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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

miércoles, 26 de agosto de 2026

Feria de Bilbao. Una dispar corrida de Dolores por debajo de lo previsto / Barquerito & Andrew Moore


  • Bilbao 2ª de las corridas generales.
La corrrida Ligero bochorno, cubierto. 3.500 almas. Dos horas y cinco minutos de función.
Los toreros Mano a mano. Antonio Ferrera, ovación, silencio y pitos. Damián Castaño, vuelta, silencio tras aviso y vuelta.

Una dispar corrida de Dolores por debajo de lo previsto.

Mano a mano de conveniencia, pero partidarios incondicionales de Damián Castaño se vuelven protagonistas y castigan a Antonio Ferrera con un trato agresivo.

Por Barquerito
El Correo / 25 Ag. 2026
De los seis toros de Dolores Aguirre contaron solo cinco, negros los cinco. El quinto de sorteo, colorado, pareció de otra corrida y otro encaste. Grandullón, 650 kilos de carnes bien visibles, las manos por delante de partida, listo para correr con fatiga, se apoyó en las manos antes siquiera de acudir por su cuenta al caballo de puerta. De un duro puyazo salió tocado y sin aire. A la salida del segundo, repuchado, rodó en costalada. Frágil.

Antes de banderillas enterró pitones y cobró un volatín completo. Al cuarto muletazo claudicó. No tardó en volver a hacerlo, se ahogaba, finalmente se echó. Lo propio habría sido la devolución, pero se mantuvo en el ruedo. Un grupo muy chillón la tomó con Ferrera. «¡Has sido tú!». Una estocada caída tras un mínimo tanteo de muleta. Pitaron a Ferrera contra toda razón.

Cada uno de los cinco negros tuvo su propio ser. Con su proverbial talento de lidiador Ferrera fijó en seguida al primero, un toro hondo y lustroso, pobre de cara también, y sin apenas pegar un lance, con su extravagante capote verde de seda verde oliva y vueltas verde esmeralda, lo puso en suerte hasta tres veces y a distancia. Tomó tres puyazos el toro, se salió suelto de los tres. La regla de los tres puyazos obligados de las corridas concurso vino a forzarse y cumplirse en dos toros más: un cuarto que acabó rajado y lamiendo tablas y un sexto, el más serio del quinteto, que corneó el peto en el segundo viaje y se repuchó en el tercero. La salida a quitar en su turno de Ferrera se volvió a encontrar con las protestas beligerantes de sus desconocidos detractores. A nadie se le había ni ocurrido pensar que este mano a mano de conveniencia pudiera alcanzar tal nivel de agresividad con Ferrera. Se daba por hecha la pasión rendida de los clientes de Damián Castaño. A morir con él, con razón o sin ella, con más o menos motivos.

Los toros Seis ejemplares de Dolores Aguirre.

En ese ambiente de desconcierto vino a jugarse el sexto toro, que fue un saco de problemas, se metió, acostó y rebañó por el pitón izquierdo a las primeras de cambio, y, avisado, se quedó luego debajo. Estilo de toro predador. El afán de Castaño por sacar medios muletazos despegados, casi de ráfaga, muy chillados, se encontró con un reconocimiento impensado. Faena con la angustia propia del caso y una estocada que evitó males mayores. Se celebró como una gesta.

Los dos toros del intermedio, tercero y cuarto, fueron dispares, El tercero cabeceó en el caballo y se escupió del segundo encuentro. Aire brusco, que en banderillas no se adivinó, pero sí cuando Ferrera pretendió meterse en serio. Mirón, punteó, cabeceó.

Ferrera tomó la opción lógica: muleteo de pitón a pitón más o menos logrado pero eficaz remedio. A paso de banderillas una estocada desprendida y atravesada. Fue el toro con el que se torció la corrida.

Con el cuarto Damián tiró del repertorio propio con el toro de Dolores: cites de largo, dejándolo venir de tablas a los medios y aprovechando la inercia ligar, perdiendo o ganando pasos, dos tandas, una por cada mano, vistosas, ligeras. Fue el toro más noble de los seis, que consintió incluso el muletazo en circular y sacó dócil aire. Hasta que se aburrió y tomó el camino de las tablas. Tres pinchazos y un golpe de descabello.

Los dos primeros fueron harina de otro costal. Después de haberlo dejado ir por derecho al caballo tres veces, Ferrera le pegó al primero el único quite de la tarde digno de tal nombre. Cinco verónicas desplegadas y abiertas, cosidas en el platillo, y media de remate. Ferrera sujetó la tendencia huir del toro con tres tandas con la diestra poderosas, de mano baja. No quiso el toro por la otra mano, tampoco consintió un intento de muletazos dormidos traídos a la cadera. Un pinchazo y un estocada desprendida en la suerte contraria.

Damián trató con desigual fortuna de traerse por los vuelos al segundo, que fue toro pronto y obediente al toque. Faena de mucha velocidad, aliviada con pausas, la emoción propia de la tensión. Pinchazo y entera. Atendiendo a un caprichoso consejo de un banderillero, una vuela al ruedo. Los dos primeros toros se aplaudieron en el arrastre.

Tres años después, y tras la retirada de la Banda Municipal, la orquesta tocó a las seis menos cinco el Danzón de Urbano Ruiz Laorden que antes sonaba a menos diez. Una versión muy mejorable. Las campanas de San Francisco volvieron a doblar a las siete menos cuarto.

  • Bilbao 2ª de las corridas generales.
La corrrida Ligero bochorno, cubierto. 3.500 almas. Dos horas y cinco minutos de función.
Los toreros Mano a mano. Antonio Ferrera, ovación, silencio y pitos. Damián Castaño, vuelta, silencio tras aviso y vuelta.


ANDREW MOORE










Ferrera


Castaño

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