeza. 

Mientras Marco brindaba al público, pegado a tablas y ajeno el toro esperaba suerte y destino. Con entereza, tranquilo, lo fijó con una mera tanda de toques suaves por los dos pitones y, apenas terminada, ya estaba fuera de las rayas puesto y descarado. Se trajo al toro en una primera ronda de tres y el de pecho, que fue árnica. Calmado el toro, una segunda en redondo. Y ahora una tercero de estupendo ajuste, despacioso dibujo, embraguetado Marco, impecable ligazón. Donde nadie había visto toro ni faena, él sí. Hubo que perder pasos por la mano izquierda, pero la autoridad era ya manifiesta: gobierno del toro sin sufrir ni sudar gota. Es probable que la faena estuviera para entonces hecha y resuelta, pero Marco, habilidoso, optó por seguir sin terminar de armar. Manoletinas, un desplante, dos pinchazos, una entera caída.

El sentido, la medida y el plan de las otras tres faenas -las dos de Miranda y la del gran sobrero- fueron distintos. Se quedó corto Miranda con el son sencillo del segundo -tandas breves de muletazos cortos, muy encima- y sobre todo se dejó sin lucir la calidad de la mano izquierda. Estocada desprendida al segundo viaje. Un final de toreo en cercanías asfixiantes, pitones acariciando muslos, quietud irresistible, y el broche de mondeñinas y bernadinas acabaron dando fuerza y cuerpo a la faena del quinto. Una estocada sin puntilla.

Con el arrebato de su segunda faena -Marco Pérez llegó a enroscarse el toro en un circular interminable que debería haber sido colofón- llegó también un punto de aceleración y desorden por acumulación sin pausas, el frenesí de las ideas claras y la voluntad de triunfo, entrega indiscutible, trazo limpio del muletazo traído atrás, elástica la figura, una soberbia tanda de naturales en los medios mientras aquello no paraba de fluir ni el toro de embestir. Por pasarse de tiempo y rosca, perdió gas la obra. Un pinchazo y una estocada de mérito. El toro estaba todavía entero.

Fieles los dos toreros a su costumbre de quitar a tercio cumplido, uno y otro abundaron. Se llevó la palma un quite de frente por detrás de Marco Pérez al sexto, sacado al calco del repertorio de Julio Robles e interpretado al pie de la letra. En réplica a uno ajustado de Marco por chicuelinas en el segundo toro, Miranda tiró del favorito de su repertorio: cuatro saltilleras dejándose llegar el toro lo indecible y el remate brillante de una revolera inversa.

Las dos presentaciones y la despedida de Sebastián Castella de Bilbao en dos versiones. La primera, la de torero persigue toro porque el que partió plaza fue toro fugitivo que apenas se dejó acompañar viajes de paso. La segunda, con un cuarto de sencillo manejo, fue la de muchas otras veces. La madeja de cambios en distancia en la apertura, y luego, atornillado el torero de Beziers como a tuerca, encima del toro sin que apenas circulara el aire, un menú de toreo embraguetado cosido en un palmo. Y entre tanda y tanda, un paseíto. Una rara estocada al salto para decir adiós.

GALERÍA FOTOGRÁFICA: ANDREW MOORE