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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

domingo, 9 de agosto de 2026

Los que vienen no vienen a esperar / por Sergio Hueso

Aaron Palacio
'..Una Fiesta sana necesita que los jóvenes incomoden. Que obliguen a los empresarios a pensar los carteles. Que hagan sentir a quien está por encima que el puesto debe seguir ganándose cada tarde. Las figuras no se construyen mediante relevos administrativos ni porque alguien determine que ha llegado el momento de renovar el escalafón..'

POR MONTERA
Los que vienen no vienen a esperar.

Sergio Hueso
Durante demasiado tiempo hemos utilizado la palabra futuro como una especie de sala de espera. El futuro de la Tauromaquia, los toreros del futuro, las figuras del mañana. Expresiones cómodas para referirse a chavales a los que, en realidad, se les pedía paciencia mientras los grandes nombres continuaban ocupando su sitio. Pero hay generaciones que esperan a que llegue su momento y otras que parecen decididas a adelantarlo. La que está apareciendo ahora empieza a pertenecer claramente a las segundas.
Historia tauromaquia

Marbella dejó este viernes una imagen bastante reveladora. Bajo la luz de los candiles, con el cartel de “No hay billetes” colgado y entre Morante de la Puebla y José María Manzanares, comparecía Aarón Palacio, apenas estrenado como matador de toros.

La lógica podía invitarle a cumplir, aprovechar la oportunidad y marcharse agradecido por haber compartido semejante escenario. Ocurrió justamente lo contrario. Cortó tres orejas, salió a hombros con ambos y, sobre todo, toreó con esa actitud de quien todavía tiene muchísimo que aprender, pero ninguna intención de pedir permiso para hacerlo. Los trofeos, siendo importantes, son probablemente lo menos interesante de Marbella. Las orejas desaparecen de la memoria con bastante rapidez. Lo que permanece es la sensación que deja un torero cuando afronta una tarde de esas dimensiones.

Y Palacio no pareció sentirse como el tercero de un cartel compuesto por dos figuras. Salió a competir. Con sus virtudes, con los excesos propios de quien tiene 21 años y también con momentos en los que fue capaz de bajar las revoluciones y enseñar una versión más asentada. Eso último quizá diga incluso más que las tres orejas. No hace falta que desde estas líneas proclamemos absolutamente nada. Ni conviene hacerlo. El toreo está lleno de carreras proclamadas demasiado pronto y de futuros que terminaron quedándose precisamente en eso, en futuro. Son otros quienes empiezan a utilizar determinadas palabras.

Después de Marbella, una de las principales cabeceras taurinas titulaba que Palacio había ganado “la partida”; EFE concluía su información asegurando que había dejado ganas de volver a verlo; y días atrás, después de Santander, la propia agencia lo había situado como una de las grandes revelaciones de aquella feria. Cuando diferentes miradas empiezan a coincidir, probablemente merece la pena prestar atención.

Bastaba también recorrer las redes sociales después de la corrida para comprobar que la conversación había trascendido el resultado. Y eso es mucho más difícil de conseguir que cortar una oreja. El aficionado puede discutir un premio, cuestionar un palco o rebajar la importancia de una salida a hombros, pero resulta bastante más complicado fabricar esa curiosidad que provoca querer saber dónde vuelve a torear alguien.
El verdadero triunfo empieza muchas veces al día siguiente, cuando el nombre continúa circulando después de que la plaza haya quedado vacía.

Pero sería injusto reducir esta reflexión únicamente a Aarón Palacio. Porque lo verdaderamente interesante del momento actual es que no parece tratarse de una aparición aislada. Marco Pérez, Samuel Navalón, Julio Norte, Cristiano Torres, el propio Palacio y otros nombres que van abriéndose camino forman una hornada heterogénea, con conceptos y trayectorias muy distintas, pero atravesada por una característica común: quieren sitio. No parecen dispuestos a aceptar eternamente el papel de promesa. Y eso es magnífico para el toreo.

Una Fiesta sana necesita que los jóvenes incomoden. Que obliguen a los empresarios a pensar los carteles. Que hagan sentir a quien está por encima que el puesto debe seguir ganándose cada tarde. Las figuras no se construyen mediante relevos administrativos ni porque alguien determine que ha llegado el momento de renovar el escalafón. Una figura aparece cuando empieza a quitar sitio a los demás. Siempre ha sido así.

Por eso quizá nos equivocamos cuando hablamos permanentemente de renovación generacional como si hubiera que organizarla desde un despacho. No hay nada que organizar. Hay que dar oportunidades y después dejar que el ruedo seleccione. Algunos llegarán muy arriba, otros encontrarán su lugar y muchos se quedarán por el camino. Esa crueldad forma parte de una profesión en la que nunca hubo plazas suficientes para todos. Lo importante es que exista competencia.

Durante años hemos escuchado que faltaban jóvenes capaces de despertar interés, que el escalafón necesitaba nombres nuevos y que la distancia entre las figuras y quienes trataban de llegar hasta ellas parecía demasiado grande. Ahora empiezan a aparecer toreros que, cuando reciben una oportunidad, no se conforman con ocupar el hueco que les han concedido. Quieren ampliarlo.

Palacio lo está haciendo durante una temporada en la que Sevilla ya obligó a mirarlo, Santander volvió a colocarlo en conversación y Marbella ha añadido otro argumento. Eso no significa que haya llegado a ninguna parte. Precisamente ahora empieza lo verdaderamente difícil. Mantener la exigencia cuando desaparece la novedad, responder cuando el toro no ayuda, confirmar en plazas distintas y conseguir que una buena temporada deje de ser una irrupción para convertirse en una posición dentro del escalafón. Ahí se separan las promesas de las realidades.

Y exactamente lo mismo vale para quienes forman esa nueva hornada. No necesitan que los proclamemos figuras antes de tiempo. Les hacemos un flaco favor si lo hacemos. Necesitan toros, contratos, ferias y tardes en las que tengan delante a quienes mandan para demostrar hasta dónde están dispuestos a llegar. Marbella ofreció quizá una pequeña fotografía de ese momento. Dos figuras consagradas caminaban hacia la Puerta Grande y, entre ellas, un torero recién llegado salía también en hombros después de haber afrontado la noche sin ningún complejo.

No sabemos todavía quién mandará en el toreo dentro de cinco o diez años. Nadie puede saberlo. Pero empieza a estar bastante claro que hay una generación que no piensa esperar hasta entonces para intentarlo.

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