la suerte suprema

la suerte suprema
Pepe Bienvenida / La suerte suprema

viernes, 7 de agosto de 2026

¿Nos merecemos el infierno? / por Paco Delgado


'..Todo parece hacernos creer que, en realidad, nuestra condición de rehenes de los partidos políticos y de los impresentables que los —y nos— mangonean nos condena cada año, por estas fechas, al infierno..'

¿Nos merecemos el infierno?

Por Paco Delgado
Cuando la temporada entra en su fase de apogeo, con festejos de aquí a octubre prácticam'ente a diario y en todas partes, un fenómeno, durante los últimos años mucho más habitual y frecuente de lo que sería de desear, deja en segundo plano el genio de Morante, la capacidad de Roca Rey o el esfuerzo por seguir su rueda del resto del escalafón: los incendios.

Como una maldición —que probablemente lo sea—, es llegar el verano y sus calores y cae sobre nuestras cabezas —y en muchos casos debería hacerlo también sobre muchas conciencias— una plaga que arrasa con todo lo que pilla por delante: monte, casas, fincas, plantaciones y hasta vidas. 13 se perdieron hace poco en Almería, dejando en evidencia nuestra proverbial falta de planificación y prevención.

Cada año los incendios acaban con miles de hectáreas de campo y masa forestal, dejando un rastro de desolación y ruina, económica, física y anímica, que tarda luego mucho en desaparecer o superarse.

El mundo del toro no es ajeno a esta desgracia y si, por ejemplo, el año pasado la finca “Los Quintos”, en la provincia de Badajoz, donde pastan vacas de Jandilla, resultó quemada en su mayor parte, hace unos días la ganadería de Blanca Hervás resultó muy seriamente afectada en sus dependencias en el municipio madrileño de Villa del Prado.

El Valle del Tiétar, el conocido como Valle del Terror en el mundo taurino, entre las provincias de Madrid y Ávila, ha sido pasto de las llamas, haciendo ahora honor a esa denominación en su más amplio sentido. Pero no ha sido el único punto de nuestra geografía taurina que se ha visto muy seriamente perjudicado por el fuego.

En el norte de Valencia y sur de Castellón, los incendios afectaron a 60.000 ciudadanos y provocaron que fuesen desalojados otros 16.000, causando estragos en viviendas, zonas de cultivo y pinares, pero también en instalaciones ganaderas, afectando a los animales, especialmente en la zona de Onda, Nules, Vilavella y Vall d’Uxó.

Allí, varios toros y vacas huyeron atravesando el centro urbano de esta última ciudad, creando una situación insólita, mientras los ganaderos bajaban hasta la población para salvar a sus animales y evitar que provocasen daños a los habitantes de esta localidad castellonense, famosa también por ser una de las más activas en festejos populares. Para albergarlos, se habilitaron espacios en las localidades vecinas de Burriana, Moncófar, Alquerías y Chilches.

Ahora es turno de lamentos, de recuento de daños y de evaluar pérdidas. Nuestras autoridades, poniendo carita de pena y como compungidas, hablan de ayudas e indemnizaciones —que, como se ha visto en otras muchas ocasiones similares, no llegarán nunca o llegarán tarde y mal—, mientras miran de reojo al calendario para ver cuánto falta para iniciar sus vacaciones.

Y como solución, en vez de coger al toro por los cuernos de una vez por todas y poner en marcha un plan efectivo de limpieza y saneamiento de bosques y montes en invierno y a largo plazo, dotando de medios y efectivos a patrullas que por toda España eviten que se acumule maleza y basura que luego, en verano, sirve de mecha para el desastre, se dedican a culpar a sus rivales políticos de inacción o, peor aún, de provocar estos siniestros mediante planes tan secretos como maléficos en beneficio propio.

Y, ya el colmo, asegurando que en un futuro, lo más inmediato posible, se creará una plataforma de estudio y debate sobre causas, efectos y soluciones a estas tragedias que, para ellos, al parecer, son producto de la mala idea de sus contrarios y de un calentamiento global imparable e implacable si no se les vota a ellos.

Todo parece hacernos creer que, en realidad, nuestra condición de rehenes de los partidos políticos y de los impresentables que los —y nos— mangonean nos condena cada año, por estas fechas, al infierno.

Pero, si hubiese justicia, y no fuésemos tan borregos ni tan idiotas de votarles, a quien habría que mandar a las calderas de Pedro Botero es, justamente, a los partidos políticos y a los impresentables que los —y nos— mangonean.

--



No hay comentarios:

Publicar un comentario