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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

domingo, 3 de mayo de 2026

Feria de la Comunidad de Madrid en Las Ventas: la veteranía, a veces, no es un grado / por Antonio Lorca

El Cid brinda al público su segundo toro. 
Alfredo Arévalo (Imagen cedida por Plaza 1)

Uceda Leal y El Cid estuvieron por debajo de las expectativas, y Javier Cortés emborronó con la espada una entonada faena a un noble toro, como todos, de El Pilar

Feria de la Comunidad de Madrid en Las Ventas: 
la veteranía, a veces, no es un grado

Antonio Lorca
El Cid se hizo presente en el ruedo y desprendió el olor de una elegante veteranía, con andares garbosos y toreros, y una serenidad y despaciosidad propias de un maestro con muchas tardes a sus espaldas. Las cuatro verónicas con las que recibió a su primero sonaron a templanza y buen gusto. Pero ese buen olor fue desapareciendo a medida que pasaron los minutos y el son del toro, noble y con calidad en sus embestidas, requería, además de prestancia, quietud y firmeza.

El Cid tomó la muleta con la zurda, para reverdecer laureles del pasado, y por allí anduvo, entre retazos de inseguridad y amor propio, entre naturales intermitentes, cruzado a veces, despegado en otras, sin acabar de tomar el camino deseado.

Hubo una tanda, sí, en la que el torero aprovechó de verdad la calidad de su oponente, y los naturales brotaron largos y con sabor añejo. Se colocó bien al final, envalentonado, con el público a su favor, y parecía que el pase del desdén final trataba de mejorar el afán no cumplido. Pero llegó la hora de montar la espada, y El Cid, otra vez, fue el de siempre, el torero capaz de echar por tierra una faena de ensueño, que no fue el caso, pero la deslució por completo. No es que fallara en la suerte suprema, es que demostró una torpeza impropia de su veteranía. Se empeñó en levantar dos veces al toro y llegó a escuchar hasta dos avisos. Imperdonable.

Otro toro válido para la muleta fue el quinto, pero el torero había perdido ya el buen ánimo, y se mostró desconfiado, sin mando, y los muletazos resultaron insulsos.

Tampoco tuvo su tarde el otro veterano de la terna, Uceda Leal, treinta años ya como matador de toros. Hasta mató mal, de una estocada atravesada a su primero, y de un pinchazo, media perpendicular y cinco descabellos al cuarto. El que abrió plaza embestía de modo descompuesto y no le permitió confianza alguna; al otro lo recibió con unas airosas verónicas, pero derrochó sosería en el tercio final, y la labor del torero resultó tan insulsa como superficial.

Está visto que, a veces, como esta tarde, la veteranía no es grado. O las ideas se oscurecen o pesan los años.

El más joven, Javier Cortés —solo 16 años de alternativa, que no es poco—, dibujó muletazos aislados y livianos ante la muy escasa codicia del tercero, pero se encontró con el sexto, un toro noble y repetidor, que le permitió ligar un par de aceptables tandas con la mano derecha, más jaleadas por los tendidos de lo que merecían. Sus buenas maneras se olvidaron en cuanto se perfiló para matar y cobró dos bajonazos y un pinchazo antes de la estocada final. Mal.

En ese toro saludó al respetable el subalterno Pablo Gallego tras clavar dos extraordinarios pares de banderillas. En el segundo, hizo lo propio Rafael González por el mismo motivo.

El Pilar/Uceda Leal, El Cid, Cortés

Toros de El Pilar, bien presentados y astifinos, muy desiguales en varas -el primero empujó con fuerza en el primer encuentro- y mansurrones; nobles y sosos. Destacaron segundo y sexto en el tercio final.

Uceda Leal: estocada atravesada (silencio); pinchazo, media estocada perpendicular y 5 descabellos (silencio).

El Cid: pinchazo -aviso-, tres pinchazos, -segundo aviso-, pinchazo y el toro se echa (ovación); media estocada (silencio).

Javier Cortés: estocada baja (silencio); bajonazo, pinchazo, bajonazo -aviso- y estocada (silencio).

Plaza de toros de Las Ventas. 2 de mayo. Segundo festejo de la Feria de la Comunidad. Lleno (21.483 espectadores, según la empresa). Asistieron la Infanta Elena y la presidenta de la Comunidad de Madrid, que fueron recibidas con una fuerte ovación. Al finalizar el paseíllo, la banda de música interpretó el himno nacional.

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